Estaba Minaya Álvar Fáñez charlando en el Cielo con su viejo rival y amigo Ramón Berenguer, conde de Barcelona. Ambos celebraban su reencuentro, después de haber pasado unos cuantos siglos en el Purgatorio haciendo penitencia por ciertos excesos que cada uno de ellos había cometido mientras peleaban por la fe cristiana y la liberación de España. Ramón, que había seguido con más atención los acontecimientos de Cataluña que Minaya, le contaba a éste con bastante énfasis:
-Estoy lleno de santa indignación por lo que sucede en mi antiguo condado. Es tremendo lo que ocurrió el otro día en la manifestación independentista.
Lo bueno del don de lenguas es que, aunque Ramón hablaba un catalán purísimo y Minaya un castellano como el que luego escribió Cervantes, los dos se entendían a la perfección y amistosamente. Igual que si estuviesen en la Barcelona de los años 60 ó 70.
Minaya sonrió al oír al conde. Recordaba las expresiones malsonantes que ambos habrían utilizado en lugar de aquel tremendo, y que sí habrían sido tremendas. Pensó “Hay que ver qué brutos éramos en la Tierra. Gracias, Señor por habernos refinado” y contestó:
-Bueno, Ramón, recuerda que en todos los tiempos ha habido vasallos rebeldes… la naturaleza humana es así.
-Pero Minaya, es que una cosas es rebelarse contra abusos de un señor, o reclamando el poder porque dices que vas a gobernar mejor que el actual, y otra hacerlo mintiendo. Esos hijos de Satanás están pisoteando las libertades de mis antiguos vasallos poniendo como excusa una serie de mentiras que nos atañen directamente a mí y al honor de mi familia. Como sabes, una vez que los moros nos separaron del resto de los cristianos españoles, los catalanes hicimos lo posible por recuperar nuestra libertad y reunirnos con el resto de los españoles. Primero nos aliamos con los franceses para echar a los moros, y luego nos libramos de los franceses para unirnos a los aragoneses, luego a Valencia y Mallorca, después a Castilla y León, a Navarra y por fin a Portugal. Siempre tuvimos claro que primero éramos cristianos, luego españoles y luego todo lo demás. Una cosa es que alguna vez nos peléasemos para decidir quién se quedaba con las tierras del emir moro de Lérida (sonrió Minaya) y otra es que no fuésemos hermanos naturales. Al fin y al cabo, también los castellanos peleasteis con los leoneses para ver si sería rey Sancho o Alfonso.
Y ahora vienen estos catalanes renegados y nos ponen como excusa para montar un emirato independiente en Cataluña. ¡Si supieses cómo me hirvió la sangre cuando vi la manifestación del otro día llena de banderas anticatalanas! ¡Y con un cordobés al frente! Ya sabes que no tengo nada personal contra los cordobeses (a pesar de haber apiolado unos cuantos en vida) pero me resulta muy sospechoso que un agente de la ciudad de los califas promueva un movimiento anticatalán invocando mi memoria y la de los demás condes independientes. ¡Pero si hasta los franceses llamaron a nuestras tierras Marca Hispánica en lugar de Marca Catalana! Menos mal que el buen pueblo de Cataluña salió a la calle al día siguiente con banderas nacionales catalanas para replicar a esos renegados.
Contestó Minaya:
-Perdona, Ramón, pero ya sabes que a mí siempre se me dieron mejor la táctica y la diplomacia que la heráldica. A mí me pareció que todas las banderas eran de color rojo y gualda.
Sonrió Ramón Berenguer:
-Vosotros los castellanos siempre tan prácticos, hasta después de la muerte. Verás, te explicaré las diferencias.
Esta es la bandera nacional de Cataluña

Como ves, es la bandera actual de la nación a la que pertenecemos desde siempre los catalanes: España. Sus colores, además, proceden de la enseña real de Aragón, por lo que son colores que los catalanes siempre hemos considerado como propios. Como puedes ver, por si eso no fuera poco, nuestras armas están también en el cuartel inferior izquierdo.
Esta, que también pudiste ver junto a la enseña nacional, es la bandera regional de Cataluña y antigua Señal Real de Aragón.
Y por último, el primer día pudiste ver también banderas anticatalanas como ésta:
Esta es la bandera de los renegados. La bandera anticatalana. La de los malos catalanes y los agentes del Califato, que en 1648 quisieron entregar Cataluña a los franceses, en 1936 a los rusos y ahora quieren constituirse en emirato anticristiano. Voy a pedir permiso al Señor para bajar de nuevo a Barcelona y dar ánimos a los buenos catalanes para que se desperecen de su sueño y se lancen a la Resistencia.
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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.
Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.



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