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II República: violencia e incultura sin libertad, ley ni democracia

Hoy se cumplen 80 años de la imposición al pueblo español de la II República. En contra de la leyenda rosa que se presenta habitualmente, y que nuestra casta política incluso ha adoptado oficialmente en la Ley de Memoria Histérica, la II República no fue un régimen legítimo y democrático de libertades. Lo que los hechos demuestran es que la II República fue un régimen antidemocrático, sin libertad ni imperio de la ley, y donde imperaban la violencia, la incultura y la discriminación. Repasemos los hechos.

La República nunca fue una democracia.

La monarquía de la Restauración fue una democracia entre 1875 y 1923. Una democracia aún imperfecta, pero no más que la mayoría de las democracias europeas de la época. Como consecuencia de la inoperatividad de los políticos de la época, el general Primo de Rivera estableció una dictadura entre 1923 y 1929, que se entendió siempre como una solución temporal para restaurar el orden. En 1930, la monarquía de Alfonso XIII emprendió el retorno a la democracia, con un plan que comprendía primero unas elecciones municipales y luego elecciones generales a Cortes que elegirían un gobierno democrático.

Este proceso de restauración de la democracia fue abortado por un golpe de Estado republicano que tuvo lugar el 14 de abril de 1931. Dos días antes habían tenido lugar las elecciones municipales, que según la informaciones de la época ganaron las candidaturas monárquicas por cuatro a uno, y que en cualquier caso eran meras elecciones locales. Sin embargo, los republicanos se ampararon en su victoria en las grandes ciudades para dar un golpe de Estado y exigir la entrega del poder por el gobierno monárquico. Éste se arrugó, con el Rey a la cabeza, y en lugar de defender la legalidad cedió ante los golpistas.

Como vemos, los republicanos no eran demócratas. Si lo hubieran sido, habrían esperado a las elecciones generales para proponer desde las Cortes el cambio de régimen. Pero no. Prefirieron dar un golpe de estado después de perder unas elecciones, cuyas actas “misteriosamente” desaparecieron ¿para no dejar pruebas?

Una vez en el poder, el gobierno golpista promulgó una ley electoral copiada de la ley fascista de Mussolini, que permitía la ganador de las elecciones tener una mayoría abrumadora en las Cortes. Ganaron las elecciones de 1931 y promulgaron la tiránica constitución que veremos más adelante. Cuando en 1933 las derechas ganaron las elecciones, los “demócratas” republicanos llegaron a dar otro golpe de Estado en 1934 para impedir el acceso al gobierno del partido más votado. Posteriormente, las elecciones de 1936, que se celebraron en medio de la violencia política, se saldaron con un pucherazo de las izquierdas, que manipularon descaradamente la asignación de escaños. “Curiosamente”, por segunda vez en unas elecciones sospechosas, las actas también desaparecieron. Por último, las Cortes del Frente Popular destituyeron ilegalmente al Presidente de la República, en lo que fue un nuevo golpe de Estado, aunque parlamentario.

Para que un régimen sea democrático se requieren elecciones libres y que la gran mayoría de la sociedad acepte el resultado, sea cual sea. Un régimen en el que la mitad de la clase política da un golpe de Estado cada vez que pierde las elecciones no puede ser considerado como democrático. Especialmente cuando tampoco hay libertad, como veremos ahora.

La República violó sistemáticamente las libertades.

Aunque un régimen no sea democrático, sí puede ser respetuoso con las libertades individuales y colectivas. Así lo fueron, por ejemplo, las monarquías españolas de la Edad Media y el Siglo de Oro. Pero la II República violó sistemáticamente las libertades de los españoles.

Bajo la República no había libertad de expresión. Nada más aprobarse la constitución de 1931, se impuso la Ley de Defensa de la República que suprimía la libertad de expresión. Los periódicos, cines y teatros padecían censura previa y podían ser cerrados por el gobierno. Los disidentes podían ser encarcelados o multados. Evidentemente, sin libertad de expresión no hay democracia posible.

Bajo la República no había libertad religiosa. El gobierno podía prohibir cualquier actividad religiosa, como de hecho hizo, sin ningún control. Igualmente, prohibió numerosas órdenes religiosas y robó sus bienes.

Bajo la República no había libertad educativa. El gobierno implantó un modelo educativo único y prohibió los colegios religiosos.

La República nunca respetó la Ley.

Un régimen puede ser antidemocrático y tiránico, pero al menos ser un Estado de Derecho, donde las leyes, aunque injustas, se apliquen y los ciudadanos que obedezcan al gobierno sepan que no les va a pasar nada. Pero la República ni siquiera era un Estado de Derecho.

El 10 de mayo de 1931, elementos de izquierdas comenzaron a atacar edificios religiosos y a las mismas personas de los religiosos. Un Estado de Derecho habría enviado a la Policía y a los jueces a defender a las víctimas de delitos, aunque fuesen adversarios del gobierno. Sin embargo, el gobierno dio órdenes a la policía de no aplicar la Ley. Antes de un mes de su proclamación, la república había dejado de ser un Estado de Derecho.

Y los sucesos de mayo de 1931 no fueron un hecho aislado. Sistemáticamente, los partidos de izquierdas se lanzaron a la violencia política y los gobiernos de izquierdas se negaron a aplicarles la ley. Y no se trataba de un problema de debilidad, porque cuando tras sufrir numerosos muertos a manos de terroristas de izquierdas algunos grupos de tendencia opuesta como la Comunión Tradicionalista o la Falange se lanzaron también a la violencia, fueron perseguidos eficaz e implacablemente por el gobierno. Un régimen en el que la ley se aplica a los adversarios pero no a los partidarios es un régimen sin Ley.

En la República se promovió la incultura.

La propaganda republicana siempre la ha presentado como un tiempo en el que la cultura floreció después de un atraso multisecular. Tampoco es cierto. El período de máximo florecimiento cultural español, la auténtica Edad de Plata de la cultura española, ocurrió durante el reinado de Alfonso XIII, donde estuvieron activas al mismo tiempo la generación del 98, la del 14 y la del 27. La resaca de esa época gloriosa alcanza a la República, cierto, pero también al régimen de Franco.

Pero lo cierto es que la primera medida de la República fue permitir la quema de la biblioteca de los Jesuitas de Madrid en la calle de la Flor (y la del ICAI), la segunda de España tras la Biblioteca Nacional, además de infinidad de obras maestras de la pintura, la escultura y la arquitectura.

Lo segundo fue el cierre de todos los colegios y escuelas católicos, con el resultado de que cientos de miles de niños se quedaron sin escolarizar (una versión salvaje de la LOGSE), y que muchos de los mejores intelectuales españoles tuviesen problemas para continuar su actividad por el hecho de ser religiosos.

Lo tercero fue la implantación de la censura, que nunca ha favorecido el desarrollo de la cultura.

Los intelectuales de verdadera talla en seguida se distanciaron de la República. Uno de los padres de la república, el filósofo José Ortega y Gasset, ya denunció los excesos y la degeneración del régimen en septiembre de 1931, en su famoso artículo “No es esto, no es esto”.

La República nació mediante la violencia, y la fomentó y aplicó desde el Estado.

Los republicanos dieron un golpe de Estado violento en 1930 desde Jaca, que fracasó, pero que ellos asumieron como precursor del régimen. El golpe de Estado de 1931 tampoco fue pacífico, aunque la falta de resistencia monárquica impidió que fuese violento.

Más adelante, los partidarios del régimen se lanzaron a la violencia política con el consentimiento y aprobación del gobierno, como hemos visto. La República fue una época terriblemente violenta. La violencia no cesó ni un solo momento de atormentar a los españoles pacíficos.

En el verano de 1936, el gobierno del Frente Popular, crecido ante la falta de resistencia, dio un salto cualitativo. No se limitó a enviar a las milicias de sus partidos a aterrorizar a sus adversarios, sino que, tras amenazarlo de muerte en las Cortes, envió a un grupo de policías de uniforme a asesinar a uno de los dos líderes de la oposición, José Calvo Sotelo. El 14 de julio de 1936, España había pasado además a padecer un Estado terrorista.

Hasta aquí la realidad del régimen republicano, sin entrar en las atrocidades que se cometieron después del Alzamiento del 18 de julio.

Y las críticas al régimen de Franco que la sucedió no atenúan, sino que agravan la condena que la nefasta República merece. La dictadura de Franco fue una consecuencia necesaria de los desmanes republicanos. Si la República hubiese sido simplemente un régimen caótico, pero de libertades, lo más probable es que la dictadura de Franco, como la de Primo de Rivera en los años 20, hubiese sido una “dictablanda” de entre cuatro y diez años seguida por una transición ordenada a una democracia más seria. Pero la República abortó el retorno a la democracia de la monarquía de Alfonso XIII para traer a España nueve años de horror y cuarenta de dictadura.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

La victoria de Pozuelo nos puede evitar otras Navas de Tolosa

Ayer hemos sabido que el intento de imponer la ley islámica en un instituto de Pozuelo de Alarcón se ha saldado con la victoria de la libertad religiosa y las leyes españolas. 

El conflicto de Pozuelo no ha sido sino un episodio más de los intentos de los fundamentalistas islámicos (apoyados por algunos cristianos renegados) para someter a la ley islámica a los cristianos españoles (hoy diríamos occidentales españoles) y a los musulmanes que quieren vivir en libertad. Desde la invasión de 711, los fundamentalistas intentan una y otra vez restringir nuestras libertades, frente a una resistencia de suerte e intensidad fluctuantes por parte de cristianos y musulmanes libres.

En tiempos de mi señor el Cid, eran los almorávides marroquíes (apoyados sibilinamente por traidores como el conde de Cabra) quienes se enfrentaban a los reinos cristianos y a reinos musulmanes tolerantes como el de Zaragoza y el de Albarracín.

Como mínimo desde 1927, se había conseguido que estos enfrentamientos se saldaran por la vía pacífica, y así debería de seguir siendo. No obstante, se observa en los últimos tiempos una peligrosa escalada en el uso de la violencia por los islamistas. El último episodio, la profanación de la Catedral de Córdoba por un grupo de terroristas islámicos que intentaron matar a los vigilantes, no presagiaba nada bueno.

Por eso es tan importante la victoria de Pozuelo. En ella, un islamista que quería imponer la ley islámica por encima de las leyes civiles, con la complicidad del progrerío que nos desgobierna, se ha encontrado con la oposición pacífica y frontal de las autoridades competentes en la aplicación de la ley. Ha gritado, ha amenazado con acciones legales, ha movilizado a los medios progres… y a los tres días ha reculado y ha hecho lo que tenía que haber hecho desde un principio: cumplir la ley española y aprovechar los cauces que le da para ejercer sus derechos y libertades.

Este episodio tiene enseñanzas muy interesantes para todas las partes:

  1. Para los musulmanes devotos, pero civilizados, ha reafirmado que las leyes españolas protegen su libertad religiosa y les dan cauces para ejercerla pacíficamente
  2. Para los musulmanes o ex-musulmanes que han venido a España huyendo de las tiranías islámicas de sus países de origen, les tranquiliza porque una parte importante de la sociedad española está dispuesta a defender las libertades que ellos tanto valoran
  3. Para los españoles, cristianos o simplemente occidentales, ha dejado claro que el islamismo es un tigre de papel. Gritan y amenazan cuando no se les planta cara, pero se achantan cuando encuentran firmeza. Y si se atajan sus intentonas liberticidas cuando aún son débiles, es mucho más difícil que consigan escalar el conflicto a un fase violenta
  4. Y por último, para los islamistas que creían que todos los españoles son tan cobardes, sin principios y traidores como el progrerío, les ha servido de recordatorio de que el espíritu de D. Pelayo, de Alfonso III, Alfonso VI y Alfonso VIII de Castilla, del Cid Campeador, de Al-Muqtadir de Zaragoza, de Abengalbón de Molina,  de Sancho el Fuerte de Navarra, de Alfonso I el Batallador, de Jaime I el Conquistador, de Guzmán el Bueno, de Fernando III el Santo,  del Gran Capitán, de los Reyes Católicos, de D. Juan de Austria, del general Prim, del almirante Barceló y de tantos otros héroes españoles no está muerto. Y de que sus intentos de cercenar nuestras libertades y las de los demás musulmanes para imponernos la Sharia se enfrentarán siempre con nuestra resistencia decidida y eficaz.

Si de nosotros depende, de forma pacífica.

 

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

El velo de Pozuelo no es un asunto religioso, sino político

En estos últimos días, la exigencia por parte de un padre musulmán de que sus hijas vayan al instituto con velo, cuando el reglamento del centro prohíbe las prendas de cabeza, ha reavivado el debate sobre los símbolos religiosos y su presencia pública.

Este caso presenta numerosas ramificaciones enormemente interesantes en al menos tres debates: la libertad religiosa, la libertad educativa, y los límites de la exigencia de adaptación a la legislación occidental de aquellos que proceden de otros entornos culturales..

Repasemos los hechos. Una alumna a 16 años y religión musulmana, que llevaba matriculada desde principios de curso en el instituto “Camilo José Cela” de Pozuelo de Alarcón (cuyo reglamento de régimen interno prohíbe la asistencia a clase con prendas de cabeza), y que llevaba desde entonces asistiendo a clase con la cabeza descubierta, aparece de pronto un día con la cabeza cubierta por un pañuelo. Cuando las autoridades del centro le requieren para que se lo quite en cumplimiento del reglamento, ella se niega alegando que vestir el pañuelo en público es una obligación que le impone su religión. Cuando, a la vista de su incumplimiento deliberado del reglamento, la muchacha es expulsada del centro, su padre entra en escena y exige la readmisión de su hija y que el centro la autorice a asistir a clase con pañuelo. Ante la negativa del centro, el padre, asistido por varios grupos islámicos, emprende una escalada de imprecaciones y denuncias, hablando de violaciones de su libertad religiosa, de islamofobia y otras lindezas similares.

A la vista de estos hechos, caben dos explicaciones. Una de ellas, es que este padre es un musulmán devoto que quiere que su hija se eduque en un entorno donde no tenga problemas para cumplir lo que él considera que son sus obligaciones religiosas. La segunda, es que este padre es un activista islámico que utiliza a su hija como arma arrojadiza para avanzar en la imposición de la ley islámica en España..

Antes de seguir con análisis de los hechos, permítaseme exponer cuáles son mis posturas sobre los derechos y cuestiones legales en debate.

  1. Quede claro en primer lugar, que si he elegido como pseudónimo el nombre de un caballero cristiano que ha quedado inmortalizado en la literatura, entre otras cosas, por su entrañable amistad con el moro Abengalbón, señor de Molina, es porque siento la máxima simpatía por nuestros hermanos musulmanes, sobre todo por aquellos que trabajan duro para sacar adelante y educar a sus familias sin meterse con el prójimo.
  2. En segundo lugar, quede claro que defiendo la libertad religiosa de todos, y muy especialmente el derecho a manifestar las propias convicciones religiosas en público. No siendo alfaquí musulmán, sino caballero cristiano, no voy a entrar en el debate de si la religión musulmana obliga o no a las mujeres a llevar la cabeza cubierta cuando están en público. Me basta con que una persona considere en su fuero interno que la particular interpretación del islam que profesa le obliga a ello para que yo defienda su derecho como parte de su libertad religiosa.
  3. En tercer lugar, que defiendo a muerte el derecho, reconocido incluso por la Constitución, que los padres tenemos para educar a nuestros hijos conforme a nuestras convicciones morales y religiosas.
  4. En cuarto lugar, y como otra vertiente de la libertad educativa, también reconozco el derecho de quienes crean centros de enseñanza para organizarlos como consideren oportuno, incluyendo por supuesto su derecho a establecer la uniformidad más adecuada con el carácter propio del centro. En el caso de los centros gubernamentales, me parece una excelente idea la actual situación en el cual es el consejo escolar, el uso de su autonomía, quien decide sobre esas cuestiones..
  5. En quinto lugar, reconozco también el derecho de las naciones a basar su ordenamiento jurídico en las tradiciones históricas, religiosas, y culturales de los pueblos que las fundaron. Todo ello, sin perjuicio de respetar los derechos fundamentales de las personas que a esas naciones acudan procedentes de otras tradiciones. Y como consecuencia lógica, creo que los inmigrantes que voluntariamente se instalan en otra nación tienen la obligación de respetar esas tradiciones y ordenamientos jurídicos.

Es oportuno también recordar en qué consiste el islamismo militante, y cuál es su estrategia. El islamismo militante considera como obligación religiosa el someter a todos los hombres del mundo a la Sharia (ley islámica), recurriendo a la violencia y el engaño si fuese necesario. Y su estrategia es conocida: asumir la representación de los musulmanes de un territorio (islamistas o no), y cuando los mahometanos son una minoría, intentar que se acepte que la Ley Islámica es de aplicación en algún ámbito del ordenamiento jurídico, inicialmente sólo a los musulmanes. Puede ser en el derecho de familia de los matrimonios entre musulmanes, en los contratos mercantiles entre musulmanes… o en los reglamentos escolares que afecten a musulmanes. Una vez que el país que se quiere colonizar acepta la Sharia en un punto, se intenta que su ámbito de aplicación vaya ampliándose. A medida que el poder político de los islamistas crece (ya sea porque aumenta el número de votantes mahometanos o porque los partidos islamistas se convierten en bisagras), se va ampliando la aplicación de la Sharia y se empieza a imponer también a los “infieles”. Un ejemplo es la reciente imposición en Francia de la separación de los sexos en las piscinas municipales. A medida que el poder crece (ya sea por la toma violenta del poder o por el crecimiento demográfico), se impone la Sharia a todos, discriminando a las mujeres y los no musulmanes. En la última etapa, se implanta la dictadura islamista al estilo iraní o saudita.

A la vista de lo anterior, repitamos la pregunta: el padre musulmán de Pozuelo ¿es un musulmán devoto preocupado por su familia o bien es militante integrista que quiere imponernos ante todos la ley islámica?.

Analicemos la primera posibilidad. ¿Qué opciones tienen unos padres musulmanes que quiera que su hija adolescente vista en clase conforme a su particular interpretación de la ley islámica? Varias. En primer lugar, pueden matricularla en un colegio donde sí se permita ir a clase con velo: hay varios en Madrid. En segundo lugar, pueden matricularla en un colegio femenino donde, al no convivir con hombres adultos, no necesita vestir el velo: hay varios en Madrid, entre ellos aquél donde estudian las hijas de los diplomáticos iraníes. En tercer lugar, puede unirse con otros padres musulmanes y fundar un colegio en el que el velo sea parte del uniforme: eso hicieron, por ejemplo, los padres de familia que fundaron Fomento de Centros de Enseñanza en los años sesenta para aplicar sus propios métodos pedagógicos. En cuarto lugar, pueden educar a sus hijas en casa: aunque algunos fiscales retroprogres hayan cuestionado este derecho, los tribunales lo han reconocido. El mahometano de Pozuelo no ha hecho ninguna de estas cosas, por lo que podemos concluir que no actúa movido por el exclusivo interés de la educación de sus hijas.

Queda claro, por lo tanto, que a este hombre le mueve la intención de imponernos la ley islámica por encima de la ley civil española. Esta expliación es totalmente coherente con los hechos. Así se explica, que no presentase objeción alguna en el momento de matricular a su hija, sino que se esperase a mitad de curso para forzar deliberadamente un conflicto. Su intención era conseguir que, en este detalle concreto, las autoridades académicas diesen prioridad a la ley islámica frente a los reglamentos del ordenamiento jurídico español. Afortunadamente, la sensatez y la gallardía de los miembros del consejo escolar ha impedido que los nuevos Muzas impongan su ley. Esperemos que el ejemplo cunda.

Otra dimensión interesante es el apoyo que el progrerío ha dado al incumplidor de la normativa. Un análisis superficial hace difícil encontrar puntos comunes entre quienes defienden una moral arcaica basada en la fe ciega en Dios único, y quienes defienden una moral igualmente arcaica, pero opuesta a la anterior, basada en el paganismo relativista ateo. Hay una explicación, por supuesto, pero por razones de espacio, permitidme que la trate en una entrada posterior.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Fray Aristóteles y la amenaza islámica en Europa

Hace pocos días un joven profesional, iniciador en Italia de un nuevo movimiento apostólico de un éxito tan grande como su fidelidad al Magisterio de la Iglesia, visitó a Fray Aristóteles en su cueva junto al Monte Athos. Después de acompañarle en silencio en su meditación, y de rezar con él las oraciones de la mañana, se sentaron a la puerta de la cueva para conversar. Tras unos breves minutos hablando de su esposa y sus cinco hijos, el italiano preguntó:

-Fray Aristóteles, tú que has nacido en una tierra que ha padecido los horrores de la ocupación islámica hasta hace relativamente poco tiempo, ¿no crees que la masiva inmigración musulmana que está viniendo a nuestros países es una amenaza para las raíces y la identidad cristiana de Europa?

Fray Aristóteles lo miró con simpatía, pero le contestó con un deje de reproche en su voz

-Hermano, si no supiese quién eres pensaría que te falta fe. Pero como no es el caso me temo que simplemente te has dejado llevar por los tópicos del ambiente. Ya que me pides mi opinión, pienso que la inmigración de nuestros hermanos musulmanes, lejos de constituir una amenaza, es una oportunidad que nos brinda Dios y una prueba de su confianza en nosotros. Porque dime ¿por qué son musulmanes la práctica totalidad de los musulmanes?

-Porque nacieron en una familia musulmana de un país bajo la ley islámica, donde ni los cristianos tienen libertad para predicar su fe ni los musulmanes para convertirse al cristianismo.

-Exacto. Los pocos misioneros que han intentado evangelizar a musulmanes han sido martirizados, así como los pocos musulmanes que, en sus países, han abrazado la verdadera fe. Y salvo episodios ocasionales eso ha sido así durante cientos de años.

Pero ahora gracias a la inmigración las cosas han cambiado ¿no lo ves? Sois la primera generación de cristianos en la Historia que tiene libertad para predicar el Evangelio a millones de musulmanes, y ellos a su vez son los primeros musulmanes en siglos que tienen libertad para convertirse al cristianismo sin represalias. ¿Y consideras que eso es una amenaza para el cristianismo?

Francamente, hermano, yo consideraría un honor que Dios hubiese depositado en mi capacidad evangelizadora tanta confianza. Porque cuando consigáis convertir a una porción relevante de nuestros hermanos inmigrantes, su palabra y su ejemplo tendrán efectos inmediatos y explosivos en sus países de origen.

Y no me digas que es muy difícil que se conviertan. Recuerda que la mayoría son hombres de fe sincera que practican la caridad y rezan a Dios. ¿Acaso crees que Nuestro Señor dejará de mover los corazones de quienes tienen ya fe y obras, pero les falta luz?

El italiano guiñó un ojo a Fray Aristóteles mientras encendía su teléfono móvil.

-Me has abierto los ojos. Perdona que me vaya tan pronto, pero voy a adelantar mi partida para tener una reunión con los libaneses de mi movimiento a ver cuál sería la mejor forma de abordar a nuestros hermanos musulmanes en Italia.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

Las causas progresistas del fracaso escolar (II)

En la entrada anterior, veíamos como el fracaso escolar se había disparado en España en los últimos años. Veíamos también que este aumento del fracaso escolar había sucedido inmediatamente después de que se empezase a implantar, desde los poderes del Estado y prescindiendo de la opinión de los padres, un modelo educativo que seguía todo los tópicos progresistas al uso.

Veíamos también en la entrada anterior como como el hecho de que el fracaso escolar ocurriese inmediatamente después de la implantación del modelo educativo progresista no era una fatal casualidad, sino una consecuencia lógica e inevitable de los defectos de ese mismo modelo: la escuela obligatoria, única, pública, laica, coeducativa, comprensiva, no jerárquica, no memorística, sin exámenes, integradora y no sexuada.

Comprobamos entonces como el modelo de escuela obligatoria y única conducía necesariamente a peores resultados académicos. Vamos a ver a continuación como los demás rasgos del modelo también conducen al fracaso de de una buena parte de los niños que tienen la desgracia de ser víctimas de él.

Empecemos en primer lugar, por la escuela pública. Aunque es cierto que la gestión por parte de los gobiernos de actividades de tipo económico o productivo ha demostrado siempre ser más cara y de menor calidad que cuando se prestan por organizaciones sociales (asociaciones, cooperativas, empresas etc.), los excelentes resultados de la educación impartida en los institutos nacionales de bachillerato españoles en el siglo que estuvo en vigor la ley Moyano podían hacer pensar que la educación, quizás, podría prestarse desde el Estado con la misma calidad que desde la sociedad. Sin embargo, las experiencias recientes, demuestran que la educación gubernamental en España tiene una calidad muy inferior a la educación social, y cada vez peor. De hecho, los informes PISA muestran como los conocimientos de los alumnos de la escuela gubernamental son cada vez más reducidos, mientras que los alumnos de la enseñanza social tienen resultados mucho mejores y mantenidos en el tiempo. Los alumnos que se ven obligados a elegir la educación gubernamental tienen todas las papeletas para no poder desarrollar plenamente sus capacidades intelectuales y personales. En este sentido, resulta interesante comprobar cómo los resultados de los colegios sociales concertados, son también algo inferiores a los de los colegios totalmente desligados de la financiación pública. Ésta diferencia entre colegios que, en muchos casos, pertenecen a la misma organización, es una clara muestra de que las recientes intromisiones del gobierno en la gestión de los colegios concertados (que cada vez más sufren servidumbres antes limitadas a los colegios públicos) han acarreado, como era de esperar, una degradación de la calidad de la enseñanza que reciben los alumnos. A cambio, eso sí, de que el gobierno de la tarifa respectiva les haga el ”favor” de financiar la mitad del coste de la enseñanza con una pequeña parte de los elevadísimos impuestos que pagan sus padres.

Si nos referimos al hecho de que la educación haya de ser, obligatoriamente y por imposición del gobierno, “laica” (esto es, anticristiana) destaquemos en primer lugar que, independientemente de los resultados académicos que tengan los alumnos, nos encontramos ante una gravísima violación de los derechos humanos. En concreto, la escuela “laica” vulnera los derechos a la libertad religiosa, a la libertad de enseñanza, a la libertad de cátedra, y a la elección de la educación moral religiosa de los hijos por parte de los padres.

Y encima, la escuela laizista ni siquiera consigue mejores resultados académicos que las escuelas religiosas. Dejando aparte a las madrasas islámicas, la mayoría de las escuelas religiosas del mundo son cristianas (o judías), muchas de ellas católicas. Si nos ceñimos, para simplificar, a las escuelas católicas, las hay que atienden a alumnos de todos los estratos sociales y en todos los países del mundo. Y, al contrario que las “laicas”, gozan de un gran prestigio en todo el mundo. En España, todos los informes muestran que las escuelas católicas (tanto totalmente libres como concertadas) superan en resultados a la antaño eficaz escuela nacional. Y lo curioso es que, pese a su carácter religioso, no suelen despertar los recelos de los padres que no profesan la religión católica. Familias de otras religiones, o sin ninguna, se esfuerzan para enviar a sus hijos a escuelas católicas; se ve que piensan que el riesgo de que se conviertan a una religión que (según esos padres) está equivocada es mucho menor que las ventajas que van a obtener de una formación humana y académica de calidad. De hecho, los únicos que ven con irritación la mera existencia de las escuelas religiosas, y que están dispuestos a usar todos los medios legítimos o ilegítimos para acabar con ellas, no son los padres sino los políticos laizistas, que seguramente prefieren una masa poco educada y poco crítica, pero atea, antes que personas educadas, cultas, libres y, en muchas ocasiones, religiosas.

La coeducación (chicos y chicas mezclados en todas las actividades y recibiendo exactamente la misma educación) puede ser una opción legítima para quien libremente la elija. Igualmente, puede haber casos (hijas únicas de madres solteras en grandes ciudades, por ejemplo) en los que el colegio sea la única oportunidad de que un niño convivan con niños del otro sexo. Ahora bien, si comparamos los resultados medios de la coeducación con los de la educación diferenciada (chicos y chicas en clases o centros diferentes y recibiendo las mismas enseñanzas pero con técnicas pedagógicas adaptadas a su sexo), vemos que los alumnos de la educación diferenciada consiguen resultados muy superiores, tanto los masculinos como las femeninas.

En próximas entradas terminaremos de repasar los estragos causados por las otras características del modelo educativo progresista, y propondremos alternativas para enderezar el curso de la educación en España que nos permitan ofrecer un futuro digno a nuestros hijos y nietos.

El mundo al revés

En todas las sociedades civilizadas de la Historia, la religión ha sido un asunto público y el sexo un asunto privado. La relación con la Divinidad (reconocida como tal, o a través de la figura de una pluralidad de divinidades) se articula a través de unas ceremonias o ritos en los que participa de un modo u otro la comunidad de los creyentes o subcomunidades definidas por ciertas normas. Asimismo, hay espacios públicos (templos, bosques o montañas sagrados, imágenes, etc.) donde los creyentes acuden a orar y ofrecer sacrificios, ya sea de modo comunitario y ritual o individual y espontáneo. Por otra parte, la relación sexual entre hombre y mujer siempre ha tendido a ser algo íntimo de cada pareja, que ha buscado la soledad del hogar o de sitios apartados. Han quedado en el lenguaje fórmulas que reflejan esta realidad, como la expresión “relaciones íntimas” o el dicho de que “un caballero es un hombre que no dice con qué mujer se acuesta”.

Por supuesto, la religión siempre ha tenido una dimensión de relación directa entre el creyente y la divinidad, pero los fenómenos místicos han sido habitualmente algo reservado a unos pocos, al menos con regularidad. Puede que la mayoría de los creyentes haya experimentado algún tipo de contacto místico una o dos veces en su vida, pero lo cierto es que la mayoría de sus interacciones con la divinidad han tenido lugar a través de la liturgia, es decir, del culto público.

Igualmente, el sexo siempre ha tenido alguna repercusión pública, tendente siempre a comunicar la creación de una nueva familia (el matrimonio), o en su caso a establecer la paternidad de un niño (el reconocimiento). Pero también en este caso la repercusión pública afecta a una mínima parte de la actividad. Un matrimonio sólo se casa una vez, y hay por el mundo millones de niños que no tienen padre reconocido, y más millones de actos puramente privados fuera del matrimonio que no han traído un niño a la luz.

La combinación de religión pública y sexo privado, concretada en diversas manifestaciones, ha acompañado al progreso del hombre desde la sabana africana hasta la era espacial. Las sociedades más equilibradas, sostenibles y civilizadas se han basado en ella. Y cuando se han desviado de ella (como los antiguos fenicios con la prostitución ritual obligatoria o los desenfrenados romanos de la época tardoimperial) ha solido ser en los momentos de decadencia previos a su desaparición.

Y ahora llegan los progresistas y tratan de convencernos de lo contrario. Pretenden emplear la fuerza coactiva del Estado para imponernos que la religión ha de ser una actividad puramente privada. Emplean su monopolio de los medios de comunicación y la fuerza coactiva del Estado sobre los centros educativos para hacer del sexo una actividad pública, ya sea a través de los programas de cotilleo, pornográficos o “granhermanos” o a través de Educación para la Tiranía y la publicidad institucional. Y, lo que es igualmente grave, emplean el poder del Estado (ya sea a través de la legislación o de sentencias judiciales) para dar carácter público a relaciones que las personas que las mantenían habían decidido libremente mantener en el ámbito  privado, como cuando se imponen obligaciones equivalentes a las del matrimonio a parejas que no se casaron, o cuando se equipara al matrimonio a relaciones sin trascendencia pública (porque no pueden fundar una familia, como es el caso de las parejas homosexuales).

 

Y aun pretenden convencernos de que esta antinatural organización de la sociedad constituye un avance respecto de los tiempos pasados. Queridos progres, por favor, no insistáis. Tenemos ojos en la cara.