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Eutanasia: el próximo recorte presupuestario

A la vista de que la situación de crisis económica en España no amaina, debido a que las escasas medidas adoptadas por el gobierno socialista a duras penas han conseguido reducir el déficit público hasta el ¡6% del PIB!, es inevitable que se realicen a corto plazo más recortes drásticos del gasto público. España ya no puede seguir soportando los dispendios de una casta política que gasta mucho más de lo que los contribuyentes pueden financiar, y a nuestros acreedores exteriores se les ha acabado la paciencia hace rato.

Hay varias formas posibles de recortar drásticamente los gastos del Estado. Una de ellas sería suprimir todos los gastos antisociales que sólo sirven para mantener a las castas políticas: subvenciones a sindicatos, partidos políticos, dictadores y ONGs progres, televisiones públicas, coches oficiales, enchufados en empresas públicas, etc. Recortando este gasto España volvería a tener una situación financiera más que saneada.

Pero está claro que los socialistas no van a recortar sus privilegios ni los de sus amigos. Ni los socialistas radicales del PSOE, ni los socialistas soviéticos de IU, ni los socialdemócratas del PProgre. Pero como la banca internacional y la canciller Merkel les siguen exigiendo recortes, los socialistas ya han encontrado donde hacerlos: recortando en la partida de gasto más importante de los Presupuestos: la Sanidad.

La fómula para implantar el recorte presupuestario será la nueva ley de eutanasia obligatoria. Si el proyecto del gobierno se aprueba, los médicos no podrán negarse a matar a los enfermos. Y, como ya hemos visto en esta bitácora el único motivo por el que los progresistas quieren aprobar la eutanasia es reducir el gasto público. Todo su discurso sobre la “libertad de elección” es falso e incoherente, y busca únicamente engañar y confundir a las personas de buena fe.

Tengamos en cuenta que, por término medio,  una persona ocasiona la mitad del gasto sanitario de toda su vida en su último año en la Tierra. Igualmente, que la esperanza de vida de los españoles ronda los 82 años, y la edad media de jubilación los 62. Esto es, que cada español que cobra pensión lo hace durante unos 20 años.

Un sencillo cálculo nos hace ver que si se aplica la eutanasia a todos los ancianos y enfermos cuya esperanza de vida es menor o igual a un año, se reduciría el gasto sanitario a la mitad y el gasto en pensiones en un 5%. Una cifra más que suficiente para alcanzar los recortes de gasto público necesarios sin necesidad de tocar los privilegios de las castas parasitarias progresistas.

PS: antes de que a ningún gracioso se le ocurra hacer comentarios lacrimógenos del estilo de “si tú supieras lo que es tener un familiar…” o insultantes del estilo de “si a los católicos os gusta sufrir allá vosotros…” os informaré de que mi padre padece un cáncer incurable por medios médicos y nos estamos ocupando (y por ahora, consiguiendo) de que viva en paz sus últimos meses. Consideraré cualquier comentario de esos una ofensa personal y ruego al que lo perpetre que indique en él el lugar y la hora donde podremos vernos las caras. A espada.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

II República: violencia e incultura sin libertad, ley ni democracia

Hoy se cumplen 80 años de la imposición al pueblo español de la II República. En contra de la leyenda rosa que se presenta habitualmente, y que nuestra casta política incluso ha adoptado oficialmente en la Ley de Memoria Histérica, la II República no fue un régimen legítimo y democrático de libertades. Lo que los hechos demuestran es que la II República fue un régimen antidemocrático, sin libertad ni imperio de la ley, y donde imperaban la violencia, la incultura y la discriminación. Repasemos los hechos.

La República nunca fue una democracia.

La monarquía de la Restauración fue una democracia entre 1875 y 1923. Una democracia aún imperfecta, pero no más que la mayoría de las democracias europeas de la época. Como consecuencia de la inoperatividad de los políticos de la época, el general Primo de Rivera estableció una dictadura entre 1923 y 1929, que se entendió siempre como una solución temporal para restaurar el orden. En 1930, la monarquía de Alfonso XIII emprendió el retorno a la democracia, con un plan que comprendía primero unas elecciones municipales y luego elecciones generales a Cortes que elegirían un gobierno democrático.

Este proceso de restauración de la democracia fue abortado por un golpe de Estado republicano que tuvo lugar el 14 de abril de 1931. Dos días antes habían tenido lugar las elecciones municipales, que según la informaciones de la época ganaron las candidaturas monárquicas por cuatro a uno, y que en cualquier caso eran meras elecciones locales. Sin embargo, los republicanos se ampararon en su victoria en las grandes ciudades para dar un golpe de Estado y exigir la entrega del poder por el gobierno monárquico. Éste se arrugó, con el Rey a la cabeza, y en lugar de defender la legalidad cedió ante los golpistas.

Como vemos, los republicanos no eran demócratas. Si lo hubieran sido, habrían esperado a las elecciones generales para proponer desde las Cortes el cambio de régimen. Pero no. Prefirieron dar un golpe de estado después de perder unas elecciones, cuyas actas “misteriosamente” desaparecieron ¿para no dejar pruebas?

Una vez en el poder, el gobierno golpista promulgó una ley electoral copiada de la ley fascista de Mussolini, que permitía la ganador de las elecciones tener una mayoría abrumadora en las Cortes. Ganaron las elecciones de 1931 y promulgaron la tiránica constitución que veremos más adelante. Cuando en 1933 las derechas ganaron las elecciones, los “demócratas” republicanos llegaron a dar otro golpe de Estado en 1934 para impedir el acceso al gobierno del partido más votado. Posteriormente, las elecciones de 1936, que se celebraron en medio de la violencia política, se saldaron con un pucherazo de las izquierdas, que manipularon descaradamente la asignación de escaños. “Curiosamente”, por segunda vez en unas elecciones sospechosas, las actas también desaparecieron. Por último, las Cortes del Frente Popular destituyeron ilegalmente al Presidente de la República, en lo que fue un nuevo golpe de Estado, aunque parlamentario.

Para que un régimen sea democrático se requieren elecciones libres y que la gran mayoría de la sociedad acepte el resultado, sea cual sea. Un régimen en el que la mitad de la clase política da un golpe de Estado cada vez que pierde las elecciones no puede ser considerado como democrático. Especialmente cuando tampoco hay libertad, como veremos ahora.

La República violó sistemáticamente las libertades.

Aunque un régimen no sea democrático, sí puede ser respetuoso con las libertades individuales y colectivas. Así lo fueron, por ejemplo, las monarquías españolas de la Edad Media y el Siglo de Oro. Pero la II República violó sistemáticamente las libertades de los españoles.

Bajo la República no había libertad de expresión. Nada más aprobarse la constitución de 1931, se impuso la Ley de Defensa de la República que suprimía la libertad de expresión. Los periódicos, cines y teatros padecían censura previa y podían ser cerrados por el gobierno. Los disidentes podían ser encarcelados o multados. Evidentemente, sin libertad de expresión no hay democracia posible.

Bajo la República no había libertad religiosa. El gobierno podía prohibir cualquier actividad religiosa, como de hecho hizo, sin ningún control. Igualmente, prohibió numerosas órdenes religiosas y robó sus bienes.

Bajo la República no había libertad educativa. El gobierno implantó un modelo educativo único y prohibió los colegios religiosos.

La República nunca respetó la Ley.

Un régimen puede ser antidemocrático y tiránico, pero al menos ser un Estado de Derecho, donde las leyes, aunque injustas, se apliquen y los ciudadanos que obedezcan al gobierno sepan que no les va a pasar nada. Pero la República ni siquiera era un Estado de Derecho.

El 10 de mayo de 1931, elementos de izquierdas comenzaron a atacar edificios religiosos y a las mismas personas de los religiosos. Un Estado de Derecho habría enviado a la Policía y a los jueces a defender a las víctimas de delitos, aunque fuesen adversarios del gobierno. Sin embargo, el gobierno dio órdenes a la policía de no aplicar la Ley. Antes de un mes de su proclamación, la república había dejado de ser un Estado de Derecho.

Y los sucesos de mayo de 1931 no fueron un hecho aislado. Sistemáticamente, los partidos de izquierdas se lanzaron a la violencia política y los gobiernos de izquierdas se negaron a aplicarles la ley. Y no se trataba de un problema de debilidad, porque cuando tras sufrir numerosos muertos a manos de terroristas de izquierdas algunos grupos de tendencia opuesta como la Comunión Tradicionalista o la Falange se lanzaron también a la violencia, fueron perseguidos eficaz e implacablemente por el gobierno. Un régimen en el que la ley se aplica a los adversarios pero no a los partidarios es un régimen sin Ley.

En la República se promovió la incultura.

La propaganda republicana siempre la ha presentado como un tiempo en el que la cultura floreció después de un atraso multisecular. Tampoco es cierto. El período de máximo florecimiento cultural español, la auténtica Edad de Plata de la cultura española, ocurrió durante el reinado de Alfonso XIII, donde estuvieron activas al mismo tiempo la generación del 98, la del 14 y la del 27. La resaca de esa época gloriosa alcanza a la República, cierto, pero también al régimen de Franco.

Pero lo cierto es que la primera medida de la República fue permitir la quema de la biblioteca de los Jesuitas de Madrid en la calle de la Flor (y la del ICAI), la segunda de España tras la Biblioteca Nacional, además de infinidad de obras maestras de la pintura, la escultura y la arquitectura.

Lo segundo fue el cierre de todos los colegios y escuelas católicos, con el resultado de que cientos de miles de niños se quedaron sin escolarizar (una versión salvaje de la LOGSE), y que muchos de los mejores intelectuales españoles tuviesen problemas para continuar su actividad por el hecho de ser religiosos.

Lo tercero fue la implantación de la censura, que nunca ha favorecido el desarrollo de la cultura.

Los intelectuales de verdadera talla en seguida se distanciaron de la República. Uno de los padres de la república, el filósofo José Ortega y Gasset, ya denunció los excesos y la degeneración del régimen en septiembre de 1931, en su famoso artículo “No es esto, no es esto”.

La República nació mediante la violencia, y la fomentó y aplicó desde el Estado.

Los republicanos dieron un golpe de Estado violento en 1930 desde Jaca, que fracasó, pero que ellos asumieron como precursor del régimen. El golpe de Estado de 1931 tampoco fue pacífico, aunque la falta de resistencia monárquica impidió que fuese violento.

Más adelante, los partidarios del régimen se lanzaron a la violencia política con el consentimiento y aprobación del gobierno, como hemos visto. La República fue una época terriblemente violenta. La violencia no cesó ni un solo momento de atormentar a los españoles pacíficos.

En el verano de 1936, el gobierno del Frente Popular, crecido ante la falta de resistencia, dio un salto cualitativo. No se limitó a enviar a las milicias de sus partidos a aterrorizar a sus adversarios, sino que, tras amenazarlo de muerte en las Cortes, envió a un grupo de policías de uniforme a asesinar a uno de los dos líderes de la oposición, José Calvo Sotelo. El 14 de julio de 1936, España había pasado además a padecer un Estado terrorista.

Hasta aquí la realidad del régimen republicano, sin entrar en las atrocidades que se cometieron después del Alzamiento del 18 de julio.

Y las críticas al régimen de Franco que la sucedió no atenúan, sino que agravan la condena que la nefasta República merece. La dictadura de Franco fue una consecuencia necesaria de los desmanes republicanos. Si la República hubiese sido simplemente un régimen caótico, pero de libertades, lo más probable es que la dictadura de Franco, como la de Primo de Rivera en los años 20, hubiese sido una “dictablanda” de entre cuatro y diez años seguida por una transición ordenada a una democracia más seria. Pero la República abortó el retorno a la democracia de la monarquía de Alfonso XIII para traer a España nueve años de horror y cuarenta de dictadura.

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Ceterum censeo infanticidii leges omnes esse delendas.

Y además, pienso que todas las leyes del aborto deben ser suprimidas.

PP y aborto: “retrataos” en las Cortes, no en la calle

A pesar del apoyo explícito que Mariano Rajoy y la cúpula del PProgre han dado a la vigente legalización del aborto, algunos dirigentes del PP han anunciado que asistirán a la manifestación en defensa de la vida y de las mujeres del próximo 17 de octubre. Pues bien, como les gusta decir a los profesores, a los exámenes hay que ir con los deberes hechos.

Y los deberes de los políticos que ostentan (y a menudo detentan) cargos públicos son distintos que los de los de los ciudadanos particulares.

Los ciudadanos tenemos la obligación de manifestarnos cuando estamos en desacuerdo con una medida propuesta por la casta política. Y especialmente cuando, como es el caso del asesinato prenatal, el asunto no se discutió en la campaña electoral proque todos los partidos del Régimen lo apoyaban, de modo que los votantes no pudimos utilizar nuestro voto para expresar nuestra opinión.

En cambio, los cargos públicos tienen la obligación de tomar decisiones para buscar el bien común. Por lo tanto, los políticos que, acertadamente, piensan que el aborto es un atentado contra la vida de un niño inocente y contra la salud psíquica y corporal de su madre, deben tener en cuenta ese convencimiento a la hora de tomar decisiones. Sólo cuando su historial de toma de decisiones sea completamente coherente con lo que dicen pensar, puede ser admisible que se sumen a una manifestación cívica como la del próximo sábado.

Así, por ejemplo, el Sr. Güemes, nada menos que consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, debería cambiar muchas cosas en su modo de dirigir su departamento antes de aparecer como defensor de los niños no nacidos y sus madres. HazteOir y sus simpatizantes le han sugerido unas cuantas. A mí se me ocurren algunas más: la primera, dejar de pagar abortos con el dinero de los madrileños. Que un delito no sea castigado no obliga de ningún modo a los gobernantes a financiar su comisión.  En segundo lugar, debería prohibir a todos los servicios sanitarios a sus órdenes que recomienden, organicen o de cualquier modo faciliten que una mujer embarazada que acuda a ellos aborte. Y si de verdad quiere demostrar su compromiso con la defensa de la vida, otra medida a su alcance sería enviar a la Inspección Sanitaria a todos y cada uno de los abortorios e imponerles la sanción máxima por cada falta detectada, aun por las más nimias. Al fin y al cabo, tampoco a Al Capone le pudieron condenar por asesinato, pero hicieron justicia con sus víctimas encarcelándolo por fraude fiscal.

El diputado Nacho Uriarte ha hecho una encendida defensa de la vida en su blog y ha anunciado su asistencia al 17-O. Imagino que estas excelentes declaraciones son también una retractación de sus declaraciones de 2007 en las que definía como “la que más beneficia” a la ley actual del aborto (una ley que ”sólo” ha ”beneficiado” a más de un millón de niños muertos y varios cientos de miles de mujeres destrozadas de por vida), aunque no estaría de más que hiciese esa rectificación explícita. Ahora bien, en su calidad de diputado, el Sr. Uriarte puede hacer muchas cosas para defender la vida. Puede presentar enmiendas a la actual propuesta de Ley en las que proponga, además de medidas de apoyo a la maternidad, explicitar un generoso régimen de eximentes penales para las mujeres que abortan (que casi nunca lo hacen libremente), y al mismo tiempo sanciones penales comparables a las del delito de asesinato para los sicarios que ejecutan el aborto, los políticos o parejas que los financian, los empresarios o ejecutivos que coaccionan a sus empleadas embarazadas, y los amantes (o maridos) que presionan a la mujer para no asumir como hombres las consecuencias de sus ratos de placer. A fecha de hoy, no me consta que lo haya hecho, ni que haya anunciado públicamente su intención de hacerlo.

De modo, Sres. Güemes, Uriarte y demás políticos del PP, que cuando hayan hecho sus deberes, les daré la bienvenida a mi lado en la manifestación. Y si no quieren o no se atreven a hacerlos, mejor quédense en sus casitas. No me importa enfrentarme a adversarios que dan la cara, pero quiero estar seguro de que quienes luchan a mi lado no son otro Vellido Dolfos.

Muchas gracias.

Zapatero: “Inglaterra debió implantar una dictadura en 1937″

Antes de que los ciberpepiños (ahora ciberpajines) se me echen al cuello, aclararé que, efectivamente, el camarada Rodríguez Zapatero, secretario general del Partido no ha dicho esa frase usando esas mismas palabras. Pero esa frase es la conclusión lógica de sus afirmaciones recientes. Veamos:

a) Una de las consignas que el Partido ha dado a sus esbirros para el debate sobre el aborto es que el proyecto de Ley Zapatero es bueno “porque sólo busca acercar la legislación española a lo que establece la legislación de los demás países europeos”

b) Otra de las consignas es que la legalización del homicidio prenatal supone “un avance respecto de épocas pasadas ya superadas”

La conclusión que se extrae es que, para Zapatero y sus acólitos, son buenas aquellas leyes que

1. Son similares a las del resto de países europeos

2. Son contrarias a las que regían en el pasado

Estos principios no son nuevos. Son los que se han aplicado para introducir en España, sin un debate muy profundo, el divorcio, el aborto, la coeducación obligatoria, el pago de salarios a alcaldes y concejales, la subida de los impuestos al doble (del 20-25% de Franco al 40-50% actual) y muchas otras cosas. En todos esos casos, el debate de ideas se ha aparcado ante el complejo de la derecha para defender sus bien fundados argumentos una vez que se formulaba que “esto supone un cambio respecto al pasado (en este caso, “franquista”)” y que “esta reforma sólo busca equiparar la legislación española con la del resto de países europeos”.

Ahora, trasladémonos mentalmente a la Inglaterra de 1937, y pensemos qué habría propuesto Zapatero en aplicación de estos principios. Inglaterra era entonces, como ahora y en los últimos 250 años, una democracia parlamentaria. La propuesta de Zapatero, habría sido, sin duda:

“Inglaterra debería romper sus ataduras con el pasado absolutista e implantar una dictadura. Puede que los conservadores casposos y reaccionarios se opongan a esta ampliación de los derechos (del gobierno), pero lo único que busca mi propuesta es equiparar nuestra legislación con la de los demás países europeos.

Repasemos. Alemania, Rusia e Italia gozan hoy de dictaduras socialistas: marxistas en la Unión Soviética, nacional-socialista en Alemania y fascista en Italia. Polonia disfruta del régimen implantado por el mariscal Pilsudski, Hungría el gobierno del almirante Horthy, Austria el del canciller Kurt Schuschnigg, Portugal el de Oliveira Salazar y Turquía el del mariscal Mustafá Kemal Atatürk. Por no hablar de España, que tiene el privilegio de contar con dos dictaduras: la socialista del doctor Negrín en la zona republicana y la militar del general Franco en la zona nacional. En toda Europa, lo normal es la dictadura.”

“Y estas dictaduras no son una herencia del pasado, sino un progreso desde formas reaccionarias de gobierno ya superadas. Antes de 1914, todos esos países, salvo Rusia y Turquía, padecían monarquías parlamentarias con elecciones democráticas.”

“Está claro que para seguir el camino del progreso Inglaterra debería implantar una dictadura”.

Afortunadamente, los ingleses de 1937 no estaban dispuestos a sacrificar sus libertades, como demostraron heroicamente poco más tarde.

Pero recordemos: los argumentos que el Régimen usa para defender la legalización del aborto en la España de 2009 son los mismos que habrían justificado implantar una dictadura en la Inglaterra de 1937. Nos toca a nosotros defender la vida de nuestros compatriotas no nacidos con el mismo ardor que los ingleses defendieron sus libertades.

Estamos de suerte ¡el feto de 13 semanas es un lince!

Después de las declaraciones de la camarada Bibiana Aido, según las cuales un feto de 13 semanas es un ser vivo pero no un ser humano, ha habido acaloradas discusiones sobre qué tipo de ser vivo podría ser. Afortunadamente, el equipo de expertos científicos del diario oficial del Régimen ha podido dar solución a esa pregunta: el feto es un cachorro de lince ibérico (Lynx pardinus) desde su concepción hasta las 22 semanas de embarazo, momento en el que experimenta una mutación que lo convierte en ser humano (Homo sapiens sapiensHomo sapiens neanderthalensis en el caso de los hijos de altos cargos del PSOE).

Gracias a este descubrimiento de la Ciencia progresista, España volverá a ocupar el lugar de cabeza entre las naciones civilizadas, junto con Chile, Malta y otro puñado de países mediterráneos y americanos. En aplicación de la legislación de defensa de la Naturaleza, quienes maten a un feto de menos de 22 semanas irán a prisión como reos de un delito ecológico. El multimillonario negocio de los amigos de Zapatero a costa de la muerte de los fetos y el sufrimiento de las madres desaparecerá.

Puede que a muchos no nos guste esta solución, pero que le vamos a hacer. Lo importante es defender la vida. Al fin y al cabo, Al Capone no fue a la cárcel condenado por asesinato, sino por fraude fiscal, pero lo importante es que acabó donde merecía.

Wilkommen, Kameradin Bibiana!

Anoche tuve un sueño tremendo. Yo era policía y me había tocado actuar como escolta de la cuotiministra Bibiana Aído. Estaba de guardia en el pasillo del hotel de superlujo donde se alojaba a costa del IVA que pagan los parados por la cesta de la compra, junto a la puerta de la habitación de la ministra. La noche se presentaba aburrida. Durante un rato oí al otro lado de la puerta el tintineo de las botellas de licor del minibar, pero ahora sólo se escuchaban leves ronquidos. Me ajusté el cinturón y la gorra y me disponía a dar breves paseos alrededor de la puerta para mantenerme activo cuando oí unas voces susurrantes que se acercaban por el pasillo. Me extrañé: la ministra había reservado toda la planta para que el ruido de los demás huéspedes no turbase su augusto sueño, y otros dos compañeros tenían orden de no dejar pasar a nadie por las dos entradas.

De pronto, ví como se acercaban lentamente tres personas. Eché mano a la pistola, y cuando las reconocí eché la otra mano al rosario. Eran los fantasmas de Adolf Hiltler, canciller del III Reich, Paul Goebbels, ministro de Propaganda del régimen Nacional-Socialista alemán y Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS y la Gestapo.

-Ya le dije, mein Führer, que podíamos confiar en ellos – decía Goebbels -  fue una tontería apoyar al general Franco, que luego nos dejó tirados durante nuestra guerra, en lugar de a nuestros camaradas socialistas del PSOE. Y ahora, ya lo ve, siguen fieles a nuestra doctrina.

-Verdaderamente ese joven tiene talento, a pesar de ser latino. Y la ley que está impulsando esta valquiria adolescente para eliminar vidas inútiles es digna de aplauso – replicó Hitler.

-Y ¡qué dominio de la propaganda!¡Qué oratoria! -se embaló Goebbels – “Un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no puede ser una persona porque eso no tiene ninguna base científica”. ¡Qué frase! ¿Os acordáis? “Un judío o un polaco son seres vivos, pero no pueden ser personas porque eso no tiene ninguna base científica”.`¡Nuestras ideas viven! ¡Nuestro esfuerzo no fue estéril!

-Pero, Paul -repuso Himmler- un feto judío de 13 semanas no es un ser humano, pero los fetos arios son seres humanos desde el mismo momento de la concepción.

-Claro que sí, Heinrich. Pero tienes que darte cuenta de que lo importante es sentar el principio de que no todos los que parecen seres humanos lo son. Una vez que abres la brecha, ya sea con los judíos, como hicimos nosotros, o con los niños no nacidos, como hacen nuestros Kameraden españoles, ya no es el sentido común, ni la Ciencia, quien determina qué personas tienen derecho a vivir. Es el Partido. ¿Que te empiezan a molestar los católicos? Pues dices que ellos tampoco son personas y lanzas a tus chicos de las SS a que los manden a gasear a Auschwitz. ¿Que después de haberlos usado contra los católicos no te fías de los musulmanes? Pues lo mismo.

Ya estaban a dos pasos de la puerta. Estaba a punto de reunir mis fuerzas para darles el alto cuando entraron limpiamente en la habitación de la ministra a través de la pared mientras Hitler decía:

-Ya sabía yo que entre socialistas nos entenderíamos. Ahora vamos a darle a esta jovencita la insignia de miembro de honor del Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán.

Se oyó un grito al otro lado de la puerta. Poco después, el silencio, sólo interrumpido por el ruido de unos talones descalzos al ponerse firmes.

-Baje el brazo, Kameradin -sonó la voz de Hitler – Wilkommen in der Nazional-Sozialist Parteit!

Zapatero, los terroristas y los demócratas (2ª parte)

En nuestra entrada anterior, enunciábamos los hechos relacionados con la toma de posición de nuestro gobierno respecto de los últimos acontecimientos del conflicto palestino-israelí. Como ha habido varios comentarios de enjundia, que requerían de una respuesta meditada e integrada, he preferido escribir una segunda parte con las conclusiones que podemos sacar.

Debo recordar en primer lugar que esta discusión no trata sobre la guerra palestino-israelí en general, sino sobre la reacción del gobierno del Régimen actual ante ella. Si alguien está interesado en mi opinión sobre esta guerra, puedo decirle que, en este caso, hago totalmente mías las palabras de Benedicto XVI sobre el particular.

En cualquier caso, de las reacciones del compañero Rodríguez Zapatero y sus comparsas se desprenden varias conclusiones interesantes.

La primera de ellas, es su peculiar actitud ante el uso de la violencia contra civiles desarmados como medio de acción política. La violencia contra civiles, según se desprende de las acciones y palabras de los progresistas españoles, es legítima si se utiliza como arma política por los progresistas y sus aliados, y es inmoral si la utilizan sus adversarios. Hamás es “irresponsable” por provocar a Israel, los terroristas iraquíes son “insurgentes” cuando bombardean mujeres y niños en un mercado, y los progresistas españoles son “pacíficos manifestantes” cuando apedrean la embajada israelí en Madrid o esgrimen pistolas en Barcelona. En cambio, el ejército israelí es “genocida” cuando bombardea alijos de armas ubicados en edificios de viviendas. Que el líder de un partido que no ha condenado ni pedido perdón por la violencia de Estado de los GAL, las checas y la persecución religiosa de los años 30 se permita condenar la violencia del Estado israelí a causa de los muertos civiles que causa es de una hipocresía de tal calibre, que sólo podríamos calificarla de “hiprogresía”.

La segunda conclusión es aún más interesante. El gobierno de Zapatero, al condenar los actos del Ejército israelí, que han sido decididos por un gobierno democráticamente elegido y apoyados por un Parlamento democrático, ha reconocido que el hecho de que una ley o una decisión cuente con el apoyo mayoritario de órganos de gobierno democráticos no impide que dichos actos sean inmorales, ilegítimos y condenables, y que la obligación de las personas decentes sea oponerse a ellos por todos los medios pacíficos. Algo que, por otra parte, ya sabíamos la mayoría de los lectores de estas páginas.

Si seguimos el razonamiento de Zapatero hasta sus últimas consecuencias lógicas, habrá que reconocer que leyes como la despenalización del aborto, el divorcio exprés unilateral, la memoria histérica, la inmersión lingüística, el reglamento de Educación para la Tiranía, etc. podrían ser inmorales y rechazables aunque hayan sido aprobadas por un parlamento democrático. De modo que, la próxima vez que la Vicepresidente del gobierno, Srta. Fernández, vuelva a chillar que “las leyes están para cumplirlas porque para eso han sido aprobadas por un parlamento democrático” habrá que recordarle que, como muy bien ha dicho Zapatero sobre las acciones del Tsahal, las leyes injustas e inicuas están para no cumplirlas.