Archivo Dario de 28 septiembre 2009

Carta abierta a los farmacéuticos

Habiendo recibido las Instrucción Técnica correspondiente para llevar a cabo la dispensación de la píldora post-coital sin receta médica, estimo pertinente expresar un conjunto de reflexiones personales:

  1. Se ha pensado en los derechos de todos los involucrados en el problema de un embarazo no deseado, menos en el derecho del farmacéutico a dispensar (o no) de forma correcta; ante la voluntad de el/la usuario/a (página 7) el farmacéutico no puede hablar salvo que sea “admitido” por aquel/aquella. Según esto, si el usuario (así lo llama el protocolo) manda callar al farmacéutico, éste no puede ni averiguar las enfermedades que este pudiera tener, ni los medicamentos que pudiera estar tomando, ni ninguna otra información relevante que pudiera contraindicar la dispensación. De todas maneras, el farmacéutico “procurará” informar del medicamento (aunque no sea de receta, sigue siendo un medicamento). Patético.
  2. En la propia página 7 dice la instrucción técnica que hay que advertir (si le dejan) por parte del farmacéutico que hay otros métodos más eficaces y seguros (creí entender en su día que este método anticonceptivo de urgencia era absolutamente seguro y sin efectos secundarios).
  3. También en la página 7 dice que “si no existen contraindicaciones…el farmacéutico procederá a la dispensación del anticonceptivo de urgencia”. Si no puede tener una entrevista con la paciente (ahora sí), ¿Cómo va a averiguar si existen contraindicaciones? (¿Telekinesis?).
  4. Si la paciente no admite comentarios del farmacéutico o manda alguien por delegación, ¿Cómo conocer su edad? (La ley básica de autonomía del paciente establece el punto de corte en los dieciséis años) ¿Cómo saber si no está siendo coaccionada por otra persona? ¿Cómo saber si no es la enésima píldora que ingiere en esa misma semana?

Esto sólo en la página 7 de la instrucción técnica.

No soy un experto en atención farmacéutica, pero supongo que tantos colegas que lo son encontrarán en esta y otras páginas de la Instrucción Técnica muchos más defectos y errores que los que yo he podido ver.

Es un protocolo insostenible que además desde mi punto de vista sitúa al farmacéutico como un mero repartidor de píldoras a golpe de decreto en el que no se le deja intervenir como profesional de la salud y no se tiene en cuenta ni su criterio profesional ni sus (hay que decirlo) convencimientos de tipo ético. Resulta humillante para los que consideramos la Farmacia como una profesión indispensable y fundamental en la salud de las personas, trabajando en coordinación con los demás profesionales de la salud, garantes reconocidos de uno de los mejores sistemas de distribución del mundo, confidentes y amigos de sus pacientes, seamos llevados a esta situación.

Dispensa o revienta.

Este cambio de status (receta a no receta y con este protocolo de dispensación) del levonorgestrel en alta dosis como anticonceptivo de urgencia ha pasado de tapadillo ante la opinión pública y ha cogido a la prensa en las Batuecas, pero es un hecho de muchísima importancia sanitaria.

También debo decir que no se deja salida alguna a aquel farmacéutico que por cualquier motivo serio no quiera dispensar este medicamento. La libertad es poder elegir y sin libertad no hay estado de derecho; sólo mantienen su derecho aquellos que quieren dispensar. Se cercena la libertad de una parte de los farmacéuticos.

Finalmente un comentario sobre el hecho en si del cambio de clasificación del medicamento: que alguien me enseñe la cara que tengo que poner para negarme a dispensar un ansiolítico sin receta a alguien que está nervioso, un antibiótico a alguien que tiene una manifiesta y visible infección de muelas y a ver quien pide ahora receta para todos los demás anticonceptivos.

La arbitrariedad en la disposición de normas por parte de los gobiernos trae anarquía y mal funcionamiento de los sistemas y en este caso hiere gravemente la democracia en que vivimos.

Conste como colofón que no hay un solo juicio moral y menos “desobediencia civil” en esta carta, que únicamente busca un reconocimiento del farmacéutico como profesional de la salud y un apoyo a la libertad de conciencia de los profesionales.

Carlos Adanero Oslé

Farmacéutico

Foro Desarrollo y Progreso

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