Los nuevos apóstatas, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano, que su contrario”

Nelson Mandela

 

El ciudadano común del mundo occidental muestra su extrañeza de que haya compatriotas que se conviertan al Islam, ellas para ser un mero objeto en manos del hombre, y ellos para integrarse en las filas del yihadismo, con todo lo que ello comporta en ambos casos. Sin embargo, pocos son los que se preguntan del porqué de estas apostasías, en apariencia, difícilmente inteligibles.

En nuestro país se están dando continuos casos de españoles que están, no ya dispuestos a marchar a Siria o Irak, sino a llevar a cabo atentados en el mismo suelo que les vio nacer, e incluso a degollar ante las cámaras a compatriotas a los que ni siquiera conocen, con el objetivo de sembrar la semilla de un fanatismo criminal por medio del terror.

Y uno se puede preguntar: ¿Por qué? Hay quien dice que están locos. Pero, no. Saben muy bien lo que hacen. De lo que no estoy muy seguro es que sepan porqué y para qué lo hacen.

No es este un mal que nos afecte solo a los españoles. Las metástasis del cáncer se han extendido a toda Europa ¿Qué digo? A todo Occidente.

Cuando en 1951, tras el desastre de la segunda guerra mundial, quienes fundaron la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, germen de lo que hoy es la Unión Europea, no podían imaginar, que sin saberlo, estaban plantando la simiente de este fenómeno.

Es cierto que había que reconstruir Europa y todo el acento se puso en la recuperación económica. Pero olvidaron todo lo demás y no solo de pan vive el hombre.

Se esparció la semilla de la Europa de los mercaderes y de ahí nació la apetencia por el mal llamado estado de bienestar, bandera de todos nuestros anhelos, izada por un hombre indiferente a todo valor que no sea el del triunfo social y económico. Un hombre generalmente con escasa cultura —no digo educación—, entregado plenamente al materialismo y que en función de sus carencias morales, se alimenta de tópicos. El bosquejo que de todo esto obtenemos, es un ser cuyo conocimiento de la realidad, la mayor parte de las veces, es confuso, embrollado y desde luego, solo a nivel superficial.

El vacío intelectual de estas personas hace que floten en la nube de lo etéreo, lo fútil, lo insustancial y una peligrosa frivolidad, que bajo la premisa de que “las cosas cambian”, hace que elija para vivir el camino del “Todo vale”. Es un sujeto voluble que acostumbra a subirse al tranvía de las últimas tendencias y con frecuencia cambia de criterio, porque carece de principios sólidos. Fruto de este vacío moral nace la conducta permisiva que arrasa los mejores propósitos e ideales.

La muerte de los ideales es la que produce el vacío interior de la persona y la empuja a buscar sensaciones cada vez más insólitas y excitantes que provocan en su interior una revolución sin Norte ni programa.

En la búsqueda de los sempiternos ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo y a dónde voy? el ser humano siente una absoluta necesidad de creer en algo o en alguien cuando trata de despejar la incógnita del porqué de nuestra existencia y del universo, pues de lo contrario, deja de encontrarle sentido a la vida y se siente inseguro, perdido y desconcertado.

No podemos vivir sin creer, y esa necesidad, a una sociedad que ha prescindido de tota clase de valores, y ha basado su existencia únicamente en el crecimiento material, la induce a explorar esotéricos caminos, como los echadores de cartas, los falsos videntes, las sectas o el adentrarse por los desconocidos caminos de filosofías ajenas a la raíz de la cultura y la historia de la que somos hijos.

Vivimos en una sociedad hedonista que ni siquiera se pregunta que hemos hecho mal para que congéneres que han podido ser vecinos e incluso compañeros de pupitre, renuncien a sus más profundas raíces y elijan voluntariamente experimentar la monstruosa sensación que se pueda sentir al hundir el cuchillo en la garganta de un inocente, porque de este modo creen que alcanzarán su lugar en el paraíso, donde a los mártires y los héroes, se les ha prometido gozar de las huríes.

Pero no nos engañemos. Estos desertores de sus raíces naturales, no son, ni mártires, ni héroes. Y mucho menos soldados de ningún autodenominado estado. Son simplemente asesinos y los mártires, los miles que han muerto a manos de un salvaje fanatismo, que sin saberlo, está defendiendo criminales intereses.

Y ¿Qué hacen aquellos que manejan los hilos del mundo ante el salvaje espectáculo en que unos cuantos han convertido su ferocidad? Humillarse y humillarnos para seguir obteniendo ingentes beneficios, mediante ilusorias alianzas de civilizaciones, que con el pretexto de defender el mal llamado y peor entendido estado de bienestar, no son otra cosa que el menoscabo de los cimientos de una civilización milenaria. Y todo ello, al igual que hizo Judas, en el fondo, a cambio de 30 monedas de plata.

Pero ya lo dijo Robert Kennedy: “Cada sociedad tiene el tipo de criminal que se merece”

 

Obama en la Cumbre de las Américas, por Miguel A. Espino Perigault

 

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

 

Como era de esperar, en la Cumbre de las Américas recién celebrada en Panamá los días diez y once de abril, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, cumplió el papel protagónico propio correspondiente a su alto nivel político internacional y, en esta ocasión, reforzado, ese protagonismo, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Pero, también, cumplió, sin llamar la atención, con su acostumbrada consigna pro homosexual que forma parte de su agenda política personal. Abogó por los supuestos derechos negados a homosexuales y lesbianas, dos palabritas, éstas, que mencionó con claridad y énfasis, como ejemplos de tareas que debe cumplir la “sociedad civil”, el nuevo campo de penetración y labor oculta de los agentes de la ideología de género al servicio de la Cultura de la Muerte, de la que Obama es el principal promotor visible.

Pero Obama no mencionó los derechos humanos de los venezolanos, víctimas de agresión de parte del gobierno. Tampoco pensó Obama en los presos políticos cuyos nombres fueron reiteradamente mencionados por las respectivas esposas de los prisioneros, con una valentía que solamente imitaron los 25 expresidentes del mundo que exigieron la atención a esa triste realidad.

Con la hipócrita intervención ante el foro de la sociedad civil, Obama dañó lo mejor de su carrera presidencial: la apertura hacia Cuba, una medida que debería abrir el camino a reformas democráticas en la isla.

La acción de sabotaje contra los objetivos os democráticos y de desarrollo propuestos en la Cumbre y sus foros, ha sido denunciada. Organizaciones de derechos humanos y representantes de la sociedad civil democráticos fueron excluidos arbitrariamente de la Cumbre por activistas sectarios de izquierda y del homosexualismo político infiltrados en las mesas organizadoras. Los grupos pro-vida y pro-familias se vieron obligados a denunciar una situación inaceptable que mancha el prestigio de la Cumbre, y hace daño a la imagen del gobierno panameño.

La prestigiosa agencia internacional de noticias, ACI/EWTN Noticias, informó al mundo sobre estas discriminaciones contra los diversos movimientos defensores de la vida y la familia asistentes a la Cumbre de las Américas. Denunciaron que el lobby gay y del aborto copó las mesas de trabajo previas al evento e intentó silenciar las voces discrepantes.

El dirigente Alfonso Aguilar, director ejecutivo de la Alianza Latina del American Principles Project, denunció los “esfuerzos que se han dado en los foros de la sociedad civil de esta Cumbre de las Américas para tratar de silenciar a aquellos que defienden la democracia y la libertad, así como los que defienden el derecho a la vida, la familia y la libertad religiosa”.

Los agentes locales del homosexualismo político no pierden oportunidad de hacer daño y en este caso, demuestran su traidor desprecio por el prestigio democrático del país.

Reflexiones tras la Semana Santa: “Sentimientos”, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

“Lo importante no es tu credo o religión, lo realmente importante es lo que siente tu corazón.”

Yesid Muñoz Nat Myst

Las calles y plazas del mundo, aún huelen a cera e incienso. Las lágrimas han resbalado por las mejillas de millones de fieles cuando en cualquier plaza Mayor, Cristo se ha encontrado frente a la Madre Dolorosa transida de dolor, contemplando el despojo humano que con nuestros pecados hacemos a diario de su divino hijo. Se estremece el corazón ante la imagen del Nazareno escarnecido tratando de remontar erizados repechos, arrastrando la insoportable cruz de nuestras faltas, nuestras traiciones y abandonos.

Son momentos en los que la razón es desplazada por los sentimientos. Es un torrente interno, que con fuerza incontenible fluye de abajo arriba y de dentro afuera, logrando la íntima unión de seres pertenecientes a distintas razas que hablan diferentes lenguas, tienen desigual color de piel y han bebido en manantiales de distintas culturas. Es el inquebrantable fundamento de la solidaridad cristiana, que proporciona fuerza para levantarse tras la caída y pone de manifiesto las grandes convicciones que iluminan una forma de concebir la existencia.

La conmemoración de la Semana Santa, no es como algunos quieren hacer ver, un espectáculo social, sino la exaltación religiosa que inspira el concepto que una gran parte del mundo tiene de recorrer el camino en la tierra, de la forma de pensar y de vivir. Una concepción que nace del amor y hace que esta manifestación religiosa adquiera un gran sentido moral.

El dolor que brota de una garganta rota en forma de saeta, es un estremecimiento de amor que aflora por cada poro de nuestra piel y que nada tiene que ver con la razón.

No hay quien en un momento dado de su vida, incluso los que dicen que no creen, ante el sufrimiento que refleja la imagen de un crucificado o las lágrimas de una virgen desgarrada por la angustia que le produce el martirio del hijo, no haya levantado alguna vez los ojos a Dios, al que está por encima de todos nosotros, y le haya dicho: ‘No me expulses de ti por ignorarte, no me condenes por caer en falta. Sé benevolente con mis debilidades porque las tentaciones son grandes. Dame fuerza para superar las pruebas o aligérame la carga impuesta. Con tu misericordia lava mis pecados, y otórgame la indulgencia que habrá de proporcionar el sosiego y la paz a mi espíritu. Tú eres el que todo lo puede. Tú eres el refugio de mi última esperanza, porque mi corazón la ha expulsado de sí.

Los tiempos que corren no son propicios a exteriorizar estos sentimientos. Vivimos con el que dirán y como Pedro negó al Redentor, nosotros, por el qué dirán, nos negamos a sí mismos ante los demás. Pero, ¿Por qué una mirada incrédula y liviana se cree con autoridad moral para juzgar los sentimientos más profundos de nuestro ser? Ese es el recurso fácil de quienes, conscientes de su carencia de valores, al expresar un sentimiento, se desmerecen por el hecho de exteriorizarlos.

¿Seremos tan mezquinos que nos avergonzaremos del sentimiento que nos produce el permanente recuerdo de aquellas oraciones, que cada noche antes de dormir, nuestra madre, con la dulzura que solo una madre puede transmitir a un hijo, nos enseñó?

¿Se nos ha ocurrido pensar que quizá la conmoción interior que experimentamos al aflorar esas emociones es la razón de nuestra identificación con la humanidad; la concordia con nuestros semejantes; la discordia la mayoría de las veces, si bien ello es lo que nos hace recorrer el sendero de nuestra existencia con mayor intensidad, al ser todo nuestro ser el que comulga, en un olvido de nosotros mismos, en el enigmático banquete del universo?

¿Hemos pensado que toda esa convulsión interior que experimentamos en un efímero e inaprensible instante, lejos de todo raciocinio, sea el arrebatador y sobrehumano punto de conciliación con el Ser supremo?

A pesar de la superficialidad de la existencia en que nos hemos sumergido, hay sentimientos ignorados que anidan en lo más profundo de nuestro ser y que un día, cuando menos lo esperamos, descubrimos por un hecho, por un signo, por una palabra, por una mirada.

Seamos fieles a nuestra más noble esencia y no ahoguemos nuestros sentimientos, ese manantial que llevamos dentro de sí y en el que no tienen cabida ni la penuria ni la mezquindad, ni la codicia, ni el odio o la desesperación. No hay rastrojo infecundo si es rociado por la lluvia del amor, porque el amor no es un florero de adorno que ponemos en nuestras vidas, sino un sentimiento que nutre el espíritu con el sosiego, la serenidad y la paz de quien eleva al altísimo una oración en el ocaso de un atardecer.

 

 

“Cumbres borrascosas…. a la moda”, por Miguel A. Espino

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

 
La ciudad de Panamá, capital de la república centroamericana del mismo nombre, acogerá a los mandatarios de la América continental e insular, los días 10 y 11 de abril, en la VCII Cumbre de las Américas.

Paralelamente, numerosos movimientos de izquierda, la mayoría existentes solamente en el papel, han organizado, también un encuentro de dirigentes, con una agenda típica de esos grupos. Esta segunda reunión la denominan Cumbre de los Pueblos.

La palabra Cumbre, utilizada siempre para estos encuentros, trajo a mi memoria el nombre de una célebre novela inglesa, con la que se podrían ver algunos puntos de comparación imaginarios.

Publicada en el año 1847, la exitosa novela Cumbres Borrascosas ( Wuthering Heights), de Emily Brontë, se llevó al cine desde 1939 en varias películas y por otros medios a lo largo de los años.

En la finca conocida como Cumbres Borrascosas, se narra la historia de una familia; sus conflictos por diferencias generacionales, económicas, de personalidad y de clase.

El sugestivo título resulta adecuado para referirnos, por analogía, a las cumbres políticas anunciadas para los próximos días de abril en nuestra capital: la VII Cumbre de Las Américas y la Cumbre de los Pueblos.

La primera recrea un escenario tradicional de gobiernos en encuentros políticamente correctos. La segunda se invitó ella misma a la fiesta, con tolda aparte. Sus participantes parecen extraídos de la novela y se autoproclaman representantes de los pueblos descuidados por los gobiernos.

Cumbres Borrascosas fue calificada de “extraña obra, de las más tormentosas de la literatura romántica inglesa…difícilmente clasificable por su talante romántico y a la vez gótico, amoroso y diabólico… variedad de relato de misterio y terror que aparece a finales del siglo XVIII” (Biografías y Vidas) ¿Acaso no son estas las características de las sociedades representadas en las anunciadas cumbres? Sobre todo la de los Pueblos, de libreto supuestamente inspirado en el socialismo del siglo veintiuno. Sus mentores decidieron, como en otras ocasiones igualmente impertinentes, aprovechar el montaje mediático y comunicacional para robar imagen. Y armar un escenario para mandatarios “progresistas”.

La agenda es siempre la misma, llena de titulares referidos a problemas reales, pero entendidos a su manera y cuyas soluciones pretenden solamente darlas los socialistas. (¿Como en Venezuela, Cuba y Corea del Norte, por ejemplo?). Por supuesto que se incluyen las “luchas de los pueblos originarios”. Lo que sea que esto signifique (Mesa N. 4) y -¡no podían faltar!- los supuestos “derechos” de los homosexuales (Mesa 11/ Género e Identidad); para casarse entre ellos y adoptar niños. La Universidad de Panamá será sede de este encuentro, en donde, además, se aplaudirá la represión gubernamental a estudiantes universitarios venezolanos El lenguaje “revolucionario”, ofensivo, lleno de odios y de amores equivocados; violencia y amenazas, recrea el drama de la “Cumbre Borrascosa”, y apunta, también, a la triste realidad de las cumbres y los valles de la sociedad política latinoamericana.

La Cumbre de las Américas debería exigir el respeto pleno a los derechos humanos: A la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, a la familia natural en donde surge y se desarrolla aquella y sus miembros alcanzan su perfección humana. Derechos amenazados por gobernantes de las dos Cumbres, guiados por la ideología de género, sobre todo la de los Pueblos, como anuncia su agenda. Dicha borrascosa Cumbre de los Pueblos debería exigirse, a sí misma, respeto pleno a la verdad.

Andalucía ciega, por César Valdeolmillos

 

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

«Curar la enfermedad de Gran Bretaña con el socialismo es como intentar curar la leucemia con sanguijuelas»

Margaret Thatcher

Primera Ministra del Reino Unido

 

Con la consulta que se celebró el pasado domingo en Andalucía, se dio el pistoletazo de salida de la larga carrera electoral que se desarrollará este año en España.

La deducción que cabe extraer de estos primeros resultados es que el socialismo, estando al frente del gobierno de la comunidad, no ha sufrido el menor desgaste y prorroga un mandato más su hegemonía en el Sur de España, mientras que el Partido Popular, estando en la oposición y sin que apenas tenga protagonismo parlamentario conocido, se da el gran batacazo.

Curioso y aparentemente inexplicable enigma. En Andalucía, durante casi cuarenta años, se viene produciendo continuadamente la mayor contradicción conocida, en cualquier democracia. Y es que un gobierno progresista provoca el más grave estado de inanición y atraso en su territorio, mientras que su población emite un voto extremadamente conservador. Esta incoherencia se pone de manifiesto en el desenlace de la reciente consulta electoral que demuestra clarísimamente, que las políticas que han convertido a la tierra más rica de España, en la más pobre y atrasada de Europa,  es en la que el robo, el fraude, la mentira, el saqueo y el expolio al pueblo andaluz, sale políticamente gratis para quienes lo vienen cometiendo durante muchos años.

Hay ojos para mirar, hay ojos para reír, hay ojos para llorar. Pero ¿Servirán para ver?

Hay ciegos cuya ceguera resulta inexplicable y quizá sea por ello por lo que un partido opositor extraviado, aplica componendas a ciegas para cegueras impenetrables.

La ceguera de Andalucía, no es de nacimiento. Hubo un tiempo, antes de que sobre ella cayese la oscuridad de la ignorancia, en el que brillaron sus mil y una noches de sabiduría.

Dice Antonio Gala que “Andalucía es la gran inventora del arte del dolor y de la sangre. Sangre de sus hijos con la que se han levantado los que hoy nos ridiculizan, se mofan de nuestro hablar y nos desprecian. Sangre de unos hijos, cuyos hijos, se vuelven hoy contra nosotros. Por eso su cultura se basa en su manera de ver cruzar la vida, mientras espera la hora suprema de su tránsito hacia el sueño eterno, como si se hubiese quedado colgada en los cuernos de un toro. Una cultura, que como la manzana de Blancanieves, le impide levantarse y le permite simplemente estar en estado exánime, casi desangrada por las incontables sangrías sufridas; casi ciega; casi muerta.

Andalucía, ensimismada en su sueño milenario, sueña que está ciega. Una ceguera que tras la negritud de un tupido velo, cubre la apariencia de los seres y de las cosas, dejándolos incólumes, como si no existieran.

La ceguera es la inexistencia de toda luz; como estar suspendido en el vacío; como navegar sin rumbo, sin mapas y sin brújula, sin saber dónde está el norte ni el sur. Por ello Andalucía no es consciente de su inmenso potencial de riqueza; sus hijos ignoran su propia capacidad creativa, de innovación, de productividad, la generosa fecundidad de su tierra y su privilegiada situación estratégica. Y es que la ceguera, al devorar la realidad en la que el ciego se encuentra inmerso, genera el miedo a aquello que no se puede ver, te induce a andar muy despacio y a caminar arrastrando los pies. Y así, como caminan los ciegos, es como camina Andalucía, mientras otros pueblos hermanos remontan el vuelo con la fuerza del águila.

Ante la desoladora imagen que nos ofrecen los tiempos sombríos que durante tanto tiempo está viviendo Andalucía sometida a la hegemonía socialista, ¿cabrá alguna esperanza?

En algún momento Andalucía se verá obligada a despertar, abrir los ojos y ver que hay gobiernos que ayudan a los ciegos que les votan para robarles luego y mantenerlos sometidos.

Aparentemente se podría pensar que los andaluces están ciegos. Pero ciego estaría quien así discurriese. Sin pretenderlo y sin referirse específicamente a Andalucía, fue el premio Nobel José Saramago, quien con luminosa clarividencia iluminó su anómala realidad cuando dijo: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven”.

¿Qué pasa en Andalucía?, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“A la gente la empobrecen para que luego voten por quienes les hundieron en la pobreza”

Papa Francisco

Desde que don Plácido Fernández Viagas asumió la presidencia de lo que en un principio se denominó la Junta Preautonómica de Andalucía, el 27 de mayo de 1978, el PSOE ha ejercido el poder en la Comunidad de forma ininterrumpida hasta hoy. Han transcurrido casi 37 años. Más de los que Franco estuvo en el poder.

¿Qué pasa en Andalucía, que en casi 40 años, no se ha producido una sola alternativa de gobierno?

Si aplicamos la lógica, forzosamente hemos de llegar a la conclusión de que el PSOE lo ha hecho extraordinariamente bien, y a su gestión, los andaluces responden dando palmas con las orejas. Según los resultados de las sucesivas convocatorias electorales los andaluces deben de encontrarse muy satisfechos con una tasa de paro que alcanza el 35% que es la mayor, no ya de España, sino de la Unión Europea.

¿Qué pasa en Andalucía, para que tras casi 40 años de gobierno progresista, sin embargo la comunidad ostente uno de los peores índices de desarrollo?

¿Qué pasa en Andalucía, para que estando a la cola del índice de desarrollo, la Junta de la Comunidad, sin tener competencias para ello, del dinero que le entregan los andaluces, sea de las que mayores cantidades destine a financiar sorprendentes y extravagantes proyectos, curiosamente en países gobernados por la izquierda o en los que la misma quiere implantarse; dinero de los andaluces que les debería ser revertido en forma de inversiones o servicios? Cualquier día nos enteramos de lo importante y trascendente que es el estudio de los juanetes de las ranas patizambas de Madagascar.

Es muy probable, que de estos estudios y otros parecidos, que nos cuestan a los andaluces unos cien millones de euros cada año, se alegren muchísimo las ONG cercanas al poder socialista, los sindicatos y similares que se interesan profundamente por estos temas y administran tan cuantiosas sumas.

Me pregunto, y seguramente que habrá muchos andaluces que se pregunten, si es misión de los sindicatos españoles firmar anualmente convenios para realizar actividades de solidaridad internacional. Como si en Andalucía no tuvieran temas muy serios en los que pensar y que les competen muy directamente.

¿Qué pasa en Andalucía para que el incremento del paro entre los jóvenes en los servicios públicos de empleo en 2014 fuera casi de un punto, mientras que en Galicia descendió nada menos que el 21,6%, en Aragón bajase el 13,8%, en Cantabria cayese el 12,7%, siendo en España el descenso medio de el 6,1%?

¿Qué pasa en Andalucía para que desde que comenzó la crisis, la comunidad haya visto crecer su tasa de paro juvenil en más de 20 puntos? Concretamente, del 38,19% registrado a finales del año 2008 al 62% actual.

¿Qué pasa en Andalucía para que el alto desempleo juvenil llene de preocupación incluso al Papa Francisco? «Se descarta a toda una generación», dijo citando de memoria, la cifra del paro de los jóvenes de «Andalucía, el sur de España, de un 60%», declaraciones que hizo a los periodistas, en el vuelo de regreso a Roma de su viaje a Israel.

Imagino que el porcentaje de paro juvenil, afortunadamente solo llega al 60%, gracias a que  “El Gobierno que preside la socialista creyente Susana Díaz comparte la preocupación del Papa por las dramáticas cifras de desempleo juvenil que sufre Andalucía y está volcado en la creación de empleo”, como ella misma manifestó a Su Santidad en un escrito como respuesta a su alusión y en el que le invitaba a mantener una conversación sobre el tema. Como dato curioso que pone de manifiesto la relevancia política internacional y las dotes de gran estadista de la Presidenta de la Junta andaluza, por si acaso el Papa no sabía cómo localizarla, le indicaba el teléfono de su secretaria.

¿Qué pasa en Andalucía para que la Comunidad esté a la cola del gasto sanitario por habitante? El gasto sanitario por persona previsto en los presupuestos de la comunidad autónoma para 2015 asciende a sólo 980 euros, frente a los 1.541,72 euros que se invertirán en el País Vasco.

¿Qué pasa en Andalucía para que el sindicato de auxiliares técnicos sanitarios españoles, haya llegado a denunciar el “progresivo desmantelamiento” que sufre la sanidad pública andaluza, y vaticine que este año 2015 será un año caótico en la sanidad andaluza, con un rápido y progresivo deterioro de la asistencia a los usuarios que llega ya a límites insostenibles?

¿Qué pasa en Andalucía para que el abandono escolar se sitúe en el 28,7% por encima de la media nacional y a enorme distancia de la media de la Unión Europea que solo alcanza el 12%?

El consejero de Educación, Luciano Alonso, justificó estos datos recordando que Andalucía partía de una situación peor que el resto de comunidades[1].

Más de una generación perdida para el mercado laboral en el futuro, que constituirán un drama irreparable para los protagonistas, para sus familias y para la sociedad en general que no puede permitirse tan irresponsable derroche de capital humano. Treinta y siete años ininterrumpidos de gobierno que evidencian el resultado de su gestión progresista.

¿Qué pasa en Andalucía con los ERE y su consecuente gasto incontrolado?

¿Qué pasa en Andalucía con el fraude de los cursos de formación por cuya causa hay ya más de cien detenidos?

¿Qué pasa en Andalucía para que además de las macro causas que investiga la Justicia y que afectan a la Junta de la comunidad, recientemente se haya abierto contra la propia Junta, una más, derivada del caso de los  ERE, por avales concedidos a empresas y en la que se han imputado a cuatro ex altos cargos de la administración andaluza?[2]

¿Qué pasa en Andalucía para que la empresa que causó el mayor desastre ambiental de México[3] sea la que gestione Aznalcóllar y la Junta, ignorando el largo historial de derrames tóxicos de esta multinacional mejicana, haya regado con constantes subvenciones a la misma?

¿Qué pasa en Andalucía con las rentas vitalicias que supuestamente se concedieron a través del “fondo de reptiles”?

Si en Andalucía se ponen en un plato de la balanza los resultados de las sucesivas convocatorias electorales y los frutos de la gobernanza socialista durante estas casi cuatro décadas, nos encontramos con una situación extremadamente compleja y contradictoria, a la que no podemos encontrar otra explicación que no sea la de que la corrupción y el clientelismo político, se han apoderado de una comunidad autónoma clave para España y en la que, en una buena parte, gracias al abuso de la posición dominante del PSOE, han echado profundas raíces los subsidios, el PER, los sueldos millonarios o la dilapidación constante de fondos públicos en actividades ilícitas o de ética dudosa, como el riego constante de euros en subvenciones y ayudas por parte de una Junta más que arruinada.

Y ahora, mientras aforan a imputados para blindarles frente a la acción de la Justicia y siguen teniendo enchufados a los parientas más cercanos, tienen el descaro de decir que les repugna la corrupción y que van a limpiar la ciénaga putrefacta, que durante más de treinta años, ellos mismos llenaron de infecta podredumbre.

Constituye todo un fenómeno social, que tras dos generaciones, Andalucía no haya hecho el menor intento por desperezarse de la tediosa monotonía política que todo lo convierte en fácilmente previsible y rutinario. Ni siquiera el ensordecedor ruido de sus continuos escándalos, es capaz de sacarla de su ensimismada abulia.

Andalucía pasó de depender de las viejas clases aristocráticas a ser el cortijo de un solo partido, que cuando lo precisa, reparte las migajas entre quienes renegando de su esencia, claudicando de sus ideas y proyectos, se arriman al abrevadero, pagando por ello el alto precio de ser meros comparsas desnaturalizados que  terminan por ser irreconocibles.

Andalucía, es la permanentemente ignorada, maltratada y caricaturizada, igual que la cautiva humilde, sumisa y obediente, que habituada a la ingratitud y la humillación, se consuela cantando sus penas por alegrías.

Lo más dramático de esta situación, es que ante tamaña desvergüenza, casi media Andalucía sigue sumida en su sempiterno bostezo y el resto permanece atenta a no perder la cuchara que le permita seguir sirviéndose del caldero.

El andaluz ha renunciado a levantar la cabeza, se ha resignado con el hueso que su nuevo señor le arroja en forma de subsidio y sigue con la rodilla doblada y la cabeza agachada, anestesiando sus privaciones para así atenuar también el sufrimiento que le cuesta satisfacerlas.

Y no encuentro mejor manera de lanzar al viento este grito de angustia y dolor por Andalucía, que con las palabras del poeta Antonio Gala, sobre una tierra tan bendecida por la Naturaleza y tan maltratada por sus amos:

“Andalucía es, sí, la bella durmiente. Pero una bella durmiente se muere o se despierta. Son demasiados años los que lleva dormida; demasiados, los que lleva aguardando el beso de amor: justamente lo contrario de lo que ha sucedido”

 NOTAS:

[1] http://elcorreoweb.es/2014/07/22/andalucia-rechaza-el-chantaje-del-gobierno-para-recibir-dinero-en-educacion/

[2] http://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2015-02-27/alaya-macrocausa-innovacion_719180/

[3] http://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2015-02-20/la-empresa-culpable-del-mayor-desastre-ambiental-de-mexico-gestionara-aznalcollar_715667/

Libertad de expresión como camino, por Miguel A. Espino Perigault

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.
Es un ideal, una meta, una ruta que se recorre hacia la perfección de la democracia, aunque  ella sea, según   Winston Churchill, ” el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre; con excepción de todos los demás”. Así, la libertad de expresión, un don natural de Dios al  ser humano, definido ese don, acertadamente, cual  derecho humano;  no siempre es reconocido como un camino a la verdad, sino que es maliciosamente malinterpretado según ideologías  que niegan a la libertad su finalidad, que es el bien, la verdad.

Felicitemos, primero, a nuestro presidente, ingeniero Juan Carlos Varela, por haber sido nuestro país, en estos días,  la sede de la importante reunión de la ¨Sociedad  Interamericana de Prensa y  las palabras  con las que inauguró el importante acto internacional sobre el tema de las libertades de prensa y de expresión para la democracia.

Pues de eso se trata el problema fundamental de la humanidad, amenazada por la estupidez de poderosos políticos mundiales que parecieran no comprender el alcance pleno del problema y el papel que en el mismo juegan la racionalidad y la libertad humanas, distintivos de su naturaleza creada por Dios y que señalan el camino a seguir.

Y es que la libertad de expresión, al ser enmarcada principalmente en la materialista realidad política actual, como un simple problema de posturas ideológicas de  “izquierdas” y de “derechas”, de “progresistas” y “conservadores” (“retrógrados”),  se convierte en importante e inevitable mal a la humanidad; un daño oculto  tras el rostro de la hipocresía.

Su más reciente escenario, con gran impacto mediático, aunque parcial, por no medirse aún sus alcances, han sido las marchas y manifestaciones encabezadas por gobernantes a favor de la libertad de expresión y en contra del terrorismo islámico, por los  asesinatos de los periodistas del pasquín llamado Charlie Hebdo.

En aquella manifestación por la libertad de expresión vimos a los más  hipócritas líderes por la libertad de expresión, presididos por el presidente de Francia, François Hollande, quien poco tiempo antes encarceló y  agredió a millares de ciudadanos que expresaban, pacíficamente,  su opinión en favor del matrimonio y la familia tradicionales, y en contra del  mal llamado  ‘matrimonio homosexual’, cuyos panegiristas gozan, en Francia y casi toda Europa, de libertad de expresión protegida por  leyes discriminatorias y, en muchos casos, ejercida con violencia e intolerancia silenciadas por la llamada “gran prensa”, sorda, ciega y muda ante el problema.

Millares de franceses y de otros ciudadanos europeos sufrieron  y sufren  frecuentes agresiones de sus gobiernos y de sus gobernantes que han hecho del engaño su bandera de lucha por la imposición de un supuesto ‘Nuevo Orden Mundial’, que es una contrautopía, la distopía, en donde imperarían la sinrazón, lo antinatural y la mentira. Y el camino equivocado es el de la libertad de expresión mal entendida; el camino que ignora la verdad.

Felizmente para el mundo civilizado, ya se conocen estas falsas interpretaciones de la naturaleza humana y su sexualidad; de las inventadas discriminaciones sociales y sentimentales y una libertad de expresión que se niega a  si misma al ignorar su finalidad, que es la verdad.

“Necesidad de un proyecto nacional”, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

 

“La concordia hace crecer las pequeñas cosas, la discordia arruina las grandes”

Salustio

Historiador latino

En más de una ocasión he expuesto mi idea de que la crisis, no era simplemente económica. Los goznes venían chirriando desde hacía tiempo y su rechinar era cada vez más hiriente. Su exasperante sonido era la alarma de lo que se estaba gestando, pero nadie quiso escucharla. La presión social fue aumentando día a día hasta que la tapadera de la olla ha saltado por los aires y ha dejado al descubierto toda o una buena parte de la inmundicia que la misma contiene en su interior. Y aun así, nadie es capaz de tener un punto de humildad, de honradez, hacer un ejercicio autocrítico, reconocer sus culpas y tomar las medidas necesarias para corregir las causas que han corroído los cimientos del pacto democrático que con tanto esfuerzo, voluntad y sacrificio, construimos en el 78.  Unos a otros, groseramente, tratan de tapar obscenamente sus propias vergüenzas, acusándose con el clásico: “y tú más”.

Esta situación pone de manifiesto que la crisis económica no es más que el fruto de la putrefacción ética y moral que la ha generado durante años.

No es de extrañar por tanto que los españoles estemos hartos de la soberbia de unos y el sectarismo de otros, muros que les impiden alcanzar los acuerdos que a voces está reclamando la sociedad.

Sin embargo, si hacemos un balance global de lo logrado en los últimos 40 años, a pesar de todo lo antedicho, habremos de reconocer, que en todos los sentidos, hemos progresado notoriamente en estas cuatro décadas. Entonces enfocamos el futuro llenos de esperanza. Hoy, a pesar de las sombras, gozamos de realidades palpables. No permitamos que al amparo del rio revuelto, llenen sus redes los pescadores oportunistas que quieren arrasar con todo.

Aquellos que tienen cuarenta años o menos, habrán escuchado hablar de la transición, pero lógicamente como no la vivieron, pocos son los que la conocerán más allá de lo que es un hecho episódico de nuestra vida política y naturalmente, ignorarán la trascendencia que ha tenido en los últimos 40 años de la vida española. Pienso que no estaría demás recordar la importancia de aquella trascendental etapa, sobre todo ahora que hay elementos políticos que: “prometen acabar con el “régimen” de la Transición”.

Denominar “régimen” al proceso constituyente español, es adulterar, desnaturalizar y desfigurar la verdad; es corromper la realidad. Una realidad que supuso muchos sacrificios a todos los que en el mismo intervinieron y hay que recordar que el resultado del proceso se cerró con la aprobación en referéndum de la Constitución española por una abrumadora mayoría que alcanzó nada menos que el 88,54%.

Medios de comunicación afectos a esa izquierda que siempre está a favor de lo que contribuya a destruir España, han publicado textualmente que “Más de la mitad de las personas que pueden votar en España no pudo hacerlo en 1978 cuando tuvo lugar el referéndum constitucional.

Que menos del 40% de la población española que tiene actualmente derecho a voto pudo participar entonces.

Y que partidos y organizaciones de izquierdas claman por la celebración de un proceso constituyente”.

Los argumentos no pueden ser más malintencionados, porque si atendemos a los mismos, en estos momentos, la Constitución de Estados Unidos, que afecta nada menos que a 316 millones de personas, no la ha votado ninguno de los estadounidenses, ya que la misma se promulgó en 1788, hace 227 años.

Lo mismo podría decirse de otras muchas constituciones de la mayoría de los países democráticos. Pero hablemos claro. Existe una parte de la izquierda, que sea como sea y a costa de lo que sea, aún quiere ganar nuestra triste contienda civil, a pesar de hacer ya 76 años que la misma terminó; una izquierda que ni vivió ni sufrió los efectos de esa guerra que enarbolan como pretexto y que utiliza medios tan infames como el intento de envenenamiento de la conciencia de los españoles, aprovechando cualquier coyuntura que se les presente, como por ejemplo el descontento generalizado por la corrupción política, ampliado por el drama sufrido por muchas familias como consecuencia de la crisis económica.

Sin embargo, las dramáticas circunstancias coyunturales por las que atraviesan muchas familias españolas, no son motivo para invalidar aquel histórico proceso que ahora quieren dinamitar. Por eso conviene reivindicar los valores de la Transición que fueron transcendentales para todos nosotros.

No quiero caer en la exageración de identificar a la Transición con Adolfo Suárez, pero lo cierto es que pocos historiadores que se hayan acercado rigurosamente a este periodo han renunciado a considerarle el más relevante protagonista de la misma. Algunos han llegado a afirmar que la Transición, fue de alguna manera, su obra. Y García de Cortázar ha dejado escrito que Suárez fue “el verdadero artífice de la transición de una dictadura extenuada a una democracia entusiasta”.

Son muy pocas las personas que saben que Suárez fue uno de los líderes de Unión del Pueblo Español, una de las escasas asociaciones políticas salidas del llamado espíritu del 12 de febrero, promovido por la fuerte presión del Rey Juan Carlos, por Arias Navarro, el último presidente del Gobierno del franquismo y primero de la monarquía juancarlista.

Ante los oscuros nubarrones que ensombrecían en aquellos años nuestro incierto futuro, Adolfo Suárez supo inyectar una gran dosis de entusiasmo colectivo que surgía del sabernos todos protagonistas de la historia.

Hoy no sabemos valorar el esfuerzo realizado por el Gobierno centrista y las Cortes Constituyentes, que en poco más de un año fueron capaces de poner punto y final a una larga historia de conflictos y guerras civiles. Había llegado el momento de la reconciliación, el respeto y la tolerancia: Ese fue el compromiso de convivencia y libertad que los españoles sellamos al aprobar la Constitución de 1978 y que la izquierda radical, con la colaboración ingenua de algunos e interesada de otros, ahora pretenden destruir.

Los españoles habíamos aprendido bien la lección y lo que menos queríamos era volver a enfrentarnos hermanos contra hermanos, por eso hicimos de la Transición el más hermoso ejercicio para la tolerancia. Sabíamos que ese era el único medio de que cerrasen las heridas del pasado, aunque nos quedasen las cicatrices, las huellas que habrían de recordarnos los errores que jamás deberíamos volver a cometer. ¿De qué habría de servir preocuparnos por el pasado, cuando estaba en juego nuestro futuro?

El desafío obligado para los españoles en la Transición, era encontrar la forma de vivir juntos, ser capaces de superar una historia repleta de traumas y frustraciones. La España de todos y para todos que hoy hay quien quiere destruir, se nos ofrecía entonces como una España posible. ¡Y la logramos!

Conservémosla. Solo nos falta la persona que al igual que el honorable Tarradellas en aquellos años, con visión de futuro, con empuje, con firme propósito y entusiasmo, nos diga: “Hay que buscar, como sea, pero pronto, una ambición, un proyecto nacional que haga que los españoles recuperen la confianza en el destino del país”.

César Valdeolmillos Alonso

“De piropos y otras calamidades modernas”, por Miguel A. Espino

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.
De un nuevo intento del movimiento homosexualismo político para adelantar su agenda en Panamá, país en donde se halla retrasada con respeto a los demás países latinoamericanos, puede calificarse una inesperada propuesta legislativa en contra, nada menos, que el piropo. El españolísimo piropo, el cual una diputada recién elegida ha presentado como posible amenaza a los sentimientos de las mujeres, víctimas, según ella, de ofensas de todo calibre. La noticia causó revuelo en los medios de comunicación, con mayoría de comentarios respetuosamente adversos.

De mi parte, adelanté los siguientes comentarios. La misma diputada proponente del proyecto, no discutido aún en la cámara, dijo que su idea era ir más allá del piropo, o  sea, a la discriminación ofensiva, lo que sea que esto quiera  decir. Con lo que me dio la razón, cuando me refería al tema en un diario local, en estos términos.

Cada vez que veo en la televisión  a la diputada Ana Matilde Gómez, propulsora de la llamada Ley del Piropo (La Prensa, 22,02,15),  me vienen a la memoria  algunos   que conozco. Pero,  entendidos como los entendía Quevedo, esto es, “requiebro,  flores, palabra lisonjera que se dice a una mujer bonita”. Así nos lo explica Ricardo Soc en “La fascinante historia de las palabras”  (elcstellano.org).

Pero, ya no me atreveré  ni a pensar en la hermosa costumbre de origen medieval. Como  muchas costumbres bellas, el piropo ha caído víctima de algunos aires malignos de la modernidad, sobre todo  referentes  a la mujer, vista desde una perspectiva no siempre conforme a su naturaleza. Pienso, además, que hay temas más importantes que deberían ocupar  a los diputados… y diputadas.

La historia de la palabra ‘piropo’ es, en verdad, fascinante. Y, siempre estuvo ligada al requiebro, al elogio a la belleza de la mujer. La palabra procede del antiguo  latín  pyropus y  ésta, del griego pyropos, “con aspecto de fuego”, por pyros, que significa fuego, “un fuego que tal vez se vincule a la llama de las pasiones que van con el piropo”. Pero, el “lenguaje políticamente correcto”, adoptado por la cultura de género, amenaza la vinculación del piropo con la poesía.

Para la diputada Gómez, “los piropos se justifican como galantería y una expresión de admiración, pero sus excesos, desproporción, imprudencia y falta de tacto afectan la dignidad y tranquilidad de los transeúntes”.  Este aspecto ofensivo y de sentimientos heridos se ha convertido en una calamidad  universal  y ha dado origen, en algunos  países,  a leyes persecutorias y discriminatorias llamadas “crímenes de odio” ( Hate Crime) que privilegian a minorías que se autodefinen como de “género”  homosexual, y aducen sufrir ofensas verbales y discriminaciones. No es el caso del prometo de la diputada Gómez , pero es de la misma línea. Un  piropo –o cualquiera expresión verbal-  interpretado como ofensivo por cualquier persona, podrían  alcanzar fácilmente el calificativo de “crimen de odio”.

De las  opiniones citadas sobre la ley por el  periodista Gustavo Aparicio, la del médico psiquiatra forense Alejandro Pérez expresa que para quien debe aplicar la sanción sería un problema definir qué piropo es ofensivo y cuál no. A una persona puede que no le guste ese piropo atrevido. Pero a otra persona tal vez le guste el mismo piropo. Sentido común y ciencia. En importantes programas de radio que abren sus micrófonos a la participación popular, se escucharon numerosos comentarios  contrarios a la propuestas ley y favorables al piropo. Incluso mujeres defendían esa costumbre, porque las hacía sentirse a halagadas casi siempre, y cuando no, dijeron algunas, ponían oído sordos.

Por mi parte, decidí registrar  un  piropo muy popular que sirve de ejemplo para el problema de  interpretación. Al observar el andar sugestivo de una hermosa chica,  el galán exclamó inspirado: “Si como camina cocina, hasta el concolón  me como” (Panameñismo por el residuo en el fondo de la olla). De conocer  la chica piropeada sobre cocina criolla, seguramente se sentirá muy   halagada.

Reflexionando sobre el Debate sobre el Estado de la Nación: “El gran teatro de España”, por César Valdeolmillos

 

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

 

Un buen actor es un hombre que ofrece tan real la mentira, que todos participan de ella”

Vittorio Gassman

Actor italiano

Hemiciclo:                                ¿Quién me llama,

que desde el duro centro

de aqueste palacio que me esconde dentro?

¿Quién me saca de mí? ¿Quién me da voces?

Pueblo:                                    Es tu dueño, el pueblo soberano

De mi voz un debate, de mi mano

una norma es quien te informa,

y a tu silente materia le da forma.

Hemiciclo:                                Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?

Pueblo:                                    Pues soy tu Dueño, y tú mi escenario eres,

hoy, de un suceso mío

la ejecución a tus aplausos fío.

Un evento hacer quiero

a mi mismo poder, si considero

que solo a afirmación de mi soberanía

fiestas hará la ciudadanía;

y como siempre ha sido

lo que más ha alegrado y divertido

la representación bien aplaudida,

y es representación la humana vida,

una comedia sea

la que hoy el cielo en tu teatro vea.

Así podría haber comenzado don Pedro Calderón de la Barca su más famoso auto sacramental en el caso de haberlo titulado “El gran teatro de España”.

Como todos los años por estas fechas desde que se restauró la democracia en España, se celebró el Debate sobre el Estado de la Nación, una mascarada política que no sirve para otra cosa más que para que el pueblo se embobalique viendo al poder aplaudiéndose y exaltando sus esfuerzos, su sabiduría y su empeño por reconstruir los quebrantos  causados con anterioridad por sus oponentes y a estos viendo cómo, no solamente no reconocen, por evidente que sea, ninguno de los logros proclamados por el poder, sino además, atribuyéndole la destrucción que en el pasado ellos mismos produjeron, los menoscabos presentes originados por la reconstrucción de lo arruinado y de todos las desgracias, sufrimientos y desolaciones que puedan acaecer en el futuro.

Y mientras esto acontece en ese gran escenario en el que dicen que se asienta la soberanía del Pueblo, pero sin el Pueblo, este, confundido, abochornado y sobre todo, humillado, trata de averiguar quién es quien realmente. Si el que dice que es el bueno, pero al que pintan como el villano que nos ha traído todos los males del averno o el pérfido taimado que se presenta como el ángel redentor de todas las desventuras del Pueblo.

Por supuesto que a ninguno de los comediantes que participaban en la ficción les importaban los infortunios del Pueblo, más allá de los aplausos que su actuación les pudiera proporcional al final de la tragicomedia allí montada.

Lo curioso es que a sabiendas de que todos llevaban el zurrón cargado de miserias, no había uno que no se aprestara a presentar la virginal imagen de quien hubiera nacido sin el pecado original. Y es que el actor manifiesta en público aquello que el público desea escuchar que es con frecuencia todo lo contrario de lo que se dispone a hacer.

Albert Boadella, en su libro “Adiós Cataluña”, reconoce que existe una hipocresía profesional, que es la del actor. La del cómico sobre el escenario, es una hipocresía obligada, exigible, imprescindible diría yo, para interpretar los distintos personajes de la farsa. Por tanto es una hipocresía justificada. Es más: cuanto más hipócrita sea el cómico, más admirado, más cotizado y mayores méritos se le reconocerán. Dice Antonio Gala que los cómicos son inacabables adolescentes, crueles, misteriosos, tiernos, soberbios, evidentes, insoportables y… humanísimos. Quizá sea por eso sea por lo que, cuanto más hipócrita sea el actor, más querido es por su público.

El actor es el reverso de la medalla de su emulador el político. La del político sobre el estrado, es una hipocresía voluntaria, respondida, reprobada, maldecida y estigmatizada cuando se  desempeña un cargo público en representación de los ciudadanos. Por tanto es una hipocresía detestada. Es más: cuanto más hipócrita sea el político, más reprobado, más menospreciado y mayor será el rechazo que produzca su figura. El político hipócrita suele ser ignorante, vanidoso, altivo, distante y… taimadamente embustero. Quizá por eso sea por lo que, cuanto más hipócrita sea el político, más aborrecido es por los ciudadanos.

Un político es alguien que pide nuestro voto afirmando respetar al pueblo; asegurando que trabajará para el pueblo, y que una vez elegido dejará de contar con el pueblo, ni ya buscará la aprobación de nadie.

Un escenario y más aquel en el que se representa la obra de la vida, es la mayor exaltación de la hipocresía, que como la bacteria que causa la putrefacción en los seres vivos, se introduce a hurtadillas en el organismo, pudriendo a su paso la noción de la realidad, haciendo que lo verdadero lo tomemos por falso y lo falso por verdadero, lo bueno lo consideremos malo y lo malo por bueno. Nada tan perverso y pervertidor, porque como experimentados alquimistas, no solo nos ofrecen plomo aparentando oro, sino porque ese oro que nos prometen como solución a nuestras desventuras, no es más que el veneno con el que definitivamente corromperán nuestro espíritu.

El gran teatro de la vida es una obra, en la que como el Tenorio, por sobradamente conocida, los actores ríen, cantan, lloran y hasta hacen el bufón envolviéndose en la bandera para tratar de ocultar la corrupción más descarada, antes que el telón baje y la obra termine sin gloria y sin aplausos. Por eso y como recapitulación de lo dicho podríamos hacerlo con un fragmento de una obra de Quevedo que así reza:

No olvides que es comedia nuestra vida

y teatro de farsa el mundo todo

que muda el aparato por instantes

y que todos en él somos farsantes;

acuérdate que Dios, de esta comedia

de argumento tan grande y tan difuso,

es autor que la hizo y la compuso.

al que dio papel breve,

solo le tocó hacerle como debe;

y al que se le dio largo,

solo el hacerle bien dejó a su cargo.

Si te mandó que hicieses

la persona de un pobre o un esclavo,

de un rey o de un tullido,

haz el papel que Dios te ha repartido;

pues solo está a tu cuenta

hacer con perfección el personaje,

en obras, en acciones, en lenguaje;

que al repartir los dichos y papeles,

la representación o mucha o poca

solo al autor de la comedia toca.

 

César Valdeolmillos Alonso