Fragmentación del voto en las locales y pactos: ‘Los sin…’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

 

  “Los pactos políticos entre fracciones adversas son siempre de mala fe, aunque sean convenientes.”

 John William Cooke

Político argentino  

Vivimos en la era de los sin… Sí, me refiero al café sin cafeína, la leche sin nata, a los refrescos sin azúcar y sin calorías, al vino sin alcohol, la cerveza sin alcohol. Parece mentira pero les aseguro que incluso ya hay güisqui —whisky que dicen los ingleses— sin alcohol.

A todos estos sin, se les ha desnaturalizado, se les ha desprovisto de su esencia y la consecuencia es que cuando uno los prueba, saben a cualquier cosa menos a lo que deberían saber. Son como un diente al que se le ha matado el nervio. Sí, está en su sitio, pero sin fuerza, sin vida.

Eso mismo es lo que va a suceder en muchísimos ayuntamientos y en no pocas comunidades autónomas.

Los votos ya fueron depositados en las urnas. La fragmentación del voto que se ha producido en estas elecciones va a hacer complejísima la gobernabilidad de muchos ayuntamientos y comunidades autónomas. La división y confrontación sectaria, solo ha producido corporaciones heterogéneas e inoperantes, cuyas consecuencias solo las sufrirán los ciudadanos.

Sin embargo, la batalla por la conquista de un trozo de la tarta del poder aún no ha terminado. Ahora que los partidos ya no tienen necesidad de seguir utilizando la atractiva máscara con que se nos han presentado durante la campaña electoral, descubrirán su auténtico rostro y la naturaleza de sus verdaderas intenciones.

No importa quien haya ganado, porque ahora los distintos contendientes entran en ese período del toma y daca, de los apoyos a cambio de poltronas, del chalaneo de los cargos, del trapicheo del poder que yo te doy si tú me eliges. Lo que sea para secuestrar la voluntad de los votantes mediante ayuntamientos —de ayuntarse— de tan difícil convivencia que lo más probable es que, mientras duren, sean estériles y no den el menor fruto a la sociedad. Hay triste y sobrada experiencia en este tipo de uniones para obtener el poder que el pueblo, en nombre del cual, todos se autoerigen en portavoces exclusivos, no les han concedido en las urnas.

Para lograr esa tensa y chirriante coexistencia, los partidos se ven obligados a mutilar sus programas, a veces, hasta dejarlos irreconocibles. Es decir: volvemos al vino que deja de ser vino y al café convertido en agua sucia. Sí, porque sucio es utilizar el voto de los ciudadanos para otros fines que no son aquellos que nos prometieron.

¿De qué le sirve al votante su elección si no es para ver como sus representantes luchan por conseguir aquellos ideales  que le prometieron en la campaña electoral y que el partido político elegido dice defender, si por el deseo de desalojar y deshacer lo que ha hecho el adversario y al mismo tiempo obtener una parcela de poder, las promesas hechas se quedan convertidas en un híbrido sin vida?

Y lo que es aún peor para mayor desconcierto de los electores. Muchas veces esos pactos ni siquiera se van a producir siempre en la misma dirección, sino que mientras aquí no tendrán el menor escrúpulo en aparearse con los capuletos, allá intentarán hacernos ver como lo más coherente el encamarse con los montescos.

Como esas coyundas desnaturalizadas solo están motivadas por la ambición de poder y no por la vocación de servicio a la sociedad como se ufanan de pregonar a los cuatro vientos, siempre serán estériles. Cómo máximo, el único fruto que de las mismas podemos esperar —porque es lo único en lo se pondrán de acuerdo— es en deshacer todo aquello que hayan hecho sus predecesores. No importa que sea bueno o malo para la ciudadanía. Esa no es la cuestión. Se trate de lo que se trate, el argumento siempre se centrará en el sempiterno e instrumentado tópico de los pobres y los ricos.

Y digo yo: Al margen del interés político de los partidos ¿Dónde quedan los verdaderos intereses de los españoles?

Si la verdadera vocación de los partidos, tal y como proclaman, fuera la de servir al pueblo y trabajar por su progreso y desarrollo, sería mucho más enriquecedor, que estas junturas que se van a producir para constituir los gobiernos de nuestras instituciones, se ocupasen de sumar esfuerzos encaminados a seguir despejando el camino de la recuperación y no levantar muros infranqueables entre ellos mismos que produzcan la esclerosis de la institución.

Es absolutamente necesario que de las componendas que en los próximos días van a tener lugar en los despachos, nazca una nueva entidad, una tercera vía, en la que con la aportación de las diferentes fuerzas implicadas, la suma de la diversidad sea causa de enriquecimiento institucional y no de quiebra de quiebra social.

Solo así, nuestras instituciones, y con ellas nosotros mismos, en vez de volver a ser ‘las sin’… se convertirían en ‘las con’…

 

#YoRompoConCifuentes: Cifuentes vs Mayor Oreja (o la claudicación del PP), por P. Antonio Mejías

Pedro Antonio Mejías es el delegado de HO y Derecho a Vivir en San Fernando de Cádiz. El presente artículo también aparece publicado en su Blog, ‘Diario de un Mosquetero‘.

Ayer asistí a una ponencia de Jaime Mayor Oreja sobre la crisis que sufrimos. Su fe, sus principios, su capacidad para transmitir serenamente la verdad, su paz interior, siempre me deja maravillado. Es un gusto oírle.

MayorVsCifuentesY saliendo de ese hermoso acto de la ACdP en Cádiz, las Jornadas de católicos y vida pública, donde había hablado D. Jaime, telefoneaba a un amigo, uno de losvoluntarios valientes de Madrid, que día a día patean las calles de la capital para no dejarse dominar por la censura impuesta por Cifuntes. La candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid es el símbolo viviente de lo que se ha convertido lo que un día fue un partido con principios sólidos.

Esta resistencia pacífica se faja diariamente para poder alzar la voz ante la loba con piel de cordera azul, la neoabortistacontroladora de todos los resortes del gobierno en la comunidad madrileña.

Ese voluntario me decía que, junto a unos amigos, se levantaba de madrugada para repartir información de la campaña “Yo rompo con Cifuentes”, ya que ésta había censurado vallas, buses, etc. Lo hacían “a mano”. Y yo pretendía hacerle caer en la cuenta de la gran dicotomía que teníamos ante nosotros: Cifuentes versus Mayor Oreja. Un caballero cristiano frente a una feminista agnóstica. Un defensor de la vida y la familia, frente a una defensora del aborto y del “gaymonio”. Y esa dicotomía, ese enfrentamiento, esas cosmovisiones tan distintas del hombre y de la sociedad, de la política, es la del materialismo laicista frente al Hombre Celeste. El libertinaje absoluto frente a la sagrada libertad del ser humano… Eso, no otra cosa, es lo que se enfrenta hoy en nuestra sociedad occidental, concretamente en España, de lo que estas elecciones del domingo son un reflejo.

Y eso es lo que tiene por delante el Partido Popular y su Presidente Mariano Rajoy, que ya ciertamente ha optado. Elegir entre el modelo “Jaime Mayor” y el modelo “Cristina Cifuentes”. Esa es su tragedia… Porque ya eligió…tumblr_inline_noo1p2to7R1sqnjz0_500

El PP, después de rechazar en su congreso de Sevilla la propuesta laicista de Cifuentes,que pretendía quitar la referencia al Humanismo Cristiano en sus estatutos, ha gobernado obedeciendo a esa propuesta que solo votó quien la hizo (Cifuentes) y su acompañante.

Pero eso lo sabían los dirigentes populares.No les convenía innecesariamente levantar suspicacias en los sectores cristianos del partido. Había que dejar tal como estaba el ideario. Pero gobernar según “san” Pedro Arriola, para contentar a los de centro-izquierda-extrema. Y así abarcar un amplísimo espectro de votantes. La gran claudicación. El gran engaño.

Y también la gran traición. A los que votamos PP las últimas generales, con la esperanza de que el zapaterismo acabase. Que derogase el aborto. Que no excarcelase etarras. Que bajase impuestos. Que acabara con la corrupción. Que luchara contra el secesionismo catalán y vasco, y contra las imposiciones lingüísticas. O sea, que la unidad de la Patria fuese preservada. Que trabajara contra la ideología de género y la EpC…

En fin. dos modelos. Uno se ha impuesto totalmente al otro. Uno domina al otro. Cifuentes (Rajoy) es el buque insignia del Partido Popular en España (aunque Esperanza Aguirre sea la candidata a la alcaldía de la capital, por conveniencia electoral…). Un buque insignia no sólo abortista y antifamilia, sino una auténtica inquisidora al más puro estilo medieval.

La candidata del Partido Popular a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha utilizado ahora la extorsión para alcanzar sus fines. En esta ocasión, ha logrado, a través de presiones de su equipo electoral, que Twitter cancele la campaña publicitaria que HazteOir.org tenía contratada en la red social, yendo más allá de lo que especifica la Junta Electoral Provincial de Madrid en su resolución.

Tengo la desgracia de no poder votar ya a Jaime Mayor Oreja, pues ha sido defenestrado por sus ideas y su coherencia de fe. Y también la de no vivir en Madrid y no poder dar un buen revés electoral como se merece quien es el símbolo de la deshumanización y desestructuración que padecemos, queriendo aparentar bondad y queriendo engañar a sus votantes, que por supuesto son más listos de lo que ella cree, y el domingo votarán otras opciones emergentes. El pueblo que se levantó contra el imperio más grande de su tiempo, el francés, un dos de mayo, no aceptará imposiciones de quien está al servicio de otro imperio, el del mal, de la cultura de la muerte.

Pero me queda el consuelo y la alegría de mis amigos que cada día de estos de campaña trabajan allí con valentía y arrojo para desenmascararla. Y el de haber participado, aquí en Cádiz en la campaña realizada por Derecho a vivir, para poner negro sobre blanco lo que piensan los distintos candidatos sobre vida y aborto, sobre familia y maternidad, y sobre principios y nuevas imposiciones ideológicas que pretenden colarse también en los municipios.

Por cierto… PP y Ciudadanos no ha querido contestar. UPyD (claramente abortista) y VOX (claramente provida), sí lo han hecho… ¿Adivináis cuál podrá ser mi voto, cual será el voto de los providas…?

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La caridad politizada de la Unión Europea, por el P. Custodio Ballester

El P. Custodio Ballester es portavoz de Sacerdotes por la Vida (Priest for Life).  Es párroco de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet de Barcelona, y firme apoyo del activismo de Derecho a Vivir/HO Barcelona, 

Yo no creo que el género de sociedad que describo en la novela 1984 vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo es que puede suceder algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar esas ideas hasta sus lógicas consecuencias.

(George Orwell)

 

Desde hace muchos años, bastantes parroquias en Barcelona y en toda España reciben unos alimentos que compra la Unión Europea (UE) destinados “a las personas más desfavorecidas”. Primero se trataba de los excedentes alimentarios que entregaban las empresas a la UE a cambio de la exención de algunos impuestos. Cuando, a fuerza de regularizaciones del sector agropecuario, se acabaron los excedentes, la UE adquirió directamente los alimentos a las empresas y se redujeron significativamente los productos que acababan llegando a las entidades “asociadas” de reparto, las cuales debían disponer de la capacidad administrativa, operativa y financiera para realizar la distribución gratuita de alimentos entre las personas desfavorecidas. http://www.fega.es/PwfGcp/es/accesos_directos/plan2010_ayudas/index.jsp

Obviamente eran ellas -parroquias, asociaciones, ONG’s- las que valoraban de entrada la situación de las familias y personas necesitadas, sin perjuicio de las que pudieran venir derivadas de los correspondientes servicios sociales de los ayuntamientos. Sin embargo, la situación ha dado un vuelco cuando, desde las instituciones gestoras del Fondo de Ayuda Europea para las personas más desfavorecidas -la Cruz Roja Española o la misma Federación Española de Bancos de Alimentos-, se ha informado a las entidades responsables de la distribución directa de que sólo podrán recibir los alimentos de la UE aquellas personas y familias que vengan derivadas por los servicios sociales de cada municipio. Por lo tanto, a partir de ahora, serán las asistentas sociales municipales -muy bien pagadas, por cierto- las que desde sus bonitos despachos y sus teléfonos de cuatro líneas valorarán quiénes pueden recibir la ayuda alimentaria. Los servicios sociales públicos derivarán los casos que crean convenientes a las entidades de reparto y revisarán (controlarán y darán el visto bueno o vetarán) las listas de beneficiarios de las parroquias, no sea que las valoraciones de los curas y voluntarios de Cáritas sobre los casos de necesidad hayan sido erróneas hasta ahora, ya que no son profesionales como ellos, claro.

De este modo la caridad pasa a convertirse en un “servicio social” más del Estado del Bienestar, a cargo de la concejalía de “Bienestar Social” a cuyo frente estará un político, y a sus órdenes las asistentas sociales (funcionarias bien untadas), que serán el alma de la caridad oficial.

¿Y cuál es ahora el papel de las parroquias y las otras entidades que se dedican voluntaria y gratuitamente a la caridad? Pues el hacer de comparsas de los políticos, que son quienes realmente la gestionan. Se convierten pues en entes de almacenaje y distribución que serán directamente controlados por los funcionarios de un Ayuntamiento al que deberemos dar cuenta del último kilo de arroz que distribuyamos. La valoración de la situación de las personas y las familias necesitadas ya no se hará desde las entidades asociadas de reparto; porque la UE ha decidido que, después de tantos años en ello, ahora ya no tenemos ni repajolera idea. Así pues, además de traer del almacén los alimentos y de pagar el correspondiente transporte con fondos parroquiales, deberemos ofrecer un espacio de almacenaje gratis total y todo el personal voluntario que sea preciso para hacer el engorroso trabajo que las asistentas sociales del ayuntamiento gestionarán con mano de hierro y a prudencial distancia, cual hadas madrinas… o brujas del espejo. Pasaremos a ser puras máquinas expendedoras.

No deja de ser llamativo que los mismos que cobran abultados sueldos y crecidas dietas de la UE, las mismas luminarias de la corrupción que desde los ayuntamientos no paran de trincar fondos públicos, pidan estrecha cuenta de su gestión a los que a pie de calle emplean su tiempo y su dinero para atender directamente a los necesitados. Porque de eso se trata precisamente. Las parroquias, asociaciones sin ánimo de lucro y ONG’s serán directamente intervenidas por la administración municipal, que tendrá a su disposición almacenes y personal todo incluido que le hagan el embarazoso trabajo al Ayuntamiento. Pasarán a ser voluntarios municipales.

Pues sería muy incómodo -por ejemplo para la Sra. Alcaldesa de Hospitalet de Llobregat, Núria Marín, o para el de Barcelona, Xavier Trías- ver cada día en las puertas de su Ayuntamiento a los individuos, familias, hogares o grupos que se encuentren en situación de pobreza económica, así como las personas sin hogar y otras personas en situación de especial vulnerabilidad social. En román paladino: una interminable cola de indigentes, madres con niños pequeños, ancianos, latinos y a toda la morería gimiendo bajo su balcón. ¡Eso no puede ser, hombre! Para eso ya están los tontainas de los curas a los que les daremos unas complacientes palmaditas en la espalda cuando los veamos en algún funeral de estado y, si se venden hasta el final, hasta les otorgaremos la Medalla de Oro de la Ciudad. No por ser curas evidentemente, sino por hacer lo que al ayuntamiento le interesa: ser siempre y en todo lugar y circunstancia esclavitos felices y agradecidos del sistema.

Aquí está pues el Gran Hermano de Orwell. Y es que la sociedad actual y el mundo novelado de 1984 cada vez se parecen más. Estamos viviendo ya en lo que se ha conoce como sociedad orwelliana.

¿Qué espacio público y visible le queda entonces a la Iglesia? Nos echaron a los sacerdotes de colegios e institutos, colocaron como profesores de religión a curas secularizados, exhibiendo así cada día ante los alumnos su fracaso personal y sacerdotal. Asalariaron a muchísimos laicos caraduras -la mayor parte de los cuales no pisa la iglesia- que gozan de un sueldo de funcionario sin hacer oposiciones, con el beneplácito de las delegaciones diocesanas de enseñanza que los enchufaron. Y son ellos, no los directores, los que impiden el paso del párroco del lugar, no sea que contamine a los alumnos con la doctrina católica, que ellos están para enseñar historia de las religiones… a su manera. También la atención religiosa en los hospitales se ha limitado hasta extremos escandalosos con el cura encerrado en su despacho, esperando a que alguien le llame o paseando vergonzantemente por los pasillos del centro sanitario para hacerse ver mínimamente, pues no puede visitar a los enfermos por propia iniciativa.

Y ahora los pobres… la caridad que pasará a ser también competencia y propiedad exclusiva del Estado, que concede a la Iglesia católica el “honor” de poner a disposición del poder público el almacén de distribución y el personal voluntario, corriendo con los gastos la comunidad eclesial -claro que sí-. Lo siguiente será que el sermón del domingo venga redactado por el Ministro del Interior o la Dirección General de Seguridad y encima paguemos nosotros las fotocopias. ¡Orwel a tope!

Pero la cosa va aún más allá: justamente siguiendo ese mismo hilo, algunos ayuntamientos están maniobrando para quedarse con los comedores sociales de las Cáritas parroquiales. El camino es el mismo intervencionismo burocrático: para controlar a quién se admite en esos comedores, y con qué criterios -siempre serán los suyos, que para eso mandan-. Si la cosa sigue por este camino (que parece un camino sin retorno) los voluntarios de Cáritas, convertidos en voluntarios del Ayuntamiento, se pasarán más tiempo rellenando papeles para servir a los burócratas de la UE en la persona de sus representantes municipales, que sirviendo a los necesitados.

La cuestión está clara: Una “competencia” más para los ayuntamientos, y por consiguiente más dinero, más enchufados y más corrupción. Todo con cargo a los impuestos, ¡faltaría más! La caridad definitivamente estatalizada y burocratizada.

  1. Miguel de Cervantes profetizaba sensatamente cuando puso en boca de su ingenioso hidalgo aquellas memorables palabras: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (Don Quijote de la Mancha. II Parte. Cap. 58) Y es que para ser libres, Cristo nos ha librado: manteneos pues firmes y no os dejéis atrapar de nuevo por el yugo de la esclavitud (Ga 5, 1). Libres con Cristo o cautivos del estado. Que cada cual decida.

Custodio Ballester Bielsa, pbro.

www.sacerdotesporlavida.es

¿Puede conocerse la verdad en política?, por Miguel A Espino Perigault

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 Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

 

La pregunta, más bien, es si puede o no conocerse la verdad, es decir, la realidad de las cosas. El diccionario de la Real Academia nos ofrece varias  definiciones. Se nos señala, también, que “realidad” es la “existencia real de algo”.

La verdad es “la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”. También es un “juicio o proposición que no se puede negar racionalmente”. Y, otras definiciones.

Pero, ¿cuántas veces oímos  decir que “nadie tiene la verdad absoluta”, o que “cada uno tiene su verdad”? Algunas personas y, sobre todo, en algunos movimientos ideológicos y políticos se atribuyen, ellos mismos, la posesión de la verdad absoluta. Pero la supuesta posesión de la verdad no puede ser  un capricho.

La negación o banalidad  de la verdad es propia del “relativismo”, que ha sido calificado como un peligroso  mal de nuestros tiempos, por Benedicto 16.

La verdad es posible y necesaria, porque sin ella no podrían darse el pensamiento ni  el conocimiento científicos.

La verdad con  la mentira o falsedad son contradictorios, pues ninguna cosa puede ser y no ser al mismo tiempo. Están relacionadas con el bien y el mal. La verdad es buena y es el bien o hace el bien. En la Asamblea  Nacional, los  diputados se ocupan de los diferentes temas con los cuales pretenden servir al bien común. Algunos de ellos se ocupan, principalmente, de los temas relacionados con la vida y  la familia; dos realidades objeto de furiosos ataques de parte de grupos ideológico-políticos relativistas, identificados con la ideología de género. Es  necesario estar claros en el tema de la verdad, pues hay mucho mal y mucha maldad, expresada en movimientos políticos y a cargo de activistas ideológicos empeñados en imponer leyes nocivas, relacionadas con la falsa interpretación  que se oculta en el equívoco lenguaje de género empleado. De este mal,  los activistas de  los movimientos  provida y profamili han hecho ardua labor para corregir los errores. Pero, el peligro subsiste y es necesario mantener la guardia. La amenaza contra la cultura protectora de la vida y la familia es una verdad que hay que reconocer. Es una “verdad-verdad”, como le gustaba referirse a ella el gran  arzobispo Marcos MCGrath sobre estos temas  y su desconocimiento en la política.

El Papa Francisco habla del problema con  frecuencia. Últimamente ha dicho, con la claridad que lo caracteriza, que ”la ideología de género es una equivocación de la mente humana”. No se dejen, pues, engañar los diputados, ni sorprender en su buena fe. La verdad existe, y no tiene que ver, necesariamente, con lo moderno ni lo novedoso. Juzgar que las cosas son lo que son es juzgar verdaderamente.

Elecciones Locales 2015: ‘Los charlatanes’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.  

  “La política es el paraíso de los charlatanes”

George Bernand Shaw  

 

En más de una ocasión me he referido al tinglado de la antigua farsa en que se ha constituido el mundo de la política, esperpéntica tragicomedia que alcanza su más alta expresión en período electoral.

Cuando llegan esas épocas, indefectiblemente retrocedo en el tiempo y me parece estar viviendo escenas de las que todos aquellos que hemos presenciado la llegada de la primavera más veces de lo que podemos recordar, hemos sido testigos.

Las apariciones en público de los políticos durante las campañas electorales, acompañadas de sus edulcoradas proclamaciones, me recuerdan a los antiguos charlatanes de la posguerra.

De modo similar al que los políticos llegan hoy a un lugar que jamás han pisado y a nadie conocen, repartiendo fingida llaneza y afectada simpatía por doquier, montan su tenderete y con el mayor desparpajo son capaces de prometer una estación de esquí en mitad del océano, el charlatán, acompañado de sus viejas maletas cargadas de abalorios, cual alquimista que ilusoriamente hacía posible lo imposible, llegaba a una plaza pública, montaba sus trastos y mediante una cascada de estudiada y embaucadora verborrea, ofrecía oro a precio de plomo.

Su oferta abarcaba desde crece pelos de efectos mágicos, peines irrompibles que al pasar el dedo por las púas saltaban todas por los aires, dentífricos que proporcionaban una dentadura cautivadora, cremas que lo mismo eliminaban los callos, que las arrugas o los piojos, mantas de borra que pesaban más que una losa pero que te dejaban más frío que si estuvieses metido en la fresquera que daba al patio de tu casa, medias irrompibles que duraban toda la vida que no aguantaban más de una puesta y los más variopintos artículos milagrosos, siempre “a precios de ganga”, que pregonaban más o menos de esta manera.:

“Vean ustedes esta maravillosa maquinilla de afeitar, último adelanto de la ciencia internacional, que convertirá el suplicio del afeitado en una caricia para su piel. Pues a quien me compre este fabuloso adelanto de la ciencia, no se va a llevar solo la maquinilla, sino que además le voy a regalar este paquete de prodigiosas hojas de afeitar por el mismo precio, pero es más: a los diez primeros que sean capaces de apreciar esta maravilla de la técnica y me la compren, les voy a regalar la brocha para enjabonar la cara que convertirá su afeitado en un auténtico deleite, y como el juego no estaría completo, como obsequio de promoción se llevarán también sin costo alguno, este recipiente cromado para el jabón de afeitar. Y por todo ello, no les voy a cobrar ni cincuenta, ni veinticinco, ni quince pesetas. Este maravilloso lote de utensilios para su afeitado caballero, se lo podrá usted llevar a su casa por la insignificante cantidad de 10 pesetas. Toda una maravilla de la técnica moderna por solo dos duros señores. Anímense y no pierdan esta ocasión única”.

Normalmente solían llevar un compinche que era el encargado de romper el hielo y hacer la primera compra, naturalmente ficticia. Posteriormente, siempre había quién picaba. Las compras se iban incrementando ya que la ingenuidad de unos contagiaba al deseo de los otros, y como aquel charlatán, al día siguiente había puesto tierra de por medio; pues imaginen el chasco de los incautos compradores cuando comprobaban que por vino, les habían dado vinagre.

Escenas como las relatadas, habrá muchos a quienes les resulten insólitas por no haberlas vivido. Sin embargo, los personajes, las posturas de los mismos y sus hechos ¿No les resultan familiares?

Como las ciencias adelantan que es una barbaridad, como decía el inolvidable Miguel Ligero interpretando al don Hilarión de La verbena de la Paloma, los charlatanes ya no vienen del Levante mediterráneo en sus viejas y desvencijadas tartanas. Ahora, como las malas hierbas que no dejan desarrollarse a la planta a la que asfixian robándole el agua y el oxígeno que necesita para vivir, aparecen por doquier, descamisados y por supuesto sin corbata, pero en coches de alta gama costeados por el dinero de nuestros bolsillos, ofreciéndonos a cambio de nuestro voto, hacernos señores de la ínsula Barataria con la que soñaba Sanchopanza o una luminosa y dorada playa en la colina más alta del pueblo. Puestos a ofrecer ¿Qué más da lo que prometamos? A fin de cuentas, si como dijo el extinto alcalde socialista de Madrid, Tierno Galván, “Las promesas políticas se hacen para no ser cumplidas”. Pero como decía el filósofo: “¿Qué vale la razón contra una garganta embaucadora y engañanecios?”

Los charlatanes de entonces y los que ahora nos hacen tan mágicas promesas, a mí me parecen los mismos perros con distintos collares. Se diferencian en que los de antes sudaban la camiseta. ¡Vaya si la sudaban! Además eran buenos en su oficio; los mejores embaucadores del momento. Los de ahora, ya no les llamamos charlatanes, les distinguimos con el nombre de políticos, la mayoría son los más ineptos; los que se morirían de hambre si en la calle tuvieran que vender un panecillo a alguien que tuviese intención de comprarlo.

Para los partidos políticos, los peores son los mejores. Así no piensan por su cuenta y no plantean problemas. La palabra del jefe es mandato divino. Y a esos son a los que aclaman millones de indigentes ilustrados y cerebros desnortados.

Ante este panorama, no es de extrañar que sean muchos los desilusionados que no quieran saber nada de personas de tan distinguida reputación.

Pero ya lo dijo Platón hace 2-500 años: “El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”.

“El secuestro de nuestros menores”, por Gloria Grifo (Panamá)

Gloria Grifo de Rodríguez es representante de la Fundación Vida y Familia de Panamá.

 

 

 

 

 

El único ser vivo que necesita de sus progenitores para llegar a su mejor desarrollo es el ser humano. Esto es una premisa científica y así lo han considerado todas las culturas. Hoy día vemos, como una nefasta obsesión de las organizaciones internacionales, pretender darle autonomía al menor de edad fuera del arbitrio de sus padres, para que sea el Estado el que se encargue.
Y es obvio, se busca implantar la “cultura del placer” desde la niñez, que luego revertiría en muchos dividendos económicos, porque el mercado del sexo tiene muchos tentáculos.
Lo preocupante es que la inmensa mayoría de proyectos de ley relacionados con la niñez y la juventud busca, por todos los medios, darle autonomía al menor de edad. Así aparece en el proyecto de la nueva Constitución elaborada por los llamados notables que pide “no discriminar por edad”. Está, además, en todos los proyectos de ley relacionados con niñez y juventud.
Hace unos años, en la Comisión de la Mujer, le escuché decir a una señora que se violaban los derechos del niño por llamarle “menor de edad”, una opinión inaceptable. Tal parece que darle autonomía al niño menor de edad entra en los parámetros de lo “políticamente correcto”. ¿Aceptarías en Panamá una política como esa?
El pasado 28 de abril se presentó, en el Salón Azul de la Asamblea Nacional, el proyecto 66 que establece la Ley de la Juventud en Panamá, por iniciativa de diputado Edison Broce. El proyecto, muy bien elaborado, propone dar apoyo a la juventud en la toma de consciencia en políticas públicas, a ser líderes, emprendedores y autónomos, con la opción de obtener formación para emprender negocios que les ayuden a ser productivos. Incluye desplazarse a diferentes lugares para que la propuesta llegue a todos los jóvenes del país. Muy bien intencionada.
La original tenía un solo problema, el Art. 3 definía a la juventud entre las edades de 12 a 29 años. De los 12 hasta los 18 años, aún se es menor de edad y se está bajo la tutela de los padres: no pueden tomar decisiones importantes, desplazarse a otras ciudades, ni adquirir compromisos trascendentales, porque no tienen autonomía. Al compartirle nuestra preocupación al diputado, él tomó la decisión de subir la edad mínima a 18 años. Así llegó el proyecto 66 a primer debate. La sorpresa fue que los grupos de jóvenes afines a los organismos internacionales inundaron el Salón Azul para pedir que se bajase la edad a 12 años. Nos preguntamos ¿por qué insisten en querer darle autonomía a los menores de edad? Todos conocemos la fragilidad e inmadurez de los niños y que ellos pueden ser fácilmente extraviados en todo tipo de extravagancias que terminan, muchas veces, en el mundo de la pornografía.
Esos mismos grupos pretendían incluir en el proyecto 66, el acceso específico a grupos LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales). Incluirlos sería dar fueros y privilegios a grupos específicos.
Esto no es discriminación, simplemente, es no privilegiar mediante ley a un grupo determinado de personas, pues la Constitución ampara a todos por igual, sin hacer distinción de gustos ni apetencias. Sería, además, una complicación grande y estéril, porque desvirtuaría y desviaría el propósito de una buena ley y crearía conflictos con otras leyes del país.
El proyecto 66 no pasó el primer debate y será sometido a nuevos estudios. Esperamos que sea mejorado y no empañado. Es hora de que nos preocupemos por los verdaderos problemas de la juventud, por ejemplo, bajar los índices de suicidios (especialmente entre los varones), violencia, drogas y alcohol que están acabando con la juventud. Debemos trabajar de forma mancomunada con políticas de Estado que apoyen y respeten a los padres de familia, para que ellos guíen a sus hijos desde pequeños hasta su pleno desarrollo. Darles la antorcha del relevo generacional, con todas las herramientas, para que alcancen la madurez que los convertirá en hombres y mujeres de bien. Así lograremos una mejor sociedad en la que se respeten los valores y principios morales que todos merecemos.
NOTA: este artículo ha sido publicado también en el panameño La Prensa

La boludez como conducta política, por Miguel A. Espino Perigault

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 Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.
En Uruguay y en Argentina se emplea mucho la palabra que da título a este artículo. Significa “hecho o dicho tonto”. La palabra que utilizamos entre nosotros es más ordinaria. En un breve cuento del uruguayo  Mario Benedetti, dos prisioneros políticos recién encerrados conversaban sobre las razones de su aprisionamiento. Uno dijo: “A mí me arrestaron por haber hecho explotar una bomba”. Y  pregunta al otro: “¿Y, a vos, por qué?”. Y este contestó: “Por boludo”.

Estos pensamientos son a propósito de la actividad de los activistas de género en Panamá y, lo que es peor, de los errores, por ignorancia y desorientación de  activistas al servicio de movimientos laicos católicos.

Así se comportan muchos activistas del apostolado laico católico cuando actúan en la sociedad política como miembros de la sociedad  civil que representan, sin entenderlo. Así se  comportan  damas que se dicen católicas, pero aprueban el aborto y el antinatural  “matrimonio homosexual”. Así se comportan hombres que no se atreven a serlo y se declaran féminas.

La boludez está en creerse el cuento de la ideología de género, que desconocen, y que les engaña con que son  dueños y creadores de ellos mismos. Al menos, parecen creerlo. Pero, hay boludos que no captan las manipulaciones  de activistas de género, expertos en las malas artes de la mentira.

Esto sucede en nuestro medio, a  propósito de la  actividad de algunos  diputados por temas de la sexología humana, la vida y la familia. Estos temas alborotan el nido de víboras que representan los activistas de la ideología de género. De allí saltan para no darles tregua, con sus consignas, a los diputados interesados en estos importantes temas.

Políticos y periodistas, cuya actividad esencial es la comunicación, son los llamados a informarse y a  informar, según sus responsabilidades profesionales. La finalidad de la política es dirigir el gobierno desde el poder y,  mediante la crítica, desde la oposición, para alcanzar el bien común, fin del Estado. La finalidad de ambas, política  y comunicación, es la verdad. Pero, en ambos campos, muchos actúan como boludos.

El más reciente ejemplo de boludez política se ha protagonizado con relación a la Ley del Adulto Mayor, que pasa a segundo debate. Se trata del proyecto de ley que  puede conducirnos a la eutanasia, o “muerte piadosa”, como la llaman  los de género.  Sin embargo, el peligroso   proyecto tiene la entusiástica aprobación -¡Nada menos! que de la representante del Arzobispado de Panamá. A la representante del arzobispado en la comisión de estudio no le llaman la atención los términos  “discriminación por orientación sexual”; “muerte digna,  y la infaltable “género”, utilizada upara no hablar de sexo, que es lo natural. Con boludeces como las de la ingenua representante del arzobispado, los activistas de género hacen  de las suyas. Felizmente, todavía hay tiempo para  informarse…  y rectificar.

“¿Dónde estaban?”, por César Valdeolmillos: sobre la corrupción política andaluza y las dificultades de Díaz para confirmarse presidenta

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

“Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”

Joan Baez

Al final de la película “La caída del imperio romano”, una voz en off dice: “Así cayó el imperio romano. Porque una sociedad sólo cae cuando se ha destruido a sí misma interiormente”. En efecto, cuando una sociedad ha perdido sus valores y hace gala precisamente de una ausencia total de los mismos, camina inevitablemente hacia su autodestrucción.

La inmensa corrupción política que ha tenido lugar en Andalucía desde 1990 a 2013, representada según todo el arco parlamentario andaluz —a excepción del PSOE, naturalmente— por los expresidentes de la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, está constituyendo un muro, hasta ahora insalvable, para que Susana Díaz pueda ser proclamada presidenta de la comunidad.

Por la magnitud de los hechos investigados en la causa incoada por la jueza Mercedes Alaya, diríase que una fiebre de desgracia e indignidad, se apoderó de la comunidad. Formalmente Andalucía tiene una democracia, sí, pero presuntamente corrompida por elementos dirigentes que han ostentado el poder por más tiempo de lo que duró la dictadura franquista.

No resulta fácil ni agradable, decir la verdad. Pero si se ha de producir algún tipo de regeneración en esa querida parte de España, ha de contarse, cualquiera que sea el dolor que ello nos pueda producir.

Para entender el fenómeno andaluz, hemos de remontarnos a los años setenta, Cuando salimos de la noche oscura del franquismo, por encima de todo, el andaluz, acostumbrado secularmente a pasar hambre, a ser explotado por su clase dirigente y a sufrir todo tipo de humillaciones, tenía, y sigue teniendo miedo; miedo del pasado, miedo al presente y miedo al futuro. Yo diría que desde que Andalucía perdió su esplendor, el andaluz tiene miedo incluso de sí mismo.

En los albores de la tan esperada democracia, el partido gobernante de la UCD, también frustró sus ilusionadas esperanzas de obtener la autonomía que a otros se les había regalado, diciéndole que el del 28 de febrero, no era su referéndum.

El vacío que esta miope actitud produjo en sus corazones, lo aprovechó el partido socialista, prometiéndoles el paraíso, acudiendo a los tópicos más burdos y grotescos, a base de reabrir las ancestrales heridas de los más desfavorecidos.

Tras este triste episodio, el andaluz grabó en su mente la imagen de que la derecha era la encarnación de los que secularmente habían dispuesto de su vida y hacienda, mientras que los socialistas, que alimentaban sentimientos de desagravio con frases como que “No descansarían hasta conseguir que el médico llevase alpargatas”, se erigieron en su ángel redentor.

Solo entendiendo este sentimiento de frustración y desesperada esperanza, puede comprenderse lo que el socialismo significó para los andaluces,

Y la Andalucía esperanzada, depositó en los socialistas una confianza plena. Pensó que ellos eran quienes habrían de devolverle su dignidad.

Cuando consigamos acabar con los ricos, acabará también vuestra miseria, se les decía. Era la vieja, la viejísima historia del cordero propiciatorio. ¿Qué pasó con los que sabían que esas palabras eran mentira? Peor que mentira. Eran simplemente el trampolín que les impulsaría hacia la conquista del poder. La derecha callaba acomplejada. Otros, conocedores de la realidad, aprovecharon la inigualable ocasión que se les presentaba para alcanzar puestos de relevancia, que de otro modo, jamás hubieran sido capaces de obtener.

El sentimiento nacido de aquel histórico 28 de febrero impregnó las conciencias de Andalucía con la fuerza del torrente que ha desbordado sus cauces y los socialistas se encontraron con un poder, que se les derramaba entre las manos, mucho más allá de lo que habían sido sus más desenfrenados sueños.

Y Andalucía sustituyó a sus dueños. Como en la historia del Conde de Lampedusa, algo cambió para que todo siguiese igual y el señorito del Cortijo se alió con los inquilinos del Palacio de San Telmo.

La entrega del pueblo andaluz a los socialistas fue tan incondicional, que podían hacer y deshacer a su antojo sin que nadie les pidiese cuentas. Sin saberlo, se acababa de plantar la semilla de la corrupción que comenzó dando como fruto el más desmedido nepotismo, el más obsceno enchufismo, la concesión de ayudas, subvenciones y otras asistencias de muy difícil justificación a correligionarios, colegas, amiguetes y entidades afines. Nadie había capaz de poner freno al desbocado proceder. La puerta a la implantación del más descarado sectarismo se abrió de par en par con la más absoluta impunidad.

La semilla plantada en su momento, generosamente regada durante años con el dinero de los propios andaluces y a costa sus tan necesitadas inversiones y servicios, se convirtió en el frondoso árbol de cuyas ramas pendía la más abyecta de las corrupciones.

Los altos cargos imputados pretenden que los magistrados y los españoles creamos que ellos no sabían nada de lo que estaba ocurriendo.

¿Dónde estaban entonces? ¿Dónde estaban cuando se empezó a atropellar la Ley hasta el extremo de que la Intervención General de la Junta tuvo que hacer hasta 15 advertencias de ilegalidad?

¿Dónde estaban cuando los medios de comunicación destapaban escándalo tras escándalo?

¿Dónde estaban cuando detrás de cada escándalo se descubría que había la mano oculta que cobraba una comisión?

¿Dónde estaban mientras los sindicatos se lucraban con la tragedia de aquellos trabajadores de empresas subvencionadas que hacían ERES irregulares en cuyas listas se incluían a personas que jamás habían pertenecido a su plantilla?

¿Dónde estaban mientras se cometía el inmenso fraude de los cursos de formación en los que la Jueza Alaya ha encontrado indicios fundamentados de todo tipo de defraudaciones e irregularidades?

Los imputados dicen que siempre obraron con absoluto respeto a la Ley y que lo ignoraban todo.

¿Estaban sordos? ¿Mudos? ¿Ciegos?

Los imputados dicen que todo eso es obra aislada de elementos incontrolados. Y eso ¿Acaso justificaría su supuesta inocuidad en todo lo ocurrido?

¿Es que por ventura su falta de control y vigilancia les hace menos culpables? Puede que no conocieran los detalles. Pero si no lo sabían, era solamente porque les convenía no conocerlos.

No. Lo cierto es que lo que en una democracia occidental avanzada puede ser un hecho aislado, en Andalucía se convirtió en una forma de vida.

Los vergonzosos actos presuntamente protagonizados por altos cargos de la Junta de Andalucía, no constituyen el punto más grave de los hechos que figuran en el sumario. Lo grave es el hecho de haber tomado parte conscientemente en un sistema de tremenda degeneración e injusticia, impuesto desde altas instancias, con absoluto desprecio de todos los principios morales, éticos y legales, reconocidos en cualquier democracia avanzada.

Hay quien podría argumentar que no son solo los imputados los que deberían compartir la responsabilidad de lo sucedido en Andalucía. Y habría verdad en ello. Porque quien realmente pide justicia ante la Justicia, es el pueblo andaluz.

Puesto que los hoy imputados —salvo que se demuestre lo contrario— ninguno fue forzado a cometer los hechos que  se les imputan, cualquier Tribunal afirmaría que son responsables de sus actos. Hombres que investidos con la responsabilidad que a ellos había entregado el pueblo para que les condujeran hacia un más prometedor horizonte, defraudaron su confianza, despojándoles de lo que les pertenecía. Hombres que tomaron parte en la promulgación de leyes y decretos cuyo propósito era el saqueo de aquellos a quienes decían defender. Hombres que ocupando cargos relevantes tomaron parte activa en el cumplimiento de aquellas leyes que transgredían las propias leyes andaluzas.

El Derecho Penal en toda nación civilizada se basa en el  principio común de que cualquier persona que induce a otra a cometer un delito; cualquier persona que provee a otra de medios para poder transgredir la Ley; cualquier persona que  es cómplice de infringir las normas establecidas, es culpable.

La razón de ser de todo gobernante es trabajar para hacer realidad la causa que defiende, cuando defender una causa es lo más difícil. El hecho más infame que puede cometer es traicionar la confianza que en sus manos han puesto los ciudadanos, saqueándoles sus propios bolsillos en beneficio de intereses espurios.

¿Execrable todo ello? Sí. ¿Inconcebible? Sí. Pero a todo esto y a lo que ha ocurrido en el resto del país se llegó el día en el que los partidos políticos españoles se conjuraron para repartirse la Justicia, la verdad y el respeto que merece el ser humano.

Ideología de género y respuesta cívica: “El veneno oculto en una ley engañosa”, por Miguel A. Espino Perigault

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 Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

 

Quienes escribimos por vocación en los medios y en páginas como ésta debemos atender un problema que amenaza con destruir las raíces y modalidades cristianas de nuestra cultura. Es el problema de  la ideología  de género, que envenena, en forma oculta,  desde el lenguaje hasta las acciones políticas. Pero, el problema es silenciado o distorsionado ex profeso, por la llamada “gran prensa”. No caben posturas relativistas.

En Panamá padecemos, en estos días, un nuevo caso que, denunciado a tiempo por los grupos y activistas provida y familia, ha intensificado el debate. Se trata de una ley que pretende reforzar  los derechos de la mujer, protegiéndola, supuestamente, del acoso sexual y medidas discriminatorias de dudosa identificación. Se trata de una ley conocida popularmente como “del piropo”, considerado acoso sexual.

La ley ha provocado comentarios jocosos adversos. Pero, el veneno no se percibe,  y se debe denunciar. Esto ha sucedido en otros países, y seguirá sucediendo. Sirva nuestro caso, como advertencia.

Si un ave grazna como pato y anda como pato, es pato. De la propuesta ley conocida como “piropo” puede decirse que es “ley de género”. Está escrita en el equívoco lenguaje de género y para que se entienda según esa ideología. Pero, contrario al pato, que es inconfundible, las acciones de los seguidores de esa ideología son engañosas a propósito. Es su estrategia.

Al igual que otros, este nuevo intento del activismo lésbico-sodomita pretende, ahora,  meternos pato por liebre. Pero revela sus sesgos ideológicos anticientíficos y  anticristianos.

Lo que sucede en Panamá ha sucedido y sucede en todos nuestros países. Debemos tomar nota.

El Ing. Álvaro Fernández Fuente (Catholic.net) y otros estudiosos se refirieron al tema de la ideología de género en un escrito sobre el problema.

La ideología de género nace inspirada en las ideas de Antonio Gramsci (1891-1937), cofundador del Partido Comunista Italiano  quien ideó la lucha cultural como alternativa a la lucha armada para conquistar el poder en las sociedades democráticas.

Según Eduardo Martín Quintana, Gramsci entendió que para alcanzar el  triunfo, la revolución necesita conquistar la conciencia individual y, para ello, era imprescindible demoler la religión, la Iglesia Católica, la filosofía realista, el sentido común y la familia. Lucha que han hecho propias las diversas nuevas izquierdas.

Otro punto central del pensamiento de Gramsci es la negación de la naturaleza humana individual  y la traslada a un ente colectivo. Para Gramsci, la naturaleza humana no puede ser hallada en ningún hombre en particular, sino en toda la historia del género humano.

El  proyecto panameño de la de ley conocido como número 171 oculta estas ideas  en  el  equívoco lenguaje utilizado. En diferentes puntos se mencionan los términos “discriminación” y “género”, sin definirlos. También se habla de  personas de “sexo atípico”, que no define.  De acuerdo con el Dr. Jorge Scala, la ideología de género es “atea y antitea”. Reconoce a Dios para combatirlo. Niega por principio la naturaleza  de las cosas  y de  las  personas, porque reconocer la naturaleza lleva -necesariamente- a referirse a  Dios, su Autor y a las leyes que Él ha impuesto.

Al definir el “sexismo”, la ley lo menciona  como “actitud  o acción que subvalora, excluye, sobre presenta y estereotipa a la persona por su sexo”. Y se añade a continuación la siguiente barbaridad: “Contribuye [considerar a la personas por su sexo] a la creencia de que las funciones y valores diferentes asignados a hombres y mujeres son consecuencia de un orden natural inherente a las personas por el solo hecho de haber nacido  de sexo  masculino o femenino”. Mejor no lo pudo decir Gramsci.

Una correcta interpretación científica de la antropología evita estos errores propios de la ideología de género, corriente de  diversos movimientos de izquierda y de derecha que pretenden imponer en el mundo una nueva cultura, atea y antitea; una Cultura de la Muerte, denunciada por San Juan Pablo II. Ante  esta real amenaza la sociedad civil, todos,  debemos responder con la valentía que confiere poseer la verdad.

Reflexiones sobre la reciente entrega del Premio Cervantes a Juan Goytisolo: ‘Parte del paisaje’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

“La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos”

Henry Ford

 

Dice un viejo aforismo chino que “Si no eres parte de la solución eres parte del problema. Y si no eres ninguna de las dos cosas, entonces eres parte del paisaje”.

El 10 de febrero de 2001, el diario ABC publicaba una entrevista con Juan Goytisolo en el respondiendo a que haría si le otorgaran el Premio Cervantes, literalmente respondió: “Estoy dispuesto a firmarlo ante notario; no pienso aceptar el premio Cervantes nunca. No soy ningún bien nacional ni estoy dispuesto a admitir ningún premio nacional. Quien piense que escribí esa crítica—se refería a la dura crítica que hizo a la entrega del premio a Francisco Umbral—para que me lo dieran a mí, es que no me conoce, ni conoce mi obra”. Catorce años más tarde, Juan Goytisolo ha aceptado el premio que dijo que no aceptaría nunca y el sustancioso cheque que lo acompaña. Nada tengo que objetar a su giro de 180 grados, porque solo los fósiles permanecen inalterables al paso de los siglos y cada amanecer es una nueva oportunidad que la vida nos da para rectificar nuestros errores.

Incluso puede que el cambio de actitud —que no de opinión según sus propias palabras— con respecto a la aceptación del premio más prestigioso de la literatura española, haya constituido una estrategia, pensando que cuánto más alta sea la tribuna desde la que muestre su disconformidad con todo y con todos, mayor será el eco que la misma alcance. De haber sido este su pensamiento, el escritor habría cumplido consigo mismo, si bien —esta vez intencionadamente— incurrió de nuevo “en la vanagloria de la búsqueda del éxito —atraer la luz de los focos— “ser noticia””, como él mismo afirmaba en su discurso, calificando de parásitos de la literatura a quien así opinaba.

Pudiera colegirse que su cambio de actitud respecto a la aceptación del premio se debió a una estrategia premeditada de censura, y que se demuestra cuando más adelante afirma: “Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser  persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración”.

Aunque pienso yo que la celebración no fue tan inútil, cuando el reconocimiento iba acompañado de un cheque por valor de 125.000 euros, que ante “la injusticia, la pobreza y el hambre” y “de un mundo aquejado de  paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio  profesional de los jóvenes”, no solamente no rechazó, sino que —que yo sepa— a semejanza de los caballeros andantes que decía don Quijote, su importe no lo ha dedicado, como el caballero andante hubiese hecho, a “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” a pesar de haberlo recibido en el transcurso de un acto oficial, similar a otros que “engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados”.

Terminaba el premiado Goytisolo su discurso de aceptación del premio más prestigioso y mejor dotado de la literatura española diciendo:

“El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis  política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la  pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones  para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”.

Creo que ese pensamiento lo comparte la inmensa mayoría de la población española. Sin embargo, tengo para mí, que el mismo, no hizo al escritor “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura” y con su comportamiento —que no con sus palabras— sí evadió de la realidad inicua que nos rodea sin asentar realmente los pies en ella. Digamos bien alto que la afectada apariencia adoptada en el acto de aceptación del premio por el escritor laureado y las palabras pronunciadas en el mismo, a mi parecer, bajo ningún concepto demuestran, que por muy contaminado que esté por nuestro primer escritor, dice que no se resigna a la injusticia, pero al final, como buen literato, ha cuidado de su promoción y visibilidad mediática para triunfar en sus pretensiones, terminando por aceptar los beneficios materiales y así, contradiciendo sus propias palabras, aposentarse de hecho en “El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos” distrayéndose “de la suerte de los más”.

A la vista de los hechos, el recién galardonado premio Cervantes no es parte de la solución ni según sus palabras, tampoco es parte del problema. Por tanto, en adelante, será parte del paisaje.