“De piropos y otras calamidades modernas”, por Miguel A.u Espino

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.
De un nuevo intento del movimiento homosexualismo político para adelantar su agenda en Panamá, país en donde se halla retrasada con respeto a los demás países latinoamericanos, puede calificarse una inesperada propuesta legislativa en contra, nada menos, que el piropo. El españolísimo piropo, el cual una diputada recién elegida ha presentado como posible amenaza a los sentimientos de las mujeres, víctimas, según ella, de ofensas de todo calibre. La noticia causó revuelo en los medios de comunicación, con mayoría de comentarios respetuosamente adversos.

De mi parte, adelanté los siguientes comentarios. La misma diputada proponente del proyecto, no discutido aún en la cámara, dijo que su idea era ir más allá del piropo, o  sea, a la discriminación ofensiva, lo que sea que esto quiera  decir. Con lo que me dio la razón, cuando me refería al tema en un diario local, en estos términos.

Cada vez que veo en la televisión  a la diputada Ana Matilde Gómez, propulsora de la llamada Ley del Piropo (La Prensa, 22,02,15),  me vienen a la memoria  algunos   que conozco. Pero,  entendidos como los entendía Quevedo, esto es, “requiebro,  flores, palabra lisonjera que se dice a una mujer bonita”. Así nos lo explica Ricardo Soc en “La fascinante historia de las palabras”  (elcstellano.org).

Pero, ya no me atreveré  ni a pensar en la hermosa costumbre de origen medieval. Como  muchas costumbres bellas, el piropo ha caído víctima de algunos aires malignos de la modernidad, sobre todo  referentes  a la mujer, vista desde una perspectiva no siempre conforme a su naturaleza. Pienso, además, que hay temas más importantes que deberían ocupar  a los diputados… y diputadas.

La historia de la palabra ‘piropo’ es, en verdad, fascinante. Y, siempre estuvo ligada al requiebro, al elogio a la belleza de la mujer. La palabra procede del antiguo  latín  pyropus y  ésta, del griego pyropos, “con aspecto de fuego”, por pyros, que significa fuego, “un fuego que tal vez se vincule a la llama de las pasiones que van con el piropo”. Pero, el “lenguaje políticamente correcto”, adoptado por la cultura de género, amenaza la vinculación del piropo con la poesía.

Para la diputada Gómez, “los piropos se justifican como galantería y una expresión de admiración, pero sus excesos, desproporción, imprudencia y falta de tacto afectan la dignidad y tranquilidad de los transeúntes”.  Este aspecto ofensivo y de sentimientos heridos se ha convertido en una calamidad  universal  y ha dado origen, en algunos  países,  a leyes persecutorias y discriminatorias llamadas “crímenes de odio” ( Hate Crime) que privilegian a minorías que se autodefinen como de “género”  homosexual, y aducen sufrir ofensas verbales y discriminaciones. No es el caso del prometo de la diputada Gómez , pero es de la misma línea. Un  piropo –o cualquiera expresión verbal-  interpretado como ofensivo por cualquier persona, podrían  alcanzar fácilmente el calificativo de “crimen de odio”.

De las  opiniones citadas sobre la ley por el  periodista Gustavo Aparicio, la del médico psiquiatra forense Alejandro Pérez expresa que para quien debe aplicar la sanción sería un problema definir qué piropo es ofensivo y cuál no. A una persona puede que no le guste ese piropo atrevido. Pero a otra persona tal vez le guste el mismo piropo. Sentido común y ciencia. En importantes programas de radio que abren sus micrófonos a la participación popular, se escucharon numerosos comentarios  contrarios a la propuestas ley y favorables al piropo. Incluso mujeres defendían esa costumbre, porque las hacía sentirse a halagadas casi siempre, y cuando no, dijeron algunas, ponían oído sordos.

Por mi parte, decidí registrar  un  piropo muy popular que sirve de ejemplo para el problema de  interpretación. Al observar el andar sugestivo de una hermosa chica,  el galán exclamó inspirado: “Si como camina cocina, hasta el concolón  me como” (Panameñismo por el residuo en el fondo de la olla). De conocer  la chica piropeada sobre cocina criolla, seguramente se sentirá muy   halagada.

Reflexionando sobre el Debate sobre el Estado de la Nación: “El gran teatro de España”, por César Valdeolmillos

 

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

 

Un buen actor es un hombre que ofrece tan real la mentira, que todos participan de ella”

Vittorio Gassman

Actor italiano

Hemiciclo:                                ¿Quién me llama,

que desde el duro centro

de aqueste palacio que me esconde dentro?

¿Quién me saca de mí? ¿Quién me da voces?

Pueblo:                                    Es tu dueño, el pueblo soberano

De mi voz un debate, de mi mano

una norma es quien te informa,

y a tu silente materia le da forma.

Hemiciclo:                                Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?

Pueblo:                                    Pues soy tu Dueño, y tú mi escenario eres,

hoy, de un suceso mío

la ejecución a tus aplausos fío.

Un evento hacer quiero

a mi mismo poder, si considero

que solo a afirmación de mi soberanía

fiestas hará la ciudadanía;

y como siempre ha sido

lo que más ha alegrado y divertido

la representación bien aplaudida,

y es representación la humana vida,

una comedia sea

la que hoy el cielo en tu teatro vea.

Así podría haber comenzado don Pedro Calderón de la Barca su más famoso auto sacramental en el caso de haberlo titulado “El gran teatro de España”.

Como todos los años por estas fechas desde que se restauró la democracia en España, se celebró el Debate sobre el Estado de la Nación, una mascarada política que no sirve para otra cosa más que para que el pueblo se embobalique viendo al poder aplaudiéndose y exaltando sus esfuerzos, su sabiduría y su empeño por reconstruir los quebrantos  causados con anterioridad por sus oponentes y a estos viendo cómo, no solamente no reconocen, por evidente que sea, ninguno de los logros proclamados por el poder, sino además, atribuyéndole la destrucción que en el pasado ellos mismos produjeron, los menoscabos presentes originados por la reconstrucción de lo arruinado y de todos las desgracias, sufrimientos y desolaciones que puedan acaecer en el futuro.

Y mientras esto acontece en ese gran escenario en el que dicen que se asienta la soberanía del Pueblo, pero sin el Pueblo, este, confundido, abochornado y sobre todo, humillado, trata de averiguar quién es quien realmente. Si el que dice que es el bueno, pero al que pintan como el villano que nos ha traído todos los males del averno o el pérfido taimado que se presenta como el ángel redentor de todas las desventuras del Pueblo.

Por supuesto que a ninguno de los comediantes que participaban en la ficción les importaban los infortunios del Pueblo, más allá de los aplausos que su actuación les pudiera proporcional al final de la tragicomedia allí montada.

Lo curioso es que a sabiendas de que todos llevaban el zurrón cargado de miserias, no había uno que no se aprestara a presentar la virginal imagen de quien hubiera nacido sin el pecado original. Y es que el actor manifiesta en público aquello que el público desea escuchar que es con frecuencia todo lo contrario de lo que se dispone a hacer.

Albert Boadella, en su libro “Adiós Cataluña”, reconoce que existe una hipocresía profesional, que es la del actor. La del cómico sobre el escenario, es una hipocresía obligada, exigible, imprescindible diría yo, para interpretar los distintos personajes de la farsa. Por tanto es una hipocresía justificada. Es más: cuanto más hipócrita sea el cómico, más admirado, más cotizado y mayores méritos se le reconocerán. Dice Antonio Gala que los cómicos son inacabables adolescentes, crueles, misteriosos, tiernos, soberbios, evidentes, insoportables y… humanísimos. Quizá sea por eso sea por lo que, cuanto más hipócrita sea el actor, más querido es por su público.

El actor es el reverso de la medalla de su emulador el político. La del político sobre el estrado, es una hipocresía voluntaria, respondida, reprobada, maldecida y estigmatizada cuando se  desempeña un cargo público en representación de los ciudadanos. Por tanto es una hipocresía detestada. Es más: cuanto más hipócrita sea el político, más reprobado, más menospreciado y mayor será el rechazo que produzca su figura. El político hipócrita suele ser ignorante, vanidoso, altivo, distante y… taimadamente embustero. Quizá por eso sea por lo que, cuanto más hipócrita sea el político, más aborrecido es por los ciudadanos.

Un político es alguien que pide nuestro voto afirmando respetar al pueblo; asegurando que trabajará para el pueblo, y que una vez elegido dejará de contar con el pueblo, ni ya buscará la aprobación de nadie.

Un escenario y más aquel en el que se representa la obra de la vida, es la mayor exaltación de la hipocresía, que como la bacteria que causa la putrefacción en los seres vivos, se introduce a hurtadillas en el organismo, pudriendo a su paso la noción de la realidad, haciendo que lo verdadero lo tomemos por falso y lo falso por verdadero, lo bueno lo consideremos malo y lo malo por bueno. Nada tan perverso y pervertidor, porque como experimentados alquimistas, no solo nos ofrecen plomo aparentando oro, sino porque ese oro que nos prometen como solución a nuestras desventuras, no es más que el veneno con el que definitivamente corromperán nuestro espíritu.

El gran teatro de la vida es una obra, en la que como el Tenorio, por sobradamente conocida, los actores ríen, cantan, lloran y hasta hacen el bufón envolviéndose en la bandera para tratar de ocultar la corrupción más descarada, antes que el telón baje y la obra termine sin gloria y sin aplausos. Por eso y como recapitulación de lo dicho podríamos hacerlo con un fragmento de una obra de Quevedo que así reza:

No olvides que es comedia nuestra vida

y teatro de farsa el mundo todo

que muda el aparato por instantes

y que todos en él somos farsantes;

acuérdate que Dios, de esta comedia

de argumento tan grande y tan difuso,

es autor que la hizo y la compuso.

al que dio papel breve,

solo le tocó hacerle como debe;

y al que se le dio largo,

solo el hacerle bien dejó a su cargo.

Si te mandó que hicieses

la persona de un pobre o un esclavo,

de un rey o de un tullido,

haz el papel que Dios te ha repartido;

pues solo está a tu cuenta

hacer con perfección el personaje,

en obras, en acciones, en lenguaje;

que al repartir los dichos y papeles,

la representación o mucha o poca

solo al autor de la comedia toca.

 

César Valdeolmillos Alonso

‘Montserrat Esquerda y Helena Roig, cirugía estética para el Instituto Borja’, por el P. Custodio Ballester

El P. Custodio Ballester es portavoz de Sacerdotes por la Vida (Priest for Life).  Es párroco de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet de Barcelona, y firme apoyo del activismo de Derecho a Vivir/HO Barcelona, 

El 19 del pasado diciembre el Patronato del Institut Borja de Bioètica -presidido por la hermanaMargarita Bofarull, discípula del jesuita abortista Francesc Abel –   ha designado a Montserrat Esquerda Aresté, nueva directora general del eugenésico Instituto. El rector de la pesudocatólicaUniversitat Ramon Llull, Josep M. Garrell Guiu, tal y como prevén los estatutos universitarios, ha procedido a su nombramiento. Paralelamente, el Patronato del Borja también ha nombrado a Helena Roig Carrera nueva directora adjunta de la institución.A Margarita Bofarull, la cara amable del chiringuito, la conocemos de sobra.  Núria Terribas se había significado durante años como el martillo neumático que derruía sistemáticamente la doctrina y la moral católicas desde la bioética institución. Con la meliflua hermanita Bofarull en la  decadenteAcademia Pontificia por la Vida,  la Terribas se había convertido en un lastre progre del que había que desembarazarse lo más rápidamente posible. Le dieron el finiquito a primeros de septiembre.

Y ahora, ¡cómo no!, después de la liposucción… silicona, botox, y ¡nueva nariz!, pistoleras fuera y un rostro rejuvenecido. Como aquel gitano que compró a precio de saldo un mulo viejo y consumido. Después de lavarlo, peinarlo y ponerle herraduras se lo llevó a la feria de ganado para venderlo por mucho más; pero dio la casualidad de que pasó por allí el antiguo dueño, el que había vendido el mulo al gitano. Al contemplar su antigua propiedad exclamó: ¡Quien no te conozca, que te compre!

Montserrat Esquerda Aresté no sólo es médico pediatra, también delegada de Pastoral de la Salud, miembro delConsejo Pastoral Diocesano, del Centro de Orientación Familiar y del Consejo Técnico del Instituto de Ciencias Religiosas, todo ello en el obispado de Lérida. Este incensado currículum no ha sido óbice para que la flamante nueva directora general del Borja se despachase así en una conferencia titulada “Genética humana, clonación, fecundación in vitro, células madre”: la complejidad técnica, la lejanía de la relación del acto con la consecuencia o la ambivalencia entre intencionalidad y efecto hace que nos sea muy difícil juzgar las acciones como buenas o malas. La bioética nace del debate inter y trans disciplinario tratando de establecer criterios en un contexto de incertidumbre.

Es la moral de situación. La bondad o malicia de la acción no viene dada por una ley universal e inmutable, sino que se determina por la situación en la que el individuo se encuentre. Del estado anímico o circunstancial se quiere hacer depender la moralidad de la acción. Las cosas no tendrían entonces un valor objetivo -por lo que son en sí mismas, buenas o malas-, sino que las cosas tienen valor porque han sido elegidas. No hay ley moral ninguna, sino una sucesión de actos o situaciones. Los oráculos relativistas del Instituto Borja olvidaron desde el principio que la primera razón de la moralidad viene dada por la acción misma; que hay acciones intrínsecamente graves e ilícitas, al margen de situaciones límite de cualquier tipo. Aún más, puede haber circunstancias en las que el hombre tenga obligación de sacrificarlo todo, incluso la propia vida, por salvar el alma… si todavía creen en ella, claro.

La nueva directora adjunta, Helena Roig Carrera, no se queda atrás. Licenciada en Medicina, Máster en Bioética por el eugenésico Institut Borja de Bioètica-Universidad Ramón Llull- y miembro de la Comisión de Deontología del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona. Fervientes apóstoles del derecho al aborto, los sesudos galenos del Colegio se destacaron por poner a parir el proyecto de ley del ex ministro Ruiz Gallardón. Les sacaba de quicio que la malograda reforma no contemplase la malformación del bebé para abortar y que dependiese de una evaluación psiquiátrica. El marco legal para abortar -decían- debe ser poco intervencionista, ponderado y no impositivo. La presencia de la Dra. Roig en la comisión deontológica no parece haber cambiado las amorales categorías éticas en las que se mueve la institución profesional. Tampoco se ha destacado por intentarlo. En caso contrario, lo sabríamos.

Tal vez el adormilado presidente de laAcademia Pontificia para la Vida, Mons.Carrasco de Paula haya recibido una satisfacción cumplida en su afán de lavarle la cara a Margarita Bofarull y a su decrépito Instituto. Roma no deja de estar lejos, a pesar de un internet donde están la vida y milagros de casi todo el mundo, pero que muy pocos en el Vaticano parecen consultar. A la vista está…

Con estos mimbres, el Instituto Borja -oliendo a incienso, eso sí y cada vez más-, tuneada su maltrecha carrocería, podrá seguir contaminando por ese tubo de escape de malolientes emisiones bioéticas, consecuencia de la mala combustión de un motor que sigue siendo el mismo que le colocó el jesuita Francesc Abel, su fundador: una especie de mix de papamóvil y coche fantástico parlante que cambia de vez en cuando de conductor. Margarita Bofarull le ha vendido otro submarino a Mons. Carrasco y él lo ha adquirido sin más.

Sin embargo, por estos lares conocemos el tufo malsano de un Instituto que, si cambiara su torcida doctrina, tendría que cerrar. Y no ha cerrado, sino que sigue subvencionado por el poder, asesorando en cualquier consejo bioético de un hospital que necesite que le digan que, haga lo que haga, todo acaba estando bien. Porque, a fin de cuentas, el acto cada vez está más lejos de la consecuencia y la ambivalencia entre intencionalidad y efecto nos impide juzgar las acciones como buenas o malas. ¡Olé por el Instituto y por sus nuevas directoras!

La finiquitada Nuria Terribas, el oráculo abortista,  puede respirar tranquila porque ha visto cumplido un deseo que ha resultado profético: Estoy segura de que el Instituto Borja continuará siendo antorcha de la bioética, respetuosa con la pluralidad moral de nuestra sociedad, pero también con rigor y criterio, exigible de toda institución académica, y desde los valores que inspiraron su creación en el año 1976.Esa pluralidad, la pluralidad moral del jesuita Francesc Abel, de Nuria Terribas y de Margarita Bofarull; unapluralidad moral que ha comprado el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues –diócesis de San Feliu-, que los acoge en sus instalaciones. Es la pluralidad que permite a la Orden Hospitalaria vivir tranquila con su meganevera de embriones congelados, sus bebés medicamento –libres de taras hereditarias-, sus abortos por encargo –si estás de pocas semanas ¡o de muchas!-, suspíldoras del día después y sus ligaduras de trompas.

Más de lo mismo. Aunque ahora transformado el Instituto Borja al estilo del Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Ese trastorno disociativo de la identidad que hace que una misma persona o institución tenga dos o más identidades o personalidades con características opuestas entre sí, según pontifiquen en la Academia Pontificia, en la Comisión Deontológica, el Comité de Bioética de Cataluña o en la Comisión eugenésica de San Juan de Dios. A esa pluralidad moral están abonadas las señoras Montserrat Esquerda y Helena Roig a pesar de sus aterciopelados currículos de cristianas ejemplares. ¡Quien no los conozca que los compre!

 

‘Ayunar de críticas y cotilleos’, por Mons. José Ignacio Munilla

Monseñor José Ignacio Munilla es Obispo de San Sebastián.

¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?…  Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, liberar a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento (…)” (cf. Isaías 58, 5-7). A este conocido texto del profeta Isaías, bien podríamos añadir, en plena sintonía con su mismo espíritu: ¡El ayuno que agrada a Dios es controlar nuestra lengua!

Comencemos por reconocer que llama la atención la “cruzada” que el Papa Francisco ha emprendido contra el vicio de la crítica y el cotilleo: “Las murmuraciones matan, igual o más que las armas”; “Los que viven juzgando y hablando mal del prójimo son hipócritas, porque no tienen la valentía de mirar los propios defectos”;   “Cuando usamos la lengua para hablar mal del prójimo, la usamos para matar a Dios” ;  “El mal de la cháchara, la murmuración y el cotilleo, es una enfermedad grave que se va apoderando de la persona hasta convertirla en sembradora de cizaña, y muchas veces en homicida de la fama de sus propios colegas y hermanos”; “Cuidado con decir solo esa mitad de la realidad que nos conviene”; “¡Cuántos chismorreos hay en el seno de la propia Iglesia!”… Ciertamente, no creo que haya habido nunca un Papa tan comprometido con la denuncia y la erradicación de esta lacra.

Mostrando foto.png            La crítica y el cotilleo están tan extendidos en nuestra sociedad —sin que la Iglesia sea una excepción—, que no son pocos quienes consideran que se trata de un mal insuperable, cuando no necesario. A esto contribuye el hecho de que la percepción suele cambiar dependiendo de que seamos sujetos activos o pasivos de dicha práctica. El cotilla y el murmurador tiende a justificarse diciendo que se limitan a informar, y que en esta vida es necesario tener un juicio crítico.

Pues bien, para dejar de murmurar no solo se requiere controlar la lengua, sino que hay que cambiar la mentalidad. No estamos ante un vicio superficial o epidérmico, como a veces solemos suponer equivocadamente.  Bajo las críticas y los cotilleos se camuflan pecados como el rencor, la envidia o la vanidad. Pero no solo esto, sino que también se esconden nuestros complejos, inseguridades y heridas. En realidad, lo moral y lo psicológico suelen caminar por el mismo carril. O dicho de otro modo, el demonio sabe dónde nos aprieta el zapato, y tiende a pisarnos en el mismo lugar…

Todos sabemos que la crítica esconde con frecuencia envidia y celos, y que estos encierran falta de autoestima. Y si pudiésemos remontarnos al origen de esa falta de autoestima, muy posiblemente nos encontraríamos con la carencia de amor… No cabe duda de que los males morales, psicológicos y educacionales están implicados. Así, por ejemplo, decía San Francisco de Sales: “Cuanto más nos gusta ser aplaudidos por lo que decimos, tanto más propensos somos a criticar lo que dicen los demás”.

Dicho lo cual, no es de recibo tomar excusa de las implicaciones psicológicas y educacionales, para eludir nuestra lucha contra este vicio. Nuestra responsabilidad moral puede estar condicionada, ciertamente, pero no hasta el punto de estar determinada. Somos sujetos libres, aunque nuestra libertad esté herida; y por lo tanto, somos responsables de las palabras que salen de nuestra boca. Sin olvidar que en no pocas ocasiones las críticas y los cotilleos son puestos al servicio, con notable malicia, de la ideología de quien los utiliza, con el objetivo de denigrar a quienes no piensan como nosotros.

Me viene a la memoria una cita evangélica que suele pasar inadvertida, en la que queda patente la indisimulada incomodidad del Señor Jesús ante este vicio moral. Me refiero a Juan 21, 23. El contexto de este episodio es el encuentro final entre Jesús y Pedro, en el que este es perdonado por su triple negación, además de confirmado en su misión. A punto de concluir el diálogo, cuando Jesús ha revelado a Pedro su futuro martirio, este vuelve su mirada a Juan —el discípulo al que el Señor amaba especialmente— y le pregunta a Jesús: “Señor, y este, ¿qué?”.  A lo que el Señor, en una respuesta sin precedentes, contesta: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme”. ¡¡Es impresionante escuchar a Jesús decirle a Pedro: “¿a ti qué?” (expresión equivalente a nuestro popular “¿a ti qué te importa?”)!! Y es que, mientras estamos pendientes indebidamente de los demás, podemos permanecer ciegos ante nuestros problemas y responsabilidades. ¡Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro! (cfr. Mt 7, 3).

Concluyo con un texto evangélico tan clarificador como incómodo, de esos a los que solemos poner sordina, por resultarnos demasiado exigente: “Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (…) En verdad os digo que el hombre dará cuenta en el día del juicio, de cualquier palabra inconsiderada que haya dicho. Porque por tus palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado” (cfr. Mt 12, 34-37). Será por eso, tal vez, que le escuché a un hermano obispo decir que se podría elevar a los altares, sin necesidad de proceso de canonización, a aquel de quien pudiera decirse: “nunca le escuchamos hablar mal de nadie”. Ciertamente, ¡el ayuno que agrada al Señor es controlar nuestra lengua!

Gente honesta y honrada, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“No hay nada que delate mejor la verdadera índole de las personas que su actitud hacia el dinero”

George Gurdjieff

Escritor armenio

Oficialmente no, pero en la práctica, todos los partidos están ya en campaña electoral y cada vez que veo, leo o escucho a cualquiera de los llamados líderes, además de no creerme nada de lo que dicen, sus palabras me producen un profundo rechazo interior.

Susana Díaz, la Secretaria General del PSOE andaluz y Presidenta de la Junta, ha pedido a sus compañeros que no utilicen la corrupción como el, «y tú más», pero al mismo tiempo, ya en clave nacional y como si fuera candidata a presidenta, no de la Junta de Andalucía, sino del gobierno de España, interpela a Mariano Rajoy como único contrincante a su altura.

Ya no intentan vendernos lo que han hecho, quizá porque si hicieran un balance de su gestión, posiblemente, en una empresa privada, saldrían inmediatamente despedidos, por la puerta de atrás, sin indemnización, y muy probablemente, teniendo que hacer frente a una demanda para depurar responsabilidades.

Tampoco nos prometen ya nada concreto, quizá porque lo único que les anima a estar en esta pugna, es alcanzar o mantenerse en el poder y para ello lo único que se les ocurre, es acusar al adversario de haber cometido las mismas tropelías que ellos impúdicamente tratan de ocultar.

Que obsceno sarcasmo es oírles hablar de democracia con la mayor de las desvergüenzas, cuando se les debería caer la lengua antes de invocar tan elevado concepto, al ser los partidos, en su funcionamiento interno, poco menos que sectas en las no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de su dios particular.

Emulando a nuestro insigne premio Nobel, el silenciado don Jacinto Benavente, podría afirmar que toda la parafernalia de las campañas electorales, no son otra cosa que la puesta en escena del tinglado de la antigua farsa, la que emboba en las plazas de humildes villas a los simples lugareños, la que junta en ciudades populosas a la gente más variopinta, cuando el Tabarín de turno —entiéndase candidato a lo que sea— desde su tablado de feria, suelta una proclama que no se la cree ni el que se la ha escrito, y que como en los platós de televisión, le aplauden cuando se lo indican los palmeros, que para llenar el recinto, en autobús y con bocadillo, han llevado desde otras provincias. A la plaza de la televisión, acudimos esperanzados gente de toda índole y condición, de tal forma que en ningún otro lugar nos hubiéramos reunido, porque la esperanza es la llama, que en el oscuro túnel de nuestras horas más bajas, esperamos que nos alumbre la salida, y nada prende tan pronto en las almas crédulas, que esa promesa que estamos esperando escuchar. Alguno, ilustra el plebeyo origen de la farsa con citas de algún poeta sacralizado ideológicamente, pero generalmente, solemos ser testigos de una bufonada guiñolesca, de asunto disparatado y sin realidad alguna.

Decía días atrás Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, que: «A nosotros nadie nos va a ganar en ser implacables en la lucha contra la corrupción», y añadió que no quiere que los ciudadanos «tengan la angustia todos los días de encontrarse un caso de corrupción». «Los que quiero que sufran la angustia son los que vienen a aprovecharse de lo que es de todos».

Tengo para mí que la designada —que no elegida— presidenta de la Junta andaluza, tiene algún tipo de problema con los sinónimos y los antónimos y a lo mejor, en vez de implacables, quiso decir tolerantes o comprensivos, pues de lo contrario sería una extraña manera de ser implacable con la corrupción, incluir a tres de los diputados preimputados en el caso de los E.R.E, como nuevos miembros de la Diputación Permanente del Parlamento andaluz, decisión que les permitirá seguir siendo aforados —entiéndase blindados— tras el adelanto electoral en la comunidad, máxime cuando otro de los preimputados por este caso, el diputado y exconsejero Manuel Recio, ya forma parte en estos momentos de la Diputación Permanente como vocal suplente. Y todo ello, solo con el voto del PSOE-A a favor, y en contra el criterio de PP e IU.

Pero la presidenta y secretaria general del PSOE andaluz ha dicho que «nadie» les va a ganar «en ser implacables contra la corrupción».

Recientemente y ante el Comité Director del PSOE-A, la señora Díaz decía con satisfacción: «Si nos votan es porque aquí no se anteponen los intereses del partido a los de los ciudadanos», afirmación que yo no tengo ningún problema en creer, mientras no se demuestre lo contrario.

Sin embargo, nuestra buena fe para creer dichas afirmaciones, no nos pone un venda tan tupida que nos impida contemplar el hecho palpable de que en torno a la gestión de la Junta de Andalucía, está abierto el proceso judicial más importante contra la corrupción en España, con más de 800 millones de euros defraudados y 300 imputados, de los que 50 fueron altos cargos de la Junta, y donde se “señala claramente” a la figura de dos expresidentes y el Tribunal Supremo ha ordenado ya que se investigue a dos aforados más, que ocuparon altos cargos en dicha institución.

Cuando en la gestión del dinero público, presuntamente se detectan escándalos, falta de control, personas que fraudulentamente se han llevado el dinero, personas que han despilfarrado el dinero y personas que lo han usado para su intereses personales, ciertamente, actuaciones como estas, son las que menoscaban la dignidad de las instituciones.

Por cierto, que de dignidad también ha hablado la señora Díaz y con la sinceridad que le caracteriza, dijo que no va a permitir que nadie «atropelle la dignidad» de un partido centenario que está formado «por gente honesta y honrada».

Por supuesto que el PSOE es un partido centenario, pero permítame señora Díaz precisar que la antigüedad, los años o las canas en las personas, no confieren por sí mismas dignidad alguna,

Si fuesen los años el origen y la causa de la integridad moral, todo lo que confiere dignidad a la vida, lo que hace estimables el sacrificio y el esfuerzo, la rectitud y la honradez, la decencia  y la equidad, quedarían sometidos a la eventualidad caprichosa del paso del tiempo. Irracional argumento, válido únicamente para rebaños que solo discurren por los caminos por los que les conducen los perros pastores. El tiempo es un ente vacío que nosotros llenamos con nuestros hechos, nobles o  alevosos. La dignidad, no es una cuestión de años, sino de hechos.

Entre el deber ser y el ser o, más específicamente, entre el ideal moral de la dignidad y libertad del individuo y la realidad política, con frecuencia hay que tender los puentes de la razón que no los de la pasión.

Por supuesto que el PSOE está formado por gente honesta y honrada. Gente que creen en aquellos ideales que persiguen la consagración de la justicia social, la igualdad de oportunidades, la eliminación de los privilegios. Gente que constituyen los sólidos cimientos del partido; que no han tocado poder, que no se han subido jamás a un coche oficial y que hoy, sin dejar de ser socialistas, se sonrojan ante el comportamiento de muchos de sus dirigentes que han traicionado todos esos principios.

Y por supuesto que no se debe permitir que nadie atropelle al PSOE y quien tal haga, merece que sobre él caiga todo el peso de la Ley. Pero como en política la mujer del César no solamente ha de ser honesta, sino además parecerlo, no estaría demás que doña Susana Díaz explicara:

¿Cuál es el origen del caso de los ERE?

¿Cuánto dinero se ha defraudado en la trama de los ERE?

¿Es cosa de un puñado de espabilados de los que pueblan el entorno de los partidos y los gobiernos o son los ejecutivos de Chaves y de Griñán los que están bajo sospecha?

¿Qué tiene que ver el caso de los ERE con Mercasevilla?

¿Qué es el fondo de reptiles?

¿Cuánto dinero se ha defraudado a las arcas públicas?

¿Cuántos imputados hay en total y cuántos son políticos?

Volviendo a la antigua farsa, vemos cómo cuanto en nuestros días sucede, no debió suceder nunca, que sus personajes no son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de aquella comedia de Arte italiano, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho desde que se hicieron públicas sus jugarretas.

Bien conoce el autor que tan primitivo espectáculo no es el más digno de un país con unas huellas tan profundas en la historia como es España.

No es que los polichinelas de esta obra sean diferentes a los de ayer, ni posiblemente de los de mañana. Con el paso del tiempo, cambiarán sus formas y sus modos, los hilos que los mueven serán menos groseros, pero la máscara que al final nos muestren será tan tosca y villana como la dignidad de sus dueños.

El autor solicita benevolencia y comprensión al lector si el culpable de estas líneas se permite recordarle que todos somos individuos de una especie animal y solo nuestros actos nos elevan a la dignidad de seres humanos. Como seres humanos, no obremos movidos por nuestros instintos, sino persuadidos por el resultado de la reflexión, teniendo en cuenta que más que hijos del pasado, estamos llamados a ser padres de nuestro futuro.

 

César Valdeolmillos Alonso

El enésimo ataque a la asignatura de Religión en Andalucía. ¿El definitivo?, por Jesús Muñoz de Priego

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Por Jesús Muñoz de Priego Alvear es abogado y Coordinador del Observatorio por la Libertad de Enseñanza en Andalucía (OLEA).

Nota de la editora: El presente artículo, remitido por el autor a HO autorizando a su publicación, se publicó en primer lugar en El Correo de Andalucía

En la recta final de la tramitación del Decreto y la Orden de Primaria en Andalucía, que pretende la aplicación de la LOMCE, parece confirmarse que el Gobierno andaluz, que tan reacio ha sido y es a la implantación de la misma, no ha podido resistirse a aprovechar la oportunidad (que no la obligación) que ofrece la LOMCE, para reducir la asignatura de religión a la mitad. Sólo una sesión semanal de 45 minutos.

Parece evidente que esto tendrá poco recorrido en el alumnado de la escuela concertada católica, que no reducirá, como es razonable. Sin embargo, otra cosa será en la escuela pública, en la que los efectos de la medida pueden ser devastadores para la asignatura y su profesorado. Con 45 minutos a la semana la asignatura será poco menos que testimonial y la influencia de sus enseñanzas en el alumnado, anecdótica. La reducción a la mitad del horario supondrá para los ya mártires docentes de la materia en la pública, reducciones de jornada o despidos (otra crisis laboral provocada directa y conscientemente por la Administración, ahí es nada). Para alcanzar un horario decente estos profesores tendrán que estar repartidos aun entre más centros que ahora y su labor educativa, su presencia en el centro y su participación en el claustro y la vida de la escuela devendrá totalmente imposible.

Claro que hay quien piensa que la religión debe estar fuera de los centros, pero razones para la existencia de la misma en la escuela las hay sobradas y diversas, de todo tipo y pelaje. Desde las causas jurídicas, con el reconocimiento explícito en el art. 27.3 de la Constitución del derecho de los padres a la formación religiosa y moral de sus hijos de acuerdo con sus convicciones (pero también en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en Tratados internaciones asumidos y ratificados por el estado español, en el Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede que equipara la asignatura de religión a las otras “fundamentales”, y los acuerdos de cooperación con las otras confesiones minoritarias); hasta la justificación cultural e histórica, de no poder entenderse nuestra cultura, nuestro arte, nuestra historia, lo que somos, nuestra civilización,…sin la religión; pasando por las funciones y fines de la escuela de hoy, en la que se pretende el pleno desarrollo de la personalidad del alumno, su educación integral, a la que la trascendencia no es ajeno; o el tozudo argumento de los hechos, en los que un 84% de los padres andaluces eligen la asignatura para sus hijos en Primaria, dando a la postre una respuesta tajante a la pregunta “¿por qué religión en la escuela?”, con un “porque los padres lo quieren”;… Lo cierto es que aunque ahora parece que no se está cuestionando directamente su existencia, es solo apariencia, porque lo que se está intentando es reducirla hasta la insignificancia.

Por eso resulta tan importante poner de manifiesto que tantas familias eligen voluntariamente (sí, voluntariamente) esta enseñanza. Nadie admitiría que fuera obligatoria, para todos, una asignatura confesional, porque no cabe en democracia imponer un modelo, una opción religiosa. Por eso tampoco cabe que el Gobierno andaluz imponga el suyo, su opción. La exclusión de la religión en la escuela, no es la ausencia de opción, sino una elección sobre el hecho religioso como otra cualquiera. Al final esto vuelve a ser otro límite a la libertad de enseñanza y su eterna reivindicación: ¡Que elijan libremente los padres!, no los políticos, no la Administración.

“La disyuntiva”, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos”

Yoritomo Tashi

Filósofo japonés

 

No sé si es que el mundo vive una época de convulsión y zozobra o que estamos siendo protagonistas del final de una etapa histórica, mucho más profunda de lo que nosotros imaginamos.

Sin duda la nave de la humanidad está variando el rumbo y ello nos produce temor y zozobra, porque ignoramos cual será el puerto al cual arribaremos, y mucho menos, lo que en el mismo nos espera. Aunque si hacemos un repaso de la historia de la historia, nos daremos cuenta que esta no es más que una gigantesca travesía, en la que de cuando en cuando, hacemos escala en desconocidos puertos, en los que como se describe en “El gatopardo”, todo cambia, para que la singladura continúe, y todo siga igual.

Esto origina, no solamente una disociación entre la tripulación (clase dirigente) y el pasaje (clase dirigida), sino que entre los integrantes de esta última, además de no caminar todos al mismo paso, algunos pretenden hacer retroceder a los que se encuentran en la cabecera de la marcha, a las oscuridades de la edad media, como es el caso de los terroristas islámicos.

Asombro y estupor, fueron los sentimientos que embargaron al mundo al recibir la noticia de cómo los yihadistas habían extremado su crueldad en la forma de ejecutar a sus prisioneros. Con indescriptible horror pudimos contemplar el video en el que uno de los fanáticos guerrilleros, con intencionada frialdad, prendía con una antorcha el camino de fuego que conducía a la jaula en la que tenían encerrado al piloto jordano Maaz al Kasasbeh. El video es estremecedor. Muestra con inconcebible crueldad como el militar, un joven de 26 años, se convulsiona y se retuerce convertido en una antorcha humana hasta caer definitivamente inerme. Varios minutos que se hacen eternos a causa del espantoso sufrimiento de la víctima, son los que duran unas imágenes, que no son otra cosa más que la constatación fidedigna de la extremada ferocidad y salvajismo que subyace en el ser humano. Luego, con la ayuda de una topadora, remacharon los restos del cadáver carbonizado, sepultándolo bajo cientos o miles de kilos de escombros. Esta misma atrocidad la han repetido con tres civiles iraquíes. Y todo por un sempiterno empeño del hombre; el de dominar al hombre por medio de la fuerza y del terror.

¿Qué pueden ver en estas imágenes los jóvenes españoles de ambos sexos que les pueda inducir a integrarse en las filas de esta organización criminal? ¿Qué sienten los occidentales de distintas nacionalidades, para sumarse voluntariamente a esta barbarie?

No es esta, desgraciadamente, la única noticia de la que tenemos conocimiento que nos puede producir auténtico horror. Podría citar algunos ejemplos estremecedores sucedidos en otras partes del mundo que ponen de manifiesto la ferocidad sin límites que puede anidar en el ser humano.

En Venezuela, uno de los países más ricos del continente americano, el régimen chavista ha desencadenado la miseria, el hambre y cientos y cientos de muertos por doquier, simplemente por el hecho de discrepar de las tesis del régimen.

Tan en la miseria han hundido al pueblo, en nombre del que siempre hablan los gobernantes demagogos, que las tiendas están desabastecidas de los artículos más básicos. Los venezolanos carecen hasta de los alimentos diarios de primera necesidad. Con suerte, para conseguir algún artículo elemental hay que permanecer esperando en las colas hasta cinco y seis horas.

Como cualquier régimen dictatorial, el chavismo, para subsistir, necesita culpar a otros de sus propios fracasos. En el caso de las colas existentes en el país, culpa a los comerciantes y para remediar la situación y hacer que estas desaparezcan, envían para disolverlas a piquetes del ejército.

Y que a nadie se le ocurra discrepar o hacer pública su protesta, porque inmediatamente será considerado un elemento subversivo y puede terminar en la cárcel o en cualquier oscuro callejón con un par de balas en su cuerpo.

La culpa de tan triste estado de postración del país, como siempre, la tiene el imperialismo capitalista que conspira para derribar al régimen.

Profunda preocupación nos debería causar a los españoles, escuchar a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, cómo equiparaba recientemente al chavismo con el partido español Podemos y con el reciente triunfo en las elecciones griegas del izquierdista Syriza. “Ahí está lo que pasó en Grecia; ahí está lo que va a pasar en España más temprano que tarde. Eso es el chavismo, que anda dando la vuelta al mundo entero”, dijo el exteniente del Ejército frente a un público compuesto por oficiales de las Fuerzas Armadas.

La reciente encuesta del CIS sobre intención de voto, sitúa a los admiradores del régimen bolivariano en España, como segunda fuerza política, por delante del PSOE y como alternativa de gobierno en nuestro país. Otra más reciente de Metroscopia, sitúa a los que tienen a Chávez como referente, como primera fuerza política.

El pensamiento que da lugar a reacciones sociales de este tipo, ni se improvisa, ni nace por generación espontánea. Es cierto que los españoles tenemos motivos más que sobrados para estar cabreados, indignados y encolerizados con la generalidad los partidos, por sus engaños, mentiras, faltas de cumplimiento, tomaduras de pelo, por su prepotencia, su despotismo y nepotismo, por utilizarnos para sus fines partidarios y por llevar al país al borde de la quiebra. Y no es menos cierto que esos partidos que prometen lo que después no cumplen, tienen que enderezar su rumbo y poner los medios para que se produzca una regeneración, no solo de la clase política, sino de la sociedad en general.

Pero, si no somos capaces de comportarnos como una sociedad íntegra, hagamos al menos lo posible para obrar con sentido común y por un natural deseo de represalia, arrojarnos al abismo del modelo bolivariano que se nos ofrece como alternativa, porque esa no es la elección que necesita España para solucionar los problemas que el país tiene planteados.

Mirémonos en el espejo de Grecia y analicemos la imagen que nos devuelve. Una deuda a treinta años que no pueden pagar y que posiblemente los acreedores le amplíen el plazo a cincuenta para facilitar la viabilidad de su devolución. Es decir: los griegos han hipotecado su futuro durante medio siglo. Medio siglo en el que se verán empobrecidos y arruinadas sus inversiones, servicios públicos y prestaciones sociales.

Para lograr su total recuperación, España necesita una estabilidad que genere confianza y seguridad en el camino a seguir y eso solo se logrará con un voto reflexivo que nada tenga que ver con la reacción visceral motivada por nuestros sentimientos, porque la razón siempre tiene poderosos argumentos que nuestra reacciones primitivas nunca podrán entender.

Sería irracional por nuestra parte, que por un comprensible deseo de castigo, tomásemos decisiones trascendentes movidos por reacciones emocionales. Con ello daríamos satisfacción a un natural deseo de desagravio y desquite. Pero muy probablemente este pequeño resarcimiento, podría convertir nuestra vida en una aventura incierta y zigzagueante, en la cual solo estaría permitida la sumisión al pensamiento único.

La experiencia de la Historia nos demuestra que cuando se producen estas irreflexivas piruetas, con frecuencia, aquellos que se nos presentan como libertadores de las cadenas de un sistema calificado como caduco y corrupto, una vez que se han hecho con las llaves del poder, pronto se erigen en opresores de los oprimidos.

En ese mismo momento se eliminan de la vida diaria los conceptos de libertad, de progreso, de libre expresión, de democracia, de alternativa, de diálogo, de consenso, de oposición, de autonomía y de liberación. Se produce un retroceso al fascismo puro y duro de hace casi un siglo. A ese fascismo que no pocos han tenido como único asidero desde que cayera el muro de Berlín y que en lo único que se diferencia del que los presuntos salvadores ahora pretenden imponernos, es que con aquel se saludaba al estilo romano con la mano extendida y en el que hoy pretenden imponernos, el gesto se expresa con el puño cerrado.

A veces, las consecuencias de estas decisiones emocionales y como tales irracionales, pueden ser irreversibles o necesitan muchas décadas e ímprobos sacrificios, para poder ser corregidas.

Los españoles tenemos toda la legitimidad política y moral para reprochar su conducta a aquellos que con la dilapidación de nuestro bienestar y sus falsas promesas, nos deslumbraron hasta dejarnos ciegos. Solo aquellos que perdieron la visión de su propio horizonte, saben cuan terribles son los gritos de angustia y desesperación de los que no pueden ver. Pero peor que la ceguera, es ver algo que no es, porque podemos estar ciegos para lo evidente, y lo que es muchísimo peor: ciegos para nuestra ceguera.

Procuremos no equivocarnos, porque una vez cometido el error ¿De qué sirve el arrepentimiento, si el mismo no borrará nada de lo que haya podido pasar?

‘Obama mete de nuevo la pata, insultando a los cristianos’, por Miguel Antonio Espino Perigault

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

 

Me refiero con este título al dicho muy panameño que habla de las “metidas de patas” de personajes cuyas palabras imprudentes, falsas u ofensivas tienen que ver con asuntos importantes de carácter político. Es una expresión contraria a lo “políticamente correcto”, sobre todo aplicada al presidente de un país. Es muy popular entre nosotros y no lleva esa intención ofensiva que significan sus palabras. En todo caso, no encaja en el lenguaje “políticamente correcto”.

El presidente de la Liga Católica, Bill Donahue, en su columna en la red, publicó un comentario bajo el título: “Obama insulta a los cristianos”. Criticaba las palabras de Obama proferidas en el día del tradicional “Desayuno Nacional de la Oración“. Donahue cita la frase de Obama, cuando el presidente dice que “a menos que estemos hablando de otras realidades, recordemos que durante las Cruzadas y la Inquisición la gente cometía terribles hechos en nombre de Cristo”.

Con relación a estas palabras, Donahue declara: “la ignorancia de Obama es asombrosa. Y la comparación que hace es perniciosa”. Para resaltar la ignorancia de Obama, Donahue cita al investigador en temas islámicos, Bernard Lewis, de la Universidad de Princeton, quien aclara que las Cruzadas fueron “una respuesta tardía a la Yihad… una reacción defensiva contra los dementes musulmanes” para recuperar por medio de guerras la Tierra Santa perdida y abrirla a peregrinaciones de cristianos. No se trata de una política de expansión imperialista como una prefiguración de la política imperialista europea de estos tiempos.

Ni los musulmanes ni los cristianos de la época lo veían de ese modo. Donahue cita al profesor Thomas Maddenm de la universidad de St. Louis y especialista en Cruzadas, quien señaló que “todas las Cruzadas cumplían con los criterios de Guerra Justa”; le pregunta Donahue a Obama: ¿cuántas de las atrocidades de ISIS podrían recibir ese calificativo? Con respecto a la Inquisición, explica que, según investigadores modernos y de rigor científico, esta no sólo no era obra principal de la Iglesia, sino de autoridades políticas seculares, custodias de valores e intereses políticos reales. Advierte Donahue: los dementes activistas islámicos asesinan una cantidad igual en pocas semanas.

Donahue piensa que Obama debe pedir disculpas por sus ofensas a la comunidad cristiana. ¿Qué piensa usted?

Comunicación social y familia, por Miguel A Espino Perigault

 

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

 

Como se ha hecho durante los  65 últimos  años,  la Iglesia  ofrece al mundo la ya esperada reflexión  sobre la “Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales”. El Papa Francisco lo presenta bajo el tema: “Comunicar  la familia: Ambiente privilegiado  del encuentro   en la gratuidad del amor”. (Zenit.org).

El Papa  parte del hecho natural de que la comunicación humana empieza en el vientre de la madre y  como un diálogo  que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo.  Se inspira en  el episodio evangélico que narra   la visita de María  a Isabel, en cinta (cf. Lc 1,39-56),  y la gozosa respuesta de la criatura en el vientre de Isabel al saludo de María.

Nos recuerda  Francisco que el tema de la familia se halla en el centro de una profunda reflexión eclesial que produjo, hace poco, un concilio internacional de obispos  y reunirá a otro el próximo mes de octubre.

El Papa reflexiona sobre la importancia de la familia en la guía de los niños y adolescentes ante los modernos medios de comunicación y el papel insustituible de los padres en esa guía y a la cual debe ayudar  la comunidad cristiana. La familia sigue siendo un gran recurso, que debe fortalecerse, y no solo verse como un problema o una institución en crisis.

Pero, a la familia no se la quier e aceptar como el recurso salvador que es de la sociedad, como las enseñanzas de la Iglesia la  presentan. Antes, se la combate en todos los frentes: el ideológico, el político y hasta en el lingüístico, pretendiendo, en este sentido, su redefinición, como si con la subversión del lenguaje se pudiera cambiar su verdad.

El Papa se refiere al papel que corresponde a los medios de comunicación, tema del mensaje. Nos señala que aquellos tienden ocasionalmente a presentar  la familia como si fuera  un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta; o como un a ideología de uno contra la de alguno otro, en lugar  del espacio en donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibiendo y entregado. Narrar significa más que comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.

“La familia más hermosa –expresa el Papa – es la que sabe comunicar partiendo del testimonio de la belleza  y de la relación entre un hombre y una mujer y entre padres e hijos”.

El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Ésta es importante, pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión  de conjunto.

Los depredadores, por César Valdeolmillos Alonso

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“La humanidad empezará verdaderamente a merecer su nombre el día que haya cesado la explotación del hombre por el hombre”

Julio Cortázar

Escritor argentino

 

Hace unos días y por enésima vez, los medios de comunicación se hicieron eco de que cuatrocientas mujeres, doce de ellas entre 14 y 17 años, estaban siendo explotadas por una red de prostitución, en la región de Murcia. La noticia, fue como el brote del magnolio. Flor de un día. A pesar de la gravedad y trascendencia de los hechos, la noticia ya está amortizada y olvidada.

Si solo por una organización y en una sola provincia, las mujeres explotadas alzaban tan alarmante cifra, por referirme solo a nuestro entorno inmediato, me pregunto: ¿Qué cifras llegará a alcanzar en España tan miserable utilización humana? Si llegásemos a conocer los resultados de tan infame tráfico, posiblemente serían espeluznantes.

El concepto prostituir, encuentra su origen en el latín y significa “poner en venta”, en este caso, los servicios sexuales de un ser humano. Pero nada se pone en venta, si no existe quien lo compre. Y en este comercio criminal, no sé quien es más culpable: si quien ofrece tan miserable actividad o quien la demanda. Y tan sórdidas servidumbres, incluso hay quien las reclama y paga un sobreprecio, para que le sean prestadas por adolescentes. Es decir: por seres a veces todavía púberes, que si bien ya dejaron atrás la infancia, se encuentran en ese tránsito confuso y difuso hacia el universo adulto y en el que su cuerpo en plena transformación, es presa del volcán de la lujuria desenfrenada de desaprensivos criminales.

Que canallada es aprovecharse de la soledad que reina en el laberinto misterioso de unos espíritus aún no formados; unos soplos de Dios en plena batalla con un mundo que no conocen y les desconoce, y sin entenderles, les turba y les perturba, en ocasiones, como esta, hasta el grado de pervertirles y corromperles.

Ellos no culminarán el tránsito de la infancia al estado adulto y se quedarán para siempre petrificados en ese submundo en el que alguien enfangó la candidez de su inocencia y truncó su vida para siempre. Ellos se quedarán para siempre haciendo la pregunta de la niña filipina de 12 años, que el Papa no pudo responder, porque no hay respuesta para tal indignidad. Una pregunta que ni siquiera fue capaz de expresarla con palabras, sino con lágrimas.

Esto es propio, no de una sociedad avanzada, sino de un mundo corrompido, que a falta de valores superiores, solo busca el camino de esa sociedad opulenta del mal llamado estado de bienestar.

Una sociedad en la que todo el mundo habla de derechos y nadie quiere oír hablar de obligaciones. Un paraíso populista inventado para hacer más esclavo al ser humano por medio del más permisivo goce materialista, del consumismo sin límite y de la ignorancia de cualquier valor.

De la siembra de esta semilla ¿Qué ser humano puede emerger? ¿Un individuo sin enjundia, cuyo único norte solo se orienta hacia la consecución del dinero, el poder, él éxito aparente y el gozo ilimitado, sin freno, sin límite y sin barreras?

¿Un sujeto vacío y sin referentes, carente de toda ética y moral, que nunca encontrará la verdadera felicidad y que en su nihilista existencia, solo descubrirá el vacío de un final gris, sombrío y despoblado de todo afecto y calor humano?

Hemos sustituido la fortaleza del humanismo que fija su objetivo en la dignidad de la persona, por la fiebre del instante, de lo efímero, de la ausencia de compromiso y la ignorancia de los ideales, propio de las sociedades que todo los cifran en un bienestar social tan volátil como el azucarillo que se diluye en el fondo de la taza del café.

La dignidad humana no se alcanza con promesas efímeras que solo sirven para justificar la inutilidad de una existencia inconsistente y materialista, sino asentándose en los valores permanentes que den un sentido a la vida a través de la coherencia y del compromiso con los demás.

Nuestras ilusiones y objetivos nunca se verán satisfechos entregándonos al cultivo de lo fácil, de esos falsos derechos que solo se obtienen mediante el esfuerzo y el sacrificio de quien tenemos enfrente. Nuestras motivaciones, jamás pueden tener como único fin el bienestar material, el triunfo de la apariencia, el éxito efímero o el placer por el placer.

Con este modelo de vida, huyendo de lo permanente y asentándonos en lo relativo, solo obtendremos preguntas como las que al Papa hizo esa niña de doce años o tristes realidades, como la de la trama de prostitución que en Murcia aprehendía en sus redes a niñas en los institutos, demostrando de este modo que aún sigue siendo una realidad palpable, la grave sentencia de Thomas Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre.»