Grecia: ‘Cuando creían tener todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.  

 

“No podemos negociar con aquellos que dicen, ‘lo que es mío es mío y lo que es tuyo es negociable”

John F. Kennedy

 

 

Los griegos ya han votado. El resultado ha sido un respaldo abrumador a la política de Alexis Tsipras.

La respuesta del pueblo griego en el referéndum, confirma la tesis de que las masas no se mueven por el análisis razonado y objetivo de los hechos, sino mediante la  excitación de las emociones y sentimientos que producen especialmente el agravio comparativo, ya sea real o imaginario.

Estas actitudes políticas, tópicamente, acostumbran a presentar un mundo de víctimas y verdugos, buenos y malos, explotados y explotadores. Una semilla que solo hace florecer el agravio, el resentimiento y un consecuente deseo de revancha. En suma, el enfrentamiento y la  confrontación. No es esta la argamasa con la que se fortalece un país y mucho menos una realidad tan compleja como es la Unión Europea.

Y eso es lo que ha ocurrido en Grecia. ¿El resultado? Un fracaso colectivo para todos que nada ha solucionado y la creación de una grave crisis internacional. Hoy, vuelta a empezar. Ahora toca elegir entre los sacrificios, renuncias y privaciones para los que cumplen, o la inseguridad jurídica, política y económica provocada por la irresponsabilidad de los gobiernos populistas que parece imponerse por la vía de los hechos consumados. Esas son las consecuencias que los ciudadanos hemos de sufrir como resultado de las políticas mesiánicas y sectarias de los partidos que integran la extrema izquierda, con los que por oportunismo electoral, siempre simpatiza algún tonto útil ansioso de poder.

Se ha dicho por parte de los griegos que la comisión europea les estaba chantajeando, afirmación tan falsa como las estadísticas que utilizaron para ingresar en el Euro y las que han estado presentando posteriormente.

Pero veamos. En la carta que el actual Alcalde de Cádiz dirigió al presidente griego apoyando el referéndum, decía textualmente: “No dejéis que nadie os quite vuestro derecho a decidir en libertad con la excusa de que sólo se puede gobernar atendiendo a los dictados de los mercados que pretenden lucrarse a costa de vuestras pensiones, condiciones laborales y futuro”.

Pues el alcalde de Cádiz, o posee un alto grado de ignorancia, lo que habría de inhabilitarle para desempeñar las responsabilidades de su cargo, o es un demagogo que antepone su ideología al bienestar de los propios gaditanos, andaluces y españoles.

Pero ¿Acaso sabe el alcalde de Cádiz que son los mercados?

Esos mercados, a los que Grecia debe ya 246.000 millones de €, cantidad que probablemente nunca podrá devolver, y a los que con tanta ferocidad alude la izquierda, no son otros que el resto de los países que integran la Unión Europea o los 188 que componen el Fondo Monetario Internacional.

Pues bien: de esa deuda que mantiene Grecia, 26.000 millones de Euros, los ha puesto España. Millones que no teníamos y que para que los griegos pudieran salir adelante, los españoles nos tuvimos que endeudar, pedirlos prestados y pagar unos intereses, lo que hizo aumentar nuestras dificultades financieras, mermar nuestras inversiones y aumentar los recortes en servicios y prestaciones. Es decir y para que nos enteremos claramente: al prestarle a Grecia esa cantidad, los españoles, cumpliendo con la solidaridad que impone el hecho de formar parte del Euro, nos hicimos 26.000 millones, más de 4 billones con B de las antiguas pesetas, más pobres.

¿Es justo que España, al igual que el resto de los países que han prestado dinero a los griegos, quiera recuperar su dinero o no?

Para la extrema izquierda española, y por extensión para los que pactan con ella, al parecer es más importante que en Grecia se reabra una TV pública que el gobierno anterior, dentro de un plan de reajuste de gastos, había cerrado, que qué España recupere el dinero prestado para invertirlo en nuestras propias necesidades.

Emulando a Mario Benedetti, cuando la comisión europea creía tener todas las respuestas, de pronto, los griegos cambiaron todas las preguntas, se levantaron de la mesa de negociaciones y alegaron que todo constituía un chantaje.

Es Grecia quien está chantajeando a sus socios europeos, al convocar unilateralmente un referéndum al día siguiente de haberse entrevistado con Putin, lo que provocó la alarma de los norteamericanos, ya que la posición estratégica del país heleno es importante para la defensa de Occidente. Por ese motivo Obama solicitó a las partes que agotasen las posibilidades de llegar a un acuerdo.

Como tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador, porque todos los demás son perdedores, no sería por tanto de extrañar, que teniendo en cuenta los intereses de los norteamericanos, al final, fuese Grecia quien terminase imponiendo sus tesis y condiciones.

Al fin y al cabo, como decía Groucho Marx, la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

 

‘Una amenaza llamada Hillary’, por Miguel A. Espino Perigault

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 Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

Después de la reciente  barrabasada de la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU., declarando constitucional el homonomio, el tiro de gracia contra ese enfermo país  lo daría Hillary Clinton, quien aspira a la presidencia del país.  Su anuncio es una amenaza para el mundo entero.  Su posible triunfo  sería una calamidad universal.

Hillary Clinton ha dado muestras de capacidad política y habilidad para cultivar una imagen de mujer  moderna y de fuerte carácter, al estilo feminista.

Pero no todo lo que brilla es oro.

Esta realidad la señaló,  recientemente (28-03-15) el director del Centro de Estudios Legales del Catholic Family and Human Rights Institute (C-FAM), Stefano Gennarini, quien  recordó los ingentes trabajos de Hillary Clinton para que el aborto sea legal en todo el mundo, como uno de los “derechos reproductivos” de la mujer.

Hillary lo expresó ante  la Planned Parenthood Federation of America (PPFA), la poderosa multinacional abortista, al recibir el premio Margaret Sanger por su “trabajo en  favor  de la mujer y sus derechos sanitarios y reproductivos”. Resaltó que “era un gran privilegio ese premio. Admiro a Margaret enormemente, su valor, su tenacidad y visión”. Margaret Sanger fundó  la organización  en  1921. Sanger  llegó a decir que “la  eugenesia es la vía más adecuada y exhaustiva para resolver la discriminación racial, política, y los problemas sociales”. En  1922 dijo que “lo más misericordioso que una familia puede hacer a uno de sus niños miembros es matarlo”. Así lo  explicó el congresista republicano, Chris Smith, ante la Cámara de Representantes, en el año 2009.

Un reportaje de ACI Prensa (7-02-14)  recordaba el vigésimo aniversario  del discurso de la Madre Teresa de Calcuta en el Desayuno de Oración Nacional al que asiste, anualmente,  la clase dirigente del país., en Washington (3-02-94). La Madre Teresa proclamó con valentía la verdad sobre el crimen del aborto, que  mata a 300 mil niños por año en las clínicas de PPFA. En su discurso ante el entonces presidente Bill Clinton, la primera dama Hillary Clinton y otras grandes figuras políticas que la criticaban, la religiosa se refirió al aborto como una amenaza para la paz. Dijo: “La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño; al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?”

Hillary ha demostrado lo que le importa el problema. Ya sabemos qué esperar de Hillary como  presidenta.

 

 

‘La verdad de los salvadores’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

 

“La hipocresía es propia de quien pretende ocultar sus colmillos de lobo bajo la piel de un inocente cordero”

 

El objetivo del líder de los comunistas de Podemos, declarado por él mismo reiteradamente, es echar al PP de las instituciones para, una vez conseguido su propósito, llevar a efecto su transformación de la sociedad española, sinceridad que los españoles debemos agradecerle.

Teniendo en cuenta los antecedentes ideológicos por él proclamados, su manifiesta admiración por la política desarrollada  en Venezuela por el difunto comandante Chávez y en Bolivia por el presidente Evo Morales, sus relaciones económicas con estos países y con Siria, su comprensión política con el terrorismo etarra y su intención de cambiar la Constitución que en 1978 nos dimos consensuadamente y por una inmensa mayoría todos los españoles, no tendremos que hacer un gran esfuerzo para presuponer cual puede llegar a ser la transformación que de la sociedad española desea hacer.

Si nos detenemos un poco en estudiar las consecuencias de procesos históricos similares sucedidos en otros países, no tenemos más que analizar lo ocurrido en Venezuela o unas cuantas décadas antes, en Alemania con Hitler. Ambos llegaron al poder por medio de las urnas y una vez en él, ya no hubo quien les moviese, con las trágicas secuelas que todos conocemos. A este respecto, recordemos que el máximo responsable de Podemos, dijo: Hemos venido para quedarnos.

De momento, la tan cacareada regeneración democrática que les servía de tarjeta de presentación en el panorama político español, ya vemos para lo que ha servido, apenas han tocado poder: para que la alcaldesa de Madrid, el mismo día en que fue investida e incumpliendo el Reglamento de Personal del Ayuntamiento que preside, haya contratado al marido de su sobrina como jefe de gabinete con un sueldo anual de 89.750 euros, sensiblemente superior al del Presidente del Gobierno.

Esa misma regeneración democrática ha servido para que la alcaldesa Carmena, que siempre ha reclamado la dimisión inmediata de su cargo para cualquier político que fuese imputado, ahora aplique el criterio contrario, en relación a la actual portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, para para quien el fiscal solicita en sus conclusiones provisionales un año de prisión, por su intervención en el «asalto» a la capilla del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid.

Esa misma regeneración democrática ha servido para que a las dos semanas de que fuese investida como alcaldesa de Barcelona, Ada Colau haya colocado en el entramado próximo al municipio a su pareja, Adrià Alemany, como responsable de Relaciones Políticas e Institucionales de su partido. Sobre este caso, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, manifestó que el hecho de que el contratado sea al marido de Ada Colau, es decir de la alcaldesa de Barcelona, es una anécdota.

Pero por si estos actos no fuesen suficiente motivo de escándalo, sobre todo si son cometidos por quienes se llenaban la boca de que iban a limpiar las cloacas de la casta, Vanesa Valiño, la pareja del primer teniente de alcalde del mismo Ayuntamiento de Barcelona, Gerardo Pisarello, se incorporó al Consistorio como asesora de la concejalía de Vivienda, área liderada por el edil Josep María Montaner. Valiño es la directora del Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, experta en asuntos de emergencia habitacional y de vivienda.

Si yo fuese mal pensado en vez de un alma cándida como soy, pues hasta podría llegar a pensar que sobre estos limpiadores de la política flota el tufo que desprende la ropa sucia del nepotismo y el enchufismo, propio de cualquier sistema viciado por la corrupción. Sí, sí, esa que iban a limpiar a fondo para dejar a España más blanca.

Pero que nadie vaya a pensar que estos y otros nombramientos se hacen para favorecer a la familia. Que no, que no van los tiros por ahí. Lo que pasa es que ¿Quién mejor que los familiares más allegados para proteger las esencias de la defensa de los intereses ciudadanos que encarnan esas plataformas que tienen más siglas que letras tiene un crucigrama?

Hoy en Grecia, donde gobierna un partido primo hermano de Podemos que también iba a salvar a los griegos del infecto sistema político allí reinante, los bancos no han abierto porque no tienen dinero. ¿Es eso lo que queremos en el futuro para España?

‘La Verdad, los medios y la familia’, por Miguel A. Espino Perigault

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 Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor jubilado de la Universidad de PanamáTrabajó en la USMA como profesor de comunicación y ha sido corresponsal extranjero de la agencia de Noticias Católicas, antecesora de ACI Prensa. Es autor de numerosos artículos en varias páginas web hispanas.

Durante los últimos cincuenta años, los medios de comunicación han sido tema de una reflexión ética y moralizadora, de parte de los Papas, dirigida, esa reflexión, a todos los pueblos. El 17 de mayo pasado, el Papa Francisco publicó el mensaje de la 49 Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales.

El Papa puso como corazón del tema a la familia, que es, según dijo, centro de una profunda reflexión eclesial. Habiéndose celebrado un sínodo, en  octubre se celebrará un segundo. El tema es “Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro  en la gratuidad del amor”.

Si hay un tema para reflexionar sobre el papel de la comunicación social de nuestros días, es el de la torcida  relación entre los medios y la familia. Esta situación negativa es el resultado de la creciente instrumentación y manipulación por importantes medios que niegan, distorsionan o destruyen la verdad profunda de la familia. Es un error de la cultura del cambio promovido por intereses afines a la ideología de género;  ideología que el Papa llamó “demoníaca”.(30-11-14).

El documento pontificio no menciona este  problema, sino la verdad del vínculo entre vida, familia y comunicación.

La comunicación nace en el vientre materno,  dice el Papa, y menciona el episodio evangélico de la visita de la Virgen  María a su prima Isabel. Ambas estaban en cinta. El Evangelio narra que «En cuanto Isabel oyó  el saludo de María,  la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú  entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”». Este episodio nos muestra,  ante todo, señala el Papa, la comunicación  como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo.

“El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón  de la mamá”.

El Papa también  recomienda orientar a los jóvenes en el uso de los modernos medios que ofrece la tecnología para que no se sustraigan a la escucha, que no se aíslen de la presencia de los otros, que no olviden que  “el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido», dijo, citando a Benedicto XVI.

Recalcó que la comunidad cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según  los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.

El desafío, dice el Papa, es volver a aprender a narrar,  no simplemente a producir y consumir información. “Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.”

“La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto.”

Las palabras del Papa sobre los medios de comunicación  social obligan a todos los que las utilizan y manejan, pero, fundamentalmente a los periodistas y a los empresarios, a reflexionar sobre la naturaleza y la misión originales de aquellos, sobre los aspectos éticos y morales que corresponden a ambos. Ni los cambios tecnológicos ni las ideologías, ni los intereses personales, empresariales o políticos; ninguno de ellos justifican irrespetar la verdad de la familia, redefinirla, negarla u ocultarla. Expresiones,  todas, de la mentira. Pero esta situación se está dando en el mundo moderno, y se pretende aceptarla como una situación políticamente correcta; como un cambio cultural atado al relativismo, característica de la cultura de género mencionada, difundida en todas partes. El buen periodista, el profesional responsable, vive el orgullo de ser paladín de la verdad. La empresa de comunicación seria sirve a la verdad y, de ese modo, se sirve a si misma como empresa. Esa verdad, la verdad de la familia original, iglesia doméstica, nido de amor entre un hombre y una mujer para la vida, hace libre a sus integrantes y le da sentido a la libertad de expresión que ejercerán los medios.  Lo contrario es un error que conduce a la muerte de la sociedad.

‘Verano, estación con parada y fonda’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada. 

“Si una noche de junio pudiera hablar, probablemente sería para presumir de que inventó el verano”

Anónimo

 

Hace apenas unas horas que el tren del tiempo ha llegado a la estación del verano. No es esta una estación terminal, no. La del verano es una estación de parada y fonda donde vamos a hacer un alto en el camino, para luego continuar. Vamos a hacer un punto, que en algunos casos puede ser punto y seguido y en otros punto y aparte.

Cuando comienza el verano, nosotros finalizamos una etapa y la vida nos da un respiro para que hagamos balance de lo acontecido, y en función de los resultados, fijemos los objetivos que deseemos alcanzar en el futuro. Digamos que el periodo que media entre septiembre de un año y junio del siguiente, es una reválida con la que nos enfrentamos cada año y según los puntos que alcancemos, podremos mantener el rumbo o habremos de virar en busca de nuevos vientos.

Aunque la luminosidad del estío nos ciegue, en verano todo cambia de color. La mayor parte de las veces no nos damos cuenta de ello. Estamos sumidos en la evanescencia del alto hecho en el camino. Es al regreso, cuando al enfrentarnos con nosotros mismos, habremos de adoptar las decisiones que habrán de orientar nuestro futuro.

En el verano todo es sólidamente sutil, profundamente superficial, sosegadamente bullicioso, fingidamente sincero. A la postre, mientras apreté la canícula, todo será permanente efímero.

Esta es la máquina que establecida la ruta, nos lleva de estación en estación. Desde las ventanillas de los vagones, contemplamos el paisaje que nos dice que nunca hubiera existido el verano sin esos días abrasadores, en los que deambulamos por las habitaciones medio en penumbra con las  persianas bajadas, sería inconcebible sin los gritos penetrantes de las golondrinas en el todavía cálido cielo del crepúsculo o el insistente cantar de los grillos y las cigarras, que durante el estío, dan color a sus noches.

En verano, las noches son más cortas, pero mucho más plácidas. Invitan al sueño y al ensueño. Se hacen presente esos momentos apacibles en los que nos sumimos a la espera del día siguiente y que nos invitan a escudriñar la infinita oscuridad de la madrugada, solo rota por los mensajes luminosos de las estrellas, que en los desconocidos caminos trazados en los cielos del estío, pueden conducirnos tanto a las cárceles de nuestro más profundo yo como a los emocionantes sueños de lo que queremos ser.

El verano es la estación vacía para los periódicos, pero repleta de hermosos recuerdos de aquellos tiempos tan desgraciados en los que fuimos tan felices. En nuestra memoria quedaron grabados para siempre, campos cuajados de flores, bosques, valles, caminos, pueblos, casas, excursiones, el placer de atravesar el río con las sandalias en la mano, hacia una de sus serpenteantes orillas cubiertas de vegetación… evocaciones de veranos pasados en familia.

Los días se suceden uno tras otro con cielos tórridos preñados por el luminoso azul que solo se atreven a romper lejanas nubes que parecen de algodón. Da la impresión de que el mundo nunca hubiera conocido la vivificante y reparadora frescura de un arroyo, hasta que de pronto, el cielo, contraído sobre sí mismo hasta alcanzar la máxima tensión, se oscurece, se parte en dos y nos inunda  con la lluvia violenta y generosa de una tormenta que lava con furia los árboles, los tejados, las paredes y las calles polvorientas, dejándonos el inconfundible y refrescante olor de la tierra mojada.

En mi memoria aún conservo la imagen del vendedor de helados, el vendedor de refrescos hechos con esencias de todos los sabores, el eco y los colores  de los fuegos artificiales. Son viejas estampas que hacen que seamos asaltados por los recuerdos de una vida que ya no nos pertenece, pero en la que aún encontramos las más pobres y más firmes de nuestras alegrías: los olores de los inacabables veranos de nuestra niñez, el barrio que amábamos, en el que jugábamos y cometíamos cada día una travesura distinta, el cielo diferente de la tarde, las risas y la ausencia de inquietud alguna, y quizá, hasta el desasosiego de aquel inocente e ilusionado primer amor que jamás llegó a ser.

Elecciones Democráticas-38 Aniversario. ‘No aprendemos’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Pertenezco por convicción y talante a una mayoría de ciudadanos que desea hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación”

Adolfo Suárez [Julio de 1976] 

 

El pasado día 15, se cumplieron 38 años de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. Fueron unas sufragios para formar las cortes constituyentes encargadas de redactar la Constitución del consenso. La primera de las constituciones españolas que no era impuesta a una minoría por la mayoría parlamentaria. Los partidos participantes en su redacción lo hicieron con el ánimo, no de proceder a un revisionismo del pasado, sino de construir juntos un nuevo futuro para España.

Aquellas elecciones, como las que se celebrarían posteriormente, las ganó un político inolvidable: Adolfo Suárez. El hombre que pilotó la transición asombrando al mundo y cuya figura, en la que en un principio nadie creía, se convirtió en una leyenda que desde entonces no ha dejado de extenderse.

Sin lugar a dudas, los años en los que gobernó Adolfo Suárez, fueron los más apasionantes y decisivos de nuestra historia reciente por la dimensión del cambio que en los mismos protagonizó.

El presidente Suárez gobernó con temple y valor, un país por cuyo futuro nadie daba un solo céntimo y por el que todos temían lo peor; acometió con firmeza y arrojo el complejísimo desafío de desmantelar, desde la más absoluta legalidad, el férreo y recalcitrante edificio de la dictadura franquista para construir un nuevo estado democrático y constitucional. Un estado que ahora la extrema izquierda y los separatistas cuestionan y buscan su ruptura, argumentando mentirosamente que la Constitución que nos dimos los españoles es un corsé o una cárcel.

Dos generaciones después de aquellos hechos, la memoria de Adolfo Suárez no solo no se ha ido diluyendo por el paso de los años, sino que por el contrario, agrandada por la perspectiva del tiempo, su imagen es la del hombre que mejor representa el espíritu de la transición, y es considerada por la mayoría de los historiadores contemporáneos, esencial en la historia de la democracia.

Gobernantes de muchos países se interesaron después por el feliz desarrollo de aquel proceso democrático que ahora la izquierda, nacionalistas y separatistas intentan invalidar.

Hoy, que vivimos una situación casi tan delicada como la de aquel entonces, caminando sobre el borde de un acantilado por el que la izquierda y los separatistas pueden estar a punto de despeñarnos, es de justicia recordar como en un campo yermo como es el que se encontró, Adolfo Suárez sembró la semilla del diálogo, la concordia y la ilusión para que germinase entre nosotros el fruto de la libertad.

Es justo, ahora que corren vientos de odio, revancha y resentimiento, recordar como hubo un hombre que en medio de la incomprensión, el insulto, el desprecio y la traición, tuvo la suficiente convicción y fortaleza para renovar el viejo edificio de la dictadura abriendo puertas y ventanas, para que por ellas se expatriase para siempre el autoritarismo y entrasen los derechos civiles.

Es justo que ahora que hay representantes del Estado que incumplen impunemente las leyes que no les agradan, que se complacen en abrir las viejas cicatrices para hurgar en las heridas y hacer que vuelvan a sangrar, recordar como él puso todo su empeño en allanar el camino para que todos juntos, en nuestra diversidad, avanzásemos en la construcción de un nuevo e ilusionante futuro común.

Es justo que ahora que aquellos que por su cargo deberían dar ejemplo de mesura y probidad y sin embargo han sustituido la sonrisa por el insulto, el diálogo por el escupitajo, la mano tendida por el acoso, el abucheo y la amenaza, recordemos a aquel hombre que tenía un especial poder de seducción, no para vencer, sino para convencer, es decir: vencer con… porque él, al igual que Martin Luther King, también tenía un sueño: que entre todos, construyésemos una España nueva en la que no cupiesen ni los presos políticos ni lo exiliados; una  España en la que las cenizas de los rencores insensatos que ahora se pretenden reavivar, fuesen sustituidas por la reconciliación y la comprensión; una España en la que cada uno pudiese exponer libremente su verdad sin miedo a represalias, y todo ello llevado a cabo sin más medios que su firme determinación.

A cambio tuvo que aguantar con entereza que unos le llamarán traidor y otros, fascista. Soportó con serenidad que le negaran la paz en misa, y con hombría y autoridad moral, hasta que quienes le debían obediencia, torcieran el gesto y le negaran el saludo. Hubo incluso quien cometió la indignidad de llamarle tahúr del Mississippi con objeto de envilecer su imagen para apartarle de la escena política.

Es justo que frente al odio injustificado de quienes nacieron, se educaron y crecieron a la sombra de la democracia traída por aquel hombre sinigual, quienes carentes del más mínimo respeto a aquellos que difieren de sus ideas y conceptos, quienes ejercen la violencia verbal y la agresión física, quienes altivamente hacen gala de su ignorancia, zafiedad, horterismo y chabacanería, es justo digo, que frente a toda esa basura libertaria, los que luchamos fielmente por hacer de España un moderno estado constitucional, traigamos el recuerdo, no sin cierta nostalgia, de un hombre, que como dice Fernando Ónega “…sólo se proponía tres cosas: hacer un país habitable para todos, hallar soluciones para cada problema y preguntar constantemente si lo que estaba haciendo era útil para el país, para la estabilidad de España, para la paz civil y para su rey”.

“El ‘voto católico’ no tiene dueño, porque no existe”, por Custodio Ballester, Pr.

El P. Custodio Ballester es portavoz de Sacerdotes por la Vida (Priest for Life).  Es párroco de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet de Barcelona, y firme apoyo del activismo de Derecho a Vivir/HO Barcelona, 

Fue el jesuita Pedro Suñer el que me explicó los lamentos de algunos decrépitos personajes del laicado católico que se le quejaban de la actitud de la Conferencia Episcopal cuando, en los primeros años de la transición, los obispos vetaron la constitución de un partido demócrata cristiano. Ante semejante gimoteo, el jesuita les espetó: “¿Y por qué les hicisteis caso? ¿Por qué no actuasteis con la libertad de los hijos de Dios?” El plañido acabó entonces en seco. Sin embargo, debe ser ésta seguramente la actitud del católico español, aquejado de aquella tortícolis provocada por la manía de torcer el cuello para mirar siempre al obispo antes de dar un paso. Hablamos de laicos, claro está, y de su ámbito de decisión laico: fuera por tanto de cualquier relación jerárquica con el obispo. En fin, la tortícolis es aguda. Y así nos luce el pelo.

Cuando en 1875 finalizó la Tercera Guerra Carlista con la victoria de las fuerzas liberales, sobre todo en Cataluña la estructura eclesiástica quedó profundamente dividida. Había un pueblo católico y un clero parroquial con profundas simpatías carlistas; tutelados unos y otros por unos obispos escogidos por el Gobierno liberal y presentados a Roma para su inexcusable elección. Existía pues un cisma de facto. Los sesudos monseñores de Secretaría de Estado dieron con la solución: el obispo regionalista (catalanista, diríamos ahora). Una nueva clase de prelado inexistente hasta entonces. Ni carlista ni liberal, pero que pudiera ser aceptado por ambos bandos dado su eclecticismo. Defensor de la tradición catalana con su consabida amalgama de amor a la tierra y religiosidad popular, no podía ser acusado de liberalismo por el clero carlista. Pero tampoco los liberales podían acusarlo de integrista, pues no lo era. Elegido de ese modo y puesto ahí para lo que estaba puesto, la denuncia de los excesos del sistema liberal nunca estaría entre sus objetivos. Políticamente se alinearía más bien con el posibilismo de aquellos que no aspiran a constituir gobierno, sino sólo a luchar contra las tendencias antirreligiosas. Se encargaría por tanto de conseguir que la bandera católica (antiliberal por definición, puesto que el liberalismo nació para aniquilar el catolicismo) no constituyera el emblema de ningún partido político, sino que agruparía bajo sus pliegues a todos los hombres de buena voluntad. (Informe reservado de la Nunciatura de Madrid al Vaticano. 1896).

Ahí están José María de Urquinaona, obispo de Barcelona desde 1877 hasta 1883, que fue elegido senador por la Provincia eclesiástica de Cataluña y defendió en Madrid los intereses proteccionistas de la industria catalana, siendo recibido a su vuelta como un héroe. Josep Morgades, nombrado obispo de la Ciudad Condal en 1899 por petición de los parlamentarios barceloneses en el Gobierno y presentado en Roma por parte de Duran i Bas, entonces ministro de Justicia. El cardenal Casañas, nombrado senador por Alfonso XII y preconizado obispo de Barcelona a petición del Ayuntamiento de la ciudad. En fin, un compadreo continuo con la Restauración Liberal que, si bien pudiera ser fruto de una época, ha tenido unas funestas consecuencias que todavía hoy se hacen notar.

El Informe de Nunciatura no tiene desperdicio: No existe un partido que, exento de pasiones facciosas, intente con medios legales la restauración de los principios cristianos. Los católicos o son contrarios a las instituciones y militan fuera de la órbita de éstas, o figuran en los partidos gubernamentales que son liberales en el fondo.

El objetivo del movimiento católico tal como lo definía el informe de 1896, no era restablecer las antiguas instituciones políticas, sino influir respetuosamente en las nuevas estructuras liberales para imbuirlas del ideal cristiano. A la vista está el resultado. Son ellos los que nos han llenado a nosotros del ideal liberal, incluso cuando este ideal se ha desplazado políticamente (pero sin cambiar su posicionamiento moral): Todo el mundo es “güeno”. Aquí paz y después… ¡gloria bendita!

Pero en la medida en que la Iglesia, durante la restauración monárquica de Cánovas del Castillo, sin necesidad de ningún partido católico, a través del Concordato y de la Constitución de 1876, mantenía buena parte de sus canales directos de presencia e influencia en las instituciones políticas -obispos senadores y consejeros eclesiásticos a alto nivel-, prefirió no depender de ningún movimiento católico que se concretara en una acción política directa. De hecho, prefirieron depender del poder político fuera el que fuera, que sentirse vinculados y condicionados por sus fieles organizados en forma de partido político. Ésa es la pura realidad. La política preferían gestionarla ellos (los obispos) directamente, en vez de dejarla en manos de los laicos. Aunque tuvieran que meterse en muchos barrizales. Se sentían más seguros.

No hacía falta entonces ni pareció hacer falta durante la transición ningún género de orientación explícitamente católica de la política. Nada de partidos católicos ni democristianos, dijeron la mayor parte de los obispos de entonces: Los católicos deben estar en todos los partidos políticos. Así, gane quien gane las elecciones, siempre tendremos amigos… De ahí nacen todas esas pamplinas sobre el mal menor y lo de votar al partido más conservador  de la oferta política con las narices tapadas: porque aunque ninguno de ellos pretenda el bien tal como lo entiende la Iglesia y la conciencia de los fieles, los otros son peores (lo cual hoy en día está ya por demostrar). Así que a los católicos no les queda más que votar directamente el mal (eso sí, el mal menor); pero siempre con las altas bendiciones de las Conferencias Episcopales.

Todo ello puso de manifiesto la nefasta consecuencia de ese principio. Con el paso del tiempo, los católicos diseminaron su voto y su participación en cualquier formación política que les ofreciera la más mínima esperanza de promoción, acabando de ahogar cualquier atisbo de identidad cristiana. Y pensar que los de misa de 12 votaron durante mucho tiempo a Convergència y vivieron de la ilusión de que Pujol era el único político con principios… Al final, todos los partidos con representación parlamentaria -todos y en todas las autonomías- sean conservadores o progresistas, son desde hace tiempo, abortistas, homófilos, eutanásicos y laicistas, es decir enemigos de la Iglesia y de la fe cristiana: camuflados los unos (¡es lo que se lleva!: a ver quién se atreve a ir contra corriente) y declarados los otros.

Con unos pocos partidos de inspiración cristiana reducidos a inofensivas bacterias extraparlamentarias en un Parque Jurásico donde los tiranosaurios rex perrofláuticos se lo comerán todo, los obispos ya sólo pueden aspirar a que los católicos no se fanaticen; y así los prudentes prelados podrán negociar con Podemos un statu quo que nos permita agonizar sin molestar a nadie.

Y lo gracioso es que el catalanismo eclesial no lo inventaron ni Prat de la Riba, ni Cambó ni Puig i Cadafalch. Fue en el Vaticano, en una oscura oficina de Secretaria de Estado, donde se pergeñó una de las muchas meteduras de pata que han arruinado en tantos lugares del planeta una acción política católica y valiente. Pues si está prohibido aspirar a una sociedad cristiana, donde las leyes respeten la dignidad de todo ser humano creado a imagen de Dios, sólo podemos extinguirnos, tirados en la calle de este sucio mundo, pisoteados y despreciados como aquella sal que, por sosa (cf. Mt 5, 13), ya no sirve para nada.

Sobre la Ley Electoral y sus consecuencias: ‘No todo lo que es legal es ético’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal de papel”

David Lloyd George

 

La atmósfera era irrespirable. Sentíamos una imperiosa necesidad de recibir un aire más puro, más limpio. Nuestro espíritu —más que nuestros pulmones— necesitaba encontrar un espacio en el que pudiera oxigenarse. En medio de ese escenario tan espeso, siempre hay alguien —o álguienes— que en una atmósfera tan densa y cargada, oportunistamente ve la ocasión propicia para decirnos que está dispuesto a purificar el ambiente para nuestra vida sea mejor, más justa, más próspera y por tanto, seamos más libres.

¡Qué fácil es y qué barato sale enarbolar la bandera del eterno mito de la libertad!

Y hubo españoles, unos por ingenuidad, otros por desesperación y no pocos por desencanto, que confiaron en los supuestos nuevos redentores.

Era lógico que ante una mayor concurrencia a la fiesta de las elecciones, el pastel municipal y autonómico resultase más repartido y casi nadie lograse el pedazo suficiente que llegase a ser superior al de todos los demás en su conjunto.

Si hacemos un análisis del mapa político español desde la transición hasta nuestros días,  por no remontarnos a tiempos más pretéritos, observaremos que el drama del centro derecha es que se encuentra en la más absoluta soledad frente al conjunto de fuerzas de izquierdas y nacionalistas. Por tanto, como hasta ahora ha sucedido, o cae en el permanente e insaciable chantaje nacionalista, o jamás podrá gobernar aunque sea la fuerza más votada, si no obtiene una mayoría absoluta, ya que el principal objetivo de todas las fuerzas políticas que en España configuran la izquierda, por encima de cualquier otro interés ciudadano, se sitúa el de desalojar a la derecha del poder, y si es posible reducirla a una presencia meramente testimonial. Sobre la base a ese irracional propósito, y aunque se vean obligados a hacer dejación de todo aquello que prometieron a su votantes —como se acaba de comprobar en las recientes elecciones— los que se autodenominan socialdemócratas españoles, no tienen el menor escrúpulo en aliarse, incluso con aquellos que no reconocen la legitimidad democrática de la transición. Esta es la razón por la que se niegan a respetar la voluntad ciudadana, dejando que intente gobernar siempre la fuerza más votada.

No todo lo que es legal es ético y mucho menos moral. Claro que intentar incorporar la moralidad a la política, hasta ahora, ha sido una utopía tan imposible del alcanzar, como la de unir el agua y el aceite.

Quienes concibieron nuestra vigente Ley electoral, en mi opinión erróneamente, consideraron legales los pactos postelectorales, lo que en virtud de la adulteración de los programas que los mismos exigen, vulneran claramente la voluntad popular. Entiendo que los electores sabríamos mejor a qué atenernos si los pactos se hiciesen previamente y los partidos se presentasen en coalición. De este modo, no nos encontraríamos con el fraude de que en la campaña electoral nos ofrecen agua pura y cristalina, cuando lo que en realidad, lo que luego nos dan, es sal y vinagre. Sin embargo, cuando no se ha obtenido una mayoría suficiente para ejercer una acción de gobierno estable, creo que sería mucho más honesto proceder a celebrar una segunda vuelta entre los dos partidos más votados en cada circunscripción, lo que daría lugar a poder rectificar y ejercer un segundo voto mucho más ponderado y reflexivo. Lo contrario, tengo para mí que es un flagrante fraude electoral, que posibilita someter dichos pactos a todo tipo de intereses partidistas y personales.

En el transcurso de estas tres semanas de negociaciones que han precedido a la constitución de los gobiernos de las instituciones, hemos sido mudos testigos de inimaginables —y en algunos casos— vergonzosos cambalaches, trueques y regateos para obtener el poder, que nada tenían que ver con la voluntad de los electores, fuera cual fuere la opción votada.

Pues muy bien señores políticos: como no estoy dispuesto a que mi voto constituya un cheque en blanco para que ustedes lo utilicen como aval de sus ambiciones, delirios, sectarismos e incluso revanchas personales —que de todo ha habido— desde ahora les anuncio que ejerceré mi deber ciudadano de desautorizarles a todos votando en blanco, si no proceden a la reforma de la Ley electoral de forma que esta evite sus legales pero escandalosos cambalaches y así, los deseos claros de la ciudadanía, se vean respetados y no desvirtuados.

No han echado aún a andar los nuevos gobiernos de las instituciones que han sido objeto de las recientes elecciones y ya se han producido hechos y pronunciamientos profundamente preocupantes protagonizados por los más extremistas.

No quisiera creer que el historiador Américo Castro tenía razón cuando en su obra “España en su historia”, dijo  que los españoles somos imposibles, que así lo venimos demostrando reiteradamente desde el siglo XV y que no había que darle más vueltas.

Las elecciones son procesos lo suficientemente comprometidos y delicados como para no jugar con fantasías, sino por el contrario, hacernos meditar sobre el drama que fue nuestro ayer, el que es hoy y Dios no quiera que también el de mañana.

“La ‘solución’ de José Ángel”, por el P. Custodio Ballester

El P. Custodio Ballester es portavoz de Sacerdotes por la Vida (Priest for Life).  Es párroco de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet de Barcelona, y firme apoyo del activismo de Derecho a Vivir/HO Barcelona,

El presente artículo, cedido por su autor para su publicación en HO,  aparece también publicado en el Blog de Germninans Germinabit, del que es habitual colaborador el P. Custodio.

 

Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena luz, y lo que escucháis en secreto, pregonadlo desde las azoteas” (Mt 10:27).
 
El padre Jordi Peña es, desde hace casi dos años, el nuevo párroco de San Celoni, en el territorio de la diócesis de Tarrasa.  Como tal, debería ser por derecho propio el vicepresidente del Hospital Comarcal, fundado hace más de cuatrocientos años por la Iglesia al objeto de ofrecer caridad y atención médica a los enfermos pobres con el apoyo del consistorio municipal. Con el paso de los años la institución entró a formar parte de la Red Pública Sanitaria de la Generalitat de Cataluña con todo lo que ello conlleva: dinero -y mucho-, pero también esterilizaciones y abortos –de momento, sólo de momento, farmacológicos-.

El P. Ignasi Fuster, el anterior párroco, dimitió en 2011 del Patronato para no hacerse cómplice con su silente presencia de las prácticas antivida del hospital. Había sucedido en el cargo al P. Luís Pou (q.e.p.d), que nombró representantes de la parroquia en la junta del hospital a unos personajillos –Mariano Perapoch, Ferran Catarineu y Joaquim Prat- a los cuales ni el P. Fuster ni el actual párroco han visto nunca pisar la Iglesia. Más aún, torpedearon desde dentro todas las iniciativas del P. Fuster para enderezar una situación ya descontrolada por la dejadez de los anteriores curas y, como si esto fuera poco, se dedicaron a poner a parir panteras la decisión del párroco de abandonar ese nido de serpientes.

El Obispo de Tarrasa, José Angel Saiz Meneses, informado durante años puntualmente de todo por el padre Fuster, envió consulta a Roma –la pregunta que formuló el prelado la desconocemos- que fue respondida con un “parecer” de la Congregación para la Doctrina de la Fe que mostraba un amplio abanico de posibilidades a elegir: Quedarse en la junta y denunciar los abusos con la intención de eliminarlos, o abandonar la junta explicando por qué, si ya no es posible hacer nada. Pero también se podría continuar para limitar los daños…  En fin, un galimatías monumental que ha llevado al obispo de Tarrasa, al de Barcelona, Martínez Sistach,  y al de San Feliu, D. Agustín Cortés, a escuchar la voz del ingenioso hidalgo de la Mancha y a observarla escrupulosamente:Peor es meneallo, amigo Sancho. Peor es meneallo… Así pues, los hospitales de Granollers y San Celoni (Tarrasa), San Pablo (Barcelona) y San Juan de Dios (diócesis de San Feliu) –moralmente, como poco, todos bajo responsabilidad episcopal-  continúan tan campantes con sus prácticas abortivas y criogénicas, con la única diferencia de que ya no pueden hacer el mal con tanta comodidad como antes, pues ya se les ha visto el plumero.

Mn Jordi Peña, en su entrada como párroco de Sant Celoni

El mismo Ignasi Fuster afirmó, tras leer la nota vaticana, que el problema de estos hospitales no era la cooperación material o formal por parte de la Iglesia con los abortos y con las otras prácticas antivida, sino la connivencia con el mal: Se trata -decía- de una connivencia institucional con el mal, y las futuras generaciones se avergonzarán de nuestra tibieza. ¿Cómo puede estar la Iglesia delante de un Patronatoamparando graves comportamientos contra la moralidad?

El caso que nos ocupa, el Hospital Comarcal de San Celoni, es, si cabe, más patético. El Ayuntamiento de San Celoni, liderado hasta hace poco por el socialista Joan Castaño, y el Obispado de Tarrasa han elaborado nuevos estatutos para el hospital. El cargo de vicepresidente llevaba más de cuatro años vacante tras la dimisión del P. Fuster. El nombramiento de Jordi Peña como nuevo párroco agudizó la situación pues, licenciado en bioética por el Pontifico Instituto Juan Pablo II de Roma, no iba a dejarse manejar con politiqueos inconfesables.

Al final, fue el propio Alcalde de San Celoni, no el obispado, el que proporcionó al P. Jordi los estatutos confeccionados a sus espaldas en el más absoluto secreto. Tal y como profetizamos tiempo atrás, los nuevos reglamentos sólo aportan una pequeña pero trascendente novedad: En la nueva junta el vicepresidente será nombrado directamente por D. José Angel Sáiz junto a los vocales laicos como representación eclesial en el Patronato de Hospital.  De esta manera el párroco de San Celoni –el que sea- ya nunca podrá molestar con sus escrúpulos morales ni con sus denuncias a los mismos caraduras de antes, pero ahora con plenos poderes. Ponemos al cura en offside y punto.  Aquí paz y después gloria. Que sean otros los que chuten a portería vacía y nos metan todos los goles que quieran. ¡Y a aplaudir con las dos orejas! La Congregación para la Doctrina de la Fe puede ya respirar tranquila… ¡En Tarrasa han cumplido!

De momento, el P. Jordi Peña se ha curado en salud llamando a consultas al nuevo vicepresidente del patronato, el laico Mariano Perapoch,  designado por el dedo episcopal de D. José Ángel sin más mérito que el de ser amiguete del difunto P. Luis Pou y haber puesto de vuelta y media al P. Fuster cuando dimitió de la Junta. El párroco de San Celoni le conminó a recordar que no se representa a sí mismo, sino a la Iglesia Católica, que debe trabajar para que acaben las prácticas inmorales en la institución y que finalmente deberá dar cuentas a Dios el día del juicio por lo que hizo y lo que dejó de hacer. El bueno del P. Peña le leyó la cartilla

El tal Perapoch, que no pisa la parroquia de San Celoni salvo en los entierros y eventos similares, tuvo la desfachatez de afirmar ante el párroco, sin pestañear siquiera, que en el Hospital de San Celoni se hacían tan solo quince esterilizaciones al año y que nunca, nunca habían dado la píldora abortiva en el hospital. Según él, sólo las dispensan en el Centro de Atención Primaria, con el cual compartirían sólo las instalaciones. ¡Pobrecitos! Otra cosa es que los fines de semana el servicio de urgencias del hospital regale las pildoritas asesinas a capazos y ¡eso sí! Eso sí que lo hace el Hospital en el que está representado –ahora directamente- el Obispado de Tarrasa.

Mn. Ignasi Fuster, cuando aún era párroco de Sant Celoni

Pero no nos engañemos. Para estos energúmenos meapilosos la píldora del día después no sería abortiva, pues impide la anidación del cigoto, si existe el embarazo. Y como –según esta gentuza torpe y descreída- sólo existe embarazo si hay anidación, impedir la anidación del óvulo fecundado con la píldora no es abortar. ¡Es pura anticoncepción de emergencia! Y el cura debería tragárselo todo, pues en caso contrario, estaría crispando el buen rollete institucional. Ciertamente el P. Jordi no ha tragado, pero está fuera de la partida por voluntad expresa del Sr. Obispo de Tarrasa. El pobre cura sólo podrá gritar ya desde la última fila de la grada. Y es que los fanáticos –curas y laicos- no deben molestar nunca al poder. Hay que neutralizarlos por todos los medios. Para ello, los que detentan el mando se sienten autorizados a engañar, ningunear y mentir para encauzar la situación.

Por todo ello, cobra ahora especial fuerza lo que me escribió el P. Ignasi Fuster cuando leyó –uno de los primeros- la respuesta vaticana a la consulta que hizo el Obispo de Tarrasa en 2011 sobre los abortos y esterilizaciones en los hospitales de Granollers y San Celoni. Ahí va.

“Custodio, he leído con calma la carta y el “parecer” remitido al Sr. Obispo de Tarrasa. 
Mis impresiones: hay una cosa clara y es que la situación insta a la actuación… y esto es bueno: se tiene que mirar de cambiar la situación del hospital. Después propone varias salidas… La dimisión del párroco o incluso el cambio de Estatutos… aunque prefiere no perder la presencia en el Patronato, sobre todo de cara a un futuro mejor, y para evitar males y hacer bien. Deja como varias posibilidades abiertas. Pero lo que está claro es que se tiene que actuar. Insiste en que si uno permanece en el Hospital no supone cooperación formal o material. Ciertamente.

Yo no estoy participando con el mal de forma “próxima”. Pero, según mi parecer, sí de forma “remota”, y tratándose de cuestiones tan graves y desde mi situación en el Hospital,“responsable”. Pienso que se tiene que considerar más explícitamente la gravedad moral de los hechos y la naturaleza de mi participación en el Hospital (soy miembro nato). ¿Cómo puedo estar delante de una institución que realiza estas prácticas contrarias a la moral de la Iglesia? Aunque no exista -por el solo hecho de ser vicepresidente- una cooperación con el mal, sí que no es propio estar ahí, pues supone una escandalosa, inadecuada y contradictoria presencia en connivencia con el mal. Me parece que estamos en otro registro moral: connivencia con el mal. Si tengo “representatividad” en una entidad, tengo “responsabilidad” en su actividad. ¿Qué sentido tiene en concreto mantenerse en el patronato esperando un futuro incierto en la época actual con el aborto como derecho? Ahora bien, según la carta, esta decisión definitiva ya corresponde al Ordinario del lugar. Por lo tanto, Custodio, veo alguna carencia (el problema no sería de cooperación sino de connivencia con el mal) en la respuesta, pero “apunta” en una línea de actuación y objeción de conciencia ante los hechos.”

Hasta aquí las palabras del P. Fuster, que continúan tan actuales como entonces.

Pues bien, el Ordinario del lugar –José Angel Saiz- ha decidido en unos términos más que dudosos cuatro años después. Ya no se puede alegar ignorancia y si no hay objeción de conciencia –y no hay ninguna-, la connivencia con el mal pasa indefectiblemente a convertirse ¡en colaboración! Y es que la sombra del mariscal Pétain –patrono del colaboracionismo- continúa siendo, tanto ayer como hoy, muy, pero que muy alargada.

Pactos postelectorales. ‘La aurora de los perdedores’, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Dar ejemplo no es la única manera de influir en los demás. ¡Es la única!”

Albert Einstein

 

En las últimas elecciones municipales y autonómicas los españoles han querido dar un escarmiento al bipartidismo, no por el sistema en sí mismo, sino porque los dos partidos que lo hacían posible han protagonizado un grado de corrupción tal, que la atmósfera se había hecho irrespirable. Por ello el electorado permitió la entrada a otras formaciones políticas con la esperanza de que estas, con sus promesas de transparencia y regeneración, abriesen puertas y ventanas, aireasen las habitaciones e hiciesen más respirable la atmósfera del edificio del Estado.

A la vista de lo que estamos viendo, hay base más que razonable para albergar serias dudas de que sea este el resultado final, o que pasado un tiempo, a la postre, lo que ocurra es que se haya ampliado el número de los que entre sí, se reparten la tarta del poder y todo aquello a lo que el poder puede dar ocasión.

Y algún indicio hay de que tan poco deseable resultado, sea el que así se produjese.

Sí, porque fíjense ustedes que han pasado ya más de dos semanas desde que los españolitos depositamos nuestras papeletas en las urnas y lo único que vemos es que cada día estamos más ausentes y más perplejos al ver a los partidos contendientes encerrados en el intrincado laberinto de unas negociaciones, en las que al margen de los verdaderos intereses de los ciudadanos, nadie parece capaz de poner orden en el guirigay levantisco protagonizado especialmente por los partidos emergentes, que dicho sea de paso, en términos generales, son los que menos respaldo popular han obtenido. Son los perdedores de los perdedores que están comenzando a mostrar el verdadero objetivo de su presencia en el guiñol del viejo drama político español.

No es justo, ni responde a la voluntad popular, que un partido que ha obtenido únicamente dos, tres o cuatro concejales o escaños, imponga su voluntad muy por encima de lo que realmente representa. Pero sin sus votos, el partido que ha obtenido el mayor respaldo público no puede gobernar y aprovechando esta debilidad, igual que los animales que han olido el miedo en su presa, los cabecillas que se creen líderes de los grupos políticos debutantes, en vez de participar en la escena pública con el ánimo —tal y como prometieron— de hacer de España un país gobernable y transparente, vemos como admiten apuestas como trileros a los que solo les mueve la ambición; como chisgarabís ignorantes que esgrimen con soberbio gesto el supervalorado poder de un escaño; como arribistas de manual que han aprovechado el caldo putrefacto de la corrupción para hacerse un hueco en el escenario político prometiendo aquello que saben que nunca habrán de cumplir porque no tienen ni capacidad, ni competencias para ello.

Ya en estos días de intercambio de cromos podemos apreciar que no son precisamente los problemas de los españoles los que realmente les preocupan, sino su medro político personal que intentan lograr con cartas de ventaja y verborrea de mercachifles en ese rastro de la maltrecha escena política española, en el que cada cual es todo lo honrado que cada uno quiera creer: se intercambian programas, se recompone el mensaje, se cambian las caras y al final no se sabe quien compra a quien, y si quiere poder, se obtiene también, unos ceden primero y otros después. Incluso al que quiere ser cabecilla, le dejan vencer, y si en el toma y daca regatea, le siguen también. Cada uno, delante de su electorado salva su estampa, pero al final, si se puede, le engañan también.

Parece que nos hubiésemos trasladado al Siglo de Oro y estuviésemos contemplando al Lazarillo de Tormes no protestar al ver que el ciego se comía las uvas de dos en dos, porque él se las estaba comiendo de tres en tres.

Estos son los que pretenden imponer su ley, algunos con la soberbia de pretender imponer o quitar nombres de las listas de los partidos con quien dicen querer pactar o imponerles éticas políticas de las cuales sus propias formaciones carecen, eso sí, presentándose con risibles pretensiones de futuros estadistas.

Desgraciadamente, vivimos una situación esperpéntica que no se da en ninguno de los países avanzados de Europa, por la enfermiza obsesión del PSOE de expulsar de la escena política española al centro derecha, con tal de obtener el poder, de cualquier forma y a cualquier precio, hasta el extremo de caer en la contradicción de que el ex presidente del Gobierno socialista Felipe González está en Venezuela para defender a la oposición de aquel país frente a los abusos del opresivo régimen bolivariano, mientras que el Secretario General de su propio partido pacta en España con los cachorros del régimen chavista.

Y a todo esto, en este enmierdado zoco de personales y partidistas intereses ¿Dónde quedan los intereses de los españoles?