‘México lindo y dolido’, por Miguel Antonio Espino Perigault

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.
El título nos lleva, por asociación, a recordar rancheras y corridos mexicanos (“México lindo y querido”) que alegraron las fiestas de los abuelos del mundo hispano. Pero, el México “lindo y querido” y de “Yo sigo siendo el Rey” nos entristece al conocer sobre los crímenes y otras violencias que alteran la paz en el hermano país. Parece darse, allá, una incierta gobernabilidad con el crimen organizado, activo en los círculos de poder.
Como una antigobernanza cerrada a los valores éticos fundamentales, principalmente el de la vida humana. Esta privación no debe sorprendernos dados el desenvolvimiento despreciativo de los gobiernos y los gobernantes hacia los valores mencionados y a quienes los defienden.

No es el pueblo mexicano el que vulnera la vida, sino los gobiernos y las leyes de odio dirigidas a destruir a la iglesia católica, cuya acción evangelizadora enseñó a los pueblos prehispánicos el valor e la vida y de la muerte dignas.

Lo que padece México es el resultado inevitable de las políticas antirreligiosas de los gobiernos surgidos tras consolidarse la independencia, por los años 1821 y siguientes. En los primeros años del siglo 20, los gobernantes seguían las consignas ideológicas de las logias anticristianas y los intereses del emergente “capitalismo salvaje” de las potencias comprometidas, entonces, con un nuevo orden secular anticristiano. Un objetivo que, igualmente hoy día, con otros nombres y otros actores, promueven grupos fundamentalistas anticristianos infiltrado s en las Naciones Unidas. como es conocido. Mientras no se entienda esto, el deterioro de la sociedad continuará y se agravará.

El México anticristiano de la Revolución provocó las dolidas denuncias del Papa Pío XI (Encíclica Iniquis Afflictisques, 1926). Se había desatado una de las más crueles persecuciones contra la Iglesia.

El actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, acosado por manifestaciones populares debidas al problema de los estudiantes desaparecidos, prometió, en reciente mensaje a la nación, imponer medias enérgicas contra la corrupción. Un oportuno discurso, que apunta al fortalecimiento de la lucha contra el crimen organizado. Pero, faltó referirse al trasfondo del problema: la pobreza y la falta de una visión clara del valor de la vida humana: mas no como don del individuo, sino como don del hombre en familia. Sin embargo, este enfoque cristiano nunca es reconocido en la política. Pero, sin ese enfoque, no podrá resolverse el problema de fondo, ni en México ni en ninguna parte.

Otra voz, monseñor Rómulo Emiliani, nuestro compatriota obispo en Honduras, se refirió en los términos correctos al problema de la violencia en el país centroamericano. Señaló, en reciente entrevista a CNN, señaló la necesidad de combatir la pobreza, como prioridad.

El laicismo antirreligioso ha debilitado a la familia. Al fortalecerla, se establecen las bases que facilitan soluciones a los principales problemas sociales. En esto insiste nuestro Papa, Francisco.

XXXVI Aniversario de nuestra Carta Magna: ‘Una concordia civil llamada España’, por César Valdeolmillos

 

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Sobre la frustración del pueblo español generada por la corrupción imperante  y el riesgo ante una posible deriva el voto hacia partidos de corte radical extremista.

César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“La nación más fuerte del mundo, es in duda España. Siempre ha intentado autodeastruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo”

Otto Von Bismarck

Canciller fundador del moderno Estado alemán

 

 

Aquel edificio al que hace 36 años se le pedía al Gobierno de Adolfo Suárez que cambiase las cañerías del agua, teniendo que dar agua todos los días; que cambiase los conductos de la luz, sin dejar de dar luz cada día; que se cambiase el techo, las paredes y las ventanas sin que el viento, la nieve o el frío perjudicasen a los habitantes del mismo, incluso se le pidió que ni siquiera el polvo que levantan las obras de remodelación manchasen a nadie; aquel moderno y confortable edificio que con tanto esfuerzo, voluntad y entrega por parte de todos en que fuimos capaces de convertir el arruinado e inservible caserón de la dictadura, ha servido para que los españoles vivamos en armonía el más largo período de paz, progreso y bienestar que España ha conocido y ha posibilitado a nuestro país, ocupar por derecho propio un lugar de preminencia en el concierto internacional.

Hoy habrá muchos españoles que por razón de su edad y porque nadie se ha encargado de explicárselo, que no tendrán idea de quien fue Adolfo Suárez y mucho menos de la magistral obra política que supuso, respetando escrupulosamente la legalidad vigente, sustituir los Principios Fundamentales del Movimiento por la Constitución de 1978, paraguas bajo cuyo refugio y amparo, a pesar de todo, hemos alcanzado el estado de bienestar del que todavía disfrutamos.

Aquella etapa en la que los españoles acometimos la compleja obra de transformar el lóbrego caserón —símbolo de la confrontación entre hermanos— en el cómodo hogar en el que todos podríamos convivir sin menoscabo de nuestras plurales particularidades, constituyó el gran debate nacional sobre nuestro futuro.

De la voluntad común de construir un mañana armónico en el que todos encontrásemos nuestro lugar, nació el diálogo sereno y sosegado que nos proporcionó la luz que necesitábamos para poder elegir con rigor y garantías la morada más adecuada y satisfactoria para todos los españoles. Ante España se abría un nuevo horizonte en él que habría de enmarcarse la Constitución de 1978.

La constitución de 1978 fue ratificada por el 88,54% de los votantes superando los dos tercios del censo electoral. Para sorpresa de propios y extraños, en aquella consulta, el pueblo catalán superó la media nacional, alcanzando el 90,46% los catalanes que votaron afirmativamente esa Constitución a la que ahora sus dirigentes califican de corsé o prisión y candorosamente afirman que no sirve porque las actuales generaciones no la votaron. Y es absolutamente incierto que los vascos no votaran la Constitución que conmemoramos. Por el contrario, el sí obtuvo en las tres provincias vascas 479.205 votos y el no, 163.191, lo que supuso un refrendo del 54,50%.

Fue el PNV quien promovió la abstención y por ella optaron 859.427 personas. Pero, el rigor de los datos, demuestra que la afirmación de los nacionalistas vascos, “los vascos no aprobamos la Constitución” es mentira.

La realidad es que en los nacionalismos, los símbolos tienen más importancia que las realidades, por ello los nacionalistas vascos prefirieron seguir jugando a no ser constitucionales españoles y a convencerse de que los fueros eran su única constitución. Pero la verdad de los datos es muy tozuda y como reflejan los mismos, el pueblo vasco, al igual que el catalán, eligió un camino muy diferente al de sus dirigentes.

La existencia de las leyes solo se justifica si estas están al servicio de la ordenada convivencia social de los ciudadanos y por tanto las mismas deben de ir acomodándose a la evolución de los tiempos.

Es posible que en el transcurso de los 36 años de vigencia de la Constitución, se aprecie la necesidad de revisar algunos aspectos de la misma, pero si como se demuestra a los ojos de cualquiera que quiera ver, la que fue la culminación de la gran obra de la transición, nos ha servido para alcanzar un progreso incuestionable, yo no hablaría tanto de una reforma, como de una actualización, atendiendo en la medida en que sea posible, no tanto a las a veces peregrinas y siempre interesadas de los partidos políticos, sino a las auténticas y reales necesidades de nuestra sociedad.

Hay quienes creen —y creo que lo hacen honradamente— que la solución de nuestros problemas territoriales pasa por una España Federal. Lo cierto es que nuestra primera Ley constituye un espacio de convivencia mucho más liberal que otros europeos ya existentes y tan generoso y avanzado, que recogiendo la reivindicación histórica de autonomía, encarnada desde comienzos del siglo por el despliegue de los nacionalistas catalanes y vascos, cedió un poder a las regiones mucho amplio que el del que gozan muchos estados federales europeos.

La experiencia nos enseña que el triunfo del federalismo radica en el principio de lealtad, que como se sabe se basa en el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

Desafortunadamente, ese principio ni se ha cumplido, ni al parecer hay voluntad de cumplirlo de cara al futuro por parte de los partidos nacionalistas. En 1978, con importantes renuncias por parte de todos, primó la voluntad del consenso. En la actualidad, con irrealizables y demagógicas pretensiones que nos harían desandar el camino recorrido, el único norte que orienta su brújula, es el de la ruptura, a pesar de las desastrosas consecuencias que a todos nos acarrearía.

Sin la existencia de un clima de preacuerdo generalizado que nos marque el rumbo hacia donde queremos dirigir esta nave a la que llamamos España, sino que por el contrario cada uno desea arribar en un puerto diferente, ¿Es posible, ni juicioso iniciar un viaje a ninguna parte?

Pienso que en estos momentos en los que muchos cuestionan la vigencia de nuestra Carta Magna convendría recordar lo que sobre la misma pronunció Adolfo Suárez:

“Con la Constitución, es posible lograr una concordia civil llamada España, donde convivan ciudadanos que, por tener diferentes opiniones, creencias o convicciones, se complementen entre sí. Quienes matan, secuestran y extorsionan, quienes optan por la violencia como método de actuación política, no son nuestros complementarios. Sólo son los destructores de los valores democráticos. El mal que procuran y el daño que infringen, nos lo hacen a todos”.

 

‘La vida por su rebaño: Cardenal Ricardo María Carles (1926-2013)’, por el P. Custodio Ballester

El P. Custodio Ballester es portavoz de Sacerdotes por la Vida (Priest for Life) España. El artículo que ofrecemos a continuación se puede leer también en Germinans Germinabit.

“La pregunta sobre el hombre nos lleva a Dios. 
Y la pregunta por Dios nos lleva al hombre que tiene fe.”  
(Cardenal Carles)

 

Ricardo María Carles Gordó nació en Valencia el 24 de septiembre de 1926. Hijo de Fermín Carles y Josefina Gordó,  ambas familias eran importadoras marítimas y eso les permitió conocerse. El primer recuerdo del pequeño Ricardo va ligado a la conciencia de que Dios existía: Yo no sabía muy bien entonces quién era Dios. Pero yo hablaba con Dios; mi madre me hablaba de Dios y eso me hizo mucho bien. Me  sugería sencillas oraciones, que ella se inventaba y que yo repetía. También mi padre con su voz varonil. Con él, paseando todas las noches por la sala, rezábamos el rosario.Cursó estudios primarios en la escuela de las Teresianas y los secundarios en la de San José de los Padres Jesuitas, ambas de su ciudad natal.

Su experiencia inicial de la llamada de Dios va unida al sonido de sus pisadas sobre la pinaza en un retiro en el Desierto de las Palmas de Castellón con 16 años: La imagen amable del Jesucristo de mi infancia -contaba- se había convertido en una imagen firme, atractiva, pero que me planteaba problemas. Porque mi simpatía hacia Él me conducía a comprender que debía compartir mi vida con la suya”. En una ocasión, en el Seminario nos decía: Cuando yo pensaba y luchaba por mi vocación, me gustó mucho una versión del Evangelio que traducía “Jesús llamó a los que quiso” (Mc 3,13) por “llamó a los que llevaba en su corazón”. Vosotros, seminaristas, ¡estáis en el corazón de Dios desde toda la eternidad!

Ingresa en el Seminario Mayor de Valencia y al mismo tiempo en el Colegio del Corpus Christi, también llamado “del Patriarca”. El 29 de junio de 1951 es ordenado sacerdote y dos años después se licencia en derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca. Luego es nombrado párroco y arcipreste de Tavernes de la Valldigna y en 1967 es trasladado a la parroquia de San Fernando de la ciudad de Valencia. Actúa como consejero de la JOC y responsable de la formación de los diáconos, y posteriormente es nombrado Delegado Episcopal para el clero y Consejero diocesano de Pastoral Familiar.

Años más tarde afirmaría: Cuando un obispo ha sido párroco, los curas le hablan de lo que él ha vivido, no de una teoría. A los que no han sudado parroquia, como acostumbro a decir, puede no resultarles fácil entender a un sacerdote, joven o mayor, que viene con una pena o alegría de la parroquia. Si ha sido carne de tu carne, si tú lo has vivido, lo entiendes de otra manera. Y así era, ciertamente.  Cuando los sacerdotes nos acercábamos a él y le explicábamos las alegrías y, a veces, las muchas penas de la vida parroquial, sentías inmediatamente que a D. Ricardo no le preocupaba tanto el contexto como tu persona. Al acabar de darle cuenta de alguna grande o leve dificultad, él te miraba a los ojos y te preguntaba: Pero y tú… ¿cómo estás? Sabías que en él encontrabas siempre, por muchas veces que hubieses metido la pata, un hermano y un padre.

El 3 de agosto de 1969 es consagrado obispo de Tortosa (Tarragona). Convocó el único sínodo diocesano celebrado en el post-concilio en las diócesis catalanas, con el objetivo de potenciar la participación de laicos y también de sacerdotes y religiosos de todo el obispado en el testimonio cristiano y la evangelización. El resultado fueron las Constituciones Sinodales, unas conclusiones para revitalizar la vida cristiana con valor normativo.

D. Ricardo, siempre accesible y cercano, nunca se llamó a engaño, ni se dejó seducir por engañosos cantos de sirenas. Ciertamente, después del Concilio hizo fortuna aquello de la Iglesiacomo Pueblo de Dios. Sin embargo, el cardenal Carles nunca se cansó de recordar que a la vez ysobre todo es Cuerpo de Cristo, Esposa de Cristo y Él su cabeza. La Iglesia no es un grupo más -decía-, es peculiarmente distinta, no por voluntad nuestra, sino porque así lo hizo Dios. Y si actuamos sin cabeza, sin nuestra cabeza que es Cristo, se desdibuja la figura de Cristo y de su Iglesia. Tenía muy claro que el anuncio evangélico debía ser explícito: Estamos en un momento histórico en el que debemos hablar sin miedo. Y además hacerlo en el espacio público, pues como diría Juan Pablo II, la fe que no se hace cultura, ni es enteramente vivida ni enteramente aceptada. “Después del Concilio Vaticano II -afirmaba- pareció triunfar la tesis delencarnacionismo, es decir, la tesis de que es suficiente estar en un lugar porque la presencia es lo que salva. No, Cristo no vino a encarnarse en ese sentido, a arraigarse, sino a desarraigar todo lo que es malo y a transformarlo. Hay seglares, personas muy cristianas, que creen que lo que tienen que hacer en un barrio sólo es estar presentes allí. No, Cristo además de estar presente fue encarnación, arraigo y desarraigo y transformación de todo lo que no es bueno”.

El 23 de marzo de 1990 es nombrado Arzobispo de Barcelona. Su prioridad, desde su llegada, fue evangelizar a los más de cuatro millones de hijos de Dios de la archidiócesis y la promoción y ayuda de pobres y marginados, también numerosos en una gran urbe. Uno de sus recuerdos más gratos en Barcelona es que pudo ordenar a ciento quince sacerdotes diocesanos.

La voz de D. Ricardo se alzó entoncesfirme y profética, sin miedo a nada ni a nadie: Para mí lo de menos es que me juzguéis vosotros o un tribunal humano. Mi juez es el Señor (1Co 4,3).  Cuandoardió accidentalmente el Teatro del Liceo de Barcelona y las administraciones públicas y empresas privadas se afanaban en invertir ingentes cantidades de dinero en su reconstrucción, el cardenal Carles declaró: Me parece bien que se actúe con rapidez para reconstruir el Liceo; pero en Barcelona se queman cada día muchas cosas y muy vitales: la inocencia de los niños, el futuro de los jóvenes, la dignidad de los ancianos y de los pobres… y la mayoría permanece indiferente.

En la entrevista previa a mi ordenación diaconal, el cardenal Ricard Mª me preguntó: ¿Tienes pensado vestir clergyman? Ante mi respuesta afirmativa me espetó: Eso es lo que yo quiero: Que cuando vean  a un sacerdote vestido de cura, la gente diga:” ¡Ahí va un sacerdote de Barcelona!”

Le dolía profundamente que tantas iglesias de la diócesis permaneciesen casi todo el día cerradas. Pensaba que era un signo de que fallamos los confesores y falla el sentido teológico del pecado. Un pecado -observaba- que no es sólo fuente de injusticia social, de enfermedad, sufrimiento. Es ofensa a un Dios bueno y santo”. El pecado es “no hacer lo que Dios había pensado. Cuando me tiro desde un séptimo piso y desafío las leyes de la naturaleza, me mato. Cuando voy contra la ley moral, contra los mandamientos del buen Dios, el efecto no es tan inmediato como cuando rompes una ley física, pero a la larga se va a notar en mí, en la familia y en la sociedad. Como es algo que está fuera de lo que Dios había pensado, tiene consecuencias y muy graves.

Valiente defensor de la Vida y de la santidad de la Familia, el cardenal Carles pagó un precio muy caro por su fidelidad: Perseguido insistentemente por el lobby gay, su nivel de prestigio era tan grande, su deseo de una verdadera reforma en la Iglesia de Barcelona tan obstinado, que sus enemigos -los de dentro- no dudaron en calumniarle gravemente. Pero él no se dejó intimidar porque éste ha sido mi Evangelio por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, lograda por Jesús, con la gloria eterna (2Tm 2,8).

Y sobre la ampliación de la legislación abortista escribía: Con unas leyes así, a pesar del terciopelo, las moquetas y el ambiente noble del Congreso de los Diputados, aquel salón no es ajeno a los cubos de desechos humanos de ciertos quirófanos, donde van a parar los restos de los no nacidos. ¿Qué nivel o, mejor dicho, qué silueta moral puede tener una nación en la que los padres que matan se pueden contar por miles un año detrás de otro? ¿Alguien puede creer seriamente que, en este contexto, se podrá continuar respetando algún valor que pese menos que la vida de un hijo? No dudéis que se continuará gritando a favor de la muerte. Tantas veces como sea necesario, deberemos gritar muchos a favor de la Vida.

El 26 de noviembre de 1994 fue creado cardenal del título de Santa María Consolatrice del Tiburtino. Participó en diversos organismos vaticanos como la Congregación para la Educación Católica, la Comisión de Justicia y Paz, el Consejo para el Estudio de los problemas organizativos de la Santa Sede y la Jefatura de Asuntos Económicos. También fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española entre 1999 y 2002. En su condición de cardenal, asistió al cónclave de 2005 que eligió al Papa Benedicto XVI.

Hombre de profunda y constante oración, gustaba de la montaña -excelente escalador y hasta espeleólogo-, pues la altura propiciaba el encuentro con Dios, “de tú a tú”, decía con sencillez. Cuando acompañaba cada verano a los seminaristas de los últimos cursos, tras una pequeña charla comenzábamos a subir monte…  Rezábamos Laudes y nos daba un punto de reflexión para bajar desde la cima meditando. Orar -aseguraba D. Ricardo- es tener conciencia de la presencia de Dios, de que tú amas a Dios. Si no guardamos un tiempo específico para la plegaria, corremos el riesgo de caer en el activismo; y pasar del todo de la oración es no ver a Dios en ningún sitio.Necesitamos por tanto, nos decía a los curas jóvenes, hacer silencio interior y cuidar los tiempos y espacios para la oración.

En el año 2001 y de acuerdo con lo previsto en el derecho canónico, presentó la dimisión de su cargo arzobispal, que no le fue aceptada hasta el 15 de junio de 2004. El mismo día, el papa Juan Pablo II dividió la arzobispado de Barcelona en tres diócesis: una metropolitana -Barcelona- y otras sufragáneas: Tarrasa y San Feliu de Llobregat.

Pasó su ancianidad escribiendo, dando retiros, predicando y atendiendo a todos con el mismo afecto de siempre. En noviembre de 2013 el cardenal Carles fue ingresado en el Hospital Virgen de la Cinta de Tortosa con sintomatología neurológica, falleciendo semanas más tarde, el 17 de diciembre.

Al día siguiente, contemplando su cuerpo exánime revestido con las sagradas vestiduras episcopales en la capilla ardiente de la Santa Iglesia Catedral de Barcelona, agradecí al Señor el inmerecido don del sacerdocio que me fue conferido a través de D. Ricardo. Evoqué su tranquila sonrisa, la confianza que siempre me dispensó, su paternal cercanía… Allí, junto a la gente que él más quería, rememoré sus palabras llenas de serena esperanza: Cuando mueres, si te fías, es el acto de fe más grande; si uno es consciente. Es el acto más grande de esperanza, sabes que Dios va a darte otra vida distinta. Te estás muriendo y estás perdiendo algo de lo que has amado, y realizas el acto de amor más grande por amor al Señor. Aquí esperas cosas con la esperanza de que te lleguen; pero ¿en qué te apoyas en el momento de la muerte? En la Palabra de Dios porque le amas, sabes que te ama y confías en Él. Para mí la muerte es eso; es decir, la medida de la fe da la medida del miedo a la muerte. El porqué de la vida es porque Dios nos la ha dado; y el para qué, es para estar con Él.

Sus restos ahora reposan en Valencia, su tierra natal, en la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, a los pies de su patrona. Allí se casaron sus padres, allí contempló tantas veces el traslado de la Virgen desde la Basílica hasta la Catedral yendo como sobre un mar de cabezas -decía- que parece que se va a caer, pasando de unos a otros en un encuentro vibrante al que se acercan los niños para presentarlos a la Mare de Déu.  Junto al cardenal Benlloch, valenciano como él, espera la resurrección de la carne. Que ese día nos acoja entre sus brazos Santa María, la Virgen Geperudeta que D. Ricardo tanto amó.

 

‘Seguimos alzando nuestra voz’, por Gemma García, portavoz de Mis Padres Deciden

La próxima semana se cumple el segundo aniversario de la Plataforma “Mis padres deciden”.  Una plataforma que nació para defender la libertad y el derecho que tenemos los padres  a decidir la educación de nuestros hijos y que continúa. Por eso…

Seguimos alzando nuestra voz,  porque nosotros, los padres, somos los responsables de la educación de nuestros hijos y no dejaremos que el Estado decida por nosotros.

Seguimos alzando nuestra voz, porque queremos alejar la educación del debate político e ideológico y hablar de pedagogía y eficacia.

Seguimos alzando nuestra voz, porque continuamente atacan a los centros educación diferenciada tachando de discriminatorios sin conocer la realidad y sus buenos resultados.

Seguimos alzando nuestra voz, porque queremos que en esta España del siglo XXI la pluralidad educativa sea real. Esta diversidad es indispensable en una democracia que debe ampliar derechos y libertades

Seguimos alzando nuestra voz,  porque con nuestros impuestos se paga la educación de todos. Los conciertos nos permiten a miles de padres que podamos ejercer este derecho con libertad y no sólo a los que tienen recursos suficientes.

Seguimos alzando nuestra voz, reclamando ejercer un derecho fundamental: el derecho a decidir el tipo de educación que queremos para nuestros hijos.

Seguimos alzando nuestra voz, porque nos jugamos el futuro de nuestros hijos.

 

La derrota de Obama y lo que representa, por Miguel A. Espino

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Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

La reciente derrota electoral  del Partido Demócrata y el consiguiente triunfo del  Partido Republicano en los Estados Unidos, el 4 de noviembre,  han activado el análisis político, sobre todo, en los medios de comunicación.

Recordemos que el primer mandato   de Barack  Obama, en el 2008,  fue el  resultado  de una   estrategia acertada, tanto  por sus  motivaciones emocionales (el primer candidato afroamericano), como por  la alta tecnología de comunicación utilizada. Coronado, todo ello, por el otorgamiento de un incomprensible  Premio Nobel a la carta,  y variados otros homenajes  de corte farandulero, concedidos por  grupos  desafiantes de la cultura  y la moral tradicionales. Una cultura y una moral que se representaba en la persona del contrincante John  McCain, héroe de guerra; pero descartable, al parecer, como candidato presidencial. Esa primera campaña se caracterizó, también, por la imagen  del ex presidente George W. Bush, como invitado de piedra, para descalificarlos a ambos, visto McCain como la  encarnación de Bush. Una especie de exorcismo al revés.

Obama venía a ser el supuesto  presidente ideal para un mundo en transformación, que daría nuevo contenido ideológico a los derechos humanos tradicionales referentes a la sexualidad humana, la familia, el niño por nacer y el matrimonio. Y así fue.

Sin embargo, desde sus inicios y  a pesar de un apoyo mediático  servil de la “gran prensa”, su  imagen  fue sufriendo  deterioro. Sobre todo durante este segundo mandato que transcurre y en donde se desmorona la imagen labrada.  Su mediocridad salió a relucir como explicaciones por sus desaciertos, atribuidos, frecuentemente, a otros. Pero, como siempre, la verdad vence sobre la mentira.

Para reconocer esa verdad, es necesario  entender la derrota de Obama  como  el resultado de lo que   han llamado el “value vote”, el voto por los valores morales.

“El gran derrotado es el lobby del aborto”, dijo el presidente de Popuulation  Research Institute, Steve  Mosher. Los republicanos ganan el control del Congreso   (52 a 45), y de la Cámara de Representantes (242 a 175). Además, arrebatan siete  gobernaciones a los demócratas, y los  nuevos gobernadores son, todos, provida.

Por su  parte, Tony Perkins, de  Family Research Council, declaró que “ganaron los que claramente se declararon  conservadores, anti  aborto, pro familia y pro matrimonio”. Añadió que  es  “el mensaje de un electorado disgustado por las acciones  desordenadas del presidente. Ha sido más un voto anti Obama que pro republicano”. De  allí  –advierte-   hay que mantener  la guardia  y   seguir presionando al   partido Republicano y a sus candidatos, por si acaso no han entendido el mensaje.

Lo sucedido en los Estados Unidos es una señal de advertencia y de esperanza frente a las amenazas presentadas, en todas partes,  por la Cultura de la Muerte, como la definió  el Papa San Juan Pablo II.

Creo que el consejo del líder profamilia norteamericano, Tony Perkins,  puede servir a los políticos  nuestros y, sobre todo,  a los numerosos engañados con la ideología de género.

“Todos fueron culpables”, por César Valdeolmillos

Sobre el delicado problema del separatismo catalán.

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

No existe peor mentira, que la de ocultar la verdad.

(Anónimo)

Muchos y muy graves son los acontecimientos, que en contra del Estado, están sucediendo últimamente en Cataluña, promovidos, excitados y alentados, precisamente, por los legítimos representantes del Estado en dicho territorio.

La Real Academia de la lengua española define el concepto de traición de la siguiente forma:

  1. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
  2. Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria.

Y el de alta traición lo define como:

  1. Traición cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado.

Dejo a criterio del lector decidir si a los hechos acaecidos en Cataluña —de todos conocidos— les son aplicables alguna de las definiciones citadas.

No obstante, no sería justo culpar de la situación en que nos encontramos únicamente a los nacionalistas. En el transcurso de las más de tres décadas de vida de la Constitución, se han cometido graves atentados contra la misma por acción y también por omisión. Y de la situación a la que hemos llegado, tan culpables son los que hicieron, como los que por puro interés partidista, dejaron hacer.

Durante todo este tiempo, los nacionalistas catalanes, esgrimiendo un pretendido sentido de la responsabilidad que hacía factible la gobernabilidad del país, fueron la bisagra que abrió las puertas de La Moncloa a los dos partidos gobernantes, cuando estos no habían obtenido los votos necesarios para traspasar el umbral que daba acceso al poder. El precio de este apoyo —extremadamente alto— ya sabemos cuál es:

  • Impunidad para los hechos de sus dirigentes.
  • Reducción de la presencia en Cataluña de los dos partidos gobernantes a un estado meramente testimonial, hecho que permitía a los nacionalistas ganar elección tras elección, impidiendo la alternancia política y convirtiendo a Cataluña en un feudo de sus intereses.
  • Preferencia en las inversiones públicas por parte del Estado, en ausencia o detrimento de estas en otras comunidades autónomas más necesitadas.
  • Utilización fraudulenta de las competencias en materia de educación y cultura, de modo que el fruto sazonado de las mismas no estaba orientado a enriquecer culturalmente a los catalanes, sino a falsear la historia y envenenar sus mentes, creando así un enemigo imaginario: España. De este modo, en el transcurso de dos o tres generaciones, se fue elaborando el caldo de cultivo del cual estamos viendo ahora el resultado.
  • Utilizando la lengua no como vehículo de comunicación, de enriquecimiento y unión, sino —vulnerando la Constitución que habían jurado observar— como muro que nos separe y nos divida, expatriando de la enseñanza y de cualquier institución o servicio público el idioma común de todos los españoles, el cual, todos tenemos el deber de conocer y el derecho a utilizar.
  • Inverosímilmente, incumpliendo las reiteradas sentencias que en este y otros sentidos, dictaron en su momento en contra de esta política, tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional.
  • Dilapidando sus presupuestos en una política orientada a establecer un Estado dentro de otro Estado, cuando no a establecer las bases para forzar la independencia del Estado al que siempre —y cuando digo siempre es SIEMPRE— han pertenecido y ello a base de quebrantar servicios públicos esenciales para la sociedad catalana.
  • Endeudándose para estos fines hasta límites crediticios insostenibles, circunstancia que ha conducido a que ya no haya entidad alguna en el mundo que preste un solo Euro a la Generalidad de Cataluña, y tenga que ser el Estado central español el que acuda en su auxilio para que los ciudadanos catalanes no lleguen a carecer de los servicios básicos fundamentales y por el prestigio y solvencia internacional del propio Estado Español. ¡Ah, pero España nos roba! Ya se ha visto quienes son los que defraudan a catalanes y españoles.

Podría seguir con la lista de traiciones, agravios y despropósitos cometidos contra la Constitución, las leyes en general, los propios catalanes y la totalidad del pueblo español, hasta llegar a la grave situación de abierta confrontación y desafío en que nos encontramos.

Pero desde la transición al día de hoy, nada de lo que pasaba en Cataluña o ahora pudiera añadir, era desconocido por los diferentes inquilinos de La Moncloa y sin embargo, por un egoísmo puramente partidista de alcanzar el poder, miraban hacia otro lado y no se enteraban de nada. Y cuando los hechos eran denunciados por los medios de comunicación —no por los subvencionados de Cataluña, desde luego— nadie con poder para ello tomaba determinación alguna y si alguna iniciativa que condujera a la condena de los hechos se producía, en abierta rebeldía ilegal,  esta era incumplida y no tenía el menor efecto.

Después de haber dejado que los hechos llegaran al manifiesto desafío nacionalista frente al que nos encontramos, ¿Ahora se rasgan las vestiduras? ¿Ahora ponen el grito en el cielo?

No sé qué maldición persigue a este gran país que es España. Que malos señores y que buenos vasallos ha tenido siempre. Incluso ahora, que desde todas partes escuchamos ya los aullidos de los lobos, los señores del feudo, cegados por su ambición, siguen discutiendo si son galgos o son podencos.

“No debemos olvidar”, por César Valdeolmillos

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Sobre la frustración del pueblo español generada por la corrupción imperante  y el riesgo ante una posible deriva el voto hacia partidos de corte radical extremista.

César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“El deber de un ciudadano en no creer en ninguna profecía del futuro,

sino actuar para realizar el mejor futuro posible”

Richard Stallman

Profesor de la Universidad de Harvard

El agua fétida y contaminada de las cloacas públicas y privadas ya nos llega a las narices y estas se nos están hinchando a los españoles. Casi no hay día que no amanezca con la noticia de un nuevo escándalo moral y económico, y estos hechos dan la impresión de que en España, el que no mete la mano en la caja es porque no puede.

Esa es una percepción generalizada que no responde a la realidad, porque la mayoría de los españoles somos personas mucho más honestas, sensatas y respetuosas para con nuestros semejantes que aquellos que a diario intentan manipularnos y nos desgobiernan. A pesar de ello, la Sodoma en que han convertido la actividad política no ha sido aún destruida por el azufre y el fuego con que Yahveh tenía decidido arrasar la ciudad corrompida, quizá porque en ella, a pesar de lo que nos enteramos cada día, seguro que existen aquellos cincuenta justos que Abraham tenía la esperanza de hallar.

Como consecuencia de las acciones de aquellos que, cínicamente, decían sacrificarse para servirnos mientras nos ocultaron la realidad, nos mintieron e incluso nos robaron, una gran parte de españoles nos hemos visto obligados a realizar ímprobos sacrificios para ajustarnos a la situación de empobrecimiento sobrevenida y de este modo poder hacer frente a la situación, a la que los que debieran haber dado ejemplo de honestidad y honradez nos han conducido.

No pocos son los que han sufrido en sus propias carnes tanto daño como el fanatismo, la mentira, la demagogia, la deslealtad, la indecencia y el escándalo han traído a esta maltrecha España.

Los frutos que hoy estamos recogiendo, no se sembraron ayer. Comenzaron a germinar en aquel histórico momento en el que el extinto y honrado presidente que fue Adolfo Suárez, se vio obligado a dimitir.

El desenfreno de la corrupción no ha sido una flor silvestre que espontáneamente aparece en una primavera. No. La corrupción en España tiene muy hondas raíces y el golpe definitivo se lo darán los votantes que son los únicos que pueden dárselo. Los responsables por acción u omisión de la situación en que nos encontramos están tan ciegos que no parecen darse cuenta de que es la ciudadanía la que les ha entregado el poder y precisamente esa misma ciudadanía es la única que tiene el poder de arrebatárselo. Y hemos de tener por seguro que lo hará o como mínimo no escatimará esfuerzos para que dejen de ostentarlo.

Pero esta retirada de confianza a los políticos tradicionales no puede ser un hecho motivado por la efervescencia del momento. En los treinta y seis últimos años, a pesar de todos los depredadores que nos han acosado permanentemente, no todo ha sido malo y el objetivo fundamental de los españoles ha de ser el de intentar conservar a toda costa los avances conseguidos, en los que hemos empeñado esfuerzos sin fin, sueños, ilusiones y proyectos en los que hemos hipotecado una buena parte de nuestras vidas. Una parte de nuestras vidas, que por ofuscación, coraje o despecho no podemos cometer la irreflexión de arrojar por la borda.

Vivimos momentos muy delicados; posiblemente mucho más de lo que podemos imaginar. Es cierto que son los políticos de todos los colores los que nos han engañado, los que nos han defraudado, los que nos han atropellado y con su proceder, a no pocos han arruinado. Es cierto que a pesar de que la casta política provocó la declaración de ruina del edificio, todo lo que la misma está haciendo para que no se venga abajo, es apuntalarlo y parchearlo para que a duras penas se sostenga, con la mirada puesta en unas próximas elecciones, de las que muchos de los que integran esta inextinguible e insaciable jauría, mucho me temo que van a salir como el gallo de morón: sin plumas y cacareando. Todo eso es cierto y es lógico que el personal tenga un cabreo que no se tiene. Han sido los propios partidos políticos los que han sembrado y cultivado, con exquisito esmero, la semilla del cabreo nacional. Hace mucho tiempo que los políticos comenzaron a perder el respeto a los españoles y ahora los españoles les han perdido el respeto a los políticos y van a recoger el fruto de lo que sembraron. A pesar de tanta palabrería de sacamuelas y el constante cinismo que se derrocha en la burda negación de la realidad, aquí está empezando a pasar algo importante.

Tan resbaladizo escenario exige de todos y cada uno de nosotros un ejercicio de profunda y serena responsabilidad para obrar con buen juicio. Nuestra exasperación por lo que han hecho durante tantos años muchos rufianes que juraban observar la ley y hacerla observar, no puede inducirnos a un suicidio colectivo, que al parecer, es a lo que apuntan todas las encuestas.

Dijo el filósofo y ensayista hispano-estadounidense, George Santayana que: “Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.

Por ello no debemos olvidar que en 1924, Alemania se encontraba en una situación de profunda debilidad y corrupción generalizada, lo que posibilitó que Hitler consiguiera obtener un creciente apoyo popular mediante la promesa de regenerar la desintegración moral establecida y restituir a su país la grandeza perdida tras la primera guerra mundial, sirviéndose de su habilidad argumental y apoyado por la eficiente propaganda nazi.

No debemos olvidar que Hitler fue nombrado Canciller Imperial en enero de 1933, circunstancia que aprovechó para transformar la República de Weimar en el Tercer Reich y gobernar con un partido único basado en el totalitarismo y la autocracia de la ideología nazi.

No debemos olvidar que el objetivo de Hitler, una vez alcanzado el poder, era establecer un Nuevo Orden basado en la absoluta hegemonía del partido nazi convirtiendo Alemania en el régimen del hambre, el terror y la muerte.

Ejemplos más recientes de salvadores de la patria y las dramáticas consecuencias de sus obras libertadoras los podemos analizar con la perspectiva que nos ofrecen los 55 años de tiranía y opresión Castrista en Cuba o los 16 años de Chavismo en Venezuela.

No debemos olvidar un refrán —los refranes son la expresión de la experiencia— que dice: “A Dios rogando, pero con el mazo dando”.

Cuando de nuestro lenguaje erradiquemos la tan consabida pregunta: ¿Con IVA o si n IVA?, con todas las implicaciones que esta forma de comportamiento conlleva; cuando dejemos de ufanarnos de haber defraudado a Hacienda, es más que probable que quienes nos dirijan nos guarden el respeto debido. Al fin y al cabo, los gobernantes son elegidos por el pueblo de entre el pueblo, razón por la cual, cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

De todos modos, nunca, ningún Gobierno, sea del color que sea y nos haga las promesas que nos haga —cuantas más promesas más engaños—, va a solucionar nuestros problemas. Nuestros problemas nos los tenemos que solucionar nosotros mediante el estudio, el esfuerzo, el sacrificio, el buen juicio, la austeridad, el sentido común y de la previsión, y eso con mucha suerte de que en mitad del camino de nuestras vidas, no venga un José María el tempranillo de estos modernos y nos deje atados a un árbol y en paños menores.

Un país lo dirigen los políticos, pero lo hacen los ciudadanos. Y lo hacen con su proceder de cada día; con sus errores y sus aciertos. Sería irracional que por ver tuertos a quienes nos han agraviado, los españoles terminásemos por quedarnos ciegos.

“Como si se temiera a la verdad”, por Miguel A. Espino Perigault (sobre el Debate delproyecto de ley de “Salud Sexual y Reproductiva” en Panamá)

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

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Desde hace varias semanas, en Panamá se debate un proyecto de ley de “Salud Sexual y Reproductiva” importado y con identidad  de “género”. El debate ha sido llevado a los medios por activistas y grupos provida, forzando un debate público que  los defensores del proyecto no esperaban. Se denuncia la ambigüedad del lenguaje, el desconocimiento de la patria potestad  y el enfoque irresponsable de la sexualidad desde la infancia. La Iglesia Católica expresó su preocupación por la ambigüedad de términos empleados y demandó un enfoque responsable del tema.

Y con relación al contenido ideológico y conceptual del proyecto, resulta difícil creer que una persona de inteligencia media que lo defienda no acepte ni reconozca que la única manera segura, ciento por ciento segura, de que una mujer sexualmente apta no quede embarazada es que no coite, o sea, que no se acueste con un hombre, como se dice popularmente. Lo mismo para librarse de las llamadas enfermedades de transmisión sexual (ETS)l. Igual, para varones. Esta inacción se llama abstinencia. Significa: “RAE/(2) Virtud que consiste en privarse total o parcialmente de satisfacer los apetitos”.

La abstinencia, casi siempre, la relacionamos con la salud y los valores. Nos abstenemos de ingerir alimentos y bebidas que nos hacen daño. Nos abstenemos de proferir palabras hirientes, falsas o necias, para no hacer daño a otros.  La abstención es un acto de libre albedrío (potestad de obrar por reflexión y elección).

Pero esto no lo entienden los adalides de la ley 61, en discusión, para quienes la salud sexual no incluye la abstinencia, sino el coito a tiempo o a destiempo, como ellos mismos lo malamente explican. O sea que, la abstinencia se refiere a la salud, pero no a la salud sexual. ¿Por qué?  “Porque sí”. Una razón muy femenina, según verso conocido el poeta Roque Javier Laurenza.

Otro aspecto del “Porque sí” femenino (feminista, diríamos hoy, más bien), es la contradictoria posición de negarle a los niños y jóvenes la opción de la abstinencia como decisión libre sobre su salud sexual. Un agravamiento de la estupidez consentida.

Los defensores del proyecto de ley 61, sobre salud sexual y reproductiva, irresponsablemente desconocen o silencian la verdad sobre la abstinencia como medida exitosa en países africanos, sobre todo en Uganda, en donde los problemas relacionados con las ETS, (SIDA, principalmente) y los embarazos indeseados de adolescentes, han ido reduciéndose progresivamente desde hace veinte años hasta en un 50%. Este logro es  reconocido mundialmente en los círculos científicos (aunque silenciado o distorsionado por la “Gran Prensa”, al servicio de la industria de los anticonceptivos).

El extraordinario éxito de los programas de salud sexual y reproductiva, con su reducción de los índices de ETS y de  embarazos de adolescentes, se debe a la reconocida política del ABC (Abstenerse,  Basarse en fidelidad y Condón).

Se trata de una educación dirigida a promover la abstinencia sexual entre los jóvenes, de modo que retarden la práctica y la enmarquen en el matrimonio. En cuanto al punto Basarse en la fidelidad, se promueve la fidelidad de las parejas, casadas o no, para evitar las enfermedades  El condón se presenta también, señalando  su inseguridad, (hasta un 15%).

Solamente la mediocridad profesional, la ignorancia o la irresponsabilidad en cuanto al manejo de la información, tan vital en estos temas, pueden explicarnos las pobres argumentaciones de los defensores del proyecto de ley, no solamente en los debates de la Comisión, sino en los medios de comunicación. Y, sobre todo, la  ausencia absoluta del tema de la abstinencia como componente de la cacareada educación sexual y reproductiva.

Duros de mollera, por César Valdeolmillos

La política sin moral, es crear un monstruo con inmenso poder capaz dar rienda suelta a todos los males del mundo.

 

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Dejar de luchar, por culpa de la corrupción que hay en tu alrededor,

es como cortarte el cuello porque hay barro afuera”. 

Nicolae Iorga

Historiador rumano

Disociar la moral de la política es tanto como abrir la caja de Pandora. La política sin moral, es crear un monstruo con inmenso poder capaz dar rienda suelta a todos los males del mundo.

No es posible el florecimiento de la paz, el progreso y la concordia, si estas no son alimentadas por la semilla de unos valores éticos concordantes con la razón de ser y vocación del ser humano.

Pero esos valores, a los que antes denominábamos moral, hace tiempo que se perdieron en España y se sustituyeron por un obsesivo y mal entendido “Estado de bienestar” que una parte de la casta política concibe como un ciego y lujurioso afán de concentración de riqueza, conseguida por procedimientos ilegítimos y de la que se beneficia a costa del empobrecimiento de todos nosotros.

Este atesoramiento adulterino de riqueza, como el cáncer que es, ha ido extendiendo sus metástasis y mostrando sus malignas consecuencias, casi siempre ignoradas, cuando no negadas por aquellos poderes que podrían y deberían haberlas evitado. Acres disputas en el interior de la élite por obtener mayores porciones del botín; desaforada ambición; corrupción generalizada, para obtener a través del robo, el atropello y la extorsión, aquello que no podía obtenerse “legalmente”.

Como es lógico, este incalificable comportamiento, ha producido un sentimiento de indignación generalizada; el rechazo y repulsa, masiva y creciente, contra la élite hegemónica; estado de opinión de consecuencias imprevisibles y con seguridad indeseadas por la mayoría de los españoles.

Los partidos mayoritarios, cegados por la ambición arrolladora de poder y su irracional deseo de culpar al oponente como único y exclusivo responsable de los males que nos acaecen, pueden dar lugar a que se produzcan situaciones políticas, sociales y económicas arriesgadamente peligrosas y muy difícilmente reversibles. Es urgente y moralmente obligado, que los partidos mayoritarios hasta ahora dejen de tirarse piedras mutuamente y se sienten a dialogar con decidida voluntad política para erradicar y prevenir la corrupción de la acción política y del resto de las instituciones del Estado afectadas por esta pandemia.

Pero como nos decía Ortega y Gasset, Europa —y con ella España— se ha quedado sin moral.

Hoy la aspiración que impera en la sociedad, es vivir sin supeditarse a moral ninguna.

En realidad me parece una ingenuidad reprochar su falta de moral a los cientos o miles de imputados que por medio de sofisticados o groseros procedimientos, nos han estado robando durante años, al tiempo que para mayor escarnio, algunos de ellos formaban parte de destacadas tertulias en importantes medios de comunicación, para acusar al oponente de las mismas o similares inmoralidades que ellos estaban cometiendo.

Reprocharles su comportamiento es una actitud lógica, pero ingenua e inoperante, porque quien así ha obrado, no es que sea un inmoral; es alguien que vive al margen de cualquier moral que no sea el enriquecerse por cualquier medio y por tanto, la acción que le podamos censurar, no le afectará en absoluto e incluso, en algún caso, hasta puede que le alague ya que la pena por los frutos de la inmoralidad ha llegado a resultar tan barata que cualquiera puede alardear de ejercitarla.

A pesar de ello, creer en las promesas de regeneración de los nuevos salvadores, podría resultar una candidez extremadamente peligrosa y de efectos probablemente irreversibles.

Hace 85 años, Ortega decía en “La rebelión de las masas”: “No creáis una palabra cuando oigáis a los jóvenes hablar de la “nueva moral”. Niego rotundamente que exista hoy en ningún rincón del Continente grupo alguno informado por un nuevo ethos que tenga visos de una moral. Cuando se habla de la nueva, no se hace sino cometer una inmoralidad más y buscar el medio más cómodo para meter contrabando.

Ochenta y cinco años de rotunda experiencia sobre la falsedad de los fundamentalismos materialistas, vaciedades idealistas, criminales ismos de uno u otro color, exacerbados nacionalismos, utopías con el terror como moneda de cambio… todo ello protagonizado por un ser humano duro de mollera para reconocer los errores de que hizo norma de vida.

 

La fuerza de la familia, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

 

“Tener un lugar para ir, es un hogar. Tener alguien a quien amar, es una familia.

Tener ambas, es una bendición”.

Donna Hedges

 

Es una realidad tangible que en las últimas décadas Occidente ha obtenido un alto grado de desarrollo y con él, de bienestar material.

Dos factores, por sí mismos, altamente positivos, son los que han originado el cambio del modelo social tradicional que nos ha traído hasta el siglo XXI. El vertiginoso e imparable avance experimentado por del mundo del conocimiento, proceso al que felizmente, por fin, se ha incorporado la mujer como elemento llamado a aportar sus facultades intelectuales en relación proporcionada con su carácter y su destino, hasta no hace tanto oprimida y degradada, generalmente postergada o abandonada en su educación por el varón, que hasta ahora se ha atribuido una superioridad exclusiva.

Pero no es menos cierto, que en general, esta evolución ha producido un gran debilitamiento de la familia como institución sobre la que secularmente se ha sustentado un modelo de sociedad portador de los más altos valores que distinguen al ser humano del animal irracional que solo obedece al estímulo de sus instintos. El árbol ha dado nuevas ramas pero se han debilitado sus raíces y ello ha tenido la consecuencia de que la continuidad y la preservación de la humanidad, dependen hoy en un mayor grado que antes, de las instituciones públicas de enseñanza.

Puede parecer un tópico, pero como la mayoría de éstos, contiene una buena parte de verdad, y es que la importancia que tiene la familia para la humanidad, es decisiva en todas las culturas. Sin embargo, la realidad actual, es que la familia ha dejado de ser una fuente generadora de valores para convertirse en un instrumento obsesivo de consumo.

Es cierto que los hábitos de nuestra sociedad han cambiado y con ellos el modelo tradicional de la familia que ha delegado en el Estado las funciones inherentes a la propia razón de su existencia.

La familia, esencialmente, es la más alta expresión del amor, mientras que el Estado es un ente anónimo, frio, distante, incapaz de proporcionar en momentos de necesidad el calor de un hogar, el consejo de un padre, el amor de una madre o la ayuda de un hermano. El Estado jamás podrá proporcionar la cálida protección del claustro familiar.

Ante el grave deterioro sufrido en las últimas décadas por la más importante institución universal, la Iglesia ha alzado su voz celebrando un sínodo extraordinario, que analizando las dificultades que hoy afrontan las familias, sus causas y sus consecuencias, trata de restituir el vigor y la fortaleza a ese frondoso árbol, que en los momentos más duros del estío, nos cobija bajo su sombra protectora. Una sombra —lo apreciamos a diario— cada vez más débil, porque a las raíces del árbol le falta el alimento vivificante del amor. Un amor que en vez de proyectarlo sobre nuestros semejantes, lo hemos cifrado en la posesión de bienes materiales, muchos de ellos absolutamente innecesarios, sin saber que ninguno de esos artilugios que tanto nos afanamos por poseer, nos proporcionará esa ilusoria y quimérica felicidad que tanto anhelamos.

Lamentablemente hoy todo lo relativizamos y lo sometemos a la efímera vida que constituye el presente. Las nuevas generaciones no afrontan ni se plantean un proyecto de futuro. Simplemente se limitan a vivir el hoy. Me pregunto si en ese esquema tiene cabida el amor verdadero, ese que es entrega y no pone condiciones. Ese que no contempla el yo y el tú, sino el nosotros. Porque es precisamente la inexistencia de ese amor, que es todo generosidad y darse a tu otro yo, la causa originaria de que se estén secando las raíces del árbol de la familia y muchas veces se agoste apenas plantado. Su débil arraigamiento es la causa por la que apenas es agitado por la más leve tormenta, pierde su estabilidad y cae, sin tener en cuenta el destrozo que produce en el fruto de sus ramas.

La familia, debe ser la roca sólida sobre la cual, todos sus miembros puedan sentirse protegidos, seguros y amados. Pero una familia unida solo es posible si las personas que la integran anteponen el amor, la generosidad y la entrega, al egoísmo de los intereses personales y el respeto es el puerto en el que quedan atracadas las intemperancias de nuestras emociones.

Hemos sustituido la tolerancia de la paciencia, el puente del diálogo sincero, la generosidad del perdón recíproco, la voluntad de la reconciliación y la fortaleza del sacrificio, por el empobrecimiento de la fe y de los valores y por un individualismo feroz, causa del debilitamiento de las relaciones familiares.

Sin embargo, solo las dramáticas circunstancias por las que desafortunadamente han atravesado muchas familias durante esta última crisis, nos han permitido valorar la fuerza y la importancia de la familia para mantener la esperanza de renacer a la vida, mientras atravesamos la galerna. Porque una familia, es allí donde te esperan.