Aún no se conoce la sentencia del tribunal Supremo y demasiada gente se ha apresurado (algunos, incluso, adelantándose dos días al fallo del Supremo) a gritar que aquí no ha pasado nada y que todos a clase. Los hay que tienen demasiadas prisas por cerrar este asunto. Y frente a esto, todos observan, desconcertados, la tranquilidad de los miles de padres que permanecemos firmes en nuestra decisión de defender a nuestros hijos, nuestros derechos y la libertad por encima de todo.
Miles de padres que no respondemos a la caricatura que muchos intentan hacer de nosotros. Padres informados, plenamente conscientes del paso que hemos dado y conocedores de la realidad de esta Educación para la Ciudadanía. Están tan desconcertados ante este movimiento civil, que intentan descalificarnos con apelativos de todo tipo y asociarnos a partidos políticos, a la jerarquía eclesiástica o a lo que se tercie. Vano intento. Los que así proceden no han entendido nada de este movimiento sin precedentes en la historia de España. Seguramente están demasiado acostumbrados a que la mayoría se adapte a lo que le manden o trague con lo que haya.
Este impresionante despertar de la sociedad, este movimiento de padres defendiendo a sus hijos, no puede aplastarse con una simple amenaza totalitaria: “la ley está para cumplirse”. Pues sí; pero las leyes también están para reformarse, para cambiarse, para derogarse…y, en algunos casos extremos, para objetarse. Porque, además, las leyes tienen diferentes rangos, y por encima de una Ley Orgánica de Educación está la Constitución, entre otras cosas, para evitar abusos por parte del poder. Y es la Constitución la que garantiza el derecho de los niños a la educación y el de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. En ninguno de sus artículos garantiza el supuesto derecho del Estado a educar a sus ciudadanos, porque, aunque haya voces que invoquen tal derecho, éste, simplemente, no existe. En cambio, el propio Tribunal Constitucional ya se ha manifestado en relación con la objeción de conciencia: “Por lo que se refiere a la objeción de conciencia existe y puede ser ejercitada con independencia de que se haya dictado o no su regulación”
Los padres tenemos la razón y la verdad de nuestra parte, por eso nos mantenemos tranquilos y firmes ante tantos ataques y tantas amenazas. No sólo no nos arredramos ante las dificultades, sino que nos crecemos, ayudando además, con nuestro ejemplo y nuestra firmeza, a que otros padres pierdan el miedo y se sumen a este movimiento por la libertad. Las objeciones siguen aumentando, gota a gota, en toda España, formando una marea imparable. Al ver esa marea y, sobre todo, al ver a nuestros hijos madurar y contemplar con orgullo y admiración la hermosa tarea que estamos llevando a cabo, los padres tenemos una certeza: YA HEMOS GANADO.
Marisa Pérez Toribio es presidenta de la plataforma Soria Educa en Libertad.



La sentencia del TC ha dado la razón a los defensores de EpC, ya que ha dictaminado que sus contenidos no son objetables.
La asignatura “Deformación del Espíritu Nacional” se pretende imponer dictatorialmente. Se diferencia de su predecesora en que se suprime a Dios, a la Patria y a la Justicia. pues no hay Justicia para los niños frutos del embarazo, que son “ajusticiados” impunemente; no hay referencia a España como Patria de todos los españoles y se suprime toda mención a Dios y a la Religión.
El Espíritu Nacional de los españoles queda “deformado” por las enseñanzas degradantes que se imponen desde el Gobirerno Socialista.
Claramente se trata de suprimir a Dios de la sociedad, alejando a los jóvenes de la Religión, interesándoles en el sexo, degradando los valores morales, en nombre de la libertad, del progreso y de la democracia.
Tienes razón, Carlos. Y si luego intentas recurrir porque se adoctrina con estos principios, que no pueden ser impuestos en una relación horizontal maestro-alumno, -según la sentencia- te dirán que los valosres morales no son de los que entran en su lista de recurribles y ahí se las den todas.
No hemos ganado absolutamente nada, no nos dejemos engañar y sigamos luchando.