Archivo Mensual de julio, 2009

La razón de la sinrazón, por César Valdeolmillos Alonso

César Valdeolmillos Alonso es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

En tiempos de injusticia, es peligroso tener razón

Anónimo

Mi artículo “La oculta filosofía de la laicidad”, ha suscitado una airada reacción por parte de algunos lectores a los que de antemano agradezco muy sinceramente el tiempo y atención que han dedicado a mis modestas ideas.

Cuando escribo, solo pretendo expresar lo que pienso sobre un tema determinado, sin pretender en ningún momento estar en posesión de la verdad. Posiblemente, como humano y consciente de lo muchísimo que aún me queda por aprender, mis pensamientos estarán llenos de imperfecciones y carencias, de ahí que con frecuencia trate de apoyarme en la rigurosidad textual de las afirmaciones de aquellas personas a quienes pueda referirme y en los siempre inapelables, perseverantes e intransigentes datos de la historia.

Por cuanto es necesaria y beneficiosa para quien la reciba, bienvenida sea  por tanto la crítica, siempre y cuando esté sustentada en el rigor intelectual, en el conocimiento, en el ejercicio de la razón y no en la afirmación y descalificación gratuita, porque estas son la razón de la sinrazón.

Pero antes de entrar en las discrepancias puntuales que mi artículo haya podido producir, dejemos constancia de una realidad jurídica insoslayable, porque es a partir de esa realidad —nos guste o no— de donde tenemos que partir para analizar primero y poder enjuiciar después, las acciones de los políticos que dicen representarnos.

EL artículo 16,3 de la Constitución Española, establece el principio de la aconfesionalidad del Estado al declarar que:

«Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones».

Así de claro, la Carta Magna española, excluye la posibilidad de un estado laico o independiente de cualquier organización o confesión religiosa.

Según nuestra Ley de leyes, el Estado español, no puede ser indiferente ante el hecho religioso y está obligado a cooperar con las distintas confesiones y muy en particular con la Iglesia católica. Por el contrario; en este aspecto, demanda imperativamente de los poderes públicos no hacer caso omiso —“tendrán en cuenta” y “mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación”— de las creencias religiosas de los ciudadanos. Nos guste o no, la Constitución no dice que España sea un Estado laico, sino todo lo contrario.

Lo que la Constitución dice es que: “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, frase a la que la izquierda española se acoge hoy y con la que intenta confundir a la opinión pública española haciéndola creer que la misma puede asimilarse a una interpretación laicista, para así, a su amparo, imponer sus tesis ideológicas, cuyos lamentables resultados prácticos, bien se pudieron comprobar con la aprobación de la Constitución de 1931, que de facto, impuso un Estado laico, en función de lo dispuesto fundamentalmente, en sus artículos 25, 26 y 27 y en su artículo 48, en el que se decía: “La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.”.

Corriendo el riesgo de ser reiterativo y para aquellos que aún no tuvieren  suficientemente clara la diferencia existente entre la aconfesionalidad y laicismo, conviene aclarar que el Estado aconfesional[i] es el que sin declararse oficialmente seguidor de ningún credo religioso, sí los respeta a todos y, por supuesto, garantiza la libertad religiosa y de culto de los ciudadanos, con todas las consecuencias, en contraposición con el estado laicista[ii], que ignora deliberadamente las creencias religiosas de sus ciudadanos, y cuyo único mandato a sus gobernantes respecto de la religión, es precisamente no tener en cuenta las creencias religiosas de nadie y actuar independientemente de ellas, imponiendo por tanto su propia ideología.

Habiendo por tanto, dejado bien claro que España no es un Estado laico sino aconfesional y siendo la Constitución la Ley Española de mayor rango, a la que han de adecuarse todas las demás leyes y la actuación de los poderes públicos, parece que una consecuencia justa es que las leyes y la actuación del Gobierno deben, no como quien hace un favor sino como quien cumple un mandato del pueblo, tener en cuenta y respetar las creencias religiosas de la gente y mantener relaciones de cooperación con las confesiones religiosas. Les copio lo que dice el diccionario de la Real Academia Española que es cooperar: “Obrar, colaborar con otro u otros para un mismo fin”.

A tenor de la lógica aplicación de la Ley, tanto Zerolo —perdón pero sigo sin poder despejar la ecuación del artículo gramatical que debo anteponerle— como munícipes de otros ayuntamientos de izquierdas, hace tiempo que vienen haciendo mofa de este mandato constitucional, efectuando ceremonias no previstas en ningún tipo de legislación vigente, porque no tienen ningún tipo de trascendencia en las leyes civiles, pero equiparándolas al bautizo religioso, lo que no puede dejar de considerarse por los católicos como una auténtica provocación, ya que la frivolización de estos actos, solo pretende sembrar en la opinión pública una intencionada tergiversación, a través de la cual, llegar a sustituir el sagrado ritual de un sacramento, por una pretenciosa y politizada ceremonia. Y todo ello con el silencio cómplice y complaciente de las instancias superiores del Estado, porque al ignorar este mandato constitucional con un hecho aparentemente banal, se abre la puerta a un acto de muchísimo mayor calado en la configuración del pensamiento de las futuras generaciones, como es la vulneración de la libertad de enseñanza, en su aspecto de garantía del derecho de los padres a elegir la formación religiosa para sus hijos, prevista en el artículo 27 de la misma Constitución. Especialmente importante en este momento es recordar que la Constitución atribuye a los padres, y no al Estado, la elección de la orientación religiosa de la educación de sus hijos.

Las palabras son bastante claras. Y el Gobierno lo sabe. Y el Partido Socialista también. No obstante, ambos han dado a entender y claras muestras están dando, de que la situación no es de su agrado y buscan redirigirlo mediante la reforma de distintas leyes —les da igual que sean constitucionales o no— para no tener que abordar el complejo y dilatado mecanismo que supone modificar el marco constitucional, para lo cual precisarían inicialmente, el voto favorable de los 3/5 de cada una de las cámaras, cifra que no alcanzan ni por aproximación.

En definitiva, están modificando la Constitución por la puerta de atrás, a través de leyes claramente inconstitucionales, que aunque sean impugnadas por la oposición, el defensor del pueblo o la sociedad civil, al ritmo que en estos aspectos funciona el Tribunal Constitucional —obsérvese el desarrollo de la impugnación del Estatuto de Cataluña— el Gobierno, al igual que hizo el Burlador de Sevilla en la obra de Tirso de Molina, bien puede poner sus brazos en jarras, prorrumpir una sonora carcajada, y responder: “!largo me lo fiáis! …”, porque entre si se resuelve o no la impugnación, dichas leyes se ponen en marcha, pasan los años, la sociedad se va a habituando a ellas como un mal irremediable y al cabo de los años, vaya usted a saber cual puede ser el fallo del citado tribunal.

En definitiva, que por la vía de los hechos consumados, se va construyendo un nuevo tejido social —analícese el resultado del odio a España sembrado en las nuevas generaciones por los partidos nacionalistas en sus respectivos territorios— en el que los valores del humanismo cristiano, en los que durante mas de dos mil años hemos venido asentando toda nuestra estructura jurídica, política y social, están siendo sistemáticamente sustituidos por nuevos ídolos materializados por el poder, el dinero, la popularidad, el hedonismo, el sexo y las ideologías, deshumanizándonos, apoderándose de nosotros, destruyendo el que hasta ahora ha sido el núcleo vital del concepto de la familia, eje y soporte de nuestra estructura social y hasta la propia esencia del individúo como ser humano. A este paso, dentro de unos años, como decía Alfonso Guerra, a España y a los españoles, no nos va a conocer ni la madre que nos parió y aquí todos tan contentos. Cada uno a lo suyo y pasando.

Pero no creamos que nuestra pasividad e indiferencia, va a eludir el pago por nuestra parte y quizá el de las generaciones que nos sucedan, de una muy costosa factura.

En estas tristes circunstancias, quizá fuera oportuno recordar la célebre frase del pastor protestante alemán Martin Niemoeller, aunque falsamente atribuida a Bertolt Brecht, que con motivo de la progresiva persecución efectuada por los nazis en Alemania, dice: “Primero vinieron a por los comunistas, pero yo no era comunista, no alcé la voz. Luego vinieron a por los socialistas y los sindicalistas, pero, como yo no era ninguna de las dos cosas, tampoco alcé la voz. Después vinieron a por los judíos, y como yo no soy judío, tampoco alcé la voz. Y cuando vinieron a por mí, ya no quedaba nadie que alzara la voz para defenderme”

Con una naturalidad verdaderamente inquietante, hemos aceptado casi como su fuera el Evangelio, el que por parte de la izquierda española de formar expresa y arrojadiza y por parte de la derecha de forma callada y vergonzante, permanentemente se siga acudiendo como causa de todos nuestros males, al tópico de Franco y al alzamiento militar de 1936, después de 34 años de su muerte y de 73 de haberse producido este triste episodio de nuestra historia. Resulta el recurso infalible para culparle de todos aquellos males acaecidos en España, los que estamos viviendo y los que nos hayan de sobrevenir dentro de cien años. Burda y demagógica táctica esta para ocultar la propia incapacidad de quienes nos dirigen, que aún sigue surtiendo su efecto en los sectores más iletrados de espíritu sencillo y simple, gracias a la amplificación que estas consignas encuentran, en la mayoría de medios de comunicación sumisos o afectos al poder y generosamente tratados por este. Pero resulta una ofensa para la inteligencia admitir simple y llanamente esta excusa tan tosca y grosera, cuando después de casi 31 años de democracia, la izquierda ha estado 20 de ellos ostentando las responsabilidades del gobierno de la nación y en algunas autonomías como Andalucía y Extremadura —precisamente las más pobres y atrasadas— siempre. Yo me pregunto: ¿Cuánto tiempo necesita la izquierda para corregir, perfeccionar, hacer o deshacer la obra de Franco? Profundizar con rigor y veracidad en estos temas, con seguridad nos conduciría a resultados sorprendentes —para muchas generaciones desconocidos— que pondrían al descubierto las demagógicas falacias de la izquierda española. Una izquierda que se quedó sin discurso con el fracaso de la revolución cultural de Mao —esa pesadilla de fanatismo y destrucción que costó más de diez millones de muertos— y el colapso del bloque socialista europeo que fue el resultado de la desaparición de la que fuera una de las mas grandes potencias de la historia, la Unión Soviética, que se desplomó como castillo de naipes, produciendo su desintegración y el ocaso del muro del Berlín. Una izquierda española que, perdida y desorientada, ahora, con la sectaria Ley de la Memoria Histórica, pretende ganar en España una guerra que perdió hace 70 años y de la que no resulta políticamente correcto analizar cual fue la semilla, ni quien la sembró, que produjo ese horrendo fruto.

Pero ya se sabe: “Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata”, que en el argot mexicano significa “ganar como sea”. ¿Recuerdan ustedes aquella frase que captó un micrófono indiscreto y en la que el actual jefe del ejecutivo español Sr. Rodríguez, dirigió en la Cumbre Euromediterránea de Barcelona en el año 2005 a su director del área internacional, Carles Casajuana, cuando las negociaciones estaban a punto de fracasar?: “cerrar” un texto “como sea”. ‘¡Hay que cerrar un texto como sea, vamos!’.

Podría aquí añadir alguna frase llena de ironía y mordacidad sobre la intencionalidad de lograr los objetivos perseguidos “como sea”. Pero dada la gravedad del hecho, prefiero recordar la frase de Jacinto Benavente: “La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe”.

Hoy nos asombramos a diario de las actitudes, gestos y decisiones del actual jefe del Ejecutivo socialista. Pero quizá las comprendiésemos mejor si hiciésemos algo de historia, en la mayor parte de las ocasiones, no demasiado difundida.

En 1910, Pablo Iglesias —fundador del PSOE— ya aplicaba el principio del “como sea”, pronunciando en el Parlamento estas palabras: “El PSOE viene a buscar aquí (al Parlamento), a este cuerpo de carácter eminentemente burgués, lo que de utilidad pueda hallar, pero la totalidad de su ideal no está aquí. La totalidad ha de ser obtenida de otro modo. Mi partido está en la legalidad mientras ésta le permita adquirir lo que necesita; fuera cuando ella no le permita alcanzar sus aspiraciones”. Es decir: “como sea”.

Tras haber sentado en el banquillo de los acusados en 1966 a un Delegado Provincial de Sindicatos y Jefe Provincial del Movimiento —por aquella época virrey de la provincia— con el consiguiente riesgo de haber dado con mis pobres huesos en la cárcel, creo que nadie tendrá la osadía de tildarme de fascista, franquista, facha o cualquiera otro de los respetuosos epítetos que la izquierda española utiliza contra quienes no estamos de acuerdo con sus postulados.

Pido perdón a los lectores por haberme tomado esta licencia personal, pero creo que la misma me proporciona la fuerza moral y política necesaria para afirmar seguidamente que la proclamación de la II República Española, fue un acto de fuerza ilegal[iii], basado en la filosofía anteriormente expuesta de Pablo Iglesias.

El 13 de abril de 1931 tuvieron lugar unas elecciones municipales, ni siquiera Legislativas y por supuesto no Constituyentes. De ellas solamente se podía derivar, legalmente, la constitución y composición de todos los ayuntamientos de España y solamente de los ayuntamientos. Según Tuñón de Lara, que no parece sospechoso de parcialidad monárquica, salieron elegidos 22.150 concejales monárquicos y 5.775 republicanos. Las cifras oficiales no fueron publicadas nunca, y con variaciones en las cantidades, pero no significativas en la proporcionalidad, el triunfo de las candidaturas monárquicas ha sido admitido por la totalidad de los historiadores de este período. Dice el historiador Ricardo de la Cierva[iv] que la ocupación del poder por el Comité revolucionario el 14 de abril de 1931, fue un golpe de Estado.

El mismo día en que tuvieron lugar dichas elecciones, Alcalá Zamora —en esa fecha Presidente del improvisado Gobierno Provisional de la República— exige, ilegalmente, la marcha del rey antes de la puesta del sol del siguiente día 14. Las masas furiosamente vociferantes se concentran ante las puertas del palacio real. Para evitar el menor derramamiento de sangre, Alfonso XIII sale por la puerta del Campo del Moro, ya que había sido advertido del peligro existente para su seguridad física. El Rey se traslada en automóvil a Cartagena desde donde parte hacia el exilio.

De los doce miembros del Gobierno Provisional que se forma, según Ricardo de la Cierva, seis eran afiliados a la Masonería. Pequeño detalle que podría explicar, en parte, que ya en los días 11, 12 y 13 de mayo de 1931 ardieran 107 iglesias y conventos en 10 capitales distintas: Madrid, Zaragoza, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga, Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva. Consta que ardieron bastantes más que no han sido contabilizadas. Miguel Maura, ministro de la Gobernación, pidió permiso al Consejo de Ministros para que las Fuerzas de Seguridad evitasen esos desmanes. El Consejo negó por votación ese permiso. Quedaba introducido por tanto, el todo vale o como sea, contra cualquiera que pensase distinto.

De este modo quedaban frustradas las esperanzas de hombres como Ortega y Gasset, protagonistas del cambio de régimen y que fue el momento en el que alzó su voz con su universal y famoso “¡No es esto, no es esto!”.

Los comentarios que Ángel Maestro hace al libro de R. de la Cierva, “El 18 de julio no fue un golpe militar fascista”, Ed. Fénix, Madrid, 1999, ponen de relieve la similitud de actitudes por parte del PSOE de 1931, con el actual.

 

El autor retrata a Azaña —posterior presidente del Gobierno de la República— como un jacobino, afiliado a la masonería, anticatólico y antimilitarista, inclinado a la prepotencia y la arbitrariedad. La negativa a aceptar el resultado derechista de las elecciones de 1934 demostró que Azaña no era demócrata. Tampoco actuó como un liberal, pues cercenó las libertades religiosa y de enseñanza, así como la de expresión con frecuente recurso a la previa censura gubernativa, e ignoró a la oposición. Era “intolerante e intransigente y despreciaba a sus adversarios, además de impedirles el ejercicio de sus libertades”. Y no hizo reforma positiva alguna, ni siquiera la agraria o la bancaria. “No gobernó con la razón, sino con la sinrazón, no para todos los españoles, sino para media España en contra de otra media.” No sé si esta actitud de hace más de tres cuartos de siglo, traerá a la mente alguna semejanza con la actual que estamos sufriendo.

Los dos hombres clave de la II República fueron los Presidentes de Gobierno, Manuel Azaña y Francisco Largo Caballero. Sin su eficaz cooperación no se hubiera podido llegar hasta las dos tristes guerras civiles que sufrimos.

El 30 de agosto de 1934, el demócrata Manuel Azaña afirma: “si la CEDA —equivalente al PP actual— ganadora de las democráticas elecciones de 1933, (realizadas con normas dadas y regidas por el propio gobierno republicano de Azaña), reclama el poder que le corresponde, la izquierda se lo impedirá, incluso mediante la revolución violenta”. Obsérvese la constante de la izquierda en la ocupación del poder como sea.

De Largo Caballero dice Salvador de Madariaga: “No ocultó jamás su intención. Siempre fue su propósito llevar a España a una dictadura del proletariado”. Dos guerras civiles llevan el sello de Largo Caballero en sus intentos por encontrar una vía rápida a su proyecto.

La primera surge tras las elecciones de noviembre de 1933 que fueron perdidas por el PSOE, pero no acatadas y comenzó a preparar la rebelión armada con el fin de conquistar por la fuerza de las armas lo que le habían negado las urnas. El 11 de septiembre de 1934 la guardia civil descubre que un gran alijo de armas transportado por el navío Turquesa, estaba siendo desembarcado bajo la inspección personal de Indalecio Prieto como ministro de Obras Públicas, a camiones de la Diputación de Asturias regida por los socialistas. Se preparaba la insurrección.

Pero la prueba definitiva contra la legitimidad de la II República, fue la revolución de octubre de 1934, organizada por los socialistas y sus aliados de la izquierda. Cita el famoso texto de S. de Madariaga: “Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió toda sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”. Y cita también los documentos exhumados por Pío Moa sobre las directas y principales responsabilidades del PSOE en la cruenta revolución de octubre de 1934. Los documentos socialistas que transcribe el autor son verdaderamente abrumadores por su crueldad, ya que incitan al secuestro y asesinato, así como al robo. La progresiva degradación de la II República está someramente descrita en el Dictamen de Burgos (1938), que es reproducido parcialmente. Pero el autor va más lejos: «Las elecciones de febrero de 1936 fueron antidemocráticas». Y cita la opinión de J. M. Gil-Robles: la mayoría frentepopulista se logró en 1936 en segunda vuelta mediante la inicua anulación de actas derechistas. Para remate se destituyó ilegalmente a Alcalá Zamora como presidente de la República, por oponerse al frentepopulismo revolucionario. Finalmente, el asesinato del jefe de la oposición, Calvo Sotelo, por guardias de asalto. Así fue el supuesto paraíso democrático destruido por unos curas y militares «fascistas».

Por tanto queda claro que la segunda guerra va a ser la consecuencia de las elecciones del 16 de febrero de 1936. Portela Valladares —Presidente del Consejo de Ministros—   abandonó el poder sin haberse hecho público los resultados y sin esperar a la segunda vuelta. El Frente Popular se hizo cargo del gobierno ilegalmente y manipuló las actas con toda clase de pucherazos y trampas, hasta que resultó ganador ya en esta primera vuelta, según demuestran las últimas investigaciones de los historiadores.

Gil Robles, como jefe de la oposición, informa a las cortes reunidas el 15 de junio de 1936 que desde el 16 de febrero a ese día habían sido destruidas totalmente 196 iglesias, se habían perpetrado 334 asesinatos, 78 centros políticos fueron destruidos, hubo 192 huelgas generales y 10 periódicos deshechos. Había un peligro cierto de aniquilación sobre esa “media España que no se resignaba a morir”.

Tenemos probadas las funestas consecuencias de nuestras dos repúblicas. Hoy la acción del Presidente del ejecutivo español, nos está aproximando peligrosamente, a lo que fueron nuestras repúblicas, con

·         Rompiendo todos los pactos de Estado que había suscritos entre PP y PSOE, algunos firmado por el propio Sr., Rodríguez, como el Pacto Antiterrorista.

·         Ignorando absolutamente a la oposición, que representa a media España.

·         Tratando de eliminarla del panorama político organizando el cordón sanitario que supuso el Pacto del Tinell.

·         Ignorar a las víctimas del terrorismo negociando con lo asesinos y calificándolos de hombres de paz.

·         Haciendo de la mentira la base permanente de su discurso.

·         Pretendiendo amordazar a los legítimos representantes de la Iglesia Católica, reconocida en nuestra Constitución con el mandato imperativo de mantener con ella una política de cooperación.

·         Propugnando la ampliación de leyes sanguinarias como la del aborto que va a hacer de España el paraíso de la muerte, a la que sobrevendrá la Ley de la Eutanasia.

·         Permitiendo que una menor aborte sin el consentimiento de sus padres, socavando con ello la Patria Potestad de los mismos y sustituyéndola por la del Estado.

·         Promoviendo la Ley de la memoria histórica, tratando de santificar la República y poco menos que beatificar a todos aquellos que se dedicaron a incendiar Iglesias y asesinar indiscriminadamente a sacerdotes, monjas, ancianos, mujeres y niños, por el simple hecho de ser creyentes.

·         Promulgando la Ley de Educación para la Ciudadanía, a semejanza de los Principios Fundamentales del Movimiento del franquismo, e impregnando en las mentes de nuestros niños y adolescentes toda una ingeniería ideológica moral y afectiva que está fuera de sus atribuciones y competencias.

·         Hundiendo a España en la depresión mas grande que ha conocido en mas de medio siglo.

·         Diciendo que el concepto de Nación, es un concepto discutido y discutible.

·         A partir de esas manifestaciones, ha permitido que se haga mofa y rechazo público de las enseñas nacionales, tanto dentro como fuera de España, incluso en presencia de la más alta magistratura del Estado.

·         Recientemente en la mesa de negociación por el Pacto Social ¿Qué ha hecho? En vez de agotar las vías de negociación intentando acercar a las partes, demonizar a los empresarios, que son los únicos que crean los puestos de trabajo, que representan la riqueza de cualquier país. El no quería ni ningún pacto, quería un culpable para presentarse como el ángel salvador de los trabajadores.

·         Y esto no es más que una pequeña muestra de la larga serie de medidas que ha adoptado en clave electoral y populista, a base de reabrir las heridas de las dos Españas que habían quedado cerradas con la aprobación de nuestra Carta Magna en 1978.

Hacer esto con un pueblo por el simple hecho de mantenerse en el poder, no es deleznable, es simplemente diabólico, perverso, infame, y su proceder oportunista basado en la mentira constante con la mirada puesta siempre en el voto, propio de un vil trilero. Por tanto, examinando los antecedentes históricos de la izquierda y comparándolos con su proceder de hoy, dije entonces y me ratifico ahora, en que la izquierda española ha demostrado sobradamente, que en vez de fijar sus objetivos en un futuro en el que reine la armonía, la paz, la prosperidad y la colaboración entre todos los españoles, nostálgicamente sigue anclada en la noche oscura del pasado y sus prejuicios, haciendo suyas las prácticas antidemocráticas, sanguinarias y cristianofóbicas, de las que todos los españoles venimos siendo sufridores testigos.

Y la Jefatura del Estado, no parece ser, precisamente, un talismán que esté dispuesto a corregir el mal rumbo que llevamos.


[i] Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el vocablo “aconfesional” significa: “Que no pertenece a ninguna confesión religiosa”.

[ii] Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el vocablo “laicidad” significa:         “Cualidad de la sociedad, el Estado o las instituciones que actúan y funcionan de manera independiente    de la influencia de la religión y de la Iglesia”

[iii] “La segunda República” de Ricardo de la Cierva.

[iv] “El 18 de julio no fue un golpe militar fascista” de Ricardo de la Cierva. Ed. Fénix, Madrid, 1999

Cuando el sentimiento anula la razón, por Mons. Munilla

 

  • Monseñor José Ignacio Munilla es Obispo de Palencia

 

 

A los pocos días de la muerte de Rayan, el niño fallecido por el trágico error de una enfermera en el Hospital Gregorio Marañón, Borja Montoro publicaba en el diario La Razón una viñeta gráfica, de esas que cuestionan nuestros presupuestos y ponen al descubierto nuestras hipocresías. El texto era el siguiente: “Si en lugar de haber muerto esta semana a causa de un dramático error, hubiese muerto hace un par de meses como consecuencia de un aborto, hoy nadie hablaría de esta pobre criatura”.

           

Ciertamente, ha sido llamativo comprobar cómo la opinión pública nacional llegó a estar conmocionada por aquel suceso fortuito, al mismo tiempo que continuaba sin mayores resistencias la tramitación política de una legislación que considera el acceso libre al aborto como un “derecho”.

Me permito también aducir como ejemplo otro suceso más lejano: En octubre de 1991 una niña de doce años, llamada Irene Villa, sufría junto a su madre un cruel y despiadado atentado de ETA, en el que perdió las dos piernas y tres dedos de una mano. El telediario del mediodía ofreció unas impactantes imágenes en las que Irene se intentaba levantar del suelo sin ser consciente todavía de que le faltaban las piernas. Aquellas imágenes conmocionaron la opinión pública, hasta el punto de que a las pocas horas, en lugares de notable connivencia con el terrorismo, se organizaron por primera vez, manifestaciones espontáneas contra la banda armada.

El influjo de aquellas imágenes había resultado más convincente que todos los discursos de condena de la actividad terrorista o, incluso, que los argumentos en favor de la dignidad de la vida humana… ¿Es que acaso, en los anteriores atentados terroristas, no se había derramado sangre o no se habían generado viudas y huérfanos? ¿Tendremos que reconocer, tal vez, que los argumentos racionales son incapaces de iluminar y cuestionar nuestras conciencias? ¿Tan inmaduros podemos llegar a ser, como para dejarnos dominar por nuestra emotividad -“ojos que no ven, corazón que no siente”-?

De la misma manera que el impacto de unas imágenes y su efecto emotivo pueden llevar a la opinión pública a posicionarse en defensa de unos valores éticos, también puede ocurrir -y de hecho ocurre- exactamente lo contrario. Nuestra cultura actual, calificada por muchos como de “pensamiento débil”, es fácilmente manipulable. ¡Es lo que ocurre cuando el sentimiento anula la razón!

Ciertamente, la cultura de hoy se caracteriza por una notable sobreexplotación del sentimentalismo, en detrimento del uso recto de la razón. Es más, no son pocas las personas que confunden los sentimientos generosos o altruistas con la pura emotividad, como si el hecho de conmoverse o emocionarse fuese sinónimo de tener una alta sensibilidad moral.

Es verdad que solemos calificar nuestra cultura como “racionalista”. Sin embargo, no queremos decir con ello que nuestra cultura utilice en exceso la razón… ¡ni mucho menos! El racionalismo de nuestros días considera verdadero sólo aquello que es experimentable y palpable, rechazando la apertura a la fe. En realidad, para que los términos no llamen a la confusión, quizás debiéramos designar a la cultura actual como “materialista” o “tecnologicista”, en lugar de racionalista.                

La Iglesia compagina su discurso de fe, con el recurso continuo al discernimiento racional. Como reiteradamente está remarcando en su pontificado Benedicto XVI, una de las grandes tareas de la Iglesia es reclamar la razón. Más aún, algunos han designado la pastoral de Benedicto XVI como una “pastoral de la inteligencia”. En su última encíclica, “Caritas in Veritate”, el Papa hace afirmaciones como las siguientes: “Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo”, “La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal” (nº 3).

Ciertamente, a pesar de lo dicho hasta aquí, queda en pie la expresión de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”. Pero en nuestros días es necesario remarcar que no debemos confundir la emotividad con el afecto. El verdadero amor ha de ser afectuoso, pero no siempre emotivo. Y es que… ¡hay emociones que no construyen, y emociones que afianzan la afectividad en el amor! Solamente la razón será capaz de discernir entre ambas.

Ya no somos los mismos, por Victoria Blasco

Tras unos años de espeso silencio en los que hemos sido testigos complacientes de una disolución moral tal que ha dejado que se instale entre nosotros una auténtica “cultura de la muerte” disfrazada de “progreso”; años en los que nos han “vendido” una “indignísima ley”-contra unos seres debilitados a los que el sufrimiento y el dolor no les degrada en absoluto el valor de su dignidad- como una“ley digna”; años en los que han intentado convencernos de que matar seres indefensos dentro del vientre materno es un gran paso adelante, supeditando la vida del niño y el dolor de su madre a una serie de intereses ideológicos y económicos; años en los que intentan “colar” el sexo en la vida de nuestros hijos como si de un pasatiempo se tratase y en los que una serie de políticos intentan hacerse tutores de los que no son sus hijos sentados en su “limbo artificial” jugando una partida de ajedrez con nuestras vidas.

Ante esta masacre envuelta en silencio quedan dos opciones: o nos embrutecemos y seguimos callando o nos convertimos y luchamos por la vida.

¡Vamos a airear esta vergüenza! No podemos seguir callados y fingiendo que somos humanos. Urge un nuevo estilo de vida. Una nueva “cultura de la Vida” que enseñe a nuestros jóvenes lo bonito que es vivir.

Pero ya corren nuevos vientos. Ya hay comunidades autónomas que han dictado leyes en apoyo de la maternidad. Ya hay ventanas a la esperanza en las Hermandades y colectivos de científicos, artistas, intelectuales, médicos y en todos los órdenes de la sociedad que han empezado a “nadar contracorriente para experimentar que están vivos” poniendo voz a “los que no tienen voz”.Ya hay presidentes de gobierno, como el de Uruguay que, aun siendo de izquierdas, se atrevieron a vetar una ley de aborto en sus países y seres concienciados con la vida de tal forma que bloquean leyes eutanásicas, como el Gran Duque de Luxemburgo. Hemos contemplado cómo diputados de distintos partidos están dispuestos a renunciar a su militancia en ellos por no someterse a la disciplina que les marcan en las votaciones contra la vida y la dignidad.

También somos testigos de padres-héroes luchando contra el adoctrinamiento que se les quiere imponer por decreto a sus hijos en las escuelas con la asignatura EpC.

Los políticos podrán aprobar todas las leyes que quieran, podrán ir sacando toda una serie ininterrumpida de decretos y podrán usar toda su maquinaria propagandística para imponer sus respectivas ideologías, pero ya no podrán dar marcha atrás a los vientos de cambio que hay en nuestro país porque ya hay muchas personas que han tomado conciencia de la gravedad de sus “ideologías de laboratorio” y están dispuestas a luchar por su libertad. Puede que no duremos hasta el final de la contienda pero nos relevarán otros y, mientras lo sigamos haciendo, seguiremos vivos.

Viky Blasco López.

El bebé Aído, por Miguel Antonio Espino Perigault

  •  Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

 

Panamá, 21-07-09.- La capacidad de asombro del pueblo español frente a las acciones del gobierno  que preside el inefable Rodríguez Zapatero ha sobrepasado  todos los límites  que pudieran esperarse hasta de un malísimo gobierno. Quizá por ello es que, vista desde lejos y en base a las informaciones  accesibles en internet, se aprecia, en primer lugar, un despertar del interés popular por asuntos que se confían  a los gobernantes con la esperanza de que hagan las cosas bien, con inteligencia y sentido común, algo que, al parecer, no se da  mucho entre los políticos, en ninguna parte.

 

En segundo lugar, además de este despertar cívico, revelado en las encuestas de opinión, puede apreciarse  una actitud y un accionar de compasiva mordacidad hacia el gobierno, de parte de grupos de  opinión  desvinculados de los partidos políticos, como lo son HAZTEOIR (hazteoir.org), su plataforma Derecho a Vivir (DAV), y otros. DAV ha logrado que el pueblo envíe al gobierno 112.138 mensajes de “sangre”, en memoria  de igual número de  niños abortados en el año 2007 en España. Estos grupos pro-vida y la familia se activan en  la defensa de las libertades  y derechos propios de las personas  y  ciudadanos en un estado democrático verdadero.  

 

El Gobierno está obstinado en empeorar una ya pésima  ley permisiva del aborto y otras calamidades, que presenta como la divina pomada contra todos los males sociales del reino. Y ello, pese a que encuestas independientes revelan que entre el 62.5% y el 58.3% rechazan la ley o se abstienen de apoyarla,  y solamente entre el  39.1% y  el 41.7 % la apoya. Pero el  Gobierno sostiene que la ley va porque sí. Para ello cuenta con la titular del Ministerio de Igualdad: Bibiana Aído, quien ganó celebridad mundial cuando afirmó públicamente  (19-05-09) que el feto no es un ser humano; aunque tampoco dijo lo que ella cree que es.

 

Como muestra  de esa madurez política del pueblo  español, despertada por los grupos pro-vida, y para beneficio de la desinformada funcionaria, un grupo de profesionales y científicos de diversas disciplinas ha concebido y dado a la luz publica un “Bebé Aído”. Se trata de una bella muñequita confeccionada según el modelo real de un feto de trece semanas (plazo para el aborto, en la ley); lapso en el que, como todo el mundo sabe, (menos la ministra Aído), el no-nacido está tan desarrollado que puede moldearse una reproducción real del mismo. El Bebé Aído ha nacido y es famoso en toda España, y muy pronto lo será en el mundo. Veinte mil modelos se han preparado para obsequiarlos a los miembros del gobierno, a los  dirigentes del Partido Socialista, muchos de cuyos miembros deben sentirse fastidiados  por las ocurrencias  de la madre putativa el Bebé Aído. Pero, como diría el escritor Guillermo Sánchez Borbón, “ya no nos hacen  socialistas como los de antes”.

De “reyes” y “mendigos” , por Mons. Munilla

 Mons. José Ignacio Munilla Aguirre  es obispo de Palencia

Recién acontecida la muerte del cantante Michael Jackson, y cuando los medios de comunicación se prodigaban en difundir la noticia con todo tipo de detalles y especulaciones, me encontraba con un grupo de adolescentes que recibían el sacramento de la Confirmación. Parecía lógico que aquella noticia tuviese cabida en nuestra conversación, habida cuenta del eco que estaba alcanzando.

No creo que haga falta convencer a nadie del influjo tan notable que pueden llegar a tener las estrellas musicales en nuestro horizonte cultural, moral y espiritual, y especialmente en el caso de los jóvenes. El hecho de que un icono tan destacado de la música moderna, considerado como el “rey del pop”, haya llevado una existencia tan contradictoria y concluya sus días de una manera tan dolorosa, nos invitaba a una serena reflexión sobre la fragilidad de los valores de la cultura occidental:

- ¿Sabéis? ¡También yo tenía aproximadamente vuestra misma edad cuando murió Elvis Presley, el “rey del rock”! ¿No os parece mucha casualidad que estas dos “estrellas” hayan muerto de una forma tan similar?

- ¡De casualidad nada! –me respondió uno de aquellos jóvenes-. ¡El mismo Michael Jackson había manifestado que tenía el temor de “terminar como Elvis”!

 

No está de más añadir que nuestros jóvenes son bastante más lúcidos de pensamiento de lo que muchas veces solemos suponer.

 

Divorcio entre el gusto estético y el bien moral

 

El hecho de que la cultura dominante esté tan profundamente marcada por el subjetivismo y el relativismo, contribuye más, si cabe, a que el gusto estético sea entendido como algo puramente arbitrario (¡sobre gustos no hay nada escrito!). Son muchos quienes piensan que sus gustos e inclinaciones musicales nada tienen que ver con los valores de su vida, máxime cuando en muchos casos nos cuesta entender la letra de las canciones.

 

Lo cierto es que algunos mitos o “iconos” musicales han ejemplificado con sus vidas el inexorable callejón sin salida al que conduce la disociación entre la estética y el bien moral del ser humano. ¿Cómo se compagina el que un artista alcance el cénit de su carrera profesional, al mismo tiempo que crece su grado de desesperanza? ¿Cómo es posible que la opinión pública dirija su admiración hacia unos “reyes” que, en el fondo, no son sino “mendigos” de una felicidad, la cual son incapaces de alcanzar?

 

La humildad de saberse instrumento

 

¡Qué difícil es mantenerse en la cumbre de la fama sin corromperse! ¡Qué fácil es caer en la tentación de un endiosamiento que termina por ensombrecer el valor de la obra artística! Posiblemente, una de las tentaciones más frecuentes en el mundo del espectáculo consista en desviar la atención de lo objetivo a lo subjetivo: de la obra musical, al cantante ídolo; del deporte, a la estrella galáctica… terminando por fomentar un culto a la imagen, que anula la conciencia de sabernos “instrumentos” de un misterio de verdad y de bondad que nos precede y nos supera.

La vida y la muerte de Michael Jackson esconden la tragedia de toda una generación incapaz de alcanzar una libertad por la que suspira. ¿Hasta qué punto estamos marcados y condicionados por las heridas generadas por la desestructuración familiar? ¿En qué consiste la libertad: en hacer lo que queramos, o en querer lo que nos corresponde hacer? En última instancia, ¿la felicidad consiste en inventar una realidad a nuestro capricho, o más bien en querer conformar nuestro deseo con la voluntad divina?

Michael Jackson ha sido una “parábola” –y al mismo tiempo una “víctima”- de nuestra época, un “paradigma” del occidente carente de cimientos sólidos, capaz de lo mejor y lo peor, generoso y caprichoso, materialista e idealista… un genio tan contradictorio como nuestra cultura misma.

No sería justo que metiésemos en el mismo saco todas las experiencias de la música moderna. Existen intentos serios de plasmar un mensaje de esperanza en expresiones musicales innovadoras, como es el caso del conjunto irlandés U2, que actúa estos días en Barcelona. En una reciente entrevista, el solista del grupo, Bono, declaraba que se había inspirado en la arquitectura del maestro Gaudí para crear el escenario de su gira: “Gaudí hacía un lugar donde la gente podía rezar. Y para nosotros la música es una plegaria. A veces es a Dios, a veces es a tu amor, pero siempre una plegaria”. En efecto, la clave de un producto musical de calidad no puede estar exclusivamente en el genio del artista, sino también en su propuesta de sentido, además de en la coherencia moral de su vida.

 

La OEA metida en “honduras”, por Miguel Antonio Espino Perigault

 

  • Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

 

 

Los acontecimientos relacionados con la destitución del ex presidente de Honduras, José Manuel Zelaya Rosales, suceden tan rápidamente que resulta difícil seguirles el paso. Pero, cualquiera que sea el resultado, Honduras habrá quedado hundida en el dolor de sus muertos, el odio fraticida y la frustración de muchos. ¿Quién o quiénes tienen la mayor responsabilidad en los destructivos sucesos? Tres son los principales protagonistas: El presidente destituido; las autoridades que lo destituyeron, y la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo eufórico e hiperactivo Secretario General, José Miguel Insulza, jugó más un papel prepotente y amenazador que conciliador. Como un cuarto protagonista puede mencionarse el grupito de mandatarios que han actuado con espíritu de pandilla más que de estadistas, en apoyo de una acción irresponsable. Una lamentable sucesión de acontecimientos que pueden calificarse, en buen castellano, de “meterse en honduras”. El diccionario de la RAE define la locución como Tratar de cosas profundas y dificultosas sin tener bastante conocimiento de ellas”. Y esto es lo que han hecho, Insulza, la OEA y los presidentes temerarios

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A estas alturas del drama montado por Insulza en escenarios mundiales, los expertos internacionales en Derecho Constitucional y analistas políticos desapasionados, reconocen que, primero, el ex presidente Zelaya  había incurrido en delitos punibles con la destitución, según las leyes y la Constitución (malas o buenas) del país; segundo, que la decisión de destituirlo, es legítima.

 

Se ha señalado como  error de quienes destituyeron a Zelaya  el haberlo tratado con violencia y enviarlo fuera del país. Esta última acción, sin embargo, es discutible; pues pudo haber evitado mayores problemas sociales.

 

La acción de la OEA, inspirada por Insulza y alentada públicamente por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es tanto más hipócrita y desvergonzada si consideramos que, pocos días antes, la flamante organización regional se había puesto ella misma a los pies de la dictadura  cubana, para levantarle, al país comunista una histórica sanción impuesta, años antes  por la misma OEA, por  causas mucho más graves y claras que las que se atribuyen al actual régimen  hondureño.  La dictadura castrista, con un elegante gesto político muy propio y muy digno, desestimó la servil y extemporánea  oferta.

 

La Organización de Estados Americanos se ha metido en honduras, y ello gracias a la ineptitud olímpica de su Secretario General para resolver el problema. A nadie escapa la peligrosa situación de violencia que  el  comportamiento torpe y agresivo de Insulaza ha  provocado en Honduras  con  sus acciones irreflexivas.

 

Es  curioso; pero, una vez más, el relativismo moral, el positivismo jurídico y la ideología materialista colocan el Derecho por encima de la Vida,  como   en “la cultura de la muerte” ¿Se habrá dado cuenta Insulza?

El Consejo Fiscal y la Ley del Aborto, por José Antonio Burriel

  • José Antonio Burriel San Vicente es abogado, periodista y firmante del Manifiesto de Madrid

    El Consejo Fiscal ha elaborado el dictamen, así lo señala la ley, sobre el proyecto de ley del aborto. Determinados canales mediáticos han tratado de minusvalorar, dicho dictamen. Que si la mayoría que ha aprobado el dictamen es conservadora, que la minoría ha dicho todo lo contrario… Estamos ante lo de siempre: si lo que se dice, va en contra, se buscan pegas; si lo que se dice va a favor, todo son aplausos. Sin embargo, la realidad es mas sencilla y diáfana: el Consejo Fiscal –en votación que exige la ley- ha puesto “pegas muy serias al proyecto de ley sobre el aborto. “Pegas, por otra parte, que caen por su peso si uno, con honradez intelectual, acude a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y a la propia Constitución Española.

    El dictamen del Consejo Fiscal afirma que el proyecto es ”anticonstitucional” por cuanto deja absolutamente desprotegido al feto, cuya vida, según la doctrina del Tribunal Constitucional, “encarna un valor fundamental –la vida humana- garantizado en el articulo 15 de la Carta Magna”.

    ¿Qué más dice el dictamen del Consejo Fiscal? Afirma que la protección que la Constitución otorga a la vida humana implica dos obligaciones para el Estado: “abstenerse de interrumpir o de obstaculizar el proceso natural de la gestación” y “establecer un sistema legal para la defensa de la vida”. Según el dictamen del Consejo Fiscal este requisito -sistema legal para la defensa de la vida- no se cumple en el anteproyecto; el texto “prefiere olvidar” que una simple declaración de la voluntad de la mujer “supondría nada menos que el sacrificio del nasciturus”; y añade: estamos ante un bien –el derecho del nasciturus, del que va nacer- “constitucionalmente protegido”.

    Por si su posición, la del Consejo Fiscal, no fuera suficientemente clara, el dictamen ahonda en el “meollo de la cuestión”. Dice: “en puridad no puede hablarse de un derecho al aborto, pues ello supondría el reconocimiento del derecho a eliminar a un ser humano distinto de la madre y titular del derecho a la vida humana”.

    Lo he dicho y escrito en multitud de ocasiones, lo vuelvo a repetir: si se quiere el diálogo, se debe hablar claro, no con ambigüedades o eufemismos. Que se diga: la mujer embarazada tiene derecho a eliminar a un ser humano. Que se diga: queremos que el Tribunal Constitucional cambie su doctrina. Queremos una reforma de la Constitución. Que se diga esto con claridad, y nos sentamos a dialogar. Pero que no se pretenda enmascarar el tema, que no se intente engañar a la ciudadanía. Que se hable con claridad y se dialogue. ¿Sobre qué? Pues sobre si la mujer tiene un derecho absoluto sobre cualquier otro derecho “del que va a nacer”. Con otras palabras: ¿tiene un ser humano derecho a eliminar a otro ser humano?