Archivo Mensual de septiembre, 2009

Aborto: las cosas claras, por José Antonio Burriel

José Antonio Burriel San Vicente es abogado, periodista y firmante del Manifiesto de Madrid

 

Los eufemismos en temas esenciales son una patraña que trata de ocultar la realidad de lo que se pretende o se dice. Con otras palabras, se dice brumosamente lo que se pretende, para engañar, para que no se advierta con claridad la finalidad de tal o cual acción. Esto está ocurriendo con la pretendida Ley del Aborto.

 

Se le pone el nombre de “ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de interrupción del embarazo”. Se habla, en efecto, de educación sexual y de salud sexual. Pero el aborto en nada tiene que ver con la salud sexual. ¿Con la educación sexual? A no ser que se pretenda incluir el aborto en esa educación -relaciones sexuales, peligros, anticonceptivos, y si fallan, aborto- no se entiende que todo se incluya en la misma pretendida ley. Por cierto, el aborto no es un anticonceptivo más: ya se ha concebido, luego lo que se produce es la terminación de esa concepción.

 

Se habla de interrupción voluntaria del embarazo. ¡Otro eufemismo! Y lo es porque el aborto no interrumpe nada, pone final al proceso, termina. Se interrumpe la luz con el interruptor; se vuelve a apretar el botón, y de nuevo llega la luz. Con el aborto no hay posibilidad alguna de que vuelva a la vida el ser concebido.

 

Se afirma y reafirma una vez y otra que el aborto es un derecho de la mujer. La mujer, por ejemplo, tiene derecho a defender esta o aquella posición política. Si defiende el terrorismo, se le juzga porque se trata de un delito. Cuando decide abortar –algo que debe decidir libremente la mujer, por supuesto- pone en contradicción esa decisión con los derechos que las legislaciones reconocen al nasciturus, al que va a nacer. Y en esa contradicción entran las leyes y la jurisprudencia: hasta donde prevalece el derecho de la mujer sobre el derecho a la vida del nasciturus

 

Se propone en la ley: hasta la semana 14 la mujer puede abortar libremente; tras esa ! semana para que el aborto no sea un delito, tienen que darse determinadas condiciones. Es decir, se despenaliza el delito del aborto en determinadas condiciones y siempre durante las primeras semanas. No entiendo que un hecho sea delito si se da en un tiempo y no lo sea si se da en otro tiempo. O es delito o no lo es. Otra cosa, y bien distinta, es la despenalización en determinados casos.

 

Lo que queda fuera de toda duda, pese al intento de incultos o sectarios de cuestionarlo, es que la vida humana comienza en el instante mismo de la concepción. Desde ese mismo instante estamos ante un ser vivo de la especie humana. Algo que autentifica el genoma, y que la ciencia –la ciencia, no la palabrería inculta- reconoce con rotundidad. Si hablamos de aborto, hablemos de poner fin a una vida humana en desarrollo.

 

Para terminar de redondear el eufemismo con que se está presentando la ley del aborto, se ha procurado centrar el debate en si las menores deben contar con ! el consentimiento de sus padres o no. No es tema menor, ciertamente, pero hablar y hablar sobre esa cuestión ha desviado la atención del tema central: el aborto es acabar con una vida humana, la mujer tiene sus derechos, pero también los tiene el que va a nacer.

 

Lo he mantenido siempre, y lo sigo haciendo ahora: al pan, pan, y al vino, vino. Llamemos a las cosas por su nombre –sin eufemismos y brumosidades- y es posible un dialogo social, aunque el acuerdo puede no ser posible. Pero engañar para contar con la aprobación de la sociedad, no deja de ser eso… ¡un engaño! E imponer por imponer, por ideología o sectarismo o hasta capricho, no es respeto a la libertad, ni auténtica democracia.

 

Mienten, y lo saben, por Vicente Morro

Deliberadamente, mienten a toda la sociedad, mienten a toda España. Quieren engañarnos. Mienten, en el sentido de todas y cada una de las cinco acepciones que el diccionario de la Real Academia da a la palabra mentir. No es que estén equivocados, que lo están por añadidura, es que nos mienten deliberadamente.

Hace unos meses escribí un artículo titulado “Contumaces y falsarios”. Desgraciadamente, sigue siendo de plena actualidad. Lo suscribo, de nuevo, desde la cruz a la fecha. Veamos el sentido que da el diccionario a estos dos adjetivos: contumaz, según la primera acepción, define al “rebelde, porfiado y tenaz en mantener un error”; falsario, en su segunda acepción, se dice del que “suele hacer falsedades o decir mentiras”. La realidad es tan evidente que casi podríamos terminar aquí el artículo.

La Vicepresidenta Primera del Gobierno ha asegurado que “derechos, garantía, seguridad y respeto son las claves de la nueva ley“. Dice verdades a medias, es decir, miente. Oculta el sujeto titular y beneficiario, sobre todo esto último, de las características que cita.

Los “derechos, garantías, seguridad y respeto” no son, desde luego, para el embrión o feto al que se le priva de nacer, desprotegiéndolo totalmente en contra de la doctrina reiterada del Tribunal Constitucional, de las evidencias científicas y del más elemental sentido común: sólo desde la ideología o desde el interés puede negarse que éste sea un ser vivo y humano. Tampoco son del padre, que es totalmente ignorado en la nueva ley. Según esta visión el padre o es un mero donante de esperma o un simple objeto de placer. Lo que no quieren, es evidente, es que sea alguien que pueda no ya decidir sino, ni siquiera, que pueda decir algo a cerca del futuro del hijo en cuya concepción ha participado.

No son tampoco para la madre –desde la concepción la embarazada ya es madre, no tiene que esperar al parto para serlo-. No se puede hablar de derecho, pues ninguna mujer debería tener derecho a decidir sobre la vida de un tercero: el ser humano que lleva en su seno y al que no ha concebido sola. No se puede hablar de necesidad de garantías y seguridad, pues ninguna mujer había sido condenada nunca con la ley hasta ahora vigente. Menos aún se puede hablar de respeto. Se dificulta el acceso a la maternidad. Al liberalizar el aborto, convirtiéndolo de un acto despenalizado –por lo tanto, algo socialmente negativo pero sin castigo- en algo positivo sobre lo que nadie tiene derecho a decir ni una sola palabra. Este es uno de los efectos negativos de un positivismo jurídico exacerbado: lo legal es moral. Si está permitido será porque es bueno.

¿Para quién son entonces esos “derechos, garantía, seguridad y respeto” que son las claves de la nueva ley? Para los empresarios del aborto. Para las clínicas privadas. Para los que se enriquecen, y mucho, violando frecuentemente las leyes, aprovechándose del sufrimiento y los problemas de una madre desorientada o desinformada. Ésta, y no otras, es la verdadera justificación de una modificación que el PSOE no había incluido en su programa electoral. Si de paso se consigue imponer la ideología de género como moral pública única, si además se consigue crear la ficción de que se amplían “derechos” a los ciudadanos, si nos ponemos a la cabeza de la manifestación del feminismo radical, mejor que mejor, pero lo fundamental es ayudar a los amigos en apuros. A costa de lo que sea, como siempre.

Para terminar, y para no caer en lo que criticamos al Gobierno y al PSOE: que nadie se engañe, estamos en la batalla –pacífica, democrática, científica, jurídica y cívica- contra el aborto, no sólo contra esta ley del aborto o contra la anterior.

Vicente Morro López es Vicepresidente 1º del Foro Valenciano de la Familia.

Artículo publicado en Análisis Digital (29-09-09):

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=42539&idNodo=-5

El mundo del revés: ¡Matar es un derecho!, por Mons. Munilla

Monseñor José Ignacio Munilla es Obispo de Palencia.

 

            El jueves 24, fiesta de la Virgen de la Merced, tuve la gracia de visitar el Centro Penitenciario de Dueñas (Palencia), donde celebré la Eucaristía con un numeroso grupo de cientos de presos, en honor a su Patrona. Uno de ellos, de nombre Manuel, compartía conmigo la dura experiencia de su vida, en presencia de otros reclusos. No olvidaré su rostro ni sus palabras: “Mire usted, a mí me pasó una cosa muy simple: Empecé por matar a Dios, borrándolo de mi conciencia; para luego continuar agrediendo a mi familia, a mis amigos y a todos los que se cruzaban en mi camino, y ya no me detuve ni ante el respeto debido a la vida misma”.

            ¡Me sentiría yo mucho más seguro en una nación gobernada por Manuel, que por alguien que sostenga que matar a una criatura en el seno materno, es un “derecho”! ¡Me fío mucho más de quien ha tocado fondo en la vida, por muy bajo que haya caído, y que ha hecho la experiencia humilde del retorno a la sensatez; que de aquel otro que se cree que va a reinventar una nueva civilización, y se muestra seguro en la soberbia de su ideología!

 

            Oídos sordos a la razón

 

            En la sesión extraordinaria del Consejo de Ministros realizada el sábado, día 26, se ha aprobado el Proyecto de reforma de la Ley del Aborto, en el que se propone una mayor liberalización de este crimen, llegando a la aberración de considerarlo como un “derecho”. Se trata de pasar de la actual “despenalización” de un mal, a su consideración como un bien.

            La razón de ser de esta iniciativa es doble: una es la puramente ideológica (tengamos en cuenta que en España ya padecemos, en la práctica, el aborto libre); y, la otra, la tutela de las clínicas abortistas, para que el fraude generalizado que cometen actualmente, pueda tener amparo legal.

            ¿Qué otras razones podrían esgrimirse para justificar esta decisión política? Es conocido que en España estamos ante un auténtico invierno demográfico, y que el aborto es la principal causa de mortalidad. Más aún, España es el país de la Unión Europea que ha incrementado en los últimos diez años el número de abortos en un mayor porcentaje, con un 126%. A gran distancia le sigue Bélgica con el 36% de aumento y Holanda con un 26%. Mientras que Italia ha disminuido en un 9,71%, Alemania, en un 10,71%, y Polonia ha disminuido un 89,31%.

            En consecuencia, no parece que puedan argüirse razones de política demográfica. España necesita urgentemente españoles, y la solución propuesta es… ¿¿otorgar el derecho de eliminarlos?? La única explicación para esta sinrazón es la puesta en práctica de un ideario de ingeniería social, donde el aborto es esgrimido como una bandera del feminismo… Y, sin embargo, cada vez constatamos con más frecuencia que la madre no es sino la segunda víctima del aborto. Más aún…, cuando el feto abortado es de sexo femenino, ¿dónde quedan los derechos feministas de esa “nueva mujer”?

            Con la claridad y la transparencia que le caracterizaban, decía la Madre Teresa de Calcuta: “El más grande destructor de la paz es el aborto porque, si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú matarme a mí? ¡No nos queda más que eso!”. Sus palabras han resultado proféticas, habida cuenta de que el incremento del número de abortos en España, ha ido en paralelo al aumento de los índices de criminalidad, como es el caso de la violencia doméstica.

 

 

            El peor de los males

 

            Pero no pensemos que el aborto mismo es el peor de los males, por mucho que se trate de la cruel eliminación de vidas inocentes. Todavía hay un mal que podría ser mucho más nefasto: me refiero al hecho de que la liberalización del aborto pudiera tener lugar sin resistencia social alguna;  sin que tal noticia tuviese la capacidad de sacarnos de nuestras preocupaciones cotidianas; sin que nuestra conciencia se sintiese conmovida. Si tal cosa sucediese, estaríamos ante la certificación de un mal inconmensurable: la muerte de la conciencia moral individual y colectiva, mucho más funesta que la misma muerte física.

            Afortunadamente, tenemos noticia de que cuarenta asociaciones han reaccionado con presteza, convocando una gran manifestación para el día 17 de octubre en Madrid. El lema de la convocatoria es: “Por la Vida, la Mujer y la Maternidad”. La información necesaria podemos encontrarla en http://cadavidaimporta.org/. Confiamos en que esta iniciativa sea un signo del despertar moral de nuestra sociedad. No es hora de cruzarse de brazos, sino que tenemos el deber de actuar, de “dar la cara” en favor de la vida. ¿Si no lo hiciésemos por esta causa, por qué otra lo habríamos de hacer?

La máscara de la temeridad, por César Valdeolmillos

César Valdeolmillos Alonso es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

 

La democracia es el proceso que garantiza

 que no seamos gobernados mejor de los que nos merecemos.               

George Bernard Shaw

 

Preguntado por la opinión que le merecía la afirmación de la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, de que un embrión no es un ser humano, el vicepresidente del Colegio Oficial de Médicos de Madrid dijo textualmente: “…allá la ministra con sus deficiencias intelectuales”.

Cuando esta misma ministra utilizó los conceptos de miembros y miembras en el Congreso de los Diputados y en vez reconocer el barbarismo lingüístico cometido, tuvo la temeridad de plantear su inclusión en el diccionario, el reputado dialectólogo y lexicógrafo, Gregorio Salvador, miembro de la Real Academia de la Lengua (RAE), aconsejó a la ministra que se dejara de “bromas de mal gusto”, añadiendo que tal inclusión era imposible. Y agregó: “Eso solo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo”.

Nos estamos acostumbrando a considerar salidas de este corte, como bufonadas caricaturescas propias de personas incultas, ignorantes y desde luego en absoluto preparadas para el cargo. Y a lo peor, hasta es posible que tan renombradas eminencias, sean elegidas expresamente para representarse así mismas, precisamente porque responden a ese perfil de temerario desconocimiento, y asentados en su propio analfabetismo, cumplirán fielmente, repitiendo como papagayos las consignas que en cada momento dicta la jerarquía.

En realidad no es asunto que me preocupe si es así o si por el contrario están simplemente representando un papel que forma parte de la ingeniería política —por cierto muy efectista— diseñada por los ideólogos de la izquierda.

Lo que sí resulta verdaderamente preocupante, es que políticos, profesionales y analistas de reconocida solvencia y preparación, dediquen gran parte del tiempo de sus respectivas reflexiones a comentar el color de la eventual fachada del edificio —color que con frecuencia cambia de la noche a la mañana— sin analizar en profundidad el proyecto al que responde la obra, que es lo verdaderamente trascendente.

En mi artículo “La oculta filosofía de la laicidad”, en el que tomaba como punto de referencia el mal llamado bautizo laico que Zerolo, representante socialista en el Ayuntamiento de Madrid, protagonizó con el hijo de Cayetana Guillén Cuervo, escribía: “No nos tomemos este episodio como una mera extravagancia más de un personaje pintoresco, porque, en lo que simplemente pudiera parecer una mera peripecia grotesca y esperpéntica, según las propias palabras del actuante, subyace la filosofía de una izquierda española que ha demostrado sobradamente, que en vez de fijar sus objetivos en un futuro en el que reine la armonía, la paz, la prosperidad y la colaboración entre todos los españoles, nostálgicamente sigue anclada en la noche oscura del pasado y sus prejuicios”.

Cuando el PSOE ganó las elecciones de 1982, el entonces todopoderoso Alfonso Guerra pronunció muchas frases, de entre las cuales aún resuenan especialmente dos en los oídos de todos los españoles. La primera de ellas: “vamos a dejar a España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Aquella ni era una sentencia premonitoria, ni una sórdida provocación hecha de cara a su electorado. La misma revelaba la existencia de un complejo y minucioso diseño, cuyo último objetivo no era el, “Tó p´al pueblo” que pronunciara cuando se expropió Rumasa, sino la ocupación permanente del poder —a semejanza del PRI (Partido Revolucionario Institucional)— que gobernó Méjico durante setenta años consecutivos y cuyas similares consecuencias en el país hermanos, bien podrían ser equivalentes a los resultados del análisis del enmarañado y corrupto entramado político, económico y social de Andalucía, que siendo una de las autonomías con mayor potencial de riqueza, después de treinta años ininterrumpidos gobernada por el PSOE, se encuentra en el furgón de cola de todas las instituciones europeas.

Pero ese propósito era imposible de lograr, sin antes “matar” a Montesquieu y así poder someter al poder político, a los órganos e instituciones encargados de administrar la legalidad, lo que se logró con la aprobación de la Ley Orgánica del Poder Judicial en 1985, a decir verdad, casi por unanimidad de la Cámara, por lo que, de la situación actual de la Administración de Justicia, es responsable prácticamente la totalidad de la clase política española. Fue entonces cuando Alfonso Guerra pronunció su lapidaria frase: “Montesquieu ha muerto”.

Este fue el paso fundamental que permitiría poner en marcha un proceso de la envergadura y calado del que para nuestro país ha tenido siempre la izquierda, cuyo ultimo fin es perpetuarse en el poder a través del intervencionismo absoluto de la sociedad civil; del control y fiscalización de los medios de comunicación; eliminación de cualquier tipo valores que representen al humanismo cristiano; confrontación y amordazamiento de la Iglesia; debilitación nuestros ejércitos hasta convertirlos en una ONG; entrega a los nacionalismos con el consecuente desmembramiento del Estado, que de facto, se encuentra ya inmerso en el federalismo asimétrico que impulsara Pascual Maragall; eliminación progresiva de los símbolos de nuestra identidad nacional —recordemos las frases del Sr. Rodríguez: “Mi patria no es España, sino la libertad” o la que dijo en el Senado: “Nación es un concepto discutido y discutible”— el empobrecimiento cultural de las nuevas generaciones, para así presentarles sin que se produzca objeción alguna, el falseamiento descarado de la realidad histórica y la creación a medida de un maquiavélico espejismo virtual, en el que la imagen reflejada será un hedonismo sin rumbo, la ausencia de cualquier tipo de estímulo y esfuerzo, bajo el envenenado envoltorio de unos presuntos derechos, que a la larga les harán esclavos permanentes del Estado.

Cuando un proyecto de esta naturaleza toma cuerpo y adquiere vida propia como es el caso del que estamos soportando, es difícil controlarlo en todas sus vertientes y hasta se le puede escapar de las manos a quien lo puso en marcha. No son pocos los históricos del PSOE que contemplan con preocupación el rumbo que ha tomado la nave capitaneada por el actual presidente del ejecutivo. Alfonso Guerra —el paladín de los descamisados que fletó un avión oficial, concretamente un Mystère, para ir a Sevilla a los toros— que se caracterizó siempre por su sarcástica locuacidad contra todo aquello y aquellos que no se identificasen con los tópicos demagógicos de la izquierda —“No descansaré hasta conseguir que el médico lleve alpargatas”, dicho en un mitin en 1982 en Jerez de la Frontera— me temo que ya empezaba a albergar dudas sobre del rumbo que estaban tomando las cosas, cuando el 12 de junio del pasado año declaraba en Tele Madrid: “Una mujer que es maltratada por el marido es un drama terrible, y al marido hay que condenarlo con todas las de la ley, pero pasar de ahí a que una mujer que diga “yo soy maltratada”, y ya todo el mundo de rodillas, oiga, pues no” —prefiero no imaginar las exquisitas ingeniosidades que debieron dedicarle privadamente las feministas— o la muy sensata advertencia que el ocho de septiembre del mismo año hizo a raíz de las tensiones que se produjeron con el Presidente de la Generalidad Catalana, como consecuencia de la insaciable voracidad presupuestaria de esta comunidad autónoma. Guerra advirtió de las consecuencias de que en alguna comunidad autónoma, en clara alusión a Cataluña, se unieran todos los partidos contra el Gobierno, ya que se podría derribar al Ejecutivo nacional, a lo que José Montilla se apresuró a responder, que el diputado del PSOE Alfonso Guerra “no es una voz representativa del socialismo”.

Estos breves apuntes demuestran claramente que estamos inmersos en un proceso de maquiavélica ingeniería política, que solo responde al oportunismo electoral del voto para mantenerse en el poder, pero que mucho nos tememos que desemboque en procelosos mares en los que la nave termine a la deriva en mitad de la galerna.

Por eso me asombra y me preocupa extraordinariamente que con tanta frecuencia, dejemos distraer nuestra atención con lo puramente anecdótico, porque dándole la vuelta a una frase del historiador, político y teórico italiano Nicolás Maquiavelo, “Todos ven lo que aparentamos, pero pocos ven lo que somos”.

Con Nerea Alzola, por Ignacio de Saavedra Lage

Eran las 09:50 del miércoles cuando Nerea Alzola presentó en la sede del PP de Bilbao su candidatura para la presidencia del Partido Popular de Vizcaya. Puedo imaginarla caminando hacia su destino, bajo nubes grises de tormenta, con la cabeza erguida y la conciencia limpia, portando en una carpeta los ciento diecinueve avales de sus compañeros de fatigas. Entró, saludó, conversó entre nervios y miradas de reojo a las manecillas del reloj, le sellaron los documentos presentados, se despidió y desanduvo el mismo camino, envuelta en la seguridad que sólo aporta el obedecer a tus principios más íntimos.

En esos mismos instantes, cuando muchos creíamos que la herencia de María San Gil seguía todavía con vida en el Partido Popular del País Vasco, se tramaba la manera de liquidar también las aspiraciones políticas de la joven concejal de Sondica; una mujer que lucha ferozmente por las libertades y por la unidad de la nación española, sintiendo en su nuca el gélido aliento de los criminales, y, precisamente, bajo las siglas del mismo partido que sus enemigos. Porque si es desgarrador saber que tus vecinos girarían la cabeza si te matan, también lo es sentir las estocadas continuas de tus compañeros en ambientes hostiles como aquellos. De modo que pudieron repasar decenas de argumentos para anular su candidatura, probablemente utilizados antes contra otros, pero optaron finalmente por no despeinarse: «fuera de plazo».

Podrían haber sucedido tres cosas: Nerea olvidó poner todos sus relojes en hora aquella mañana y caminó desorientada durante las primeras horas del día -asunto que tenía mal arreglo-; la secretaria se había confundido inocentemente al indicar la hora, en vez de las 09:50 reales, las 12:15 que había anotado -asunto que tenía fácil solución-; o todo había sido un movimiento planeado para que el día 24 de octubre sólo pudiera votarse la candidatura de Antón Damborenea, actual presidente del PP vizcaíno que durante los días anteriores había recogido firmas con el nombre del candidato en blanco. Minutos más tarde, una vez que Nerea tenía comprobado que en sus documentos compulsados y sellados aparecía la hora adecuada, la Comisión Organizadora del Congreso ratificaba que la candidatura de Antón Damborenea había «sido la única presentada correctamente en tiempo y forma». De las tres posibilidades, las dos primeras se desvanecían como humo de tabaco.

Pero los atropellos no terminaron ahí. Durante el miércoles por la tarde, cuando las ansias déspotas habían cerrado la puerta a la sensatez, muchos de los militantes que avalan la candidatura de Nerea recibieron llamadas telefónicas solicitándoles explicaciones del porqué de sus firmas. Quebrantando los derechos de los militantes y dinamitando una vez más el supuesto funcionamiento democrático que debería imperar en los partidos políticos, el Partido Popular de Vizcaya lanzaba ahora sus iras contra los respaldos de una mujer combativa que si nunca aceptó plegarse a las amenazas terroristas, mucho menos se amedrentará a las presiones políticas internas. Esa, desde luego, no es su manera de vivir.

Resulta descorazonador también saber que, a pesar de que Nerea tenía veinticuatro horas por delante para recurrir su exclusión, y que de hecho así lo hizo, diversos medios de comunicación se lanzaron con avidez a publicar que Antón Damborenea sería el próximo presidente del Partido Popular de Vizcaya. Hombre, por cierto, insistente en los acercamientos con el PNV. Escasos fueron, en cambio, los que se hicieron eco de las denuncias lógicas y legítimas de Nerea: un par de noticias en medios digitales liberales y en un medio digital de Vizcaya, así como en la voz radiofónica de quienes no se traicionan a sí mismos por venderse al poder político.

Estar hoy con Nerea Alzola es estar también con la libertad, con el respeto a todos los militantes del Partido Popular, con quienes han pedido democracia interna auténtica y no pinceladas en paredes de cartón, con rostros heroicos como los de Santiago Abascal -padre e hijo-, María San Gil, Regina Otaola o Carlos García, con la defensa de España y con los jóvenes que, al igual que Nerea Alzola, no optan por sentarse en una poltrona a recibir dinero mientras abandonan sus principios en la cajonera. Estar hoy con Nerea Alzola es una postura ante la vida. Desde Madrid, Nerea, estoy contigo.

Ignacio de Saavedra Lage (Madrid, 1987) es Secretario Ejecutivo del Comité Ejecutivo del Partido Popular del Distrito de Salamanca (Madrid) y coordinador de Jóvenes Españoles de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) .

¿Revolución desde la derecha?, por Miguel A. Espino Perigault

  • Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá

 

 

Desde el momento que se anunció, en Panamá, el triunfo presidencial  de Ricardo Martinelli, y antes de que asumiera el cargo, surgieron voces de alarma, salidas   de las “izquierdas”, tanto en el país como en el exterior, desilusionadas, quizá, por la escandalosa e inaceptable realidad de una derrota  electoral y, lo que es peor, el triunfo arrollador de un exitoso y apolítico líder empresarial salido del odiado sector del capitalismo. Había triunfado la derecha y eso es considerado “malísimo” para los pueblos, sobre todo ante las perspectivas  prometedoras del socialismo del siglo XXI, promovido con mucha demagogia en nuestros pueblos iberoamericanos decepcionados, con razón, de los políticos y partidos  de “la derecha”. Aunque tampoco las propuestas del partido contrincante (Partido Revolucionario Democrático) se consideraban de “izquierda”. Posiblemente, si el pueblo las hubiese considerado como “izquierda”, le habría dado menos votos. No es una opción en la que el pueblo cree, a pesar de la probidad de algunos dirigentes.

 

Parece que al presidente panameño no le preocupa lo de “izquierdas” o “derechas”, sino sólo las soluciones reales y prácticas, como las sugeridas  por el sentido común. En la lucha contra de la delincuencia, sin enredarse en consideraciones   ideológicas sobre “fuerzas policiales represivas” contra “sectores populares” (¿las pandillas son de sectores populares?), se prometen mejores salarios a los policías, más unidades, leyes más justas y su aplicación, sin temores,  sin diferencias de clases, sean del pueblo o de saco y corbata los transgresores.

 

En el problema del transporte público, por ejemplo, uno de los  más emblemáticos  que el gobierno  promete resolver en beneficio del pueblo, la “izquierda” es el lado en donde se sienta el chofer, y la “derecha” es donde se halla la puerta por donde entran los pasajeros.

 

Con sus históricos fracasos, los partidos tradicionales han alimentado las esperanzas de la izquierda para presentar la necesidad de soluciones definitivas   desde “gobiernos revolucionarios”; esto es, gobiernos que, fieles al nombre,   consideran la destrucción de todo lo establecido para construir una nueva realidad, ideal y soñada, que no han logrado en ninguna parte.

 

En una improvisada locución pública el presidente Martinelli expresó, en solo una frase, toda su política socioeconómica, cuando se refirió al “capitalismo salvaje” como el camino equivocado para atender los problemas de la sociedad panameña. Con esa sola sentencia, el presidente parece conocer de qué habla y hacia donde va. El único camino que le queda al mundo, tras los fracasos del socialismo radical y del capitalismo “salvaje”, es el rescate de los valores éticos y morales y su inserción en la economía y en toda la vida social y política; valores tradicionales y de sentido común; valores que tuvieron alguna vigencia en la concepción de una  economía social de mercado”, víctima ésta, también, de la creciente cultura pagana de la sociedad; aspectos a los que se refiere, entre otros de importancia y actualidad, la Encíclica social de Benedicto XVI, Caritas in Veritate.

 

Para alcanzar los objetivos anunciados, deben darse voluntad política y honestidad.  El presidente y su equipo parecen contar con esas cualidades. De este modo, es posible que Panamá pueda dar al mundo el ejemplo de una revolución sin violentos “cambos de estructuras”, o sea, una “revolución” desde la derecha, que se enmarca  en una política de “opción preferencial por los pobres”, que solamente se puede lograr con la vigencia de una cultura política en donde prevalezcan los valores éticos y morales cristianos, erradicados de la sociedad moderna por el materialismo y el laicismo, nutrientes del capitalismo salvaje, y del socialismo revolucionario; ambos nocivos, por destruir la justicia social, el primero, y por destruir la libertad, el segundo, y por despreciar la dignidad de la persona humana, ambos.  

¡Benditos sacerdotes! (Test de “estima sacerdotal”), por Mons. Munilla

 

Mons. José Ignacio Munilla es obispo de Palencia.

 

 

El inicio del curso pastoral, es una buena ocasión para recordar que estamos ya avanzados en la celebración del Año Jubilar Sacerdotal, convocado por Benedicto XVI en el 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.

 

Algunos han podido pensar equivocadamente que un Año Jubilar Sacerdotal es una cuestión interna del ámbito clerical. ¡Ni mucho menos! ¡Cuántas veces son los propios fieles los que nos recuerdan a nosotros, los sacerdotes, el don tan grande que hemos recibido! En realidad, cuando alguien se acerca a un sacerdote con verdadero deseo de encontrar a Dios, está contribuyendo, sin darse cuenta, a la fidelidad de ese sacerdote y a la promoción de las vocaciones sacerdotales.

 

¿Valoramos el sacerdocio y queremos a nuestros sacerdotes?… Recuerdo que hace unos años estuvo de moda un tipo de “test”, en el que se preguntaba sobre nuestras actitudes ante un determinado tema, ofreciendo finalmente una evaluación, según las respuestas emitidas. Con un poco de humor, vamos también nosotros a diseñar un “test de estima sacerdotal”, que nos sirva de autoevaluación:

 

1.- ¿Has rezado últimamente por tu párroco, por tu obispo o por el Papa?

a)      Ni siquiera sé cómo se llaman.

b)      En la Misa ya se suele pedir por ellos, y yo me sumo a esa petición.

c)      Lo hago todos los días en mi oración personal.

 

2.- ¿Has abierto tu conciencia a un sacerdote, confiando en que pueda ayudarte en tus problemas?

a)      Cada uno tiene que solucionar sus problemas.

b)      “Cuatro ojos ven más que dos”… Siempre es conveniente escuchar y acoger los consejos de quien pueda ayudarnos.

c)      La mayor ayuda que he recibido de un sacerdote ha sido cuando sus consejos venían unidos al perdón de Dios en el sacramento de la Confesión.

 

3.- Cuando entre tus amistades escuchas comentarios anticlericales…

a)      He seguido la corriente, para no quedar mal.

b)      Me he hecho el sordo, como si estuviese a otra cosa.

c)      He dicho lo que pensaba, dando testimonio de mi fe.

 

4.- En un sacerdote veo…

a)      Una “reliquia” del pasado.

b)      Un “profesional” de la religión.

c)      Un ministro de Dios; “otro Cristo” entre nosotros.

 

5.- ¿Cuántas veces has invitado al párroco a tu casa?

a)      Al cura se le llama sólo cuando ha muerto alguien.

b)      Cuando está la abuela con nosotros, suele traer la Comunión.

c)      Varias veces… Me encantó cuando nos relató en una sobremesa la historia de

      su vocación.

6.-  Cuando oyes a un sacerdote predicar…

a)      Le atiendo dependiendo de sus cualidades oratorias.

b)      Le escucho si el tema del que habla me resulta interesante.

c)      Veo en él un instrumento por el que Dios me habla.

 

7.- Cuando se hace una colecta en favor de los seminarios…

a)      “Los curas” están siempre pidiendo.

b)      ¡Se pide para tantas cosas! ¡Una más!

c)      Colaboro gustosamente, porque pienso que ninguna vocación debería frustrarse por falta de medios económicos.

 

8.- Cuando veo un sacerdote anciano en la Iglesia o por la calle…

a)      Me viene a la cabeza que la Iglesia está de capa caída.

b)      Lo importante es que diga la Misa rapidito.

c)      Doy gracias a Dios por su fidelidad y por todo el bien que haya podido hacer.

 

9.- Cuando veo un sacerdote joven en el altar…

a)      Desconfío de su inexperiencia. ¿Qué me va a decir a mí?

b)      Le observo a ver cómo lo hace, y le “califico”.

c)      Doy gloria a Dios por su vocación y le encomiendo intensamente.

 

10.- ¿Cómo reaccionarías si tu hijo te dijese que quiere ser sacerdote?

a)      Le preguntaría a ver si se ha vuelto loco, y le recordaría que tenemos que conservar el apellido.

b)      Le pediría que se lo pensase bien y que primero haga una carrera universitaria.

c)      Me llevaría una de las alegrías más grandes de mi vida, y le apoyaría plenamente.

 

11.- ¿Le has planteado a algún niño, adolescente, o joven, la posibilidad de ser sacerdote el día de mañana?

a)      Yo no me meto en líos. Allá cada uno con su vida.

b)      Soy de la opinión de que hay que valorar todas las vocaciones, aunque sean diferentes a la nuestra.

c)      Sí que me he fijado en alguien concreto, y rezo por él… Un día de estos se lo “dejaré caer”.

 

12.- ¿Qué piensas de la expresión del Santo Cura de Ars: “El sacerdote es el amor del Corazón de Jesús”?

a)      Me parece un espiritualismo desencarnado.

b)      Pienso que eso sólo se podría decir de algún cura santo.

c)      Creo que es exactamente así, aunque “lleven este tesoro en vasijas de barro” (2 Co 4, 7).

 

Evaluemos qué tal te ha ido:

            Si la letra “a” aparece en la mayoría de tus respuestas…, me sorprende que este test haya llegado a tus manos; pero le doy gracias a Dios de que así haya sido, para poder decirte como sacerdote que soy, que Dios te quiere con locura y que espera de ti una respuesta de amor.

 

Si a la mayoría de las preguntas has respondido con la “b”, me gustaría decirte que no estás disfrutando de los tesoros que Dios te ofrece por medio del sacerdocio.

 

Pero, si la letra “c” es la tuya… entonces te digo que no dejes de rogar a Dios por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de vocaciones sacerdotales, porque estoy segurísimo, de que, a ti, Dios te va a escuchar.

Por la vida, ¿yo puedo hacer algo?, por Vicente Morro

Vicente A. Morro López es Vicepresidente 1º del Foro Valenciano de la Familia y Secretario de la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de la Provincia de Valencia (FCAPA-Valencia).

Por supuesto, todos, TODOS, podemos hacer algo. De hecho, si no hacemos nada ya estamos haciendo “algo”. Estamos contribuyendo a que todo siga como está. Peor aún, estamos ayudando, por omisión, a que triunfen los que quieren cambiar las cosas a peor. Estamos facilitando las cosas a los que desean contribuir a la desprotección absoluta de la vida humana.

En una reseña de Javier Orrico sobre un reciente libro de Horacio Vázquez-Rial (“El cuñado de Nietzsche y otros viajes”), publicada en La Ilustración Liberal (nº 37) y titulada “La otra historia”, excelente y deliciosa como todos sus trabajos –no perderse los que hablan de educación, sobre todo, o de la actualidad política-, podíamos leer: “…que la Historia no está escrita, ni predicha, ni acabada. Que ‘yira y yira’. Y que son cada uno de los hombres los que construyen su relato y hacen la Historia”. Es verdad: podemos hacer algo por la vida, podemos cambiar la actual situación, podemos acabar con el aborto. Nada está predicho, cerrado, establecido para siempre. Igual que se ha conseguido acabar –casi- con la esclavitud, la tortura, el antisemitismo, la pena de muerte y tantas otras lacras sociales, conseguiremos acabar con el aborto y con la cultura de la muerte.

¿Yo puedo hacer algo? Claro que sí. Todos podemos hacer algo, repito. Depende de nuestra voluntad y disponibilidad. Hay, por lo menos, tres cosas concretas que podemos hacer en estos momentos: 1) la primera y más fácil, también la más urgente: ir a la manifestación de Madrid del próximo 17 de octubre e invitar a nuestros amigos, familiares y conocidos; 2) formarnos: leer, estudiar, escuchar. Es un debate que está abierto en la sociedad y sobre el que todos tenemos algo que decir. Libros, medios de comunicación, internet: hay multitud de asociaciones, expertos, entidades y organismos que están publicando estudios, informes, propuestas. Es demasiado importante como para dejarlo sólo en manos de los políticos y de los que “saben”, o dicen saber. Para hacer algo efectivo tenemos que estar informados y formados previamente; 3) difundir la información que tengamos, siempre que sea fiable y verídica. Organizar, si podemos, y participar en charlas, debates coloquios, conferencias. En parroquias, asociaciones de vecinos, de padres, entidades culturales.

¿Puedo hacer algo más? Si. Con carácter más permanente, y sea cual sea el resultado de esta movilización cívica o el contenido final del proyecto de Ley de ampliación del aborto, colaborar con asociaciones y grupos provida o con entidades que apoyan a la mujer embarazada. Las personas que se dedican a estas actividades, con acciones concretas y no solo con palabras, llevan años salvando vidas humanas, ayudando a nacer a niños a los que probablemente sus madres, si no hubieran encontrado una ayuda real y efectiva, se hubieran visto abocadas a abortarlos. Hechos concretos, vidas concretas, personas concretas, frente a demagogia, eslóganes vacios y trasnochados y abundante carga ideológica.

El proyecto de Ley de Zapatero es contrario a la vida humana, al niño concebido no nacido, a la madre gestante, al padre olvidado, a la racionalidad, al progreso científico, al sentido común, a la ley natural, a nuestra actual Constitución, a la opinión de científicos, fiscales, jueces y otros colectivos de juristas, a la mayor parte de la población española, al parecer de casi todas las religiones, iglesias y credos, a parte de los militantes y votantes del PSOE, a muchos socialistas de relieve –tanto en activo como “retirados”-, a lo que están haciendo en los países de nuestro entorno e incluso a su último programa electoral. En cambio solamente beneficiaría a los ideológicamente ofuscados en atacar la vida humana, a los radicales que quieren imponer a toda la sociedad su visión particular de la naturaleza humana imponiendo la ideología de género y a los empresarios e individuos que se benefician del lucrativo negocio del aborto, suponiendo que estas tres categorías o coincidan exactamente entre sí.

Hay razones, muchas y serias, para hacer algo. Hay posibilidades concretas. ¿Actuamos?

Artículo publicado en Análisis Digital (10-09-09):

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=42059&idNodo=-5

Pedro Almodóvar como (mal) ejemplo, por Miguel A. Espino Perigault

 

 

Miguel A Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

 

 

 

Se supone que todo el mundo sabe quién es y cómo es el genial cineasta español Pedro Almodóvar. Porque, de que es excelente maestro del cine, lo es. Por esto del quién, y quizá por lo otro también, suele ser el centro de la atención de los medios, como toda celebridad del arte, sobre todo si son excéntricos, como el cineasta.

 

Sucede que don Pedro expresó, recientemente,  unas pedantes críticas al Papa Benedicto XVI, en un diario alemán. El cineasta se refirió al Pontífice como a una persona  muy  ignorante de los problemas del mundo y de la vida moderna,  y criticó la  posición “conservadora” del Romano Pontífice en los temas sobre los cuales, generalmente, tratan las películas del premiado cineasta. No es que el Papa se haya ocupado alguna vez de Almodóvar en particular, ni de sus filmes, en los cuales se halla casi siempre presente la homosexualidad. Más bien parece que el cineasta sigue el consejo que una vez dio un famoso escritor italiano (creo que Papini), al decir que si alguien más o menos conocido quería  convertirse en una celebridad mundial, lo mejor que podía hacer era atacar al Sumo Pontífice, aunque fura de palabra, o por escrito. Esto siempre ha funcionado.

 

Almodóvar recibió una muy cortés respuesta de parte del profesor Guiseppe Della Torre, presidente del Tribunal Vaticano, quien, en el diario italiano, Avvenire, le aclaró al  cineasta, que “la Iglesia  está presente en todos los contextos humanos y ciertamente conoce mejor cómo funciona el mundo”. También se preguntó a sí mismo y al lector si acaso “¿Cierta   cinematografía quiere ser un reflejo de  la realidad, o, en cambio, quiere incidir en la realidad social para modificar sus valores éticos y su cultura?”

 

En el terreno del arte cinematográfico, Almodóvar aporta su apoyo a la “agenda homosexual”, que se expresa, en todo el mundo, sobre todo en los Estados Unidos,  en Europa y desde las Naciones Unidas, como fuerzas políticas y económicas  organizadas para “modificar”, como dice finamente el profesor Della Torre, los valores éticos y la cultura de los pueblos y naciones cuyas raíces se hunden en dos mil años de cristianismo.

 

En los Estados Unidos y en Europa se llevan a cabo luchas sociales y políticas dirigidas a la conquista y, a veces, más bien, a la imposición, de supuestos “nuevos” y “modernos”  derechos arbitrariamente presentados como semillas de una nueva cultura, cuando, en realidad, constituyen las raíces enfermas  de un mal que podría destruir toda la civilización; algo que, al parecer,  Almodóvar no cree, o, simplemente,  quizá no le importa. Un mal ejemplo, sin lugar a dudas.

Menos lengua, menos Mates y más Ciudadanía, por Manuel Martín-Gaitero

Un año más, comienza el curso. Con la misma puntual rutina que la tele nos anuncia los primeros fascículos de las más peregrinas colecciones, la Consejería de Educación nos anuncia nuevas maravillas pedagógicas y grandes inversiones. La amenaza de la Gripe A nos ha aguado un poco la fiesta. Pero, pasado el susto inicial, la estrella mediática es la dotación de ordenadores portátiles a los niños de 5º de Primaria. Paradójicamente el fracaso escolar aumenta año tras año igual que lo hacen las inversiones y los medios. Hay problemas que no se resuelven sólo con dinero.

Lo que no nos cuentan con el mismo énfasis es que esos niños de 5º, con sus flamantes netbook, van a tener a partir de este curso UNA HORA MENOS DE LENGUA Y UNA HORA MENOS DE MATEMÁTICAS que sus compañeros de 3º, 4º y 6º de Primaria.

¿Y con qué propósito se van a aligerar las dos asignaturas más importantes, las dos áreas de conocimiento (competencias básicas, en la jerga actual) en que más flojean nuestros escolares, según las estadísticas internacionales? Los responsables políticos privan a nuestros hijos de una hora semanal de Lengua y de una hora semanal de Mates para darles dos horas de “Educación para la Ciudadanía”, esa panacea laicista, ese bálsamo de Fierabrás que lo mismo vale para remediar la violencia escolar, que la pobreza mundial, que los embarazos juveniles, que el cambio climático. Ya lo dijo el presidente Zapatero en un alarde de ingenio y profundidad: “la libertad os hará verdaderos”, que pretende sustituir al cabo de dos mil años al tradicional “la verdad os hará libres”. Igual podría haber dicho “la ignorancia os hará más felices”, “ojos que no ven, corazón que no siente” o el castizo “a vivir, que son cuatro días”. Pues en ello están. Niños más lerdos, convenientemente alejados de la influencia moral de sus familias y con el adecuado adoctrinamiento estatal garantizan futuras generaciones de electores fácilmente manipulables.

- Oiga, ¿y qué fue de aquellos padres objetores que tanta guerra dieron el curso pasado?

Pues verá, en enero el Tribunal Supremo puso muy cuesta arriba la objeción de conciencia con respaldo judicial explícito, al menos hasta que se pronuncien el Tribunal Constitucional o, llegado el caso, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ante esta circunstancia algunos alumnos volvieron a clase de EpC, otros no. El temor a las consecuencias académicas doblegó a algunas familias con hijos en ESO y Bachillerato. Sin embargo en 5º de Primaria no existe esta amenaza, lo que puede animar a muchos padres a mantener su objeción de conciencia y a sus hijos fuera de la clase de EpC en este nuevo curso.

También a lo largo del año se ha puesto en evidencia, más si cabe, el talante del gobierno en materia de derechos y libertades públicas. El proyecto de ley de aborto libre, las amenazas a la objeción de conciencia de médicos y personal sanitario, la intención de llevar su modelo de sexualidad al colegio precisamente en el marco de EpC, el proyecto de ley de libertad religiosa… van escandalizando cada vez a más gente. Hoy se entiende mejor que hace un año que Educación para la Ciudadanía es sólo el cimiento en que basar todo un proyecto de ingeniería social cuyo desarrollo ya estamos viendo, entre lo trágico y lo grotesco y con menos disimulo, en la Venezuela de Chávez.

Este otoño se cumplen el 70º aniversario del inicio de la II Guerra Mundial y el 20º aniversario de la caída del muro de Berlín, dos hitos históricos que significaron la victoria de las democracias liberales occidentales sobre los totalitarismos más funestos que ha conocido nuestra civilización. Los escolares deberían conocer bien esa parte de la Historia para no volver a repetirla. Y los mayores deberíamos meditar cómo se pudo llegar a aquello. Eso sí sería Educación para la Ciudadanía democrática.

Manuel Martín-Gaitero López es portavoz del Foro Ciudad Real en Libertad.