Con la muerte en los tacones, por Esteban Rodríguez

Trinidad no tiene excusa ni perdón.

Trinidad Jiménez, se muestra orgullosa de la ley abortista diseñada por su colega y camarada Bibiana Aído. Resulta sorprendente que una ley denominada de salud reproductiva no haya sido elaborada por el ministerio que se encarga de la salud pública. Pero más sorprende que la ministra de sanidad apoye, desde la barrera, una ley que permite matar a los seres humanos antes del parto y que lesiona la salud de la mujer.

Por si no fuera poca la responsabilidad de la ministra de sanidad, la ley que aplaude pretende obligar a la clase médica a cooperar para facilitar que una madre pueda exigir de los médicos que la ayuden a matar al hijo del que están embarazadas cuando sea indeseable y adiestrar a médicos y sanitarios en formación para que aprendan las técnicas homicidas del abortismo práctico. Y para colmo toma parte para imponer un modelo  de sexualidad que engaña sobre lo que es el “sexo seguro” –fomentando la promiscuidad en la escuela y métodos antimaternidad–, y  sobre lo que es ese otro dogma político de la “identidad sexual” frente a lo que la comunidad científica no ha llegado a acuerdo ni para definirlo ni en la metodología para su evaluación.

La ignorancia científica de Bibiana Aído resultó patente cuando, en entrevista en la Ser, afirmó: “que no existía evidencia científica de que un feto fuera un ser humano”. Se entiende que esta señora nunca ha estudiado Embriología Humana y puede que ni Biología General en la enseñanza secundaria. Trinidad  no demuestra menor ignorancia que Bibiana. De lo que sí parecen saber es de tácticas para no desarrollar la feminidad en su máxima expresión.

Ninguna de las dos es licenciada en medicina y sin embargo se arrogan la potestad; una, de elaborar leyes que afectan a la salud y a los médicos y, la otra,  de consentirla sin crítica ni oposición en una clara dejación de funciones.

Ambas están marcadas por una ideología de partido de corte totalitario y ninguna tiene ni idea de ciencia, de educación sexual, de deontología, ni de ética médica, y tampoco mucha, visto lo visto, de ética política ni de prácticas de buen gobierno.

Pero Trinidad Jiménez no tiene excusa. Yo mismo, junto con otras tres  ginecólogas , entregamos en el ministerio de la Srª Jiménez una copia del Código de Ética y Deontología Médica en vigor, junto con un video que demuestra la vitalidad, la realidad personal, y la corporalidad humana del ser humano en las etapas iniciales de su vida. http://www.abc.es/20091009/sociedad-salud/ginecologos-entrega-jimenez-ecografias-200910091841.html

Este código, de obligado cumplimiento para todo médico (art 2.1), establece que el médico nunca causará la muerte ni aunque se le solicite (art. 27.3), que el ser humano embriofetal debe ser tratado con las mismas directrices éticas que cualquier otro paciente (art. 24.1), que el médico es un servidor de la vida humana (art. 23.1), que respetar la vida humana y la dignidad de la persona son los deberes primordiales del médico (art. 4.1), que los médicos estamos dispensados de actuar si se nos exigen procedimientos que por razones científicas y éticas juzguemos inadecuados o inaceptables (art. 9.3) o que nunca perjudicará intencionadamente a un paciente ni actuará con negligencia (art. 4.4).

Las razones éticas y científicas que invoca el art. 9.3 son precisamente las que hacen que todo el mundo esté de acuerdo en que  el aborto es una decisión desagradable y un trauma para la mujer. Trauma que daña su salud y le mata un hijo. Esas son la razones éticas y científicas (no religiosas ni ideológicas)  que impiden que un médico, que actúe conforme a la ética, perjudique intencionadamente a la mujer con una interrupción homicida de la gestación ni aunque ésta lo exija en una situación de presión o de depresión. Al contrario, estaremos favoreciendo la salud de la mujer si tratamos su depresión y hacemos un refuerzo positivo para evitar: que participe en la muerte voluntaria de su hijo, los riesgos físicos de un arrancamiento quirúrgico y los de un trauma postaborto.

Con el silencio administrativo nos respondió Trinidad Jiménez, el mismo silencio cómplice y cobarde que ha mostrado haciendo dejación de funciones en defensa de la salud de las mujeres y de sus hijos ante una ley homicida contraria a la deontología médica y a los derechos fundamentales de sus administrados. Por aplastar bajo sus tacones la vida de los hijos, los derechos de padres y médicos y la dignidad de la mujer tampoco tiene perdón.

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir.

2 Respuestas a “Con la muerte en los tacones, por Esteban Rodríguez”


  1. 1 María M

    Qué se puede esperar de unas personas que, ni tienen cultura ni preparación, ni les importa.

  2. 2 fakihph

    bravo dr.uds si que sabe de codigos deontologicos

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