Archivo Mensual de octubre, 2010

Fascismo de género en el Parlamento navarro. Leyes ilegales, por Esteban Rodríguez

Una vez más la izquierda más cavernaria se une para imponer su ideología totalitaria violando la Constitución.

Art 16.2: Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

El Parlamento Navarro, a iniciativa  de los socialistas y con el apoyo de los comunistas y los separatistas de NaBay, ha aprobado una ley por la que se crean registros de objetores al aborto.

http://www.europapress.es/navarra/noticia-parlamento-aprueba-ley-crear-registro-profesionales-sanitarios-objetores-aborto-20101028104935.html

La socialista y pro-aborto Chivite, que quiere que las mujeres aborten en Navarra, dice que “es necesario que el SNS conozca quiénes son los objetores” y, en contra de lo resuelto por el Consejo de Europa en fechas recientes, impone su opinión personal como una norma, al asegurar que “la objeción de conciencia es un derecho individual”.

Señores defensores de la ideología proelección de matar, los objetores a implicarse directamente en cualquier fase de un proceso que conduce a la muerte de un ser humano son todos aquellos médicos honestos que deseen seguir siendo fieles a su vocación y a la ética profesional. Todo médico ya ha jurado públicamente su compromiso deontológico para no destruir la vida humana, obligarles a reiterarlo por escrito es contrario  a los art. 16 y 18 de la Constitución y al Pacto Internacional por los Derechos Civiles y Políticos (Artículo 19. 1. Nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones).

Por tanto, en una democracia que desea convertir en derecho el poder para matar a los hijos antes del parto, deben ser la minoría que abjure de su código deontológico o los que tengan alguna objeción de conciencia o algún prejuicio de tipo antirreligioso o ideológico a lo que en él se establece, los que deberían manifestarlo y expresar su disponibilidad para satisfacer el deseo de alguna mujer de que se acabe con la vida del hijo del que están embarazadas, lo cual sería mucho más fácil y eficaz desde un punto de vista administrativo. Pero para entender esto ustedes deberían ser demócratas y respetar la ley.

Otra cuestión que les cuesta entender a los antidemócratas de las “opciones reproductivas” –que  también se pasan por el forro  el art 29 de nuestro Código Civil que establece que “ el concebido será tenido por nacido para todo los efectos que le sean favorables”–, es que la objeción a cooperar en cualquier fase del proceso de aborto (selección o cribado, consultiva, preparatoria, ejecutiva, resolutiva, administrativa), al margen de los derechos a la libertad de conciencia y pensamiento, se basan en motivos éticos y científicos. Motivos que se reconocen en art.9.3 del Código de ética y deontología médica cuando establece que “si el paciente exigiera del médico un procedimiento que éste, por razones científicas o éticas, juzga inadecuado o inaceptable, el médico, tras informarle debidamente, queda dispensado de actuar”.

La ciencia dice que las mujeres se embarazan de hijos y que los fetos son seres vivos de la especie humana que mueren si el embarazo se interrumpe prematuramente. La ética más elemental dice que no se puede matar a un ser humano inocente.

A menudo, cuando no se cree en Dios, también cuesta trabajo creer en la Ciencia, en la Ley, en los Derechos Humanos y hasta en la lingüística.

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir.

Guardiola, para ministro de Igualdad, por Vicente Morro

Sé que no es costumbre del Presidente del Gobierno escuchar la voz de la calle, y menos si es la de un simple y humilde ciudadano. Me atrevo, con todo, a formular la petición de que en la próxima, urgentísima ya, remodelación ministerial suprima el Ministerio de Igualdad, dado que desgraciadamente ya ha cumplido la triste misión para la que fue creado: tramitar la aprobación de la nueva ley de liberalización absoluta, de facto y casi de iure, del aborto. Poco más tiene que hacer, como no sea enredarse en polémicas provocadas por la incapacidad de su actual titular para entender lo que a la mayoría de la población le parece evidente. Da igual su existencia, pues la aún ministra no es capaz siquiera de responder a las preguntas que de modo directo y claro se le formulan en la que se supone es la sede de la soberanía popular.

Como me temo que no hará caso a mi petición inicial, he preparado una enmienda transaccional: teniendo en cuenta que no va a producirse la remoción de todos los miembros del Gobierno, lo que generaría sin lugar a dudas gran júbilo ciudadano y abriría una puerta a la esperanza spbre el futuro colectivo de España, y que tampoco va a producirse la ansiada eliminación del Ministerio de Igualdad, le ruego que nombre ministro de esa cartera a Pep Guardiola. Sí, a Guardiola. Por lo menos él sí que tiene claro lo que es un ser humano, y lo aprecia mucho, mucho, según una reciente campaña publicitaria de un banco catalán en la que interviene. El buen Pep ha demostrado, y con creces, capacidad de liderazgo, de gestión, de crear ilusión, de hacer las cosas bien, justo lo contrario de lo que ha estado haciendo la ministra.

Guardiola tiene, además, la ventaja de haber conseguido su posición actual gracias a su trabajo y esfuerzo personal. Ni ha heredado ni le han regalado nada. No está donde está por ser hijo de alguien, por pertenecer a una saga familiar del más rancio y antiguo –en todos los sentidos- abolengo socialista, no es vástago de ninguna jerarquía gerontocrática. Ciertamente es de admirar que quienes se dedican a denigrar sistemáticamente a la familia como institución sean los que más la defienden, sólo a la suya claro, sobre todo si sirve para promocionarse social o económicamente apoyándose en padres, madres, hijas o hermanos.

Captada, espero, la atención del amable lector, dejemos la broma y vayamos a lo serio. Es una tarea recomendable, aunque ardua en ocasiones, repasar los Diarios de Sesiones de nuestro Parlamento. Entre otras cosas, se constata la gran cantidad de falsedades que se dicen en sede parlamentaria.

La ministra Aído, célebre entre otras cosas por haber afirmado que un embrión es un ser vivo pero que no hay base científica para decir que es un ser humano, ha ratificado, primero por escrito y después desde la tribuna parlamentaria, esta concepción. Hace pocos días respondió, con seis meses de retraso, al diputado del Grupo Mixto Carlos Salvador, que “sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica” y que “por vida humana nos referimos a un concepto complejo, basado en ideas filosóficas, morales, sociales… En definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales”. Terminaba diciendo, hay que reconocer que con plena coherencia, que no podía “compartir la afirmación de que la interrupción del embarazo sea la eliminación de la vida de un ser humano”. No contenta con esto, el pasado día 13 respondió –es un decir- desde la tribuna, a la directa pregunta del mismo diputado sobre “cuándo podemos considerar que el no nacido es y tiene vida humana, cuándo adquirimos en definitiva nuestra dignidad, cuándo merecemos protección legal. Y si no hay vida humana, ¿qué somos entonces, señora ministra?”, que “si lo que quiere es un debate sobre ciencia, religión o filosofía, yo considero que contraponer opiniones o condiciones –quizá quiso decir convicciones- particulares, sean las suyas o las mías, no nos lleva a ninguna parte.”

A la ministra no le gustan las cuestiones complejas que “no llevan a ninguna parte”. Entre otras cosas, ha acabado sin más con toda la historia de la filosofía y el pensamiento. Esto es verdaderamente extraño, puesto que les suelen gustar muchísimo a los socialistas las cuestiones discutidas y discutibles. Quizá ahora sea más fácil entender la tradicional inquina del Gobierno y del partido que lo apoya contra las humanidades y la filosofía en la enseñanza y su empeño en sustituirlas por la confortabilidad ideológica del adoctrinamiento de “Educación para la Ciudadanía”: es mucho menos complejo y controvertido un buen slogan impuesto que un argumento serio debatido.

La actitud mostrada por la actual ministra demuestra una gran pereza intelectual, una absoluta incapacidad política para entender que al Parlamento se va precisamente a discutir y una total soberbia ideológica, de género por supuesto. En la tribuna se ganó el reproche del diputado: “…ha hecho lo que está haciendo el Gobierno en todos los temas. Primero niegan la realidad cuando no les gusta, segundo relativizan los problemas, les quitan valor … Así, como nada tiene valor, pueden tomar la decisión que más les convenga…”. La ministra sólo acertó a reiterar que intercambiar “opiniones enfrentadas o visiones distintas sobre un asunto tan complejo creo que no conduce a nada.”

Guardiola seguro que no rehúye las cuestiones complejas, como lo es la vida misma. Lo dicho, Pep para ministro… o para presidente.

Vicente Morro López es Vicepresidente 1.º del Foro Valenciano de la Familia y Secretario de FCAPA Valencia.

Este artículo ha sido remitido a HO por su propio autor, tras haber sido publicado en esta misma fecha en Análisis Digital:

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=50029&idNodo=-5

Adoctrinamiento de la mano de dance4life, por Jorge Calandra

Parece que está de moda, aunque mejor dicho, se trata de un virus, por lo maligno. Y es que proliferan grupos con ansias de introducirse en las escuelas y colegios para promocionar sus particulares formas de luchar contra el SIDA. En este caso, la idea viene de la mano de dance4life, grupo al que se le ha ocurrido la payasada de erradicar el SIDA con la danza.

En el fondo, la lucha contra el SIDA sigue el patrón progre, así, en despectivo, del reparto de preservativos a nuestros alumnos. Y también con intereses comerciales de fondo, como los que tiene la marca DUREX, que patrocina a esta gente. Con ello, además, se saltan una de las premisas que, según el Ministerio de Educación y el de Sanidad hace falta para “ganar salud en la escuela”: el de que no haya un interés comercial de fondo en las actividades extraescolares.

Nuestra Asociación quiere denunciar la realización de esta actividad extraescolar que, en muchos casos, se lleva a cabo sin el conocimiento ni autorización paterna.

Además, entre sus colaboradores está ALAS, vinculado al movimiento Gay; ACASC, que tiene su web llena de fotos de condones; o ACCAS que tiene entre sus tareas el reparto de preservativos.

Queremos mostrar nuestra desagradable sorpresa al observar que incluso colegios católicos, como Ángeles Custodios o María Auxiliadora, quizá por desconocimiento o dejadez, han permitido la entrada a estas organizaciones que atacan a la Iglesia.

Animamos a todos los colegios e institutos a que no permitan su entrada a este colectivo y a los padres a que denuncien el ninguneo a que se ven sometidos por los centros docentes en los que inicialmente han confiado a sus hijos.

Para concluir, en el tríptico de propaganda, dance4life indica que han formado el grupo juvenil más grande de la historia, 300000 según ellos en 30 países, desconociendo cifras varias veces superiores en los encuentros mundiales de la juventud con el Papa. Señalan falsamente que al VIH no le importa tu orientación sexual o tus creencias. ¡Acabáramos!

Jorge Calandra Reula es el Presidente de la Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza (ADVCE), con sede en Santander.

Santa Cándida María de Jesús: la primera santa guipuzcoana, por Mons. Munilla

Monseñor José Ignacio Munilla es Obispo de San Sebastián.

A partir de hoy, domingo 17 de octubre, el santoral incluye a la primera guipuzcoana que ha llegado a los altares. En total, son cinco los guipuzcoanos canonizados por la Iglesia, cuyas vidas han sido presentadas ante los católicos del mundo entero, para ser veneradas e imitadas: San Ignacio de Loyola (s. XVI), San Martín de la Ascensión (s. XVI), Santo Domingo Ibáñez de Erquicia (s. XVII), San Miguel de Aozaraza (s. XVII) y, a partir de ahora, también Santa Cándida María de Jesús, nacida en 1845 en el caserío de Berrospe, en Andoain.

Santa Cándida María de Jesús, popularmente conocida como la Madre Cándida, es fundadora de las Hijas de Jesús o “Jesuitinas”, una de las numerosas congregaciones religiosas femeninas que surgieron en el siglo XIX, dando respuesta a las carencias y deficiencias existentes en la oferta educativa de aquel momento. Mucho se podría hablar de la gran aportación pedagógica realizada por la vida religiosa en el siglo XIX: normalización del acceso de la mujer a la enseñanza, integración de todas las clases sociales en la misma aula (cuando todavía las clases medias eran minoritarias), sistema de becas para las jóvenes de familias sin recursos, concepción integral de la educación cristiana, etc.

Pero entre todas las fundadoras de órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza en aquel siglo, la Madre Cándida llama especialmente la atención por un detalle: Hasta los 18 años de edad, prácticamente, no hablaba el castellano; e incluso, ¡todavía era analfabeta, cuando a los 24 años de edad, recibió la llamada de Dios para fundar una congregación religiosa dedicada a la educación! ¿Cómo es posible que una joven que no sabía leer ni escribir, pudiera ser elegida para semejante tarea? ¿Nos podemos imaginar la cara que pudo poner su confesor, el jesuita Miguel San José Herranz, al escuchar de labios de la joven semejante “inspiración”? ¿Qué pensaríamos nosotros de alguien que, sin tan siquiera tener el carnet de conducir, nos manifestase que pretende correr en la “Fórmula 1”?… Sin embargo, su director espiritual, conocedor de la “piedra preciosa” que Dios había puesto en sus manos, no la tomó por una fantasiosa, sino que comenzó por pedirle que se liberase dos horas al día de las labores domésticas que realizaba en una casa, para poder enseñarle a leer y a escribir. El propio P. Herranz S.J. tuvo que escuchar no pocos comentarios irónicos: “Pero, hombre, ¡quieres fundar una institución de enseñanza y eliges a una analfabeta!”.

He aquí la lógica de Dios, que ciertamente, no coincide con la nuestra… La santidad necesita de dos piernas para poder “andar”: la humildad y la confianza. “Santo” es aquél que no desea otra cosa que lo que Dios quiera, y en esa perfecta confianza y humildad, se sabe frágil y al mismo tiempo, invencible. Por ello, la Madre Cándida solía repetir con frecuencia: “Sola nada; pero con la gracia de Dios, lo puedo todo”. No es difícil llegar a la conclusión de que este estilo que tiene Dios de hacer las cosas, es una llamada a entender la santidad en la humildad: ¿Es que puede una pluma ufanarse de los versos que su dueño ha escrito con ella?

Llegados a este punto, podríamos seguir relatando cómo llegó a ser una realidad floreciente, aquello que en un primer momento parecía una locura; pero, tal vez, sea preferible retornar a los inicios de su vida, para descubrir así el secreto de esta alma de hierro, tan moldeable como la arcilla misma.

No parece que sea casualidad que las “Jesuitinas” hayan tenido a una guipuzcoana como fundadora: La propia Madre Candida contaba la anécdota de que a sus diez años, cuando pasaba ante la estatua de San Ignacio de Loyola, que sostiene en su mano los Ejercicios Espirituales, solía exclamar: “Santo mío, quiero hacer lo que dice ese libro”.

Quisiera concluir este artículo invitando a reflexionar sobre esa expresión de aquella niña: “¡Santo mío!”… Ciertamente, creo que uno de los dramas de nuestra cultura postmoderna es la carencia de raíces, tradiciones y modelos de referencia, sobre los que edificar los valores de nuestra vida. Sin embargo, cuando conocemos a alguien que consigue ir más lejos que el común de los mortales, nos percatamos de que parte de su secreto está en haberse encaramado sobre los hombros de quienes le han precedido.

Por ello resulta tan importante para todos nosotros la canonización de esta guipuzcoana, ¡nuestra primera santa! Nuestra Iglesia diocesana siente la alegría de haber dado a luz este modelo de santidad, para bien de todo el orbe católico. Pero también sentimos una gran responsabilidad al descubrir que somos herederos de su estela… ¿Quién cogerá su testigo y quién se alzará ahora sobre sus hombros?

Directamente implicados, por Esteban Rodríguez

Comentario a la Resolución del Consejo de Europa, sobre Objeción de Conciencia al aborto.

La nueva ley de aborto (art. 19.2) establece un elemento de inseguridad jurídica para aquellos agentes sanitarios que planteen objeciones a cooperar en la práctica de abortos. Se restringe la objeción de conciencia a los profesionales “directamente implicados” en la interrupción voluntaria del embarazo debiéndose comunicar anticipadamente y por escrito.

Un médico puede interrumpir voluntariamente un embarazo con una doble intención: para que el niño en gestación muera o para proporcionarle los cuidados adecuados a su estado de dependencia y que viva. En este segundo caso no existe objeción deontológica alguna para participar en una interrupción voluntaria del embarazo. Se entiende que la ley se refiere a la primera opción, es decir, cuando el embarazo se interrumpe- o con mayor propiedad, se finaliza, con intención homicida.

La ley resulta ambigua porque no específica quiénes son los profesionales directamente implicados en la interrupción homicida y no tiene en cuenta el hecho científico y técnico de que un aborto, al igual que un parto, no es un acto único sino un proceso en el que directamente se ven implicados diversos profesionales.

¿Por qué el abortismo está tan empeñado en negar la ciencia?

Pretender que los profesionales se impliquen directamente como cooperadores en cualquier fase de un proceso que conduce a la muerte intencionada de un ser humano sano o enfermo, impidiéndoles el derecho a objetar salvo si son los encargados de extraer el niño en gestación para que muera, seria contario a la Ley 55/2003, de 16 de diciembre, del Estatuto Marco del Personal Estatutario de los Servicios de Salud, que en su Capítulo IV (Derechos y deberes) artículo 19 (deberes) letra b, establece el deber de:
b) Ejercer la profesión o desarrollar el conjunto de las funciones que correspondan a su nombramiento, plaza o puesto de trabajo con lealtad, eficacia y con observancia de los principios técnicos, científicos, éticos y deontológicos que sean aplicables.
Pues bien, los principios y deberes deontológicos aplicables son los que establece en su articulado el Código de Ética y Deontología Médica de 1999 en tanto que sancionado por una Entidad de Derecho Público, no los que le parezca a una Ministra de Igualdad o de Sanidad, a un Gerente de Hospital o Jefe de Servicio, ni siquiera a un Parlamento que también están obligados a cumplir la ley.

Los médicos no pertenecen a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Un médico no es un soldado. Colaborar en estrategias que tienen la intención de acabar con la vida de los seres humanos, aunque sean acusados de crear un conflicto con los intereses de sus progenitores , no forma parte de las funciones que corresponden al nombramiento, plaza, o puesto de trabajo de un médico.
¿Acaso un legislador tiene el derecho de dictaminar, en contra de la evidencia científica, que un embrión o un feto humanos no son seres que están vivos y que pertenecen a la especie humana? ¿Acaso es legítimo violar el artículo 29 de nuestro C.C. que establece que “el concebido será reputado como nacido para todos los efectos que le sean favorables”? ¿No será que debemos seguir avanzando en la DUDH para que a “todo ser humano en todas partes le sea reconocida su personalidad jurídica” como establece su artículo 6 y para que se respete que “todo individuo tiene derecho a la vida y a su seguridad” como establece el art. 3?

Restringir el derecho fundamental a la objeción de conciencia que, según sentencia 53/1985 del TC, “existe y puede ser ejercitado con independencia de que se haya dictado o no regulación…y forma parte del derecho fundamental contenido en el artículo 16 de la CE” a la fase ejecutiva, impidiendo la objeción en las fases consultivas o preparatorias, supondría un atentado contra la dignidad de la persona humana, el libre desarrollo de la personalidad, el derecho a la integridad física y moral, a la intimidad, a la libertad ideológica y a la no discriminación.

Resulta paradójico que el art. 12 de la ley de aborto invoque para la mujer esos mismos derechos para garantizar el acceso a la interrupción homicida de la gestación y se le nieguen a los médicos dejando sin garantía su acceso al derecho fundamental a la objeción de conciencia por motivos deontológicos y científicos o de conciencia.

Por tanto, ¿qué ley debe incumplir un médico, la del Estatuto Marco de Personal Sanitario que le obliga a ser fiel a la deontología o la de aborto que lo obliga a infringirla? ¿Supone la ley de aborto la derogación de la vigencia del código deontológico de la profesión médica? ¿Prima el derecho de la mujer al libre desarrollo de personalidad, a la integridad física y moral, a la libertad ideológica y a la no discriminación sobre los idénticos derechos de un ciudadano funcionario de la administración pública? ¿Tiene la administración la patria potestad sobre la conciencia de los administrados? ¿Se ajusta a derecho que un gobierno invente derechos para algunos y que para ello restrinja derechos de otros que tienen el rango de fundamentales?

Afortunadamente el Consejo de Europa con su Resolución 1763 sobre “El derecho a la objeción de conciencia en los cuidados médicos legales” viene a corregir la concepción integrista de lo que es un profesional “directamente implicado” que la Ley Aido ha plasmado en el papel.
El primer punto de esta resolución puede traducirse como:
Ninguna persona, hospital o institución será coaccionada, considerada civilmente responsable o discriminada debido a su rechazo a realizar, facilitar, ayudar, autorizar, o participar en la práctica de un aborto, eutanasia o cualquier otro acto que pudiera causar la muerte de un feto o embrión humanos, por cualquier razón.
http://assembly.coe.int/ASP/APFeaturesManager/defaultArtSiteView.asp?ID=950

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir.

Este artículo na sido remitido a HO por su propio autor, después de haber sido publicado en Diario Médico el 14 de octubre de 2010:

http://medicablogs.diariomedico.com/httpoctubloges/2010/10/14/directamente-implicados/

Empresarios del aborto, por José A. Burriel

Quizás el titular debería haber sido “empresarios de la muerte”, pues los empresarios de las funerarios merecen todo el respeto, cumplen una función social digna. ¿Los empresarios del aborto? Dedican los dineros al negocio de acabar con vidas humanas. ¡Y les va muy bien!

Y se reúnen -¿para que les vaya mejor?- en un Congreso Internacional en Sevilla. Temas a tratar: mejoras en Portugal para el acceso al aborto, perspectivas y soluciones para el acceso del aborto en los países del Este, técnicas más utilizadas en la interrupción de la gestación, la formación de los profesionales en la práctica sanitaria del Aborto Provocado, Aborto farmacológico, Aborto quirúrgico en el primer trimestre. No, no estoy haciendo propaganda del Congreso de Sevilla. Tan solo señalo algunos temas para que sea evidente la finalidad última de la reunión “empresarial”: cómo practicar abortos en mayor cantidad y con mayor eficacia en los países donde está permitido y cómo entrar de lleno en los países donde por ahora el negocio no es tan lucrativo. ¡Empresarios de la muerte!

Y la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, aporta su granito de arena para que “los empresarios de la muerte” se reúnan tranquilamente y sin ninguna duda o remordimiento. Y Aído ha afirmado: “El gobierno no puede compartir la afirmación de que la interrupción del embarazo sea la eliminación de la vida de un ser humano… Abortar no supone acabar con una vida humana porque sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica, ya que por vida humana nos referimos a un concepto complejo basado en ideas o creencia filosóficas, morales y sociales… Contraponer opiniones particulares sobre la vida humana del no nacido no nos lleva a ninguna parte”. Cuando uno se deja llevar por una ideología cerrada y sectaria, se acaba por decir tonterías. Una cosa es que se quiera defender una ley de plazos en el aborto, y otra muy distinta es negar la evidencia científica de que el feto es una vida humana. ¿O es que el feto es un grano en el útero o un vegetal o un embrión de dinosaurio?

En fin, que estén tranquilos los “empresarios de la muerte” en su Congreso, que se reúnen para extirpar granitos uterinos. ¡Negocio seguro que sí!

José Antonio Burriel es periodista y abogado.

¿Para Bibiana un niño que haya vivido 10 horas tras el parto tampoco tiene derechos fundamentales?, por Esteban Rodríguez

Bibiana, en nombre del Gobierno del PSOE, contestaba por escrito hace una semana a Carlos Salvador diputado de UPN.

Una parte de esa respuesta merece hoy una reflexión. ¿Debe el lenguaje jurídico o político adaptarse a las evidencias científicas o no? ¿Deben los políticos y juristas atender a la ciencia o están por encima de ella?

La titular de la Igualdad decía que en el ámbito jurídico “no existe el concepto legal de ser humano, sino de persona”, y recuerda que la definición es la de “vida humana independiente a partir de las 24 horas del nacimiento”. Antes de ese momento no se tienen “derechos fundamentales”.

La ignorancia científica y las mentiras de la fundadora de las Juventudes Socialistas de Alcalá de los Gazules, han quedado claras en más de una ocasión, pero a ellas hay unir su ignorancia jurídica. Sabemos que no es licenciada en Medicina y que tampoco lo es Derecho, lo cual explica bastantes cosas, ya que su mérito estriba en haber sido un cachorrillo fiel a una ideología de partido y no a su formación en una u otra materia.

Bibiana debe ignorar –también– que los tratados internacionales suscritos por España forman parte de nuestro ordenamiento jurídico. Pues bien, en varios tratados internacionales se utiliza el término de ser humano o el de personalidad y no el  de persona, que por otro lado son sinónimos.

Así, la Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 6 que ”todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica” y en el Artículo  3 que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

Comprobamos cómo la DUDH utiliza el concepto legal de “ser humano” (aunque Bibiana prefiera mentir) y  proclama que todo ser humano tiene derecho a que le sea reconocida su personalidad. Esto se debe a que los seres humanos son personales y a que el embrión humano es el embrión de una persona y no el de una alcachofa. Ello le hace tributario de, al menos,  dos derechos fundamentales: el derecho a vivir y que le sea reconocida la personalidad jurídica, que Bibiana se empeña en negarle.

Pero es que nuestro Código Civil, en su artículo 29, reconoce que, a pesar de que a efectos meramente “civiles” el nacimiento determina la personalidad, “el concebido se tendrá por nacido para todos los efectos que le sean favorables”. Lógicamente, para el nascituro le es favorable que nadie lo mate mediante una interrupción voluntaria del embarazo o mediante cualquier otro método antes de que haya vivido 24 horas fuera del seno materno.

Para más ignorancia –o mala intención–, Bibiana habla de “vida independiente”, lo cual es una invención de cosecha propia, ya que el artículo 30 del CC que cita sin conocerlo no hace referencia a tal independencia, sino  a que haya vivido 24 horas desprendido del seno materno. Y digo mala intención porque pretende excusarse en ese artículo para negarle el derecho fundamental a la vida, que le es un “efecto favorable.”

Por eso hay que preguntarle a Bibiana si, en aras de la igualdad, también va a convertir en legal usar el poder del fuerte para decidir matar a los hijos hasta un día tras el parto.

Bibiana, una cosa más tendrás que oír: que esos seres humanos personales dependientes de sus madres tienen derecho a vivir, aunque tú no estés dispuesta a reconocérselo; porque sus vidas y su personalidad son anteriores a tus leyes que violan la DUDH y la verdad científica.

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos por el derecho a Vivir.

3 en 1, por Vicente Morro

Permítanme, en esta ocasión, utilizar el mismo texto tres veces, pero redactado de formas diferentes. Por esta sencilla razón el artículo se titula “3 en 1”. El texto –una excusa-, no muy elaborado y no muy ajustado a la realidad, es el siguiente:

Los españoles, como ciudadanos de un Estado de Derecho, tenemos la gran suerte de que la Constitución nos proteja a nosotros y a nuestros hijos, a nuestros ancianos. También protege a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, incluso a aquellos que desgraciadamente están parados, sin trabajo: ellos son los que sufren con más crudeza las consecuencias de la crisis. Los españoles no somos súbditos, somos ciudadanos soberanos, iguales ante la Ley vivamos donde vivamos: los vascos, los catalanes, los gallegos, los riojanos, los valencianos, todos los españoles somos iguales. Por lo menos eso es lo que dice nuestra Carta Magna. El problema es que nuestros políticos no siempre actúan así. Como ciudadanos españoles tenemos derecho a exigirles a nuestros representantes que respeten esa norma básica. Todos hemos trabajado mucho para conseguir llegar hasta aquí.

Lo traducimos ahora a la jerga de lo políticamente correcto, que ignora las normas gramaticales por afán de imponer su visión ideológica a toda la sociedad:

Los españoles y las españolas, como ciudadanas y ciudadanos de un Estado de Derecho, tenemos la gran suerte de que la Constitución nos proteja a nosotros y nostras y a nuestras hijas y a nuestros hijos, a nuestros ancianos y a nuestras ancianas. También protege a nuestras vecinas y a nuestros vecinos, a nuestros compañeros y a nuestras compañeras de trabajo, incluso a aquellas y a aquellos que desgraciadamente están parados, sin trabajo: ellos y ellas son los que sufren con más crudeza las consecuencias de la crisis. Los españoles y las españolas no somos súbditos y súbditas, somos ciudadanos soberanos y ciudadanas soberanas, iguales ante la Ley vivamos donde vivamos: los vascos y las vascas, las catalanas y los catalanes, los gallegos y las gallegas, las riojanas y los riojanos, los valencianos y las valencianas, todos los españoles y todas las españolas somos iguales. Por lo menos eso es lo que dice nuestra Carta Magna. El problema es que nuestros políticos y nuestras políticas (aclaro que uso aquí la quinta acepción –referida al hombre o a la mujer que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado- del Diccionario de la Real Academia Española, para que no se confunda con las dos primeras acepciones: perteneciente o relativo a la doctrina política o perteneciente o relativo a la actividad política. Veamos un ejemplo de la confusión que se podría crear: las políticas no desarrollan políticas correctas para la economía) no siempre actúan así. Como ciudadanos españoles y ciudadanas españolas tenemos derecho a exigirles a nuestros y nuestras representantes que respeten esa norma básica. Todas y todos hemos trabajado mucho para conseguir llegar hasta aquí.

¡Qué derroche, el doble de palabras y de líneas que en el párrafo anterior! Podríamos haberlo acortado manteniendo de vez en cuando el uso del masculino plural como genérico, pero habría sido una traición a la causa: la ideología es la ideología, cueste lo que cueste. Hay que hacer las cosas bien, ¿qué es eso de abandonarse a la molicie e invisibilizar a la mujer?

Algunos, más modernos todavía y más versados en las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), optarían -¡lástima que la pesada de la Academia ya señalara que “@” no es un signo lingüístico!- por esta otra versión:

L@s español@s, como ciudadan@s de un Estado de Derecho, tenemos la gran suerte de que la Constitución nos proteja a nosotr@s y a nuestr@s hij@s, a nuestr@s ancian@s. También protege a nuestr@s vecin@s, a nuestr@s compañer@s de trabajo, incluso a aquell@s que desgraciadamente están parad@s, sin trabajo: ell@s son l@s que sufren con más crudeza las consecuencias de la crisis. L@s español@s no somos súbdit@s, somos ciudadan@s soberan@s, iguales ante la Ley vivamos donde vivamos: l@s vasc@s, l@s catalán@s, l@s galleg@s, l@s riojan@s, l@s valencian@s, tod@s l@s español@s somos iguales. Por lo menos eso es lo que dice nuestra Carta Magna. El problema es que nuestr@s polític@s no siempre actúan así. Como ciudadan@s español@s tenemos derecho a exigirles a nuestr@s representantes que respeten esa norma básica. Tod@s hemos trabajado mucho para conseguir llegar hasta aquí.

Ridículo, ¿verdad?

Doctores tiene la Iglesia y académicos la Academia. Les invito a leer, a ojear siquiera, el Manual de la Nueva gramática de la lengua española. Con poco más de media página basta: “El masculino es en español el género no marcado, y el femenino, el marcado, En la designación de personas y animales, los sustantivos de género masculino se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, pero también para designar a toda la especie, sin distinción de sexos”. Pura economía del lenguaje, justo lo contrario de lo que se consigue con el lenguaje políticamente correcto. Más adelante señalan los académicos que “en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de persona que manifiestan los dos géneros… el circunloquio es innecesario en estos casos, puesto que el empleo del género no marcado -¿recuerdan?- es suficientemente explícito para abarcar a individuos de uno y otro sexo”. Cuando el valor de las palabras está devaluado, ¿qué importan unos cuantos circunloquios o eufemismos?

Muy ridículo.

Vicente Morro López es Vicepresidente 1.º del Foro Valenciano de la Familia y Secretario de FCAPA Valencia.

Este artículo ha sido remitido a HO por su propio autor, tras haber sido publicado el día 9 de octubre en Análisis Digital:

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=49852&idNodo=-5

Reflexiones sobre política moderna, por Miguel A. Espino

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá. 

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En los análisis políticos modernos se  toman en  cuenta,  con creciente interés,  los aspectos morales y éticos presentes en todos los actos humanos, principalmente en los políticos. Es el actuar bien o mal con respecto a la cultura y la moral  prevalentes y, también, según  los aspectos éticos de esos mismos actos; es decir, lo bueno o correcto, o lo malo o incorrecto, de las acciones políticas  a la luz, no sólo de la ley positiva, sino a la  de la ley natural y, sobre todo,  a principios superiores enraizados en creencias religiosas que forman parte de la cultura popular tradicional. El hecho de que en la actividad política  no se tomen en   cuenta la  cultura y la ética, no significa que éstas no existan.
 
Benedicto XVI, en su discurso en el Westminster Hall, durante su visita a Gran bretaña, se refirió a la necesidad de un diálogo “sin miedo” entre el mundo de la razón y el mundo de la fe. Advirtió que “si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social,  entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.”
 
La  revaloración de los actos políticos por parte de los partidos responde a  los fracasos históricos sufridos por los partidos tradicionales,  carcomidos por la  corrupción, que nace y crece en ambientes faltos  de verdaderos valores éticos. En los países en desarrollo  el daño es más grave, por la mayor fragilidad del sistema.
 
En España, los movimientos y campañas  como los promovidos y divulgados por HazteOir.org y otros medios similares,  apuntan en la dirección correctiva. En  Estados Unidos, surgen  movimientos para concienciar  al ciudadano sobre la necesidad de considerar los valores éticos y religiosos  en la política. En varios países europeos se dan reacciones contra fallos contaminados de prejuicios anticristianos, de tribunales de la Unión.
 
De allí, también,  el triunfo, en varios países de Europa y de América, de figuras conservadoras o de derecha. El presidente de Panamá,  Ricardo Martinelli ha sido incluido en esta categoría. Otros gobernantes, en Chile, Colombia, Honduras, Perú, igualmente; algunos,  sólo por no ser de izquierda.
 
 El éxito o fracaso de estos gobiernos será evaluado, como se acostumbra,  según sus logros  o fracasos en lo económico y en lo social; pero la solución efectiva de estos mismos  problemas  requerirá una alta  dosis de ética.  Se trata de revitalizar los  valores tradicionales y religiosos sobre la persona humana,  la vida y a  la familia – célula básica de la sociedad – como superiores al Estadoque las debe servir y proteger en nombre  del bien común. No se trata solamente de hablar, con libertad, de religión  y de iglesias – un derecho humano  que infunde  pavor a seudo intelectuales- sino de considerar los valores ético-religiosos aceptados por la sociedad como parte de la cultura. Es, simplemente, dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, fórmula expresada hace dos mil años, pero que no siempre se ha entendido bien, al parecer, ni por los de Dios ni por los del César.
 
Es una disyuntiva política amenazadora que plantea la Organización de las Naciones Unidas a nivel mundial con el programa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), un  ideario escrito en lenguaje equívoco,  con palabras de vida y significados  de muerte.
 
 Esta calamidad ha sido denunciada, pese al silencio cómplice (y suicida) de la “gran prensa” mundial.  Sus centros propulsores  son Estados Unidos y   la Unión Europea, además de   algunos gobiernos sumisos. Esta política anticultural y de antivalores   ha sido identificada  como “Cultura de la Muerte”, por sus consecuencias negativas hacia la vida, la persona humana  y la familia tradicional.
 
Parece buscarse la  destrucción de la vida humana y de la familia tradicional, por medio del aborto y la homosexualidad, además de otras aberraciones en el campo de las experimentaciones científicas sin ética. Los líderes políticos que no  reconozcan esta realidad están condenados al fracaso y arrastrarán  a  sus pueblos a la pérdida de su identidad nacional y cultural.
 
 Esta situación sugiere  el cumplimiento de la  amenaza a la civilización imaginada por el escritor inglés, George Orwell, hace medio siglo, en sus novelas “Rebelión en la granja” y, sobre todo,  “1984”, la de  la dictadura global,  la del  “Gran Hermano” sin rostro, omnipresente y omnipotente. En la encíclica “Caritas in Veritate”, Benedicto XVI reclama, por varias otras razones,  la “urgencia de la reforma de la ONU” y advierte que “la razón sin fe está destinada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia”. Palabras sabias para oídos sordos.
 
Parece haber llegado la hora de una vuelta al conservadurismo. Pero, éstos partidos y otros nuevos, han de aprovechar la oportunidad de hacer un enfoque renovador; un enfoque restaurador de los principios éticos necesarios en la política, como reclaman insistentemente el Santo Padre y los obispos, en sus llamamientos a la participación responsable de los laicos católicos en la política.   
 
En las democracias, la política sin ética causa  males similares  a los que causa la falta de ética en los sistemas totalitarios; males cuya raíces y nutrientes se hallan en la corrupción generada por la falta de aquellos  principios éticos y religiosos que informaron la cultura cristiana de sus pueblos.
 
En su discurso en Westminster Hall, durante el reciente viaje a Gran Bretaña, Benedicto XVI se refirió ampliamente al tema y señaló que “Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso social se presenta evidentemente frágil. Aquí- sentenció- reside el verdadero desafío para la democracia”.
 
Con particular rigor en las naciones iberoamericanas, la víctima principal en esta situación anómala es la familia,  agobiada por  la pobreza,  la injusticia social y la falta de protección como institución básica de la sociedad. Se convierte en cuna y causa  de violencia y corrupción y, además, en víctima de esos mismos males.  Hacia la destrucción de la familia tradicional es que apuntan los denunciados ODM. Esta realidad, descuidada, debe preocupar a todos.
 
Si la política es el arte de hacer realidad lo posible; construir sobre valores es siempre un arte posible.

Bibiana no cree en Dios, pero en la ciencia tampoco, por Esteban Rodríguez

Bibiana insiste en su mentira y hasta en su estupidez. Mentir indica un elemento de corrupción. Cuando se hace desde una instancia política o gubernamental supone una nueva expresión del grado de corrupción que viene siendo la seña de identidad de la casta política que pretende gobernarnos -incluso “educarnos”- y trasladar impositivamente su corrupción a la clase médica.

Torpeza notable en comprender las cosas es lo que la Real Academia de la Lengua define como estupidez. De dicha notable torpeza es de la que que hace gala Bibiana Aido al dejar patente su incapacidad para comprender que una mujer se embaraza de hijos y que lo está en gestación es precisamente un hijo que muere si el embarazo se interrumpe prematuramente.

Para cualquiera que no haga ostentación de estupidez o de corrupción resulta evidente que el embrión “es”, es decir existe; es un “ser”. Ser que está vivo en el vientre de una hembra y que pertenece a la misma especie que ésta. Cuando la madre es de la especie humana el vástago que gesta es un ser vivo y humano en acto.

Sin embargo, Bibiana ante una pregunta del diputado del PP Carlos Salvador -y después de necesitar seis meses para responder- ha dicho sesudamente que: “El Gobierno no puede compartir la afirmación de que la interrupción del embarazo sea la eliminación de la vida de un ser humano”. ¿Por qué no puede hacerlo, tiene alguna tara intelectual? ¿Será que el gobierno no cree en la ciencia o que le da igual la verdad científica? ¿Prefiere  creer en mentiras y difundirlas?

Eso parece, porque ha dicho también que: “abortar no supone acabar con una vida humana porque sobre el concepto de ser humano no existe una opinión unánime, una evidencia científica, ya que por vida humana nos referimos a un concepto complejo basado en ideas o creencias filosóficas, morales, sociales y, en definitiva, sometida a opiniones o preferencias personales”.

Bibiana y otros podrán preferir no creer en Dios, podrán preferir renunciar a unos principios morales, incluso podrán preferir no creer en las evidencias científicas, podrán preferir acabar con la vida de un hijo antes del parto arrancándolo del útero en el que se gesta, pero cuando dicen que un aborto no acaba con la vida de un ser humano sencillamente mienten.

Una mentira, que necesitan creer e imponer totalitariamente un grupito de políticos para justificar la corrupción que supone la legalización de matar seres humanos inocentes e indefensos en el vientre de sus madres.

Sobre lo que no existe opinión unánime, Señora Ministra, es sobre su capacidad y la de su Gobierno para defender la igualdad de todos ante la ley y para sacarnos de la crisis ética y económica en la que una secta política que miente y engaña nos ha sumido. Deberian también pensar en hacer una ley que permitiera la interrupción voluntaria del gobierno hasta que no existiera una opinión “unánime” sobre su capacidad.

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir.