Tomas Miller es traductor jurídico y periodista, con una amplia experiencia como muestran sus 15 años de experiencia como redactor y corresponsal de la Agencia británica Reuter.
“Un reino dividido contra sí mismo no puede subsistir” (Jesús de Nazareth)
El argumento más fuerte que han tenido los no creyentes contra la persona y el mensaje de Jesús ha sido que ellos están del lado de la razón y de la tolerancia, frente a una supuesta (y lamentablemente a veces verdadera) irracionalidad e intolerancia de los seguidores del Hijo de Dios.
Se están produciendo diversos incidentes contra iglesias, por ejemplo pintadas de las fachadas e incluso intentos de incendiarlas o de clausurar templos con diversas excusas. Sin embargo lo peor a mi juicio es lo que está ocurriendo en las universidades españolas, como consecuencia de los cuales los estudiantes y profesores cristianos se ven privados o pueden verse privados de utilizar capillas dentro de los recintos de las mismas, ya sea por acciones de protesta de otros estudiantes o medidas preventivas de las autoridades universitarias para evitar males mayores. Otro ejemplo de intolerancia y miedo a las ideas cristianas en una universidad fue el boicot a una conferencia del Cardenal Rouco en la Facultad de Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid, que obligó a suspenderla, el pasado diciembre.
Estos incidentes reflejan intolerancia y una actitud irracional tanto por parte de los estudiantes y de las autoridades universitarias, que se supone son los más cultos de la sociedad. Para nosotros los cristianos Jesús está en persona en el sagrario, y los estudiantes y profesores en las universidades, al igual que los enfermos en los hospitales, los viajeros en los aeropuertos, y otra gente que no puede acudir en determinados momentos a las iglesias parroquiales, necesitamos tener a Jesús cerca nuestro en las capillas que hay en esos lugares.
Los que intentan privarnos de las capillas en las universidades se sitúan en una actitud de la mayor irracionalidad e intolerancia. Actúan como si tuvieran miedo a la presencia de Dios tan cerca, o incluso como si no estuviesen dispuestos a tolerar a Jesús y a sus seguidores. Esto es todo lo contrario de la racionalidad y tolerancia con que se han presentado tradicionalmente, desde el llamado “siglo de las luces”. Parecería que están bastante desesperados porque al cabo de varios siglos de propaganda antirreligiosa siguen sin convencer a la gran mayoría de la población, y ahora incluso están renunciando a sus propios principios. Tal vez sea el principio del fin de los librepensadores.



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