Archivo Mensual de noviembre, 2011

Promoviendo el uso de preservativos en la escuela, por Jorge Calandra

Jorge Calandra Reula es presidente de la Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza (ADVCE).

El grupo Dance4Life (D4L) se congratula de haber realizado, entre otras cosas, actividades en varios centros escolares de Barcelona, Cantabria e Islas Baleares.

Por desgracia, lo que este grupo logra es aumentar la promiscuidad sexual, y con ello, las infecciones de transmisión sexual (ITS) y los embarazos no deseados. Veamos:

D4L trata de promover “acciones de cambio”, como ellos dicen, por medio del baile, para ello, asisten a institutos y ensayan un baile que, supuestamente, sirve para concienciar sobre el SIDA y al final reparten preservativos entre el alumnado. Sin embargo, nada señalan de la eficacia que tiene el preservativo en relación a otras ITS.

Para colmo, a determinados grupos escolares les convencen de que la solución correcta es el uso del condón y los involucran agregándolos entre sus activistas. Así, en algunos institutos han logrado que los estudiantes inventen canciones cuya letra promueve el condón; en otros, los alumnos han elaborado un vídeo propaganda de este grupo; y en otros, algunos alumnos han hecho la labor de D4L repartiendo preservativos por los pueblos cercanos.

Hemos de señalar que las recomendaciones terminológicas de ONUSIDA 2007, van dirigidas a utilizar el término de “sexo más seguro”, y evitar el de “sexo seguro”. Esta distinción es básica por que el uso de preservativos solo reduce el riesgo de adquisición de ITS, pero no las evita al cien por cien.

Las infecciones y los embarazos se obtienen indirectamente teniendo en cuenta el nivel de eficacia, que considera tanto el uso adecuado (si aceptamos que estas gomas puedan tener un uso adecuado) como errores, defectos y roturas. A modo de ejemplo, si vamos a los números y según la Organización Mundial de la Salud, la eficacia teórica como anticonceptivo es del 98% y la eficacia práctica es del 85%. Este dato significa que 15 de cada 100 mujeres que usan este medio quedan embarazadas; y de no existir ningún tipo de error, quedarían embarazadas 2 de cada 100. Y en relación a la transmisión de ITS, existen algunas, como el virus del papiloma humano, que se transmiten aún con el uso del condón. Ante esta evidencia, es una temeridad promover los preservativos.

Si para algunas personas la sexualidad se entiende como “educación para la independencia sexual”, teniendo como objeto principal los aspectos de placer en el ejercicio del sexo, minimizar los riesgos de embarazo o de ITS, enfatizar el conocimiento de las medidas de anticoncepción y la búsqueda de experiencias gratificantes, bien a través del propio cuerpo o a través de relaciones interpersonales que no tienen por qué ser necesariamente monógamas, centrándose en sus aspectos lúdicos y sin referencia a compromisos implícitos ni explícitos; para otras muchas personas el ejercicio de la sexualidad va unido al de la “educación para los compromisos estables”. Esta vivencia se apoya en la cultura del esfuerzo e implica la transmisión de valores muy concretos: autodominio, fidelidad, comprensión, lealtad, apertura a la transmisión de la vida volcando la propia afectividad en los hijos y asumiendo nuevos compromisos y renuncias personales, etc., lo que supone referencias continuas al mundo de los valores. Este tipo de educación, al ir unida a la edificación del carácter, es más propia para ser transmitida en la relación personal de confianza entre padres e hijos.

A todo lo comentado hemos de añadir que el grupo D4L es externo al personal docente de los centros y para realizar sus actividades requiere autorización; que los alumnos a los que se dirigen son menores de edad y por tanto se debe contar también con la autorización de sus padres y que D4L tiene patrocinadores como DUREX, fabricante de condones, lo cual es indicador de intereses de otro tipo.

Pornografía en la biblioteca, por Jorge Calandra

Jorge Calandra Reula es presidente de la Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza (ADVCE).

Hace ya unos cuantos años la biblioteca era un lugar donde hombre y razón se fundían en los libros, pudiéndose consultar desde obras literarias al saber astronómico, desde las ciencias a la historiografía. También, hace ya unos cuantos años, las mocedades españolas acudían a la escuela para aprender los conocimientos necesarios y así, con el transcurrir del tiempo, alcanzar cierto nivel de madurez intelectual.

Sin embargo hoy día, cuando un chaval entra en la biblioteca de su instituto, o en cualquier biblioteca pública, puede encontrar libros y enciclopedias sesgadas sobre sexualidad. Una sexualidad orientada al placer y a los instintos más degradantes del ser humano, no seamos ingenuos. Muchas veces ocurre que los padres de esos estudiantes, niños de 12 años o incluso menos, no tienen conocimiento de que en los institutos donde estudian sus hijos se pueden encontrar libros apropiados más para un prostíbulo que para una biblioteca de un centro educativo.

Revisando las estanterías nos encontramos con títulos como “Camasutra”, o como el libro titulado “El sexo”, con el subtítulo de “Manual Práctico ilustrado para la relación sexual”, donde, como su nombre indica, podemos encontrar técnicas para masturbarse, juegos eróticos, todo tipo de prácticas incluyendo las homosexuales y otras depravaciones. Ninguno de los libros que hemos visto en las bibliotecas de los centros públicos considera la sexualidad desde el punto de vista del Magisterio Católico. Claro, ¿cómo vamos a encontrar un manual católico sobre cómo mantener relaciones homosexuales o cómo masturbarse?

Educación para la Ciudadanía, Ciencias para el Mundo Contemporáneo, educación sexual, deformación de la Historia de España, un ataque furibundo contra lo católico, y ahora incluyendo libros pornográficos en las bibliotecas. ¿Se le puede llamar a esto educación?

Qué le pido al nuevo gobierno de España, por Pedro María Reyes Vizcaíno

Pedro María Reyes Vizcaíno es editor de iuscanonicum.org

Dentro de unos días habrá nuevo gobierno en España fruto de las elecciones del pasado 20 de noviembre. En la reciente campaña electoral quedó claro que el principal problema al que se deberá enfrentar será la crisis. Dios quiera que, en beneficio de todos, este nuevo gobierno sepa encontrar pronto un remedio eficaz contra este mal.

Pero para encontrar el remedio antes se debe diagnosticar correctamente el mal. Y me temo que en esta tarea han fallado los principales partidos. En efecto, durante estas semanas se ha hablado de la crisis económica, pero pienso que se olvidan de que existe una crisis de valores mucho más grave que la económica.

En una sociedad que desprecia a algunos de sus miembros hasta matarlos en el seno de su madre porque va a nacer con defectos, o aniquila una institución básica como la familia dando carta de ciudadanía a uniones tan contrarias a la naturaleza como el llamado matrimonio homosexual, o impide que los padres ejerzan un derecho humano tan elemental como educar a los hijos en sus propias convicciones, me parece obsceno que los políticos se preocupen de que la prima de riesgo suba cinco décimas.

Sería ingenuo afirmar que si se deroga la ley del aborto vamos a salir de la crisis económica y los parados encontrarán trabajo. Comprendo, además, que la prioridad del próximo gobierno sean los asuntos económicos porque es lo inmediato. Pero es preocupante que los principales partidos ni siquiera mencionen las cuestiones de los valores de la sociedad. Seguramente si preguntamos a un político católico responderá que se debe a que son asuntos que no preocupan a la mayoría de los ciudadanos, por lo que prefieren no sacarlas al debate público porque no atraerán a muchos votantes y a cambio encontrarán mucha oposición. Y probablemente tienen razón.

Pero detrás de esta respuesta se esconde algo aún más preocupante, y es que los valores morales más elementales son impopulares y espantan a los votantes, o al menos les resulta indiferente. Este sí que es un problema grave.

Y parte de la gravedad está en que los cristianos –y tanta gente buena que comparte nuestros valores morales– no hemos sabido llegar a la conciencia de la población. En el momento actual, este un reto enorme para los fieles católicos. La Nueva Evangelización que el Papa está alentando pasa necesariamente por hacer que los valores cristianos estén tan asumidos por la población que ningún partido político pueda prescindir de ellos si quiere ganar unas elecciones. Y esta tarea corresponde a los cristianos. O mejor aún, a los laicos, que son los que tienen el deber de cristianizar las estructuras temporales de la sociedad como recordó el Concilio Vaticano II.

Por lo tanto, ¿qué le pido al próximo gobierno? Le pido que afronte la crisis moral, no solo la económica, y se preocupe de instaurar los valores cristianos. Es una petición que se dirige al próximo gobierno, independientemente de su color político. Pero no le pido que secunde los valores cristianos por ser cristianos, sino por ser naturales y comunes a cualquier hombre. Le pido que escuche las razones de la Iglesia al proponer su moral, no porque sean religiosas sino porque son de derecho natural. También le pido que deje hablar a los católicos, que permita que aporten su punto de vista y no rechacen sus argumentos porque quien los enuncia es un creyente. De paso, les pido a los laicos que asuman su responsabilidad en la tarea de recristianizar la sociedad, que no dejen este cometido a los sacerdotes o los obispos.

Reflexiones tras el 20N: Exigencias morales del poder absoluto, por Tomás Miller

Tomás Miller es traductor jurídico y periodista, con una amplia experiencia como muestran sus 15 años de experiencia como redactor y corresponsal de la Agencia británica Reuter.

El resultado de las elecciones del pasado domingo 20 de noviembre ha abierto la posibilidad de un gran cambio en España. Como consecuencia del actual sistema electoral y de partidos el pueblo ha otorgado al PP, y más concretamente a la cúpula de dicho partido político, un poder exclusivo sobre la mayor parte de lo que su presidente Rajoy describe como esta ‘gran nación’. Los elegidos para conducir al país durante los próximos 4 años han demostrado desde el primer momento, en sus diversas declaraciones y actitudes, que tienen conciencia de la responsabilidad que suponen la mayoría absoluta que han obtenido a nivel nacional y el hecho de que gobernarán en casi todas las comunidades autónomas, provincias y ayuntamientos del país. Si bien tendrán que rendir cuentas oportunamente al pueblo de cómo han ejercido este mandato, desde ya y en cada una de sus acciones hay asimismo una exigencia ética a observar, tanto más fuerte cuanto mayor es el grado de poder que detentan.

En este país donde han habido largos períodos de gobierno e incluso dictaduras y reinados enteros en que los responsables políticos han gozado de un poder prácticamente absoluto, limitado principalmente por su conciencia ética, sin duda existe experiencia suficiente sobre el rigor moral con que han de actuar los nuevos gobernantes en la misión que les toca cumplir. Sin embargo, en las actuales circunstancias, después de un gobierno ‘progre’ que ha dado a las chicas menores la posibilidad de abortar sin siquiera contar con el consentimiento de los padres y ha quitado seriedad a la institución familiar al permitir el matrimonio contra natura y el divorcio exprés, entre otras actuaciones contrarias al derecho natural, el nuevo gobierno tiene la grave obligación moral de corregir los excesos y errores éticos contenidos en las leyes aprobadas por el anterior y cometidos en la aplicación de las mismas.

Asimismo es necesario que la legislación sea conforme a las exigencias de la moral y de la ética para justificar la propia existencia, validez y autoridad del Estado que va a gobernar y reformar el PP. San Agustín, escribiendo después de la ocupación y saqueo de Roma por la banda errante de bárbaros encabezada por Alarico, nos dejó una advertencia al respecto (en el libro IV, capítulo IV de su De civitate Dei contra paganos) bajo el título “SEMEJANZA ENTRE LAS BANDAS DE LADRONES Y LOS REINOS INJUSTOS”: “Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda finura y profundidad le respondió al célebre Alejandro Magno un pirata caído prisionero, cuando el rey en persona le preguntó: “¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?” “Lo mismo que a ti —respondió— el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador”.

Hacia el final del capítulo III de su libro “La Iglesia, una comunidad siempre en camino”, publicado en Roma en 1991 cuando todavía era el Cardenal Joseph Raztinger, la actual ‘roca sobre la que Cristo edifica su Iglesia’ escribió, en relación con este tema, lo siguiente: “…El Estado goza de autonomía respecto a la Iglesia, y el obispo está obligado a reconocer la autonomía del Estado y su ordenamiento jurídico… Esta ‘autonomía de las realidades terrenas’ de la que ha hablado el concilio Vaticano II, es preciso respetarla… Pero la autonomía de las cosas terrenas no es absoluta… Agustín observaba que los límites entre el Estado y una banda de ladrones son muy débiles si no se rebasa un determinado mínimo ético. El derecho no proviene sólo del Estado; lo que de por sí constituye una injusticia como la muerte de hombres inocentes no hay ley que pueda justificarlo.” Sin ir más lejos, el aborto y la eutanasia son, en España, injusticias que suponen la muerte de hombres inocentes y no hay ley que las pueda justificar.

Puestos a pensar sobre qué otras injusticias hereda este gobierno, que es preciso corregir cuanto antes por muy “legales” que sean, vemos que hay muchas. Cada ciudadano conoce diversas injusticias que van contra la ley natural, y que un gobierno dotado de un poder casi omnímodo puede y debe corregir cuanto antes. A mí me parece grave el derroche de los recursos obtenidos por el Estado ya sea a través de impuestos o endeudándose en nuestro nombre, con la garantía de nuestro trabajo y el de nuestros hijos, porque el gasto excesivo del Estado también es moralmente condenable, es como un robo. Y el Estado metido a actuar como agencia de colocaciones (el número de empleados públicos en casi todas las administraciones se ha multiplicado innecesariamente) tiene la obligación de velar para que los funcionarios que contrata cumplan realmente una función productiva y útil para la sociedad, de lo contrario condena a muchos a una vida laboral incompatible con la dignidad humana. Otra injusticia que ha cometido el Estado en los últimos años, en mi modesta opinión, es el exceso de reglamentaciones y limitaciones de todo tipo, generalmente con la excusa de proteger nuestra salud y seguridad. Se nos ha tratado como niños en vez de como ciudadanos responsables. Esta legislación agobiante ha ido acompañada de la utilización de los cuerpos de inspectores y de la policía para aumentar la recaudación por la vía de multas. También se han cometido grandes injusticias con los inmigrantes por parte del Estado o de empresarios explotadores aprovechando leyes injustas. Es decir, por todos lados se han venido cometiendo abusos de poder, no sólo en cuanto a la legislación sino también en la aplicación de la misma. Estos abusos debilitan a la sociedad y corrompen moralmente a quienes ejercen el poder en la misma. Hay un conocido dicho de que ‘el poder absoluto corrompe absolutamente’. Espero que los nuevos gobernantes demuestren pronto en los hechos su fidelidad a los principios morales implícitos en el mandato que han recibido.

7 mil millones y un problema, por José Manuel Belmonte

Blog de José Manuel Belmonte: Esperando la Luz

Ya somos 7 mil millones. La ONU reclama medidas eficaces, para detener el “crecimiento insostenible” de la población. ¿No cabe uno más? ¿Hay que reducir la población? ¿No debe haber más nacimientos? ¿Cualquier método es bueno, incluido el aborto? ¿Cuál sería la cantidad ideal? ¿Cuántos y quiénes deben quedar en el camino? ¿Quién lo decide?

Según el estudio de Marta Hvistendahl, “Selección antinatural”, en los últimos 30 años, en los paísescomo China, India, Azerbaiyán, Georgia, Armenia y Albania que permiten a los padres tener sólo varones, han dejado de nacer 163 millones de niñas. “La popularización de las ecografías, que permiten conocer el sexo del bebé antes de su nacimiento, han incrementado el fenómeno”.Si añadimos en este mismo periodo, los millones de “niñas y niños” abortados, legal o clandestinamente, tendríamos una cifra global más que preocupante, escalofriante (Se dan unas cifras oficiales cercanas a 46 millones anuales, por 30 años). ¡Ya están restados a los 7 mil millones! ¿Y qué? ¿Se ha solucionado el problema con esa carnicería de seres inocentes? ¿Nadie es responsable? ¿Hay que tomar medidas más drásticas, eliminando a otros sectores?

Los gobiernos no suelen hablar de educación sexual, tan necesaria, ni del apoyo a la vida del inocente y la familia. Suelen hablar de libertad sexual y vender supuestos “derechos” progresistas de la mujer embarazada. Se prefiere ignorar el dolor del inocente y de la madre, que según un estudio publicado en el British Journal of Psychiatry, con datos del 1995 al 2009: “las mujeres que se habían sometido a un aborto tenían 81% más de riesgo de tener problemas de salud mental”.

Es una ironía suponer que ni las políticas impulsoras del aborto y la pérdida de valores hayan tenido nada que ver con la crisis económica, medioambiental, energética, alimenticia. Se da por bien empleado todo, con tal de crear o mantener “el estado del bienestar”. Sin proyecto vital, el materialismo, nihilismo, hedonismo e incultura, nos llevan a gente que lo tiene todo pero se siente vacía, carece de criterios y principios, y lo que es peor percibe la violencia como juego y como forma de resolver los problemas. El último error es, que la irresponsabilidad amparada en la masa, es gratis, porque hay impunidad.

¿Y si el problema fuera justo el contrario? ¿Se puede mantener el estado de bienestar si el índice de natalidad sigue cayendo? ¡No! El declive demográfico, sobre todo en los países desarrollados, -paliado en parte por la emigración-, ha comenzado a hacer saltar las alarmas. No es políticamente correcto hablar del tema, pese a la gravedad. “En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario” (G. Orwel).

No es verdad “que los recursos naturales sean ilimitados”, pero tampoco “que la población va a crecer siempre”. Lo primero es palpable y agravado por la desigualdad en el reparto de los mismos. Lo segundo, puede parecer menos evidente, ya que cada hora 15.347 niños nacen en el planeta. Pero cada provincia y en cada país son distintos. Muchas provincias españolas ya están en recesión, es decir: hay menos nacimientos que defunciones. En varias, sólo los nacimientos de mujeres emigrantes, principalmente árabes, mantiene el equilibrio. Lo mismo sucede en los principales países de Europa. Se está produciendo una transformación hacia Eurabia. Otro dato: la población pueden reducirse tan rápido como se han expandido. O se toma conciencia y se promueven políticas de fomento de la natalidad o entramos en recesión. De ser así, más pronto que tarde, sufriremos las consecuencias, también económicas.

Un ejemplo, nada sospechoso. El primer ministro Japonés, Naoto Kan, en enero 2011 después de un discurso en la “Dieta Nacional”, comentaba en su Blog un gráfico sobre la tendencia demográfica de su país. Según el cual en 2004 Japón tenían cerca de 128 millones, en 2030 de seguir la tendencia actual, serían 115 millones, en 2050, 95 millones, y en 2100, 47 millones. Es decir en tres generaciones (30×3), serían una población en peligro de extinción. Por eso dijo: “Estamos dejando atrás un abrupto máximo demográfico y actualmente todos nosotros nos encontramos al borde de un gran precipicio”. Por eso se hacía la pregunta del millón, sobre el estado de bienestar: “¿Cómo podemos hacer realidad un sistema de Seguridad Social sostenible, en el que la gente viva sin ansiedad? Hago un llamamiento a todo el país para discutir con prontitud la esencia de nuestras políticas futuras con seriedad”.

Aquí no hemos tenido ministros de esa talla ni ocasión de discutir, pero el problema sí lo tenemos y la crisis actual lo va agudizar más. El reto es mucho más que derogar la ley del aborto. La población envejece. En varias provincias ya hay un solo trabajador para que pueda cobrar un pensionista. El desafío es darnos cuenta y ganar el futuro entre todos y para todos. Seguro que “entre las dificultades, se esconde la oportunidad” (A. Einstein).

VER: http://www.youtube.com/watch?v=-YpE88UUa6w&NR=1

La paz inmoral, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Perdonando demasiado a quienes cometen faltas se hace una injusticia a quienes no las cometen”
Baltasar de Castiglione
Diplomático y escritor italiano
Como todo el mundo sabe ya,  ETA anunció a través de un comunicado el cese definitivo de su lucha armada.  Tres encapuchados —encapuchados ¿por qué?—
comparecieron en nombre de la organización terrorista haciendo un llamamiento a los Gobiernos de España y Francia “para abrir un proceso de diálogo directo” destinado a solucionar “las consecuencias del conflicto”.
No sabía yo que a desmembrar un país a costa de cerca de mil asesinatos y miles de heridos, se le llamaba… ¡conflicto!, y que esto es “una solución justa y democrática”, como dicen. Pero para mayor escarnio, y erigiéndose en la voz de todos los vascos, añadieron que “el reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular, deben prevalecer sobre la imposición”. Y ¿Qué es lo que ha prevalecido en todo el territorio vasco-navarrro desde la aparición de ETA, sino la imposición del miedo a las pistolas y las bombas lapa? Y con el mayor cinismo agregaron: “Ese es el deseo de la mayoría de la ciudadanía vasca”. ¿Cuándo ha podido expresarse la ciudadanía vasca en absoluta libertad?
Renuncio a tratar de demostrar la inexistencia histórica de Euskal Herria o Euzkadi. Esa evidencia ya confirmaron historiadores y estudiosos de la talla intelectual de Ortega y Gasset, Azorín, Julián Marías, Pío Baroja, Unamuno, Ángel Ganivet, Claudio Sánchez Albornoz o Salvador de Madariaga entre otros. Es más: el gran historiador Salvador de Madariaga, en la página 182 de su gran obra “España” dice textualmente: “En puridad no existe el vascuence, y desde luego no existe literatura vasca. El “País Vasco como tal unidad, es una creación moderna. «Euzkadi» es un vocablo de invención contemporánea”.
No es que me sorprenda que Zapatero, ante la divulgación de este comunicado haya dicho que: “La nuestra será una democracia sin terrorismo”. De la indignidad política de este personaje y de su oportunismo electoral sin escrúpulos, ya nada nos puede sorprender. Por cierto: ¡Menudo espectáculo el de la tropa que mangonea el socialismo español llorando a lágrima viva! Debía ser la consigna de cara a la foto.
Lo que me quita el habla es que Rajoy, el futurible Presidente del Gobierno de España, haya asegurado “acoger con satisfacción” la noticia —bien es cierto que matizada posteriormente— y que según publica un solvente medio de comunicación en esta materia, cuando ETA, ni se disuelve, ni se arrepiente ni pide perdón y con provocadora prepotencia sigue reivindicando sus crímenes, la agencia Europa Press diga que fuentes de la casa real manifestaron que la más alta magistratura del Estado, es decir el Rey, “es una noticia que ha recibido como tranquilizadora”.
Fue el Príncipe de Asturias quien reivindicó la dignidad y la memoria de las víctimas del terrorismo, cuando en el acto de entrega de los premios que llevan su nombre, dijo: “En esta hora en la que la libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie, quiero volver la mirada, querría que todos unidos volviésemos la mirada con inmenso cariño y respeto hacia las víctimas, hacia su dolor, y rendir el homenaje más emocionado a su memoria, a su dignidad”.
Pero ¿es que no hay nadie en España, dicho sea lo de España sin ánimo de ofender a nadie, que vea lo que se nos viene encima?
Pero ¿es que no hay nadie en España que se de cuenta de que esto es una trampa mas?
¿Un paso adelante que da la banda en el terreno político?
Pero ¿es que no hay nadie en España que se de cuenta de que ni se han disuelto ni han entregado las armas?
¿Es que no hay nadie que se de cuenta de que esto significa entregar a los del tiro en la nuca las Instituciones y con ellas el dominio y manipulación de las mismas para lograr sus objetivos que son la segregación final de una parte del territorio español?
Pero ¿es que no hay nadie en España que no recuerde que Hitler también ascendió al poder por procedimientos legítimamente democráticos?
¿Es que no hay nadie que se de cuenta de que una vez rajado el melón, a continuación harán lo mismo el resto de los nacionalismos separatistas? Y después, para no ser menos, le seguirán el resto de los diecisiete putiferios autonómicos del Estado español. Bueno, español… o lo que sea.
Es que ¿no hay nadie que se de cuenta de que España, si es que existe ya, en el aspecto  político es un árbol enfermo que solo da frutos podridos?
Ocho siglos de Reconquista para que PSOE, PNV, y CiU, entre otras formaciones políticas, se hayan apresurado a felicitarse por el acuerdo y exijan a las víctimas
resignación y perdón en vez de restitución de su dignidad y justicia.
Tras leer estas declaraciones, pienso que la insensatez de los mandamases políticos, ha quedado exhausta. Y es que los pobrecitos no dan más de sí. Y no es que sean ignorantes, que no lo son. Lo que ocurre es que el PSOE, desesperado porque sabe perdidas las elecciones del 20-N, quiere cerrar el paso al futuro gobierno intentando dejar todo atado y bien atado, como lo hiciera Franco. Pero entonces, ¿cual es la línea divisoria entre quienes mangonean el cotarro y los golfos desvergonzados?
Cuanta turbia sordidez hay en las cloacas de la política. Debe darlo el pozo negro de la naturaleza política y sus infames tentáculos.
Ahora comprendo lo de ser todos iguales ante la Ley. Ya son iguales las ratas de retaguardia y tiro en la nuca, que aquellos que ayer quedaron atrás para siempre, con el sufrimiento de sus historias personales de dolor, mutilación y muerte. Y eso, haciendo gala los de la célula asesina de la serpiente, de su natural deseo de ser hombres de paz.
Tras la carnicería que durante 52 años han protagonizado estos hombres de paz, las conclusiones de esa conferencia protagonizada por unos cuantos mercenarios
internacionales de de la política, resultan estremecedoras. En esta ocasión, los gobernantes analfabetos, oportunistas y electoralmente especuladores, se han puesto en manos de mercaderes políticos que mejor harían en limpiar su casa, antes de dar consejos groseramente remunerados en la ajena.
La historia de España cruje por la innoble acción de aquellos espíritus rencorosos y sectarios, que cobardemente han entregado la primogenitura a los verdugos, a cambio de un posible plato de lentejas.
Hoy, los españoles somos testigos de cómo esta aparente e hipotética paz, negociada por gentes que por un voto venderían a su propia madre, en vez de llenar de alborozo, ha impregnado a las víctimas y todos los españoles de bien, de un profundo aire de tristeza y demoledora resignación.
Y es que como decía Napoleón, sin justicia, sólo hay divisiones, víctimas y opresores.

Ética, libertad y verdad: El problema de la conciencia errónea, por Esteban Rodríguez

“Un hombre de conciencia es aquel que no compra progreso, tolerancia, consenso, bienestar, reputación o aprobación públicas renunciando a la verdad” (J. Ratzinger).

Hay quien sostiene que los avances sociales han demostrado ser fruto del consenso mayoritario pues la ética  es una construcción humana y la conciencia algo privado.Desde luego que la ética es una construcción humana pero no la verdad. La verdad de las cosas es independiente de la construcción humana y de las creencias subjetivas, la verdad no cambia en función de consensos,  gustos, apetencias o deseos; una ética humana es auténticamente ética cuando trata de encontrar la verdad y una vez reconocida no renuncia a sus exigencias. La exigencia es la obrar bien,para ello el paso previo es reconocer la verdad,quien en conciencia actua en el error de haber negado la verdad resulta culpable. La conciencia no es meramente individual sino también colectiva.

Como ejemplo de esta verdad reconocida éticamente por el hombre que no renuncia a sus exigencias tenemos la sentencia de hace un par de semanas del Tribunal de DH de Estrasburgo en el caso de Greenpeace contra un científico que quería patentar una técnica capaz de extraer material genético de los embriones humanos para aplicarla a diversos fines de investigación o mercantiles. El TEDH ha reconocido que “el embrión es un organismo capaz de dar lugar a un ser humano” y por ello ha prohibido que se puedan patentar técnicas que impliquen su destrucción. Esto sí es un verdadero avance ético porque no renuncia a la verdad reconocida por la razón y en consecuencia dirige la acción moral hacia el bien. Haber reconocido la verdad y no negarla es lo que ha hecho que el juicio de conciencia de ese tribunal pueda haber sido libre fallando a favor de la vida humana.Como ejemplos contrarios tenemos las declaraciones del Comité de Bioética de España, del Comité de Bioética de la SEGO, o de la Comisión Central de Deontología de la OMC, que tratan de restringir la libertad de conciencia profesional desatendiendo la dignidad que merece toda vida humana en consonancia con leyes de nuevo cuño. La falta de libertad  –por intereses creados– de estos reducidos grupos humanos para reconocer la verdad  y con el único sostén de un procedimiento pretendidamente consensuado es lo que les ha llevado a una bioética sin ética que atropella derechos humanos que son fundamentales.

José Luis del Barco en su ensayo: La democracia vacía, escribía: “El perfecto demócrata debe encogerse de hombros –o lavarse las manos– ante los dilemas morales y trasladarlos a la mayoría, que es fuente, origen, principio y raíz del valor. Como tal desdeña apoyarse en la verdad o en el bien. Su único sostén son los procedimientos. Como no existe más verdad ni más bien que los de la mayoría, carece de sentido preguntarse si son justos o legítimos. Es preciso creer firmemente en la necesidad de no creer en nada. He ahí la superficialidad del imperativo democrático. Es difícil no estremecerse y sentir una sacudida interior ante una doctrina que convierte el principio mayoritario en fuente de verdad y bien. Su legitimidad para determinar la titularidad del poder está fuera de toda duda. Pero transfórmalo en fuente de moralidad significa concederle prerrogativas que no tiene y dejar expedito el camino a la arbitrariedad y al atropello”.

Puesto que una ética que renuncia a la verdad no es ética, es necesario un adecuado juicio sobre qué es lo verdadero. Hay que analizar el problema de la “conciencia errónea”, un mal que hasta nosotros, que queremos dejarnos llevar por la voz de la verdad  y sus exigencias, nos puede asaltar. Como decíamos, recientemente hemos visto como desde instituciones encargadas de la bioética se han asumido como éticas conductas que son contrarias a la libertad y a la dignidad del hombre, en aras de un consenso, progreso o aceptación social que se toman como fuentes de verdad, conduciendo a la arbitrariedad y el atropello. La conciencia errónea conduce a hacer un mal creyendo que se hace lo adecuado. Para poner luz sobre este tema de actualidad, en el que la ética humana renuncia a la verdad y algunos pretenden regular la conciencia de cierta clase de profesionales a fin de ejercer un control, merece la pena rescatar un artículo de Joseph Ratzinger de 1991 que extractaré para base de este artículo.

La tradición moral dice que la conciencia es la norma suprema, que el hombre ha de seguir incluso contra la autoridad. Algunos piensan que la conciencia es infalible. Es incuestionable que debemos seguir siempre el veredicto evidente de nuestra conciencia, pero hay que tener cuidado de no contravenirlo con el obrar.

Se trata de averiguar si el fallo de la conciencia tiene razón siempre. Decir que sí significaría tanto como decir que no hay verdad alguna.

Como los juicios de conciencia se contradicen unos con otros, como los que sostenían Greenpeace y el científico que reclamaba su derecho a patentar su técnica, alguno debe estar equivocado y la equivocación se debe a una falta de libertad a la hora de emitir un juicio. Normalmente esa falta de libertad viene marcada por hechos sociales previos, intereses de grupo o esclavitudes afectivas. Alguno de los dos no está siendo del todo libre, tiene intereses o afectos subjetivos que se lo impiden.

Pero sostener un juicio de conciencia erróneo no protege al hombre de las exigencias de la verdad y lo salva (algunos nazis podían estar actuando creyendo en conciencia que hacían lo que debían hacer sin embargo eran culpables). Al contrario, es la envoltura protectora de la subjetividad bajo la que el hombre se puede cobijar y ocultar de la realidad. Esta conciencia, liberal, no abre a la avenida salvadora de la verdad, que no existe o nos exige demasiado, sino que se convierte en una justificación de la subjetividad, que no quiere verse cuestionada, y del conformismo social, que debe posibilitar la convivencia como valor medio entre diferentes subjetividades. Desaparece el deber de buscar la verdad y las dudas sobre la actitud y las costumbres dominantes. Basta el conocimiento logrado por uno mismo –o por un grupo marcado por los mismos hechos sociales previos– y la adaptación a los demás de la manera menos onerosa. Pero así, el hombre es reducido a su convicción superficial y cuanto menos profundidad tenga tanto mejor para él –o para ellos– a fin de poder seguir sobreviviendo o defendiendo su interés y status individual –o de grupo– sin preguntarse, en serio, por el deber de buscar la verdad para elegir y hacer el bien con el uso responsable de la libertad.

El firme convencimiento subjetivo y la seguridad y falta de escrúpulos que de él derivan, no exculpan al hombre. De ahí viene el sentimiento de culpa que rompe la falsa tranquilidad de la conciencia, algo tan necesario como el dolor corporal que permite conocer la alteración de las funciones corporales normales. Quien no es capaz de sentir culpa está enfermo, es como una bestia o un monstruo que no tiene sentimiento de culpa. Cuando la conciencia exculpa no se está capacitado para la rectificación ni para acoger el perdón. Sin embargo todo hombre, en tanto que hombre, puede ver la verdad en el fondo de su ser, y no verla es culpa. Esta verdad solo puede no ser vista cuando no se la quiere ver, y no quererla ver es culpa y autocondena al incapacitar para la rectificación.

Por esto podemos decir que no es posible identificar la conciencia humana con la autoconciencia del yo, con la certeza subjetiva de sí y del propio comportamiento moral. Esta conciencia puede ser a veces un mero reflejo del entorno social y de las opiniones difundidas en él.

Otras veces la razón de esa conciencia errónea puede estar relacionada con una pobreza autocrítica, con no escuchar suficientemente. Las facultades perceptivas de los hombres que aceptan sucumbir en una estrategia de engaño y de error sostenida por el grupo ,terminan por ser nubladas y el bien que subjetivamente pretendían perseguir, a efectos prácticos, queda reducido a una cooperación con el mal culposa ( así se comportaron los nazis , los salinistas y sus herederos; los promotores de la ideología de género ,del abortismo, del homosexualismo político y del  laicismo). La conciencia errónea propia –y la que asumimos de los otros– ni justifica ni salva ni libera aunque se crea haber actuado de la mejor manera, al contrario esclaviza y perpetua en el error. El error, la conciencia errónea, sólo son cómodos en un primer momento, después el enmudecimiento de la conciencia se convierte en deshumanización y peligro mortal si no luchamos contra ellos. Nos hacen completamente dependientes de las opiniones dominantes. Quien equipara la conciencia a la convicción superficial la identifica con seguridad aparente, tejida de fatuidad, conformismo y negligencia. La conciencia se degrada a mecanismo exculpatorio en lugar de representar la transparencia del sujeto degradándose la dignidad y la grandeza del hombre.

Para concluir esta reflexión decir que hay que seguir sin duda la propia conciencia, incluso asumiendo que sea errónea, pero la culpa no está en seguirla sino en la negación de la verdad que precede al error de la conciencia. Para distinguir la presencia de una verdadera voz de la conciencia hay que tener en cuenta dos criterios:

- que no coincida con los gustos y deseos propios,

- ni con lo que resulta más beneficioso para la sociedad, el consenso, o las exigencias del poder político o social.

El criterio seguro de una conciencia sin error es no negar la verdad reconocible y actuar en consecuencia no preguntándose por lo que puede hacer sino por lo que debe hacer. Un hombre de conciencia es aquel que no compra progreso, tolerancia, consenso, bienestar, reputación o aprobación públicas renunciando a la verdad.

Esteban Rodríguez es portavoz de Ginecólogos DAV (Derecho a vivir).
- Artículo remitido por su autor, tras haber sido publicado en Religión en Libertad hoy, 8 de noviembre de 2011: