Los Personajillos del Destrozo Educativo (II), por José Penalva

José Penalva docente y escritor, es autor de Corrupción en la universidad, basado en hechos reales.

Los jóvenes españoles que están en el paro son los que han fracasado en la escuela: el 50% de la juventud en el paro, gracias al sistema educativo made-in-Logse, y, al menos, tienen derecho a saber cómo se ha llegado a semejante situación y qué personajillos son los responsables. Porque la culpa el destrozo educativo no es de “la” sociedad, como es moda decir ahora aludiendo a esa simplicidad de que “para educar a un niño hace falta la tribu entera” (simplicidad que, por cierto, sirve para vender libros y para poco más).

Las acciones que han conducido a semejante situación no son anónimas, sino que tienen autores con nombres y apellidos y han acaecido en unos procesos bien definidos. El hecho de que se diga que los desastres que ocurren en la sociedad no tienen autores —ocurrencia que se ha puesto de moda— no me parece sino la más refinada cobardía, típica de Don Académico Orugario, el académico-a-una-silla-pegado que tanto abunda, para no buscarse problemas con los poderes establecidos. Esos nombres y esos procesos eran objeto de investigación por parte de los medios de comunicación —cuando eran medios de comunicación—, y por ello los medios han jugado un papel central en las sociedades abiertas —cuando eran abiertas.

Al principio fue… la pedagogía-de-carné

El destrozo del sistema educativo español comienza en la década de 1980 cuando una serie de políticos e intelectuales progresistas constatan que el socialismo no puede ser una alternativa económica viable. Ven, así, frustradas sus ansias de cambiar la sociedad mediante la lucha contra el sistema económico capitalista. En ese contexto, alumbran la idea de que, si bien la sociedad no se puede cambiar a través de la lucha contra la estructura económica, sí que, al menos, se puede cambiar al hombre y a la sociedad mediante la Escuela.

La idea es seguida por un nutrido grupo de maestros, políticos y sindicalistas agrupados en torno a la izquierda. Y bendita idea, porque … claro, si no se colocan de concejales o diputados, al menos encontrarán asiento en los departamento de pedagogía. Y dicho y hecho, porque tras la reforma de la ley de universidad llevada a cabo por Felipe González (LRU 1983, origen de la endogamia actual), por la que en la universidad los profesores son contratados “a dedo”, los departamento de pedagogía se llenan de personajes del PSOE, UGT o CCOO, que entran con el carné en la boca. Repasen departamento por departamento, sumen y vean. Y vean cómo crecen esos departamentos desde entonces.

Esa movida pedagógica estará abanderada por una minoría de pedagogos ligados a los aparatos del PSOE: los “pedagogos áulicos”, como A.Marchesi, C. Coll, J. Palacios, J.M. Esteve, M.F. Enguita, etc., y tienen sus altavoces centrales en El País, Cuadernos de Pedagogía (dirigido por J.Carbonell)y Escuela española (dirigida por P. Badía, a quien no suelo citar porque todavía va por el n. 2 de cuadernos Rubio).

Y dijeron: “Hagamos la Escuela a nuestra imagen y semejanza”

De ese modo, en los albores de la reforma educativa Logse una nueva clase de pedagogos auto-denominados progresistas empieza a anunciar la ideológica buena nueva del cambio de Sociedad mediante el cambio de Educación y de Escuela. Ese terreno, según ellos, era fundamental para cambiar la Sociedad porque, afirman, la Escuela es el instrumento que utiliza el capitalismo y la política liberal-conservadora para reproducirse cultural y socialmente.

Obsérvese que se abandona la tesis marxista clásica (esto es, el cambio de sociedad mediante la economía) y se adopta la tesis socio-cultural de que “el conocimiento” (las asignaturas, la autoridad del profesor) es el principal medio de reproducción del capitalismo y de las políticas conservadoras. Esto significa que, ahora, lo que es objeto de crítica y persecución no es “lo económico”, sino “los contenidos y las prácticas culturales” y, muy especialmente, las asignaturas, libros de texto, las relaciones sociales, etc., que, desde ese momento, debían de obedecer a objetivos políticos progresistas. Como ha subrayado reiteradamente una de las lumbreras de la Logse, Marchesi: «La Logse obedece a una política “de izquierdas”».

La Logse nace, en consecuencia, como una “educación de izquierdas” y en oposición frontal a “la derecha”. Es decir, los pedagogos áulicos del PSOE parten de la base de que la política “de derechas” se reproduce en la sociedad merced al sistema educativo. Por lo tanto, para dominar políticamente hay que hacerse con la Educación. (Los nacionalistas, de otro lado, han tomado buena nota de la lección).

El profesor, ese facha

Desde el inicio de la reforma Logse, en su lucha militante contra el capitalismo y las políticas conservadoras, o como diría Marchesi: contra la educación “de derechas”, esa clase de nuevos pedagogos en torno al paradigma Logse (los pedagogos-de-carné) pretenden romper, ante todo, con la dictadura franquista y su ideología católico-conservadora. Según ellos, la dictadura franquista está encarnada (todavía en la década de 1990) en la figura del profesor y el catedrático de Enseñanza Media, el llamado “profesor tradicional”.

Téngase en cuenta que la generación de pedagogos-con-carné que está detrás de la Logse, la que domina la década de 1980 (que, grosso modo, tienen ya 40 años o más) son los jóvenes que vivieron los últimos años de la dictadura (tenían 20 años en 1960). Son, pues, los pedagogos que, en su juventud, vivieron morir en la cama al dictador, y una vez muerto, y quizá ante la vergüenza que sentían por haberlo dejado morir de viejo, estos jóvenes rebeldes revolucionarios de más de 40 años —ahora institucionalizados, con despacho y aire acondicionado— levantaron el cadáver (sin pedir certificado de defunción ni de Franco ni de Mola) para acabar definitivamente con la dictadura. Y, en esos menesteres, resulta que descubren que todavía pervive en la España de 1980 un reducto de la dictadura: profesores y catedráticos de Institutos de Enseñanza Media, el llamado “profesor tradicional”.

Así, pues, el paradigma Logse nace de un impulso beligerante contra el profesor de Enseñanza Media, y muy especialmente contra los catedráticos. Durante la década de 1980, y de modo progresivo, esa clase de pedagogos-con-carné ve en el profesor a una figura autoritaria, un resto de la dictadura, y a un instrumento de la división social. El profesor de Enseñanza Media se convirtió en el nuevo culpable de las desigualdades sociales y de la exclusión social. De ahí que, desde los inicios de la reforma, los pedagogos áulicos la hayan emprendido sin piedad contra la condición profesional del profesor, hasta dejarlo casi totalmente desprotegido hoy en día. Sirva como muestra:

«Para que la sociedad más amplia o la comunidad inmediata puedan decidir qué educación quieren es imprescindible que no puedan hacerlo en su lugar los profesores y profesoras. Las prerrogativas y competencias de los grupos profesionales son, en todo caso, límites u obstáculos a la democracia» (Mariano Fernández Enguita 2002).

Los mayores críticos del profesorado y de los catedráticos de Enseñanza Media eran precisamente esos maestros-de-carné (procedentes del PSOE,UGTCCOO) que, en la década de 1980, y tras la reforma de la universidad llevada a cabo por Felipe González en 1983, habían pasado digitalmente a formar parte de los departamentos de pedagogía. Y esos maestros-con-carné reconvertidos en pedagogos-de-carné fueron los que, desde el modelo educativo made-in-LOGSE, propusieron, entre otras cosas:

I)   Que se igualara el cuerpo de profesores con el de maestros, eliminando la condición que el catedrático de Enseñanza Media había tenido hasta ese momento, y bajando progresivamente los niveles de los profesores.

II) Que “los expertos” (que piensan y deciden lo que el sistema educativo debe ser) sean ellos mismos (esto es, la nueva clase de pedagogos progresistas), y no los catedráticos de Enseñanzas Medias .

La historia del progresivo fracaso del sistema educativo español durante las tres últimas décadas tiene su raíz en esa minuciosa destrucción de la profesión docente, como veremos en la próxima entrega de este artículo.

  • Este artículo ha sido publicado también en Vox Populi

0 Respuestas a “Los Personajillos del Destrozo Educativo (II), por José Penalva”


Actualmente los comentarios están cerrados.