Los personajillos: comienza la purga (III), por José Penalva

José Penalva, docente y escritor, es autor de Corrupción en la universidad, basado en hechos reales.

He hablado del modo en que los pedagogos-con-carné en torno a laEducación-Logse, ligada a los intereses del PSOE y sindicatos mayoritarios, tomó la universidad durante la década de 1980, se extiende en los noventa y reina sin problemas hasta el presente. Dejando aparte la maraña de intereses endogámicos y la corruptela laboral que ello implica —y en la que hoy participan políticos de toda laya y Región—, ahora lo relevante del asunto es que esa nueva clase pedagógica —el 99% de ellos sin haber trabajo un solo día en un instituto— se auto-proclama “experta” en materia educativa y se arroga el derecho de marcar las medidas políticas para la reforma de la escuela y de las prácticas profesionales del profesor, medidas que han conducido al fracaso escolar y a que el 50% de la juventud esté en el paro.

Hay que destacar que la implantación de la Logse se encuentra, desde el principio, con la oposición frontal de la mayoría del profesorado. Éste veía en la Logse no más que un discurso de meras intenciones idealistas y muchos entendieron que iba a traer la destrucción de la educación. Y, teniendo enfrente a la mayoría del profesorado, la cuestión que se plantea es la siguiente: ¿cómo se explica que haya podido dominar un modelo educativo que estaba dirigido por una minoría de pedagogos áulicos?

El profesor, culpable de todos los males de la educación

Esa minoría de gurús de la Logse, ligados a los aparatos del Gobierno y de sus altavoces mediáticos, encontraron una fórmula eficaz para desprestigiar al profesorado: culparlo de todos los males de la educación y estigmatizarlo socialmente. La típica propaganda (que, por cierto, los papis han seguido fielmente). Y en esa noble tarea merece destacar lo siguiente.

En la década de 1990 Marchesi —que no perdió oportunidad para propagar su buena nueva,… y buen negocio que ha hecho con ello— popularizó dentro de la pedagogía-de-carné la idea de que los malos resultados del sistema educativo no se debían al propio sistema LOGSE, sino a que el profesorado todavía seguía siendo autoritario (no participa en cauces democráticos), individualista (incapaz de trabajar en colaboración), inadaptado (incapaz de afrontar los nuevos cambios sociales) y sin creatividad para efectuar una enseñanza constructiva y significativa made-in-Logse.

Igualmente, merece destacarse que, cuando el problema de la violencia escolar empezaba a estallar en las escuelas a finales de la década de 1990, Esteve, uno de los “expertos” en la formación del profesorado made-in-Logse, afirmaba que la culpa de la violencia y los conflictos en la escuela la tienen en buena medida los profesores porque, afirmaba, los profesores “encasillan” a los alumnos problemáticos, originando así conflicto y violencia. No quedando contento con esto, afirmaba que los profesores exageraban los problemas de violencia, y que, en realidad, no existía problema de violencia escolar, sino problema de miedo de los profesores, y era eso lo que generaba una injustificada alarma social. Desde mi punto de vista, no puede haber mayor desprecio ante los profesores que han sufrido agresiones — “Todo sea en beneficio del ideal de la sociedad igualitaria futura”.

Pero el que más duramente y con más mala leche ha criticado al profesorado que no acataba los dogmas de la Logse: Enguita. Fue, por ejemplo, el que afirmaba en la década de 1990 que los problemas de la enseñanza se debían a que la profesión docente se había “feminizado”. Y claro, como es del gremio, las feministas no dijeron ni pío —bueno, dijeronPío Moa, pero no creo que eso cuente.

Enguita afirma también que los profesores que critican la Logse son profesores moralmente poco comprometidos con la enseñanza igualitaria. Porque, claro, entre esos áulicos pedagogós, Enguita es el que va de “yo-con-los-pobres” y correspondientemente enjaezado con su melena mal peinada, como hace al caso de los moralmente comprometidos con la igualdad social.

De ese modo, el sermón cacareado por los pedagogos de la gleba —aspirantes a heredar sillón y aparato de aire acondicionado— ha sido el siguiente: los “profesores tradicionales” son generadores de desigualdad social, poco comprometidos con los desfavorecidos,… La tendencia de culpabilizar al profesorado de todos los males pronto se generalizó, adaptando frecuentemente un lenguaje frívolo y falto de respeto. Véase, por ejemplo, esta ejemplar declamatoria:

Francisco Umbral (1997) recordaba en [el periódico] El Mundo, a propósito de los etarras, la aguda distinción de Ortega, ‘nuestro viejo Ortega’, entre ideas y creencias. ‘Los etarras –escribía– viven en unas creencias más o menos venerables, tradicionales, fanáticas, inamovibles, mientras la sociedad y la modernidad van pasando, de idea en idea, de idea en ideología, hacia la libertad, la democracia, las paces, la conversación y la convivencia’.

La lectura de este parágrafo me remitió a la persona del profesor. Porque… ¿No es a la vez ‘etarra’, a cuestas con su sistema de creencias del que no desea apearse, y ‘sociedad’ y ‘modernidad’, cuando siente en sus carnes la necesidad imperiosa de introducir en su acción de clase ideas nuevas y renovadoras?” (P.S. De Vicente 2000).

En suma, si se va a las hemerotecas se observará que la pedagogía áulica, y los siervos de ese gleba, se han dedicado a culpar sistemáticamente al profesor de todos y cada uno de los males de la educación en España.

Cainismo a flor de piel y a golpe de inspección

Una minoría muy exigua de profesores resistieron en sus institutos a la irracionalidad y barbarie de las augustas pretensiones de esos pedagogos-de-carné. Pero la Administración Política a través de su Servicio de Inspección —ese comisariado político— tomó buena cuenta de ellos. De ese modo, el profesorado más crítico fue sometido a una rigurosa depuración. Y la historia y el sufrimiento de tales profesores está todavía por escribir —y quizá se escriba algún día si esa España que se empeña en pedir certificados de los dictadores muertos se decide a pedir responsabilidad a los dictadores vivos.

Cómo sería la depuración ejercida por los inspectores —esos comisarios—, que se produjo una realidad inquietante: los profesores que durante la dictadura franquista habían sido perseguidos, pero no sometidos ni mental ni intelectualmente, y que después estaban resistiendo a la sinrazón que suponía la pedagogía progresista del paradigma Logse, esos profesores, como digo, a finales de la década de 1990 estaban tirando la toalla y reconociendo desilusionada y angustiosamente que no se podía hacer nada contra ese sistema.

Aunque no venga al caso y quizá a nadie importe, ese acontecimiento —la evidencia de que unos profesores que habían resistido una dictadura estaban sucumbiendo ante un sistema educativo de una sociedad democrática— fue lo que me movió a mi —profesor novato en aquellas fechas— a estudiar a fondo el sistema educativo made-in-Logse.

Cual ovejas en busca de rabadanes

Volviendo a la pregunta inicial: ¿cómo se explica que una minoría de pedagogos áulicos haya podido dominar sobre una masa social?, parece sencillo de responder ahora. Tómese una minoría de pedagogós áulicos al amparo de los poderes del Gobierno de turno, y de sus altavoces. A continuación añádase la cantidad de cera licuada por los aduladores y pulidores, los siervos de la gleba, ese colmado grupo de aspirantes a ocupar, carné-en-boca, los departamentos de pedagogía. Y, sobre todo, mucho tiempo al fuego de una masa cobarde y trágalo-todo. Y ya tienen ustedes bien servido el paradigma Logse, y su 50% de paro juvenil.

Y, a decir verdad, no echa la culpa a esa minoría áulica, sino a esa masa cobarde; a todos y cada uno de los que han consentido y permitido que esto ocurriera mediante un “yo no quiero saber nada”, “yo no quiero complicarme la vida”… Cada una de esas individuales cobardías forman la estructura interna de la sociedad española actual. Esas individuales cobardías, todas juntas, son las responsables de esta situación. ¡Y todavía no se entiende por qué la nueva generación española desprecia a la generación adulta!

Así, pues, el que, en semejante situación, se plantea el reto de la reforma educativa, se enfrenta al problema de fondo de la sociedad española: un pueblo donde no existe sociedad civil ni, por tanto, organismos intermedios entre el Estado y el individuo, la lucha contra los poderes establecidos sólo es posible individualmente. El individuo contra el Estado. Y esas luchas, lógicamente, son meramente testimoniales, porque el individuo es machacado por la estructura de los poderes establecidos, ante el “yo-no-quiero-saber-nada” y “yo-no-quiero-problemas” de la masa circundante. Y, cabe añadir una característica típicamente española: cuando ese individuo cae, la masa circundante lo pisotea para seguirle la gracia al que manda. Esa es, a fin de cuentas, la historia moderna y contemporánea de España.

  • Este artículo ha sido publicado también en Vox Populi

1 Respuesta a “Los personajillos: comienza la purga (III), por José Penalva”


  1. 1 María M

    Qué interesante análisis de la educación española.

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