Pérdida de la inocencia, por Miguel A. Espino Perigault

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

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Jeremy es un joven preadolescente que, sin pensarlo y sin proponérselo, descubrió una faceta ignorada del mundo en el que vive y sintió pánico y dolor. Por eso, al llegar esa tarde a su casa, desde el cercano plantel escolar en donde  estudia, corrió hacia su madre y rompió a llorar. Ella, docente  en licencia por gravidez,  lo abrazó fuertemente  tratando de conocer los motivos de su pena. Nunca antes  había llorado de esa manera. Jeremy decía que los hombres no lloran, y ya él era un hombrecito de doce años. Pero esta vez era diferente. La angustiada madre comprobó que no había sucedido nada en el colegio, ni  tenía heridas ni señales de maltrato.  Jeremy había conocido el rostro de la muerte. Había descubierto el aborto.

Movido por su  creciente interés hacia el embarazo de su madre y la expectativa ante la  hermanita por nacer, conocía todos los detalles sobre la concepción y el maravilloso desarrollo de la vida en gestación, según le explicaban su madre y su padre. Pero esa tarde había descubierto que a los niños por nacer se les mata en el  vientre de  sus mamás. Él  había visto la horrible realidad en Internet, en la sala de informática del colegio. Vio cómo se destrozaba la cabeza de un  infante; cómo se extraían,  de otro, los bracitos y las piernas desmembrados, y sintió derramada sobre él toda la sangre de los niños inocentes.

Jeremy quería saber porqué los médicos mataban al niño en el vientre de la mamá, y no entendía porqué ella parecía aceptarlo.  ¿Por qué?, repetía, mientras se golpeaba las piernas con el puño, sentado frente a su madre angustiada. Luego reclinó su cabeza sobre el vientre materno, ya en sus meses mayores,  y lo abrazó amorosamente  en un gesto de protección fraternal.

Estaba seguro de que su hermanita no  sería asesinada, y vivía  las muestras de amor y las alegrías de toda la familia por el embarazo.  Pero, seguía preguntándose, ¿Por qué los matan? Oh, si  conociera las respuestas que se dan…

Observar un aborto es lo más triste que se puede ver, aún por medio de un vídeo. Sin embargo, debería ofrecérsele a toda mujer  indecisa o decidida ante el aborto. En algunos países (muy pocos), debido a que  el  aborto es oferta  comercial en el mercado de la salud de la mujer, se  las obliga a conocer los riesgos y consecuencias  del aborto voluntario. A esta media se oponen los abortistas (¿Por delicadeza?).

Entre nosotros, durante  el último intento de imponernos la importada  ley de salud sexual y reproductiva, que incluye el aborto como supuesto derecho  de la mujer dueña  absoluta de su cuerpo (y de la vida de su hijo), las tiernas feministas que abogaban  por ese crimen se negaron  a que los diputados vieran vídeos del aborto. Es, sin duda, un espectáculo doloroso e indignante; pero quienes deciden, con  leyes, sobre el destino de todos los ciudadanos, como es el caso de los diputados, deben estar enterados. Se entiende que no divulguen los videos   las promotoras del aborto, porque ellas, las feministas, viven su mundo virtual lleno de hombres malos y mujeres maltratadas; un mundo de medias verdades, de relativismo moral, en donde todo se soluciona con el aborto y se explica con los  lenguajes de género y del  políticamente correcto.

Pero, a Jeremy y a todos los niños hay que decirles la verdad y  el porqué de ese crimen contra la madre  y su hijo por nacer.

1 Respuesta a “Pérdida de la inocencia, por Miguel A. Espino Perigault”


  1. 1 Anónimo

    Muchas gracias por el relato. Los niños ven la realidad tal cual es, pero a veces les faltan datos. Es nuestra responsabilidad enseñarles a respetar la vida de los inocentes indefensos.

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