Como lo han hecho recientemente en muchas ciudades del mundo, para conmemorar el ridículo “Día del orgullo gay”, aquí en Panamá, también, los representantes criollos de esa agenda propia de la cultura de la muerte, llevaron a cabo su “marcha del orgullo gay”. Es el octavo año consecutivo que la llevan a cabo y, al igual que el año pasado, estuvo presente en la marcha una representación de la embajada de los Estados Unidos, cuyo gobiernos de distingue por el apoyo al aborto y a la homosexualidad en todo el mundo. También participó, por cuenta propia, un ministro de estado con aspiraciones presidenciales y otros políticos igualmente ávidos de votos a como de lugar.
Aunque estas marchas constituyen actividad aceptada como derecho relacionado con las libertades ciudadanas de expresión y movilización, no deja uno de pensar en estos cambios de los tiempos. Hace algunos años, entre nosotros, sólo se organizaban marchas respetuosas de las “buenas costumbres y la moral”. Pero, hoy día, el modernismo desdibuja aquellos límites, y en años recientes hemos visto desfilar con desparpajo y con insolencia “marchas de putas” desafiantes y de homosexuales orgullosos. Sin dudas, un cambio hacia atrás, hacia la destrucción de valores tradicionales.
Pero la democracia sin reglas morales es así y los linderos de la tolerancia se extienden por terrenos escabrosos de la libertad sin responsabilidad y el igualitarismo antinatural.
Miles de hombres viven en su homosexualismo en su intimidad o a la libre, sin que nadie se entere ni a nadie le importe. Una encuesta publicada recientemente en un diario nacional señala que los homosexuales representan el once por ciento de la población panameña; una cifra de dudosa veracidad y que parece ser la más alta del mundo. Pero, lo importante es preguntarnos si los organizadores de estos actos tienen derecho a hablar en nombre de los miles de ciudadanos que se consideran homosexuales pero rechazan el exhibicionismo del que suelen hacer gala.
Es muy posible que no todos los homosexuales se sientan orgullosos de serlo. Pero todos los ciudadanos deben conocer lo que se esconde detrás de estas marchas y a lo que apuntan, que no es otra cosa que un cúmulo de calamidades, como las padecen muchos países del mundo que vieron con indiferencia los primeros desfiles por el orgullo gay. En primer lugar, estos desfiles se presentan como una reivindicación histórica, por el universal rechazo dado a la sodomía (homosexualismo) durante siglos, empezando con el castigo divino a las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra.
Se crea así el “espíritu de grupo” propio de quienes comparten un ideal común, como en un equipo deportivo o en una pandilla de delincuentes.
Detrás de las marchas hay una estrategia de concienciación que apunta al establecimiento de un Nuevo Orden Mundial pagano, impulsado por las Naciones Unidas: un reordenamiento centrado en antivalores dizque “revolucionarios”; pero tan antiguos y corruptos como los de Sodoma y Gomorra.
No se trata de inocentadas de chicos traviesos, sino desafíos al orden natural y retos a su divino Creador.
La marcha del “orgullo gay”, punto inicial de la agenda concienciadota homosexual constituye una afrenta a la cultura religiosa de los pueblos y una ofensa a sus sentimientos y creencias. Contra ellos se estrella el homosexualismo político cual un nuevo imperialismo ideológico, extendido en todo el mundo.
Canadá y Estados Unidos son ejemplos dramáticos del sectarismo, los abusos y la intolerancia homosexual. En Europa, España se presenta como un lamentable ejemplo de calamidades. En Latinoamérica, Argentina, Brasil y México presentan sus principales avances.
Una vez posesionados como minoría ultrajada, los homosexuales exigen leyes contra la supuesta discriminación sufrida, sin que nadie entienda en qué se les discrimina. Entre nosotros, por templo, los homosexuales trabajan en donde quieren, ocupan puestos importantes en empresas gubernamentales y privadas, según sus habilidades y conocimientos. Viven como y con quien quieren, con esposas o amigos y nadie los molesta.
Pero a las leyes antidiscriminatorias siguen, siempre, las de “matrimonios” y de adopción de niños. Ésta constituye una violación al derecho humano del niño de crecer y desarrollarse en un ambiente normal de padre y madre, recomendado por las ciencias de la conducta humana. Los “matrimonios” homosexuales atentan contra la milenaria institución, por caprichos ideológicos.
Las leyes antidiscriminatorias protegen la llamada “orientación sexual” y, al promoverse, se incrementan los conflictos sexuales en los individuos y aumentan las aberraciones como la pedofilia, la pederastia, el incesto y el sexo con animales, que son todas orientaciones sexuales que se originan por abusos sexuales sufridos o malos ejemplos y enseñanzas en esos grupos esenciales en donde crecen los niños y que pretenden llamarse familia.



Por supuesto lo primero que sacrifica esta gente es la verdad.
Esa cifra del 11 % es la cifra que más o menos se viene dando desde hace mucho, siempre en torno al 10 %, pero ya hace mucho que leí que esa cifra está exagerada y la realidad sería como máximo del 3%.
Y de ese 3% la inmensa mayoría son ciudadanos normales que ni se les ocurriría ir de locas en un desfile.
El escaparate lo forman una mínima parte, eso sí, bien pagados, pero da la impresión que son todos y que además son muchos.
Es ciertamente como dice…Viven en un mundo virtual. Una minor´ñia agresiva. Esa agresividad es su debilidad y el argumento que permite denunciarlos en sus discriminaciones y sus intolerancias. Igual, con lo del más de diez porciento de adictos. Pero, hay una indifeencia enorme en la población en general, y los grandes medios de comuicación, en todas partes, están al servicio de esa causa. En Panamá, los medios mayores no los favorecen, pero no los denuncian. Permiten artrículos como este que he escrito y otros, por ahora.
Saludos
Efectivamente a anormalidad sólo genera más anormalidad. Un saludo.
Hola Miguel: estupendo su artículo,pero tiene que saber que no existe personas homosexuales ,si no personas que siente atracción al mismo sexo (AMS) que son problemas emocionales, pero no han nacido con la condición homosexual y pocas veces se reconoce que hay muchas personas AMS que están sanando sus heridas y existen personas que ya han echo la terapapia y viven con normalidad su sexualidad heterosexual.
http://www.esposiblelaesperanza.com/
Estimada Manuela: Ciertamente que el homosexualismo no es genético; aunque ellos mantienen esa postura anti científica por razones políticas. Se oponen radicalmente a las terapias y llegan a agredir a los terapistas, no solamente con acciones legales, sino físicamente, como se ha comprobado. No aceptan la palabra “anormalidad”, ni “enfermedad”, ni nada que los distinga del resto de los hombres en asuntos de sexualidad. Ya debes saber que la orientación sexual normal es hacia el sexo opuesto y, según la famosa ideología de género, el sexo es menos importante que el rol que se decida jugar el individuo. Enfermos o como quieran llamarse, son un peligro para la familia cristiana, objetivo ñprincipal del laicismo radical (tipo Zapatero). Gracia spor los oomentarios.
Me alegra mucho que haya marchas del Orgullo Gay en Panamá, me sorprende que recien ea la octave… una muestra de lo retrograda que es la sociedad de ese país. Pero no importa, porque ya hay un avance en materia de derechos homsexuales y eso es lo que importa. Ojalá, todos los que comenta en este post tengan hijos gays, así se les pasa la Homofobia que tienen. Y por cierto: Existen más de 150 especies bi-sexuales y solo una homofóbica…