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Feministas anti-mujer, por Rafael Pareja

Escrache de un puñado de feministas contra Gallardón. ¿protestará Elena Valenciano por este uso de la imagen del ministro?

Desde Sevilla, nos llega esta carta de Rafel Pareja Roldán.

Queridos amigos:

Anoche pude ver en el Telediario cómo un grupo de mujeres “feministas” se manifestaban ante el Congreso de los Diputados, para protestar contra Gallardón y para defender los “derechos sociales” adquiridos por la mujer ”gracias” a la “Ley Aído”.

Yo me considero un ferviente feminista, porque estoy convencido de que la mujer es lo más hermoso que existe sobre la Tierra.

El trabajo más rentable, generoso, heroico y bonito de la mujer es la capacidad de prestar su propio cuerpo a su hijo, durante 9 meses, para regalarle el don más precioso que tenemos los seres humanos: la vida.

Me considero un ferviente feminista, porque quiero a mi madre con todas las fuerzas de mi corazón. Le debo la vida. Le debo TODO lo que tengo. Sin ella, yo no sería NADA. Sin ella, simplemente, yo no sería.

Soy el hombre más feliz del mundo, pero tengo una envidia tremenda de la mujer: Yo no podré quedarme nunca embarazado, ni dar a luz a mi propio hijo.

¿En qué mente tan perversa puede introducirse la idea de que matar a mi propio hijo gestante es un “derecho”?

El aborto es un atentado contra la dignidad y la vocación a la vida de la mujer. Es una atroz imposición “machista”. Es un burdo insulto contra la mujer. Es un engaño. Es el mayor fracaso de una mujer. Es el fracaso de la sociedad humana.

El aborto es la mayor esclavitud que se puede imponer a una mujer.

La mujer es la primera víctima del aborto.

Y ellas no se dan cuenta… Me da una pena tremenda. Lloro de dolor y de horror cuando una mujer, desgraciada, engañada, atormentada, angustiada y dolorida, grita: “¡Mi cuerpo es mío, y yo hago con mi cuerpo lo que yo quiera!”.

¿Cómo puede una mujer dejarse engañar de esa manera tan brutal y salvaje?

Soy un ferviente feminista, porque amo fervientemente a la vida.

Dos presidentes y una calamidad anunciada, por Miguel A. Espino

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

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Durante los últimos meses, dos países hermanos, Venezuela y Paraguay,  han elegido presidente: Nicolás Maduro, en el primero; Horacio Cartes, en el segundo. En un  tercer país, Chile, una mujer, Michelle Bachelet, promulgó su candidatura, que es toda una calamidad anunciada. Estos sucesos marcarán, inevitablemente, con una mayor y decisiva fuerza, el porvenir de nuestros pueblos, como quizá nunca antes. Es algo más que el ascenso al poder de dos  políticos disímiles y algo más que la candidatura de una conocida  feminista radical. Se trata de lo que realmente está en juego, reconózcase o no. Se trata de la comprobada amenaza a la identidad nacional y a la cultura de esos tres pueblos y de todos los de la región. Una amenaza abierta, algunas veces; oculta, otras. Los  nuevos presidentes, como todos los demás, enfrentan una propuesta cultural impuesta con engañosos compromisos internacionales dirigidos a la subversión de la cultura y sus valores cristianos tradicionales, vivos a pesar del laicismo anticristiano. Una propuesta de cambios culturales y políticos presentados como el camino para alcanzar la sociedad ideal; la Utopía. Una nueva Utopía, reinventada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para un Nuevo Orden Mundial que está  destinado al fracaso –a la distopía- como todas las propuestas utopías anteriores: Las fascistas de Alemania e Italia y la socialista de la Unión Soviética y sus aliados.

La Utopía pretendida por  la ONU se presenta,  esta vez, con enaguas color rosa y la careta de la Cultura de la Muerte. Y es que los asuntos fundamentales a los que apunta ese Nuevo Orden Mundial en su estrategia son: la liberalización del aborto como un derecho irrestricto de la mujer y, con igual intensidad, el homosexualismo como fuente de privilegios sectoriales y, adicionalmente, como causa de persecución y discriminación hacia  los no homosexuales. Los niveles de homosexualismo y de aborto impuestos por los gobiernos son usados como criterios evaluativos del progreso como lo entiende la ONU.

El presidente venezolano, Maduro, enfrentará ese problema del aborto y el homosexualismo. Y los atenderá, como todo socialista moderno que se respete, en beneficio de los gays y del aborto. Así ha sido en todas partes, por razones ideológicas y quién sabe qué otras.

Nicolás Maduro demostró, en corto tiempo, su inmadurez política e incapacidad para el cargo. Muy lejos de la inteligencia y del carisma personal de su predecesor,  Hugo Chavez.

Basta pensar que, al ser  la propuesta de  de Maduro la continuidad de la revolución chavista, estaba obligado a vencer en las urnas por amplia diferencia de votos. Se enfrentaban el Socialismo del Siglo 21 (con sabor al  cubano  del siglo 20), y el  neoliberalismo acusado de todo tipo de perversidades. La diferencia en votos, con fraude o no, debía ser enorme, pues no se trataba de dos partidos políticos con similares propuestas de cambios para que todo siguiera igual. Al no lograrse una diferencia abrumadora en votos, Maduro dio a la oposición y a todos quienes rechazan el socialismo de cualquier siglo, la legítima oportunidad de exigir respeto al sistema democrático liberal vigente, con sus valores y principios, en un clima de diálogo constructivo, de careo respetuoso. Esto, o la imposición por la fuerza del nuevo orden: la dictadura. Si  Maduro insistiera en radicalizar la “revolución”, hará daño a su propio país y a toda  America Latina, porque el socialismo no es la solución Y,  menos el socialismo de género, que es el traje de moda.

Los pueblos latinoamericanos necesitan líderes políticos y partidos que crean en los valores tradicionales de la vida y la  familia, el principal tema de conflicto cultural en todas partes del mundo. Los dirigentes y partidos políticos que necesitan nuestros pueblos han de apartarse tanto del socialismo de género como del neoliberalismo comprometido con el “capitalismo salvaje” denunciado por los Sumos Pontífices de la Iglesia. Ni con la izquierda ni con la derecha; con el pueblo. Y esto significa preservar, respetar y defender los valores cristianos que forjaron la cultura tradicional que nos identifica como nación.

En otro extremo, en  Paraguay, país castigado por las izquierdas políticas por no seguir al montón, triunfó un candidato de los calificados despectivamente como conservador y  “de derecha”. El triunfo de Horacio Cartes, un empresario millonario fomentador del deporte, quizá no resulte sorpresa para los paraguayos, considerando el número de votos obtenidos, cerca del 50% y nueve puntos por encima del segundo, también de derecha. Y muy lejos de los de izquierda.

Pero, su triunfo sí ha sido una desagradable realidad para los propulsores de la Cultura de la Muerte y su nuevo orden mundial, con los que se alinean o son alineados los gobiernos dominados por las izquierdas.

El triunfante presidente paraguayo representa  al nuevo tipo e gobernante que necesitan todos nuestros  pueblos, no solamente Paraguay. Gobernantes de ideas conservadoras; que conserven y fortalezcan la riqueza cultural y los valores que le han dado vida e identidad a sus pueblos y naciones. Cartes se opone al aborto y al pseudomatrimonio homosexual  y lo ha hecho saber en forma muy clara y abierta.

¡Y esto ha sucedido nada menos que en Paraguay!  La tierra de las extraordinarias experiencias sociales cristianas conocidas como  las Reducciones de los Jesuitas, en el siglo 17. Una sociedad ideal en ejecución, frustrada, no por sus posibles defectos, sino por el odio anticristiano y anticlerical  de la corona española de entonces. De aquellas experiencias, convertidas hoy en Patrimonio de la Humanidad por la ONU, podría aprender mucho el Secretario General de la organización,  Ban Ki Moon, para corregir su torcido Nuevo Orden Mundial. El Paraguay de hoy, como el de entonces, apunta a la defensa de los valores tradicionales que respetan la justa dimensión y alcance la vida y la familia, propias de la Cultura e la Vida;  una visión del hombre y de la sociedad amenazada por la Cultura de la Muerte, y los frutos podridos del  odio y la mentira consustanciales a ésta.

Este es, precisamente, el fruto dañado que ofrece la posición política –la de la muerte, la  mentira y el odio- que encarna la doctora Michelle Bachelet, médico pediatra, aspirante a la presidencia de Chile. Socialista en lo político, agnóstica en lo filosófico y de género en lo ideológico, la doctora Bachelet resulta el personaje adecuado para el papel asignado en el libreto del Nuevo Orden Mundial que impone la dominante burocracia sectaria de la ONU a través de figuras de su confianza, alineadas con la ideología de género.

La doctora Bachelet ya ha sido presidente de su país y ocupado altos e importantes cargos en la cerrada burocracia de la ONU, en manos de radicales de la ideología de género. Allí, se ha pulido en los asuntos propios de la nueva cultura, sobre todo en la causa del llamado empoderamiento de la mujer, bandera del feminismo radical.

La señora Bachelet ha anunciado a la opinión pública chilena y del mundo su candidatura, con  la libertad y el derecho que le permite la democracia liberal; pero también con la insolencia de los difusores de la nueva ideología anticristiana.

Es una candidatura antichilena, por sus antivalores; como la presidencia de Maduro es antivenezolana. Porque es la imposición de la cultura de la muerte. Una cultura promovida por el nuevo socialismo, como lo demuestra al mundo, con desvergüenza política, el presidente de Francia, Francois Hollande, y como lo demostró, en su mal momento, el español Rodríguez Zapatero.

La Señora Bachelet es médico pediatra. Supone uno que la vida y la salud del niño sería su primordial preocupación y cuidado como profesional y como mujer y madre, que es. Pero, no. Ella es abortista. Y  ella acepta, aprueba y defiende el asesinato de los niños por nacer, por sus propias madres, casi siempre tan víctimas como sus hijos, de  la ideología y  la falta de escrúpulos de médicos y de otras personas interesadas en ese crimen. Bachelet ha proclamado en voz alta y clara esa intención de hacerlo viable en su país, como lo ha hecho ya a niveles internacionales desde su alto puesto en la ONU, como leal y obsecuente activista de la Cultura de la Muerte.

Ha dicho, también, que cree y, seguramente, impondrá a su pueblo, el ‘matrimonio’ antinatural de dos personas del mismo sexo, llamado, en el lenguaje de género, “igualitario”, sin que se entienda a qué es igual, ya que es contrario a si mismo. Pero esto no le preocupa a los feministas de género ni a los socialistas modernos. Tampoco se opondría a la adopción e niños por parte de la dispareja homosexual, pese a evidencias científicas que demuestran los daños al desarrollo normal de los adoptados. Total, si no le importa que maten a los niños en el vientre de las madres, qué ha de importarle cómo sean criados los niños dados en adopción a parejas “casadas” de homosexuales y lesbianas.

Pero, la doctora Bachelet no siempre fue moderna al estilo de ahora. Antes, como candidata a la presidencia y en el cargo, se declaró contraria al aborto. En el año 2006 se declaró enemiga del aborto. El  cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz así se lo comunicó al Papa, Benedicto XVI, a pregunta de éste, “que la presidenta era contraria a todo tipo de aborto y que cree en el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer”. El cardenal dijo que de ese modo se había expresado la doctora Bachelet en conversaciones con él. Pero, bueno. La gente cambia, aunque sea para atrás. Sobre todo después de un puestazo burocrático y muy bien remunerado en las Naciones Unidas.

El Dr. Claudio Alvarado, de la Pontificia Universidad Católica de Chile y fundador del Centro Idseapaís, la critica por sus pensamientos “escuetos y brutales” sobre estos temas. Ella promueve el “matrimonio igualitario” en base a la desigualdad que significa hacia los gays. Y Alvarado  pregunta: “¿Hay desigualdad más grande y arbitraria que elegir quiénes pueden vivir y quiénes no? Me sorprende que alguien que enarbola la desigualdad como discurso la procura de un modo tan arbitrario y brutal”. (ACI/EWTN, 13, abril, 2013).

El ejemplo de Venezuela, donde los partidos políticos y líderes de una oposición que representa a la mitad del país en la  defensa de sus valores éticos y morrales  amenazados, y el triunfo de Cartes en Paraguay, y las protestas públicas en contra del matrimonio en numerosos países  (no los actos legislativos inconsultos) ¿son señales de verdadero cambio?

Nos han engañado, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @ProfundizandoFacebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”

María Zambrano

Filósofa y ensayista española

En 1975, allá por los tiempos de la transición —vamos camino de las cuatro décadas desde entonces, así que ya ha llovido— casi tanto tiempo como el que el dictador estuvo en el poder, nos dijeron que íbamos a pasar de la democracia orgánica —que es como pervirtiendo el lenguaje se denominaba la dictadura franquista— a la democracia moderna, real y efectiva. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Pasamos de la democracia orgánica, a la partitocracia organizada.

Nos dijeron que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Lo que no nos dijeron es que una parte de los españoles que redactaron y votaron esa misma Constitución, se la iban a pasar por el forro haciendo divisible lo que se declaraba indivisible. Nos engañaron a todos… y al primero a mí.

Nos dijeron que los españoles somos Iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. ¿A que después de leer esto les entra la risa tonta tras las noticias que nos llegan a diario? Nos engañaron a todos… y al primero a mí.

Nos dijeron que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Que le pregunten lo que ocurre al castellano hablante de Cataluña, Baleares o Valencia, mientras quienes rigen el Estado, desde hace años y por interés partidista, miran hacia otro lado sin hacer cumplir la Ley.

Nos dijeron que todos —y cuando dijeron todos, no se hizo ninguna excepción— todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Ahí tienen ustedes la Ley del aborto, vulnerando los derechos más sagrados del ser humano, como es el derecho a vivir.

Nos reconocieron y garantizaron el derecho a la autonomía porque la autonomía —nos dijeron— acercaría la administración al ciudadano. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. La autonomía ha agigantado el Estado en términos que resulta insostenible e insoportable de mantener, tanto desde el punto de vista operativo como económico. Hemos engendrado un cáncer cuyas metástasis han invadido todo el organismo al que a base de controlar, mediatizar, regular, penalizar, esquilmar, termina por dirigir nuestras vidas de forma tan asfixiante, que hasta nos ha llegado a decir cómo hemos que hablar o lo que debemos o no comer o beber.

Quizá en el único aspecto en el que no nos engañaron fue en el artículo siete de la Constitución que dice que: “Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales, contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios”. Y mire usted por dónde, eso sí que lo han cumplido a rajatabla. Vaya si los sindicatos, en estos 33 años, han contribuido a la defensa de los intereses que les son propios. Y tan propios. Está, está bien redactado ese artículo de la Constitución. Lo que yo me pregunto es ¿En dónde quedan los intereses de los trabajadores?  ¿Dónde están las condiciones idóneas para que haya cada día mayor facilidad para encontrar un puesto de trabajo? tema en el que tanto tienen que decir los sindicatos.

El aparato territorial del Estado, es una Hidra, no de siete, sino de diecisiete cabezas, que como celoso guardián del Olimpo de los políticos, no solo frena, sino que impide todo progreso y nos hunde en las aguas cenagosas del inframundo del paro, la miseria, la desesperanza, el abandono y por último, el olvido. Es un Saturno que está devorando a sus propios hijos. Un Polifemo que nos tiene prisioneros y, de momento, no parece que haya entre nosotros ningún Ulises que le clave una lanza en su gran ojo de Orwell que todo lo ve y todo lo controla.

No se dan cuenta o no quieren ver, que cuanto más Estado, menos libertad para el ciudadano y que, este, en vez de ser un paraguas, un refugio que nos proteja, se ha convertido en un inmenso cementerio al que el pueblo va a enterrar día a día, sus ilusiones, sus proyectos y sus aspiraciones, hipotecando en él su futuro.

Gregorio, la voz silenciosa, por Alejo Vidal-Quadras

Alejo Vidal-Quadras es diputado en el Parlamento Europeo y Vicepresidente de esta Cámara desde 1999. Es miembro particularmente activo de la Comisión de Industria, Energía e Investigación.

El hecho de que su máximo responsable en Guipúzcoa haya afirmado que Bildu no es ETA explica la profunda decepción expresada por Consuelo Ordóñez.

Hace dieciocho años que ETA asesinó alevosamente en San Sebastián a Gregorio Ordóñez, hombre entero, inteligente y valeroso, cuya desaparición prematura y trágica cambió sin duda la historia del País Vasco y, muy probablemente, la de España en su conjunto. Su hermana Consuelo, recordando aquellos sucesos desgarradores, afirmaba recientemente que no se sentía representada por el actual Partido Popular, ni por el vasco ni por el nacional, y que el PP de hoy no era el de su extinto hermano.

El hecho de que su máximo responsable en Guipúzcoa haya afirmado que Bildu no es ETA y que estamos obligados a construir el futuro contando con los terroristas, ya lo dice todo y explica la profunda decepción expresada por Consuelo Ordóñez casi dos décadas después del martirio de Gregorio. Una desilusión similar fue la de José Antonio Ortega Lara, otro héroe de la libertad, que se dio de baja del PP cuando su dirección decidió prescindir de María San Gil, en cuyos brazos, por cierto, expiró Gregorio.

Aunque estas reacciones de dignidad herida y de rechazo al oportunismo y al abandono de principios que debieran ser sagrados, son perfectamente entendibles, conviene establecer una precisión sin la cual personas admirables e impecablemente coherentes podrían errar el camino. El Partido Popular no es su cúpula dirigente, que va cambiando en el tiempo y que los militantes pueden, al menos teóricamente, sustituir por otra. El Partido Popular son sus ochocientos mil afiliados, sus sentimientos, sus convicciones, sus valores y su concepción de la sociedad y de la política. Los que en un determinado momento ocupan la Presidencia, la Secretaría General y los cargos orgánicos más relevantes, no son el Partido ni lo representan necesariamente.

Es más, dependiendo de lo que hagan en el ejercicio de sus responsabilidades pueden entrar en contradicción flagrante con la auténtica naturaleza de la organización que supuestamente encarnan. Un incremento confiscatorio de los impuestos, un pacto con el PSOE para repartirse por cuotas los vocales del Consejo General del Poder Judicial, la excarcelación de un asesino etarra por falsas razones humanitarias, el mantenimiento de una estructura del Estado inviable, ineficiente e insostenible con el único fin de beneficiar a los partidos que viven de ella, una amnistía fiscal inmoral y discriminatoria y una permanente debilidad ante la ofensiva separatista, no son rasgos característicos del Partido Popular, sino que configuran una entidad política distinta y opuesta a lo que la gran formación española de centro-derecha está llamada a defender y articular.

Cuando este tipo de contradicciones aparecen, la defección o la salida no son la solución porque constituye un absurdo monumental que los auténticos se marchen para dejar el campo libre a los falseadores. El camino a seguir es la regeneración mediante el debate interno y la lucha democrática y limpia en el seno del partido hasta que exista congruencia entre los que dirigen y las bases conceptuales, doctrinales y éticas del conjunto de sus miembros. Este es el mensaje que la voz ahora silenciada de Gregorio nos envía desde el paraíso de los elegidos. Hemos de escucharlo y actuar en consecuencia si no queremos que su supremo sacrificio haya sido en vano.


82 aniversario de la II República. ¿Se está repitiendo la Historia?, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @ProfundizandoFacebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“En lo pasado está la historia del futuro”

Juan Donoso Cortés

Filósofo, parlamentario, político y diplomático español

Se acaba de cumplir el 82 aniversario de la proclamación de la II República española, escenario de la miseria, la anarquía, el desorden, el odio, el enfrentamiento entre españoles y todo ello teñido con sangre de hermanos. Y sorprendentemente, aún hay sectores que la añoran como si fuera la tierra prometida en la que habremos de encontrar el jardín de las delicias que Mahoma prometió a su pueblo. Seguramente será por esto que esos mismos sectores sienten una aversión visceral contra la iglesia católica y una especial predilección, condescendencia e identificación con el arabismo.

Repasando la Historia de la época en que se proclamó la II República, a pesar de los 82 años transcurridos, encontramos unos significativos paralelismos con la situación actual. En los años inmediatamente anteriores a la proclamación de la República, concretamente desde 1923 a 1930, España fue uno de los países europeos más tranquilos y prósperos, prosperidad que habría de ver su lado oscuro en la década siguiente. Todo lo contrario de lo que la propaganda siempre falaz de la izquierda ha mantenido con el fin de justificar su proceder. Trasladémonos al rincón de nuestra memoria de la época de Aznar. Fueron los ocho años de mayor prosperidad vividos por España, a los que, al igual que ocurrió con la instauración de la República, con el socialista Zapatero, habrían de seguirle los de mayor declive económico y moral y de desprestigio, en el concierto de las naciones.

Visto que en 1923, nuevamente, España era una nave en medio del océano, sin timonel ni capitán —el rey Alfonso XIII estaba a verlas venir— los militares decidieron volver a coger el toro por los cuernos, como llevaban haciendo regularmente desde tiempos de su abuela.

En esta ocasión fue el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, quien en septiembre de 1923, sacó al gobierno del Parlamento a patadas e instauró una dictadura.

Los diputados protestaron y esperaron a que el rey hiciera acto de presencia y se opusiera al golpe.

Lo que no sabían sus señorías, es que del golpe de estado, no solamente estaba previamente informado el rey, sino que además lo patrocinaba, sin implicarse directamente en el mismo. Quizá este dato que nos revela el historiador Ricardo de la Cierva en su Historia total de España, nos haría reflexionar sobre el hecho de que las lecciones de la vida no se aprovechan y por eso los hechos se repiten. Solo hay que cambiar las fechas y los nombres de los actores.

Hay una cita de la que al parecer no se percató Primo de Rivera durante su mandato: “Tu oponente, no es tu enemigo; es tu adversario. Tu enemigo es el que se sienta a tu lado”.

Los mayores ataques y asechanzas que recibió, no procedieron de los partidos nacionalistas, ni de los movimientos obreros, ni del PSOE o los anarquistas. Los mayores problemas de Primo de Rivera fueron causados por las distintas derechas, cuyo egoísmo, falta de capacidad para gobernar y putrefacción interna, habían vaciado de credibilidad al propio régimen constitucional del que formaban parte.

Si conducía a la poltrona del poder, cualquier camino era bueno y para ello no tenían el menor empacho en aliarse con el diablo, si preciso era. Entre otros participantes en esta orgía de conspiraciones, promiscuidad y corrupción política, nos encontramos con nombres cómo José Sánchez Guerra[1], Niceto Alcalá Zamora[2], Miguel Maura[3] o Álvaro Figueroa y Torres, Conde de Romanones y Grande de España[4].

Daba igual quien fuera el compañero de cama con tal de alcanzar el poder. Hoy, casi un siglo después, en el retrato de la clase política, han cambiado las caras y desde luego los trajes, pero no los propósitos. Evocando a Giuseppe Tomasi di Lampedusa en la novela “El Gatopardo”, había que cambiarlo todo, para que todo siguiese siendo igual.

En los seis años y cuatro meses que Primo de Rivera estuvo al frente de la Presidencia del Gobierno, limpió el patio político de viejos y arraigados vicios, España progresó en estructuras y comunicaciones, vivió una época de notoria prosperidad y bosquejó un proyecto político para que el país no fuese en el futuro el patio de locos al que en su momento aludió Amadeo de Saboya. Sin embargo no lo pudo llevar a efecto porque el PSOE —como siempre dispuesto a arrimar el hombro para que España progrese— se negó en redondo.

No siendo su pretensión perpetuarse en el poder, como suele ser habitual en la mayoría de los dictadores, en 1929 planteó la cuestión de su continuidad, obteniendo una negativa y de inmediato la revocación del favor del Rey, actitud ésta, por cierto, muy habitual en los monarcas. Utilizan a una persona mientras esta le es útil a sus propósitos y le vuelven la espalda una vez cumplida la misión encomendada. Alfonso XIII hizo con Primo de Rivera, lo que medio siglo más tarde, haría su nieto Juan Carlos con Adolfo Suárez.

Una vez limpia la era de los males que aquejaban a la restauración, había que volver a la senda constitucional, sin embargo, como todas las dictaduras constituyen un paréntesis en la evolución de los pueblos, las raposas volvieron a salir de sus madrigueras para atacar de nuevo a la cabeza del Estado, reprochándole su connivencia con la dictadura.

Siguiendo el ejemplo de las ratas, que son las primeras en saltar cuando el barco está a punto de hundirse, los cortesanos seguidores de Alfonso XIII se mostraron fieles a su esencia y condición, siendo los primeros en dejarle solo ante el peligro e incluso algunos de ellos, pasándose al bando enemigo.

El 15 de diciembre de 1930, se produjo un intento de golpe de estado republicano, que fracasó estrepitosamente. La verdad es que por aquel entonces, al igual que ahora le pasa al socialismo, los republicanos gozaban de un apoyo casi insignificante y el futuro del régimen, con la monarquía de Alfonso XIII a la cabeza, era algo bastante dudoso. Una situación similar a la actual, en la que el sistema constitucional se considera agotado y la monarquía empieza a ser cuestionada abiertamente por distintos sectores.

Se convocaron unas elecciones municipales, que en ningún caso pretendían constituir un referéndum o plebiscito sobre la monarquía, pero que se vieron sujetas a una gran manipulación mediática, hasta tal extremo de que los resultados no llegaron a publicarse hasta después de proclamada la República.

El 12 de abril de 1931, de las urnas, salieron elegidos 5.775 concejales republicanos y 22.150 concejales monárquicos. El triunfo de los monárquicos, había sido aplastante.

Lo que sin embargo sucedió después, demuestra como la proclamación de la II República, fue un golpe de estado que triunfó, más que por la fuerza de los republicanos o de la reivindicación popular, por el grave deterioro que sufría la imagen de la Monarquía.

El miedo cundió en el Palacio Real cuando se conocieron los resultados a favor de los republicanos en algunas ciudades, entre ellas Madrid. El general Sanjurjo, que mandaba a la Guardia Civil, manifestó que no defendería el régimen si se producía un conato republicano como el de finales del año anterior. Ante un rey que tenía miedo de que le pudiese pasar lo que en Rusia le ocurrió a la familia imperial 14 años antes y unas instituciones que no creían en sí mismas, los republicanos se envalentonaron y Alcalá-Zamora dijo que ellos no podrían controlar a las masas si éstas se lanzaban a la calle y que no podían garantizar la seguridad del Rey, si no se iba antes de que pusiera el sol.

La verdad es que nadie contemplaba en principio que se produjera una situación como la descrita. Solo unos políticos carentes de convicciones y un rey pusilánime, dieron lugar a una situación casi inédita en el mundo como fue la de permitir que los perdedores de unas elecciones, se alzasen con el poder del Estado. Únicamente el ministro Juan de la Cierva advirtió a Alfonso: «El rey se equivoca si piensa que su alejamiento y pérdida de la corona evitarán que se viertan lágrimas y sangre en España. Es lo contrario, señor».

El cuadro reflejaba una situación carente de toda credibilidad, de toda firmeza, incapaz de hacer prevalecer la Ley y con ella las instituciones de un sistema que se desmoronó como un castillo de naipes.

Hoy, estamos viviendo situaciones muy semejantes, pero ahora no tiene sentido pensar que todo aquello fue un error. El único error real, es aquel del que no aprendemos nada.


[1] Presidente del Consejo de Ministros 1922 – 1922

[2] Presidente de la República Española 10 de diciembre de 1931 – 7 de abril de 1936

[3] Ministro de la Gobernación de España 14 de abril de 1931 – 14 de octubre de 1931

[4] Presidente del Consejo de Ministros de España 14 de noviembre de 1912 – 27 de octubre de 1913

Las Naciones Unidas y su imagen falseada, por Miguel A. Espino

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

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Con el protagonismo demencial que ha logrado en estos días el líder político y dictador de la comunista Corea del Norte, quien amenaza con desatar una guerra nuclear, dirigida principalmente  contra sus propios hermanos coreanos del sur, viene a mi mente el comportamiento, también demencial, en el sentido de caótico, absurdo e incomprensible del también coreano y secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, patrocinador e impulsor del genocidio global que representa el aborto, y de la destrucción de la familia como núcleo de la sociedad, amenazada por  supuestos derechos contractura, que el famoso dirigente coreano promueve como su misión en la tierra.

Por iniciativas de la Organización de las Naciones Unidas, se conmemora, cada cierto tiempo, alguna efeméride digna de recordación. Así, celebró,  recientemente, el Día de la Justicia social, una de las tantas fechas con  las que la  anciana organización también recuerda  al mundo que ella existe y que se ocupa de  problemas de la humanidad, al menos según como los vea el Secretario General. Y eso está bien.

Lo que no está bien es que hay mucho de mentira y falsedad detrás de algunas iniciativas. Y la mentira empieza por la doble moral que las distingue; promovidas desde la secretaría general del sonriente Ban Ki Moon, un experto en la irresolución de problemas y en la invención de otros, innecesarios. Esta es la imagen que tienen de él importantes analistas políticos. No le faltan elogios emanados de ciertos círculos de poder político e ideológico; sobre todo los relacionados con la llamada “Cultura de la Muerte”, patrocinadora del aborto y de la homosexualidad.

Pero la falsedad generalizada y tendenciosa de los últimos debe terminar; porque tras la aparente inocua actuación del Secretario General se oculta y se fragua una tragedia que no tiene nada de inocuidad, contra la tradicional cultura cristiana.

Y es que las Naciones Unidas no dejan de tener un papel político que sirve a las grandes potencias y a sus grandes intereses comerciales. Y como tinglado verbal para no darse de golpes directamente y poder, así, medir fuerzas en el “terreno común”, ya que no en el del “Bien Común” internacional, entendido éste según la Carta original y los primeros documentos. Estos son, hoy día, objeto de una vil acción engañosa  en sus interpretaciones, debido al manejo tendencioso del claro lenguaje original y oficial, corrompido hoy por la ideología de género y su lenguaje, una perniciosa corriente ideológica de pretensiones totalitarias, de la cual se ha autoproclamado brazo izquierdo ejecutor el secretario general, Ban Ki- Moon.

Así es, pues este señor se ha dado a la tarea de reinterpretar el sentido de documentos aprobados, sobre todo los relacionados con los derechos humanos, para adaptarlos a la ideología política denunciada. Esta situación confiere una peligrosa tendencia a los proclamados Objetivos del Milenio y al Nuevo Orden Mundial presentados como la solución de todos los grandes problemas de la humanidad.

Cuando se reeligió a Ban Ki Moon, hace varios meses, para el cargo que malamente desempeñó, fue objeto de críticas de parte de analistas internacionales, por el deficiente manejo de la defensa de los derechos humanos, que solamente se reconoce en algunos casos y para algunos casos, pero no para todos.

La profesora e investigadora mexicana, María Cristina Rosas, de la universidad UNAM, expresó sobre la reelección de Ban Ki-Moon, que “No deja de ser frustrante…que en momentos en que el mundo está necesitados de líderes, el organismo internacional más importante del orbe opte por un personaje nebuloso, aparentemente más preocupado por complacer a los poderosos que por cerrar filas con quienes más lo necesitan” (Ban Ki-Moon: Cinco años más). La catedrática criticó duramente el silencio del secretario ante las violaciones de los derechos humanos en la República Popular China y otras deficiencias mostradas en su carrera. La señora Rosas añadió, con cierta ironía que ante tantas crisis no resueltas, las delegaciones de países miembros, habrían pensado que “más vale malo conocido …, y optaron por reelegir “a este caballero de la triste y gris figura”.

Numerosos estudiosos del tema de los derechos humanos coinciden en una opinión negativa similar. Entre sus más duros críticos se encuentran los defensores del derecho a nacer, la familia y el matrimonio tradicionales, amenazados por el señor Ban Ki-Moon, quien se ha convertido en el más enérgico propulsor del matrimonio homosexual y del aborto, tareas con las que complace a los Estados Unidos, el sostén económico de la organización internacional, que ha hecho de esas dos discutibles causas, la punta de lanza de su política exterior.

Ahora es más fácil entender porqué Ban Ki-Moon está en donde está y porqué la ONU tiene una imagen falseada. Pero, esto no significa que los gobiernos responsables del mundo, se  dejen manipular.

¡Exprópiese!, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @ProfundizandoFacebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“Con bolsillo ajeno, todo el mundo es limosnero”

Refrán popular

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó el pasado martes, un decreto en virtud del cual, la Junta podrá expropiar temporalmente viviendas para evitar desahucios.

La aparente filosofía que inspira ese decreto, no puede ser más encomiable. ¿Quién puede estar a favor de que a nadie le quiten su vivienda y le pongan en la calle? Muy desalmado hay que ser para no estar en contra de lo que sin duda es una gravísima fractura social. Es cierto que es necesario arbitrar soluciones a un problema tan delicado como complejo, teniendo en cuenta que no todos los casos son iguales. Sin embargo, no parece que sea esta la forma más adecuada, ya que la misma hace dudar muy seriamente de su constitucionalidad.

Por de pronto, el alcance del Decreto, que rompe el principio de inviolabilidad de la propiedad privada, y con la única excepción de Braulio Medel, presidente de Unicaja, no ha sido consensuado previamente con los agentes sociales, ni las entidades financieras, a pesar de que la izquierda acostumbra a reclamar siempre diálogo y consenso… cuando se trata de iniciativas de la derecha.

Esta actitud demuestra que ellos creen, o creen que creen, que están ungidos con el derecho moral a gobernar siempre y por eso no tienen que consensuar nada, mientras que si, como en el caso actual, está en el poder la derecha por abrumadora confianza otorgada por ese pueblo que tanto instrumentalizan, lo consideran como una eventual tolerancia magnánima por su parte, pero siempre que la derecha haga una política de izquierdas. De lo contrario se bordea o se desacata la ley y además se sacan las hordas extremistas a la calle.

El ministerio de Justicia tiene fundadas dudas de la constitucionalidad de este Decreto de la Junta de Andalucía y por ello ha encargado un informe a la Abogacía del Estado, con el fin de ver si existe base jurídica para presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional.

De hecho, es esta una medida de claro corte comunista, al estilo de las que antiguamente se promulgaban en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o de las que se aplican ahora en Cuba, Bolivia o Venezuela. Seguramente no les suena a ustedes extraña la frase que pronunciaba Hugo Chávez: “¡Exprópiese!”.

Así se dará la paradoja de que un tribunal decreta un desahucio y la Junta desacata la acción de la justicia con una expropiación para pagar la vivienda —caso de que lo paguen— con el dinero de los impuestos de aquellos que a su vez están pagando religiosamente su hipoteca. ¡Viva Andalucía libre!… pero subvencionada, que es un modo de seguir garantizándose el voto y seguir manteniendo a una comunidad en la más dura sumisión, que es una forma de seguir siendo esclavos. Esa libertad de la que tanto se alardea, jamás se conseguirá con subvenciones, sino mediante la excelencia en la formación, que es lo que crea un pensamiento libre e independiente y como consecuencia de ello, progreso, que es lo que genera puestos de trabajo.

De las explicaciones dadas por la Consejera del ramo, se observan no pocos puntos inquietantes en relación con esta medida. Por ejemplo se aplicará la misma cuando el desahucio pueda constituir una amenaza para la salud física o psíquica de las personas. ¿Recuerdan ustedes que uno de los supuestos para abortar, que figuraban en la Ley de 1985, contemplaba el riesgo grave para la salud física o psíquica de la mujer embarazada y que al final resultó un coladero bajo el que se llegó a la barra libre para abortar? Bueno pues lo mismo puede resultar el supuesto que en el decreto se cita para las expropiaciones.

Cierto es que, de momento, el Decreto solo se refiere a los inmuebles que tengan inventariados las inmobiliarias y entidades financieras, pero recordemos la cita del pastor luterano alemán Martin Niemoeller —que no de Bertolt Brecht— “Primero vinieron a por los comunistas, pero yo no era comunista, no alcé la voz. Luego vinieron a por los socialistas y los sindicalistas, pero, como yo no era ninguna de las dos cosas, tampoco alcé la voz. Después vinieron a por los judíos, y como yo no soy judío, tampoco alcé la voz. Y cuando vinieron a por mí, ya no quedaba nadie que alzara la voz para defenderme”. Si ante lo que no es otra cosa que un atropello a la legalidad; una operación populista de imagen, todos callan, no habrá lugar a quejarse, si mañana, alguien llama a la puerta para perpetrar lo mismo que hoy  se intenta hacer con las entidades afectadas.

Preguntada sobre qué pasará una vez que finalice el plazo de tres años de expropiación, la Consejera respondió que espera que en ese momento haya un Gobierno de la Nación “capaz de paralizar los desahucios” y que permita el derecho humano a la vivienda. En el caso de que ello no ocurra, la consejera no ha descartado que el plazo de expropiación pudiera llegar a ampliarse.

De esta respuesta se desprende que la medida forma parte de la campaña desencadenada por la izquierda en contra del Gobierno abrumadoramente elegido por los españoles y que sin duda, implícitamente, alentará las actividades de acoso y persecución a los miembros y familiares de los diputados del partido gobernante, acosadores a los que por cierto cabe preguntarles ¿Dónde estaban cuando la ex ministra socialista de la vivienda Carmen Chacón, impulsó la inhumana Ley que ahora facilita el que a una familia la puedan poner en la calle?

Los socialistas andaluces, prisioneros de los comunistas por su alianza de gobierno, con medidas como esta, han entrado en la deriva por tratar de desestabilizar, cuanto más mejor, la situación del país.

Con políticas expropiatorias de corte comunista ¿Quién se atreverá a invertir en Andalucía? De continuar por esta senda, los andaluces no tardaremos en tener la renta per cápita de Corea del Norte, y los gerifaltes de la izquierda en el poder, la de los jeques de Arabia Saudí. Que mala es la ignorancia…

Banderas en el Cielo, por Borja De Angulo

Imagen de la salida del féretro con los restos mortales de una víctima de ETA portado por compañeros y familiares

Acabo de ver un noticiario en el que hablaban de la llegada de los restos mortales del que era considerado jefe militar de ETA: Francisco Javier López Peña popularmente conocido como “Thierry“, fallecido hace unas semanas en Francia. El finado fue recibido con todos los honores por simpatizantes del grupo armado nacionalista bajo gritos de “¡Gora ETA!” y ondeos de banderas nacionalistas vascas conocidas como “ikurriñas”.

No solo tener que ver esto, también hay que escuchar que hay previsto un homenaje al fallecido en el País Vasco,concretamente en un centro financiado por dinero público… Estamos hablando de un personaje que ha perpetrado el atentado contra la T4 del aeropuerto de Barajas en el año 2006 y en el que fallecieron 2 personas. Es responsable de asesinatos como el del concejal del PSOE  Isaías Carrasco y del guardia civil Juan Manuel Piñuel VIllalón.

¿Hasta cuándo los españoles tenemos que estar aguantando que un grupo de asesinos y simpatizantes se estén riendo de todos nosotros?. ¿Cuándo los padres, mujeres, hijos, parejas e incluso amigos o compañeros van a dejar de ver que se homenajea a los asesinos de los suyos y la justicia no hace nada para evitarlo?. ¿Dónde está la justicia o incluso la policía para evitar estas manifestaciones ilegales por enaltecer el terrorismo y que hacen daño al corazón de los españoles?

Me duele en el alma cuando veo en las noticias que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (cumpliendo órdenes de sus superiores), rompen contra inocentes ciudadanos que están en la calle por reivindicar unos derechos (nuestros derechos) que un gobierno se dedica a recortar y encima la justicia no contenta con ello, carga contra ellos posteriormente el peso de la ley. Me hierve la sangre cuando la policía está presta a primera hora de la mañana en la puerta de un edificio para proceder al desalojo de una familia. Pero no…no estaban hoy en Vizcaya para evitar el desarrollo de una “manifestación” por no llamarla de otra manera de un grupo de personas que enaltecen la figura y el nombre de una persona que ha sido responsable de las matanzas de un hijo, de un padre, de un hermano y de un compañero.

Mientras hoy unos homenajean a un asesino y la justicia no hace nada para evitarlo quiero con mis pobres palabras y con mi corazón llorando en un puño recordar a los casi 858 fallecidos por esta lacra repulsiva llamada ETA.

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El valor de la vida, por César Valdeolmillos

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César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @ProfundizandoFacebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”

Albert Einstein

Que seres tan extraños somos los humanos. Ponemos el máximo celo en cuidar al lince ibérico o un huevo de un ave en riesgo de extinción, y no tenemos el más mínimo escrúpulo en asesinar al fruto de nuestras entrañas.

El pasado sábado, 486 asociaciones se manifestaron en Madrid a favor de la vida, porque el Gobierno, que llevaba en su programa electoral derogar la Ley del aborto que aprobaron los socialistas, después de más de un año en el poder y con una mayoría absoluta que le permite hacerlo, no ha movido un solo dedo a pesar de que esa promesa, no es algo que esté condicionado por las condiciones económicas por las que atravesamos. Y es que a ese Gobierno al que una abrumadora mayoría de españoles otorgó su confianza en las urnas, le falta el coraje que a los socialistas les sobra, para defender los principios que dice defender.

El hecho de que cada una de las cosas que hagamos se pierda en eso a lo que llamamos tiempo, nos hace apreciar que cada momento de la vida es único. Un beso, un atardecer, una mirada, una caricia, un sentimiento. Ninguno volverá a repetirse de la misma manera. Cada uno sucede una sola vez en la historia del universo. Por eso la vida es sagrada. Porque es única e irrepetible. Desde el mismo momento de la concepción; desde el primer momento de su existencia, la vida humana debe ser preservada y protegida de manera absoluta, respetando el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida.

Existe una parte no demasiado conocida de la historia no muy lejana, que por enésima vez, nos demostrará el valor que tiene la vida.

Es la historia de Emilia. Una mujer cuyo último embarazo presentó tantas penas y aflicciones, que hoy en día, constituiría una opción segura por el aborto.

Emilia pertenecía a una familia de clase media en un país europeo hundido en la miseria, después de una prolongada guerra nacional. Hambre y epidemias amenazaban a toda la población. Desde pequeña, su salud era delicada, a causa de las menesterosas condiciones en las que se desenvolvía su vida.

Siendo muy joven, se casó con un obrero textil, estableciéndose el matrimonio en una ciudad absolutamente ajena a su entorno familiar y social. Poco tiempo después nació su primer hijo, Edmundo. Unos años más tarde, Emilia dio a luz a Olga, una niña que sobrevivió pocas semanas por las malas condiciones de vida a la que la familia estaba sometida.

Catorce años después del nacimiento de Edmundo y casi diez de la muerte de su segunda hija, Emilia se encontraba en una situación extremadamente dura. Tenía cerca de cuarenta años y su estado de salud era muy preocupante: sufría importantes problemas renales y su sistema cardiaco se debilitaba poco a poco debido a una afección congénita. Por otro lado, la situación política de su país era cada vez más crítica, como consecuencia de la recién terminada primera guerra mundial.

Vivían con lo indispensable y con la incertidumbre y el miedo de que estallase una nueva guerra. En esas sombrías circunstancias, Emilia quedó nuevamente embarazada. No faltó quien se ofreciera a practicarle un aborto. Con su edad y su estado de salud, el embarazo constituía un alto riesgo para su vida. Por otra parte, las duras condiciones en las que se desarrollaba su existencia, la inducían a preguntarse:¿Qué mundo puedo ofrecer a mi hijo? ¿Un hogar miserable? ¿Un pueblo en guerra? ¿Vale la pena que le dé la vida?

Trágicamente, Edmundo, el único hermano del bebé que esperaba, viviría sólo dos años más. Algunos años más tarde, estallaría la segunda guerra mundial, en la que el padre de la criatura que estaba por nacer también perdería la vida.

A este niño le esperaba una vida en completa orfandad: ni su padre, ni su madre, ni su único hermano podrían acompañarle en medio de las condiciones espantosas de la segunda guerra mundial que se estaba generando.

¿Tenía sentido traer al mundo a un niño que desde el mismo momento de nacer, solo habría de conocer las punzadas de la angustia y la amargura? ¿Qué amanecer de cada día podía ofrecerle su madre? ¿Había alguna razón que aconsejara continuar con aquel embarazo?

A pesar de todo, ella optó por la vida de su hijo, a quien puso el nombre de Karol. Llegado a este punto del relato, supongo que ya saben quiénes son los protagonistas de esta historia. Para los progresistas y los fariseos, hoy, aquel niño, seguramente sería una víctima del aborto. Pero, progresar no es tener más, sino ser más. Y la mujer que se somete a un aborto, nunca será más, porque en lo más profundo de su alma, siempre habitará el vacío de ese hijo que fue sin llegar a ser. En el caso de Emilia, gracias al valor y respeto que profesó por la vida, 58 años después, su hijo, Karol Wojtyla, llegaría a ser S.S. Juan Pablo II.

Papa Francisco y los caminos de ‘los Che’, por Miguel A. Espino

Miguel Antonio Espino Perigault es periodista y profesor de la Universidad de Panamá.

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Quizá no resulta tan casual que el nuevo Papa,  Francisco, haya sido escogido desde “el fin del mundo”, como calificó él mismo a su lejana Argentina. También, el cardenal Jorge Bergoglio estuvo cerca de ser  elegido durante el anterior cónclave, cuando fue escogido  Benedicto 16.  Entonces fue el segundo más votado. ¿Una señal divina  de lo que vendría después?

Tampoco encaja el escogimiento del cardenal Bergoglio en ninguna de las muy difundidas profecías apocalípticas previas al cónclave. Salvo, quizá, lo de proceder “del fin del mundo”; mencionado, coincidencialmente,  como referencia geográfica, no profética. ¿O, sí?

El cardenal Bergoglio ha cautivado al mundo con  su espiritualidad,  sencillez y humildad. Su llamamiento apunta a detener y corregir la desertificación de una tierra calcinada por la falta de fe, la desesperanza y el odio.

El Papa anunció, desde el primer momento, que “empezaba un camino; un camino de fraternidad, de amor, de confianza entere nosotros”. Y nos pidió que “recemos por nosotros, el uno por el otro. Recemos por todo el mundo,  para que haya una gran fraternidad”.

En el mensaje del Papa Francisco resuenan el tono cósmico de San Francisco de Asís y el  misionero de San Francisco Javier, de su querida Compañía de Jesús.

Este camino del Papa no lo reconoce ni lo  recorre el mundo que se considera moderno, que deambula desorientado por el relativismo y el materialismo. Para  ellos, caminantes sin rumbo, Antonio Machado, poetizó  su andar sin destino: “Caminante, son  tus huellas el camino y nada más… No hay camino, se hace camino al andar”.

Y como paradigma de esa realidad negativa y desorientadora resurge de entre las sombras un olvidado  personaje  de la historia contemporánea, venido del fin del mundo, como el Papa; también, argentino, como el Papa,  y a quien el filósofo existencialista J. P. Sartre calificó “como el hombre más completo de nuestra era”: Ernesto Guevara, ‘El Che’.

Guevara, médico, era contemporáneo del químico y sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio, Che Jorge para sus amigos. Aquel hacía su camino andando por casi todo el continente, incluido nuestro país. Iba, siempre, en busca de hacer realidad sus sueños revolucionarios. Alcanzó  su plenitud como el símbolo de la triunfante revolución cubana, liderada por  Fidel Castro.

Pero el Che iba siempre solo, siguiendo sus propias huellas y haciendo su camino al andar, porque, contrario al sacerdote Bergoglio, nunca reconoció  a Jesús, quien  sale siempre al encuentro de los caminantes para ser reconocido como “el Camino, la Verdad y la Vida”.

El Che Guevara murió en  l967, ejecutado en Bolivia, en donde dirigía un movimiento guerrillero. Tenía 39 años. Dos años después, con 33  de edad, el joven  Jorge Bergoglio era ordenado sacerdote jesuita.

Pero, la imagen del Che Guevara crecía con el tiempo, para alentar los sueños revolucionarios de  jóvenes del siglo veinte y del actual. Pero, ahora como  una revolución ideológica y cultural.

Para  Álvaro Vargas Llosa, el Che era un hombre que “estaba enamorado de su propia muerte; pero estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás”. Hizo del odio la motivación principal de su vida y de su actuar político. Estas palabras suyas sobre un revolucionario, lo presentan: “…El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que inspira más allá de las limitaciones del ser humano, y lo convierten una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar”.

Después del fracaso de las luchas revolucionarias armadas, el Che y su legado político de odio,  nutren a la “Cultura de la Muerte”, denunciada por la iglesia, defensora de la “Cultura de la Vida”.  Es aquella el enemigo a vencer. Una confrontación entre el bien y el mal,  el odio y el amor, la mentira y la verdad.

¿Habría profetizado este choque de culturas el poeta  hindú, Rudyard Kipling,  cuando escribió: “… no existen ni este ni oeste, ni frontera, ni raza, ni origen, cuando dos fuertes hombres se plantan frente a frente, aunque vengan  del fin del mundo!”?

Así se han plantado, frente a la iglesia de Cristo, las ateas fuerzas anticristianas del mal.

El Papa Francisco nos recuerda que “Cristo ha vencido el mal de modo pleno y definitivo; pero nos corresponde  a nosotros, los hombres de todos los tiempos, proteger esta victoria en nuestra vida y en las realidades concretas de la historia y de la sociedad”.