Archivo Dario de 10 Julio 2008

¿Sedación terminal o eutanasia?

Soledad del anciano

El ministro de Sanidad del gobierno de España habla de las sedaciones a enfermos terminales como si acabara de descubrirlas. Este tipo de sedaciones es una de las funciones de los cuidados paliativos en los hospitales y lo que busca no es matar al enfermo sino evitar el dolor.

Otra cosa es utilizar la sedación para -sencillamente- matar al anciano enfermo que entra en Urgencias de un hospital, y como la afección que presenta es grave o muy grave y no va a tener muchas posibilidades de sobrevivir ni tampoco se sabe en qué condiciones sobreviviría, los médicos deciden u ofrecen a la familia, la sedación terminal. Es decir, la muerte rápida e indolora, sin más tratamiento.

En el País Vasco, este tipo de sedaciones terminales están a la orden del día. Si un paciente anciano entra en un hospital de Osakidetza y lo ven muy mal, los facultativos preguntan a la familia si quieren que lo seden para que “no sufra”… Y muchas familias dicen que sí, que lo seden, y luego te cuentan que en pocas horas murió tranquilo y sin dolores.

Una persona que conozco bien, vivió en su familia la misma experiencia. Su madre entró en el Hospital de Osakidetza de referencia en la provincia, con una neumonía doble que avanzaba al galope y con riesgo de una septcemia por el paso de la infección a la sangre. Tras un tratamiento de choque en Urgencias la enfermedad se estabilizó y la enferma pasó a planta. A las 24 horas del tratamiento la situación empeoró, la respiración era cada vez más agitada incluso con máscara de oxígeno, prueba de que los pulmones estaban dejando de funcionar invadidos por la infección, y los facultativos ofrecieron a la familia trasladar a la enferma a una habitación individual y como todo tratamiento, “sedarla para que no sufriera”. La otra opción, pero que la familia debería dar consentimiento por escrito, era ingresarla en la UVI, intubarla, enchufarla a un respirador y ver si el antibiótico vencía la infección, y los pulmones volvían a funcionar.

La familia estaba desolada ante la situación. Se preguntaban cómo era posible que la decisión fuera de ellos y no del experto, y respondieron a los médicos: “Queremos que hagan lo que sea mejor para nuestra madre”. Los facultativos respondieron que con la edad que tenía, 82 años, estadísticamente pocos enfermos salían con vida de la UVI , en cambio, con la sedación moriría sin sufrir.

Los hijos decidieron ingresar a su madre en la UVI, siempre había tiempo para sacarla si se confirmaba que el tratamAnciano alegreiento antibiótico no vencía a la enfermedad y no mejoraba. Tras cuatro días sin cambios en su estado, la madre empezó a mejorar, a respirar progresivamente por sí misma… Los médicos fueron retirando poco a poco el respirador y reduciendo la sedación en la que estaba. ¡¡Y superó la neumonía doble!!

Hoy, la madre está mejor que antes de enfermar y con más ganas de vivir que nunca. Sale de casa, entra, acude a sus cursos de pintura, toma el café con sus amistades, cuida de sus nietos…

Da escalofríos pensar qué diferente sería la vida de esta familia si los hijos hubieran optado por la sedación y la muerte sin dolor en una habitación individual del sistema sanitario público vasco…




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