(Artículo de Carmen Gurruchaga en La Razón)
Los niños que, impávidos, asisten al espectáculo, asumirán con normalidad esa entrega «voluntaria» de dinero destinado a los «pobres» presos de la banda
Peligro para los niños
14 Diciembre 08 – Carmen GURRUCHAGA. El Olentzero es un personaje de la mitología vasca, representado por un carbonero barbudo, barrigudo y bebedor, históricamente ubicado en la celebración del solsticio de invierno. Es el encargado de traer los regalos el día de Navidad a los hogares vascos que participan de esta tradición, arraigada en las montañas de Navarra y Guipúzcoa y en algunas zonas de Álava. Desaparecida durante algún tiempo, recuperó su protagonismo en las últimas décadas del siglo XX y actualmente está considerado como parte ineludible de las navidades en todos los territorios de cultura vasca. El cristianismo adaptó la costumbre y convirtió al carbonero en el anunciador de la noticia del nacimiento de Jesús. De suerte que los niños que residen en estas comunidades del norte de España reciben regalos de Papá Noel, Olentzero o Reyes Magos, dependiendo de la ideología familiar en la que estén integrados. Pero existen muchas familias que dan regalos con cada uno de los personajes porque los padres son del Olentzero, los abuelos paternos o padrinos de Papá Noel y los maternos de los Reyes Magos. Porque mal que les pese a los talibanes euskaldunes, la sociedad vasca es mestiza y plural.
Hasta aquí todo sería normal si no fuera por la perversión a la que está sometida la celebración del Olentzero. Y lo dice alguien que entrega los regalos con el carbonero gordo. La tarde de Nochebuena, las calles están llenas de niños, ansiosos de que llegue la madrugada, para que su repartidor de obsequios los deje en el interior de sus casas. Pues bien, justo esa tarde, cientos de olentzeros populares, acompañados de grupos de personas vinculadas a la izquierda abertzale, recorren distintas localidades de la geografía vasconavarra, entonando las canciones típicas, pero¿ pidiendo dinero para los presos de ETA por los comercios y bares que encuentran a su paso. También los viandantes que inocentemente se paran a escuchar la música, y los vecinos de los pisos de los portales en los que se detienen a actuar, deben contribuir a un fin con el que en muchos casos no estarán de acuerdo. Pero los niños que, impávidos, asisten al espectáculo, asumirán con normalidad esa entrega «voluntaria» de dinero destinado a los «pobres» presos de la banda. Aún peor ha sido que el Ayuntamiento guipuzcoano de Usurbil, gobernado por ANV, haya cedido el frontón municipal, a la misma hora, a cien ex presos de ETA, que deseaban poner a caldo la política penitenciaria del Gobierno, y a unos niños que celebraban la Feria del Juguete. Así, los ¿ex etarras? o etarras excarcelados hablaban de la opresión del Gobierno español contra el pueblo vasco o del deseo de aniquilar a los presos vascos, mientras los niños contemplaban la exposición de juguetes para decidir cuál de ellos pedirían al Olentzero.
De esta forma, subliminalmente, los infantes interiorizan todas las maldades perpetradas por «Madrid» para anular las «legítimas» ansias soberanistas e independentistas del pueblo vasco. Si nadie impide estas demostraciones de poder por parte del brazo político de la banda, ésta no tendrá dificultad para conseguir cachorros con los que sustituir a los que son detenidos por las Fuerzas de Seguridad a ambos lados de la frontera.



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