¿Por qué el señor Gabilondo no nos recibe?

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A varios meses del nombramiento del Sr. Gabilondo al frente del Ministerio de Educación, los padres objetores a EpC albergamos ya pocas dudas y esperanzas acerca de su talante de diálogo que con tanta prisa aireó a los cuatro vientos. Su negativa a recibirnos, después de que lo hayamos solicitado hasta en tres ocasiones en las últimas semanas, sólo nos deja dos posibilidades:

  • La primera, que su nombramiento haya sido un mero cambio de imagen (después de la deplorable actuación de sus predecesoras) y, más allá de las apariencias, su intención no sea otra que la de llevar a cabo, al margen de los padres, el proyecto de manipulación ideológica del Partido Socialista, atentando gravemente contra la libertad. Todo ello con la connivencia de aquellos que han decidido considerar la educación como moneda de cambio a utilizar en favor de sus intereses particulares (gobiernos autonómicos, sectores de la judicatura, administraciones, sindicatos, asociaciones…).
  • La segunda posibilidad que nos queda es pensar que tuvo una incipiente intención de diálogo que quedó inmediatamente sofocada por Gobierno y el Partido Socialista que lo sustenta, lo que inmediatamente nos sitúa en la tesis de que su margen de maniobra es mínimo.

Cualquiera de estas dos posibilidades es nefasta. Como en otras circunstancias a lo largo de la historia de España la sociedad civil se ha levantado ante esta intolerable intromisión del Estado en el ámbito familiar, que más allá de la imposición de EpC, pretende un cambio cultural de largo alcance, destructor de la vida y del hombre, mediante la manipulación de las conciencias de los españoles desde la infancia.

Inmaculada López

Dolores Vila-Coro, in memoriam

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Dolores Vila-Coro ha fallecido en los primeros días de enero de 2010. La conocí en una charla que di sobre Educación para la Ciudadanía en la Parroquia de San Germán de Madrid. Fue un encuentro muy fugaz en el que ya percibí en sus ojos esa mirada penetrante que solamente algunas personas tienen el privilegio de haber recibido como un don. Posteriormente tuve ocasión de charlar con ella con motivo de la presentación del libro Explorando los genes de Nicolás Jouve de la Barreda, obra que ella prologaba con lucidez y talento. Volví a recordar esa mirada profunda y no me extrañó que fuera uno de esos seres humanos que con su cerebro prodigioso y su corazón enorme llegara siempre en sus análisis algo más lejos que el común de la mayoría de los mortales.

Amaba la Verdad, por eso amaba la Vida. No le gustaban las componendas y llamaba a las cosas por su nombre, no sin antes analizarlas con una profundidad de espíritu encomiable. Sobre todo adoraba la vida humana; vida humana en plenitud, sin rebajas ni concesiones al totalitarismo de lo políticamente correcto. Ser hombre o mujer era serlo desde el primer instante de su existencia, es decir, desde su concepción. Si alguien no estaba de acuerdo en este derecho, base del resto de los derechos humanos, Dolores disponía de un tesoro de sabiduría que abría con cariño y, a la vez, con firmeza, mirando a los ojos del que no valoraba en toda su extensión la dignidad de la vida humana.

Ruego a Dios que ya contemple cara a cara a Jesucristo: la Vida con el rostro humano más bello, bueno y verdadero que jamás los hombres pudimos ver. Espero que abrace esa Vida que siempre esperó encontrar recorriendo el Camino que, bien sabía ella, conducía a la Verdad.

Gracias, Dolores, por regalarnos tanta vida. Descanse en paz.

Miguel Ángel Ortega

En la década de los noventa, en los inicios de Profesionales por la Ética, invitamos a Mª Dolores Vila-Coro para que nos hablara de su libro Huérfanos biológicos. Tuvimos ocasión de charlar en un ámbito reducido con ella, la llevamos a su casa y nos contó su peripecia vital y cómo se había adentrado en el mundo del Derecho y en esa naciente disciplina a la que llamaban Bioética.

Después tuve otras ocasiones de hablar con ella por diversos motivos; uno de ellos fue la Jornada que organizó Profesionales por la Ética en el Colegio de Abogados de Madrid con el patrocinio del Consejo General del Poder Judicial, precisamente sobre clonación, reproducción asistida y derechos fundamentales. Vila-Coro fue una de las ponentes.

Se da la circunstancia de que mi lugar de trabajo, durante diez años, estaba pegadito a la parroquia de la Avenida del Brasil a la que diariamente acudía a oír Misa Mª Dolores. También entonces la ví en algunas ocasiones.

He tenido la tentación de escribir que «la bioética española queda huérfana tras la muerte de la profesora Vila-Coro». Quizá quedé algo huérfana, pero lo cierto es que queda poblada de hijos intelectuales y morales de esta mujer de apariencia frágil, pionera de la Bioética personalista española. Ya no volverá a Misa de su parroquia ni falta que le hace:  el mismo Autor de la vida le está descifrando uno a uno los códigos esenciales de la existencia humana que tanto le apasionaron.

Os recomiendo leer los artículos que le han dedicado Gador Joya, Eulogio López y Agustín Losada.

Teresa García-Noblejas

Año cero: Si a esta Vida

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Año cero: es el origen de nuestra era en el que acontece el nacimiento de Jesús de Nazareth, hijo de María y José de la estirpe de David.

Un matrimonio abrumado por dificultades humanamente insuperables pronuncia un sí a la vida que provoca un vuelco definitivo en la historia de la humanidad.

Para una mujer de la época no era nada fácil asumir un embarazo que se produce entre las primeras y las segundas nupcias (éstas ya definitivas) según la Ley del pueblo hebreo. Embarazo que, probablemente, sería ya visible para sus coetáneos de Nazareth. Pasaría lo de siempre en un pueblecillo: miradas, habladurías y detalles feos de los vecinos de siempre. Y en medio de ello María no se deshizo de aquel Niño y dijo «sí a esta Vida».

Pero lo peor era de una dureza cualitativamente superior: su prometido, José, rechazaría un hijo no engendrado por él. El desengaño de este hombre Justo (el hombre que buscaba la voluntad de Dios con el fin de hacerla vida) debió de ser de una profundidad enorme. La chica que siempre parecía perfecta y que tan bien se ajustaba a sus deseos de agradar a Yahvé concebía un hijo poco después de comprometerse con él públicamente en matrimonio. Y en medio de ello ni María ni José se plantearon eliminar aquel Niño; y dijeron «sí a esta Vida».

¿Denunciar el más que probable adulterio con la consiguiente lapidación de María? o ¿Es que José ya sabía de la procedencia sobrenatural y absolutamente insondable de aquel Niño y no quería inmiscuirse en planes tan sobrenaturales? En cualquier caso demasiado para él. No porque no fuera un israelita valiente, sino porque siendo el varón justo que era quería evitar un daño mayor a María y, también, retirarse de lo que en su origen suponía un proyecto que parecía superarle absolutamente. Y en medio de ello ni María ni José se deshicieron de aquel Niño y dijeron unidos «sí a esta Vida».

José ve confirmada su vocación de «padre» de ese Niño tan especial. Quiere a María y ama la voluntad del Dios de Israel. Pero las circunstancias históricas vienen a ensombrecer más un panorama ya, de por sí, complicado. El edicto del César obligaba a todo el mundo a empadronarse en un momento ya avanzado de la gestación de su amada esposa. Rebelarse era dar la razón a los violentos zelotes, o provocar un problema con los ocupantes de aquellas tierras. Decidieron obedecer a Dios obedeciendo a los hombres. Marcharon como pudieron a Belén incorporados a una de las muchas caravanas que se organizaban para hacer posible el censo. Y así, una mujer embarazada de ocho meses, y un marido que va asumiendo tantas sorpresas de gran calibre en un espacio tan breve de tiempo se encomiendan a la Providencia, una vez más, para que todo salga lo mejor posible. Y en medio de ello ni María ni José se deshicieron de aquel Niño y dijeron unidos «sí a esta Vida».

Finalmente no hubo sitio «para ellos» en la «posada». Bueno, «sitio físico» claro que había, porque nunca acontecía por aquellas tierras que no se hiciera hueco a los viajeros que tenían que hacer noche. Siempre cabían dos más en esa especie de «campamentos» que organizaban los dueños de fincas que se utilizaban para estos fines. Pero no era sitio «para ellos» porque no era un lugar digno para que naciera ese Niño tan especial, cargado de promesas y con un origen que provenía de Aquel que era el origen de todo lo que existía. Ellos eran pobres y no buscaban privilegios, pero no querían espectadores para un acontecimiento tan trascendente para la Historia de la Humanidad.

Y nació en una cuevecilla, refugio bien conocido por los pastores de aquellas tierras que vigilaban sus rebaños. Y llegó a término aquello que comenzó cargado de unas complicaciones que parecían insalvables desde el punto de vista humano. Y María y José dijeron «sí a esta Vida» en medio de tanta angustia e incertidumbre. Y el Verbo, la Vida, se hizo carne y habitó entre nosotros.

Y hoy, en medio de la desesperanza que se hace mortal para tantos hombres y mujeres también queremos decir SÍ A LA VIDA como ellos hicieron hace dos mil años. Porque siempre una vida será un milagro, un bien evidente que nadie puede truncar. Ni hace dos mil años, ni ahora.

Miguel Ángel Ortega

Un eclesiástico es detenido por defender a deficientes

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Acabo de terminar Diario de Berlín, la crónica de la vida en esta ciudad alemana entre 1934 y 1941 escrita por Wiilliam Shirer (Debate, 2000), un periodista estadounidense corresponsal de la CBS. Como es lógico, el diario revela, jornada a jornada, las observaciones del cronista a corazón abierto porque la férrea censura le impedía narrar por radio lo que de verdad sucedía. Uno de los aspectos más interesantes del libro es observar cómo la propaganda nazi hacía creer a los alemanes y a sus aliados que Hitler sólo buscaba la paz mientras que Gran Bretaña era la agresora que siempre rechazaba las generosas ofertas alemanas.

Hay un detalle de este diario que resulta espeluznante y puede hasta pasar desapercibido porque se encuentra en las últimas páginas. El 21 de septiembre de 1941 Shirer recibe en su hotel la visita inesperada de un individuo al que llama X; en absoluto secreto y guardando estrictas medidas de seguridad (como desconectar la clavija del teléfono) le cuenta que la Gestapo está «liquidando deficientes mentales en el Reich», aunque los nazis hablan de «muertes piadosas». El  visitante le cuenta que el pastor protestante Bodelschwingh, que dirige un hospital para niños deficientes, había sido arrestado al negarse a entregar a la policía secreta a algunos de sus pacientes más graves. El hospital fue bombardeado más tarde, presuntamente por los británicos. Aunque como bien dice el periodista, algunos alemanes atentos a este asunto pusieron en duda la autoría de los bombardeos.

Un par de meses después (el 25 de noviembre), el diario de Shirer proporciona más detalles de la historia: el exterminio era conocido por unos pocos dirigentes nazis (incluido el propio Hitler) y había afectado a unos 100 000 deficientes mentales. Durante varios meses los diarios alemanes se poblaron de esquelas que daban cuenta del fallecimiento de personas sin dar fecha exacta de la muerte ni del entierro: las cenizas eran entregadas a los familiares de los enfermos sin muchas explicaciones.

¿Por qué hacían esto los nazis? Es una política sistemática de esterilización exterminio de deficientes fundada en teorías eugenésicas,  con el respaldo de algunos sociólogos y científicos; su muerte, dada la «incurable dolencia que padecía es (aseguraban  los médicos nazis por escrito) una auténtica liberación».

Teresa García-Noblejas

Una película imprescindible

Amazing Grace

Se llama Amazing Grace (Michael Apted, 2007) y ya está disponible en DVD. Nos la recomendó nuestro buen amigo el periodista Ramón Pi y ciertamente se trata de una película excepcional que merece la pena ver estas vacaciones.

Del último número de Aceprensa está tomada la completa reseña, firmada por Alberto Fijo, que transcribimos más abajo.

Jaime Urcelay

 

AMAZING GRACE

Alberto Fijo

ACEPRENSA 10 de septiembre de 2009

 

Con mucho retraso –se estrenó en 2007– llega esta película anglo-norteamericana, emocionante y llena de interés histórico, que cuenta el largo combate del parlamentario William Wilberforce (1759-1833) para abolir la esclavitud en el Imperio Británico.

Wilberforce, amigo desde sus comunes estudios en Cambridge del jovencísimo primer ministro William Pitt (ocupó el cargo con 24 años), es un hombre de honda religiosidad, que se plantea abandonar la política para consagrarse a la vida espiritual como cristiano evangélico. Cuando se le presenta el reto de luchar contra la esclavitud comprenderá que Dios le quiere en un mundo cruel y despiadado para reformarlo y hacerlo mejor.

El guión original de Steven Knight tiene muchos aspectos destacables, pero hay uno que llama especialmente la atención: todos los personajes resultan muy naturales y tienen gran fuerza, sin que se traicione su idiosincrasia con anacronismos facilones. Y es que el autor del libreto de Promesas del este ha sabido leer a la perfección la vida de Willberforce, asomándose a su conciencia, a su trato con Dios, sin caer en la tentación del efectismo sensiblero ni de la hagiografía bobalicona.

Lo que cuenta la película tiene muchísimo interés y logra hacer un nudo en la garganta de un espectador que cae en la cuenta de que hace solo 200 años la trata de esclavos formaba parte del menú del día del Imperio Británico y era la base económica de las plantaciones del Sur de EE.UU. En este sentido, la historia de Wilberforce y sus compañeros demuestra que es posible que un puñado de hombres decididos movilice a la opinión pública para acabar con una lacra social tan ampliamente aceptada en su época como hoy puede ser el aborto. Esta campaña de sensibilización ha sido contada en el libro de Adam Hochschild “Enterrad las cadenas”.

La historia es dramática e intensa, y, cuando corresponde, entrañable. Además del gran trabajo de escritura de Knight, hay que subrayar la calidad interpretativa de un reparto muy conjuntado, en el que brillan la hermosa y expresiva Romola Garai, y unos sensacionales Gambon, Finney, Hinds, Sewell, Cumberbatch y Toby Jones, que comparten plano con el galés Ioan Gruffudd.

La cuidada puesta en escena, con llamativas secuencias portuarias, permite el lucimiento fotográfico de Remi Adefarasin que ya tenía entrenamiento de época gracias a Elizabeth. Entre los productores, el mismísimo Terrence Malick. Puestos a poner algunas pegas, la música y el montaje están por debajo del nivel medio, que, como he dicho, es muy bueno.

Una película infinitamente mejor que otras de temática similar que han tenido muchos más premios y espectadores. Sin duda lo mejor de la carrera de Michael Apted (Inglaterra, 1941), autor de películas como Enigma y Gorilas en la niebla, que ahora rueda la tercera entrega de los Cuentos de Narnia.

 

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