Tragedia de nacidos y no nacidos

Una vez más Colombia entera se encuentra consternada, esta vez por la muerte de Esteban Alejandro, un pequeño angelito con tan solo 5 días de nacido que fue asesinado presuntamente por su propia madre. Esta aterradora noticia ha puesto nuevamente en cuestión las bases mismas de los valores que sostienen nuestra cultura y nuestra sociedad. Nadie se opondría si calificamos este hecho como aterrador y abominable, máxime cuando el victimario resulta ser la propia madre del pequeño.

En medio de los sentimientos encontrados que se cruzan en mi alma ante tal tragedia humana no dejo de hacerme la misma pregunta: ¿Qué diferencia en esencia y dignidad hay entre un niño de 5 días de nacido y uno con pocos días antes de nacer? ¿y ese a su vez en qué se diferencia de uno con un mes antes de nacer? ¿y este a su vez en qué se diferencia con uno 2 a 6 meses antes de nacer? Por supuesto las diferencias son formales pero en ningún caso esenciales, es el mismo ser humano cuya dignidad aparece en el momento mismo de la fecundación, desde que empieza su existencia. Este razonamiento tan básico y aparentemente tan sencillo resulta extremadamente incomprendido y rechazado cuando las ideologías complejizan el análisis sobre el carácter sagrado de la vida humana. No deja de parecerme miope e hipócrita la actitud que se estremece con el asesinato de un niño con pocos días de nacido a manos de su madre, pero no se conduele en absoluto cuando este mismo asesinato le ocurre a niño no nacido. Parece un poco estúpido pensar que el sólo hecho de haber sido dado a luz modifica la dignidad connatural de la persona humana. Este terrible ejemplo de Esteban Alejandro me reafirma en mi convicción sobre el valor inviolable de la vida humana desde el momento mismo de la concepción.

Frente a las escandalosas cifras (cuya falsedad ha sido demostrada incluso por prestigiosas revistas científicas) que sostenían que en Colombia ocurrían cerca de 400.000 abortos al año, cifras sobre las cuales los más recalcitrantes enemigos de la vida sustentaron su principal argumento a favor de la despenalización de esta conducta, aparecen ahora las cifras oficiales del Ministerio de Protección Social que reportan 201 procedimientos “legales” a julio del año pasado. Por fortuna la cifra con la que los abortistas se convencían para lanzar sus arengas agresivas y destructivas está ampliamente desfasada. Sin embargo en un país en el que se valora tan poco la vida humana y en el que a pesar de estar sometidos a tragedias terribles de violencia y transgresión permanente del derecho a la vida, todavía nos damos el lujo de legalizar la muerte. De una u otra forma, en cada aborto que se practica en Colombia y en el mundo se repite de manera silenciosa (y sin la misma exposición mediática) la tragedia de Esteban Alejandro. Descansen en paz.

Víctor Hugo Malagón. Profesor universitario.

10 Respuestas a “Tragedia de nacidos y no nacidos”


  1. 1 Luna

    Colombia lleva más de cuarenta años esperando una respuesta. Pudo ser Estéban Alejandro. Puede ser cada uno de estos fetos abortados, niños muertos para la Patria y para la paz. Cada aborto puede hacer inviable una promesa a la Historia.

  2. 2 María

    Efectivamente, ¿qué diferencia hay entre un niño de cinco días y un feto?. Si sólo es cuestión de tamaño, tal vez deberíamos acabar con todos los adultos que no alcancen 1,50m. Un saludo.

  3. 3 neneembrionario

    La psique social sí está homologando bebé intrauterino – bebé extrauterino. Lo malo es que, en lugar de extender al ámbito intrauterino la protección que hasta hace poco se les daba a los niños ya paridos, está haciendo todo lo contrario y cada día se frivoliza más el infanticidio y se exculpa a la madre criminal.

  4. 4 Urbek

    ¿No saben qué diferencia un niño de 5 días de un feto? ¿Entonces cómo es que siquiera han podido plantearse la pregunta? Su ideología es tan absurda que contradice sus propias categorías, lo cual es el colmo del sectarismo.

    Yo desde luego sí se por qué diferencio entre un feto y un niño de 5 días, y nuestra tradición legal también. No en vano establece que la condición de persona no se adquiere hasta el nacimiento, y éste no se certifica hasta 24 horas después de que el feto se desprenda del seno materno. Es lógico que esto sea así, pues sólo al nacer y al corroborarse la capacidad de subsistir puede la comunidad hacerse cargo -mediante el derecho- de los nuevos miembros.

  5. 5 rastri

    Si bien cierto es que me repugna la falta de humanidad y dignidad personal respecto a este acto ta brutal que siempre acompaña al aborto.

    Más por el hecho que este acto atenta contra mi creencia moral, que como un asunto de muerte física artificial. He de decir que no creo que Dios permita el abortar a aquella madre con quien el hijo de ésta -Dios- tenga futuras necesidades para cumplir con sus designios divinos personales.

    Entiendo por esto quela vida de los seres responsables es padrimonio único y principal del Señor de la Vida. Y que por esto ni siquiera a los ángeles del cielo le es dado arrancar la vida de estos, sean estos futuras simientes de trigo o cizaña.

    Corroborando esta forma de pensar siempre me ha llamado la atención la del conocido estadista llamado Moisés. Y cómo éste no sólo fue salvado, de las aguas de la placenta de su madre; Pues parió. Sino que también fue salvado de las aguas del peligro río y sus reptiles.

  6. 6 Agustín Losada

    Urbek:

    Una cosa es ser una persona y otra tener reconocida la personalidad. El Derecho sólo puede hacer esto último. Nuestro Código Civil, en su artículo 29 afirma que “el nacimiento determina la personalidad”, y en el siguiente artículo afirma que “para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”. Como ves, algo anticuado para los avances de la ciencia actual.

    La decisión del legislador de otorgar o quitar la personalidad jurídica a alguien en un momento dado no tiene efecto sobre su esencia como persona. Las leyes pueden quitar capacidad jurídica a una persona limitada en su capacidad de tomar decisiones (debido a una enfermedad, por ejemplo), pero jamás pueden desposeer a ese mismo ser de su dignidad como persona (a no ser que estemos a favor de regímenes autoritarios, felizmente superados, que consideraban a los indios, los negros o a los de otras razas como personas de inferior categoría, con menos derechos que los demás). Por otro lado, el mismo Código Civil reconoce en su artículo 29 que “el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables.” Y nada le podría ser más favorable que el derecho a vivir, origen y requisito previo para cualquier otro derecho. Sin ánimo de exahustividad, estos son algunos de los derechos que tiene el nasciturus: Derecho a la nacionalidad, a la filiación, a la patria potestad, a alimentos, a tutela, a aceptar donaciones por medio de representante… Resulta, por tanto evidente que si puede ser sujeto de estos derechos lo es también del derecho previo y fundamental a su propia vida, con independencia de que el legislador le reconozca o no capacidad jurídica plena.

    Que un feto de 5 semanas es un ser humano lo sabe todo el mundo, menos nuestra ministra de igualdad. La Ciencia es unánime.

  7. 7 Agustín Losada

    En mi respuesta a Urbek quería decir “5 días”

  8. 8 Urbek

    Sr. Losada,

    No pienso que el Código Civil esté anticuado porque no conceda personalidad a un feto ya que no parece existir esa demanda en la sociedad. Lo que sí creo es que hay buenas razones para que nuestra tradición jurídica considere la independencia del nacido con respecto a la madre como un hecho legal y moralmente (pues el derecho no es más que la parte de la moral que se impone coactivamente) relevante.

    Dice usted que las decisiones del legislador sobre la personalidad jurídica (supongo que se refiere a la civil, pues la jurídica está reservada a empresas y otras asociaciones) no afectan a nuestra esencia como personas. Pero vamos a ver, uno no es persona como es humano. No hace falta que un biólogo descubra al género homo para que seamos “bípedos implumes” como decía Platón, pero sí que se requiere el reconocimiento social -que en última instancia es sobre lo que se sustenta la institución judicial- para ser considerados personas. La personalidad no es un hecho biológico, no existe una “esencia de persona” en un sentido óntico. La condición de persona es un valor -es decir, una propiedad irreal que los sujetos ponemos en los objetos- con una genealogía, y por tanto no tiene esencia sino historia.

    Por otro lado, no sólo es que las leyes puedan quitar derechos a las personas (como es absolutamente obvio), sino que ser persona ES poseer derechos. Ya sé que a un iusnaturalista esto le debe escandalizar, pero el iusnaturalismo no resuelve ningún problema, pues no extrae de su fundamento (la naturaleza, Dios, la razón, etc.) más que lo que previamente haya puesto en él, de manera que lo mismo puede justificar en “derecho natural” tanto la esclavitud como la quema de herejes. Desgraciadamente los derechos no residen en ningún cielo platónico, y sólo funcionan en la medida en la que el poder de turno los reconoce y garantiza. Así pues el problema queda desplazado a la justificación del poder, que es otro asunto.

    Sobre la tran traída y lleva polémica sobre la humanidad de fetos y niños ya he dicho en algún otro sitio que las palabras de la ministra son perfectamente asumibles si diferenciamos lo que significa ser “humano” y el “ser” humano, es decir, la clásica distinción entre esencia y existencia. Hay infinidad de cosas que tienen la humanidad como atributo pero que no son objeto del derecho. A un óvulo humano nadie le reconoce el derecho a la vida, pero sin embargo es tan humano como un feto humano. Comparten el atributo de la humanidad, pero es más discutible que alguno de los dos sea sustantivamente un ser humano.

  9. 9 Agustín Losada

    Urbek:

    Se mete usted en un jardín, lo cual me obligaría a tratar demasiados temas para responderle. Trataré de ser breve e ir al grano.

    De su respuesta me asusta que considere que es la sociedad (el legislador) el que otorga o quita categoría humana a un individuo. Dice usted: “sí que se requiere el reconocimiento social -que en última instancia es sobre lo que se sustenta la institución judicial- para ser considerados personas”. Le contesto: La condición de ser humano no requiere ningún reconocimiento social. Los negros no lo tuvieron en su día. Ni los judíos. Y hoy entendemos que eso iba en contra el derecho natural, que usted denosta, y nos parece una aberración. Es muy diferente ser una persona a tener personalidad jurídica reconocida. Uno ES persona, con independencia de que otros se lo reconozcan o no. Se trata, sí, de una cuestión ONTOLÓGICA. Por cierto, “jurídica” quiere decir en relación con el Derecho. También el Civil.

    Por otro lado, no mezcle conceptos: Un óvulo es una célula germinal de una persona. No un individuo. Un cigoto no es lo mismo que un óvulo o una célula de la piel. Un cigoto sí contiene toda la información genética de una persona y es capaz de dirigir su desarrollo vital. Un cigoto sí es una pesona. La diferencia es tan evidente que no sé si pensar que usted trata de manipular la realidad o simplemente ha olvidado lo que estudió en Primaria. A la ministra de “igual dá” le pasa lo mismo.

  10. 10 MELA

    No voy a entrar en los miles de casos difíciles que cada d a acontecen a muchas personas y familias. Entiendo que no, es nuestro deber juzgar a nadie, nada más lejos de mi reflexión. Pero por supuesto, no consentir esa ligereza de matar a un ser humano, (si le permiten llegar a esa “condición” y no lo exterminan por el camino).

    “Derecho a Vivir”. Todo lo contrario que este gobierno (que ha perdido totalmente el “control”, diría yo), de lo que es tener conciencia de gobernar, pretende hacer con esta ley. Que no ver la luz, porque no deciden ellos, sino todos los españoles, que somos realmente los que debemos decidir en cuestiones tan importantes. No tenemos la casta de acatar lo que NO queremos, sino que sabemos y debemos luchar por nuestra integridad y nuestros valores.

    A nuestros hijos hay que educarle/enseñarles VALORES, es la palabra
    clave. Difícil trabajo, es cierto, pero es lo que nos queda. Luchar porque no se nos vayan hacia ningún lugar, dónde NADA tiene valor. Por supuesto una educación sexual, abierta y completa, desde la propia familia, y en los centros educativos, es el gran pilar y evitar a muchas sorpresas.

    Y sobre todo pensar, que cuando ese corazoncito…, empieza a latir…, que hay MUCHAS “otras” posibilidades de que pueda llegar a ser como el de nuestro slogan. Un corazón con una SONRISA, un corazón feliz.

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