Hoy se ha dado a conocer al mundo la tercera (si es o no la última, como titula algún medio, Dios dirá) encíclica de Benedicto XV con el título Caritas in veritate.
Un periódico nacional nada independiente ya se ha apresurado (en su versión digital) a afirmar sin rubor «que es un documento de izquierdas contrario a la globalización». Quitándose las gafas de sol y echándose un colirio, es decir con la mirada limpia, podremos ser capaces de desterrar las mezquinas manipulaciones que, desde numerosos ámbitos, se van a producir.
Para Profesionales por la Ética, como asociación interdisciplinar inspirada en el humanismo cristiano, la encíclica constituye, lógicamente, un referente. Se ha dicho (y se dirá) que es un documento «social»; no sé si existe una encíclica que no lo sea, aunque sea de forma indirecta, bien en su formulación, bien en sus consecuencias.
En mi modesta opinión, aunque esta afirmación no proporcione titulares mediáticos, es el bien común, un clásico concepto de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), el hilo conductor de esta riquísima encíclica. Benedicto XVI explica que «junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de todos nosotros, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social».
Y en el marco del bien común, un compromiso «que, cuando está inspirado por la caridad, tiene un valor superior al compromiso meramente secular», Benedicto XVI aborda el respeto a la vida, la libertad religiosa, el desarrollo de los pueblos, la economía, las relaciones internacionales…
No voy a hacer «cortaypega» de citas de la encíclica; y eso que hay expresiones de enorme calado (y preciosa redacción) que invitan a hacerlo. Lo mejor es descargársela de Internet (y comprarla cuando esté en las librerías, que será pronto) y leerla. Las mutilaciones siempre son peligrosas y proporcionan un buen pretexto para hacer una lectura ideológica del documento. Me temo que mañana la mayoría de medios de comunicación nos darán esa lectura, lo cual demostrará que de la encíclica no han visto ni la portada.
Teresa García-Noblejas




Es una bendición de Dios este Papa. Estoy ilusionado por leerla despacio y meditar la carta que el Representante de Dios en la tierra me está enviando.
Todas las encíclicas bienen a ser lo mismo. Es obligación del Papa que lo diga: Amor a Dios que es caridad. Y sobretodo amor a los pobres -que son los que más molestan- Y siempre lo mismo: cuanto más desaparece el Dios de los ricos más aumentan los pobres. Y siempre lo mismo: Los pobres entienden fácilemente eso de que hay que dar y condonar en gratuitidad. Los ricos menos. Ellos dicen: que quien no paga no tiene. Y que el Papa siga con sus encíclicas.
Y cada Papa y cada encíclica debiera tener su su parte incisiva acorde al modo, tiempo y lugar de los humanos. Esta vez la encíclica a sido de un social cosialismo económico que vaya que sí. Como si el terrestre debiera a estar en esta Tierra generación tras generación para toda la eternidad y no debiera malgastar.
A mi me habría gustado que el Papa hubiera incidido más en el asunto de la Bioética y todo eso de la Ciencia de la Investigación de la Genética. No vaya a ser que un día nos digan que ya tienen el especimen pseudo humano todo él fabricado en laboratorio. Y todas nuestras creencias queden tocadas.
Yo ya la estoy leyendo y la verdad es una bendicion con que claridad nos habla el Papa a todos para que nuestras vidas no sean valdias sino un remar para el bien de todos