Había una vez tres cerditos que vivían bajo la contínua amenaza de un lobo llamado ETA. Llamábase el mayor el cerdito Pepé, y de los tres era conocido como el cerdito tonto. El segundo era el cerdito Pesoe, cerdito podrido para más señas. Era el tercero el cerdito Peneuve, de entre los tres tenido como el más listo. Y he aquí que cada uno hízose su casa en la tierra euskalduna.
El cerdito Pepé, siendo el más tonto, levantó una humilde choza de paja, mientras el podrido Pesoe valióse de palitos para el mismo fin. Pero he aquí que el cerdito Peneuve, siendo el más listo, llegó a un acuerdo con el lobo ETA: “Mira, tu te vas masticando a esos dos mientras yo levanto mi batzoki de piedra y me monto mi chiringuito particular. Te aseguro que por muy cerdos que sean, no les dejaré entrar”. El lobo gruñó asintiendo, y presto se lanzó a masacrar al cerdito tonto y al podrido.
Sin embargo sucedió que pasado el tiempo, Podrido y Tonto se pusieron de acuerdo y consiguieron expulsar a Peneuve de su chiringuito. El cerdito listo se vió así al desnudo por primera vez frente al lobo. Tembloroso, le preguntó: “¿Que piensas hacer ahora?. Mira que tenemos un acuerdo”. El lobo, relamiéndose, respondió muy despacio: “No te preocupes, cerdo. Ahora tengo un acuerdo con tu hermanito podrido, pues al parecer tiene interés en que no te pase nada, ya que necesita tu ayuda en otra casa que tiene más lejos, Congreso de los Diputados, creo que la llama. Me dedicaré a masticarme a conciencia a vuestro hermano tonto mientras tanto”.
Y así fue como el lobo ETA pasó a convertirse en un eficaz colaborador del cerdo Pesoe, el podrido. Y gracias a él pudo sujetar y amarrar al cerdo Peneuve, el listo, que pasó a defender los intereses de Podrido en aquél lugar llamado Congreso de los Diputados. Y de esta forma se consiguió que el cerdo Peneuve votara al lado del cerdo Pesoe y juntos apoyaran el asesinato de humanos no nacidos. El cerdo Peneuve no sabía como explicar su repentina alianza con el antaño odiado cerdo podrido.
Y entonces sacó a una chacha llorona llamada Beloki para decir que había una gente muy mala que le había bloqueado su cuenta de correo. Pero lo que la chacha no llegó a decir es que si no hubieran votado a favor del cerdo podrido, el lobo ETA habría comenzado a masticarles a ellos también. A fin de cuentas, del cerdo tonto ya casi no quedaba nada, por lo que el lobo volvía a sentir hambre. El cerdito Peneuve estaba realmente preocupado.



Habría que recordar, don Alejandro (para entender el cuento completamente) que Tonto (mientras se hace el ídem) apoya también el asesinato de humanos no-nacidos, aunque bajo la (parece ser que para algunos) más “elegante” etiqueta de “despenalización”.
Ya se sabe que, con gran frecuencia, los tontos acaban siendo, por su apariencia inofensiva e impotente, los más peligrosos.
Incluso muchas veces se acaba descubriendo al final que Tonto también participaba, desde el principio, de esos acuerdos de los que parecía marginado.
Cómo se decía aquello de que a veces hace más daño un tonto que un malvado, o un malvado que se hace el tonto. Un saludo.
Magnífico artículo, Alejandro.
Precioso e ilustrativo el cuento D. Alejandro. Yo le daría un consejo al Cerdito Tonto aunque sé que no escucha, NO TE SIENTES EN BANCO NI EN ESCALERA NI TE CASES CON HIJA DE MESONERA.
En euskadi la cosa esta que da pena, menos mal que todavia tenemos politicos con entereza. No hay mas que oir a Basagoiti en la cope:”…vamos a hechar a la izquierda abertzale de la eitb, y les daremos a los violentos hasta en la foto del dni.” Traduciendo: “censuraremos sus opiniones y torturaremos a sus integrantes”. Animo Antonio, tu puedes.
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