La era de las ideologías tristes

(Ha sido publicado el 3 de enero de 2013 en Análisis Digital)

La posmodernidad es deprimente, depresiva, deprimida y depresora. No es mera especulación, ni opinión gratuita. La depresión, junto con la ansiedad, es la enfermedad de moda. El siglo XX fue el siglo de la neurosis. Quizá también el de la psicopatía, porque nunca el ser humano había realizado brutalidades más grandes: el nazismo, el estalinismo, las dos guerras mundiales, la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki… Pero el siglo XXI, en el que la “posmodernidad” es un hecho consumado, es el siglo de la depresión. Si acaso también, el siglo de la esquizofrenia. Si todavía no lo ven, ya lo verán.

Hay que reconocer que se está dando un abuso en la calificación de casi cualquier cosa como “depresión”, o con ese diminutivo coloquial que llamamos “depre”. A la simple tristeza, abatimiento o apatía enseguida se le llama depresión, para negocio de psiquiatras, psicólogos y fabricantes de inhibidores de la recaptación de la serotonina. Este abuso engorda en falso las cifras de prevalencia de la depresión y revela que quizá no haya tanta depresión real, pero sí nos apunta la existencia de una cultura de la tristeza, una especie de desánimo social que ha echado raíces en el “inconsciente colectivo”.

Vivimos la resaca de la modernidad, aquella etapa tan optimista en la que la razón, la ciencia y la técnica nos iban a hacer muy felices. La modernidad fue una borrachera de rupturas con toda dependencia o atadura que se pusiera por delante, una puesta de largo de una Humanidad que quería abandonar su “niñez espiritual” para pasar a un estado adulto autónomo, liberado de toda exigencia moral heterónoma. El “siglo de las luces” llamaron a los comienzos de esta era en la que, libres de las “creencias irracionales”, íbamos a crear un paraíso terrenal llevados de la mano de la diosa razón.

Pero aquella diosa no cumplió el encargo. Vivimos ahora el desencanto de su idolatría, el poso amargo del desengaño. No vivimos mejor, ni material, ni psíquica, ni espiritualmente. En lo material: fracaso total del sistema y crisis de todos los modelos económicos por causa del problema no resuelto: la codicia humana. En lo psíquico: ansiedad, depresión e índices brutales de suicidio. En lo espiritual: el frío y solitario páramo del inmanentismo materialista, que nos ha encerrado en una cloaca, en la asfixia del absurdo existencial. El sueño de la razón ha producido monstruos y los monstruos nos han devorado.

Las ideologías dominantes, agarradas a los restos del naufragio, parecen una colección de consignas agrias, caras feas, gritos ofensivos, violencia callejera, quejas insaciables y mucha mala leche. Gente triste, siempre enfadada, insatisfecha de por vida, nunca contenta con nada, inventando derechos para justificar sus desvaríos, pidiendo que se legalicen sus antojos como si así se fuesen a liberar de la mala conciencia y el hastío en el que viven. Ideologías antivida, antifamilia, anti casi todo. Ideologías de muerte, de desvinculación, de ruptura… El hombre del siglo XXI es un ser cabreado y triste.

A la parte más grave de esta cultura destructiva se le ha llamado: “cultura de la muerte”, denominación tétricamente acertada. Se justifica, defiende y legaliza el aborto y la eutanasia, arrollando el derecho fundamental a la vida y arrogándose el hombre la venia de decidir quién ha de vivir y quién no. Se manipula el genoma humano, la intimidad de la naturaleza, al gusto del consumidor y se llega a prácticas eugenésicas que dejan pálida la barbarie nazi. Se aboga por lo temporal, lo desechable, lo superficial y lo desvinculado, en detrimento de lo permanente, lo duradero, lo profundo y lo comprometido. Se valora más la división y la ruptura que la unión y la reconciliación.

El ser humano, en su afán por encontrar algo de felicidad sin renunciar a su autonomía moral, se ha convertido en un tsunami, una apisonadora que huye hacia delante sin carril y sin frenos, aplastándolo todo. Rechaza cualquier molestia, cualquier compromiso, cualquier esfuerzo, cualquier sacrificio. Y para tratar de racionalizar su  desvarío inventa nuevas ideologías que lo justifiquen; ideologías que no construyen nada, que todo lo rompen, todo lo exageran, todo lo dislocan; ideologías irrespetuosas, chillonas, de botellón, pancarta y disfraz ofensivo, de rostros desencajados por el odio; ideologías tristes.

Ninguna de esas ideologías lúgubres va a mejorar el mundo en que vivimos. El desafío que se abre ante la Humanidad del III Milenio es cada vez más claro, acuciante y exigente: la restauración de los ideales y valores constructivos que hemos abandonado en la cuneta. Matar, romper, golpear, insultar o vociferar, no son los métodos que nos llevarán hacia una sociedad más justa, amable y libre. Las ideologías tristes se devorarán a sí mismas y no podemos consentir que arrastren a la Humanidad a su agujero negro. Pero no hay que combatirlas en su mismo terreno, pues esa es su mejor baza. Hay que superarlas con una fe renovada en la vida, en lo que une, en lo que construye.

La Humanidad está al borde del abismo y, por eso mismo, al borde de una posibilidad histórica de cambio. De esta “era de las ideología tristes” puede derivarse el final o el principio. Debemos elegir. Ya hemos comprobado a dónde nos lleva nuestra soberbia, nuestra aventura de independencia, nuestra idolatría de la razón y del instinto: basta ver un telediario. Hemos metido en crisis todo y ya es momento de reaccionar, aprender de la experiencia y dar un giro de 180 grados. Como profetizó el Beato Juan Pablo II, una “Nueva Humanidad” está a punto de nacer. Para ello, necesitamos la humildad de admitir el error, rectificar y volver a aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Dios, como el padre del hijo pródigo, ha dejado que nos alejáramos de él a correr nuestra aventura de autonomía moral. Nos ha dejado libres para malgastar su herencia como nos ha dado la gana. No es un padre neurótico y no ha salido corriendo para evitarnos el porrazo. Ha dejado que experimentemos hasta el final las consecuencias de hacer nuestra santa voluntad. Y nos hemos quedado solos y hambrientos, mendigando. Ha llegado la hora de volver a casa. Como el hijo pródigo, viendo nuestro error y sus consecuencias, entremos dentro de nosotros mismos y decidamos volver a la casa del Padre. Él nos espera, oteando el camino y con los brazos abiertos.

Los buenos deseos sí importan

Con este artículo me contradigo, pero lo hago a conciencia y muy a gusto en esta ocasión. Alguien dijo que rectificar es de sabios (alguien que se equivocaba mucho), así que me pongo al teclado y rectifico. Bueno, no quiero exagerar, la verdad es que más que rectificar lo que voy a hacer es matizar. El caso es que, no hace mucho tiempo, en un día como hoy en el que terminaba el año en curso, escribí un artículo criticando la costumbre de los “buenos deseos”, que se prodiga al máximo en las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Mi crítica fue entonces ferozmente moralista: nada de buenos deseos, lo que hace falta es trabajar duro para conseguir nuestros objetivos. Un alarde de voluntarismo que parte de razón lleva, pero no toda, como trataré de explicar. El resto del argumento fue que los buenos deseos son inútiles, que no sirven para nada. ¿Acaso se va a cumplir un buen deseo por el mero hecho de expresarlo? Me parecía una práctica con pretensiones un tanto mágicas, ya que es del todo imposible influir en el futuro a base de deseos. ¿O tal vez no?

Hace unos días escribí en Twitter ese mismo contenido crítico, con un matiz más espiritual: “Los buenos deseos no sirven para nada, ni cambian nada. Sólo la oración insistente, humilde y confiada es eficaz. Feliz Nochebuena”. Cierto que tanto la oración insistente que aquí nombraba, como el trabajo duro del que hablé hace unos años, son una muy buena baza para enfrentar una nueva etapa de la vida, sobre todo si se combinan bien (“ora et labora”). Pero, como me hizo ver un colega “tuitero”, hay algo más que se me escapó.

Tras un rato de reflexión, he concluido que los “buenos deseos” que yo despreciaba con tanta ligereza podrían tener varios grandes efectos, enlazados entre sí, que repercuten en un incremento del bienestar de quien los recibe (e incluso del que los expresa):

a)      La persona a la que se expresan los buenos deseos se siente, si no querida (eso sería pedir mucho a frases tan convencionales), sí al menos existente y en cierta manera importante para quien tales deseos le expresa. Es agradable que alguien se dirija a mí para decirme que lo que le gustaría que yo tuviera es felicidad, alegría, prosperidad, etc. Convencionalismos así, cuantos más mejor. Claro que preferiría que esa persona hablara menos de mi bienestar e hiciera más por él, pero no está de más la buena educación y la agradable sociabilidad que impregnan los buenos deseos.

b)      Está demostrado que recibir mensajes positivos es bueno. Desde luego, mejor que el bombardeo de malas noticias y augurios que en estos tiempos nos cae encima a diario. Ya sabemos que, por mucho que me digan “próspero Año Nuevo”, no por ello voy a dejar de notar los efectos devastadores de la crisis. Pero, sin duda, me ayuda a enfrentar mejor la ansiedad que me produce el incierto futuro la recepción de mensajes alentadores y optimistas. Son como una brisa fresca en el bochorno estival: no quita el sol, ni el calor, pero mi bienestar subjetivo se incrementa un rato.

c)       Todo lo anterior produce el mejor de todos los efectos, al que quería llegar: el de las “profecías autocumplidas”. Si mi visión anticipada del futuro es negativa, sin darme cuenta yo mismo influiré en que acabe siendo un desastre. Y no se trata de una influencia de tipo supersticioso o mágico, sino de una influencia real, porque mi conducta cambia según sean mis expectativas. Ya saben: si creo que hoy voy a tropezar y caerme porque lo he leído en un horóscopo, concentraré tanto mi atención sobre ello que es muy probable que acabe tropezando. Por eso es tan importante disponer de “profecías” positivas sobre el futuro: tenderé a realizarlas.

Por todo ello, es una buena práctica social intercambiar (no sólo en Navidad o Año Nuevo) mensajes positivos sobre la vida, el presente y el futuro. No podemos vivir con la mente saturada de mensajes negativos, terribles y agoreros. Los pensamientos negativos provocan sentimientos negativos y estos favorecen la pasividad y las conductas torpes, débiles e ineficaces para superar los problemas. Los pensamientos positivos, en cambio, si no son en exceso descabellados, llevan a la acción con fuerza e ilusión, lo cual favorece el éxito. Así pues, queridos amigos: mis mejores deseos para el año entrante.

¡Feliz y próspero 2013!

Ni educare, ni educere, sino todo lo contrario


Para los profesores del área de las Ciencias de la Educación, esta antigua y perenne discusión que les comento estará seguramente muy trillada. No tanto para los que profesan en otras áreas de conocimiento. Con toda seguridad, creo que no estará de más que hagamos juntos un repaso a esta cuestión que, aunque no lo parezca, se sitúa en el alma, en el corazón de lo que es la educación. “Educare” y “educere” son dos verbos latinos que constituyen las dos posibles etimologías del vocablo “educación”. Más allá de una simple curiosidad lingüística, la adopción de una de las dos opciones se ha convertido en el fundamento teórico de dos modelos educativos diferentes, opuestos en cierto modo, ya que comportan dos antropologías y dos enfoques bien distintos de lo que es el hombre y su educación.

La versión “educare”, que significa “conducir” y también “introducir”, ha sido asignada, no sé muy bien por quién, a la llamada “escuela tradicional”, aquella institución tan vituperada de “la letra con sangre entra” y muchas otras supuestas felonías no exentas de un porcentaje de realidad.  En este modelo, la educación sería, por una parte autoritaria, directiva: se trata de conducir al alumno hacia determinadas metas marcadas por el educador. Por otra parte, la educación consistiría esencialmente en “meter cosas” en el alumno, llenar su cerebro de conocimientos y destrezas, con especial hincapié en la memorización. La mente humana sería una “tabula rasa” (pizarrín que usaban en Roma para escribir) aristotélica, en la que nada hay que no provenga del exterior a través de los sentidos. Nacemos “vacíos”, “en blanco”.

Este esquema educativo suele organizarse de forma “logocéntrica”, es decir, sometida a la estructura lógica interna de la ciencia o disciplina a aprender: clasificaciones, demostraciones, argumentos, etc. El diseño curricular sería sencillamente el índice de cada asignatura, junto con las actividades necesarias para ir aprendiendo las sucesivas lecciones en su orden lógico. Además, esta forma de entender la educación, en su extremo, ha acabado asociada a un modelo antropológico que podríamos llamar “pesimista”: el ser humano nace malo. O lo es  por naturaleza, o se ha corrompido de forma irremediable como afirman los protestantes extremos o calvinistas. La educación tendrá la misión de intentar enderezar ese árbol que crecerá torcido por necesidad, inculcando buenos hábitos y costumbres.

La otra versión etimológica, la derivada de “educere” (“ex–ducere”), que significa “sacar afuera”, “extraer”, se centra en todo lo contrario de lo anterior (aunque no es necesariamente incompatible, como veremos): el ser humano posee en sí mismo, desde su nacimiento, todo aquello que necesita para ser en plenitud. La función de la educación será como la de una comadrona (mayéutica socrática): ayudar al educando a que saque de sí mismo todo ese potencial que ya posee de forma innata, pero que necesita poner en acto. No se trata de conducir, ni de meter nada en el alumno, sino de colaborar a que él mismo (autoeducación) pueda desarrollar lo que ya es. De alguna forma, como decía Platón, “aprender es recordar”, pues todo conocimiento ya era poseído por la persona antes de cualquier experiencia.

Arranca de aquí un estilo no directivo que los renovadores de finales del siglo XIX y principios del XX se arrogaron para su “Escuela Nueva”. El modelo antropológico asociado es el que podríamos llamar “optimista”, muy bien representado en el “buon savage” de Rousseau. El hombre es el “buen salvaje”, que nace bueno por naturaleza, predispuesto al bien, pero es estropeado por la sociedad a través de la educación. La aplicación radical de este modelo llevó a fracasos libertarios famosos como el de Summerhill y su aplicación mediocre e insensata en España nos ha sumergido en la catástrofe educativa que nos ha traído el trinomio LODE-LOGSE-LOE. Porque en este modelo está desterrado el esfuerzo, el sacrificio, la constancia, la memorización, la excelencia, etc. Desde su enfoque radicalmente “psicocéntrico”, se abandona la disciplina académica y todo se centra en la psicología del niño (puerocentrismo). Según ésta, el niño debería aprender sin sufrimiento alguno, todo como en un juego, sin dar un palo al agua, divirtiéndose siempre. Así nos luce el pelo con los informes PISA y otros.

Desde una antropología y una pedagogía cristianas, esta dicotomía que acabo de presentar a grandes rasgos, no existe. El ser humano, ni es radicalmente malo, ni radicalmente bueno. Ni Calvino, ni Rousseau: Jesucristo. El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, posee un diseño original bueno, para la verdad, el bien y la belleza. Pero también es libre. Y en uso de su libertad puede elegir el mal. Y de hecho lo elige. Y haciendo el mal, su diseño original para el bien se debilita, se oscurece. No se anula, ni se corrompe para siempre. Sólo se quiebra como una caña cascada y titila como una mecha vacilante. Pero en Jesucristo muerto y resucitado obtendrá, también bajo condición de asumirla libremente, la posibilidad de ser regenerado, de nacer de nuevo, de recuperar el diseño perdido y realizarse en el bien.

Tal es el optimismo cristiano que, sin perder de vista la necesidad de enderezar lo torcido, de corregir lo erróneo, de conducir al que no sabe caminar, de enseñar aquello que no se sabe, nunca pierde de vista que, junto a la labor educativa humana, hay otra sobrenatural, la del Maestro que forma desde dentro, Jesús. El educador cristiano supera la dialéctica “educare-educere”, no sólo porque alcanza una síntesis entre ambos extremos (lo cual es cierto, ya que para educar hay tanto que conducir, como que “meter en” como que “sacar de”), sino porque se sitúa “más allá”. El educador cristiano es consciente de que es un “asociado”, de que el verdadero “pedagogo” es otro, es Cristo. Reconociendo en su educando el rostro de Cristo, se hinca de rodillas y pide a Dios la sabiduría y la fuerza para llevar a cabo su obra, una obra personal que realiza con cada persona, de la que es mero y admirado servidor.

La fraternidad reconcilia a la libertad y la igualdad

(Ha sido publicado en Análisis Digital el 4-1-2013)

Damnificados por la LOGSE aparte, todos conocemos los tres grandes valores proclamados por la revolución francesa. Tres valores que han sido adoptados como fundamentales por Francia y por una buena parte de la civilización occidental. Se trata de la libertad, la igualdad y la fraternidad (liberté, égalité y fraternité, en su lengua original). Muchos han querido  cambiar la preciosa palabra “fraternidad”, que viene del latín “frater” (hermano), por otra que parece sonar menos a “cirio”: solidaridad. Hasta ahí llega la estulticia laicista. Pero esto es otro tema. Sigamos con esos tres valores clásicos bajo su denominación original.

La “dialéctica” (no uso el término en sentido marxista) entre libertad e igualdad es tema de reflexión, discusión y guerras desde antaño. Desde antes incluso de que se acuñasen esas dos palabras. Conociendo la Historia, parece imposible que ambas realidades puedan llegar a coexistir. Por mucho que se proclamen como valores paralelos, como si de alguna forma caminaran juntos, se empeñan en ser irreconciliables. En un plano especulativo, se pueden inventar todas las síntesis que quieran, pero lo cierto es que su descenso conjunto hacia la vida cotidiana no parece posible: o predomina la libertad, o predomina la igualdad.

Cuando se aboga por la libertad absoluta, por el “laissez faire” sin límite, la igualdad acaba siendo aplastada. Es el modelo liberal radical: dejar que la gente organice su vida, a todos los niveles, como le venga en gana. La iniciativa privada a ultranza. Cuantas menos normas, mejor. Prohibido prohibir. Ni dios, ni rey, ni amo. Cada uno decide todo a su criterio. La ley, el orden, la autoridad, todo eso sobra, todo eso es fascista, repugnante, limita las posibilidades de realización, de promoción. Muy bonito, pero, ¿quién paga esta borrachera de libertad?: Los de siempre, los eslabones más débiles, los menos favorecidos por la fortuna, los menos inteligentes, los menos capaces, los menos sanos. La desigualdad está servida.

Para que exista igualdad, hay que limitar la libertad. Es el modelo socialista o, en su extremo, el comunista: leyes férreas que protejan a los débiles de los fuertes, mucho Estado, mucha Ley y mucha Administración. Predominio de lo público frente a lo privado. Libertad moral, toda la posible, pero cívica, muy poca, porque los pícaros amenazan a la igualdad. Por eso, adoctrinamiento ideológico, policía del pensamiento, presos políticos, consideración de la oposición como disidencia y de la disidencia como enfermedad, Archipiélagos Gulag, campos de “reeducación” en Siberia, espionaje vecinal… Porque sólo una limitación de la libertad impide que unos, los más dotados o los más bordes, progresen más que los otros.

El liberalismo no ha conseguido triunfar con su pretensión de libertad ilimitada y así le luce el pelo. Ha creado tales injusticias y abusos que ha acabado implosionando en una crisis brutal. Tampoco el socialismo ha triunfado en su pretensión de igualdad radical y ya ven las burradas cometidas y las estrepitosas caídas que ha sufrido en todas partes donde no ha admitido algo de liberalismo. Todos los sistemas democráticos modernos quisieran congeniar ambos ideales y alcanzar una síntesis plausible entre la libertad y la igualdad. Al final, la realidad es que los ciudadanos occidentales sentimos una sensación de estafa política generalizada, porque los únicos que de verdad parecen libres e iguales son los miembros de la casta política.

¿No es posible, entonces, un equilibrio, una síntesis, una coexistencia al menos, de tan preciosa pareja de valores? Pues miren, sí, no es imposible. Ignoro quién fue el personaje concreto que ideó tan ilustre trío conceptual, pero fuese quién fuese, hizo una obra maestra. Tal vez conocedor de la difícil solución de la dicotomía “libertad-igualdad”, ya propuso la solución y la colocó dentro de la trilogía: la fraternidad. Efectivamente, ni la libertad, ni la igualdad, como valores aislados, podrían llegar a una síntesis factible. Necesitan otro valor que haga de moderador, coordinador, catalizador y posibilitador. Tal valor es, permítanme que así lo afirme, la fraternidad, que es mucho más que la solidaridad.

La “solidaridad”, con la que se ha pretendido presentar a la fraternidad de una forma descristianizada, es sólo la inevitable realidad humana de que todos estamos vinculados a todos, queramos o no. La especie humana es “solidaria” de hecho, no en un sentido moral, pero sí en un sentido existencial: lo que atañe a unos atañe a todos, porque nos influimos sin remedio unos a otros. Un delincuente seguramente no será “solidario” en sentido ético, pero influye en mi vida, por lo cual forma algo “sólido” conmigo, es “solidario” conmigo en ese sentido. La “fraternidad”, por el contrario, es mucho más que esa condición “sólida” de la raza humana. Añade multitud de connotaciones éticas y morales de mayor calado.

La fraternidad implica una relacionalidad responsable entre las personas. Es lo contrario de la  trágica exclamación que la Biblia coloca en boca de Caín, cuando es interrogado por Dios tras su acto fraticida: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” (Gen 4, 9). Caín se desentiende de su hermano. Tal vez por eso llegó a matarlo, porque ya antes había renunciado a lo que es esencial en el ser humano: el hecho de que todos somos “custodios”, guardianes llamados al cuidado del otro. La fraternidad o hermandad, la condición del ser hermanos, además de apuntar a un origen común (mismo padre y madre), apunta a unas vidas enlazadas y a un destino común. Ser persona es ser celoso cuidador de sus semejantes.

Así es la persona humana y a eso nos referimos cuando decimos que es “relacional”: no sólo a esa condición solidaria fatalista que determina nuestra realidad de dependencia existencial, sino sobre todo al principio ético de responsabilidad mutua. El pecado de la posmodernidad, hijo de la egolatría de la autonomía moral, es el desentendimiento del otro, el individualismo atroz, el vivir desesperadamente para sí mismo, lo cual conduce a la soledad propia y a la de los demás. Una vez el Hombre rompe con Dios, enseguida rompe con el Hombre. Todos quedamos desatendidos, aislados, como “mónadas” incomunicadas e incomunicables, víctimas de un solipsismo terrorífico en un mundo incomprensible y hostil.

Sólo la fraternidad, que parte del reconocimiento de un origen común y nos lleva a compartir un destino común, es capaz de armonizar la libertad y la igualdad sin que ambas realidades sigan siendo íntimas enemigas. La preocupación por el otro, su custodia como hermano mío que es, el amor efectivo hacia el otro (no el mero sentimentalismo afectivo), me inclina a considerarlo un igual y a respetar su libertad. Si amo, puedo ordenar mi propio afán de libertad sin cometer abusos contra la igualdad de todos, a la par que defender mi igualdad sin someter a todos bajo la bota de mi código de leyes particular. El amor, que no otra cosa es la fraternidad, es el factor conciliador que buscamos. Y el amor, por si no lo saben, es Dios.

Elogio de la Palabra en Educación

(Publicado en dos partes, el 24-11 y el 01-12 de 2011 en la Web de la UCV)

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1, 1.3)

El origen de todo es siempre una Palabra: “Dijo Dios… Y se hizo”. Por el contrario, Dios prohíbe las imágenes en el Decálogo. “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra” (Ex 20, 4). Dios mismo se empeña en que la mejor forma de conocerle es la Palabra y parece recelar de las representaciones plásticas e icónicas. No sólo prohíbe imágenes de las cosas del cielo, sino también de las de la tierra. Ha decidido revelarse al Hombre, no por la vista, sino a través de la Palabra.

Tras crear al hombre, Dios le hace pasar por delante los seres vivos que ha creado, para “ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviera el nombre que el hombre le diera” (Gn 2, 19). El creador “traspasa” al hombre su Palabra creadora de significados. Para entender esto, volvamos al Génesis. El “caos y confusión y oscuridad” (Gn 1, 2) que era la tierra se convierte en “cosmos” (orden) cuando Dios pronuncia una Palabra: “Haya luz” (Gn 1, 3). La creación se “organiza” con palabras. Dios crea “cosmos” con su Palabra y el Hombre participa en esa ordenación con la palabra.

La fe viene por la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rm 10, 8). Esta relación con Dios a través de la Palabra es lo cotidiano: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón” (Sal 95). Pero sólo en esta vida, “mientras dura este hoy”, dirá también San Pablo, porque en la venidera, en la vida definitiva y eterna, pasaremos  de la palabra a la visión, a la contemplación directa de Dios. La palabra es para el hombre terrenal, la visión para el hombre celeste. El hombre fue creado “a imagen y semejanza” de Dios. Dios es también “Imagen”. Un día le “veremos” tal cual es.

La palabra, el lenguaje, no es un “añadido” a nuestra personalidad, sino que forma parte de ella, pues la ha conformado. Pensamos con palabras. El lenguaje genera estructuras cerebrales, redes neuronales. “Somos” en un lenguaje determinado. La palabra que puso orden (cosmos) en el caos inicial, es la que pone orden igualmente en nuestro universo interior. Un niño sin palabra no logra constituir su ser personal. Recuerden el famoso caso de Helen Keller y el milagro de Anne Sullivan. La llegada del lenguaje hizo la luz en la mente animalizada de aquella pobre niña sordomuda y ciega.

De ahí la enorme importancia de la palabra que, sin embargo, tiene cada vez menos prestigio y valor en nuestra cultura. “El video mató a la estrella de la radio”, decía una  canción de los 80. La imagen ha ganado la batalla. Nos hemos hecho icónicos. Hasta la palabra escrita está en crisis. Todo se ha hecho digital, virtual. Estamos en el mundo de las pantallas, que vomitan imágenes sin cesar por todas partes, incluso en lo más íntimo de los hogares familiares: televisión, ordenadores, videoconsolas, móviles de última generación… Se añaden sonidos, pero la reina es sin duda la imagen.

Dicen que “una imagen vale más que mil palabras”. La experiencia me dice lo contrario: “una palabra vale más que mil imágenes”. Sólo la palabra edifica a la persona. Lo que pone orden y estructura en el caos de nuestra mente no son las imágenes, que anidan desordenadamente en la memoria visual, sino la palabra, el lenguaje articulado, que lleva consigo un orden y una estructura lógica. También en educación la palabra está  desterrada. Las “nuevas pedagogías” la desprecianLa “clase magistral”, basada en la palabra del profesor, está mal vista, suena a algo retrógrado, pasado, ineficaz.

No es que yo sea enemigo de las nuevas tecnologías, todo lo contrario, me apasionan. Pero rechazo que dichas tecnologías pretendan sustituir definitivamente a la palabra directa “de tú a tú” entre la persona del educador y la del educando. La desverbalización de la educación es para mí una deshumanización de la misma que ha traído y traerá aún más graves consecuencias. Puede haber “instrucción” no presencial (“on-line” se dice ahora), pero no “educación” integral de la persona sin que se establezca una comunicación verbal fluida y cara a cara entre maestro y discípulo.

Hoy preocupa mucho la proliferación de los problemas de atención, de concentración y de razonamiento en los alumnos. El TDAH está de moda. Nadie parece capaz de hallar una etiología y tratamiento definitivos. Estoy convencido de que, entre otras, una de las causas es que los niños pasan excesivo tiempo, incluso en la escuela, delante de pantallas, encharcados de imágenes y privados de la palabra oral y escrita, que construyen y ordenan la estructura mental. Trabajamos con mentes desestructuradas, sin apenas lenguaje. ¿Cómo van a atender, concentrarse o razonar?

Decía Santa Teresa de Jesús que “la imaginación es la loca de la casa”. Imaginación viene de imagen. Las imágenes copan la mente y campan a sus anchas por ella, desviando la atención y dificultando la concentración. Desde hace unos años se habla de “infoxicación”, esa inundación paralizante que nos produce el torrente imparable de información que alcanza a diario nuestra mente. No creo que se trate de contenidos culturales principalmente. Lo que anega nuestro cerebro hasta un límite inaguantable son las imágenes ¿No será esto lo que les sucede a nuestros alumnos?

Además, el razonamiento, el pensamiento ordenado, no se realiza con imágenes, sino con palabras, con conceptos, estableciendo relaciones lógicas entre ellos. No pensamos con imágenes, aunque haya quién asegure que sí. Con imágenes sólo visualizamos,  imaginamos o soñamos, pero no pensamos, ni reflexionamos, ni deducimos, ni inferimos, ni demostramos, ni ninguna otra operación de la razón. Pensamos con palabras. Los profesores nos quejamos de que a los niños, adolescentes y jóvenes les cuesta cada vez más “pensar”. ¿No tendrá este problema la misma causa?

No olvidemos, por último, que toda educación que merezca tal título debe ser un acto de amor. El afecto llega al niño por la palabra de la madre. Tal es la importancia del lenguaje que se sabe que niños criados con todos los cuidados, pero sin que se les dirija la palabra, acaban enfermando y muriendo. Bajo el gobierno del Káiser Guillermo I, se hizo en Alemania un brutal experimento en un orfanato de guerra que confirmó trágicamente esta tesis. La palabra y sólo la palabra nos permite establecer ese imprescindible vínculo entre educador y educando, un vínculo de amor.

Educar es profetizar

Publicado en la Página Web de la UCV el 24-01-2012

Todo educador, sea familiar, profesional o de otro tipo, ha de ser muy consciente de que su forma de actuar, sus palabras, sus gestos, sus actitudes, van a determinar en buena medida aquello que el educando va a ser. Las expectativas que el educador tiene sobre su pupilo, todo lo que quisiera ver realizado en él, pasan fácilmente de las intenciones a los hechos, alcanzando la conciencia del educando en forma de exigencia o proyecto de vida.

Cuando el Apóstol San Pablo, en su  “Himno del Amor”, afirma que “el amor todo lo cree” y “todo lo espera”.  Nos enseña algo de extrema importancia. Lo primero, que Dios es así, nos ama así: creyendo en nosotros siempre, esperando de nosotros lo mejor siempre. La gente que nos conoce bien, si le decimos: “voy a cambiar, no lo haré más”, es corriente que ya no nos crea. “A mí no me engañas más veces, que ya te conozco”, suelen decirnos.

El hecho de conocernos, que es bueno, se vuelve contra nosotros y se hace “malo” porque que ya no confiamos ni esperemos apenas nada de los demás. Dios, sin embargo, nos enseña que el amor, que él mismo, siempre cree en nosotros. Es como un niño pequeño, que cree en lo que se le dice a pies juntillas. Si he cometido una burrada y le digo a Dios que no lo voy a hacer más, se lo cree. Porque el amor todo lo cree. Ese amor nos permite cambiar.

Es difícil que alguien mude de vida, conducta y actitud, o que progrese como persona, si no tiene cerca a nadie que crea en él. Lo primero, que crea en sí mismo. Lo segundo, que alguien para él valioso crea en él. En mis treinta años de trabajo con menores con graves problemas psicosociales, he podido constatar hasta qué punto esto es verdad. Esos adolescentes, con carencias afectivas y baja autoestima, sólo cambian si crees en ellos de verdad.

Esto sucede porque las expectativas del educador sobre el educando, el nivel de logro que espera  ver alcanzado por su discípulo, influyen directamente en su itinerario de desarrollo personal. Tendemos a ser y a hacer aquello que percibimos que esperan de nosotros, aunque no nos lo digan de forma expresa. Porque intuimos que por ello vamos a ser más queridos, aceptados y valorados. Y porque la confianza ajena nos infunde ánimos y fuerzas.

Un niño que, tras desmontar un juguete, es calificado por sus padres como “manazas”, tenderá a serlo y, de seguir así, de mayor será torpe para los trabajos manuales. En cambio, si el mismo niño hubiese sido calificado de “manitas” a la vista de su desguace, es probable que si sigue recibiendo este tipo de mensajes se convierta en un adulto hábil para tareas manuales. Es lo que en Psicología se llama “profecías autocumplidas”, fenómeno muy conocido.

Padres y profesores, en la cotidianidad educativa, expresamos con harta frecuencia lo que esperamos que el niño vaya a ser, lo que nos gustaría que fuera, lo que creemos que llegará a ser. Continuamente hacemos “profecías” sobre su vida. Si profetizamos en positivo, inclinaremos su camino hacia lo positivo. Y viceversa. Todo educador debe cuidar en extremo las profecías que hace sobre sus discípulos, pues éstas les marcarán para siempre.

Siete consejos para ser un buen estudiante

Publicado el 14 septiembre, 2011 en la Web de la UCV

Los consejos que cito a continuación son un resumen en lenguaje actual de las 7 reglas que San Bernardino de Siena, gran predicador franciscano del siglo XV, redactó para los estudiantes de su tiempo. Pese a su antigüedad, estas siete reglas poseen un valor universal e intemporal. Bernardino promete que quién las siga con constancia no tardará en ser una persona de provecho. Veamos en qué consisten, nombrándolas en su idioma original:

  1. Estimazione: Aprecio hacia el estudio en sí mismo, no por sus “salidas de futuro”. Saber apreciar el conocimiento, los libros, los grandes autores del pasado. No se trata de buscar “unos estudios que me gusten”, sino de amar el saber por su valor intrínseco, secundando nuestra innata curiosidad. Quien no siga este consejo será –así lo suelta San Bernardino- “como un cerdo en la pocilga, que come, bebe y duerme”, un “Don Nadie” en la vida.
  2. Separazione: El estudiante debe poner distancia, evitar y renunciar a todo aquello que perturbe lo que en esa etapa de su vida es principal: su aprendizaje. No es una regla fácil. Afecta a las malas compañías, a las lecturas perniciosas, a las supercherías y a los juegos de azar, al uso incorrecto del ocio, a las formas indecorosas u ostentosas de vestir y a algo tan interesante como difícil de discernir: plantearse metas personales elevadas, pero realistas.
  3. Quietazione: Todo estudiante precisa un espacio de sosiego, exterior e interior, para rendir en su trabajo. Para ello, Bernardino propone controlar las pasiones desordenadas que turban el espíritu. Demasiadas juergas, excesivos y poco serios flirteos, odios y juicios persistentes, impulsos ciegos e incontrolados y la innoble pretensión de obtener un título sin esfuerzo, ofuscan la psique e impiden progresar como estudiantes y como personas.
  4. Ordinazione: El consejo más nombrado y menos seguido. Es necesario un orden y una jerarquía en el estudio. Las tareas deben secuenciarse, sin atracones de última hora. El aprendizaje superficial, cogido con alfileres sólo para aprobar, es como un mero enharinado: “Si estás rebozado, que te frían”, ironizaba Juan Pablo I comentando esta regla. Bernardino aconseja buscar el equilibrio psicofísico, comer y descansar lo necesario y actuar “con cabeza”.
  5. Continuazione: Constancia y perseverancia, incluyendo saber levantarse y continuar cuando uno se equivoca. Hay estudiantes “mosca”, que revolotean por el estudio sin detenerse a profundizar en nada. Otros, los estudiantes “abejorro”, se posan algo más, pero sólo para molestar con su zumbido. Los estudiantes “abeja”, en cambio, se paran con calma y liban hasta el fondo cada ocasión de aprendizaje. Sólo estos aprenden y maduran.
  6. Discrezione: Factor de equilibrio de las reglas anteriores. Se relaciona con la virtud de la prudencia y la capacidad de discernimiento. Los consejos anteriormente citados para el estudio deben interpretarse y aplicarse sin extremismos y sin que ninguno de ellos eclipse a los demás. Contiene, además, una llamada a trazarse y lograr objetivos a largo plazo. También descalifica la mera discusión de opiniones como medio para adquirir conocimientos.
  7. Dilettazione: Disfrutar de los estudios. Aprender es una gozada. Pero esto no se siente nada más comenzar el camino. El deleite en el estudio llegará como un premio al esfuerzo y la constancia. Este placer no lo conoce quien no ha sido capaz de obtenerlo, saborearlo a fondo y trabajarlo con empeño y perseverancia. El placer del estudio está garantizado por Bernardino, pero sólo para quienes sigan estos siete consejos con constancia y firmeza.

NOTA: El pensamiento pedagógico de San Bernardino, y en concreto sus casi desconocidas siete reglas para los estudiantes, está siendo objeto de una investigación doctoral por mi parte y espero que en un plazo no muy largo estará su contenido completo a disposición de la comunidad académica y de todos los interesados, en cuanto el trabajo esté terminado, defendido y calificado por las autoridades competentes.

La familia demuestra de lo que es capaz en las crisis

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Comenzaré por una afirmación contundente: si no fuera porque todavía existe una institución familiar potente en España, en estos momentos estaríamos enzarzados en una nueva guerra civil de todos contra todos, una batalla campal repleta de disturbios por la supervivencia. Con la enorme cantidad de personas sin empleo, muchas de ellas ya sin ningún ingreso, el pueblo habría repetido la historia y se habría lanzado con hoces y horcas al asalto de las despensas de los palacios de Versalles. Léase, en términos hodiernos: hipermercados y tiendas, edificios institucionales y las sedes de los partidos políticos culpables (y no culpables).

Sólo hay en el mundo un motor revolucionario más potente que el hambre propia: el hambre de los hijos. Las revoluciones, aunque instrumentalizadas por ideólogos, las han hecho los padres al ver a sus hijos en la miseria, la enfermedad, la inanición y la muerte. Es un instinto salvaje, primitivo, el instinto de protección de la prole. No conoce el miedo, ni límite alguno, ni legal, ni moral, ni de ninguna clase, cuando se hace acuciante y extremo. Esa fuerza movió a los franceses a asaltar la Bastilla, a los rusos a masacrar a los zares, a los mineros ingleses a inventar las huelgas, a hombres y mujeres de todas las épocas y todos los lugares a salir a la calle a la desesperada, para tratar de acabar por la fuerza con la tragedia.

Para ser exactos, son dos los fenómenos que están sujetando el ciclópeo problema de la crisis que sufrimos. Uno es la economía sumergida, como todo el mundo sabe. El otro es la amplia y poderosa red de apoyo familiar, de solidaridad entre parientes, que se ha desplegado por toda la geografía española. Estas redes de apoyo familiar son más fuertes en los países del sur de Europa, como España, Portugal, Grecia e Italia. Quizá por la tradición cristiana católica de casi todos ellos. Los países más al norte, con la institución familiar más débil, ya pueden hacer bien los deberes económicos, porque si llegan a la situación española, reventarán en un estallido de conflictos internos que no podrán detener ni con tanques en las plazas.

Las relaciones familiares casi nunca son fáciles. Los sentimientos amor-odio son frecuentes. Hay crisis en la convivencia de la pareja que fundamenta la familia, dificultades en la relación entre hermanos, conflictos intergeneracionales entre padres e hijos… La convivencia desgasta y pone a prueba cualquier relación. Los vínculos de sangre, no elegidos libremente, a veces resultan cargantes. Todo eso es cierto. Pero, cuando las cosas van mal, cuando hay problemas serios, los lazos familiares saltan como un resorte natural y se ponen en marcha mecanismos de solidaridad sin parangón en la historia de la humanidad. Las posibles diferencias pasan a un segundo plano y la unidad familiar pasa a ocupar la primera plana.

En estos momentos de profunda depresión, en los que cada cual parece ir a su propio interés, la familia está salvando la situación. ¡Cuántas familias con un solo sueldo del cual viven muchas veces incluso un elevado número de miembros! ¡Cuántos padres estirando sus pagas de jubilación para sostener a sus hijos parados en casa! ¡Cuántos hijos pasándose ayudas económicas entre sí o donándoselas a sus padres! ¡Cuántas mesas familiares que han vuelto a reunir a todos los miembros en torno a un plato de caliente! ¡Cuántos préstamos sin intereses entre familiares! ¡Cuánto apoyo moral en medio de la desesperanza!

Viendo estas realidades, uno no sabe si llorar o indignarse ante el menosprecio que infinidad de ideólogos, intelectuales, políticos y otros personajes muestran hacia la institución familiar. Porque la familia solidaria de la que hablo no es la de las “nuevas realidades familiares”, esa nube de todo tipo de asociaciones de personas que se ha apropiado del concepto de familia, sino la de la familia natural, la familia de siempre, con su papá y mamá unidos de forma estable y sus hijos. Una familia que respeta y cuida a sus mayores, que entrena en el apoyo mutuo, que trabaja por su estabilidad aunque a veces le falle, que hace de la convivencia su principal ocupación. Una familia que es escuela de valores de primera necesidad.

Una de las mayores insensateces imaginables es la de atacar a la familia, debilitarla, despojarla de sentido, puentearla, tratar de relevarla. El “divorcio exprés”, la destrucción del concepto de matrimonio, la ideología de género, el aborto, la eutanasia, las asignaturas escolares sectarias, el feminismo radical y otros muchos ataques a la familia son, sin quizá saberlo, ataques al corazón mismo de la sociedad, a la piedra clave que sostiene todo el edificio, al cimiento que sustenta la construcción. El que destruye a la familia destruye a la sociedad, pues priva a ésta del cemento que le da consistencia. Pero, claro, el poder totalitario, que de forma invariable quiere controlar todas las mentes individuales, no soporta a la institución familiar.

Unos, los “evolucionistas”, aseguran que la familia cumplió un papel importante en el pasado, pero que hoy en día es un impedimento para el progreso. Es la teoría marxista, que analizó a la familia a la luz de la “lucha de clases” y acabó condenándola dentro del despreciable saco de las imposiciones burguesas a desmantelar. Son los defensores del “Estado Padre” (que no otra cosa es la utopía del “Welfare State” o “Estado del Bienestar”) que habrá de sustituir a la familia próximamente. En gran parte de Europa casi lo ha conseguido. Ya hemos visto en España a dónde lleva ese delirio socialista: a un Estado quebrado, cuyos pobres están siendo atendidos por las “detestables” familias e instituciones de caridad cristianas.

Otros, los “individualistas”, propugnan un estilo de vida radicalmente egocéntrico, con un falso concepto de la realización personal como proyecto en solitario, que degrada a la familia a los llamados “momentos familiares”, simples caprichos pasajeros del individuo. Las ciudades se llenan de “singles” (solteros) en viviendas para personas solas. Lo importante es la “autorrealización”, la carrera profesional, el triunfo social. La pareja se establece de forma temporal, sin compromiso alguno. Los hijos, cuando se tienen, son un objeto más de consumo para la realización personal. Los “momentos familiares” no sirven para dar fundamento sólido a nada. Esto es lo que está entrando en España como una epidemia imparable.

Pese a todo ello, la familia natural, como todo lo que ha diseñado la naturaleza, se resiste a morir, aunque el depredador humano se empeñe en acabar con ella. Se alza de sus propias cenizas una y otra vez. Y ahí sigue, generando apoyo y esperanza. Si en la mente de los políticos hubiese menos prejuicios y más sensatez, besarían por donde pisa la familia.

27-01-2012: A propósito del tema, agrego este enlace: Los obispos del sur de España resaltan que la solidaridad de las familias está amortiguando los efectos de la crisis.

Por fin se vislumbra el final de la pesadilla de la EpC

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La razón me dicta que la intención de sustituir la EpC por una educación cívica sobre valores constitucionales e instituciones, declarada por el PP en su programa, debe ser tomada con prudencia y no sólo con alegre esperanza. Habrá que esperar a los hechos, tras las elecciones que supuestamente ganarán los populares, para hacer una valoración definitiva. Perfecto. Pero mi esfera emocional no entiende de frenos razonables y estoy desde ayer contento como unas pascuas. Cuando leí la parte del programa dedicada a la educación, su mejor capítulo junto con el dedicado a la economía, no daba crédito a mis ojos y de ellos resbalaron enseguida unas lagrimillas: por fin se vislumbra el final de la pesadilla de la EpC.

Para comprender la emoción que siento, hay que ponerse en la piel de un padre objetor que, además, ha contribuido como ha podido, también como profesional de la educación, a la causa del movimiento objetor. Han sido casi 5 años de lucha de decenas de miles de padres y profesionales voluntarios, una guerra sin cuartel en múltiples frentes, a cada cual más duro: en los medios de comunicación, en las administraciones públicas, en los juzgados y tribunales y, sobre todo, en los colegios. Es en estos últimos donde nuestros hijos se han batido el cobre negándose a entrar en las clases en medio de vejaciones, burlas y presiones a veces insoportables de sus compañeros e incluso de algunos profesores.

La historia recordará a estos chicos y chicas que han sido, junto a sus padres, un ejemplo de ciudadanía activa y responsable, de entereza ante las dificultades y de lucha por los principios y valores democráticos. Hoy, nuestra inmadura democracia es más democrática y más madura gracias a todos ellos. Naturalmente, hay que agradecer al PP que al final se haya decidido a poner con claridad y en programa la reversión de alguna de las tropelías socialistas. Ojalá hiciera lo mismo con la ley del aborto, el divorcio exprés, el matrimonio homosexual y otros muchos dislates socialistas. Decía que hay que agradecérselo a los populares. Pero más aún a los que han sido los protagonistas del combate a pie de calle y escuela.

Sabemos que el PP, cuando quiere, sabe defender unos valores de hondo calado, pero sabemos también que, sin la presión a que le hemos sometido el movimiento objetor, dándole la cascarra por activa y por pasiva para que fulmine ese maldito grupo de asignaturas, tal extremo no iría hoy en su programa. Considero, modestia aparte y sin tapujos, que nos encontramos ante uno de los más importantes éxitos de la participación social de la historia de nuestra democracia. La movilización ciudadana que ha supuesto el movimiento objetor ha sido algo sin precedentes en nuestro país. Más de 50.000 objeciones de conciencia presentadas ante las administraciones educativas parecía algo impensable.

Lo mismo digo de la rápida y gigantesca movilización asociativa, que reunió a padres y profesionales voluntarios en centenares de asociaciones y plataformas por todo lo largo y ancho de la geografía española. Deseo destacar aquí con cariño a la asociación en la que yo he colaborado y luchado, en la que tantos intrépidos amigos han luchado con nosotros y por nosotros sin cobrar un duro: Valencia Educa en Libertad (VAEL). Cómo olvidar las reuniones casi “secretas” con unos refrescos calientes, millones de ideas que compartir y una ilusión bárbara por hacer algo concreto en defensa de nuestros hijos. Cómo olvidar los encuentros de objetores, las charlas a padres, la redacción de notas de prensa y artículos…

Una humilde y hermosa epopeya, digna de un cantar de gesta, que ha demostrado la intachable buena ciudadanía de aquellos que no han querido doblegarse ante la bota totalitaria de esta Educación para la Ciudadanía, sectaria y adoctrinadora, creada por el zapaterismo. Una batalla a la que no todos han querido sumarse con idéntica valentía, en especial alguna entidad que creíamos por definición cercana y amiga, a la que no nombraré y a la que sólo a Dios corresponde juzgar. Una lucha que también ha conseguido aunar algunas asociaciones que al principio parecía imposible que caminaran juntas. Un notable esfuerzo de muchas personas y muchos años, que finalmente deja entrever sus frutos.

A mi familia ya no le afecta directamente nada de esto. Mis hijos, todos ellos, ya están fuera de los niveles educativos donde se imparte la EpC. El que fue objetor y estuvo casi un curso entero sin entrar a las clases de Filosofía y Ciudadanía en Bachillerato, ya está en segundo de su carrera universitaria. El diario completo de todo lo que ocurrió con su objeción de conciencia está guardado en el archivo de este blog. No fue un camino fácil, pero sí decisivo en su educación, ya que aprendió en vivo y en directo lo que es la participación social activa. El otro hijo por el cual objetamos no llegó a cursar la EpC porque pasó a ciclos de formación profesional. Aún así, el fin de la EpC será una fabulosa noticia para nosotros.

Será una fantástica noticia porque supondrá el fin de una pesadilla; porque coronará con el laurel de la victoria a los chicos y chicas que tanto han sufrido por culpa de este capricho de Zapatero; porque será la recompensa definitiva a los esfuerzos de los padres y de los profesionales que tanto les han apoyado; porque demostrará que la participación social de base es posible y eficaz cuando de una causa justa se trata; porque nos hará sentir que tanto trabajo no ha sido en vano; porque las cosas apuntan a que no todo está perdido en política y a que no todos los políticos son iguales; porque la puñetera EpC se nos había atragantado ya de una forma que se había hecho insoportable.

Ahora sólo resta esperar a las elecciones y, si gana el Partido Popular, darle la cascarra a Rajoy para que cumpla pronto y bien el compromiso adquirido en su programa. Espero que el próximo curso escolar la EpC ya sea historia. Si no, nos veremos las caras, D. Mariano. Es muy importante también que el PP tenga mucho cuidado en el diseño de esa nueva “educación cívica” que sustituirá a la EpC. Es de esperar que no se convierta en un nuevo intento adoctrinador, aunque sea de otro signo. Estaremos vigilando, Sr. Rajoy, eso ni lo dude, porque no queremos imposiciones ideológicas de nadie, ni de la izquierda, ni de la derecha, ni del centro. Gracias, Sr. Rajoy, y suerte el 20-N. Esperamos mucho de usted.

La coeducación no tiene nada que ver con la igualdad entre los sexos

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Mi intención no es abogar por un retorno general a la educación separada por sexos, sino plantear una cuestión de libertad asociada a motivos psicopedagógicos básicos. Existen razones técnicas favorables a cada una de las dos opciones. Es decir, no hay un consenso científico definitivo sobre qué modelo es mejor. Menos aún lo hay que demuestre que la educación diferenciada es nociva por algún motivo. Por ello, no estamos ante un axioma pedagógico, sino sencillamente ante una cuestión de libre elección. Los padres, los alumnos, las escuelas, deberían poder optar por cualquiera de las dos posibilidades. Hoy en día, en nuestro país, los centros con educación diferenciada son siempre privados y, por tanto, tal libertad de elección no existe. La coeducación es obligatoria en la práctica.

En España, la dictadura de lo “políticamente correcto” impuesta por los socialistas mantiene casi proscrita, no sólo la educación diferenciada, sino hasta la mera posibilidad de debatir sobre el tema. No sucede así en Europa o en Estados Unidos, donde ésta es una posibilidad educativa tan buena como cualquier otra. En el Reino Unido es una opción muy común y con probados éxitos de rendimiento, muy reconocidos a nivel mundial. En España se ha querido unir la coeducación, de modo indisoluble, a la igualdad sexual. Aunque la Ley no la prohíbe porque no puede, ya que a nivel mundial y europeo está legalmente reconocida y valorada, sí que recibe un “castigo” institucional, negándosele la posibilidad de conciertos a los centros que siguen un modelo diferenciado.

Es cansino el pánico de la izquierda a la libertad, aunque se proclamen paladines de lo contrario. Veamos. Yo, como pedagogo veterano, escogí para mis hijos e hijas un modelo de coeducación, y el mismo hubiera elegido si hubiera tenido a mi alcance la posibilidad gratuita de proporcionarles una educación diferenciada. ¿Por qué? Porque personalmente encuentro más razones para esta opción que para la otra. Pero no tantas como para atreverme a impedir que los padres puedan escoger cualquiera de ambas posibilidades para sus hijos. Insisto: se trata de un problema de libertad de elección, perfectamente enmarcable dentro de los derechos constitucionales (y universales, y europeos) de los padres a la libre elección de centro y a la libre elección del modelo educativo para sus hijos.

Según mi ciencia y mi experiencia, los motivos básicos que me inclinan a preferir el modelo coeducativo son, sobre todo, los relacionados con la naturalidad en la socialización. La educación diferenciada, como luego explicaré, no tiene nada que ver con la igualdad, eso es una estulticia ideológica. Pero sí tiene que ver con la normalidad con la que chicos y chicas se perciben y relacionan entre sí. En los colegios diferenciados, los niños y las niñas tienen mayores probabilidades de desarrollar un conocimiento un tanto “mitológico” del otro sexo, a veces demasiado idealizado, a veces todo lo contrario, y casi siempre “misterioso”. Bien está que el otro sexo mantenga un “toque” de bonito y saludable misterio, pero no que niños y niñas se hagan una idea deformada que luego puede hacerles daño.

En un ambiente de coeducación, tal extrañeza de los miembros de un sexo hacia los del otro suele ser menor. Además, la percepción mutua es más acorde con la realidad y chicos y chicas aprenden a convivir con naturalidad, ahorrándose más de un complejo y problema de socialización. Pero el modelo coeducativo también tiene sus pegas, algunas bastante serias. Antes he afirmado que la coeducación nada tiene que ver con la igualdad entre los sexos. Lo mantengo. Los partidarios de la coeducación enuncian un silogismo simplón y se lo creen a pies juntillas: si se da a niños y niñas una educación igual, fomentamos la igualdad. Pues miren, no, no necesariamente. El asunto es mucho más complejo. Ese burdo argumento se apoya en una premisa mayor que no se dice, pero que está implícita: tratar con igualdad conduce a la igualdad. Demostraré que tal argumento es falso.

Alguien dijo: “no hay mayor desigualdad que tratar a todos por igual”. Tenía razón. Para que todos los jovencitos lleguen a ser iguales es preciso dar a cada uno la atención que requieren sus características individuales. Si tengo un grupo de niños y les aplico a todos idéntico tratamiento, crearé entre ellos profundas desigualdades. En cambio, si tengo en cuenta y respeto sus diferencias personales y les aplico una educación individualizada, les ayudaré a todos a extraer de sí mismos lo mejor que tienen y, en ese sentido, los igualaré. En el caso de la coeducación se cumple esta misma regla. El empeño en tratar a todos por igual puede provocar el efecto contrario al deseado: la desigualdad sexual. La coeducación no sólo no fomenta la igualdad, sino que puede llegar a estorbarla.

Este es mi mayor argumento para no condenar a la educación diferenciada y para considerarla una legítima opción escolar. Además, he de añadir que quienes salen más perjudicadas de todo esto son, paradójicamente, las niñas. Se magnifica la coeducación como práctica esencial para los objetivos de igualdad de la mujer y, sin embargo, la coeducación la pone en mayor peligro que la educación diferenciada. Yo les preguntaría a ustedes: ¿Quién madura más deprisa, los chicos o las chicas? La respuesta está clara. Hay excepciones, pero la regla es que las chicas lo hacen más deprisa. Quizá esto no se note mucho en educación infantil, pero si nos asomamos a un aula de la ESO o de Bachiller es evidente: niñatos con granos todavía dándole al balón, junto a mujeres ya casi hechas y derechas…

Obligar a formarse juntos a alumnos con tan distinto grado de madurez es, cuanto menos, un dilema para pensarlo dos veces. La mayor parte de las desventajas recaen sobre las chicas, que se ven obligadas a ignorar su rápida evolución para adaptarse al ritmo de los chicos, lo cual es un fastidio y una rémora para el logro del máximo de sus potencialidades. Una educación diferenciada no quiere decir que las chicas van a dar clase de costura y los chicos de fontanería, sino que las chicas y los chicos van a poder recibir la atención educativa más apropiada para sus posibilidades y ritmos de aprendizaje. El resultado de esto: un mayor desarrollo formativo de la mujer, es decir, una mayor realización de sus capacidades, una mayor igualdad social y mejores oportunidades profesionales.

No hay que sacralizar la coeducación, por tanto. Tampoco la educación separada. Ambas son opciones con ventajas e inconvenientes y los padres pueden escoger. Los que han asumido la bondad de la coeducación como si fuese una verdad de catecismo deberían no ser tan cafres e investigar un poco sobre el tema, para adquirir un conocimiento más preciso de la realidad antes de liarse a defender su postura a capa y espada. Yo hice esa elección para mis hijos y volvería a hacerla, porque he sopesado los pros y los contras y he llegado a la personal conclusión de que vale más la pena asumir las desventajas de esta alternativa que las de la contraria. Pero he de romper una lanza a favor de la libertad de elección de los padres, que deben hacer su propia valoración y elección.

La EpC y la primacía educativa de los padres

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Llevamos años de lucha contra la imposición ideológica perpetrada por el PSOE a través del grupo de asignaturas de Educación para la Ciudadanía, creado por la LOE y desarrollado por los subsiguientes Reales Decretos, en los cuales se deja ver con claridad toda la carga de fondo que han pretendido colar y de hecho han colado en la educación española. Un adoctrinamiento ético y moral que supone una intolerable invasión estatal en el terreno de las actitudes y los valores de los alumnos. Una intromisión propia de regímenes totalitarios con la tropelía añadida de negar a los padres la objeción de conciencia y la posibilidad de obtener una exención de la asistencia y evaluación de sus hijos. Pese a que la mayor parte de los juzgados y tribunales que han resuelto en primera instancia nos han ido dando la razón, ya se ha encargado el Gobierno de que los bloqueen los más altos tribunales, a los que llega implacable su influencia política en este país que hace tiempo echó a Montesquieu de la cosa pública.

Ha pasado el tiempo y las avanzadillas del movimiento objetor ya llegaron, en parte gracias a la inhibición del Tribunal Constitucional (cuya doctrina antecedente reconoce que el derecho a objetar se deriva directamente del texto constitucional, sin necesidad de mayor regulación), al Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea en Estrasburgo. Mientras esperamos su decisión, que podría marcar un hito decisivo si, como es de justicia, fuese favorable a los derechos de los padres, nuestro Tribunal Supremo ha continuado denegando la objeción en todos los recursos que le van llegando, emitiendo sentencias con muy pequeñas variaciones sobre el argumento salomónico y temeroso que emitió en la primera.

Ahora nos encontramos ante unas nuevas elecciones generales, en las que es previsible un cambio de gobierno y aritmética parlamentaria. Sabiendo que el Partido Popular puede ganar, los objetores y las personas de buena voluntad conscientes de la maldad de la EpC hemos orientado nuestro punto de mira hacia Mariano Rajoy, esperando un compromiso en relación con su antigua promesa de eliminación de la EpC. Por el momento, y pese a diversas declaraciones de hace unos años en las que el líder popular aseguraba que fulminaría este grupo de asignaturas cuando llegase a gobernar, no hemos conseguido un compromiso claro, como tampoco lo hemos logrado en temas tan graves como el aborto y otros muchos. A pocas semanas de las elecciones, tal vez sea necesario recordar, a los españoles y a los políticos que se presentan a los nuevos comicios, los motivos por los cuales pedimos con tanta insistencia que alguien acabe de una vez con la Educación para la Ciudadanía, ya que es posible que muchos los hayan olvidado y que otros tantos todavía no sepan de qué va la cosa.

Lo primero que ha de quedar muy claro es que no se trata de un tira y afloja entre la derecha, o la iglesia, y los socialistas que gobiernan, por mucho que estos últimos quieran presentar así la cuestión. Es algo mucho más grave y que debería preocupar seriamente a todos y cada uno de los ciudadanos españoles, incluyendo a los socialistas, si es que son demócratas de verdad. El problema fundamental es que un gobierno, en representación del Estado, ha vulnerado descaradamente un derecho humano fundamental que tienen los padres: el derecho a decidir el tipo de educación que han de recibir sus hijos, especialmente en sus aspectos éticos y morales. Un derecho humano fundamental, no un invento de la derecha o de la Iglesia. Un derecho que, como veremos en los textos normativos que transcribo más adelante, ha sido reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en nuestra Constitución Española e incluso en la LOE, Ley Orgánica de Educación elaborada por una cámara legislativa de mayoría socialista. Un derecho “fundamental”, es decir, inherente a las personas por el mero hecho de ser personas, y por tanto intocable, inviolable, prioritario.

Veamos cuáles son estos textos normativos:

a) Declaración Universal de los Derechos Humanos. Artículo 26, 3: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

b) Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Artículo 14, 3: “Se respetan, de acuerdo con las leyes nacionales que regulen su ejercicio… …así como el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”.

c) Constitución Española. Artículo 27, 3: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

d) LOE. Disposición final primera: Modificación de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación. 1. El artículo 4 de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación, queda redactado de la siguiente manera: “1. Los padres o tutores, en relación con la educación de sus hijos o pupilos, tienen los siguientes derechos:… c) A que reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones… e) A participar en el proceso de enseñanza y aprendizaje de sus hijos. f) A participar en la organización, funcionamiento, gobierno y evaluación del centro educativo, en los términos establecidos en las leyes. g) A ser oídos en aquellas decisiones que afecten a la orientación académica y profesional de sus hijos”.

Como pueden comprobar en los textos, la primacía educativa de los padres es un derecho reconocido a nivel universal, europeo y nacional. Nadie, aunque haya llegado al poder mediante un procedimiento legítimo, está legitimado para violar tan importante derecho. La EpC impone una línea ideológica concreta –la del gobierno de turno– sobre temas que suscitan controversia moral en la sociedad española. Eso no es legítimo para ningún gobierno. Todavía menos legítimo es denegar el derecho a la exención de conciencia (no digo “derecho a la objeción” porque nadie puede prohibir a nadie objetar asumiendo las consecuencias injustas; lo que sí necesita autorización es que los hijos queden exentos de EpC) a los padres que consideren que su derecho a escoger el tipo de educación que desean para sus hijos está siendo vulnerado. Les guste o no les guste, los gobernantes han de acatar la voluntad de los padres en este terreno, en el que la familia es soberana, y no porque lo diga el Papa, sino porque lo dice la Ley.

La desconsideración o el gran pecado de la posmodernidad

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Es muy posible que el título de este artículo sorprenda por su aparente inocencia. ¿Cómo va a ser la desconsideración el gran pecado de la posmodernidad, habiendo como hay tragedias tan espantosas provocadas por el hombre? ¿Acaso la violencia, las guerras, la pobreza extrema, el hambre por injusticia, el tráfico de órganos, la trata de blancas, la prostitución infantil, el aborto, el negocio de las drogas y otras muchas salvajadas no son los verdaderos grandes pecados de la humanidad posmoderna? Pues sí, lo son, pero todos son hijos de otros pecados, mejor aún, de otro pecado: la desconsideración. Si quiero seguir por este camino argumental, tendré que abordar ya la tarea de definir qué entiendo por “desconsideración”.

Dicho término sería un sinónimo de egoísmo si no fuese de tan baja ralea. La desconsideración es el egoísmo barato, descamisado, pobre de solemnidad, un egoísmo ramplón y rastrero que poco y malo dice del “ego” de quién lo ejerce. El hombre posmoderno, a base de tanto centrar la existencia y el mundo sobre sí mismo, hace tiempo se ha salido del antropocentrismo filosófico iniciado en el Renacimiento, entronizado por el Iluminismo francés y vulgarizado a lo largo de toda la modernidad. Tanto mirarse el ombligo le ha creado una deformidad, una cifosis moral cada vez más acusada que le ha acostumbrado a una suerte de antropocentrismo práctico desde el cual el otro, el prójimo, llega a pasar totalmente desapercibido.

Es el pecado de Caín, pero no el de haber matado a su hermano Abel, sino aquel terrible desdén que se expresa en labios del asesino cuando contesta a Dios con la más espantosa frase jamás pronunciada por un ser humano: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. Es decir: ¿A mí que me importa dónde está, cómo está o qué le pasa a mi prójimo? No es problema mío el sufrimiento del otro. Mi problema es mi propia vidilla, mi propio bienestar, no me fastidies con preocupaciones por el otro, que ese es su problema, no el mío. Es la destrucción de la empatía, del alegrarse o padecer con el otro, el desmantelamiento de las líneas de fuerza que sostienen el tejido social, el remate de lo poco que quedaba de amor en este mundo que mató al Amor.

Como decía, es una forma de egoísmo rastrero, devenido en deprimentes conductas de desapego y desentendimiento del bienestar ajeno. Se advierte tanto en aquel que es capaz de secuestrar a un niño y sacarle los órganos en vivo para venderlos al mejor postor, como en aquel que escoge materiales baratos para construir un puente con menor coste del presupuestado, como en aquel que rompe una botella de cerveza y deja los vidrios esparcidos por la arena de la playa donde juegan los niños. Es un pecado común al asesino consciente y al que lo es por negligencia, porque le importan un pito sus semejantes. Se visibiliza en grandes tragedias y en pequeños hechos cotidianos, como el de ese conductor que aparca ocupando dos o tres plazas a la vez.

Citaré algunos otros ejemplos de este egoísmo de poca monta que he llamado desconsideración. Es el pecado del que adultera los alimentos que fabrica o vende con sustancias de dudosa calidad sanitaria, el de aquel que corre a cerrar la puerta del ascensor y sube él solo sin esperar a otros vecinos que se acercan, el de aquel que pasea con su perro suelto dejando que se encarame y lama a los viandantes y encima los insulta si alguno protesta, el de aquel que arroja la basura de un picnic en medio del campo, el monte o la playa, riéndose de los que la arrojan al contenedor, el de aquel que se cuela tranquilamente en una cola en la que todos llevan horas esperando, el de aquel que, cuando usa un WC público, lo deja inutilizable para los demás…

A veces, estas conductas parecen ser sólo una falta de educación, de urbanidad. De eso nada. Es una total ausencia de pensar en el otro, en su malestar o bienestar. Es vivir como una apisonadora, ocupada la mente sólo en despejar el propio camino de obstáculos, sean personas, animales o cosas. Es una versión chatarrera del vivir para uno mismo, pasando olímpicamente de todo lo que no sea yo, yo y yo. Es el fracaso final del amor, de la solidaridad, de la fraternidad. Es el último escalón hacia el oscuro pozo de la soledad ontológica: el otro no cuenta, el otro no vale, el otro no existe, “que le den” al otro… Sólo existo yo y nada más que yo. Es el triunfo del solipsismo, todos somos mónadas aisladas e incomunicadas. Es el infierno en la Tierra.

La desconsideración generalizada está en el origen de la crisis económica y global que padecemos, así como en el de todas las catástrofes humanitarias que amenazan con asolar a la Humanidad. La salida a este callejón pasa por un cambio total de dirección, por una metanoia radical, por una conversión global, que permita al hombre darse la vuelta desde sí mismo hacia del otro, volver a alzar la mirada hacia el otro, salir de sí mismo y caminar hacia el otro, volver a considerarse “guardián del otro”, custodio del otro, próximo al otro, hermano del otro. La materia educativa más importante en este siglo recién estrenado es, sin ninguna duda, la “consideración” hacia los demás. Es la única base que puede llevarnos algún día a la solidaridad y al amor.

¿Cuándo acabará la pesadilla de la EpC?

 

Publicado en Análisis Digital
Publicado en Forum Libertas

Es que no hay forma. Ni con los socialistas, ni con los populares. Da igual que el Sr. Rajoy haya manifestado en público que, si llegaba a gobernar, eliminaría la EpC de los currículos escolares. Lo dijo al menos en dos ocasiones, cuando el movimiento objetor estaba en plena efervescencia y seguramente le convenía tenerlo de cara. En estos momentos, el movimiento sigue vivo, aunque su lucha se centra más en los altos tribunales que en los medios de comunicación. Los objetores todavía exigimos una respuesta legal adecuada a nuestra demanda y esperamos que ésta llegue. Al menos desde Estrasburgo.

Continuamos pidiendo una solución porque nos parece tan intolerable como siempre que el Estado se entrometa en la formación moral de nuestros hijos, menos aún inculcando particularismos ideológicos y actitudes al gusto del gobierno de turno. Lo mismo nos da si tal gobierno es socialista o cualquier otro. Aún creemos en el derecho constitucional de los padres a escoger la línea en que han de ser educados sus hijos. Es un derecho fundamental, sin el cual no existe la libertad, ni la democracia. Esto ha de quedar absolutamente claro: no queremos una EpC de Zapatero, pero tampoco la queremos de Rajoy.

Dice ahora el líder popular que modificará los contenidos de la EpC, o sea, que no la quitará. Igual que decía el PSOE: que sólo dejarán los temas sobre la Constitución, Unión Europea, etc. ¡Que no, que no y que no! ¿Dejar en manos de los políticos la selección de los contenidos de una materia que se inmiscuye en la moralidad? ¡Ni en broma! Los políticos que se preocupen de la calidad de la enseñanza, que da vergüenza en España, y que dejen a los padres ocuparse de lo que les corresponde. ¿Acaso D. Mariano ha descubierto ahora el poder fáctico que conlleva manipular la educación obligatoria?

Espero que no, que no se les haya subido el poder a la cabeza antes de ejercerlo y que no estén pensando en semejante fechoría como los socialistas. La tentación totalitaria siempre planea sobre la cabeza de los políticos, o lo que es lo mismo, la erótica del poder con facilidad lleva a los gobernantes a abusar del mismo. Sin descartar que exista en los populares una estúpida dosis de triunfalismo anticipatorio hacia el 20-N, un torpe ejercicio del cuento de la lechera, creo que a Rajoy le siguen moviendo razones más tontorronas, ese miedecillo de sus complejines electorales de siempre.

Continúa el PP a la deriva, sin atarse a principios claros por convicción y no sólo por conveniencia. Les cuesta definirse, mojarse con unos valores, con pánico a parecer demasiado fachas o demasiado progres. Se autodenominan “de centro”, como si tal cosa fuese algo más que un simple eufemismo de la mediocridad, la medianía y la falta de compromiso. Ahora ya no les interesa tener contentos a los que nos oponemos a la EpC, ni tampoco a sus defensores. Un arreglito es lo que pretenden, como siempre. Pues no, los padres objetores no nos conformamos. Ya es una cuestión hasta de honor.

La EpC tiene que desaparecer. Los temas sobre la Constitución y la Unión Europea son de Ciencias Sociales y no requieren asignaturas específicas para tratarlos. Mucho menos unas materias que incurren en terrenos de actitudes morales. Si quieren que a la escuela vuelva la enseñanza de pautas de comportamiento cívico, que se rescate la antigua “urbanidad” y que los niños aprendan reglas básicas de buena educación y cortesía. Son cosas que deben enseñarse en casa, pero no estaría mal que en la escuela se reforzasen este tipo de aprendizajes. Pero adoctrinamiento sectario, ni hablar.

Así que, Sr. Rajoy, no se confíe tanto con su prevista victoria y vaya teniendo en cuenta las demandas de los ciudadanos liberales y conservadores, que son quienes les votan. A ver si tratando de esquinarse para repescar algunas papeletas de la gente que votó al PSOE, se quedan sin su bolsa natural de votantes. No se equivoque de caladero, D. Mariano, que no se puede siempre nadar y guardar la ropa. Para muchos de nosotros, la eliminación de la EpC es ya casi una bandera de identidad a la que no vamos a renunciar jamás.

No se meta en arreglitos con este maldito grupo de asignaturas. No queremos que retoquen los currículos como a ustedes les parezca bien. Somos muchos los que hemos sufrido, junto con nuestros hijos, para llevar adelante arduas objeciones de conciencia. Somos muchos los profesionales que hemos estado colaborando desinteresadamente para ayudar a las familias en estos follones y peleas. Queremos que se ponga en su sitio ya de una vez y borre del mapa la  EpC de manera integral y para siempre.

Demuestre usted, Sr. Rajoy, que posee una talla moral superior a la de sus adversarios políticos y mantenga la palabra dada. No acuse a los socialistas de mentir y luego mienta usted. Si prometió que eliminaría la EpC, ¿por qué ahora dice otra cosa? ¿Va a contribuir usted a que la palabra política vuelva a inspirar confianza, o todo lo contrario? Déjese de chorradas y prometa en firme y en programa que va a derogar la EpC sin más reparos. Queda escrito que los padres objetores no votaremos a quién no nos libre de esta pesadilla.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud: un don de Dios para los jóvenes

 

(Publicado en Análisis Digital el 27-07-11)

(Publicado en Forum Libertas el 19-08-11)

(Publicado en Las Provincias el 15-08-11)

¡Cuántos regalos ha dado Dios a la Iglesia y al Mundo a través del Beato Papa Juan Pablo II! La misma persona de Karol Wojtyla ya fue un extraordinario don. Sus obras surgieron como un caudaloso manantial desde su enorme personalidad, firme y libremente atada a la voluntad de Dios. Obras algunas de tal magnitud que no es posible entender la historia del final del siglo XX e inicio del XXI sin conocer a fondo su figura y su legado. Una herencia de valor incalculable para los católicos y para todos los hombres de buena voluntad. De entre todos estos presentes, quiero destacar uno que me emociona de manera muy especial: las Jornadas Mundiales de la Juventud.

El origen de las JMJ se remonta al Domingo de Ramos de 1984, Año Santo de la Redención, fiesta en la que Juan Pablo II se reunió en Roma con 300.000 mil jóvenes de todo el mundo, que fueron alojados en 6.000 casas particulares de familias de Roma y alrededores. A aquel primer gran encuentro se le llamó “Jubileo Internacional de la Juventud”. A él asistieron el Hermano Roger, fundador y prior de la comunidad ecuménica de Taizé, que moriría en 2005 tras ser apuñalado por una enferma mental justo el día en que se iniciaban las JMJ de Colonia (Alemania), y la Madre Teresa de Calcuta. Fue entonces cuando el Papa regaló a los jóvenes la cruz de madera que preside todas las jornadas.

El año siguiente, 1985, fue declarado por la ONU “Año Internacional de la Juventud”. El Papa organizó otro encuentro mundial de jóvenes el Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro, al que acudieron de nuevo unos 350.000 jóvenes. Juan Pablo II, después de este evento, instituyó la “Jornada Mundial de la Juventud” con cadencia anual. La primera tuvo lugar al año siguiente, 1986, en Roma. Desde entonces se celebra de forma ordinaria el Domingo de Ramos de cada año, en todas las diócesis. Tras las JMJ de 1987 (Buenos Aires, Argentina) y 1989 (Santiago de Compostela, España), las jornadas se ampliaron a varios días, con celebraciones y catequesis preparatorias, etc.

Desde aquel encuentro en Santiago, el primero al que tuve la suerte de acudir acompañando a un grupo de 200 jóvenes valencianos, el Papa Juan Pablo II implantó la costumbre de intercalar entre las JMJ ordinarias de los Domingos de Ramos, una jornada especial cada dos o tres años, que se convoca cada vez en un país distinto. Así vinieron las impresionantes JMJ de 1991 en Czestochowa (Polonia), de 1993 en Denver (Colorado, EEUU), de 1995 en Manila (Filipinas), de 1997 en París (Francia), del Jubileo del año 2000 en Tor Vergata (Roma, Italia) y de 2002 en Toronto (Canadá), la última en la que pudo participar Juan Pablo II antes de pasar al Padre.

Benedicto XVI recogió el testigo y continuó esta obra de su predecesor, celebrando la ya convocada JMJ de 2005 en Colonia (Alemania) y la de 2008 en Sídney (Australia), donde anunció que la siguiente Jornada sería en Madrid (España) del 16 al 21 agosto de 2011. Un apasionante camino alrededor del globo terráqueo en el que ambos Papas han sido acompañados en cada una de las estaciones por millones de jóvenes, protagonizando fabulosos espectáculos de buena convivencia, alegría y civismo que han asombrado a las autoridades de todo el mundo. Una imagen renovada y esperanzadora de la Iglesia, repleta de jóvenes cristianos intrépidos y entusiastas.

No he tenido la fortuna de vivir como “joven” ninguna de estas JMJ, pero sí las he vivido como padre de seis hijos que han acudido a diversas jornadas y como catequista acompañante de los jóvenes de mi parroquia en tantas otras. Los beneficios para los jóvenes son incontables: se refuerza su fe y su sentido de pertenencia eclesial, se establecen relaciones de amistad rompiendo fronteras, se tiene la experiencia de no estar aislado ni ser algo raro por ser católico gracias a convivir con millones de jóvenes creyentes, se amplían los horizontes culturales viajando por todo el mundo y un largo etc.

Como padre y catequista nunca podré dar suficientes gracias a Dios, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI por habernos brindado la ocasión de vivir tales experiencias. También como persona, pese no haberlas vivido como joven, he de agradecer los múltiples beneficios que me ha reportado acompañar a los jóvenes a estas JMJ. No ha sido fácil soportar las interminables jornadas en autocar, las noches al raso tratando de conciliar el sueño en un saco de dormir, las tremendas caminatas hacia los lugares de encuentro… Pero la recompensa ha valido la pena con creces. He vuelto siempre hecho fosfatina, pero alegre y feliz como unas pascuas de todas las JMJ que he vivido.

Encontrarse con el sucesor de Pedro, con “el dulce Cristo en la Tierra” como llamaba al Papa Sta. Catalina de Siena, más aún en compañía de esa savia nueva de la Iglesia que son los jóvenes, ha sido siempre una experiencia fantástica. Una vivencia que ahora todos tenemos la oportunidad de repetir, o de experimentar por vez primera, este mes de agosto en Madrid. Todos los que tengan una salud potable, porque me temo que la mía no me va a dejar asistir. Pero no por ello puedo dejar de alzar la voz: ¡jóvenes!, si habéis ido a encontrarnos con el Papa a los cinco continentes, ¿cómo no acudir en esta ocasión, que los españoles tenemos tan, tan cerquita?

Si aún no te has inscrito, todavía estás a tiempo. Puedes hacerlo a través de tu Parroquia o Diócesis, a través de tu movimiento o grupo eclesial y de muchas otras formas. Visita la página Web dedicada a estas Jornadas (http://www.madrid11.com/es/inscribete). ¡Ánimo, que nada ni nadie te impida acudir a este fabuloso encuentro! Lo necesita la Sociedad, porque ha vuelto las espaldas a Dios y así le luce el pelo; lo necesita la Iglesia, para mostrar su rostro joven y vivo al mundo; lo necesitas tú, para fortalecer tu fe, esperanza y caridad. Jesucristo mismo te espera en Madrid, cargado regalos que llevan tu nombre. A ti te digo, joven: ¡Levántate y camina! ¡Todos a Madrid!

El ocaso de la Unión Europea

 

(Publicado el 18-07-11 en Análisis Digital)

(Publicado el 22-07-11 en Forum Libertas)

 

Estoy absolutamente convencido de que ninguna riqueza del mundo puede ayudar a que progrese la humanidad. El mundo necesita paz permanente y buena voluntad perdurable.

(Albert Einstein)    

 

Quien escribe estas líneas fue del numeroso grupo de personas que se alegró e ilusionó con el proyecto de una Europa unida, prometedora y hermosa primicia de un futuro Mundo unido. Una idea, una de las poquísimas que comparto levemente con los padres del defenestrado comunismo, Marx y Engels, es su internacionalismo –recuerden aquello de “yo soy ciudadano del mundo”– aunque sus bisnietos ideológicos, huérfanos de de ideas, caminan en sentido contrario y se abonan, por espurios intereses de supervivencia política y aritmética parlamentaria, a anacrónicos y apolillados proyectos de división y secesión.

La Unión Europea, pese a su mal nacimiento a partir de alianzas anteriores eminentemente crematísticas, como las antiguas CEE, CECA y Euratom, podría haber sido una magnífica idea si sus necios constructores hubiesen comenzado tamaña edificación cavando hondo para poner los cimientos que nos unen, en vez de empezar por la caja de caudales. No me vayan a confundir “necio” con “ignorante”. Alguien puede ser ignorante por no haber podido recibir formación, sin tener nada de necio, y viceversa. La necedad es una forma de ignorancia que conlleva culpabilidad, pues consiste en no saber lo que se debe y puede saber.

A esta recua de necios fundadores, en vez de comenzar tamaña empresa examinando nuestras raíces comunes y el sustrato cultural que nos identifica y unifica, construyendo la incipiente Unión Europea sobre sólida roca, no se les ocurrió mejor idea que iniciar la andadura del nuevo proyecto otra vez con el dinero. Inventaron el euro, que cada día revela más su secreta identidad de nuevo “super-marco” alemán, con la promesa de todo tipo de parabienes y con la inconfesa pretensión de competir con el dólar USA. ¡Pretendían unir países a partir de la moneda! ¡Hay que ser patán! ¿Cuándo el dinero ha servido para unir a alguien?

El dinero o, mejor dicho, el afán por amontonarlo o codicia, es la raíz de todos los males, como bien advirtió San Pablo a su hijo espiritual Timoteo (I Tim 6, 11). No creo que el lector ignore que detrás de todos los problemas mundiales, nacionales, regionales, locales, familiares e incluso personales siempre está, en mayor o menor medida, el “poderoso caballero” haciendo de las suyas. ¿Cuál creen que es la causa de las guerras, del hambre, de las injusticias, de la destrucción ecológica, de las drogas, de la prostitución, del juego sucio político, de gran parte de los infiernos familiares e incluso de muchos conflictos psicológicos?

El sistema capitalista, como en su día el comunista, se cae a pedazos. La “crisis económica” cuya existencia primero nos ocultaron, luego nos negaron, después nos suavizaron y ahora nos han arrojado en la cara sin que el panorama ofrezca signos claros de acabarse en muchos años, no es más que el sarpullido que delata la existencia de una grave enfermedad, una epidemia planetaria de leucémica ausencia de valores, provocada por la descalificación de la razón moral, por la convicción práctica extendida en miles de millones de conciencias de que la existencia no tiene sentido alguno y, por tanto, tampoco orden ético alguno.

La Unión Europea se muere. Tiene los días contados. Y su verdugo va a ser, mire usted por dónde, el mismo factor que quisieron poner como cimiento: la economía. El dinero no tiene piedad ni misericordia, es implacable. Es una máquina de sueños que espera su oportunidad para pasar su terrible factura. Es el dios de este mundo. No es posible servir a dos señores, no es posible servir a Dios y al dinero. Todo el que adora a este ídolo y lo coloca como centro de su existencia se vuelve como él: frío e insensible, mentiroso, ladrón y asesino. Se ha construido una civilización sobre arena y se derrumba. Europa ha intentado unirse, pero ha escogido un mal pegamento. La U.E. comenzó por el euro y morirá por el euro.

Diez años haciéndonos oír

 

Una sociedad va madurando conforme las personas que la componen son más conscientes de su papel dentro de ella, de la fuerza individual y colectiva que poseen para cambiar las cosas y de la necesidad de participar y colaborar en cuanto en ella sucede. Hoy podemos decir que la sociedad española está madurando, por muy joven que sea todavía su régimen democrático. Lo podemos afirmar, porque la participación social de base ha ido aumentando de modo exponencial a lo largo de la última década. Comienzan a ser muchos los ciudadanos que no vemos saciada nuestra sed democrática tan sólo acudiendo a votar cada cuatro años, sino también participando de una forma más directa en el ámbito sociopolítico.

Las plataformas sociales se multiplican y tienen una voz cada vez más destacada e influyente en las decisiones de los políticos, que siguen haciendo lo que les da la gana, pero no tanto, pues han topado con una fuerza de control con la que no contaban. Acostumbrados a una ciudadanía borreguil fácilmente manejable, los políticos se han dado cuenta de la potencia de las nuevas iniciativas de base social y tratan de bloquearlas, ponerlas bajo su control o incluso crearlas adrede para servir a sus intereses. Un caso de esto último es el del “movimiento” que se ha querido llamar de “indignados”, ese confuso collage de grupúsculos “antisistema” que plantaron su variopinto campamento en la Puerta del Sol de Madrid.

En el otro extremo, en el de la libertad y la independencia, encontramos a Hazteoir.org, una de las plataformas sociales mayores y más influyentes de cuantas existen en España. Cuando Internet comenzaba a extenderse rápidamente por todo el territorio español, un pequeño grupo de personas comprometidas con sus deberes y derechos sociales crea una página Web desde la cual se puedan expresar las voces que los políticos quieren silenciar o prefieren no escuchar. Decididos a hacerse oír más allá de lo políticamente correcto o incorrecto, abren un espacio de expresión, diálogo y participación sin precedentes en nuestro país. A día de hoy, España no sería la misma sin la intervención de Hazteoir.org en la vida pública.

Viendo el avance del neototalitarismo socialista-laicista, a lomos del proyecto de Zapatero, al que le falta muy poco para terminar su terrorífica obra de demolición de toda una cultura, podría pensarse que hablar de triunfos de la participación social liberal es mero triunfalismo vacío de contenido. No es así. Hazteoir.org, junto a otras entidades, además de pequeños triunfos alcanzados por sus famosas “alarmas”, han conseguido un objetivo titánico, dificilísimo en un medio hostil y autocrático: mantener vivo el diálogo, el cuestionamiento público de los diversos temas que muchos politicos quisieran haber cerrado ya de un carpetazo: aborto, eutanasia, libertad religiosa, libertad de enseñanza, libertad de expresión, etc.

Desde esta atalaya se han promovido un sinnúmero de acciones que mantienen vivo y visible el debate sobre todos estos asuntos. ¿Qué español piensa hoy en el aborto sin sentir al menos un cierto picor en la conciencia y sin que le vengan a la imaginación unos globos rojos en forma de corazón que ha visto en alguna parte? Hazteoir.org ha colaborado durante una terrible década a mantener la brecha abierta, a despertar las conciencias, a fomentar el debate, a impedir que los políticos actúen pasando inadvertidas sus fechorías, a evitar que las libertades fundamentales sean arrasadas sin resistencia. Sin ésta y otras plataformas de base social, España sería hoy menos libre, menos consciente y menos democrática.

Muchas gracias, Nacho Arsuaga y compañía, por haber creado HO y haberme acogido en él durante los últimos años de su andadura. No sabéis cuánto siento que la salud me haya impedido acudir a Madrid para celebrar el cumpleaños con todos vosotros. ¡Muchas felicidades a todos!

El socialismo laicista es el opio del pueblo

(Publicado en Análisis Digital y en Forum Libertas)

El marxismo calificó la religión como “opio del pueblo”, alegando que ésta, con su promesa de un “más allá” -con premio incluido para los sumisos- conduce a la gente a desentenderse del “más acá” y a someterse sin protestar al alienante dominio de las “clases opresoras”. Es extraño que el filósofo alemán Karl Marx, que nació en una familia numerosa judía, descendiente de una larga saga de rabinos, mostrase tanta incultura religiosa. La lectura marxista de la realidad, desde su materialismo dialéctico e histórico, todo lo centra en la “lucha de clases”. Derivando desde la filosofía hasta la ideología, hizo un cerril absoluto de su visión particular de las cosas y se empecinó en mirar a través de ese cristal ahumado todas y cada una de las realidades humanas.

La “lucha de clases”, comenzó siendo un esquema supuestamente explicativo e inspirador de la acción sociopolítica frente a las relaciones de producción y las estructuras de poder alienantes, pero pronto extendió su croquis simplón y sugerente al análisis de la religión, la familia, la filosofía e incluso “el Estado”. Todo fue interpretado con la misma clave, concluyendo que todas estas realidades no son más que otras formas de alienación, como las relaciones de producción, ideadas por algún tipo de opresor para someter a otros a su antojo. Los erróneos y hoy ya defenestrados argumentos marxistas menguaron, de la mano de Lenin y Stalin, hasta rebajarse a un mero cajón rojo repleto de consignas, lemas, arengas y demás parafernalia panfletaria.

La religión, el más potente elemento cultural conocido por la Humanidad, fue una de las primeras realidades en sufrir la crítica marxista y la apisonadora estalinista. A través del cristal monocromo de la “lucha de clases”, fue calificada como otro instrumento de alienación de los proletarios en manos de los poderosos, un montaje ideado por los opresores para desmovilizar al pueblo mediante el conformismo. Es lo mismo que Marx y Engels hicieron con la institución familiar: leerla desde su esquema, aborrecerla y tratar de borrarla del mapa. Desde entonces, el acoso y derribo a la familia natural es una constante del socialismo laicista radical, que siempre procura sustituirla por estados padre y madre con acceso directo a las mentes individuales.

Antes de seguir, creo de justicia reconocer que, observando la forma en que muchas personas vivían y aún viven su religión, una parte de razón no les faltaba a los padres del marxismo. Cuántos cristianos, por ejemplo, han menguado la gigantesca fuerza transformadora de Jesucristo en una suerte de pietismo particular, tan estupefaciente como una adictiva droga. La Iglesia Católica reconoce la paupérrima forma con la que muchos católicos viven la ubérrima fuente de vida que mana de la Muerte y Resurrección de Jesucristo. Por eso, los cuatro últimos Papas se han empeñado en reevangelizar el mundo comenzado puertas adentro, por los propios fieles, que demasiadas veces acuden a misa por un simple cumplimiento vacío de contenido, por mera superstición o para escapar de la realidad que deberían transformar.

Dicho esto, añadiré que Marx se equivocó al leer la realidad con unas gafas mal graduadas, que le produjeron el miope efecto de tomar la parte por el todo. La religión no es el opio del pueblo, aunque más de una vez haya sido utilizada o malvivida como tal. Muy al contrario, no existe fuerza mayor para comprometer la vida de las personas con el bien de sus semejantes que la sana religión, la fe en un Dios que da sentido, dirección, dignidad y responsabilidad eterna a la existencia. Mandando a pastar a Nietzsche, que se atrevió a decir que eso de amar al prójimo es la crueldad más terrible jamás pronunciada, no cabe duda de que el amor incondicional proclamado y posibilitado por Jesucristo, pese a las deficiencias de los que intentamos vivirlo, ha generado los mejores logros humanos de nuestra civilización. Y no me refiero sólo a sinfonías o catedrales, sino al progreso ético y moral.

El verdadero “opio del pueblo y para el pueblo” es el socialismo-laicismo radical, detritus posmoderno del materialismo ateo marxista. La trágica alienación y el descarado dominio sobre el pueblo del que acusan a la religión es, vean la paradoja, mucho más fácil cuando no hay religión, cuando se aparta a Dios, cuando no hay ninguna referencia moral universal y los únicos patrones de conducta son el relativismo intelectual y moral, el positivismo jurídico o “ley a la carta”, el hedonismo práctico y las ideologías o “religiones laicas” impuestas por los Estados gobernados por la prole ideológica de Karl Marx. Entre otras cosas, esos neototalitarios travestidos de progresismo, dictan cada temporada desde su pasarela las ideas que van a estar “de moda” y las que van a ser relegadas a la “caverna”.

Yo afirmo lo contrario que los marxistas: el ateísmo, el agnosticismo, el antiteísmo, el laicismo, son el opio del pueblo y para el pueblo. Si no hay Dios, ni Vida Eterna, ni principios morales universales donde apoyar las leyes, ni responsabilidad escatológica de nuestros actos, ¿para qué hacer el bien? ¿Qué es el bien? ¿Qué está bien y qué está mal? ¡Yo lo decido! Hay que ser estúpido y fatuo. Como tan tristemente dicen muchos jóvenes: menos “comidas de tarro” y a “vivir a tope”. A disfrutar del placer que se ponga a tiro, luego al hoyo y “que me quiten lo bailao”. Triste filosofía de la vida, con criterios éticos precocinados y dictados por un Estado neototalitario que impone su ideología, su “religión de Estado”, un nuevo “opio del pueblo”, laicista y antiteo basado en el hedonismo y bien surtido por el consumismo.

¡Qué diferente es la vida de aquel que todavía usa la razón para discernir entre lo que es verdad y lo que es mentira, entre lo que es bueno y lo que es malo! ¡Qué distinto el ser, el estar y el hacer de aquel que sabe quién es y quién debe ser, que sabe de dónde viene y a dónde va, que encuentra un sentido a la existencia, una razón válida para hacer de su vida en este mundo una misión, un trabajo, un oficio cuya responsabilidad va más allá de las ordenanzas humanas, más allá de lo inmediato, más allá de la muerte! ¿No sabía Marx, con su formación judía, que sin Dios no hay razón para la justicia? ¡Menudo necio! Siguiendo como estúpidas polillas al engreído de Nietzsche, hemos “matado” a Dios y, sin saberlo, al mismo tiempo estamos aniquilando al planeta, a la vida que contiene y al ser humano en todas sus dimensiones. ¡Vaya faenita nos han hecho y nos hemos dejado hacer!

Espero que ninguno de ustedes piense que todo esto lo va a solucionar determinado partido político. Imposible, pues ya todos “los grandes” juegan en el campo del contrario. Sibilinamente la izquierda radical ha marcado las reglas del juego, lo políticamente correcto. El resto de partidos, aunque tengan planteamientos diferentes, ya no se atreven a mandar al carajo esa imposición y animar a todos a jugar en otros campos. Hay que romper el diccionario político español. Está pervertido y obsoleto. Es puro panfleto. Los conservadores se mueven a bandazos porque tienen miedo de hablar en su idioma. Sin duda, España necesita un cambio político urgente. Pero no esperen demasiado de ningún partido. Sólo la participación real del pueblo en los asuntos de la cosa pública nos brindará alguna esperanza de éxito.

No estoy callado, estoy “infoxicado” y paralizado

 

Aquellos de ustedes que me conocen o suelen asomarse a este Blog, habrán notado que, tras haber reanudado un poco su actividad tras una antigua y obligada pausa que en su momento expliqué, su “vidilla” ha vuelto a decaer en los últimos meses. ¿Cómo es posible que este hombre, que antes nos escribía su punto de vista sobre buena parte de lo que lo que ocurría o de lo que se le ocurría, tenga su blog en un dique tan seco?, se preguntarán algunos. ¿Estará tan enfermo o tan ocupado que ya no escribe? ¿Tal vez ya no le importa ni HO, ni DAV, ni sus diferentes frentes de combate? ¿Se habrá quedado sin  ideas para analizar y redactar? ¿Acaso ya no le gusta escribir?

Haciendo gala de una vanidad ciertamente engreída, pues lo más probable es que a la inmensa mayoría de ustedes les importe un bledo si escribo o dejo de escribir, me explicaré y contestaré a estas preguntas, puesto que las razones de mi nuevo silencio constituyen todo un artículo de opinión que deseo redactar. Es cierto que mi salud no está para echar cohetes y que la multiplicidad de ocupaciones no me deja demasiado margen para mis pinitos literarios. No es verdad que hayan dejado de importarme HO, DAV y sus fines, muy al contrario, cada vez me parecen más necesarios y, lo que es mejor, más oportunos y efectivos. Y me sigue apasionando escribir, bien o mal.

¿Me faltan entonces ideas? ¿Me abandonaron las musas? ¿Es ese el motivo de mi hipoactividad periodística y bloguera? Desde luego, lo que no faltan, ni a mí ni a nadie, son temas sobre los que disertar. Tampoco escasea información sobre todos ellos, sino más bien a la inversa: la cantidad de datos es tal, que ni la mente más capaz y organizada es ya capaz de recogerlos, verificarlos y organizarlos. Tal intoxicación informativa es conocida desde hace un par de décadas con el neologismo “infoxicación”, cuya autoría se atribuye Alfons Cornellá (1996), creador de Infonomía.com. Recientemente lo habrán escuchado hábilmente usado en un anuncio de coches.

Ni el fenómeno, ni el concepto que lo define son nuevos, aunque sí lo son la palabra “infoxicación” y su brutal incremento provocado por la vertiginosa expansión de Internet. En 1964 hallamos su precedente en la “information overload”, término mencionado por vez primera por el científico sociopolítico americano Bertrand Gross y popularizado en 1970 por el sociólogo y futurólogo Alvin Toffler en su best-seller “El shock del futuro”, que quizá alguno de ustedes haya leído. No es nueva, por tanto, la preocupación de los estudiosos por la excesiva e indigerible sobrecarga de información a que se ven sometidas las mentes de los seres humanos contemporáneos.

Me confieso casi totalmente infoxicado. No me faltan temas para reflexionar y escribir. Me sobran por los cuatro costados. Son tantos los problemas, los sufrimientos, los conflictos, los frentes de batalla, los sucesos, los vaivenes políticos, los eventos relevantes, que me he quedado embotado, paralizado, mudo, incapaz de generar ideas medianamente potables capaces de arrojar algo de luz sobre tanta sobreabundancia fenomenológica. Me he pasado casi toda mi vida hablando y los últimos años tratando de hablar menos y escuchar más. Actualmente estoy bloqueado para todo, sea hablar, escuchar, escribir e incluso leer. Mi capacidad cerebral parece haber tocado techo.

Quizá sea por eso que últimamente las palabras, que siempre he tenido en la más alta estima, estén cediendo el paso en mis preferencias a otras formas de contacto con la realidad: la música con poca letra, las artes plásticas, la escucha del silencio… No sólo escribo poco, sino que hablo lo menos posible y si acudo a alguna reunión, guardo un aparatoso silencio. Hasta no hace mucho estaba convencido de que tenía muchas, importantes y acertadas cosas que decir.  A fecha de hoy ya no lo tengo tan claro. Nada claro. La realidad, cada partícula de ella, tiene tantas facetas, que me abruma y me enmudece. ¿Cómo minimalizarla con cuatro palabras, siempre insuficientes?

Especial respeto, casi reverencial, me merecen los seres humanos. Parte importante de mi trabajo, el remunerado y el voluntario, es la orientación, el asesoramiento, la instrucción… Durante décadas me he lanzado a estas tareas con una verborrea, una convicción y una seguridad en mí mismo que hoy me resultan no sólo pasmosas, sino hasta vergonzosas. ¿Cómo he osado intervenir en la vida de tantos de mis semejantes, si a duras penas me aclaro con la mía propia? ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el mismo hoyo? Llámenlo crisis existencial o pasajera, si les parece, pero lo cierto es que conociendo mi necedad, tengo pánico a hacer daño a alguien.

Mis familiares, amigos y hermanos en la fe, me regañan cuando les cuento estos pensamientos. Están empeñados en que no debo “dejarme engañar” por lo que ellos están seguros de que se trata de diabólicas trampas. Tal vez todo este “discurso del silencio” no sea más que la justificación de un soberbio pedagogo herido en su orgullo por algún reciente fracaso educativo. Así sería, seguramente, si el asunto no viniese de mucho más atrás, décadas atrás. Respeto y agradezco que cada uno de ellos trate de ayudarme según sus luces, en su gran mayoría muy superiores a las mías, del mismo modo que les agradezco su exquisito respeto por mis decisiones y desplantes.

Sólo una pizca de esperanza que conservo en que Dios haya querido utilizar y guiar mi lengua y mi pluma, no permitiendo que mis mensajes erróneos hayan hecho grave daño a nadie, me consuela en medio de mi actual reticencia a decir cosas. No me creo un “mensajero divino”, faltaría más, pero si Dios me quiere utilizar para ayudar a alguien, que haga lo que quiera, aunque él sabrá por qué escoge a tan zopenco emisario, que se siente infoxicado, desbordado, alelado, inútil e incluso peligroso y contraproducente para llevar a cabo tan delicada y complicada misión. Cuando me vuelvan a leer o escuchar, no duden en que me habré apoyado en esa pizca de esperanza.

Un gran abrazo a todos.

Los límites de la interculturalidad

 

(Publicado en “Nuestras Firmas” de Análisis Digital el 04-12-2010)

(Publicado en “La Firma” de Forum Libertas el 09-12-2010)

(Publicado algo reducido en ”Las Provincias” el 14-02-2011)

 

España siempre ha sido multicultural, lo cual no equivale a que haya sido, ni sea, intercultural. La multiculturalidad consiste tan sólo en el hecho objetivo de que en una comunidad humana cohabitan personas culturalmente diversas. Para empezar, la población que hoy llamamos nativa, local, natural o autóctona de España es fruto de un variopinto mestizaje de muchos pueblos. España ha sido, es y con toda probabilidad será, un espacio de cruce de razas y culturas. Su situación geográfica y su historia la llaman a la diversidad.

Nuestra  sempiterna multiculturalidad, de la que antes apenas se hablaba, ha adquirido mayor peso en la conciencia popular por haberse acentuado de forma vertiginosa en las últimas décadas por los contingentes de inmigrantes que han llegado a nuestro territorio. Pero, insisto, no por ello somos un país intercultural. Multiculturalidad e interculturalidad no son conceptos sinónimos, aunque muchos, incluso algún “especialista”, los confundan y los citen como tales. En los últimos años se ha generado una ingente cantidad de literatura sobre el tema, para todos los gustos y no siempre acertada.

La talla humana, sociológica, antropológica, pedagógica, política y ética de la interculturalidad dista tanto de la simple multiculturalidad como un sistema sanitario dista de una epidemia. La interculturalidad es una manera de vivir la diversidad cultural mucho más exigente que la mera coexistencia multicultural. Sin necesidad de recurrir a florituras etimológicas, he de decir que el prefijo “inter” nos da la clave. “Multi” sólo significa “muchos” o “varios”, pero “inter” implica interrelación, reciprocidad. La interculturalidad requiere el respeto mutuo, pero también de la convivencia constructiva y la cooperación de todos.

Una sociedad intercultural no obliga a nadie, sea nativo o extranjero, a renunciar a sus propios esquemas culturales y reemplazarlos por los de la sociedad receptora o los de la cultura en ella dominante (asimilacionismo). Tampoco consiste tan sólo en admitir en su seno la presencia de grupos culturales diversos, aislándolos en guetos o condenándolos a ser ciudadanos de tercera (segregacionismo). Menos aún se trata de alcanzar una síntesis de culturas –ni siquiera entresacando “lo mejor” de cada una– para construir una “monoculturalidad”, una cultura única universal (sincretismo).

El sincretismo cultural que pretenden implantar ciertos grupos o corrientes, como la masonería o la “new age”, son rodillos aplastadores de las diferencias culturales, de la gran riqueza que supone la diversidad cultural humana. Son formas de globalización descarada e indeseable que, paradójicamente, no son criticadas por los grupos anti-globalización, sólo preocupados por la también indeseable colonización cultural mundial  por el “american way of life”, el estilo de vida norteamericano. Cada ser humano es único e irrepetible. Tan valiosa es nuestra igualdad como nuestra diversidad. Toda ”clonación cultural” es una terrible pérdida.   

Una sociedad intercultural debe detectar y rechazar los prejuicios y estereotipos culturales y evitar el racismo y la xenofobia. Además, la interculturalidad exige que los distintos grupos culturales se relacionen entre sí con toda normalidad más allá de la mera coexistencia pacífica, que exista una comunicación fluida entre ellos, que sean capaces de negociar objetivos comunes y perseguirlos juntos, y que la diversidad cultural, lejos de ser una dificultad social, se acepte como una riqueza humana de la que todos pueden beneficiarse si media la humildad y la buena voluntad.

La tan cacareada “tolerancia” se propone constantemente como un valor estelar de la democracia y de la interculturalidad, pero en ella está precisamente uno de los puntos en los que topamos con los límites que dan título a este artículo. Desde hace unos años, el indefinido, sobreestimado y malentendido valor de la tolerancia ha tenido que ser “reajustado” con la aparición de numerosas “tolerancias cero”, entre otras las relativas a las distintas formas de violencia. No podía ser de otra forma, pues no todo es tolerable. En una democracia, cada uno puede pensar lo que quiera, pero de ninguna forma puede hacer lo que le venga en gana.

En los regímenes autoritarios, el autócrata o la oligarquía de turno imponen tanto las normas de juego, como un pensamiento único: el de quién ejerce el poder. En un régimen libertario, nadie impone ninguna de ambas cosas, dejándolas desde un necio “buenismo” al libre arbitrio de las personas. En los regímenes verdaderamente democráticos, debe existir la libertad de pensamiento, de religión y de ideología, junto al derecho a la libre expresión y al culto. Pero la democracia exige unas normas estrictas para asegurar su propia esencia, para que los derechos y libertades de todos estén garantizados y no puedan ser aplastados por nada ni por nadie.

La democracia requiere imponer algunos implacables límites a la libertad. La libertad individual acaba allí donde resulta amenazada la libertad y los derechos del otro. Un gigantesco logro de la sociedad noroccidental es haber conseguido consensuar y redactar una Declaración Universal de los Derechos Humanos, que recoge el mejor sentir ético de toda una civilización. Los países que se han adherido a ella, como España, han trasladado esos principios a sus Cartas Magnas, como es el caso de la Constitución Española de 1978 (todavía vigente, por si alguno no lo recuerda). Estos son los marcos normativos irrenunciables que deben presidir la convivencia social y la actividad política.   

Trasladado todo esto a la interculturalidad, debemos afirmar que también ésta tiene límites, pues no toda costumbre o práctica puede ser aceptada y consentida, por muy propia que sea o muy arraigada que esté en determinados grupos culturales. Por desgracia, siempre aparecen posturas extremistas, en casi todos los asuntos humanos, que sacan de quicio las cosas desde planteamientos ideológicos irracionales. Hay quien se empeña, por ejemplo, en negar todo derecho al inmigrante en igualdad con los de la sociedad receptora. Y en el otro extremo, hay quien justifica toda costumbre cultural, por muy cruel o indeseable que sea, hasta ablaciones y lapidaciones.

Pues miren, no, ni lo uno, ni lo otro. La interculturalidad también tiene sus “tolerancias cero”, sus límites y sus exigencias, que obligan tanto a la sociedad receptora o mayoritaria, como a las personas y grupos culturalmente diversos que desean vivir en un país democrático. El respeto no es unidireccional, sino bidireccional y recíproco. Todos, sin excepción, sean nativos o extranjeros, mayorías o minorías, deben cumplir las reglas de conducta y convivencia que se derivan de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la Constitución. Una sociedad intercultural no exige a nadie que renuncie a su forma de pensar, pero sí que se ajuste en su forma de actuar.

Bienvenidos sean, por tanto, todos aquellos que deseen compartir con nosotros nuestra tierra, nuestros fines, nuestras ilusiones, nuestros problemas y nuestro trabajo y respeten nuestros principios éticos, que siglos de historia y mucho esfuerzo y sangre nos han costado construir. Nuestra sociedad está llena de defectos, como todas, y también incumplimos demasiadas veces los Derechos Humanos de los que tanto hablamos, pero estos siguen siendo el ideal colectivo de humanidad al que queremos llegar y el contexto normativo en el que debemos movernos. Todos aquellos que no quieran respetar estos límites, ya saben dónde tienen la puerta.

Zapatero morirá matando

 

Era de esperar que Zapatero tratase de colar la eutanasia por la puerta trasera, como es su costumbre. Ya lo avisé en diversos artículos y comentarios: Zapatero morirá matando. Sabe que ya es prácticamente un cadáver politico y que España se está derrumbando a su alrededor sin que ni él ni sus sucesivos ministros muevan un dedo de forma útil (creo que ni de forma inútil lo mueven). Pero no va a renunciar a dejar terminado el plan del laicismo radical cuya culminación le ha sido encomendada, no sé si por su propio enfermizo odio a lo católico o por “otros” que le dirigen en la sombra como una marioneta sin alma para avanzar en su “nuevo orden mundial”, que pasa por eliminar a la Iglesia, la cultura cristiana que conforma nuestras raíces y todo cuanto se interponga ante su implacable rodillo.

Tras haber implantado, desoyendo a todo aquel que le contradijese,  aunque fuese el mismísimo Senado o los dictámenes del Consejo Superior del Poder Judicial o del Consejo de Estado, una buena parte de su proyecto ideológico, que ese y no otro es su proyecto político, ahora va a hacer lo imposible por rematar la faena. Ya consiguió debilitar a la institución familiar con su “divorcio express” y con su disolución del concepto de matrimonio, asimilando a él cualquier unión, sea o no entre hombre y mujer. También ha logrado colar en todas las escuelas su adoctrinamiento ideológico, con la imposición de la Educación para la Ciudadanía y con la “educación sexual” según su propia línea, que pronto se va a impartir en los colegios, así como su intento de introducir otra asignatura más, esta vez sobre su “ideología de género”.

Por supuesto, también ha metido su ley de aborto libre, que eso es lo que es su nueva ley, la llamen como la llamen y por mucho que disimulen. Con ella, el derecho a vivir del ser humano en fase prenatal ha dejado de existir. Además, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, en esa ley ha introducido sus nuevos adoctrinamientos sexuales escolares y la obligatoriedad de que en todas las facultades de medicina, los futuros médicos tengan que aprender a practicar abortos, trasladando el problema de la objeción médica de conciencia a un momento anterior: a la decisión de los estudiantes de medicina de arriesgarse a aprobar o no su noble carrera. Para más inri, en la misma ley vuelve a debilitar a la familia aún más, estableciendo que las menores de edad puedan abortar sin permiso ni conocimiento de sus padres.

Sólo le quedan dos temas para concluir la faena: la eutanasia y cerrar la boca a la Iglesia con su “ley de libertad religiosa”. Muchos piensan que la prudencia y el oportunismo político le desaconsejan que se meta en esos líos, con la que les está cayendo por su absoluta inoperancia para paliar la crisis económica. Quizá eso le digan sus consejeros. Pero no conocen bien al presidente si creen que va a dejar a medias su verdadero proyecto político, aquel que nunca apareció en programa electoral, pero que es su meta real aunque España y el propio PSOE acaben hechos trizas. Si en su propio partido o en el hemiciclo parlamentario no se lo impiden con contundencia, ambas cosas saldrán legisladas a su gusto antes de que salga de la presidencia del gobierno dejando al país hecho unos zorros. Lo dicho, este hombre morirá matando.

Como siempre que auguro cosas indeseables, ojalá me equivoque.

El Papa continúa sus abrazos en Barcelona

 

(Publicado en Análisis Digital el 7-11-2010)

Está claro que la misión que Benedicto XVI siente y realiza como fundamento de su pontificado atañe a la unión, la reunión, la comunión y la reconciliación, al abrazo entre las realidades humanas y las divinas que, al fin y al cabo, no son ajenas entre sí. Realidades que han coexistido varios siglos enfurruñadas por el orgullo humano y que muchos pretenden disociar para siempre en su empeño laicista radical. Benedicto XVI, en cambio, está gastando y desgastando sus últimos años trabajando por la unidad en el amor.

Desde el inicio de su pontificado, todos sus esfuerzos, todos sus escritos, todos sus viajes, todas sus mediaciones, giran sobre dos pivotes, tan bellos y necesarios como arduos y complejos: el ecumenismo o unidad entre todos aquellos que seguimos a Jesucristo (y el acercamiento con las demás religiones) y la reconciliación entre la fe y la razón, entre lo humano y lo divino, entre la religión y la ciencia, entre la Iglesia y la Sociedad. Su vida como Vicario de Cristo pasará a la historia como el pontificado de la unidad.

En sus alocuciones de esta mañana en Barcelona, Benedicto XVI ha vuelto sobre los abrazos a los que ayer invitó a Europa, a España y a cada uno de nosotros, elevando el nivel de su discurso, girando sobre los mismos temas en una armónica espiral de intensidad y belleza ascendente, que impresiona de modo progresivo nuestro espíritu, como una fuga de Bach, como un bolero de Ravel que repite su cadencia cada vez con mayor fuerza, con más riqueza de nuevos matices, hasta hacernos vibrar hasta la médula del alma.

Con su cuidado mosaico de mensajes, ha pintado un precioso cuadro, ha compuesto una emocionante sinfonía. Pincelada a pincelada, nota a nota, palabra a palabra, ha edificado una basílica de fe, belleza y amor en la unidad. Ha construido con sus palabras lo que Antonio Gaudí construyó con piedras: una completa catequesis sobre aquello que es esencial en el cristianismo. Cada palabra pronunciada hoy por el Papa ha encontrado eco eterno en algún pétreo rincón de la ya Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona.

En su canto a la unidad, el Papa nos ha invitado a nuevos abrazos:

Abrazo indisoluble del matrimonio, del vínculo esponsal hombre-mujer sobre el que se funda la familia, tanto la doméstica como la gran familia humana. Alianza entre un hombre y una mujer basada en el amor y la fidelidad, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret, que a su vez es imagen de la “familia primordial”, que es la Santísima Trinidad. Abrazo conyugal que hoy el rodillo laicista radical trata de aplastar con su maquinaria mediática y aprobando leyes que desdibujan y debilitan cada vez más el matrimonio. No saben lo que hacen, no porque obren sin intención, sino porque ignoran la radical importancia de lo que deshacen.

Abrazo entre el amor y la libertad, sendos reflejos de la imagen de Dios en el Hombre, que tampoco pueden sobrevivir ni realizarse en plenitud por separado. Nunca será libre quien no sea capaz, con la ayuda de Dios, de amar sin límites, sin barreras, sin condiciones, gratuitamente, sin esperar nada a cambio. Será de por vida un esclavo de su propio egoísmo. De la misma forma, jamás podrá amar quien no sea libre de su solipsismo, de su “ombliguismo”, de su vivir para sí mismo, de su egocentrismo. Ni tampoco podrá amar quien no respete la libertad del otro, quien establezca condiciones al amor.

Abrazo entre el amor y la belleza, que Gaudí, hombre de profunda fe y piedad, supo expresar como nadie en su “opera magna”, la Basílica de la Sagrada Familia. La belleza es un regalo que Dios ha hecho al Hombre, una manifestación sensible de su amor por todo lo que ha creado. La emoción estética es, en el fondo, una emoción trascendente. El mismo Dios es un artista, el Artista, y como tal, ha creado la belleza y nos ha hecho a los humanos capaces de percibirla y gozar con ella. Una belleza cuya máxima expresión es Jesucristo. “La Belleza es Cristo”, pensaba el católico Dostoievski. La belleza es el amor y el amor es la belleza.

Abrazo a la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Acogida, protección, cuidado exquisito de todo ser humano que comienza su existencia en el cálido seno de su madre. Respeto inviolable a la vida de cada persona, sea cual sea su edad, su etapa de desarrollo, su raza, su color, su nacionalidad o su grado de “normalidad” física y/o mental. Abrazo a la vida, derecho sobre el que se fundan todos los demás derechos, que ha recibido los más terribles desgarros a través del aborto, de la eutanasia, de las guerras, del hambre y de todas las espantosas injusticias que todavía perduran en pleno siglo XXI.

Abrazo definitivo de lo humano y lo divino, sentido último de la existencia. Tal y como se ve nada más entrar en la Basílica de la Sagrada Familia, la catequesis plástica de Gaudí nos conduce hacia las realidades finales, hacia la escatología, hacia el final de los tiempos, en los que toda la Creación será recapitulada en el abrazo definitivo con Dios en Cristo. Momento final de comunión absoluta, de Gloria, de Cielo, que espera a todos los que han muerto en la esperanza de la Resurrección y a todos los hombres de buena voluntad. Gran esperanza de la Humanidad que le ha sido robada por el materialismo y el ateísmo militante.

La visita de Benedicto XVI nos ha dejado un hálito de esperanza, un anhelo de amar y un refuerzo a nuestra fe. Ha cumplido en España el encargo dado a Pedro por el mismo Jesucristo, tras avisarle de que iba a sufrir combates y tribulaciones: “Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22, 32). El Papa, sucesor de Pedro, ha vuelto a España con sus espaldas cargadas con la cruz del desprecio y la incomprensión de quienes, desde su ignorante odio, buscan la eliminación de la Iglesia. Y nos ha confirmado en la fe, la esperanza y la caridad. ¡Gracias, querido Santo Padre! ¡Hasta el verano próximo en Madrid!

Benedicto XVI llega a España cargado de abrazos

 

(Publicado en Análisis Digital el 7-11-2010) 

El Papa ya está en España. Mientras escribo estas líneas está volando de Santiago a Barcelona. El Vicario de Cristo, aquel que hace las veces de Cristo, que actúa en nombre de Cristo, el “Dulce Cristo en la Tierra” como llamaba Santa Catalina de Siena al sucesor de Pedro, ha pisado de nuevo nuestro país. “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación!” (Isaías 52, 7). ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor! Con esta aclamación recibieron los niños hebreos a Jesús y con esas mismas palabras te recibimos nosotros, Benedicto, Benedictus, Bendito.

En su primera jornada en España ya nos ha regalado tres sustanciosos mensajes. Aún no sabemos lo que nos dirá mañana, en Barcelona. Sus dos primeros discursos, en el aeropuerto internacional de Santiago y en su primera visita a la Catedral de Santiago, junto con su homilía en la Plaza del Obradoiro, han sido una sucesión de invitaciones al abrazo. En el primero, al abrazo entre la fe y la razón; en el segundo, al abrazo entre la libertad y la verdad, y al abrazo de solidaridad efectiva que todo discípulo de Cristo está llamado a ofrecer a todo aquel que sufre. En su homilía, al abrazo de reencuentro entre Dios y el Hombre.

Abrazo entre fe y razón, las dos alas que Dios ha dado al Hombre para elevarse al conocimiento pleno de la verdad y para realizar a su vocación existencial. Sendos dones de Dios que jamás debieron divorciarse, como ha ocurrido de forma cada vez más cerril desde el Renacimiento. Dos regalos que los seres humanos hemos recibido, ambos procedentes del mismo Creador y, por tanto, jamás contrapuestos si no es por la mera estupidez humana. Fe y razón, religión y ciencia, hermanas que tendrían que haber caminado siempre cogidas de la mano y a las que Benedicto XVI está empeñado en reconciliar.

Abrazo entre libertad y verdad. Otras dos hermanas que no pueden vivir separadas, sino a costa de la destrucción de ambas y de la aniquilación de la especie humana. La libertad con la que Dios ha dotado al Hombre, desligada de la Verdad completa del Hombre, de la Naturaleza, de la existencia misma, se convierte en un caballo desbocado, en un navío sin timón destinado a un terrible naufragio. La Verdad sobre lo que somos y estamos llamados a ser, la Verdad que debe ser la aspiración de la ciencia, ilumina el camino de la libertad. La Verdad nos hace libres y no a la inversa, como dijeron un par de necios gobernantes.

Abrazo de amor y solidaridad, en especial con los más pobres de la Tierra, que en nuestros días son los que sufren con más crudeza las consecuencias de la crisis económica y los efectos de las catástrofes naturales. Vocación esencial del cristiano y de toda persona. Diseño original con el que hemos sido creados a imagen de Dios, que es Amor, Trinidad, comunión, familia, comunidad de amor. No hay mayor desgracia para un ser humano que pasar por esta vida sin haber amado, sin haber salido de sí mismo en camino hacia el otro. Benedicto XVI nos llama, como el mismo Jesús, a cambiar el mundo con el amor. No hay otra forma.

Abrazo de retorno, de reconciliación, entre el Hombre y Dios. Europa se ha dejado catequizar por la soberbia laicista y millones de personas se han convencido de que Dios es enemigo del Hombre, que el cristianismo es una rémora para la plena realización adulta de las personas y la sociedad. Vivimos todavía sumergidos en la corriente antitea iniciada en el Renacimiento, consagrada por Iluminismo francés y convertida en hecho social a través de la filosofía atea moderna y la ingeniería psicológica laicista. El Papa nos recuerda la verdad: Dios es el Amigo del Hombre. Sólo con él y en él el ser humano puede vivir en plenitud su auténtica realidad, individual y colectivamente. Ojalá Europa te escuche, querido Santo Padre.

De vuelta con las palabras sobre educación

 

(Publicado el 20-10-2010 en Análisis Digital) 

El pasado mes de mayo publiqué un artículo titulado “De magistri et ministri”, que me valió algunos parabienes y un cariñoso rapapolvo de mi querido y admirado Amando de Miguel. En él esbozaba la sorpresiva oposición etimológica entre ambos términos, invertida con el tiempo. Los maestros, de alto rango en la antigua Roma, cuyos sirvientes fueron sus incultos ministros, fueron perdiendo estatus hasta llegar a ser minusvalorados socialmente e ignorados por los modernos (e igualmente incultos) ministros y “ministras”.

No se acaban aquí las filigranas del lenguaje propio del mundo de la educación. Las mismas palabras “educación” y “pedagogía” tienen curiosas etimologías y evoluciones. Con el verbo “educar”, cuya acción y efecto es la “educación”, ya tenemos el lío armado, porque nos tropezamos con dos posibles orígenes, que curiosamente les vienen al pelo a los defensores de dos modelos distintos de educación. Una opción le viene como anillo al dedo a los educadores “tradicionales” y la otra a los “progresistas”. Veámoslas.

La versión “tradicional” asegura que el verbo “educar” procede del latín “educare”, que significa criar, nutrir, alimentar, meter dentro de. Desde este punto de vista, la educación sería una tarea del educador, un proceso de aportación y enriquecimiento del educador hacia el educando, introduciendo en su mente los contenidos que considere más oportunos. Se trata de “llenar la cabeza”, como diría Montaigne. La memorización realizada a base de “codos”, es decir, con esfuerzo y constancia, es el método por excelencia.

La versión “progresista” aboga por la etimología “educere” (contracción de “ex–ducere”), que significa extraer de, sacar de. La tarea educativa corresponde al educando. El educador es un facilitador o estimulador en un proceso de autoeducación, que permitirá al niño extraer de sí mismo sus intrínsecas potencialidades hasta su total actualización (puesta en acto). El educando es el protagonista de su propia educación y será capaz de construir su propio aprendizaje con una mínima guía. Es la tesis básica del “constructivismo”.

No creo que ambas opciones sean incompatibles. Muy al contrario, considero que se complementan y que cada una por separado son erróneas. Por supuesto que el niño es el centro de la educación, pero no puede ser su propio guía, precisamente porque es un niño. La educación consiste en ayudar al educando a extraer lo mejor que posee en sí mismo. Pero esto no lo logrará sólo, sin sacrificio, sin perseverancia y sin memorizar nada, y mucho menos sin un buen educador que sepa indicarle las mejores metas y cómo alcanzarlas.

Otra palabra de interesante análisis es “pedagogía”. En esta ocasión no hay dudas sobre su etimología, aunque no fue fácil encontrar una denominación para esta ciencia. “Pedagogía” viene de “paidos” (niño) y “ago” (conducir). De estas raíces griegas surgió “paidagogo”, aplicado a los esclavos o libertos que llevaban a los niños y jovencitos a la escuela. No tardaron en escoger a los ayos más despabilados y cultos, para que también actuasen como vigilantes (para evitar “novillos”) y más tarde como ayudantes en sus estudios.

Por eso, pronto el término adquirió un sentido figurado y de mayor dignidad. Aunque al principio convivieron ambos tipos de “conducción”, la física y la cultural, poco a poco se fue abandonando la primera acepción en pro de la segunda. En este sentido de “pedagogo” como guía espiritual más que material, el término fue utilizado por Homero y Eurípides y más tarde citado por San Pablo en su I Epístola a los Corintios (4, 15). Clemente de Alejandría, ya en el siglo II, llamó a Jesucristo “pedagogo de la humanidad”.

No por eso se resolvió el problema de asignar nombre a la ciencia de la educación. Fíjense en que el título de otras ciencias termina en “logía” (de “logos”: palabra, razón): Psicología, Antropología, Sociología… A lo largo de la historia se intentó darle nombres como “Pedología”, que afortunadamente no cuajó, sin que haga falta explicar por qué, al menos en castellano. “Paidología” tampoco triunfó, porque sería más bien la “ciencia del niño” que la “ciencia de la educación”.  Al final, y ya en el S. XVIII, nos quedamos con “Pedagogía”.

Por último, analicemos la bonita palabra “profesor”. Otra que, como sucede con “maestro”, muchos se empeñan en que desaparezca, cambiándola por feos términos como “enseñante”. Sólo “docente”, del griego “doceo” (enseñar) tiene sentido, aunque no tan precioso como el de “profesor”. No hace falta viajar por el latín o el griego. En esta ocasión nos basta el español. “Profesor” viene de la misma raíz que “profesión” y “profesar”. Profesor no es el sólo que enseña, sino el que profesa, el que manifiesta una entrega especial.

Cuando un religioso o un monje toman los hábitos, “profesa” sus votos. Cuando uno da testimonio de sus creencias, hace “profesión de fe”. No es lo mismo “trabajo” que “profesión”. El trabajo, en su acepción más popular, es la labor que uno hace para ganarse la vida honradamente. La profesión es algo más. Es aquello a lo que hemos dedicado nuestro ser ante la sociedad, aquello que profesamos como parte esencial de nuestra identidad y misión en la vida. ¿No es un maravilloso regalo profesar la profesión de profesor?

La Virgen del Pilar, Santiago y la evangelización

 

(Publicado el 13-10-2010 en Forum Libertas y en Análisis Digital)

 

Se celebran hoy tantas cosas a la vez, que se confunden en lo que ha acabado siendo una mera ocasión para un ansiado “puente del Pilar”: Día de la Hispanidad, Día de las Fuerzas Armadas, Festividad de la Patrona de España, la Virgen del Pilar… Tal vez no todos ustedes conozcan en su completa profundidad la bellísima y esperanzadora tradición de ésta última.

Soy consciente de la dificultad de discernir en la tradición qué es historia y qué es leyenda. En este caso y pese a mi mente científica, no me importa demasiado. Porque hay dos cosas sobre las que no albergo dudas: que la Virgen pudo hacer eso y mucho más, y que el mensaje de esperanza, valentía y constancia que contiene es de valor universal y perenne.

Un mensaje entrañable y esperanzador para todos aquellos que intentamos trabajar desde nuestras pobres fuerzas en las distintas formas y vías de evangelización, sea desde la catequesis directa de boca a oído, desde el diálogo académico fe-cultura, desde los medios de comunicación o desde la participación social en defensa de la verdad y del bien.

Una cariñosa embajada que trasciende el tiempo y el espacio, y que hoy vuelve a nosotros con más fuerza y oportunidad que nunca. Una palabra de ánimo que sobrepasa incluso las creencias de cada uno, para hacer diana en el corazón de todas las personas de buena voluntad que combaten cada día por la verdadera libertad, sean creyentes, ateos o agnósticos.

La tradición vincula en esta historia a la Virgen María con el apóstol Santiago, conocido también como Santiago el Mayor o “de Zebedeo”, para distinguirlo del otro apóstol Santiago, el “de Alfeo”. Jacob, este es su nombre original antes de ser transformado por el tiempo (“Yacob” – “Yago” – “San-Yago” – “Santiago”) era hermano de San Juan, uno de los “boanerges” o “hijos del trueno”, como los llamaba Jesús por su vehemente carácter.

Lo cierto es que nuestro Santiago, Jacob, Yago, Tiago, Jaime, Diego, Jaume, o como queramos llamarle, fue uno de los tres apóstoles “íntimos de Jesús”. Fue uno de los primeros convocados al grupo apostólico y estuvo junto al Maestro en momentos clave de su vida, como la Transfiguración o Getsemaní, junto con Pedro y su hermano Juan. Como los demás apóstoles, tras recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, fue enviado a evangelizar.

Según la tradición, su destino fue, cruzando en barco todo el Mediterráneo, España, entonces Hispania, provincia romana. El relato se bifurca en cuanto a su entrada en Hispania. Según una versión, entró por “Gallaecia” (Galicia), dando un gran rodeo. De acuerdo con la otra tradición, desembarcó en “Tarraco” (Tarragona), siguió el valle del Ebro y llegó a la actual A Coruña, tras conectar con la vía romana que llevaba allí desde Cantabria.

No murió entonces, sino tras sufrir martirio en Jerusalén, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles (Hch 12,2), adonde volvió, según los evangelios apócrifos, para estar junto a la Virgen María y los demás apóstoles en el momento de su dormición, deseo del mismo Jesús, imposible debido a la gran dispersión en que se hallaban los doce por todo el mundo conocido, pero que se hizo realidad a través de múltiples milagros y apariciones marianas.

Sigue la tradición contándonos que, tras haber sido martirizado y asesinado bajo mandato de Herodes Agripa, sus discípulos se las arreglaron para llevar su cuerpo a Iria Flavia, en Galicia, donde el obispo Teodomiro lo descubrió en el “campus stellae” (Compostela), gracias al aviso de un ermitaño, Paio, que vio unas extrañas luces como estrellas móviles en un campo desierto. 

Pese a las dudas de rigor histórico, no es nada descabellado pensar que tan aguerrido y fiel apóstol quisiese llegar, siguiendo el mandato de Jesús de llevar el Evangelio “hasta los confines de la Tierra”, al “Finis Terrae” (hoy cabo de Finisterre), considerado como “el fin de la Tierra” en la geografía latina y precolombina. Tampoco sería nada extraño que sus discípulos quisieran enterrar su cuerpo en la tierra que evangelizó.

Al parecer, con su predicación en Galicia fundó una pequeña comunidad, de la que existen  indicios arqueológicos. Allí escogió, para que prosiguieran su misión, a los famosos “Siete Varones Apostólicos”, que fueron ordenados obispos en Roma y que a su retorno a España fueron acompañados por el mismo Santiago, siguiendo la vía tarraconense.

Aquel equipo de misioneros encontró tal resistencia y rechazo a su predicación conforme avanzaban hacia el noroeste por la cuenca del Ebro que, desalentados por la falta de frutos pese a sus denodados esfuerzos, sintieron la insidiosa y lógica tentación de arrojar la toalla y volverse por donde habían venido. Justo en esos momentos, intervino María.

Antes de su dormición y asunción, sobre el año 40 y “en carne mortal”, Nuestra Señora se apareció al atribulado grupo sobre una columna de jaspe en Zaragoza, sobre el famoso “pilar” que ha dado nombre a su advocación como “Virgen del Pilar”, la “Pilarica”. Con su presencia les dio los ánimos que necesitaban para perseverar pese al aparente fracaso.

Gracias a la Virgen María, aquel grupo de misioneros inició la evangelización de España y España, más tarde, la del mundo entero. Por eso es la Patrona de España y de la Hispanidad. La Iglesia se apoya en los Apóstoles y ellos en Cristo y en María. La “Pilarica” se constituyó para siempre en base sólida en la que sustentarnos cuando todo viene en contra, cuando ya no podemos más, cuando se nos quiebra el valor, la fuerza e incluso la esperanza.

Nuestra Señora fue proclamada por Juan Pablo II “Estrella de la Nueva Evangelización”. Ella fue la primera en acoger el Evangelio, la Buena Nueva. En su seno físico gestó a Jesús y en su seno espiritual, la Iglesia, nos gesta a nosotros a la fe. En ella retornamos al seno materno para nacer de nuevo. Bajo su amparo podremos recobrar siempre el consuelo y la “parresia”, esto es, el coraje para perseverar aun cuando nos acogoten las dificultades.

Que hoy sea un día santo en el que, además de disfrutar del necesario asueto, acudamos a la Santisima Virgen y hallemos en ella el pilar, la columna indestructible de donde partir con renovadas fuerzas, cada cual a su misión.

Jesucristo y las drogas

(Publicado algo reducido en Las Provincias el 7-10-2010)

(Publicado completo en Forum Libertas el 27-10-2010)


Me tendrán que disculpar los teólogos por invadir un poco su terreno, aunque mi abordaje del tema va a ser desde la pedagogía, campo de mi competencia. Espero saber mostrarles, sin forzar los textos bíblicos que citaré, que Jesucristo tuvo contacto con la droga y que con su forma de actuar con ella nos lanzó un profundo y educativo mensaje, que hoy debe resonar más que nunca. En estos tiempos, en los que las drogas les están causando tanto daño, dedico estas reflexiones con especial cariño a todos los jóvenes.

Veamos el pasaje evangélico central sobre el tema en cuestión, un pequeño episodio que todo cristiano habrá leído o escuchado más de una vez, pero que con toda probabilidad le habrá pasado desapercibido si no ha contado con la ayuda de la exégesis oportuna. Los hechos ocurrieron en los últimos momentos de la pasión, cuando Jesús va a ser inminentemente crucificado. Dos evangelistas, Mateo y Marcos, dan testimonio de lo sucedido:

  • “Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, “Calvario”, le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo” (Mt 27, 33s).
  • “Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó” (Mc 15, 22s).

Para la interpretación de estos textos, partiré del comentario elaborado por los especialistas en Sagradas Escrituras de la prestigiosa Escuela Bíblica de Jerusalén, incluido en nota a pie de página sobre el texto de Mateo, en la Biblia redactada y editada bajo su dirección:

  • Brebaje embriagante que mujeres judías compasivas solían ofrecer a los ajusticiados para atenuar sus sufrimientos. De hecho, a este vino se le mezclaba más bien “mirra”; la “hiel” en Mt se debe a una reminiscencia del Sal 69, 22 (al igual que la corrección de “vino” en “vinagre” de la recensión antioquena). Jesús rechaza este estupefaciente”.

Jesús, rechazando ese “estupefaciente”, esa antigua droga que hubiera aminorado sus padecimientos, inaugura una perspectiva nueva en la historia, en la que constatamos que en toda época y cultura ha estado presente algún tipo de droga. El hombre ha recurrido siempre a estas muletas psíquicas frente al sufrimiento. Jesucristo rompe la tendencia. El sufrimiento cobra en él un nuevo sentido, el último y definitivo. No fue un masoquista que gozaba con el dolor. Sudó sangre en Getsemaní, tal fue su terror ante lo que le esperaba.

En aquel huerto, su deseo visceral, su voluntad como hombre, fue de lo más normal: escaparse corriendo. “Padre, si es posible, líbrame de este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esta fue su oración. Fíjense bien: aparecen dos voluntades, la de Jesús como hombre verdadero, que no quiere sufrir, que quiere librarse de aquel horror, y la del Padre, que le pone delante la pasión y la cruz. Jesús escoge la del Padre. Asume su misión de mostrar y demostrar lo que es el amor hasta el extremo, el amor de Dios.

Si Jesús hubiera aceptado la droga que le ofrecían las mujeres, no hubiera cumplido su misión. Habría sido un ajusticiado inocente más, pero no nos hubiese salvado ni redimido de nada. Sólo cargando en su Cruz todo el mal de la Humanidad, mató a la muerte con su muerte y resurrección, liberándonos de la esclavitud a la que, según la Carta a los Hebreos (2, 15), estábamos sometidos de por vida por el “miedo a la muerte”, por el temor a la muerte del propio ser que conlleva amar al otro tal cual es, en sus debilidades.

Jesús fue el hombre por excelencia, el hombre completo. “Ecce homo”, he aquí el hombre, proclamó sin saber el alcance de sus palabras el escéptico y cobarde Pilatos. Aun siendo Dios y Hombre verdadero, durante su vida terrena sólo se llamó a sí mismo “Hijo del Hombre”. En él, Dios revela el hombre al propio hombre, nos muestra quiénes somos en su diseño original. Jesús fue el hombre total, el hombre que asume la realidad integral, que toma su vida en peso, sin alienarse, hasta las últimas consecuencias.

La sociedad actual, como la de todos los tiempos, pero con una obsesión más potente y peligrosa que nunca, ofrece el espejismo de felicidad, de escape al sufrimiento y de sensaciones placenteras que produce las drogas, cada vez más abundantes y variadas. Espejismo que tarde o temprano se rompe en mil pedazos difíciles de recomponer, porque destruye a la persona y la arroja a un infierno mil veces peor que aquel del que prometía librarle. Espejismo que sólo beneficia a los desalmados que participan en ese multimillonario negocio.

Espejismo, además, que interesa a los que anhelan el poder a toda costa, porque saben muy bien que es más fácil dominar a su antojo a una población entontecida y aletargada con la droga. Queridos jóvenes, esos neototalitarios camuflados de progresistas que os presentan la droga como una conquista de libertad, os tienen miedo, porque saben que vuestra natural rebeldía juvenil, vuestro impulso de cambiar las cosas, pone en peligro el chollo que se han montado. Por eso os prefieren abobados y desmovilizados por las drogas.

¡No se lo permitáis! ¡No caigáis en su trampa! Cada día se escuchan más voces clamando por la legalización de las drogas, presentándose como defensoras de la libertad o camuflando sus intenciones afirmando que así acabarán con su venta ilegal e incluso que se reduciría su consumo. ¡No hagáis caso a esos cantos de sirena, propaganda del mayor negocio de la historia! ¡Huid de las drogas, afrontad vuestra vida sin esas muletas, mantened la mente bien clara, sed hombres y mujeres libres y luchadores!

Los que todavía no habéis sucumbido a la tentación de la curiosidad o a la presión de vuestros amigos, ¡enhorabuena, seguid resistiendo como valientes! No es más hombre, ni más mujer, quien se deja llevar por la corriente, sino quien mantiene su integridad luchando con valor contra ella. Y aquellos que hayáis caído en la droga o que estéis tonteando con ella, ¡abandonadla ya mismo, antes de que sea demasiado tarde! ¡Pedid cuanta ayuda sea necesaria, invocad el auxilio de Jesucristo y escapad de ese pozo sin fondo!

Para terminar, ahora sí mosquearé a los teólogos forzando un poco uno de los textos bíblicos. Ya dije que, como pedagogo, no puedo evitar leer las Escrituras en clave educativa. Dice Mateo que Jesús “después de probarla”, no quiso tomar aquella droga. Esa “prueba” de Jesús seguramente no fue más que una mínima “cata” para identificar lo que le ofrecían. Pero, ¿no es posible que al mismo tiempo os estuviera echando un guiño a aquellos que también la habéis probado, para que como él y con él la rechacéis de inmediato?

¡Atención, pregunta!: ¿Derogará el PP la Ley del Aborto si llega a gobernar? ¿Sí o no?

 

Lo siento por ustedes, señores y señoras del PP, pero no hay forma humana de aclararse respecto a lo que hará su partido con la nueva Ley del Aborto. Si nos atenemos a los hechos, que es lo que de verdad nos interesa a los votantes (a los que todavía no hemos aprendido a “doblepensar”, al menos), sólo sabemos lo que hicieron con la anterior, la de la despenalización del aborto en tres supuestos, durante los dos mandatos seguidos en que gobernaron antes de que Zapatero “les robase la cartera”: NADA.

Es más, Mariano Rajoy tuvo la sangre fría de declarar ante las cámaras de TV y cara a cara con una mujer minusválida –cuyo derecho a vivir estaba anulado por la anterior ley– que su partido no tocaría esa consensuada ley cuando gobernase. La postura del PP ante el aborto en sí mismo, es decir, respecto a la posibilidad de asesinar en algún caso a seres humanos en fase prenatal, está muy clara: se puede y se va a seguir pudiendo. Ahora tenemos una ley todavía peor y ante las preguntas sobre su derogación no se definen.

Sus respuestas son como la Parrala: que sí, que sí, que no, que no… Se suceden las contradicciones entre los altos cargos del partido, mientras no hay manera de arrancar una declaración firme de Rajoy. El resultado es que, a día de hoy, nadie sabe con certeza si el Partido Popular asume o no el compromiso de derogar, cuanto menos la nueva ley, si ganasen las próximas elecciones. La última cadena de declaraciones contrapuestas de altos cargos es absolutamente vergonzosa. Tiremos un poco de hemeroteca:

25-03-2010: Ana Pastor, responsable de Política Social del Partido Popular, manifiesta a Ignacio Villa, en las mañanas de la COPE: “Hacemos el recurso al Constitucional y seguro, por eso lo hacemos, el Constitucional va a decir que esta ley es inconstitucional. Y desde luego nosotros, lógicamente, la derogaremos”. ¿Eso es hablar claro, no les parece? Pues sigamos.

18-08-2010: Ana Pastor, esta vez ante los micrófonos de esRadio, tras criticar la ley de Zapatero y calificarla de “barbaridad”, anuncia textualmente: “El PP derogará la ley del aborto cuando gobierne, si el Tribunal Constitucional no lo ha hecho antes”. No es una mera opinión de un militante cualquiera, sino una declaración de un alto cargo en nombre de su partido.

24-09-2010: Dolores Cospedal, Secretaria General del PP, ante la sencilla cuestión planteada por Emilia Martínez, delegada de DAV en Lugo, al ver que Cospedal escurría el bulto sobre el tema derogación: “Dígame con un sí o con un no si se compromete con las declaraciones que hizo Ana Pastor”, tiene la desfachatez de decir:

a) “Esas declaraciones no las conozco”. ¡Tiene narices, la cosa! ¿Desconoce la Secretaria General del PP las declaraciones públicas, nada menos que de la responsable de Política Social de su partido? Sólo caben dos posibilidades: o miente, o no se entera de lo que dicen sus altos cargos en nombre del PP. No sé cuál de las dos opciones es más reprobable, ustedes verán.

b) Tras explicarle Emilia esas “ignoradas” declaraciones, Cospedal afirma –atentos porque aquí el despropósito ya es denigrante: “Eso depende. Yo sé que esto es muy fácil de preguntar, sí o no, pero yo digo las cosas como son. Y las cosas como son es que primero hay que llegar al Gobierno. Luego hay que saber si se puede conseguir con las mayorías que tienes”. Comento esto en punto y aparte, porque la respuestita de la Sra. Cospedal se las trae.

Dice la Secretaria General del PP, comentando la declaración de Ana Pastor que “desconocía”, que “primero hay que llegar al Gobierno”. Con un par. Se ve que la buena señora piensa llegar al gobierno sin declarar antes cuáles son las intenciones de su partido respecto a la ley del aborto. Es como si dijera: “yo no le voy a decir nuestras intenciones, usted vóteme y cuando gobierne ya veremos lo que se puede hacer”. ¿No entiende que lo que queremos saber es si su partido QUIERE derogar esa ley si llega a gobernar?

¿No comprende que, si el PP no se define sin ambajes sobre este asunto ANTES de las elecciones, con una declaración institucional firme de Mariano Rajoy o, mejor, con un compromiso inequívoco en su programa electoral, NO van a tener tan fácil llegar a ese poder? A los españoles que amamos y defendemos la vida humana en todas sus fases, no nos importa si la aritmética parlamentaria les hará más o menos fácil las cosas. Queremos saber si el Partido Popular DESEA derogar, al menos, la nueva Ley del Aborto: ¿SÍ o NO?

La táctica de “no sabe/no contesta”, mientras estudian la cotización electoral de los principios que van a defender, no es de recibo. Es una postura cobarde, descomprometida, oscura y acomplejada, que no satisface a nadie, ni a los que defendemos el derecho a vivir del ser humano en fase prenatal, ni a los que no lo defienden, ni a los que dudan. Subestiman la fuerza de concienciación y movilización de la iniciativa social pro vida. Y siguen tratando tan grave asunto como simple moneda electoral. Mala aritmética les espera.

Mis apuntes para una deontología gubernamental

(Publicado el 28-09-2010 en Páginas Digital)

 (Publicado el 4-10-2010 en Análisis Digital)

(Reproducido el 6-10-2010 en Profesionales por la Ética)

Sin pretender dármelas de “entendido” y hablando tan sólo con la autoridad de un miembro más del pueblo, he esbozado un retrato personal de las aptitudes y actitudes que desearía que configurasen la figura de nuestros gobernantes. Si encuentro algún político que cumpla este humilde bosquejo de deontología gubernamental, no dudaré en votarle. Alguno habrá, digo yo. Si no, lo cierto es que no me compensa perder el tiempo acudiendo a las urnas:

  1. Debe ser ante todo una persona con convicciones sólidas, transparentes, coherentes y profundas, con una concepción integral del mundo y de la vida bien definida, no un relativista funcional que se cambie la chaqueta y hasta la ropa interior de las ideas según la cotización electoral de las mismas. Sus principios tienen que estar claros y definidos. 
  2. Dichas convicciones no puede imponerlas al pueblo, sino que, traducidas en proyectos políticos concretos, debe proponerlas con claridad meridiana en su programa electoral, para que podamos decidir con nuestro derecho al voto si convenimos o no con ellas, sin llevarnos luego la sorpresa de que tan sólo hemos elegido a nuestro propio dictador. 
  3. Como persona pública de máximo rango, su conducta debe ser ejemplar. Ha de ser el primero en cumplir las exigencias legales, éticas y morales que recaen sobre todos los ciudadanos. Debe ser un modelo digno de admiración y emulación, no un mero charlatán. Su mayor enemigo no tendría que ser la oposición, sino su propia hipocresía. 
  4. Tiene que poseer carisma y vocación. No hablo desde una óptica religiosa, aunque no la descarto. Carisma no equivale a ser apuesto, “boquita de oro” o populista. Se trata de poseer una capacidad de liderazgo que ilusione por su honesta calidad humana. Su vocación no puede ser otra que la de servir al bien común de sus gobernados. 
  5. Su imagen personal debe ser digna, coherente y adecuada a su alto cargo y a su función representativa de su país. La ostentación, la marrullería, la presunción, la afectación, la pedantería, el disimulo, la mentira, el fariseísmo y la falta de vergüenza y sentido del ridículo deberían incapacitarle sin contemplaciones para el ejercicio del poder. 
  6. Debe poseer la máxima cualificación académica y profesional. Nadie encargaría un puente a un cirujano o se dejaría operar por un arquitecto. Debería ser Doctor en Ciencias Políticas y estar muy bien cualificado en su área de competencia (sanidad, educación, economía…). Ha de ser de los mejores y además dominar varios idiomas, como mínimo el inglés. 
  7. Debe sujetarse siempre al imperio de la ley, cuya máxima expresión es la Constitución o Carta Magna de su país, el marco de identidad y de legalidad que el pueblo soberano se ha dado a sí mismo ratificándolo mediante sufragio universal. Si no se somete por completo a las exigencias de este marco legal de máximo rango, no debería gobernar. 
  8. Puede no estar de acuerdo con la Constitución y, siempre que lo haya anunciado en su programa, promover el procedimiento legítimo para modificarla, el cual pasa por un nuevo sufragio universal, pero jamás puede vulnerarla por la puerta trasera utilizando el poder legislativo de su partido para generar leyes que “puenteen” la Carta Magna. 
  9. No debe perder jamás de vista el hecho de que no es ni más ni menos que un servidor público de alto rango. Es legítimo que gane un buen sueldo, digno y bien proporcionado a la gran responsabilidad que asume. Nada más. Debe renunciar a regalos, privilegios, ostentaciones y a cualquier fuente de ingresos que no sea transparente y legítima. 
  10. Al igual que la vocación de un periodista debe ser servir a la verdad y no a “su verdad”, la vocación de un político debe ser servir al bien común, no a su bien particular. El poder que le concede el pueblo soberano es tan sólo una herramienta que necesita para hacer su trabajo, no una ocasión para medrar, ni para imponer su santa voluntad. 
  11. El poder debe utilizarlo única y exclusivamente para llevar a cabo las tareas que el pueblo le ha confiado, según las formas y modelos que propuso en su programa. Debe asumir que los gobernantes son para el pueblo y no el pueblo para los gobernantes. Lo contrario haría de él un dictador autócrata, por mucho que su ascenso al poder fuese legítimo. 
  12. Los votos de los ciudadanos no son una carta blanca para que haga lo que le venga en gana, sino la concesión de su confianza temporal para que lleve a cabo un encargo concreto que debe cumplir. Su elección no le autoriza para llevar a cabo ninguna acción que no haya sido antes anunciada en su programa y  secundada en las urnas. 
  13. Debe ser hombre o mujer “de Estado”. Una vez ha llegado al poder, debe gobernar para todos y no sólo para los que le apoyan o votan. No puede hacer acepción de personas, ni favorecer con ningún tipo de prebendas a sus parientes, amigos, copartidarios, simpatizantes y comparsas de turno. El erario público no es suyo, es de todos. 
  14. No sólo debe gestionar correctamente todos los asuntos que le competen respecto al país que gobierna, sino que también debe velar por su mejor imagen, respeto, consideración y posición en el marco internacional. Nuestros “países amigos” deben ser las mejores democracias, no las dictaduras bananeras o las autocracias medievales. 
  15. Por último, ha de tener la humildad, la honestidad y la talla humana necesarias para reconocer sus errores, pedir disculpas y rectificar de inmediato. Si los fallos son graves, debe asumir sus responsabilidades políticas, dimitir, disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones, dejando que el pueblo le renueve o le revoque su confianza.

Acto de presentación de la Federación Educación y Desarrollo en Libertad de la C.V. (FEDEL)

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Tendrá lugar, D.m., el próximo sábado 25 de Septiembre, en el Salón Ausias March del Centro Cultural Bancaja, Plaza Tetuán Nº 23, 46003-Valencia. Inicio del acto a las 10:30 h.

 

A todos los que amáis y defendéis la educación en libertad, os comunico una magnífica noticia que quizá ya conocéis, pero que deseo resaltar:

Tras la implantación por la LOE y los RR.DD que la desarrollan, del conjunto de asignaturas llamado “Educación para la Ciudadanía”, flagrante y semi camuflado plan de adoctrinamiento estatal de los alumnos de Primaria y Secundaria al gusto de la ideología del gobierno de turno, se produjo en toda la geografía española una fuerte oposición social, llegando los padres a presentar más de 50.000 objeciones de conciencia y constituyéndose infinidad de plataformas y asociaciones con el objetivo de aunar fuerzas y ánimos e informar y ayudar a los padres en esta lucha sin cuartel. Con el nuevo añadido del adoctrinamiento sexual, la batalla se ha recrudecido mucho más todavía.

Diversas entidades fueron arrimando el hombro, con mayor o menor intensidad, para asesorar y apoyar a los padres en la defensa del derecho constitucional a que sus hijos sean educados según sus convicciones: Profesionales por la Ética, Foro Nacional de la Familia, Conferencia Episcopal Española… Junto a ellas, múltiples páginas Web (Objetores.org, Diario de un Padre Objetor, Ni un paso atrás, etc.). Y, por supuesto, nuestro querido Hazteoir.org y su página EpC NO. Otras entidades, cuyo apoyo hubiera sido decisorio, como FERE-CECA y EyG, no se atrevieron o no quisieron sumarse al frente de batalla, conformándose con un débil e insolidario “pacto” con el gobierno que les permitiría “adaptar” los contenidos de EpC a sus idearios.

Sea como fuere, los verdaderos protagonistas han sido los numerosos padres concienciados y movilizados en defensa de la educación en libertad de sus hijos, en especial los objetores. Poco podían hacer ellos solos, de modo que fueron agrupándose en centenares de plataformas. Nunca se ha visto en España tamaña movilización social pacífica. En la Comunidad Valenciana surgieron, como en las demás autonomías, diversas asociaciones provinciales. Fue la primera fase de la unión de fuerzas entre familias y profesionales voluntarios, que ha realizado y realiza una ingente labor. El siguiente paso era lógico: seguir aunando fuerzas. La multitud de pequeñas entidades debía asociarse o federarse para sumar y coordinar los esfuerzos.

Así nació, en la Comunidad Valenciana, FEDEL, federación que reúne, por el momento, a seis de las entidades comprometidas en la promoción de la educación y el desarrollo en libertad. También, como era lógico y cabal, se constituyó en octubre de 2009 una federación nacional, España Educa en Libertad, con el propósito añadido de constituirse en interlocutora ante las autoridades estatales, en representación de los padres asociados en las plataformas federadas. El próximo sábado, FEDEL, la Federación Educación y Desarrollo en Libertad de la Comunidad Valenciana, va a presentarse oficialmente ante la sociedad, en un interesante y entrañable acto al que todos estáis invitados. Para más información, leed lo siguiente:   

Qué es F.E.D.E.L.

La Federación Educación y Desarrollo en Libertad es una entidad de ámbito autonómico, constituida por 6 asociaciones sin ánimo de lucro radicadas en las tres provincias valencianas: Alicante Educa en Libertad (AEL), Asociación de Educadores Cristianos de Alicante (AECA), Castellón Educa en Libertad (CEL), Asociación Católica de Maestros de Valencia, Asociación Juan Pablo II por el Desarrollo Humano de Alzira y Valencia Educa en Libertad (VAEL). Según sus estatutos, a FEDEL “pueden sumarse otras entidades” que, “en el ámbito público, y esencialmente educativo”, reivindiquen “la libertad ideológica, religiosa y de culto, así como los principios que conforman la estructura intrínseca de la dignidad humana: la verdad, la moral (el amor) y la justicia”.

Entre otros fines, la Federación se propone defender los derechos de los padres a educar a los hijos en las propias convicciones, a elegir la lengua vehicular en la que los menores han de recibir la enseñanza y a acogerse a la objeción de conciencia cuando en la actividad escolar se incurra en adoctrinamiento ético y/o moral ilegítimo. También anuncia la creación de un Observatorio que denunciará ante la administración educativa –y, si ello fuese necesario, ante los tribunales– cualquier tipo de atentado que pudiera producirse contra los derechos antes mencionados.

Programa del Acto de Presentación

  •  10:30 h. Salutación y presentación del acto y de FEDEL, a cargo de su Presidente, el Dr. D. Jorge Sánchez-Tarazaga y Marcelino, Abogado.
  •  11:30 h. Conferencia impartida por el Dr. D. Francisco Jiménez Ambel, Abogado y Secretario del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, con el título: “Libertad de educación como libertad de pensamiento”.
  •  12:30 h. Intervención del Rvdo. Sr. D. Rafael Cerdá Capuz, Presidente de la Comisión Diocesana de Enseñanza y de la Fundación Colegios Diocesanos de Valencia.
  •  12:45 h. Intervención de la Honorable Sra. Dª. Concepción Gómez Ocaña, Secretaria Autonómica de Educación de la Generalitat Valenciana, que clausurará el acto.

NOTA: Para localizar y conocer las formas de llegar al lugar del evento, pueden pinchar en el enlace al Centro Cultural Bancaja que consta en el texto en cursiva del encabezamiento de este artículo.

A mi hermano Nacho Sáez, por sus 40 años de contagiosa fe, vitalidad y positividad

 

Es mi hermano pequeño y acaba de cumplir 40 “tacos” de nada. Mañana, sábado, nos reunimos en familia para celebrarlo como merece. Como lo merece el acontecimiento y como lo merece él mismo. Este escrito es un pequeño regalo que deseo hacerle, a la par que un homenaje a una persona excepcional, a un maestro de la vitalidad y positividad que emanan de la fe en Dios y, en consecuencia, en la vida. No me vayan a confundir vitalidad con vitalismo, ni positividad con positivismo. Me explicaré un poco.

El positivismo es una corriente filosófica que ha calado en todas las estructuras de la sociedad y en millones de mentes humanas contemporáneas. Sintetizando mucho, tal forma de pensar y hacer consiste en un nominalismo de nuevo corte, que niega la existencia de principios universales y perennes para afirmar que el hombre debe abandonar sus “infantiles” creencias y convicciones procedentes de la tradición, para crear por sí mismo, a la luz de su razón, una nueva moral individual auto-construida al gusto de su autor.

Nada más lejos de la positividad de mi hermano. Su ética, su filosofía práctica de la vida, que aplica cada día como un héroe, arranca de la tradición cristiana recibida, se enriquece con sus propias reflexiones y experiencias, crece con la participación en la liturgia y los sacramentos católicos y acaba en una síntesis envidiable entre pensamiento y acción, entre fe y vida. Nacho es positivo, porque aún en los momentos más difíciles de su vida, que han sido muchos y graves, ha sabido esperar siempre lo mejor, con un incombustible optimismo.

El vitalismo es otra corriente filosófica vinculada al positivismo que también se ha introducido por doquier en nuestra cultura, como un virus mortal pese a su bonito nombre. Haciendo de nuevo una definición minimalista, el vitalismo es un neo-hedonismo que consiste en despojar al hombre de sus exigencias éticas intrínsecas para crear un remedo de “hombre nuevo”, por fin “adulto” y “libre” de toda moral, capaz de guiarse por sus apetencias, por sus instintos, por lo que le dictan sus impulsos, con tal de que no moleste a los demás.

De nuevo, nada que ver con la vitalidad de Nacho. Mi hermano ha sabido y sabe guiar su vida por su síntesis entre fe y razón, entre convicción y reflexión, que le han llevado, desde muy joven, a enfrentar la vida creyendo en ella, valorándola y amándola como el bien más precioso que le ha sido dado, minuto a minuto. Un bien que ha sabido defender a capa y espada para sí y para todos, contagiando y arrastrando a cuantos le rodean a vivir la vida disfrutando serena y sabiamente de lo mejor del hoy, del ahora, del instante.

No ha tenido una vida nada fácil, pero hasta ahora (y que siga por muchos años), la ha disfrutado como nadie, saboreando cada oportunidad de felicidad y esperando siempre lo mejor en cada uno de los momentos difíciles. Diabético desde los ocho años, con la insulina y los riesgos siempre a cuestas, muy pronto se formó el empeño, dijeran lo que dijeran los médicos, de que un día se curaría. Pensaba que, si seguía una disciplina estricta con su enfermedad y esperaba el avance de la medicina, un día dejaría atrás su diabetes.

Pese a cuidarse con tal precisión y entusiasmo, la enfermedad iba haciendo poco a poco sus típicos estragos en su organismo: problemas de retina, problemas renales… Los primeros se solucionaron con las nuevas tecnologías láser. Los segundos requirieron años de dormir semi-recostado, enchufado a un moderno artefacto de diálisis instalado en su casa, en espera de un trasplante de riñón. Todos ustedes tendrán constancia de las enormes listas de espera para estas cosas. Pero mi hermano esperaba con paciencia y no sólo el trasplante -solución temporal-, sino también su total curación.

Su confiada esperanza le acarreó un fruto insospechado hasta para los médicos. Cuando el implacable avance de su diabetes amenazaba con acabar con él de forma en poco tiempo inapelable, la medicina encontró una forma, todavía experimental y arriesgada, de realizar no sólo un trasplante de riñón, sino también de páncreas, el órgano productor de la insulina, cuya disfunción provoca la diabetes. Cuando por fin le llamaron para un trasplante, le ofrecieron hacerlo de ambos órganos, advirtiéndole de los riesgos.

La operación era en extremo delicada y arriesgada y los especialistas no podían garantizarle un éxito más allá de un exiguo porcentaje de probabilidades. La respuesta de mi hermano a los médicos resume todo lo que he dicho de él hasta ahora: “No se preocupen, ustedes hagan su trabajo, PORQUE YO VOY A SER DE ESE PEQUEÑO PORCENTAJE DE LOS QUE SE CURAN”. Los médicos insistieron en los riesgos, pero él les repitió una y otra vez: “No me han entendido. Les estoy diciendo que yo voy a ser del pequeño grupo de los que se curan, no lo duden”. Tan firme era su convicción.

Los médicos saben muy bien la capacidad curativa que tiene la voluntad de vivir y curarse por parte del enfermo. Se lanzaron a aquella novedosa y complicada intervención animados por el optimismo radical de Nacho. ¡Tuvieron un éxito total! Hoy en día, mi hermano YA NO ES DIABÉTICO, no necesita pincharse insulina y está hecho un chaval. Se sigue cuidando, porque no se puede abusar de unos órganos trasplantados, lleva de por vida un tratamiento inmunodepresor para evitar rechazos, ¡pero está curado!

La combinación entre su positividad-vitalidad y la pericia de los médicos, han conseguido la meta propuesta. Nacho sabe bien que detrás de todo ello, Dios ha estado presente. Es consciente, con toda naturalidad, de que su curación no es más que una prórroga, porque el destino final de todos es impepinable. Sabe que, por estar bajo de defensas por la medicación anti-rechazo, una infección podría ser fatal. No le importa. Siente que ha vuelto a nacer y está lanzado a disfrutar de la vida que le ha sido regalada por segunda vez.

Desde entonces, no para. El cuidado de su salud y los riesgos que aún corre, le impiden trabajar, pero se ha convertido en el activista “number one” de la urbanización y del pueblo en el que vive. Es el motor de la vecindad. Canta en un coro, muy bien, por cierto. Escribe, organiza y participa como actor en una pujante “troup” de teatro. Está en un grupo de senderismo. Impulsa y participa en todo tipo de actividades lúdicas. Sabe medir sus fuerzas y utilizarlas para fomentar experiencias comunitarias. Vive, vive y vive.

Nunca ha dado importancia a sus cumpleaños, pero la cifra redonda de los 40 le ha impulsado a convocar a la familia para celebrarlo. A veces nos dice que debería celebrar dos cumpleaños, uno por el aniversario de su nacimiento y otro por el aniversario de su operación, en la que nació de nuevo. Todos los que le queremos vamos a celebrar al mismo tiempo los dos. Se lo merece él, se lo merecen su esposa y sus hijos, y se lo merece nuestro Padre Dios, que nos ha regalado un hermano que es, literalmente, la alegría de la casa.

¡Felicidades, querido Nacho!

El pastor que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

 

(Publicado en Las Provincias del 11-09-2010 y en Análisis Digital del 25-11-2010).

En los últimos días, hemos sufrido un alud de noticias sobre la pretensión del estadounidense Terry Jones, pastor protestante de una exigua comunidad en la también pequeña localidad de Gainesville (Florida), de quemar ejemplares del Corán en este 11 de septiembre, según él como conmemoración del atentado a las torres gemelas del WTC y como protesta por la construcción de una mezquita junto a la zona cero, el triste solar que ha quedado expósito tras el terrible atentado que segó la vida de casi 3.000 personas.

Primero anunció a los cuatro vientos la quema de los textos sagrados. Luego, tras haber captado la atención incluso del gobierno de su país por las posibles repercusiones, anunció que renunciaba a sus intenciones ante ciertas promesas del Sr. Barak Hussein Obama. Después saltó a la prensa que “se lo está pensando” y que tal vez sí se lance a consumar su pirómana idea. ¡Vaya forma de alcanzar notoriedad y fama la que se ha montado este excéntrico pseudo-cristiano, tan fanático como aquellos a quienes critica!

Aunque me parece una provocativa y desafortunada idea la construcción de una mezquita justo en ese lugar, cualquier persona razonable y de buena voluntad sabe que el Corán, e incluso el Islam considerado globalmente, no son los culpables de los atentados del 11-S, ni del terrorismo islamista. Los responsables de esos espantosos crímenes son grupos extremistas violentos que se consideran a sí mismos musulmanes y tratan de justificarse interpretando el Corán a su antojo, pero no lo es el Corán en sí mismo.

Como cristiano católico, reconozco con pesar las barbaridades que, a lo largo de la historia, se han cometido en nombre de Dios, de Jesucristo y de una interpretación errónea e interesada de la Biblia. Las han hecho supuestos católicos y las han hecho supuestos protestantes. Es fácil abrir la Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, interpretarla a gusto del fanático de turno y sacar citas fuera de contexto para justificar casi cualquier cosa. No por eso la Biblia merece ser quemada. Ese pastorcillo de Florida debería saberlo.

Los textos sagrados de las principales religiones contienen mensajes de fe, esperanza, amor, paz y vida ética y moralmente correcta. Interpretados en su globalidad y en su contexto histórico, con sabiduría, erudición y recta intención, no puede extraerse de ellos justificación alguna para actos violentos ni crimen alguno. Enarbolar la bandera de una religión o un nombre de Dios para cometer tales atrocidades jamás es legítimo. Dios “odia” la violencia, se apele a él como Dios, Alá o con el tetragrama hebraico.

El cristianismo ha ido comprendiendo cada vez mejor esta realidad y hoy en día ninguna gran iglesia piensa ni de lejos que de la Biblia pueda extraerse alguna enseñanza que justifique o aliente la violencia y el asesinato. El Islam, religión más joven, también ha ido comprendiendo –exceptuando los grupos extremistas– que el corazón del Corán es pacífico. Los musulmanes no tienen una institución que los aúne a todos, como el papado católico, y les es difícil dejar constancia de ello en un “concilio”, pero en general es así.

Por desgracia, es necesario seguir defendiéndonos de esas sectas islamistas fanáticas. No podemos permitir que se vuelvan a producir tan horrorosos atentados. Los más altos líderes de las religiones mayoritarias llevan años dialogando, alentados por el impulso ecuménico católico, para intentar realzar los puntos de comunión entre sus respectivas confesiones. Uno de los temas de  unánime acuerdo es que ni el nombre de Dios, ni los textos sagrados, pueden ser invocados para justificar forma alguna de violencia.

Ni la Biblia tiene “la culpa” de las atrocidades que algunos hombres han cometido retorciendo su contenido, ni tampoco la tiene el Corán. Quemar el libro sagrado de una religión es un acto de ignorante fanatismo y de inhumana falta de respeto hacia las creencias ajenas. Tal acción, más propia del Medioevo que del siglo XXI, sólo puede servir para alimentar más odio y más violencia. Si ese pastor en verdad quiere ver al mundo libre de fanáticos violentos, debe comenzar por abandonar sus propios fanatismos.

No piensen que, por decir estas cosas, me trago las chafarderías de Zapatero sobre su estúpida “alianza de civilizaciones”. Difícilmente se pueden “aliar” dos colectivos humanos todavía por civilizar. La parte islámica está formada todavía por retrógradas autocracias o teocracias, unas más abiertas que otras, con la peculiar excepción de Turquía. En muchas “repúblicas islámicas” (así llaman hipócritamente a sus dictaduras teocráticas), aún se practican lapidaciones, ablaciones, leyes de talión, desprecio a la mujer, etc.

La parte “de aquí” (no sé cómo llamarla, si ya no quiere ser “cristiana”), que está formada por democracias (eso dicen) y todo parece muy avanzado y muy progresista, es una gigantesca mentira en recesión, no sólo económica, sino también humana, ética y moral. No lapidamos, pero el Tío Sam aún permite la pena de muerte; no hacemos ablaciones de clítoris, pero asesinamos a los niños en el seno de sus madres; no seguimos la ley del talión, pero fabricamos leyes injustas como churros; y seguimos despreciando a la mujer.

Seguimos despreciándola porque no le facilitamos su maternidad y la empujamos a la tragedia del aborto;  seguimos despreciándola porque el feminismo radical neo-machista que ha impregnado las cúpulas del poder no la valora por sí misma, sino que “caballerosamente” le regala cuotas sin méritos; seguimos despreciándola porque no eliminamos la prostitución, ni su utilización como objeto sexual y publicitario; seguimos despreciándola porque la conciliación eficaz del trabajo fuera y dentro del hogar es un cuento chino…

Todos tenemos mucho que aprender en humanidad. Los de “esta parte” poseemos mucha ciencia y muy poca conciencia. Mucha tecnología y muy poca sabiduría para utilizarla sin que se nos apodere y nos esclavice. Hacemos mucho “ruido” con la justicia, la igualdad y la solidaridad, pero damos muy pocas “nueces”. Nuestro “way of life” comodón y burgués, ahora en justa y lógica crisis, no ha sido más que una inmoral “dolce vita” sustentada por la explotación, la miseria y el hambre de dos tercios de la Humanidad.

El pastor Jones, tan americano él, debería pensárselo dos veces antes de menospreciar al Islam en bloque y echar una miradita en torno suyo. Si fuese honesto en su ojeada, vería las salvajadas que produce a diario su amada patria, que tanto se llena la boca con el “God bless USA”. Y no creo que, tras ver tanta tragedia, se le ocurriese quemar su Sagrada Biblia, ni su adorada Constitución. Más le valdría a ese predicador de pacotilla dejar de soñar con cerillas y bidones de gasolina y pedir a Dios un poco de humildad.

Añado, el 30 de marzo de 2011, el siguiente enlace: ”Quema del Corán en los EE.UU. Los cristianos paquistaníes en peligro“.

Con la muerte en los tacones

 

Reproduzco hoy en mi blog un contundente e ilustrativo artículo de mi amigo, el Dr. Esteban Rodriguez Martín, portavoz de Ginecólogos por el Derecho a Vivir de Andalucía y Consejero de la Red Madre de Cádiz. Esteban, luchador incansable y aguerrido por el derecho a vivir de los seres humanos en gestación, lleva años oponiéndose activamente, no sólo al aborto, sino también a la eugenésica e intolerable práctica de los arriesgados métodos de diagnóstico prenatal cuya única función real no es terapéutica, sino tan sólo seleccionar a los “candidatos” a ser asesinados en el seno de sus madres por padecer alguna anomalía o defecto. Les dejo con él.

 

CON LA MUERTE EN LOS TACONES, por el Dr. Esteban Rodriguez.

Trinidad no tiene excusa ni perdón.

Trinidad Jiménez, se muestra orgullosa de la ley abortista diseñada por su colega y camarada Bibiana Aido. Resulta sorprendente que una ley denominada de salud reproductiva no haya sido elaborada por el ministerio que se encarga de la salud pública. Pero más sorprende que la ministra de sanidad apoye, desde la barrera, una ley que permite matar a los seres humanos antes del parto y que lesiona la salud de la mujer.

Por si no fuera poca la responsabilidad de la ministra de sanidad, la ley que aplaude pretende obligar a la clase médica a cooperar para facilitar que una madre pueda exigir de los médicos que la ayuden a matar al hijo del que están embarazadas cuando sea indeseable y adiestrar a médicos y sanitarios en formación para que aprendan las técnicas homicidas del abortismo práctico. Y para colmo toma parte para imponer un modelo  de sexualidad que engaña sobre lo que es el “sexo seguro” -fomentando  la promiscuidad en la escuela y métodos antimaternidad- y sobre lo que es ese otro dogma político de la “identidad sexual” frente a lo que la comunidad científica no ha llegado a acuerdo ni para definirlo ni en la metodología para su evaluación.

La ignorancia científica de Bibiana Aido resultó patente cuando, en entrevista en la SER, afirmó que: “no existía evidencia científica de que un feto fuera un ser humano”. Se entiende que esta señora nunca ha estudiado Embriología Humana y puede que ni Biología General en la enseñanza secundaria. Trinidad  no demuestra menor ignorancia que Bibiana. De lo que sí parecen saber es de tácticas para no desarrollar la feminidad en su maxima expresión.

Ninguna de las dos es licenciada en medicina y sin embargo se arrogan la potestad; una, de elaborar leyes que afectan a la salud y a los médicos y, la otra, de consentirla sin crítica ni oposición en una clara dejación de funciones.

Ambas están marcadas por una ideología de partido de corte totalitario y ninguna tiene ni idea de ciencia, de educación sexual, de deontología, ni de ética médica, y tampoco mucha, visto lo visto, de ética política ni de prácticas de buen gobierno.

Pero Trinidad Jiménez no tiene excusa. Yo mismo, junto con otras tres  ginecólogas, entregamos en el ministerio de la Sra. Jiménez una copia del Código de Ética y Deontología Médica en vigor, junto con un video que demuestra la vitalidad, la realidad personal, y la corporalidad humana del ser humano en las etapas iniciales de su vida (enlace al video).

Este código, de obligado cumplimiento para todo médico (art 2.1), establece que el médico nunca causará la muerte ni aunque se le solicite (art 27.3), que el ser humano embriofetal debe ser tratado con las mismas directrices éticas que cualquier otro paciente (art. 24.1), que el médico es un servidor de la vida humana (art 23.1), que respetar la vida humana y la dignidad de la persona son los deberes primordiales del médico (art 4.1), que los médicos estamos dispensados de actuar si se nos exigen procedimientos que por razones científicas y éticas juzguemos inadecuados o inaceptables (art. 9.3) o que nunca perjudicará intencionadamente a un paciente ni actuará con negligencia (art. 4.4).

Las razones éticas y científicas que invoca el art 9.3 son precisamente las que hacen que todo el mundo esté de acuerdo en que  el aborto es una decisión desagradable y un trauma para la mujer. Trauma que daña su salud y le mata un hijo. Esas son la razones éticas y científicas (no religiosas ni ideológicas)  que impiden que un médico, que actúe conforme a la ética, perjudique intencionadamente a la mujer con una interrupción homicida de la gestación ni aunque ésta lo exija en una situación de presión o de depresión. Al contrario, estaremos favoreciendo la salud de la mujer si tratamos su depresión y hacemos un refuerzo positivo para evitar: que participe en la muerte voluntaria de su hijo, los riesgos físicos de un arrancamiento quirúrgico y los de un trauma postaborto.

Con el silencio administrativo nos respondió  Trinidad Jiménez, el mismo silencio cómplice y cobarde que ha mostrado haciendo dejación de funciones en defensa de la salud de las mujeres y de sus hijos ante una ley homicida contraria a la deontología médica y a los derechos fundamentales de sus administrados. Por aplastar bajo sus tacones la vida de los hijos, los derechos de padres y médicos y la dignidad de la mujer tampoco tiene perdón.

Esteban Rodríguez. Ginecólogo.

Por una Tierra Santa en paz y concordia

Con Simon Peres 1

“¡Jerusalén, Ciudad Santa! ¡Dichosos los que te amen! ¡Dichosos los que se alegren en tu paz!” (Tb 13, 9.14)

 

Con esta bellísima cita del bíblico libro de Tobías, quiero iniciar una humilde reflexión personal sobre el nuevo proceso de paz que parece haberse abierto con seriedad y responsabilidad en aquella tierra,  santa para las tres grandes religiones monoteístas y, paradójicamente, tan castigada a lo largo de la historia por la división, la violencia y la guerra.

 Aunque no hay un acuerdo entre los especialistas, uno de probables orígenes del topónimo ”Jerusalén” (Jerusalem), hace referencia al término semítico arcaico ”salem”, del que se derivarían los posteriores ”shalom” y “salam”, vocablos que expresan, en hebreo y en árabe respectivamente, la paz y el deseo de la misma. Según esta etimología, la capital espiritual de Tierra Santa, la Ciudad Santa, está llamada a la paz desde su nacimiento. ¡Qué maldita ironía que aquella bendita tierra esté manchada con tanta sangre!

Me considero incapaz de comprender en todos sus detalles y profundidad el llamado “conflicto palestino-israelí”, pero desde el punto de vista de un sencillo observador cristiano católico, amante empedernido de aquellos entrañables parajes donde sucedieron todos los principales acontecimientos de nuestra fe, me produce una infinita tristeza que dos pueblos que se consideran a sí mismos hijos de Abraham, no hayan sido capaces, por el momento, de negociar alguna forma de convivencia que asegure una paz duradera.

Desde 1978, con los famosos acuerdos de Camp David, se han realizado multitud de intentos, con o sin mediación exterior, de alcanzar la paz, pero ninguno de ellos ha resultado eficaz y perdurable. No obstante, estoy seguro de que, excepto algunos fanáticos extremistas, causantes de muchos de los descalabros de los acuerdos, ambos pueblos necesitan y anhelan vivir en paz. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo para alcanzar un bien que todos desean? Lo dicho, jamás podré entender aquel conflicto que no parece tener fin.

El Primer Ministro Israelí, Benjamín Netanyahu, afirmaba ayer en su entrevista con su homólogo palestino, Mahmud Abbas, que la consecución de una paz duradera necesitará importantes e incluso dolorosas cesiones por ambas partes. Seguro que sí. ¿Pero, acaso no vale la pena asumir ciertas renuncias a cambio del fin de la violencia? ¿Pueden desear dos pueblos mayor bien que la paz, la concordia, el entendimiento y el fin de todo tipo de hostilidades?

Las conversaciones bilaterales que se han reanudado y que está previsto que se repitan cada quince días, son una nueva llama de esperanza. No me parecen descabelladas ninguna de las pretensiones de ambas partes. Los palestinos piden el cese de nuevos asentamientos y el desbloqueo de Gaza. Los ísraelíes quieren que se garantice su propia seguridad sin recibir más ataques. Creo que todo eso es negociable y posible.

En la foto, que no es un montaje, sino que es real, pueden ver a un servidor estrechando las manos de Shimon Peres, Presidente del Estado de Israel. Ya se imaginarán que no estoy sellando con él un acuerdo “en la cumbre”. Sólo fue una inesperada y agradable casualidad encontrarme con él en la terraza del Hotel King David de Jerusalén hace unos años, en el 2003 si no me equivoco. Conservo la fotografía, hecha todavía con una cámara de “carrete” fotosensible (no había aún digitales), como oro en paño.

Peres es uno de los pocos políticos de izquierdas que admiro, por sus constantes esfuerzos e iniciativas por alcanzar la paz. Por eso no dudé en acercarme a él para saludale y felicitarle. No sólo conseguí que sus escoltas me dejaran aproximarme y charlar un poco con él, sino que con la cara dura que me caracteriza, le pedí a uno de ellos que nos sacara la foto. Al venerable anciano, muy emocionado ante el hecho de que un sencillo españolito de a pie le conociera y admirara, se le humedecieron los ojos.

Shimon Peres ha apostado siempre por el diálogo como medio de resolver el conflicto. Estilo de hacer las cosas que le valió la concesión del Premio Nobel de la Paz en 1994, y que le costó la vida a su copartidario laborista Isaac Rabin, también Premio Nobel de la Paz y, además, Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, que le fueron otorgados en el mismo año de 1994.

A la par que Netanyahu se reunía ayer con Abbas, con la mediación de Hilary Clinton, Peres se entrevistaba con el Papa Benedicto XVI y ambos manifestaron públicamente su confianza y esperanza en el nuevo proceso de paz, además de condenar toda forma de violencia y apostar por la satisfacción de todas las necesidades de ambos pueblos y por el diálogo interreligioso.

Yo también espero, de todo corazón, que de una vez por todas ambos pueblos puedan ver cumplidas sus legítimas aspiraciones y vivir para siempre en paz.

El indigno mercado de los valores

 

No se preocupen, no voy a hablar de economía, ni de las oscilaciones de las bolsas, ni de inversiones y cotizaciones. No voy a referirme a ese mercado de valores crematísticos del “parquet” bursátil, sino al mercado de otro tipo de valores, aunque relación tienen entre ambos. Voy a denunciar la banalización de los valores humanos, los valores éticos y morales, los valores culturales, que parecen haberse convertido en un producto más del mercado, cambiable y vendible según el interés del momento y al mejor postor.

El tema sobrepasa al pluralismo, que aboga por la tolerante aceptación de (casi) todos los valores; sobrepasa al relativismo, que niega la existencia de ningún valor universal o absoluto; y sobrepasa al positivismo, que propugna la libre creación de valores sin referencia a ninguna base natural o universal previa. ¿Pueden llevarse los valores humanos a un nivel todavía más bajo? Parece que sí. Es un hecho que los valores, para muchas personas –sobre todo públicas– han pasado a ser una simple moneda de cambio.

Todo esto suena a la famosa e irónica frase atribuida a Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Lo que el genial actor cómico tal vez dijo como una graciosa y aguda paradoja, para muchas personas ha pasado a ser una práctica común y corriente. La coherencia con los propios principios quizá siga siendo un valor para muchos, pero, ¿qué sucede cuando esos principios son sólo vacías declaraciones de intenciones que se pueden sustituir por otros al viento de los intereses de cada momento?

Algunos de los actuales “filósofos”, esos mismos que han contribuido a descalabrar las mentes de centenares de miles de adolescentes gracias a que sus libros son de obligada lectura y estudio en multitud de institutos, han hecho de su profesión un lucrativo negocio, renunciando al noble papel de trabajar “a la oferta” (proponiendo nuevos modelos de pensamiento que mejoren la vida humana) para dedicarse a filosofar “a la demanda”, es decir, vendiendo “razones” para sustentar ideologías preconcebidas.

Un valor tan precioso como la “autenticidad”, que alude al “ser uno mismo” y a la coherencia personal, ha sido puesto en crisis por estos pseudo-filósofos convertidos en bien pagados ideólogos. Alguno llega a ridiculizar la “autenticidad” con la burda afirmación de que no existe eso que llamamos “uno mismo”. Para ellos, la vida es, textualmente, como un baile de máscaras, una fiesta de disfraces en la que cada cual debe asumir el “uno mismo” que mejor le parezca en cada situación. ¡Qué pobre concepto del ser humano!

Los valores, las convicciones, los principios, los ideales, que constituyen el pilar desde el que se puede construir una personalidad propia y definida y un estilo de vida con razón de ser, sólo son ahora para mucha gente meras opiniones fugaces, tan mutables como una careta de carnaval. Es muy triste contemplar estas cosas en muchos jóvenes, que por naturaleza deberían ser calderos en ebullición, llenos de inquietudes por cambiar las cosas, por mejorar el mundo que les legamos. Y es indignante verlas en los servidores públicos.

Ya no se limitan a “cambiar de chaqueta” según soplan los vientos políticos. Ahora se cambian también la ropa interior. Antes estaban avezados en el feo arte del “donde dije digo, digo Diego”. La hueca posmodernidad les ha llevado más lejos o, mejor dicho, más bajo: “donde fui de tal forma, ahora soy de tal otra”. Así, de golpe, sin solución de continuidad, sin que tal cambio sea fruto de una maduración o evolución personal. Ahora me conviene “ser” así y, como me da la gana y me interesa, “lo soy” y punto.

Si antes era constitucionalista, porque me convenía, ahora me hago separatista, porque me conviene más. Si antes era antiabortista, porque en su momento me daba una identidad útil, ahora me hago el tonto con el aborto, porque me interesa más. Si antes disfrutaba viendo una corrida de toros, ahora me las doy de ecologista anti-fiesta nacional, sólo por eso, porque es “nacional”. Si antes creía que la educación es un ámbito en el que mandan los padres, ahora prefiero controlarla yo desde el poder. Y así con todo.

Con tanta incoherencia, los españoles vamos locos, despistados, perdidos. Cada vez sabemos menos a quién votar con cierta seguridad. Un convencido socialista vota al PSOE y se encuentra con que el programa electoral que secundó con su voto no se lleva a cabo y, en cambio, se malversa su voto para imponer multitud de graves temas que no figuraban en el programa. Un conservador vota al PP, creyéndolo portador de ciertos valores y luego se queda pasmado contemplando los vaivenes de sus políticos electos…

Es como comprar una entrada para la Traviata de Verdi y luego, al comenzar la función, ver que ponen en su lugar un concierto de Marilyn Manson. Lo peor es que muchos de los frustrados espectadores, ni abandonan el teatro, ni protestan, ni devuelven las entradas: se tragan el inesperado esperpento y vuelven a sacar entradas para la próxima función. Dicen que la democracia española es joven y que por eso falta determinación en el pueblo para actuar. Yo diría que más que joven, nuestra democracia es tonta del culo.

Yo no sé ustedes, pero por lo que a mí respecta, no pienso votar jamás a nadie que no me haya demostrado con hechos y de forma constante y coherente, que posee y ejercita los valores que considero esenciales. Como todo el mundo, quien escribe estas líneas comete innumerables errores, pero no se justifica cambiando sus principios, ni sus convicciones, ni sus valores. Puedo comprender, por tanto, que un político se equivoque. Pero jamás aceptaré que ninguno me tome por imbécil y malverse mi voto.

Los políticos –salvo honrosas y escasas excepciones- se han montado un Olimpo particular y han formado una casta privilegiada situada a años luz del pueblo. El “espectro político” se ha hecho irreconocible, con todos los colores mezclados en una confusa masa marrón. Tanto “transfuguismo axiológico” (de valores) hace imposible reconocer quién es quién, o quién será quién cuando le convenga. Hace falta en España una renovación política de tal calibre, que no sé si será posible. Lo que sí sé es que hay que luchar por ello.

Ellos verán. La gente no es tan estúpida como ellos piensan. Aletargada, eso sí, pero no idiota. Poco a poco, el pueblo (omito deliberadamente el término “ciudadanía”) se va dando cuenta de que los políticos y la política ya no van con él, sino que siguen su propio “rollo”, basado sobre todo en hacer cuanto sea necesario para perpetuarse a sí mismos en el poder. Ve cómo sólo las minorías que les bailan el nano son atendidas de forma privilegiada. En resumen: el pueblo comienza a estar hasta las narices.

Ante la percepción de tanto mercantilismo con los ideales, los principios y los valores, cada vez más descarado, puede suceder cualquier cosa, desde la continuidad de un resignado conformismo mientras todo se derrumba solo, hasta una revolución que lo eche abajo por la fuerza. Espero que no suceda nada de esto. Confío en que el pueblo español sepa demostrar lo que en verdad vale y sea capaz de echar fuera del poder, con su derecho al voto, a toda esa recua de indignos charlatanes que lo creen suyo para siempre.

(Publicado en Análisis Digital el 29-09-2010)

Los abuelos y la educación de los nietos

Yayo y nietos (En la foto, mi padre, con 79 años, hablando con tres de sus nietos, de 15, 16 y 17 años, sobre cómo aprender a ser adultos sin dejarse manipular) 

 

“Evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti”.

(II Tim 1, 5)

Estamos en una cultura –ya no sé si llamarla contracultura– muy cruel con los ancianos, por mucho que el neolenguaje creado por los gobernantes huya de la palabra “vejez” para cambiarla por “tercera edad” y del término “viejo” para sustituirlo por “persona mayor”. Todos sabemos que en una sociedad como la nuestra, en la cual el valor de las personas está en función de su eficacia productiva, aquellos individuos cuyo vigor ya entra en la fase de declive interesan muy poco. Se les considera una carga social inútil y más bien molesta. Por mucho que se esconda tras otros argumentos, la eutanasia, próximo paso en el avance de la cultura de la muerte, está relacionada de forma muy estrecha con esta desgraciada concepción de la vejez.

Que nadie se engañe con las medidas del gobierno respecto a la prolongación de la edad de jubilación. El argumento oficial es que ha aumentado la esperanza de vida saludable, lo cual es cierto, y que hoy en día una persona de 65 años todavía suele estar en plenas facultades para el trabajo. Muy bonito, pero no creo que a nadie se le escape que tal medida, además de taponar la imprescindible entrada de los jóvenes en el mundo laboral, necesaria para abrirse paso en la vida adulta e independiente, no es más que una forma “in extremis” de reducir el gasto social de un Estado arruinado, gobernado por personajes ineptos para generar riqueza, paliar los efectos de la crisis económica y sostener el sistema de pensiones de jubilación.

Un sucinto repaso a los datos demográficos oficiales del INE, nos indica que nuestra pirámide poblacional está insosteniblemente invertida y envejecida. Es una realidad que la proporción de ancianos aumenta, lo cual no es ningún problema, ni mucho menos. El verdadero y gravísimo problema está en que no nacen suficientes niños para equilibrar la balanza. Nuestros mayores merecen todo nuestro respeto, nuestra gratitud y nuestra admiración. Su lugar y función en la familia y en la sociedad es imprescindible. Es una aberración y una insensata pérdida que sean con tanta frecuencia relegados a segundos o terceros planos, aparcados en residencias y abandonados a la soledad. Algo tan moralmente indigno es, además, una lastimosa pérdida social.

Hemos avanzado técnicamente de forma vertiginosa, pero al parecer, no mucho en humanidad. Las sociedades primitivas sabían reconocer el valor de sus mayores mucho mejor que las modernas y posmodernas. La veteranía era un grado. La sabiduría que otorga la experiencia de una larga vida era considerada de tal valor, que los ancianos, cuando no eran los dirigentes directos de los pueblos, eran al menos respetados consejeros. El término “senado” viene de una raíz latina que significa “anciano”. Lo mismo que la palabra “presbítero”, esta vez de origen griego, usada por la Iglesia para designar a los ministros con “segundo grado” de participación en el orden sacerdotal, por encima de los diáconos y por debajo de los obispos.

A los ancianos se les asignaba también un papel esencial en la educación de los jóvenes. Los primeros esbozos de la “escuela” fueron los grupos de niños y adolescentes que se reunían en torno a los venerables ancianos de los primitivos clanes para recibir de ellos todo tipo de enseñanzas, la sabiduría acumulada por su pueblo. La curiosidad infantil y el inquieto ardor juvenil se combinaban a la perfección con la serena autoridad de los más viejos, para producir un hecho educativo de altísimo valor para todos. Hoy en día, toda esta riqueza casi se ha perdido por completo. Los abuelos son “utilizados” como meros canguros mientras se valen para ello y, cuando les fallan sus facultades, son apartados de en medio sin contemplaciones.

Desde luego, hay abuelos que no cumplen bien su misión y se entrometen en la vida conyugal y familiar creando más problemas, conflictos e inseguridad que otra cosa. Pero son los menos. En realidad, el papel de los abuelos, en aquellas familias que todavía saben respetar su lugar, suele ser magnífico, sobre todo en relación con sus nietos. Enumerar todos los beneficios educativos de una buena relación entre ambas generaciones, sobrepasa con mucho la extensión aceptable de un simple artículo. Resumiré mucho, por tanto. Para empezar, afirmaré que el papel de los padres y de los abuelos, lejos de entorpecerse, se complementan y se necesitan entre sí.

La función y la consiguiente responsabilidad de la crianza y educación de los hijos recae, de hecho y de derecho, sobre los padres. Los abuelos tienen bien ganado el derecho a “descansar” de esa tarea que ya hicieron con sus hijos. Dicho en otras palabras, pueden e incluso “deben” permitirse el lujo de ser prudentemente “consentidores” con sus nietos. Si los padres saben estar en su sitio, son ellos quienes detentan la autoridad y quienes deben imponer límites y normas. Los abuelos actúan entonces como factor suavizador que ayuda a dar equilibro a la balanza educativa familiar. Eso sí, no deben desautorizar jamás a los padres, menos aún delante de los nietos.

Otra importante ganancia educativa que proporcionan los abuelos es la curiosa capacidad que tienen para establecer relaciones de complicidad -en el mejor sentido de la palabra- con los nietos. Es curioso que muchos adolescentes tengan más confianza para hablar de ciertos temas con sus abuelos que con sus padres. Es como si las barreras generacionales padres-hijos no funcionasen igual entre abuelos-nietos. Los abuelos suelen tener un “sexto sentido” para detectar problemas y estados de ánimo que tantas veces se escapan a los padres. Y los jóvenes parecen intuir que la sabiduría y la comprensión de sus abuelos va a serles de especial utilidad.

Los abuelos, además, son los “historiadores” de la familia. Quizá comiencen ya a no recordar bien los hechos recientes, pero se acuerdan a la perfección de toda la historia familiar. Las “batallitas” que con harta frecuencia enervan a sus hijos, son acogidas con insaciable curiosidad por los nietos, ávidos de conocer detalles de sus ancestros y encontrarse inmersos en una larga historia llena de acontecimientos sorprendentes e interesantes personajes desconocidos. A esta “memoria histórica” hay que añadir la transmisión de los saberes de la experiencia y los contenidos y valores de la tradición cultural familiar, algo que los abuelos saben hacer como nadie.

Por último, y a sabiendas de que apenas he rozado el tema, he de destacar la fantástica labor que pueden desarrollar los abuelos respecto a la educación en la fe de sus nietos, especialmente en esta generación repleta de padres medio herederos de aquel mayo del 68 francés, que apenas tienen fe y cuya cultura religiosa suele ser deplorable. Una labor cuyos ecos se reflejan tan bien en el fragmento de la Segunda Epístola de San Pablo a Timoteo que encabeza este artículo. Los abuelos no deben saltarse la voluntad de los padres sobre estos aspectos de la educación pero, a poco hueco que les autoricen, están llamados a transmitir la fe a sus nietos. Será su mejor herencia.

Publicado en Análisis Digital y reproducido en Perfiles.

Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis

 

“Le presentaban a unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios”

(Lucas 10, 13-16).

Este breve y conocido pasaje bíblico, que se repite en los tres evangelios sinópticos (San Mateo, San Marcos y San Lucas) casi sin variaciones, es tan revolucionario para su época, como exigente para todas. Presenta una situación en la que Jesús, como hombre verdadero, se enfadó. A ver si vamos dejando en el olvido las estampitas y los falsos conceptos de un Jesús que sólo era Dios, y un Dios melifluo y blandengue, además. Dios es Amor. Jesucristo también. Por eso mismo, porque nos ama infinitamente, se enfada y mucho cuando un ser humano, más aún un niño, es denigrado.

No es un torpe antropomorfismo aplicado por mí a Dios. A Dios nadie le ha visto nunca. Es el Hijo quien nos lo ha dado a conocer. Jesucristo es la imagen de Dios, Dios mismo entre los hombres. Y si Jesucristo se cabrea, nos revela un profundo trastorno en los planes salvíficos de Dios. ¡Mucho cuidado con los enfados de Jesucristo, porque detrás de ellos hay siempre una realidad muy, pero que muy seria, en la que van a haber consecuencias! Cuando Dios, “se enfada”, es porque algo muy grave e importante está en juego.

No es que Dios castigue “a los malos” –precisamente a quien corrige es a sus queridos hijos– porque el pecado es un desorden que acarrea su propia paga, sus consecuencias naturales. Cuando Dios “diseña” al Hombre, afirma hacerlo “a su imagen y semejanza”. Dios es Amor, ese es su corazón, su más íntima esencia. Por eso es Trinidad, es decir, familia, comunidad, tres personas en un solo Dios. Y por eso es creador, porque el amor siempre es expansivo, exige que exista el otro para poder amarlo. Con esa imagen hemos nacido.

La llamada “ley natural” –ya condenada por la dictadura de lo “políticamente correcto” impuesta a su gusto por el laicismo radical– es el reflejo del Dios-Amor a cuya imagen y semejanza hemos sido creados. Con la única excepción de los enfermos de psicopatía, todos los seres humanos saben y sienten, por ejemplo, que matar es objetivamente siempre malo. Subjetivamente pueden exhibirse diversos atenuantes o incluso eximentes, como la legítima defensa, pero el hecho de destruir una vida siempre es una acción indeseable.

Jesucristo, en el pasaje citado, no da un consejito o una sugerencia, sino una “orden directa”: “DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ… NO SE LO IMPIDÁIS”. Y no la pronuncia con una sonrisita en la boca, sino enfadado. Está irritado porque alguien está tratando de impedir algo que, para los amorosos planes de Dios con la Humanidad, es de capital importancia. Con su disgustada actitud y su tajante mandato, expresa que todo intento de apartar a los niños de Él, toda pretensión de entorpecerles el acceso a su persona es MUY GRAVE.

En nuestros días, sufrimos toda una batería de normas, acciones y omisiones que desacatan directamente este mandato. La ofensiva del laicismo radical aupado al poder, va a por los niños y está empeñada en impedir a toda costa que se acerquen a Jesucristo, que conozcan a Dios. Saben que los pequeños de hoy serán los adultos del mañana, saben que están en las edades más dúctiles, en su etapa vital más plástica, más permeable a la influencia de la educación. Y tratan de manipularlos a través de ella.

El plan está perfectamente trazado. Comenzaron implantando una “reforma educativa”, legislada progresivamente en la trilogía LODE-LOGSE-LOE, que ha dejado tras de sí una generación (ya casi dos) de analfabetos funcionales que nos avergüenzan ante Europa. Continuaron relegando la formación religiosa al plano más ínfimo posible dentro de los currículos escolares. Dieron un paso más, absolutamente decisivo, con la Educación para la Ciudadanía, con la cual abrieron la puerta al adoctrinamiento laicista estatal.

Muchos quisimos advertir del peligro que suponía dejarla introducirse en las escuelas, por muy disfrazada que la presentaran bajo títulos vistosos y aceptables. No se nos hizo caso. Unas decenas de miles de padres supieron ver el caballo de Troya que nos estaban colando en las escuelas. Millones no lo vieron venir, entre otras cosas, porque desde los mismos colegios –incluidos muchos centros católicos– se les puso una venda. La lucha objetora aún no ha terminado, pero el daño ya causado es irreversible.

Mientras los recursos judiciales de los objetores siguen adelante su largo itinerario, que en estos momentos ya ha llegado al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, ellos siguen con su plan. Ahora han conseguido sacar adelante su ley de aborto libre. No pierdo toda esperanza, pero dudo que el TC, que no la ha suspendido cautelarmente sabiendo que las consecuencias de su aplicación son mortalmente irreparables, luego resuelva a favor de los recursos, pues ello les haría responsables de las mismas.

En dicha ley han querido aprovechar la ocasión para dar otro paso adelante en su proyecto de llevar su ideología laicista al ámbito educativo. El mortífero contenido de la ley, junto con toneladas de pornografía más allá de lo imaginable, deberá formar parte de los currículos escolares. Ya hay un ejército de miles de profesores “cualificados” para impartir esos temas conforme al diseño de sus creadores. Además de esta nueva intromisión escolar, todos los estudiantes de medicina deberán aprender a practicar abortos…

El próximo paso para alejar a la infancia de la fe y la moral cristianas, e incluso de los más preciosos valores de la civilización laica, será la publicación a toda prisa, antes de que el ya casi defenestrado Zapatero desaparezca del poder por su inutilidad absoluta frente a la crisis, de la “ley de libertad religiosa”, expresión de la neolengua socialista radical que no significa otra cosa que “ley de mordaza a la Iglesia Católica”.  No quieren dejar que ni los niños, ni nadie, se acerquen a Jesucristo, ni a Dios, sino tan sólo a su ideología antitea.

Entorpecer el derecho constitucional de los padres a escoger la educación que desean para sus hijos, limitar la libertad de expresión pública de la fe cristiana, bloquear cuanto puedan la evangelización, es impedir que los niños se acerquen a Jesucristo. Pero no saben con quién se enfrentan. Ignoran que luchan nada menos que con un Jesús enfadado, que ha ordenado: “NO SE LO IMPIDÁIS”. Dios es Amor y sin duda tendrá misericordia de ellos, pero las consecuencias naturales de este fatídico desorden van a salirles muy caras.

Publicado en Análisis Digital

 

 

 

¿Será hoy un día de la vida o de la muerte?

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El pasado 30 de junio, el Tribunal Constitucional admitió a trámite los recursos del Partido Popular y del Gobierno de Navarra contra la ley de aborto libre de Zapatero, dando un plazo de 3 días para la presentación de alegaciones. El día 5 de julio, sin que el TC dijera “esta boca es mía”, la ley entró en vigor, marcando una fecha que pasará a la Historia como el Día de la Muerte…si los Magistrados del Constitucional no lo remedian.

Pudieron paralizarla, accediendo a la petición de suspensión cautelar del PP, antes del día 5. No lo hicieron y la ley entró en vigor, ofreciendo en bandeja de plata al PSOE el argumento central que han esgrimido en sus alegaciones: que el TC no tiene competencias para suspender una ley aprobada en Cortes y ya en aplicación efectiva. No es cierto. Si una ley es inconstitucional puede y debe ser paralizada y anulada por el TC, en ejercicio de la función del poder judicial de controlar los abusos de los poderes legislativo y ejecutivo.

No voy a repetir argumentos que ya he citado en varios artículos anteriores.  Sólo recordaré que la ley vulnera varios artículos de la Constitución, que es una salvajada inhumana y que no merece mejor trato que borrarla del mapa jurídico de un plumazo. Hoy, de nuevo, es un día trascendental para la vida humana y para la Historia de España. Al parecer, según publican diversos medios, haciéndose eco de la noticia pasada por medios judiciales a Europa Press  (ver enlace), será hoy cuando el TC hará pública su decisión sobre la suspensión cautelar de esta ley demencial y asesina.

Los ojos de todos los españoles que amamos la vida humana sin límites de plazos ni fases en su desarrollo, los ojos del mundo entero, los ojos de la Historia, los ojos de la evidencia científica, los ojos de la ética universal consagrada en la Declaración de los Derechos Humanos, los ojos de la decencia moral más básica y los ojos de Dios mismo, están fijos en ese alto tribunal. Hoy es un nuevo día para la esperanza, que puede verse cumplida o truncada por una noticia a lo largo de la jornada. Veremos si aún queda una pizca de cordura, racionalidad y democracia en este país.

AÑADO A LAS 22:20 h.: Acabo de ver las noticias. El TC ha decidido no dejar en suspenso la nueva ley del aborto, pese a los perjuicios irreparables que está causando y causará entretando el alto tribunal se pronuncia sobre los recursos planteados. No añadiré más comentarios. Todo lo que tenía que decir ya lo he dicho, en éste y en otros artículos. Hoy, finalmente, ha sido otro día para la muerte. La defensa de la vida del no nacido ha sufrido otro revés, pero no se detendrá hasta que toda vida sea protegida. ¡Ánimo y adelante!

La victoria de la selección española, toda una lección de los mejores valores humanos

 

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Pese a que no soy demasiado aficionado al fútbol, hoy estoy realmente contento. España es la campeona del mundo. Nuestros aguerridos chicos han ganado y no sólo un torneo deportivo. Bajo la dirección de su noble e inteligente seleccionador y entrenador, han dado una lección al mundo entero. La gran lección de la unidad, del trabajo en equipo, del esfuerzo compartido, de la cooperación para conseguir un objetivo común más allá del lucimiento individual. La selección española ha restaurado un poco de la defenestrada imagen que Europa y el mundo entero tienen de España por culpa de nuestros desastrosos e ineptos gobernantes. Nos ha honrado a todos.

Han enseñado al mundo entero cómo se deben hacer todas las cosas: aportando cada uno sus cualidades personales, mas no para competir entre sí para demostrar el propio valor individual y disfrutar de la “gloria” personal, sino para aunar las fuerzas de todos en un solo cuerpo en pro de una meta compartida mucho más importante. Los “chupones” que buscan su lucimiento particular han quedado “fuera de juego”. Si algo ha puesto nervioso al “míster” durante el campeonato, ha sido el empeño de la mayor parte de los jugadores en preferir pasar la pelota al compañero, para que sea otro quien marque  gol, en vez de “definir” ellos mismos los ansiados tantos.

En vez de su ejército completamente inútil y carísimo de asesores, Zapatero debería fichar a Vicente del Bosque y echar a la calle a todos los demás. Total, sus 600 cortesanos no son más que un gasto inútil para las paupérrimas y endeudadas arcas del Estado y para el bolsillo lleno de telarañas de la inmensa mayoría de los españoles que hemos de pagarlos, bien porque sus consejos no valen un pimiento, o bien porque sus orientaciones son ignoradas. Don Vicente podría enseñarle cómo se dirige a un colectivo humano para que alcance objetivos valiosos y comunes, cómo coordinar las cualidades de cada uno en un espíritu de colaboración, cómo llevar a España a una posición internacional de admiración y respeto.

Los muchachos de la selección española han dado una clase magistral al mundo (y a ciertos españoles renegados, narcisistas y egoístas). Una lección de sacrificio, esfuerzo, constancia, superación (¡comenzamos perdiendo!), excelencia, unión y colaboración. Nuestra selección no ha sido un “belén” lleno de figuras inmóviles. Repleta de futbolistas de calidad, no ha confiado en los individualismos. Ha puesto el acento en el trabajo duro, en sudar la camiseta y en hacerlo de forma cooperativa, como un solo hombre. Cuando Casillas ha recogido la copa del mundo de fútbol, lo ha hecho en nombre de un equipo, en nombre de un colectivo, en nombre de un país: España.

¡Viva la selección española! ¡Habéis estado fantásticos! ¡Bravo, muchachos!

El tiempo sigue corriendo contra la vida

 

El Tribunal Constitucional sigue sin pronunciarse, ni sobre la suspensión cautelar de la nueva ley del aborto, ni mucho menos sobre los recursos de inconstitucionalidad contra la misma que tiene sobre la mesa. El pasado día 5 entró en vigor la aplicación de la ley. Los mercaderes de la muerte, propietarios de los abortorios, se frotan las manos y cuentan las monedas. Ya han abierto nuevas clínicas. El más inhumano de todos los negocios crece a la carrera. Algunos de estos doctores muerte, encima, se quejan del contenido del sobrecito que algunas comunidades entregan preceptivamente a las mujeres, porque les ofrecen alternativas, información sobre las ayudas que pueden obtener para seguir adelante con sus embarazos y dejar nacer a sus hijos. Sólo quieren abortos, muchos abortos. Forrarse. Nada más.

El derecho de la mujer a ser informada de todas las posibilidades les molesta, porque les puede restar ingresos. Para aumentar sus fortunas al máximo, necesitan que las mujeres embarazadas sepan lo menos posible acerca de las alternativas al aborto. Quieren meter a todas ellas en un callejón de ignorancia que sólo desemboque en la opción que les interesa: el aborto. No quieren que las mujeres, bien informadas, sean más libres y puedan elegir entre la vida y la muerte de los hijos que llevan en su seno. Quieren hacer del aborto una obligación de hecho, eliminando de los sobres la información sobre otras alternativas. Han comenzado a pelearse incluso contra los que defienden el microaborto de la PDD, diciendo ahora que es peligrosa para la salud de la madre y que son más “seguros” sus macroabortos.

Unos y otros, los de la píldora abortiva y los del aborto de trituradora y bolsa de basura, se disputan ahora la exclusiva de todas las tajadas del sustancioso pastel. Es interesante que los abortistas comiencen a dividirse entre sí lanzándose unos a otros, precisamente, algunos de los argumentos científicos que los defensores de la vida llevamos años tratando de explicar. Que la PDD es una bomba hormonal altamente peligrosa, que no es como una aspirina, que puede causar gravísimos problemas a las mujeres. Eso dicen ahora los dueños de los abortorios. Que el aborto de quirófano es siempre una práctica traumática y de alto riesgo. Eso dicen ahora los comerciantes de la PDD. Entre unos y otros, ahora nos dan la razón.

Pero esta división de opiniones, por muy chocante que resulte después de tanto tiempo diciendo los abortistas que ambas opciones son “inocuas” para las gestantes, ni arredra a ninguno de ellos, ni produce un replanteamiento de la ley, ni parece mover nada, de momento, en la sociedad, ni en los gobernantes, ni en los tribunales. Ante el silencio del TC, el mercado de la muerte sigue avanzando, amplía ganancias y abre nuevos mercados. Al mismo tiempo, la objeción de conciencia, pese a ser perfectamente constitucional, se limita, de mala gana y de una forma infamante que les coloca en una lista negra, sólo a los médicos directamente obligados a practicar abortos. El resto del personal sanitario que se ve forzado a una “colaboración necesaria” en el crimen, queda fuera incluso de esta valerosa y legítima posibilidad.

Mientras el TC se lo piensa con pachorra, buscando alguna filigrana salomónica que les permita la imposible conjugación entre sus filias y débitos políticos y la Constitución y su propia doctrina anterior, el tiempo corre en contra de la vida. A cada minuto que transcurre amparado por su silencio, la muerte avanza y la vida es truncada con toda tranquilidad. Los nuevos recursos presentados por una asociación nacional de personas con discapacidad, afrontados por el carácter eugenésico salvaje de la nueva ley, con la cual todos los que sean como ellos pasan a ser “cosas” despreciables que ya no merecen la protección del Estado, incluso hasta el noveno mes de embarazo, no parecen acelerar la toma de decisiones de los magistrados. Las protestas de algunas CCAA tampoco. Las manifestaciones cívicas masivas por la vida, ídem.

Los relojes y los calendarios giran sus esferas y pasan sus hojas dejando un rastro de muerte. Porque el TC “la está peinando”, porque no toman decisiones rápidas frente a un problema tan enorme y con consecuencias de la máxima gravedad. Quisiera pensar que se toman su tiempo porque la tarea de tirar abajo una ley aprobada en Cortes no es tarea fácil y hay que fundamentarla muy bien. Aunque se tratase de eso, cosa que me cuesta de creer viendo cómo han tomado sus últimas decisiones en otros temas, el tiempo corre contra la vida. Si la ley fuese declarada inconstitucional, porque lo es, ¿quién pagará las consecuencias mortales del tiempo transcurrido? El aborto no es interrupción de nada, es terminación irreversible de vidas humanas. ¿Quién será el responsable de esas muertes?

Sé que me repito, pero no me importa. Reiteraré  lo que pienso cuanto sea necesario. Por eso, desde estas líneas, vuelvo a pedir, a rogar si quieren, a los magistrados del TC, garantes últimos de lo que queda de constitucionalidad en lo que queda de nuestra democracia, que sean coherentes con su trascendental función, con su conciencia moral y su profesionalidad jurídica, y no con sus deudas políticas e ideológicas. Sean, por favor, al menos por una vez, valientes y libres. Saben que la nueva ley que ya campa a sus anchas vulnera el derecho a la vida de todos los españoles, consagrado en la Constitución. Saben que esta ley es una salvajada guiada por la irracionalidad ideológica y no por la evidencia científica. Tienen en sus manos la última posibilidad de frenar esta barbarie. ¡Deténganla ya, por lo que más quieran!

“La Roja” y la “neolengua”

 

Es inevitable. Hoy todos los graves problemas que nos tienen rodeados pasarán durante unas horas a segundo plano. También nos hace falta, ¡qué caramba!, un poco de descanso físico y mental y un poco de distracción y entretenimiento. Sólo un poco, que no está el patio como para dejarse distraer demasiado con el circo del césar. Pero, disfrutémoslo sin complejos y con pasión. Mañana seguiremos con los verdaderos problemas de nuestro país, espero que con renovadas fuerzas. Hoy, todos a animar a nuestra selección española de fútbol, que se juega contra la selección alemana (durita ella) el pase al encuentro final contra la holandesa, que sería pan comido.

Será deformación “profesional”, aunque no soy periodista sino pedagogo, pero no puedo ni quiero resistir a la tentación de comentar un hecho que, de tan torticero y repetido, me tiene hasta las narices. Habrán leído en el párrafo anterior que he dicho “selección española”. Así se llama el equipo que hoy va a captar la atención de millones de compatriotas. Por mucho que se hayan empeñado en llamarlo “La Roja”, en un nuevo ejercicio de distorsión nominalista de la realidad, es decir, de modificar la realidad cambiándole el nombre a las cosas. Otra manifestación de la “neolengua” que nos imponen implacablemente día tras día los ingenieros sociales del “nuevo orden”.

“Neolengua”, una creación típica de los regímenes totalitarios, proféticamente anunciada y denunciada por George Orwell en su magistral librito “1984”.  Una “neolengua” que destruye palabras para ocultar realidades y crea otras para inventarlas. Una descarada manipulación del lenguaje para encubrir errores, para rehacer la historia a su gusto, para cambiar la percepción de la realidad que tienen las personas, para implantar ideologías dominantes reduciendo al mínimo la oposición, para construir una “nueva realidad” a imagen y semejanza del tirano. Una maquiavélica habilidad en la que los regímenes socialistas radicales han demostrado ser auténticos maestros.

Los ejemplos son innumerables y han sido expuestos en numerosos artículos y ensayos. El ejemplo más reciente, el nombrecito aparentemente “inocente” que le han colocado a la nueva ley de aborto libre: “Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”. Ya ven, ahora a asesinar a seres humanos inocentes en el seno de sus madres se le llama “salud”. Y el homicidio es “interrupción”, palabra que significa detener algo que luego puede ser reanudado, cosa que, evidentemente, no ocurre con el aborto. Abortar es matar y la muerte es irreversible. Más mentiras por centímetro cuadrado, imposible.

Otro ejemplo, menos cruento, pero claramente tendencioso, es eso de llamar a nuestra selección “La Roja”. Parece algo inocente, inocuo, simpático incluso. Pero, de eso nada. Tiene una carga ideológica de hondo calado, que nada tiene que ver con el color habitual de la camiseta de nuestros jugadores. El espíritu de unidad nacional que inspira un campeonato del mundo molesta a los empeñados en partir en pedazos nuestro país y nuestra Constitución. O a los interesados en repelar los votos de esos empecinados secesionistas. La palabra “España” y sus derivadas están siendo empujadas, como quien no quiere la cosa, a la mazmorra de lo políticamente incorrecto.

Eso de que, cuando juega la selección española, gentes de todas las comunidades autónomas, a millones, pongan banderas de España en los balcones, se envuelvan con ellas o se las pongan como capas de mosquetero, no hace gracia a los inquisidores gubernamentales, aunque se lo tienen que tragar por ser un asunto de masas. No te digo lo de pintarse la cara, las manos, el pelo y lo que haga falta, de rojo y gualda. Estos momentos de euforia españolista que provoca la selección española, o los éxitos de Pedrosa, Nadal y otros españoles, no les gustan. Necesitan recurrir a la “neolengua” para paliar tan “perjudicial” efecto aglutinador.

Por eso se han sacado de la manga lo de “La Roja” y han inundado los medios de comunicación bajo su control y contagiado a otros con la puñetita de “La Roja”. España es “la Roja”. ¿Qué afortunada coincidencia para el rojerío, no les parece? El socialismo y el comunismo son rojos. Sus banderas, con puño y rosa o con hoz y martillo, son rojas. El ejército republicano eran “los rojos”. El polvoriento libro de Mao era “rojo”. La plaza principal de Moscú, centro de la antigua Unión Soviética, es (o era) la “plaza Roja”. Ahora, la selección española de fútbol es “La Roja”. Rojo por todas partes. Mal color han escogido mis amigos de DAV, aunque significativo del aborto sí lo es.

Conste que nada de esto disminuye mi amor por mi patria chica, por Valencia y por la Comunidad Valenciana, en la que nací, en la que he vivido y en la que pienso seguir viviendo hasta mi último aliento. Sucede que me cuesta más restar que sumar, dividir que multiplicar. El proyecto común llamado España, como el llamado Europa, no empequeñece ni estorba para nada el proyecto llamado Valencia. Todo lo contrario. Pertenecer a algo más amplio, España, Europa, nos hace aún más grandes. Encerrarnos detrás de nuestras reducidas fronteras sería una completa necedad, pues si algo sobra en este mundo son fronteras, límites, divisiones y separaciones.

Así que, guste o no guste a los que desprecian la Constitución, nada de “La Roja”. Hoy juega la selección española, con camiseta roja y pantalón azul, porque es de todos. Hoy, los españoles, aunque el fútbol no entusiasme a algunos, debemos animar a España. Fíjense en los marcadores. Cuando goleemos a los alemanes: no dirán “Alemania: 1, La Roja: 3”. Dirán “Alemania: 1, España: 3”. ¡Hala, venga, quien no haya colocado ya en su balcón la bandera nacional (mejor con crespón negro por los seres humanos aniquilados por el aborto), que la ponga ya! Sin complejines. Con orgullo. Porque hoy nuestra selección juega y se la juega. ¡A ganar, muchachotes!

Hoy doblan campanas a muerto

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Hoy, día 5 de julio de 2010, si el Tribunal Constitucional no lo evita, será el día más aciago y triste de la Historia de España. Hoy se cumplen 25 años desde la promulgación de la primera ley que despenalizaba el aborto en tres supuestos, abriendo una tenebrosa puerta al asesinato a sangre fría, con premeditación y alevosía, de los seres humanos más desvalidos e inocentes, aquellos que se desarrollan en el que era el lugar más seguro y protegido del mundo: el cálido seno de sus propias madres. Hoy entra en vigor la nueva ley del aborto, que culmina aquella barbarie trasformando un delito despenalizado en ciertos supuestos en un “derecho”, exclusivo de las madres, estableciendo el aborto libre en unos plazos criminales, ignorando el sufrimiento de los fetos, de sus madres y de sus padres, no olvidemos a estos últimos.

Hoy la Constitución Española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos se convierten definitivamente en papel mojado. Hoy los derechos fundamentales más preciosos, patrimonio de todos los seres humanos, conquistados durante siglos de ardua evolución social y ética, quedan definitivamente anulados por la legalización del más terrible de los desvaríos humanos particulares.  Hoy se consagra, si el TC no lo remedia “in extremis”, la anulación radical de la separación de poderes del estado. Hoy se consolida el dominio de las minorías sobre las mayorías y la extorsión del derecho en manos del positivismo jurídico. Hoy, con los niños que han sido asesinados y los que van a ser asesinados aún con mayor facilidad, va a ser fusilado lo que queda de nuestro estado de derecho. Hoy morirá nuestra enferma democracia.

Hoy el progreso se invierte y la civilización sella su regreso a la barbarie. Hoy no sólo queda anulado el más precioso valor moral y ético, sino también el dictado de la razón, de la ciencia e incluso del instinto, que tiende a la natural protección del nasciturus. Hoy la sociedad española es obligada por la locura de unos cuantos a dejar de ser humana e incluso animal, puesto que los animales defienden a sus crías con uñas y dientes. Hoy nos convierten en una sub-especie inclasificable en otro reino que no sea el mineral. Hoy la ideología sustituye a todo, desde el sentido común hasta la evidencia científica. Hoy la locura individual de algunos se convierte en patología social. Hoy la cultura de la muerte asesta un golpe mortal al desarrollo ético de nuestro país. Hoy suenan campanas a muerto en toda España.

No preguntes por quién doblan las campanas. Las campanas doblan por ti. Porque hoy el laicismo radical socialista, aunque España se hunda a su alrededor, ha conseguido matarnos a todos. Porque ha matado nuestro presente y nuestro futuro. Porque ha destruído el derecho fuente de todos los demás derechos, el derecho a vivir del ser humano concebido. Porque muerto el derecho a vivir de los más débiles e inocentes, nada impide que los demás derechos fundamentales pierdan su fundamento y desaparezcan uno tras otro. Porque ha aniquilado nuestro progreso hacia una sociedad cada vez más humana. Porque nos ha envejecido y enfermado a todos de un plumazo. Porque ha asesinado nuestra dignidad colectiva como seres humanos. Porque ha denigrado nuestro nombre y nuestra historia para siempre.

Pero la cosa no quedará así. La vida ganará la batalla, con o sin la protección de los estados. La muerte y sus mercaderes han ganado una batalla, una lucha desigual amparada por el poder tiránico que ha sacrificado todo por obtener los votos de todas las minorías fanáticas y por sacar adelante su proyecto de ingeniería social y psicológica. Pero no han ganado la guerra. El pueblo español ha comenzado a despertar de su larga siesta y a levantarse de sus mullidos colchones. Hoy unos centenares de miles saldrán a la calle a decir no a esta sinrazón. Mañana serán millones. El mátrix progre está al descubierto y su poder debilitado. El chip que han implantado a los españoles con su ingeniería social está obsoleto. Basta seguir empujando todos juntos para que esta nueva “estaca” también caiga. La vida vencerá.

Tribunal Constitucional y ley del aborto: Hoy, última oportunidad para un poco de cordura

 

Como ya es sabido, el próximo día 5 entrará en vigor la nueva ley del aborto (que no me vengan con otros nombrecitos eufemísticos), que culminará el amparo legal de la más horrenda de las barbaridades que es capaz de cometer el ser humano: el asesinato impune de otros seres humanos, los más inocentes e indefensos, en el propio seno de sus madres. La masacre que comenzó hace 25 años con la despenalización del aborto en los tres supuestos de marras, llegará a su cúlmen en cuanto entre en vigor el nuevo disparate legislativo. El día 5 será el más triste y desgraciado de toda la Historia de España y como tal pasará a la posteridad.

Además, lo hará con el agravante de los elementos “educativos” que Izquierda Unida y ERC consiguieron introducir en la ley cuando el PSOE negoció con ellos su apoyo parlamentario. Quiero pensar que ya todos ustedes saben el alcance de infinita locura que contiene dicha ley. No sólo deja barra libre al aborto con unos plazos criminales. No sólo contradice el concepto de mayoría de edad permitiendo abortar a menores sin el consentimiento de sus padres. Además, exige que esta filosofía de la muerte sea enseñada a todos los niños españoles en las escuelas y a todos los estudiantes de medicina en sus facultades. Si alguien aún no lo sabía, ahora ya lo sabe.

Hoy, 30 de junio de 2010, se reúne el Tribunal Constitucional para decidir si admite la petición del PP de dejar en suspenso la aplicación de dicha ley entretanto se resuelve el recurso de inconstituionalidad interpuesto por ese mismo partido. Si no se admite dicha suspensión, aunque en el futuro el PP ganara su recurso y la ley fuera declarada inconstitucional, en el tiempo intermedio transcurrido serán asesinados miles de niños en el seno de sus madres que la normativa actual, aunque igualmente deplorable, todavía protege. No soy jurista y espero sepan perdonarme las inexactitudes, pero la idea es clara:  siendo un tema en el que no existe consenso social, estando en juego algo tan grave como la vida humana concebida y tratándose de algo tan relevante como un recurso de inconstitucionalidad, sólo cabe una decisión razonable, que es la suspensión cautelar de la entrada en vigor de esta ley.

Dicha suspensión cautelar no anularía la ley, pero dejaría un margen de seguridad jurídica para el nasciturus hasta que se resuelva el recurso, cuyo resultado final me parece prevaricatorio considerar de antemano que va a ser rechazado. No hay razón alguna para no conceder esa “prórroga” si no son las prisas del PSOE por que su fatídica ley entre en vigor el día 5, a toda costa y sin dejar la más mínima oportunidad a la defensa de la vida.  Hoy, los magistrados del Tribunal Constitucional tienen en su manos su última oportunidad para demostrar que todavía les queda un mínimo de cordura, moralidad e independencia. Hoy sabremos si aún queda algo de democracia en España, o la separación de poderes ha muerto para siempre y esto no es más que una autocracia totalitaria a duras penas disfrazada.

Añado a las 21:00 horas:

Era de esperar: nueva actitud salomónica del TC, que no ha resuelto nada, ni que sí, ni que no, sino todo lo contrario. Lo mismo que con el Estatut. Nadar y guardar la ropa. Han admitido a trámite los recursos del PP y del Gobierno Navarro, pero en vez de decidir, dan un plazo de 3 días para que el Congreso, el Senado y el Gobierno presenten alegaciones sobre la suspensión catutelar solicitada por el PP. Marear la perdiz, no definirse, andar por la vía de enmedio… ¿Es que los magistrados no tienen criterio jurídico suficiente como para decidir por sí mismos sobre la solicitud de suspensión cautelar? ¿Tienen que sondear primero a las instancias políticas para resolver un tema jurídico de su exclusiva competencia, con la “curiosa” consecuencia de conceder el tiempo que el PSOE necesita para acercarse sin problemas a su ansiado día 5? Parece que Sus Señorías no van a aprovechar su última oportunidad de demostrar un mínimo de cordura e independencia. Pronto lo sabremos.

Malos tratos espirituales

 

Comprendo y respeto el hecho de que existan personas que no creen en Dios. El mismo San Pablo afirma que “la fe no es de todos” (Efesios 2, 8), lo cual no quiere decir que Dios se la niegue a nadie, sino que es un don suyo que unos conocen, asumen y secundan desde su libertad y otros no. Comprendo y respeto igualmente a los que no se sienten unidos a la Iglesia Católica (u otras iglesias cristianas). Me sabe mal que tantas personas se pierdan la maravilla que es la vivencia de la fe cristiana y sólo eso me mueve a la evangelización y a dar razón de mi esperanza, lejos de todo afán proselitista. Siento el deseo de compartir con los demás un bien tan precioso, nada más.

Muchas personas ”creen” que Dios no existe, aunque tan difícil es demostrar eso como lo contrario. Ya sé que la “carga de la prueba” corresponde a quien asegura que algo o alguien existen. No voy por esos derroteros. Sólo quiero decir que a mí no me convencen las demostraciones racionales, sean ateas o teístas. Que me perdonen los convencidos de unos u otros argumentos, pero en mi mente científica todos se deshacen sin remedio. Si soy cristiano católico es porque he tenido en mi vida experiencias palpables de encuentro personal con Dios. Sólo a partir de esas vivencias de fondo he podido comprobar que la fe en modo alguno está reñida con la razón, sino que se complementan.

Lo que estoy diciendo es a título personal, sin arrogarme la representación de nadie. De hecho, me puede ocasionar algún “tirón de orejas” por parte de los doctores de la Iglesia. No quiero en modo alguno contradecir a San Pablo: “Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras” (Rom 1, 20). Tampoco soy tan fatuo como para colocarme por encima de sabios como Aristóteles, Platón, San Anselmo, Santo Tomás o Descartes, que elaboraron sugestivas demostraciones. Sólo estoy reconociendo mi propia incapacidad para dar por definitivos sus argumentos. ¡Ojalá pudiera! Menos aún me valen los sofismas ateos tipo Nietzsche.

También comprendo y respeto a los agnósticos, que abandonan las diatribas sobre la existencia de Dios persuadidos de que no hay forma racional de estar seguros de nada en los asuntos metafísicos. Siguiendo con los “comprendo y respeto”, añadiré lo mismo respecto a quienes se han apartado o no han llegado a la fe escandalizados por acciones pasadas o presentes de los creyentes que, aun con numerosas y honrosas excepciones, damos un pobre testimonio. Muchas veces sus juicios son meros prejuicios, generados por información deformada. Otras veces tienen razón, pues somos un desastre. Te pones a buscar a personas que vivan de verdad el Evangelio y…

Aquí se acaban mis “comprendo y respeto”. El siguiente escalón no lo admito ni en broma. Me refiero al empeño de los laicistas radicales en arrancar de la cultura y de las personas todo resquicio de fe, en especial si es católica. Voy a llevar el argumento al extremo: aunque Dios no existiese, la creencia en él ayuda a vivir a miles de millones de personas. Decía Voltaire, nada sospechoso de “cirio”, que “Si Dios no existiese, habría que inventarlo”. Exceptuando los fanatismos y las neurosis religiosas, que no son la fe, sino deformaciones o patologías de la misma, la religión ayuda al bien-estar y al bien-hacer de las personas. Y ayudando a las personas, lo hace a toda la sociedad.

Creer en Dios de un modo firme y sano no perjudica a nadie. Muy al contrario, favorece el equilibrio personal, impulsa conductas responsables, constructivas y altruistas, consuela en los momentos trágicos de la vida, es un agarradero existencial ante el absurdo aparente con el que ocurren las cosas. Es verdad que, por desgracia, muchas veces se ha instrumentalizado la religión para justificar guerras y otras formas de violencia, lo cual es intolerable de todas todas. Pero no es así la fe de la mayoría de los creyentes. Fanatismos aparte, la fe es un inofensivo y poderoso auxilio, además de un brioso motor para adoptar un estilo de vida generoso, solidario y benevolente.

¿Qué hay de malo, por ejemplo, en que una persona que ha perdido a un ser querido tenga el consuelo de la fe, que atenúa su dolor al pensar que la separación es sólo temporal y que la persona amada ha pasado “a mejor vida”? ¿Qué inhumana justificación asiste a los guerrilleros laicistas a robarle ese bálsamo a una persona sufriente? ¿Qué diabólicas razones les empujan a utilizar su maquinaria mediática para realizar un macro-proyecto de ingeniería social cuyo objetivo es erradicar la religión? Dicen que no quieren quitarla del ámbito de lo privado, sino sólo de lo público. ¿Y cómo puñetas van conocer las personas la fe si a ésta se le coarta su libre expresión y difusión pública?

Hay muchas formas de crueldad en este mundo, muchas formas de violencia y de maltrato. Todas ellas repugnantes e inadmisibles, sin excepción. Pero no sólo existen los malos tratos físicos (golpear, matar, privar de alimentos o medicamentos…) y los psíquicos (vejar, despreciar, amenazar, causar terror, abandonar a la soledad…). La “progrecracia” laicista dominante ha inventado y practica con fanática devoción una nueva forma de violencia, quizá la más terrible de todas: el maltrato espiritual. ¿Qué otra cosa es arrebatarle a la gente el consuelo, los ánimos, las esperanzas y los motivos para vivir que proporciona la fe? Es un crimen contra la Humanidad.

¿Ignoran, además, la inmensa labor que realiza la Iglesia a favor de los más pobres y necesitados, atendiendo a seres humanos que la sociedad apenas se atreve ni a mirar por el horror que les produce? ¿Es que no saben quién está cuidando con desinteresado cariño a los enfermos terminales de SIDA, o a las personas con graves deformidades, o a los hambrientos que siguen en aumento por la incompetencia del Gobierno para paliar la crisis? ¿Desconocen que la labor social de la Iglesia ahorró, sólo en 2008, 30.000 millones de euros al erario público? ¿Qué pasa con el incansable y arriesgado trabajo que miles de misioneros siguen realizando en el olvidado “tercer mundo”?

¿Tan satisfechos están esos verdugos de almas de su pueril y egoísta práctica de satisfacer “legalmente” sus caprichitos, con la cara dura añadida de adornar su juerga particular con alusiones a la solidaridad, la libertad, la igualdad y otros preciosos valores que ellos mismos han convertido en basura? ¿Tan orgullosos están de sus “conquistas”, que se sienten autorizados a robar a la gente unas creencias que no hacen daño a nadie y que les alivian en sus sufrimientos y les animan a seguir viviendo? ¡Qué horrorosa violencia la que ejerce a sus anchas esa banda de terroristas espirituales que, para más inri, se autocalifican como “no-violentos”!

Cuidado con el mundial y el verano

 

No, no les voy a aguar la fiesta futbolística, ni el merecido descanso estival. Disfrutemos de todo ello, que buena falta nos hace. Tan sólo quería proponerles unas pequeñas pero creo que  importantes reflexiones. En los últimos días, el Gobierno ha sembrado la confusión –ya no sé si deliberada o fruto de sus torpes vaivenes– sobre la “paralización” o no de su empeño legislativo laicista, concretado ahora en su liberticida proyecto de ley de “libertad religiosa”.  Dicen que posponen el asunto porque en este momento hay asuntos más urgentes (¡no me digan!), pero filtran a la prensa el anteproyecto… Que si que sí, que no que no… Una “parrala”, vamos.

Analizando los patrones de conducta del Gobierno durante lo que va de mandato, no me parece descabellado deducir que todo es una nueva estratagema plagada de mentiras y que llevan la intención de sacar adelante el proyecto de ley cuanto antes. Lo iniciarán deprisa y corriendo, justo en el momento en que los españoles estén más dispersos por el verano. No digo “veraneo”, porque no sé quién va a poder permitirse unas vacaciones con la que está cayendo. Por cierto, hablando de aguaceros, el campeonato mundial de fútbol les ha venido “como agua de mayo”. ¡Menuda suerte la suya!

Recordarán el famoso “panem et circenses” (pan y circo) de Juvenal, frase con la que el satírico poeta romano denunció la astuta táctica de los emperadores como Julio César para mantener al pueblo “desmovilizado” y calladito, entretenido con los juegos circenses y conformado con los chuscos de pan que se repartían entre el público. A un Gobierno que no es capaz de asegurar ni siquiera el pan (símbolo de las necesidades materiales), sólo le queda “el circo” para disimular su tiranía y su incompetencia. El mundial de fútbol le ha servido un buen “circo” en bandeja. Lo aprovechará cuanto pueda.

Se ha dicho que es imposible que el PSOE saque adelante su “ley de mordaza a los católicos” en un plazo breve. Puede ser. Yo no soy analista político y sólo puedo opinar, pero no dar razones de autoridad. Me limitaré a recordar que la actual “aritmética parlamentaria” permitiría que la ley fuese aprobada sin problemas. No olviden que a los partidos pequeños todavía les queda mucha tajada por sacar –si no económica, política– y que no votarían en contra. Es cierto que Zapatero y sus comparsas son ya “cadáveres políticos”, pero aunque sea como zombis, todavía se mueven. Intentarán “morir matando”.

Así que, mientras disfrutan de su descanso y contemplan los partidos de fútbol (quienes les agrade ese deporte, que son muchos millones), no pierdan de vista por el rabillo del ojo las maniobras de otro partido: el PSOE. No sería la primera vez que nos la clavan en verano y perdonen la expresión. Manténganse informados y dispuestos a defender a “la roja” no sólo en Sudáfrica, sino también en las graves cuestiones nacionales que están “al rojo vivo”. Visitando Hazteoir.org con frecuencia podrán seguir cómo van estos asuntos y participar en cuantas alertas e iniciativas sean necesarias.

Nada más y nada menos. ¡A descansar y veranear quien pueda y a ver fútbol quien le guste, pero con una oreja bien tiesa, no sea que al volver de las vacaciones nos encontremos que la España cuya selección nacional habremos jaleado ya no exista. ¿Podrán nuestros jugadores ofrecer la copa de la victoria a la Virgen o ya estará prohibido porque tales actos “ofenden” a no sé qué zoquete intolerante? En fin, sea como fuere, bienvenido sea un evento deportivo que todavía nos permite envolvernos con la bandera nacional o pintarnos la cara de rojo y gualda sin que nos tachen de “fachas”.

Hoy, 16-06-2010, añado un par de notas:

a) Una curiosa “casualidad”. Hoy, justamente cuando España juega su primer partido del Mundial y solapándose con él, el Consejo de Ministros va a aprobar su “decretazo” sobre la reforma laboral. Parece que ellos no van a ver ese partido. Les interesa más “otro”. Además, a la misma hora del encuentro comparecerán en el Congreso las ministras Trinidad Jiménez y Bibiana Aído. ¡Ojo a los goles que nos pueden colar mientras contemplamos el debut de nuestra selección! ¿Es casual tanta coincidencia? Veremos…

b) ¿Se han dado cuenta de la nueva manipulación nominalista que nos han colocado los creadores de lo “políticamente correcto”? Ayer se lo comentaba a mi familia y hoy me lo ha recalcado un amigo. Ya no animamos a “España”, o a la “Selección Española”, o a la “Selección Nacional”. Ahora se llama “La Roja”. “Todos con la roja” es el eslogan “oficial”, para eludir la palabra “España”, que ya es casi tabú. Otro gol que nos han metido con vaselina y casi “como quien no quiere la cosa”. Lo dicho, cuidado con el Mundial.

Primavera Escolapia en Valencia

 

No es una novedad lo que les voy a contar, porque los protagonistas llevan más de dos décadas dedicados a ello, aunque sí lo es que en breve todo podría quedar en agua de borrajas. Trataré de explicar el asunto con mis mejores luces. Los religiosos escolapios de la Provincia de Valencia emprendieron una aventura, en la que todavía siguen enrolados, de refuerzo de la vida espiritual de sus comunidades y centros de enseñanza. Yo no llamaría “renovación” a su labor, sino “optimización”, porque sus fines y actitudes no me parecen una crítica a lo hecho sino un loable y exitoso intento de mejora de lo que ya se hace. El caso es que su labor está siendo en estos momentos objeto de discernimiento para dejarla o no seguir adelante.

Desde luego, por esta experiencia no tiene por qué sentirse reprochada o amenazada en modo alguno la familia escolapia, sino todo lo contrario. Conozco a varios de estos religiosos y sé que nada más lejos de su intención que denostar y mucho menos dividir a una congregación a la que aman con todo su corazón, tanto como aman su misión específica y tanto como aman a los niños cuya formación cristiana les ha sido encomendada. De hecho, no hablamos de “renovación”, sino de “primavera”, es decir, de una explosión de vida que se ha hecho visible y palpabe en sus escuelas. Aún así, han sido objeto de más de una suspicaz mirada o irónico comentario por parte de algunos hermanos. Seguro que eso les habrá ayudado en la humildad.

El trabajo de estos religiosos podría resumirse en que tratan de que las “Escuelas Pías”, sean cada vez más pías, es decir, más piadosas y más evangelizadoras además de escuelas. No es una ocurrencia de los escolapios valencianos, sino una exigencia de su misión específica y del Magisterio de la Iglesia: la escuela católica es un centro de cultura y evangelización (Cf. Gravissimum Educationis, núm. 8). La síntesis de ambos aspectos, “piedad y letras” en palabras del fundador, es la razón misma de la existencia de la enseñanza católica y de la congregación escolapia. Ya pasaron los tiempos en que los religiosos fueron necesarios para ampliar el número de pupitres, especialmente para los más pobres. Eso ya está cubierto hace mucho.

En los umbrales del III milenio, la educación católica continúa siendo necesaria, yo añadiría que más que nunca, más aún que antes de que el Estado asegurase la escolarización para todos. Es todo un emocionante reto para las congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, un desafío que va mucho más allá de la mera supervivencia de sus centros y que ya no apela tanto a la cantidad como a la calidad. Una calidad no sólo en la excelencia de la formación académica que deben impartir –que por supuesto debe de ser la mejor posible– sino sobre todo en su fidelidad a la urgente misión evangélica que necesita la descreída posmodernidad. La escuela católica tiene un futuro apasionante, si sabe encararlo con sabiduría y arrojo.

Es en este marco de “excelencia misionera” en el que estimo que hay que situar el afán optimizador de estos encomiables religiosos escolapios valencianos, su esfuerzo por ser cada vez mejores cristianos y escolapios, y su denodado empeño por acercar a los niños y a sus familias al encuentro con Jesús. Uno de los pilares esenciales de esta “primavera escolapia” ha sido intensificar de una forma demostradamente eficaz y atrayente los “oratorios” de siempre, uno de los más preciosos legados de la tradición calasancia. Por si alguien no lo sabe, estos “oratorios de niños” están constituidos por una serie de encuentros de oración, contemplación y escucha de la Palabra de Dios. He aquí todo el misterio de su sencilla grandeza.

Tanto en el mundo de la enseñanza, como en el religioso, demasiadas veces se entiende la “optimización” sólo como “innovación”. Quizá sea desde ese ángulo sesgado de donde provienen las dudas sobre el noble empeño de estos religiosos, no lo sé. Sea como fuere, estos hermanos no caminan por esos derroteros. Como el buen padre que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo (cf. Mt 13, 52), han sabido actualizar y potenciar con providencial éxito algo tan genuinamente escolapio como los oratorios de niños. Claro que, por eso mismo podrían ser tachados por los sectores más progresistas de retrógrados, de “arqueólogos religiosos” que entorpecen la innovación desenterrando reliquias pedagógicas o pastorales obsoletas.

No me corresponde a mí el discernimiento “oficial” sobre la bondad o no de lo que están haciendo. “Doctores tiene la Iglesia” y la Congregación para ello. Pero sí tengo un poquito de fe, un poquito de seso y bastante celo por la evangelización, además de 30 años de experiencia como pedagogo. También tengo una boca para hablar y una pluma (bueno, un teclado) para escribir. Déjeseme, al menos, sugerir algunas ideas. Creo no equivocarme si afirmo que uno de los criterios básicos de discernimiento eclesial son los frutos: “Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 18.20). Así nos enseña Jesucristo a distinguir entre los verdaderos y los falsos profetas.

Si algo caracteriza a esta “primavera escolapia” son los frutos buenos. En los oratorios, afloran realmente las capacidades religiosas de los niños, sus dotes para la oración y la acogida de la Palabra de Dios, algo de lo que estaban convencidos tanto San José de Calasanz como el Maestro, Jesucristo: “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Lc 10, 13-16). Participar en uno de estos oratorios es convertirse en testigo de la realidad del salmo que el mismo Jesús citó al escuchar a los niños que le aclamaban con su Hosanna: “¿No habéis leído nunca que de la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza?” (Mt 21, 16; cf. Sal 8, 3 LXX).

Otro fruto de valor inestimable, tanto desde un punto de vista religioso como pedagógico, es la participación de las familias. Es un caballo de batalla en toda escuela conseguir la colaboración de los padres. Pues bien, es un hecho que un considerable número de ellos se han volcado con entusiasmo en la asistencia, organización y promoción de los oratorios. Además de que su propia fe ha salido no pocas veces reforzada al compartir con sus hijos estas experiencias, se ha conseguido que los padres se olviden de la odiosa práctica de delegarlo todo en la escuela y que se impliquen con seriedad en la educación de sus hijos. Es muy fácil y muy “moderno” hablar de “comunidad educativa”, pero hacerla realidad es un prodigio, se lo aseguro.

Es un hecho que varias Escuelas Pías levantinas han cobrado poco a poco una vitalidad sorprendente, admirable y esperanzadora. Permítaseme, por último, citar el que quizá sea el principal criterio de discernimiento católico: el florecimiento de las vocaciones, no sólo en cantidad, sino también en calidad. ¿Es o no es esto una primavera eclesial? Vocaciones a la vida religiosa, al sacerdocio y también al matrimonio cristiano, a casarse y fundar una familia sobre el cimiento de Cristo. Discúlpenme las autoridades competentes por mi incursión en su terreno de discernimiento. Que Dios les guíe para decidir según Su Voluntad. Tomen estas líneas sólo como un humilde testimonio. 

José Rafael Sáez March, Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Psicopedagogo de Menores y Profesor Universitario.

De la diosa razón al dios instinto

 

La sociedad noroccidental moderna creyó haber superado épocas anteriores de infantilismo y haberse hecho adulta “matando” a Dios, prescindiendo de Él. Entronizando a la “diosa razón” en Notre Dame, los iluministas franceses creyeron haber hallado “la luz”, que consistía en abandonar toda tutela sobrenatural para asumir el Hombre –centro y razón de todas las cosas– la tentadora autonomía moral. El trío de grandes falsos profetas del S. XX, Marx, Freud y Nietzsche, terminaron la faena. La modernidad quiso ser la era de la razón, la ciencia y la técnica, la realización definitiva del “homo sapiens”.

Karl Marx, no sólo proclamó un ateísmo filosófico –léase materialismo– sino que calificó a la religión como un instrumento de los poderosos para mantener oprimido al pueblo, un “opio” creado con el objetivo de suscitar conformismo. Sigmund Freud, desde su libidinosa teoría psicoanalítica, redujo la religión a una forma de neurosis y Dios pasó a ser una pueril creación mental, una proyección del “super-ego”, un modo enfermizo de capear las frustraciones. Friedrich Nietzsche, arrasó con sus sofismas y arrastró con su sugestivo vitalismo, pregonando un “super-hombre” dueño del bien y del mal.

La iconoclasta modernidad se propuso derribar dioses, religiones y morales. Se le hizo creer al Hombre que era capaz, con su razón, de construir su propio paraíso y su propia “salvación”. Fue la época del “self”, del “auto”: auto-realización (hacerse realidad a sí mismo), auto-poiesis (construirse a sí mismo), auto-nomía (darse normas a sí mismo). Las pujantes ciencias y técnicas auguraban la pronta solución de todos los problemas. Pero este “sueño de la razón” produjo monstruos, otro tipo de “autos”: las autocracias (estalinismo, nazismo…) Y, para más inri, no ha solucionado nada en verdad importante.

La prometedora tecnología sólo ha conseguido una paradoja: nos ha hecho la vida más cómoda con todo tipo de inventos y artefactos, al mismo tiempo que ha inventado otros cada vez más eficaces y potentes para matar. Un sinsentido que decepcionó y desencantó a la Humanidad, cuya fe en la bondad de la técnica quedó ahogada tras sufrir dos terribles guerras mundiales. La ciencia, despojada del “lastre” de la conciencia, ha descubierto muchas cosas, ha logrado curar graves enfermedades, pero ni la injusticia, ni el hambre, ni la violencia, ni la maldad han sido erradicadas, sino más bien todo lo contrario.

La entusiasta orgía de guiarse a sí mismo con la razón, que embarcó a toda una generación en una ola de optimismo salpimentada con una falsa sensación de madurez,  libertad y progreso, se ha esfumado como “smoke on the water”. Las respuestas siguen “blowin’ in the wind”. “El futuro ya no es lo que venía siendo”, lamentaba el optimista Arthur C. Clark. Las ideologías sufrieron el crepúsculo implacable del fracaso. El impulso contestatario juvenil de la flor en el cañón se evaporó entre nubes de cáñamo indio. La fiesta ha sido un fraude. La posmodernidad es la resaca de aquella borrachera.

Si el modernismo fue la era de la razón, el posmodernismo lo es del instinto. El fracaso de la idolatría de la razón ha obligado a buscar nuevas brújulas. Pero, por lo visto, la Humanidad todavía no ha aprendido la lección, aún no ha sufrido bastante como para recular y retomar con humildad sus raíces perdidas, su despreciada piedra angular, y sigue sin admitir su “heteronomía”, su óntica y existencial dependencia del Otro. El hijo pródigo sigue buscando unas míseras algarrobas fuera de la casa del padre. Es la terrible trampa del orgullo, de la soberbia, que empuja a “huir hacia delante” a cualquier precio, a no reconocer los propios desvaríos, a no rectificar ni por saber morir.

Destronada la razón, al Hombre posmoderno sólo le quedan los instintos para seguir en su empeño por auto-dirigirse. Ignora que la recta razón libera, pero el instinto esclaviza, nos devuelve a la condición de animal irracional no-libre. En su ya extrema necedad, la Humanidad posmoderna trata de “liberar” los instintos llamándolos “derechos”. Ante el naufragio de la modernidad, la consigna es “sálvese quien pueda”. Que cada uno se “busque la vida”. El positivismo jurídico radical que se ha impuesto legaliza los caprichos, convengan o no al bien común, y cada cual “a su marcha”, sin más.

El saber se ha quedado en opinión. La moral en apetencia o conveniencia. La ciencia se ha sometido al servicio de la técnica y ésta a las órdenes de la maquinaria productiva, que crea y recrea sin cesar un consumismo demencial que genera necesidades innecesarias y vende caros sus espejismos de felicidad. La catástrofe económica que amenaza nuestro “bienestar” es hija de ese hedonismo desbocado, tan inmoral como irracional. La felicidad se ha rebajado a divertirse, darse gusto. Para ello hay que consumir y eso cuesta dinero. ¡A por él, caiga quien caiga! Ahí tienen “la crisis”.

A las lenguas llamadas “muertas” porque no se hablan, habrá que unir las “ciencias muertas” porque no producen. Las más nobles tareas humanas se han quedado sin “telos” o fin último. Se educa, por ejemplo, sin cimientos antropológicos, sin un modelo de persona al que es deseable llegar. A los jóvenes se les enseñan “competencias” para insertarse en el engranaje empresarial y poco más. El tipo de persona que lleguen a ser da igual, que sean como quieran o puedan, “no es nuestro problema”. Estamos, quizá por vez primera en la Historia, en una cultura sin “paideia”, sin un ideal educativo.

Vivimos en un mundo en el que no paramos de hacer cosas, pero en el que ya no sabemos ni el por qué, ni el para qué de la mayor parte de ellas. Ya no hay principios ni fines, sino sólo objetivos a corto plazo. Del futuro se habla mucho, pero importa poco, por eso nos estamos cargando el planeta y suicidándonos cultural y demográficamente sin que se nos altere el pulso. Sólo queda el “carpe diem”, el disfrutar al máximo del hoy, más no en un sabio sentido bíblico, sino en la zafia versión de darse el mayor gusto posible y evitarse todo el disgusto que se pueda a costa de lo que haga falta, sin miramientos.

La posmodernidad va a traer mucho sufrimiento, porque vamos a tocar fondo. Hemos roto las tablas, nos hemos atiborrado del fruto prohibido. Y eso mata. Pero terminaré con un soplo de esperanza, porque Dios existe y conduce la Historia. Dios es, está y estará. Hay un sentido último para todas las cosas. Vale la pena creer, vale la pena razonar y vale la pena conjugar sendos dones de Dios para vivir en armonía y plenitud. Como profetizó Juan Pablo II, el tercer milenio va a tener unos comienzos muy difíciles, pero tras ellos surgirá una Humanidad nueva, que habrá aprendido a vivir en paz, justicia y libertad.

(Publicado en Análisis Digital el 09-06-2010)

(Reproducido en los blogs Perfiles y Almudi.org)

 

Sobre el anteproyecto de ley de autoridad pública del profesorado en la Comunidad Valenciana

 

En principio, esta iniciativa legislativa del Consell de la Comunidad Valenciana, en consonancia con otra muy parecida de la Comunidad de Madrid,  me parece correcta y necesaria. El maestro, en su importante función social, debe recuperar su estatus de autoridad y merece cuantas normas garanticen el respeto a su persona, trabajo, integridad y seguridad jurídica. Así pues, como es mi costumbre alabar lo que me parece positivo, tanto como fustigar lo negativo, felicito desde aquí al Gobierno Valenciano por su anteproyecto.

Ahora vienen los “peros”:

No es del todo acertado lo que ha dicho el Conseller afirmando que la mejor forma de afrontar los conflictos entre las familias, los alumnos y el profesorado sea “la consideración de esta ley”. La autoridad, como ya he explicado someramente en mi anterior post y, con cierto detalle, en otra entrada que publiqué hace meses, no se adquiere sólo por la fuerza de la norma. Es más, lo impuesto “por obligación” muchas veces produce el efecto contrario.

La autoridad que va a potenciar esta ley es sólo la “potestas”, es decir, la potestad o poder que se asigna formal y oficialmente a un determinado cargo, para poderlo ejercer. Pero es una autoridad externa al maestro, impuesta desde fuera de él y desde fuera del aula por imperativo de la ley. ¿Es necesaria? Desde luego que sí, pero de ninguna forma es suficiente si, más allá de la protección jurídica del personal, pretende mejorar la educación.

La verdadera autoridad, la que sirve para educar además de para ”poner orden”, es la “auctoritas”, esto es, la autoridad que alumnos y padres conceden de forma espontánea a quienes saben conquistarla con su “maestría” o dominio de su rama del saber, con la calidad humana de su persona, con la integridad de sus actitudes, con la admiración y el respeto que emanan de su personalidad, del amor por su profesión y por sus alumnos.

Esta última forma de autoridad moral, que es imprescindible para todo educador, no se puede imponer ni garantizar por ley alguna. Sólo la posee aquel que se la ha ganado con su dedicación, esfuerzo y constancia, aquel que, en su conducta cotidiana, refleja una personalidad que atrae y que suscita el respeto y la emulación en sus alumnos. Reforzando sólo la “potestas”, no se garantiza que nadie sea un buen profesor.

Sin la “auctoritas”, sin la autoridad moral, los profesores estarán mejor protegidos gracias a esta necesaria ley, pero que nadie piense que con ello van a desaparecer los conflictos escolares, ni mucho menos que vaya a mejorar la calidad de la enseñanza, ni nada de eso. Me cuesta creer que los políticos se dejen asesorar de verdad alguna vez por profesionales expertos en educación. Diríase que sólo escuchan a los abogados.

Algo (quizá mucho) hemos adelantado si, gracias a la nueva ley, los alumnos y algunos padres comienzan a pensárselo dos veces antes de machacar inmpunemente a los sufridos profesores, pero la educación necesita mucho más para salir de su situación de crisis y emergencia. Y no sólo un “pacto educativo” político, sino un replanteamiento global de todo el sistema y de los modelos pedagógicos, casi un “volver a empezar” desde el principio.

Palabra de alguien que lleva 30 años en el mundo de la educación.

De magistri et ministri

 

¿No se afanan los políticos en cambiar a su antojo las palabras y las expresiones para endosar al pueblo sus cambalaches ideológicos? ¿No es el uso y abuso del destructivo nominalismo su táctica estelar para justificar sus tropelías morales y camuflar sus errores garrafales, con la sencilla estrategia de cambiarles el nombre? ¿No se quedó corto George Orwell con sus pesimistas predicciones, cuando previó la destrucción sistemática de las palabras que vendría de mano de los futuros dirigentes? ¿No han convertido la evolución del lenguaje en un sucio y taimado juego de destrucción de conceptos y, con ello, de las realidades que definen?

Pues yo también voy a jugar con las palabras. Pero no lo haré con el malévolo estilo nominalista de la panda de listillos de medio pelo que nos gobiernan, sino recurriendo al bonito y siempre instructivo recurso de la etimología. Ya saben, analizando el origen de los términos, las raíces con las que fueron creados, que revelan su significado primigenio. Lo haré con dos palabras antónimas, esto es, con sentidos contrapuestos, aunque no todo el mundo conoce esta oposición. Se trata de los vocablos “maestro” y “ministro”. Antes de proseguir, yo les preguntaría: ¿Quién es más, un “maestro” o un “ministro”? ¿Quién debe predominar sobre el otro?

Comencemos por el origen etimológico de la palabra “maestro”. Viene del latín “magister” (en plural, “magistri”, como aparece en el título de este artículo). Tenemos una raíz, “magis” y un sufijo, “-ter”. “Magis” significa “más”. Por otra parte, “-ter” procede del antiquísimo idioma raíz llamado “indoeuropeo”, anterior al latín y a las demás lenguas, y es un sufijo contrastivo, que indica contraste u oposición. ¿A qué otro vocablo se opone, entonces, la palabra “magister”? ¿Lo adivinan? Pues sí, se creó en contraste con la palabra también latina “minister” (“ministri” en plural), de la cual procede nuestro actual término “ministro”. ¿Por qué esa oposición? Veámoslo.

“Minister” viene de “minus”, junto con el sufijo contrastivo “-ter”. “Minus” significa “menos”. ¿No les gustan a los ministros y “ministras” los jueguecitos de palabras? Pues aquí tienen uno la mar de interesante. Resulta que “maestro” y “ministro” son dos palabras creadas originalmente en intencionada oposición semántica, es decir, en contraste de significados. El maestro es “aquel que es más”, en disparidad con el ministro, que es “aquel que es menos”. No crean que todo esto se quedó en florituras lingüísticas. Así es como se entendieron estas palabras en la práctica y así fue realmente el estatus social original de los maestros y los ministros.

Antes de que el término “magister” fuera adoptado por el mundo de la enseñanza –muy certera adopción, por cierto– se refería a aquel que sabe más, que tiene más conocimiento teórico y mayor destreza práctica en cualquier actividad humana. Los primeros maestros fueron los esclavos libertos griegos, escogidos porque eran los más instruidos entre el “personal” disponible, que enseñaban a los hijos de los patricios romanos. Esa autoridad cultural no tardó mucho en derivar en autoridad en muchos otros aspectos. El “magister” o maestro llegó a ser el que dirigía, el que daba las órdenes, por la sencilla y lógica razón de que era el mejor cualificado para hacerlo.

Todavía hoy el vocablo “maestro” conserva este significado. Cuando decimos que tal o cual persona es “maestra” en algo, afirmamos que domina de forma notable el saber y el hacer de ese algo. Un “maestro de obra” manda, porque se supone que sabe de obra. Si llamamos “maestro” a un pintor o a un músico, no es porque dé clases, sino porque domina de forma eminente su arte. También otorgamos ese título a los toreros que ya han merecido “tomar la alternativa”. En el habla popular, decir a alguien: “eres un maestro”, equivale a decirle que conoce muy bien los intríngulis de aquello que se lleva entre manos. Nada que ver con “ministro”, ¿verdad?

“Minister” o “ministro”, era (y parece que sigue siéndolo) alguien que no tenía ni idea sobre un asunto y necesitaba ser guiado y obedecer. Por eso no detentaba autoridad alguna (cosa que ha cambiando bastante últimamente, si nos atenemos a los currículos y a la “sabiduría” teórica y práctica de nuestro Gobierno). El “minister” era, en sus orígenes romanos, un simple siervo, un subalterno, un criado, al servicio y a las órdenes del “magister”. En el orden social, por tanto, el maestro llegó a ocupar un estatus preeminente y el ministro justo el contrario. Pero hay más, así que sigamos tirando todavía un poco de la manta del fascinante mundo de la etimología.

Veamos lo que significa “autoridad”. También viene del latín, en esta ocasión de la justicia romana, que distinguía muy bien dos tipos de autoridad: la “potestas” y la “auctoritas”. La “potestas” es la autoridad “oficial” o “formal” que se asigna a un cargo para el ejercicio de sus responsabilidades. La “auctoritas”, de donde viene nuestra actual palabra “autoridad”, es un concepto muy distinto. No viene “de serie” con el cargo. Es algo que se merece, que se gana con el trabajo bien hecho, que se suscita en los demás cuando estos reconocen en alguien el dominio de su ciencia o arte, cuando demuestra ser “una autoridad en la materia”, es decir, un maestro.

 Después de lo expuesto, ¿comprenden la estulticia de algunos maestros que prefieren rechazar tan bello y digno título de su profesión y cambiarla por “docentes”, “enseñantes” u otras zarandajas por el estilo? Luego se quejan de que han perdido estatus social, de que ni los alumnos ni muchos padres les respetan, de que sus opiniones no cuentan en las decisiones políticas y de que siguen “pasando más hambre que un maestro”, como se decía en un pasado no muy lejano. Entenderán también la perversidad y estupidez de un sistema, digamos “burrocrático”, que permite que ciertos  personajes políticos se aúpen al poder sin ser “maestros” en nada de nada.

Así nos va el pelo en España. Todo se ha invertido, de forma radical, como ya es costumbre. Los que de verdad saben, los “magistri”, esos que comenzaron teniendo a los “ministri” como criados para servirles y ejecutar sus órdenes, apenas pintan nada. Ni llegan al poder, ni son consultados a la hora de adoptar medidas en cualquier ámbito de decisión, ni se les escucha si acaso llegan a ser consultados. Los ejércitos de asesores políticos, supuestos “maestros” en sus respectivas especialidades, sólo sirven para comerse una buena tajada de nuestro paupérrimo erario público, porque los “ministros”, con su presidente a la cabeza, hacen a final lo que más les conviene.

El presente y el futuro de España, de todos nosotros, está ahora mismo en manos de demostrados ineptos. Muchas mentes privilegiadas que podrían aportar luces en la crisis generalizada que sufrimos (económica, educativa, territorial, social, moral…) no son atendidas, sino, por el contrario, son sometidas a la inquisición de lo “políticamente correcto” (es decir, lo que marcan los “progrécratas” dominantes). Sólo son escuchados, ensalzados y bien subvencionados los que se han vendido al mejor postor y se han convertido en ideólogos del poder. En cambio, aquí puede ser “minister” cualquier zopenco o zopenca que le baile el nano al jefe.

No pretendo defender aquí un “gobierno de los filósofos” al estilo de Platón, que pretendía la creación de una especie de casta de sabios, liberada de “trabajar” y mantenida por todos sólo para pensar y mandar. Ni siquiera abogo por una re-inversión de las cosas mediante el simple retorno al esquema romano de los “magistri” y “ministri”. Pero no he escrito estas líneas sólo para jugar con las palabras, aunque también. Lo que considero de pura lógica y máxima urgencia es que debería existir una estrecha colaboración, si no plena coincidencia, entre los “ministri” y los “magistri”, entre los que saben y los que mandan. Si no, les aseguro que no salimos de ésta.

NOTA: Lo he publicado, algo reducido, en Análisis Digital: pinchar este enlace

Miguel Delibes, maestro de lo pequeño

Rompo el silencio para, desde una recogida meditación, honrar la memoria de mi querido, admirado y hoy llorado Miguel Delibes, dedicándole unas palabras, entresacadas de un artículo que sobre él publiqué hace unos años. Es difícil encontrar un escritor más vitalista. Si no escribió un “confieso que he vivido”, es porque su colega Neruda se le adelantó con el título. Porque Delibes fue un “vividor”, en el mejor y más valioso sentido posible del término. ¿Qué no habrá hecho, trabajado y literado este castellano universal? Ya, ya sé que acabo de inventarme el verbo “literar”. ¿No van a dejarme que le regale, como póstumo presente, una palabra nueva a tan osado literato? Don Miguel no dudó nunca en sacar del baúl de las palabras lo viejo y lo nuevo, el habla de la gente y el canon académico, utilizando a su antojo, tanto la exactitud morfológica, sintáctica y estilística, como las licencias y faltas que consideró oportunas.

Para contarnos la realidad, y el alma de la realidad, hizo resonar por todas las esquinas de sus libros los hablares populares castellanos, los de ayer, los de hoy y los de siempre, tal cual suenan y sueñan y son, con sus grandezas y sus pobrezas, aunque algunas de ellas le lastimasen la vista y el corazón, como le ocurrió con el lenguaje deslavazado y taquero de aquella pandilla de “progres” que se disputaba el voto del Señor Cayo. Este gran  académico de la letra pequeña sólo erraba adrede, como si el vocablo “deliberado”, arrancase su etimología del apellido Delibes. Su prosa casi onomatopéyica no sólo describe y narra, sino que visualiza, suena, huele y sabe como la vida misma.

El maestro vallisoletano nos ha hecho a todos un poco castellanos, sin ánimo alguno de centralismo político. Ha sido capaz de contarnos casi un siglo de nuestra historia, sin robar su dramatismo, mas evitando el españolísimo maniqueísmo de buenos y malos, rojos y azules, vencedores y vencidos. Para él, no existian dos Españas, sino tan sólo una, plural, variopinta y peleona. No se quedaba con nadie y se quedaba con todos. Pero no por ello fue una persona sin posiciones ni compromisos. Sucede que su militancia no tuvo más colores que los de la paleta de la realidad misma. Su obra, tanto periodística como de ficción, siempre ha estado basada en “hechos reales”. No hay muchos narradores que nos hayan dejado tan libres a los lectores para adoptar posturas propias, sin tratar de escorar nuestros sentimientos más que hacia donde a cada uno nos plazca. Miguel Delibes nos ha contado los hechos, con la naturalidad, bella o fea, justa o injusta, lógica o absurda, con la que suceden. Allá cada uno con el color del cristal con que se empecine en mirarlos.

Este ilustre castellano ha disfrutado de la vida en minúsculas, de la vida cotidiana, de las pequeñas experiencias que la conforman. Sólo el conjunto de las mismas, puzzle nada fácil de componer, configura eso que suele llamarse Vida con mayúsculas ¿Acaso hay otra forma cuerda de vivir? Desde su irisada literatura, Delibes ha sabido elevar a la categoría de maravilla las más simples pasiones humanas, cualquier ínfimo detalle de la naturaleza y las efímeras vivencias de cada instante. Sin apartar los árboles que no dejan ver el bosque, porque al fin y al cabo son los árboles los que forman el bosque, nos ha llevado por desconocidas sendas a lo más hondo de la foresta natural y humana. Nos ha introducido en un fragmento del mundo y de la historia que, en su pluma, adquiere proporciones y valores universales.

Don Miguel, igual nos ha sintonizado con el alma de un anciano que ha sacado la hojita roja de su cuadernillo de papel de fumar, anuncio de que pocas páginas le quedan por vivir, que en la de un orondo y egoísta pequeño-burgués de inicios del siglo XX volcado neuróticamente en su único hijo, que en la de un sabio mozalbete hijo de un cazador de ratas u otro martirizado por el empeño de su familia en sacarle del pueblo para que se labre un mejor porvenir en la ciudad. Con su ramillete de personajes inolvidables nos ha introducido en la tragicomedia de todos los santos inocentes que pueblan nuestra España profunda. Nos ha emocionado con las alegrías y las penas de las personas y los pueblos, de hombres y mujeres reales, precioso concepto que recientemente utilizaba una empresa de cosméticos. Encima, casi ha conseguido embaucarnos a todos con los malabarismos argumentales con los que él mismo ha tratado de reconciliarse con su doble personalidad de depredador y defensor de la naturaleza. Era un maestro.

Con su mirada penetrante y detallista, que rompía las percepciones meramente globales y guestálticas del mundo circundante, nos ha enseñado el placer de escuchar a los grillos y la crispación del repiqueteo cargante de las cigarras. De él hemos aprendido a apreciar el perfume de los trigales recién cortados y de las boñigas secas de vaca. Con él nos hemos detenido un buen rato a contemplar los absurdos sube y bajas de las hormigas voladoras o a saborear las excelencias de una rata de agua, frita con mucho vinagre. Ha llenado nuestras pupilas –en él una palabra vale más que cien imágenes– de los grises de las ciudades, de la sucesión de verdes, amarillos y ocres de los bosques y de las cosechas, de los azules y añiles del cielo abierto de Castilla, del rojo de la pasión y la sangre y del luctuoso negro de la muerte. Nos ha enseñado a ver lo visible y lo invisible que nos rodea y espera cada día. Nos ha guiado hasta el alma sencilla de las cosas.

Su personalidad, en apariencia simple y apacible, a veces contradictoria, sin ánimos de estrellato, pero tampoco tan romántica como para renunciar a ganarse la vida con su trabajo literario, nos refleja un poco a todos. Su literatura, inscrita ya en el panteón de los clásicos, carece de vocación de best-seller, aunque por su valor lo haya sido en varias ocasiones. Pese a su experiencia como periodista, que a la mayoría les lleva a contar sólo lo sobresaliente, lo raro, lo extraordinario o lo catastrófico, aquello que es noticia en suma, Miguel Delibes jamás perdió de vista que lo que en verdad importa es lo cotidiano, el paisaje real de nuestra existencia, más lleno de escenas y pasajes sencillos que de eventos extraordinarios. Nos ha mostrado y demostrado que lo normal y corriente, lo pequeño, constituye la verdadera maravilla de nuestras vidas.

Descansa en paz, querido amigo y maestro.

 

NOTA: Me lo acaban de publicar en “Nuestras Firmas” de Análisis Digital

2009: reconozcamos lo que ha hecho bien ZP

Es costumbre, al acercarse las últimas fechas del año, repasar lo que éste nos ha deparado de bueno y de malo. Sobre todo, es bonito hacer memoria de lo bueno. En HO la verdad es que no estamos demasiado contentos con el Presidente de España, pero tampoco hay que ponerse así, porque cosas buenas habrá hecho. Seguro que sí. Vean si no, la extensa lista que he preparado con todo lo bueno que ha realizado por España y por los españoles D. José Luis Rodriguez Zapatero, sus Ministros y su PSOE:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo esto y mucho más. Que quede constancia. Seguro que en el 2010 la recopìlación será aún mayor.

Feliz año nuevo, Sr. Rodriguez.

27-D: Una bella jornada para la esperanza

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Acudir a la Eucaristía-Encuentro por la Familia Cristiana del domingo 27 de diciembre no ha sido nada fácil para mí y para la mayor parte de asistentes, especialmente para los que no estamos acostumbrados a temperaturas tan frías o nuestra salud flojea. Pero mi familia y yo hemos estado allí y ha valido la pena. Desde luego, hubiera sido más cómodo quedarse en casa y seguir la retrasmisión por televisión. El tremendo madrugón, el viaje de ida y vuelta en un solo día, el plantón de más de cuatro horas, la baja temperatura aunque lució un sorprendente y tímido sol… Para los jóvenes, que los había a montones, muy fácil. Para los que ya no lo somos, no tanto. Pero había que estar allí, y estuvimos. Y, repito, valió la pena. Con creces.

Escribo resfriado y con todos los huesos baldados, pero muy contento. Ha sido un experiencia entrañable en todos los sentidos. Un encuentro en contra de nadie, sino a favor de la familia cristiana, esperanza de la Iglesia y esperanza de Europa. Un modelo de familia eterno, revelado por Dios, indisolublemente unido por el cemento inquebrantable del amor derramado por Jesucristo en sus miembros, abierto a la transmisión de la vida y respetuoso de la misma desde su concepción, transmisor de los mejores valores que la Humanidad ha conocido, los valores cristianos, revelados por el mismo Dios en una progresiva pedagogía a través de la Historia de la Salvación.  Un modelo nada teórico, sino real y palpable, que ha existido, existe y existirá.

Un modelo ninguneado por esta sociedad paganizada, egoísta y empeñada en autoextinguirse, pero que crece bajo el impulso del Espíritu Santo. Un estilo de familia que el progretariado laicista intenta debilitar, porque estorba a sus planes de implantar un nuevo orden mundial basado la autonomía moral. ¿Nuevo orden mundial? ¡Pero si la sociedad que han diseñado no se reproduce, sino que se halla en caída libre hacia el suicidio demográfico! El monstruo social que han creado tiene los días contados, porque es estéril. Al despreciar la procreación y destruir la vida humana concebida se devora a sí mismo. El futuro es de las culturas que tienen hijos, no de las que no los tienen o los matan antes de nacer. Es de cajón.

“El futuro de Europa pasa por la familia”, dijo Juan Pablo II hace años en esa misma Plaza de Lima. Palabra profética cuya verdad se hace cada vez más patente, aunque hay quien no quiere verlo. Los musulmanes, que sí lo ven, no dudan en proclamar que en unas décadas Europa será suya. A mí no me agradaría nada que mis hijos o nietos viviesen un día bajo la Sharia, pero hay que reconocer al Islam que sus fieles están haciendo sus deberes y, nos guste o no, se lo merecen. Europa está vomitando al cristianismo y, todo hay que decirlo, en gran parte ello se debe a que muchas iglesias cristianas se han sumado demasiado al “trend” de la época. El rechazo a la “Humanae Vitae” de Pablo VI está pasando una terrrible factura a la Iglesia Católica.

La participación en el encuentro, no millonaria, pero sí multitudinaria. Lo mejor, además de la Eucaristía, la presencia de miles de familias enteras, padres e hijos juntos. Familias de toda Europa, unidas por el amor y la fe, muchas de ellas numerosas. Infinidad de niños de todas las edades, abrigados hasta las cejas, que iluminaban y caldeaban el día como antorchas vivas, testimoniando, aun sin saberlo todavía, que existe la esperanza para la Iglesia y para la sociedad entera, que tal vez Europa no esté irremediablemete condenada al suicidio colectivo, moral y demográfico.  La familia cristiana puesta “como espectáculo para el mundo”, como decía San Pablo de los apóstoles cristianos. La belleza de la verdad de la familia a la vista de todos.

Este encuentro ha sido una bella jornada para la esperanza. El Espíritu Santo no abandona a su Iglesia y sigue soplando con su imparable potencia. Los Estados, en especial el Español, ni reconocen sus errores, ni tratan de enmendarlos. La Iglesia Católica, pecadora por la debilidad humana de sus miembros y santa por la presencia en ella del Espíritu Santo, sí sabe rectificar, se preocupa con renovada energía de la fe y vitalidad de las familias cristianas, y reconoce y arropa los frutos que Jesucristo incoa desde la base, desde el pueblo de Dios. El lenguaje de nuestros pastores es cada vez más claro y valeroso. La voz de los seglares, también. Estamos en tiempos muy duros y adversos, pero privilegiados, una época fantástica de renovación. Si somos fieles a Jesucristo, siempre habrá esperanza para la Humanidad.

Por la familia, el 27-D, todos a Madrid

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La familia cristiana, piedra angular que sustenta nuestra cultura y nuestra sociedad, está siendo gravemente amenazada por los embates del laicismo radical impuesto desde un Estado cada vez más “padre” y “madre”, más intervencionista y más controlador de las conciencias individuales. Una estructura familiar sólida, basada en el matrimonio estable, con las figuras de padre y de madre, con apertura y respeto a la vida, es un estorbo para esas pretensiones totalitarias. La familia cristiana, modelo trazado por Dios para toda familia, es esencial para la construcción y la pervivencia de la sociedad. Pero posee unos gruesos muros que preservan su intimidad, sus derechos y sus libertades, que le permiten cumplir con su misión de educar a los hijos según sus propias convicciones. De ahí el proyecto de demolición de la misma por parte de un Estado que se ha extralimitado en sus funciones.

Los divorcios “express”, que permiten acabar con un matrimonio sin alegar motivos ni dejar tiempo a la reflexión y la reconciliación. La devaluación de la realidad del matrimonio, equiparándolo con cualquier tipo de unión. La empecinada política antinatalista, que está provocando el sucidio colectivo de la población europea. La ampliación del aborto, que destruye nuevas vidas humanas en el mismísimo seno materno, lugar de la máxima protección, cariño y seguridad. Los intentos de distanciar a los padres de los hijos en la toma de graves decisiones. La intromisión en las conciencias morales a través de la escuela.  Todo un plan maestro de ingeniería social, secundado por una propaganda implacable en programas y series de televisión, para debilitar la estructura familiar y dejar al individuo inerte e indefenso en manos del Estado, o lo que es lo mismo, en manos de quien ejerce el poder de turno.

No podemos quedarnos tranquilamente encerrados en nuestras casitas, viéndolas pasar sin hacer nada. No se trata tanto de embarcarnos en “luchas”, ni en “causas”, como de mostrar a la sociedad la belleza y el bien de la verdad de la familia cristiana. No queremos vencer a nadie, sino convencer.  Y se convence mediante el testimonio público de lo que somos. La Iglesia Católica que está en España nos propone, a través de sus pastores, parroquias, movimientos, grupos y comunidades, acudir el 27 de diciembre a celebrar todos juntos una gran fiesta, una gran eucaristía, un gran encuentro de familias cristianas. Somos convocados a presentarnos tal y como somos, sin miedos ni complejos, sin banderas ni colores políticos, sin más consigna que la de ser iconos vivos de la maravilla que es la familia cristiana. No podemos faltar a esta cita. Por la familia, por nuestros hijos, por la Iglesia, por la sociedad entera, el domingo 27, ¡todos a Madrid!

AVISO: Si aún no has planeado tu desplazamiento a Madrid, todavía estás a tiempo. Acude con tu parroquia, con tu movimiento, con tu grupo, con tu comunidad, o simplemente coge el coche, el tren o el avión y acude con tu familia. ¡No te pierdas esta fantástica fiesta de la familia, de la vida, de la comunidad cristiana! Para más información picha aquí: Por la familia cristiana.

Aborto: motivos “in extremis” para votar NO

 (Me lo han publicado hoy en Análisis Digital)

Ignoro si este humilde escrito llegará a ser leído por alguno de los diputados que el próximo jueves van a votar en el Congreso, dentro de la apresurada agenda marcada por el Gobierno, la aprobación o no de la nueva ley del aborto. Sea como fuere, a ellos va dirigido. Como son personas inteligentes, me ahorro insistir sobre el hecho de que esta ley -más aún si cabe con las radicalizaciones que el PSOE ha pactado con IU y ERC- no es en absoluto una “regulación” de la vigente para evitar abortos, sino una puerta abierta al aborto libre. No nos ofendamos la inteligencia mutuamente con ese pasto mediático que el PSOE ha puesto en el comedero de la opinión pública.

Sé que muchos de ustedes ya han cerrado a cal y canto su corazón y su mente, obligándose a sí mismos a un esquizoide doble-pensar y rehuyendo cualquier tipo de mensaje, sea icónico o verbal, que pueda abrir fisuras en su implacable decisión de votar lo que los mandamases de su partido les exigen. Afirman estar hartos de recibir cartas, mensajes, fotografías, vídeos, muñequitos de plástico… Lástima que no oigan al pueblo. Aún así, les pido que repasen esta carta redactada “in extremis”. Yo voy a hacer un esfuerzo para colocarme en puntos de vista que no comparto, para llevar el tema a sus más mínimas expresiones. Les suplico que lean lo siguiente:

  1. Si el sujeto del aborto es persona, sujeto pleno de derechos, no cabe ninguna duda: destruirlo es un cruel asesinato con premeditación y alevosía. Sólo cabe votar que no, siempre que a su Señoría le quede la decencia y la valentía suficiente para votar en conciencia y no en obediencia, aunque le cueste su escaño.
  2. Si el sujeto del aborto no es persona, porque considera usted que tal atribución no es ontológica, sino sólo un concepto cultural, opinable, discutible y determinable por ley, pero sí reconoce que es un ser humano vivo, en sus primeras fases de vida, la opción es la misma que en el anterior caso: debe votar que no.
  3. Si el sujeto del aborto no es para usted un ser humano vivo, sino sólo un “ente” biológico prehumano, sabrá que lleva en sí mismo el dinamismo natural que le llevará a serlo si no es destruido. Si ese “ente” tiene esa potencial humanidad, sólo anulable mediante su eliminación, debe ser protegido: debe votar no.
  4. Si el sujeto del aborto, para usted, es un ser vivo, pero no humano, como alguna ministra ha dicho, otórguele usted al menos la misma protección que nuestra cultura ha aprendido a ofrecer a todo ser vivo, a los animalitos y a las plantitas. Concederle menos protección no parece coherente ni progresista: vote no.
  5. Si el sujeto del aborto no está vivo, porque piensa usted que es una especie de quiste que puede ser extirpado sin más, explíqueme por qué hay que matarlo para abortar. Lo muerto ya está muerto, sin más. ¿Para qué las soluciones salinas, las sustancias mortíferas o las decapitaciones? No diga tonterías: vote no.
  6. Si el sujeto del aborto no es absolutamente nada para usted, no tiene más entidad que una piedra en el riñón y le importa un carajo todo lo anteriormente dicho, piense al menos en las mujeres que van a poner en peligro sus vidas y sufrir de por vida las secuelas de tan terrible experiencia. Utilice su voto y trabaje para promover políticas de ayuda a la mujer embarazada, pero no secunde esta ley.
  7. Y si también le importan un bledo esas consecuencias para las mujeres, porque piensa que no son ciertas o porque cree que es asunto de ellas exponerse o no a esos riesgos, considere al menos que promover el aborto es contribuir al suicidio demográfico de nuestra civilización occidental: vote no a esta ley.

Quisiera tener más luces para convencerles de que esa vida incipiente, ese diminuto ser humano que comienza su andadura en este mundo en el cálido y acogedor seno de su madre, esa inocente criatura cuyo dinamismo biológico es un empuje implacable por vivir, merece nacer, merece la misma oportunidad de gustar la vida que nuestros padres nos dieron a nosotros, merece y necesita la protección radical del Estado, lo mismo que la necesita una mujer embarazada en circunstancias difíciles, pero no merece ser envenenado, asfixiado, torturado, troceado, asesinado, precisamente en el útero materno, en la cuna de la vida, en el lugar del máximo amor.  

En fin, Señoría, no olvide que el jueves no va usted a votar sobre presupuestos, medidas económicas o sobre dónde hay que fumar o no. El voto que usted va a emitir con un movimiento de su dedo en los botoncitos que hay delante de su escaño, es el más importante que habrá hecho y seguramente hará en toda su vida. Va usted a decidir nada menos que sobre la vida y la muerte, sobre quién y cuándo es o no es un ser humano. Va usted a usurpar durante una fracción de segundo el lugar de Dios, con la facultad de definir lo que es o no es una persona y determinar si merece o no la protección del Estado. Es una decisión histórica de trascendencia radical.

No adormezca adrede su conciencia para secundar a un líder o para conservar su poltrona, por favor. Si no puede dormir pensando en su voto final, mejor que mejor: señal de que no es usted una simple marioneta, sin corazón ni cerebro, colocada en un teatrillo de guiñol sólo para hacer lo que el titiritero desee. Demuestre que es usted un verdadero político, un auténtico servidor público, una persona íntegra y responsable de sus propios actos, un ser humano que piensa por sí mismo y no mediante consignas predigeridas, una persona y no un pobre pelele. Por lo que más quiera en este mundo, por lo más sagrado, por lo más humano: pulse el botón del NO.

La pedagogía de la cruz

 

(Me lo han publicado el 10-12-09, en Análisis Digital)

En los últimos días han corrido ríos de tinta y millones de bytes sobre el tema de la pretensión gubernamental de retirar los crucifijos de las escuelas y locales públicos. Parece que ya se ha dicho todo, a favor y en contra del asunto. Los argumentos de tipo ideológico, religioso, político y social ya están bastante definidos por parte de los defensores de ambas posiciones. Yo estoy del lado de los que defienden la presencia de los crucifijos y suscribo las razones de peso ya explicadas por otros, que apelan a la libertad religiosa y de culto, y a la preservación de nuestra identidad cultural.

Por eso, no voy a repetir ese tipo de argumentos, que han sido expresados en los medios por diversas personas y entidades, mucho mejor de lo que yo sabría hacerlo. Abordaré el tema desde una perspectiva diferente, la que me compete como pedagogo. Voy a hablar de los beneficios educativos de la cruz y de su presencia en las aulas escolares. De pasada comentaré algunas de las causas esenciales del deterioro de nuestro sistema educativo, que tanto alarma a quien tiene dos dedos de frente. Veremos la relación entre el rechazo a la cruz y la catástrofe educativa que sufrimos.

Empezaré a saco: determinados sufrimientos son necesarios y, aprender a encajarlos, es esencial para la vida. La cruz simboliza el sufrimiento y la muerte, así como, sobre todo, la victoria de Jesucristo sobre ambas cosas, a las que se entregó para salvarnos, abriendo un camino a su través, que cualquiera puede recorrer agarrado de su mano. La cruz expresa aquello que nos supone dolor, frustración, malestar, sacrificio, todos esos aspectos de nuestra existencia que quisiéramos apartar de un plumazo, aquello que nos limita, nos limita, nos fastidia y no comprendemos ni aceptamos.

No es que el sufrimiento sea bueno en sí mismo. Pensar o sentir así es puro y duro masoquismo o sadismo. Pero, por una parte, es inevitable que nos sobrevenga en la vida y, por otra, es necesario en una cierta medida. Sin duda alguna, una de las más nobles empresas humanas es trabajar por eliminar o paliar los sufrimientos de nuestros semejantes. Permanecer impasible ante el sufrimiento propio o ajeno es estúpido e inhumano. Y causarlo de forma intencionada, mucho peor todavía. Pero estas afirmaciones no son un criterio absoluto y sin excepciones, como trataré de explicar.

El sufrimiento, la cruz, alcanza a todo ser humano a lo largo de su vida, por mucho que se empeñe en evitarlo o escapar de él. Todo el mundo tiene problemas, a todos se nos mueren seres queridos, nadie se libra de sufrir reveses, contratiempos y frustraciones. ¿A quién no le duele algo alguna vez? Para poder vivir es necesario aprender a encajar estas adversidades sin desequilibrarse demasiado. Hoy en día, los psicólogos llaman a esta imprescindible capacidad: resiliencia. Toda la vida se le ha llamado entereza de carácter o fortaleza interior, pero esto suena hoy demasiado “a cirio”. Se llame como se llame, para vivir es necesaria la capacidad de sufrimiento.

El hedonismo que domina la sociedad actual ha provocado una huida masiva de todo lo que no sea placer, inmediato además. Muchos padres educan a sus hijos entre algodones, evitándoles hasta extremos neuróticos todo tipo de contrariedades y frustraciones, inundándolos de regalos que nunca se han ganado, dándoles todo gratis y sin esfuerzo, sin corregirles para que no se enfaden, tratando de que no tengan que sufrir por nada ni por nadie. Están creando una generación de dictadorzuelos, de “campeones”, de “reyes de la casa”, que en cuanto se asoman al duro mundo circundante, se desmoronan.

Los padres tienen la obligación de proteger a sus hijos -lo contario es incluso un delito punible- pero no deben sobreprotegerlos. La palabra “mimado” significa etimológicamente “estropeado”. Cuando estos niños estropeados se deprimen ante el menor contratiempo o comienzan a mostrar problemas de conducta, los padres se quedan sorprendidos: “Pero, si le hemos dado siempre todo lo que ha querido, ¿por qué actúa ahora así?”… El “rey de la casa”, en el colegio se ha encontrado con otros veinte mozalbetes que también son soberanos. Y en tan poco espacio no caben tantos monarcas absolutos. La frustración, la rabieta y las reacciones depresivas o agresivas están servidas entre estos reyes destronados.

El constructivismo, el modelo pedagógico que impregna todo nuestro sistema educativo, mal entendido y peor aplicado, ha menospreciado durante ya casi cinco décadas los valores del esfuerzo, del sacrificio, de la voluntad, de la disciplina, de la renuncia y de la constancia. Partiendo del “buenismo” -enraizado en el optimismo pedagógico de origen roussoniano- se ha colado en la educación la idea de que el aprendizaje no precisa esfuerzo, ni nada desagradable o penoso, sino que el niño lo realiza él solito, de forma natural, como un juego siempre divertido. Y luego nos escandalizamos de estar a la cola de Europa en diversos aspectos educativos.

Estamos en la era de los patinazos académicos, por mucho que se quieran disimular con normativas de promoción que casi regalan los títulos. Los niños, en educación infantil y primaria, apenas aprenden hábitos de trabajo y estudio. Cuando llegan a la ESO, para desesperación de sus profesores, no saben dar un palo al agua. Y comienzan los problemas, porque los currículos se complican, el trabajo esforzado y persistente se hace cada vez más necesario y enseguida se advierte que es demasiado tarde para comenzar a adquirir esos hábitos. Pese a las adaptaciones y las promociones facilonas, el fracaso y el abandono están haciendo estragos.   

No hay aprendizaje completo, ni desarrollo de la madurez personal, sin asumir con coraje una cierta medida de sufrimiento. Aprender no sólo cuesta esfuerzo, sino que debe costarlo para que tenga solidez y eficacia educativa. Lo que no se alcanza con sacrificio y constancia, no se valora, no produce verdadera satisfacción personal y no realiza para nada a la persona. El gran error de la pedagogía moderna, que ahora ya no se sabe ni como remediar, es ese pensamiento débil y buenista que ha querido convertir la educación en un mero jueguecito, exento de elementos que cuestan, de tener que “hincar los codos” y de sufrir un poquitín para aprender.

Por desgracia, la cruz gloriosa de Jesucristo, aquel que fue el hombre completo, el hombre total (“Ecce Homo”: he aquí el hombre), capaz de asumir la realidad integral, tomar la vida en peso sin escapar de los momentos difíciles y entregar hasta su propia vida amando a sus enemigos, aquel que tomó sobre sí todos los sufrimientos de la Humanidad por amor a todos y cada uno de los seres humanos, hace muchos años que desapareció de los colegios, aunque en algunos aún esté colgado el símbolo de madera. El aciago día en que se decidió arrancar de la educación el sentido del sufrimiento, los crucifijos ya fueron expulsados de las aulas.

Quitar lo que queda, los símbolos externos, es sólo rematar una trágica faena que se programó e inició hace siglos. Un gravísimo e intencionado error que ha herido de muerte a la educación en todo occidente. No hay una imagen que represente mejor lo que es el amor, el valor, el perdón, la entrega, el esfuerzo, el sacrificio, la audacia, el coraje, la fortaleza, la coherencia… Ni sus versiones modernas, como la resiliencia, la resistencia a la frustración, el autocontrol de sí mismo, la solidaridad con los que sufren… No hay mejor símbolo pedagógico para una escuela que la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

El holocausto actual, según uno de mis hijos

 

En esta ocasión, le cedo la entrada a uno de mis hijos, el quinto, un muchachote de 17 años que parece que tiene las ideas muy claras. El texto lo escribió como “alegato final” en un debate sobre el aborto “a dos bandas” que hicieron en el Instituto, ¡en clase de valenciano! La redacción original la hizo, como es lógico, en valenciano. Transcribo aquí, literal e íntegramente, su texto, que le he pedido a él mismo que lo traduzca al castellano para que todos ustedes puedan entenderlo. No tiene desperdicio. Lean, lean:

  

El holocausto actual

 

En primer lugar, decir que el título no es una exageración y explicaré por qué. Todos sabemos lo que fue el holocausto nazi; bien, fueron seres humanos que se consideraban superiores a otros, los judíos, y los asesinaban como si fueran perros. Esto ocurrió hace unos 70 años y está pasando ahora.

           Vosotros pensaréis: “Sí claro, un holocausto, ¡pero si no son seres humanos!”. Bien, pues yo digo que los nazis pensaban lo mismo sobre los judíos y ahora lo pensáis vosotros de cualquier ser humano. En un futuro hablarán de esto como nosotros hablamos del holocausto.

           Además, en América, más concretamente en los Estados Unidos, también recordaréis un caso similar pero con las personas de color, hablo de hace unas décadas. Los hombres y mujeres de color no eran consideradas, tampoco, seres humanos, eran tratados como animales, sin derechos, esclavos de la sociedad que se creía superior.

           Pensad en esto, es como el aborto, ciertas personas se creen superiores a las vidas que se están creando en el interior de su madre, y por eso se creen con derecho de escoger si vive o si muere. Pero claro, esto forma parte del progreso del país, tal y como pensaban los nazis al matar a los judíos.

           Pensáis que es una libertad individual, pero, ¿y la libertad de esta vida que se forma?

           Me parece recordar que el primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos tienen derecho a la vida y a la libertad”, pero bueno, sólo cuando es conveniente, ¿no? Esta declaración la hicieron personas que consideraban a los seres humanos iguales y con derechos y libertades, igualito que ahora vamos, o eso nos intentan hacer creer.

           Al contrario de lo que piensan las mujeres, la ley del aborto es una ley machista, porque la libertad se la da al hombre. Si ya antes algunos iban de flor en flor, ahora va a ser más normal, total, abortan las mujeres y las secuelas físicas y psíquicas son para vosotras.

           A lo mejor pensáis: “Mi hijo tiene que ser perfecto, sin malformaciones ni imperfecciones”. La naturaleza es sabia y perfecta, el ser humano no, aunque a veces lo crea. La naturaleza acepta cualquier imperfección o malformación, esto es lo que la hace perfecta. Por el contrario, muchas personas no aceptarían imperfección alguna, como un labio leporino, la falta de audición o de visión, el síndrome de Down… Por estas cosas se decide asesinar a sangre fría al feto.

           ¿En serio tú eres mejor que un niño con síndrome de Down? ¿Eres más guapo que un niño con el labio leporino? ¿Por qué naciste tú y no tiene que nacer una niña que no puede ver? ¿Pero no éramos todos iguales?

           Finalmente: En un futuro seremos recordados como la sociedad abortista. Por desgracia yo estoy en esa sociedad y formaré parte de los asesinos de humanos, pero yo no lo haré igual. Supongo que en aquellos EEUU raciales habría gente que no pensara que la gente de color es inferior y en aquella Alemania nazi habría gente que no pensara como Hitler.

 

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Hasta aquí el discurso de mi hijo. Ahora, en los comentarios, pueden meterse conmigo, pero al muchacho ¡ni tocarlo! No admitiré ni un sólo comentario contra él. Amor de padre, lo siento. Ya tuvo bastante con pelear varios días en clase el tema con una cuadrilla de adolescentes que repetían una y otra vez los argumentos proabortistas más descabellados. Ahora y aquí, quién lo desee tendrá que vérselas conmigo.

 

28-11-2009: El post acaba de ser publicado por Análisis Digital en ”Artículos que dejan huella”: enlace aquí. Muchas gracias a sus redactores por el inesperado detalle.

 

14-02-2010: Acabo de leer un post que me ha encantado, de un joven de 15 años que también tiene ideas claras, en esta ocasión sobre otro tema. Les invito a visitar el enlace: Un adolescente corrige a Savater.

 

Encuesta en RTVE sobre la nueva ley del aborto

 

 

El enlace, para los desconfiados: Encuesta RTVE sobre Nueva Ley Aborto

Realizaron otra en marzo, que se pasaron por el forro sin darla a conocer, algo que denuncié en este blog: Encuesta en RTVE sobre Iglesia y Aborto

No se dan por vencidos intentando demostrar que la opinión pública está interesadisima y de acuerdo con la nueva ley que el gobierno Zapatero quiere aprobar en el parlamento Zapatero. Pero otra vez les sale el tiro por la culata, porque el resultado es un NO aplastante a la nueva ley.

El argumento de que se trata de una demanda social es falso. ¿O es que RTVE se ha hecho de la oposición y falsea las encuestas? ¿No creo, verdad? El argumento de que los españoles están de acuerdo es también falso. El argumento de que el debate social está cerrado es requetefalso.

Es evidente que este proyecto de ley obedece única y exclusivamente al capricho ideológico de un Gobierno, que quiere imponerlo torticeramente, sin que estuviese anunciado en su programa electoral (a traición, vamos) y contra la opinión mayoritaria del pueblo. Si esto no son las formas típicas de la más descarada autocracia totalitaria, que venga Dios y lo vea.

¿Van los señores y señoras diputados a secundar esa ley aberrante, bárbara y retrógrada, que convierte el asesinato de inocentes e indefensos seres humanos en un derecho -que la ciudadanía no desea para nada- sólo por imposición de disciplina de voto? ¿Obrarán como verdaderos políticos, con ciencia y conciencia de sus responsabilidades con la Humanidad y consigo mismos, o como marionetas sin cerebro ni corazón?

Se lo vuelvo a preguntar: ¿Vale su escaño el precio de su conciencia?

Señorías: ¿vale un escaño el precio de su conciencia?

 

 

(Lo transcribo tal y como lo he publicado en Análisis Digital, en este enlace)

 

Me dirijo a los señores y señoras diputados que van a participar en las votaciones en las que se aprobará o no el proyecto de ley abortista del gobierno de Zapatero. Si llegasen a leer estas líneas y abandonan su lectura en este momento, no hay duda: no tienen conciencia moral y, por tanto, ni merecen su puesto, ni que les dirija la palabra. ¿Siguen leyendo? Bien. Pues escuchen y mediten lo que voy a decirles, por favor. Me da igual de qué partido sean y cuáles puedan ser sus convicciones religiosas. Les pido solamente que sigan leyendo unos minutos y, luego, hagan lo que quieran o lo que puedan con la ayuda de Dios.

 

Sé que muchos de ustedes tienen verdadera vocación política y que no han llegado a ser diputados en el Congreso sin muchos años de arduo trabajo. El escaño que ocupan y desde el cual deciden sobre temas tan importantes como la vida humana, no habrá sido fácil de conseguir. Ustedes sabrán si en su carrera política hasta alcanzar ese ansiado asiento han recorrido un camino ético o no, si lo poseen por verdaderos méritos o por medios poco dignos. Los ciudadanos de a pie no somos tontos y sabemos que el ascenso dentro de un partido político no es sencillo sin utilizar estrategias poco confesables. El caso es que están ahí.

 

Para algunos de ustedes ese escaño es la culminación de sus ambiciones políticas y para otros sólo un paso más en una carrera que quiere llegar aún más alto. Ni lo sé, ni me importa. Están en su derecho. Ser un buen político es una muy noble tarea humana. Pero su profesión reviste una enorme responsabilidad, pues son ustedes quienes ejercen el poder legislativo, los que marcan las reglas del juego dentro del marco de la Constitución y los que deben ejercer el papel de control del poder ejecutivo, junto con el judicial. Como se dice en una popular película de superhéroes: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

 

Les guste o no, están todos ustedes en un momento histórico crucial, que será recordado en los siglos venideros. Van decidir sobre la vida humana, el bien mayor que poseemos y del cual dependen todos los demás. Ojeando la Historia, sabemos que muchos políticos tuvieron que optar sobre temas muy trascendentes ligados a los regímenes en que vivieron. Hoy recordamos con honores a aquellos que abolieron la esclavitud, a los que se opusieron jugándose la vida a los totalitarismos autocráticos y sus desvaríos sobre la dignidad de la vida humana. Pero son de triste memoria los que participaron, de forma activa o pasiva, con sus acciones o sus silencios u omisiones, en todo atentado a la vida humana y su dignidad.

 

Lo que caracteriza a un buen político no es su fidelidad a una ideología, ni a un partido, ni a un líder, sino su compromiso real y efectivo por el bien común, por los derechos humanos, por la justicia, por el progreso material y moral de la sociedad en que vive. Sé que muchos de ustedes no se han “metido en política” sólo por la erótica del poder o para hacer dinero. Cuando se iniciaron en esas lides, quiero pensar que creían con firmeza en que convirtiéndose en hombres y mujeres públicos, podrían contribuir a mejorar nuestro mundo, prestando una ayuda eficiente a la sociedad y a las personas que la componen. Desde una u otra tendencia política, quisieron emprender una vida de servicio a la Humanidad.

 

Muchos de ustedes, de derechas, de izquierdas o de centro, saben perfectamente que una vida humana diferenciada comienza en el momento de la concepción, en el momento que se genera un zigoto con una estructura genética única que define a un nuevo ser humano, que no sólo contiene aquello que será, sino también un dinamismo biológico de desarrollo que sólo se detendrá por accidente o por destrucción intencionada. Aunque las creencias religiosas tienen peso -que no deberían ustedes obviar si son creyentes- no están ante una cuestión de doctrina confesional, sino ante un gravísimo asunto con certezas científicas.

 

La protección de la vida en todas sus manifestaciones es el mayor indicador de progreso y civilización de una sociedad. Lo contrario, de regresión y barbarie. La sensibilidad hacia la vida vegetal, animal y humana es un signo de esperanzador avance de la especie humana. Sólo un retrógrado descerebrado puede negar hoy en día que la naturaleza debe ser protegida, o que todas las personas son iguales sin diferencia de razas, o que los azotes de la guerra, la violencia doméstica, el hambre o la falta de atención sanitaria, son intolerables. Ahora nos encontramos frente a otra forma de destrucción de vidas humanas: el aborto.

 

Ante el aborto -déjense de eufemismos nominalistas como lo de “interrupción voluntaria del embarazo”, por favor, y llamen a las cosas por su nombre- caben tres concepciones básicas, entre las cuales deben posicionarse sus señorías:

 

a)     El nasciturus no está vivo o no es humano. Así que no hay problema alguno en destruirlo. Pero no estuviese vivo, estaría muerto y no haría falta envenenarlo, ahogarlo, trocearlo y/o aspirarlo. No haría falta el aborto. Y decir que no es humano… ¿Qué es entonces? ¿Un gorila? ¿Un ciprés?

 

b)     El nasciturus sí está vivo y es humano. Por tanto, su vida es inviolable en toda circunstancia y debe ser protegida por la ley. La única diferencia con cualquiera de nosotros es que está dentro del seno materno y que se encuentra en las primeras fases de su vida. Abortarlo es matarlo, un terrible crimen.

 

c)      No estar seguro del asunto. No me refiero a que su señoría dude entre sus compromisos de partido, sus certezas personales y sus criterios morales, sino a si duda seriamente sobre el tema en sí. Pues, si no está usted seguro, ante la duda, mejor votar no al aborto. Con la vida humana no se juega.

 

Van ustedes a participar en un hecho histórico de radical trascendencia. Van a decidir sobre la pena de muerte para millones de seres humanos. Van a crear, o no crear, un increíble nuevo “derecho”: el derecho a matar inocentes indefensos. La Historia les juzgará, como ha juzgado a los esclavistas o a los exterminadores nazis. Tienen ustedes, en ese botón que hay delante de su escaño para votar, el poder para detener este mega-holocausto o para darle carta de legalidad y aumentarlo. ¿Serán capaces de obedecer antes a su conciencia que a la disciplina de su partido? ¿Vale más su escaño que su honestidad consigo mismos?

 

En sus manos está la decisión. No, no mire hacia los lados. Señoría, está usted sólo ante su conciencia, ante la Historia y ante Dios. Si apretando un pulsador pudiese usted detener el hambre, la violencia familiar o las guerras, pero se jugase el escaño que tanto aprecia… ¿Qué haría? Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Espero que demuestre usted la talla humana que quizá cree tener, la talla que quiso y quiere tener, la talla que la Humanidad necesita. Se lo ruego en nombre de todos los seres humanos concebidos que puede usted salvar: vote no al aborto. ¿Podrá seguir viviendo consigo mismo si no obra en conciencia?

 

 

 

Cómo escribir un “best seller”

 

 

¿Quiere usted forrarse al máximo currando lo mínimo? ¿Desea ser famoso, que le llamen a los debates televisivos y que le entreviste Buenafuente? ¿Sueña con ver un libro suyo encuadernado en lujo y en las primeras filas de los más vendidos? ¿Le encantaría firmar autógrafos y que le compren los derechos en Hollywood para hacer una película supertaquillera? ¿Se moriría de gusto viendo cómo la gente espera impaciente a que saque la segunda parte e incluso la tercera? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa y no tiene usted demasiados reparos a vender su alma al diablo, siga al pie de la letra las siguientes instrucciones:

 

 

a)     Invéntese una sociedad secreta, muy, muy antigua, pero que todavía hoy pervive para custodiar una verdad que, en su momento, será revelada y el mundo por fin será sacado de su ignorancia. Colóquele un nombre sugerente, a ser posible, en latín o italiano. ¡Ah, que no se me olvide!: ha de acabar en “ati” y tiene que tener miembros infiltrados en el Vaticano. Si el mismísimo Papa es el espía, ya rizamos el rizo. Dejémoslo en un par de Cardenales o en el Camarlengo. Decía lo del nombre. Por ejemplo, podríamos ponerle: “Los Castrati”… Así se le añade un poco de morbo, que vende mucho. Pero que no sean capados de verdad, ¿eh?. Tiene que ser simbólico. Se llaman “castrati” porque han hecho voto de secreto, es decir, que han “castrado” su lengua… De momento…

 

 

b)     Entre en Google. Busque y mire detenidamente algún cuadro del Renacimiento. Observe la cantidad de misterios que contiene. ¿Cómo que no? He dicho que lo mire detenidamente. ¿Todavía no ve nada? Pues bien, tranquilo, invéntese cualquier cosa que el pintor quiso decir, pero no lo dijo claramente por miedo a la Inquisición. ¿Ya ve algo? Yo creo que los personajes se miran entre sí con aviesas intenciones. ¿Usted no? Por lo menos se dará cuenta de que en el lienzo falta algo, ¡caramba!, que los pintores siempre dejan algún hueco para que adivinemos su contenido. ¡Vaya!: hay una mano a la que sólo se le ven cuatro dedos… Hummmm… Creo que quiere decir que Jesucristo tuvo cuatro esposas. Sí, ya lo tenemos, ese es el mensaje del artista, seguro.

 

 

c)      Luego buscamos un manuscrito antiguo que contenga la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Un rollo de pergamino escrito en alguna lengua muerta nos vale. O un códice único copiado por un monje que fue condenado por hereje a morir en la hoguera: esto sí que sí. Tiene que revelarnos la verdadera historia de Jesucristo, que como todo el mundo sabe, era mujeriego, homosexual, abortista, ecologista, comunista, anarquista e hijo secreto de Poncio Pilatos, no esa versión tan falsa que nos cuentan los Evangelios. ¿Qué pasa? ¿No hay ninguno? ¿Y qué más da? Fabricamos uno y punto. Eso sí, tiene que estar escondido donde menos se pueda imaginar y no tiene que decir nada directamente. Sólo pistas. ¿Está claro? Sólo pistas. El texto podría llamarse, por decir algo, “El Evangelio de Pilatos”. Por inventar que no quede.

 

 

d)     Después hemos de idear algún pasadizo oculto, un par de cámaras secretas en alguna iglesia y llenarlo todo de sugerentes e indescifrables signos de los cruzados, de los templarios, de los masones o, mejor, de la secta que antes nos hemos inventado. ¿No se le ocurre ninguno? No hay problema, pídale a su hijo pequeño, que seguro que tiene complejo de Edipo y “miedo a la castración” -¿no decía eso el salido de Freud?- que le haga unos cuantos garabatos. Fíjese como están llenos de curvas (que simbolizan pechos, seguro) y rectas (eso está claro: son penes). Todo tiene su significado onírico y simbólico, ¿sabe? Pues nada, primero lleve a su hijo al psicoanalista, y luego escanee y pegue sus dibujos en el libro y sigamos con nuestra obra maestra.

 

 

e)     Ahora vamos a por los personajes. Para empezar, necesitamos unos cuantos curas malísimos, mejor si son cardenales. Y si además son homosexuales y pederastas, tanto mejor. Luego creamos a una periodista bien maciza dispuesta a descubrir la verdad que ocultan esos malvados eclesiásticos. Éste es el paso más fácil, ¿a que sí? También nos serviría una hacker punkie con muchos piercings, aunque sea plana (así tenemos asegurada la trilogía). Después inventamos un experto en antigüedades que no sepa ni latín (ya se lo traducirá la punkie, que es muy lista). Para finalizar, un cura segundón del Vaticano, superatractivo y tan bueno, tan bueno, que pasa de la malévola Iglesia y cuelga la sotana (o se la levanta de cuando en cuando, da lo mismo).

 

 

f)      ¿Ya tiene los protagonistas? Bien. Ahora hay que inventarse una historia que la gente se la crea. ¿Cómo se hace eso? Es fácil. Léase cualquier libro de esos de códices secretos y ya está. Como todos tienen el mismo argumento y sólo cambian un par de cosillas, pues se plagia el cuento y avanti. Tenga en cuenta que, para que sea creíble, tiene que ser lo más increíble que se le ocurra. Aunque lo mejor son las verdades a medias, que dan la impresión de que sabe usted una barbaridad y cuelan siempre. Escriba lo que sea. Lo esencial es que la trama deje a la Iglesia Católica malparada. No falla.

 

 

g)     Por último, que no se le olvide poner una buena dosis de palabrotas (vea una peli de acción americana para captar el repertorio completo que se lleva) y unas cuantas escenas de sexo duro. Pero no entre el investigador y la periodista, que eso se lo esperan todos y es muy soso. Los protagonistas tienen que ser los curas malos. Y, sobre todo, la periodista con ese cura tan bueno que cuelga la sotana (o se la levanta). No se le ocurra sugerir los hechos. Tiene que hacer un relato con pelos y señales. Si no sabe cómo describir una escena así, vea la tele en horario infantil. En esa franja encontrará todo lo necesario.

 

 

h)     ¿Nos falta algo? Pues sí. Nos falta un buen título que nos abra las puertas de las editoriales y que resulte irresistible para el vulgo. Este es el punto más difícil, porque todos los códices, sociedades y cámaras secretas ya están cogidos. Umm, ¿qué hacemos?  ¿Repetimos? Mejor que no, que la SGAE nos apalea. Hay que inventar uno y no puede contener las palabras código, códice, secreto, evangelio, carta, templarios, cruzados, oculto, manuscrito, grial, bidón de gasolina… Ufff… ¿Y si le preguntamos al niño que nos hizo los símbolos?:

 

 

-          Escritor: Borja, ¿qué es lo que has dibujado? ¿Cómo se llama?

-          Niño: ¡Y yo qué sé, papá, no tiene nombre..! ¡No es nada!

 

¡Ya lo tenemos! ¿No lo adivinan? Nuestro “best seller” se llama:

 

“El símbolo de la nada”.

 

¡Hala, que disfruten de los millones!

 

Ni truco, ni trato, ni leches…

 

 

Tras un tiempo de obligada inactividad, vuelvo a escribir. Y lo hago, para ir recuperando mis cítricas costumbres, criticando al puñetero “Halloween” cuya celebración ya se está preparando en todo nuestro estúpido país. Estúpido porque no hay mayor estulticia que abandonar las propias tradiciones, arraigadas en nuestra cultura, para acoger con entusiasmo las de otros países, que ni nos van ni nos vienen. Estúpido porque, a la par que pierde su identidad, absorbe otras identidades como quien se cambia la chaqueta. Estúpido porque se deja colonizar culturalmente con tanta facilidad como una prostituta abre las piernas, y encima sin cobrar. Estúpido porque ya no sabe ni quién es ni cómo se llama.

 

Que me disculpen los pocos sensatos que todavía quedan y que no se dejan violar por la globalización de las estupideces extranjeras. Recuerdo cuando conocí la “aldea global” anunciada por el canadiense Marshall McLuhan. Aquel gran comunicólogo, contemplando el vertiginoso avance y difusión de los modernos medios de comunicación, se dio cuenta de que muy pronto el mundo sería un pañuelo y predijo el advenimiento de una sociedad mundial tan vecinal como una pequeña aldea. Me gustó aquella idea. Creí que el mundo avanzaría hacia una globalización positiva, hacia una debilitación de las fronteras y conflictos, hacia una extensión universal del bienestar, la justicia y los derechos humanos.

 

Me equivoqué, evidentemente. No se ha globalizado ni el diálogo, ni la solidaridad, ni el desarrollo, ni la humanización, ni nada constructivo. Se ha globalizado el “american way of life”, el estilo de vida norteamericano. Si hoy te das un paseo por cualquier gran ciudad de cualquier parte del mundo, no sabes ni en qué país estás. Los mismos rascacielos, las mismas películas en los cines, la misma música y bailes, los mismos establecimientos de comida basura, las mismas marcas de moda, los mismos ordenadores con los mismos sistemas operativos, los mismos programas de televisión… Y las mismas costumbres. La globalización ha resultado ser una colonización a todos los niveles.

 

España no iba a ser menos, con su costumbre, no sólo de tragarse lo que viene de fuera, sino de acabar liderándolo. No me meto con la invasión de barbarismos en nuestra lengua común castellana, porque ya lo hice en otra ocasión y no acabaría nunca. Ya he hablado en este blog, o lo haré en el futuro, de la importación de catástrofes morales, sanitarias, educativas, legislativas o económicas, en todas las cuales hemos conseguido colocarnos a la cabeza de Europa. En esta ocasión me meteré sólo con las tradiciones populares. No teníamos bastante con la americanización de nuestras costumbres navideñas, entre otras. Tenemos que tragarnos también la gilipollez del “jalogüín”. ¿Cuándo nos vamos a sacudir de encima los españoles el mito de que lo de fuera es mejor que lo nuestro?

 

Una “fiesta” de antiguo origen pagano, el “Samhain” celta para más señas, basada en la creencia de que en determinadas fechas el mundo de los vivos y el de los muertos se acercan lo suficiente como para establecer relaciones. Una celebración llevada por los emigrantes irlandeses a los Estados Unidos de América, donde fue acogida con entusiasmo y convertida en tradición, con sus calabazas “Jack-o’-lantern” vaciadas, recortadas como calaveras e iluminadas desde dentro; con sus niños disfrazados de fantasmas, duendes, brujas, demonios y otras tétricas sandeces, pidiendo su “golosina o gamberrada”, versión moderna del antiguo “Trick-or-treat”, el “truco o trato”; con sus hogueras, sus visitas a casas “encantadas” o sus nocturnos relatos de historias de miedo.

 

Me da grima ver, en nuestras propias tierras, a las madres afanándose en hacer los espantosos disfraces o a los colegios perdiendo el tiempo organizando semejante chorrada. ¡No te digo cuando veo que infinidad de colegios de religiosos católicos también se embarcan en el asunto! Lo mismo que los carnavales, que sí forman parte de nuestra tradición, pero nada tienen que ver con un centro católico. Entonces ya no es grima, sino un cabreo en toda regla lo que siento. Ya nos tragamos hace tiempo al Papá Noel de las narices, con sus peliculeras risotadas, renos y trineo, perdiendo cada vez más nuestra tradición de los Reyes Magos con sus camellos (bonita o no, es cuestión de gustos, pero es NUESTRA). Y ahora, desde hace unos años, el puñetero “jalogüín”. A este paso, acabaremos celebrando el 4 de julio, el “Independence Day” americano.

 

La Iglesia Católica, como hizo con otras celebraciones paganas, le dio un contenido nuevo y mucho más positivo al antiguo “Halloween”. Nada de tonterías de que los muertos se comunican y se aparecen y que hay que hacer ritos para que no se cabreen. Se creó la festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y el Día de Difuntos, el 2 del mismo mes. La primera para hacer memoria de todas aquellos santos anónimos, que ni fueron famosos, ni elevados a los altares, pero dieron con su vida testimonio de fe, esperanza y amor. La segunda para recordar con respeto y cariño a los seres queridos que ya no están con nosotros, para refrescar su presencia en nuestros corazones, para orar por ellos para que les vaya bien en el mundo venidero y por los que aquí quedamos todavía, para que la fe resuene en nosotros y nos consuele de las dolorosas pérdidas. 

 

Esa es nuestra tradición sobre estos días de noviembre dedicados a los muertos. ¿Que a mucha gente le trae sin cuidado esta versión católica? Por supuesto que sí, faltaría menos en una democracia. Pero, ¡qué patético y ridículo escenario el que ahora se nos presenta!: retornar a viejos sentidos paganos ridículos y superados; desechar las propias raíces y dejarse invadir de injertos ajenos; olvidar una cultura milenaria que ya quisieran para sí los norteamericanos. ¿A esto llaman “interculturalidad”? ¿A dejar que la propia identidad se disuelva en la globalización del Tío Sam? La interculturalidad lleva consigo el respeto recíproco, la buena convivencia y el mutuo enriquecimiento entre distintas culturas, pero jamás la desaparición de ninguna de ellas. La diversidad cultural es un patrimonio de la Humanidad que debe preservarse.

 

Lo que está sucediendo no lleva a la interculturalidad, sino a la implantación a escala mundial de una monocultura, una cultura única, un pensamiento único, un estilo de vida clónico. La interculturalidad no debe conducirnos, ni a una monocultura sincrética que anule la diversidad, ni mucho menos a una monocultura impuesta por una superpotencia. Necio y cobarde es un pueblo que se deja colonizar de esta forma. El “jalogüín” es sólo un pálido ejemplo. Cierto que todas las culturas, TODAS, tienen elementos negativos que pueden y deben mejorar. La interculturalidad bien entendida debe contribuir a ello, fomentando el conocimiento y valoración de lo mejor de cada cultura. Pero, jamás de los jamases, conducirnos a la pérdida de la inmensa riqueza cultural que cada pueblo posee. 

 

La mujer que yo quiero

 

Pese a las diversas dificultades y problemas que me lo impiden, vuelvo a tomar la pluma –el teclado, mejor dicho– para volver a escribir después de una larga pausa. Y es que hay un motivo que me urge, me empuja y me ilusiona. Se trata de mi esposa, María José, Mariajo para los amigos. Acabamos de celebrar nuestro vigésimo séptimo aniversario de bodas. No es moco de pavo, en los tiempos que corren, cuyos vientos son absolutamente contrarios a la estabilidad de los vínculos matrimoniales, aunque he de confesar que el mayor porcentaje de mérito, si no todo, le corresponde a ella. Yo soy un desastre total.

 

Nos casamos un once de septiembre, en 1982, sin saber que muchos años después esa fecha iba a adquirir un tono sombrío para la historia de la Humanidad, a causa de los espantosos –y ya medio olvidados por los “obamistas”– atentados contra las torres gemelas del WTC de Nueva York. Aquellos dos altísimos y soberbios edificios, como sendas torres de Babel, se desplomaron sobre sí mismos como un castillo de naipes tras el terrible impacto de los aviones secuestrados por los fanáticos islamistas. Sin embargo, el pequeño edificio familiar construido entre Mariajo y yo, nuestro matrimonio, ha sobrevivido y se ha reforzado cada vez más.

 

Puedo y debo decir que el secreto de que sigamos juntos y cada vez más unidos consiste en dos cosas: los cimientos y el mantenimiento. Cuando nos casamos, muy jóvenes los dos –no como ahora, que las parejas tienen verdadero canguelo a contraer matrimonio y se casan medio machuchos– sabíamos que nos queríamos, como todos, pero también éramos conscientes de que el amor pasión tiene un límite y el amor conyugal sus condiciones. Nuestra casa no podía construirse sobre arena, sino sobre roca. Y la roca, para nosotros, era Cristo. Así que lo primero de todo fue excavar a fondo y pedir a Dios que colocase la primera piedra.

 

Otra cosa importante también teníamos clara: el amor duradero y, por tanto, el matrimonio, no es algo mágico que se mantiene por encanto, ni una borrachera de neurotransmisores. No se trata de química –aunque eso es en buena parte la mera pasión inicial–, ni de una “chispa” que casualmente aparece y por definición desaparece y se extingue como una estrella fugaz. Sabíamos que ambos tenemos muchos defectos (yo muchos más, se lo aseguro) y que nuestro enamoramiento espontáneo era tan cierto como insuficiente para fundar un matrimonio y una familia estable, un hogar con vocación de perpetuidad.

 

Habíamos sido los dos bien educados en el amor, por nuestras familias y por la Iglesia Católica. Por ello, no nos cabía duda de que nuestro amor debería ser objeto de unos cuidados de mantenimiento adecuados, como toda construcción. No basta un buen cimiento, ni un precioso edificio, si no se trabaja día a día para conservarlo y mejorarlo. Previmos que nuestro amor debería ser refundado, reiniciado, reparado, reconstruido y renovado, todos los días de nuestra vida. En nuestra andadura en común, Jesucristo no ha sido sólo la piedra fundacional, sino una roca perpetua que viaja con nosotros señalando y abriendo el camino.

 

Al afirmar que el centro de nuestra vivencia del amor es Jesucristo, puede parecer que con ello desmereces a la persona con la que convives. Como si ella no hubiera hecho nada y la relación se mantuviese sólo a base de milagros. Es cierto que sin la fuerza del Espíritu Santo no hubiéramos llegado muy lejos ninguno de los dos, ni juntos, ni por separado. Pero no es menos cierto que me siento muy afortunado y agradecido por la esposa que tengo, que ha sabido luchar como una heroína en los momentos más difíciles, imposibles diría yo. Así que no creo que exista en el mundo mejor compañera de viaje que la que Dios me ha regalado.

 

En estos últimos tiempos, en los que tantas personas estamos luchando todo lo que podemos por el derecho a nacer, por el derecho a vivir, por la vida en suma, puedo decir que mi mujer es un paradigma, un bellísimo icono de la vida. A través de mis prolongados problemas de salud física y psíquica, que tantas veces han hecho dificilísima la vida cotidiana, ella siempre ha estado a mi lado, al pie del cañón. Sin ella, tiempo ha que yo ya habría arrojado la toalla. Pero esta aguerrida mujer, ni se rinde, ni me deja rendirme. Cuando Dios pensó en una ayuda adecuada, como dice el Génesis respecto a Eva, sospecho que pensó en mi esposa.

 

Mariajo no sólo es la que me da ánimos para seguir viviendo. También es la que, en colaboración con Dios, ha traído la vida a nuestro hogar, en forma de seis fantásticos hijos como seis soles, y no más porque no han venido, porque jamás se ha cerrado a la vida. Renunció voluntariamente, durante muchos años, a trabajar fuera de casa, para quedarse en el hogar y atender a los pequeños. Sólo cuando todos ellos se hicieron mayores y autónomos se puso a trabajar en una empresa de servicios informáticos. Y aún así, ella sigue siendo el alma de nuestro hogar. Sé que Dios le ayuda, pero si ella no respondiese a la gracia…

 

Pensarán que soy un exagerado. Se equivocan. Pensarán que soy un caradura con suerte. No se equivocan. Pensarán que digo todo esto sólo por fardar. Se equivocan. Pensarán que se me cae la baba al pensar en ella. No se equivocan. Pensarán que en nuestro matrimonio yo también habré puesto una buena dosis de sacrificio para que haya durado más de un cuarto de siglo. Se equivocan. Pensarán que no todo el mundo es tan afortunado como yo. No se equivocan. En fin, piensen ustedes lo que quieran. Yo sólo les garantizo una cosa, de la que es imposible apearme: sin duda alguna, a esta mujer no la merezco.

 

No me pregunten qué es para mí la vida. Con permiso de Jesucristo, que es la Vida en mayúsculas, y de Becquer, a quien voy a parafrasear, terminaré con un osado estropicio de una de sus rimas:

 

¿Qué es la vida?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es la vida? ¿Y tú me lo preguntas?

La vida… eres tú.

 

 

A Mariajo, la mujer que yo quiero.

 

 

En apoyo de la iniciativa “Bebé-Aído”

En cuanto he conocido esta iniciativa, he decidido promocionarla desde mi blog. Cedo gustosamente el espacio de este post para apoyar esta idea que me parece absolutamente fantástica. Y pido a todos que visiten el enlace que más abajo pongo a la página web desde la que se lanza esta propuesta.

Es una campaña sin ánimo de lucro, que pretende que todos los españoles puedan ver y tocar con sus propias manos tal y como es un ser humano a las 12 semanas de su gestación, antes de apoyar o tragarse sin más la nueva Ley de Plazos que quieren promulgar Zapatero y sus “miembras”, que permitirá asesinar salvaje e impunemente a las criaturas en dicha fase de gestación (y más avanzada aún).

Los avances en las técnicas de observación intrauterina y la visualización de los fetos tristemente abortados permiten reproducir con toda fidelidad tal y como es ese maravilloso ser que se gesta en el interior de la madre. Quien no quiera ver que, aunque pequeñito, esto no es una “cosa”, sino un ser humano, es simple y llanamente porque no quiere ver.

 

Aquí el enlace a la citada página Web, de la que he extraído la foto que preside el post: Bebé-Aído.

Mi más sincera enhorabuena y mi agradecimiento a los que han tenido esta idea. Espero que realmente sirva para abrir los ojos de esta sociedad ciega. Habría que enviarles una de estas reproducciones del bebé de 12 semanas a todos los diputados que decidirán sobre su vida o muerte con sus votos.

NOTA: Como siempre hay quien ve negocio detrás de todo y ve la vida sólo a través de un billete, añado que yo no tengo vinculación alguna con esa iniciativa ni con la distribución y financiación de las reproducciones y que ya he hecho mi pedido pagando mi aportación como todos.

21-07-2009: La campaña “Bebé-Aído” le sienta mal al PSOE, en Análisis Digital

Sobre la autoridad en la educación

 

 

 

En el reglamento de lo “educativamente correcto” implantado por la “progrecracia” dominante, la palabra autoridad está proscrita. Tomando como punto de partida esta aguda viñeta que circula por Internet, me adentraré una vez más por un sendero plagado de espinos, navegando a contracorriente. Porque en este post voy a defender la necesidad de la autoridad en la educación. Todo el mundo sabe que algo marcha mal en nuestro sistema educativo, aunque no todos lo reconozcan, por ignorancia o por determinados intereses políticos e ideológicos. La realidad objetiva es que las últimas generaciones de “estudiantes” -si se les puede llamar así- no sólo son trágicamente incultas y con altos índices de abandono académico, sino también carentes de una disciplina básica.

 

Hay numerosas y afortunadas excepciones, pero parecen ser sólo una minoría que confirma la regla. ¿Quién no ha oído hablar del informe Pisa, que nos sitúa a la cola de Europa en materia de educación? ¿Quién no ha pensado que algo falla al comprobar la deprimente cultura general de tantos adolescentes y jóvenes? ¿Quién no se ha alarmado por el aumento de las conductas inadaptadas y antisociales en escuelas e institutos? ¿Quién no ha sufrido o ha visto y escuchado cómo se ha incrementado la violencia y extorsión entre compañeros y las agresiones de niños y adolescentes a padres y maestros, o incluso de padres hacia los profesores? Algo grave pasa, sin duda, y una de las causas (¿o efectos?), es una falta cuantitativa y, sobre todo, cualitativa, de autoridad.     

 

Desde el esquema pre-constitucional, como lo llama D. Emilio Calatayud, el famoso y simpático Juez de Menores de Granada, hasta el modelo actual, ambos tan bien caricaturizados en la viñeta, ha habido un cambio pendular, de extremo a extremo, casi sin solución de continuidad y apenas sin términos medios. Desde el autoritarismo excesivo de la escuela tradicional, hemos puenteado en muy pocos años toda la escala de tonos intermedios y hemos llegado a la situación de laissez faire (dejar hacer) soñada por los charlatanes de la nueva pedagogía, aquellos ilustres personajes de inicios del siglo XX incardinados en ese “totum revolutum” de ideas y experiencias que se dio en llamar Educación Nueva.

 

No tomaré partido en la “guerra” que se ha establecido entre padres y profesores, en la que unos se arrojan a otros las culpas de lo que ocurre, porque es una pescadilla que se muerde la cola, en la que es muy difícil determinar “quien empezó primero”, como si de una pelea infantil se tratase. Creo más bien que se trata de una crisis social generalizada que afecta a todos. Sea como fuere, el caso es que, en infinidad de hogares y de escuelas, quien realmente detenta la autoridad como un pequeño dictador es el niño, habiendo aparecido en escena ese nuevo fenómeno psicosocial que el Dr. Vicente Garrido, experto Psicólogo en temas de violencia, denomina con gráfico acierto el Síndrome del Emperador (1).

 

Es una necesidad urgente recuperar la autoridad de los maestros y de los padres. Digo autoridad, no autoritarismo, porque no se trata de volver sin más a modelos abusivos del pasado. Tampoco consiste, exactamente, en buscar el término medio entre los extremos de lo que fue y lo que es. Se trata de introducir en la educación un cambio de la calidad de la autoridad, no de sólo de la cantidad. “Autoridad” viene del latín auctoritas, palabra que procede del Derecho Romano y que hace referencia a la autoridad moral que otorga la gente, de forma espontánea, a quien demuestra poseer determinadas virtudes y/o saberes, en oposición a la potestas, que es el poder formal u oficial que conlleva un estatus o cargo.

 

Los educadores poseen -o poseían- la potestas que les otorga su estatus profesional, pero sólo tienen la auctoritas que sus educandos les conceden. Aunque es necesaria la reconquista de una potestas adecuada y equilibrada, es mucho más importante la auctoritas. Pero esta autoridad moral no viene “de serie”, al adquirir el estatus de educador, sino que hay que ganársela, hay que conseguir que el educando te la conceda. Y eso no se obtiene a base de palos y malas formas, ni se gana a base de concesiones de caprichos. No se conquista por la fuerza de la obligación, ni tampoco por el estúpido colegueo. Sólo se suscita en el educando por la admiración, que engendra respeto y mueve hacia la emulación.

 

¿Qué educador consigue ese tipo de autoridad?: aquel cuya maestría es notoria en su ciencia, que ama a sus alumnos, a la educación y a la materia que enseña, que es modelo de persona coherente y cuando se equivoca sabe reconocerlo y disculparse, que busca la verdad sin rehuir ninguna dimensión de la realidad, que porta una concepción del mundo y de la vida que da respuesta a las exigencias humanas básicas que nos constituyen, que ejerce sus responsabilidades sin el fariseísmo de creerse mejor que nadie, que no se tiene a sí mismo en tanta importancia como para estar siempre serio, que se acerca al educando y a sus problemas con empatía, que sabe ponerse en su sitio sin avasallar, que hace que sus pupilos se sientan seguros, comprendidos y ayudados.

 

La valía de un profesor no se mide por el número de títulos y diplomas que constan en su curriculum vitae, sino por su competencia real para generar aprendizajes en sus alumnos. Quien carece de auctoritas no puede hacerlo. Y quien no lo hace, carece de auctoritas. Así de unidas están ambas competencias. Sólo un verdadero maestro, en el sentido más gremial y taurino de la palabra, consigue que sus alumnos se comporten y aprendan. Acabo con un poco más de etimología. “Maestro” viene del latín magister, que a su vez proviene de dos raíces: “más” y “tres” (2). El auténtico maestro es “tres veces más”: Sabe su ciencia, sabe enseñarla y sabe, sobre todo, ser persona íntegra ante sus discípulos.

 

(1) Recomiendo la lectura de su libro “Los hijos tiranos”, publicado por Ariel.

 

(2) Después de la publicación de esta entrada y tras un estudio etimológico más profundo y detallado, es mi deber advertir que el origen de la palabra “maestro” (“magister”) probablemente no sea el que aquí he citado. Para más detalles, pueden leer el post que he escrito con posterioridad, donde el tema queda más claro: De magistri et ministri

   

¿De quién son los hijos?

 

(Publicado en Análisis Digital el 7 de julio de 2009) 

 

Es tan curioso como trágico el concepto que el progrerío izquierdoso laicista, sobre todo el más radical, tiene sobre la propiedad de los hijos, del ser humano en suma. Precisamente son los descendientes ideológicos del marxismo, los hijos políticos de aquellos que propugnaron su fuerte crítica al concepto de propiedad privada de los bienes, los que han desarrollado una retrógrada doctrina de la propiedad sobre las personas, un tema propio del esclavismo y que yo creía ya superado por nuestra cultura. Una doctrina que otorga a la madre gestante la propiedad absoluta del hijo que lleva dentro y que, si éste llega a nacer, es arrebatada por el Estado.

 

Cuando de la vida humana gestante se trata, la “dictadura del progretariado” establece que la madre es propietaria absoluta de la misma y que, como sucedía con los amos de los esclavos, puede disponer de ella como mejor le parezca, incluso matándola sin problema ético ni legal alguno. “Mi cuerpo es mío, todo lo que está dentro también y hago con ello lo que quiero”, sería la frase que resume esta falacia de propiedad ilimitada sobre sí mismo y sobre el hijo concebido. Esta es la burda antropología que fundamenta el pretendido “derecho al aborto”: el ser que se gesta en mi interior es mío y hago con él lo que me apetezca.

 

Para afianzar esta posición disimulando su evidente perversidad, necesitan completar su pobre antropología con una cosificación de la vida humana en gestación. Necesitan afirmar, contra la ciencia si es preciso, que el nasciturus no es un ser humano, ni siquiera una vida humana, sino una “cosa”, (viva, según Aído, pero no humana), un amasijo de células con la misma entidad que un tumor o la uña del dedo gordo del pie. ¿Que la “cosa” posee una identidad genética diferenciada? ¿Que la única forma de que esa “cosa” no llegue a ser una persona adulta es que muera? ¿Que la “cosa”, a las pocas semanas, ya posee los mismos miembros y órganos que un adulto? Todo ello les importa un bledo.

 

Pero no queda ahí la cosa. Cuando el niño no es asesinado en el vientre de su madre y tiene la suerte de nacer, se añade una absurda contradicción: desde ese momento, para el Matrix progre, el ser humano ya no es de la madre, ni de la familia, sino del Estado. La propiedad prenatal que abusivamente se atribuye a la madre, es enajenada de inmediato por esa omnipotente y omnisciente entidad artificial. A partir del nacimiento, el Estado Padre y Madre se apropia del hijo y se arroga la facultad de educarle a su antojo. El recién nacido pasa a ser “ciudadano”, en el peor de todos los sentidos. Los padres ya no tienen derecho ni a chistar, por mucho que se lo reconozca la Constitución y la Declaración de DDHH.

 

La patria potestad -no patria “propiedad”- que legítimamente corresponde a los padres es puesta en entredicho, limitada e incluso suplantada por esa imprescindible “tribu” de la que habla Jose Antonio Marina al mismo tiempo que afirma que la familia es, poco más o menos, el origen de todos los males, la transmisora de lo peor de la Humanidad, por lo cual no se le puede confiar sin una tutela exhaustiva la educación de sus pequeños. El Estado enajena a la familia y se hace propietario del nuevo ciudadano, utilizando los medios de comunicación, de los que también se ha apropiado, y la escuela, de la que también se ha apropiado, para educar al pequeño “como debe de ser”, que para eso el Estado lo sabe todo.

 

El Estado, entidad abstracta, se plasma en la realidad en una superestructura administrativa gobernada por personas concretas, las cuales dirigen el cotarro a su antojo y utilizan el poder, que les ha sido confiado para gestionar los intereses generales, para gestionar sus intereses particulares. Crean una “Educación para la Ciudadanía” según su propio modelo ético e ideológico sectario y la imponen, no sólo a golpe de leyes y reales decretos, sino a base de un astuto proyecto de ingeniería social que rebasa los límites de ese anticonstitucional grupo de asignaturas y se extiende transversalmente por todos los entresijos del sistema educativo, de los medios de masas y de la sociedad en general.

 

Pasándose por el forro el principio de subsidiaridad, el Estado aliena a los padres y se apropia del fruto del útero de la mujer, del seno de la familia, de la misma forma intolerable que, según la crítica marxista, el fruto del trabajo es alienado por parte del amo capitalista. Y todos tan contentos con este moderno y progre abuso de poder. Los herederos ideológicos de aquellos que criticaron, lucharon y se alzaron contra aquella terrible injusticia, son ahora entregados y entusiastas vasallos de todas estas nuevas formas de alienación y de autocracia disfrazada de democracia, y no dudan en renunciar a sus derechos respecto a sus hijos.

 

Porque no se trata sólo de derechos, sino también de deberes. La educación de los hijos es un derecho-deber irrenunciable e insustituible de los padres. El camino fácil es hacer dejación de ello y delegar el asunto al Estado, que tan bien y tan eficazmente ha demostrado que educa a los niños, adolescentes y jóvenes. Tan requetebién, que nos ha colocado a la cola de Europa. Tan estupendamente, que ya gozamos de casi dos generaciones de analfabetos funcionales, sin cultura general alguna, sin capacidad de esfuerzo, de sacrificio y de constancia, incapaces de orientar su vida y marcarse y alcanzar objetivos a largo plazo.

 

Cualquier gobierno sabe que cuanto más débil y “puenteada” esté la familia, y cuanto más zopenco sea el pueblo, más poder directo tiene sobre los ciudadanos, porque el conocimiento integral de la realidad es siempre liberador. Pero esto también les trae sin cuidado. Algunos padres ni se enteran y otros no se quieren enterar porque, como ahora los que mandan les gustan, pues no pasa nada si se dedican a adoctrinar a sus hijos. Una faena menos y adelante con el proyecto giliprogre que les tiene encandilados. Sin darse cuenta de que, con su dejación y su borreguismo están reabriendo la peligrosa puerta hacia el totalitarismo.    

 

¿De quién son los hijos?, es la pregunta que he querido plantear como título de este artículo. ¿Son de la madre? ¿Son de los padres? ¿Son de todos? ¿Son del Estado? Pues miren, no, los hijos no son ni de los unos de los otros. Los hijos son personas y las personas no pertenecen a nadie en propiedad. Sólo las cosas pueden ser poseídas, y ello de forma limitada, si seguimos la doctrina social de la Iglesia, mucho más revolucionaria que la marxista, aunque poco conocida. Nuestros hijos son Hijos de Dios y, como tales, tienen la dignidad de persona libre. Con nuestra libre cooperación vienen al mundo y nos es confiado su cuidado y educación, pero no nos pertenecen, ni a nosotros, ni a la colectividad, ni al Estado.

 

Cuanto más intervencionista es un Estado, no es más moderno ni democrático, como pretende hacernos creer el progretariado socialista, sino todo lo contrario, es más retrógrado y totalitario. El paternalismo gubernamental, que siempre recela de la iniciativa social, no es más que una forma velada de autoritarismo. Un gobierno que no cree en el pueblo, no es digno de gobernar, puesto que su poder emana de él. Y unos padres que abandonan a sus hijos en las garras de la ideología particular del gobierno de turno, tampoco son dignos de tal nombre ni de tan importante responsabilidad. ¿Cómo es posible que los padres que se las dan de progresistas no sean todos ellos, precisamente, los primeros y más aguerridos objetores de conciencia contra la imposición de esta EpC?

 

Sr. Cotino, dígaselo al Sr. Font de Mora

  

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar

 en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones

(Winston Churchill) 

 

Aunque estoy muy contento de que se haya aprobado en las Cortes Valencianas la Ley de Protección a la Maternidad y de que hace poco se aprobara la ILP de Red Madre -gracias y enhorabuena, Sr. Cotino-, que espero se pongan en práctica y se apliquen en toda su extensión, lo que supondría un gran beneficio en pro del derecho a vivir del ser humano concebido y una gran ayuda a las madres embarazadas y a las familias valencianas, no hay forma de que desaparezca el nubarrón que siempre planea sobre nuestro Gobierno Autonómico, con sus sempiternos claroscuros y sus constantes “una de cal y otra de arena”.

 

Sí, ya sé que me repito sobre este tema. Yo también estoy cansado y harto de abordar una y otra vez el asuntito de marras. Pero debo y quiero insistir. Dejo aparte, porque se ha repetido hasta la saciedad sin respuesta alguna, el hecho de que es una absoluta contradicción que nuestra Comunidad sea pionera en tan avanzadas leyes de protección a la maternidad y la vida, al mismo tiempo que bate los récords de congelación y manipulación de embriones en su IVI. Y vuelvo a la carga con la cuestión de la Educación para la Ciudadanía, ante la que seguimos igual de desprotegidos que cuando el PSOE la impuso hace varios años.

 

Las plataformas de padres, como VAEL, que estamos en contra de esa descarada puerta al adoctrinamiento ideológico sectario de nuestros hijos, hasta ahora sólo hemos recibido buenas palabras. Hechos, ni uno ni medio. Casi todos los políticos que ocupan las cúpulas del PP se han manifestado en contra de la EpC, tanto a  nivel nacional como autonómico. Rajoy dijo que hasta él mismo objetaría por sus hijos. Bla, bla, bla, bla. Autismo e inactividad absoluta es lo único que podemos constatar. Discursos vacíos, promesas incumplidas, palmaditas en la espalda… Todo, menos acciones concretas y eficaces para ayudarnos en nuestra batalla.

 

Ni siquiera hemos recibido los padres objetores una respuesta a nuestras declaraciones de objeción, aunque sea denegatoria del ejercicio de este derecho reconocido por el Tribunal Constitucional, pese a que se nos ha prometido reiteradamente desde la Consejería de Educación. Seguimos en la peor de todas las situaciones: en el limbo jurídico que ocasiona el “ni sí, ni no, sino todo lo contrario”. Abandonados a la cruenta lucha “cuerpo a cuerpo” entre padres, profesores y libros de texto a la que nos ha relegado el Tribunal Supremo con sus hábiles y salomónicas sentencias, que entorpecen -aunque no anulan- el ejercicio del derecho a la objeción.

 

Acaban de aprobar una Ley que, protegiendo a la mujer gestante, colabora al derecho a vivir de los no nacidos y a evitar miles de abortos. Muy requetebién. Pero no se dan cuenta -o no quieren darse cuenta- de que en la EpC reside el arma secreta del PSOE para que todo ello quede, en un futuro próximo, en agua de borrajas. Este grupo de asignaturas, que facilita el adoctrinamiento sectario de los niños y adolescentes españoles en los postulados laicistas del PSOE, una de cuyas barbaridades más “insignes” es el aborto libre, está diseñado para crear nuevas generaciones de españolitos, entre otras muchas cosas, proabortistas.

 

Nuevas generaciones que ya no verán nada raro ni anormal -mucho menos salvaje- en asesinar niños en el seno de sus madres. Nuevas generaciones que anularán las leyes que ahora se hagan a favor de la vida. Nuevas generaciones que ocuparán los lugares de responsabilidad social y política y que actuarán de acuerdo con el chip que ahora se les está implantando en el cerebro. Nuevas generaciones que convivirán con absoluta normalidad con todos los desvaríos morales del laicismo radical y de la cultura de la muerte. Nuevas generaciones que mantendrán y se mantendrán en ese “mátrix progre” del que habla Juan Manuel de Prada.

 

Si el PP valenciano no se ocupa de forma urgente de ayudarnos a detener este proyecto de ingeniería social, cuyas herramientas principales son los medios de comunicación y la EpC en la escuela, sus estupendas leyes recién aprobadas serán “pan para hoy y hambre para mañana”. No servirán para nada. Se quedarán en una pasajera anécdota de “aquellos fachas que mandaban antiguamente en Valencia” -he dicho “mandaban”, en pretérito imperfecto- y todo el esfuerzo habrá sido inútil. Créame, Sr. Cotino, si no fulminamos entre todos la puñetera EpC, dentro de unos años no existirá siquiera su partido político. Dígaselo al Sr. Font de Mora.

 

¿Por qué sois tan cobardes?

 

 

 

 

 

Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos

para el combate, mis dedos para la batalla

(Salmo 144, 1)

 

Ha sido una alegría, un consuelo y un buen rapapolvo encontrarme este domingo en la celebración eucarística con la lectura de ese pasaje evangélico comúnmente llamado “La tempestad calmada”, un título bastante pobre en relación con su contenido, por cierto. En este texto del Evangelio según San Marcos (Mc 4, 35-40), como sucede en cada fragmento de la Biblia, no sobra ni falta siquiera un punto o una coma.

 

En el citado pasaje, situado a orillas del Mar de Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Acompañando a Jesucristo raro era estar mucho rato parado. Cualquiera que sigue con seriedad a Jesucristo sabe muy bien que su vida casi nunca es estática, sino siempre dinámica, movimiento, camino. La cómoda actitud pequeño-burguesa de “que no se mueva nada” es diametralmente opuesta al cristianismo.

 

“Esta orilla”, la de aquí, símbolo de aquella en la que trascurre nuestra vida diaria, era para sus primeros discípulos la zona de Cafarnaum, donde tenían sus casas, sus trabajos, sus seguridades. Es el área costera del Mar de Tiberiades en la que Jesús, con la multiplicación de los panes, se había revelado como Mesías y en la cual sus discípulos estaban entusiasmados de ser los amigos de tan ilustre personaje. Era la zona del éxito humano.

 

Pero Jesús, si escrutamos los Evangelios, se empeña una y otra vez en ir o en enviar a los suyos “a la otra orilla”, donde tanto él como sus discípulos eran casi unos extraños poco bienvenidos. Nuestra vida cristiana está siempre proyectada hacia esa “otra orilla”. Y no sólo a la definitiva, la Vida Eterna en el Cielo, sino también a “otra orilla aquí”, en esta vida. Para ello hemos sido llamados a ser perpetuos navegantes y caminantes.

 

En la orilla de acá parece que se está bien, disfrutando de las precarias comodidades y logros que creemos haber conseguido. A todos nos tienta el espejismo de una vida “fácil”, burguesa, tranquila, sin complicaciones ni sobresaltos, evitando problemas, cerrando los ojos a la realidad y dejando pasar cuanto ocurra sin mover un dedo. Pero el amor de Cristo, como dice la 2ª Lectura de hoy, “nos apremia” a movernos hacia los demás.

 

Todo cristiano que en verdad lo sea, se siente urgido por Jesucristo a embarcarse con él rumbo a “otra orilla”, a esa margen en la que nos espera nuestro prójimo sufriendo a chorros, a esa tierra prometida del amor incondicional al otro, a la incómoda arista del servicio sin esperar recompensa a cambio. El Hombre está hecho a imagen de Dios, que es amor absoluto, y sólo puede realizarse pasando a esa “otra orilla”.

 

Siguiendo el texto evangélico, vemos que, una vez metidos aguas adentro, se levanta una fuerte tempestad que amenaza con hundir la barca. En principio esto parece raro, pues el Mar de Tiberiades no es más que un lago interior, el Lago de Genesaret. Yo he estado dos veces allí y en una de ellas he tenido la suerte de contemplar en vivo una de esas tempestades. Doy fe de que suceden y de que son pavorosas.

 

Los discípulos están espantados al ver lo que está sucediendo a su alrededor. Como nosotros estamos acogotados ante la galerna que se ha desatado contra los que navegamos en la barca de Cristo en esta sociedad, que amenaza con devorarnos de un momento a otro, asustados como toda persona de buena voluntad que se niega a aceptar las mentiras emponzoñadas de “esta orilla” y se ha hecho a la mar.

 

Acongojados como todos los que no aceptamos la neototalitaria dictadura del progretariado laicista, ni su versión de lo “políticamente correcto” y navegamos a contracorriente de un mundo empecinado en su autolisis colectiva, una sociedad enloquecida y embravecida que no soporta que algunos no “bendigamos” su desvarío y que alcemos nuestra voz disidente entre el fragor de sus truenos mediáticos.

 

Pero no es ese el mayor problema que tambalea la fe de los discípulos. Hay otro mucho peor. Algo tan sorprendente como escandaloso: Jesús está tranquilamente durmiendo sobre un almohadón en la proa de la barca, sin percatarse de la que está cayendo y sin hacer nada de nada al respecto. Lo despiertan con un grito que a muchos de nosotros no nos resulta nada lejano: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

 

Esta es la sensación de abandono que sentimos muchos de los que hemos dejado “esta orilla” y hemos zarpado en la barca que va a la “otra orilla”, una aventura de riesgo en la que nos enrolamos pensando que Jesús va con nosotros, que nada nos puede pasar y que llegaremos a buen puerto. Pero Jesucristo duerme en su almohadón como si le importara todo un bledo. Exactamente como si no estuviera, como si no existiera.

 

Cuántas preguntas, cuántas dudas, brotan de nuestro incrédulo corazón: Señor, ¿no ves el huracán que nos rodea? ¿No ves los millones de abortos? ¿No ves la manipulación del genoma que tú has creado? ¿No llega a ti el grito ahogado de los miles de niños que cada día mueren de hambre? ¿No ves que este planeta tiene los días contados? ¿No ves la perversión moral de la política y de la enseñanza? ¿Por qué no haces nada?.

 

Nos vienen al pelo las palabras que Jesús les dice a sus discípulos después de calmar la tempestad con una simple orden: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. ¿No os dais cuenta de que si yo voy en la barca, la tempestad, por mucho que brame, carece de poder alguno? ¿No os dais cuenta de que yo estoy con vosotros? ¿No veis que voy delante, en la proa de la embarcación? ¿Qué miedo tenéis?

 

Dios nos habla cada día. Pero a veces su palabra es el silencio, un silencio que también forma parte de su lenguaje, como en la música. Son tiempos de aparente ausencia divina, imprescindibles para enseñarnos a vivir como seres humanos en plenitud, que no otra cosa es ser cristiano. Momentos de soledad y de prueba, en los que se libra el buen combate de la fe. Etapas para trabajar duro, apoyados sólo en la esperanza.

 

Cristo, además de echarles en cara a sus discípulos su falta de fe, les critica su cobardía. Jesús no necesita una manada de borregos estúpidos y blandengues, aunque sabe que lo somos tantas veces. Dios quiere formarse un resto, un pequeño pueblo de personas completas, aguerridas, sufridas, intrépidas, audaces y valientes, una comunidad de personas que no se arrodillen ante nadie que no sea el propio Dios.

 

Él conoce nuestra debilidad, nuestra pobreza y nuestros infinitos temores. Aún así, o quizá por eso mismo, cuenta con nosotros, como contó con aquel grupito de descreídos y gallinas que fueron sus primeros seguidores. Por eso nos enseña a sufrir y a luchar, a no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie. Y para ello, como debería hacer todo buen padre, de vez en cuando nos deja “solos” en el campo de batalla.

 

Pero no estamos solos. Jamás. Como Jesús nos decía en el Evangelio de hace un par de domingos: “Sabed que yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo”. Despierto o dormido, Jesús va en la proa de la barca. Él ha vencido al mundo y marcha delante abriendo el camino. Cuando Dios calla es porque hay algo que nos toca hacer a nosotros. Así que, amigos marineros: ¡fuera miedos y a remar tocan!

 

La dictadura del “progretariado”

 

(Transcrito tal y como lo he publicado en Análisis Digital) 

 

La llamada “dialéctica”, tomada de prestado de Hegel, es la base teórica del pensamiento de Karl Marx, que se extiende desde su filosofía teórica, el materialismo dialéctico, a su filosofía práctica, el materialismo histórico. La dialéctica es un proceso tan fácil de comprender como difícil en su aplicación. Consiste en la conocida secuencia: tesis-antítesis-síntesis. La aplicación pragmática de esta regla se traduce en que la “tesis” es el estado actual de una realidad, la “antítesis” es la aplicación de su extremo opuesto y la “síntesis” un estado final más perfecto, el cual, a su vez, puede servir de nueva tesis para iniciar otra vez el proceso. Y así, supuestamente, se progresaría de forma continua.

 

Marx, quizá por su sensibilidad judía, percibió con intensidad las injusticias sociales del capitalismo y de los regímenes políticos autocráticos y, aceptando también el inmanentismo de Hegel, que tradujo en materialismo, ideó una forma de aplicar el modelo dialéctico para hacerlas desaparecer. La situación de injusticia existente sería la “tesis”. La “síntesis” final debería ser una sociedad justa. Para ello hacía falta una “antítesis” intermedia, un estado de cosas diametralmente opuesto a la “tesis”. Marx la concibió como una etapa de “dictadura del proletariado”. Para implantar esta etapa intermedia era necesaria una revolución. Tras ella, advendría una nueva y magnífica sociedad: el paraíso comunista.

 

Se equivocó, evidentemente, ya que su sugerente idea, secundada por gran parte de la intelectualidad y acogida con esperanza por gentes de todo el mundo, no trajo paraíso alguno, sino auténticos infiernos sociopolíticos que han acabado por caer estrepitosamente o han ido asumiendo, al menos en parte, una economía liberal de mercado. ¿Por qué y en qué se equivocó Marx? Es fácil atribuir el fracaso a la malinterpretación de sus ideas realizada por Lenin y, más aún, a su brutal aplicación por Stalin y otros. Como también lo es afirmar que su teoría era sencillamente falsa en todos sus aspectos y que, por tanto, su aplicación jamás podría obtener éxito alguno. Ambas explicaciones son posibles.

 

Sin perjuicio de lo anterior, creo que sus errores básicos fueron cinco: a) Su materialismo, convencido de que el Hombre sólo sería capaz de crear un mundo mejor anulando el “opio del pueblo” de la religión; b) Su buenismo, tan poco judío, que olvidó contar con el factor “debilidad humana” o “pecado” en sus planes; c) Su extracausalismo, hijo de los dos anteriores, según el cual aquello que “aliena” y envilece al ser humano no es lo que procede de su interior, sino algo situado en el exterior: las estructuras injustas; d) Su crematicismo o superlativo acento en la dimensión económica del ser humano; e) Su gregarismo, que extremó la dimensión comunitaria humana en detrimento de su dimensión personal. 

 

Todo lo anterior, sin duda, merece una explicación detallada que excede las posibilidades de un artículo de opinión. Vamos a los hechos: el comunismo, como ahora le sucede al capitalismo, se derrumbó sobre sí mismo. El socialismo real fue un simple sueño de la razón que, como decía Goya, no ha producido más que monstruos. Las “izquierdas” políticas, ligadas a la doctrina marxista, se quedaron sin su proyecto y sentido original y, obligadas a asumir cuanto menos una buena parte de los planteamientos del liberalismo, llevan décadas buscando nuevas “causas” e ideologías a las que abonarse para seguir existiendo.

 

El laicismo radical, distinto de una sana laicidad, es una de ellas, como también lo son el relativismo intelectual y ético, el positivismo moral y jurídico, el feminismo, ecologismo y pacifismo radicales, y una amplia gama de “ismos” extremistas. Autoarrogándose una paradójica exclusividad del progresismo -paradójica porque a duras penas consiguen disociarse de las nostalgias de quebrados espejismos del pasado- han optado por secundar los caprichos y desvaríos de ciertas minorías, inventando para ellas nuevos “derechos” a la carta, aunque con ello vayan dejando en la cuneta otros derechos fundamentales que sí son de todos.

 

El socialismo se ha convertido en un cajón de sastre donde cabe todo lo que les apetece calificar de progresismo, aunque sea regresismo, como lo es el aborto, la eugenesia o la eutanasia, prácticas que nos devuelven a etapas de barbarie ya superadas por nuestra civilización. La fallida “dictadura del proletariado”, que sumió a media Europa y parte de otros continentes, en la miseria material, psicológica y moral, ha sido sustituida por una nueva “dictadura del progretariado”, en la que cualquier grupillo que arme suficiente ruido puede imponer sus pretensiones con la bendición de los políticos, por muy descabelladas que sean.

 

Solo hay una condición para obtener el certificado oficial de progresismo y corrección política: que lo propuesto no huela a cirio. O mejor aún, que destruya algo de la cultura cristiana. Hasta grupos políticos con un ideario original humanista cristiano están cayendo en la tentación de girar el timón a babor para repelar votos de ese enjambre de pseudoprogres, sin darse cuenta de que esos cuervos, una vez criados, les sacarán los ojos. Pero esas “raras avis”, con sus piquitos de loro, copan titulares de prensa y espacios televisivos, son protagonistas de la comedia nacional. Así las cosas, todo político cazavotos trata de congeniarse con ellos.     

 

Entre unos y otros han conseguido que nuestro país baile al son de esa panda de progresistas de salón, tovarich con dacha en Marbella o Ibiza, chaqueteros oportunistas, intelectualoides vomitivos, cazadores de cánones y subvenciones para sus bodrios “culturales”, gritones de “no” a algunas guerras y mudos para otras, tertulianos habituales de telebasura y otras especies varias de ese pelaje. Me repugna hasta la náusea la caradura de todo ese progretariado que se pasa por el forro la Constitución, los Derechos Humanos y lo que haga falta, con tal de ver legalizadas y bien pagadas sus reivindicaciones miopes y egoístas.

 

Terminaré con un deseo paradójico: ojalá fuesen ciertos los postulados dialécticos y, siendo la “tesis” el fracasado socialismo real y la “antítesis” el actual capitalismo desaforado -en vías de extinción-, venga después la “síntesis” de un nuevo modelo social capaz de armonizar, de una vez por todas, la libertad con la igualdad, los intereses particulares con los generales y la libre iniciativa con la justicia social. Pero esa síntesis no se hará sin una reconstrucción moral “desde dentro” de las personas, no se hará sin Dios. Si quieren ver una buena maqueta de cómo podría ser esa síntesis, lean la “Sollicitudo rei socialis”, de Juan Pablo II.

 

 

Ley de Protección a la Maternidad: progreso material más progreso ético-social

 

 

(Publicado en Análisis Digital)

 

Llevo meses fustigando en algunos de mis escritos al PP, esa formación política que tanto me ilusionó con sus principios originales y que tanto me ha decepcionado conforme los ha ido abandonando. Hoy no lo haré, pero nadie vaya a pensar, por lo que voy a decir, que ya me ha “reconvertido”, aunque, de seguir así, va por buen camino. Entre otras muchas cosas, quisiera que los populares también se colocaran a la cabeza de la defensa de los Derechos Humanos generando algún tipo de pionera normativa que reconozca el derecho a la objeción de conciencia, tanto a la EpC como a otros asuntos en los que el cumplimiento de ciertas leyes con implicaciones morales, entre en serio conflicto con la conciencia de las personas.

 

Pero lo que es justo, es justo, y en esta ocasión, con la aprobación por parte del Gobierno Valenciano del anteproyecto de la nueva Ley de Protección a la Maternidad, he de quitarme el sombrero. Yo no sé por qué derroteros andará Rajoy con su negativa a eliminar o modificar -si vuelve a gobernar- la actual normativa que despenaliza el aborto en los tres supuestos de marras. Tampoco comprendo cómo nuestro valenciano Consell consiente e incluso se jacta de sus congeladores de embriones humanos, de la manipulación de esos pequeños seres humanos y de los “avances” en burradas como la clonación humana. Pero esta nueva Ley que va a sacar el PP valenciano merece mis más efusivos elogios.

 

Si el camino que se ha emprendido con esta avanzada y amplia protección de la mujer embarazada, que repercute directamente en la protección del no nacido, es el comienzo de una reafirmación y un progreso en la defensa de los principios éticos básicos de nuestra tradición cultural, el PP valenciano volverá a ser mi PP y el de centenares de miles de ciudadanos de esta Comunidad Autónoma, a los que nos tienen actualmente bastante confundidos y frustrados, cuando no muy cabreados. Yo quiero pensar que sí y que el increíble progreso material, modernización estructural y proyección internacional al que han llevado a nuestra Comunidad, llevará parejo un progreso paralelo en el ámbito de lo social y lo ético.

 

La Ley de Protección a la Maternidad, tal y como se dibuja en su anteproyecto, tiene, a mi juicio, dos grandes valores: el primero es, sin duda, que entreteje una red de apoyos a la mujer embarazada, tan multisectorial, tan amplia, tan completa y con tantos medios, que creo no equivocarme si afirmo que carece de parangón en la historia. Su puesta en práctica será una ayuda de incalculable valor para la mujer, para la maternidad, para el derecho a la vida y para la sociedad entera. El segundo valor es de índole pragmática: se trata de una iniciativa que no admite contestación. Nadie en sus cabales puede estar en contra de que se presten cuantas ayudas sean posibles a las mujeres embarazadas.

 

¿Que saldrán detractores que tratarán de descalificar la iniciativa del Consell, incluso desde colectivos feministas radicales que deberían aplaudirla a rabiar si tuviesen dos dedos de frente? Seguro que sí. Ya se oyen voces criticándola. Pero jamás lograrán encontrar un argumento ético, ni racional, que consiga demostrar que no haya que ayudar a la mujer embarazada. Oiremos sartas de tonterías, frases-consigna precocinadas, ocurrencias pseudo-ingeniosas, intentos de retorcer los hechos y de ofrecer una información torticeramente manipulada, y mentiras, toneladas de mentiras. Nada serio. Puro ruido. Ni caso.

 

Cuando esta magnífica ley se tramite, apruebe y entre en vigor, bastará un certificado médico de embarazo, aunque su hijo aún no haya nacido, para que las mujeres valencianas puedan comenzar a solicitar -e incluso disfrutar en muchos casos- las ayudas sociales, educativas, sanitarias, fiscales y de vivienda que necesiten para llevar a término felizmente y con todas las garantías posibles su embarazo. Con ello, no sólo se fomentará la natalidad, como afirma el Presidente Camps, algo absolutamente necesario dada la inversión y reducción de la pirámide poblacional, sino que se evitarán miles de abortos que tantas veces se producen por no hallar otra salida. Esta ley va a salvar muchas vidas humanas.

 

El Presidente Camps, al frente de la Comisión Interdepartamental de Apoyo a la Maternidad que ha constituido, ha pronunciado algunas de las palabras más humanas, más bellas y más genuinamente progresistas e incluso revolucionarias que he oído en boca de un político, cuando ha comunicado que: “en el momento mismo que haya una certificación de esa concepción, para la administración autonómica y todas las políticas que desarrolla la administración autonómica, se considera que ya forma parte de la familia, y por lo tanto ya esa familia tiene acceso a todos aquellos beneficios que significa el incremento familiar o que significa algún tipo de ayudas por parte de la Generalitat”.

 

¡Qué contraste con el triste y retrógrado empeño destruidor de vidas que al mismo tiempo están tramando Zapatero y su Ministra de “Igualdad”! Unos trabajando por la protección integral de la mujer embarazada y otros trabajando por facilitarle el homicidio de su propio hijo y abocarla al infierno de las secuelas psíquicas post-aborto. Unos velando por la natalidad, verdadera riqueza de un país, y otros empeñados en el suicidio poblacional. Unos asegurando las futuras políticas de protección social -léase pensiones- y otros sólo prometiéndolas, no se sabe con qué dinero si no hay reemplazo generacional. Unos usando su cerebro para crear nuevas formas de progreso y otros embotados en sus caducos esquemas inoperantes. Unos dando vida a la sociedad y otros robándosela.

 

Enlaces relacionados:

 

Camps se suma a las políticas de apoyo a la maternidad

Firma: felicita a la Generalitat Valenciana por su política a favor de la mujer

Gobierno valenciano aprueba anteproyecto Ley de Protección del Embarazo

Ley Protección Maternidad considera al feto un miembro más de la familia

 

ULTIMA HORA:

 

a) El vicepresidente social del Consell, D. Juan Cotino ha dado a conocer hoy en COPE el compromiso de D. Mariano Rajoy de convertir en nacional el plan ”Más Vida” de la CV.

 

b) La Comunidad de Madrid, que también tiene en marcha importantes iniciativas de apoyo a la maternidad, ha decidido ampliarlas con nuevas prestaciones económicas.

 

 

Encuesta en RTVE sobre Iglesia y Aborto

Vean esta captura de pantalla que acabo de hacer:

 Encuesta TVE Aborto por ti.

Por si quieren comprobarlo, aquí está el enlace (mientras no lo quiten):

Encuesta RTVE Iglesia y Aborto

Fíjense bien que la encuesta no es de la Iglesia, ni de la COPE, ni de cualquier otro medio o entidad a la que acompañe ni la más mínima sospecha de parcialidad a favor de la Iglesia: ¡se trata de RTVE!  

Tengan en cuenta, es justo decirlo, que la encuesta no está realizada con una metodología estadística de validación, ni con una muestra representativa, por lo cual su valor no es riguroso, aunque sí indica una tendencia muy clara en la muestra de visitantes de la Web de RTVE que han querido votar.

Esta tendencia es clara: la inmensa mayoría de los participantes, un 85%, han votado que SI.  

Y ahora me pregunto:

¿Se ha dado difusión mediática a estos resultados?: Que yo sepa, ni nombrarlos. Ni siquiera los han propagado los medios neutrales, ni los provida, ni los pro-iglesia. Pero ahí están, colgados en un pequeño rincón del ciberespacio, esperando a que alguien les haga un poquito de caso.

¿Si los resultados hubiesen sido inversos, se habrían difundido?: Aído los llevaría pegados en la frente, para pasearlos por todas partes. Y Zapatero también. Como mínimo, RTVE hubiera montado un reportaje para darlos a conocer en todos los informativos y aparecería hasta en la sopa. ¿Que no?

¿Influirá esta encuesta, con casi 2500 votos de visitantes de la Web de RTVE, en las intenciones de legislar el aborto libre por parte del PSOE?: Ni borrachos. ¿Influirá esta encuesta en las posiciones de inactividad y omisión del PP respecto a la legislación abortista actualmente vigente?: Ojalá.

¿Merece esta encuesta la realización de un sondeo más riguroso?: Sin duda. ¿Lo hará el PSOE?: No. ¿Lo hará el PP?: Ojalá. ¿Le importa al Gobierno lo que piensa la gente sobre el aborto?: Ni un pepino. ¿Habrá un referendum?: No sé ni para que lo pregunto. Pero no crean que me importa demasiado, porque no creo que el derecho a la vida se deba decidir por votación.

Pueden ahorrarse los comentarios de que los provida hemos corrido la voz por mailing o SMS, porque idénticos medios tienen y usan con eficacia los afines al PSOE. Lo han demostrado sobradamente. Todo el mundo sabe que sin sus SMS el PSOE no estaría hoy gobernando. Así que, en este terreno, empate técnico. Los resultados de la encuesta son los que son y punto.

Indican, pese a no ser un sondeo riguroso, una clara tendencia a que la sociedad española cree que la Iglesia tiene todo el derecho, como cualquiera, a batallar por hacer valer sus posturas respecto al aborto. Más aún tratándose de una encuesta en una Web de RTVE nada sospechosa de “cirio”. Al fin y al cabo, estamos en una democracia con libertad de expresión, ¿no?

También apuntan a que las pretensiones del Gobierno, ni responden a una gran demanda social, ni cuentan con un respaldo generalizado. Sólo son parte de su proyecto laicista radical apoyado por algunas minorías, muy chillonas, pero minorías. El PSOE va a lo suyo, con el pueblo o sin el pueblo. Y el PP va loco buscando cómo repelar votos. Pues aquí tiene una pista. Tome nota.

Enlaces relacionados:

Encuesta Tele5, por Pablo G.

Encuesta en Tele 5, en su propia Web.

Encuesta en El País, en su propia Web.

Nueva encuesta en El País, en su propia Web.

Rajoy en TVE y el aborto: hace falta sangre fría

 

 

La pregunta del millón que, desde otro ángulo, le cayó encima a Zapatero en el anterior “Tengo una pregunta para usted”, a la que por cierto, no contestó, le ha saltado a la cara también a Rajoy, en la edición del pasado lunes del citado programa. Se trata, ni más, ni menos, que de manifestar su opinión sobre el aborto, el tema ético más serio y controvertido en la actualidad. D. Mariano sí contestó, pero ¡cómo!

 

Cuando Zapatero, fue repugnante verle “salir en la foto”, con su sonrisa de máscara veneciana, con Izaskun, aquella chica con Síndrome de Down que, con la despenalización del aborto en los tres supuestos legislada por el PSOE, carece del derecho a nacer sólo por ser como es. A Rajoy se lo han puesto más difícil, porque la pregunta sobre el aborto no se la ha hecho un cura, sino una mujer que padece una anormalidad prenatal por la cual podría haber sido abortada, según ella mismo dijo.

 

María, que así se llama la aguerrida fémina que desde su silla de ruedas interrogó al líder del PP, le preguntó textualmente:

 

“Con la actual ley del aborto, que ustedes no derogaron durante su mandato, yo hoy podría no existir. Porque además, ayer mismo, ustedes, como partido político, no salieron a la calle a manifestarse contra la nueva ley del aborto. Y esa ley va a estar aprobada en el Congreso de los Diputados, si se aprueba, que no tiene por qué, pero se puede aprobar o no. ¿Me podría decir claramente cuál es su posición y la de su partido ante la ley del aborto?”.

 

La respuesta literal de Rajoy, delante mismo de la mujer, fue:

 

“Yo votaré en contra de la ley que plantea el Gobierno de España. Votaré en contra y además, si va la ley como se ha anunciado que va, iré al Tribunal Constitucional. Esa es mi posición y la de mi partido…Ahora, mi posición hoy sobre este asunto es que se debe mantener la ley que existe y está en vigor en estos momentos en España. Es una ley que lleva veinte años, que nosotros no hemos modificado y que en mi opinión respeta el derecho a la vida, con algunas excepciones, que es en el caso de malformación, en los casos de…”

 

Desde luego, hay que tener sangre fría, para decirle delante de sus morros a una mujer que con esa ley socialista que ellos no derogaron ni modificaron, no tenía protegido su derecho a vivir, que su partido y él mismo quieren mantener las cosas como están. Sincero fue, sin duda, D. Mariano, cruelmente sincero, pero me cuesta trabajo comprender en nombre de qué puñetero argumento hay alguien capaz de decirle a esa mujer y a tantos minusválidos que, pese a la ley, han podido nacer, que su derecho a vivir no merecía ser protegido.

 

Miren ustedes. Mi esposa y yo tenemos una hija que nació con labio leporino. ¿Acaso saltamos de alegría por ello? Pues no, claro que no. Pero no nos importó en absoluto. La acogimos en nuestro hogar con todo nuestro cariño, igual que a todos sus hermanos. Tras varias operaciones, no exentas de sufrimientos y temores, no sólo quedó perfectamente corregido el “defecto”, sino que hoy en día es una joven de 20 años que, sin exagerar ni un milímetro, podría hacer de doble de Julia Roberts. No pongo aquí una foto porque no tengo su permiso.

 

¿Por qué les cuento esto? Pues escúchenme bien. Hace apenas unas semanas salió en la televisión un reportaje en el que se explicaban los tipos de malformaciones que habían sido motivo de aborto en España. Nuestra hija estaba con nosotros viendo ese programa. Cuando dijeron que uno de los motivos había sido el labio leporino, a la chica y a nosotros casi nos da un patatús. “¿Han dicho labio leporino?”, nos preguntó nuestra hija, que no podía dar crédito a lo que había oído. “Pues sí, eso han dicho”, le contestamos. “¿Quiere eso decir que yo, por ser como soy, según la ley no tenía derecho a nacer?”, dijo, con una sombra desencajada en su rostro que no quisiera que nadie tuviese que ver jamás en un hijo.

 

A ver si tiene el Sr. Rajoy los arrestos suficientes para venir a mi casa y decirle a mi hija (o a mí) que con esa monstruosa ley eugenésica neonazi que el PSOE coló a la sociedad española y que su partido no modificó cuando pudo, la vida de mi hija no valía ni merecía protección legal. Con su inactividad, su cobardía, su afán de poder y su renuncia a los principios, el PP se ha hecho colaboracionista del mayor holocausto conocido. Sólo en España, ¡un millón y medio de abortos en los últimos veinticinco años! ¿Y dice Rajoy que él defiende el derecho a la vida y que la ley hoy vigente también lo defiende? ¿Tan estúpidos nos considera?

 

Menos mal que dice oponerse al proyecto de aborto libre de Zapatero, que ahora trata de colar a la opinión pública diciendo la descarada mentira de que no “amplia” el aborto, sino que lo “restringe”. ¿Una ley diseñada, no para evitarlos, sino para dar seguridad jurídica a los abusos que los abortadores realizan con la actual? ¿Una ley que descalifica el aborto como delito y lo transforma en un “derecho”? ¿Una ley que permite el aborto libre hasta etapas de gestación en las que el feto hoy en día puede ser viable? ¿Una ley que permite que niñas menores de edad aborten sin conocimiento ni permiso de sus padres? ¿Eso es una ley “restrictiva”?

 

¡Ya está bien de engañar a la gente! La ciencia sabe hace tiempo cuándo comienza la vida humana. El concepto de persona es cultural y existen muchas variantes: que si persona física, que si persona jurídica, que si “pre-persona”, que si se ha de ser autoconsciente o no para ser persona… Pero los conceptos de “vida humana” y de “ser humano” son biológicos. Ser humano es algo tan sencillo como pertenecer a la especie humana. Y toda vida humana comienza, diferenciada como individuo, en el momento de la concepción, con un código genético único e irrepetible. Esto no es una creencia, es un hecho, una certeza científica.

 

Es un avance de la civilización proteger la vida humana, sea cual sea su etapa de desarrollo. Mayor progreso equivale a mayor consideración de la dignidad inviolable de la vida humana, ofreciéndole mayor protección cuanto mayor es su indefensión. En esa dignidad no cabe ningún tipo de “plazos”. No hay vidas humanas que sean ni más ni menos vidas humanas que otras. Defender lo contrario es regresar a la barbarie pre-moral y pre-científica. Así que, el Sr. Zapatero con su empeño en avanzar hacia el aborto libre, y el Sr. Rajoy, con su empeño en no retroceder en esta abominación, por mí se pueden ir a pastar cogiditos de la manita.

 

Enlaces relacionados: 

 

Video de la pregunta en la Web de RTVE

El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU, Redacción HO

Esos superdotados con Síndrome de Down, por José Sáez.

Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

Yo tenía una pregunta para usted, por Gádor Joya.

Aborto: la pregunta crucial sin contestar, por Aníbal Cuevas

Zapatero en TV o el arte de echar balones fuera, por José Sáez.

 

 

 

 

                                                       

I Encuentro de Objetores de Valencia: una experiencia inolvidable.

 

 

(Transcrito tal y como me lo ha publicado Análisis Digital) 

 

  Encuentro objetores 1 por ti.

 

El sábado día 28 de marzo de 2009 pasará a la historia del movimiento objetor a la EpC como una jornada significativa e inolvidable. Con una participación de más de 350 personas, entre padres, jóvenes y niños, los objetores valencianos han escrito (hemos escrito, ¡qué caramba!) una de las más bellas y entrañables páginas del movimiento objetor por una educación en libertad. Los miembros de VAEL (Valencia Educa en Libertad), plataforma organizadora del Encuentro, acabamos el día agotados, pues el esfuerzo ha sido considerable, pero contentos como unas pascuas tras contemplar cómo nuestras ilusionadas expectativas habían sido superadas con creces. Sin la menor duda, tanto trabajo ha valido la pena.

 

Tan magnífico Encuentro no habría sido posible sin la colaboración y participación desinteresada de algunas de las más destacadas entidades y personalidades embarcadas y comprometidas con el movimiento objetor. Pero, sin perjuicio de la calidad humana y profesional de todas ellas, los verdaderos protagonistas que han hecho realidad el Encuentro han sido los padres que, acompañados de sus hijos, han asistido al mismo y le han dado vida con su presencia, su buen ánimo y su testimonio. Durante la jornada, VAEL entregó varios premios al Mérito Objetor y manifestó su agradecimiento a diversas personas y entidades, pero nuestra máxima gratitud es, desde luego, para todas las familias asistentes.

 

No voy a hacer aquí un reportaje del Encuentro, ni a detallar su programa, con sus distintos actos, ponencias y actividades. Esta información ya ha sido elaborada y comunicada antes y después del Encuentro en artículos, noticias y notas de prensa. Lo que en este artículo quiero exponerles es tan sólo mi experiencia personal, mis propias vivencias y conclusiones. Les adelanto que no es tarea fácil poner en palabras la catarata de ideas y sentimientos que me embargaron durante la jornada y que siguen todavía vivos en mi interior. Mi única pena es que mi precaria salud me haya impedido colaborar mucho más en la preparación y desarrollo del evento. Mas, aprendiendo de ello que nadie es imprescindible, estoy muy contento.

 

Durante los días previos al Encuentro, conforme conocía las cifras de asistencia, apenas podía dar crédito a mis ojos. Poca fe que tiene uno, qué le vamos a hacer. Cuando los ponentes, todos ellos personas de elevada talla personal y profesional, iban confirmando su asistencia y colaboración desinteresada, pese a sus múltiples responsabilidades y apretadas agendas, mi satisfacción iba en aumento. Ha sido una lástima que la anunciada presencia de nuestro Arzobispo saliente no haya sido posible por sus obligaciones de última hora, pero la presencia y las palabras de D. Rafael Cerdá, Presidente de la Comisión Diocesana de Enseñanza, que acudió en su representación, fueron una manifestación de cariño y apoyo que me consoló con creces de su ausencia.

 

Escuchando las ponencias, comprobé la veracidad del refrán “nunca te acostarás sin saber una cosa más”. Durante el último año me he dedicado a estudiar con detalle todo lo relativo a la EpC y la objeción de conciencia, he leído centenares de documentos y artículos, en incluso de he escrito una pequeña ración de los mismos, todo lo cual, desde mi insensata vanidad, me llevaba a pensar que ya poco nuevo podría escuchar. Nada más lejos de la realidad. Mi orgullo ha recibido una buena ducha fría y no hubo intervención en la que no haya aprendido cosas nuevas y no se me haya abierto la mente a nuevas perspectivas. Me he sentido muy pequeño ante tanto gigante y al mismo tiempo entusiasmado de haberme tropezado con tal cantidad de aportaciones a mis limitadas luces.

 

Todo esto en relación con la faceta intelectual del Encuentro, importante, pero en absoluto la principal. Lo mejor ha sido la parte humana y emocional, la convivencia espontánea, el buen ánimo compartido, el vernos las caras, las “charretas” de pasillo, los abrazos a viejos conocidos, la alegre e incansable labor de los voluntarios, las risas y juegos de los niños, el espíritu de fraternidad y la convergencia de sentimientos y motivaciones por encima de los ilustrados matices de las ideas. Espero no ofender a nadie si digo que uno de los mejores momentos que pasé fue el pequeño concierto de rock cristiano que nos regaló el grupo “Kenosis”. Y la comida, engullendo bocadillos y charlando con unos y otros.

 

El Encuentro ha sido todo un éxito. Seguro que los medios afines a los tristes laicistas totalitarios del Gobierno, que pretenden puentear a las familias para inculcar sus ideologías, tan insensatas como inmorales y destructivas, a nuestros hijos, o bien lo ignoran por completo, que es lo más seguro, o bien lo tergiversan todo para atacarnos y burlarse de nosotros, comenzando por las cifras de asistencia. No me importa. Allá ellos con su conciencia y con su deontología profesional. Lo rigurosamente cierto, digan lo que digan, es que este sábado 28 de marzo ha sido una jornada memorable, histórica, instructiva, útil, esperanzadora, alegre y festiva, una gozada para cuantos amamos la libertad y deseamos para nuestros hijos una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Enlaces imprescindibles:

 

El Encuentro de Objetores de Valencia congrega a 364 personas

El Encuentro de Objetores en Valencia: el camino de la regeneración, por Jaime Urcelay

 

   

¡Objetores valencianos, nos vemos mañana!

 

 

Todo está preparado, la organización material y, sobre todo, la ilusión y el buen ánimo. Mañana, Dios mediante, los objetores de conciencia a la EpC tendremos nuestro primer Encuentro en Valencia. Han sido muchas semanas de arduo trabajo para todos los miembros de VAEL, la plataforma organizadora. Todos hemos tenido que sacar tiempo de donde no parecía haberlo y arrimar el hombro como mejor hemos podido, puesto que todos somos gente normal y padres normales, repletos de obligaciones y de no pocas debilidades, como todos. En VAEL no hay “liberados”, ni profesionales a sueldo. Todos somos voluntarios.

 

No estamos vinculados a nadie ni a nada que no sea nuestra conciencia, aunque colaboramos y acogemos con gusto la participación de todos aquellos que comparten nuestros fines. Eso nos hace tan libres como faltos de financiación. Pero, ¿acaso hay algo más grande que la libertad? El dinero no, desde luego. Gracias al esfuerzo desinteresado de miembros y no miembros, y a las aportaciones voluntarias de todos, mañana tendremos locales, comida, charlas especializadas, mesa redonda, videos, presentaciones, entrega de premios, testimonios de padres y alumnos, atención y actividades para los niños y, sobre todo, convivencia.

 

A lo largo de nuestro año de existencia -estamos de cumpleaños- hemos dado multitud de conferencias, hemos presentado o asesorado miles de objeciones, hemos publicado montañas de artículos, noticias y notas de prensa, hemos presentado recursos, pero aún no nos habíamos visto las caras todos juntos. La idea de hacer un encuentro de objetores no es nueva. Hace muchos meses que la llevábamos en mente pero, enfrascados en la batalla objetora, no hallábamos el momento. Ahora, tras haber emitido el Tribunal Supremo sus cinco primeras sentencias, que tanta polémica han desatado, ya no podíamos esperar más.

 

Hemos contemplado durante las últimas semanas una campaña de desinformación del Gobierno, e incluso también de muchos colegios, directores y profesores, tan intencionadamente desviada y engañosa, que requiere el contrapeso inmediato de una información alternativa a cargo de personas libres y bien preparadas. La objeción de conciencia –que sí es un derecho que se deriva de nuestra Constitución, según doctrina del Tribunal Constitucional- ha sido vituperada, criticada y desalentada por los interesados en inculcar sus ideologías particulares a nuestros hijos, lo que ha despertado no pocos temores en millones de padres.

 

No ha sido fácil el camino de la objeción, ni lo va a ser. Sabemos cuántos de vosotros, padres y alumnos objetores, habéis tenido que soportar discusiones, presiones, amenazas, discriminaciones y burlas, en los centros públicos e incluso en algunos centros concertados, sólo por ser coherentes con vuestra conciencia. Sólo os faltaba el chapuzón de agua fría en que el Gobierno y sus lacayos se han empeñado en convertir las recientes sentencias del TS, cuando en realidad el varapalo se lo ha llevado ellos, y mayúsculo además, ya que en ellas consta la radical prohibición de utilizar la escuela para inculcar elementos ideológicos.

 

Nosotros siempre hemos defendido la opción legítima de la objeción, pero siempre bajo el lema de que se trata de una cuestión de libertad, como reza el lema del Encuentro. Creemos firmemente en que las decisiones de los padres son soberanas y deben ser libres. Pero la libertad exige una información completa, no parcial. Por eso, el sub-lema del Encuentro reza “Infórmate primero, decide después”. Lo que dice el Gobierno ya lo sabéis, puesto que medios informativos bajo su control no le faltan, precisamente. Mañana podréis escuchar las razones de los expertos que piensan de otra forma. Sólo después de conocer las distintas opciones seréis libres.

 

Tras las sentencias del TS, el movimiento objetor no se ha detenido. Nos han puesto algunos palitos en las ruedas, pero nada más. Las sentencias, además de recurribles por los interesados (ya lo han sido varias), no nos afectan a los demás objetores. Es cierto que sientan un precedente que posiblemente nos haga más lento y arduo el camino, pero no generan jurisprudencia ni cierran el camino a que otros recursos mejor fundamentados sean aceptados. Los magistrados no han aceptado las objeciones en los cinco casos vistos, pero nos han regalado una implacable batería de artillería para defender la educación en libertad.

 

Como se pudo ver en el reciente II Encuentro Nacional de Objetores celebrado en Madrid, el movimiento objetor no sólo no está muerto, sino que está más vivo que nunca. Los padres objetores volamos ahora, en vez de con una, con dos poderosas alas:

 

a) Seguir presentando objeciones y llevar adelante su defensa jurídica, desde los Tribunales Autonómicos, hasta el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de DDHH de Estrasburgo y más allá si es preciso (Comisión de DDHH de la ONU).

 

b) La vigilancia y, si procede, la denuncia ante los juzgados contencioso-administrativos, de todo intento adoctrinador en la escuela en temas morales socialmente controvertidos, ¡y ello en cualquier asignatura obligatoria, no sólo en las de EpC!

 

El Gobierno, algunas Administraciones y muchos colegios, quieren dar por zanjado el asunto. ¡Ja, ja y ja! ¡Ni por asomo! La lucha por que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones es una noble batalla, una movilización social sin precedentes y una causa justa y democráticamente impecable. La libertad ganará, tarde o temprano.

 

Así que, queridos padres objetores, queridos padres temerosos y dudosos que no habéis objetado, queridos padres que sólo queréis informaros de qué va esto de la EpC y la objeción, ¡bienvenidos seréis todos mañana! Estoy seguro de que será un día provechoso, interesante y muy, muy agradable y festivo. Si no os habéis apuntado, aún podéis hacerlo en la dirección que más abajo os pongo. Y si leéis este post muy tarde –lo he escrito demasiado encima del Encuentro, enzarzado como estaba en otras tareas- venid mañana y os apuntáis allí mismo. Os dejo a continuación los enlaces para informaros y/o inscribiros.

 

Si quieres a tus hijos, ¡ni un paso atrás!

Noticia en Hazteoir.org

Programa del Encuentro

Correo de VAEL: valenciaeducaenlibertad@gmail.com

 

   Logo Encuentro por ti.

     

Por el amor y la unidad en la defensa de la vida

 

 

(Transcrito tal y como me lo han publicado en Análisis Digital)

 

 

Todos los que defendemos la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural y, en consecuencia, nos posicionamos en contra del aborto, nos encontramos en un momento histórico crucial. El avance del homicida pseudoprogresismo socialista-laicista, con su nueva “ley de plazos” (aborto libre, para entendernos) en ciernes, nos sitúa ante un gigantesco reto que debemos asumir con la máxima eficiencia posible. Tres son las facetas de esta indispensable tarea que nuestra fe, nuestra conciencia y/o nuestro sentido común nos exige:

 

a) Hacer llegar a todos los españoles el hecho ético y científico, de que cada vida humana particular comienza en el momento de la concepción y que, por tanto, ésta es inviolable. Mostrar la maravillosa dignidad de la vida prenatal y la abominación de su aniquilación con el aborto.

 

b) Transmitir a los responsables políticos un triple mensaje:

 

     1. Que el debate “aborto sí, aborto no”, que dan por cerrado, no lo está, ya que los avances de la biología y la medicina desde 1985 exigen una recuperación radical del valor real e inviolable de la vida prenatal.

     2. Que obedezcan antes a su conciencia que a su disciplina de voto. Sus próximas decisiones al respecto serán juzgadas ante Dios, crean en él o no, y sin duda alguna ante el tribunal de la Historia.

     3. Que su avance abortista responde a su particular ideología pro-muerte y a las exigencias de unos cuantos pequeños y gritones lobbies, no a una demanda social generalizada. Que van a perder muchos votos.

 

c) Despertar y movilizar las conciencias adormiladas de millones de ciudadanos que, aún estando a favor del respeto a la vida concebida y teniendo serias reservas contra el aborto, vuelven la cabeza hacia otro lado, por desconocimiento, por dejadez o por cobarde temor a ser tachados de retrógrados y “políticamente incorrectos”.

 

Desde diversas entidades se están lanzando importantes campañas para hacer llegar estos mensajes. Quiero hacer en este artículo un pequeño compendio de algunas que conozco, junto con una llamada al amor y a la unidad, virtudes sin las cuales no alcanzaremos objetivo alguno por mucho ruido que hagamos. Todos los instrumentos de una orquesta son fabulosos por sí mismos, pero si no suenan en perfecta conjunción y armonía, lejos de ofrecer una bella y atrayente sinfonía, sólo emiten una estrepitosa cacofonía que rompe los tímpanos con sus notas discordantes. Dada la limitación de espacio, no puedo ser exhaustivo, pero les animo a que en los comentarios nos cuenten lo que yo no haya citado.

 

Aunque no es preciso ser creyente ni religioso para apercibirse del valor de la vida humana concebida y de la atrocidad del aborto, como yo soy cristiano católico, para hablar del amor y la unidad necesarios para toda acción social, emplearé un lenguaje bíblico y citaré un par de versículos del Nuevo Testamento, que comentaré brevemente antes de presentarles mi pequeña reseña de iniciativas en defensa de la vida prenatal:

 

1) Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe (I Cor 13, 1). Aunque nuestros discursos, artículos, campañas y acciones, tengan la mayor elocuencia imaginable, si nos mueve el odio, el resentimiento o el juicio, y no el amor, nuestro mensaje será una molestia para ciertos oídos, pero no habremos conseguido nada. Si sólo vemos a los abortistas como los “malos” y a nosotros como “los buenos”, somos unos fariseos hipócritas y vomitivos. No estamos ante una cuestión maniquea de buenos y malos, sino ante un gravísimo error ético-moral que es necesario iluminar con nuestra vida, nuestra palabra y nuestra acción.

 

2) Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17, 21). Con la unidad está en juego la credibilidad del mensaje y del mensajero. Dichos como “La unión hace la fuerza” o el “Divide y vencerás” de Julio César, también vienen al caso. Casi todas las grandes batallas se han perdido por la división, más que por la inferioridad. El “movimiento provida”, gracias a Dios, es diverso y no está sometido a ninguna disciplina de voto ni a un pensamiento único. Pero las bases y fines esenciales son los mismos. No es hora de divisiones, ni de acentuar matices, ni de reclamar protagonismos. Es el momento de la unidad.

 

Por todo ello, paso a enumerar algunas iniciativas y campañas que diversas entidades están realizando o van a realizar en pro de la vida, incluyendo en cada una un pequeño comentario y los enlaces pertinentes. Muchas de ellas ya se han aunado y otras están en ello. Se las presento a continuación, juntitas y en orden alfabético, esperando que puedan conocerlas y, ¿por qué no?, participar en las mismas:

 

§ Asociaciones Pro Vida.  ONG’s de voluntariado, veteranas y pioneras en la promoción del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su extinción natural.  Su Federación posee el estatus de ONG Consultiva Especial del CES de la ONU. Sus prestaciones y actividades son tan numerosas como valiosas: Centros de Acogida de Madres, Voluntariado Juvenil, Provida Press, DVD’s y otros materiales didácticos, Congresos, etc. Además, también difunden y participan, asidua y valerosamente, en Veladas por la Vida (iniciativa de HO) ante clínicas abortistas y otros lugares significativos los días 25 de cada mes. (Enlace para Valencia).  

 

§ Campaña “Protege mi vida”. Promovida por la Conferencia Episcopal Española, dentro del Año de Oración por la Vida (2009), como complemento a la Jornada por la Vida que se celebrará en todas las diócesis el próximo día 25 de marzo, para concienciar a los españoles de la necesidad de proteger la vida humana desde su concepción, en contraste con la también necesaria protección de animales en peligro de extinción. La CEE ha emitido una nota informativa y se han creado y distribuido infinidad de carteles, folletos y vallas publicitarias. Pueden informarse en su diócesis sobre los actos programados (Enlace para Valencia).

 

§ Derecho a Vivir. Iniciativa de Hazteoir.org. Viene trabajando desde hace meses, en colaboración con importantes entidades, asociaciones y plataformas, para informar de lo que está sucediendo y para generar y movilizar iniciativas sociales en defensa del derecho a la vida. Para darle máximo realce, ha ”estirado” el Dia de la Vida del 25 de marzo para convertirlo en toda una Semana de la Vida. Actualmente, sin perjuicio de una masiva manifestación conjunta para más adelante, ha organizado y coordinado una gran Marcha por la Vida en Madrid y en toda España para el próximo día 29 de marzo (Enlace para Valencia).

 

§ Manifiesto por la Vida. Llamada también “Declaración de Madrid” a raíz de su reciente presentación en la capital de España. Promovida en sus inicios por un pequeño grupo de expertos especialistas en materia médica y científica, para ofrecer un punto de vista cualificado y alternativo al de la parcial e interesada comisión consultiva formada por la Ministra de Igualdad, pronto recibió multitud de adhesiones de otras personas del mundo de la ciencia, de la educación y otras disciplinas, contando a día de hoy con más de 1300 adhesiones de profesionales cualificados. Se puede leer y firmar el manifiesto en el enlace que encabeza este apartado.

 

 

§ Red Madre: Importante iniciativa que trabaja incansablemente en todas las Comunidades Autónomas para conseguir las 50.000 firmas necesarias para que se admitan a trámite y se aprueben una serie de ILP’s (Iniciativas Legislativas Populares) que permitan montar redes de recursos de apoyo integral a las mujeres embarazadas, especialmente aquellas que se encuentran en situaciones de dificultad. Ya ha conseguido sus objetivos en algunas CCAA. En la Comunidad Valenciana conseguimos reunir muchas más de las firmas necesarias y actualmente la ILP está pendiente de aprobación en las Cortes Valencianas. (Enlace para Valencia).

¿Por qué una cultura de la muerte?

 

 

(Me lo han publicado hoy en Análisis Digital)

  

La llamada “cultura de la muerte”, es una realidad que se ha implantado en la sociedad occidental posmoderna, por mucho que sus partidarios y constructores lo nieguen y no acepten tal denominación. Es irrefutable que nunca antes se había promovido la legalización de tantas prácticas destructoras de vidas humanas: aborto, eutanasia, manipulación de embriones… No es que el aborto o la eutanasia sean algo nuevo bajo el sol. Lo que sí es una espantosa novedad es que, pese a la paulatina evolución de la sociedad hacia la estima del derecho a la vida, ahora se reivindiquen tales barbaridades como legítimos derechos y se legalicen.

 

Existe un pequeño pero poderoso lobby pro-muerte, autoproclamado como progresista y avalado por el certificado de lo políticamente correcto. Un “progresismo” que es “regresismo”, puesto que anula algunos grandes logros de nuestra civilización y nos devuelve a estados de barbarie ya superados. Es triste y paradójico que, en la misma sociedad que tanta sensibilidad muestra frente a otros atentados a la vida, con sus “no a la guerra”, “no a la pena de muerte”, “no al comercio de armas” o “contra la violencia de género, tolerancia cero”, se esté extendiendo tal desprecio a la vida de los más inocentes e indefensos. Una incoherencia que vuelve a cuestionar el valor inviolable de toda vida humana.

 

¿Por qué este sinsentido? Profundicemos un poco en esa “cultura de la muerte”, en busca de sus causas, porque son éstas las que hay que abordar de forma preferente para rehacer una “cultura de la vida”. El activismo pro-vida anda empeñado –yo mismo colaboro todo lo que puedo– en luchar contra las tropelías que esta cultura destructiva inventa día tras día. Todo esto es necesario, sin duda alguna. Sin embargo, tanto esfuerzo parece chocar con un impenetrable muro de cemento armado, con un parapeto de conciencias endurecidas y embotadas, empecinadas en matar más y mejor, sin querer ver ni oír nada que pueda cuestionar sus posturas y odiando a muerte (o casi) a quienes se les oponen. 

 

Esto sucede porque el aborto, la eutanasia o la manipulación, congelación y destrucción de embriones y demás prácticas anti-vida, son los síntomas externos de una grave enfermedad interna, de una epidemia social que, como las infecciones virales, no remite con remedios sintomáticos. Sin destruir el virus que la provoca, podemos pasarnos toda la vida luchando contra la sintomatología del problema, logrando quizá algunos valiosos éxitos pasajeros, pero sin poder evitar que vuelvan a aflorar una y otra vez. Es fácil explicar la etiología de esta homicida cultura por la mera concurrencia de intereses económicos, pero estos intereses sin escrúpulos no son más que otros síntomas de esa misma patología psicosocial.

  

El origen profundo de la cultura de la muerte no es otro que el resultado final del ejercicio generalizado del más grave de cuantos errores humanos existen, el padre de todos los demás errores, muy bien explicitado en primer libro de la Biblia bajo el concepto de “pecado original”, que consiste en reclamar para sí mismo la autonomía moral. Los postulados esenciales de este necio y soberbio desvarío son: “Ni Dios, ni ley natural, ni moral revelada, ni principios universales, ni otra norma de conducta exterior a mí que no sean las leyes positivas que elaboremos a nuestra conveniencia. Mi vida es mía, mi cuerpo es mío, yo decido sobre el bien y el mal, sobre la vida y la muerte”. En resumen: “YO SOY DIOS”.

 

El Hombre moderno, que se erigió a sí mismo como centro y medida de todas las cosas, apartando a Dios y colocándose en su lugar, en la posmodernidad ha acabado sin Dios y sin el Hombre. El vacío de Dios, que pretendía suplir con su razón, ha terminado siendo ocupado por el instinto. Expulsado Dios, caídas las ideologías sustitutivas y desacreditado el poder de la ciencia y la tecnología para proporcionarnos una vida plena en un mundo mejor, la Humanidad se ha lanzado a una carrera desenfrenada en pos del bienestar material y el placer hedonista, muy bien aprovechada, publicitada y surtida por un consumismo feroz. La insatisfacción profunda nos ha convertido en cazadores compulsivos de estímulos fáciles y en depredadores de todo aquello que amenace nuestro efímero “bienestar”.

 

El problema es que, nos pongamos como nos pongamos, NO SOMOS DIOS. El Hombre ha intentado serlo, ha tratado de orientarse por sus propias luces y deseos y lo ha estropeado todo: Nuestro planeta está moribundo, no hemos eliminado la violencia, ni las guerras, ni el hambre, ni la incultura, ni la injusticia, ni la desigualdad, ni apenas nada. Hemos logrado un avance tecnológico vertiginoso y deslumbrante, que no ha hecho más que crearnos nuevas necesidades de consumo. El homo sapiens se ha convertido en un minimalista homo œconomicus, encandilado con su injusto, insolidario e indecente “paraíso” material pequeño-burgués, ahora en lógica y justa crisis. Hemos metido la pata hasta el fondo. 

 

No somos Dios, evidentemente. Pero somos creaturas hechas a su imagen y semejanza. Dios es amor y nos ha creado por amor y para el amor. Ese es nuestro diseño original, nuestra identidad y nuestra razón de ser. Toda persona, atea, creyente o agnóstica, hasta la más degenerada, lleva impreso en su ser que no puede vivir sin amor y sin amar. Desechada la relación con Dios, quien nos da el ser amándonos sin condiciones y, por eso mismo, hace posible que podamos amar, sólo queda el insoportable absurdo de la soledad existencial absoluta, que es el infierno. El otro se convierte en aquel “que nos roba el ser”, como decía Sartre y “el hombre es el lobo para el hombre”, como aseveraba Hobbes.

 

Amar conlleva morir a nosotros mismos, romper las barreras que nos separan del otro. Todos podemos amar a quien nos gusta, nos construye, nos quiere, nos devuelve algo a cambio. Pero no podemos amar a quien nos estorba o nos roba la poca vidilla que tenemos, porque nos mata el ser. Sin tener dentro la Vida plena, que proviene de Dios, necesitamos defender la poca que tenemos y vivir para nosotros mismos. Sin Dios, no podemos amar más que nuestro propio reflejo en los demás. Y si no es posible amar al otro cuando se presenta como una amenaza, aparece la necesidad de defenderse de él, eliminarlo de alguna forma. Quien no puede morir, acaba matando, incluso físicamente. He aquí la raíz de la “cultura de la muerte”. Sin Dios, el respeto a la vida humana se esfuma.

 

Por eso, no hay tarea más importante que la evangelización, con la propia vida y con la palabra. No se trata de hacer proselitismo, sino de hacer presente en el mundo que Dios existe, que nos ama y que envió a su Hijo para que con su Muerte y su Resurrección, reabriese el camino que nuestro orgullo había cegado y restaurase nuestro amoroso diseño original. El Hombre moderno rechazó la invitación; el posmoderno apenas la conoce. Como el padre del hijo pródigo, Dios espera con los brazos abiertos a que regresemos de nuestra fracasada y dolorosa aventura de autonomía. La acción social por la cultura de la vida es justa y necesaria, pero será vano esfuerzo sin centrar el mayor empeño en una nueva evangelización que llame al Hombre a encontrarse con el autor de la vida: Dios.

La crisis según Albert Einstein

 

Mientras termino de perfilar mi siguiente entrada, he decidido prestarle un hueco en mi blog al Sr. Albert Einstein, que tiene cosas muy interesantes que decirnos sobre las crisis. Habría que aplicarse el cuento. No añadiré nada a lo que él dice, porque sería estropearlo. Lean, lean…

 

 

Profesores: ¿A quién obedecer, a los RRDD o al TS?

 

Viñeta Duda por ti.

 

Una vez el Tribunal Supremo ha beatificado los RRDD que desarrollan la EpC, declarándolos ajustados a derecho, ha pasado la responsabilidad de mantener la obligada neutralidad ideológica de la enseñanza pública a los profesores y editoriales. Y la vigilancia de la legalidad constitucional educativa parece que ya no corresponde a la justicia, ni a las administraciones, ni a los inspectores, sino a los padres y a los alumnos. El TS acaba de crear un cuerpo gratuito de censores, bien conocedor y celoso de sus derechos. Libros, materiales, programaciones, clases… Todo va a ser examinado y, si procede, denunciado por los nuevos policías sin uniforme en que nos han convertido a los ciudadanos.

 

Editoriales y profesores han de andarse en lo sucesivo con pies de plomo, puesto que la labor de los “nuevos inspectores” -alumnos y padres- no se limita a la EpC, sino a toda materia obligatoria. Buen cuidado han de tener en no introducir en sus publicaciones o en sus clases elementos doctrinarios sobre temas morales socialmente controvertidos, porque los despreciados padres objetores no se van a andar con chinitas y las nuevas armas se van a utilizar a discreción. La defensa de su derecho constitucional a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus convicciones se ha hecho más ardua y larga (que no imposible) por la vía objetora, pero sin duda harán buen uso de cualquier otra vía legítima.

 

Por otra parte, aunque el TS no lo haya reconocido, los RRDD que regulan la EpC e imponen sus enseñanzas mínimas obligatorias a todas las CCAA, incluyen elementos de claro adoctrinamiento moral, que se desvelan sin pudor alguno en los criterios de evaluación. No entro en detalles, porque se han escrito ríos de tinta sobre el asunto. Consulten las noticias y blogs de HO, o los documentos elaborados por Profesionales por la Ética y otras muchas entidades y especialistas. Me basta recordar aquí que los profesores, por precepto legal, deben evaluar a los alumnos, no sólo sobre sus conocimientos de esa “moral cívica” estatal, sino que deben evaluar su grado de asunción de los mismos, sus criterios morales personales.

 

¿A quién deben obedecer los profesores? ¿A lo dispuesto en la normativa vigente, declarada ajustada a derecho por el TS, o a la neutralidad ordenada por el TS? Para acatar lo dispuesto por el TS, es preciso ignorar ciertos contenidos y criterios de evaluación obligatorios, lo cual es ilegal. Y viceversa, para cumplir con el contenido del currículo obligatorio, es necesario desacatar lo establecido por el TS, lo cual también es ilegal. Los centros públicos, sobre todo, lo tienen crudo con tal encrucijada de imperativos. Si no los denuncian los padres por adoctrinar, pueden denunciarlos otros por no cumplir con el currículo obligatorio. Bonita papeleta les ha tocado. ¡Y algunos de ellos han celebrado las sentencias!

 

El TS no ha puesto punto final al conflicto, sino todo lo contrario. Ni ha detenido al movimiento objetor, entre otras cosas, porque sus sentencias son recurribles, ni ha devuelto la educación a sus cauces normales, que son los sociales y no los judiciales. A los profesores que se han dedicado a atacar o menospreciar a la objeción y a los objetores, más les hubiera valido apoyar la causa o mostrar un cauteloso respeto, igual que algunos autores de libros de EpC. Con su interesada intolerancia, sólo han conseguido este conflicto que el TS les ha arrojado encima. Su desafecto a quienes defienden la educación en libertad les puede haber salido muy caro. Apoyar o respetar la objeción hubiera sido más honesto y rentable.

 

        

Esos superdotados con Síndrome de Down

 

 

Sin duda lo que voy a decir suscitará más de una socarrona sonrisa entre quienes sólo ven las cosas desde una perspectiva exclusivamente científica. Eso es algo que me trae sin cuidado porque, por fortuna, la realidad admite muchas otras lecturas, además de las extraídas mediante la aplicación del método experimental. Quienes sólo creen en aquello que es demostrable en un laboratorio, no saben lo que se pierden. Pero ese asunto ya lo abordaré en otra ocasión. Aquí les cuento lo que pienso, utilizando mi lectura preferida de esta realidad humana, y punto.

 

Siempre me ha resultado fascinante que las personas con Síndrome de Down no tengan en su dotación genética algo de menos, sino algo de más, un “extra” que los demás no tenemos. Es justo lo contrario de lo que nos sucede a los varones, que carecemos de un brazuelo en todos nuestros pares cromosómicos, que nos deja con un disminuido “XY” donde las mujeres tienen sus flamantes “XX” completas. Algo nos falta a los hombres en esos cromosomas “castrados” y sospecho que no sólo se trata del fabuloso don de la maternidad. Pero, volvamos al tema.

 

No me parece descabellado pararse a pensar que algo podrían tener los afectados por la trisomía del par cromosómico 21 -que en eso consiste el Síndrome de Down- gracias a ese cromosoma de triple cuerpo que los demás no tenemos. Diríase que la naturaleza ha regalado a ciertas personas un plus genético que, pese a alterar en distintos grados determinadas estructuras y funciones físicas y psíquicas, como todos bien sabemos, quizá les permita la posesión de algunas capacidades  imposibles para quienes no lo tenemos. Sondeemos un poco esta hipótesis.

 

Es un hecho observable que, aunque muchos padres -no todos- que tienen un hijo con Síndrome de Down, nada más saberlo lo perciben trágicamente, no son menos numerosos los que poco después insisten hasta la saciedad en proclamar lo recompensantes que resultan estos niños, que gozan de una capacidad de dar y recibir amor incomparable con ningún otro. A poco que sus padres sean capaces de liberarse de los prejuicios sociales, no hacen más que dar gracias por ese hijo, por muchos trabajos y padecimientos que acompañen a su diferencia.

 

No voy a negar, porque es evidente, que criar y educar a una de estas personas exige una dedicación especial y lleva consigo muchos temores y no pocos sufrimientos. En mayor o menor medida, aparecen retrasos intelectuales, pocas defensas frente a enfermedades, alteraciones anatómicas y fisiológicas y una expectativa de vida menor que la media de la población general. Siendo todo esto harto difícil, aún pueden ser peores las dificultades sociales: el rechazo o falta de acercamiento de otros niños. Esto es quizá lo que más hace sufrir a muchos padres.

 

Sin embargo, son innumerables los testimonios de familias que tienen en nada todos esos problemas, en contraste con la felicidad que son capaces de mostrar y transmitir estos hijos. ¿Quién ha dicho que sufrir por los hijos es malo? ¿Acaso hay otra forma de ser padres e incluso de ser personas adultas y maduras? ¡Cuántas familias han visto cómo mejoran sus relaciones, cómo se disuelven graves problemas y cómo ese miembro “especial” es verdaderamente una persona especial, no por sus deficiencias, sino por todo aquello que sabe dar como nadie!

 

¿No será que la trisomía del par cromosómico 21, no es una deficiencia, ni una desgracia, sino una misteriosa ventura genética que, aunque ocasiona desventajas respecto a eso que llamamos “normalidad”, en realidad otorga a sus portadores capacidades de valor extraordinario? Veamos: ¿Qué es más humano, tener un cociente intelectual alto o ser capaz de entregar mucho cariño? ¿Qué es más valioso, ser más productivo o ser más donativo? ¿Qué proporciona más felicidad a los padres, los sobresalientes en matemáticas o miles de besos y caricias no fingidos ni forzados?

 

¿Que estas reflexiones son pura poesía sentimental? Bello poema sería, pero no es esa mi intención. Estoy escribiendo en prosa y muy en serio. Dejen aparte las miradas compasivas hacia estas personas y obsérvenlas sin los prejuicios que nos imponen esas estúpidas reglas sociales que establecen que quien no es “como la mayoría”, es un desdichado. ¿Está usted seguro de que su vida es más feliz que la de ellos, porque es usted más inteligente y más hábil para cumplir con las exigencias sociales? ¿Ha contemplado alguna vez el rostro de felicidad de estas personas? ¿Ha escuchado las maravillas que sobre ellos dicen sus padres?

 

Es bastante común hoy en día medir la suerte o la desgracia de cada uno en contraste con los estándares sociales, con fríos criterios de “normalidad” estadística. Y se suele medir el valor de las personas cada vez más con el pragmático criterio de la capacidad productiva. Sin duda, sus diferencias reportan al afectado y a su entorno una serie de dificultades, tanto mayores cuanto más esté diseñada la sociedad sólo para los que dan la talla impuesta. Lo que muchas veces olvidamos es que los “discapacitados” suelen darnos sopas con honda como seres humanos y que son portadores de valores que con frecuencia no podemos ni soñar.

 

Por eso estas personas, más que “minusválidas”, son “minusvaloradas”, que no es lo mismo. Si supiéramos medir su valor con criterios más profundamente humanos, tal y como nos ha enseñado nuestra cultura cristiana, ahora desechada por los necios laicistas como una antigualla enemiga del Hombre, estas personas serían los primeros de la clase o, mejor aún, nuestros maestros en tantísimos valores que más nos valdría aprender. ¡Cuántas veces son estas personas minusvaloradas quienes nos enseñan a vivir de verdad a los que tan aventajados nos creemos!

 

Tiempo atrás, eran muchos los padres que, por aprensiones sociales, apenas se atrevían a sacarlos de casa. Afortunadamente, esas actitudes son cada vez menos. Hoy en día, si no se ven en la sociedad más personas con este síndrome es sencilla y llanamente porque miles de ellos ya no nacen tras ser asesinados en el seno de sus propias madres. Las exploraciones intrauterinas, cuya genuina función es detectar precozmente ciertas enfermedades tratables en la etapa prenatal, se han convertido en un juicio sumario con pena de muerte para los diferentes (1).

 

¿Cómo es posible invocar esta maravillosa diferencia, o cualquier otra, para negarles el derecho a nacer y vivir? ¿En qué mente sensata y civilizada o en qué corazón sensible y humano cabe tal atrocidad? ¿Es que hemos retornado a la más absoluta barbarie o acaso hemos caído a una psicopatía colectiva? ¿Ha resucitado Hitler con sus pretensiones de crear su “superhombre” sin defectos? ¿Cómo es posible que la matriz femenina pueda convertirse en un nuevo Auchswitz? ¿Qué atroz dureza y engaño habita en el corazón y en la mente del lobby proabortista?

 

No hace mucho Zapatero fue sometido ante las cámaras de televisión española, a la pregunta: ¿Cree usted que el no nacido es un ser humano o no? El Presidente se evadió de la cuestión. En el mismo programa, intervino una muchacha con Síndrome de Down. Zapatero no dudó en ensalzarla, halagarla y en coleguear y salir en la foto con ella, con la mejor de sus pinochescas sonrisas. Yo le hubiera hecho otra pregunta: ¡Pedazo de hipócrita! ¿Qué puede decirle a esta joven sobre el hecho de que, con sus leyes abortistas en la mano, podría haber sido asesinada impunemente en el seno de su madre por el sólo hecho de ser como es?

 

 

 

P.S. Vean este enlace: Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

 

06-03-09: El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU.

 

(1) El Dr. D. Esteban Martínez, en el foro “Amniocentesis” de HO, proporciona el escalofriante dato de que el 90% de los niños diagnosticados de Síndrome de Down antes de nacer, son abortados.

 

13-03-2009:

 

El primer universitario español con S.D. se estrena como maestro. En HO.

El aborto con los sindromes de Down. En HO.

Que el Gobierno pregunte sobre el aborto a alguien con S.D. En HO.

Síndrome de Down; el amor de unos padres. En HO.

Objetores a EpC: ¿Hemos ganado o hemos perdido?

 

 

 

 

 

(Lo he publicado en el diario Las Provincias, el 24-02-2009) 

 

 

Como no tengo la suerte de contar con una bola de cristal como cierta ministra pitonisa, ni acceso a las grietas por las que se han ido filtrando informaciones anticipadas y conclusiones, tan apresuradas como interesadas, sobre las sentencias de los cuatro casos de objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía que han sido vistos por el pleno del Tribunal Supremo, y siendo del dominio público directo, hasta hace pocos días, tan sólo la escueta nota sobre el fallo dada a conocer el 28 de enero, he preferido guardar un prudente silencio y esperar a poder analizar con calma las sentencias definitivas, antes de abalanzarme sobre el teclado y escribir mis propias conclusiones sobre el asunto.

 

Ahora, sentencias en mano, sabemos que el TS ha denegado, por mayoría de su pleno, sin unanimidad y con discrepancias internas bien visibles en los textos de los votos particulares, el derecho a la objeción a la EpC en los cuatro casos que han sido vistos. Pese a tan desafortunada decisión para un sistema democrático, el TS ha entrado al fondo del asunto y, sin limitarse sólo a esos cuatro casos, se ha pronunciado sobre ciertos asuntos generales, confirmando con contundentes advertencias que ni el Gobierno, ni ninguna otra Administración, profesor o editorial está legitimada para adoctrinar a los estudiantes en temas morales que son objeto de controversia social, animando a los padres a que denuncien ante los juzgados cuantas irregularidades detecten.

 

Así las cosas, ¿los objetores hemos ganado o hemos perdido con las sentencias de marras? Para contestar a esta pregunta es preciso responder previamente a otra: ¿con qué fin presentamos, ejercemos y defendemos vía judicial nuestras objeciones de conciencia a la EpC? La respuesta es clara: los objetores no luchamos por la objeción como un fin, sino como un medio. Para nosotros la objeción ha sido el único arma legítima que, ante nuestra situación de indefensión, nos quedaba para defender nuestros derechos parentales frente a las pretensiones del Gobierno de adoctrinar a nuestros hijos a través del grupo de asignaturas de EpC diseñadas en la LOE y los RRDD que la desarrollan.

 

Reconocemos que la defensa del derecho a la objeción de conciencia es una saludable reivindicación democrática, por la que sin duda vale la pena luchar, y que toda limitación del mismo es un síntoma de la mala salud de un sistema democrático. Los objetores a EpC, como ciudadanos españoles, lamentamos esta decisión del Supremo, lo mismo que deploramos la ceguera, voluntaria o no, con que la mayoría de sus magistrados han analizado los RRDD para concluir de forma general que semejantes panfletos se ajustan a derecho. Pero, insisto, el reconocimiento en sí de la objeción no es la finalidad central de nuestra batalla.

 

Sea como fuere, las sentencias del TS, aunque siempre son orientativas y de peso, no determinan las resoluciones de otros juzgados y tribunales, ya que nuestro sistema judicial no es jurisprudencial como el anglosajón, ese que vemos en las películas. Prueba de ello es que ya han sido emitidas varias resoluciones favorables a la objeción después del fallo del TS. Por otra parte, las sentencias del Supremo no agotan las posibilidades de defensa jurídica de los afectados, puesto que los padres pueden, y así lo van a hacer en breve, recurrir a instancias superiores como el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

 

El fin último de nuestra objeción a la EpC, como antes decía, es impedir que un gobierno adoctrine a nuestros hijos según su particular ideología en temas morales. Desde esta perspectiva, con objeción reconocida o no, las serias advertencias que el TS dirige al Gobierno desde sus sentencias, sobre la ilegalidad de adoctrinar moralmente a través de la escuela, y los caminos alternativos de defensa jurídica que recuerdan y alientan los magistrados, suponen un avance de incalculable valor hacia el logro de nuestro objetivo primordial, una clara victoria que los padres y las entidades y plataformas que trabajamos a su lado por una educación en libertad sin duda vamos a saber aprovechar al máximo.

 

El TS ha propinado una buena reprimenda al Gobierno reafirmado la ilegalidad de toda práctica adoctrinadora en temas morales objeto de controversia social por parte de cualquier administración, entidad, profesor o editorial, y ha alentado a los padres a que denuncien cuantos abusos detecten. ¡Y no sólo en las clases de EpC, sino en cualquier asignatura obligatoria! Esto nos exige a los padres una vigilancia que quizá antes no hemos ejercido con suficiente diligencia –lo cual es una importante lección a aprender– y nos señala una vía poco explorada, pero en extremo contundente y eficaz, para ejercer nuestro derecho a que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Con estas sentencias, cuyas primicias tan alegremente recibían y tan torticeramente interpretaban el Gobierno y sus correveidiles, el TS ha abierto una caja de truenos de potencia incalculable, una bomba de racimo que no tardará en explotar por doquier y que atiborrará sus salas de más recursos. Pese a los palos que el TS ha colocado a las ruedas de la objeción, los objetores hemos salido ganando mucho más de lo que esperábamos. Si alguien lo duda, que se lo pregunte dentro de poco a las administraciones, colegios y profesores que se van a ver sentados en los banquillos de los juzgados, o a las editoriales sectarias que van a tener que convertir sus tendenciosos libros de texto en pasta de papel.

 

 

ANEXO: Biblioteca de enlaces relacionados:

 

1) Invitación expresa a la participación de todos los objetores:

 

II Encuentro Nacional de objetores de conciencia a la EpC.

 

2) Noticias

 

El Supremo da la razón a los padres objetores.

El TS da la razón a los objetores a la EpC.

Cabrera pierde la locuacidad ante la sentencia de EpC.

VAEL: No está todo dicho sobre la objeción.

Seis nuevos fallos judiciales respaldan la objeción a EpC.

Varapalo del TS al adoctrinamiento del Gobierno a través de EpC.

PPE: El TS ha atendido al fondo de las demandas de los objetores.

La sentencia del TS podría impedir el adoctrinamiento escolar.

 

3) Reacciones

 

Movimiento objetor resalta que TS prohíbe que EpC adoctrine.

Objetores a EpC usarán las vías de actuación que recomienda el TS.

El IPF de Baleares celebra las sentencias del TS.

Los objetores recurrirán el fallo de EpC en un mes y medio.

Padres contrarios a EpC auguran un aluvión de demandas.

Acciones judiciales contra MEC por patrocinar material adoctrinador.

Objetores denunciarán textos de EpC con contenidos adoctrinadores.

Objetores de Baleares instan a su Gobierno a acatar sentencias TC.

 

4) Opinión

 

Diez razones para celebrar las primeras sentencias del TS.

El TS prohíbe adoctrinar con EpC, por Ignacio Arsuaga.

EpC: El Estado no puede adoctrinar, por Aníbal Cuevas.

EpC: La objeción no ha lugar frente a una ilegalidad.

¿Igual que matemáticas?, por Teresa García-Noblejas.

La maraña de la sentencia EpC, por Jose Antonio Méndez.

El CJTM considera incongruente la postura del TS respecto de EpC.

La mala conciencia, por Agapito Maestre.

 

5) Como siempre, el Gobierno valenciano del PP dando la nota:

 

Gobierno Valenciano no modifica postura respecto EpC y objeción.

 

No obstante, algo es algo:

 

El Consell exige al Gobierno la elaboración de nuevos contenidos.

 

Beneficios educativos de la objeción de conciencia a la EpC

 

  

 

El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y

 adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas.

(Cristina Trivulzio di Belgioioso) 

 

 

El ejercicio real de la objeción de conciencia -cuando digo “real” me refiero a que el alumno de hecho no entra en clase- ni ha sido, ni es, ni será, un caminito de rosas. No es fácil, ni para los padres, ni para los hijos. Los mayores temores de los padres objetores son las repercusiones negativas que el ejercicio de este derecho pueda tener sobre sus hijos. Los objetores tenemos claro que nuestra postura es justa y necesaria y que perseguimos algo bueno para su educación, pero también sabemos que no es fácil para un adolescente mantenerse en una posición tantas veces desalentada, ridiculizada o vapuleada por compañeros, profesores y directores y que, en mayor o menor medida, altera su trayectoria académica ordinaria (1).

 

Aunque por fortuna no es mi caso, desde VAEL y otras entidades pro-objeción conocemos los engaños, las presiones, el ostracismo, las burlas y el maltrato psicológico recibido por estos jóvenes en algunos centros, con diversos grados de intensidad y con honrosas excepciones. Pero, incluso estas onerosas situaciones, tan reprobables en quienes las provocan, no son siempre nocivas para nuestros hijos. Muy al contrario, el hecho de verse embarcados en esta arriesgada aventura en defensa de principios y derechos, conlleva excelentes aportaciones educativas, aunque su percepción y comprensión por los alumnos varía con la edad y madurez de cada uno. No obstante, los entiendan o no, los beneficios se producen.

 

Veamos algunos de estos beneficios educativos (2):

 

a)     Todo adolescente necesita poseer y perseguir ideales, metas justas e importantes que den contenido a sus pujantes inquietudes existenciales y sociales. Este potencial juvenil tiende a ser extinguido por el consumismo aplastante al que están sometidos y por el relativismo y falta de valores sólidos de la sociedad actual, al mismo tiempo que es manipulado por los poderes fácticos para utilizarlo en provecho propio. Los alumnos objetores encuentran poco a poco en esta batalla legítima una buena contribución para cubrir su impagable necesidad de compromiso con metas justas y valiosas.

 

b)     La objeción de conciencia a la EpC es tan sólo una de las muchas causas justas por las que vale la pena trabajar, de las que este mundo está repleto. A tal efecto, es un magnifico campo de entrenamiento para que los jovencitos, en el futuro, pongan su empeño en conseguir un mundo mejor y no sólo en sus pretensiones egoístas. Este combate prepara su ánimo, templa su carácter y les proporciona experiencia para ser ciudadanos conscientes y activos. Esto es lo que más temen ciertos poderes establecidos, que prefieren una juventud boba, desmovilizada y consumidora pasiva de sus productos e ideologías.

 

c)     Si el Ejecutivo hubiese desarrollado la recomendación (que no directiva) del Consejo de Europa como los demás países europeos, sin entrometerse en cuestiones morales que corresponden a los padres y sin aprovecharla para adoctrinar en una ideología concreta que el gobierno pretende oficializar, nadie nos hubiéramos opuesto. Pero ESTA EpC, hace de su objeción, no sólo un derecho, sino incluso un deber ciudadano. Se da la paradoja de que no hay mejor Educación para la Ciudadanía que la que proporciona el hecho de oponerse activamente a ESTA versión sectaria diseñada por el Gobierno.

 

d)     Es característico de los adolescentes encontrarse ante una doble exigencia interior, nada fácil de compaginar. Por una parte, sienten el impulso evolutivo de autodefinir una identidad propia y diferenciada. Por otra, necesitan de forma imperiosa la aceptación de su grupo de iguales. No es sencillo para un adolescente aprender a decir no y oponerse a las presiones socioafectivas de su grupo de coetáneos. Sin embargo, es preciso que aprendan a hacerlo, en bien de su maduración personal y, no pocas veces, de su integridad física y moral. El ejercicio de la objeción de conciencia es una magnífica oportunidad para cumplimentar y encauzar ambas exigencias juveniles al mismo tiempo.

 

e)     Para vivir de acuerdo con unos principios y valores profundos e importantes, hay que nadar con harta frecuencia a contracorriente. Es más fácil “pasar de todo” y dejarse llevar por las olas, sin espíritu crítico y sin ofrecer resistencia. No es eso lo que yo deseo para mis hijos. Ni tampoco es lo que los adolescentes  anhelan de verdad, por muy deslumbrados que estén ante el modelo de vida placentero y comodón que se les intenta vender. Necesitan ser personas valiosas, lo cual requiere adquirir temple para asumir sufridos combates. La objeción de conciencia es una escuela para avezarse y fortalecer el carácter, para aprender a vivir como personas íntegras y no como estúpidas marionetas.

 

f)       Otro aspecto de altísimo valor es que un adolescente vea que sus padres poseen y actúan consecuentemente con unas convicciones profundas, importantes y compartidas. Esto, aún en el caso de que el jovencito no comparta esos ideales, es algo que no tiene precio. Un adolescente siempre juzga con desdén a unos padres indolentes y sin principios firmes, sólo preocupados por su bienestar material, su estatus social y su nivel de vida. Lo reconozca o no en un primer momento, tener unos padres que actúan en coherencia con unas convicciones de hondo calado, es algo que le construye y educa profundamente y que acabará admirando tarde o temprano.

 

Para finalizar, no quiero dejarme lo más importante, que es el hecho de que con la objeción de conciencia intentamos frenar la intromisión del Estado en la formación ética y moral de nuestros hijos (3), al menos la que se introduce a través de las distintas asignaturas que componen la Educación para la Ciudadanía (4), ya que por otros ángulos nos cuelan otros goles iguales o peores, que también hemos de vigilar, detectar y detener. Todo esto, independientemente de que en tal o cual colegio estas asignaturas se den mejor o peor, con mejores o peores profesores o con mejores o peores libros, ya que nuestra objeción no va contra ellos, sino sólo contra determinados aspectos de la LOE y los Reales Decretos que la desarrollan, aquellos que vulneran nuestros derechos constitucionales como padres.

 

 

REFERENCIAS EN EL TEXTO

 

(1) Sólo me refiero aquí al hecho de que estos alumnos se encuentran con suspensos o calificaciones de “no presentado”, lo cual no es nada agradable, especialmente para los acostumbrados a sacar buenas notas. Respecto a la promoción de curso y la obtención de titulaciones, de acuerdo a la normativa vigente y pese a lo que diga la ignorante o malintencionada desinformación del Gobierno y de algunos medios,  colegios, directores y profesores, sólo está realmente comprometida la titulación de Bachiller, única que exige haber aprobado al final del ciclo todas las materias obligatorias (Sobre obtención del Título de Graduado en la ESO, ver el Art. 15 de la ORDEN ECI/2220/2007, en BOE 174 de 21-07-2007 y, en la Comunidad Valenciana, el Art. 7 de la ORDEN de 14-12-2007, en DOGV 5665 de 21-12-2007).

 

(2) Quede claro que este escrito no es un artículo científico basado en el estudio reglado de una muestra representativa, sino sólo una provisional reflexión personal extraída del repertorio de experiencias que conozco, incluida la mía propia. Mis conclusiones, por tanto, no son extrapolables a todos los casos en general. No obstante, esta limitación, modestia aparte, no las exime de cierta autoridad, dada mi triple condición de padre objetor, Pedagogo y miembro de la plataforma pro-objeción de conciencia a la EpC “Valencia Educa en Libertad” (VAEL), todo lo cual me proporciona una excelente y amplia atalaya de observación y unos criterios profesionales adecuados para interpretar aquello que he visto y oído.

 

(3) A la vista de la campaña de desinformación lanzada por el Gobierno, ciertos medios de comunicación y muchos colegios, tras hacerse pública la nota del Tribunal Supremo del pasado 28 de enero, en que se  anuncia un fallo en contra de la objeción en los cuatro casos que han sido vistos por los magistrados, creo necesario añadir aquí que, a falta de la redacción definitiva de las sentencias, dicho fallo sólo se refiere a las cuatro objeciones vistas por el TS, que pronto tendrá que resolver sobre otras 1800, de momento, y que en nada afecta a las restantes objeciones, las cuales siguen su curso legal, que llegará si fuese necesario hasta el Tribunal de Derechos Humanos de la UE en Estrasburgo y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Lejos de haber terminado, esta batalla por la libertad no ha hecho sino comenzar.

 

(4) En contra de la citada desinformación, he de recordar también que la EpC no es una asignatura de la ESO, sino un nuevo conjunto de cuatro asignaturas obligatorias creado por la LOE: “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” (Primaria y ESO), “Educación Ético-Cívica” (4º ESO) y “Filosofía y Ciudadanía” (1º Bachiller). Cualquiera puede consultar la LOE (Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo, de Educación) y los Reales Decretos que la desarrollan en la ESO (Real Decreto 1631/2006) y en Bachiller (Real Decreto 1467/2007), para comprobar que tampoco es cierta la afirmación de que no han variado los contenidos respecto a las antiguas materias de Ética de 4º ESO y de Filosofía de 1º Bachiller.

ZP en TVE o el arte de echar balones fuera

 

 

Por comenzar en positivo, he de decir que lo mejor del “Tengo una pregunta para usted” con Zapatero fueron los invitados que intervinieron, sus preguntas y sus réplicas. Y, más aún si cabe, sus expresiones no verbales, que no tuvieron precio y que el realizador no dudó en sacar en pantalla. Ignoro el grado de preparación escénica que pudiese haber detrás del programa, pero la impresión fue que realmente se trataba de una muestra significativa de ciudadanos, que sus preguntas fueron espontáneas y que casi ninguno de los que pudieron intervenir se quedó muy conforme con las respuestas evasivas de Zapatero, aunque todos terminaron con un “gracias Señor Presidente”, seguramente preceptivo.

 

Los asistentes a un evento así, como es lógico, habrían sido previamente aleccionados y comprometidos con unas normas, como mínimo de cortesía y respeto, pero el margen de libertad de expresión fue amplio, mucho más de lo que yo me esperaba. Digo esto porque los rostros, los gestos y las réplicas de la gente lo decían todo. Lo cierto es que, con o sin manipulación teatral, pusieron al Presidente contra las cuerdas durante casi todo el programa. También fue una demostración de pluralidad el debate posterior en “59 Segundos”, en la que participaron representantes de la prensa de todo tipo y tendencia. Así que, al menos por una vez, vaya por delante mi felicitación a Televisión Española.

 

Dicho esto, una crítica a esa cadena sí quiero hacer: el conductor del debate lo hizo fatal. No supo moderar los discursitos excesivos y tantas veces apartados de las preguntas que largó el Presidente. De vez en cuando emitía un “hum, hum”, que quizá fuese una seña pactada, pero que no evitó la verborrea del interrogado, ni siquiera cuando, a todas luces, estaba alargándose y desviando el tema a base de arengas prefabricadas. Con su “cortada” actitud frente a Zapatero, no sólo consintió que nos largara sus habituales rollazos políticos, sino que moderó mal el tiempo disponible, de forma que sólo una cuarta parte de los cien invitados pudieron preguntar. En alguna ocasión también salió al quite del Presidente en preguntas muy comprometidas, como la de la venta de armamentos.

 

Sin perjuicio de lo anterior, lo peor del debate fue el Sr. Zapatero. Hay que reconocer que tuvo el valor de exponerse ante un difícil bombardeo de preguntas, cosa que otros han rechazado. Quizá no se esperaba que en esta ocasión Televisión Española fuera a dar tanta cancha a los interrogadores. Y no lo digo por las preguntas, que quizá conocía de antemano o, como mínimo, tendría información para imaginárselas, sino por las actitudes de desacuerdo, desencanto y frustración que tan claramente manifestaron los participantes, en sus replicas y en sus gestos. Lo cierto es que el Presidente no estuvo a la altura y dejó un tufillo de insatisfacción evidente y visible en los asistentes. A la misma conclusión llegaron después casi todos los periodistas invitados.

 

¿Qué es lo que considero que hizo mal en el debate? Pues, menos el hecho de dar la cara y de exponerse a las preguntas ante toda España, sin siquiera la protección psicológica de un atril o unos papeles escritos, que no es poco, todo lo demás me pareció horroroso:

 

§ Está claro que el mensaje básico que quiere transmitir es la confianza. Bien, me parece necesario en estos momentos de grave crisis. Pero la confianza no se pide, sino que se da, se suscita en las personas mediante actitudes y hechos. La confianza se transmite con un lenguaje corporal que denote seguridad y, sobre todo, con soluciones concretas a las situaciones de temor de los ciudadanos. Con la carita de crispado acongojamiento que llevaba y con su flagrante falta de respuestas válidas, lo que consiguió es confirmarnos a todos los españoles en que nuestros peores temores están bien fundados.

 

§ No recuerdo que ninguno de los que preguntaron se sintiera bien respondido con las palabras del Presidente. Casi todos acabaron defraudados, con cara de resignación, de insatisfacción e incluso de indignación contenida, como si se hubieran sentido tratados como idiotas. Creo que lo mismo nos sucedió a los que lo escuchamos desde casa, exceptuando, sin duda, a sus adeptos incondicionales, esos y esas que le seguirían hasta el mismísimo infierno si su líder se lo pidiese. Los que pudieron preguntar le pusieron delante inquietudes muy reales y muy concretas, que representan a la perfección las de todos los españoles, al menos en las cuestiones económicas y laborales, y no supo, porque no pudo, ni puede, contestar en concreto a ninguna. En varios casos, las respuestas a algunos asistentes fueron casi insultantes, como las dadas a algunos parados y a pequeños empresarios arruinados.

 

§ ¿Reconocer errores? Apenas uno. ¿Reconocer engaños? Por supuesto que no. ¿Asumir responsabilidades de lo que sucede? Ni una. Y ahora, inspirado por su admirado Obama, la responsabilidad de lo que ocurra se la pasa al pueblo. Ese es el mensaje subliminal que dejó caer. Por supuesto que sin el esfuerzo colectivo de todos no salimos de ésta y claro que el Gobierno no va a poder levantar a España él sólo. Eso ya lo sabemos, especialmente con este Ejecutivo concreto. Pero no es esa llamada a la colaboración, que es justa y necesaria, lo que me preocupa, sino otro mensaje diferente y semioculto lanzado por un Presidente acogotado y consciente de que casi todo se le ha ido de las manos. Un intolerable mensaje que podría resumirse así: Si España entra en quiebra y todo se va al carajo, la culpa no la tendré yo, ni mi Gobierno, ni mi PSOE, sino los ciudadanos, porque no han arrimado el hombro por su país…

 

Jamás aceptaré ni la más mínima insinuación de esa calaña. La capacidad y la voluntad de iniciativa, de sacrificio, de imaginación, de esfuerzo, de trabajo y de lucha del pueblo español están fuera de toda duda y han sido demostradas repetidas veces a lo largo de nuestra historia. España no es lo que ha llegado a ser gracias a los que nos han gobernado, de eso estoy más que convencido, aunque unos lo hayan hecho mejor que otros. Zapatero dice creer en ese potencial que posee el pueblo español, pero al mismo tiempo lo niega, a base de aminorar su propia responsabilidad arengando a la gente a que confíe y se comprometa, como si no lo estuviese haciendo ya con todas sus fuerzas. Si España no se ha hundido ya, es gracias a que los españoles confían y siguen luchando.

 

Por supuesto que los ciudadanos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades en la reconstrucción económica de nuestro país. Quienes no lo saben, en todo caso, son los ricachones que han reventado su gallina de los huevos de oro y ahora malversan las inmerecidas ayudas estatales. Pero que no piense el Presidente que va a salirse de rositas depositando toda la carga sobre nuestros hombros. Es él quien ha sido elegido para gestionar nuestros intereses generales, que en este caso pasan por analizar certera y honestamente lo que ocurre y diseñar y poner en marcha las mejores soluciones. Para eso le pagamos por mandar, para que nos sirva y nos sirva bien, no para que escabulla el bulto con un discurso demagógico. Si España se hunde, no será porque los españoles la dejemos caer, sino por la incompetencia de su Gobierno.

 

28-01-2008: Añado algo importante. Me pareció degradante que no contestase a la pregunta del sacerdote sobre si creía que el no-nacido es un ser humano o no. Insistió descaradamente en contestar a otra cosa que no se le preguntaba. Si piensa que el nasciturus SÍ es un ser humano, una vida humana en desarrollo, ¿por que no lo dice? Porque desea contentar a los lobbies y comerciantes proabortistas ampliando el aborto, claro está. Pero, si piensa que el no-nacido NO es un ser humano, lo cual es condición sine qua non para que se le pueda matar impunemente, ¿por que no lo dijo? Pues porque no lo piensa, porque sabe que el aborto es segar una vida humana. Y pese a ello, está a favor de fomentarlo. Sobran más comentarios. 

 

06-03-2009: Añado esta foto, del post en el blog de Elentir abajo enlazado.

 

 

Enlaces sobre el tema, en relación con el aborto:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Partido Popular: ¿gavilán o gaviota?

 

(Publicado en el diario Las Provincias de Valencia, el 06-01-2009) 

Es cierto que casi todos los liberales que escribimos, sean profesionales como Víctor Gago, a quien reitero desde aquí mi afecto y apoyo, sean simples y humildes aficionados, como yo, hemos sido muy críticos con el PP y no sólo con los socialistas, como los peperos piensan que es “nuestra obligación”. Se olvidan de que los liberales somos eso, liberales, y que no nos casamos fácilmente con nadie. Nos casamos con quien nos quiere y con quien queremos. Y nos desapegamos de quien pensamos que se lo merece. Tenemos la rara costumbre de ser y hablar en libertad.

Pero las señorías y señoríos del PP no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, de cuáles son nuestros motivos. Quizá hable por casi todos, o muchos, si afirmo que nuestras diatribas contra los populares parten de un afecto no correspondido y de una esperanza defraudada. El PP, sin haber sido nunca perfecto, era o pudo ser “nuestro partido”, el portador de los ideales y principios liberales, conservadores y, por qué no decirlo, cristianos. Somos muchos millones de españoles los que les hemos apoyado durante décadas pensando que ellos defenderían nuestros valores.

No ha sido así, ahora menos que nunca. Nos han dejado huérfanos de un partido mayoritario que nos represente. Han traicionado nuestras esperanzas y nuestra confianza, por eso estamos tan cabreados. Les criticamos porque les queremos, o porque queremos quererles, porque les necesitamos. Nos metemos con ellos para tratar de hacerles reaccionar, para corregirles, para tratar de que retornen a la coherencia con su proyecto liberal fundacional, para intentar que ocupen ese espacio político absolutamente indispensable que están abandonando a la carrera.

Aunque ellos jamás lo reconocerán, no somos sus enemigos, sino sus mejores amigos. Sólo te aprecia de verdad quien te amonesta. Nuestro empeño es que se aperciban de sus errores, que se den cuenta de que corren a tumba abierta hacia su descalabro, que se enteren de que se están haciendo cada vez más prescindibles, que recuerden quiénes somos sus votantes y que vamos a dejar de serlo si continúan olvidándonos, que abandonen la política de mercado y vuelvan a la política de principios, que pierdan sus complejos y que sean quienes nos dijeron que iban a ser.

Pero no reaccionan. No quieren hacerlo. Se han pasado con armas y bagajes al mercadeo electoral y al nefasto criterio de lo políticamente correcto. Dan por seguro el voto conservador, liberal y cristiano y van a la caza del voto de la izquierda descontenta. Se equivocan en ambas cosas. Ni los votantes de derecha y centro derecha somos estúpidos y eternos cautivos del voto útil contra el PSOE, ni la gente de izquierdas se fía un pelo de tan sospechoso cambio de chaqueta. Se van a quedar sin los unos y sin los otros, es decir, sin nada más que sus militantes y no todos.

Han centrado sus esperanzas de poder en su supuesta mejor capacidad para superar la crisis económica que nos embarga, dejando entrever el pobre concepto que tienen del pueblo español y su desconocimiento de la astucia del PSOE. Creen que a los ciudadanos sólo nos interesa el bienestar material, lo cual no sólo es falso, sino también insultante. Y ahora que Zapatero y Solbes se han puesto a adoptar medidas al más descarado estilo capitalista, Rajoy se ha quedado pasmado y sin saber qué decir. Su discurso oscila entre el “nos han robado las ideas” y la defensa de las mismas tesis socialistas que el PSOE ha dejado aparcadas.

En fin, más mal que bien, a juzgar por el caso que nos han hecho, hemos intentado ayudarles a ellos y ayudarnos a nosotros con nuestras críticas, a veces corteses y otras veces menos, que no han querido escuchar de ninguna forma, encerrados en su necio orgullo y en su desesperada y desacertada partida de caza de papeletas electorales. Se han dedicado a ignorar los mensajes y a matar a los mensajeros. La gaviota se ha convertido en gavilán. Quizá la culpa sea nuestra en parte, por no haber sabido convencerles de nada, ni por las buenas ni por las malas. Espero que las urnas hablen mejor que nosotros.

 

Algo más que felicitaciones y buenos deseos

 

 

No, no es que no vaya a felicitarles y desearles a todos lo mejor para el recién estrenado nuevo año. Por supuesto, que sí, de todo corazón. Pero, en este primer artículo de 2009, quiero ir un poco más lejos. Hay diversas costumbres que no me agradan mucho en relación con las nocheviejas y los cambios de año. Algunas de ellas, sin duda, son simples manías de un servidor. Pido disculpas de entrada a quienes sí les gusten. Pero hay otras que me parecen de mayor calado. Así que, con un ligero combinado, removido pero no agitado, de reflexión, ironía y buen humor, se las cuento.

 

Comienzo por lo más tonto, con la esperanza de ir subiendo de categoría a medida que escribo. Lo primero que me revienta es que en las noches de fin de año haya que divertirse por obligación. No sé a ustedes, pero a mí convertir lo lúdico en preceptivo jamás me ha dado resultado. Cuanto más prevista, provista, organizada y deseada es la alegría, más se escapa, la muy desgraciada. Por el contrario, cuando logras vivir cualquier pequeño momento cotidiano e imprevisto con la capacidad de sorpresa bien despierta, te encuentras con muchos momentos festivos.

 

Para colmo, la parafernalia hortera, freaky dicen ahora, de forzoso uso en los “cotillones” de nochevieja: Gorritos y antifaces de cartón, con esa gomita que dura unos cinco segundos sin soltarse; “matasuegras” que, en vez de cargarse a las madres políticas como es su obligación, sólo sirven para que te toquen las narices, las también inevitables narices de plástico con gafas y bigote a lo Groucho; trompetitas rompetímpanos que los niños no dejan de soplar hasta dejarlas afónicas; collares y pelucas de espumillón, detalles “fashion” donde los haya; serpentinas y confeti que aterrizan en el pelo, en el cava y hasta dentro de los calzoncillos…

 

En fin, una noche con licencia para hacer el ridículo a sabiendas, algo que quizá nos venga bien a todos, porque sin darnos cuenta ya lo hacemos todo el año. Sea como fuere, estas pueriles patochadas no son lo peor de la velada. Otro aspecto absurdo de las nocheviejas son los estúpidos y supersticiosos rituales de la buena suerte, cada vez más abundantes. El más arraigado y arriesgado: El empeño en atragantarse con las doce uvas de rigor, engullidas al imposible ritmo de las campanadas de la madrileña Puerta del Sol, con el inestimable asesoramiento de Ramón García con su capa de gala y Ana Obregón con sus grandes…, ejem, consejos.

 

A las uvas de la suerte se han ido sumando nuevas chorradas, inventadas por la marabunta de adivinos y brujas que nos ha traído la posmodernidad: Que si ponerse algo rojo (bueno, si es la ropa interior femenina, es posible que alguien tenga un poco de suerte esa noche), que si meter algo de oro en la copa de cava, que si dar una vuelta a la manzana con una maleta, que si abrir las ventanas para que se vayan los malos augurios, que si arrojar zapatos al aire para ver si caen boca arriba o boca abajo como las monteras de los toreros, que si comer lentejas junto con el marisquito…

 

No crean que sólo son inocentes paridas. Déjenme que profundice un momentito en el asunto. El ser humano, desde adquirió conciencia de sí mismo, de la certeza de la muerte y de la existencia de fuerzas que le superan y que ponen en juego su vida y su bienestar, ha tratado de manipular dichas fuerzas. La superchería fue el primer paso, superado luego por la religión y por el uso de la razón. Resulta triste y curioso que en la posmodernidad, después de que el cristianismo y la ciencia habían superado ya las supersticiones, tanta gente haya vuelto atrás, dejando un sustancioso mercado abierto a todo tipo de engañabobos.

 

Es lastimoso ver a tantas personas, en pleno siglo XXI, consultando horóscopos, astrólogos, adivinos, pitonisas, magos, brujas y curanderos. Pero, sigamos adelante. Sin perjuicio de lo anterior, hay otra costumbre de fin de año que todavía me preocupa más. Se trata de un bonito y amable gesto, pero que encierra en el fondo una concepción errónea e improductiva de la vida. Me refiero a los saludos deseando suerte, felicidad y toda clase de bienes para el año nuevo. Se hacen con buena intención, pero en nada colaboran para que el año nuevo sea mejor en realidad.

 

El año que estrenamos sólo será mejor si trabajamos por hacerlo mejor. Que nadie espere venturosos milagritos mágicos. Un mundo mejor, más justo, solidario y pacífico, lo mismo que una vida personal más humana, útil, realizada y feliz, no dependen de la suerte, ni de los buenos deseos. Todas estas cosas hay que construirlas activamente, cada uno y entre todos. Cada año nuevo es siempre una oportunidad, no sólo para formular magníficos deseos y proyectos, sino mucho mejor para hacer examen de conciencia y rearmarse moralmente para volver al tajo con firmeza.

 

Por eso, permítanme que, junto a mis mejores deseos de felicidad y buenaventura, les auspicie a todos y a mí mismo, un año nuevo repleto de nuevas acciones, tareas, retos y aguerridos combates. No imagino otra forma mejor de desearles a todos un feliz año 2009. Sabedor de nuestra pobreza y limitaciones, quiero terminar elevando  un ruego a Dios, a aquel que obra en nosotros el querer y el obrar, a aquel que nos creó sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros. Que él nos dé a todos la ilusión y las fuerzas renovadas que necesitamos para edificar un feliz año nuevo.

 

 

Los nuevos santos inocentes

 

(Publicado en Las Provincias el 26-12-08)

 

El próximo domingo 28 de diciembre, día en el cual este año coinciden dos importantes celebraciones cristianas, los Santos Inocentes y la Sagrada Familia, el Cardenal Rouco nos invita a todos los católicos a acudir a Madrid en familia para celebrar juntos una gran Eucaristía en la Plaza de Colón. Una vez más somos convocados a festejar y hacer presente nuestra fe y el verdadero y genuino rostro de la familia ante toda la sociedad. El día escogido no puede ser más oportuno.

 

Los Santos Inocentes y la Sagrada Familia son dos realidades que una vez acontecieron tristemente unidas y que hoy más que nunca vuelven a coincidir en la Historia, en nuestro momento actual. Hace algo más de dos milenios, el afán de poder sin entrañas del rey idumeo de Judea, títere del Imperio Romano, el taimado y cruel Herodes “el Grande”, le llevó a dar una de las más terribles órdenes jamás dictadas por gobernante alguno: Eliminar a Jesús matando a todos los niños menores de dos años.

 

De la misma forma que Moisés, el paradigmático profeta que condujo al pueblo de Israel a la libertad, nació en medio de una matanza de niños ordenada por el endiosado faraón de Egipto, la natividad de Jesús, el nuevo y definitivo Moisés enviado a liberar a toda la Humanidad, ocurrió terriblemente envuelta en una masacre de pequeños seres humanos inocentes. Jesús se salvó porque Dios le dio a San José el juicio y el arrojo suficiente como para llevarse al niño lejos de aquel monstruo.

 

En estas navidades se repite tan triste coincidencia. Nos vemos obligados a celebrar el nacimiento de Jesús en medio de una espantosa masacre de niños. Una matanza con proporciones genocidas de centenares de miles de seres humanos en su estado más indefenso y más inocente, asesinados a sangre fría en el propio seno de sus madres. Y el nuevo Herodes de la Moncloa, todavía no contento con ello, está preparando una ley que permita ampliar más aún si cabe tan atroz holocausto infanticida.

 

No matarás, ordena el quinto mandamiento, la quinta palabra de vida dada por Dios a la Humanidad, explicitando una de las más graves exigencias de la ley natural impresa en todos los seres humanos. Quitar una vida, gestante o nacida, siempre es objetivamente malo, sin excepciones. Pero la maldad del homicidio es más grave cuanto más indefensa e inocente es la víctima y cuanto más intencionado, premeditado e interesado es el crimen. El homicidio pasa a ser asesinato. Eso es el aborto.

 

He aquí a los nuevos santos inocentes, víctimas del aborto, envenenados, ahogados, troceados, triturados y arrojados a la basura, con el beneplácito de gobernantes y legisladores, bajo la sonrisita del Herodes de turno y de su corte de mercaderes de la muerte. Hoy más que nunca, la familia cristiana, la familia natural diseñada por Dios, debe hacerse visible en toda su belleza y oponerse sin complejos al crimen del aborto, siendo imagen viva de la maravilla y la dignidad inviolable de la vida humana.

 

Es desafortunadamente curioso que la tradición, no la cristiana, sino la popular, haya convertido el día de los Santos Inocentes en una jornada para las bromas pesadas y las risas a costa de los más ingenuos. Ni la antigua matanza herodiana de niños, ni el holocausto abortista actual me parecen asuntos para tomárselos a cachondeo. El aborto es la más terrible lacra de la Historia de la Humanidad y sus ciegos e interesados defensores todavía quieren más. Es algo tan horroroso que cuesta creerlo.

 

Aquel niño nacido en Belén y hecho adulto en el seno de su familia, aun siendo el inocente por excelencia, fue injustamente juzgado, torturado y ejecutado, mostrándonos en su cruz la íntima naturaleza de Dios: el amor ilimitado e incondicional a todos los hombres. Antes de exhalar su espíritu, rogó: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Ciertamente, los abortistas no saben lo que hacen pero, cuidado: Dios perdona siempre y los hombres a veces, pero la Naturaleza no perdona jamás.

 

La Naturaleza es implacable y, para autorregularse, no repara en medios. De la misma forma que un día pagaremos muy cara la agresión ecologica a la que estamos sometiendo a nuestro planeta, mucho peor será la factura que la cultura de la muerte pasará a la Humanidad. Por eso, quisiera hacer en esta Navidad un gran canto a la vida, un anuncio de esperanza para todos y un ruego para que los abortistas abran sus ojos, miren en su interior y reconozcan el valor de la vida humana desde su concepción.

 

Este domingo 28 de diciembre puede ser un momento excepcional para elevar nuestra mirada y nuestra plegaria a la Sagrada Familia de Nazaret, imagen del Dios Trinidad, del Dios comunidad, del Dios familia, para asemejarnos a ella y acogernos a su ayuda, para ser en medio de esta generación iconos de la familia diseñada por Dios y para saber convencer a la sociedad y a quienes la lideran de que abandonen la matanza de estos nuevos santos inocentes. Unidos a Cristo no hay nada imposible.

 

 

 

(Edito y añado el día 29: Para que vean cómo está el patio de las libertades civiles en España, les pongo el enlace a un post de Nacho Arsuaga sobre las agresiones policiales sufridas por algunas personas que se reunieron pacíficamente el día 28 ante la clinica abortista Dator para testimoniar su defensa de la vida. Miren las fotos enlazadas y juzguen por ustedes mismos)

 

De la democracia representativa a la democracia participativa

 

He tenido el honor y la suerte de asistir en mi patria chica, Valencia, a una charla de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazteoir, incluida por el Colegio Guadalaviar en una entrañable y bien organizada entrega anual de sus Premios Familia, seguida luego de una cena de buena fraternidad y diálogo con Nacho en “petit comité”, en compañía de varios “blogueros” de HO y otros amigos. Aunque bien lo merecería, no voy a hacer aquí un panegírico de las virtudes de Nacho ni de su valerosa conferencia. No es éste mi objetivo, ni creo que a él le fuera a agradar demasiado, ya que es una persona que, pese al creciente éxito de su plataforma y de sus esfuerzos por fomentar las redes sociales de participación, es demasiado inteligente y digno como para perder su envidiable sencillez.

 

De su intervención y de la posterior conversación, entre cucharadas de un sabroso arrocito a banda y sorbitos de un afrutado tinto de la tierra, quiero destacar y comentar una idea, que creo no equivocarme al afirmar que es el centro neurálgico de su pensamiento-acción y cuyo acierto y oportunidad comparto. No voy a hacer un reportaje de su conferencia, sino una reflexión muy personal. La idea se resume en el título de esta entrada. Parto del supuesto, que considero poco cuestionable, de que en España la democracia todavía no está plenamente desarrollada, aunque quiero pensar que estamos en ello y que iremos avanzando, como lo han hecho muchos otros países.

 

Somos todavía una joven democracia que aún no se ha despojado del lastre psicológico del  pasado y todavía conserva bastantes vicios ocultos y complejos sin superar. A muchos españoles les cuesta tomar conciencia de lo que significa la ciudadanía democrática y actuar en consecuencia. Piensan que ya es bastante democracia el poder votar a quienes desean que les gobiernen. Acuden a las urnas y pagan sus impuestos, dando con ello por satisfechos sus derechos y deberes democráticos. Una vez elegidos sus representantes, éstos ya se encargarán de todo. Hasta aquí llega para ellos el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que constituye, en palabras de Abraham Lincoln que hago mías, la esencia de la democracia. Ignoran o quieren ignorar mayores complicaciones.

 

Diríase que para muchos es casi imposible quitarse de encima el espíritu de súbditos para pasar al de ciudadanos. Aquí, el que manda, manda, por mucho que sea elegido por mayoría. Con los votos se le entrega a un tipo una carta blanca para hacer y deshacer lo que bien le parezca, aunque, desde su legítima pero excesiva autonomía de poder, ignore sus propios programas electorales y las inquietudes y demandas reales de la sociedad. Nos cuesta ver a los gobernantes como empleados públicos a nuestro servicio, a los que elegimos y pagamos para gestionar nuestros intereses comunes, no los suyos propios. Parece como si, paradójicamente, en nuestra pueril democracia, fuésemos a las urnas para escoger democráticamente a quienes queremos que sean nuestros dictadores.

 

La democracia representativa es necesaria, porque la democracia directa es una quimera en una nación con decenas de millones de habitantes. Eso sólo es posible en pequeños municipios o pedanías que funcionan en régimen de concejo abierto. Pero no sólo es factible, sino necesario y urgente, que la sociedad española vaya evolucionando hacia una democracia cada vez más participativa. No basta votar y dejar hacer. Un pueblo que desee vivir en democracia tiene el derecho y el deber de hacerse presente de forma activa en la gestión de los diversos intereses que se conjugan en todos los terrenos de la vida pública. La pasividad en estos asuntos conduce a autocracias de hecho. Pocos políticos, aunque lo digan, miran con aprecio y promueven esta movilización social.

 

Tenemos una democracia todavía muy poco democrática. La estructura de la mayor parte de los partidos políticos es demasiado monolítica, piramidal y autocrática, cuando no feudal, ya que no celebran elecciones primarias para elegir a sus líderes. Para una vez que el PSOE las convocó, el candidato elegido por las bases, José Borrell, fue apartado de un plumazo y sustituido por Zapatero. Los candidatos acaban siendo productos de marketing muy alejados de la ciudadanía real. Ni nuestros congresistas, ni nuestros senadores, representan hoy por hoy, la soberanía popular directa de la gente de sus demarcaciones territoriales, como sucede en otros países. Menos participación tenemos todavía respecto a los jueces y fiscales, en cuya elección no intervenimos para nada.

 

Siendo importante todo lo anterior, aún lo es más la participación ciudadana directa a través de mecanismos de base. Es cierto que muchos avances enumerados en el párrafo anterior exigirían modificar diversas leyes e incluso la Constitución. Si alguna vez se abre un proceso constituyente para modificar nuestra Carta Magna, debería ser para mejorar estos asuntos esenciales para avanzar en la democracia y no para legitimar pretensiones ideológicas y políticas radicales y/o sectarias de ciertos lobbies. Pero no es necesario esperar a que se establezca ningún nuevo marco jurídico para que los ciudadanos tomemos conciencia de serlo y nos involucremos en la dinámica social. Basta abandonar la mortal comodidad de dejarse llevar y ponerse manos a la obra.

 

Hemos de aprender a percibirnos a nosotros mismos, no como objetos pasivos de la actividad política, sino como sujetos activos de la misma. Cierto que hemos de escoger cuidadosamente a nuestros representantes y gobernantes, fijándonos en quiénes son y qué hacen, no en lo que parecen o lo que dicen, pero no podemos esperar de ninguno de ellos que nos vayan a solucionar todo, todo y todo. No creo en el “Estado del Bienestar”, ese “Estado Padre” que monopoliza las soluciones a las cuestiones sociales. Creo más bien en una “Sociedad del Bienestar”, en la que la persona es la protagonista, debiendo asumir el Estado la promoción y coordinación subsidiaria de la iniciativa social. No está hecho el Hombre para el Estado, sino el Estado para el Hombre.

 

Lo que quiero decir, en suma, es que no creo en la capacidad de las superestructuras de poder, por mucho que cambien, para conseguir un verdadero avance social ni un progreso genuinamente humano. Eso sólo pueden hacerlo las personas, los ciudadanos libres, conscientes y activos, mediante una sabia elección de sus gestores políticos y a través de la participación responsable y directa, a través de asociaciones, plataformas, comunidades y redes sociales, en la generación de su propio bienestar social y en la defensa de sus intereses, necesidades y aspiraciones. Ojalá las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía se hubiesen diseñado para formar este tipo de ciudadanos libres, comprometidos y activos, y no para el mero adoctrinamiento sectario socialista.

Santa Constitución, virgen y mártir

 

 

No iba a escribir nada sobre el tema, para no cansar a los lectores, ya atiborrados estos días con noticias y artículos sobre la celebración del XXX aniversario de nuestra Constitución pero, vistos los “preparativos mediáticos” con que las fuerzas políticas están abonando el terreno para la fiesta, no puedo callarme. Está claro que este evento  quieren aprovecharlo muchos políticos para abrir o intensificar un debate que podemos resumir en la siguiente pregunta: ¿Todavía sirve nuestra Constitución de 1978 ó, por el contrario, hay que modificarla, ampliarla y/o cambiarla? Desde diversos medios de comunicación, sobre todo los más afines al PSOE, se está transmitiendo a la opinión pública la idea de que lo más lógico es lo segundo. Para muchos, el trigésimo cumpleaños del texto constitucional quiere ser una liturgia solemne de su pasión y muerte.

 

Sin embargo, a mí el texto me gusta como está. O casi. Diciendo esto no quiero afirmar que esta Constitución, ni ninguna otra, sea una Biblia repleta de dogmas intocables. Sin duda, podría mejorarse, como todo texto pactado y redactado por seres humanos. Pero mucho me temo que las voces que se alzan por doquier reclamando cambios y reformas, no solicitan modificaciones que vayan a mejorarla. Hace unos días, Rodríguez Ibarra decía en ese programa televisivo en que los micrófonos suben y bajan, que en los primeros momentos de la transición, cuando se redactó y refrendó la Constitución, las diversas fuerzas políticas, en realidad, no renunciaron a nada, sino que se limitaron a guardar temporalmente en un cajón sus posiciones más extremas. Creo que así fue.

 

Todos los “padres” de la Constitución, fuesen republicanos, monárquicos, derechistas, izquierdistas o nacionalistas, conocedores del delicado momento en que se encontraban, con una democracia recién nacida y sin consolidar, con riesgo de involución si se iba muy lejos demasiado rápido, optaron por “conformarse” con una Constitución que, si bien no respondía a todas sus aspiraciones, iniciaba un camino que, con el tiempo, les permitiría algún día, con la evolución del nuevo régimen democrático, desenterrar sus hachas de guerra y “sacar del cajón” todo aquello que, por interesada prudencia, habían guardado. Esta táctica a largo plazo nos introdujo a casi todos en el espejismo de ese buen espíritu de entendimiento y olvido del pasado que se llamó “espíritu de la transición”.

 

En aquellos momentos, sólo un gran partido de centro, como la UCD de Adolfo Suárez, era capaz de sostener tan precario equilibrio entre extremos. Pero, conforme la democracia fue adquiriendo solidez y el fracaso del 23-F de 1981 aminoró los miedos a una involución, las fuerzas políticas de derecha e izquierda fueron poco a poco sacando sus hibernados proyectos y la vida política volvió a polarizarse en torno a las vetustas izquierdas y derechas, todavía con tímidas ubicaciones de “centro-izquierda” y “centro-derecha”. UCD y su pálido sucesor CDS, desaparecieron del mapa, mientras el PSOE y AP (hoy PP) resucitaron el antiguo bipartidismo de las dos Españas que, acompañado en su camino por otros partidos más pequeños, nacionales o nacionalistas, haciendo de interesadas bisagras, ha llegado hasta nuestros días.

 

Muchos fuimos los jóvenes entusiastas de aquel esperado cambio, cuyas emblemáticas canciones “Libertad, libertad, sin ira libertad” y “Habla, pueblo habla”, tarareábamos. Fuimos tan bienintencionados como inocentes al pensar que las rencillas del pasado, los odios fratricidas y los extremismos radicales habían desaparecido para siempre en un gran proyecto en el que todos renunciamos un poco en pro de un bien mayor, nada menos que la convivencia en paz y libertad. Ignorábamos que aquellas encomiables renuncias y perdones mutuos no eran sino actitudes provisionales, parte de una estrategia política, y que muchos de aquellos partidos trazaron inmediatamente planes a largo plazo para volver a las andadas de forma progresiva, pero implacable.

 

En estos treinta años, el socialismo real marxista, que fue provisionalmente sustituido por la “socialdemocracia”, ha ido desarrollando sus verdaderos proyectos, de la mano del PSOE, hasta el punto de dejar fuera de juego a la extrema izquierda protagonizada inicialmente por el PCE (hoy integrado en IU), camuflado entonces tras el extraño invento del “eurocomunismo”. Muchos partidos nacionalistas, que nunca se conformaron del todo con la vertebración autonómica diseñada en la Constitución, han ido aprovechando su presencia en un Parlamento bipartidista con quasi-eterna necesidad de apoyos, para exigir y conseguir poco a poco sus auténticas reivindicaciones, hasta llegar al abierto secesionismo actual. El único que ha ido renunciando, entre complejos, vaivenes y escaramuzas internas, a muchos de sus principios y valores originales, ha sido el PP.

 

El progresivo destape de los proyectos marxistas, laicistas, republicanos y separatistas, es el que está convirtiendo a la pobre Constitución de 1978 en papel mojado. Apenas  le queda alguno de sus preciosos artículos que no haya sido cuestionado, retorcido o abiertamente vulnerado por la puerta trasera. Por ahora, ningún gobierno se ha atrevido a abrir un proceso constituyente, que es la forma legal establecida para modificar la Carta Magna, que exige la disolución de las Cortes, la convocatoria de elecciones constituyentes, la formación de un Parlamento “ad hoc”, el refrendo del posible nuevo texto en referéndum universal, una nueva disolución de las Cortes, otras elecciones generales y la constitución de nuevo gobierno según los resultados de las urnas.

 

Arriesgada faena para unos partidos políticos tan igualados en apoyo electoral. Por eso, hasta ahora, han preferido convertir a la Constitución Española en “virgen y mártir”. Virgen, porque muchos de los principios y derechos en ella recogidos jamás se han aplicado y permanecen “sin tocar”. Mártir, a base de todo tipo de torturas: el descoyuntado de varios artículos a base de forzar su interpretación, la desmembración haciendo caso omiso de otros y la lapidación a golpes de BOE. Nadie, ni siquiera un Parlamento democráticamente constituido y menos todavía un gobierno, por muchos votos que tenga, está legitimado para vulnerar a su antojo ni un ápice del texto constitucional, norma de todas las normas. Sin embargo, muchas leyes hoy vigentes son abiertamente inconstitucionales y casi nadie parece mover un dedo al respecto.

 

Creo que nuestra Constitución está bien como está. Mis razones son muchas, pero sólo citaré aquí la que me parece más preciosa y fundamental: Su equilibrio. Monarquía, sí,  pero parlamentaria; Integridad territorial, sí, pero vertebrada en autonomías; Principios comunes, sí, pero pluralidad y respeto a las diferencias… Y lo mismo con todas las realidades que conforman la nación española, conjugando tradición y modernidad, unidad y diversidad, libertad e igualdad. Nuestra Constitución de 1978 puede ser mejorada, seguramente, pero es una magnífica y ejemplar Carta Magna para cualquier país que quiera vivir en paz y en libertad, sin extremismos fanáticos y sin radicalismos destructivos. Si la Constitución va a ser despojada de su capacidad para compaginar los intereses y aspiraciones de todos, es mejor que el día seis no celebremos nada.

 

 

Enlaces a otros artículos relacionados que recomiendo:

 

¿Puede una virgen ser abuela?, por Alejandro Campoy

30 años incumpliendo la Constitución: ¡¡¡Felicidades!!!, por Miguel Vidal

¡Viva la Constitución!, por Jose Domingo

 

 

 

 

 

La EpC, muerte política para el Partido Popular

 

 

Por desgracia, todavía muy poca gente es consciente de lo que está en juego con la imposición de las asignaturas que conforman la EpC. Ya se ha hablado en estos y otros foros –yo mismo lo he hecho– del atentado que supone contra la libertad ideológica y religiosa y contra el derecho de los padres a decidir sobre la línea educativa que desean para sus hijos. Hemos repetido hasta la saciedad que supone una intromisión anticonstitucional en las conciencias de los estudiantes y un adoctrinamiento descarado en la línea ético-moral concreta y sectaria del socialismo real y laicista, que no laico ni aconfesional, del PSOE. También hemos advertido de que, con esta y otras prácticas políticas, están conduciendo a España a un modernizado totalitarismo de Estado, cada vez menos disimulado.

 

Por otra parte, muchos hemos lanzado voces de alarma y de queja a los partidos de la oposición, especialmente al más grande (por ahora), que es el Partido Popular. Les hemos pedido, casi rogado, que se dejen de discursitos y que actúen con decisión y eficacia ante este gravísimo atropello, que se dejen de complejos y que se comporten como un partido con principios definidos y con responsabilidad democrática, tanto a escala nacional, como a nivel de las autonomías en las que gobiernan. Llevamos muchos meses clamando para que, ya que no se apercibieron al principio de la importancia del asunto, craso error recientemente reconocido por Esperanza Aguirre, y ya que no presentaron a tiempo una mocion de inconstitucionalidad, al menos reconozcan de modo efectivo la objeción de conciencia en las Comunidades que gobiernan.

 

Ante toda esta presión y pese a que los Juzgados y Tribunales Superiores de Justicia se decantan mayoritariamente a nuestro favor, sólo hemos recibido palabras, discursos y declaraciones. Pero muy pocos hechos, aislados y descoordinados, muchas veces mediocres y, en algún caso, más entorpecedores que otra cosa. Están convencidos y seguros de que “los cuatro votos” que puedan perder por su escora ideológica y su abandono de los objetores de conciencia los van a recobrar con creces entre los descontentos del PSOE. Creen que las baronías de sus taifas están aseguradas para siempre con el voto útil conservador contra el PSOE que ellos concentran. Creen que la incompetencia del PSOE frente a la crisis económica les va a servir en bandeja la alternancia de poder.

 

El PP se equivoca. Dejo aparte, un momento, su responsabilidad ético-social y su errada táctica de caza de votos, para apelar a sus propios intereses de partido. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que el PSOE, con su EpC, va a conseguir perpetuarse indefinidamente en el poder, implantando el chip prosocialista en todos los jóvenes cerebros españoles? ¿No sabe que, en la mayor parte de los libros y clases de EpC, el PP está siendo vapuleado ante las conciencias de todos los estudiantes españoles y presentado ante las nuevas generaciones como una reliquia, como algo que representa el pasado totalitario, como un residuo del franquismo que hay que eliminar? ¿Ignora que el PSOE, sus líderes y sus máximas ideológicas, están siendo presentados a millones de niños y jóvenes españoles como la única opción positiva posible de futuro?

 

¿Acaso desconocen que ejércitos de profesores de EpC están siendo formados por sus mayores enemigos, cuya máxima diversión consiste en ridiculizar y demonizar al PP y a todos sus líderes y partidarios? ¿No se aperciben de que la EpC está creando toda una generación de nuevos ciudadanos enemigos del PP y entregados al PSOE y a sus postulados ideológicos? ¿Cómo no se dan cuenta de que el rodillo que los socialistas están pasando por las escuelas e institutos va a dejar al PP fuera de juego quizá para siempre? Vista la inactividad, la debilidad, la mediocridad, la descoordinación y los complejos con los que los populares se están dejando colar semejante golazo, me temo que las respuestas a mis preguntas son negativas. La Educación para la Ciudadanía es el cadalso que el PSOE les ha preparado y ellos, por lo visto, ni se enteran.

 

Por eso, señores y señoras dirigentes del Partido Popular, si no quieren luchar con todas sus energías contra la EpC, si no quieren pelear en cuantos tribunales haga falta por la continuidad de nuestras libertades fundamentales constitucionales, si están dispuestos a vender su alma al diablo y no plantar cara a la imposición del socialismo real laicista, si sus intereses de poder regional les impiden adoptar acciones coherentes, unificadas y coordinadas, si les importa un carajo perder los votos de unas decenas de miles de objetores de conciencia a los que apenas ofrecen más que buenas palabras y palmaditas en la espalda, al menos sean despabilados y pónganse las pilas urgentemente en defensa de la existencia y persistencia futura de su propio partido.

 

¡Ahora o nunca, líderes del PP, AHORA o NUNCA! Ya han dejado pasar demasiado tiempo y muchas oportunidades. Ya han soltado bastantes discursos y realizado bastantes maniobras de despiste. No hay tiempo para más de lo mismo. Déjense de componendas y adopten de inmediato medidas concretas para apoyar la objeción de conciencia y para borrar del mapa educativo ese panfleto propagandístico que el PSOE ha impuesto en las escuelas. Reconozcan unánimemente la objeción de conciencia allá donde gobiernan y utilicen todos sus medios legales para afrontar los inevitables recursos que los socialistas y sus adláteres sindicalistas e ideológicos alzarán ante los tribunales. Ayúdennos a defender nuestros derechos, con todas sus fuerzas legítimas, y pronto descubrirán que, al mismo tiempo, estarán defendiendo sus propios intereses de partido.

 

 

 

“La Ola” o cómo volver al totalitarismo

 

 

He tenido la suerte de poder asistir al preestreno de La Ola, película alemana que, ya de entrada y sin dudarlo, recomiendo a todos que la vean, mejor si tienen madurez suficiente para no malinterpretarla, quizá a partir de unos 14 años de edad. Dirigida por Dennis Gansel, comprometido cineasta alemán, conocido por su también imprescindible Napola (2004), con guión del mismo Gansel y Peter Thorwarth, extraído de la novela homónima de Todd Strasser (1981), se basa en hechos reales acontecidos en 1967 en un Instituto de Palo Alto (California). Al parecer, un profesor de Historia, Ron Jones, para responder a sus alumnos a la pregunta de cómo pudo ser posible la pasividad del pueblo alemán ante las atrocidades del nazismo, llevó a cabo en sus clases una ocurrente y dramática experiencia pedagógica, en la que se inspiró la novela y ahora la película.

 

Gansel escenifica aquel suceso en un grupo de adolescentes de un instituto de la Alemania actual. El profesor encargado de un seminario sobre autocracia es, en esta ocasión, el que pregunta a sus alumnos si consideran posible el retorno de una dictadura totalitaria y, frente a la seguridad con que los jovencitos responden que no, les propone el osado experimento. Iniciado éste, el docente va reproduciendo en sus clases todos los elementos que fueron capaces de conducir a la gente normal a mirar hacia otro lado, e incluso participar en muchos casos, ante los horrores del III Reich. Los alumnos, inicialmente escépticos y reticentes, con inusitada rapidez y casi sin darse cuenta, los van asumiendo con absoluta inconsciencia y entusiasmo. Muy pronto son ellos mismos quienes inventan nuevos pasos a seguir, superando las previsiones del profesor.

 

El docente propone su experimento como un juego y convoca la elección democrática de un líder. Tras un interesante tanteo de candidatos, es el profesor quien resulta elegido. Los pasos sucesivos son de máximo interés, no pierdan detalle. Una vez “en el poder legítimo”, el profesor cambia su actitud jocosa por un papel autoritario e impone medidas disciplinarias: Silencio, postura quieta y erguida en la silla, pedir permiso y ponerse en pie para hablar… Con la simple explicación de que todo eso es bueno para el organismo, acalla las protestas. Usando la misma bondadosa excusa exige comenzar las clases haciendo un ejercicio: Marcar el paso al estilo militar, añadiendo el astuto argumento de que, con el estruendo del pateo simultáneo, molestan a “los de abajo”. No es casualidad que “los de abajo” sean otro grupo que sigue un seminario sobre anarquía. Los alumnos, divertidos y entregados al jueguecito, sorprenden al profesor tomando la iniciativa de ponerse en pie y cuadrarse cuando entra en clase.

 

La experiencia que pone en práctica el profesor trata, sobre todo, de demostrar la potencia intrínseca e irracional de un grupo rígidamente adoctrinado, disciplinado, organizado y cohesionado. El líder electo, convertido ya en dictador populista, propone la necesidad de escoger un nombre que identifique al grupo. Los alumnos hacen  propuestas y él va anotando las ideas en la pizarra. Todas menos la de una alumna que, desde el principio, muestra señales de “disidencia”. A esta inteligente y librepensadora jovencita, ni caso. Al final, queda fijado un nombre: “La Ola”. El docente propone el uso de un “uniforme” que los distinga -tan sólo camisa blanca y vaqueros- y designa a un alumno poco aceptado, pero que sabe dibujar, para que diseñe el logo grupal. Creo que es éste mismo muchacho quien inventa un saludo propio del grupo, un movimiento de brazo, parodia de gesto militar, que enseguida es acogido y utilizado.

 

Con toda esta parafernalia simbólica, el profesor-dictador consigue que se sientan un nosotros en oposición a los otros. Cuando, en una situación de acoso, se defienden entre ellos, todos, especialmente los más débiles, saborean una sensación de seguridad que desconocían. Las reticencias iniciales desaparecen. Los disidentes son expulsados del grupo y su libertad de expresión entorpecida y secuestrada. Sin la camisa blanca y el saludo de rigor, se está mal visto y excluido de fiestas y actividades. Los militantes llenan el instituto y la ciudad de pegatinas y pintadas con su logo. Los alumnos de otros grupos, incluyendo varios del seminario sobre anarquía, se apuntan a La Ola. Los que no caben o son de otros cursos, se convierten en “simpatizantes”. Muchos compañeros del instituto, aun sin comulgar con el asunto, se adhieren a la movida, en cuanto se dan cuenta de que “conviene”. El grupo ya se ha convertido en un “movimiento”, que arrastra poco a poco a casi todo el alumnado.

 

El profesor, gracias a la ayuda de su esposa y de su alumna disidente, verdadera y heroica protagonista de la historia, adquiere consciencia del monstruo que ha creado, que ya amenaza con sobrepasar los muros del instituto y convertirse en un nuevo movimiento neonazi a gran escala, reconoce que su experimento se le ha ido de las manos y concluye que debe detenerlo de inmediato. Ante el alcance de lo ocurrido, el arrepentido profesor decide poner fin a la locura conduciéndola al máximo extremo, con la esperanza de que los alumnos perciban hasta dónde son capaces de llegar por la manipulación, se horroricen, se avergüencen, reaccionen y aprendan la lección. Para ello, convoca una masiva reunión de miembros y simpatizantes de La Ola, en la que los exalta al máximo con un enfervorizado discurso, con el que consigue que el grupo se lance literalmente al linchamiento físico de un “traidor” al glorioso proyecto.

 

En ese momento, el profesor detiene todo en seco, trata de hacer ver a sus alumnos que el experimento ya ha contestado a sus dudas y les abre los ojos a la barbaridad a la que se han dejado arrastrar. Todos parecen confundidos, como despertando de un extraño sueño, y poco a poco, a distintos ritmos, van asimilando la realidad. Unos ocultan su rostro con las manos, otros niegan con la cabeza, otros lloran, otros miran sin salir de su asombro. Pero el alumno más fanático, un chico que antes del experimento era el hazmerreír de todos y que idolatraba a ese movimiento que le había otorgado seguridad y autoestima, un desequilibrado muchacho que había confiado todas sus esperanzas a aquella locura y a su líder, no puede tolerar que su sueño se esfume de repente. El muchacho, enloquecido, saca una pistola que lleva consigo y… Vayan a ver la película.

 

Un sencillo, pero intenso y trepidante drama, que incluye una buena lección para todo aquel que quiera aprenderla. Al igual que La vida es bella o El niño con el pijama de rayas, La Ola no es “otra peli de nazis”. Es bastante más que eso. Nos presenta, de modo simplista, pero más claro que el agua, cuáles son los métodos utilizados por los dictadores modernos para implantar sus autocracias totalitaristas partiendo de una legitimidad democrática y desarrollando después sus verdaderas intenciones mediante estrategias en apariencia inocentes y bondadosas. Caminos que la Humanidad ha recorrido una y otra vez, por lo visto sin aprender nada. Sociedades enteras hipnotizadas y aborregadas, tan contentas con sus populistas líderes, sin mover apenas un dedo hasta que, cuando la verdad sale a la luz, siempre es demasiado tarde. La Ola nos enseña, nos advierte y nos muestra los indicadores que pueden ayudarnos a detectar y evitar, incluso en el S. XXI, la sutil imposición de nuevos totalitarismos.

 

 

Enlaces:

 

¿Será posible otra dictadura en España? Por Elentir. 

Shakespeare and Company contra Cervantes

 

(Publicado en en diario Las Provincias de Valencia el 02-12 2008)

 

 

Somos muchos quienes lo pensamos, pero alguien tiene que decirlo: Estoy hasta las narices del inglés. Y para que nadie se llame a confusión, quede claro que, con este artículo, no me estoy alineando a favor de la movida orquestada en Valencia en contra de la impartición de la Educación para la Ciudadanía en esa lengua, ya que a la mayor parte de los instigadores de esa “causa”, por mucho que traten de camuflar sus motivos con otros argumentos, les importa un bledo el tema del inglés. Es una movilización a favor de que la EpC se imparta según el más puro estilo deseado y diseñado por el PSOE y su izquierda radical. Punto, aparte y a lo que voy.

 

De lo que estoy harto, es de la colonización cultural y lingüística anglosajona de la que estamos siendo víctimas, el mundo en general y España en particular. Me repugna la invasión de barbarismos –que así se llaman las palabras importadas de otros idiomas- que anegan nuestro habla popular, como si la lengua de Cervantes fuese tonta. La lista, sólo de gerundios, sería interminable: Parking, camping, footing, lifting, marketing, casting, zapping, merchandising, ranking, y hasta el arriesgado híbrido anglo-español “puenting”. No te digo la de sustantivos: Snack, pub, ticket, spray, brick, pack, blister, chat, stock, copyright, cutter, software y hardware, set, stand, blog…

 

Es una clásica y venerable aspiración de muchas personas, desde hace generaciones, la creación y aprendizaje de un idioma universal común, que diluyera fronteras y facilitara el entendimiento entre todos los seres humanos. Un bonito sueño que quiso plasmarse en diversos intentos, el más conocido de ellos el del polaco Dr. Zamenhof con su sincrético y todavía vivo “esperanto”, idioma no difícil de aprender, que ha recibido diversos e importantes reconocimientos y por el que muchas personas y asociaciones siguen luchando. Una encomiable iniciativa que quizá, con más apoyo por parte de todos, podría salir adelante.

 

Pero la partida iba a ganarla y la ha ganado, como siempre, el más poderoso. Hoy toda Europa clama para que todos los niños aprendan inglés en la escuela. La colonización universal por ese idioma se da por hecho. No hay vuelta atrás. El inglés manda y nosotros obedecemos. ¿Cómo vamos a ir por el mundo sin él? Las voces críticas han desaparecido ante lo que, habiendo sido evitable, parece que ya no lo es. Diríase que ya nadie duda de que sea justo y necesario tragarse la lengua de Shakespeare. Yo sí lo dudo, que por eso y para eso existo. Necesario, será, porque el “espiquinglis” ha conseguido imponerse, pero justo, pues va a ser que no.

 

Por todo ello, no puede dejar de sorprenderme que en varias comunidades autónomas de España ya no haga falta saber castellano, es más, llegue a ser un delito usarlo y una odisea aprenderlo, pero eso si, como no chapurrees el inglés eres un paleto oficial. Me pregunto dónde estarán los activistas antiglobalización: ¿Haciendo surfing “over the sea” con Bill Gates? ¿Cómo hemos dejado entre unos y otros que las “windows” de Microsoft nos hayan convertido a todos en “brothers” de ese Gran Hermano angloparlante?

 

Un gran país como España, que tiene como lengua oficial un idioma romance propio, con una capacidad expresiva y una riqueza de matices como pocos, que ha generado una historia literaria única en el planeta y cuyo número de usuarios está a punto de superar al de angloparlantes en el mundo, está dejando que el castellano se pierda, asfixiado tras las respetables lenguas cooficiales, también bellísimas y merecedoras de conservación, promoción y uso, pero minoritarias, y por la introducción masiva del puñetero inglés “comeculturas”.

 

Nos vamos a encontrar, en un futuro no muy lejano, con la vergonzosa paradoja de que, cuando en medio mundo se hable español, en media España tal idioma sea una reliquia desconocida. Nos empeñamos en meter a todos el inglés con calzador, porque hace falta para entenderse en medio mundo, pero desdeñamos un idioma común nuestro, hablado casi ya en el otro medio mundo occidental. Si alguien quiere aprovechar la devaluación del dólar frente al euro y escaparse a Nueva York, que no se preocupe, allí se habla castellano.

 

La mitad de los futuros españoles –no sé si aún se les podrá llamar así- sabrán muy bien su lengua autonómica y muy mal el inglés, porque si no se viaja no se aprende, aunque la escuela se empeñe, pero no sabrán ni papa de castellano. Para poder entenderse por una buena parte del mundo, tendrán que ir a estudiar español al “extranjero”, esto es, a Salamanca, o a Nueva York. Shakespeare & Company le están ganando el partido a Cervantes, en su propia casa y con la afición y el árbitro a favor del visitante. ¿Cuándo se ha visto semejante necedad cultural en la Historia? Tanta estupidez abruma.

 

  

 

El último voto

 

No quiero que nadie piense que me las doy de crítico cinematográfico, porque no lo soy en absoluto. Soy un simple y empedernido aficionado al cine, con la deformación profesional de extraer lecciones pedagógicas de casi todo. Por eso me atrevo, sin pretensiones, pero sin complejos, a comentarles algo sobre un film a cuyo preestreno acudí recientemente en Valencia. Se trata de la película “El último voto”, dirigida por Joshua Michael Stern (también coautor del guión) y protagonizada por Kevin Costner y una genial actriz preadolescente, aunque un tanto pedante (más bien muy pedante) al menos en su personaje, Madeline Carroll.

Fui al cine con mi esposa y unos amigos, que hemos formado un pequeño “club de cine gratis”: Unos a otros nos avisamos cuando algún periódico, emisora o empresa regala entradas para preestrenos y rápidamente acudimos a la caza de todos los tickets posibles. Esta práctica nos ha permitido ver centenares de películas, “por el morro”, en los últimos años. Lo bueno es que vas al cine gratis y de vez en cuando ves alguna peli potable. Lo malo es que, muchas veces, te tragas unos bodrios de muerte. Con “El último voto”, me quede sorprendido de que no le hubiera agradado a ninguno de mis acompañantes y que a la salida, en los inevitables comentarios, me dejasen sólo con mi opinión positiva.

A decir verdad, el film no es para echar las campanas al vuelo, ni tampoco consigue eludir el implacable adjetivo de “americanada”. También es cierto que el supuesto sobre el que el guionista traza su historia es muy artificioso: En unas elecciones presidenciales en EEUU los resultados quedan tan igualados que, al final, la elección del nuevo presidente queda en las manos de un único votante, debido a un fallo eléctrico en el ordenador electoral, en el que, por cierto, es la concienciada ciudadana hija la que intenta votar ante la indolencia paterna. Muy forzado, sin duda, pero no olvidemos que en la pugna Al Gore-George W. Bush la victoria final, polémica y discutida, la obtuvo el segundo con una diferencia mínima extraída de un pequeño grupo de votantes.

Tampoco voy a negar que a la cinta le sobran minutos y le falta hilazón argumental en varios momentos, sobre todo en el desenlace final. Resulta poco creíble que el protagonista, un desaliñado, anárquico e inculto “caravanista” norteamericano, que en toda su vida jamás le ha preocupado para nada ni su país, ni la política, ni otra cosa que no sea arrastrar su vida por el camino más dejado, cómodo y descomprometido, de repente nos largue un discurso sociopolítico con la misma soltura que un Luther King cualquiera, por mucho que su hipermadura hijita y la guapa periodista afroamericana de turno le hiciesen de improvisados asesores.

Pero yo, que no cedo mi brazo a torcer con facilidad, sigo diciendo que me gustó, pese a todo. La truculenta trama argumental le ha permitido al guionista-director presentar algunos tramos de película tan significativos como hilarantes. Que conste que mis amigos también se reían, aunque me lo nieguen después, cuando la película iba mostrando los continuos y grotescos cambios de posiciones políticas que los candidatos y sus asesores hacen para ganarse el disputado voto del Sr. Bud Johnson, que así se llama el “ilustre” sujeto que acaba teniendo a su alcance la decisión del futuro de los EEUU (y de medio mundo, claro).

Casi me troncho viendo a los republicanos anunciando e iniciando medidas típicamente demócratas y a los demócratas haciendo lo mismo con las tesis republicanas, bailando al son de cualquier frase dicha al azar y sin conocimiento de causa por el “último votante”, cuyas supuestas aficiones y posturas son analizadas por los servicios de información de ambos partidos. Los republicanos defendiendo temas medioambientales y a los homosexuales, los demócratas atacando el aborto y tomando medidas contra los inmigrantes… Toda una serie de despropósitos y cambios de chaqueta ideológicos marcados por el único interés de hacerse con el voto que les falta para alcanzar el poder.

Una pérdida de los supuestos principios de cada partido, que no sólo acaba metiendo en crisis al esquema político estadounidense, sino que lleva a los respectivos candidatos, una vez perdido el rumbo hasta el absurdo, a plantearse el dilema moral de su propia incoherencia personal. Célebre la tremenda bofetada que la esposa del candidato demócrata le sacude a su marido cuando se entera de sus traiciones a sus ideales. Un cómico, pero satírico y crítico alegato contra la mercantilización de las ideas en favor del ansia de poder. ¿Cómo no me iba a gustar una película que pone en solfa ese tipo de cosas? ¡Pues claro que sí, hombre!

No le pidan mucho más a la peli. Si acaso, en el inverosímil discurso final que Kevin Costner larga en un debate que convoca entre los dos candidatos para que respondan a sus preguntas, pese a su sosa ración de “americanismo” y su muy discutible alegato sobre “los grandes hombres” que necesita su país y la Humanidad entera para regir sus destinos, hay algo más que me gustó. Se trata del hecho de que, el hasta ese momento irresponsable ciudadano, se arrepiente de algo importante: Haberse limitado toda su vida a “coger” de su país lo que le ha dado la gana, sin haber aportado jamás nada de sí mismo. Interesante lección, creo yo.

Dejad en paz el Santo Cáliz

 

(Publicado en Las Provincias del 14-11-2008)

 

No me agrada lo más mínimo el nuevo cariz que está tomando la presencia del Santo Cáliz en la Catedral de Valencia. Desde que llegó a su ubicación actual, esta reliquia tan querida por los valencianos ha permanecido en humilde y respetuosa exposición y utilización litúrgica, muy bien custodiada, honrada y estudiada por su Cofradía y por el Arzobispado, expuesta a los fieles en su pequeña, bonita y austera capilla lateral, con una moderada apertura a turistas y curiosos. La preciosa copa de cornalina siempre ha sido muy venerada y apreciada y su historia está bien documentada. Los estudios científicos no han conseguido demostrar sin lugar a dudas que éste sea el cáliz que Cristo utilizó en la Última Cena o, menos aún, ese supuesto Santo Grial en el que alguien recogió la Sangre de Jesús Crucificado. Lo que sí han demostrado, de modo fehaciente, es que no existe razón alguna para que no lo sea, lo cual es ya un gran paso hacia su autentificación. Pero no es ésta la cuestión que quiero comentar.

 

El problema, que veo venir tras el reciente Congreso, es que la apreciada reliquia sea obligada a abandonar su actual estatus de discreta presencia y se convierta en objeto de culto desmesurado, peregrinaciones masivas, milagrería, curiosidades malsanas, literatura basura, misterios inventados y mercadeo de réplicas. Todos conocemos la interminable serie de noveluchas y películas sensacionalistas, repletas de códigos indescifrables, sociedades ocultas, supuestos engaños y secretos de la Iglesia, manuscritos apócrifos, caballeros templarios, logias masónicas y santos griales, que están tan de moda. Hoy en día, para escribir un best seller, basta inventarse un buen enredo combinando este tipo de elementos, de forma que la Iglesia Católica salga lo más malparada posible, y el éxito está servido. Menos mal que la gente ya empieza a cansarse de tanto argumento repetitivo y comienza a no hacer ni caso a esas tonterías.

 

La humilde presencia en Valencia de nuestro querido Santo Cáliz, acaba de romperse. No me parece mal que se profundice en su estudio, ni que se otorgue el valor que merece a la que podría ser la más importante de cuantas reliquias existen, a la par con la Sábana Santa de Turín. Lo que me temo, y me da pena, es que el Cáliz se convierta en una nueva fuente de inspiración para la incansable horda de cazatesoros e indianajones que ha tejido toda esa absurda y falsa, pero muy lucrativa, red de misteriosas historias de investigadores buenos y curas malos, pasadizos escondidos, códices encriptados, prioratos iniciáticos, sectas inexistentes e inconfesables secretos. Nada puede ser más atractivo para esa desaprensiva nube de carroñeros que la puesta en el candelero de nuestro Santo Cáliz. ¿Cuántos estarán ya pergeñando sus engañifas literarias, inventando subterráneas redes de túneles bajo la Catedral y toda una biblioteca de documentos ignotos y escandalosos que la Iglesia esconde?

 

Ya se han alzado voces en contra de la Iglesia sobre sus derechos de propiedad del cáliz y no tardarán en invadir nuestra ciudad colas de curiosos a hacerse la foto junto a la “misteriosa copa”, como sucede con la pequeña pirámide de piedra colocada bajo su homóloga invertida de cristal, en el Museo del Louvre de París, bajo la cual se le ocurrió ubicar al astuto Dan Brown nada menos que la secretísima tumba de María Magdalena. Yo no sé a ustedes, pero a mí no me apetece nada que, de repente, comiencen a salir como setas nuevos “Códigos da Vinci” que ensucien la amorosa y sencilla reverencia que hasta ahora ha recibido nuestro apreciado Santo Cáliz. Como tampoco me agradaría nada que los alrededores de la Catedral se llenasen de souvenirs de la reliquia, con sus insoportables y horteras réplicas baratas, repletas de lucecitas y adornitos de plástico. Nuestro entrañable Santo Cáliz está muy bien como ha estado hasta ahora. Estúdienlo todo lo que quieran, pero respétenlo y déjenlo en paz donde está, por favor.

 

Escándalo en Tierra Santa

 

Me veo obligado a medio copiar el título del célebre libro de Jose María Gironella para titular esta entrada.  Como podrán comprender, siendo católico, me siento muy apenado por lo sucedido, por esa absurda e incongruente pelea entre cristianos ortodoxo-griegos y armenios en el lugar más santo de toda la cristiandad, junto al mismísimo punto en el que la tradición sitúa la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Doy gracias a Dios porque los católicos no nos hemos visto envueltos en ese tipo de reyertas, al menos en los últimos siglos, y porque los frailes franciscanos, custodios de los Santos Lugares, siempre han realizado su eficaz labor con su espíritu de sencillez y mansedumbre. Pero no por ello me siento menos avergonzado.

Por desgracia, esto algo que alguna vez tenía que suceder en el intrincado y anticuado status quo que regula la presencia y el culto de las diferentes confesiones cristianas en los puntos más venerados de aquellas tierras en las que Jesús de Nazaret nació, vivió, predicó, padeció, murió y resucitó. Un status quo que se remonta a siglos atrás y que, en muchas ocasiones, se mantiene por hechos tan pintorescos y absurdos como quién barre cada zona. No exagero, porque yo he estado un par de veces en aquellas tierras y me he quedado más que sorprendido al comprobar “in situ” este tipo de cosas.

Lo que a mí sólo me pareció, en mis visitas, curioso, anecdótico y, sin duda, también bastante lastimoso, ha acabado estallando en un episodio violento que, según parece, no es el primero. Recuerdo perfectamente cómo, en otro lugar también muy importante para los cristianos, como es la cripta de la Basílica de la Natividad en Belén, donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús, los peregrinos con los que viajaba tuvimos que esperar un largo rato para bajar a celebrar una misa, “porque los monjes estaban barriendo” sus respectivas zonas.

No se trataba de tareas de limpieza, sino de un “ritual” que se hace, si no recuerdo mal,  un par de veces al día, y que es necesario para conservar el extraño status quo que allí regula el uso de los espacios. Alguien, no recuerdo quién, estableció hace siglos que el derecho de culto en aquel sagrado subterráneo correspondía sencillamente a quien se encargara de mantenerlo limpio. Los católicos franciscanos y los miembros de otra confesión que tampoco recuerdo, acordaron unas horas determinadas para barrer a la vez sus zonas asignadas, de forma que ninguno de ellos pase su escoba por el espacio del otro, ya que si sucediese tal cosa, el terreno barrido pasaría a ser de exclusivo uso de la confesión del barredor.

Que yo sepa, en Belén no han habido peleas por ello, pero hay que ver a los encargados de la cotidiana limpieza con qué energía pasan sus escobones a la misma hora y en paralelo, tropezando escoba con escoba, para evitar que el otro pase la imaginaria línea. Algo muy parecido, pero complicado por los ancestrales derechos de muchas más confesiones, sucede en la basílica del Santo Sepulcro. Ahora, a hechos pasados, confieso que me parece lógico, aunque radicalmente inaceptable, que tan endeble y trasnochado estado de cosas, que se ha mantenido con celoso respeto durante largo tiempo, alguna vez tenía que acabar a tortazo limpio en el momento en que algún fanático, que siempre aparece, extremase la situación.

Todos los cristianos amamos aquellos santos lugares en los que tenemos las raíces históricas de nuestra fe, y todos, o casi todos, deseamos poder visitarlos con libertad y en paz. En ese sentido, creo que Jerusalén es patrimonio espiritual de todos los que la aman, de todos por igual. Por eso me resulta realmente penoso que en estos tiempos, en los que las iglesias cristianas, bajo el impulso del Concilio Vaticano II y los sucesivos Papas católicos, están haciendo enormes esfuerzos de acercamiento, dentro de un movimiento ecuménico cada vez más potente, con el fin de acabar con las lamentables divisiones de todos aquellos que seguimos a Jesucristo, puedan ocurrir todavía trifulcas de este tipo, incluso a puñetazos y patadas.

No puedo imaginar nada más neciamente escandaloso y triste que haber visto en televisión a la policía israelí, armas en mano, entrar a la basílica para separar a un grupo de ”fieles” enzarzados a golpes. Son hechos que ensombrecen la credibilidad y, por tanto, la misión, de los cristianos, que es ser ante el mundo imágenes vivas del amor ilimitado, predicado, vivido y hecho posible para el Hombre por Jesús de Nazaret. Yo mismo he estado varias veces en ese santo lugar y he sufrido los malos modos, e incluso algún empujoncillo, de unos enormes monjes vestidos de negro con imponentes barbas a lo pope ortodoxo. Gracias a Dios, no me dio por cabrearme, algo que me parece impensable al lado mismo del Monte Calvario y el Santo Sepulcro.

Es cada vez más urgente que todas las confesiones cristianas pongamos el máximo interés en limar las diferencias y entrar en una nueva era de comunión, superando estúpidas divisiones que fueron fruto, en su momento, de intereses más políticos que religiosos. Tal y como Benedicto XVI predica, por activa y por pasiva, está en juego la misma razón de existencia de la Iglesia, que es su misión ante el mundo. Como también es urgente desterrar de una vez por todas las posturas extremistas capaces de llegar a la violencia y, desde luego, establecer un nuevo status quo respecto al culto en los lugares sagrados de aquellas tierras, santas y entrañables para las tres grandes religiones monoteístas. ¡Por Dios y por la Virgen, que no estamos en la Edad Media! ¡Shalom, Salaam, PAZ para Jerusalén, por favor!

Aborto obligatorio

 

(Publicado en el diario Las Provincias de fecha 28-10-2008)

 

Hace poco, una persona allegada, escandalizada del alcance de los horrores que el lobby pro-abortista es capaz de defender, me preguntaba: “Pero, ¿Cómo hemos podido llegar a esto en España?”. Mi respuesta fue rápida: “Todo empezó cuando el PSOE legisló la despenalización del aborto en tres supuestos. Ahora estamos cosechando los resultados de aquella siembra”. Olvidé recordarle que aquella puerta hacia el crimen legalizado fue refrendada por los españoles en referéndum. Efectivamente, aquel fue el inicio de una estrategia a largo plazo que el PSOE, al parecer, tenía perfectamente diseñada. Comenzaron despenalizando el crimen del aborto en unos supuestos tan “humanitarios”, que centraron la atención pública en la madre, no en la vida inviolable del ser humano en gestación. Habían conseguido colar, en la legislación y en la cultura española, la posibilidad de asesinar impunemente al ser humano gestante.

 

 Marcado ese primer gol, padre de todos los restantes goles abortistas, el proceso posterior de avance de la cultura de la muerte sólo era cuestión de tiempo. Así se quedó el tema,  hasta que se introdujo, en el primer supuesto despenalizado, sobre la salud física de la madre, la “salud psíquica”. Ese añadido, aparentemente nimio, fue el segundo paso, convirtiéndose en un coladero total y una provisional puerta trasera hacia el mal llamado “aborto libre”. Digo mal llamado, porque me repugna que la palabra libertad se asocie con semejante crimen. No ha resultado nada complicado convertir el preceptivo informe psiquiátrico en un puro trámite y conseguir que alguno de esos doctores te lo firme, si no uno, pues otro. El mínimo control que conllevaban los supuestos despenalizados, había desaparecido para siempre en la práctica abortista.

 

Llegados a esta legislatura, y sin haberlo declarado en su programa electoral, el PSOE quiere más. Ahora viene con su Ley de Plazos, que en términos prácticos se traduce en la destipificación del aborto como delito, que podrá ejercerse al antojo de cualquier mujer que lo solicite, sin supuestos, ni informes, ni nada de nada, con el único límite de unos plazos, es decir, un determinado tiempo de gestación. Plazos, por cierto, que sobrepasan las semanas en las que un feto humano hoy en día es perfectamente viable. El aborto, a día de hoy, es un delito tipificado en el código penal, aunque “despenalizado” en tres supuestos. Es un crimen sin castigo. Lo que pronto va a imponer Zapatero (olvídense del prometido “debate social”) es que deje de ser delito, si está dentro de un plazo. Es el tercer paso. Una vez dado, ya sólo les quedará uno más: Quitar esos plazos. Ya lo verán.

 

 En general, los movimientos pro-vida, salvo algún extremista irrelevante, no pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta, aunque sí abogan por que se castigue a todos aquellos que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve abocada al aborto, no como opción, sino como única salida para su embarazo en situación de dificultad, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Sí, he dicho abortos indeseados. ¿O es que a alguna mujer le encanta abortar, porque “le pone” hacerlo, como si fuera un nuevo deporte de riesgo?

 

No es así. Las pro-abortistas saben, aunque muchas se lo callen, que el aborto no es algo deseable en sí mismo, a no ser que sean unas psicópatas de encerrar. Ayer mismo, en Valencia, Pilar Bardem, pro-abortista donde las haya, pidió en el Puerto de Valencia, donde atracó el barco de la muerte holandés, que no se “criminalizara” a la mujer que toma una decisión “tan difícil” como abortar. Aunque sea sólo en esto, tiene razón. Abortar no es ningún plato de gusto. Puede haber un cierto número de mujeres, feministas radicales, que deciden abortar como quien lava, pero no sucede así en la inmensa mayoría de los casos. Se estima que alrededor de un 75% de las mujeres que abortan, no lo hacen por decisión libre, ni por desear el aborto, sino acosadas por circunstancias de gran dificultad, frente a las que no ven otra salida. Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Pero estas mujeres, ni conocen, porque no se les informa, ni se les ofrecen, los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Ante “tan difícil” decisión de abortar, sólo se le presentan dos opciones: ¿Sí o sí?

 

Los movimientos pro-vida tratan de cubrir esa importante e intolerable laguna. No buscan castigar a esas mujeres. Las que en verdad las castigan de por vida son las fanáticas y fanáticos abortistas que se empeñan en que aborten por narices, o los que se enriquecen a costa de realizar abortos. A todos estos no les interesan para nada las mujeres embarazadas con problemas, sino sólo su empecinamiento, ideológico o crematístico, en pro del aborto. Casi todas las iniciativas sociales a favor de la vida, pretenden que los gobiernos generen normas y medios para que cualquier embarazada con dificultades pueda recibir información y disfrutar de cuantos medios necesite para tener a su hijo, si así lo decide. Sin embargo, los colectivos pro-abortistas están en contra de estas iniciativas. Increíble. Nada de optar, sólo abortar, abortar y abortar. Nada de ofrecer alternativas, que eso es cosa de monjas derechonas. Nada de libre elección: abortar y punto. Todo lo demás es de “fachas”.

 

 No me puedo explicar qué persona mínimamente sensata y moral puede oponerse a que se ofrezca información y apoyo integral a las mujeres embarazadas, para que puedan tener a sus hijos y criarlos si quieren. El mismo movimiento feminista debería luchar encarnizadamente por ello. Oponerse a ofrecer a la mujer información y alternativas, sólo se explica por dos motivos: O por un cerrilismo ideológico, radical y fundamentalista que considere el aborto como un bien en sí mismo, que hay que realizar cuantas más veces mejor, o por el interés de forrarse sin escrúpulos de ninguna clase. Los colectivos de abortistas integristas, aunque se presenten como feministas y progresistas, son el peor enemigo, no sólo de la vida del no nacido, sino también de la mujer. Quieren que las mujeres aborten, no que solucionen sus problemas. Quieren que aborten sin posibilidad de elección. Quieren, en suma, que el aborto no sea libre, como dicen, sino, en la práctica, obligatorio.

 

Benditos micrófonos

  

 

El hecho de que casi todos los políticos fingen y mienten, es algo que, por la repetición, se ha hecho costumbre y ya no extraña a nadie. No sólo no extraña, sino que la gente sigue votando a esos mismos políticos que, de forma continuada, dicen y no hacen, hacen y no dicen. El problema es que millones de ciudadanos carecen, no de memoria histórica, sino de la simple memoria inmediata, como si una forma larvada de Alzhéimer se hubiera extendido como una pandemia.

 

¿Que un político promete algo y no lo cumple? No pasa nada. ¿Que un político oculta en su campaña electoral lo que va a hacer y luego lo hace? No pasa nada. ¿Que un político dice una cosa y al día siguiente la contraria? Pues tampoco pasa nada. Millones de personas no se dan ni cuenta y, muchas de las que sí se enteran de estas deshonestas incoherencias, las disculpan o miran hacia otro lado, haciendo de su apoyo a determinado partido una actitud irracional y cerril donde las haya.

 

Dentro de la inútil batalla de intentar llamar la atención de los ciudadanos sobre estos abusos de poder, han salido a la palestra, desde hace un tiempo, unos inesperados aliados: los micrófonos. Gracias a ellos, que parecen encenderse y apagarse cuando les da la gana, sabemos mucho más de los políticos que por ningún otro medio: la verdad que ocultan tras sus disfraces públicos.

 

Estas son sólo algunas de las pilladas microfónicas:

 

·        1997: Federico Trillo, entonces Presidente del Congreso, en una sesión parlamentaria, viéndose obligado a aplazar una votación sobre un asunto realmente infumable, apretó a destiempo el botoncito que encendía su micro ante la megafonía de la sala y soltó su famoso “manda huevos”. Los micrófonos habían comenzado su particular cruzada por la verdad y la transparencia. Si no recuerdo mal, este fue el primer pinito de la ofensiva de los micros.

 

·        2001: Las cámaras de la RTV-Andalucía, recogen una frase, pronunciada en el Parlamento Andaluz, sin que se vea en imagen quién es el autor: “Los moros, que se vuelvan a Marruecos, que es donde tienen que estar”. Dando por sentado que se trataba de un diputado del PP, el PSOE acusa injustamente a Matías Conde, exigiendo su expulsión inmediata por “higiene democrática”. Días después, se declaró autor de la frase el diputado socialista Rafael Centeno, que presentó su dimisión entre lloriqueos y disculpas.    

 

·        2002: Jose María Aznar, entonces presidente de turno de la Unión Europea, tras su discurso de resumen en la Cumbre de Barcelona del Parlamento Europeo, se autocalifica en voz baja, ante un micrófono demasiado sensible, diciendo: “Vaya coñazo que he soltado”. Vamos, que su royo no se lo cree ni él. Veremos que el taco “coñazo” se ha convertido en término de obligado uso entre los políticos.

 

·        2003: Zapatero y Jordi Sevilla, responsable económico del PSOE, presentan las líneas básicas de su política económica. El micrófono abierto deja escuchar que Sevilla le dice a su presidente que se le nota todavía inseguro y que se ha equivocado al confundir “progresividad” con “regresividad”, aunque le disculpa diciendo que son “chorradas”. Sevilla remata la faena con la famosa frase: “Lo que tú necesitas saber para esto…son dos tardes”. Así nos luce el pelo.

 

·        2003: En la misma presentación anterior, el portavoz parlamentario Jesús Caldera, también captado por los implacables micrófonos, riza el rizo cuando entra en la “secreta” conversación diciendo que, tras el debate, deberán reunirse con Jose Antonio Griñán, el portavoz socialista en la comisión del Pacto de Toledo sobre las pensiones, ya que ese tema “no lo tenemos arreglado” y le dice a Zapatero que “la vamos a liar”. ¡Eso es “talante”, sí señor!

 

·        2004: Jose Bono, entonces Presidente de Castilla-La Mancha, conversando por lo bajini con Joaquín Almunia, ante los “cerrados” micros de Antena 3, insulta al Primer Ministro británico, Tony Blair. Palabras exactas: “Oye… Y nuestro colega Tony Blair. Ese es un gilipollas integral”. “Blair es un imbécil”. Sólo la elegante flema de la diplomacia inglesa impidió un grave incidente internacional.

 

·        2004: Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento, en Onda Cero Radio, también hizo gala de su exquisito lenguaje y su respeto por los gallegos, afirmando, ante el supuesto micro cerrado, que estaba “harta del Plan Galicia de mierda” y que “¡A mí me van a dar lecciones sobre este Plan Galicia de mierda!”. Sobran comentarios.

 

·        2006: Jordi Sevilla, haciendo gala de su “educación”, es captado sin advertirlo, por una cámara de Telemadrid, mientras conversa con Fidalgo. Montilla es cojonudo para mil cosas… pero todavía es pronto para que el presidente de la Generalitat sea un charnego“, fue la frase pillada. Por si no lo saben: “charnego” es un antiguo vocablo popular catalán de no muy amable intención.

 

·        2007: En plena campaña electoral, Zapatero es entrevistado en La Cuatro por Iñaki Gabilondo. Cuando ambos pensaban que los micrófonos ya estaban apagados, mantienen una muy amistosa conversación en la que el Presidente del Gobierno dice: “Lo que pasa es que yo creo que nos conviene que haya tensión… Yo voy a empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco”. Curiosamente, uno de sus principales argumentos en contra de Rajoy, en la campaña, era que el líder popular la basaba en la crispación.

 

·        2008: La última, de momento. Mariano Rajoy, el mismo que grabó una declaración institucional en 2007 llamando a celebrar la Fiesta de las Fuerzas Armadas, fue “traicionado” por su micrófono en la sesión de clausura de la XIII Reunión Interparlamentaria del PP, celebrada en La Coruña el día 11 de octubre. Tenía a su lado a Javier Arenas y le dijo, ante los oídos de toda España que: “Mañana tengo el coñazo del desfile… En fin, un plan apasionante”. Todo un ejemplo de honra y respeto a las Fuerzas Armadas y a su Fiesta Nacional.

 

En fin, queridos micrófonos, gracias por vuestra colaboración para que la gente nos enteremos de verdad de quienes son y qué piensan nuestros políticos. Nos estáis prestando un servicio inestimable para que nuestra democracia se depure y se fortalezca. Aunque todavía no os hacen demasiado caso, ni los políticos, ni los sindicatos, ni los jueces, ni la mayor parte de la opinión pública, no perdáis los ánimos. Continuad con vuestra singular batalla por la verdad y la honestidad. Sin vuestras hábiles estrategias, estaríamos perdidos frente a la hipocresía política.

 

  • Añado el 29-1-2010: Esperanza Aguirre, el viernes, en una conversación “particular” con su vicepresidente Ignacio González, en el monte de la Maliciosa (Becerril de la Sierra): “Yo creo que hemos tenido una inmensa suerte de poder darle un puesto a IU quitándoselo al hijoputa”. Las malas lenguas pensaron enseguida que se refería a Gallardón. Ella aseguró que se dirigía a Fernando Serrano, ex consejero de Caja Madrid. Y se disculpó con él…

 

  • Añado el 12-11-2011: Las “pilladas” alcanzan a Sarkozy, presidente francés. A principios de este mes, hablando con Barak Obama, se le escuchó un grave desliz, acerca de Netanyahu, primer ministro israelí: “No le soporto, es un mentiroso”. A lo que Obama respondió: “Estarás harto, pero yo tengo que lidiar con él todos los días”. Otra “microfonada” más al archivo.

 

  • Añado el 30-1-2012: Mariano Rajoy es “pillado” de nuevo por un micrófono abierto. Antes del inicio del Consejo Europeo, se le esucha confesar al primer ministro finlandés, Jirky Katainen, una frase lapidaria: “La reforma laboral me va a costar una huelga”. En otro momento, también se le escucha decir al primer ministro holandés, Mark Rutte: “Ahora viene lo más duro” y “Es que nos dejan una herencia muy mala”. Ahí queda otro testimonio microfónico para la Historia.

 

  • Añado el 27-3-2012: En el encuentro en Seúl entre Obama y el presidente ruso en funciones, Medvédev, se escucha la siguiente conversación: “Todos estos asuntos, pero en especial la defensa antimisiles, pueden resolverse, pero es importante que (Vladimir Putin) me dé espacio”, dice Obama en la grabación. “Entiendo su mensaje sobre (la necesidad de) espacio”, responde Medvedev. “Estas son mis últimas elecciones”, añade Obama, “Tras mi reelección tendré más flexibilidad”, concluye. “Transmitiré este mensaje a Vladimir”, promete Medvedev. Así es la diplomacia por dentro. 

 

EpC: Doble batalla en la Comunidad Valenciana

  

No se trata de dos frentes de una misma guerra, sino de dos batallas paralelas, cuyo único denominador común es que se refieren a la Educación para la Ciudadanía (EpC). Aunque no me gusta el lenguaje militar, las voy a denominar “batalla de la objeción” y “batalla del idioma”, para entendernos. La primera apunta contra la imposición ideológica y sectaria de la EpC y la vulneración del derecho Constitucional que tenemos los padres de determinar la educación que deseamos que reciban nuestros hijos. También se enfrenta, en nuestro caso, al desprecio olímpico que el Gobierno Valenciano del PP muestra hacia los padres objetores.

 

Todo esto les importa un bledo a los embarcados en la segunda batalla. Ésta, la del idioma, se enfrenta a la absurda e inoportuna exigencia del Conseller de Educación de que se imparta en inglés y no en las lenguas co-oficiales de nuestra Comunidad, como si no hubiese otras formas de reforzar ese necesario idioma, mediante planes elaborados con calma y con medios suficientes. Yo me he “alistado” en la primera, la de la objeción, que considero la madre de todas las batallas en el asunto de la EpC, aunque de vez en cuando me acerco un ratito a la otra, para echar una manita, cosa que no hacen con nosotros los de la batalla del idioma.

 

La cuestión objetora ha sido tratada por la Conselleria como si no existiera. Tan sólo una tímida mención, apenas aceptable, en la Orden del 10 de junio, esa que ha sido paralizada cautelarmente por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, excepto en lo del inglés y alguna cosilla más. Después de esto, autismo y silencio administrativo total. Pero este ninguneo se va a acabar de inmediato, con las sucesivas tandas de recursos que los objetores ya hemos comenzado a presentar ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior antes citado. Si el Sr. Font de Mora, empecinado sólo con el inglés, esperaba que con su pasividad los padres objetores nos íbamos a quedar inermes, se equivocaba. No habíamos movido ficha hasta ahora, esperando una respuesta antes de iniciarse el curso. Pero no la ha habido.

 

El asunto del idioma, está siendo tratado por la Conselleria con un empecinamiento y unas formas impropias de un gobierno democrático. Se ha convertido en un absurdo  intercambio de amenazas. Además, según se deriva de las últimas declaraciones, también amenazantes, del Vicepresidente Primero del Consell, Vicente Rambla, que ha salido al quite de Font de Mora, no es un tema sólo del Conseller, sino de las más altas instancias del gobierno valenciano. Al fin y al cabo, fue el Sr. Camps quien, al conocer el asunto de la EpC, dijo que aquí se daría en inglés. Desde entonces no ha querido apearse del burro y ha montado, a través de su Conseller de Educación, un enorme follón que no hace sino desviar la atención del problema esencial: la EpC en sí misma.

 

El Consell se ha metido neciamente en un callejón sin salida. Ante las protestas y plantes de un gran número de profesores, se ha saltado el diálogo social y se ha enzarzado en esa contienda de advertencias, cada vez más agresivas y desde mayor altura, de la que ya no puede salir sin recular. Ahora se ve obligado, por orgullo político, a huir hacia delante, porque eso de rectificar y volverse atrás es pecado mortal para los políticos. Tanto han dicho ambas partes implicadas, que difícilmente pueden envainársela y retroceder. Ya veremos cómo acaba todo esto, porque la única salida posible es una negociación urgente entre las partes contendientes, que no parece fácil desde posiciones tan extremas.

 

He de añadir que me resulta en extremo decepcionante que todos esos profesores y sindicatos, que con tanta firmeza aseguran defender la libertad de enseñanza, no hayan movido ni un dedo en contra de la gravísima imposición ideológica que conlleva la EpC, que no sólo atenta contra los derechos constitucionales de los padres, sino también contra la neutralidad ideológica de los centros públicos, contra los idearios de la inmensa mayoría de los concertados y contra la libertad de cátedra del profesorado de todos ellos. ¿Eso no les interesa, verdad? No, ya sé que no. Por lo menos no lo parece.

 

No les interesa porque su lucha no es pedagógica, sino política. No les interesa porque sólo les gusta oponerse al PP, pero no al PSOE. No les interesa porque creen que el movimiento objetor es “cosa de curas” o “cosa de derechas” y a ellos ni acercarse. Pero están muy equivocados. El movimiento objetor no es, ni de la Iglesia, aunque lo apoya, ni mucho menos del Partido Popular, que dice mucho y no hace nada, al menos en Valencia. Es una iniciativa de base social que engloba a decenas de miles de padres de familia y colaboradores voluntarios de muchas y variadas opciones religiosas o ideológicas, que no están dispuestos a dejar que ningún gobierno avasalle sus derechos fundamentales.

 

¿No saben que los objetores, por ejemplo en nuestra Comunidad, llevamos una batalla muy dura, tanto contra el PSOE que ha impuesto la maldita EpC, como contra el PP que nos ningunea sin respeto ni consideración alguna? ¿No ven que no nos quedamos con nadie? Cualquiera que haya leído mis recientes artículos en este blog o en la prensa, así como otros artículos de diversos bloguistas y periodistas, sabrá cómo esta el tema. ¿Cómo es posible que todos esos profesores y sindicatos, saquen toda la artillería pesada contra la imposición del inglés y se queden impasibles ante el atentado global a la educación en libertad que supone la EpC? En fin, no se molesten en contestar, todos sabemos la respuesta.

EpC: La última del Sr. Font de Mora

 

Leyendo esta mañana la prensa valenciana, Las Provincias y Levante, me encuentro con una noticia que me ha dejado pasmado, indignado y cabreado, aunque no sé cómo todavía me sorprendo, la verdad. Resulta que ayer, en las Cortes Valencianas, el Honorable Sr. Consejero de Educación, D. Alejandro Font de Mora, dijo públicamente que a los centros concertados que no impartan la EpC en inglés se les retirarán las subvenciones. Alguien le preguntó si pensaba dimitir y dijo que eso, si acaso, se lo plantearía dentro de 2 ó 3 años.

 

Yo me pregunto:

 

a) ¿Por qué tanto empeño con lo del inglés, necesario idioma que se puede reforzar en la enseñanza de mil formas, precisamente liando las cosas en la más polémica de cuantas asignaturas hay en los currículos actuales, que es la EpC?

 

b) ¿Por qué, junto a este absurdo empeño, el Sr. Conseller añade una postura de radical ninguneo al núcleo social central de la cuestión, que es el reconocimiento (o no) de la objeción de conciencia a los miles de padres que la han planteado?

 

c) Las opiniones del Sr. Rajoy en los medios y, sobre todo, la declaración institucional del Partido Popular, tras la reunión de Consejeros de Educación de las CCAA gobernadas por el PP, confirman un apoyo explícito a la objeción. ¿Les importa todo esto un carajo al Sr. Font de Mora y al Sr. Camps? ¿Tan dividido está el PP y tan poco liderazgo tiene Rajoy?

 

d) ¿Por qué su amenaza se ceba, precisamente, contra los centros concertados, los que más esfuerzo están haciendo para aplicar su estúpida norma, haciendo malabarismos con los horarios docentes y sin atacarle con continuos plantes y protestas como muchos centros públicos? ¿Es el Conseller un laicista anticatólico? ¿No se habrá equivocado de partido?

 

e) ¿Sabe el Sr. Conseller que quitar subvenciones a colegios concertados equivale a cerrarlos y a dejar sin escolarizar a decenas de miles de alumnos? ¿Cómo piensa atender a esos niños? ¿En su casa? ¿O reventando la enseñanza pública, que en varios centros ha comenzado el curso en barracones o locales provisionales por falta de plazas y espacios?

 

f) ¿Se acordará este insensato de que una enorme bolsa de los votantes a su partido llevan sus hijos a los colegios concertados? ¿No se da cuenta el Sr. Camps de que su Conseller de Educación está dinamitando sus bases electorales, tanto centristas como de derechas? ¿Qué misteriosos motivos le impiden llamar al orden o cesar a tan nefasto consejero?

 

g) ¿Qué va a hacer el Sr. Font de Mora con respecto al plante de muchos centros privados frente al tema del inglés? ¿También los va a cerrar? ¿Se ha propuesto acabar con la red de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana? ¿Tendremos que hacer todos “homeschooling”? (Bueno, quizá esto último nos convenga…).

 

h) ¿A qué santo viene este señor, a estas alturas históricas, con una política de amenazas continuas, inspecciones masivas, desentendimiento de las inquietudes sociales y prepotente bravuconería, actitudes y prácticas propias de regímenes totalitarios de un pasado ya superado? ¿Será del club de “fans” de la Sra. Cabrera?

 

No ceso de repetirme una y otra vez la pregunta que le hicieron en las Cortes: ¿Cuándo va a dimitir este señor? O, en otros términos: ¿Cuándo se decidirá el Sr. Camps a cesar en su cargo a este personaje que ha montado el más grave de los descontentos generalizados en la sociedad valenciana, que amenaza con absoluta contundencia y claridad su mayoría electoral en la próxima legislatura?

Sr. Camps: Como le digo una cosa, le digo la otra

 

 

 

Por desgracia, todos los artículos que hasta ahora he dedicado a comentar la gestión del Sr. Camps y sus consejeros, han tenido que ser muy críticos. Más duro he sido con el PSOE, desde luego. Pero su ambigua postura ante la Educación para la Ciudadanía y su olímpico desprecio a los objetores de conciencia a la misma, así lo merecía y así lo sigue mereciendo. Pero, como reza la expresión popular: “Como te digo una cosa, te digo la otra”. De la misma manera que es de justicia denunciar lo inaceptable, algo que voy a seguir haciendo hasta que reconozcan y apoyen a los objetores de conciencia, también lo es reconocer lo positivo. En lo que voy a decir incluyo también al Sr. Cotino.

 

Me refiero a las iniciativas a favor de la vida humana desde el momento de la concepción. Un modelo ya en marcha de apoyo a la mujer embarazada en situaciones difíciles, que va a ser reforzado, según nos prometen, y que ha sido “exportado” a la Comunidad de Madrid (gracias también a Dña. Esperanza, por recuperar la financiación en pro de la mujer gestante que meses atrás había denegado). También es interesante el proyecto de agilización de la adopción de los bebés de las mujeres que prefieran darlos en adopción antes que ordenar matarlos dentro de su seno. Otro aspecto que merece mis elogios es el apoyo prestado a la Red Madre, ampliando el plazo para la presentación de su ILP, siendo de esperar que luego la secunden en las Cortes Valencianas.

 

Es cierto que todas estas medidas y apoyos, realizados o por realizar, por parte del Gobierno  Valenciano, son todavía insuficientes para prestar a las futuras madres todo el apoyo integral que necesitan, no sólo para poder parir a sus hijos, evitando abocarles al aborto, sino también para poder atenderlos y cuidarlos debidamente una vez nacidos. Pero la línea iniciada por los Sres. Camps y Cotino es la adecuada, aunque falta mucho por recorrer. Entre otras cosas, es preciso que se impartan instrucciones a todos los centros de planificación familiar para que ofrezcan, mucho antes que la posibilidad de abortar, todo el abanico de posibilidades que se abre ante ellas para poder tener a sus hijos. Al parecer, en muchos lugares, la única alternativa ofrecida es el aborto.

 

Debería imponerse por la fuerza de la ley que cualquier mujer que acuda a cualquier médico, ginecólogo, centro de salud, centro de planificación, hospital o cualquier otra dependencia social o sanitaria, sea informada exhaustivamente de los peligros que conlleva el aborto, a nivel psíquico y físico, y de todas las alternativas que están y van a estar a su alcance para poder tener y cuidar a su hijo o darlo en adopción. Desde luego, lo más deseable sería que en toda la Comunidad Valenciana no existiese ningún abortorio, ni privado, ni público. Si no son capaces de conseguir esto, al menos continúen el camino de apoyo a la mujer embarazada que han emprendido y háganlo cada vez más fuerte y extenso. Los recursos de apoyo deben tener la máxima difusión.

 

Si alguna mujer de esta Comunidad terminase decidiendo abortar, amparada por las leyes socialistas (que ustedes no tocaron para nada cuando pudieron hacerlo y que con su tercer supuesto se ha convertido en un coladero legal), que no sea jamás porque no ha recibido toda la información o porque no se le hayan ofrecido cuantos recursos necesite para poder tener a su hijo. Sabemos que hay mujeres, feministas radicales, que abortarán igualmente cuando quieran. Allá ellas con su conciencia. Pero también sabemos que la inmensa mayoría de los abortos se producen por situaciones de abandono, soledad, miseria, impotencia y desespero de mujeres que dejarían vivir y nacer a sus hijos si se encontrasen amparadas y ayudadas de una forma eficaz. Se trata de salvar vidas, no sólo de los no nacidos, sino también de sus madres. La más noble de todas las causas.

 

Les aseguro que todo el esfuerzo y el dinero que dediquen a esta tarea será la mejor inversión que pueda hacer su Gobierno. Las infraestructuras sociales de apoyo a la vida humana, a la familia y a la mujer gestante, son infinitamente más importantes que las infraestructuras materiales. Si el progreso material, algo en lo que ustedes se desenvuelven muy bien, no va acompañado de progreso social, todo es una cáscara vacía. En fin, gracias y enhorabuena en este asunto. Sigan adelante, que todavía queda mucho por hacer. Avancen en la defensa de la vida y, por favor, decídanse ya de una vez a apoyar sin cortapisas y con hechos a los objetores de conciencia a la EpC, de acuerdo con las declaraciones institucionales de su Partido. Este es un punto muy grave, que oscurece su política, ya que a los objetores nos tienen ustedes descaradamente ninguneados. Un notable para el Sr. Cotino, pero un cero pelotero al Sr. Font de Mora.

 

 

 

 

 

 

El niño con el pijama de rayas

 

 

 

Hace unos días leí de un tirón el famoso libro de John Boyne, “El niño con el pijama de rayas”. Ayer vi la versión cinematográfica en su preestreno en Valencia. Desde luego, no se trata de “otra peli de nazis”. Al igual que la entrañable “La vida es bella”, esta historia es diferente. El libro, pese a ser un best seller, es tan simple y breve como un cuento: he ahí su grandeza. Encierra todo un mundo de mensajes y significados, cuyos distintos niveles de profundidad pueden ser captados con mayor o menor crudeza y horror según sea la madurez y la cultura del lector. Los terribles hechos del nazismo, que se dejan entrever en el breve relato, se reencuentran con el lector sin violentar su sensibilidad más allá de lo que ya sabe de antemano. Por eso lo puede leer igualmente un niño, que un adulto.

 

La película refleja bastante bien la trama básica del relato original, aunque resume algunas interesantes conversaciones y dramatiza el acelerado final cambiando elementos del libro y haciéndolo más trepidante aún si cabe. En general, presenta la historia de forma algo más evidente que en la novela, aunque tampoco se recrea en mostrar escenas cruentas que, como antes decía respecto al libro, quedan sólo apuntadas, de forma que la percepción de su brutalidad se modula según la capacidad de comprensión del espectador. Al finalizar la proyección, no obstante, en la sala, repleta de invitados, nadie se atrevía ni a respirar. A destacar la magnífica interpretación de los actores, especialmente los dos niños protagonistas. La novela y la película, ambos imprescindibles, para adultos y niños.

 

Dicho esto, y como no soy, afortunadamente, crítico literario, ni de cine, sino pedagogo y padre, quiero destacar algunos aspectos relacionados con la educación de este libro-película, que se me han quedado grabados a fuego. Para empezar, el relato en sí es formativo, educativo y pedagógico. Es formativo porque aborda una realidad que sucedió, desde los puntos de vista de las diversas personas implicadas. Es educativo porque destaca un buen ramillete de valores positivos y deja en evidencia, dentro de su propia dinámica, la maldad de otros valores inaceptables. Dice la crítica que la obra es una apología de la amistad. Es cierto. Pero aún me parece más importante cómo presenta la responsabilidad que conllevan las consecuencias de nuestros actos. Es pedagógico porque, como ya he dicho, su grado de dramatismo se ajusta a cada lector-espectador.

 

Quizá a otras personas les hayan impresionado más otras escenas. Mi sensibilidad hacia lo educativo me ha dejado impreso en la memoria un aspecto muy concreto. El niño protagonista, Bruno, y su hermana Gretel, obligados a vivir en una zona de Polonia apartada de la “civilización”, junto al campo de exterminio nazi de Auschwitz, regentado por su padre, flamante comandante de las SS, no pueden acudir a la escuela y reciben instrucción a cargo de un tutor. Las pocas escenas de las sesiones de clase son terroríficas. El tutor deja de lado las ciencias, sociales y humanas, para centrarse sólo en lo que él llama “Historia”. Esa materia consiste, para el profesor, en un  adoctrinamiento en la ideología nazi, una instrucción sobre aquello que debe conocer, sentir y asumir el buen ciudadano alemán. Hasta tal punto llega su lavado de cerebro, que Bruno duda de la bondad de su amistad con el niño judío y Gretel abandona repentinamente su preadolescencia convertida en una fanática jovencita pro-nazi.

 

Es una constante, en todo régimen totalitario, utilizar la educación para reproducirse y perpetuarse a sí mismo, amaestrando ciudadanos bien imbuidos, desde su niñez y adolescencia, de los elementos doctrinarios propios de la ideología oficial gubernamental. Esto no se evita sólo por que exista una democracia y porque los que mandan sean escogidos por votación. El psicópata Hitler, de hecho, accedió al poder por legítima elección de los alemanes en las urnas. Una vez situado en la cima el líder del Nacional-Socialismo, que así se llamaba su partido, puso bajo su control todos los poderes del Estado y se puso a llevar a cabo sus verdaderos planes. El pueblo que le había votado, como muestra la película, fue después sistemáticamente engañado con un aparato propagandístico oficial manipulado con absoluto descaro, junto a una censura y persecución férrea hacia cualquier mensaje o mensajero que osase criticar sus postulados.

 

El Führer, pronto contó con todo un ejército infantil y adolescente, perfectamente adoctrinado y emocionalmente subyugado por la parafernalia populista y simbólica del régimen, con la consigna de denunciar incluso a sus propios familiares si detectaban cualquier indicio de disidencia. El pueblo alemán, en su gran mayoría, no se apercibió del monstruo que habían aupado al poder con sus votos hasta que el horror de lo sucedido se abrió paso cuando el III Reich fue derrotado por el ejército aliado y los hechos salieron a la luz. Muchos millones de alemanes se sintieron entonces avergonzados y espantados, pero ya era tarde… Nunca prestaron atención a las pequeñas voces de los intrépidos disidentes, que les llegaban a través de las minúsculas rendijas del bloqueo informativo del régimen.

 

Sin comentarios…

 

Objeción a EpC: Ahora o nunca, Sr. Font de Mora

 

 

Mi familia y yo hemos acogido con esperanza las declaraciones que el Partido Popular ha hecho públicas, tras la reunión que mantuvieron todos los consejeros de educación de las CCAA regidas por ese partido. Creo que este sentimiento lo compartimos miles de familias objetoras. Dichas conclusiones son acordes con las declaraciones del Sr. Rajoy acerca de la Educación para la Ciudadanía y la objeción de conciencia a la misma. En general, también coinciden con lo que pensamos los objetores, aunque el lenguaje empleado es vago en cuanto a compromisos concretos. Además, todos sabemos que “del dicho al hecho, va un trecho”, especialmente en política.

 

El punto 4º de la declaración por ustedes acordada, dice textualmente:

 

El Partido Popular, ante la pluralidad de sentencias considera imprescindible y urgente que haya un pronunciamiento definitivo del Tribunal Supremo que unifique doctrina. Mientras tanto, defiende la no impartición de los contenidos contemplados en el Real Decreto a los alumnos que así lo manifiesten. Esta situación, no debería perjudicar nunca el expediente de los alumnos.

 

Los padres objetores de la Comunidad Valenciana nos preguntamos si las palabras “defiende” y “no debería perjudicar nunca” las va usted a traducir en hechos concretos o se van a quedar en otra mera declaración de intenciones, de las cuales ya estamos más que saturados y hartos. Entiendo que la única consecuencia coherente con estas declaraciones de su Partido debe ser el reconocimiento explícito de las objeciones presentadas ante su Consellería, estableciendo la normativa oportuna para que los alumnos objetores sean eximidos de asistir a las clases de EpC y de ser evaluados en la misma, así como determinar las actividades alternativas que deben realizar.

 

Por supuesto, a todo ello debo añadir que su Consellería debería dignarse a enviar una respuesta administrativa a cada uno de los padres objetores, algo que, con el curso escolar en marcha, todavía no se ha producido, lo cual nos ha dejado a los padres objetores completamente ignorados e inmersos en el oscuro terreno del silencio administrativo. Tras ser paralizada su Orden de 10 de junio por el TSJCV, cuyas luces y sombras comenté hace meses en otro artículo, usted sólo se ha dedicado a la defensa a toda costa del asunto del inglés, tema en el que no voy a entrar. Pero no ha movido ni un dedo en lo relacionado con la objeción de conciencia y la EpC en sí misma.

 

Hasta el momento, sólo ha conseguido usted que todo el mundo esté descontento, enfadado y enfrentado, se trate de padres y profesores de izquierdas, de derechas o de centro. Por si faltaba poco, ha hecho el ridículo dejando que en un CEFIRE de su Consellería se imparta un curso sobre EpC, en colaboración con la Fundación prosocialista y prolaicista CIVES, en el cual algunos de sus ponentes, conocidos exdiputados socialistas, han ridiculizado hasta el insulto a importantes personajes del PP. Le aseguro que su imagen pública como Conseller es, en estos momentos, deplorable. Ya puede usted agradecerle al Sr. Camps que no le cesara en la reciente remodelación del Consell tras la marcha de Fernando de Rosa. 

 

Pero, dejemos atrás el pasado. Ahora, tras la reunión de Consejeros de Educación en Madrid y la subsiguiente declaración del PP sobre el asunto, tiene usted una oportunidad de oro para, al menos, ponerse de parte de sus votantes y situarse con hechos en una posición clara de acogida a la objeción de conciencia. La ocasión es idónea para hacer borrón y cuenta nueva y rectificar las ambigüedades, silencios, insuficiencias y errores del último año. Es una coyuntura perfecta para demostrar a los valencianos que usted posee y defiende activamente los criterios y principios que nos han guiado a apoyar mayoritariamente a su Partido durante varias legislaturas. Una oportunidad que, posiblemente, no se repita.

 

Sr. Font de Mora, por favor, deje de esconder la cabeza con posturas autistas, tozudas y descomprometidas y defiéndanos del rodillo totalitario laicista del Gobierno de Zapatero. Sea consecuente con la postura institucional adoptada por su Partido, reconozca nuestras objeciones de conciencia a todos los efectos y ayúdenos en la defensa jurídica de la misma. O, si no está dispuesto a ello, al menos manifiéstese abiertamente en contra, envíenos un escrito denegatorio a los padres y déjenos que nos defendamos por nosotros mismos. Actúe con nosotros o contra nosotros, pero deje de ponernos palos en las ruedas con su silencio.

EpC: Diario real de una objeción en Bachillerato

 

Nuestro hijo Juan comienza este curso 1º de Bachillerato, en un I.E.S. de Valencia. Mi esposa y yo, junto con nuestro hijo, tras una prolongada reflexión en común y conociendo perfectamente la normativa de evaluación académica para este nivel educativo, decidimos objetar en conciencia contra ”Educación para la Ciudadanía”, que en Bachillerato adopta el nombre de “Filosofía y Ciudadanía”.

Como nos imaginamos que el camino por andar no va a ser fácil, he decidido abrir este post en forma de diario. En él iré anotando todas y cada una de las incidencias, positivas o negativas, que se vayan produciendo. Quedará como testimonio vivo del recorrido real de una objeción en marcha.

Espero que sirva para que todos los lectores que lo deseen puedan seguir su evolución, colaborar con sus comentarios y aportaciones, y estar al tanto del tratamiento concreto que vaya a tener la objeción de conciencia en la Comunidad Valenciana, que ahora comienza a impartir la EpC, sin perder de vista que las experiencias que aquí voy a exponer son sólo un botón de muestra, no necesariamente generalizables.

Que quede muy claro que no tratamos de ponernos como ejemplo para nadie. Somos padres normales y corrientes, bien concienciados y dispuestos, pero MUY normales. Esto es sólo una crónica de los hechos concretos que vayan sucediendo, que nadie sabemos cómo puede acabar. Esperamos tener fuerzas para llegar hasta el final. En todo caso, suceda lo que suceda, para bien o para mal, quedará aquí escrito.

Aquellos lectores que deseen seguir esta historia hasta el final, deben guardar el enlace permanente a este post, ya que, aunque aparecerá algunos dias en la página principal de HO, luego será sustituido por otras entradas que se vayan produciendo en los distintos blogs. Las nuevas anotaciones en el diario las haré cada vez editando este post. Sin más comentarios, comienzo el diario:

 

 

DIARIO REAL DE UNA OBJECION DE CONCIENCIA EN BACHILLERATO

06-05-2008: Presentamos nuestra declaración de objeción de conciencia a la EpC, a través de VAEL (Valencia Educa en Libertad), en el registro de la Consellería de Educación. Los funcionarios del registro se ven un tanto desbordados, ya que nuestra objeción se presenta junto con un bloque de gran número de ellas, pero las objeciones quedan registradas de entrada sin mayor problema.

11-09-2008: Presentamos copia de la declaración de objeción, junto con una carta explicativa dirigida al Director del IES, en el registro de la Secretaría del Instituto. De momento, nada que destacar. Si alguien quiere ver la carta, que me lo diga y la incluiré en sucesivos comentarios.

15-09-2008: Libertad Digital TV me realiza una entrevista en mi casa, como padre objetor con hijos a los que la EpC afecta directamente este curso. Los periodistas, muy amables y concienciados del asunto. La entrevista, breve, pero con tiempo suficiente para manifestar los motivos y aspectos esenciales de nuestra objeción. Aún no he podido ver la emisión de dicha entrevista. Ignoro cómo habrá quedado el montaje final.

16-09-2008: Nuestro hijo comienza hoy el curso. A fecha de hoy, y pese a la promesa hecha a VAEL por la Secretaria Autonómica de Educación, Concha Gómez, no hemos recibido respuesta administrativa alguna. Ante esta situación de inpass, hemos solicitado a los letrados de VAEL que estudien la forma de desbloquear la situación elevando recurso apoyándonos en el silencio administrativo o por otra vía jurídicamente viable. Por otra parte, de momento no hemos tenido comunicado alguno del Instituto.

Nuestro hijo ya ha vuelto de su primer día de clase. Ha venido escandalizado del horario en que han colocado la asignatura optativa de religión, al final de la mañana, para que los alumnos que no cursan religión, los que van a “alternativa”, puedan largarse a casa. A nosotros no nos ha sorprendido, porque ya conocíamos este asunto. Respecto a EpC, mañana tienen la primera clase, a primera hora. No les han dicho ni una palabra sobre lo previsto para los objetores, si es que han previsto algo.

El chaval nos ha preguntado qué debe hacer mañana y hemos estado hablando sobre el asunto. Hemos quedado en que, al llegar al Instituto, se dirija a su tutor, para hacerse presente y pedirle instrucciones. Si el tutor no se las da, que acuda al jefe de estudios, y si tampoco, al director. Si nadie le da razón de una actividad sustitutoria a la objeción, se quedará en algún lugar visible del Instituto, estudiando, y nosotros pediremos entrevista urgente con el director. En todo caso, mañana veremos qué sucede. 

17-09-2008: En el primer día de clase de EpC, ha sucedido algo extraño. Tanto darle vueltas a la cabeza con lo que podría acontecer y resulta que lo ocurrido ni se me había pasado por la cabeza. Lo que sí me imaginaba es que mañana me va a tocar entrevistarme con la profesora para ver si nos aclaramos, porque ni nuestro hijo ni nosotros hemos comprendido nada.

El muchacho y su primo, tal y como quedamos, ha acudido al Instituto antes de las 8:00 para pedir instrucciones a su tutor sobre qué actividad deben relizar fuera de clase los objetores. Les han dicho que en ese momento no había hora de atención del tutor. Viendo el percal se han ido directamente a preguntarle a la profesora de EpC. Al preguntarle si ella era la profesora de Filosofía y Ciudadanía, ella les ha dicho que ella no era profesora de Ciudadanía, sino tan sólo de Filosofía…

Al comentarle que ellos eran objetores, les ha dicho que su asignatura es obligatoria para aprobar el Bachillerato. Ellos le han contestado que ya lo sabían, pero que aún así eran objetores a la EpC. Ella ha insistido en que su clase no es de EpC, sino de Filosofía, que ella no da Ciudadanía. Ante ello, los chavales se han quedado perplejos y han decidido entrar a esa clase “sólo de Filosofía”.

La profe ha explicado el programa que van a dar, que consiste en Filosofía desde una perspectiva Psicológica, que es lo que ella domina, y nada más. El libro que deben comprarse, si embargo, es el de Castell-Nou y lleva por título “Filosofía y Ciudadanía”. La clase se ha dado en castellano, sin aparición alguna de profesores de inglés. La profesora ha comentado que en el Instituto se oponen a impartirla en inglés y les ha dicho que los exámenes de su asignatura ¡serán revisados por un inspector!

Ahora no sé si es que el Instituto ha decidido separar en dos bloques la Filosofía y la Ciudadanía, si es que la profesora ha decidido dar sólo Filosofía y omitir la Ciudadanía, si sólo es una maniobra para despistar a los objetores y que entren en clase o si, sencillamente, la profesora no se entera ni del nodo. Dice que ella es profesora de Filosofía y que su clase es sólo de Filosofía, pero el libro es de Filosofía y Ciudadanía. Y encima, esa intimidante advertencia de que los exámenes serán enviados a “un  inspector”.

Si no fuera porque conocemos hace tiempo a esa profesora, que ha dado clases muy correctas a otros de mis hijos, sin sesgos ideológicos y con excelente didáctica (mis hijas incluso la admiran como profesora), mi conclusión inmediata sería que se trata de una mera trampa. No lo sé. Así que, como me imaginaba, voy a tener que entrevistarme con ella para que me aclare el asunto.

Todavía me ha sorprendido más el comentario de que los exámenes los ha de revisar a un inspector. ¿Será posible que la Consellería sea capaz de haber establecido tal mecanismo de control sobre esta asignatura? ¿O se trata de una inspección estatal? ¿Qué demonios está pasando aquí? En fin, espero poder aclarar todas estas cosas mediante entrevistas con quien haga falta (profesora, tutor, jefe de estudios, director…), antes de la próxima clase de Filosofía y Ciudadanía, para saber a qué atenernos.

18-09-2008: He de confesarlo. Anoche no podía pegar un ojo, pensando en todo este embrollo y en lo que sucedería hoy en mis entrevistas en el Instituto. Me puse a rezar como un descosido a la Virgen, para que nos ayudara, nos diese discernimiento y fuerzas, y nos allanase el camino. Es relativamente fácil presentar una objeción, pero no es tan fácil llevarla adelante cuando llega “la hora de la verdad”. Gracias a Dios que tenemos su auxilio que nos sostiene. He de decir que la palabra de los distintos obispos que han hablado sobre la objeción ha sido y es un elemento fundamental que nos ayuda en este combate.

No he podido hablar con la profesora de Filosofía y Ciudadanía, pues no estaba en el Instituto y aún no han salido los horarios de atención a los padres. Pero sí que he podido hablar con el director. La conversación ha superado mis mejores expectativas. Además de un trato atento y amable, ha asumido con absoluto respeto nuestra decisión. El Instituto ya había previsto que los alumnos cuyos padres han objetado pudiesen estar en la biblioteca, en la que habrá en todo momento un profesor de guardia, pero lo había organizado para la ESO y es por eso que la profesora de EpC en Bachillerato no sabía nada. 

El director, un tanto despistado respecto al hecho de que la “Filosofía y Ciudadanía” de Bachiller forma parte del grupo de asignaturas de la EpC, ha aceptado de buen grado mis explicaciones y ha comprendido las razones de nuestra objeción en Bachiller. Esto no significa que las comparta o no, eso sólo él lo sabe, sino que las respeta. Era conocedor de nuestra objeción, pero sin querer había dado por supuesto que se referían a la ESO y por ello no había hablado con la profesora de Bachillerato.

El director ha tomado nota de los datos de mi hijo y de su primo y me ha asegurado que hablará con la profesora, para que sepa que ambos alumnos irán a la biblioteca en su hora de clase. Esto es importante, además, porque quedará claro que no se trata de una falta de asistencia. Me creo en el deber de dejar aquí constancia de la amabilidad y de la actitud de respeto ante las decisiones de los padres de este Director. Y eso en un Instituto público. Todo un ejemplo de corrección humana y verdadero espíritu democrático, a imitar, tanto por los directores de centros públicos, como concertados.

Como comprenderéis, he salido del Instituto con 30 kilos menos de peso y dando gracias a la Virgen. Al contárselo a mi hijo, también le ha cambiado la cara, ya que ahora se siente mucho más seguro que ayer depués de que la profesora les dejara, confundidos y dentro de clase. El muchacho sigue dispuesto a seguir adelante con el combate, ahora con mayor seguridad todavía. Así que, si no sucede nada extraño, por el momento no entrará en las clases y permanecerá estudiando en la biblioteca.

22-09-2008: Me lo temía. Hoy ha tenido mi hijo clase de Filosofía y Ciudadanía. Su primo y él le han preguntado a la profesora si el director había hablado con ella sobre su objeción y el ir en esas horas a la biblioteca con un profesor de guardia. La profesora les ha dicho que no y les ha vuelto a contar el mismo rollo del primer día de clase. Los muchachos, sin saber a qué atenerse, se han quedado dentro de la clase.

Mañana me toca volver a la carga y hablar con el director, para comprobar si es verdad o no que a la profesora no le han llegado aún sus instrucciones, para pedirle que lo haga si no lo ha hecho y para que pida a la profesora que deje de liar el tema diciendo que su asignatura “no tiene nada que ver con EpC”. Supongo que el director, con el fin de semana por medio, no ha tenido aún ocasión de hablar con la profesora.

Espero que esta semana quede claro el asunto de una vez por todas. Si la profesora sigue en sus trece, le comunicaré al director que los chavales irán directamente a la biblioteca, sin hablar más con ella. Como podréis comprobar, el combate sigue. Confío en poder avanzar paso tras paso, con la ayuda de Dios.

23-09-2008: ¡Bendito sea Dios! Y que bendiga al Director del Instituto de nuestro hijo (y a otras personas que en él trabajan y están por la labor). Tras el confusionismo de días anteriores, hoy le he escrito un mensaje al Director, diciéndole que los chavales seguían sin saber a qué atenerse, porque la profesora no sabía nada, y remitiéndole los textos legales donde aparece claramente la “Filosofía y Ciudadanía” enmarcada dentro de la “Educación para la Ciudadanía” (más que nada para que pudiese aclararle las ideas a algún que otro profesor despistado). Luego, por la tarde he hablado con él por teléfono.

Como siempre, me ha atendido con una amabilidad fuera de lo común. Me ha dicho que había leído mi mensaje y que ya había hablado con la profesora de Filosofía y Ciudadanía para explicarle que mi hijo y su primo, por motivo de su objeción, no iban a entrar a su clase, que en ningún momento se trata de absentismo o falta de asistencia y que la objeción no se dirige en modo alguno contra ella.

Por otra parte, dado que las clases de EpC las tienen, una a las 8 de la mañana y otra a última hora de la mañana, y la biblioteca (lugar dispuesto para los objetores de la ESO) está cerrada a esas horas, ha decidido que mi hijo y su primo acudan en esas horas al “Aula de Convivencia”, donde siempre hay un profesor de guardia. Allí podrán estudiar o hacer deberes. Ante mi ofrecimiento de que tal vez podrían aprovechar ese tiempo para hacer alguna actividad alternativa de colaboración con el Instituto (algo que manifestamos en la declaración de objeción), le ha parecido una idea fantástica. Hablará con los profesores para que, si algún alumno “trasto” de los que van a ese aula, de 1º de ESO por ejemplo, necesitase apoyo escolar, nuestros muchachos le echen una mano. “Eso sí que es auténtica educación para la ciudadanía”, me ha comentado.

Por útimo hemos quedado en que los chicos ya no acudan más a la clase de Filosofía y Ciudadanía, sino que directamente acudan a esa otra aula. Además, me ha dicho que mañana, a las 8 en punto, hora en que tienen la dichosa asignatura, mi hijo y su primo acudan a su despacho y que él mismo les acompañará al otro aula, para presentarlos al profesor y para que se sientan más seguros y arropados.

Para terminar la conversación, me ha dado las gracias. ¡Sí, me ha dado las gracias él a mí! Yo le he dicho, naturalmente, que gracias a él, pero ha insistido en darme las gracias a mi. No sé exactamente por qué, la verdad.

¿Se puede pedir más? Al Instituto, desde luego, no. La objeción se va a hacer efectiva, los chicos no van a entrar en las clases, van a tener un lugar concreto dónde estar, con un profesor testigo de que están en el Instituto y, además, con actividad sustitutoria educativa pero no sectaria. Sabemos que no debemos bajar la guardia y seguiremos atentos al transcurrir de los hechos, porque los “enemigos” están por todas partes y en cualquier momento pueden asomar las narices para tocarnos las nuestras con nuevas dificultades. Pero, de momento, todo invita a dar gracias por cómo van las cosas.

Ahora sólo queda el “pequeño detalle” de que nuestra objeción sea admitida y nuestro hijo quede exento de cursar la asignatura y ser evaluado en ella. Por muy buena que sea la actuación del Instituto, si el chico no entra en las clases, suspenderá. Puede repetir la asignatura en 2º y continuar sin entrar en clase. Pero, si la Consejería de Educación y/o los Tribunales, no nos reconocen la objeción, no obtendría el título de Bachiller. Tenemos tiempo por delante para defender nuestra objeción pero, si llegara ese extremo (Dios no lo permita), la toma de decisiones sí que será radicalmente difícil. Pero, como Escarlata O’Hara, eso lo pensaré mañana…

Aunque no tengo muchas esperanzas en ello, quiero creer que el Consejero Font de Mora -el Gobierno Valenciano del PP en suma- actúe de forma urgente y coherente con las declaraciones que los consejeros de educación de las CCAA regidas por el PP han hecho públicas tras su reunión de ayer en la C/ Génova, que en su punto 4 aseguran que el PP va a reconocer la objeción, eximiendo a los objetores de asistir a clase sin que ello perjudique su expediente académico. ¿Es mucho soñar, verdad? Pero, quién sabe…

24-09-2008: Hoy mi hijo ya no ha entrado en clase de EpC. La única incidencia, de poca importancia, es que cuando ha acudido, según lo pactado, al despacho del Director, y él le ha acompañado al aula prevista, no había ningún profesor de guardia. El Director, a la vista de ello y mientras lo soluciona, le ha pedido que se quedara en un pequeño hall junto a su despacho. Es lógico que se produzcan estos fallos de ajuste, en pleno inicio de curso en un Instituto con más de 200 profesores. Confío plenamente en que el tema del local a donde debe acudir mi hijo en las horas de EpC se solventará en breve.

Quiero destacar la actitud de mi hijo. No es sólo “amor de padre”. Ayer se resbaló a causa de la lluvia y se dislocó la rodilla, algo que le sucede con cierta frecuencia, ya que tiene una rotura de ligamentos cruzados. Auque no es nada grave, ya que está acostumbrado a colocarse la rótula en el sitio y seguir adelante, estaba un poco dolorido y podría haberse quedado en casa. Pues nada, el tío ha cogido una muleta, me ha pedido un justificante para el profesor de Educación Física y se ha ido al Instituto, precisamente para no perderse el primer día en que ya no iba a entrar en las clases de Filosofía y Ciudadanía. Con un par.

29-09-2008: Mi hijo continúa sin entrar en las clases de EpC. Sin embargo, el despiste del Instituto sobre dónde debe permanecer en esas horas, continúa. Hoy tenían clase de Filosofía y Ciudadanía a última hora. Se han dirigido al despacho del Director, para saber a dónde dirigirse. No estaba. En la biblioteca y en el aula de convivencia no había ningún profesor de guardia. Sin saber qué hacer, su primo y él se han marchado a casa. Grave error que les he pedido que no vuelva a suceder. Para que sea efectiva la objeción, no pueden ausentarse nunca más del Instituto en esas horas, aunque tengan que quedarse sentados en un pasillo. Lo han comprendido perfectamente. Hemos quedado en que el miércoles, que tienen la asignatura a las 8 de la mañana, voverán a preguntar al Director dónde deben quedarse. Si el tema no se resuelve, volvere a comunicare con el Director para ver qué sucede y cómo arreglar de una vez por todas el asunto.

30-09-2008: Junto con otras dos familias objetoras, hemos estado esta tarde en una notaría, para hacer la dación de poderes a los abogados y procuradores voluntarios que se han ofrecido gratuitamente a ayudarnos en la defensa jurídica de nuestras objeciones (Dios los bendiga). Junto con un amplio grupo de familias objetoras, vamos a elevar el próximo día 6 de octubre una primera tanda de recursos contra la Consellería de Educación, ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribual Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, entendiendo como denegada nuestra objeción por el silencio administrativo habiendo comenzado ya el curso escolar. Tras esta tanda, se irán presentando otras sucesivas.

Esperamos del buen juicio de los magistrados que nuestros recursos sean aceptados y nuestros hijos queden exentos de la EpC. ¡Dios ilumine sus conciencias! Me resulta muy triste e indignante que, en una Comunidad gobernada por el PP, partido que se ha declarado institucionalmente en contra de la EpC y a favor de la objeción, los padres objetores nos veamos obligados a estos extremos ante el absoluto ninguneo por parte del Conseller.  En fin ellos verán lo que hacen. Tendrán que asumir las consecuencias de sus actos y omisiones. Nosotros a lo nuestro, que es defender la educación que queremos para nuestros hijos.

06-10-2008: La objeción y el recurso que hemos presentado siguen en marcha. Pese a la buena disposición del director del Instituto, en los horarios de Filosofía y Ciudadanía, primera y última hora de la mañana, no están abiertas ni la biblioteca ni el aula de convivencia. Mi hijo y su primo siguen pasando esas horas sentados en un tresillo junto al despacho del director. Podría presionar al mismo con la normativa en la mano, para que les atienda el profesor de guardia, pero no quiero hacerlo. Creo que el director está haciendo lo que buenamente puede y no veo la necesidad de tensar las cosas con él.

Me he llevado un profundo disgusto, que me ha provocado un buen cabreo, enterarme de que muchas asociaciones y plataformas pro-objeción, se han desmarcado de la objeción integral a la EpC, en sus cuatro asignaturas, desalentado la objeción en Bachiller. Menos mal que tanto mi esposa y yo, como la plataforma a la que yo pertenezco (VAEL-Valencia Educa en Libertad), tenemos muy claro los objetivos y motivos de la objeción a la totalidad de las asignaturas de la EpC. Por eso nosotros seguimos adelante.

14-10-2008: Me he enterado hoy de que la Consellería ha comenzado a enviar una carta de respuesta a las objeciones, al menos a algunos de los que han objetado en 2º de la ESO. Nosotros no hemos recibido nada. Casi mejor, porque la carta es una auténtica tomadura de pelo, en la que tan sólo se informa de lo que ya sabíamos y no se dice ni sí, ni no, a la objeción. Es decir, que la carta no sirve para nada, porque no dice nada. La cobardía e inutilidad de nuestro gobierno autonómico en este asunto es realmente vomitiva. No respeta ni siquiera las propias declaraciones institucionales de su partido (el PP), que están clara e inequívocamente enfocadas a aceptar y proteger la objeción de conciencia a la EpC. ¡Qué asco!

03-11-2008: Me comenta mi hijo que el director del Instituto sigue preocupado por encontrarles un lugar y una atención adecuadas para él y su primo durante las horas de clase de Filosofía y Ciudadanía. Como en el horario de la asignatura ni hay profesor de guardia en la biblioteca, ni en el aula de convivencia, ha decidido hacerse cargo él mismo. Los hace pasar a su despacho, donde hay una mesa auxiliar para reuniones, y allí les deja estudiar bajo su supervisión directa. Además, aprovecha para hablar con ellos de diversos temas de gran interés. Un nuevo sobresaliente para este director.

El otro día se cruzaron con la profesora de Filosofía y Ciudadania y ésta, con auténtico tono de afecto, les dijo que les echaba de menos en sus clases. Ellos le dijeron a ella que también, pues es verdad que la profesora es una excelente profesional y persona. ¡Qué lástima que la puñetera EpC nos esté obligando a que se pierdan las enseñanzas de Filosofía que esta profesora imparte de maravilla! Encima, mi hijo me dice que le agrada y atrae la Filosofía. Como yo soy Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, hemos decidido hacer en casa una pequeña “homeschooling” sobre esta materia. Le servirá, al menos, para introducirse de mi mano en el mundo del pensamiento y también para “adelantar” faena en el caso de que la justicia finalmente nos negase el derecho a objetar y decidiésemos que curse la asignatura el año próximo.

04-11-2008: Las primeras cartas de la Consellería a los objetores en 2º de la ESO han comenzado a llegar a los padres de Valencia. Es la misma que recibieron los de Alicante. Ni reconoce ni deniega la objeción. Informa de la situación, como la ve la Consellería, y punto. En modo alguno es una resolución ni una respuesta a la objeción. Tiene sólo dos aspectos útiles: Recuerda que los centros tienen la obligación de atender adecuadamente a los alumnos objetores y comenta que la objeción la hemos ejercido como cosecuencia del derecho a la libertad ideológica contenida en el art. 16 de la Constitución. Una pega: Que sólo se refiere a 2º de la ESO y no dice nada de los otros cursos que tienen EpC. Por eso, nosotros no la recibiremos. Seguimos a la espera de resoluciones judiciales.

03-01-2009: No, no me he olvidado de ti, querido diario. Lo que sucede es que, aunque por toda España se multiplican las resoluciones favorables a la objeción de conciencia, en Valencia apenas se ha movido nada más que la guerra del inglés, que a nosotros ni nos va ni nos viene.

En el Instituto siguen tratando a mi hijo con toda corrección aunque, como es lógico, le han calificado la primera evaluación de Filosofía y Ciudadanía con un “no presentado”. El chaval, aunque sigue dispuesto a la lucha, comienza a resentirse ante la cruda realidad. Necesitamos resoluciones urgentes.

El Gobierno valenciano sigue sin resolver nada acerca de la objeción. El TSJCV está tratando de quitarse de encima el embolao, declarándose incompetente para resolver nuestros recursos sobre un asunto que, según ellos, corresponde a los juzgados ordinarios de lo contencioso-administrativo, lo cual no es cierto, porque se trata de un caso de vulneración de derechos fundamentales.

En fin, que entre unos y otros, nos están haciendo perder un tiempo precioso, que es nuestra mejor baza a jugar en cuanto a las objeciones en Bachillerato. Cero pelotero para el PP valenciano y para el TSJCV. Apenas nos queda nada más que esperar a las ansiadas resoluciones que el TS ha prometido para febrero.

28-01-2009: Día fúnebre para la Democracia en España. El Tribunal Supremo ha dictado sus primeras sentencias sobre EpC y lo ha hecho desestimando el derecho a objetar. El poder judicial, por el momento, no nos protege de los abusos del gobierno, ni siquiera en un asunto de derechos fundamentales. Con este precedente es de esperar que el TSJCV tampoco nos apoye. La lucha no ha terminado, porque queda el TC y el Tribunal de Estrasburgo. Pero ese proceso va a ser tan largo que mi hijo, de seguir sin entrar en clase, ya se habrá quedado sin el título de Bachiller y sin poder pasar a la Universidad, eso aunque al final del trayecto nos dieran la razón. Todo esto es muy serio y tenemos que reunirnos en familia y pedir asesoramiento jurídico para decidir qué hacemos. Estoy muy triste y decepcionado, la verdad.

30-01-2009: Los análisis realizados por distintos profesionales del derecho y otros, sobre la sentencia del TS indican que no hay que apresurarse en la toma de decisiones. En primer lugar, aún no ha salido el texto de la sentencia, en el cual pueden haber sorpresas para el Gobierno, que puede haber cantado victoria demasiado pronto. En segundo lugar, la nota que ha hecho pública el TS sólo se refiere a los cuatro casos que han visto, no a los más de 1800 recursos planteados (cabe que en otros recursos mejor fundamentados sí que sea admitida la objeción). En tercer lugar, parece ser que en el texto de la sentencia el TS va a incidir de alguna forma en que a través de la EpC no se puede adoctrinar ideológicamente, lo cual puede ser un varapalo al Gobierno mayor de lo que se espera, puesto que las denuncias se pueden multiplicar por todas partes, creándose una judicialización y una movilización social aún más grande de la que ya existe. En todo caso, hasta que no salga el texto de la sentencia, conviene no tomar decisión alguna. Paciencia, oración, reflexión, información, asesoramiento y serenidad antes de mover un dedo. La guerra no ha terminado.

20-02-2009: Ya han salido los textos completos de las sentencias sobre los cuatro primeros casos de objeción que han llegado al TS y hemos tenido tiempo de analizarlas con detalle. En resumen, vienen a decir lo siguiente: a) Deniegan el derecho a objetar a esas cuatro familias; b) Declaran que la LOE y los RRDD que regulan la EpC se ajustan a Derecho, aunque notan que pueden prestarse a un uso indebido; c) Advierten al Gobierno, Administraciones, colegios, profesores y editoriales que ninguno de ellos puede aprovechar la EpC para adoctrinar en temas morales que son objeto de controversia social; d) Alientan a los padres a vigilar y denunciar ante los juzgados los posibles abusos que se produzcan respecto al anterior punto.

Se trata, por tanto, de una sentencia con pros y contras. El Gobierno y sus medios afines han lanzado una campaña de desinformación y de presiones que no pueden derivarse legítimamente de las sentencias. Las consecuencias reales, derecho en mano, son: a) Las sentencias sólo atañen a las cuatro familias a las que se dirigen, no a todos los objetores; b) Sientan un precedente contrario, pero no generan jurisprudencia, de forma que no obligan a que otros juzgados o tribunales rechacen la objeción; c) Son perfectamete recurribles ante instancias superiores y así lo han hecho ya los padres afectados; d) En modo alguno obligan a las Administraciones, ni a los colegios a denegar objeciones ni autorizan a que se fuerce a los alumnos a entrar en las clases de EpC; e) Contienen una prohibición expresa sobre el adoctrinamiento moral, que debe ser respetada por todos, desde el Gobierno hasta los profesores y editoriales; f) No sólo no paralizan al movimiento objetor, sino que le proporcionan nuevas vías para lograr sus fines.

El movimiento objetor sigue más vivo que nunca. La batalla continúa, con el escollo previsible del TS en casi todos los casos que le lleguen (no en todos, porque las sentencias dejan una puerta abierta a que en ciertos casos pueda reconocerse la objeción), pero con nueva armas muy poderosas en manos de los padres.

En nuestro caso, nos imponemos un breve tiempo de reflexión antes de tomar decisiones.

04-03-2009: A la vista de la lentitud prevista para que nuestro caso consiga una resolución final, ya que el TSJCV aún nos está regateando si admite a trámite nuestro recurso y, aún en el caso de que lo haga, habrá recurso de una de las partes ante el TS, seguido de recurso de una de las partes al TC y lo mismo hasta el Tribunal de DDHH de Estrasburgo, se prevé imposible que nuestro hijo sea declarado exento antes de que ya haya perdido toda posibilidad de obtener el título de Bachiller, ya que estamos hablando de un camino judicial de tres o cuatro años como mínimo. Sabiendo por otra parte que el currículo de Filosofia y Ciudadanía es el menos adoctrinante de todo el conjunto de la EpC y conociendo desde hace varios años el buen hacer profesional y moral de la profesora que le corresponde, hemos decidido lo siguiente:

a) La incorporación de nuestro hijo a las clases de Filosofía y Ciudadanía. Ya ha comenzado a entrar en clase. Por cierto, nada más llegar, se ha encontrado con un ejercicio para toda la clase, un comentario de texto sobre el concepto de “persona” en Max Scheler y nuestro hijo ha obtenido un “bien”.  No hay nada como la “home schooling”, aunque en este caso yo tenga ventaja por ser Licenciado en Filosofía y CCEE y ya había comentado un poco con mi hijo el tema filosófico de la “persona”.

b) Proseguimos la defensa judicial de nuestra objeción. Cuando dentro de unos años se llegue a una resolución final, sea o no favorable, ya no nos afectará para nada, pero queremos seguir adelante por principios y por solidaridad con quienes vengan detrás. Hay que conseguir que la objeción de conciencia sea reconocida en España respecto a los derechos de los padres sobre la educación de sus hijos.  Y hay que conseguir eliminar ESTA EpC que, diga lo que diga el TS, es un panfleto socialista-laicita.

c) Procedemos, como indica de forma el TS, a inspeccionar el libro de texto y el programa de clase de la asignatura. Examinados ambos, nos parecen imparciales y muy correctos. Igualmente, vamos a vigilar estrechamente todo posible intento de adoctrinamiento moral que pudiera producirse, no sólo en ésta asignatura, en la que conociendo a la profesora es improbable, sino en todas y cada una de las materias obligatorias. Denunciaremos judicialmente cualquier intento si se produjese.

No es ésta la opción que hubiésemos deseado, ni mucho menos, pero es la que estimamos mejor en la situación concreta actual. Quizá defraude a algún lector, pero ya dije que en este diario dejaria constancia de todo cuanto ocurriese, sea banco, negro.  O gris, como sucede en nuestro caso. No obstante, la guerra continúa, con nuevas estrategias y nuevo armamento. Por tanto, este diario no acaba aquí.

24-6-2009: El curso ha terminado y, con él, -ahora sí- este diario. Las cosas no han transcurrido en absoluto como hubiésemos querido, pero el imperio de la realidad se ha impuesto, como siempre. No hemos tenido el valor (o la estupidez, quien sabe) de dejar que nuestro hijo se jugara la obtención del título de Bachiller permaneciendo hasta las últimas consecuencias sin entrar en las clases de Filosofía y Ciudadanía.

Aunque la mayor parte de las asociaciones y plataformas pro-objeción han aconsejado que no sigamos emperrados en objetar en Bachiller, porque los contenidos de la EpC en ese nivel apenas contienen elementos de doctrtina sectaria y porque en Bachiller hay que aprobar todas las asignaturas de forma impepinable para obtener el título (cosa que no sucede en Primaria y en ESO), no estamos seguros de haber obrado con la intrepida valentía que exige la realidad que nos rodea. Hemos obrado con absoluta prudencia, pero no siempre la prudencia -en el sentido corriente- es la mejor consejera. Dios dirá.

Lo hecho, hecho está. Nuestro hijo aguantó sin entrar en clase dos trimestres, pero en el tercero le aconsejamos que entrase en las clases y tratase de aprobar la asignatura. Gracias a su esfuerzo y al trato impecable de su profesora y su director, cuyas bonanzas ya he agradecido en este post, ha aprobado Filosofía y Ciudadanía con un 5 peladillo (aunque ha suspendido otras dos, el muy tontaina, que esperamos que aprobará en septiembre, porque el chaval es muy voluntarioso pese a su adolescente juventud).

En lo que concierne a la objeción, con este hijo el asunto está concluido, aunque nuestros recursos siguen adelante y quizá algún día, dentro de unos años, alguien nos la reconozca cuando ya no nos sirva para nada. Al menos servirá para ayudar a abrir el camino a los que vengan detrás. Y el muchacho ha aprendido, aunque sólo hayan sido unos cuantos meses, a luchar por lo que es justo y a soportar los temores y problemas de navegar a contracorriente en un sistema de enseñanza que se ha convertido en propaganda panfletaria y doctrinaria de los estúpidos, inmorales y criminales postulados del progretariado laicista de la cuadrilla de totalitarios socialistas que nos gobiernan y que hacen las leyes y los reales decretos.

Nos queda por delante la pelea con nuestro hijo pequeño, que debería cursar el año próximo 4º de la ESO, aunque creemos que va a repetir 3º con tropecientos suspensos y el año que viene no habra que ejercer todavía la objeción efectiva, que también por él presentamos en su día. Ya veremos qué podemos hacer, con la ayuda de Dios, cuando llegue el momento de la verdad. Tampoco va a ser fácil, porque va a un colegio concertado que adapta todo lo que hace muy bien al ideario del centro y que han demostrado un cariño y una atención especialísima y exquisita a nuestro hijo. Pero esta es otra historia.

Aquí sólo me resta mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que han ido siguiendo este diario y nos han ayudado con sus comentarios. También reiterar nuestra gratitud al director del Instituto y a la profesora de Filosofía y Ciudadanía, por su respeto hacia nuestras posturas, por la atención prestada a nuestro hijo mientras no entraba en clase y por la prestada cuando ha entrado en clase. Todo un ejemplo de verdadero espíritu democrático y de auténtica neutralidad ideológica en la escuela pública. Por último, agradecer a todos los amigos de VAEL, algunos de ellos abogados, que nos han ayudado durante todo este tiempo, siempre dándonos ánimos, comprensión y trabajando un montón sin cobrar un duro.

FIN DEL DIARIO

EpC: Carta abierta al Excmo. Sr. D. Francisco Camps

  

Excmo. Sr. Presidente de la Generalitat Valenciana:

 

Ante la incomprensible, incoherente, temerosa y contumaz postura del Sr. Conseller de Educación respecto a la Educación para la Ciudadanía impuesta por el PSOE, me veo en la obligación y me siento en derecho de comunicarle y denunciar lo siguiente:

 

a)    Como bien han analizado políticos muy relevantes del PP, entre ellos D. Mariano Rajoy, la EpC no sólo atenta contra el derecho de libre elección de línea educativa de los padres respecto a sus hijos, consagrado en el Art. 27.3 de la Constitución, sino también, y mucho más peligrosamente, contra las bases mismas del Estado de Derecho, ya que impone una ideología ético-moral concreta de índole estatal que destruye el derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa, contenido en el Art. 16 de nuestra Carta Magna, norma de todas las normas e inviolable por otras normas de rango inferior, sean Leyes Orgánicas o Reales Decretos.

 

b)    La objeción de conciencia es un derecho legítimo intrínseco a todo estado democrático moderno y un signo de madurez del Estado de Derecho, esté o no regulado ad hoc para cada caso. Tribunales Superiores de Justicia, como el de Andalucía o el de La Rioja, y otros tribunales de menor rango, han emitido una ya extensa y fundamentada serie de resoluciones que determinan que tal derecho resulta aplicable a la EpC. Las resoluciones desfavorables son unas pocas. Existen, pues, suficientes razones, éticas y jurídicas, como para que las administraciones públicas admitan, al menos cautelarmente, las objeciones y sus consecuencias lógicas: la exención de cursar la EpC y ser evaluados en ella, junto a la implantación de actividades sustitutorias no adoctrinantes en materia de moral, en espera a que los altos tribunales decidan.

 

c)     Es incomprensible que el PP, cuyos líderes se han pronunciado en contra de la EpC y, recientemente, a favor de la objeción de conciencia a la misma, dejase pasar en 2007 la oportunidad y el plazo para promover un recurso de inconstitucionalidad contra la LOE y los Reales Decretos que la desarrollan. Pero más irritante es que, ahora, con la EpC comenzando su aplicación en nuestra Comunidad Valenciana, tampoco apoyen sin ambages la objeción de conciencia, que es la única arma legitima que la inactividad opositora de ese partido nos ha dejado a los padres y madres españoles y, en consecuencia, a los valencianos. Ustedes nos han dejado solos frente al rodillo y el aparato jurídico socialista.

 

d)    Igualmente absurdo y escandaloso es el diferente trato que se ofrece a la objeción de conciencia en las distintas comunidades autónomas gobernadas por el PP y el escaso apoyo de algunas de ellas a las recientes manifestaciones del Sr. Mariano Rajoy. En la Comunidad de Madrid, en la de Murcia y en la de La Rioja, los gobiernos del PP han decidido apoyar la objeción, aunque lo hagan de forma provisional entretanto las máximas autoridades judiciales se pronuncien definitivamente al respecto. Por cierto, de la anunciada reunión de consejeros de educación del PP con la Sra. Cospedal, para unificar posiciones, nadie sabemos nada.

 

e)    He de reconocer que la Comunidad Valenciana, hoy en día, es un referente mundial de progreso y modernización. La mayor parte de los valencianos nos sentimos orgullosos de ello. Pero los valencianos no nos conformamos sólo con ver aumentar nuestro potencial material. Tenemos principios y valores, que pensábamos compartía el PP. Por ambas cosas, no sólo por la primera, nuestro apoyo electoral viene siendo mayoritario desde hace tanto tiempo. El progreso que queremos no es sólo económico, sino también social. La objeción de conciencia es un signo de madurez, avance y modernidad democrática, cuya protección echamos en falta.

 

f)      Por eso, somos muchos los decepcionados por la inactividad del Consell en cuanto a los temas que comportan principios éticos y morales, e incluso de derecho. No olviden que somos muchos los que hemos otorgado durante décadas un voto útil al PP, no un voto por convicción o por compartir lo que dice y hace el PP, sino por evitar que gane el todavía peor PSOE. Podrán suponer que, si nuestro voto útil se convierte en inútil, puede haber un giro electoral mucho mayor de lo que se imaginan. No se acomoden en la seguridad de que, tras tantos años gobernando, la Comunidad Valenciana es suya para siempre. Nuestro voto no es cautivo.

 

g)    Reconozco que su gobierno, con la Orden de 16 de junio, trató de paliar un poco el tema, aunque ha acabado por enredarlo más aún si cabe. Dicha Orden, hoy paralizada por el TSJCV, contiene algunos aspectos que es justo apreciar, como el hecho de que, con la opción B, otorgaba a los padres un mayor control. Pero la Orden no reconoce explícitamente, ni la objeción, ni sus consecuencias lógicas. Nos obligaba a escoger la opción B, que seguía siendo EpC aunque moderada, posibilidad que podía ser escogida por cualquiera, objetor o no. En la reciente resolución sobre aplicación de la EpC en los centros, no se han dignado siquiera a mencionar una palabra acerca de la objeción, o sobre cómo los centros deben atender a los alumnos cuyos padres han presentado objeción. Nos han ignorado absoluta y descaradamente.

 

h)    La Secretaria Autonómica de Educación, Concha Gómez, en nombre de su gobierno, nos prometió que todos los padres objetores recibiríamos una respuesta administrativa individual. Pues a fecha de hoy, ya iniciado el nuevo curso, no han contestado nada de nada. Silencio administrativo e ignorancia supina por toda respuesta. Parece que su gobierno tiene miedo a contestar, tanto a favor de la objeción, como en contra: a favor, porque no quiere vérselas con Zapatero en los juzgados; en contra, porque no quiere verse con una avalancha de recursos. Y así nos tiene, encajonados entre sus miedos e indecisiones, esperando a que nos cansemos, desistamos o algo así. ¡Eso ni lo sueñen!

 

i)      Recuerden que el silencio administrativo es un acto administrativo. Recuerden que un suspenso es un acto administrativo. Recuerden que cualquier actuación de las direcciones, los profesores u otro personal de los centros, que traten de hacer repercutir sobre nuestros hijos cualquier otra medida que vaya más allá de la dispuesta para la evaluación académica, sería también un acto administrativo. Vayan olvidándose de que la callada por respuesta es la mejor forma de que abandonemos la defensa, sea por vía administrativa o jurídica, de nuestros derechos. Decidan ustedes, de forma clara  y urgente, si nos van a defender o nos van a dejar solos. Si no podemos contar con su apoyo, nosotros sabemos cómo actuar; eso sí, no cuenten con el nuestro nunca más.

 

j)      Por último, y por favor, dejen de marear la perdiz con el asunto del inglés, que ya está el mar bastante movido. ¿No se dan cuenta de que el empecinamiento absurdo con ese asunto está bloqueando la resolución del problema central, que es la EpC en sí misma? ¿No ven que han creado una guerra idiomática paralela y se han creado nuevos enemigos? ¿Ignoran el follón organizativo y metodológico a que están sometiendo a los centros? ¡Claro que es necesario potenciar el aprendizaje del inglés en escuelas e institutos! Pero existen mil y una formas de potenciar este aprendizaje, todas menos en EpC, que ya tiene bastante con su propia conflictividad intrínseca. Vayan al grano y no a la paja.

 

 

En conclusión, Sr. Camps, le ruego que se olviden de apaños y ambigüedades, dejen de liar las cosas con el inglés, sean valientes y decididos, sean más coherentes con su propio partido, no ignoren a los padres objetores, ayúdennos con su apoyo o, al menos, resuelvan de una vez y déjennos vía libre para defendernos nosotros mismos.

 

 

 

EpC: Es hora de ir despertando

 

 

Aunque aún queda una semanita de agosto, a la que nos agarramos como el último clavo ardiente de las vacaciones estivales, el curso escolar 2008-2009 ya está a la vuelta de la esquina. No hace falta ser profeta para prever que no va a ser un curso precisamente fácil, en ningún sentido. Si Dios no lo remedia, y no suele hacerlo cuando somos nosotros quienes podemos y debemos actuar, nos aguardan múltiples y arduas batallas. Y tenemos que pertrecharnos a conciencia antes de que las hordas socialistas nos pasen por encima, junto con las graves consecuencias de sus decisiones e indecisiones.

 

Nos espera, sin duda, un curso repleto de dificultades económicas, en el que se prevé una recesión cuyas consecuencias últimas nadie alcanza a imaginar. Lo cierto es que, tras haber estirado unos cuantos euros en las vacaciones, nos espera una cuesta que ni el Tourmalet. Las familias con hijos seremos los principales sufridores, con la carga añadida del inicio del curso escolar. Pero no sólo es económica la refriega en que nos vamos a ver envueltos, ni mucho menos. Para aquellos que nos tomamos en serio los derechos y libertades constitucionales, la guerra va a tener muchos frentes.

 

El Gobierno, incapaz de resolver o, al menos, paliar los problemas materiales, va a centrar toda su artillería en el avance laicista y totalitarista. La eutanasia, el aborto libre y la matanza embrionaria son los buques insignia de la nueva ofensiva, eso sí, con otros nombres que disimulen semejante trío de brutalidades. Son las últimas plazas por conquistar por la cultura de la muerte, a golpe de BOE y manipulación de la opinión pública. Detrás de todo, una nueva transición, un golpe de estado de guante blanco que va a anular en la práctica y por la puerta trasera nuestra querida Constitución.

 

A todos aquellos que nos hemos opuesto al adoctrinamiento moral de nuestros hijos por parte del gobierno de turno, objetando y/o luchando de diversas formas contra la inconstitucional EpC, nos ha llegado la hora de la verdad. El puñetero grupo de asignaturas va a impartirse en todo el territorio nacional. Ya no se escapa nadie en ninguna comunidad autónoma. Si no objetamos en conciencia y, sobre todo, nos mantenemos firmes en nuestra objeción, llevando su defensa hasta las últimas instancias jurídicas si fuese necesario, nuestros hijos cursarán la EpC, con o sin supuestas adaptaciones.

 

Hemos de mirar a nuestros hijos y a su educación por encima del hombro de las leyes, más allá de las promociones y titulaciones. Es nuestra obligación velar porque reciban una educación integral, de calidad y sin imposiciones ideológicas de ningún tipo. Al derecho natural y constitucional de decidir la línea educativa en que han de ser educados nuestros retoños, se asocia nuestra obligación de velar por ello, ya que el Gobierno, que es a quien corresponde garantizar los derechos fundamentales recogidos en nuestra Carta Magna, no lo hace. Entre unos y otros han abandonado la pelota en nuestras manos. Esto no lo podemos ignorar, ni por miedos, ni por dejadez.

 

Sigamos el ejemplo de nuestros compadres andaluces, riojanos, castellano-leoneses y de otras comunidades, que han sabido resistir, combatir judicialmente y arrancar de los altos tribunales todo un rosario de resoluciones favorables, cuyas argumentaciones están haciendo jurisprudencia y pesarán a nuestro favor en la comunidades que ahora comenzamos nuestras propias batallas. Que nadie dude de que, entrando en esta pelea por y con nuestros hijos, no estamos perjudicando su educación, sino proporcionándoles la más sólida y correcta base posible. Todo hijo admira a unos padres que luchan.

 

Hacía mucho tiempo que la libertad de una nación no pendía tanto de la capacidad de oposición, rebeldía y lucha del pueblo. Estamos en un momento histórico, como protagonistas con nombre y apellidos. De momento, sólo unas decenas de miles, a la cabeza de la defensa del  Estado de Derecho y de la Libertad, que poco a poco vamos despertando a esa mayoría silenciosa que, en el fondo de su corazón embotado y de su mente adormecida, sienten y piensan igual que nosotros. Los objetores de conciencia a la EpC, modestias estúpidas aparte, somos la avanzadilla de una reacción masiva contra la deriva totalitarista a la cual nos quiere llevar la izquierda radical del PSOE.

 

En nuestra Comunidad Valenciana, los enrevesados intentos del PP para paliar con una Orden el contenido doctrinario de la EpC, además de incompletos e insuficientes, están paralizados, impugnados por todas partes. Los objetores valencianos, a punto ya de comenzar el curso, no hemos recibido la prometida respuesta a nuestros escritos. Ni nos han reconocido la objeción, ni nos la han negado, de forma que no podemos mover ficha. Pero la moveremos, que no lo duden, porque el silencio administrativo habla en esta ocasión más que nunca. No vamos a esperar a que, mientras Font de Mora se empecina en defender sus inventos, loables o no, nuestros hijos se queden en un limbo legal y académico. ¡Ni un paso atrás!

 

 

Mi querida España

 

 

 

El verano siempre es un estímulo para viajar, aunque sólo sea con la imaginación o a través de Internet. Recorrer los caminos, los pueblos y los paisajes de España, me produce un gozo indescriptible. He visitado varios países extranjeros, pero en pocas naciones cabe tanta diversidad y tanta unidad como en nuestro variopinto país. Tantas luces y tantas sombras, tantos colores, tonos y matices, tantos olores y sabores… Una obra maestra compuesta con tanta ilusión, sudor y sangre, que horroriza pensar que alguien la quiera romper a jirones. Es como rasgar un Van Gogh para venderlo a retales. Cada centímetro del cuadro es magnífico, pero sólo la pintura completa adquiere todo su valor.

 

No he tenido suerte con mis cantantes preferidos, aquellos que me enseñaron a saborear la estética de una voz con potencia de león, como Nino Bravo, con timbre de gacela como Cecilia, con el genio de la búsqueda, como John Lennon, todos ellos con el regustillo de autenticidad de un sincero compromiso con la vida, sin excesos militantes. Todos murieron prematura y violentamente, como todas las personas que han marcado mi vida personal, religiosa y ética: Jesús de Nazaret, Ghandi, Luther King… A veces bromeo con algún amigo y le digo que no trate de ganarse mi admiración… si quiere vivir muchos años.

 

Hace tiempo que no dejo de pensar y de escuchar a Cecilia, aquella chiquilla feucha y desgarbada, medio hippie, medio pija, que en su corta carrera nos dejó delicias turcas como “Un ramito de violetas” o “Dama, dama” y nos enamoró. En especial, no me quito de la cabeza ni de los labios una de sus canciones, que da título a este artículo y que hoy suena “políticamente incorrecta”: Mi querida España. Por si alguno de ustedes, sobre todo los más jóvenes y los más viejos, no conoce o no recuerda esa pequeña obra maestra, les pongo aquí la letra:

 

 

“Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?

 

Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de las aras quietas, de las vendas negras sobre carne abierta. ¿Quién pasó tu hambre, quién bebió tu sangre cuando estabas seca?

 

Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, pueblo de palabra y de piel amarga, dulce tu promesa. Quiero ser tu tierra, quiero ser tu hierba, cuando yo me muera”.

 

 

¿Por qué me vendrá a la memoria tantas veces, sobre todo desde hace unos años, esta sencilla balada? ¿Por qué se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que la vuelvo a escuchar? Yo nunca he sido un patriota exaltado, ni he idolatrado ninguna bandera, ni me han preocupado demasiado los asuntos de fronteras. Sin embargo, viendo lo que sucede a mi alrededor, en esta España que tantos muerden para arrancarle un pedazo, algo dentro de mí también se rompe.

 

Y es que esta España, esta España mía, esta España nuestra, me ha conquistado la mente y el corazón. No le ha sido fácil, se lo aseguro, pero lo ha hecho. Su historia inigualable, que la convirtió poco a poco en el primer Estado moderno del mundo; su camino hacia la unidad que la hizo grande y fuerte; su transición pacífica hacia la democracia; sus gentes tan iguales como variadas; su cultura tan común como diversa; su proyección de futuro como casa común de todos… Una dulce promesa, en palabras de Cecilia.

 

Mi querida España me ha hecho español, sin dejar de ser, ni valenciano, ni europeo, ni “ciudadano del mundo”, bonita expresión acuñada por los padres del comunismo y del socialismo, cuyos hijos ideológicos hace tiempo han olvidado. Mi querida España, que de nuevo comienza a despertar de su santa siesta, que vuelve a encontrar sus ojos, sus manos y su cabeza. No dejes que nadie vuelva a beber tu sangre y a cubrir con negras vendas tu carne abierta. Yo también quiero ser tu tierra y tu hierba cuando me llegue el punto final… como este.

 

 

Por si alguno de ustedes quiere escuchar esta hermosa canción de Cecilia, les pongo aquí un enlace permanente a la letra y la música.

 

Mi querida España