Decisiones definitivas sobre mi Blog

 

Queridos amigos de HO y DAV y demás participantes en este blog:

 

Tras haber escrito el anterior post “en caliente”, en plena crisis personal, me he tomado unos días para pensar con la cabeza fría, consultar con la almohada y rezar por un tubo. Estoy pasmado y agradecido ante tantas muestras de afecto que he recibido en el anterior post. Muchos os habéis limitado a ponerme un comentario de apoyo, respetando mi decisión y sin instarme a cambiarla, lo cual agradezco de todo corazón. Otros, quizá los que mejor me conocen, han “abusado” de la confianza que saben que disfrutan conmigo, para saltarse mi petición de dejarme en paz y se han atrevido a llamarme amablemente la atención sobre algunos aspectos importantes del blog, como el bien que ha hecho a muchas personas y que no debería borrarlo. A estos últimos les debo varios días de insomnio y muchas cavilaciones. Muchas gracias a unos y otros. Sois todos estupendos.

El fruto de la meditación de estos días es el que voy a resumiros en este post. Yo creía que este blog apenas tiene  relevancia alguna el el oceano de bitácoras de Internet. En cuanto se ha corrido la voz de mi decisión de cerrar y borrar el blog he recibido tantos mensajes y de tantos lugares distintos, que no salgo de mi asombro. Resulta que hay mucha gente que lo sigue, además de muchas personas suscritas al mismo y montones de enlaces a mis entradas, como muchos me habéis hecho saber y esta misma tarde he comprobado en Feedburner, la página que gestiona las suscripciones y los feeds del blog. Todo ello, como alguno me ha hecho notar, quedaría roto para siempre si borro el blog, como era mi intención inapelable hace unos días.

Toda esta pequeña catarata de mensajes que me ha caído encima, no sólo me ha hecho sentirme orgulloso del trabajo realizado -mola que te lean y valoren tanto, para qué voy a andarme con falsa humildad-, sino también abrumado y, sobre todo, consciente de mi responsabilidad hacia esas personas y otras que en el futuro puedan entrar a leer lo que yo consideraba insignificantes escritos. Me han llegado a contar que alguna mujer no ha abortado tras haber leído alguno de mis posts, o que a muchos jóvenes les ha servido para conocer puntos de vista alternativos a los que reciben a diario en el mundo circundante, para reflexionar y orientarse sobre diversos temas, e incluso para hacer algunos de sus trabajos escolares o universitarios (menudos copiones, jejeje). Al parecer, también he ayudado, sin tener ni idea de ello, a muchos padres en sus luchas y dudas sobre la educación en libertad de sus hijos.

Aunque los motivos -que no puedo ni debo detallar pues son demasiado personales- que me llevaron a escribir el post anterior, continúan incólumes y no han variado, ni variarán seguramente en mucho tiempo, quizá nunca, he sentido sobre mis hombros el peso de la responsabilidad. Una responsabilidad de la que apenas era consciente hasta estos últimos días. He pensado mucho, junto con Dios y mi esposa, cuál sería la mejor forma de compaginar la absoluta y radical necesidad de alejarme de las tensiones y precupaciones de la participación social, con la responsabilidad adquirida en la misma, buscando la mejor forma de atender a mis necesidades imperiosas de alejamiento causado el menor estorbo y daño posible a los “beneficiarios” de este blog.

He aquí mis decisiones definitivas, esta vez inapelables sin excepción:

a) No voy a borrar el blog, aunque sí va a quedar “cerrado” por tiempo indefinido. Exceptuando este último post, que se mantendrá abierto unos días, en todos los demás han sido cerrados los comentarios. Quien lo desee podrá leer todas las entradas e incluso enlazarlas, pero no será posible poner comentarios, que no moderaré durante un período indeterminado.

b) No voy a escribir, tras éste, ningún nuevo post, hasta que las circunstancias que me obligan a desatender el blog desaparezcan por completo, si es que alguna vez desaparecen, lo cual es poco probable al menos en un futuro próximo. Y si acaso escribiese algo en algún momento, lo haría con la posibilidad de que los visitantes puedan hacer comentarios cerrada.

c) Si alguno de vosotros tiene más esperanzas que yo en que vuelva a escribir, puede suscribirse al blog y, de poner alguna nueva entrada, ésta le sería notificada a su email.  De todas formas, aquellos que visitan con frecuencia la página Web de HO verían la notificación de la entrada en la barra lateral derecha, donde aparecen los posts nuevos de los blogs de HO.

d) He cancelado mi suscripción a los newsletters de HO y de DAV, así como mi suscripción a varios blogs muy, muy queridos. Pido disculpas por ello a Nacho, Elentir, Miguel, Aníbal y otros compañeros a cuyos blogs estaba apuntado. No se trata de un desprecio, ni mucho menos, sino de una medida para evitarme la irresistible tentación de participar en ellos, cosa que no debo hacer. Ya os veré cuando, ocasionalmente, visite las páginas de HO y DAV, quizá dentro de algún tiempo, no lo sé en este momento.

e) Los amigos y compañeros de otras asociaciones y/o plataformas cívicas, como VAEL, PPE, FEF, Pro-Vida y otras, ya saben o sabrán que me he dado de baja de todas ellas, así como de sus listas de correo. Los motivos son los mismos que me han llevado a estas decisiones respecto a HO-DAV. Una vez más lamento no poderles ofrecer una explicación más definida. He de apelar a su amistad y confianza para asegurarles que no tengo nada contra ellos y que los motivos son personales y de verdad, muy importantes.

f) Quiero que sepáis que intento iniciar un nuevo ciclo en mi vida, en el cual mis prioridades, ahora tristemente descuidadas, van a centrarse en Dios, mi familia y la parroquia. Quiero recuperar, si acaso ello es todavía posible, tanto tiempo y tantas ocasiones de convivencia perdidas por culpa de mi errónea jerarquía de valores. Como sentenció Confucio: “Antes de lanzarte a arreglar el mundo, date dos vueltas por tu propia casa”. Eso acabo de hacer y eso me propongo seguir haciendo. Desde ya, no me embarcaré en ninguna actividad en solitario, sino tan sólo en aquellas que pueda compartir con mi esposa.

g) Mi ocupación extra-familiar principal va a ser la participación en nuestra comunidad cristiana católica y la evangelización directa de adultos, ya que mi esposa y yo somos miembros y catequistas de nuestra comunidad y es algo que compartimos. Son cosas que he tenido muy descuidadas,  que son absolutamente fundamentales para nuestra vida personal, matrimonial y familiar, y que son la “acción social” por excelencia. Sin llevar a la gente el mensaje del Amor de Dios y el anuncio del Kérigma, de la muerte y resurrección de Jesucristo por todos nosotros, y ayudarles a crecer en la experiencia real de vivencia adulta de esta fe, no hay acción social que valga, puesto que el mal que domina nuestra sociedad no proviene de fuera del Hombre, sino de su corazón esclavizado por el pecado al egoísmo. Sólo Jesucristo, amándonos hasta el extremo, puede curar este corazón herido, del que salen todos los males que aquejan a nuestra sociedad. La tarea primordial es evangelizar y en ello voy a centrar todas mis pobres fuerzas.

h) Por último, me reitero en el deseo de que este alejamiento de todas estas actividades de acción social no influya para nada, ni disminuya en absoluto, las preciosas relaciones de amistad que he podido cosechar por estos lares a lo largo de los últimos años. De alguna forma, todos vamos a seguir luchando por lo mismo, aunque de formas distintas. Y aunque ya no vayamos a coincidir en determinadas actividades, nada nos impide mantener nuestras estupendas relaciones, por email o, mejor, tomando de cuando en cuando unas cañitas. Y, por supuesto, rezando unos por otros como descosidos, que buena falta nos hace a todos. Dios os bendiga, queridos amigos y “enemigos”.

Y hasta aquí llega mi explicación de las decisiones tomadas y mi ”discurso” de despedida. Os deseo a todos que seáis muy felices y que Dios os conceda sabiduría, fuerza, valor y éxito en todas vuestras nobilísimas empresas.

Vuestro, para siempre

José Sáez.

Aviso de cierre y borrado de este blog

 

Estimados miembros y colaboradores de HO y demás participantes:

Siento comunicarles que, por motivos única y exclusivamente personales que me reservo detallar, voy a proceder a cerrar y borrar mi blog de HO, de forma definitiva. Para evitar equívocos, hago constar que esta decisión no tiene  relación alguna, ni con esta maravillosa plataforma cívica, ni con ninguna de las personas que en ella trabajan y colaboran. No he recibido presión, ni ningún tipo de coacción por parte de nadie, ni de fuera, ni de dentro de HO. Tampoco se trata de ninguna broma, ni de otra decisión temporal. No se debe tampoco a ningún disgusto, ni desavenencia con nadie de esta casa.

Dentro de una semana, borraré el blog con todo su contenido. Mientras tanto, el blog permanecerá visible con todas las entradas publicadas, aunque no atenderé la moderación de los comentarios, exceptuando los de este post de despedida, rogando que nadie insista en que me retracte de mi decisión. Si alguna entrada o artículo publicado es de su interés, pueden usar la conocida táctica de “copiar y pegar” y conservar los posts que deseen en formato Word o como mejor les parezca. Una vez transcurrida una semana y borre el blog, ya no será posible leer ni copiar ninguna de las entradas del mismo.

Sé que muchos de ustedes han seguido con interés todo lo que aquí he ido escribiendo. Espero haberles sido de ayuda, aunque sólo sea para reflexionar un poco sobre algunos temas, y les agradezco su atención. Quiero dar las gracias a todos aquellos que se han tomado la molestia de poner sus comentarios, sean a favor o en contra de mis posiciones. Gracias a sus colaboraciones, han dado vida a este blog. Y dedico un especialísimo agradecimiento a Nacho Arsuaga y a todo el equipo que dirige, gestiona y hace posible HO. Jamás podré pagarles todo el apoyo y amistad que me han regalado durante estos dos años de andadura. Nunca os olvidaré, amigos.

Ya he dicho que no voy a detallar las razones de esta decisión definitiva e irrevocable, para mí nada fácil ni agradable, sino más bien muy penosa, a la que me veo obligado libremente, pero empujado por muy potentes y urgentes razones personales. Quede aquí testimonio de que mi paso por HO ha sido una gratísima y enriquecedora experiencia, de la cual me siento totalmente satisfecho y contento. Esta plataforma de participación social, donde se exponen y defienden  los mejores valores de nuestra cultura, es algo realmente fantástico  y necesario en la difícil y oscura sociedad actual. Deseo que crezca sin cesar y que alcance todos sus nobles objetivos.

La desaparición de este blog no implica, en modo alguno, una ruptura con ninguna de las amistades que he tenido el honor de hacer en mi camino por HO. Me resisto a hacer una lista de todos ellos (y ellas) por temor a dejarme alguno sin citar por un simple olvido. Todos ellos saben quiénes son y quiero decirles que nuestra amistad será para siempre, porque ha llegado mucho más lejos de lo que es el simple blogging. No quiero despedirme sin pedirles que nos tengan a mi familia y a mí presentes en sus oraciones. A los creyentes no les costará y a los no creyentes, mal no les hará. Yo les prometo rezar por HO y por todos ustedes, todos los días.

Un abrazo muy fuerte a todos y hasta siempre.

José Sáez.

P.S.:

1) Considero todos los escritos de este blog de libre difusión, por lo cual pueden ustedes disponer de ellos para lo que necesiten. No obstante, les ruego lo siguiente: a) Citen autor y fecha; b) No extraigan fragmentos o frases sueltas fuera del contexto completo de cada post; c) Dejen constancia de que han sido publicados en HO, que tan amablemente me ha cedido este espacio.

2) Me hago responsable únicamente de aquello que yo mismo he escrito, pero no de los comentarios de otras personas, ni de posibles tergiversaciones o citas parciales capciosamente extraídas de mis palabras. Ruego me disculpen las personas afectadas en cualquiera de mis entradas, si en algún momento les he faltado al respeto debido a mi lenguaje a veces demasiado satírico.

2009: reconozcamos lo que ha hecho bien ZP

Es costumbre, al acercarse las últimas fechas del año, repasar lo que éste nos ha deparado de bueno y de malo. Sobre todo, es bonito hacer memoria de lo bueno. En HO la verdad es que no estamos demasiado contentos con el Presidente de España, pero tampoco hay que ponerse así, porque cosas buenas habrá hecho. Seguro que sí. Vean si no, la extensa lista que he preparado con todo lo bueno que ha realizado por España y por los españoles D. José Luis Rodriguez Zapatero, sus Ministros y su PSOE:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo esto y mucho más. Que quede constancia. Seguro que en el 2010 la recopìlación será aún mayor.

Feliz año nuevo, Sr. Rodriguez.

27-D: Una bella jornada para la esperanza

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Acudir a la Eucaristía-Encuentro por la Familia Cristiana del domingo 27 de diciembre no ha sido nada fácil para mí y para la mayor parte de asistentes, especialmente para los que no estamos acostumbrados a temperaturas tan frías o nuestra salud flojea. Pero mi familia y yo hemos estado allí y ha valido la pena. Desde luego, hubiera sido más cómodo quedarse en casa y seguir la retrasmisión por televisión. El tremendo madrugón, el viaje de ida y vuelta en un solo día, el plantón de más de cuatro horas, la baja temperatura aunque lució un sorprendente y tímido sol… Para los jóvenes, que los había a montones, muy fácil. Para los que ya no lo somos, no tanto. Pero había que estar allí, y estuvimos. Y, repito, valió la pena. Con creces.

Escribo resfriado y con todos los huesos baldados, pero muy contento. Ha sido un experiencia entrañable en todos los sentidos. Un encuentro en contra de nadie, sino a favor de la familia cristiana, esperanza de la Iglesia y esperanza de Europa. Un modelo de familia eterno, revelado por Dios, indisolublemente unido por el cemento inquebrantable del amor derramado por Jesucristo en sus miembros, abierto a la transmisión de la vida y respetuoso de la misma desde su concepción, transmisor de los mejores valores que la Humanidad ha conocido, los valores cristianos, revelados por el mismo Dios en una progresiva pedagogía a través de la Historia de la Salvación.  Un modelo nada teórico, sino real y palpable, que ha existido, existe y existirá.

Un modelo ninguneado por esta sociedad paganizada, egoísta y empeñada en autoextinguirse, pero que crece bajo el impulso del Espíritu Santo. Un estilo de familia que el progretariado laicista intenta debilitar, porque estorba a sus planes de implantar un nuevo orden mundial basado la autonomía moral. ¿Nuevo orden mundial? ¡Pero si la sociedad que han diseñado no se reproduce, sino que se halla en caída libre hacia el suicidio demográfico! El monstruo social que han creado tiene los días contados, porque es estéril. Al despreciar la procreación y destruir la vida humana concebida se devora a sí mismo. El futuro es de las culturas que tienen hijos, no de las que no los tienen o los matan antes de nacer. Es de cajón.

“El futuro de Europa pasa por la familia”, dijo Juan Pablo II hace años en esa misma Plaza de Lima. Palabra profética cuya verdad se hace cada vez más patente, aunque hay quien no quiere verlo. Los musulmanes, que sí lo ven, no dudan en proclamar que en unas décadas Europa será suya. A mí no me agradaría nada que mis hijos o nietos viviesen un día bajo la Sharia, pero hay que reconocer al Islam que sus fieles están haciendo sus deberes y, nos guste o no, se lo merecen. Europa está vomitando al cristianismo y, todo hay que decirlo, en gran parte ello se debe a que muchas iglesias cristianas se han sumado demasiado al “trend” de la época. El rechazo a la “Humanae Vitae” de Pablo VI está pasando una terrrible factura a la Iglesia Católica.

La participación en el encuentro, no millonaria, pero sí multitudinaria. Lo mejor, además de la Eucaristía, la presencia de miles de familias enteras, padres e hijos juntos. Familias de toda Europa, unidas por el amor y la fe, muchas de ellas numerosas. Infinidad de niños de todas las edades, abrigados hasta las cejas, que iluminaban y caldeaban el día como antorchas vivas, testimoniando, aun sin saberlo todavía, que existe la esperanza para la Iglesia y para la sociedad entera, que tal vez Europa no esté irremediablemete condenada al suicidio colectivo, moral y demográfico.  La familia cristiana puesta “como espectáculo para el mundo”, como decía San Pablo de los apóstoles cristianos. La belleza de la verdad de la familia a la vista de todos.

Este encuentro ha sido una bella jornada para la esperanza. El Espíritu Santo no abandona a su Iglesia y sigue soplando con su imparable potencia. Los Estados, en especial el Español, ni reconocen sus errores, ni tratan de enmendarlos. La Iglesia Católica, pecadora por la debilidad humana de sus miembros y santa por la presencia en ella del Espíritu Santo, sí sabe rectificar, se preocupa con renovada energía de la fe y vitalidad de las familias cristianas, y reconoce y arropa los frutos que Jesucristo incoa desde la base, desde el pueblo de Dios. El lenguaje de nuestros pastores es cada vez más claro y valeroso. La voz de los seglares, también. Estamos en tiempos muy duros y adversos, pero privilegiados, una época fantástica de renovación. Si somos fieles a Jesucristo, siempre habrá esperanza para la Humanidad.

Por la familia, el 27-D, todos a Madrid

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La familia cristiana, piedra angular que sustenta nuestra cultura y nuestra sociedad, está siendo gravemente amenazada por los embates del laicismo radical impuesto desde un Estado cada vez más “padre” y “madre”, más intervencionista y más controlador de las conciencias individuales. Una estructura familiar sólida, basada en el matrimonio estable, con las figuras de padre y de madre, con apertura y respeto a la vida, es un estorbo para esas pretensiones totalitarias. La familia cristiana, modelo trazado por Dios para toda familia, es esencial para la construcción y la pervivencia de la sociedad. Pero posee unos gruesos muros que preservan su intimidad, sus derechos y sus libertades, que le permiten cumplir con su misión de educar a los hijos según sus propias convicciones. De ahí el proyecto de demolición de la misma por parte de un Estado que se ha extralimitado en sus funciones.

Los divorcios “express”, que permiten acabar con un matrimonio sin alegar motivos ni dejar tiempo a la reflexión y la reconciliación. La devaluación de la realidad del matrimonio, equiparándolo con cualquier tipo de unión. La empecinada política antinatalista, que está provocando el sucidio colectivo de la población europea. La ampliación del aborto, que destruye nuevas vidas humanas en el mismísimo seno materno, lugar de la máxima protección, cariño y seguridad. Los intentos de distanciar a los padres de los hijos en la toma de graves decisiones. La intromisión en las conciencias morales a través de la escuela.  Todo un plan maestro de ingeniería social, secundado por una propaganda implacable en programas y series de televisión, para debilitar la estructura familiar y dejar al individuo inerte e indefenso en manos del Estado, o lo que es lo mismo, en manos de quien ejerce el poder de turno.

No podemos quedarnos tranquilamente encerrados en nuestras casitas, viéndolas pasar sin hacer nada. No se trata tanto de embarcarnos en “luchas”, ni en “causas”, como de mostrar a la sociedad la belleza y el bien de la verdad de la familia cristiana. No queremos vencer a nadie, sino convencer.  Y se convence mediante el testimonio público de lo que somos. La Iglesia Católica que está en España nos propone, a través de sus pastores, parroquias, movimientos, grupos y comunidades, acudir el 27 de diciembre a celebrar todos juntos una gran fiesta, una gran eucaristía, un gran encuentro de familias cristianas. Somos convocados a presentarnos tal y como somos, sin miedos ni complejos, sin banderas ni colores políticos, sin más consigna que la de ser iconos vivos de la maravilla que es la familia cristiana. No podemos faltar a esta cita. Por la familia, por nuestros hijos, por la Iglesia, por la sociedad entera, el domingo 27, ¡todos a Madrid!

AVISO: Si aún no has planeado tu desplazamiento a Madrid, todavía estás a tiempo. Acude con tu parroquia, con tu movimiento, con tu grupo, con tu comunidad, o simplemente coge el coche, el tren o el avión y acude con tu familia. ¡No te pierdas esta fantástica fiesta de la familia, de la vida, de la comunidad cristiana! Para más información picha aquí: Por la familia cristiana.

Aborto: motivos “in extremis” para votar NO

 (Me lo han publicado hoy en Análisis Digital)

Ignoro si este humilde escrito llegará a ser leído por alguno de los diputados que el próximo jueves van a votar en el Congreso, dentro de la apresurada agenda marcada por el Gobierno, la aprobación o no de la nueva ley del aborto. Sea como fuere, a ellos va dirigido. Como son personas inteligentes, me ahorro insistir sobre el hecho de que esta ley -más aún si cabe con las radicalizaciones que el PSOE ha pactado con IU y ERC- no es en absoluto una “regulación” de la vigente para evitar abortos, sino una puerta abierta al aborto libre. No nos ofendamos la inteligencia mutuamente con ese pasto mediático que el PSOE ha puesto en el comedero de la opinión pública.

Sé que muchos de ustedes ya han cerrado a cal y canto su corazón y su mente, obligándose a sí mismos a un esquizoide doble-pensar y rehuyendo cualquier tipo de mensaje, sea icónico o verbal, que pueda abrir fisuras en su implacable decisión de votar lo que los mandamases de su partido les exigen. Afirman estar hartos de recibir cartas, mensajes, fotografías, vídeos, muñequitos de plástico… Lástima que no oigan al pueblo. Aún así, les pido que repasen esta carta redactada “in extremis”. Yo voy a hacer un esfuerzo para colocarme en puntos de vista que no comparto, para llevar el tema a sus más mínimas expresiones. Les suplico que lean lo siguiente:

  1. Si el sujeto del aborto es persona, sujeto pleno de derechos, no cabe ninguna duda: destruirlo es un cruel asesinato con premeditación y alevosía. Sólo cabe votar que no, siempre que a su Señoría le quede la decencia y la valentía suficiente para votar en conciencia y no en obediencia, aunque le cueste su escaño.
  2. Si el sujeto del aborto no es persona, porque considera usted que tal atribución no es ontológica, sino sólo un concepto cultural, opinable, discutible y determinable por ley, pero sí reconoce que es un ser humano vivo, en sus primeras fases de vida, la opción es la misma que en el anterior caso: debe votar que no.
  3. Si el sujeto del aborto no es para usted un ser humano vivo, sino sólo un “ente” biológico prehumano, sabrá que lleva en sí mismo el dinamismo natural que le llevará a serlo si no es destruido. Si ese “ente” tiene esa potencial humanidad, sólo anulable mediante su eliminación, debe ser protegido: debe votar no.
  4. Si el sujeto del aborto, para usted, es un ser vivo, pero no humano, como alguna ministra ha dicho, otórguele usted al menos la misma protección que nuestra cultura ha aprendido a ofrecer a todo ser vivo, a los animalitos y a las plantitas. Concederle menos protección no parece coherente ni progresista: vote no.
  5. Si el sujeto del aborto no está vivo, porque piensa usted que es una especie de quiste que puede ser extirpado sin más, explíqueme por qué hay que matarlo para abortar. Lo muerto ya está muerto, sin más. ¿Para qué las soluciones salinas, las sustancias mortíferas o las decapitaciones? No diga tonterías: vote no.
  6. Si el sujeto del aborto no es absolutamente nada para usted, no tiene más entidad que una piedra en el riñón y le importa un carajo todo lo anteriormente dicho, piense al menos en las mujeres que van a poner en peligro sus vidas y sufrir de por vida las secuelas de tan terrible experiencia. Utilice su voto y trabaje para promover políticas de ayuda a la mujer embarazada, pero no secunde esta ley.
  7. Y si también le importan un bledo esas consecuencias para las mujeres, porque piensa que no son ciertas o porque cree que es asunto de ellas exponerse o no a esos riesgos, considere al menos que promover el aborto es contribuir al suicidio demográfico de nuestra civilización occidental: vote no a esta ley.

Quisiera tener más luces para convencerles de que esa vida incipiente, ese diminuto ser humano que comienza su andadura en este mundo en el cálido y acogedor seno de su madre, esa inocente criatura cuyo dinamismo biológico es un empuje implacable por vivir, merece nacer, merece la misma oportunidad de gustar la vida que nuestros padres nos dieron a nosotros, merece y necesita la protección radical del Estado, lo mismo que la necesita una mujer embarazada en circunstancias difíciles, pero no merece ser envenenado, asfixiado, torturado, troceado, asesinado, precisamente en el útero materno, en la cuna de la vida, en el lugar del máximo amor.  

En fin, Señoría, no olvide que el jueves no va usted a votar sobre presupuestos, medidas económicas o sobre dónde hay que fumar o no. El voto que usted va a emitir con un movimiento de su dedo en los botoncitos que hay delante de su escaño, es el más importante que habrá hecho y seguramente hará en toda su vida. Va usted a decidir nada menos que sobre la vida y la muerte, sobre quién y cuándo es o no es un ser humano. Va usted a usurpar durante una fracción de segundo el lugar de Dios, con la facultad de definir lo que es o no es una persona y determinar si merece o no la protección del Estado. Es una decisión histórica de trascendencia radical.

No adormezca adrede su conciencia para secundar a un líder o para conservar su poltrona, por favor. Si no puede dormir pensando en su voto final, mejor que mejor: señal de que no es usted una simple marioneta, sin corazón ni cerebro, colocada en un teatrillo de guiñol sólo para hacer lo que el titiritero desee. Demuestre que es usted un verdadero político, un auténtico servidor público, una persona íntegra y responsable de sus propios actos, un ser humano que piensa por sí mismo y no mediante consignas predigeridas, una persona y no un pobre pelele. Por lo que más quiera en este mundo, por lo más sagrado, por lo más humano: pulse el botón del NO.

La pedagogía de la cruz

 

(Me lo han publicado el 10-12-09, en Análisis Digital)

En los últimos días han corrido ríos de tinta y millones de bytes sobre el tema de la pretensión gubernamental de retirar los crucifijos de las escuelas y locales públicos. Parece que ya se ha dicho todo, a favor y en contra del asunto. Los argumentos de tipo ideológico, religioso, político y social ya están bastante definidos por parte de los defensores de ambas posiciones. Yo estoy del lado de los que defienden la presencia de los crucifijos y suscribo las razones de peso ya explicadas por otros, que apelan a la libertad religiosa y de culto, y a la preservación de nuestra identidad cultural.

Por eso, no voy a repetir ese tipo de argumentos, que han sido expresados en los medios por diversas personas y entidades, mucho mejor de lo que yo sabría hacerlo. Abordaré el tema desde una perspectiva diferente, la que me compete como pedagogo. Voy a hablar de los beneficios educativos de la cruz y de su presencia en las aulas escolares. De pasada comentaré algunas de las causas esenciales del deterioro de nuestro sistema educativo, que tanto alarma a quien tiene dos dedos de frente. Veremos la relación entre el rechazo a la cruz y la catástrofe educativa que sufrimos.

Empezaré a saco: determinados sufrimientos son necesarios y, aprender a encajarlos, es esencial para la vida. La cruz simboliza el sufrimiento y la muerte, así como, sobre todo, la victoria de Jesucristo sobre ambas cosas, a las que se entregó para salvarnos, abriendo un camino a su través, que cualquiera puede recorrer agarrado de su mano. La cruz expresa aquello que nos supone dolor, frustración, malestar, sacrificio, todos esos aspectos de nuestra existencia que quisiéramos apartar de un plumazo, aquello que nos limita, nos limita, nos fastidia y no comprendemos ni aceptamos.

No es que el sufrimiento sea bueno en sí mismo. Pensar o sentir así es puro y duro masoquismo o sadismo. Pero, por una parte, es inevitable que nos sobrevenga en la vida y, por otra, es necesario en una cierta medida. Sin duda alguna, una de las más nobles empresas humanas es trabajar por eliminar o paliar los sufrimientos de nuestros semejantes. Permanecer impasible ante el sufrimiento propio o ajeno es estúpido e inhumano. Y causarlo de forma intencionada, mucho peor todavía. Pero estas afirmaciones no son un criterio absoluto y sin excepciones, como trataré de explicar.

El sufrimiento, la cruz, alcanza a todo ser humano a lo largo de su vida, por mucho que se empeñe en evitarlo o escapar de él. Todo el mundo tiene problemas, a todos se nos mueren seres queridos, nadie se libra de sufrir reveses, contratiempos y frustraciones. ¿A quién no le duele algo alguna vez? Para poder vivir es necesario aprender a encajar estas adversidades sin desequilibrarse demasiado. Hoy en día, los psicólogos llaman a esta imprescindible capacidad: resiliencia. Toda la vida se le ha llamado entereza de carácter o fortaleza interior, pero esto suena hoy demasiado “a cirio”. Se llame como se llame, para vivir es necesaria la capacidad de sufrimiento.

El hedonismo que domina la sociedad actual ha provocado una huida masiva de todo lo que no sea placer, inmediato además. Muchos padres educan a sus hijos entre algodones, evitándoles hasta extremos neuróticos todo tipo de contrariedades y frustraciones, inundándolos de regalos que nunca se han ganado, dándoles todo gratis y sin esfuerzo, sin corregirles para que no se enfaden, tratando de que no tengan que sufrir por nada ni por nadie. Están creando una generación de dictadorzuelos, de “campeones”, de “reyes de la casa”, que en cuanto se asoman al duro mundo circundante, se desmoronan.

Los padres tienen la obligación de proteger a sus hijos -lo contario es incluso un delito punible- pero no deben sobreprotegerlos. La palabra “mimado” significa etimológicamente “estropeado”. Cuando estos niños estropeados se deprimen ante el menor contratiempo o comienzan a mostrar problemas de conducta, los padres se quedan sorprendidos: “Pero, si le hemos dado siempre todo lo que ha querido, ¿por qué actúa ahora así?”… El “rey de la casa”, en el colegio se ha encontrado con otros veinte mozalbetes que también son soberanos. Y en tan poco espacio no caben tantos monarcas absolutos. La frustración, la rabieta y las reacciones depresivas o agresivas están servidas entre estos reyes destronados.

El constructivismo, el modelo pedagógico que impregna todo nuestro sistema educativo, mal entendido y peor aplicado, ha menospreciado durante ya casi cinco décadas los valores del esfuerzo, del sacrificio, de la voluntad, de la disciplina, de la renuncia y de la constancia. Partiendo del “buenismo” -enraizado en el optimismo pedagógico de origen roussoniano- se ha colado en la educación la idea de que el aprendizaje no precisa esfuerzo, ni nada desagradable o penoso, sino que el niño lo realiza él solito, de forma natural, como un juego siempre divertido. Y luego nos escandalizamos de estar a la cola de Europa en diversos aspectos educativos.

Estamos en la era de los patinazos académicos, por mucho que se quieran disimular con normativas de promoción que casi regalan los títulos. Los niños, en educación infantil y primaria, apenas aprenden hábitos de trabajo y estudio. Cuando llegan a la ESO, para desesperación de sus profesores, no saben dar un palo al agua. Y comienzan los problemas, porque los currículos se complican, el trabajo esforzado y persistente se hace cada vez más necesario y enseguida se advierte que es demasiado tarde para comenzar a adquirir esos hábitos. Pese a las adaptaciones y las promociones facilonas, el fracaso y el abandono están haciendo estragos.   

No hay aprendizaje completo, ni desarrollo de la madurez personal, sin asumir con coraje una cierta medida de sufrimiento. Aprender no sólo cuesta esfuerzo, sino que debe costarlo para que tenga solidez y eficacia educativa. Lo que no se alcanza con sacrificio y constancia, no se valora, no produce verdadera satisfacción personal y no realiza para nada a la persona. El gran error de la pedagogía moderna, que ahora ya no se sabe ni como remediar, es ese pensamiento débil y buenista que ha querido convertir la educación en un mero jueguecito, exento de elementos que cuestan, de tener que “hincar los codos” y de sufrir un poquitín para aprender.

Por desgracia, la cruz gloriosa de Jesucristo, aquel que fue el hombre completo, el hombre total (“Ecce Homo”: he aquí el hombre), capaz de asumir la realidad integral, tomar la vida en peso sin escapar de los momentos difíciles y entregar hasta su propia vida amando a sus enemigos, aquel que tomó sobre sí todos los sufrimientos de la Humanidad por amor a todos y cada uno de los seres humanos, hace muchos años que desapareció de los colegios, aunque en algunos aún esté colgado el símbolo de madera. El aciago día en que se decidió arrancar de la educación el sentido del sufrimiento, los crucifijos ya fueron expulsados de las aulas.

Quitar lo que queda, los símbolos externos, es sólo rematar una trágica faena que se programó e inició hace siglos. Un gravísimo e intencionado error que ha herido de muerte a la educación en todo occidente. No hay una imagen que represente mejor lo que es el amor, el valor, el perdón, la entrega, el esfuerzo, el sacrificio, la audacia, el coraje, la fortaleza, la coherencia… Ni sus versiones modernas, como la resiliencia, la resistencia a la frustración, el autocontrol de sí mismo, la solidaridad con los que sufren… No hay mejor símbolo pedagógico para una escuela que la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

El holocausto actual, según uno de mis hijos

 

En esta ocasión, le cedo la entrada a uno de mis hijos, el quinto, un muchachote de 17 años que parece que tiene las ideas muy claras. El texto lo escribió como “alegato final” en un debate sobre el aborto “a dos bandas” que hicieron en el Instituto, ¡en clase de valenciano! La redacción original la hizo, como es lógico, en valenciano. Transcribo aquí, literal e íntegramente, su texto, que le he pedido a él mismo que lo traduzca al castellano para que todos ustedes puedan entenderlo. No tiene desperdicio. Lean, lean:

  

El holocausto actual

 

En primer lugar, decir que el título no es una exageración y explicaré por qué. Todos sabemos lo que fue el holocausto nazi; bien, fueron seres humanos que se consideraban superiores a otros, los judíos, y los asesinaban como si fueran perros. Esto ocurrió hace unos 70 años y está pasando ahora.

           Vosotros pensaréis: “Sí claro, un holocausto, ¡pero si no son seres humanos!”. Bien, pues yo digo que los nazis pensaban lo mismo sobre los judíos y ahora lo pensáis vosotros de cualquier ser humano. En un futuro hablarán de esto como nosotros hablamos del holocausto.

           Además, en América, más concretamente en los Estados Unidos, también recordaréis un caso similar pero con las personas de color, hablo de hace unas décadas. Los hombres y mujeres de color no eran consideradas, tampoco, seres humanos, eran tratados como animales, sin derechos, esclavos de la sociedad que se creía superior.

           Pensad en esto, es como el aborto, ciertas personas se creen superiores a las vidas que se están creando en el interior de su madre, y por eso se creen con derecho de escoger si vive o si muere. Pero claro, esto forma parte del progreso del país, tal y como pensaban los nazis al matar a los judíos.

           Pensáis que es una libertad individual, pero, ¿y la libertad de esta vida que se forma?

           Me parece recordar que el primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos tienen derecho a la vida y a la libertad”, pero bueno, sólo cuando es conveniente, ¿no? Esta declaración la hicieron personas que consideraban a los seres humanos iguales y con derechos y libertades, igualito que ahora vamos, o eso nos intentan hacer creer.

           Al contrario de lo que piensan las mujeres, la ley del aborto es una ley machista, porque la libertad se la da al hombre. Si ya antes algunos iban de flor en flor, ahora va a ser más normal, total, abortan las mujeres y las secuelas físicas y psíquicas son para vosotras.

           A lo mejor pensáis: “Mi hijo tiene que ser perfecto, sin malformaciones ni imperfecciones”. La naturaleza es sabia y perfecta, el ser humano no, aunque a veces lo crea. La naturaleza acepta cualquier imperfección o malformación, esto es lo que la hace perfecta. Por el contrario, muchas personas no aceptarían imperfección alguna, como un labio leporino, la falta de audición o de visión, el síndrome de Down… Por estas cosas se decide asesinar a sangre fría al feto.

           ¿En serio tú eres mejor que un niño con síndrome de Down? ¿Eres más guapo que un niño con el labio leporino? ¿Por qué naciste tú y no tiene que nacer una niña que no puede ver? ¿Pero no éramos todos iguales?

           Finalmente: En un futuro seremos recordados como la sociedad abortista. Por desgracia yo estoy en esa sociedad y formaré parte de los asesinos de humanos, pero yo no lo haré igual. Supongo que en aquellos EEUU raciales habría gente que no pensara que la gente de color es inferior y en aquella Alemania nazi habría gente que no pensara como Hitler.

 

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Hasta aquí el discurso de mi hijo. Ahora, en los comentarios, pueden meterse conmigo, pero al muchacho ¡ni tocarlo! No admitiré ni un sólo comentario contra él. Amor de padre, lo siento. Ya tuvo bastante con pelear varios días en clase el tema con una cuadrilla de adolescentes que repetían una y otra vez los argumentos proabortistas más descabellados. Ahora y aquí, quién lo desee tendrá que vérselas conmigo.

 

28-11-2009: El post acaba de ser publicado por Análisis Digital en ”Artículos que dejan huella”: enlace aquí. Muchas gracias por el detalle.

 

Encuesta en RTVE sobre la nueva ley del aborto

 

 

El enlace, para los desconfiados: Encuesta RTVE sobre Nueva Ley Aborto

Realizaron otra en marzo, que se pasaron por el forro sin darla a conocer, algo que denuncié en este blog: Encuesta en RTVE sobre Iglesia y Aborto

No se dan por vencidos intentando demostrar que la opinión pública está interesadisima y de acuerdo con la nueva ley que el gobierno Zapatero quiere aprobar en el parlamento Zapatero. Pero otra vez les sale el tiro por la culata, porque el resultado es un NO aplastante a la nueva ley.

El argumento de que se trata de una demanda social es falso. ¿O es que RTVE se ha hecho de la oposición y falsea las encuestas? ¿No creo, verdad? El argumento de que los españoles están de acuerdo es también falso. El argumento de que el debate social está cerrado es requetefalso.

Es evidente que este proyecto de ley obedece única y exclusivamente al capricho ideológico de un Gobierno, que quiere imponerlo torticeramente, sin que estuviese anunciado en su programa electoral (a traición, vamos) y contra la opinión mayoritaria del pueblo. Si esto no son las formas típicas de la más descarada autocracia totalitaria, que venga Dios y lo vea.

¿Van los señores y señoras diputados a secundar esa ley aberrante, bárbara y retrógrada, que convierte el asesinato de inocentes e indefensos seres humanos en un derecho -que la ciudadanía no desea para nada- sólo por imposición de disciplina de voto? ¿Obrarán como verdaderos políticos, con ciencia y conciencia de sus responsabilidades con la Humanidad y consigo mismos, o como marionetas sin cerebro ni corazón?

Se lo vuelvo a preguntar: ¿Vale su escaño el precio de su conciencia?

Señorías: ¿vale un escaño el precio de su conciencia?

 

 

(Lo transcribo tal y como lo he publicado en Análisis Digital, en este enlace)

 

Me dirijo a los señores y señoras diputados que van a participar en las votaciones en las que se aprobará o no el proyecto de ley abortista del gobierno de Zapatero. Si llegasen a leer estas líneas y abandonan su lectura en este momento, no hay duda: no tienen conciencia moral y, por tanto, ni merecen su puesto, ni que les dirija la palabra. ¿Siguen leyendo? Bien. Pues escuchen y mediten lo que voy a decirles, por favor. Me da igual de qué partido sean y cuáles puedan ser sus convicciones religiosas. Les pido solamente que sigan leyendo unos minutos y, luego, hagan lo que quieran o lo que puedan con la ayuda de Dios.

 

Sé que muchos de ustedes tienen verdadera vocación política y que no han llegado a ser diputados en el Congreso sin muchos años de arduo trabajo. El escaño que ocupan y desde el cual deciden sobre temas tan importantes como la vida humana, no habrá sido fácil de conseguir. Ustedes sabrán si en su carrera política hasta alcanzar ese ansiado asiento han recorrido un camino ético o no, si lo poseen por verdaderos méritos o por medios poco dignos. Los ciudadanos de a pie no somos tontos y sabemos que el ascenso dentro de un partido político no es sencillo sin utilizar estrategias poco confesables. El caso es que están ahí.

 

Para algunos de ustedes ese escaño es la culminación de sus ambiciones políticas y para otros sólo un paso más en una carrera que quiere llegar aún más alto. Ni lo sé, ni me importa. Están en su derecho. Ser un buen político es una muy noble tarea humana. Pero su profesión reviste una enorme responsabilidad, pues son ustedes quienes ejercen el poder legislativo, los que marcan las reglas del juego dentro del marco de la Constitución y los que deben ejercer el papel de control del poder ejecutivo, junto con el judicial. Como se dice en una popular película de superhéroes: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

 

Les guste o no, están todos ustedes en un momento histórico crucial, que será recordado en los siglos venideros. Van decidir sobre la vida humana, el bien mayor que poseemos y del cual dependen todos los demás. Ojeando la Historia, sabemos que muchos políticos tuvieron que optar sobre temas muy trascendentes ligados a los regímenes en que vivieron. Hoy recordamos con honores a aquellos que abolieron la esclavitud, a los que se opusieron jugándose la vida a los totalitarismos autocráticos y sus desvaríos sobre la dignidad de la vida humana. Pero son de triste memoria los que participaron, de forma activa o pasiva, con sus acciones o sus silencios u omisiones, en todo atentado a la vida humana y su dignidad.

 

Lo que caracteriza a un buen político no es su fidelidad a una ideología, ni a un partido, ni a un líder, sino su compromiso real y efectivo por el bien común, por los derechos humanos, por la justicia, por el progreso material y moral de la sociedad en que vive. Sé que muchos de ustedes no se han “metido en política” sólo por la erótica del poder o para hacer dinero. Cuando se iniciaron en esas lides, quiero pensar que creían con firmeza en que convirtiéndose en hombres y mujeres públicos, podrían contribuir a mejorar nuestro mundo, prestando una ayuda eficiente a la sociedad y a las personas que la componen. Desde una u otra tendencia política, quisieron emprender una vida de servicio a la Humanidad.

 

Muchos de ustedes, de derechas, de izquierdas o de centro, saben perfectamente que una vida humana diferenciada comienza en el momento de la concepción, en el momento que se genera un zigoto con una estructura genética única que define a un nuevo ser humano, que no sólo contiene aquello que será, sino también un dinamismo biológico de desarrollo que sólo se detendrá por accidente o por destrucción intencionada. Aunque las creencias religiosas tienen peso -que no deberían ustedes obviar si son creyentes- no están ante una cuestión de doctrina confesional, sino ante un gravísimo asunto con certezas científicas.

 

La protección de la vida en todas sus manifestaciones es el mayor indicador de progreso y civilización de una sociedad. Lo contrario, de regresión y barbarie. La sensibilidad hacia la vida vegetal, animal y humana es un signo de esperanzador avance de la especie humana. Sólo un retrógrado descerebrado puede negar hoy en día que la naturaleza debe ser protegida, o que todas las personas son iguales sin diferencia de razas, o que los azotes de la guerra, la violencia doméstica, el hambre o la falta de atención sanitaria, son intolerables. Ahora nos encontramos frente a otra forma de destrucción de vidas humanas: el aborto.

 

Ante el aborto -déjense de eufemismos nominalistas como lo de “interrupción voluntaria del embarazo”, por favor, y llamen a las cosas por su nombre- caben tres concepciones básicas, entre las cuales deben posicionarse sus señorías:

 

a)     El nasciturus no está vivo o no es humano. Así que no hay problema alguno en destruirlo. Pero no estuviese vivo, estaría muerto y no haría falta envenenarlo, ahogarlo, trocearlo y/o aspirarlo. No haría falta el aborto. Y decir que no es humano… ¿Qué es entonces? ¿Un gorila? ¿Un ciprés?

 

b)     El nasciturus sí está vivo y es humano. Por tanto, su vida es inviolable en toda circunstancia y debe ser protegida por la ley. La única diferencia con cualquiera de nosotros es que está dentro del seno materno y que se encuentra en las primeras fases de su vida. Abortarlo es matarlo, un terrible crimen.

 

c)      No estar seguro del asunto. No me refiero a que su señoría dude entre sus compromisos de partido, sus certezas personales y sus criterios morales, sino a si duda seriamente sobre el tema en sí. Pues, si no está usted seguro, ante la duda, mejor votar no al aborto. Con la vida humana no se juega.

 

Van ustedes a participar en un hecho histórico de radical trascendencia. Van a decidir sobre la pena de muerte para millones de seres humanos. Van a crear, o no crear, un increíble nuevo “derecho”: el derecho a matar inocentes indefensos. La Historia les juzgará, como ha juzgado a los esclavistas o a los exterminadores nazis. Tienen ustedes, en ese botón que hay delante de su escaño para votar, el poder para detener este mega-holocausto o para darle carta de legalidad y aumentarlo. ¿Serán capaces de obedecer antes a su conciencia que a la disciplina de su partido? ¿Vale más su escaño que su honestidad consigo mismos?

 

En sus manos está la decisión. No, no mire hacia los lados. Señoría, está usted sólo ante su conciencia, ante la Historia y ante Dios. Si apretando un pulsador pudiese usted detener el hambre, la violencia familiar o las guerras, pero se jugase el escaño que tanto aprecia… ¿Qué haría? Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Espero que demuestre usted la talla humana que quizá cree tener, la talla que quiso y quiere tener, la talla que la Humanidad necesita. Se lo ruego en nombre de todos los seres humanos concebidos que puede usted salvar: vote no al aborto. ¿Podrá seguir viviendo consigo mismo si no obra en conciencia?

 

 

 

Cómo escribir un “best seller”

 

 

¿Quiere usted forrarse al máximo currando lo mínimo? ¿Desea ser famoso, que le llamen a los debates televisivos y que le entreviste Buenafuente? ¿Sueña con ver un libro suyo encuadernado en lujo y en las primeras filas de los más vendidos? ¿Le encantaría firmar autógrafos y que le compren los derechos en Hollywood para hacer una película supertaquillera? ¿Se moriría de gusto viendo cómo la gente espera impaciente a que saque la segunda parte e incluso la tercera? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa y no tiene usted demasiados reparos a vender su alma al diablo, siga al pie de la letra las siguientes instrucciones:

 

 

a)     Invéntese una sociedad secreta, muy, muy antigua, pero que todavía hoy pervive para custodiar una verdad que, en su momento, será revelada y el mundo por fin será sacado de su ignorancia. Colóquele un nombre sugerente, a ser posible, en latín o italiano. ¡Ah, que no se me olvide!: ha de acabar en “ati” y tiene que tener miembros infiltrados en el Vaticano. Si el mismísimo Papa es el espía, ya rizamos el rizo. Dejémoslo en un par de Cardenales o en el Camarlengo. Decía lo del nombre. Por ejemplo, podríamos ponerle: “Los Castrati”… Así se le añade un poco de morbo, que vende mucho. Pero que no sean capados de verdad, ¿eh?. Tiene que ser simbólico. Se llaman “castrati” porque han hecho voto de secreto, es decir, que han “castrado” su lengua… De momento…

 

 

b)     Entre en Google. Busque y mire detenidamente algún cuadro del Renacimiento. Observe la cantidad de misterios que contiene. ¿Cómo que no? He dicho que lo mire detenidamente. ¿Todavía no ve nada? Pues bien, tranquilo, invéntese cualquier cosa que el pintor quiso decir, pero no lo dijo claramente por miedo a la Inquisición. ¿Ya ve algo? Yo creo que los personajes se miran entre sí con aviesas intenciones. ¿Usted no? Por lo menos se dará cuenta de que en el lienzo falta algo, ¡caramba!, que los pintores siempre dejan algún hueco para que adivinemos su contenido. ¡Vaya!: hay una mano a la que sólo se le ven cuatro dedos… Hummmm… Creo que quiere decir que Jesucristo tuvo cuatro esposas. Sí, ya lo tenemos, ese es el mensaje del artista, seguro.

 

 

c)      Luego buscamos un manuscrito antiguo que contenga la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Un rollo de pergamino escrito en alguna lengua muerta nos vale. O un códice único copiado por un monje que fue condenado por hereje a morir en la hoguera: esto sí que sí. Tiene que revelarnos la verdadera historia de Jesucristo, que como todo el mundo sabe, era mujeriego, homosexual, abortista, ecologista, comunista, anarquista e hijo secreto de Poncio Pilatos, no esa versión tan falsa que nos cuentan los Evangelios. ¿Qué pasa? ¿No hay ninguno? ¿Y qué más da? Fabricamos uno y punto. Eso sí, tiene que estar escondido donde menos se pueda imaginar y no tiene que decir nada directamente. Sólo pistas. ¿Está claro? Sólo pistas. El texto podría llamarse, por decir algo, “El Evangelio de Pilatos”. Por inventar que no quede.

 

 

d)     Después hemos de idear algún pasadizo oculto, un par de cámaras secretas en alguna iglesia y llenarlo todo de sugerentes e indescifrables signos de los cruzados, de los templarios, de los masones o, mejor, de la secta que antes nos hemos inventado. ¿No se le ocurre ninguno? No hay problema, pídale a su hijo pequeño, que seguro que tiene complejo de Edipo y “miedo a la castración” -¿no decía eso el salido de Freud?- que le haga unos cuantos garabatos. Fíjese como están llenos de curvas (que simbolizan pechos, seguro) y rectas (eso está claro: son penes). Todo tiene su significado onírico y simbólico, ¿sabe? Pues nada, primero lleve a su hijo al psicoanalista, y luego escanee y pegue sus dibujos en el libro y sigamos con nuestra obra maestra.

 

 

e)     Ahora vamos a por los personajes. Para empezar, necesitamos unos cuantos curas malísimos, mejor si son cardenales. Y si además son homosexuales y pederastas, tanto mejor. Luego creamos a una periodista bien maciza dispuesta a descubrir la verdad que ocultan esos malvados eclesiásticos. Éste es el paso más fácil, ¿a que sí? También nos serviría una hacker punkie con muchos piercings, aunque sea plana (así tenemos asegurada la trilogía). Después inventamos un experto en antigüedades que no sepa ni latín (ya se lo traducirá la punkie, que es muy lista). Para finalizar, un cura segundón del Vaticano, superatractivo y tan bueno, tan bueno, que pasa de la malévola Iglesia y cuelga la sotana (o se la levanta de cuando en cuando, da lo mismo).

 

 

f)      ¿Ya tiene los protagonistas? Bien. Ahora hay que inventarse una historia que la gente se la crea. ¿Cómo se hace eso? Es fácil. Léase cualquier libro de esos de códices secretos y ya está. Como todos tienen el mismo argumento y sólo cambian un par de cosillas, pues se plagia el cuento y avanti. Tenga en cuenta que, para que sea creíble, tiene que ser lo más increíble que se le ocurra. Aunque lo mejor son las verdades a medias, que dan la impresión de que sabe usted una barbaridad y cuelan siempre. Escriba lo que sea. Lo esencial es que la trama deje a la Iglesia Católica malparada. No falla.

 

 

g)     Por último, que no se le olvide poner una buena dosis de palabrotas (vea una peli de acción americana para captar el repertorio completo que se lleva) y unas cuantas escenas de sexo duro. Pero no entre el investigador y la periodista, que eso se lo esperan todos y es muy soso. Los protagonistas tienen que ser los curas malos. Y, sobre todo, la periodista con ese cura tan bueno que cuelga la sotana (o se la levanta). No se le ocurra sugerir los hechos. Tiene que hacer un relato con pelos y señales. Si no sabe cómo describir una escena así, vea la tele en horario infantil. En esa franja encontrará todo lo necesario.

 

 

h)     ¿Nos falta algo? Pues sí. Nos falta un buen título que nos abra las puertas de las editoriales y que resulte irresistible para el vulgo. Este es el punto más difícil, porque todos los códices, sociedades y cámaras secretas ya están cogidos. Umm, ¿qué hacemos?  ¿Repetimos? Mejor que no, que la SGAE nos apalea. Hay que inventar uno y no puede contener las palabras código, códice, secreto, evangelio, carta, templarios, cruzados, oculto, manuscrito, grial, bidón de gasolina… Ufff… ¿Y si le preguntamos al niño que nos hizo los símbolos?:

 

 

-          Escritor: Borja, ¿qué es lo que has dibujado? ¿Cómo se llama?

-          Niño: ¡Y yo qué sé, papá, no tiene nombre..! ¡No es nada!

 

¡Ya lo tenemos! ¿No lo adivinan? Nuestro “best seller” se llama:

 

“El símbolo de la nada”.

 

¡Hala, que disfruten de los millones!

 

Ni truco, ni trato, ni leches…

 

 

Tras un tiempo de obligada inactividad, vuelvo a escribir. Y lo hago, para ir recuperando mis cítricas costumbres, criticando al puñetero “Halloween” cuya celebración ya se está preparando en todo nuestro estúpido país. Estúpido porque no hay mayor estulticia que abandonar las propias tradiciones, arraigadas en nuestra cultura, para acoger con entusiasmo las de otros países, que ni nos van ni nos vienen. Estúpido porque, a la par que pierde su identidad, absorbe otras identidades como quien se cambia la chaqueta. Estúpido porque se deja colonizar culturalmente con tanta facilidad como una prostituta abre las piernas, y encima sin cobrar. Estúpido porque ya no sabe ni quién es ni cómo se llama.

 

Que me disculpen los pocos sensatos que todavía quedan y que no se dejan violar por la globalización de las estupideces extranjeras. Recuerdo cuando conocí la “aldea global” anunciada por el canadiense Marshall McLuhan. Aquel gran comunicólogo, contemplando el vertiginoso avance y difusión de los modernos medios de comunicación, se dio cuenta de que muy pronto el mundo sería un pañuelo y predijo el advenimiento de una sociedad mundial tan vecinal como una pequeña aldea. Me gustó aquella idea. Creí que el mundo avanzaría hacia una globalización positiva, hacia una debilitación de las fronteras y conflictos, hacia una extensión universal del bienestar, la justicia y los derechos humanos.

 

Me equivoqué, evidentemente. No se ha globalizado ni el diálogo, ni la solidaridad, ni el desarrollo, ni la humanización, ni nada constructivo. Se ha globalizado el “american way of life”, el estilo de vida norteamericano. Si hoy te das un paseo por cualquier gran ciudad de cualquier parte del mundo, no sabes ni en qué país estás. Los mismos rascacielos, las mismas películas en los cines, la misma música y bailes, los mismos establecimientos de comida basura, las mismas marcas de moda, los mismos ordenadores con los mismos sistemas operativos, los mismos programas de televisión… Y las mismas costumbres. La globalización ha resultado ser una colonización a todos los niveles.

 

España no iba a ser menos, con su costumbre, no sólo de tragarse lo que viene de fuera, sino de acabar liderándolo. No me meto con la invasión de barbarismos en nuestra lengua común castellana, porque ya lo hice en otra ocasión y no acabaría nunca. Ya he hablado en este blog, o lo haré en el futuro, de la importación de catástrofes morales, sanitarias, educativas, legislativas o económicas, en todas las cuales hemos conseguido colocarnos a la cabeza de Europa. En esta ocasión me meteré sólo con las tradiciones populares. No teníamos bastante con la americanización de nuestras costumbres navideñas, entre otras. Tenemos que tragarnos también la gilipollez del “jalogüín”. ¿Cuándo nos vamos a sacudir de encima los españoles el mito de que lo de fuera es mejor que lo nuestro?

 

Una “fiesta” de antiguo origen pagano, el “Samhain” celta para más señas, basada en la creencia de que en determinadas fechas el mundo de los vivos y el de los muertos se acercan lo suficiente como para establecer relaciones. Una celebración llevada por los emigrantes irlandeses a los Estados Unidos de América, donde fue acogida con entusiasmo y convertida en tradición, con sus calabazas “Jack-o’-lantern” vaciadas, recortadas como calaveras e iluminadas desde dentro; con sus niños disfrazados de fantasmas, duendes, brujas, demonios y otras tétricas sandeces, pidiendo su “golosina o gamberrada”, versión moderna del antiguo “Trick-or-treat”, el “truco o trato”; con sus hogueras, sus visitas a casas “encantadas” o sus nocturnos relatos de historias de miedo.

 

Me da grima ver, en nuestras propias tierras, a las madres afanándose en hacer los espantosos disfraces o a los colegios perdiendo el tiempo organizando semejante chorrada. ¡No te digo cuando veo que infinidad de colegios de religiosos católicos también se embarcan en el asunto! Lo mismo que los carnavales, que sí forman parte de nuestra tradición, pero nada tienen que ver con un centro católico. Entonces ya no es grima, sino un cabreo en toda regla lo que siento. Ya nos tragamos hace tiempo al Papá Noel de las narices, con sus peliculeras risotadas, renos y trineo, perdiendo cada vez más nuestra tradición de los Reyes Magos con sus camellos (bonita o no, es cuestión de gustos, pero es NUESTRA). Y ahora, desde hace unos años, el puñetero “jalogüín”. A este paso, acabaremos celebrando el 4 de julio, el “Independence Day” americano.

 

La Iglesia Católica, como hizo con otras celebraciones paganas, le dio un contenido nuevo y mucho más positivo al antiguo “Halloween”. Nada de tonterías de que los muertos se comunican y se aparecen y que hay que hacer ritos para que no se cabreen. Se creó la festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y el Día de Difuntos, el 2 del mismo mes. La primera para hacer memoria de todas aquellos santos anónimos, que ni fueron famosos, ni elevados a los altares, pero dieron con su vida testimonio de fe, esperanza y amor. La segunda para recordar con respeto y cariño a los seres queridos que ya no están con nosotros, para refrescar su presencia en nuestros corazones, para orar por ellos para que les vaya bien en el mundo venidero y por los que aquí quedamos todavía, para que la fe resuene en nosotros y nos consuele de las dolorosas pérdidas. 

 

Esa es nuestra tradición sobre estos días de noviembre dedicados a los muertos. ¿Que a mucha gente le trae sin cuidado esta versión católica? Por supuesto que sí, faltaría menos en una democracia. Pero, ¡qué patético y ridículo escenario el que ahora se nos presenta!: retornar a viejos sentidos paganos ridículos y superados; desechar las propias raíces y dejarse invadir de injertos ajenos; olvidar una cultura milenaria que ya quisieran para sí los norteamericanos. ¿A esto llaman “interculturalidad”? ¿A dejar que la propia identidad se disuelva en la globalización del Tío Sam? La interculturalidad lleva consigo el respeto recíproco, la buena convivencia y el mutuo enriquecimiento entre distintas culturas, pero jamás la desaparición de ninguna de ellas. La diversidad cultural es un patrimonio de la Humanidad que debe preservarse.

 

Lo que está sucediendo no lleva a la interculturalidad, sino a la implantación a escala mundial de una monocultura, una cultura única, un pensamiento único, un estilo de vida clónico. La interculturalidad no debe conducirnos, ni a una monocultura sincrética que anule la diversidad, ni mucho menos a una monocultura impuesta por una superpotencia. Necio y cobarde es un pueblo que se deja colonizar de esta forma. El “jalogüín” es sólo un pálido ejemplo. Cierto que todas las culturas, TODAS, tienen elementos negativos que pueden y deben mejorar. La interculturalidad bien entendida debe contribuir a ello, fomentando el conocimiento y valoración de lo mejor de cada cultura. Pero, jamás de los jamases, conducirnos a la pérdida de la inmensa riqueza cultural que cada pueblo posee. 

 

La mujer que yo quiero

 

Pese a las diversas dificultades y problemas que me lo impiden, vuelvo a tomar la pluma –el teclado, mejor dicho– para volver a escribir después de una larga pausa. Y es que hay un motivo que me urge, me empuja y me ilusiona. Se trata de mi esposa, María José, Mariajo para los amigos. Acabamos de celebrar nuestro vigésimo séptimo aniversario de bodas. No es moco de pavo, en los tiempos que corren, cuyos vientos son absolutamente contrarios a la estabilidad de los vínculos matrimoniales, aunque he de confesar que el mayor porcentaje de mérito, si no todo, le corresponde a ella. Yo soy un desastre total.

 

Nos casamos un once de septiembre, en 1982, sin saber que muchos años después esa fecha iba a adquirir un tono sombrío para la historia de la Humanidad, a causa de los espantosos –y ya medio olvidados por los “obamistas”– atentados contra las torres gemelas del WTC de Nueva York. Aquellos dos altísimos y soberbios edificios, como sendas torres de Babel, se desplomaron sobre sí mismos como un castillo de naipes tras el terrible impacto de los aviones secuestrados por los fanáticos islamistas. Sin embargo, el pequeño edificio familiar construido entre Mariajo y yo, nuestro matrimonio, ha sobrevivido y se ha reforzado cada vez más.

 

Puedo y debo decir que el secreto de que sigamos juntos y cada vez más unidos consiste en dos cosas: los cimientos y el mantenimiento. Cuando nos casamos, muy jóvenes los dos –no como ahora, que las parejas tienen verdadero canguelo a contraer matrimonio y se casan medio machuchos– sabíamos que nos queríamos, como todos, pero también éramos conscientes de que el amor pasión tiene un límite y el amor conyugal sus condiciones. Nuestra casa no podía construirse sobre arena, sino sobre roca. Y la roca, para nosotros, era Cristo. Así que lo primero de todo fue excavar a fondo y pedir a Dios que colocase la primera piedra.

 

Otra cosa importante también teníamos clara: el amor duradero y, por tanto, el matrimonio, no es algo mágico que se mantiene por encanto, ni una borrachera de neurotransmisores. No se trata de química –aunque eso es en buena parte la mera pasión inicial–, ni de una “chispa” que casualmente aparece y por definición desaparece y se extingue como una estrella fugaz. Sabíamos que ambos tenemos muchos defectos (yo muchos más, se lo aseguro) y que nuestro enamoramiento espontáneo era tan cierto como insuficiente para fundar un matrimonio y una familia estable, un hogar con vocación de perpetuidad.

 

Habíamos sido los dos bien educados en el amor, por nuestras familias y por la Iglesia Católica. Por ello, no nos cabía duda de que nuestro amor debería ser objeto de unos cuidados de mantenimiento adecuados, como toda construcción. No basta un buen cimiento, ni un precioso edificio, si no se trabaja día a día para conservarlo y mejorarlo. Previmos que nuestro amor debería ser refundado, reiniciado, reparado, reconstruido y renovado, todos los días de nuestra vida. En nuestra andadura en común, Jesucristo no ha sido sólo la piedra fundacional, sino una roca perpetua que viaja con nosotros señalando y abriendo el camino.

 

Al afirmar que el centro de nuestra vivencia del amor es Jesucristo, puede parecer que con ello desmereces a la persona con la que convives. Como si ella no hubiera hecho nada y la relación se mantuviese sólo a base de milagros. Es cierto que sin la fuerza del Espíritu Santo no hubiéramos llegado muy lejos ninguno de los dos, ni juntos, ni por separado. Pero no es menos cierto que me siento muy afortunado y agradecido por la esposa que tengo, que ha sabido luchar como una heroína en los momentos más difíciles, imposibles diría yo. Así que no creo que exista en el mundo mejor compañera de viaje que la que Dios me ha regalado.

 

En estos últimos tiempos, en los que tantas personas estamos luchando todo lo que podemos por el derecho a nacer, por el derecho a vivir, por la vida en suma, puedo decir que mi mujer es un paradigma, un bellísimo icono de la vida. A través de mis prolongados problemas de salud física y psíquica, que tantas veces han hecho dificilísima la vida cotidiana, ella siempre ha estado a mi lado, al pie del cañón. Sin ella, tiempo ha que yo ya habría arrojado la toalla. Pero esta aguerrida mujer, ni se rinde, ni me deja rendirme. Cuando Dios pensó en una ayuda adecuada, como dice el Génesis respecto a Eva, sospecho que pensó en mi esposa.

 

Mariajo no sólo es la que me da ánimos para seguir viviendo. También es la que, en colaboración con Dios, ha traído la vida a nuestro hogar, en forma de seis fantásticos hijos como seis soles, y no más porque no han venido, porque jamás se ha cerrado a la vida. Renunció voluntariamente, durante muchos años, a trabajar fuera de casa, para quedarse en el hogar y atender a los pequeños. Sólo cuando todos ellos se hicieron mayores y autónomos se puso a trabajar en una empresa de servicios informáticos. Y aún así, ella sigue siendo el alma de nuestro hogar. Sé que Dios le ayuda, pero si ella no respondiese a la gracia…

 

Pensarán que soy un exagerado. Se equivocan. Pensarán que soy un caradura con suerte. No se equivocan. Pensarán que digo todo esto sólo por fardar. Se equivocan. Pensarán que se me cae la baba al pensar en ella. No se equivocan. Pensarán que en nuestro matrimonio yo también habré puesto una buena dosis de sacrificio para que haya durado más de un cuarto de siglo. Se equivocan. Pensarán que no todo el mundo es tan afortunado como yo. No se equivocan. En fin, piensen ustedes lo que quieran. Yo sólo les garantizo una cosa, de la que es imposible apearme: sin duda alguna, a esta mujer no la merezco.

 

No me pregunten qué es para mí la vida. Con permiso de Jesucristo, que es la Vida en mayúsculas, y de Becquer, a quien voy a parafrasear, terminaré con un osado estropicio de una de sus rimas:

 

¿Qué es la vida?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es la vida? ¿Y tú me lo preguntas?

La vida… eres tú.

 

 

A Mariajo, la mujer que yo quiero.

 

 

Nota aparte para los suscriptores de este blog:

 

Ignoro por qué el sistema automático que les manda a su correo electrónico cada nueva entrada que escribo ha realizado un envío de un artículo que escribí en abril y que sólo tenía sentido pleno en aquel momento. Después de los hechos que en él comenté han sucedido muchas cosas que merecen nuevos comentarios, unos positivos y otros no tanto. Les ruego ignoren ese fallo involuntario del sistema.

En apoyo de la iniciativa “Bebé-Aído”

En cuanto he conocido esta iniciativa, he decidido promocionarla desde mi blog. Cedo gustosamente el espacio de este post para apoyar esta idea que me parece absolutamente fantástica. Y pido a todos que visiten el enlace que más abajo pongo a la página web desde la que se lanza esta propuesta.

Es una campaña sin ánimo de lucro, que pretende que todos los españoles puedan ver y tocar con sus propias manos tal y como es un ser humano a las 12 semanas de su gestación, antes de apoyar o tragarse sin más la nueva Ley de Plazos que quieren promulgar Zapatero y sus “miembras”, que permitirá asesinar salvaje e impunemente a las criaturas en dicha fase de gestación (y más avanzada aún).

Los avances en las técnicas de observación intrauterina y la visualización de los fetos tristemente abortados permiten reproducir con toda fidelidad tal y como es ese maravilloso ser que se gesta en el interior de la madre. Quien no quiera ver que, aunque pequeñito, esto no es una “cosa”, sino un ser humano, es simple y llanamente porque no quiere ver.

 

Aquí el enlace a la citada página Web, de la que he extraído la foto que preside el post: Bebé-Aído.

Mi más sincera enhorabuena y mi agradecimiento a los que han tenido esta idea. Espero que realmente sirva para abrir los ojos de esta sociedad ciega. Habría que enviarles una de estas reproducciones del bebé de 12 semanas a todos los diputados que decidirán sobre su vida o muerte con sus votos.

NOTA: Como siempre hay quien ve negocio detrás de todo y ve la vida sólo a través de un billete, añado que yo no tengo vinculación alguna con esa iniciativa ni con la distribución y financiación de las reproducciones y que ya he hecho mi pedido pagando mi aportación como todos.

21-07-2009: La campaña “Bebé-Aído” le sienta mal al PSOE, en Análisis Digital

Sobre la autoridad en la educación

 

 

 

En el reglamento de lo “educativamente correcto” implantado por la “progrecracia” dominante, la palabra autoridad está proscrita. Tomando como punto de partida esta aguda viñeta que circula por Internet, me adentraré una vez más por un sendero plagado de espinos, navegando a contracorriente. Porque en este post voy a defender la necesidad de la autoridad en la educación. Todo el mundo sabe que algo marcha mal en nuestro sistema educativo, aunque no todos lo reconozcan, por ignorancia o por determinados intereses políticos e ideológicos. La realidad objetiva es que las últimas generaciones de “estudiantes” -si se les puede llamar así- no sólo son trágicamente incultas y con altos índices de abandono académico, sino también carentes de una disciplina básica.

 

Hay numerosas y afortunadas excepciones, pero parecen ser sólo una minoría que confirma la regla. ¿Quién no ha oído hablar del informe Pisa, que nos sitúa a la cola de Europa en materia de educación? ¿Quién no ha pensado que algo falla al comprobar la deprimente cultura general de tantos adolescentes y jóvenes? ¿Quién no se ha alarmado por el aumento de las conductas inadaptadas y antisociales en escuelas e institutos? ¿Quién no ha sufrido o ha visto y escuchado cómo se ha incrementado la violencia y extorsión entre compañeros y las agresiones de niños y adolescentes a padres y maestros, o incluso de padres hacia los profesores? Algo grave pasa, sin duda, y una de las causas (¿o efectos?), es una falta cuantitativa y, sobre todo, cualitativa, de autoridad.     

 

Desde el esquema pre-constitucional, como lo llama D. Emilio Calatayud, el famoso y simpático Juez de Menores de Granada, hasta el modelo actual, ambos tan bien caricaturizados en la viñeta, ha habido un cambio pendular, de extremo a extremo, casi sin solución de continuidad y apenas sin términos medios. Desde el autoritarismo excesivo de la escuela tradicional, hemos puenteado en muy pocos años toda la escala de tonos intermedios y hemos llegado a la situación de laissez faire (dejar hacer) soñada por los charlatanes de la nueva pedagogía, aquellos ilustres personajes de inicios del siglo XX incardinados en ese “totum revolutum” de ideas y experiencias que se dio en llamar Educación Nueva.

 

No tomaré partido en la “guerra” que se ha establecido entre padres y profesores, en la que unos se arrojan a otros las culpas de lo que ocurre, porque es una pescadilla que se muerde la cola, en la que es muy difícil determinar “quien empezó primero”, como si de una pelea infantil se tratase. Creo más bien que se trata de una crisis social generalizada que afecta a todos. Sea como fuere, el caso es que, en infinidad de hogares y de escuelas, quien realmente detenta la autoridad como un pequeño dictador es el niño, habiendo aparecido en escena ese nuevo fenómeno psicosocial que el Dr. Vicente Garrido, experto Psicólogo en temas de violencia, denomina con gráfico acierto el Síndrome del Emperador (1).

 

Es una necesidad urgente recuperar la autoridad de los maestros y de los padres. Digo autoridad, no autoritarismo, porque no se trata de volver sin más a modelos abusivos del pasado. Tampoco consiste, exactamente, en buscar el término medio entre los extremos de lo que fue y lo que es. Se trata de introducir en la educación un cambio de la calidad de la autoridad, no de sólo de la cantidad. “Autoridad” viene del latín auctoritas, palabra que procede del Derecho Romano y que hace referencia a la autoridad moral que otorga la gente, de forma espontánea, a quien demuestra poseer determinadas virtudes y/o saberes, en oposición a la potestas, que es el poder formal u oficial que conlleva un estatus o cargo.

 

Los educadores poseen -o poseían- la potestas que les otorga su estatus profesional, pero sólo tienen la auctoritas que sus educandos les conceden. Aunque es necesaria la reconquista de una potestas adecuada y equilibrada, es mucho más importante la auctoritas. Pero esta autoridad moral no viene “de serie”, al adquirir el estatus de educador, sino que hay que ganársela, hay que conseguir que el educando te la conceda. Y eso no se obtiene a base de palos y malas formas, ni se gana a base de concesiones de caprichos. No se conquista por la fuerza de la obligación, ni tampoco por el estúpido colegueo. Sólo se suscita en el educando por la admiración, que engendra respeto y mueve hacia la emulación.

 

¿Qué educador consigue ese tipo de autoridad?: aquel cuya maestría es notoria en su ciencia, que ama a sus alumnos, a la educación y a la materia que enseña, que es modelo de persona coherente y cuando se equivoca sabe reconocerlo y disculparse, que busca la verdad sin rehuir ninguna dimensión de la realidad, que porta una concepción del mundo y de la vida que da respuesta a las exigencias humanas básicas que nos constituyen, que ejerce sus responsabilidades sin el fariseísmo de creerse mejor que nadie, que no se tiene a sí mismo en tanta importancia como para estar siempre serio, que se acerca al educando y a sus problemas con empatía, que sabe ponerse en su sitio sin avasallar, que hace que sus pupilos se sientan seguros, comprendidos y ayudados.

 

La valía de un profesor no se mide por el número de títulos y diplomas que constan en su curriculum vitae, sino por su competencia real para generar aprendizajes en sus alumnos. Quien carece de auctoritas no puede hacerlo. Y quien no lo hace, carece de auctoritas. Así de unidas están ambas competencias. Sólo un verdadero maestro, en el sentido más gremial y taurino de la palabra, consigue que sus alumnos se comporten y aprendan. Acabo con un poco más de etimología. “Maestro” viene del latín magister, que a su vez proviene de dos raíces: “más” y “tres”. El auténtico maestro es “tres veces más”: Sabe su ciencia, sabe enseñarla y sabe, sobre todo, ser persona íntegra ante sus discípulos.

 

(1) Recomiendo la lectura de su libro “Los hijos tiranos”, publicado por Ariel.

   

¿De quién son los hijos?

 

(Publicado en Análisis Digital el 7 de julio de 2009) 

 

Es tan curioso como trágico el concepto que el progrerío izquierdoso laicista, sobre todo el más radical, tiene sobre la propiedad de los hijos, del ser humano en suma. Precisamente son los descendientes ideológicos del marxismo, los hijos políticos de aquellos que propugnaron su fuerte crítica al concepto de propiedad privada de los bienes, los que han desarrollado una retrógrada doctrina de la propiedad sobre las personas, un tema propio del esclavismo y que yo creía ya superado por nuestra cultura. Una doctrina que otorga a la madre gestante la propiedad absoluta del hijo que lleva dentro y que, si éste llega a nacer, es arrebatada por el Estado.

 

Cuando de la vida humana gestante se trata, la “dictadura del progretariado” establece que la madre es propietaria absoluta de la misma y que, como sucedía con los amos de los esclavos, puede disponer de ella como mejor le parezca, incluso matándola sin problema ético ni legal alguno. “Mi cuerpo es mío, todo lo que está dentro también y hago con ello lo que quiero”, sería la frase que resume esta falacia de propiedad ilimitada sobre sí mismo y sobre el hijo concebido. Esta es la burda antropología que fundamenta el pretendido “derecho al aborto”: el ser que se gesta en mi interior es mío y hago con él lo que me apetezca.

 

Para afianzar esta posición disimulando su evidente perversidad, necesitan completar su pobre antropología con una cosificación de la vida humana en gestación. Necesitan afirmar, contra la ciencia si es preciso, que el nasciturus no es un ser humano, ni siquiera una vida humana, sino una “cosa”, (viva, según Aído, pero no humana), un amasijo de células con la misma entidad que un tumor o la uña del dedo gordo del pie. ¿Que la “cosa” posee una identidad genética diferenciada? ¿Que la única forma de que esa “cosa” no llegue a ser una persona adulta es que muera? ¿Que la “cosa”, a las pocas semanas, ya posee los mismos miembros y órganos que un adulto? Todo ello les importa un bledo.

 

Pero no queda ahí la cosa. Cuando el niño no es asesinado en el vientre de su madre y tiene la suerte de nacer, se añade una absurda contradicción: desde ese momento, para el Matrix progre, el ser humano ya no es de la madre, ni de la familia, sino del Estado. La propiedad prenatal que abusivamente se atribuye a la madre, es enajenada de inmediato por esa omnipotente y omnisciente entidad artificial. A partir del nacimiento, el Estado Padre y Madre se apropia del hijo y se arroga la facultad de educarle a su antojo. El recién nacido pasa a ser “ciudadano”, en el peor de todos los sentidos. Los padres ya no tienen derecho ni a chistar, por mucho que se lo reconozca la Constitución y la Declaración de DDHH.

 

La patria potestad -no patria “propiedad”- que legítimamente corresponde a los padres es puesta en entredicho, limitada e incluso suplantada por esa imprescindible “tribu” de la que habla Jose Antonio Marina al mismo tiempo que afirma que la familia es, poco más o menos, el origen de todos los males, la transmisora de lo peor de la Humanidad, por lo cual no se le puede confiar sin una tutela exhaustiva la educación de sus pequeños. El Estado enajena a la familia y se hace propietario del nuevo ciudadano, utilizando los medios de comunicación, de los que también se ha apropiado, y la escuela, de la que también se ha apropiado, para educar al pequeño “como debe de ser”, que para eso el Estado lo sabe todo.

 

El Estado, entidad abstracta, se plasma en la realidad en una superestructura administrativa gobernada por personas concretas, las cuales dirigen el cotarro a su antojo y utilizan el poder, que les ha sido confiado para gestionar los intereses generales, para gestionar sus intereses particulares. Crean una “Educación para la Ciudadanía” según su propio modelo ético e ideológico sectario y la imponen, no sólo a golpe de leyes y reales decretos, sino a base de un astuto proyecto de ingeniería social que rebasa los límites de ese anticonstitucional grupo de asignaturas y se extiende transversalmente por todos los entresijos del sistema educativo, de los medios de masas y de la sociedad en general.

 

Pasándose por el forro el principio de subsidiaridad, el Estado aliena a los padres y se apropia del fruto del útero de la mujer, del seno de la familia, de la misma forma intolerable que, según la crítica marxista, el fruto del trabajo es alienado por parte del amo capitalista. Y todos tan contentos con este moderno y progre abuso de poder. Los herederos ideológicos de aquellos que criticaron, lucharon y se alzaron contra aquella terrible injusticia, son ahora entregados y entusiastas vasallos de todas estas nuevas formas de alienación y de autocracia disfrazada de democracia, y no dudan en renunciar a sus derechos respecto a sus hijos.

 

Porque no se trata sólo de derechos, sino también de deberes. La educación de los hijos es un derecho-deber irrenunciable e insustituible de los padres. El camino fácil es hacer dejación de ello y delegar el asunto al Estado, que tan bien y tan eficazmente ha demostrado que educa a los niños, adolescentes y jóvenes. Tan requetebién, que nos ha colocado a la cola de Europa. Tan estupendamente, que ya gozamos de casi dos generaciones de analfabetos funcionales, sin cultura general alguna, sin capacidad de esfuerzo, de sacrificio y de constancia, incapaces de orientar su vida y marcarse y alcanzar objetivos a largo plazo.

 

Cualquier gobierno sabe que cuanto más débil y “puenteada” esté la familia, y cuanto más zopenco sea el pueblo, más poder directo tiene sobre los ciudadanos, porque el conocimiento integral de la realidad es siempre liberador. Pero esto también les trae sin cuidado. Algunos padres ni se enteran y otros no se quieren enterar porque, como ahora los que mandan les gustan, pues no pasa nada si se dedican a adoctrinar a sus hijos. Una faena menos y adelante con el proyecto giliprogre que les tiene encandilados. Sin darse cuenta de que, con su dejación y su borreguismo están reabriendo la peligrosa puerta hacia el totalitarismo.    

 

¿De quién son los hijos?, es la pregunta que he querido plantear como título de este artículo. ¿Son de la madre? ¿Son de los padres? ¿Son de todos? ¿Son del Estado? Pues miren, no, los hijos no son ni de los unos de los otros. Los hijos son personas y las personas no pertenecen a nadie en propiedad. Sólo las cosas pueden ser poseídas, y ello de forma limitada, si seguimos la doctrina social de la Iglesia, mucho más revolucionaria que la marxista, aunque poco conocida. Nuestros hijos son Hijos de Dios y, como tales, tienen la dignidad de persona libre. Con nuestra libre cooperación vienen al mundo y nos es confiado su cuidado y educación, pero no nos pertenecen, ni a nosotros, ni a la colectividad, ni al Estado.

 

Cuanto más intervencionista es un Estado, no es más moderno ni democrático, como pretende hacernos creer el progretariado socialista, sino todo lo contrario, es más retrógrado y totalitario. El paternalismo gubernamental, que siempre recela de la iniciativa social, no es más que una forma velada de autoritarismo. Un gobierno que no cree en el pueblo, no es digno de gobernar, puesto que su poder emana de él. Y unos padres que abandonan a sus hijos en las garras de la ideología particular del gobierno de turno, tampoco son dignos de tal nombre ni de tan importante responsabilidad. ¿Cómo es posible que los padres que se las dan de progresistas no sean todos ellos, precisamente, los primeros y más aguerridos objetores de conciencia contra la imposición de esta EpC?

 

Sr. Cotino, dígaselo al Sr. Font de Mora

  

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar

 en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones

(Winston Churchill) 

 

Aunque estoy muy contento de que se haya aprobado en las Cortes Valencianas la Ley de Protección a la Maternidad y de que hace poco se aprobara la ILP de Red Madre -gracias y enhorabuena, Sr. Cotino-, que espero se pongan en práctica y se apliquen en toda su extensión, lo que supondría un gran beneficio en pro del derecho a vivir del ser humano concebido y una gran ayuda a las madres embarazadas y a las familias valencianas, no hay forma de que desaparezca el nubarrón que siempre planea sobre nuestro Gobierno Autonómico, con sus sempiternos claroscuros y sus constantes “una de cal y otra de arena”.

 

Sí, ya sé que me repito sobre este tema. Yo también estoy cansado y harto de abordar una y otra vez el asuntito de marras. Pero debo y quiero insistir. Dejo aparte, porque se ha repetido hasta la saciedad sin respuesta alguna, el hecho de que es una absoluta contradicción que nuestra Comunidad sea pionera en tan avanzadas leyes de protección a la maternidad y la vida, al mismo tiempo que bate los récords de congelación y manipulación de embriones en su IVI. Y vuelvo a la carga con la cuestión de la Educación para la Ciudadanía, ante la que seguimos igual de desprotegidos que cuando el PSOE la impuso hace varios años.

 

Las plataformas de padres, como VAEL, que estamos en contra de esa descarada puerta al adoctrinamiento ideológico sectario de nuestros hijos, hasta ahora sólo hemos recibido buenas palabras. Hechos, ni uno ni medio. Casi todos los políticos que ocupan las cúpulas del PP se han manifestado en contra de la EpC, tanto a  nivel nacional como autonómico. Rajoy dijo que hasta él mismo objetaría por sus hijos. Bla, bla, bla, bla. Autismo e inactividad absoluta es lo único que podemos constatar. Discursos vacíos, promesas incumplidas, palmaditas en la espalda… Todo, menos acciones concretas y eficaces para ayudarnos en nuestra batalla.

 

Ni siquiera hemos recibido los padres objetores una respuesta a nuestras declaraciones de objeción, aunque sea denegatoria del ejercicio de este derecho reconocido por el Tribunal Constitucional, pese a que se nos ha prometido reiteradamente desde la Consejería de Educación. Seguimos en la peor de todas las situaciones: en el limbo jurídico que ocasiona el “ni sí, ni no, sino todo lo contrario”. Abandonados a la cruenta lucha “cuerpo a cuerpo” entre padres, profesores y libros de texto a la que nos ha relegado el Tribunal Supremo con sus hábiles y salomónicas sentencias, que entorpecen -aunque no anulan- el ejercicio del derecho a la objeción.

 

Acaban de aprobar una Ley que, protegiendo a la mujer gestante, colabora al derecho a vivir de los no nacidos y a evitar miles de abortos. Muy requetebién. Pero no se dan cuenta -o no quieren darse cuenta- de que en la EpC reside el arma secreta del PSOE para que todo ello quede, en un futuro próximo, en agua de borrajas. Este grupo de asignaturas, que facilita el adoctrinamiento sectario de los niños y adolescentes españoles en los postulados laicistas del PSOE, una de cuyas barbaridades más “insignes” es el aborto libre, está diseñado para crear nuevas generaciones de españolitos, entre otras muchas cosas, proabortistas.

 

Nuevas generaciones que ya no verán nada raro ni anormal -mucho menos salvaje- en asesinar niños en el seno de sus madres. Nuevas generaciones que anularán las leyes que ahora se hagan a favor de la vida. Nuevas generaciones que ocuparán los lugares de responsabilidad social y política y que actuarán de acuerdo con el chip que ahora se les está implantando en el cerebro. Nuevas generaciones que convivirán con absoluta normalidad con todos los desvaríos morales del laicismo radical y de la cultura de la muerte. Nuevas generaciones que mantendrán y se mantendrán en ese “mátrix progre” del que habla Juan Manuel de Prada.

 

Si el PP valenciano no se ocupa de forma urgente de ayudarnos a detener este proyecto de ingeniería social, cuyas herramientas principales son los medios de comunicación y la EpC en la escuela, sus estupendas leyes recién aprobadas serán “pan para hoy y hambre para mañana”. No servirán para nada. Se quedarán en una pasajera anécdota de “aquellos fachas que mandaban antiguamente en Valencia” -he dicho “mandaban”, en pretérito imperfecto- y todo el esfuerzo habrá sido inútil. Créame, Sr. Cotino, si no fulminamos entre todos la puñetera EpC, dentro de unos años no existirá siquiera su partido político. Dígaselo al Sr. Font de Mora.

 

¿Por qué sois tan cobardes?

 

 

 

 

 

Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos

para el combate, mis dedos para la batalla

(Salmo 144, 1)

 

Ha sido una alegría, un consuelo y un buen rapapolvo encontrarme este domingo en la celebración eucarística con la lectura de ese pasaje evangélico comúnmente llamado “La tempestad calmada”, un título bastante pobre en relación con su contenido, por cierto. En este texto del Evangelio según San Marcos (Mc 4, 35-40), como sucede en cada fragmento de la Biblia, no sobra ni falta siquiera un punto o una coma.

 

En el citado pasaje, situado a orillas del Mar de Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Acompañando a Jesucristo raro era estar mucho rato parado. Cualquiera que sigue con seriedad a Jesucristo sabe muy bien que su vida casi nunca es estática, sino siempre dinámica, movimiento, camino. La cómoda actitud pequeño-burguesa de “que no se mueva nada” es diametralmente opuesta al cristianismo.

 

“Esta orilla”, la de aquí, símbolo de aquella en la que trascurre nuestra vida diaria, era para sus primeros discípulos la zona de Cafarnaum, donde tenían sus casas, sus trabajos, sus seguridades. Es el área costera del Mar de Tiberiades en la que Jesús, con la multiplicación de los panes, se había revelado como Mesías y en la cual sus discípulos estaban entusiasmados de ser los amigos de tan ilustre personaje. Era la zona del éxito humano.

 

Pero Jesús, si escrutamos los Evangelios, se empeña una y otra vez en ir o en enviar a los suyos “a la otra orilla”, donde tanto él como sus discípulos eran casi unos extraños poco bienvenidos. Nuestra vida cristiana está siempre proyectada hacia esa “otra orilla”. Y no sólo a la definitiva, la Vida Eterna en el Cielo, sino también a “otra orilla aquí”, en esta vida. Para ello hemos sido llamados a ser perpetuos navegantes y caminantes.

 

En la orilla de acá parece que se está bien, disfrutando de las precarias comodidades y logros que creemos haber conseguido. A todos nos tienta el espejismo de una vida “fácil”, burguesa, tranquila, sin complicaciones ni sobresaltos, evitando problemas, cerrando los ojos a la realidad y dejando pasar cuanto ocurra sin mover un dedo. Pero el amor de Cristo, como dice la 2ª Lectura de hoy, “nos apremia” a movernos hacia los demás.

 

Todo cristiano que en verdad lo sea, se siente urgido por Jesucristo a embarcarse con él rumbo a “otra orilla”, a esa margen en la que nos espera nuestro prójimo sufriendo a chorros, a esa tierra prometida del amor incondicional al otro, a la incómoda arista del servicio sin esperar recompensa a cambio. El Hombre está hecho a imagen de Dios, que es amor absoluto, y sólo puede realizarse pasando a esa “otra orilla”.

 

Siguiendo el texto evangélico, vemos que, una vez metidos aguas adentro, se levanta una fuerte tempestad que amenaza con hundir la barca. En principio esto parece raro, pues el Mar de Tiberiades no es más que un lago interior, el Lago de Genesaret. Yo he estado dos veces allí y en una de ellas he tenido la suerte de contemplar en vivo una de esas tempestades. Doy fe de que suceden y de que son pavorosas.

 

Los discípulos están espantados al ver lo que está sucediendo a su alrededor. Como nosotros estamos acogotados ante la galerna que se ha desatado contra los que navegamos en la barca de Cristo en esta sociedad, que amenaza con devorarnos de un momento a otro, asustados como toda persona de buena voluntad que se niega a aceptar las mentiras emponzoñadas de “esta orilla” y se ha hecho a la mar.

 

Acongojados como todos los que no aceptamos la neototalitaria dictadura del progretariado laicista, ni su versión de lo “políticamente correcto” y navegamos a contracorriente de un mundo empecinado en su autolisis colectiva, una sociedad enloquecida y embravecida que no soporta que algunos no “bendigamos” su desvarío y que alcemos nuestra voz disidente entre el fragor de sus truenos mediáticos.

 

Pero no es ese el mayor problema que tambalea la fe de los discípulos. Hay otro mucho peor. Algo tan sorprendente como escandaloso: Jesús está tranquilamente durmiendo sobre un almohadón en la proa de la barca, sin percatarse de la que está cayendo y sin hacer nada de nada al respecto. Lo despiertan con un grito que a muchos de nosotros no nos resulta nada lejano: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

 

Esta es la sensación de abandono que sentimos muchos de los que hemos dejado “esta orilla” y hemos zarpado en la barca que va a la “otra orilla”, una aventura de riesgo en la que nos enrolamos pensando que Jesús va con nosotros, que nada nos puede pasar y que llegaremos a buen puerto. Pero Jesucristo duerme en su almohadón como si le importara todo un bledo. Exactamente como si no estuviera, como si no existiera.

 

Cuántas preguntas, cuántas dudas, brotan de nuestro incrédulo corazón: Señor, ¿no ves el huracán que nos rodea? ¿No ves los millones de abortos? ¿No ves la manipulación del genoma que tú has creado? ¿No llega a ti el grito ahogado de los miles de niños que cada día mueren de hambre? ¿No ves que este planeta tiene los días contados? ¿No ves la perversión moral de la política y de la enseñanza? ¿Por qué no haces nada?.

 

Nos vienen al pelo las palabras que Jesús les dice a sus discípulos después de calmar la tempestad con una simple orden: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. ¿No os dais cuenta de que si yo voy en la barca, la tempestad, por mucho que brame, carece de poder alguno? ¿No os dais cuenta de que yo estoy con vosotros? ¿No veis que voy delante, en la proa de la embarcación? ¿Qué miedo tenéis?

 

Dios nos habla cada día. Pero a veces su palabra es el silencio, un silencio que también forma parte de su lenguaje, como en la música. Son tiempos de aparente ausencia divina, imprescindibles para enseñarnos a vivir como seres humanos en plenitud, que no otra cosa es ser cristiano. Momentos de soledad y de prueba, en los que se libra el buen combate de la fe. Etapas para trabajar duro, apoyados sólo en la esperanza.

 

Cristo, además de echarles en cara a sus discípulos su falta de fe, les critica su cobardía. Jesús no necesita una manada de borregos estúpidos y blandengues, aunque sabe que lo somos tantas veces. Dios quiere formarse un resto, un pequeño pueblo de personas completas, aguerridas, sufridas, intrépidas, audaces y valientes, una comunidad de personas que no se arrodillen ante nadie que no sea el propio Dios.

 

Él conoce nuestra debilidad, nuestra pobreza y nuestros infinitos temores. Aún así, o quizá por eso mismo, cuenta con nosotros, como contó con aquel grupito de descreídos y gallinas que fueron sus primeros seguidores. Por eso nos enseña a sufrir y a luchar, a no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie. Y para ello, como debería hacer todo buen padre, de vez en cuando nos deja “solos” en el campo de batalla.

 

Pero no estamos solos. Jamás. Como Jesús nos decía en el Evangelio de hace un par de domingos: “Sabed que yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo”. Despierto o dormido, Jesús va en la proa de la barca. Él ha vencido al mundo y marcha delante abriendo el camino. Cuando Dios calla es porque hay algo que nos toca hacer a nosotros. Así que, amigos marineros: ¡fuera miedos y a remar tocan!

 

La dictadura del “progretariado”

 

(Transcrito tal y como lo he publicado en Análisis Digital) 

 

La llamada “dialéctica”, tomada de prestado de Hegel, es la base teórica del pensamiento de Karl Marx, que se extiende desde su filosofía teórica, el materialismo dialéctico, a su filosofía práctica, el materialismo histórico. La dialéctica es un proceso tan fácil de comprender como difícil en su aplicación. Consiste en la conocida secuencia: tesis-antítesis-síntesis. La aplicación pragmática de esta regla se traduce en que la “tesis” es el estado actual de una realidad, la “antítesis” es la aplicación de su extremo opuesto y la “síntesis” un estado final más perfecto, el cual, a su vez, puede servir de nueva tesis para iniciar otra vez el proceso. Y así, supuestamente, se progresaría de forma continua.

 

Marx, quizá por su sensibilidad judía, percibió con intensidad las injusticias sociales del capitalismo y de los regímenes políticos autocráticos y, aceptando también el inmanentismo de Hegel, que tradujo en materialismo, ideó una forma de aplicar el modelo dialéctico para hacerlas desaparecer. La situación de injusticia existente sería la “tesis”. La “síntesis” final debería ser una sociedad justa. Para ello hacía falta una “antítesis” intermedia, un estado de cosas diametralmente opuesto a la “tesis”. Marx la concibió como una etapa de “dictadura del proletariado”. Para implantar esta etapa intermedia era necesaria una revolución. Tras ella, advendría una nueva y magnífica sociedad: el paraíso comunista.

 

Se equivocó, evidentemente, ya que su sugerente idea, secundada por gran parte de la intelectualidad y acogida con esperanza por gentes de todo el mundo, no trajo paraíso alguno, sino auténticos infiernos sociopolíticos que han acabado por caer estrepitosamente o han ido asumiendo, al menos en parte, una economía liberal de mercado. ¿Por qué y en qué se equivocó Marx? Es fácil atribuir el fracaso a la malinterpretación de sus ideas realizada por Lenin y, más aún, a su brutal aplicación por Stalin y otros. Como también lo es afirmar que su teoría era sencillamente falsa en todos sus aspectos y que, por tanto, su aplicación jamás podría obtener éxito alguno. Ambas explicaciones son posibles.

 

Sin perjuicio de lo anterior, creo que sus errores básicos fueron cinco: a) Su materialismo, convencido de que el Hombre sólo sería capaz de crear un mundo mejor anulando el “opio del pueblo” de la religión; b) Su buenismo, tan poco judío, que olvidó contar con el factor “debilidad humana” o “pecado” en sus planes; c) Su extracausalismo, hijo de los dos anteriores, según el cual aquello que “aliena” y envilece al ser humano no es lo que procede de su interior, sino algo situado en el exterior: las estructuras injustas; d) Su crematicismo o superlativo acento en la dimensión económica del ser humano; e) Su gregarismo, que extremó la dimensión comunitaria humana en detrimento de su dimensión personal. 

 

Todo lo anterior, sin duda, merece una explicación detallada que excede las posibilidades de un artículo de opinión. Vamos a los hechos: el comunismo, como ahora le sucede al capitalismo, se derrumbó sobre sí mismo. El socialismo real fue un simple sueño de la razón que, como decía Goya, no ha producido más que monstruos. Las “izquierdas” políticas, ligadas a la doctrina marxista, se quedaron sin su proyecto y sentido original y, obligadas a asumir cuanto menos una buena parte de los planteamientos del liberalismo, llevan décadas buscando nuevas “causas” e ideologías a las que abonarse para seguir existiendo.

 

El laicismo radical, distinto de una sana laicidad, es una de ellas, como también lo son el relativismo intelectual y ético, el positivismo moral y jurídico, el feminismo, ecologismo y pacifismo radicales, y una amplia gama de “ismos” extremistas. Autoarrogándose una paradójica exclusividad del progresismo -paradójica porque a duras penas consiguen disociarse de las nostalgias de quebrados espejismos del pasado- han optado por secundar los caprichos y desvaríos de ciertas minorías, inventando para ellas nuevos “derechos” a la carta, aunque con ello vayan dejando en la cuneta otros derechos fundamentales que sí son de todos.

 

El socialismo se ha convertido en un cajón de sastre donde cabe todo lo que les apetece calificar de progresismo, aunque sea regresismo, como lo es el aborto, la eugenesia o la eutanasia, prácticas que nos devuelven a etapas de barbarie ya superadas por nuestra civilización. La fallida “dictadura del proletariado”, que sumió a media Europa y parte de otros continentes, en la miseria material, psicológica y moral, ha sido sustituida por una nueva “dictadura del progretariado”, en la que cualquier grupillo que arme suficiente ruido puede imponer sus pretensiones con la bendición de los políticos, por muy descabelladas que sean.

 

Solo hay una condición para obtener el certificado oficial de progresismo y corrección política: que lo propuesto no huela a cirio. O mejor aún, que destruya algo de la cultura cristiana. Hasta grupos políticos con un ideario original humanista cristiano están cayendo en la tentación de girar el timón a babor para repelar votos de ese enjambre de pseudoprogres, sin darse cuenta de que esos cuervos, una vez criados, les sacarán los ojos. Pero esas “raras avis”, con sus piquitos de loro, copan titulares de prensa y espacios televisivos, son protagonistas de la comedia nacional. Así las cosas, todo político cazavotos trata de congeniarse con ellos.     

 

Entre unos y otros han conseguido que nuestro país baile al son de esa panda de progresistas de salón, tovarich con dacha en Marbella o Ibiza, chaqueteros oportunistas, intelectualoides vomitivos, cazadores de cánones y subvenciones para sus bodrios “culturales”, gritones de “no” a algunas guerras y mudos para otras, tertulianos habituales de telebasura y otras especies varias de ese pelaje. Me repugna hasta la náusea la caradura de todo ese progretariado que se pasa por el forro la Constitución, los Derechos Humanos y lo que haga falta, con tal de ver legalizadas y bien pagadas sus reivindicaciones miopes y egoístas.

 

Terminaré con un deseo paradójico: ojalá fuesen ciertos los postulados dialécticos y, siendo la “tesis” el fracasado socialismo real y la “antítesis” el actual capitalismo desaforado -en vías de extinción-, venga después la “síntesis” de un nuevo modelo social capaz de armonizar, de una vez por todas, la libertad con la igualdad, los intereses particulares con los generales y la libre iniciativa con la justicia social. Pero esa síntesis no se hará sin una reconstrucción moral “desde dentro” de las personas, no se hará sin Dios. Si quieren ver una buena maqueta de cómo podría ser esa síntesis, lean la “Sollicitudo rei socialis”, de Juan Pablo II.

 

 

Ley de Protección a la Maternidad: progreso material más progreso ético-social

 

 

(Publicado en Análisis Digital)

 

Llevo meses fustigando en algunos de mis escritos al PP, esa formación política que tanto me ilusionó con sus principios originales y que tanto me ha decepcionado conforme los ha ido abandonando. Hoy no lo haré, pero nadie vaya a pensar, por lo que voy a decir, que ya me ha “reconvertido”, aunque, de seguir así, va por buen camino. Entre otras muchas cosas, quisiera que los populares también se colocaran a la cabeza de la defensa de los Derechos Humanos generando algún tipo de pionera normativa que reconozca el derecho a la objeción de conciencia, tanto a la EpC como a otros asuntos en los que el cumplimiento de ciertas leyes con implicaciones morales, entre en serio conflicto con la conciencia de las personas.

 

Pero lo que es justo, es justo, y en esta ocasión, con la aprobación por parte del Gobierno Valenciano del anteproyecto de la nueva Ley de Protección a la Maternidad, he de quitarme el sombrero. Yo no sé por qué derroteros andará Rajoy con su negativa a eliminar o modificar -si vuelve a gobernar- la actual normativa que despenaliza el aborto en los tres supuestos de marras. Tampoco comprendo cómo nuestro valenciano Consell consiente e incluso se jacta de sus congeladores de embriones humanos, de la manipulación de esos pequeños seres humanos y de los “avances” en burradas como la clonación humana. Pero esta nueva Ley que va a sacar el PP valenciano merece mis más efusivos elogios.

 

Si el camino que se ha emprendido con esta avanzada y amplia protección de la mujer embarazada, que repercute directamente en la protección del no nacido, es el comienzo de una reafirmación y un progreso en la defensa de los principios éticos básicos de nuestra tradición cultural, el PP valenciano volverá a ser mi PP y el de centenares de miles de ciudadanos de esta Comunidad Autónoma, a los que nos tienen actualmente bastante confundidos y frustrados, cuando no muy cabreados. Yo quiero pensar que sí y que el increíble progreso material, modernización estructural y proyección internacional al que han llevado a nuestra Comunidad, llevará parejo un progreso paralelo en el ámbito de lo social y lo ético.

 

La Ley de Protección a la Maternidad, tal y como se dibuja en su anteproyecto, tiene, a mi juicio, dos grandes valores: el primero es, sin duda, que entreteje una red de apoyos a la mujer embarazada, tan multisectorial, tan amplia, tan completa y con tantos medios, que creo no equivocarme si afirmo que carece de parangón en la historia. Su puesta en práctica será una ayuda de incalculable valor para la mujer, para la maternidad, para el derecho a la vida y para la sociedad entera. El segundo valor es de índole pragmática: se trata de una iniciativa que no admite contestación. Nadie en sus cabales puede estar en contra de que se presten cuantas ayudas sean posibles a las mujeres embarazadas.

 

¿Que saldrán detractores que tratarán de descalificar la iniciativa del Consell, incluso desde colectivos feministas radicales que deberían aplaudirla a rabiar si tuviesen dos dedos de frente? Seguro que sí. Ya se oyen voces criticándola. Pero jamás lograrán encontrar un argumento ético, ni racional, que consiga demostrar que no haya que ayudar a la mujer embarazada. Oiremos sartas de tonterías, frases-consigna precocinadas, ocurrencias pseudo-ingeniosas, intentos de retorcer los hechos y de ofrecer una información torticeramente manipulada, y mentiras, toneladas de mentiras. Nada serio. Puro ruido. Ni caso.

 

Cuando esta magnífica ley se tramite, apruebe y entre en vigor, bastará un certificado médico de embarazo, aunque su hijo aún no haya nacido, para que las mujeres valencianas puedan comenzar a solicitar -e incluso disfrutar en muchos casos- las ayudas sociales, educativas, sanitarias, fiscales y de vivienda que necesiten para llevar a término felizmente y con todas las garantías posibles su embarazo. Con ello, no sólo se fomentará la natalidad, como afirma el Presidente Camps, algo absolutamente necesario dada la inversión y reducción de la pirámide poblacional, sino que se evitarán miles de abortos que tantas veces se producen por no hallar otra salida. Esta ley va a salvar muchas vidas humanas.

 

El Presidente Camps, al frente de la Comisión Interdepartamental de Apoyo a la Maternidad que ha constituido, ha pronunciado algunas de las palabras más humanas, más bellas y más genuinamente progresistas e incluso revolucionarias que he oído en boca de un político, cuando ha comunicado que: “en el momento mismo que haya una certificación de esa concepción, para la administración autonómica y todas las políticas que desarrolla la administración autonómica, se considera que ya forma parte de la familia, y por lo tanto ya esa familia tiene acceso a todos aquellos beneficios que significa el incremento familiar o que significa algún tipo de ayudas por parte de la Generalitat”.

 

¡Qué contraste con el triste y retrógrado empeño destruidor de vidas que al mismo tiempo están tramando Zapatero y su Ministra de “Igualdad”! Unos trabajando por la protección integral de la mujer embarazada y otros trabajando por facilitarle el homicidio de su propio hijo y abocarla al infierno de las secuelas psíquicas post-aborto. Unos velando por la natalidad, verdadera riqueza de un país, y otros empeñados en el suicidio poblacional. Unos asegurando las futuras políticas de protección social -léase pensiones- y otros sólo prometiéndolas, no se sabe con qué dinero si no hay reemplazo generacional. Unos usando su cerebro para crear nuevas formas de progreso y otros embotados en sus caducos esquemas inoperantes. Unos dando vida a la sociedad y otros robándosela.

 

Enlaces relacionados:

 

Camps se suma a las políticas de apoyo a la maternidad

Firma: felicita a la Generalitat Valenciana por su política a favor de la mujer

Gobierno valenciano aprueba anteproyecto Ley de Protección del Embarazo

Ley Protección Maternidad considera al feto un miembro más de la familia

 

ULTIMA HORA:

 

a) El vicepresidente social del Consell, D. Juan Cotino ha dado a conocer hoy en COPE el compromiso de D. Mariano Rajoy de convertir en nacional el plan ”Más Vida” de la CV.

 

b) La Comunidad de Madrid, que también tiene en marcha importantes iniciativas de apoyo a la maternidad, ha decidido ampliarlas con nuevas prestaciones económicas.

 

 

Encuesta en RTVE sobre Iglesia y Aborto

Vean esta captura de pantalla que acabo de hacer:

 Encuesta TVE Aborto por ti.

Por si quieren comprobarlo, aquí está el enlace (mientras no lo quiten):

Encuesta RTVE Iglesia y Aborto

Fíjense bien que la encuesta no es de la Iglesia, ni de la COPE, ni de cualquier otro medio o entidad a la que acompañe ni la más mínima sospecha de parcialidad a favor de la Iglesia: ¡se trata de RTVE!  

Tengan en cuenta, es justo decirlo, que la encuesta no está realizada con una metodología estadística de validación, ni con una muestra representativa, por lo cual su valor no es riguroso, aunque sí indica una tendencia muy clara en la muestra de visitantes de la Web de RTVE que han querido votar.

Esta tendencia es clara: la inmensa mayoría de los participantes, un 85%, han votado que SI.  

Y ahora me pregunto:

¿Se ha dado difusión mediática a estos resultados?: Que yo sepa, ni nombrarlos. Ni siquiera los han propagado los medios neutrales, ni los provida, ni los pro-iglesia. Pero ahí están, colgados en un pequeño rincón del ciberespacio, esperando a que alguien les haga un poquito de caso.

¿Si los resultados hubiesen sido inversos, se habrían difundido?: Aído los llevaría pegados en la frente, para pasearlos por todas partes. Y Zapatero también. Como mínimo, RTVE hubiera montado un reportaje para darlos a conocer en todos los informativos y aparecería hasta en la sopa. ¿Que no?

¿Influirá esta encuesta, con casi 2500 votos de visitantes de la Web de RTVE, en las intenciones de legislar el aborto libre por parte del PSOE?: Ni borrachos. ¿Influirá esta encuesta en las posiciones de inactividad y omisión del PP respecto a la legislación abortista actualmente vigente?: Ojalá.

¿Merece esta encuesta la realización de un sondeo más riguroso?: Sin duda. ¿Lo hará el PSOE?: No. ¿Lo hará el PP?: Ojalá. ¿Le importa al Gobierno lo que piensa la gente sobre el aborto?: Ni un pepino. ¿Habrá un referendum?: No sé ni para que lo pregunto. Pero no crean que me importa demasiado, porque no creo que el derecho a la vida se deba decidir por votación.

Pueden ahorrarse los comentarios de que los provida hemos corrido la voz por mailing o SMS, porque idénticos medios tienen y usan con eficacia los afines al PSOE. Lo han demostrado sobradamente. Todo el mundo sabe que sin sus SMS el PSOE no estaría hoy gobernando. Así que, en este terreno, empate técnico. Los resultados de la encuesta son los que son y punto.

Indican, pese a no ser un sondeo riguroso, una clara tendencia a que la sociedad española cree que la Iglesia tiene todo el derecho, como cualquiera, a batallar por hacer valer sus posturas respecto al aborto. Más aún tratándose de una encuesta en una Web de RTVE nada sospechosa de “cirio”. Al fin y al cabo, estamos en una democracia con libertad de expresión, ¿no?

También apuntan a que las pretensiones del Gobierno, ni responden a una gran demanda social, ni cuentan con un respaldo generalizado. Sólo son parte de su proyecto laicista radical apoyado por algunas minorías, muy chillonas, pero minorías. El PSOE va a lo suyo, con el pueblo o sin el pueblo. Y el PP va loco buscando cómo repelar votos. Pues aquí tiene una pista. Tome nota.

Enlaces relacionados:

Encuesta Tele5, por Pablo G.

Encuesta en Tele 5, en su propia Web.

Encuesta en El País, en su propia Web.

Nueva encuesta en El País, en su propia Web.

Rajoy en TVE y el aborto: hace falta sangre fría

 

 

La pregunta del millón que, desde otro ángulo, le cayó encima a Zapatero en el anterior “Tengo una pregunta para usted”, a la que por cierto, no contestó, le ha saltado a la cara también a Rajoy, en la edición del pasado lunes del citado programa. Se trata, ni más, ni menos, que de manifestar su opinión sobre el aborto, el tema ético más serio y controvertido en la actualidad. D. Mariano sí contestó, pero ¡cómo!

 

Cuando Zapatero, fue repugnante verle “salir en la foto”, con su sonrisa de máscara veneciana, con Izaskun, aquella chica con Síndrome de Down que, con la despenalización del aborto en los tres supuestos legislada por el PSOE, carece del derecho a nacer sólo por ser como es. A Rajoy se lo han puesto más difícil, porque la pregunta sobre el aborto no se la ha hecho un cura, sino una mujer que padece una anormalidad prenatal por la cual podría haber sido abortada, según ella mismo dijo.

 

María, que así se llama la aguerrida fémina que desde su silla de ruedas interrogó al líder del PP, le preguntó textualmente:

 

“Con la actual ley del aborto, que ustedes no derogaron durante su mandato, yo hoy podría no existir. Porque además, ayer mismo, ustedes, como partido político, no salieron a la calle a manifestarse contra la nueva ley del aborto. Y esa ley va a estar aprobada en el Congreso de los Diputados, si se aprueba, que no tiene por qué, pero se puede aprobar o no. ¿Me podría decir claramente cuál es su posición y la de su partido ante la ley del aborto?”.

 

La respuesta literal de Rajoy, delante mismo de la mujer, fue:

 

“Yo votaré en contra de la ley que plantea el Gobierno de España. Votaré en contra y además, si va la ley como se ha anunciado que va, iré al Tribunal Constitucional. Esa es mi posición y la de mi partido…Ahora, mi posición hoy sobre este asunto es que se debe mantener la ley que existe y está en vigor en estos momentos en España. Es una ley que lleva veinte años, que nosotros no hemos modificado y que en mi opinión respeta el derecho a la vida, con algunas excepciones, que es en el caso de malformación, en los casos de…”

 

Desde luego, hay que tener sangre fría, para decirle delante de sus morros a una mujer que con esa ley socialista que ellos no derogaron ni modificaron, no tenía protegido su derecho a vivir, que su partido y él mismo quieren mantener las cosas como están. Sincero fue, sin duda, D. Mariano, cruelmente sincero, pero me cuesta trabajo comprender en nombre de qué puñetero argumento hay alguien capaz de decirle a esa mujer y a tantos minusválidos que, pese a la ley, han podido nacer, que su derecho a vivir no merecía ser protegido.

 

Miren ustedes. Mi esposa y yo tenemos una hija que nació con labio leporino. ¿Acaso saltamos de alegría por ello? Pues no, claro que no. Pero no nos importó en absoluto. La acogimos en nuestro hogar con todo nuestro cariño, igual que a todos sus hermanos. Tras varias operaciones, no exentas de sufrimientos y temores, no sólo quedó perfectamente corregido el “defecto”, sino que hoy en día es una joven de 20 años que, sin exagerar ni un milímetro, podría hacer de doble de Julia Roberts. No pongo aquí una foto porque no tengo su permiso.

 

¿Por qué les cuento esto? Pues escúchenme bien. Hace apenas unas semanas salió en la televisión un reportaje en el que se explicaban los tipos de malformaciones que habían sido motivo de aborto en España. Nuestra hija estaba con nosotros viendo ese programa. Cuando dijeron que uno de los motivos había sido el labio leporino, a la chica y a nosotros casi nos da un patatús. “¿Han dicho labio leporino?”, nos preguntó nuestra hija, que no podía dar crédito a lo que había oído. “Pues sí, eso han dicho”, le contestamos. “¿Quiere eso decir que yo, por ser como soy, según la ley no tenía derecho a nacer?”, dijo, con una sombra desencajada en su rostro que no quisiera que nadie tuviese que ver jamás en un hijo.

 

A ver si tiene el Sr. Rajoy los arrestos suficientes para venir a mi casa y decirle a mi hija (o a mí) que con esa monstruosa ley eugenésica neonazi que el PSOE coló a la sociedad española y que su partido no modificó cuando pudo, la vida de mi hija no valía ni merecía protección legal. Con su inactividad, su cobardía, su afán de poder y su renuncia a los principios, el PP se ha hecho colaboracionista del mayor holocausto conocido. Sólo en España, ¡un millón y medio de abortos en los últimos veinticinco años! ¿Y dice Rajoy que él defiende el derecho a la vida y que la ley hoy vigente también lo defiende? ¿Tan estúpidos nos considera?

 

Menos mal que dice oponerse al proyecto de aborto libre de Zapatero, que ahora trata de colar a la opinión pública diciendo la descarada mentira de que no “amplia” el aborto, sino que lo “restringe”. ¿Una ley diseñada, no para evitarlos, sino para dar seguridad jurídica a los abusos que los abortadores realizan con la actual? ¿Una ley que descalifica el aborto como delito y lo transforma en un “derecho”? ¿Una ley que permite el aborto libre hasta etapas de gestación en las que el feto hoy en día puede ser viable? ¿Una ley que permite que niñas menores de edad aborten sin conocimiento ni permiso de sus padres? ¿Eso es una ley “restrictiva”?

 

¡Ya está bien de engañar a la gente! La ciencia sabe hace tiempo cuándo comienza la vida humana. El concepto de persona es cultural y existen muchas variantes: que si persona física, que si persona jurídica, que si “pre-persona”, que si se ha de ser autoconsciente o no para ser persona… Pero los conceptos de “vida humana” y de “ser humano” son biológicos. Ser humano es algo tan sencillo como pertenecer a la especie humana. Y toda vida humana comienza, diferenciada como individuo, en el momento de la concepción, con un código genético único e irrepetible. Esto no es una creencia, es un hecho, una certeza científica.

 

Es un avance de la civilización proteger la vida humana, sea cual sea su etapa de desarrollo. Mayor progreso equivale a mayor consideración de la dignidad inviolable de la vida humana, ofreciéndole mayor protección cuanto mayor es su indefensión. En esa dignidad no cabe ningún tipo de “plazos”. No hay vidas humanas que sean ni más ni menos vidas humanas que otras. Defender lo contrario es regresar a la barbarie pre-moral y pre-científica. Así que, el Sr. Zapatero con su empeño en avanzar hacia el aborto libre, y el Sr. Rajoy, con su empeño en no retroceder en esta abominación, por mí se pueden ir a pastar cogiditos de la manita.

 

Enlaces relacionados: 

 

Video de la pregunta en la Web de RTVE

El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU, Redacción HO

Esos superdotados con Síndrome de Down, por José Sáez.

Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

Yo tenía una pregunta para usted, por Gádor Joya.

Aborto: la pregunta crucial sin contestar, por Aníbal Cuevas

Zapatero en TV o el arte de echar balones fuera, por José Sáez.

 

 

 

 

                                                       

I Encuentro de Objetores de Valencia: una experiencia inolvidable.

 

 

(Transcrito tal y como me lo ha publicado Análisis Digital) 

 

  Encuentro objetores 1 por ti.

 

El sábado día 28 de marzo de 2009 pasará a la historia del movimiento objetor a la EpC como una jornada significativa e inolvidable. Con una participación de más de 350 personas, entre padres, jóvenes y niños, los objetores valencianos han escrito (hemos escrito, ¡qué caramba!) una de las más bellas y entrañables páginas del movimiento objetor por una educación en libertad. Los miembros de VAEL (Valencia Educa en Libertad), plataforma organizadora del Encuentro, acabamos el día agotados, pues el esfuerzo ha sido considerable, pero contentos como unas pascuas tras contemplar cómo nuestras ilusionadas expectativas habían sido superadas con creces. Sin la menor duda, tanto trabajo ha valido la pena.

 

Tan magnífico Encuentro no habría sido posible sin la colaboración y participación desinteresada de algunas de las más destacadas entidades y personalidades embarcadas y comprometidas con el movimiento objetor. Pero, sin perjuicio de la calidad humana y profesional de todas ellas, los verdaderos protagonistas que han hecho realidad el Encuentro han sido los padres que, acompañados de sus hijos, han asistido al mismo y le han dado vida con su presencia, su buen ánimo y su testimonio. Durante la jornada, VAEL entregó varios premios al Mérito Objetor y manifestó su agradecimiento a diversas personas y entidades, pero nuestra máxima gratitud es, desde luego, para todas las familias asistentes.

 

No voy a hacer aquí un reportaje del Encuentro, ni a detallar su programa, con sus distintos actos, ponencias y actividades. Esta información ya ha sido elaborada y comunicada antes y después del Encuentro en artículos, noticias y notas de prensa. Lo que en este artículo quiero exponerles es tan sólo mi experiencia personal, mis propias vivencias y conclusiones. Les adelanto que no es tarea fácil poner en palabras la catarata de ideas y sentimientos que me embargaron durante la jornada y que siguen todavía vivos en mi interior. Mi única pena es que mi precaria salud me haya impedido colaborar mucho más en la preparación y desarrollo del evento. Mas, aprendiendo de ello que nadie es imprescindible, estoy muy contento.

 

Durante los días previos al Encuentro, conforme conocía las cifras de asistencia, apenas podía dar crédito a mis ojos. Poca fe que tiene uno, qué le vamos a hacer. Cuando los ponentes, todos ellos personas de elevada talla personal y profesional, iban confirmando su asistencia y colaboración desinteresada, pese a sus múltiples responsabilidades y apretadas agendas, mi satisfacción iba en aumento. Ha sido una lástima que la anunciada presencia de nuestro Arzobispo saliente no haya sido posible por sus obligaciones de última hora, pero la presencia y las palabras de D. Rafael Cerdá, Presidente de la Comisión Diocesana de Enseñanza, que acudió en su representación, fueron una manifestación de cariño y apoyo que me consoló con creces de su ausencia.

 

Escuchando las ponencias, comprobé la veracidad del refrán “nunca te acostarás sin saber una cosa más”. Durante el último año me he dedicado a estudiar con detalle todo lo relativo a la EpC y la objeción de conciencia, he leído centenares de documentos y artículos, en incluso de he escrito una pequeña ración de los mismos, todo lo cual, desde mi insensata vanidad, me llevaba a pensar que ya poco nuevo podría escuchar. Nada más lejos de la realidad. Mi orgullo ha recibido una buena ducha fría y no hubo intervención en la que no haya aprendido cosas nuevas y no se me haya abierto la mente a nuevas perspectivas. Me he sentido muy pequeño ante tanto gigante y al mismo tiempo entusiasmado de haberme tropezado con tal cantidad de aportaciones a mis limitadas luces.

 

Todo esto en relación con la faceta intelectual del Encuentro, importante, pero en absoluto la principal. Lo mejor ha sido la parte humana y emocional, la convivencia espontánea, el buen ánimo compartido, el vernos las caras, las “charretas” de pasillo, los abrazos a viejos conocidos, la alegre e incansable labor de los voluntarios, las risas y juegos de los niños, el espíritu de fraternidad y la convergencia de sentimientos y motivaciones por encima de los ilustrados matices de las ideas. Espero no ofender a nadie si digo que uno de los mejores momentos que pasé fue el pequeño concierto de rock cristiano que nos regaló el grupo “Kenosis”. Y la comida, engullendo bocadillos y charlando con unos y otros.

 

El Encuentro ha sido todo un éxito. Seguro que los medios afines a los tristes laicistas totalitarios del Gobierno, que pretenden puentear a las familias para inculcar sus ideologías, tan insensatas como inmorales y destructivas, a nuestros hijos, o bien lo ignoran por completo, que es lo más seguro, o bien lo tergiversan todo para atacarnos y burlarse de nosotros, comenzando por las cifras de asistencia. No me importa. Allá ellos con su conciencia y con su deontología profesional. Lo rigurosamente cierto, digan lo que digan, es que este sábado 28 de marzo ha sido una jornada memorable, histórica, instructiva, útil, esperanzadora, alegre y festiva, una gozada para cuantos amamos la libertad y deseamos para nuestros hijos una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Enlaces imprescindibles:

 

El Encuentro de Objetores de Valencia congrega a 364 personas

El Encuentro de Objetores en Valencia: el camino de la regeneración, por Jaime Urcelay

 

   

¡Objetores valencianos, nos vemos mañana!

 

 

Todo está preparado, la organización material y, sobre todo, la ilusión y el buen ánimo. Mañana, Dios mediante, los objetores de conciencia a la EpC tendremos nuestro primer Encuentro en Valencia. Han sido muchas semanas de arduo trabajo para todos los miembros de VAEL, la plataforma organizadora. Todos hemos tenido que sacar tiempo de donde no parecía haberlo y arrimar el hombro como mejor hemos podido, puesto que todos somos gente normal y padres normales, repletos de obligaciones y de no pocas debilidades, como todos. En VAEL no hay “liberados”, ni profesionales a sueldo. Todos somos voluntarios.

 

No estamos vinculados a nadie ni a nada que no sea nuestra conciencia, aunque colaboramos y acogemos con gusto la participación de todos aquellos que comparten nuestros fines. Eso nos hace tan libres como faltos de financiación. Pero, ¿acaso hay algo más grande que la libertad? El dinero no, desde luego. Gracias al esfuerzo desinteresado de miembros y no miembros, y a las aportaciones voluntarias de todos, mañana tendremos locales, comida, charlas especializadas, mesa redonda, videos, presentaciones, entrega de premios, testimonios de padres y alumnos, atención y actividades para los niños y, sobre todo, convivencia.

 

A lo largo de nuestro año de existencia -estamos de cumpleaños- hemos dado multitud de conferencias, hemos presentado o asesorado miles de objeciones, hemos publicado montañas de artículos, noticias y notas de prensa, hemos presentado recursos, pero aún no nos habíamos visto las caras todos juntos. La idea de hacer un encuentro de objetores no es nueva. Hace muchos meses que la llevábamos en mente pero, enfrascados en la batalla objetora, no hallábamos el momento. Ahora, tras haber emitido el Tribunal Supremo sus cinco primeras sentencias, que tanta polémica han desatado, ya no podíamos esperar más.

 

Hemos contemplado durante las últimas semanas una campaña de desinformación del Gobierno, e incluso también de muchos colegios, directores y profesores, tan intencionadamente desviada y engañosa, que requiere el contrapeso inmediato de una información alternativa a cargo de personas libres y bien preparadas. La objeción de conciencia –que sí es un derecho que se deriva de nuestra Constitución, según doctrina del Tribunal Constitucional- ha sido vituperada, criticada y desalentada por los interesados en inculcar sus ideologías particulares a nuestros hijos, lo que ha despertado no pocos temores en millones de padres.

 

No ha sido fácil el camino de la objeción, ni lo va a ser. Sabemos cuántos de vosotros, padres y alumnos objetores, habéis tenido que soportar discusiones, presiones, amenazas, discriminaciones y burlas, en los centros públicos e incluso en algunos centros concertados, sólo por ser coherentes con vuestra conciencia. Sólo os faltaba el chapuzón de agua fría en que el Gobierno y sus lacayos se han empeñado en convertir las recientes sentencias del TS, cuando en realidad el varapalo se lo ha llevado ellos, y mayúsculo además, ya que en ellas consta la radical prohibición de utilizar la escuela para inculcar elementos ideológicos.

 

Nosotros siempre hemos defendido la opción legítima de la objeción, pero siempre bajo el lema de que se trata de una cuestión de libertad, como reza el lema del Encuentro. Creemos firmemente en que las decisiones de los padres son soberanas y deben ser libres. Pero la libertad exige una información completa, no parcial. Por eso, el sub-lema del Encuentro reza “Infórmate primero, decide después”. Lo que dice el Gobierno ya lo sabéis, puesto que medios informativos bajo su control no le faltan, precisamente. Mañana podréis escuchar las razones de los expertos que piensan de otra forma. Sólo después de conocer las distintas opciones seréis libres.

 

Tras las sentencias del TS, el movimiento objetor no se ha detenido. Nos han puesto algunos palitos en las ruedas, pero nada más. Las sentencias, además de recurribles por los interesados (ya lo han sido varias), no nos afectan a los demás objetores. Es cierto que sientan un precedente que posiblemente nos haga más lento y arduo el camino, pero no generan jurisprudencia ni cierran el camino a que otros recursos mejor fundamentados sean aceptados. Los magistrados no han aceptado las objeciones en los cinco casos vistos, pero nos han regalado una implacable batería de artillería para defender la educación en libertad.

 

Como se pudo ver en el reciente II Encuentro Nacional de Objetores celebrado en Madrid, el movimiento objetor no sólo no está muerto, sino que está más vivo que nunca. Los padres objetores volamos ahora, en vez de con una, con dos poderosas alas:

 

a) Seguir presentando objeciones y llevar adelante su defensa jurídica, desde los Tribunales Autonómicos, hasta el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de DDHH de Estrasburgo y más allá si es preciso (Comisión de DDHH de la ONU).

 

b) La vigilancia y, si procede, la denuncia ante los juzgados contencioso-administrativos, de todo intento adoctrinador en la escuela en temas morales socialmente controvertidos, ¡y ello en cualquier asignatura obligatoria, no sólo en las de EpC!

 

El Gobierno, algunas Administraciones y muchos colegios, quieren dar por zanjado el asunto. ¡Ja, ja y ja! ¡Ni por asomo! La lucha por que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones es una noble batalla, una movilización social sin precedentes y una causa justa y democráticamente impecable. La libertad ganará, tarde o temprano.

 

Así que, queridos padres objetores, queridos padres temerosos y dudosos que no habéis objetado, queridos padres que sólo queréis informaros de qué va esto de la EpC y la objeción, ¡bienvenidos seréis todos mañana! Estoy seguro de que será un día provechoso, interesante y muy, muy agradable y festivo. Si no os habéis apuntado, aún podéis hacerlo en la dirección que más abajo os pongo. Y si leéis este post muy tarde –lo he escrito demasiado encima del Encuentro, enzarzado como estaba en otras tareas- venid mañana y os apuntáis allí mismo. Os dejo a continuación los enlaces para informaros y/o inscribiros.

 

Si quieres a tus hijos, ¡ni un paso atrás!

Noticia en Hazteoir.org

Programa del Encuentro

Correo de VAEL: valenciaeducaenlibertad@gmail.com

 

   Logo Encuentro por ti.

     

Por el amor y la unidad en la defensa de la vida

 

 

(Transcrito tal y como me lo han publicado en Análisis Digital)

 

 

Todos los que defendemos la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural y, en consecuencia, nos posicionamos en contra del aborto, nos encontramos en un momento histórico crucial. El avance del homicida pseudoprogresismo socialista-laicista, con su nueva “ley de plazos” (aborto libre, para entendernos) en ciernes, nos sitúa ante un gigantesco reto que debemos asumir con la máxima eficiencia posible. Tres son las facetas de esta indispensable tarea que nuestra fe, nuestra conciencia y/o nuestro sentido común nos exige:

 

a) Hacer llegar a todos los españoles el hecho ético y científico, de que cada vida humana particular comienza en el momento de la concepción y que, por tanto, ésta es inviolable. Mostrar la maravillosa dignidad de la vida prenatal y la abominación de su aniquilación con el aborto.

 

b) Transmitir a los responsables políticos un triple mensaje:

 

     1. Que el debate “aborto sí, aborto no”, que dan por cerrado, no lo está, ya que los avances de la biología y la medicina desde 1985 exigen una recuperación radical del valor real e inviolable de la vida prenatal.

     2. Que obedezcan antes a su conciencia que a su disciplina de voto. Sus próximas decisiones al respecto serán juzgadas ante Dios, crean en él o no, y sin duda alguna ante el tribunal de la Historia.

     3. Que su avance abortista responde a su particular ideología pro-muerte y a las exigencias de unos cuantos pequeños y gritones lobbies, no a una demanda social generalizada. Que van a perder muchos votos.

 

c) Despertar y movilizar las conciencias adormiladas de millones de ciudadanos que, aún estando a favor del respeto a la vida concebida y teniendo serias reservas contra el aborto, vuelven la cabeza hacia otro lado, por desconocimiento, por dejadez o por cobarde temor a ser tachados de retrógrados y “políticamente incorrectos”.

 

Desde diversas entidades se están lanzando importantes campañas para hacer llegar estos mensajes. Quiero hacer en este artículo un pequeño compendio de algunas que conozco, junto con una llamada al amor y a la unidad, virtudes sin las cuales no alcanzaremos objetivo alguno por mucho ruido que hagamos. Todos los instrumentos de una orquesta son fabulosos por sí mismos, pero si no suenan en perfecta conjunción y armonía, lejos de ofrecer una bella y atrayente sinfonía, sólo emiten una estrepitosa cacofonía que rompe los tímpanos con sus notas discordantes. Dada la limitación de espacio, no puedo ser exhaustivo, pero les animo a que en los comentarios nos cuenten lo que yo no haya citado.

 

Aunque no es preciso ser creyente ni religioso para apercibirse del valor de la vida humana concebida y de la atrocidad del aborto, como yo soy cristiano católico, para hablar del amor y la unidad necesarios para toda acción social, emplearé un lenguaje bíblico y citaré un par de versículos del Nuevo Testamento, que comentaré brevemente antes de presentarles mi pequeña reseña de iniciativas en defensa de la vida prenatal:

 

1) Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe (I Cor 13, 1). Aunque nuestros discursos, artículos, campañas y acciones, tengan la mayor elocuencia imaginable, si nos mueve el odio, el resentimiento o el juicio, y no el amor, nuestro mensaje será una molestia para ciertos oídos, pero no habremos conseguido nada. Si sólo vemos a los abortistas como los “malos” y a nosotros como “los buenos”, somos unos fariseos hipócritas y vomitivos. No estamos ante una cuestión maniquea de buenos y malos, sino ante un gravísimo error ético-moral que es necesario iluminar con nuestra vida, nuestra palabra y nuestra acción.

 

2) Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17, 21). Con la unidad está en juego la credibilidad del mensaje y del mensajero. Dichos como “La unión hace la fuerza” o el “Divide y vencerás” de Julio César, también vienen al caso. Casi todas las grandes batallas se han perdido por la división, más que por la inferioridad. El “movimiento provida”, gracias a Dios, es diverso y no está sometido a ninguna disciplina de voto ni a un pensamiento único. Pero las bases y fines esenciales son los mismos. No es hora de divisiones, ni de acentuar matices, ni de reclamar protagonismos. Es el momento de la unidad.

 

Por todo ello, paso a enumerar algunas iniciativas y campañas que diversas entidades están realizando o van a realizar en pro de la vida, incluyendo en cada una un pequeño comentario y los enlaces pertinentes. Muchas de ellas ya se han aunado y otras están en ello. Se las presento a continuación, juntitas y en orden alfabético, esperando que puedan conocerlas y, ¿por qué no?, participar en las mismas:

 

§ Asociaciones Pro Vida.  ONG’s de voluntariado, veteranas y pioneras en la promoción del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su extinción natural.  Su Federación posee el estatus de ONG Consultiva Especial del CES de la ONU. Sus prestaciones y actividades son tan numerosas como valiosas: Centros de Acogida de Madres, Voluntariado Juvenil, Provida Press, DVD’s y otros materiales didácticos, Congresos, etc. Además, también difunden y participan, asidua y valerosamente, en Veladas por la Vida (iniciativa de HO) ante clínicas abortistas y otros lugares significativos los días 25 de cada mes. (Enlace para Valencia).  

 

§ Campaña “Protege mi vida”. Promovida por la Conferencia Episcopal Española, dentro del Año de Oración por la Vida (2009), como complemento a la Jornada por la Vida que se celebrará en todas las diócesis el próximo día 25 de marzo, para concienciar a los españoles de la necesidad de proteger la vida humana desde su concepción, en contraste con la también necesaria protección de animales en peligro de extinción. La CEE ha emitido una nota informativa y se han creado y distribuido infinidad de carteles, folletos y vallas publicitarias. Pueden informarse en su diócesis sobre los actos programados (Enlace para Valencia).

 

§ Derecho a Vivir. Iniciativa de Hazteoir.org. Viene trabajando desde hace meses, en colaboración con importantes entidades, asociaciones y plataformas, para informar de lo que está sucediendo y para generar y movilizar iniciativas sociales en defensa del derecho a la vida. Para darle máximo realce, ha ”estirado” el Dia de la Vida del 25 de marzo para convertirlo en toda una Semana de la Vida. Actualmente, sin perjuicio de una masiva manifestación conjunta para más adelante, ha organizado y coordinado una gran Marcha por la Vida en Madrid y en toda España para el próximo día 29 de marzo (Enlace para Valencia).

 

§ Manifiesto por la Vida. Llamada también “Declaración de Madrid” a raíz de su reciente presentación en la capital de España. Promovida en sus inicios por un pequeño grupo de expertos especialistas en materia médica y científica, para ofrecer un punto de vista cualificado y alternativo al de la parcial e interesada comisión consultiva formada por la Ministra de Igualdad, pronto recibió multitud de adhesiones de otras personas del mundo de la ciencia, de la educación y otras disciplinas, contando a día de hoy con más de 1300 adhesiones de profesionales cualificados. Se puede leer y firmar el manifiesto en el enlace que encabeza este apartado.

 

 

§ Red Madre: Importante iniciativa que trabaja incansablemente en todas las Comunidades Autónomas para conseguir las 50.000 firmas necesarias para que se admitan a trámite y se aprueben una serie de ILP’s (Iniciativas Legislativas Populares) que permitan montar redes de recursos de apoyo integral a las mujeres embarazadas, especialmente aquellas que se encuentran en situaciones de dificultad. Ya ha conseguido sus objetivos en algunas CCAA. En la Comunidad Valenciana conseguimos reunir muchas más de las firmas necesarias y actualmente la ILP está pendiente de aprobación en las Cortes Valencianas. (Enlace para Valencia).

¿Por qué una cultura de la muerte?

 

 

(Me lo han publicado hoy en Análisis Digital)

  

La llamada “cultura de la muerte”, es una realidad que se ha implantado en la sociedad occidental posmoderna, por mucho que sus partidarios y constructores lo nieguen y no acepten tal denominación. Es irrefutable que nunca antes se había promovido la legalización de tantas prácticas destructoras de vidas humanas: aborto, eutanasia, manipulación de embriones… No es que el aborto o la eutanasia sean algo nuevo bajo el sol. Lo que sí es una espantosa novedad es que, pese a la paulatina evolución de la sociedad hacia la estima del derecho a la vida, ahora se reivindiquen tales barbaridades como legítimos derechos y se legalicen.

 

Existe un pequeño pero poderoso lobby pro-muerte, autoproclamado como progresista y avalado por el certificado de lo políticamente correcto. Un “progresismo” que es “regresismo”, puesto que anula algunos grandes logros de nuestra civilización y nos devuelve a estados de barbarie ya superados. Es triste y paradójico que, en la misma sociedad que tanta sensibilidad muestra frente a otros atentados a la vida, con sus “no a la guerra”, “no a la pena de muerte”, “no al comercio de armas” o “contra la violencia de género, tolerancia cero”, se esté extendiendo tal desprecio a la vida de los más inocentes e indefensos. Una incoherencia que vuelve a cuestionar el valor inviolable de toda vida humana.

 

¿Por qué este sinsentido? Profundicemos un poco en esa “cultura de la muerte”, en busca de sus causas, porque son éstas las que hay que abordar de forma preferente para rehacer una “cultura de la vida”. El activismo pro-vida anda empeñado –yo mismo colaboro todo lo que puedo– en luchar contra las tropelías que esta cultura destructiva inventa día tras día. Todo esto es necesario, sin duda alguna. Sin embargo, tanto esfuerzo parece chocar con un impenetrable muro de cemento armado, con un parapeto de conciencias endurecidas y embotadas, empecinadas en matar más y mejor, sin querer ver ni oír nada que pueda cuestionar sus posturas y odiando a muerte (o casi) a quienes se les oponen. 

 

Esto sucede porque el aborto, la eutanasia o la manipulación, congelación y destrucción de embriones y demás prácticas anti-vida, son los síntomas externos de una grave enfermedad interna, de una epidemia social que, como las infecciones virales, no remite con remedios sintomáticos. Sin destruir el virus que la provoca, podemos pasarnos toda la vida luchando contra la sintomatología del problema, logrando quizá algunos valiosos éxitos pasajeros, pero sin poder evitar que vuelvan a aflorar una y otra vez. Es fácil explicar la etiología de esta homicida cultura por la mera concurrencia de intereses económicos, pero estos intereses sin escrúpulos no son más que otros síntomas de esa misma patología psicosocial.

  

El origen profundo de la cultura de la muerte no es otro que el resultado final del ejercicio generalizado del más grave de cuantos errores humanos existen, el padre de todos los demás errores, muy bien explicitado en primer libro de la Biblia bajo el concepto de “pecado original”, que consiste en reclamar para sí mismo la autonomía moral. Los postulados esenciales de este necio y soberbio desvarío son: “Ni Dios, ni ley natural, ni moral revelada, ni principios universales, ni otra norma de conducta exterior a mí que no sean las leyes positivas que elaboremos a nuestra conveniencia. Mi vida es mía, mi cuerpo es mío, yo decido sobre el bien y el mal, sobre la vida y la muerte”. En resumen: “YO SOY DIOS”.

 

El Hombre moderno, que se erigió a sí mismo como centro y medida de todas las cosas, apartando a Dios y colocándose en su lugar, en la posmodernidad ha acabado sin Dios y sin el Hombre. El vacío de Dios, que pretendía suplir con su razón, ha terminado siendo ocupado por el instinto. Expulsado Dios, caídas las ideologías sustitutivas y desacreditado el poder de la ciencia y la tecnología para proporcionarnos una vida plena en un mundo mejor, la Humanidad se ha lanzado a una carrera desenfrenada en pos del bienestar material y el placer hedonista, muy bien aprovechada, publicitada y surtida por un consumismo feroz. La insatisfacción profunda nos ha convertido en cazadores compulsivos de estímulos fáciles y en depredadores de todo aquello que amenace nuestro efímero “bienestar”.

 

El problema es que, nos pongamos como nos pongamos, NO SOMOS DIOS. El Hombre ha intentado serlo, ha tratado de orientarse por sus propias luces y deseos y lo ha estropeado todo: Nuestro planeta está moribundo, no hemos eliminado la violencia, ni las guerras, ni el hambre, ni la incultura, ni la injusticia, ni la desigualdad, ni apenas nada. Hemos logrado un avance tecnológico vertiginoso y deslumbrante, que no ha hecho más que crearnos nuevas necesidades de consumo. El homo sapiens se ha convertido en un minimalista homo œconomicus, encandilado con su injusto, insolidario e indecente “paraíso” material pequeño-burgués, ahora en lógica y justa crisis. Hemos metido la pata hasta el fondo. 

 

No somos Dios, evidentemente. Pero somos creaturas hechas a su imagen y semejanza. Dios es amor y nos ha creado por amor y para el amor. Ese es nuestro diseño original, nuestra identidad y nuestra razón de ser. Toda persona, atea, creyente o agnóstica, hasta la más degenerada, lleva impreso en su ser que no puede vivir sin amor y sin amar. Desechada la relación con Dios, quien nos da el ser amándonos sin condiciones y, por eso mismo, hace posible que podamos amar, sólo queda el insoportable absurdo de la soledad existencial absoluta, que es el infierno. El otro se convierte en aquel “que nos roba el ser”, como decía Sartre y “el hombre es el lobo para el hombre”, como aseveraba Hobbes.

 

Amar conlleva morir a nosotros mismos, romper las barreras que nos separan del otro. Todos podemos amar a quien nos gusta, nos construye, nos quiere, nos devuelve algo a cambio. Pero no podemos amar a quien nos estorba o nos roba la poca vidilla que tenemos, porque nos mata el ser. Sin tener dentro la Vida plena, que proviene de Dios, necesitamos defender la poca que tenemos y vivir para nosotros mismos. Sin Dios, no podemos amar más que nuestro propio reflejo en los demás. Y si no es posible amar al otro cuando se presenta como una amenaza, aparece la necesidad de defenderse de él, eliminarlo de alguna forma. Quien no puede morir, acaba matando, incluso físicamente. He aquí la raíz de la “cultura de la muerte”. Sin Dios, el respeto a la vida humana se esfuma.

 

Por eso, no hay tarea más importante que la evangelización, con la propia vida y con la palabra. No se trata de hacer proselitismo, sino de hacer presente en el mundo que Dios existe, que nos ama y que envió a su Hijo para que con su Muerte y su Resurrección, reabriese el camino que nuestro orgullo había cegado y restaurase nuestro amoroso diseño original. El Hombre moderno rechazó la invitación; el posmoderno apenas la conoce. Como el padre del hijo pródigo, Dios espera con los brazos abiertos a que regresemos de nuestra fracasada y dolorosa aventura de autonomía. La acción social por la cultura de la vida es justa y necesaria, pero será vano esfuerzo sin centrar el mayor empeño en una nueva evangelización que llame al Hombre a encontrarse con el autor de la vida: Dios.

La crisis según Albert Einstein

 

Mientras termino de perfilar mi siguiente entrada, he decidido prestarle un hueco en mi blog al Sr. Albert Einstein, que tiene cosas muy interesantes que decirnos sobre las crisis. Habría que aplicarse el cuento. No añadiré nada a lo que él dice, porque sería estropearlo. Lean, lean…

 

 

Profesores: ¿A quién obedecer, a los RRDD o al TS?

 

Viñeta Duda por ti.

 

Una vez el Tribunal Supremo ha beatificado los RRDD que desarrollan la EpC, declarándolos ajustados a derecho, ha pasado la responsabilidad de mantener la obligada neutralidad ideológica de la enseñanza pública a los profesores y editoriales. Y la vigilancia de la legalidad constitucional educativa parece que ya no corresponde a la justicia, ni a las administraciones, ni a los inspectores, sino a los padres y a los alumnos. El TS acaba de crear un cuerpo gratuito de censores, bien conocedor y celoso de sus derechos. Libros, materiales, programaciones, clases… Todo va a ser examinado y, si procede, denunciado por los nuevos policías sin uniforme en que nos han convertido a los ciudadanos.

 

Editoriales y profesores han de andarse en lo sucesivo con pies de plomo, puesto que la labor de los “nuevos inspectores” -alumnos y padres- no se limita a la EpC, sino a toda materia obligatoria. Buen cuidado han de tener en no introducir en sus publicaciones o en sus clases elementos doctrinarios sobre temas morales socialmente controvertidos, porque los despreciados padres objetores no se van a andar con chinitas y las nuevas armas se van a utilizar a discreción. La defensa de su derecho constitucional a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus convicciones se ha hecho más ardua y larga (que no imposible) por la vía objetora, pero sin duda harán buen uso de cualquier otra vía legítima.

 

Por otra parte, aunque el TS no lo haya reconocido, los RRDD que regulan la EpC e imponen sus enseñanzas mínimas obligatorias a todas las CCAA, incluyen elementos de claro adoctrinamiento moral, que se desvelan sin pudor alguno en los criterios de evaluación. No entro en detalles, porque se han escrito ríos de tinta sobre el asunto. Consulten las noticias y blogs de HO, o los documentos elaborados por Profesionales por la Ética y otras muchas entidades y especialistas. Me basta recordar aquí que los profesores, por precepto legal, deben evaluar a los alumnos, no sólo sobre sus conocimientos de esa “moral cívica” estatal, sino que deben evaluar su grado de asunción de los mismos, sus criterios morales personales.

 

¿A quién deben obedecer los profesores? ¿A lo dispuesto en la normativa vigente, declarada ajustada a derecho por el TS, o a la neutralidad ordenada por el TS? Para acatar lo dispuesto por el TS, es preciso ignorar ciertos contenidos y criterios de evaluación obligatorios, lo cual es ilegal. Y viceversa, para cumplir con el contenido del currículo obligatorio, es necesario desacatar lo establecido por el TS, lo cual también es ilegal. Los centros públicos, sobre todo, lo tienen crudo con tal encrucijada de imperativos. Si no los denuncian los padres por adoctrinar, pueden denunciarlos otros por no cumplir con el currículo obligatorio. Bonita papeleta les ha tocado. ¡Y algunos de ellos han celebrado las sentencias!

 

El TS no ha puesto punto final al conflicto, sino todo lo contrario. Ni ha detenido al movimiento objetor, entre otras cosas, porque sus sentencias son recurribles, ni ha devuelto la educación a sus cauces normales, que son los sociales y no los judiciales. A los profesores que se han dedicado a atacar o menospreciar a la objeción y a los objetores, más les hubiera valido apoyar la causa o mostrar un cauteloso respeto, igual que algunos autores de libros de EpC. Con su interesada intolerancia, sólo han conseguido este conflicto que el TS les ha arrojado encima. Su desafecto a quienes defienden la educación en libertad les puede haber salido muy caro. Apoyar o respetar la objeción hubiera sido más honesto y rentable.

 

        

Esos superdotados con Síndrome de Down

 

 

Sin duda lo que voy a decir suscitará más de una socarrona sonrisa entre quienes sólo ven las cosas desde una perspectiva exclusivamente científica. Eso es algo que me trae sin cuidado porque, por fortuna, la realidad admite muchas otras lecturas, además de las extraídas mediante la aplicación del método experimental. Quienes sólo creen en aquello que es demostrable en un laboratorio, no saben lo que se pierden. Pero ese asunto ya lo abordaré en otra ocasión. Aquí les cuento lo que pienso, utilizando mi lectura preferida de esta realidad humana, y punto.

 

Siempre me ha resultado fascinante que las personas con Síndrome de Down no tengan en su dotación genética algo de menos, sino algo de más, un “extra” que los demás no tenemos. Es justo lo contrario de lo que nos sucede a los varones, que carecemos de un brazuelo en todos nuestros pares cromosómicos, que nos deja con un disminuido “XY” donde las mujeres tienen sus flamantes “XX” completas. Algo nos falta a los hombres en esos cromosomas “castrados” y sospecho que no sólo se trata del fabuloso don de la maternidad. Pero, volvamos al tema.

 

No me parece descabellado pararse a pensar que algo podrían tener los afectados por la trisomía del par cromosómico 21 -que en eso consiste el Síndrome de Down- gracias a ese cromosoma de triple cuerpo que los demás no tenemos. Diríase que la naturaleza ha regalado a ciertas personas un plus genético que, pese a alterar en distintos grados determinadas estructuras y funciones físicas y psíquicas, como todos bien sabemos, quizá les permita la posesión de algunas capacidades  imposibles para quienes no lo tenemos. Sondeemos un poco esta hipótesis.

 

Es un hecho observable que, aunque muchos padres -no todos- que tienen un hijo con Síndrome de Down, nada más saberlo lo perciben trágicamente, no son menos numerosos los que poco después insisten hasta la saciedad en proclamar lo recompensantes que resultan estos niños, que gozan de una capacidad de dar y recibir amor incomparable con ningún otro. A poco que sus padres sean capaces de liberarse de los prejuicios sociales, no hacen más que dar gracias por ese hijo, por muchos trabajos y padecimientos que acompañen a su diferencia.

 

No voy a negar, porque es evidente, que criar y educar a una de estas personas exige una dedicación especial y lleva consigo muchos temores y no pocos sufrimientos. En mayor o menor medida, aparecen retrasos intelectuales, pocas defensas frente a enfermedades, alteraciones anatómicas y fisiológicas y una expectativa de vida menor que la media de la población general. Siendo todo esto harto difícil, aún pueden ser peores las dificultades sociales: el rechazo o falta de acercamiento de otros niños. Esto es quizá lo que más hace sufrir a muchos padres.

 

Sin embargo, son innumerables los testimonios de familias que tienen en nada todos esos problemas, en contraste con la felicidad que son capaces de mostrar y transmitir estos hijos. ¿Quién ha dicho que sufrir por los hijos es malo? ¿Acaso hay otra forma de ser padres e incluso de ser personas adultas y maduras? ¡Cuántas familias han visto cómo mejoran sus relaciones, cómo se disuelven graves problemas y cómo ese miembro “especial” es verdaderamente una persona especial, no por sus deficiencias, sino por todo aquello que sabe dar como nadie!

 

¿No será que la trisomía del par cromosómico 21, no es una deficiencia, ni una desgracia, sino una misteriosa ventura genética que, aunque ocasiona desventajas respecto a eso que llamamos “normalidad”, en realidad otorga a sus portadores capacidades de valor extraordinario? Veamos: ¿Qué es más humano, tener un cociente intelectual alto o ser capaz de entregar mucho cariño? ¿Qué es más valioso, ser más productivo o ser más donativo? ¿Qué proporciona más felicidad a los padres, los sobresalientes en matemáticas o miles de besos y caricias no fingidos ni forzados?

 

¿Que estas reflexiones son pura poesía sentimental? Bello poema sería, pero no es esa mi intención. Estoy escribiendo en prosa y muy en serio. Dejen aparte las miradas compasivas hacia estas personas y obsérvenlas sin los prejuicios que nos imponen esas estúpidas reglas sociales que establecen que quien no es “como la mayoría”, es un desdichado. ¿Está usted seguro de que su vida es más feliz que la de ellos, porque es usted más inteligente y más hábil para cumplir con las exigencias sociales? ¿Ha contemplado alguna vez el rostro de felicidad de estas personas? ¿Ha escuchado las maravillas que sobre ellos dicen sus padres?

 

Es bastante común hoy en día medir la suerte o la desgracia de cada uno en contraste con los estándares sociales, con fríos criterios de “normalidad” estadística. Y se suele medir el valor de las personas cada vez más con el pragmático criterio de la capacidad productiva. Sin duda, sus diferencias reportan al afectado y a su entorno una serie de dificultades, tanto mayores cuanto más esté diseñada la sociedad sólo para los que dan la talla impuesta. Lo que muchas veces olvidamos es que los “discapacitados” suelen darnos sopas con honda como seres humanos y que son portadores de valores que con frecuencia no podemos ni soñar.

 

Por eso estas personas, más que “minusválidas”, son “minusvaloradas”, que no es lo mismo. Si supiéramos medir su valor con criterios más profundamente humanos, tal y como nos ha enseñado nuestra cultura cristiana, ahora desechada por los necios laicistas como una antigualla enemiga del Hombre, estas personas serían los primeros de la clase o, mejor aún, nuestros maestros en tantísimos valores que más nos valdría aprender. ¡Cuántas veces son estas personas minusvaloradas quienes nos enseñan a vivir de verdad a los que tan aventajados nos creemos!

 

Tiempo atrás, eran muchos los padres que, por aprensiones sociales, apenas se atrevían a sacarlos de casa. Afortunadamente, esas actitudes son cada vez menos. Hoy en día, si no se ven en la sociedad más personas con este síndrome es sencilla y llanamente porque miles de ellos ya no nacen tras ser asesinados en el seno de sus propias madres. Las exploraciones intrauterinas, cuya genuina función es detectar precozmente ciertas enfermedades tratables en la etapa prenatal, se han convertido en un juicio sumario con pena de muerte para los diferentes (1).

 

¿Cómo es posible invocar esta maravillosa diferencia, o cualquier otra, para negarles el derecho a nacer y vivir? ¿En qué mente sensata y civilizada o en qué corazón sensible y humano cabe tal atrocidad? ¿Es que hemos retornado a la más absoluta barbarie o acaso hemos caído a una psicopatía colectiva? ¿Ha resucitado Hitler con sus pretensiones de crear su “superhombre” sin defectos? ¿Cómo es posible que la matriz femenina pueda convertirse en un nuevo Auchswitz? ¿Qué atroz dureza y engaño habita en el corazón y en la mente del lobby proabortista?

 

No hace mucho Zapatero fue sometido ante las cámaras de televisión española, a la pregunta: ¿Cree usted que el no nacido es un ser humano o no? El Presidente se evadió de la cuestión. En el mismo programa, intervino una muchacha con Síndrome de Down. Zapatero no dudó en ensalzarla, halagarla y en coleguear y salir en la foto con ella, con la mejor de sus pinochescas sonrisas. Yo le hubiera hecho otra pregunta: ¡Pedazo de hipócrita! ¿Qué puede decirle a esta joven sobre el hecho de que, con sus leyes abortistas en la mano, podría haber sido asesinada impunemente en el seno de su madre por el sólo hecho de ser como es?

 

 

 

P.S. Vean este enlace: Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

 

06-03-09: El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU.

 

(1) El Dr. D. Esteban Martínez, en el foro “Amniocentesis” de HO, proporciona el escalofriante dato de que el 90% de los niños diagnosticados de Síndrome de Down antes de nacer, son abortados.

 

13-03-2009:

 

El primer universitario español con S.D. se estrena como maestro. En HO.

El aborto con los sindromes de Down. En HO.

Que el Gobierno pregunte sobre el aborto a alguien con S.D. En HO.

Síndrome de Down; el amor de unos padres. En HO.

Objetores a EpC: ¿Hemos ganado o hemos perdido?

 

 

 

 

 

(Lo he publicado en el diario Las Provincias, el 24-02-2009) 

 

 

Como no tengo la suerte de contar con una bola de cristal como cierta ministra pitonisa, ni acceso a las grietas por las que se han ido filtrando informaciones anticipadas y conclusiones, tan apresuradas como interesadas, sobre las sentencias de los cuatro casos de objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía que han sido vistos por el pleno del Tribunal Supremo, y siendo del dominio público directo, hasta hace pocos días, tan sólo la escueta nota sobre el fallo dada a conocer el 28 de enero, he preferido guardar un prudente silencio y esperar a poder analizar con calma las sentencias definitivas, antes de abalanzarme sobre el teclado y escribir mis propias conclusiones sobre el asunto.

 

Ahora, sentencias en mano, sabemos que el TS ha denegado, por mayoría de su pleno, sin unanimidad y con discrepancias internas bien visibles en los textos de los votos particulares, el derecho a la objeción a la EpC en los cuatro casos que han sido vistos. Pese a tan desafortunada decisión para un sistema democrático, el TS ha entrado al fondo del asunto y, sin limitarse sólo a esos cuatro casos, se ha pronunciado sobre ciertos asuntos generales, confirmando con contundentes advertencias que ni el Gobierno, ni ninguna otra Administración, profesor o editorial está legitimada para adoctrinar a los estudiantes en temas morales que son objeto de controversia social, animando a los padres a que denuncien ante los juzgados cuantas irregularidades detecten.

 

Así las cosas, ¿los objetores hemos ganado o hemos perdido con las sentencias de marras? Para contestar a esta pregunta es preciso responder previamente a otra: ¿con qué fin presentamos, ejercemos y defendemos vía judicial nuestras objeciones de conciencia a la EpC? La respuesta es clara: los objetores no luchamos por la objeción como un fin, sino como un medio. Para nosotros la objeción ha sido el único arma legítima que, ante nuestra situación de indefensión, nos quedaba para defender nuestros derechos parentales frente a las pretensiones del Gobierno de adoctrinar a nuestros hijos a través del grupo de asignaturas de EpC diseñadas en la LOE y los RRDD que la desarrollan.

 

Reconocemos que la defensa del derecho a la objeción de conciencia es una saludable reivindicación democrática, por la que sin duda vale la pena luchar, y que toda limitación del mismo es un síntoma de la mala salud de un sistema democrático. Los objetores a EpC, como ciudadanos españoles, lamentamos esta decisión del Supremo, lo mismo que deploramos la ceguera, voluntaria o no, con que la mayoría de sus magistrados han analizado los RRDD para concluir de forma general que semejantes panfletos se ajustan a derecho. Pero, insisto, el reconocimiento en sí de la objeción no es la finalidad central de nuestra batalla.

 

Sea como fuere, las sentencias del TS, aunque siempre son orientativas y de peso, no determinan las resoluciones de otros juzgados y tribunales, ya que nuestro sistema judicial no es jurisprudencial como el anglosajón, ese que vemos en las películas. Prueba de ello es que ya han sido emitidas varias resoluciones favorables a la objeción después del fallo del TS. Por otra parte, las sentencias del Supremo no agotan las posibilidades de defensa jurídica de los afectados, puesto que los padres pueden, y así lo van a hacer en breve, recurrir a instancias superiores como el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

 

El fin último de nuestra objeción a la EpC, como antes decía, es impedir que un gobierno adoctrine a nuestros hijos según su particular ideología en temas morales. Desde esta perspectiva, con objeción reconocida o no, las serias advertencias que el TS dirige al Gobierno desde sus sentencias, sobre la ilegalidad de adoctrinar moralmente a través de la escuela, y los caminos alternativos de defensa jurídica que recuerdan y alientan los magistrados, suponen un avance de incalculable valor hacia el logro de nuestro objetivo primordial, una clara victoria que los padres y las entidades y plataformas que trabajamos a su lado por una educación en libertad sin duda vamos a saber aprovechar al máximo.

 

El TS ha propinado una buena reprimenda al Gobierno reafirmado la ilegalidad de toda práctica adoctrinadora en temas morales objeto de controversia social por parte de cualquier administración, entidad, profesor o editorial, y ha alentado a los padres a que denuncien cuantos abusos detecten. ¡Y no sólo en las clases de EpC, sino en cualquier asignatura obligatoria! Esto nos exige a los padres una vigilancia que quizá antes no hemos ejercido con suficiente diligencia –lo cual es una importante lección a aprender– y nos señala una vía poco explorada, pero en extremo contundente y eficaz, para ejercer nuestro derecho a que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Con estas sentencias, cuyas primicias tan alegremente recibían y tan torticeramente interpretaban el Gobierno y sus correveidiles, el TS ha abierto una caja de truenos de potencia incalculable, una bomba de racimo que no tardará en explotar por doquier y que atiborrará sus salas de más recursos. Pese a los palos que el TS ha colocado a las ruedas de la objeción, los objetores hemos salido ganando mucho más de lo que esperábamos. Si alguien lo duda, que se lo pregunte dentro de poco a las administraciones, colegios y profesores que se van a ver sentados en los banquillos de los juzgados, o a las editoriales sectarias que van a tener que convertir sus tendenciosos libros de texto en pasta de papel.

 

 

ANEXO: Biblioteca de enlaces relacionados:

 

1) Invitación expresa a la participación de todos los objetores:

 

II Encuentro Nacional de objetores de conciencia a la EpC.

 

2) Noticias

 

El Supremo da la razón a los padres objetores.

El TS da la razón a los objetores a la EpC.

Cabrera pierde la locuacidad ante la sentencia de EpC.

VAEL: No está todo dicho sobre la objeción.

Seis nuevos fallos judiciales respaldan la objeción a EpC.

Varapalo del TS al adoctrinamiento del Gobierno a través de EpC.

PPE: El TS ha atendido al fondo de las demandas de los objetores.

La sentencia del TS podría impedir el adoctrinamiento escolar.

 

3) Reacciones

 

Movimiento objetor resalta que TS prohíbe que EpC adoctrine.

Objetores a EpC usarán las vías de actuación que recomienda el TS.

El IPF de Baleares celebra las sentencias del TS.

Los objetores recurrirán el fallo de EpC en un mes y medio.

Padres contrarios a EpC auguran un aluvión de demandas.

Acciones judiciales contra MEC por patrocinar material adoctrinador.

Objetores denunciarán textos de EpC con contenidos adoctrinadores.

Objetores de Baleares instan a su Gobierno a acatar sentencias TC.

 

4) Opinión

 

Diez razones para celebrar las primeras sentencias del TS.

El TS prohíbe adoctrinar con EpC, por Ignacio Arsuaga.

EpC: El Estado no puede adoctrinar, por Aníbal Cuevas.

EpC: La objeción no ha lugar frente a una ilegalidad.

¿Igual que matemáticas?, por Teresa García-Noblejas.

La maraña de la sentencia EpC, por Jose Antonio Méndez.

El CJTM considera incongruente la postura del TS respecto de EpC.

La mala conciencia, por Agapito Maestre.

 

5) Como siempre, el Gobierno valenciano del PP dando la nota:

 

Gobierno Valenciano no modifica postura respecto EpC y objeción.

 

No obstante, algo es algo:

 

El Consell exige al Gobierno la elaboración de nuevos contenidos.

 

Beneficios educativos de la objeción de conciencia a la EpC

 

  

 

El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y

 adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas.

(Cristina Trivulzio di Belgioioso) 

 

 

El ejercicio real de la objeción de conciencia -cuando digo “real” me refiero a que el alumno de hecho no entra en clase- ni ha sido, ni es, ni será, un caminito de rosas. No es fácil, ni para los padres, ni para los hijos. Los mayores temores de los padres objetores son las repercusiones negativas que el ejercicio de este derecho pueda tener sobre sus hijos. Los objetores tenemos claro que nuestra postura es justa y necesaria y que perseguimos algo bueno para su educación, pero también sabemos que no es fácil para un adolescente mantenerse en una posición tantas veces desalentada, ridiculizada o vapuleada por compañeros, profesores y directores y que, en mayor o menor medida, altera su trayectoria académica ordinaria (1).

 

Aunque por fortuna no es mi caso, desde VAEL y otras entidades pro-objeción conocemos los engaños, las presiones, el ostracismo, las burlas y el maltrato psicológico recibido por estos jóvenes en algunos centros, con diversos grados de intensidad y con honrosas excepciones. Pero, incluso estas onerosas situaciones, tan reprobables en quienes las provocan, no son siempre nocivas para nuestros hijos. Muy al contrario, el hecho de verse embarcados en esta arriesgada aventura en defensa de principios y derechos, conlleva excelentes aportaciones educativas, aunque su percepción y comprensión por los alumnos varía con la edad y madurez de cada uno. No obstante, los entiendan o no, los beneficios se producen.

 

Veamos algunos de estos beneficios educativos (2):

 

a)     Todo adolescente necesita poseer y perseguir ideales, metas justas e importantes que den contenido a sus pujantes inquietudes existenciales y sociales. Este potencial juvenil tiende a ser extinguido por el consumismo aplastante al que están sometidos y por el relativismo y falta de valores sólidos de la sociedad actual, al mismo tiempo que es manipulado por los poderes fácticos para utilizarlo en provecho propio. Los alumnos objetores encuentran poco a poco en esta batalla legítima una buena contribución para cubrir su impagable necesidad de compromiso con metas justas y valiosas.

 

b)     La objeción de conciencia a la EpC es tan sólo una de las muchas causas justas por las que vale la pena trabajar, de las que este mundo está repleto. A tal efecto, es un magnifico campo de entrenamiento para que los jovencitos, en el futuro, pongan su empeño en conseguir un mundo mejor y no sólo en sus pretensiones egoístas. Este combate prepara su ánimo, templa su carácter y les proporciona experiencia para ser ciudadanos conscientes y activos. Esto es lo que más temen ciertos poderes establecidos, que prefieren una juventud boba, desmovilizada y consumidora pasiva de sus productos e ideologías.

 

c)     Si el Ejecutivo hubiese desarrollado la recomendación (que no directiva) del Consejo de Europa como los demás países europeos, sin entrometerse en cuestiones morales que corresponden a los padres y sin aprovecharla para adoctrinar en una ideología concreta que el gobierno pretende oficializar, nadie nos hubiéramos opuesto. Pero ESTA EpC, hace de su objeción, no sólo un derecho, sino incluso un deber ciudadano. Se da la paradoja de que no hay mejor Educación para la Ciudadanía que la que proporciona el hecho de oponerse activamente a ESTA versión sectaria diseñada por el Gobierno.

 

d)     Es característico de los adolescentes encontrarse ante una doble exigencia interior, nada fácil de compaginar. Por una parte, sienten el impulso evolutivo de autodefinir una identidad propia y diferenciada. Por otra, necesitan de forma imperiosa la aceptación de su grupo de iguales. No es sencillo para un adolescente aprender a decir no y oponerse a las presiones socioafectivas de su grupo de coetáneos. Sin embargo, es preciso que aprendan a hacerlo, en bien de su maduración personal y, no pocas veces, de su integridad física y moral. El ejercicio de la objeción de conciencia es una magnífica oportunidad para cumplimentar y encauzar ambas exigencias juveniles al mismo tiempo.

 

e)     Para vivir de acuerdo con unos principios y valores profundos e importantes, hay que nadar con harta frecuencia a contracorriente. Es más fácil “pasar de todo” y dejarse llevar por las olas, sin espíritu crítico y sin ofrecer resistencia. No es eso lo que yo deseo para mis hijos. Ni tampoco es lo que los adolescentes  anhelan de verdad, por muy deslumbrados que estén ante el modelo de vida placentero y comodón que se les intenta vender. Necesitan ser personas valiosas, lo cual requiere adquirir temple para asumir sufridos combates. La objeción de conciencia es una escuela para avezarse y fortalecer el carácter, para aprender a vivir como personas íntegras y no como estúpidas marionetas.

 

f)       Otro aspecto de altísimo valor es que un adolescente vea que sus padres poseen y actúan consecuentemente con unas convicciones profundas, importantes y compartidas. Esto, aún en el caso de que el jovencito no comparta esos ideales, es algo que no tiene precio. Un adolescente siempre juzga con desdén a unos padres indolentes y sin principios firmes, sólo preocupados por su bienestar material, su estatus social y su nivel de vida. Lo reconozca o no en un primer momento, tener unos padres que actúan en coherencia con unas convicciones de hondo calado, es algo que le construye y educa profundamente y que acabará admirando tarde o temprano.

 

Para finalizar, no quiero dejarme lo más importante, que es el hecho de que con la objeción de conciencia intentamos frenar la intromisión del Estado en la formación ética y moral de nuestros hijos (3), al menos la que se introduce a través de las distintas asignaturas que componen la Educación para la Ciudadanía (4), ya que por otros ángulos nos cuelan otros goles iguales o peores, que también hemos de vigilar, detectar y detener. Todo esto, independientemente de que en tal o cual colegio estas asignaturas se den mejor o peor, con mejores o peores profesores o con mejores o peores libros, ya que nuestra objeción no va contra ellos, sino sólo contra determinados aspectos de la LOE y los Reales Decretos que la desarrollan, aquellos que vulneran nuestros derechos constitucionales como padres.

 

 

REFERENCIAS EN EL TEXTO

 

(1) Sólo me refiero aquí al hecho de que estos alumnos se encuentran con suspensos o calificaciones de “no presentado”, lo cual no es nada agradable, especialmente para los acostumbrados a sacar buenas notas. Respecto a la promoción de curso y la obtención de titulaciones, de acuerdo a la normativa vigente y pese a lo que diga la ignorante o malintencionada desinformación del Gobierno y de algunos medios,  colegios, directores y profesores, sólo está realmente comprometida la titulación de Bachiller, única que exige haber aprobado al final del ciclo todas las materias obligatorias (Sobre obtención del Título de Graduado en la ESO, ver el Art. 15 de la ORDEN ECI/2220/2007, en BOE 174 de 21-07-2007 y, en la Comunidad Valenciana, el Art. 7 de la ORDEN de 14-12-2007, en DOGV 5665 de 21-12-2007).

 

(2) Quede claro que este escrito no es un artículo científico basado en el estudio reglado de una muestra representativa, sino sólo una provisional reflexión personal extraída del repertorio de experiencias que conozco, incluida la mía propia. Mis conclusiones, por tanto, no son extrapolables a todos los casos en general. No obstante, esta limitación, modestia aparte, no las exime de cierta autoridad, dada mi triple condición de padre objetor, Pedagogo y miembro de la plataforma pro-objeción de conciencia a la EpC “Valencia Educa en Libertad” (VAEL), todo lo cual me proporciona una excelente y amplia atalaya de observación y unos criterios profesionales adecuados para interpretar aquello que he visto y oído.

 

(3) A la vista de la campaña de desinformación lanzada por el Gobierno, ciertos medios de comunicación y muchos colegios, tras hacerse pública la nota del Tribunal Supremo del pasado 28 de enero, en que se  anuncia un fallo en contra de la objeción en los cuatro casos que han sido vistos por los magistrados, creo necesario añadir aquí que, a falta de la redacción definitiva de las sentencias, dicho fallo sólo se refiere a las cuatro objeciones vistas por el TS, que pronto tendrá que resolver sobre otras 1800, de momento, y que en nada afecta a las restantes objeciones, las cuales siguen su curso legal, que llegará si fuese necesario hasta el Tribunal de Derechos Humanos de la UE en Estrasburgo y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Lejos de haber terminado, esta batalla por la libertad no ha hecho sino comenzar.

 

(4) En contra de la citada desinformación, he de recordar también que la EpC no es una asignatura de la ESO, sino un nuevo conjunto de cuatro asignaturas obligatorias creado por la LOE: “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” (Primaria y ESO), “Educación Ético-Cívica” (4º ESO) y “Filosofía y Ciudadanía” (1º Bachiller). Cualquiera puede consultar la LOE (Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo, de Educación) y los Reales Decretos que la desarrollan en la ESO (Real Decreto 1631/2006) y en Bachiller (Real Decreto 1467/2007), para comprobar que tampoco es cierta la afirmación de que no han variado los contenidos respecto a las antiguas materias de Ética de 4º ESO y de Filosofía de 1º Bachiller.

ZP en TVE o el arte de echar balones fuera

 

 

Por comenzar en positivo, he de decir que lo mejor del “Tengo una pregunta para usted” con Zapatero fueron los invitados que intervinieron, sus preguntas y sus réplicas. Y, más aún si cabe, sus expresiones no verbales, que no tuvieron precio y que el realizador no dudó en sacar en pantalla. Ignoro el grado de preparación escénica que pudiese haber detrás del programa, pero la impresión fue que realmente se trataba de una muestra significativa de ciudadanos, que sus preguntas fueron espontáneas y que casi ninguno de los que pudieron intervenir se quedó muy conforme con las respuestas evasivas de Zapatero, aunque todos terminaron con un “gracias Señor Presidente”, seguramente preceptivo.

 

Los asistentes a un evento así, como es lógico, habrían sido previamente aleccionados y comprometidos con unas normas, como mínimo de cortesía y respeto, pero el margen de libertad de expresión fue amplio, mucho más de lo que yo me esperaba. Digo esto porque los rostros, los gestos y las réplicas de la gente lo decían todo. Lo cierto es que, con o sin manipulación teatral, pusieron al Presidente contra las cuerdas durante casi todo el programa. También fue una demostración de pluralidad el debate posterior en “59 Segundos”, en la que participaron representantes de la prensa de todo tipo y tendencia. Así que, al menos por una vez, vaya por delante mi felicitación a Televisión Española.

 

Dicho esto, una crítica a esa cadena sí quiero hacer: el conductor del debate lo hizo fatal. No supo moderar los discursitos excesivos y tantas veces apartados de las preguntas que largó el Presidente. De vez en cuando emitía un “hum, hum”, que quizá fuese una seña pactada, pero que no evitó la verborrea del interrogado, ni siquiera cuando, a todas luces, estaba alargándose y desviando el tema a base de arengas prefabricadas. Con su “cortada” actitud frente a Zapatero, no sólo consintió que nos largara sus habituales rollazos políticos, sino que moderó mal el tiempo disponible, de forma que sólo una cuarta parte de los cien invitados pudieron preguntar. En alguna ocasión también salió al quite del Presidente en preguntas muy comprometidas, como la de la venta de armamentos.

 

Sin perjuicio de lo anterior, lo peor del debate fue el Sr. Zapatero. Hay que reconocer que tuvo el valor de exponerse ante un difícil bombardeo de preguntas, cosa que otros han rechazado. Quizá no se esperaba que en esta ocasión Televisión Española fuera a dar tanta cancha a los interrogadores. Y no lo digo por las preguntas, que quizá conocía de antemano o, como mínimo, tendría información para imaginárselas, sino por las actitudes de desacuerdo, desencanto y frustración que tan claramente manifestaron los participantes, en sus replicas y en sus gestos. Lo cierto es que el Presidente no estuvo a la altura y dejó un tufillo de insatisfacción evidente y visible en los asistentes. A la misma conclusión llegaron después casi todos los periodistas invitados.

 

¿Qué es lo que considero que hizo mal en el debate? Pues, menos el hecho de dar la cara y de exponerse a las preguntas ante toda España, sin siquiera la protección psicológica de un atril o unos papeles escritos, que no es poco, todo lo demás me pareció horroroso:

 

§ Está claro que el mensaje básico que quiere transmitir es la confianza. Bien, me parece necesario en estos momentos de grave crisis. Pero la confianza no se pide, sino que se da, se suscita en las personas mediante actitudes y hechos. La confianza se transmite con un lenguaje corporal que denote seguridad y, sobre todo, con soluciones concretas a las situaciones de temor de los ciudadanos. Con la carita de crispado acongojamiento que llevaba y con su flagrante falta de respuestas válidas, lo que consiguió es confirmarnos a todos los españoles en que nuestros peores temores están bien fundados.

 

§ No recuerdo que ninguno de los que preguntaron se sintiera bien respondido con las palabras del Presidente. Casi todos acabaron defraudados, con cara de resignación, de insatisfacción e incluso de indignación contenida, como si se hubieran sentido tratados como idiotas. Creo que lo mismo nos sucedió a los que lo escuchamos desde casa, exceptuando, sin duda, a sus adeptos incondicionales, esos y esas que le seguirían hasta el mismísimo infierno si su líder se lo pidiese. Los que pudieron preguntar le pusieron delante inquietudes muy reales y muy concretas, que representan a la perfección las de todos los españoles, al menos en las cuestiones económicas y laborales, y no supo, porque no pudo, ni puede, contestar en concreto a ninguna. En varios casos, las respuestas a algunos asistentes fueron casi insultantes, como las dadas a algunos parados y a pequeños empresarios arruinados.

 

§ ¿Reconocer errores? Apenas uno. ¿Reconocer engaños? Por supuesto que no. ¿Asumir responsabilidades de lo que sucede? Ni una. Y ahora, inspirado por su admirado Obama, la responsabilidad de lo que ocurra se la pasa al pueblo. Ese es el mensaje subliminal que dejó caer. Por supuesto que sin el esfuerzo colectivo de todos no salimos de ésta y claro que el Gobierno no va a poder levantar a España él sólo. Eso ya lo sabemos, especialmente con este Ejecutivo concreto. Pero no es esa llamada a la colaboración, que es justa y necesaria, lo que me preocupa, sino otro mensaje diferente y semioculto lanzado por un Presidente acogotado y consciente de que casi todo se le ha ido de las manos. Un intolerable mensaje que podría resumirse así: Si España entra en quiebra y todo se va al carajo, la culpa no la tendré yo, ni mi Gobierno, ni mi PSOE, sino los ciudadanos, porque no han arrimado el hombro por su país…

 

Jamás aceptaré ni la más mínima insinuación de esa calaña. La capacidad y la voluntad de iniciativa, de sacrificio, de imaginación, de esfuerzo, de trabajo y de lucha del pueblo español están fuera de toda duda y han sido demostradas repetidas veces a lo largo de nuestra historia. España no es lo que ha llegado a ser gracias a los que nos han gobernado, de eso estoy más que convencido, aunque unos lo hayan hecho mejor que otros. Zapatero dice creer en ese potencial que posee el pueblo español, pero al mismo tiempo lo niega, a base de aminorar su propia responsabilidad arengando a la gente a que confíe y se comprometa, como si no lo estuviese haciendo ya con todas sus fuerzas. Si España no se ha hundido ya, es gracias a que los españoles confían y siguen luchando.

 

Por supuesto que los ciudadanos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades en la reconstrucción económica de nuestro país. Quienes no lo saben, en todo caso, son los ricachones que han reventado su gallina de los huevos de oro y ahora malversan las inmerecidas ayudas estatales. Pero que no piense el Presidente que va a salirse de rositas depositando toda la carga sobre nuestros hombros. Es él quien ha sido elegido para gestionar nuestros intereses generales, que en este caso pasan por analizar certera y honestamente lo que ocurre y diseñar y poner en marcha las mejores soluciones. Para eso le pagamos por mandar, para que nos sirva y nos sirva bien, no para que escabulla el bulto con un discurso demagógico. Si España se hunde, no será porque los españoles la dejemos caer, sino por la incompetencia de su Gobierno.

 

28-01-2008: Añado algo importante. Me pareció degradante que no contestase a la pregunta del sacerdote sobre si creía que el no-nacido es un ser humano o no. Insistió descaradamente en contestar a otra cosa que no se le preguntaba. Si piensa que el nasciturus SÍ es un ser humano, una vida humana en desarrollo, ¿por que no lo dice? Porque desea contentar a los lobbies y comerciantes proabortistas ampliando el aborto, claro está. Pero, si piensa que el no-nacido NO es un ser humano, lo cual es condición sine qua non para que se le pueda matar impunemente, ¿por que no lo dijo? Pues porque no lo piensa, porque sabe que el aborto es segar una vida humana. Y pese a ello, está a favor de fomentarlo. Sobran más comentarios. 

 

06-03-2009: Añado esta foto, del post en el blog de Elentir abajo enlazado.

 

 

Enlaces sobre el tema, en relación con el aborto:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Partido Popular: ¿gavilán o gaviota?

 

(Publicado en el diario Las Provincias de Valencia, el 06-01-2009) 

Es cierto que casi todos los liberales que escribimos, sean profesionales como Víctor Gago, a quien reitero desde aquí mi afecto y apoyo, sean simples y humildes aficionados, como yo, hemos sido muy críticos con el PP y no sólo con los socialistas, como los peperos piensan que es “nuestra obligación”. Se olvidan de que los liberales somos eso, liberales, y que no nos casamos fácilmente con nadie. Nos casamos con quien nos quiere y con quien queremos. Y nos desapegamos de quien pensamos que se lo merece. Tenemos la rara costumbre de ser y hablar en libertad.

Pero las señorías y señoríos del PP no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, de cuáles son nuestros motivos. Quizá hable por casi todos, o muchos, si afirmo que nuestras diatribas contra los populares parten de un afecto no correspondido y de una esperanza defraudada. El PP, sin haber sido nunca perfecto, era o pudo ser “nuestro partido”, el portador de los ideales y principios liberales, conservadores y, por qué no decirlo, cristianos. Somos muchos millones de españoles los que les hemos apoyado durante décadas pensando que ellos defenderían nuestros valores.

No ha sido así, ahora menos que nunca. Nos han dejado huérfanos de un partido mayoritario que nos represente. Han traicionado nuestras esperanzas y nuestra confianza, por eso estamos tan cabreados. Les criticamos porque les queremos, o porque queremos quererles, porque les necesitamos. Nos metemos con ellos para tratar de hacerles reaccionar, para corregirles, para tratar de que retornen a la coherencia con su proyecto liberal fundacional, para intentar que ocupen ese espacio político absolutamente indispensable que están abandonando a la carrera.

Aunque ellos jamás lo reconocerán, no somos sus enemigos, sino sus mejores amigos. Sólo te aprecia de verdad quien te amonesta. Nuestro empeño es que se aperciban de sus errores, que se den cuenta de que corren a tumba abierta hacia su descalabro, que se enteren de que se están haciendo cada vez más prescindibles, que recuerden quiénes somos sus votantes y que vamos a dejar de serlo si continúan olvidándonos, que abandonen la política de mercado y vuelvan a la política de principios, que pierdan sus complejos y que sean quienes nos dijeron que iban a ser.

Pero no reaccionan. No quieren hacerlo. Se han pasado con armas y bagajes al mercadeo electoral y al nefasto criterio de lo políticamente correcto. Dan por seguro el voto conservador, liberal y cristiano y van a la caza del voto de la izquierda descontenta. Se equivocan en ambas cosas. Ni los votantes de derecha y centro derecha somos estúpidos y eternos cautivos del voto útil contra el PSOE, ni la gente de izquierdas se fía un pelo de tan sospechoso cambio de chaqueta. Se van a quedar sin los unos y sin los otros, es decir, sin nada más que sus militantes y no todos.

Han centrado sus esperanzas de poder en su supuesta mejor capacidad para superar la crisis económica que nos embarga, dejando entrever el pobre concepto que tienen del pueblo español y su desconocimiento de la astucia del PSOE. Creen que a los ciudadanos sólo nos interesa el bienestar material, lo cual no sólo es falso, sino también insultante. Y ahora que Zapatero y Solbes se han puesto a adoptar medidas al más descarado estilo capitalista, Rajoy se ha quedado pasmado y sin saber qué decir. Su discurso oscila entre el “nos han robado las ideas” y la defensa de las mismas tesis socialistas que el PSOE ha dejado aparcadas.

En fin, más mal que bien, a juzgar por el caso que nos han hecho, hemos intentado ayudarles a ellos y ayudarnos a nosotros con nuestras críticas, a veces corteses y otras veces menos, que no han querido escuchar de ninguna forma, encerrados en su necio orgullo y en su desesperada y desacertada partida de caza de papeletas electorales. Se han dedicado a ignorar los mensajes y a matar a los mensajeros. La gaviota se ha convertido en gavilán. Quizá la culpa sea nuestra en parte, por no haber sabido convencerles de nada, ni por las buenas ni por las malas. Espero que las urnas hablen mejor que nosotros.

 

Algo más que felicitaciones y buenos deseos

 

 

No, no es que no vaya a felicitarles y desearles a todos lo mejor para el recién estrenado nuevo año. Por supuesto, que sí, de todo corazón. Pero, en este primer artículo de 2009, quiero ir un poco más lejos. Hay diversas costumbres que no me agradan mucho en relación con las nocheviejas y los cambios de año. Algunas de ellas, sin duda, son simples manías de un servidor. Pido disculpas de entrada a quienes sí les gusten. Pero hay otras que me parecen de mayor calado. Así que, con un ligero combinado, removido pero no agitado, de reflexión, ironía y buen humor, se las cuento.

 

Comienzo por lo más tonto, con la esperanza de ir subiendo de categoría a medida que escribo. Lo primero que me revienta es que en las noches de fin de año haya que divertirse por obligación. No sé a ustedes, pero a mí convertir lo lúdico en preceptivo jamás me ha dado resultado. Cuanto más prevista, provista, organizada y deseada es la alegría, más se escapa, la muy desgraciada. Por el contrario, cuando logras vivir cualquier pequeño momento cotidiano e imprevisto con la capacidad de sorpresa bien despierta, te encuentras con muchos momentos festivos.

 

Para colmo, la parafernalia hortera, freaky dicen ahora, de forzoso uso en los “cotillones” de nochevieja: Gorritos y antifaces de cartón, con esa gomita que dura unos cinco segundos sin soltarse; “matasuegras” que, en vez de cargarse a las madres políticas como es su obligación, sólo sirven para que te toquen las narices, las también inevitables narices de plástico con gafas y bigote a lo Groucho; trompetitas rompetímpanos que los niños no dejan de soplar hasta dejarlas afónicas; collares y pelucas de espumillón, detalles “fashion” donde los haya; serpentinas y confeti que aterrizan en el pelo, en el cava y hasta dentro de los calzoncillos…

 

En fin, una noche con licencia para hacer el ridículo a sabiendas, algo que quizá nos venga bien a todos, porque sin darnos cuenta ya lo hacemos todo el año. Sea como fuere, estas pueriles patochadas no son lo peor de la velada. Otro aspecto absurdo de las nocheviejas son los estúpidos y supersticiosos rituales de la buena suerte, cada vez más abundantes. El más arraigado y arriesgado: El empeño en atragantarse con las doce uvas de rigor, engullidas al imposible ritmo de las campanadas de la madrileña Puerta del Sol, con el inestimable asesoramiento de Ramón García con su capa de gala y Ana Obregón con sus grandes…, ejem, consejos.

 

A las uvas de la suerte se han ido sumando nuevas chorradas, inventadas por la marabunta de adivinos y brujas que nos ha traído la posmodernidad: Que si ponerse algo rojo (bueno, si es la ropa interior femenina, es posible que alguien tenga un poco de suerte esa noche), que si meter algo de oro en la copa de cava, que si dar una vuelta a la manzana con una maleta, que si abrir las ventanas para que se vayan los malos augurios, que si arrojar zapatos al aire para ver si caen boca arriba o boca abajo como las monteras de los toreros, que si comer lentejas junto con el marisquito…

 

No crean que sólo son inocentes paridas. Déjenme que profundice un momentito en el asunto. El ser humano, desde adquirió conciencia de sí mismo, de la certeza de la muerte y de la existencia de fuerzas que le superan y que ponen en juego su vida y su bienestar, ha tratado de manipular dichas fuerzas. La superchería fue el primer paso, superado luego por la religión y por el uso de la razón. Resulta triste y curioso que en la posmodernidad, después de que el cristianismo y la ciencia habían superado ya las supersticiones, tanta gente haya vuelto atrás, dejando un sustancioso mercado abierto a todo tipo de engañabobos.

 

Es lastimoso ver a tanta gente, en pleno siglo XXI, consultando horóscopos, astrólogos, adivinos, pitonisas, magos, brujas y curanderos. Pero, sigamos adelante. Sin perjuicio de lo anterior, hay otra costumbre de fin de año que todavía me preocupa más. Se trata de un bonito y amable gesto, pero que encierra en el fondo una concepción errónea e improductiva de la vida. Me refiero a los saludos deseando suerte, felicidad y toda clase de bienes para el año nuevo. Se hacen con buena intención, pero en nada colaboran para que el año nuevo sea mejor en realidad.

 

El año que estrenamos sólo será mejor si trabajamos por hacerlo mejor. Que nadie espere venturosos milagritos mágicos. Un mundo mejor, más justo, solidario y pacífico, lo mismo que una vida personal más humana, útil, realizada y feliz, no dependen de la suerte, ni de los buenos deseos. Todas estas cosas hay que construirlas activamente, cada uno y entre todos. Cada año nuevo es siempre una oportunidad, no sólo para formular magníficos deseos y proyectos, sino mucho mejor para hacer examen de conciencia y rearmarse moralmente para volver al tajo con firmeza.

 

Por eso, permítanme que, junto a mis mejores deseos de felicidad y buenaventura, les auspicie a todos y a mí mismo, un año nuevo repleto de nuevas acciones, tareas, retos y aguerridos combates. No imagino otra forma mejor de desearles a todos un feliz año 2009. Sabedor de nuestra pobreza y limitaciones, quiero terminar elevando  un ruego a Dios, a aquel que obra en nosotros el querer y el obrar, a aquel que nos creó sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros. Que él nos dé a todos la ilusión y las fuerzas renovadas que necesitamos para edificar un feliz año nuevo.

 

 

Los nuevos santos inocentes

 

(Publicado en Las Provincias el 26-12-08)

 

El próximo domingo 28 de diciembre, día en el cual este año coinciden dos importantes celebraciones cristianas, los Santos Inocentes y la Sagrada Familia, el Cardenal Rouco nos invita a todos los católicos a acudir a Madrid en familia para celebrar juntos una gran Eucaristía en la Plaza de Colón. Una vez más somos convocados a festejar y hacer presente nuestra fe y el verdadero y genuino rostro de la familia ante toda la sociedad. El día escogido no puede ser más oportuno.

 

Los Santos Inocentes y la Sagrada Familia son dos realidades que una vez acontecieron tristemente unidas y que hoy más que nunca vuelven a coincidir en la Historia, en nuestro momento actual. Hace algo más de dos milenios, el afán de poder sin entrañas del rey idumeo de Judea, títere del Imperio Romano, el taimado y cruel Herodes “el Grande”, le llevó a dar una de las más terribles órdenes jamás dictadas por gobernante alguno: Eliminar a Jesús matando a todos los niños menores de dos años.

 

De la misma forma que Moisés, el paradigmático profeta que condujo al pueblo de Israel a la libertad, nació en medio de una matanza de niños ordenada por el endiosado faraón de Egipto, la natividad de Jesús, el nuevo y definitivo Moisés enviado a liberar a toda la Humanidad, ocurrió terriblemente envuelta en una masacre de pequeños seres humanos inocentes. Jesús se salvó porque Dios le dio a San José el juicio y el arrojo suficiente como para llevarse al niño lejos de aquel monstruo.

 

En estas navidades se repite tan triste coincidencia. Nos vemos obligados a celebrar el nacimiento de Jesús en medio de una espantosa masacre de niños. Una matanza con proporciones genocidas de centenares de miles de seres humanos en su estado más indefenso y más inocente, asesinados a sangre fría en el propio seno de sus madres. Y el nuevo Herodes de la Moncloa, todavía no contento con ello, está preparando una ley que permita ampliar más aún si cabe tan atroz holocausto infanticida.

 

No matarás, ordena el quinto mandamiento, la quinta palabra de vida dada por Dios a la Humanidad, explicitando una de las más graves exigencias de la ley natural impresa en todos los seres humanos. Quitar una vida, gestante o nacida, siempre es objetivamente malo, sin excepciones. Pero la maldad del homicidio es más grave cuanto más indefensa e inocente es la víctima y cuanto más intencionado, premeditado e interesado es el crimen. El homicidio pasa a ser asesinato. Eso es el aborto.

 

He aquí a los nuevos santos inocentes, víctimas del aborto, envenenados, ahogados, troceados, triturados y arrojados a la basura, con el beneplácito de gobernantes y legisladores, bajo la sonrisita del Herodes de turno y de su corte de mercaderes de la muerte. Hoy más que nunca, la familia cristiana, la familia natural diseñada por Dios, debe hacerse visible en toda su belleza y oponerse sin complejos al crimen del aborto, siendo imagen viva de la maravilla y la dignidad inviolable de la vida humana.

 

Es desafortunadamente curioso que la tradición, no la cristiana, sino la popular, haya convertido el día de los Santos Inocentes en una jornada para las bromas pesadas y las risas a costa de los más ingenuos. Ni la antigua matanza herodiana de niños, ni el holocausto abortista actual me parecen asuntos para tomárselos a cachondeo. El aborto es la más terrible lacra de la Historia de la Humanidad y sus ciegos e interesados defensores todavía quieren más. Es algo tan horroroso que cuesta creerlo.

 

Aquel niño nacido en Belén y hecho adulto en el seno de su familia, aun siendo el inocente por excelencia, fue injustamente juzgado, torturado y ejecutado, mostrándonos en su cruz la íntima naturaleza de Dios: el amor ilimitado e incondicional a todos los hombres. Antes de exhalar su espíritu, rogó: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Ciertamente, los abortistas no saben lo que hacen pero, cuidado: Dios perdona siempre y los hombres a veces, pero la Naturaleza no perdona jamás.

 

La Naturaleza es implacable y, para autorregularse, no repara en medios. De la misma forma que un día pagaremos muy cara la agresión ecologica a la que estamos sometiendo a nuestro planeta, mucho peor será la factura que la cultura de la muerte pasará a la Humanidad. Por eso, quisiera hacer en esta Navidad un gran canto a la vida, un anuncio de esperanza para todos y un ruego para que los abortistas abran sus ojos, miren en su interior y reconozcan el valor de la vida humana desde su concepción.

 

Este domingo 28 de diciembre puede ser un momento excepcional para elevar nuestra mirada y nuestra plegaria a la Sagrada Familia de Nazaret, imagen del Dios Trinidad, del Dios comunidad, del Dios familia, para asemejarnos a ella y acogernos a su ayuda, para ser en medio de esta generación iconos de la familia diseñada por Dios y para saber convencer a la sociedad y a quienes la lideran de que abandonen la matanza de estos nuevos santos inocentes. Unidos a Cristo no hay nada imposible.

 

 

 

(Edito y añado el día 29: Para que vean cómo está el patio de las libertades civiles en España, les pongo el enlace a un post de Nacho Arsuaga sobre las agresiones policiales sufridas por algunas personas que se reunieron pacíficamente el día 28 ante la clinica abortista Dator para testimoniar su defensa de la vida. Miren las fotos enlazadas y juzguen por ustedes mismos)

 

De la democracia representativa a la democracia participativa

 

He tenido el honor y la suerte de asistir en mi patria chica, Valencia, a una charla de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazteoir, incluida por el Colegio Guadalaviar en una entrañable y bien organizada entrega anual de sus Premios Familia, seguida luego de una cena de buena fraternidad y diálogo con Nacho en “petit comité”, en compañía de varios “blogueros” de HO y otros amigos. Aunque bien lo merecería, no voy a hacer aquí un panegírico de las virtudes de Nacho ni de su valerosa conferencia. No es éste mi objetivo, ni creo que a él le fuera a agradar demasiado, ya que es una persona que, pese al creciente éxito de su plataforma y de sus esfuerzos por fomentar las redes sociales de participación, es demasiado inteligente y digno como para perder su envidiable sencillez.

 

De su intervención y de la posterior conversación, entre cucharadas de un sabroso arrocito a banda y sorbitos de un afrutado tinto de la tierra, quiero destacar y comentar una idea, que creo no equivocarme al afirmar que es el centro neurálgico de su pensamiento-acción y cuyo acierto y oportunidad comparto. No voy a hacer un reportaje de su conferencia, sino una reflexión muy personal. La idea se resume en el título de esta entrada. Parto del supuesto, que considero poco cuestionable, de que en España la democracia todavía no está plenamente desarrollada, aunque quiero pensar que estamos en ello y que iremos avanzando, como lo han hecho muchos otros países.

 

Somos todavía una joven democracia que aún no se ha despojado del lastre psicológico del  pasado y todavía conserva bastantes vicios ocultos y complejos sin superar. A muchos españoles les cuesta tomar conciencia de lo que significa la ciudadanía democrática y actuar en consecuencia. Piensan que ya es bastante democracia el poder votar a quienes desean que les gobiernen. Acuden a las urnas y pagan sus impuestos, dando con ello por satisfechos sus derechos y deberes democráticos. Una vez elegidos sus representantes, éstos ya se encargarán de todo. Hasta aquí llega para ellos el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que constituye, en palabras de Abraham Lincoln que hago mías, la esencia de la democracia. Ignoran o quieren ignorar mayores complicaciones.

 

Diríase que para muchos es casi imposible quitarse de encima el espíritu de súbditos para pasar al de ciudadanos. Aquí, el que manda, manda, por mucho que sea elegido por mayoría. Con los votos se le entrega a un tipo una carta blanca para hacer y deshacer lo que bien le parezca, aunque, desde su legítima pero excesiva autonomía de poder, ignore sus propios programas electorales y las inquietudes y demandas reales de la sociedad. Nos cuesta ver a los gobernantes como empleados públicos a nuestro servicio, a los que elegimos y pagamos para gestionar nuestros intereses comunes, no los suyos propios. Parece como si, paradójicamente, en nuestra pueril democracia, fuésemos a las urnas para escoger democráticamente a quienes queremos que sean nuestros dictadores.

 

La democracia representativa es necesaria, porque la democracia directa es una quimera en una nación con decenas de millones de habitantes. Eso sólo es posible en pequeños municipios o pedanías que funcionan en régimen de concejo abierto. Pero no sólo es factible, sino necesario y urgente, que la sociedad española vaya evolucionando hacia una democracia cada vez más participativa. No basta votar y dejar hacer. Un pueblo que desee vivir en democracia tiene el derecho y el deber de hacerse presente de forma activa en la gestión de los diversos intereses que se conjugan en todos los terrenos de la vida pública. La pasividad en estos asuntos conduce a autocracias de hecho. Pocos políticos, aunque lo digan, miran con aprecio y promueven esta movilización social.

 

Tenemos una democracia todavía muy poco democrática. La estructura de la mayor parte de los partidos políticos es demasiado monolítica, piramidal y autocrática, cuando no feudal, ya que no celebran elecciones primarias para elegir a sus líderes. Para una vez que el PSOE las convocó, el candidato elegido por las bases, José Borrell, fue apartado de un plumazo y sustituido por Zapatero. Los candidatos acaban siendo productos de marketing muy alejados de la ciudadanía real. Ni nuestros congresistas, ni nuestros senadores, representan hoy por hoy, la soberanía popular directa de la gente de sus demarcaciones territoriales, como sucede en otros países. Menos participación tenemos todavía respecto a los jueces y fiscales, en cuya elección no intervenimos para nada.

 

Siendo importante todo lo anterior, aún lo es más la participación ciudadana directa a través de mecanismos de base. Es cierto que muchos avances enumerados en el párrafo anterior exigirían modificar diversas leyes e incluso la Constitución. Si alguna vez se abre un proceso constituyente para modificar nuestra Carta Magna, debería ser para mejorar estos asuntos esenciales para avanzar en la democracia y no para legitimar pretensiones ideológicas y políticas radicales y/o sectarias de ciertos lobbies. Pero no es necesario esperar a que se establezca ningún nuevo marco jurídico para que los ciudadanos tomemos conciencia de serlo y nos involucremos en la dinámica social. Basta abandonar la mortal comodidad de dejarse llevar y ponerse manos a la obra.

 

Hemos de aprender a percibirnos a nosotros mismos, no como objetos pasivos de la actividad política, sino como sujetos activos de la misma. Cierto que hemos de escoger cuidadosamente a nuestros representantes y gobernantes, fijándonos en quiénes son y qué hacen, no en lo que parecen o lo que dicen, pero no podemos esperar de ninguno de ellos que nos vayan a solucionar todo, todo y todo. No creo en el “Estado del Bienestar”, ese “Estado Padre” que monopoliza las soluciones a las cuestiones sociales. Creo más bien en una “Sociedad del Bienestar”, en la que la persona es la protagonista, debiendo asumir el Estado la promoción y coordinación subsidiaria de la iniciativa social. No está hecho el Hombre para el Estado, sino el Estado para el Hombre.

 

Lo que quiero decir, en suma, es que no creo en la capacidad de las superestructuras de poder, por mucho que cambien, para conseguir un verdadero avance social ni un progreso genuinamente humano. Eso sólo pueden hacerlo las personas, los ciudadanos libres, conscientes y activos, mediante una sabia elección de sus gestores políticos y a través de la participación responsable y directa, a través de asociaciones, plataformas, comunidades y redes sociales, en la generación de su propio bienestar social y en la defensa de sus intereses, necesidades y aspiraciones. Ojalá las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía se hubiesen diseñado para formar este tipo de ciudadanos libres, comprometidos y activos, y no para el mero adoctrinamiento sectario socialista.

Santa Constitución, virgen y mártir

 

 

No iba a escribir nada sobre el tema, para no cansar a los lectores, ya atiborrados estos días con noticias y artículos sobre la celebración del XXX aniversario de nuestra Constitución pero, vistos los “preparativos mediáticos” con que las fuerzas políticas están abonando el terreno para la fiesta, no puedo callarme. Está claro que este evento  quieren aprovecharlo muchos políticos para abrir o intensificar un debate que podemos resumir en la siguiente pregunta: ¿Todavía sirve nuestra Constitución de 1978 ó, por el contrario, hay que modificarla, ampliarla y/o cambiarla? Desde diversos medios de comunicación, sobre todo los más afines al PSOE, se está transmitiendo a la opinión pública la idea de que lo más lógico es lo segundo. Para muchos, el trigésimo cumpleaños del texto constitucional quiere ser una liturgia solemne de su pasión y muerte.

 

Sin embargo, a mí el texto me gusta como está. O casi. Diciendo esto no quiero afirmar que esta Constitución, ni ninguna otra, sea una Biblia repleta de dogmas intocables. Sin duda, podría mejorarse, como todo texto pactado y redactado por seres humanos. Pero mucho me temo que las voces que se alzan por doquier reclamando cambios y reformas, no solicitan modificaciones que vayan a mejorarla. Hace unos días, Rodríguez Ibarra decía en ese programa televisivo en que los micrófonos suben y bajan, que en los primeros momentos de la transición, cuando se redactó y refrendó la Constitución, las diversas fuerzas políticas, en realidad, no renunciaron a nada, sino que se limitaron a guardar temporalmente en un cajón sus posiciones más extremas. Creo que así fue.

 

Todos los “padres” de la Constitución, fuesen republicanos, monárquicos, derechistas, izquierdistas o nacionalistas, conocedores del delicado momento en que se encontraban, con una democracia recién nacida y sin consolidar, con riesgo de involución si se iba muy lejos demasiado rápido, optaron por “conformarse” con una Constitución que, si bien no respondía a todas sus aspiraciones, iniciaba un camino que, con el tiempo, les permitiría algún día, con la evolución del nuevo régimen democrático, desenterrar sus hachas de guerra y “sacar del cajón” todo aquello que, por interesada prudencia, habían guardado. Esta táctica a largo plazo nos introdujo a casi todos en el espejismo de ese buen espíritu de entendimiento y olvido del pasado que se llamó “espíritu de la transición”.

 

En aquellos momentos, sólo un gran partido de centro, como la UCD de Adolfo Suárez, era capaz de sostener tan precario equilibrio entre extremos. Pero, conforme la democracia fue adquiriendo solidez y el fracaso del 23-F de 1981 aminoró los miedos a una involución, las fuerzas políticas de derecha e izquierda fueron poco a poco sacando sus hibernados proyectos y la vida política volvió a polarizarse en torno a las vetustas izquierdas y derechas, todavía con tímidas ubicaciones de “centro-izquierda” y “centro-derecha”. UCD y su pálido sucesor CDS, desaparecieron del mapa, mientras el PSOE y AP (hoy PP) resucitaron el antiguo bipartidismo de las dos Españas que, acompañado en su camino por otros partidos más pequeños, nacionales o nacionalistas, haciendo de interesadas bisagras, ha llegado hasta nuestros días.

 

Muchos fuimos los jóvenes entusiastas de aquel esperado cambio, cuyas emblemáticas canciones “Libertad, libertad, sin ira libertad” y “Habla, pueblo habla”, tarareábamos. Fuimos tan bienintencionados como inocentes al pensar que las rencillas del pasado, los odios fratricidas y los extremismos radicales habían desaparecido para siempre en un gran proyecto en el que todos renunciamos un poco en pro de un bien mayor, nada menos que la convivencia en paz y libertad. Ignorábamos que aquellas encomiables renuncias y perdones mutuos no eran sino actitudes provisionales, parte de una estrategia política, y que muchos de aquellos partidos trazaron inmediatamente planes a largo plazo para volver a las andadas de forma progresiva, pero implacable.

 

En estos treinta años, el socialismo real marxista, que fue provisionalmente sustituido por la “socialdemocracia”, ha ido desarrollando sus verdaderos proyectos, de la mano del PSOE, hasta el punto de dejar fuera de juego a la extrema izquierda protagonizada inicialmente por el PCE (hoy integrado en IU), camuflado entonces tras el extraño invento del “eurocomunismo”. Muchos partidos nacionalistas, que nunca se conformaron del todo con la vertebración autonómica diseñada en la Constitución, han ido aprovechando su presencia en un Parlamento bipartidista con quasi-eterna necesidad de apoyos, para exigir y conseguir poco a poco sus auténticas reivindicaciones, hasta llegar al abierto secesionismo actual. El único que ha ido renunciando, entre complejos, vaivenes y escaramuzas internas, a muchos de sus principios y valores originales, ha sido el PP.

 

El progresivo destape de los proyectos marxistas, laicistas, republicanos y separatistas, es el que está convirtiendo a la pobre Constitución de 1978 en papel mojado. Apenas  le queda alguno de sus preciosos artículos que no haya sido cuestionado, retorcido o abiertamente vulnerado por la puerta trasera. Por ahora, ningún gobierno se ha atrevido a abrir un proceso constituyente, que es la forma legal establecida para modificar la Carta Magna, que exige la disolución de las Cortes, la convocatoria de elecciones constituyentes, la formación de un Parlamento “ad hoc”, el refrendo del posible nuevo texto en referéndum universal, una nueva disolución de las Cortes, otras elecciones generales y la constitución de nuevo gobierno según los resultados de las urnas.

 

Arriesgada faena para unos partidos políticos tan igualados en apoyo electoral. Por eso, hasta ahora, han preferido convertir a la Constitución Española en “virgen y mártir”. Virgen, porque muchos de los principios y derechos en ella recogidos jamás se han aplicado y permanecen “sin tocar”. Mártir, a base de todo tipo de torturas: el descoyuntado de varios artículos a base de forzar su interpretación, la desmembración haciendo caso omiso de otros y la lapidación a golpes de BOE. Nadie, ni siquiera un Parlamento democráticamente constituido y menos todavía un gobierno, por muchos votos que tenga, está legitimado para vulnerar a su antojo ni un ápice del texto constitucional, norma de todas las normas. Sin embargo, muchas leyes hoy vigentes son abiertamente inconstitucionales y casi nadie parece mover un dedo al respecto.

 

Creo que nuestra Constitución está bien como está. Mis razones son muchas, pero sólo citaré aquí la que me parece más preciosa y fundamental: Su equilibrio. Monarquía, sí,  pero parlamentaria; Integridad territorial, sí, pero vertebrada en autonomías; Principios comunes, sí, pero pluralidad y respeto a las diferencias… Y lo mismo con todas las realidades que conforman la nación española, conjugando tradición y modernidad, unidad y diversidad, libertad e igualdad. Nuestra Constitución de 1978 puede ser mejorada, seguramente, pero es una magnífica y ejemplar Carta Magna para cualquier país que quiera vivir en paz y en libertad, sin extremismos fanáticos y sin radicalismos destructivos. Si la Constitución va a ser despojada de su capacidad para compaginar los intereses y aspiraciones de todos, es mejor que el día seis no celebremos nada.

 

 

Enlaces a otros artículos relacionados que recomiendo:

 

¿Puede una virgen ser abuela?, por Alejandro Campoy

30 años incumpliendo la Constitución: ¡¡¡Felicidades!!!, por Miguel Vidal

¡Viva la Constitución!, por Jose Domingo

 

 

 

 

 

La EpC, muerte política para el Partido Popular

 

 

Por desgracia, todavía muy poca gente es consciente de lo que está en juego con la imposición de las asignaturas que conforman la EpC. Ya se ha hablado en estos y otros foros –yo mismo lo he hecho– del atentado que supone contra la libertad ideológica y religiosa y contra el derecho de los padres a decidir sobre la línea educativa que desean para sus hijos. Hemos repetido hasta la saciedad que supone una intromisión anticonstitucional en las conciencias de los estudiantes y un adoctrinamiento descarado en la línea ético-moral concreta y sectaria del socialismo real y laicista, que no laico ni aconfesional, del PSOE. También hemos advertido de que, con esta y otras prácticas políticas, están conduciendo a España a un modernizado totalitarismo de Estado, cada vez menos disimulado.

 

Por otra parte, muchos hemos lanzado voces de alarma y de queja a los partidos de la oposición, especialmente al más grande (por ahora), que es el Partido Popular. Les hemos pedido, casi rogado, que se dejen de discursitos y que actúen con decisión y eficacia ante este gravísimo atropello, que se dejen de complejos y que se comporten como un partido con principios definidos y con responsabilidad democrática, tanto a escala nacional, como a nivel de las autonomías en las que gobiernan. Llevamos muchos meses clamando para que, ya que no se apercibieron al principio de la importancia del asunto, craso error recientemente reconocido por Esperanza Aguirre, y ya que no presentaron a tiempo una mocion de inconstitucionalidad, al menos reconozcan de modo efectivo la objeción de conciencia en las Comunidades que gobiernan.

 

Ante toda esta presión y pese a que los Juzgados y Tribunales Superiores de Justicia se decantan mayoritariamente a nuestro favor, sólo hemos recibido palabras, discursos y declaraciones. Pero muy pocos hechos, aislados y descoordinados, muchas veces mediocres y, en algún caso, más entorpecedores que otra cosa. Están convencidos y seguros de que “los cuatro votos” que puedan perder por su escora ideológica y su abandono de los objetores de conciencia los van a recobrar con creces entre los descontentos del PSOE. Creen que las baronías de sus taifas están aseguradas para siempre con el voto útil conservador contra el PSOE que ellos concentran. Creen que la incompetencia del PSOE frente a la crisis económica les va a servir en bandeja la alternancia de poder.

 

El PP se equivoca. Dejo aparte, un momento, su responsabilidad ético-social y su errada táctica de caza de votos, para apelar a sus propios intereses de partido. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que el PSOE, con su EpC, va a conseguir perpetuarse indefinidamente en el poder, implantando el chip prosocialista en todos los jóvenes cerebros españoles? ¿No sabe que, en la mayor parte de los libros y clases de EpC, el PP está siendo vapuleado ante las conciencias de todos los estudiantes españoles y presentado ante las nuevas generaciones como una reliquia, como algo que representa el pasado totalitario, como un residuo del franquismo que hay que eliminar? ¿Ignora que el PSOE, sus líderes y sus máximas ideológicas, están siendo presentados a millones de niños y jóvenes españoles como la única opción positiva posible de futuro?

 

¿Acaso desconocen que ejércitos de profesores de EpC están siendo formados por sus mayores enemigos, cuya máxima diversión consiste en ridiculizar y demonizar al PP y a todos sus líderes y partidarios? ¿No se aperciben de que la EpC está creando toda una generación de nuevos ciudadanos enemigos del PP y entregados al PSOE y a sus postulados ideológicos? ¿Cómo no se dan cuenta de que el rodillo que los socialistas están pasando por las escuelas e institutos va a dejar al PP fuera de juego quizá para siempre? Vista la inactividad, la debilidad, la mediocridad, la descoordinación y los complejos con los que los populares se están dejando colar semejante golazo, me temo que las respuestas a mis preguntas son negativas. La Educación para la Ciudadanía es el cadalso que el PSOE les ha preparado y ellos, por lo visto, ni se enteran.

 

Por eso, señores y señoras dirigentes del Partido Popular, si no quieren luchar con todas sus energías contra la EpC, si no quieren pelear en cuantos tribunales haga falta por la continuidad de nuestras libertades fundamentales constitucionales, si están dispuestos a vender su alma al diablo y no plantar cara a la imposición del socialismo real laicista, si sus intereses de poder regional les impiden adoptar acciones coherentes, unificadas y coordinadas, si les importa un carajo perder los votos de unas decenas de miles de objetores de conciencia a los que apenas ofrecen más que buenas palabras y palmaditas en la espalda, al menos sean despabilados y pónganse las pilas urgentemente en defensa de la existencia y persistencia futura de su propio partido.

 

¡Ahora o nunca, líderes del PP, AHORA o NUNCA! Ya han dejado pasar demasiado tiempo y muchas oportunidades. Ya han soltado bastantes discursos y realizado bastantes maniobras de despiste. No hay tiempo para más de lo mismo. Déjense de componendas y adopten de inmediato medidas concretas para apoyar la objeción de conciencia y para borrar del mapa educativo ese panfleto propagandístico que el PSOE ha impuesto en las escuelas. Reconozcan unánimemente la objeción de conciencia allá donde gobiernan y utilicen todos sus medios legales para afrontar los inevitables recursos que los socialistas y sus adláteres sindicalistas e ideológicos alzarán ante los tribunales. Ayúdennos a defender nuestros derechos, con todas sus fuerzas legítimas, y pronto descubrirán que, al mismo tiempo, estarán defendiendo sus propios intereses de partido.

 

 

 

“La Ola” o cómo volver al totalitarismo

 

 

He tenido la suerte de poder asistir al preestreno de La Ola, película alemana que, ya de entrada y sin dudarlo, recomiendo a todos que la vean, mejor si tienen madurez suficiente para no malinterpretarla, quizá a partir de unos 14 años de edad. Dirigida por Dennis Gansel, comprometido cineasta alemán, conocido por su también imprescindible Napola (2004), con guión del mismo Gansel y Peter Thorwarth, extraído de la novela homónima de Todd Strasser (1981), se basa en hechos reales acontecidos en 1967 en un Instituto de Palo Alto (California). Al parecer, un profesor de Historia, Ron Jones, para responder a sus alumnos a la pregunta de cómo pudo ser posible la pasividad del pueblo alemán ante las atrocidades del nazismo, llevó a cabo en sus clases una ocurrente y dramática experiencia pedagógica, en la que se inspiró la novela y ahora la película.

 

Gansel escenifica aquel suceso en un grupo de adolescentes de un instituto de la Alemania actual. El profesor encargado de un seminario sobre autocracia es, en esta ocasión, el que pregunta a sus alumnos si consideran posible el retorno de una dictadura totalitaria y, frente a la seguridad con que los jovencitos responden que no, les propone el osado experimento. Iniciado éste, el docente va reproduciendo en sus clases todos los elementos que fueron capaces de conducir a la gente normal a mirar hacia otro lado, e incluso participar en muchos casos, ante los horrores del III Reich. Los alumnos, inicialmente escépticos y reticentes, con inusitada rapidez y casi sin darse cuenta, los van asumiendo con absoluta inconsciencia y entusiasmo. Muy pronto son ellos mismos quienes inventan nuevos pasos a seguir, superando las previsiones del profesor.

 

El docente propone su experimento como un juego y convoca la elección democrática de un líder. Tras un interesante tanteo de candidatos, es el profesor quien resulta elegido. Los pasos sucesivos son de máximo interés, no pierdan detalle. Una vez “en el poder legítimo”, el profesor cambia su actitud jocosa por un papel autoritario e impone medidas disciplinarias: Silencio, postura quieta y erguida en la silla, pedir permiso y ponerse en pie para hablar… Con la simple explicación de que todo eso es bueno para el organismo, acalla las protestas. Usando la misma bondadosa excusa exige comenzar las clases haciendo un ejercicio: Marcar el paso al estilo militar, añadiendo el astuto argumento de que, con el estruendo del pateo simultáneo, molestan a “los de abajo”. No es casualidad que “los de abajo” sean otro grupo que sigue un seminario sobre anarquía. Los alumnos, divertidos y entregados al jueguecito, sorprenden al profesor tomando la iniciativa de ponerse en pie y cuadrarse cuando entra en clase.

 

La experiencia que pone en práctica el profesor trata, sobre todo, de demostrar la potencia intrínseca e irracional de un grupo rígidamente adoctrinado, disciplinado, organizado y cohesionado. El líder electo, convertido ya en dictador populista, propone la necesidad de escoger un nombre que identifique al grupo. Los alumnos hacen  propuestas y él va anotando las ideas en la pizarra. Todas menos la de una alumna que, desde el principio, muestra señales de “disidencia”. A esta inteligente y librepensadora jovencita, ni caso. Al final, queda fijado un nombre: “La Ola”. El docente propone el uso de un “uniforme” que los distinga -tan sólo camisa blanca y vaqueros- y designa a un alumno poco aceptado, pero que sabe dibujar, para que diseñe el logo grupal. Creo que es éste mismo muchacho quien inventa un saludo propio del grupo, un movimiento de brazo, parodia de gesto militar, que enseguida es acogido y utilizado.

 

Con toda esta parafernalia simbólica, el profesor-dictador consigue que se sientan un nosotros en oposición a los otros. Cuando, en una situación de acoso, se defienden entre ellos, todos, especialmente los más débiles, saborean una sensación de seguridad que desconocían. Las reticencias iniciales desaparecen. Los disidentes son expulsados del grupo y su libertad de expresión entorpecida y secuestrada. Sin la camisa blanca y el saludo de rigor, se está mal visto y excluido de fiestas y actividades. Los militantes llenan el instituto y la ciudad de pegatinas y pintadas con su logo. Los alumnos de otros grupos, incluyendo varios del seminario sobre anarquía, se apuntan a La Ola. Los que no caben o son de otros cursos, se convierten en “simpatizantes”. Muchos compañeros del instituto, aun sin comulgar con el asunto, se adhieren a la movida, en cuanto se dan cuenta de que “conviene”. El grupo ya se ha convertido en un “movimiento”, que arrastra poco a poco a casi todo el alumnado.

 

El profesor, gracias a la ayuda de su esposa y de su alumna disidente, verdadera y heroica protagonista de la historia, adquiere consciencia del monstruo que ha creado, que ya amenaza con sobrepasar los muros del instituto y convertirse en un nuevo movimiento neonazi a gran escala, reconoce que su experimento se le ha ido de las manos y concluye que debe detenerlo de inmediato. Ante el alcance de lo ocurrido, el arrepentido profesor decide poner fin a la locura conduciéndola al máximo extremo, con la esperanza de que los alumnos perciban hasta dónde son capaces de llegar por la manipulación, se horroricen, se avergüencen, reaccionen y aprendan la lección. Para ello, convoca una masiva reunión de miembros y simpatizantes de La Ola, en la que los exalta al máximo con un enfervorizado discurso, con el que consigue que el grupo se lance literalmente al linchamiento físico de un “traidor” al glorioso proyecto.

 

En ese momento, el profesor detiene todo en seco, trata de hacer ver a sus alumnos que el experimento ya ha contestado a sus dudas y les abre los ojos a la barbaridad a la que se han dejado arrastrar. Todos parecen confundidos, como despertando de un extraño sueño, y poco a poco, a distintos ritmos, van asimilando la realidad. Unos ocultan su rostro con las manos, otros niegan con la cabeza, otros lloran, otros miran sin salir de su asombro. Pero el alumno más fanático, un chico que antes del experimento era el hazmerreír de todos y que idolatraba a ese movimiento que le había otorgado seguridad y autoestima, un desequilibrado muchacho que había confiado todas sus esperanzas a aquella locura y a su líder, no puede tolerar que su sueño se esfume de repente. El muchacho, enloquecido, saca una pistola que lleva consigo y… Vayan a ver la película.

 

Un sencillo, pero intenso y trepidante drama, que incluye una buena lección para todo aquel que quiera aprenderla. Al igual que La vida es bella o El niño con el pijama de rayas, La Ola no es “otra peli de nazis”. Es bastante más que eso. Nos presenta, de modo simplista, pero más claro que el agua, cuáles son los métodos utilizados por los dictadores modernos para implantar sus autocracias totalitaristas partiendo de una legitimidad democrática y desarrollando después sus verdaderas intenciones mediante estrategias en apariencia inocentes y bondadosas. Caminos que la Humanidad ha recorrido una y otra vez, por lo visto sin aprender nada. Sociedades enteras hipnotizadas y aborregadas, tan contentas con sus populistas líderes, sin mover apenas un dedo hasta que, cuando la verdad sale a la luz, siempre es demasiado tarde. La Ola nos enseña, nos advierte y nos muestra los indicadores que pueden ayudarnos a detectar y evitar, incluso en el S. XXI, la sutil imposición de nuevos totalitarismos.

 

 

Enlaces:

 

¿Será posible otra dictadura en España? Por Elentir. 

Shakespeare and Company contra Cervantes

 

(Publicado en en diario Las Provincias de Valencia el 02-12 2008)

 

 

Somos muchos quienes lo pensamos, pero alguien tiene que decirlo: Estoy hasta las narices del inglés. Y para que nadie se llame a confusión, quede claro que, con este artículo, no me estoy alineando a favor de la movida orquestada en Valencia en contra de la impartición de la Educación para la Ciudadanía en esa lengua, ya que a la mayor parte de los instigadores de esa “causa”, por mucho que traten de camuflar sus motivos con otros argumentos, les importa un bledo el tema del inglés. Es una movilización a favor de que la EpC se imparta según el más puro estilo deseado y diseñado por el PSOE y su izquierda radical. Punto, aparte y a lo que voy.

 

De lo que estoy harto, es de la colonización cultural y lingüística anglosajona de la que estamos siendo víctimas, el mundo en general y España en particular. Me repugna la invasión de barbarismos –que así se llaman las palabras importadas de otros idiomas- que anegan nuestro habla popular, como si la lengua de Cervantes fuese tonta. La lista, sólo de gerundios, sería interminable: Parking, camping, footing, lifting, marketing, casting, zapping, merchandising, ranking, y hasta el arriesgado híbrido anglo-español “puenting”. No te digo la de sustantivos: Snack, pub, ticket, spray, brick, pack, blister, chat, stock, copyright, cutter, software y hardware, set, stand, blog…

 

Es una clásica y venerable aspiración de muchas personas, desde hace generaciones, la creación y aprendizaje de un idioma universal común, que diluyera fronteras y facilitara el entendimiento entre todos los seres humanos. Un bonito sueño que quiso plasmarse en diversos intentos, el más conocido de ellos el del polaco Dr. Zamenhof con su sincrético y todavía vivo “esperanto”, idioma no difícil de aprender, que ha recibido diversos e importantes reconocimientos y por el que muchas personas y asociaciones siguen luchando. Una encomiable iniciativa que quizá, con más apoyo por parte de todos, podría salir adelante.

 

Pero la partida iba a ganarla y la ha ganado, como siempre, el más poderoso. Hoy toda Europa clama para que todos los niños aprendan inglés en la escuela. La colonización universal por ese idioma se da por hecho. No hay vuelta atrás. El inglés manda y nosotros obedecemos. ¿Cómo vamos a ir por el mundo sin él? Las voces críticas han desaparecido ante lo que, habiendo sido evitable, parece que ya no lo es. Diríase que ya nadie duda de que sea justo y necesario tragarse la lengua de Shakespeare. Yo sí lo dudo, que por eso y para eso existo. Necesario, será, porque el “espiquinglis” ha conseguido imponerse, pero justo, pues va a ser que no.

 

Por todo ello, no puede dejar de sorprenderme que en varias comunidades autónomas de España ya no haga falta saber castellano, es más, llegue a ser un delito usarlo y una odisea aprenderlo, pero eso si, como no chapurrees el inglés eres un paleto oficial. Me pregunto dónde estarán los activistas antiglobalización: ¿Haciendo surfing “over the sea” con Bill Gates? ¿Cómo hemos dejado entre unos y otros que las “windows” de Microsoft nos hayan convertido a todos en “brothers” de ese Gran Hermano angloparlante?

 

Un gran país como España, que tiene como lengua oficial un idioma romance propio, con una capacidad expresiva y una riqueza de matices como pocos, que ha generado una historia literaria única en el planeta y cuyo número de usuarios está a punto de superar al de angloparlantes en el mundo, está dejando que el castellano se pierda, asfixiado tras las respetables lenguas cooficiales, también bellísimas y merecedoras de conservación, promoción y uso, pero minoritarias, y por la introducción masiva del puñetero inglés “comeculturas”.

 

Nos vamos a encontrar, en un futuro no muy lejano, con la vergonzosa paradoja de que, cuando en medio mundo se hable español, en media España tal idioma sea una reliquia desconocida. Nos empeñamos en meter a todos el inglés con calzador, porque hace falta para entenderse en medio mundo, pero desdeñamos un idioma común nuestro, hablado casi ya en el otro medio mundo occidental. Si alguien quiere aprovechar la devaluación del dólar frente al euro y escaparse a Nueva York, que no se preocupe, allí se habla castellano.

 

La mitad de los futuros españoles –no sé si aún se les podrá llamar así- sabrán muy bien su lengua autonómica y muy mal el inglés, porque si no se viaja no se aprende, aunque la escuela se empeñe, pero no sabrán ni papa de castellano. Para poder entenderse por una buena parte del mundo, tendrán que ir a estudiar español al “extranjero”, esto es, a Salamanca, o a Nueva York. Shakespeare & Company le están ganando el partido a Cervantes, en su propia casa y con la afición y el árbitro a favor del visitante. ¿Cuándo se ha visto semejante necedad cultural en la Historia? Tanta estupidez abruma.

 

  

 

El último voto

 

No quiero que nadie piense que me las doy de crítico cinematográfico, porque no lo soy en absoluto. Soy un simple y empedernido aficionado al cine, con la deformación profesional de extraer lecciones pedagógicas de casi todo. Por eso me atrevo, sin pretensiones, pero sin complejos, a comentarles algo sobre un film a cuyo preestreno acudí recientemente en Valencia. Se trata de la película “El último voto”, dirigida por Joshua Michael Stern (también coautor del guión) y protagonizada por Kevin Costner y una genial actriz preadolescente, aunque un tanto pedante (más bien muy pedante) al menos en su personaje, Madeline Carroll.

Fui al cine con mi esposa y unos amigos, que hemos formado un pequeño “club de cine gratis”: Unos a otros nos avisamos cuando algún periódico, emisora o empresa regala entradas para preestrenos y rápidamente acudimos a la caza de todos los tickets posibles. Esta práctica nos ha permitido ver centenares de películas, “por el morro”, en los últimos años. Lo bueno es que vas al cine gratis y de vez en cuando ves alguna peli potable. Lo malo es que, muchas veces, te tragas unos bodrios de muerte. Con “El último voto”, me quede sorprendido de que no le hubiera agradado a ninguno de mis acompañantes y que a la salida, en los inevitables comentarios, me dejasen sólo con mi opinión positiva.

A decir verdad, el film no es para echar las campanas al vuelo, ni tampoco consigue eludir el implacable adjetivo de “americanada”. También es cierto que el supuesto sobre el que el guionista traza su historia es muy artificioso: En unas elecciones presidenciales en EEUU los resultados quedan tan igualados que, al final, la elección del nuevo presidente queda en las manos de un único votante, debido a un fallo eléctrico en el ordenador electoral, en el que, por cierto, es la concienciada ciudadana hija la que intenta votar ante la indolencia paterna. Muy forzado, sin duda, pero no olvidemos que en la pugna Al Gore-George W. Bush la victoria final, polémica y discutida, la obtuvo el segundo con una diferencia mínima extraída de un pequeño grupo de votantes.

Tampoco voy a negar que a la cinta le sobran minutos y le falta hilazón argumental en varios momentos, sobre todo en el desenlace final. Resulta poco creíble que el protagonista, un desaliñado, anárquico e inculto “caravanista” norteamericano, que en toda su vida jamás le ha preocupado para nada ni su país, ni la política, ni otra cosa que no sea arrastrar su vida por el camino más dejado, cómodo y descomprometido, de repente nos largue un discurso sociopolítico con la misma soltura que un Luther King cualquiera, por mucho que su hipermadura hijita y la guapa periodista afroamericana de turno le hiciesen de improvisados asesores.

Pero yo, que no cedo mi brazo a torcer con facilidad, sigo diciendo que me gustó, pese a todo. La truculenta trama argumental le ha permitido al guionista-director presentar algunos tramos de película tan significativos como hilarantes. Que conste que mis amigos también se reían, aunque me lo nieguen después, cuando la película iba mostrando los continuos y grotescos cambios de posiciones políticas que los candidatos y sus asesores hacen para ganarse el disputado voto del Sr. Bud Johnson, que así se llama el “ilustre” sujeto que acaba teniendo a su alcance la decisión del futuro de los EEUU (y de medio mundo, claro).

Casi me troncho viendo a los republicanos anunciando e iniciando medidas típicamente demócratas y a los demócratas haciendo lo mismo con las tesis republicanas, bailando al son de cualquier frase dicha al azar y sin conocimiento de causa por el “último votante”, cuyas supuestas aficiones y posturas son analizadas por los servicios de información de ambos partidos. Los republicanos defendiendo temas medioambientales y a los homosexuales, los demócratas atacando el aborto y tomando medidas contra los inmigrantes… Toda una serie de despropósitos y cambios de chaqueta ideológicos marcados por el único interés de hacerse con el voto que les falta para alcanzar el poder.

Una pérdida de los supuestos principios de cada partido, que no sólo acaba metiendo en crisis al esquema político estadounidense, sino que lleva a los respectivos candidatos, una vez perdido el rumbo hasta el absurdo, a plantearse el dilema moral de su propia incoherencia personal. Célebre la tremenda bofetada que la esposa del candidato demócrata le sacude a su marido cuando se entera de sus traiciones a sus ideales. Un cómico, pero satírico y crítico alegato contra la mercantilización de las ideas en favor del ansia de poder. ¿Cómo no me iba a gustar una película que pone en solfa ese tipo de cosas? ¡Pues claro que sí, hombre!

No le pidan mucho más a la peli. Si acaso, en el inverosímil discurso final que Kevin Costner larga en un debate que convoca entre los dos candidatos para que respondan a sus preguntas, pese a su sosa ración de “americanismo” y su muy discutible alegato sobre “los grandes hombres” que necesita su país y la Humanidad entera para regir sus destinos, hay algo más que me gustó. Se trata del hecho de que, el hasta ese momento irresponsable ciudadano, se arrepiente de algo importante: Haberse limitado toda su vida a “coger” de su país lo que le ha dado la gana, sin haber aportado jamás nada de sí mismo. Interesante lección, creo yo.

Dejad en paz el Santo Cáliz

 

(Publicado, algo más reducido, en el diario Las Provincias de Valencia del día 14-11-2008)

 

No me agrada lo más mínimo el nuevo cariz que está tomando la presencia del Santo Cáliz en la Catedral de Valencia. Desde que llegó a su ubicación actual, esta reliquia tan querida por los valencianos ha permanecido en humilde y respetuosa exposición y utilización litúrgica, muy bien custodiada, honrada y estudiada por su Cofradía y por el Arzobispado, expuesta a los fieles en su pequeña, bonita y austera capilla lateral, con una moderada apertura a turistas y curiosos. La preciosa copa de cornalina siempre ha sido muy venerada y apreciada y su historia está bien documentada. Los estudios científicos no han conseguido demostrar sin lugar a dudas que éste sea el cáliz que Cristo utilizó en la Última Cena o, menos aún, ese supuesto Santo Grial en el que alguien recogió la Sangre de Jesús Crucificado. Lo que sí han demostrado, de modo fehaciente, es que no existe razón alguna para que no lo sea, lo cual es ya un gran paso hacia su autentificación. Pero no es ésta la cuestión que quiero comentar.

 

El problema, que veo venir tras el reciente Congreso, es que esta apreciada reliquia sea obligada a abandonar su actual estatus de discreta presencia y se convierta en objeto de culto desmesurado, peregrinaciones masivas, milagritos de turno, curiosidades malsanas, literatura basura, misterios inventados y mercadeo de réplicas. Todos conocemos la interminable serie de noveluchas y películas sensacionalistas, repletas de códigos indescifrables, sociedades ocultas, supuestos engaños y secretos de la Iglesia, manuscritos apócrifos, caballeros templarios, logias masónicas y santos griales, que están tan de moda. Hoy en día, para escribir un best seller, basta inventarse un buen enredo combinando este tipo de elementos, de forma que la Iglesia Católica salga lo más malparada posible, y el éxito está servido. Menos mal que la gente ya empieza a cansarse de tanto argumento repetitivo y comienza a no hacer ni caso a esas tonterías.

 

La humilde presencia en Valencia de nuestro querido Santo Cáliz, acaba de romperse. No es que me parezca mal que se profundice en su estudio, ni que se otorgue el valor que merece a la que podría ser la más importante de cuantas reliquias existen, a la par con la Sábana Santa de Turín. Lo que me temo, y me da pena, es que el Cáliz se convierta en una nueva fuente de inspiración para la incansable horda de cazatesoros e indianajones que ha tejido toda esa absurda y falsa, pero muy lucrativa, red de misteriosas historias de investigadores buenos y curas malos, de pasadizos escondidos, códices encriptados, prioratos iniciáticos, sectas inexistentes e inconfesables secretos. Nada puede ser más atractivo para esa desaprensiva nube de carroñeros que la puesta en el candelero de nuestro Santo Cáliz. ¿Cuántos de ellos estarán ya pergeñando sus engañifas literarias, inventando subterráneas redes de túneles bajo la Catedral y toda una biblioteca de documentos ignotos y escandalosos que la Iglesia esconde?

 

Ya se han alzado voces en contra de la Iglesia sobre sus derechos de propiedad del cáliz y no tardarán en invadir nuestra ciudad colas de curiosos a hacerse la foto junto a la “misteriosa copa”, como sucede con la pequeña pirámide de piedra colocada bajo su homóloga invertida de cristal, en el Museo del Louvre de París, bajo la cual se le ocurrió ubicar al astuto Dan Brown nada menos que la secretísima tumba de María Magdalena. Yo no sé a ustedes, pero a mí no me apetece nada que, de repente, comiencen a salir como setas nuevos “Códigos da Vinci” que ensucien la amorosa y sencilla reverencia que hasta ahora ha recibido nuestro apreciado Santo Cáliz. Como tampoco me agradaría nada que los alrededores de la Catedral se llenasen de souvenirs de la reliquia, con sus insoportables y horteras réplicas baratas, repletas de lucecitas y adornitos de plástico. Nuestro entrañable Santo Cáliz está muy bien como ha estado hasta ahora. Estúdienlo todo lo que quieran, pero respétenlo y déjenlo en paz donde está, por favor.

 

Escándalo en Tierra Santa

 

Me veo obligado a medio copiar el título del célebre libro de Jose María Gironella para titular esta entrada.  Como podrán comprender, siendo católico, me siento muy apenado por lo sucedido, por esa absurda e incongruente pelea entre cristianos ortodoxo-griegos y armenios en el lugar más santo de toda la cristiandad, junto al mismísimo punto en el que la tradición sitúa la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Doy gracias a Dios porque los católicos no nos hemos visto envueltos en ese tipo de reyertas, al menos en los últimos siglos, y porque los frailes franciscanos, custodios de los Santos Lugares, siempre han realizado su eficaz labor con su espíritu de sencillez y mansedumbre. Pero no por ello me siento menos avergonzado.

Por desgracia, esto algo que alguna vez tenía que suceder en el intrincado y anticuado status quo que regula la presencia y el culto de las diferentes confesiones cristianas en los puntos más venerados de aquellas tierras en las que Jesús de Nazaret nació, vivió, predicó, padeció, murió y resucitó. Un status quo que se remonta a siglos atrás y que, en muchas ocasiones, se mantiene por hechos tan pintorescos y absurdos como quién barre cada zona. No exagero, porque yo he estado un par de veces en aquellas tierras y me he quedado más que sorprendido al comprobar “in situ” este tipo de cosas.

Lo que a mí sólo me pareció, en mis visitas, curioso, anecdótico y, sin duda, también bastante lastimoso, ha acabado estallando en un episodio violento que, según parece, no es el primero. Recuerdo perfectamente cómo, en otro lugar también muy importante para los cristianos, como es la cripta de la Basílica de la Natividad en Belén, donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús, los peregrinos con los que viajaba tuvimos que esperar un largo rato para bajar a celebrar una misa, “porque los monjes estaban barriendo” sus respectivas zonas.

No se trataba de tareas de limpieza, sino de un “ritual” que se hace, si no recuerdo mal,  un par de veces al día, y que es necesario para conservar el extraño status quo que allí regula el uso de los espacios. Alguien, no recuerdo quién, estableció hace siglos que el derecho de culto en aquel sagrado subterráneo correspondía sencillamente a quien se encargara de mantenerlo limpio. Los católicos franciscanos y los miembros de otra confesión que tampoco recuerdo, acordaron unas horas determinadas para barrer a la vez sus zonas asignadas, de forma que ninguno de ellos pase su escoba por el espacio del otro, ya que si sucediese tal cosa, el terreno barrido pasaría a ser de exclusivo uso de la confesión del barredor.

Que yo sepa, en Belén no han habido peleas por ello, pero hay que ver a los encargados de la cotidiana limpieza con qué energía pasan sus escobones a la misma hora y en paralelo, tropezando escoba con escoba, para evitar que el otro pase la imaginaria línea. Algo muy parecido, pero complicado por los ancestrales derechos de muchas más confesiones, sucede en la basílica del Santo Sepulcro. Ahora, a hechos pasados, confieso que me parece lógico, aunque radicalmente inaceptable, que tan endeble y trasnochado estado de cosas, que se ha mantenido con celoso respeto durante largo tiempo, alguna vez tenía que acabar a tortazo limpio en el momento en que algún fanático, que siempre aparece, extremase la situación.

Todos los cristianos amamos aquellos santos lugares en los que tenemos las raíces históricas de nuestra fe, y todos, o casi todos, deseamos poder visitarlos con libertad y en paz. En ese sentido, creo que Jerusalén es patrimonio espiritual de todos los que la aman, de todos por igual. Por eso me resulta realmente penoso que en estos tiempos, en los que las iglesias cristianas, bajo el impulso del Concilio Vaticano II y los sucesivos Papas católicos, están haciendo enormes esfuerzos de acercamiento, dentro de un movimiento ecuménico cada vez más potente, con el fin de acabar con las lamentables divisiones de todos aquellos que seguimos a Jesucristo, puedan ocurrir todavía trifulcas de este tipo, incluso a puñetazos y patadas.

No puedo imaginar nada más neciamente escandaloso y triste que haber visto en televisión a la policía israelí, armas en mano, entrar a la basílica para separar a un grupo de ”fieles” enzarzados a golpes. Son hechos que ensombrecen la credibilidad y, por tanto, la misión, de los cristianos, que es ser ante el mundo imágenes vivas del amor ilimitado, predicado, vivido y hecho posible para el Hombre por Jesús de Nazaret. Yo mismo he estado varias veces en ese santo lugar y he sufrido los malos modos, e incluso algún empujoncillo, de unos enormes monjes vestidos de negro con imponentes barbas a lo pope ortodoxo. Gracias a Dios, no me dio por cabrearme, algo que me parece impensable al lado mismo del Monte Calvario y el Santo Sepulcro.

Es cada vez más urgente que todas las confesiones cristianas pongamos el máximo interés en limar las diferencias y entrar en una nueva era de comunión, superando estúpidas divisiones que fueron fruto, en su momento, de intereses más políticos que religiosos. Tal y como Benedicto XVI predica, por activa y por pasiva, está en juego la misma razón de existencia de la Iglesia, que es su misión ante el mundo. Como también es urgente desterrar de una vez por todas las posturas extremistas capaces de llegar a la violencia y, desde luego, establecer un nuevo status quo respecto al culto en los lugares sagrados de aquellas tierras, santas y entrañables para las tres grandes religiones monoteístas. ¡Por Dios y por la Virgen, que no estamos en la Edad Media! ¡Shalom, Salaam, PAZ para Jerusalén, por favor!

Aborto obligatorio

 

(Publicado en el diario Las Provincias de fecha 28-10-2008)

 

Hace poco, una persona allegada, escandalizada del alcance de los horrores que el lobby pro-abortista es capaz de defender, me preguntaba: “Pero, ¿Cómo hemos podido llegar a esto en España?”. Mi respuesta fue rápida: “Todo empezó cuando el PSOE legisló la despenalización del aborto en tres supuestos. Ahora estamos cosechando los resultados de aquella siembra”. Olvidé recordarle que aquella puerta hacia el crimen legalizado fue refrendada por los españoles en referéndum. Efectivamente, aquel fue el inicio de una estrategia a largo plazo que el PSOE, al parecer, tenía perfectamente diseñada. Comenzaron despenalizando el crimen del aborto en unos supuestos tan “humanitarios”, que centraron la atención pública en la madre, no en la vida inviolable del ser humano en gestación. Habían conseguido colar, en la legislación y en la cultura española, la posibilidad de asesinar impunemente al ser humano gestante.

 

 Marcado ese primer gol, padre de todos los restantes goles abortistas, el proceso posterior de avance de la cultura de la muerte sólo era cuestión de tiempo. Así se quedó el tema,  hasta que se introdujo, en el primer supuesto despenalizado, sobre la salud física de la madre, la “salud psíquica”. Ese añadido, aparentemente nimio, fue el segundo paso, convirtiéndose en un coladero total y una provisional puerta trasera hacia el mal llamado “aborto libre”. Digo mal llamado, porque me repugna que la palabra libertad se asocie con semejante crimen. No ha resultado nada complicado convertir el preceptivo informe psiquiátrico en un puro trámite y conseguir que alguno de esos doctores te lo firme, si no uno, pues otro. El mínimo control que conllevaban los supuestos despenalizados, había desaparecido para siempre en la práctica abortista.

 

Llegados a esta legislatura, y sin haberlo declarado en su programa electoral, el PSOE quiere más. Ahora viene con su Ley de Plazos, que en términos prácticos se traduce en la destipificación del aborto como delito, que podrá ejercerse al antojo de cualquier mujer que lo solicite, sin supuestos, ni informes, ni nada de nada, con el único límite de unos plazos, es decir, un determinado tiempo de gestación. Plazos, por cierto, que sobrepasan las semanas en las que un feto humano hoy en día es perfectamente viable. El aborto, a día de hoy, es un delito tipificado en el código penal, aunque “despenalizado” en tres supuestos. Es un crimen sin castigo. Lo que pronto va a imponer Zapatero (olvídense del prometido “debate social”) es que deje de ser delito, si está dentro de un plazo. Es el tercer paso. Una vez dado, ya sólo les quedará uno más: Quitar esos plazos. Ya lo verán.

 

 En general, los movimientos pro-vida, salvo algún extremista irrelevante, no pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta, aunque sí abogan por que se castigue a todos aquellos que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve abocada al aborto, no como opción, sino como única salida para su embarazo en situación de dificultad, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Sí, he dicho abortos indeseados. ¿O es que a alguna mujer le encanta abortar, porque “le pone” hacerlo, como si fuera un nuevo deporte de riesgo?

 

No es así. Las pro-abortistas saben, aunque muchas se lo callen, que el aborto no es algo deseable en sí mismo, a no ser que sean unas psicópatas de encerrar. Ayer mismo, en Valencia, Pilar Bardem, pro-abortista donde las haya, pidió en el Puerto de Valencia, donde atracó el barco de la muerte holandés, que no se “criminalizara” a la mujer que toma una decisión “tan difícil” como abortar. Aunque sea sólo en esto, tiene razón. Abortar no es ningún plato de gusto. Puede haber un cierto número de mujeres, feministas radicales, que deciden abortar como quien lava, pero no sucede así en la inmensa mayoría de los casos. Se estima que alrededor de un 75% de las mujeres que abortan, no lo hacen por decisión libre, ni por desear el aborto, sino acosadas por circunstancias de gran dificultad, frente a las que no ven otra salida. Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Pero estas mujeres, ni conocen, porque no se les informa, ni se les ofrecen, los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Ante “tan difícil” decisión de abortar, sólo se le presentan dos opciones: ¿Sí o sí?

 

Los movimientos pro-vida tratan de cubrir esa importante e intolerable laguna. No buscan castigar a esas mujeres. Las que en verdad las castigan de por vida son las fanáticas y fanáticos abortistas que se empeñan en que aborten por narices, o los que se enriquecen a costa de realizar abortos. A todos estos no les interesan para nada las mujeres embarazadas con problemas, sino sólo su empecinamiento, ideológico o crematístico, en pro del aborto. Casi todas las iniciativas sociales a favor de la vida, pretenden que los gobiernos generen normas y medios para que cualquier embarazada con dificultades pueda recibir información y disfrutar de cuantos medios necesite para tener a su hijo, si así lo decide. Sin embargo, los colectivos pro-abortistas están en contra de estas iniciativas. Increíble. Nada de optar, sólo abortar, abortar y abortar. Nada de ofrecer alternativas, que eso es cosa de monjas derechonas. Nada de libre elección: abortar y punto. Todo lo demás es de “fachas”.

 

 No me puedo explicar qué persona mínimamente sensata y moral puede oponerse a que se ofrezca información y apoyo integral a las mujeres embarazadas, para que puedan tener a sus hijos y criarlos si quieren. El mismo movimiento feminista debería luchar encarnizadamente por ello. Oponerse a ofrecer a la mujer información y alternativas, sólo se explica por dos motivos: O por un cerrilismo ideológico, radical y fundamentalista que considere el aborto como un bien en sí mismo, que hay que realizar cuantas más veces mejor, o por el interés de forrarse sin escrúpulos de ninguna clase. Los colectivos de abortistas integristas, aunque se presenten como feministas y progresistas, son el peor enemigo, no sólo de la vida del no nacido, sino también de la mujer. Quieren que las mujeres aborten, no que solucionen sus problemas. Quieren que aborten sin posibilidad de elección. Quieren, en suma, que el aborto no sea libre, como dicen, sino, en la práctica, obligatorio.

 

Benditos micrófonos

 

 

El hecho de que casi todos los políticos fingen y mienten, es algo que, por la repetición, se ha hecho costumbre y ya no extraña a nadie. No sólo no extraña, sino que la gente sigue votando a esos mismos políticos que, de forma continuada, dicen y no hacen, hacen y no dicen. El problema es que millones de ciudadanos carecen, no de memoria histórica, sino de la simple memoria inmediata, como si una forma larvada de Alzhéimer se hubiera extendido como una pandemia.

 

¿Que un político promete algo y no lo cumple? No pasa nada. ¿Que un político oculta en su campaña electoral lo que va a hacer y luego lo hace? No pasa nada. ¿Que un político dice una cosa y al día siguiente la contraria? Pues tampoco pasa nada. Millones de personas no se dan ni cuenta y, muchas de las que sí se enteran de estas deshonestas incoherencias, las disculpan o miran hacia otro lado, haciendo de su apoyo a determinado partido una actitud irracional y cerril donde las haya.

 

Dentro de la inútil batalla de intentar llamar la atención de los ciudadanos sobre estos abusos de poder, han salido a la palestra, desde hace un tiempo, unos inesperados aliados: los micrófonos. Gracias a ellos, que parecen encenderse y apagarse cuando les da la gana, sabemos mucho más de los políticos que por ningún otro medio: la verdad que ocultan tras sus disfraces públicos.

 

Estas son sólo algunas de las pilladas microfónicas:

 

·        1997: Federico Trillo, entonces Presidente del Congreso, en una sesión parlamentaria, viéndose obligado a aplazar una votación sobre un asunto realmente infumable, apretó a destiempo el botoncito que encendía su micro ante la megafonía de la sala y soltó su famoso “manda huevos”. Los micrófonos habían comenzado su particular cruzada por la verdad y la transparencia. Si no recuerdo mal, este fue el primer pinito de la ofensiva de los micros.

 

·        2001: Las cámaras de la RTV-Andalucía, recogen una frase, pronunciada en el Parlamento Andaluz, sin que se vea en imagen quién es el autor: “Los moros, que se vuelvan a Marruecos, que es donde tienen que estar”. Dando por sentado que se trataba de un diputado del PP, el PSOE acusa injustamente a Matías Conde, exigiendo su expulsión inmediata por “higiene democrática”. Días después, se declaró autor de la frase el diputado socialista Rafael Centeno, que presentó su dimisión entre lloriqueos y disculpas.    

 

·        2002: Jose María Aznar, entonces presidente de turno de la Unión Europea, tras su discurso de resumen en la Cumbre de Barcelona del Parlamento Europeo, se autocalifica en voz baja, ante un micrófono demasiado sensible, diciendo: “Vaya coñazo que he soltado”. Vamos, que su royo no se lo cree ni él. Veremos que el taco “coñazo” se ha convertido en término de obligado uso entre los políticos.

 

·        2003: Zapatero y Jordi Sevilla, responsable económico del PSOE, presentan las líneas básicas de su política económica. El micrófono abierto deja escuchar que Sevilla le dice a su presidente que se le nota todavía inseguro y que se ha equivocado al confundir “progresividad” con “regresividad”, aunque le disculpa diciendo que son “chorradas”. Sevilla remata la faena con la famosa frase: “Lo que tú necesitas saber para esto…son dos tardes”. Así nos luce el pelo.

 

·        2003: En la misma presentación anterior, el portavoz parlamentario Jesús Caldera, también captado por los implacables micrófonos, riza el rizo cuando entra en la “secreta” conversación diciendo que, tras el debate, deberán reunirse con Jose Antonio Griñán, el portavoz socialista en la comisión del Pacto de Toledo sobre las pensiones, ya que ese tema “no lo tenemos arreglado” y le dice a Zapatero que “la vamos a liar”. ¡Eso es “talante”, sí señor!

 

·        2004: Jose Bono, entonces Presidente de Castilla-La Mancha, conversando por lo bajini con Joaquín Almunia, ante los “cerrados” micros de Antena 3, insulta al Primer Ministro británico, Tony Blair. Palabras exactas: “Oye… Y nuestro colega Tony Blair. Ese es un gilipollas integral”. “Blair es un imbécil”. Sólo la elegante flema de la diplomacia inglesa impidió un grave incidente internacional.

 

·        2004: Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento, en Onda Cero Radio, también hizo gala de su exquisito lenguaje y su respeto por los gallegos, afirmando, ante el supuesto micro cerrado, que estaba “harta del Plan Galicia de mierda” y que “¡A mí me van a dar lecciones sobre este Plan Galicia de mierda!”. Sobran comentarios.

 

·        2006: Jordi Sevilla, haciendo gala de su “educación”, es captado sin advertirlo, por una cámara de Telemadrid, mientras conversa con Fidalgo. Montilla es cojonudo para mil cosas… pero todavía es pronto para que el presidente de la Generalitat sea un charnego“, fue la frase pillada. Por si no lo saben: “charnego” es un antiguo vocablo popular catalán de no muy amable intención.

 

·        2007: En plena campaña electoral, Zapatero es entrevistado en La Cuatro por Iñaki Gabilondo. Cuando ambos pensaban que los micrófonos ya estaban apagados, mantienen una muy amistosa conversación en la que el Presidente del Gobierno dice: “Lo que pasa es que yo creo que nos conviene que haya tensión… Yo voy a empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco”. Curiosamente, uno de sus principales argumentos en contra de Rajoy, en la campaña, era que el líder popular la basaba en la crispación.

 

·        2008: La última, de momento. Mariano Rajoy, el mismo que grabó una declaración institucional en 2007 llamando a celebrar la Fiesta de las Fuerzas Armadas, fue “traicionado” por su micrófono en la sesión de clausura de la XIII Reunión Interparlamentaria del PP, celebrada en La Coruña el día 11 de octubre. Tenía a su lado a Javier Arenas y le dijo, ante los oídos de toda España que: “Mañana tengo el coñazo del desfile… En fin, un plan apasionante”. Todo un ejemplo de honra y respeto a las Fuerzas Armadas y a su Fiesta Nacional.

 

En fin, queridos micrófonos, gracias por vuestra colaboración para que la gente nos enteremos de verdad de quienes son y qué piensan nuestros políticos. Nos estáis prestando un servicio inestimable para que nuestra democracia se depure y se fortalezca. Aunque todavía no os hacen demasiado caso, ni los políticos, ni los sindicatos, ni los jueces, ni la mayor parte de la opinión pública, no perdáis los ánimos. Continuad con vuestra singular batalla por la verdad y la honestidad. Sin vuestras hábiles estrategias, estaríamos perdidos frente a la hipocresía política.

EpC: Doble batalla en la Comunidad Valenciana

  

No se trata de dos frentes de una misma guerra, sino de dos batallas paralelas, cuyo único denominador común es que se refieren a la Educación para la Ciudadanía (EpC). Aunque no me gusta el lenguaje militar, las voy a denominar “batalla de la objeción” y “batalla del idioma”, para entendernos. La primera apunta contra la imposición ideológica y sectaria de la EpC y la vulneración del derecho Constitucional que tenemos los padres de determinar la educación que deseamos que reciban nuestros hijos. También se enfrenta, en nuestro caso, al desprecio olímpico que el Gobierno Valenciano del PP muestra hacia los padres objetores.

 

Todo esto les importa un bledo a los embarcados en la segunda batalla. Ésta, la del idioma, se enfrenta a la absurda e inoportuna exigencia del Conseller de Educación de que se imparta en inglés y no en las lenguas co-oficiales de nuestra Comunidad, como si no hubiese otras formas de reforzar ese necesario idioma, mediante planes elaborados con calma y con medios suficientes. Yo me he “alistado” en la primera, la de la objeción, que considero la madre de todas las batallas en el asunto de la EpC, aunque de vez en cuando me acerco un ratito a la otra, para echar una manita, cosa que no hacen con nosotros los de la batalla del idioma.

 

La cuestión objetora ha sido tratada por la Conselleria como si no existiera. Tan sólo una tímida mención, apenas aceptable, en la Orden del 10 de junio, esa que ha sido paralizada cautelarmente por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, excepto en lo del inglés y alguna cosilla más. Después de esto, autismo y silencio administrativo total. Pero este ninguneo se va a acabar de inmediato, con las sucesivas tandas de recursos que los objetores ya hemos comenzado a presentar ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior antes citado. Si el Sr. Font de Mora, empecinado sólo con el inglés, esperaba que con su pasividad los padres objetores nos íbamos a quedar inermes, se equivocaba. No habíamos movido ficha hasta ahora, esperando una respuesta antes de iniciarse el curso. Pero no la ha habido.

 

El asunto del idioma, está siendo tratado por la Conselleria con un empecinamiento y unas formas impropias de un gobierno democrático. Se ha convertido en un absurdo  intercambio de amenazas. Además, según se deriva de las últimas declaraciones, también amenazantes, del Vicepresidente Primero del Consell, Vicente Rambla, que ha salido al quite de Font de Mora, no es un tema sólo del Conseller, sino de las más altas instancias del gobierno valenciano. Al fin y al cabo, fue el Sr. Camps quien, al conocer el asunto de la EpC, dijo que aquí se daría en inglés. Desde entonces no ha querido apearse del burro y ha montado, a través de su Conseller de Educación, un enorme follón que no hace sino desviar la atención del problema esencial: la EpC en sí misma.

 

El Consell se ha metido neciamente en un callejón sin salida. Ante las protestas y plantes de un gran número de profesores, se ha saltado el diálogo social y se ha enzarzado en esa contienda de advertencias, cada vez más agresivas y desde mayor altura, de la que ya no puede salir sin recular. Ahora se ve obligado, por orgullo político, a huir hacia delante, porque eso de rectificar y volverse atrás es pecado mortal para los políticos. Tanto han dicho ambas partes implicadas, que difícilmente pueden envainársela y retroceder. Ya veremos cómo acaba todo esto, porque la única salida posible es una negociación urgente entre las partes contendientes, que no parece fácil desde posiciones tan extremas.

 

He de añadir que me resulta en extremo decepcionante que todos esos profesores y sindicatos, que con tanta firmeza aseguran defender la libertad de enseñanza, no hayan movido ni un dedo en contra de la gravísima imposición ideológica que conlleva la EpC, que no sólo atenta contra los derechos constitucionales de los padres, sino también contra la neutralidad ideológica de los centros públicos, contra los idearios de la inmensa mayoría de los concertados y contra la libertad de cátedra del profesorado de todos ellos. ¿Eso no les interesa, verdad? No, ya sé que no. Por lo menos no lo parece.

 

No les interesa porque su lucha no es pedagógica, sino política. No les interesa porque sólo les gusta oponerse al PP, pero no al PSOE. No les interesa porque creen que el movimiento objetor es “cosa de curas” o “cosa de derechas” y a ellos ni acercarse. Pero están muy equivocados. El movimiento objetor no es, ni de la Iglesia, aunque lo apoya, ni mucho menos del Partido Popular, que dice mucho y no hace nada, al menos en Valencia. Es una iniciativa de base social que engloba a decenas de miles de padres de familia y colaboradores voluntarios de muchas y variadas opciones religiosas o ideológicas, que no están dispuestos a dejar que ningún gobierno avasalle sus derechos fundamentales.

 

¿No saben que los objetores, por ejemplo en nuestra Comunidad, llevamos una batalla muy dura, tanto contra el PSOE que ha impuesto la maldita EpC, como contra el PP que nos ningunea sin respeto ni consideración alguna? ¿No ven que no nos quedamos con nadie? Cualquiera que haya leído mis recientes artículos en este blog o en la prensa, así como otros artículos de diversos bloguistas y periodistas, sabrá cómo esta el tema. ¿Cómo es posible que todos esos profesores y sindicatos, saquen toda la artillería pesada contra la imposición del inglés y se queden impasibles ante el atentado global a la educación en libertad que supone la EpC? En fin, no se molesten en contestar, todos sabemos la respuesta.

EpC: La última del Sr. Font de Mora

 

Leyendo esta mañana la prensa valenciana, Las Provincias y Levante, me encuentro con una noticia que me ha dejado pasmado, indignado y cabreado, aunque no sé cómo todavía me sorprendo, la verdad. Resulta que ayer, en las Cortes Valencianas, el Honorable Sr. Consejero de Educación, D. Alejandro Font de Mora, dijo públicamente que a los centros concertados que no impartan la EpC en inglés se les retirarán las subvenciones. Alguien le preguntó si pensaba dimitir y dijo que eso, si acaso, se lo plantearía dentro de 2 ó 3 años.

 

Yo me pregunto:

 

a) ¿Por qué tanto empeño con lo del inglés, necesario idioma que se puede reforzar en la enseñanza de mil formas, precisamente liando las cosas en la más polémica de cuantas asignaturas hay en los currículos actuales, que es la EpC?

 

b) ¿Por qué, junto a este absurdo empeño, el Sr. Conseller añade una postura de radical ninguneo al núcleo social central de la cuestión, que es el reconocimiento (o no) de la objeción de conciencia a los miles de padres que la han planteado?

 

c) Las opiniones del Sr. Rajoy en los medios y, sobre todo, la declaración institucional del Partido Popular, tras la reunión de Consejeros de Educación de las CCAA gobernadas por el PP, confirman un apoyo explícito a la objeción. ¿Les importa todo esto un carajo al Sr. Font de Mora y al Sr. Camps? ¿Tan dividido está el PP y tan poco liderazgo tiene Rajoy?

 

d) ¿Por qué su amenaza se ceba, precisamente, contra los centros concertados, los que más esfuerzo están haciendo para aplicar su estúpida norma, haciendo malabarismos con los horarios docentes y sin atacarle con continuos plantes y protestas como muchos centros públicos? ¿Es el Conseller un laicista anticatólico? ¿No se habrá equivocado de partido?

 

e) ¿Sabe el Sr. Conseller que quitar subvenciones a colegios concertados equivale a cerrarlos y a dejar sin escolarizar a decenas de miles de alumnos? ¿Cómo piensa atender a esos niños? ¿En su casa? ¿O reventando la enseñanza pública, que en varios centros ha comenzado el curso en barracones o locales provisionales por falta de plazas y espacios?

 

f) ¿Se acordará este insensato de que una enorme bolsa de los votantes a su partido llevan sus hijos a los colegios concertados? ¿No se da cuenta el Sr. Camps de que su Conseller de Educación está dinamitando sus bases electorales, tanto centristas como de derechas? ¿Qué misteriosos motivos le impiden llamar al orden o cesar a tan nefasto consejero?

 

g) ¿Qué va a hacer el Sr. Font de Mora con respecto al plante de muchos centros privados frente al tema del inglés? ¿También los va a cerrar? ¿Se ha propuesto acabar con la red de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana? ¿Tendremos que hacer todos “homeschooling”? (Bueno, quizá esto último nos convenga…).

 

h) ¿A qué santo viene este señor, a estas alturas históricas, con una política de amenazas continuas, inspecciones masivas, desentendimiento de las inquietudes sociales y prepotente bravuconería, actitudes y prácticas propias de regímenes totalitarios de un pasado ya superado? ¿Será del club de “fans” de la Sra. Cabrera?

 

No ceso de repetirme una y otra vez la pregunta que le hicieron en las Cortes: ¿Cuándo va a dimitir este señor? O, en otros términos: ¿Cuándo se decidirá el Sr. Camps a cesar en su cargo a este personaje que ha montado el más grave de los descontentos generalizados en la sociedad valenciana, que amenaza con absoluta contundencia y claridad su mayoría electoral en la próxima legislatura?

Sr. Camps: Como le digo una cosa, le digo la otra

 

 

 

Por desgracia, todos los artículos que hasta ahora he dedicado a comentar la gestión del Sr. Camps y sus consejeros, han tenido que ser muy críticos. Más duro he sido con el PSOE, desde luego. Pero su ambigua postura ante la Educación para la Ciudadanía y su olímpico desprecio a los objetores de conciencia a la misma, así lo merecía y así lo sigue mereciendo. Pero, como reza la expresión popular: “Como te digo una cosa, te digo la otra”. De la misma manera que es de justicia denunciar lo inaceptable, algo que voy a seguir haciendo hasta que reconozcan y apoyen a los objetores de conciencia, también lo es reconocer lo positivo. En lo que voy a decir incluyo también al Sr. Cotino.

 

Me refiero a las iniciativas a favor de la vida humana desde el momento de la concepción. Un modelo ya en marcha de apoyo a la mujer embarazada en situaciones difíciles, que va a ser reforzado, según nos prometen, y que ha sido “exportado” a la Comunidad de Madrid (gracias también a Dña. Esperanza, por recuperar la financiación en pro de la mujer gestante que meses atrás había denegado). También es interesante el proyecto de agilización de la adopción de los bebés de las mujeres que prefieran darlos en adopción antes que ordenar matarlos dentro de su seno. Otro aspecto que merece mis elogios es el apoyo prestado a la Red Madre, ampliando el plazo para la presentación de su ILP, siendo de esperar que luego la secunden en las Cortes Valencianas.

 

Es cierto que todas estas medidas y apoyos, realizados o por realizar, por parte del Gobierno  Valenciano, son todavía insuficientes para prestar a las futuras madres todo el apoyo integral que necesitan, no sólo para poder parir a sus hijos, evitando abocarles al aborto, sino también para poder atenderlos y cuidarlos debidamente una vez nacidos. Pero la línea iniciada por los Sres. Camps y Cotino es la adecuada, aunque falta mucho por recorrer. Entre otras cosas, es preciso que se impartan instrucciones a todos los centros de planificación familiar para que ofrezcan, mucho antes que la posibilidad de abortar, todo el abanico de posibilidades que se abre ante ellas para poder tener a sus hijos. Al parecer, en muchos lugares, la única alternativa ofrecida es el aborto.

 

Debería imponerse por la fuerza de la ley que cualquier mujer que acuda a cualquier médico, ginecólogo, centro de salud, centro de planificación, hospital o cualquier otra dependencia social o sanitaria, sea informada exhaustivamente de los peligros que conlleva el aborto, a nivel psíquico y físico, y de todas las alternativas que están y van a estar a su alcance para poder tener y cuidar a su hijo o darlo en adopción. Desde luego, lo más deseable sería que en toda la Comunidad Valenciana no existiese ningún abortorio, ni privado, ni público. Si no son capaces de conseguir esto, al menos continúen el camino de apoyo a la mujer embarazada que han emprendido y háganlo cada vez más fuerte y extenso. Los recursos de apoyo deben tener la máxima difusión.

 

Si alguna mujer de esta Comunidad terminase decidiendo abortar, amparada por las leyes socialistas (que ustedes no tocaron para nada cuando pudieron hacerlo y que con su tercer supuesto se ha convertido en un coladero legal), que no sea jamás porque no ha recibido toda la información o porque no se le hayan ofrecido cuantos recursos necesite para poder tener a su hijo. Sabemos que hay mujeres, feministas radicales, que abortarán igualmente cuando quieran. Allá ellas con su conciencia. Pero también sabemos que la inmensa mayoría de los abortos se producen por situaciones de abandono, soledad, miseria, impotencia y desespero de mujeres que dejarían vivir y nacer a sus hijos si se encontrasen amparadas y ayudadas de una forma eficaz. Se trata de salvar vidas, no sólo de los no nacidos, sino también de sus madres. La más noble de todas las causas.

 

Les aseguro que todo el esfuerzo y el dinero que dediquen a esta tarea será la mejor inversión que pueda hacer su Gobierno. Las infraestructuras sociales de apoyo a la vida humana, a la familia y a la mujer gestante, son infinitamente más importantes que las infraestructuras materiales. Si el progreso material, algo en lo que ustedes se desenvuelven muy bien, no va acompañado de progreso social, todo es una cáscara vacía. En fin, gracias y enhorabuena en este asunto. Sigan adelante, que todavía queda mucho por hacer. Avancen en la defensa de la vida y, por favor, decídanse ya de una vez a apoyar sin cortapisas y con hechos a los objetores de conciencia a la EpC, de acuerdo con las declaraciones institucionales de su Partido. Este es un punto muy grave, que oscurece su política, ya que a los objetores nos tienen ustedes descaradamente ninguneados. Un notable para el Sr. Cotino, pero un cero pelotero al Sr. Font de Mora.

 

 

 

 

 

 

El niño con el pijama de rayas

 

 

 

Hace unos días leí de un tirón el famoso libro de John Boyne, “El niño con el pijama de rayas”. Ayer vi la versión cinematográfica en su preestreno en Valencia. Desde luego, no se trata de “otra peli de nazis”. Al igual que la entrañable “La vida es bella”, esta historia es diferente. El libro, pese a ser un best seller, es tan simple y breve como un cuento: he ahí su grandeza. Encierra todo un mundo de mensajes y significados, cuyos distintos niveles de profundidad pueden ser captados con mayor o menor crudeza y horror según sea la madurez y la cultura del lector. Los terribles hechos del nazismo, que se dejan entrever en el breve relato, se reencuentran con el lector sin violentar su sensibilidad más allá de lo que ya sabe de antemano. Por eso lo puede leer igualmente un niño, que un adulto.

 

La película refleja bastante bien la trama básica del relato original, aunque resume algunas interesantes conversaciones y dramatiza el acelerado final cambiando elementos del libro y haciéndolo más trepidante aún si cabe. En general, presenta la historia de forma algo más evidente que en la novela, aunque tampoco se recrea en mostrar escenas cruentas que, como antes decía respecto al libro, quedan sólo apuntadas, de forma que la percepción de su brutalidad se modula según la capacidad de comprensión del espectador. Al finalizar la proyección, no obstante, en la sala, repleta de invitados, nadie se atrevía ni a respirar. A destacar la magnífica interpretación de los actores, especialmente los dos niños protagonistas. La novela y la película, ambos imprescindibles, para adultos y niños.

 

Dicho esto, y como no soy, afortunadamente, crítico literario, ni de cine, sino pedagogo y padre, quiero destacar algunos aspectos relacionados con la educación de este libro-película, que se me han quedado grabados a fuego. Para empezar, el relato en sí es formativo, educativo y pedagógico. Es formativo porque aborda una realidad que sucedió, desde los puntos de vista de las diversas personas implicadas. Es educativo porque destaca un buen ramillete de valores positivos y deja en evidencia, dentro de su propia dinámica, la maldad de otros valores inaceptables. Dice la crítica que la obra es una apología de la amistad. Es cierto. Pero aún me parece más importante cómo presenta la responsabilidad que conllevan las consecuencias de nuestros actos. Es pedagógico porque, como ya he dicho, su grado de dramatismo se ajusta a cada lector-espectador.

 

Quizá a otras personas les hayan impresionado más otras escenas. Mi sensibilidad hacia lo educativo me ha dejado impreso en la memoria un aspecto muy concreto. El niño protagonista, Bruno, y su hermana Gretel, obligados a vivir en una zona de Polonia apartada de la “civilización”, junto al campo de exterminio nazi de Auschwitz, regentado por su padre, flamante comandante de las SS, no pueden acudir a la escuela y reciben instrucción a cargo de un tutor. Las pocas escenas de las sesiones de clase son terroríficas. El tutor deja de lado las ciencias, sociales y humanas, para centrarse sólo en lo que él llama “Historia”. Esa materia consiste, para el profesor, en un  adoctrinamiento en la ideología nazi, una instrucción sobre aquello que debe conocer, sentir y asumir el buen ciudadano alemán. Hasta tal punto llega su lavado de cerebro, que Bruno duda de la bondad de su amistad con el niño judío y Gretel abandona repentinamente su preadolescencia convertida en una fanática jovencita pro-nazi.

 

Es una constante, en todo régimen totalitario, utilizar la educación para reproducirse y perpetuarse a sí mismo, amaestrando ciudadanos bien imbuidos, desde su niñez y adolescencia, de los elementos doctrinarios propios de la ideología oficial gubernamental. Esto no se evita sólo por que exista una democracia y porque los que mandan sean escogidos por votación. El psicópata Hitler, de hecho, accedió al poder por legítima elección de los alemanes en las urnas. Una vez situado en la cima el líder del Nacional-Socialismo, que así se llamaba su partido, puso bajo su control todos los poderes del Estado y se puso a llevar a cabo sus verdaderos planes. El pueblo que le había votado, como muestra la película, fue después sistemáticamente engañado con un aparato propagandístico oficial manipulado con absoluto descaro, junto a una censura y persecución férrea hacia cualquier mensaje o mensajero que osase criticar sus postulados.

 

El Führer, pronto contó con todo un ejército infantil y adolescente, perfectamente adoctrinado y emocionalmente subyugado por la parafernalia populista y simbólica del régimen, con la consigna de denunciar incluso a sus propios familiares si detectaban cualquier indicio de disidencia. El pueblo alemán, en su gran mayoría, no se apercibió del monstruo que habían aupado al poder con sus votos hasta que el horror de lo sucedido se abrió paso cuando el III Reich fue derrotado por el ejército aliado y los hechos salieron a la luz. Muchos millones de alemanes se sintieron entonces avergonzados y espantados, pero ya era tarde… Nunca prestaron atención a las pequeñas voces de los intrépidos disidentes, que les llegaban a través de las minúsculas rendijas del bloqueo informativo del régimen.

 

Sin comentarios…

 

Objeción a EpC: Ahora o nunca, Sr. Font de Mora

 

 

Mi familia y yo hemos acogido con esperanza las declaraciones que el Partido Popular ha hecho públicas, tras la reunión que mantuvieron todos los consejeros de educación de las CCAA regidas por ese partido. Creo que este sentimiento lo compartimos miles de familias objetoras. Dichas conclusiones son acordes con las declaraciones del Sr. Rajoy acerca de la Educación para la Ciudadanía y la objeción de conciencia a la misma. En general, también coinciden con lo que pensamos los objetores, aunque el lenguaje empleado es vago en cuanto a compromisos concretos. Además, todos sabemos que “del dicho al hecho, va un trecho”, especialmente en política.

 

El punto 4º de la declaración por ustedes acordada, dice textualmente:

 

El Partido Popular, ante la pluralidad de sentencias considera imprescindible y urgente que haya un pronunciamiento definitivo del Tribunal Supremo que unifique doctrina. Mientras tanto, defiende la no impartición de los contenidos contemplados en el Real Decreto a los alumnos que así lo manifiesten. Esta situación, no debería perjudicar nunca el expediente de los alumnos.

 

Los padres objetores de la Comunidad Valenciana nos preguntamos si las palabras “defiende” y “no debería perjudicar nunca” las va usted a traducir en hechos concretos o se van a quedar en otra mera declaración de intenciones, de las cuales ya estamos más que saturados y hartos. Entiendo que la única consecuencia coherente con estas declaraciones de su Partido debe ser el reconocimiento explícito de las objeciones presentadas ante su Consellería, estableciendo la normativa oportuna para que los alumnos objetores sean eximidos de asistir a las clases de EpC y de ser evaluados en la misma, así como determinar las actividades alternativas que deben realizar.

 

Por supuesto, a todo ello debo añadir que su Consellería debería dignarse a enviar una respuesta administrativa a cada uno de los padres objetores, algo que, con el curso escolar en marcha, todavía no se ha producido, lo cual nos ha dejado a los padres objetores completamente ignorados e inmersos en el oscuro terreno del silencio administrativo. Tras ser paralizada su Orden de 10 de junio por el TSJCV, cuyas luces y sombras comenté hace meses en otro artículo, usted sólo se ha dedicado a la defensa a toda costa del asunto del inglés, tema en el que no voy a entrar. Pero no ha movido ni un dedo en lo relacionado con la objeción de conciencia y la EpC en sí misma.

 

Hasta el momento, sólo ha conseguido usted que todo el mundo esté descontento, enfadado y enfrentado, se trate de padres y profesores de izquierdas, de derechas o de centro. Por si faltaba poco, ha hecho el ridículo dejando que en un CEFIRE de su Consellería se imparta un curso sobre EpC, en colaboración con la Fundación prosocialista y prolaicista CIVES, en el cual algunos de sus ponentes, conocidos exdiputados socialistas, han ridiculizado hasta el insulto a importantes personajes del PP. Le aseguro que su imagen pública como Conseller es, en estos momentos, deplorable. Ya puede usted agradecerle al Sr. Camps que no le cesara en la reciente remodelación del Consell tras la marcha de Fernando de Rosa. 

 

Pero, dejemos atrás el pasado. Ahora, tras la reunión de Consejeros de Educación en Madrid y la subsiguiente declaración del PP sobre el asunto, tiene usted una oportunidad de oro para, al menos, ponerse de parte de sus votantes y situarse con hechos en una posición clara de acogida a la objeción de conciencia. La ocasión es idónea para hacer borrón y cuenta nueva y rectificar las ambigüedades, silencios, insuficiencias y errores del último año. Es una coyuntura perfecta para demostrar a los valencianos que usted posee y defiende activamente los criterios y principios que nos han guiado a apoyar mayoritariamente a su Partido durante varias legislaturas. Una oportunidad que, posiblemente, no se repita.

 

Sr. Font de Mora, por favor, deje de esconder la cabeza con posturas autistas, tozudas y descomprometidas y defiéndanos del rodillo totalitario laicista del Gobierno de Zapatero. Sea consecuente con la postura institucional adoptada por su Partido, reconozca nuestras objeciones de conciencia a todos los efectos y ayúdenos en la defensa jurídica de la misma. O, si no está dispuesto a ello, al menos manifiéstese abiertamente en contra, envíenos un escrito denegatorio a los padres y déjenos que nos defendamos por nosotros mismos. Actúe con nosotros o contra nosotros, pero deje de ponernos palos en las ruedas con su silencio.

EpC: Diario real de una objeción en Bachillerato