Hitler, Aído y los seres humanos

 

 

 

 

“Un judío, independientemente de su edad, es claro que es un ser vivo;
ahora bien no puede afirmarse que sea un ser humano, no hay base
científica para ello”.
(Adolph Hitler, Alemania 1939)
 

“Un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no puede ser un ser humano
porque eso no tiene ninguna base científica”.
(Bibiana Aído, España 2009)

 

 

 

No añadiré nada. Que cada cual saque sus conclusiones.

 

 

Sr. Cotino, dígaselo al Sr. Font de Mora

 

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar

 en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones

(Winston Churchill) 

 

Aunque estoy muy contento de que se haya aprobado en las Cortes Valencianas la Ley de Protección a la Maternidad y de que hace poco se aprobara la ILP de Red Madre -gracias y enhorabuena, Sr. Cotino-, que espero se pongan en práctica y se apliquen en toda su extensión, lo que supondría un gran beneficio en pro del derecho a vivir del ser humano concebido y una gran ayuda a las madres embarazadas y a las familias valencianas, no hay forma de que desaparezca el nubarrón que siempre planea sobre nuestro Gobierno Autonómico, con sus sempiternos claroscuros y sus constantes “una de cal y otra de arena”.

 

Sí, ya sé que me repito sobre este tema. Yo también estoy cansado y harto de abordar una y otra vez el asuntito de marras. Pero debo y quiero insistir. Dejo aparte, porque se ha repetido hasta la saciedad sin respuesta alguna, el hecho de que es una absoluta contradicción que nuestra Comunidad sea pionera en tan avanzadas leyes de protección a la maternidad y la vida, al mismo tiempo que bate los récords de congelación y manipulación de embriones en su IVI. Y vuelvo a la carga con la cuestión de la Educación para la Ciudadanía, ante la que seguimos igual de desprotegidos que cuando el PSOE la impuso hace varios años.

 

Las plataformas de padres, como VAEL, que estamos en contra de esa descarada puerta al adoctrinamiento ideológico sectario de nuestros hijos, hasta ahora sólo hemos recibido buenas palabras. Hechos, ni uno ni medio. Casi todos los políticos que ocupan las cúpulas del PP se han manifestado en contra de la EpC, tanto a  nivel nacional como autonómico. Rajoy dijo que hasta él mismo objetaría por sus hijos. Bla, bla, bla, bla. Autismo e inactividad absoluta es lo único que podemos constatar. Discursos vacíos, promesas incumplidas, palmaditas en la espalda… Todo, menos acciones concretas y eficaces para ayudarnos en nuestra batalla.

 

Ni siquiera hemos recibido los padres objetores una respuesta a nuestras declaraciones de objeción, aunque sea denegatoria del ejercicio de este derecho reconocido por el Tribunal Constitucional, pese a que se nos ha prometido reiteradamente desde la Consejería de Educación. Seguimos en la peor de todas las situaciones: en el limbo jurídico que ocasiona el “ni sí, ni no, sino todo lo contrario”. Abandonados a la cruenta lucha “cuerpo a cuerpo” entre padres, profesores y libros de texto a la que nos ha relegado el Tribunal Supremo con sus hábiles y salomónicas sentencias, que entorpecen -aunque no anulan- el ejercicio del derecho a la objeción.

 

Acaban de aprobar una Ley que, protegiendo a la mujer gestante, colabora al derecho a vivir de los no nacidos y a evitar miles de abortos. Muy requetebién. Pero no se dan cuenta -o no quieren darse cuenta- de que en la EpC reside el arma secreta del PSOE para que todo ello quede, en un futuro próximo, en agua de borrajas. Este grupo de asignaturas, que facilita el adoctrinamiento sectario de los niños y adolescentes españoles en los postulados laicistas del PSOE, una de cuyas barbaridades más “insignes” es el aborto libre, está diseñado para crear nuevas generaciones de españolitos, entre otras muchas cosas, proabortistas.

 

Nuevas generaciones que ya no verán nada raro ni anormal -mucho menos salvaje- en asesinar niños en el seno de sus madres. Nuevas generaciones que anularán las leyes que ahora se hagan a favor de la vida. Nuevas generaciones que ocuparán los lugares de responsabilidad social y política y que actuarán de acuerdo con el chip que ahora se les está implantando en el cerebro. Nuevas generaciones que convivirán con absoluta normalidad con todos los desvaríos morales del laicismo radical y de la cultura de la muerte. Nuevas generaciones que mantendrán y se mantendrán en ese “mátrix progre” del que habla Juan Manuel de Prada.

 

Si el PP valenciano no se ocupa de forma urgente de ayudarnos a detener este proyecto de ingeniería social, cuyas herramientas principales son los medios de comunicación y la EpC en la escuela, sus estupendas leyes recién aprobadas serán “pan para hoy y hambre para mañana”. No servirán para nada. Se quedarán en una pasajera anécdota de “aquellos fachas que mandaban antiguamente en Valencia” -he dicho “mandaban”, en pretérito imperfecto- y todo el esfuerzo habrá sido inútil. Créame, Sr. Cotino, si no fulminamos entre todos la puñetera EpC, dentro de unos años no existirá siquiera su partido político. Dígaselo al Sr. Font de Mora.

¿Por qué sois tan cobardes?

 

Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos

para el combate, mis dedos para la batalla

(Salmo 144, 1)

 

Ha sido una alegría, un consuelo y un buen rapapolvo encontrarme este domingo en la celebración eucarística con la lectura de ese pasaje evangélico comúnmente llamado “La tempestad calmada”, un título bastante pobre en relación con su contenido, por cierto. En este texto del Evangelio según San Marcos (Mc 4, 35-40), como sucede en cada fragmento de la Biblia, no sobra ni falta siquiera un punto o una coma.

 

En el citado pasaje, situado a orillas del Mar de Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Acompañando a Jesucristo raro era estar mucho rato parado. Cualquiera que sigue con seriedad a Jesucristo sabe muy bien que su vida casi nunca es estática, sino siempre dinámica, movimiento, camino. La cómoda actitud pequeño-burguesa de “que no se mueva nada” es diametralmente opuesta al cristianismo.

 

“Esta orilla”, la de aquí, símbolo de aquella en la que trascurre nuestra vida diaria, era para sus primeros discípulos la zona de Cafarnaum, donde tenían sus casas, sus trabajos, sus seguridades. Es el área costera del Mar de Tiberiades en la que Jesús, con la multiplicación de los panes, se había revelado como Mesías y en la cual sus discípulos estaban entusiasmados de ser los amigos de tan ilustre personaje. Era la zona del éxito humano.

 

Pero Jesús, si escrutamos los Evangelios, se empeña una y otra vez en ir o en enviar a los suyos “a la otra orilla”, donde tanto él como sus discípulos eran casi unos extraños poco bienvenidos. Nuestra vida cristiana está siempre proyectada hacia esa “otra orilla”. Y no sólo a la definitiva, la Vida Eterna en el Cielo, sino también a “otra orilla aquí”, en esta vida. Para ello hemos sido llamados a ser perpetuos navegantes y caminantes.

 

En la orilla de acá parece que se está bien, disfrutando de las precarias comodidades y logros que creemos haber conseguido. A todos nos tienta el espejismo de una vida “fácil”, burguesa, tranquila, sin complicaciones ni sobresaltos, evitando problemas, cerrando los ojos a la realidad y dejando pasar cuanto ocurra sin mover un dedo. Pero el amor de Cristo, como dice la 2ª Lectura de hoy, “nos apremia” a movernos hacia los demás.

 

Todo cristiano que en verdad lo sea, se siente urgido por Jesucristo a embarcarse con él rumbo a “otra orilla”, a esa margen en la que nos espera nuestro prójimo sufriendo a chorros, a esa tierra prometida del amor incondicional al otro, a la incómoda arista del servicio sin esperar recompensa a cambio. El Hombre está hecho a imagen de Dios, que es amor absoluto, y sólo puede realizarse pasando a esa “otra orilla”.

 

Siguiendo el texto evangélico, vemos que, una vez metidos aguas adentro, se levanta una fuerte tempestad que amenaza con hundir la barca. En principio esto parece raro, pues el Mar de Tiberiades no es más que un lago interior, el Lago de Genesaret. Yo he estado dos veces allí y en una de ellas he tenido la suerte de contemplar en vivo una de esas tempestades. Doy fe de que suceden y de que son pavorosas.

 

Los discípulos están espantados al ver lo que está sucediendo a su alrededor. Como nosotros estamos acogotados ante la galerna que se ha desatado contra los que navegamos en la barca de Cristo en esta sociedad, que amenaza con devorarnos de un momento a otro, asustados como toda persona de buena voluntad que se niega a aceptar las mentiras emponzoñadas de “esta orilla” y se ha hecho a la mar.

 

Acongojados como todos los que no aceptamos la neototalitaria dictadura del progretariado laicista, ni su versión de lo “políticamente correcto” y navegamos a contracorriente de un mundo empecinado en su autolisis colectiva, una sociedad enloquecida y embravecida que no soporta que algunos no “bendigamos” su desvarío y que alcemos nuestra voz disidente entre el fragor de sus truenos mediáticos.

 

Pero no es ese el mayor problema que tambalea la fe de los discípulos. Hay otro mucho peor. Algo tan sorprendente como escandaloso: Jesús está tranquilamente durmiendo sobre un almohadón en la proa de la barca, sin percatarse de la que está cayendo y sin hacer nada de nada al respecto. Lo despiertan con un grito que a muchos de nosotros no nos resulta nada lejano: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

 

Esta es la sensación de abandono que sentimos muchos de los que hemos dejado “esta orilla” y hemos zarpado en la barca que va a la “otra orilla”, una aventura de riesgo en la que nos enrolamos pensando que Jesús va con nosotros, que nada nos puede pasar y que llegaremos a buen puerto. Pero Jesucristo duerme en su almohadón como si le importara todo un bledo. Exactamente como si no estuviera, como si no existiera.

 

Cuántas preguntas, cuántas dudas, brotan de nuestro incrédulo corazón: Señor, ¿no ves el huracán que nos rodea? ¿No ves los millones de abortos? ¿No ves la manipulación del genoma que tú has creado? ¿No llega a ti el grito ahogado de los miles de niños que cada día mueren de hambre? ¿No ves que este planeta tiene los días contados? ¿No ves la perversión moral de la política y de la enseñanza? ¿Por qué no haces nada?.

 

Nos vienen al pelo las palabras que Jesús les dice a sus discípulos después de calmar la tempestad con una simple orden: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. ¿No os dais cuenta de que si yo voy en la barca, la tempestad, por mucho que brame, carece de poder alguno? ¿No os dais cuenta de que yo estoy con vosotros? ¿No veis que voy delante, en la proa de la embarcación? ¿Qué miedo tenéis?

 

Dios nos habla cada día. Pero a veces su palabra es el silencio, un silencio que también forma parte de su lenguaje, como en la música. Son tiempos de aparente ausencia divina, imprescindibles para enseñarnos a vivir como seres humanos en plenitud, que no otra cosa es ser cristiano. Momentos de soledad y de prueba, en los que se libra el buen combate de la fe. Etapas para trabajar duro, apoyados sólo en la esperanza.

 

Cristo, además de echarles en cara a sus discípulos su falta de fe, les critica su cobardía. Jesús no necesita una manada de borregos estúpidos y blandengues, aunque sabe que lo somos tantas veces. Dios quiere formarse un resto, un pequeño pueblo de personas completas, aguerridas, sufridas, intrépidas, audaces y valientes, una comunidad de personas que no se arrodillen ante nadie que no sea el propio Dios.

 

Él conoce nuestra debilidad, nuestra pobreza y nuestros infinitos temores. Aún así, o quizá por eso mismo, cuenta con nosotros, como contó con aquel grupito de descreídos y gallinas que fueron sus primeros seguidores. Por eso nos enseña a sufrir y a luchar, a no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie. Y para ello, como debería hacer todo buen padre, de vez en cuando nos deja “solos” en el campo de batalla.

 

Pero no estamos solos. Jamás. Como Jesús nos decía en el Evangelio de hace un par de domingos: “Sabed que yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo”. Despierto o dormido, Jesús va en la proa de la barca. Él ha vencido al mundo y marcha delante abriendo el camino. Cuando Dios calla es porque hay algo que nos toca hacer a nosotros. Así que, amigos marineros: ¡fuera miedos y a remar tocan!

 

50 más 50: agradecimientos y semi-despedida

 

 

 

 

Tengo 50 años y ésta es mi entrada número 50. Ninguna de ambas cifras son gran cosa, pero para mí revisten significados relevantes. Los que suelen leer mi blog, o quienes le echen un vistazo ocasional (las 50 entradas van a estar visibles durante un tiempo), sabrán que en realidad es una colección de artículos de opinión, más que un diario de a bordo o bitácora que es, por definición lo que debería ser un blog. Otros blogueros de HO o sindicados, lo hacen mucho mejor, anotando cada día lo que va sucediendo y su forma de percibirlo, razonarlo y sentirlo.

 

Pero ese estilo fetén, ni es el mío, ni tengo tiempo de mantenerlo. Durante el año que lleva en marcha el blog que tan amablemente me invitó a crear HO, lo que más he subido al mismo son escritos con vocación, mejor o peor lograda, de artículos de opinión o reflexión. Muchos de ellos han sido publicados antes o al mismo tiempo en prensa digital y/o de papel, y en diversas páginas Web, pero, aun en estos casos, he querido que aparecieran también en mi blog, donde los lectores pueden hacer sus comentarios y se pueden establecer debates, siempre interesantes.

 

Antes de cumplir 51 años pasado mañana, 26 de mayo, quiero hacer un pequeño balance de este último año como bloguero de HO. Y lo voy a hacer desde una perspectiva positiva y agradecida. Es cierto que, aunque he escrito bastantes entradas de las que me siento satisfecho, de otras no tanto. Pero lo escrito, escrito está. Lo mismo sucede con los comentarios y debates. En general, olvidando las estupideces de los “trolls” que entran sólo para reventar las entradas, los cruces de opiniones y razones -a veces encontrados y duros- han sido muy enriquecedores.

 

Como de bien nacidos es ser agradecidos, voy a hacer de este post un canto –bueno, una cancioncilla- de gratitud. No se me ocurre mejor forma de “celebrar” mi pequeña “fiesta” de los cincuenta más cincuenta. Para empezar, sin duda alguna, debo dar gracias Dios. Los motivos, que son los prodigios que ha realizado en mi vida, son tantos que me superan en número, como dice un salmo. El mayor de todos, con creces, es haberme permitido encontrarme con Él a través de su Hijo, Jesucristo, en medio de una Iglesia viva. De ahí parte absolutamente todo lo demás.

 

Bendigo a Dios por el don de la vida, por el don de la fe, por el don de una comunidad cristiana, unos hermanos en la fe, un camino a recorrer y unos catequistas que siempre me han ayudado, por haber dotado a mi vida de sentido profundo, por quererme tal y como soy, por haberme regalado una existencia útil y valiosa, por mi fantástica y querida esposa -ayuda adecuada donde las haya-, por mis seis maravillosos hijos, por mis padres que me iniciaron en la fe en medio de una familia numerosa, por haber podido estudiar, por tener un buen trabajo y por mil cosas más.

 

Ni ha sido, ni es, un camino de rosas, pero le doy gracias también por mis problemas de salud, tan sabiamente diseñados, como hechos a medida, que son una cruz tan fastidiosa como necesaria, que me obliga una y otra vez a reordenar mi vida, mi escala de valores y mi jerarquía de actividades, y me invita cada día a transcenderme, a acogerme y unirme a Jesucristo. Gracias, Señor, por los momentos difíciles y por mis crisis de fe, por mis sempiternas dudas, por tus presencias y ausencias, por tus palabras y silencios. Eres un gran educador, el mejor, el único.

 

Tampoco son minucias todo lo que tengo que agradecer a las personas que he conocido a través de mi pequeña experiencia en el mundo de la acción social y en el mundillo bloguero. ¿Cómo no enviarle un caluroso y agradecido abrazo a Nacho Arsuaga, ahora convaleciente de su accidente de tráfico, creador de Hazteoir.org, plataforma participativa que se ha convertido en un potente referente nacional e incluso internacional para todos aquellos que todavía creemos en los valores de la libertad ideológica, de la sensatez moral o del derecho a vivir?

 

¿Cómo no extender este abrazo a los demás responsables y colaboradores de esta página, cuyos nombres no cito para no dejarme ninguno? Gracias a todos por vuestro trabajo, por vuestra amistad y por vuestra ayuda para poder comunicar lo que pienso a través de mi humilde blog, animándome tantas veces. ¿Cómo no agradecer también los innumerables comentarios que he recibido en mis entradas, incluidos los de quienes piensan distinto a mí? ¡Cuánto he aprendido, sólo en unos cuantos meses, ordenando y escribiendo mis ideas, leyendo las de otros y discutiéndolas en HO!

 

No puedo decir menos de los amigos de VAEL (Valencia Educa en Libertad), con los que he compartido la lucha contra la maldita Educación para la Ciudadanía. Ni de los amigos de la Asociación Católica de Maestros de Valencia, que siempre me han dado mucho más de lo que yo les he dado a ellos. Ni de los de Derecho a Vivir y de la Red Madre. Ni de los de Profesionales por la Ética, ni de los del Foro Nacional de la Familia, ni de otros muchos. ¡Qué mal me sabe que mis circunstancias personales no me hayan permitido colaborar más y mejor con todos ellos!

 

Debo comunicaros que, por motivos de fuerza mayor, mi blog va a registrar escasa o nula actividad durante un tiempo indefinido. Mi precaria salud me obliga a racionar con mucho cuidado mis esfuerzos y mis tiempos. Entre el trabajo como psicopedagogo de un centro de menores y mis clases vespertinas en la universidad, apenas me queda tiempo para convivir con mi familia y para dedicarme a trabajar en mi tesis doctoral. Me encanta escribir sobre otras muchas cosas, pero por un tiempo no va a ser posible.

 

Me voy a tomar un período de trabajo ordinario y oración, para dedicarme a lo más cercano, inmediato e importante, que es mi fe, mi familia, mi misión evangelizadora como catequista de adultos, mi vida de comunidad, mi actividad laboral y mi afianzamiento en la Universidad con el obligado doctorado. Si Dios quiere, no sé cuando ni como, volveré a la carga, eso sí, no sin antes haber aprendido a gestionar mis escasas fuerzas y tiempos de forma equilibrada. Gracias a todos. Un abrazo múltiple.

 

   

La dictadura del progretariado

 

(Transcrito tal y como lo he publicado en Análisis Digital) 

 

La llamada “dialéctica”, tomada de prestado de Hegel, es la base teórica del pensamiento de Karl Marx, que se extiende desde su filosofía teórica, el materialismo dialéctico, a su filosofía práctica, el materialismo histórico. La dialéctica es un proceso tan fácil de comprender como difícil en su aplicación. Consiste en la conocida secuencia: tesis-antítesis-síntesis. La aplicación pragmática de esta regla se traduce en que la “tesis” es el estado actual de una realidad, la “antítesis” es la aplicación de su extremo opuesto y la “síntesis” un estado final más perfecto, el cual, a su vez, puede servir de nueva tesis para iniciar otra vez el proceso. Y así, supuestamente, se progresaría de forma continua.

 

Marx, quizá por su sensibilidad judía, percibió con intensidad las injusticias sociales del capitalismo y de los regímenes políticos autocráticos y, aceptando también el inmanentismo de Hegel, que tradujo en materialismo, ideó una forma de aplicar el modelo dialéctico para hacerlas desaparecer. La situación de injusticia existente sería la “tesis”. La “síntesis” final debería ser una sociedad justa. Para ello hacía falta una “antítesis” intermedia, un estado de cosas diametralmente opuesto a la “tesis”. Marx la concibió como una etapa de “dictadura del proletariado”. Para implantar esta etapa intermedia era necesaria una revolución. Tras ella, advendría una nueva y magnífica sociedad: el paraíso comunista.

 

Se equivocó, evidentemente, ya que su sugerente idea, secundada por gran parte de la intelectualidad y acogida con esperanza por gentes de todo el mundo, no trajo paraíso alguno, sino auténticos infiernos sociopolíticos que han acabado por caer estrepitosamente o han ido asumiendo, al menos en parte, una economía liberal de mercado. ¿Por qué y en qué se equivocó Marx? Es fácil atribuir el fracaso a la malinterpretación de sus ideas realizada por Lenin y, más aún, a su brutal aplicación por Stalin y otros. Como también lo es afirmar que su teoría era sencillamente falsa en todos sus aspectos y que, por tanto, su aplicación jamás podría obtener éxito alguno. Ambas explicaciones son posibles.

 

Sin perjuicio de lo anterior, creo que sus errores básicos fueron cinco: a) Su materialismo, convencido de que el Hombre sólo sería capaz de crear un mundo mejor anulando el “opio del pueblo” de la religión; b) Su buenismo, tan poco judío, que olvidó contar con el factor “debilidad humana” o “pecado” en sus planes; c) Su extracausalismo, hijo de los dos anteriores, según el cual aquello que “aliena” y envilece al ser humano no es lo que procede de su interior, sino algo situado en el exterior: las estructuras injustas; d) Su crematicismo o superlativo acento en la dimensión económica del ser humano; e) Su gregarismo, que extremó la dimensión comunitaria humana en detrimento de su dimensión personal. 

 

Todo lo anterior, sin duda, merece una explicación detallada que excede las posibilidades de un artículo de opinión. Vamos a los hechos: el comunismo, como ahora le sucede al capitalismo, se derrumbó sobre sí mismo. El socialismo real fue un simple sueño de la razón que, como decía Goya, no ha producido más que monstruos. Las “izquierdas” políticas, ligadas a la doctrina marxista, se quedaron sin su proyecto y sentido original y, obligadas a asumir cuanto menos una buena parte de los planteamientos del liberalismo, llevan décadas buscando nuevas “causas” e ideologías a las que abonarse para seguir existiendo.

 

El laicismo radical, distinto de una sana laicidad, es una de ellas, como también lo son el relativismo intelectual y ético, el positivismo moral y jurídico, el feminismo, ecologismo y pacifismo radicales, y una amplia gama de “ismos”. Autoarrogándose una paradójica exclusividad del progresismo -paradójica porque a duras penas consiguen disociarse de las nostalgias de quebrados espejismos del pasado- han optado por secundar los caprichos y desvaríos de ciertas minorías, inventando para ellas nuevos “derechos” a la carta, aunque con ello vayan dejando en la cuneta otros derechos fundamentales que sí son de todos.

 

El socialismo se ha convertido en un cajón de sastre donde cabe todo lo que les apetece calificar de progresismo, aunque sea regresismo, como lo es el aborto, la eugenesia o la eutanasia, prácticas que nos devuelven a etapas de barbarie ya superadas por nuestra civilización. La fallida “dictadura del proletariado”, que sumió a media Europa y parte de otros continentes, en la miseria material, psicológica y moral, ha sido sustituida por una nueva “dictadura del progretariado”, en la que cualquier grupillo que arme suficiente ruido puede imponer sus pretensiones con la bendición de los políticos, por muy descabelladas que sean.

 

Solo hay una condición para obtener el certificado oficial de progresismo y corrección política: que lo propuesto no huela a cirio. O mejor aún, que destruya algo de la cultura cristiana. Hasta grupos políticos con un ideario original humanista cristiano están cayendo en la tentación de girar el timón a babor para repelar votos de ese enjambre de pseudoprogres, sin darse cuenta de que esos cuervos, una vez criados, les sacarán los ojos. Pero esas “raras avis”, con sus piquitos de loro, copan titulares de prensa y espacios televisivos, son protagonistas de la comedia nacional. Así las cosas, todo político cazavotos trata de congeniarse con ellos.     

 

Entre unos y otros han conseguido que nuestro país baile al son de esa panda de progresistas de salón, tovarich con dacha en Marbella o Ibiza, chaqueteros oportunistas, intelectualoides vomitivos, cazadores de cánones y subvenciones para sus bodrios “culturales”, gritones de “no a algunas guerras” y mudos para otras, tertulianos habituales de telebasura y otras especies varias de ese pelaje. Me repugna hasta la náusea la caradura de todo ese progretariado que se pasa por el forro la Constitución, los Derechos Humanos y lo que haga falta, con tal de ver legalizadas y bien pagadas sus reivindicaciones miopes y egoístas.

 

Terminaré con un deseo paradójico: ojalá fuesen ciertos los postulados dialécticos y, siendo la “tesis” el fracasado socialismo real y la “antítesis” el actual capitalismo desaforado -en vías de extinción-, venga después la “síntesis” de un nuevo modelo social capaz de armonizar, de una vez por todas, la libertad con la igualdad, los intereses particulares con los generales y la libre iniciativa con la justicia social. Pero esa síntesis no se hará sin una reconstrucción moral “desde dentro” de las personas, no se hará sin Dios. Si quieren ver una buena maqueta de cómo podría ser esa síntesis, lean la “Sollicitudo rei socialis”, de Juan Pablo II.

 

 

Las respuestas siguen perdidas en el viento

 

Dedico este post al poeta y cantante Robert Allen Zimmerman (Bob Dylan), que compuso e interpretó, en la convulsionada década de los sesenta, una de las canciones más emblemáticas para los que en aquel entonces todavía éramos imberbes. La canción, que todavía me eriza los pelos de emoción y nostalgia cuando la escucho, fue compuesta en 1962, cuando el cantautor tenía 21 años y la juventud americana clamaba y se rebelaba contra una sociedad colmada de crisis, guerras, discriminaciones raciales y religiosas, conflictos sociales y violencia. Una juventud que, con mayor o menor acierto, quiso cambiar el mundo. Como debe de ser.

 

Bob Dylan es todo un paradigma del ser humano en maduración y en crecimiento personal. He dicho paradigma, no necesariamente modelo a seguir. Judío de nacimiento, comenzó su andadura musical juvenil como un romántico rebelde, denunciando con su música todas las injusticias habidas y por haber. Fue uno de los grandes adalides contra la guerra de Vietnam, entre otras muchas causas. Llegado a la fama, su vida se hizo bastante más complicada, llegando incluso a pasar por la cárcel. Su proceso de maduración le llevó a convertirse al cristianismo, lo que le valió un sin fin de críticas y pérdida de fama, ante las que jamás se arredró.

 

Tal éxito tuvo el “Blowin’ in the Wind” de su primera etapa, que pronto traspasó las fronteras USA y se convirtió en un himno internacional para la juventud de los años sesenta. Su melodía, tan sencilla como bella y pegadiza, sirvió como base para muchos cantos religiosos, que los más viejos del lugar recordarán (“Saber que vendrá, saber que estará, partiendo a los pobres su pan…”). Voy a transcribir la letra de la canción, no sólo por morriña –que también- sino por su inusitada actualidad. Para preservar el sentido original, la pondré en inglés, con una traducción un tanto libre al castellano. Que la disfruten tanto como yo.

 

 

Blowin’ in the Wind (Bob Dylan)

 

How many roads must a man walk down before they call him a man?

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que se le llame hombre?

 

How many seas must a white dove sail before she sleeps in the sand?

¿Cuántos mares debe navegar una paloma blanca antes de dormir en la arena?

 

How many times must the cannonballs fly before they are forever banned?

¿Cuántas veces deben volar los proyectiles antes de ser prohibidos para siempre?

 

How many years must a mountain exist before it is washed to the sea?

¿Cuántos años debe existir una montaña antes de disolverse en el mar? 

 

How many years can some people exist before they’re allowed to be free?

¿Cuántos años más pueden vivir algunas personas sin que se les deje ser libres?

 

How many times can a man turn his head and pretend that he just doesn’t see?

¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza y hacer como que no ve? 

 

How many times must a man look up before he can see the sky?

¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba antes de poder ver el cielo?

 

How many ears must one man have before he can hear people cry?

¿Cuántos oídos debe de tener un hombre para poder oír el llanto de los demás?

 

How many deaths will it take ‘till he knows that too many people are dying?

¿Cuántas muertes le costará darse cuenta de que ha muerto ya demasiada gente?

 

The answer, my friend, is blowing in the wind…

La respuesta, amigo mío, está perdida en el viento…

 

The answer is blowing in the wind.

La respuesta está perdida en el viento.

 

 

Hasta aquí llegó el veinteañero Dylan. Las respuestas a sus preguntas se quedaron perdidas en el viento, tan sencillas como inasibles, y volaron a través del espacio y del tiempo. Ha pasado casi medio siglo desde aquella “década prodigiosa” y las cuestiones planteadas siguen sin resolver, las dudas sin contestar, las esperanzas sin realizarse. Hemos avanzado científica y tecnológicamente con una velocidad de vértigo. Nuestro mundo actual es un pañuelo y ha cambiado hasta hacerse una aldea global. Sin embargo, las preguntas e inquietudes de Bob, las mismas que todo espíritu joven se plantea, continúan vigentes. Las respuestas, amigos míos, siguen perdidas en el viento. ¿Hasta cuando?

 

 

 

Ley de Protección a la Maternidad: progreso material más progreso ético-social

 

(Publicado en Análisis Digital)

 

Llevo meses fustigando en algunos de mis escritos al PP, esa formación política que tanto me ilusionó con sus principios originales y que tanto me ha decepcionado conforme los ha ido abandonando. Hoy no lo haré, pero nadie vaya a pensar, por lo que voy a decir, que ya me ha “reconvertido”, aunque, de seguir así, va por buen camino. Entre otras muchas cosas, quisiera que los populares también se colocaran a la cabeza de la defensa de los Derechos Humanos generando algún tipo de pionera normativa que reconozca el derecho a la objeción de conciencia, tanto a la EpC como a otros asuntos en los que el cumplimiento de ciertas leyes con implicaciones morales, entre en serio conflicto con la conciencia de las personas.

 

Pero lo que es justo, es justo, y en esta ocasión, con la aprobación por parte del Gobierno Valenciano del anteproyecto de la nueva Ley de Protección a la Maternidad, he de quitarme el sombrero. Yo no sé por qué derroteros andará Rajoy con su negativa a eliminar o modificar -si vuelve a gobernar- la actual normativa que despenaliza el aborto en los tres supuestos de marras. Tampoco comprendo cómo nuestro valenciano Consell consiente e incluso se jacta de sus congeladores de embriones humanos, de la manipulación de esos pequeños seres humanos y de los “avances” en burradas como la clonación humana. Pero esta nueva Ley que va a sacar el PP valenciano merece mis más efusivos elogios.

 

Si el camino que se ha emprendido con esta avanzada y amplia protección de la mujer embarazada, que repercute directamente en la protección del no nacido, es el comienzo de una reafirmación y un progreso en la defensa de los principios éticos básicos de nuestra tradición cultural, el PP valenciano volverá a ser mi PP y el de centenares de miles de ciudadanos de esta Comunidad Autónoma, a los que nos tienen actualmente bastante confundidos y frustrados, cuando no muy cabreados. Yo quiero pensar que sí y que el increíble progreso material, modernización estructural y proyección internacional al que han llevado a nuestra Comunidad, llevará parejo un progreso paralelo en el ámbito de lo social y lo ético.

 

La Ley de Protección a la Maternidad, tal y como se dibuja en su anteproyecto, tiene, a mi juicio, dos grandes valores: el primero es, sin duda, que entreteje una red de apoyos a la mujer embarazada, tan multisectorial, tan amplia, tan completa y con tantos medios, que creo no equivocarme si afirmo que carece de parangón en la historia. Su puesta en práctica será una ayuda de incalculable valor para la mujer, para la maternidad, para el derecho a la vida y para la sociedad entera. El segundo valor es de índole pragmática: se trata de una iniciativa que no admite contestación. Nadie en sus cabales puede estar en contra de que se presten cuantas ayudas sean posibles a las mujeres embarazadas.

 

¿Que saldrán detractores que tratarán de descalificar la iniciativa del Consell, incluso desde colectivos feministas radicales que deberían aplaudirla a rabiar si tuviesen dos dedos de frente? Seguro que sí. Ya se oyen voces criticándola. Pero jamás lograrán encontrar un argumento ético, ni racional, que consiga demostrar que no haya que ayudar a la mujer embarazada. Oiremos sartas de tonterías, frases-consigna precocinadas, ocurrencias pseudo-ingeniosas, intentos de retorcer los hechos y de ofrecer una información torticeramente manipulada, y mentiras, toneladas de mentiras. Nada serio. Puro ruido. Ni caso.

 

Cuando esta magnífica ley se tramite, apruebe y entre en vigor, bastará un certificado médico de embarazo, aunque su hijo aún no haya nacido, para que las mujeres valencianas puedan comenzar a solicitar -e incluso disfrutar en muchos casos- las ayudas sociales, educativas, sanitarias, fiscales y de vivienda que necesiten para llevar a término felizmente y con todas las garantías posibles su embarazo. Con ello, no sólo se fomentará la natalidad, como afirma el Presidente Camps, algo absolutamente necesario dada la inversión y reducción de la pirámide poblacional, sino que se evitarán miles de abortos que tantas veces se producen por no hallar otra salida. Esta ley va a salvar muchas vidas humanas.

 

El Presidente Camps, al frente de la Comisión Interdepartamental de Apoyo a la Maternidad que ha constituido, ha pronunciado algunas de las palabras más humanas, más bellas y más genuinamente progresistas e incluso revolucionarias que he oído en boca de un político, cuando ha comunicado que: “en el momento mismo que haya una certificación de esa concepción, para la administración autonómica y todas las políticas que desarrolla la administración autonómica, se considera que ya forma parte de la familia, y por lo tanto ya esa familia tiene acceso a todos aquellos beneficios que significa el incremento familiar o que significa algún tipo de ayudas por parte de la Generalitat”.

 

¡Qué contraste con el triste y retrógrado empeño destruidor de vidas que al mismo tiempo están tramando Zapatero y su Ministra de “Igualdad”! Unos trabajando por la protección integral de la mujer embarazada y otros trabajando por facilitarle el homicidio de su propio hijo y abocarla al infierno de las secuelas psíquicas post-aborto. Unos velando por la natalidad, verdadera riqueza de un país, y otros empeñados en el suicidio poblacional. Unos asegurando las futuras políticas de protección social -léase pensiones- y otros sólo prometiéndolas, no se sabe con qué dinero si no hay reemplazo generacional. Unos usando su cerebro para crear nuevas formas de progreso y otros embotados en sus caducos esquemas inoperantes. Unos dando vida a la sociedad y otros robándosela.

 

Enlaces relacionados:

 

Camps se suma a las políticas de apoyo a la maternidad

Firma: felicita a la Generalitat Valenciana por su política a favor de la mujer

Gobierno valenciano aprueba anteproyecto Ley de Protección del Embarazo

Ley Protección Maternidad considera al feto un miembro más de la familia

 

ULTIMA HORA:

 

a) El vicepresidente social del Consell, D. Juan Cotino ha dado a conocer hoy en COPE el compromiso de D. Mariano Rajoy de convertir en nacional el plan ”Más Vida” de la CV.

 

b) La Comunidad de Madrid, que también tiene en marcha importantes iniciativas de apoyo a la maternidad, ha decidido ampliarlas con nuevas prestaciones económicas.

 

 

Encuesta en RTVE sobre Iglesia y Aborto

Vean esta captura de pantalla que acabo de hacer:

 Encuesta TVE Aborto por ti.

Por si quieren comprobarlo, aquí está el enlace (mientras no lo quiten):

Encuesta RTVE Iglesia y Aborto

Fíjense bien que la encuesta no es de la Iglesia, ni de la COPE, ni de cualquier otro medio o entidad a la que acompañe ni la más mínima sospecha de parcialidad a favor de la Iglesia: ¡se trata de RTVE!  

Tengan en cuenta, es justo decirlo, que la encuesta no está realizada con una metodología estadística de validación, ni con una muestra representativa, por lo cual su valor no es riguroso, aunque sí indica una tendencia muy clara en la muestra de visitantes de la Web de RTVE que han querido votar.

Esta tendencia es clara: la inmensa mayoría de los participantes, un 85%, han votado que SI.  

Y ahora me pregunto:

¿Se ha dado difusión mediática a estos resultados?: Que yo sepa, ni nombrarlos. Ni siquiera los han propagado los medios neutrales, ni los provida, ni los pro-iglesia. Pero ahí están, colgados en un pequeño rincón del ciberespacio, esperando a que alguien les haga un poquito de caso.

¿Si los resultados hubiesen sido inversos, se habrían difundido?: Aído los llevaría pegados en la frente, para pasearlos por todas partes. Y Zapatero también. Como mínimo, RTVE hubiera montado un reportaje para darlos a conocer en todos los informativos y aparecería hasta en la sopa. ¿Que no?

¿Influirá esta encuesta, con casi 2500 votos de visitantes de la Web de RTVE, en las intenciones de legislar el aborto libre por parte del PSOE?: Ni borrachos. ¿Influirá esta encuesta en las posiciones de inactividad y omisión del PP respecto a la legislación abortista actualmente vigente?: Ojalá.

¿Merece esta encuesta la realización de un sondeo más riguroso?: Sin duda. ¿Lo hará el PSOE?: No. ¿Lo hará el PP?: Ojalá. ¿Le importa al Gobierno lo que piensa la gente sobre el aborto?: Ni un pepino. ¿Habrá un referendum?: No sé ni para que lo pregunto. Pero no crean que me importa demasiado, porque no creo que el derecho a la vida se deba decidir por votación.

Pueden ahorrarse los comentarios de que los provida hemos corrido la voz por mailing o SMS, porque idénticos medios tienen y usan con eficacia los afines al PSOE. Lo han demostrado sobradamente. Todo el mundo sabe que sin sus SMS el PSOE no estaría hoy gobernando. Así que, en este terreno, empate técnico. Los resultados de la encuesta son los que son y punto.

Indican, pese a no ser un sondeo riguroso, una clara tendencia a que la sociedad española cree que la Iglesia tiene todo el derecho, como cualquiera, a batallar por hacer valer sus posturas respecto al aborto. Más aún tratándose de una encuesta en una Web de RTVE nada sospechosa de “cirio”. Al fin y al cabo, estamos en una democracia con libertad de expresión, ¿no?

También apuntan a que las pretensiones del Gobierno, ni responden a una gran demanda social, ni cuentan con un respaldo generalizado. Sólo son parte de su proyecto laicista radical apoyado por algunas minorías, muy chillonas, pero minorías. El PSOE va a lo suyo, con el pueblo o sin el pueblo. Y el PP va loco buscando cómo repelar votos. Pues aquí tiene una pista. Tome nota.

Enlaces relacionados:

Encuesta Tele5, por Pablo G.

Encuesta en Tele 5, en su propia Web.

Encuesta en El País, en su propia Web.

Nueva encuesta en El País, en su propia Web.

 

Rajoy en TVE y el aborto: hace falta sangre fría

 

La pregunta del millón que, desde otro ángulo, le cayó encima a Zapatero en el anterior “Tengo una pregunta para usted”, a la que por cierto, no contestó, le ha saltado a la cara también a Rajoy, en la edición del pasado lunes del citado programa. Se trata, ni más, ni menos, que de manifestar su opinión sobre el aborto, el tema ético más serio y controvertido en la actualidad. D. Mariano sí contestó, pero ¡cómo!

 

Cuando Zapatero, fue repugnante verle “salir en la foto”, con su sonrisa de máscara veneciana, con Izaskun, aquella chica con Síndrome de Down que, con la despenalización del aborto en los tres supuestos legislada por el PSOE, carece del derecho a nacer sólo por ser como es. A Rajoy se lo han puesto más difícil, porque la pregunta sobre el aborto no se la ha hecho un cura, sino una mujer que padece una anormalidad prenatal por la cual podría haber sido abortada, según ella mismo dijo.

 

María, que así se llama la aguerrida fémina que desde su silla de ruedas interrogó al líder del PP, le preguntó textualmente:

 

“Con la actual ley del aborto, que ustedes no derogaron durante su mandato, yo hoy podría no existir. Porque además, ayer mismo, ustedes, como partido político, no salieron a la calle a manifestarse contra la nueva ley del aborto. Y esa ley va a estar aprobada en el Congreso de los Diputados, si se aprueba, que no tiene por qué, pero se puede aprobar o no. ¿Me podría decir claramente cuál es su posición y la de su partido ante la ley del aborto?”.

 

La respuesta literal de Rajoy, delante mismo de la mujer, fue:

 

“Yo votaré en contra de la ley que plantea el Gobierno de España. Votaré en contra y además, si va la ley como se ha anunciado que va, iré al Tribunal Constitucional. Esa es mi posición y la de mi partido…Ahora, mi posición hoy sobre este asunto es que se debe mantener la ley que existe y está en vigor en estos momentos en España. Es una ley que lleva veinte años, que nosotros no hemos modificado y que en mi opinión respeta el derecho a la vida, con algunas excepciones, que es en el caso de malformación, en los casos de…”

 

Desde luego, hay que tener sangre fría, para decirle delante de sus morros a una mujer que con esa ley socialista que ellos no derogaron ni modificaron, no tenía protegido su derecho a vivir, que su partido y él mismo quieren mantener las cosas como están. Sincero fue, sin duda, D. Mariano, cruelmente sincero, pero me cuesta trabajo comprender en nombre de qué puñetero argumento hay alguien capaz de decirle a esa mujer y a tantos minusválidos que, pese a la ley, han podido nacer, que su derecho a vivir no merecía ser protegido.

 

Miren ustedes. Mi esposa y yo tenemos una hija que nació con labio leporino. ¿Acaso saltamos de alegría por ello? Pues no, claro que no. Pero no nos importó en absoluto. La acogimos en nuestro hogar con todo nuestro cariño, igual que a todos sus hermanos. Tras varias operaciones, no exentas de sufrimientos y temores, no sólo quedó perfectamente corregido el “defecto”, sino que hoy en día es una joven de 20 años que, sin exagerar ni un milímetro, podría hacer de doble de Julia Roberts. No pongo aquí una foto porque no tengo su permiso.

 

¿Por qué les cuento esto? Pues escúchenme bien. Hace apenas unas semanas salió en la televisión un reportaje en el que se explicaban los tipos de malformaciones que habían sido motivo de aborto en España. Nuestra hija estaba con nosotros viendo ese programa. Cuando dijeron que uno de los motivos había sido el labio leporino, a la chica y a nosotros casi nos da un patatús. “¿Han dicho labio leporino?”, nos preguntó nuestra hija, que no podía dar crédito a lo que había oído. “Pues sí, eso han dicho”, le contestamos. “¿Quiere eso decir que yo, por ser como soy, según la ley no tenía derecho a nacer?”, dijo, con una sombra desencajada en su rostro que no quisiera que nadie tuviese que ver jamás en un hijo.

 

A ver si tiene el Sr. Rajoy los arrestos suficientes para venir a mi casa y decirle a mi hija (o a mí) que con esa monstruosa ley eugenésica neonazi que el PSOE coló a la sociedad española y que su partido no modificó cuando pudo, la vida de mi hija no valía ni merecía protección legal. Con su inactividad, su cobardía, su afán de poder y su renuncia a los principios, el PP se ha hecho colaboracionista del mayor holocausto conocido. Sólo en España, ¡un millón y medio de abortos en los últimos veinticinco años! ¿Y dice Rajoy que él defiende el derecho a la vida y que la ley hoy vigente también lo defiende? ¿Tan estúpidos nos considera?

 

Menos mal que dice oponerse al proyecto de aborto libre de Zapatero, que ahora trata de colar a la opinión pública diciendo la descarada mentira de que no “amplia” el aborto, sino que lo “restringe”. ¿Una ley diseñada, no para evitarlos, sino para dar seguridad jurídica a los abusos que los abortadores realizan con la actual? ¿Una ley que descalifica el aborto como delito y lo transforma en un “derecho”? ¿Una ley que permite el aborto libre hasta etapas de gestación en las que el feto hoy en día puede ser viable? ¿Una ley que permite que niñas menores de edad aborten sin conocimiento ni permiso de sus padres? ¿Eso es una ley “restrictiva”?

 

¡Ya está bien de engañar a la gente! La ciencia sabe hace tiempo cuándo comienza la vida humana. El concepto de persona es cultural y existen muchas variantes: que si persona física, que si persona jurídica, que si “pre-persona”, que si se ha de ser autoconsciente o no para ser persona… Pero los conceptos de “vida humana” y de “ser humano” son biológicos. Ser humano es algo tan sencillo como pertenecer a la especie humana. Y toda vida humana comienza, diferenciada como individuo, en el momento de la concepción, con un código genético único e irrepetible. Esto no es una creencia, es un hecho, una certeza científica.

 

Es un avance de la civilización proteger la vida humana, sea cual sea su etapa de desarrollo. Mayor progreso equivale a mayor consideración de la dignidad inviolable de la vida humana, ofreciéndole mayor protección cuanto mayor es su indefensión. En esa dignidad no cabe ningún tipo de “plazos”. No hay vidas humanas que sean ni más ni menos vidas humanas que otras. Defender lo contrario es regresar a la barbarie pre-moral y pre-científica. Así que, el Sr. Zapatero con su empeño en avanzar hacia el aborto libre, y el Sr. Rajoy, con su empeño en no retroceder en esta abominación, por mí se pueden ir a pastar cogiditos de la manita.

 

Enlaces relacionados: 

 

Video de la pregunta en la Web de RTVE

El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU, Redacción HO

Esos superdotados con Síndrome de Down, por José Sáez.

Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

Yo tenía una pregunta para usted, por Gádor Joya.

Aborto: la pregunta crucial sin contestar, por Aníbal Cuevas

Zapatero en TV o el arte de echar balones fuera, por José Sáez.

 

 

 

 

                                                       

I Encuentro de Objetores de Valencia: una experiencia inolvidable.

 

(Publicado en Análisis Digital) 

 

  Encuentro objetores 1 por ti.

 

El sábado día 28 de marzo de 2009 pasará a la historia del movimiento objetor a la EpC como una jornada significativa e inolvidable. Con una participación de más de 350 personas, entre padres, jóvenes y niños, los objetores valencianos han escrito (hemos escrito, ¡qué caramba!) una de las más bellas y entrañables páginas del movimiento objetor por una educación en libertad. Los miembros de VAEL (Valencia Educa en Libertad), plataforma organizadora del Encuentro, acabamos el día agotados, pues el esfuerzo ha sido considerable, pero contentos como unas pascuas tras contemplar cómo nuestras ilusionadas expectativas habían sido superadas con creces. Sin la menor duda, tanto trabajo ha valido la pena.

 

Tan magnífico Encuentro no habría sido posible sin la colaboración y participación desinteresada de algunas de las más destacadas entidades y personalidades embarcadas y comprometidas con el movimiento objetor. Pero, sin perjuicio de la calidad humana y profesional de todas ellas, los verdaderos protagonistas que han hecho realidad el Encuentro han sido los padres que, acompañados de sus hijos, han asistido al mismo y le han dado vida con su presencia, su buen ánimo y su testimonio. Durante la jornada, VAEL entregó varios premios al Mérito Objetor y manifestó su agradecimiento a diversas personas y entidades, pero nuestra máxima gratitud es, desde luego, para todas las familias asistentes.

 

No voy a hacer aquí un reportaje del Encuentro, ni a detallar su programa, con sus distintos actos, ponencias y actividades. Esta información ya ha sido elaborada y comunicada antes y después del Encuentro en artículos, noticias y notas de prensa. Lo que en este artículo quiero exponerles es tan sólo mi experiencia personal, mis propias vivencias y conclusiones. Les adelanto que no es tarea fácil poner en palabras la catarata de ideas y sentimientos que me embargaron durante la jornada y que siguen todavía vivos en mi interior. Mi única pena es que mi precaria salud me haya impedido colaborar mucho más en la preparación y desarrollo del evento. Mas, aprendiendo de ello que nadie es imprescindible, estoy muy contento.

 

Durante los días previos al Encuentro, conforme conocía las cifras de asistencia, apenas podía dar crédito a mis ojos. Poca fe que tiene uno, qué le vamos a hacer. Cuando los ponentes, todos ellos personas de elevada talla personal y profesional, iban confirmando su asistencia y colaboración desinteresada, pese a sus múltiples responsabilidades y apretadas agendas, mi satisfacción iba en aumento. Ha sido una lástima que la anunciada presencia de nuestro Arzobispo saliente no haya sido posible por sus obligaciones de última hora, pero la presencia y las palabras de D. Rafael Cerdá, Presidente de la Comisión Diocesana de Enseñanza, que acudió en su representación, fueron una manifestación de cariño y apoyo que me consoló con creces de su ausencia.

 

Escuchando las ponencias, comprobé la veracidad del refrán “nunca te acostarás sin saber una cosa más”. Durante el último año me he dedicado a estudiar con detalle todo lo relativo a la EpC y la objeción de conciencia, he leído centenares de documentos y artículos, en incluso de he escrito una pequeña ración de los mismos, todo lo cual, desde mi insensata vanidad, me llevaba a pensar que ya poco nuevo podría escuchar. Nada más lejos de la realidad. Mi orgullo ha recibido una buena ducha fría y no hubo intervención en la que no haya aprendido cosas nuevas y no se me haya abierto la mente a nuevas perspectivas. Me he sentido muy pequeño ante tanto gigante y al mismo tiempo entusiasmado de haberme tropezado con tal cantidad de aportaciones a mis limitadas luces.

 

Todo esto en relación con la faceta intelectual del Encuentro, importante, pero en absoluto la principal. Lo mejor ha sido la parte humana y emocional, la convivencia espontánea, el buen ánimo compartido, el vernos las caras, las “charretas” de pasillo, los abrazos a viejos conocidos, la alegre e incansable labor de los voluntarios, las risas y juegos de los niños, el espíritu de fraternidad y la convergencia de sentimientos y motivaciones por encima de los ilustrados matices de las ideas. Espero no ofender a nadie si digo que uno de los mejores momentos que pasé fue el pequeño concierto de rock cristiano que nos regaló el grupo “Kenosis”. Y la comida, engullendo bocadillos y charlando con unos y otros.

 

El Encuentro ha sido todo un éxito. Seguro que los medios afines a los tristes laicistas totalitarios del Gobierno, que pretenden puentear a las familias para inculcar sus ideologías, tan insensatas como inmorales y destructivas, a nuestros hijos, o bien lo ignoran por completo, que es lo más seguro, o bien lo tergiversan todo para atacarnos y burlarse de nosotros, comenzando por las cifras de asistencia. No me importa. Allá ellos con su conciencia y con su deontología profesional. Lo rigurosamente cierto, digan lo que digan, es que este sábado 28 de marzo ha sido una jornada memorable, histórica, instructiva, útil, esperanzadora, alegre y festiva, una gozada para cuantos amamos la libertad y deseamos para nuestros hijos una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Enlaces imprescindibles:

 

El Encuentro de Objetores de Valencia congrega a 364 personas

El Encuentro de Objetores en Valencia: el camino de la regeneración, por Jaime Urcelay

 

   

¡Objetores valencianos, nos vemos mañana!

 

Todo está preparado, la organización material y, sobre todo, la ilusión y el buen ánimo. Mañana, Dios mediante, los objetores de conciencia a la EpC tendremos nuestro primer Encuentro en Valencia. Han sido muchas semanas de arduo trabajo para todos los miembros de VAEL, la plataforma organizadora. Todos hemos tenido que sacar tiempo de donde no parecía haberlo y arrimar el hombro como mejor hemos podido, puesto que todos somos gente normal y padres normales, repletos de obligaciones y de no pocas debilidades, como todos. En VAEL no hay “liberados”, ni profesionales a sueldo. Todos somos voluntarios.

 

No estamos vinculados a nadie ni a nada que no sea nuestra conciencia, aunque colaboramos y acogemos con gusto la participación de todos aquellos que comparten nuestros fines. Eso nos hace tan libres como faltos de financiación. Pero, ¿acaso hay algo más grande que la libertad? El dinero no, desde luego. Gracias al esfuerzo desinteresado de miembros y no miembros, y a las aportaciones voluntarias de todos, mañana tendremos locales, comida, charlas especializadas, mesa redonda, videos, presentaciones, entrega de premios, testimonios de padres y alumnos, atención y actividades para los niños y, sobre todo, convivencia.

 

A lo largo de nuestro año de existencia -estamos de cumpleaños- hemos dado multitud de conferencias, hemos presentado o asesorado miles de objeciones, hemos publicado montañas de artículos, noticias y notas de prensa, hemos presentado recursos, pero aún no nos habíamos visto las caras todos juntos. La idea de hacer un encuentro de objetores no es nueva. Hace muchos meses que la llevábamos en mente pero, enfrascados en la batalla objetora, no hallábamos el momento. Ahora, tras haber emitido el Tribunal Supremo sus cinco primeras sentencias, que tanta polémica han desatado, ya no podíamos esperar más.

 

Hemos contemplado durante las últimas semanas una campaña de desinformación del Gobierno, e incluso también de muchos colegios, directores y profesores, tan intencionadamente desviada y engañosa, que requiere el contrapeso inmediato de una información alternativa a cargo de personas libres y bien preparadas. La objeción de conciencia –que sí es un derecho que se deriva de nuestra Constitución, según doctrina del Tribunal Constitucional- ha sido vituperada, criticada y desalentada por los interesados en inculcar sus ideologías particulares a nuestros hijos, lo que ha despertado no pocos temores en millones de padres.

 

No ha sido fácil el camino de la objeción, ni lo va a ser. Sabemos cuántos de vosotros, padres y alumnos objetores, habéis tenido que soportar discusiones, presiones, amenazas, discriminaciones y burlas, en los centros públicos e incluso en algunos centros concertados, sólo por ser coherentes con vuestra conciencia. Sólo os faltaba el chapuzón de agua fría en que el Gobierno y sus lacayos se han empeñado en convertir las recientes sentencias del TS, cuando en realidad el varapalo se lo ha llevado ellos, y mayúsculo además, ya que en ellas consta la radical prohibición de utilizar la escuela para inculcar elementos ideológicos.

 

Nosotros siempre hemos defendido la opción legítima de la objeción, pero siempre bajo el lema de que se trata de una cuestión de libertad, como reza el lema del Encuentro. Creemos firmemente en que las decisiones de los padres son soberanas y deben ser libres. Pero la libertad exige una información completa, no parcial. Por eso, el sub-lema del Encuentro reza “Infórmate primero, decide después”. Lo que dice el Gobierno ya lo sabéis, puesto que medios informativos bajo su control no le faltan, precisamente. Mañana podréis escuchar las razones de los expertos que piensan de otra forma. Sólo después de conocer las distintas opciones seréis libres.

 

Tras las sentencias del TS, el movimiento objetor no se ha detenido. Nos han puesto algunos palitos en las ruedas, pero nada más. Las sentencias, además de recurribles por los interesados (ya lo han sido varias), no nos afectan a los demás objetores. Es cierto que sientan un precedente que posiblemente nos haga más lento y arduo el camino, pero no generan jurisprudencia ni cierran el camino a que otros recursos mejor fundamentados sean aceptados. Los magistrados no han aceptado las objeciones en los cinco casos vistos, pero nos han regalado una implacable batería de artillería para defender la educación en libertad.

 

Como se pudo ver en el reciente II Encuentro Nacional de Objetores celebrado en Madrid, el movimiento objetor no sólo no está muerto, sino que está más vivo que nunca. Los padres objetores volamos ahora, en vez de con una, con dos poderosas alas:

 

a) Seguir presentando objeciones y llevar adelante su defensa jurídica, desde los Tribunales Autonómicos, hasta el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de DDHH de Estrasburgo y más allá si es preciso (Comisión de DDHH de la ONU).

 

b) La vigilancia y, si procede, la denuncia ante los juzgados contencioso-administrativos, de todo intento adoctrinador en la escuela en temas morales socialmente controvertidos, ¡y ello en cualquier asignatura obligatoria, no sólo en las de EpC!

 

El Gobierno, algunas Administraciones y muchos colegios, quieren dar por zanjado el asunto. ¡Ja, ja y ja! ¡Ni por asomo! La lucha por que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones es una noble batalla, una movilización social sin precedentes y una causa justa y democráticamente impecable. La libertad ganará, tarde o temprano.

 

Así que, queridos padres objetores, queridos padres temerosos y dudosos que no habéis objetado, queridos padres que sólo queréis informaros de qué va esto de la EpC y la objeción, ¡bienvenidos seréis todos mañana! Estoy seguro de que será un día provechoso, interesante y muy, muy agradable y festivo. Si no os habéis apuntado, aún podéis hacerlo en la dirección que más abajo os pongo. Y si leéis este post muy tarde –lo he escrito demasiado encima del Encuentro, enzarzado como estaba en otras tareas- venid mañana y os apuntáis allí mismo. Os dejo a continuación los enlaces para informaros y/o inscribiros.

 

Si quieres a tus hijos, ¡ni un paso atrás!

Noticia en Hazteoir.org

Programa del Encuentro

Correo de VAEL: valenciaeducaenlibertad@gmail.com

 

   Logo Encuentro por ti.

     

Por el amor y la unidad en la defensa de la vida

(Publicado en Análisis Digital)

 

Todos los que defendemos la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural y, en consecuencia, nos posicionamos en contra del aborto, nos encontramos en un momento histórico crucial. El avance del homicida pseudoprogresismo socialista-laicista, con su nueva “ley de plazos” (aborto libre, para entendernos) en ciernes, nos sitúa ante un gigantesco reto que debemos asumir con la máxima eficiencia posible. Tres son las facetas de esta indispensable tarea que nuestra fe, nuestra conciencia y/o nuestro sentido común nos exige:

 

a) Hacer llegar a todos los españoles el hecho ético y científico, de que cada vida humana particular comienza en el momento de la concepción y que, por tanto, ésta es inviolable. Mostrar la maravillosa dignidad de la vida prenatal y la abominación de su aniquilación con el aborto.

 

b) Transmitir a los responsables políticos un triple mensaje:

 

     1. Que el debate “aborto sí, aborto no”, que dan por cerrado, no lo está, ya que los avances de la biología y la medicina desde 1985 exigen una recuperación radical del valor real e inviolable de la vida prenatal.

     2. Que obedezcan antes a su conciencia que a su disciplina de voto. Sus próximas decisiones al respecto serán juzgadas ante Dios, crean en él o no, y sin duda alguna ante el tribunal de la Historia.

     3. Que su avance abortista responde a su particular ideología pro-muerte y a las exigencias de unos cuantos pequeños y gritones lobbies, no a una demanda social generalizada. Que van a perder muchos votos.

 

c) Despertar y movilizar las conciencias adormiladas de millones de ciudadanos que, aún estando a favor del respeto a la vida concebida y teniendo serias reservas contra el aborto, vuelven la cabeza hacia otro lado, por desconocimiento, por dejadez o por cobarde temor a ser tachados de retrógrados y “políticamente incorrectos”.

 

Desde diversas entidades se están lanzando importantes campañas para hacer llegar estos mensajes. Quiero hacer en este artículo un pequeño compendio de algunas que conozco, junto con una llamada al amor y a la unidad, virtudes sin las cuales no alcanzaremos objetivo alguno por mucho ruido que hagamos. Todos los instrumentos de una orquesta son fabulosos por sí mismos, pero si no suenan en perfecta conjunción y armonía, lejos de ofrecer una bella y atrayente sinfonía, sólo emiten una estrepitosa cacofonía que rompe los tímpanos con sus notas discordantes. Dada la limitación de espacio, no puedo ser exhaustivo, pero les animo a que en los comentarios nos cuenten lo que yo no haya citado.

 

Aunque no es preciso ser creyente ni religioso para apercibirse del valor de la vida humana concebida y de la atrocidad del aborto, como yo soy cristiano católico, para hablar del amor y la unidad necesarios para toda acción social, emplearé un lenguaje bíblico y citaré un par de versículos del Nuevo Testamento, que comentaré brevemente antes de presentarles mi pequeña reseña de iniciativas en defensa de la vida prenatal:

 

1) Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe (I Cor 13, 1). Aunque nuestros discursos, artículos, campañas y acciones, tengan la mayor elocuencia imaginable, si nos mueve el odio, el resentimiento o el juicio, y no el amor, nuestro mensaje será una molestia para ciertos oídos, pero no habremos conseguido nada. Si sólo vemos a los abortistas como los “malos” y a nosotros como “los buenos”, somos unos fariseos hipócritas y vomitivos. No estamos ante una cuestión maniquea de buenos y malos, sino ante un gravísimo error ético-moral que es necesario iluminar con nuestra vida, nuestra palabra y nuestra acción.

 

2) Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17, 21). Con la unidad está en juego la credibilidad del mensaje y del mensajero. Dichos como “La unión hace la fuerza” o el “Divide y vencerás” de Julio César, también vienen al caso. Casi todas las grandes batallas se han perdido por la división, más que por la inferioridad. El “movimiento provida”, gracias a Dios, es diverso y no está sometido a ninguna disciplina de voto ni a un pensamiento único. Pero las bases y fines esenciales son los mismos. No es hora de divisiones, ni de acentuar matices, ni de reclamar protagonismos. Es el momento de la unidad.

 

Por todo ello, paso a enumerar algunas iniciativas y campañas que diversas entidades están realizando o van a realizar en pro de la vida, incluyendo en cada una un pequeño comentario y los enlaces pertinentes. Muchas de ellas ya se han aunado y otras están en ello. Se las presento a continuación, juntitas y en orden alfabético, esperando que puedan conocerlas y, ¿por qué no?, participar en las mismas:

 

§ Asociaciones Pro Vida.  ONG’s de voluntariado, veteranas y pioneras en la promoción del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su extinción natural.  Su Federación posee el estatus de ONG Consultiva Especial del CES de la ONU. Sus prestaciones y actividades son tan numerosas como valiosas: Centros de Acogida de Madres, Voluntariado Juvenil, Provida Press, DVD’s y otros materiales didácticos, Congresos, etc. Además, también difunden y participan, asidua y valerosamente, en Veladas por la Vida (iniciativa de HO) ante clínicas abortistas y otros lugares significativos los días 25 de cada mes. (Enlace para Valencia).  

 

§ Campaña “Protege mi vida”. Promovida por la Conferencia Episcopal Española, dentro del Año de Oración por la Vida (2009), como complemento a la Jornada por la Vida que se celebrará en todas las diócesis el próximo día 25 de marzo, para concienciar a los españoles de la necesidad de proteger la vida humana desde su concepción, en contraste con la también necesaria protección de animales en peligro de extinción. La CEE ha emitido una nota informativa y se han creado y distribuido infinidad de carteles, folletos y vallas publicitarias. Pueden informarse en su diócesis sobre los actos programados (Enlace para Valencia).

 

§ Derecho a Vivir. Iniciativa de Hazteoir.org. Viene trabajando desde hace meses, en colaboración con importantes entidades, asociaciones y plataformas, para informar de lo que está sucediendo y para generar y movilizar iniciativas sociales en defensa del derecho a la vida. Para darle máximo realce, ha ”estirado” el Dia de la Vida del 25 de marzo para convertirlo en toda una Semana de la Vida. Actualmente, sin perjuicio de una masiva manifestación conjunta para más adelante, ha organizado y coordinado una gran Marcha por la Vida en Madrid y en toda España para el próximo día 29 de marzo (Enlace para Valencia).

 

§ Manifiesto por la Vida. Llamada también “Declaración de Madrid” a raíz de su reciente presentación en la capital de España. Promovida en sus inicios por un pequeño grupo de expertos especialistas en materia médica y científica, para ofrecer un punto de vista cualificado y alternativo al de la parcial e interesada comisión consultiva formada por la Ministra de Igualdad, pronto recibió multitud de adhesiones de otras personas del mundo de la ciencia, de la educación y otras disciplinas, contando a día de hoy con más de 1300 adhesiones de profesionales cualificados. Se puede leer y firmar el manifiesto en el enlace que encabeza este apartado.

 

§ Red Madre: Importante iniciativa que trabaja incansablemente en todas las Comunidades Autónomas para conseguir las 50.000 firmas necesarias para que se admitan a trámite y se aprueben una serie de ILP’s (Iniciativas Legislativas Populares) que permitan montar redes de recursos de apoyo integral a las mujeres embarazadas, especialmente aquellas que se encuentran en situaciones de dificultad. Ya ha conseguido sus objetivos en algunas CCAA. En la Comunidad Valenciana conseguimos reunir muchas más de las firmas necesarias y actualmente la ILP está pendiente de aprobación en las Cortes Valencianas. (Enlace para Valencia).

¿Por qué una cultura de la muerte?

 

(Lo he publicado hoy en Análisis Digital)

 

La llamada “cultura de la muerte”, es una realidad que se ha implantado en la sociedad occidental posmoderna, por mucho que sus partidarios y constructores lo nieguen y no acepten tal denominación. Es irrefutable que nunca antes se había promovido la legalización de tantas prácticas destructoras de vidas humanas: aborto, eutanasia, manipulación de embriones… No es que el aborto o la eutanasia sean algo nuevo bajo el sol. Lo que sí es una espantosa novedad es que, pese a la paulatina evolución de la sociedad hacia la estima del derecho a la vida, ahora se reivindiquen tales barbaridades como legítimos derechos y se legalicen.

 

Existe un pequeño pero poderoso lobby pro-muerte, autoproclamado como progresista y avalado por el certificado de lo políticamente correcto. Un “progresismo” que es “regresismo”, puesto que anula algunos grandes logros de nuestra civilización y nos devuelve a estados de barbarie ya superados. Es triste y paradójico que, en la misma sociedad que tanta sensibilidad muestra frente a otros atentados a la vida, con sus “no a la guerra”, “no a la pena de muerte”, “no al comercio de armas” o “contra la violencia de género, tolerancia cero”, se esté extendiendo tal desprecio a la vida de los más inocentes e indefensos. Una incoherencia que vuelve a cuestionar el valor inviolable de toda vida humana.

 

¿Por qué este sinsentido? Profundicemos un poco en esa “cultura de la muerte”, en busca de sus causas, porque son éstas las que hay que abordar de forma preferente para rehacer una “cultura de la vida”. El activismo pro-vida anda empeñado –yo mismo colaboro todo lo que puedo– en luchar contra las tropelías que esta cultura destructiva inventa día tras día. Todo esto es necesario, sin duda alguna. Sin embargo, tanto esfuerzo parece chocar con un impenetrable muro de cemento armado, con un parapeto de conciencias endurecidas y embotadas, empecinadas en matar más y mejor, sin querer ver ni oír nada que pueda cuestionar sus posturas y odiando a muerte (o casi) a quienes se les oponen. 

 

Esto sucede porque el aborto, la eutanasia o la manipulación, congelación y destrucción de embriones y demás prácticas anti-vida, son los síntomas externos de una grave enfermedad interna, de una epidemia social que, como las infecciones virales, no remite con remedios sintomáticos. Sin destruir el virus que la provoca, podemos pasarnos toda la vida luchando contra la sintomatología del problema, logrando quizá algunos valiosos éxitos pasajeros, pero sin poder evitar que vuelvan a aflorar una y otra vez. Es fácil explicar la etiología de esta homicida cultura por la mera concurrencia de intereses económicos, pero estos intereses sin escrúpulos no son más que otros síntomas de esa misma patología psicosocial.

  

El origen profundo de la cultura de la muerte no es otro que el resultado final del ejercicio generalizado del más grave de cuantos errores humanos existen, el padre de todos los demás errores, muy bien explicitado en primer libro de la Biblia bajo el concepto de “pecado original”, que consiste en reclamar para sí mismo la autonomía moral. Los postulados esenciales de este necio y soberbio desvarío son: “Ni Dios, ni ley natural, ni moral revelada, ni principios universales, ni otra norma de conducta exterior a mí que no sean las leyes positivas que elaboremos a nuestra conveniencia. Mi vida es mía, mi cuerpo es mío, yo decido sobre el bien y el mal, sobre la vida y la muerte”. En resumen: “YO SOY DIOS”.

 

El Hombre moderno, que se erigió a sí mismo como centro y medida de todas las cosas, apartando a Dios y colocándose en su lugar, en la posmodernidad ha acabado sin Dios y sin el Hombre. El vacío de Dios, que pretendía suplir con su razón, ha terminado siendo ocupado por el instinto. Expulsado Dios, caídas las ideologías sustitutivas y desacreditado el poder de la ciencia y la tecnología para proporcionarnos una vida plena en un mundo mejor, la Humanidad se ha lanzado a una carrera desenfrenada en pos del bienestar material y el placer hedonista, muy bien aprovechada, publicitada y surtida por un consumismo feroz. La insatisfacción profunda nos ha convertido en cazadores compulsivos de estímulos fáciles y en depredadores de todo aquello que amenace nuestro efímero “bienestar”.

 

El problema es que, nos pongamos como nos pongamos, NO SOMOS DIOS. El Hombre ha intentado serlo, ha tratado de orientarse por sus propias luces y deseos y lo ha estropeado todo: Nuestro planeta está moribundo, no hemos eliminado la violencia, ni las guerras, ni el hambre, ni la incultura, ni la injusticia, ni la desigualdad, ni apenas nada. Hemos logrado un avance tecnológico vertiginoso y deslumbrante, que no ha hecho más que crearnos nuevas necesidades de consumo. El homo sapiens se ha convertido en un minimalista homo œconomicus, encandilado con su injusto, insolidario e indecente “paraíso” material pequeño-burgués, ahora en lógica y justa crisis. Hemos metido la pata hasta el fondo. 

 

No somos Dios, evidentemente. Pero somos creaturas hechas a su imagen y semejanza. Dios es amor y nos ha creado por amor y para el amor. Ese es nuestro diseño original, nuestra identidad y nuestra razón de ser. Toda persona, atea, creyente o agnóstica, hasta la más degenerada, lleva impreso en su ser que no puede vivir sin amor y sin amar. Desechada la relación con Dios, quien nos da el ser amándonos sin condiciones y, por eso mismo, hace posible que podamos amar, sólo queda el insoportable absurdo de la soledad existencial absoluta, que es el infierno. El otro se convierte en aquel “que nos roba el ser”, como decía Sartre y “el hombre es el lobo para el hombre”, como aseveraba Hobbes.

 

Amar conlleva morir a nosotros mismos, romper las barreras que nos separan del otro. Todos podemos amar a quien nos gusta, nos construye, nos quiere, nos devuelve algo a cambio. Pero no podemos amar a quien nos estorba o nos roba la poca vidilla que tenemos, porque nos mata de alguna manera. Sin tener dentro la Vida plena, que proviene de Dios, necesitamos defender la poca que tenemos y vivir para nosotros mismos. Sin Dios, no podemos amar más que nuestro propio reflejo en los demás. Y si no es posible amar al otro cuando se presenta como una amenaza, aparece la necesidad de defenderse de él, eliminarlo de alguna forma. Quien no puede morir, acaba matando, incluso físicamente. He aquí la raíz de la “cultura de la muerte”. Sin Dios, el respeto a la vida humana se esfuma.

 

Por eso, para los cristianos, no hay tarea más importante que la evangelización, con la propia vida y con la palabra. No se trata de hacer proselitismo, sino de hacer presente en el mundo que Dios existe, que nos ama y que envió a su Hijo para que con su Muerte y su Resurrección, reabriese el camino que nuestro orgullo había cegado y restaurase nuestro amoroso diseño original. El Hombre moderno rechazó la invitación; el posmoderno apenas ni la conoce. Como el padre del hijo pródigo, Dios espera con los brazos abiertos a que regresemos de nuestra fracasada y dolorosa aventura de autonomía. La acción social por la cultura de la vida es justa y necesaria, pero será vano esfuerzo sin centrar el mayor empeño en una nueva evangelización que llame al Hombre a encontrarse con el autor de la vida: Dios.

 

 

 

 

 

La crisis según Albert Einstein

 

Mientras termino de perfilar mi siguiente entrada, he decidido prestarle un hueco en mi blog al Sr. Albert Einstein, que tiene cosas muy interesantes que decirnos sobre las crisis. Habría que aplicarse el cuento. No añadiré nada a lo que él dice, porque sería estropearlo. Lean, lean…

 

 

 

Profesores: ¿A quién obedecer, a los RRDD o al TS?

 

Viñeta Duda por ti.

 

Una vez el Tribunal Supremo ha beatificado los RRDD que desarrollan la EpC, declarándolos ajustados a derecho, ha pasado la responsabilidad de mantener la obligada neutralidad ideológica de la enseñanza pública a los profesores y editoriales. Y la vigilancia de la legalidad constitucional educativa parece que ya no corresponde a la justicia, ni a las administraciones, ni a los inspectores, sino a los padres y a los alumnos. El TS acaba de crear un cuerpo gratuito de censores, bien conocedor y celoso de sus derechos. Libros, materiales, programaciones, clases… Todo va a ser examinado y, si procede, denunciado por los nuevos policías sin uniforme en que nos han convertido a los ciudadanos.

 

Editoriales y profesores han de andarse en lo sucesivo con pies de plomo, puesto que la labor de los “nuevos inspectores” -alumnos y padres- no se limita a la EpC, sino a toda materia obligatoria. Buen cuidado han de tener en no introducir en sus publicaciones o en sus clases elementos doctrinarios sobre temas morales socialmente controvertidos, porque los despreciados padres objetores no se van a andar con chinitas y las nuevas armas se van a utilizar a discreción. La defensa de su derecho constitucional a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus convicciones se ha hecho más ardua y larga (que no imposible) por la vía objetora, pero sin duda harán buen uso de cualquier otra vía legítima.

 

Por otra parte, aunque el TS no lo haya reconocido, los RRDD que regulan la EpC e imponen sus enseñanzas mínimas obligatorias a todas las CCAA, incluyen elementos de claro adoctrinamiento moral, que se desvelan sin pudor alguno en los criterios de evaluación. No entro en detalles, porque se han escrito ríos de tinta sobre el asunto. Consulten las noticias y blogs de HO, o los documentos elaborados por Profesionales por la Ética y otras muchas entidades y especialistas. Me basta recordar aquí que los profesores, por precepto legal, deben evaluar a los alumnos, no sólo sobre sus conocimientos de esa “moral cívica” estatal, sino que deben evaluar su grado de asunción de los mismos, sus criterios morales personales.

 

¿A quién deben obedecer los profesores? ¿A lo dispuesto en la normativa vigente, declarada ajustada a derecho por el TS, o a la neutralidad ordenada por el TS? Para acatar lo dispuesto por el TS, es preciso ignorar ciertos contenidos y criterios de evaluación obligatorios, lo cual es ilegal. Y viceversa, para cumplir con el contenido del currículo obligatorio, es necesario desacatar lo establecido por el TS, lo cual también es ilegal. Los centros públicos, sobre todo, lo tienen crudo con tal encrucijada de imperativos. Si no los denuncian los padres por adoctrinar, pueden denunciarlos otros por no cumplir con el currículo obligatorio. Bonita papeleta les ha tocado. ¡Y algunos de ellos han celebrado las sentencias!

 

El TS no ha puesto punto final al conflicto, sino todo lo contrario. Ni ha detenido al movimiento objetor, entre otras cosas, porque sus sentencias son recurribles, ni ha devuelto la educación a sus cauces normales, que son los sociales y no los judiciales. A los profesores que se han dedicado a atacar o menospreciar a la objeción y a los objetores, más les hubiera valido apoyar la causa o mostrar un cauteloso respeto, igual que algunos autores de libros de EpC. Con su interesada intolerancia, sólo han conseguido este conflicto que el TS les ha arrojado encima. Su desafecto a quienes defienden la educación en libertad les puede haber salido muy caro. Apoyar o respetar la objeción hubiera sido más honesto y rentable.

 

        

Esos superdotados con Síndrome de Down

 

Sin duda lo que voy a decir suscitará más de una socarrona sonrisa entre quienes sólo ven las cosas desde una perspectiva exclusivamente científica. Eso es algo que me trae sin cuidado porque, por fortuna, la realidad admite muchas otras lecturas, además de las extraídas mediante la aplicación del método experimental. Quienes sólo creen en aquello que es demostrable en un laboratorio, no saben lo que se pierden. Pero ese asunto ya lo abordaré en otra ocasión. Aquí les cuento lo que pienso, utilizando mi lectura preferida de esta realidad humana, y punto.

 

Siempre me ha resultado fascinante que las personas con Síndrome de Down no tengan en su dotación genética algo de menos, sino algo de más, un “extra” que los demás no tenemos. Es justo lo contrario de lo que nos sucede a los varones, que carecemos de un brazuelo en todos nuestros pares cromosómicos, que nos deja con un disminuido “XY” donde las mujeres tienen sus flamantes “XX” completas. Algo nos falta a los hombres en esos cromosomas “castrados” y sospecho que no sólo se trata del fabuloso don de la maternidad. Pero, volvamos al tema.

 

No me parece descabellado pararse a pensar que algo podrían tener los afectados por la trisomía del par cromosómico 21 -que en eso consiste el Síndrome de Down- gracias a ese cromosoma de triple cuerpo que los demás no tenemos. Diríase que la naturaleza ha regalado a ciertas personas un plus genético que, pese a alterar en distintos grados determinadas estructuras y funciones físicas y psíquicas, como todos bien sabemos, quizá les permita la posesión de algunas capacidades  imposibles para quienes no lo tenemos. Sondeemos un poco esta hipótesis.

 

Es un hecho observable que, aunque muchos padres -no todos- que tienen un hijo con Síndrome de Down, nada más saberlo lo perciben trágicamente, no son menos numerosos los que poco después insisten hasta la saciedad en proclamar lo recompensantes que resultan estos niños, que gozan de una capacidad de dar y recibir amor incomparable con ningún otro. A poco que sus padres sean capaces de liberarse de los prejuicios sociales, no hacen más que dar gracias por ese hijo, por muchos trabajos y padecimientos que acompañen a su diferencia.

 

No voy a negar, porque es evidente, que criar y educar a una de estas personas exige una dedicación especial y lleva consigo muchos temores y no pocos sufrimientos. En mayor o menor medida, aparecen retrasos intelectuales, pocas defensas frente a enfermedades, alteraciones anatómicas y fisiológicas y una expectativa de vida menor que la media de la población general. Siendo todo esto harto difícil, aún pueden ser peores las dificultades sociales: el rechazo o falta de acercamiento de otros niños. Esto es quizá lo que más hace sufrir a muchos padres.

 

Sin embargo, son innumerables los testimonios de familias que tienen en nada todos esos problemas, en contraste con la felicidad que son capaces de mostrar y transmitir estos hijos. ¿Quién ha dicho que sufrir por los hijos es malo? ¿Acaso hay otra forma de ser padres e incluso de ser personas adultas y maduras? ¡Cuántas familias han visto cómo mejoran sus relaciones, cómo se disuelven graves problemas y cómo ese miembro “especial” es verdaderamente una persona especial, no por sus deficiencias, sino por todo aquello que sabe dar como nadie!

 

¿No será que la trisomía del par cromosómico 21, no es una deficiencia, ni una desgracia, sino una misteriosa ventura genética que, aunque ocasiona desventajas respecto a eso que llamamos “normalidad”, en realidad otorga a sus portadores capacidades de valor extraordinario? Veamos: ¿Qué es más humano, tener un cociente intelectual alto o ser capaz de entregar mucho cariño? ¿Qué es más valioso, ser más productivo o ser más donativo? ¿Qué proporciona más felicidad a los padres, los sobresalientes en matemáticas o miles de besos y caricias no fingidos ni forzados?

 

¿Que estas reflexiones son pura poesía sentimental? Bello poema sería, pero no es esa mi intención. Estoy escribiendo en prosa y muy en serio. Dejen aparte las miradas compasivas hacia estas personas y obsérvenlas sin los prejuicios que nos imponen esas estúpidas reglas sociales que establecen que quien no es “como la mayoría”, es un desdichado. ¿Está usted seguro de que su vida es más feliz que la de ellos, porque es usted más inteligente y más hábil para cumplir con las exigencias sociales? ¿Ha contemplado alguna vez el rostro de felicidad de estas personas? ¿Ha escuchado las maravillas que sobre ellos dicen sus padres?

 

Es bastante común hoy en día medir la suerte o la desgracia de cada uno en contraste con los estándares sociales, con fríos criterios de “normalidad” estadística. Y se suele medir el valor de las personas cada vez más con el pragmático criterio de la capacidad productiva. Sin duda, sus diferencias reportan al afectado y a su entorno una serie de dificultades, tanto mayores cuanto más esté diseñada la sociedad sólo para los que dan la talla impuesta. Lo que muchas veces olvidamos es que los “discapacitados” suelen darnos sopas con honda como seres humanos y que son portadores de valores que con frecuencia no podemos ni soñar.

 

Por eso estas personas, más que “minusválidas”, son “minusvaloradas”, que no es lo mismo. Si supiéramos medir su valor con criterios más profundamente humanos, tal y como nos ha enseñado nuestra cultura cristiana, ahora desechada por los necios laicistas como una antigualla enemiga del Hombre, estas personas serían los primeros de la clase o, mejor aún, nuestros maestros en tantísimos valores que más nos valdría aprender. ¡Cuántas veces son estas personas minusvaloradas quienes nos enseñan a vivir de verdad a los que tan aventajados nos creemos!

 

Tiempo atrás, eran muchos los padres que, por aprensiones sociales, apenas se atrevían a sacarlos de casa. Afortunadamente, esas actitudes son cada vez menos. Hoy en día, si no se ven en la sociedad más personas con este síndrome es sencilla y llanamente porque miles de ellos ya no nacen tras ser asesinados en el seno de sus propias madres. Las exploraciones intrauterinas, cuya genuina función es detectar precozmente ciertas enfermedades tratables en la etapa prenatal, se han convertido en un juicio sumario con pena de muerte para los diferentes (1).

 

¿Cómo es posible invocar esta maravillosa diferencia, o cualquier otra, para negarles el derecho a nacer y vivir? ¿En qué mente sensata y civilizada o en qué corazón sensible y humano cabe tal atrocidad? ¿Es que hemos retornado a la más absoluta barbarie o acaso hemos caído a una psicopatía colectiva? ¿Ha resucitado Hitler con sus pretensiones de crear su “superhombre” sin defectos? ¿Cómo es posible que la matriz femenina pueda convertirse en un nuevo Auchswitz? ¿Qué atroz dureza y engaño habita en el corazón y en la mente del lobby proabortista?

 

No hace mucho Zapatero fue sometido ante las cámaras de televisión española, a la pregunta: ¿Cree usted que el no nacido es un ser humano o no? El Presidente se evadió de la cuestión. En el mismo programa, intervino una muchacha con Síndrome de Down. Zapatero no dudó en ensalzarla, halagarla y en coleguear y salir en la foto con ella, con la mejor de sus pinochescas sonrisas. Yo le hubiera hecho otra pregunta: ¡Pedazo de hipócrita! ¿Qué puede decirle a esta joven sobre el hecho de que, con sus leyes abortistas en la mano, podría haber sido asesinada impunemente en el seno de su madre por el sólo hecho de ser como es?

 

 

P.S. Vean este enlace: Una persona de esta foto no merecía vivir, por Elentir.

 

06-03-09: El aborto por discapacidad es contrario a la Convención de la ONU.

 

(1) El Dr. D. Esteban Martínez, en el foro “Amniocentesis” de HO, proporciona el escalofriante dato de que el 90% de los niños diagnosticados de Síndrome de Down antes de nacer, son abortados.

 

13-03-2009:

 

El primer universitario español con S.D. se estrena como maestro. En HO.

El aborto con los sindromes de Down. En HO.

Que el Gobierno pregunte sobre el aborto a alguien con S.D. En HO.

Síndrome de Down; el amor de unos padres. En HO.

Objetores a EpC: ¿Hemos ganado o hemos perdido?

(Publicado en el diario Las Provincias, el 24-02-2009) 

 

Como no tengo la suerte de contar con una bola de cristal como cierta ministra pitonisa, ni acceso a las grietas por las que se han ido filtrando informaciones anticipadas y conclusiones, tan apresuradas como interesadas, sobre las sentencias de los cuatro casos de objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía que han sido vistos por el pleno del Tribunal Supremo, y siendo del dominio público directo, hasta hace pocos días, tan sólo la escueta nota sobre el fallo dada a conocer el 28 de enero, he preferido guardar un prudente silencio y esperar a poder analizar con calma las sentencias definitivas, antes de abalanzarme sobre el teclado y escribir mis propias conclusiones sobre el asunto.

 

Ahora, sentencias en mano, sabemos que el TS ha denegado, por mayoría de su pleno, sin unanimidad y con discrepancias internas bien visibles en los textos de los votos particulares, el derecho a la objeción a la EpC en los cuatro casos que han sido vistos. Pese a tan desafortunada decisión para un sistema democrático, el TS ha entrado al fondo del asunto y, sin limitarse sólo a esos cuatro casos, se ha pronunciado sobre ciertos asuntos generales, confirmando con contundentes advertencias que ni el Gobierno, ni ninguna otra Administración, profesor o editorial está legitimada para adoctrinar a los estudiantes en temas morales que son objeto de controversia social, animando a los padres a que denuncien ante los juzgados cuantas irregularidades detecten.

 

Así las cosas, ¿los objetores hemos ganado o hemos perdido con las sentencias de marras? Para contestar a esta pregunta es preciso responder previamente a otra: ¿con qué fin presentamos, ejercemos y defendemos vía judicial nuestras objeciones de conciencia a la EpC? La respuesta es clara: los objetores no luchamos por la objeción como un fin, sino como un medio. Para nosotros la objeción ha sido el único arma legítima que, ante nuestra situación de indefensión, nos quedaba para defender nuestros derechos parentales frente a las pretensiones del Gobierno de adoctrinar a nuestros hijos a través del grupo de asignaturas de EpC diseñadas en la LOE y los RRDD que la desarrollan.

 

Reconocemos que la defensa del derecho a la objeción de conciencia es una saludable reivindicación democrática, por la que sin duda vale la pena luchar, y que toda limitación del mismo es un síntoma de la mala salud de un sistema democrático. Los objetores a EpC, como ciudadanos españoles, lamentamos esta decisión del Supremo, lo mismo que deploramos la ceguera, voluntaria o no, con que la mayoría de sus magistrados han analizado los RRDD para concluir de forma general que semejantes panfletos se ajustan a derecho. Pero, insisto, el reconocimiento en sí de la objeción no es la finalidad central de nuestra batalla.

 

Sea como fuere, las sentencias del TS, aunque siempre son orientativas y de peso, no determinan las resoluciones de otros juzgados y tribunales, ya que nuestro sistema judicial no es jurisprudencial como el anglosajón, ese que vemos en las películas. Prueba de ello es que ya han sido emitidas varias resoluciones favorables a la objeción después del fallo del TS. Por otra parte, las sentencias del Supremo no agotan las posibilidades de defensa jurídica de los afectados, puesto que los padres pueden, y así lo van a hacer en breve, recurrir a instancias superiores como el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

 

El fin último de nuestra objeción a la EpC, como antes decía, es impedir que un gobierno adoctrine a nuestros hijos según su particular ideología en temas morales. Desde esta perspectiva, con objeción reconocida o no, las serias advertencias que el TS dirige al Gobierno desde sus sentencias, sobre la ilegalidad de adoctrinar moralmente a través de la escuela, y los caminos alternativos de defensa jurídica que recuerdan y alientan los magistrados, suponen un avance de incalculable valor hacia el logro de nuestro objetivo primordial, una clara victoria que los padres y las entidades y plataformas que trabajamos a su lado por una educación en libertad sin duda vamos a saber aprovechar al máximo.

 

El TS ha propinado una buena reprimenda al Gobierno reafirmado la ilegalidad de toda práctica adoctrinadora en temas morales objeto de controversia social por parte de cualquier administración, entidad, profesor o editorial, y ha alentado a los padres a que denuncien cuantos abusos detecten. ¡Y no sólo en las clases de EpC, sino en cualquier asignatura obligatoria! Esto nos exige a los padres una vigilancia que quizá antes no hemos ejercido con suficiente diligencia –lo cual es una importante lección a aprender– y nos señala una vía poco explorada, pero en extremo contundente y eficaz, para ejercer nuestro derecho a que nuestros hijos reciban una educación acorde con nuestras convicciones.

 

Con estas sentencias, cuyas primicias tan alegremente recibían y tan torticeramente interpretaban el Gobierno y sus correveidiles, el TS ha abierto una caja de truenos de potencia incalculable, una bomba de racimo que no tardará en explotar por doquier y que atiborrará sus salas de más recursos. Pese a los palos que el TS ha colocado a las ruedas de la objeción, los objetores hemos salido ganando mucho más de lo que esperábamos. Si alguien lo duda, que se lo pregunte dentro de poco a las administraciones, colegios y profesores que se van a ver sentados en los banquillos de los juzgados, o a las editoriales sectarias que van a tener que convertir sus tendenciosos libros de texto en pasta de papel.

 

 

ANEXO: Biblioteca de enlaces relacionados:

 

1) Invitación expresa a la participación de todos los objetores:

 

II Encuentro Nacional de objetores de conciencia a la EpC.

 

2) Noticias

 

El Supremo da la razón a los padres objetores.

El TS da la razón a los objetores a la EpC.

Cabrera pierde la locuacidad ante la sentencia de EpC.

VAEL: No está todo dicho sobre la objeción.

Seis nuevos fallos judiciales respaldan la objeción a EpC.

Varapalo del TS al adoctrinamiento del Gobierno a través de EpC.

PPE: El TS ha atendido al fondo de las demandas de los objetores.

La sentencia del TS podría impedir el adoctrinamiento escolar.

 

3) Reacciones

 

Movimiento objetor resalta que TS prohíbe que EpC adoctrine.

Objetores a EpC usarán las vías de actuación que recomienda el TS.

El IPF de Baleares celebra las sentencias del TS.

Los objetores recurrirán el fallo de EpC en un mes y medio.

Padres contrarios a EpC auguran un aluvión de demandas.

Acciones judiciales contra MEC por patrocinar material adoctrinador.

Objetores denunciarán textos de EpC con contenidos adoctrinadores.

Objetores de Baleares instan a su Gobierno a acatar sentencias TC.

 

4) Opinión

 

Diez razones para celebrar las primeras sentencias del TS.

El TS prohíbe adoctrinar con EpC, por Ignacio Arsuaga.

EpC: El Estado no puede adoctrinar, por Aníbal Cuevas.

EpC: La objeción no ha lugar frente a una ilegalidad.

¿Igual que matemáticas?, por Teresa García-Noblejas.

La maraña de la sentencia EpC, por Jose Antonio Méndez.

El CJTM considera incongruente la postura del TS respecto de EpC.

La mala conciencia, por Agapito Maestre.

 

5) Como siempre, el Gobierno valenciano del PP dando la nota:

 

Gobierno Valenciano no modifica postura respecto EpC y objeción.

 

No obstante, algo es algo:

 

El Consell exige al Gobierno la elaboración de nuevos contenidos.

 

Beneficios educativos de la objeción de conciencia a la EpC

  

 

El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y

 adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas.

(Cristina Trivulzio di Belgioioso) 

 

 

El ejercicio real de la objeción de conciencia -cuando digo “real” me refiero a que el alumno de hecho no entra en clase- ni ha sido, ni es, ni será, un caminito de rosas. No es fácil, ni para los padres, ni para los hijos. Los mayores temores de los padres objetores son las repercusiones negativas que el ejercicio de este derecho pueda tener sobre sus hijos. Los objetores tenemos claro que nuestra postura es justa y necesaria y que perseguimos algo bueno para su educación, pero también sabemos que no es fácil para un adolescente mantenerse en una posición tantas veces desalentada, ridiculizada o vapuleada por compañeros, profesores y directores y que, en mayor o menor medida, altera su trayectoria académica ordinaria (1).

 

Aunque por fortuna no es mi caso, desde VAEL y otras entidades pro-objeción conocemos los engaños, las presiones, el ostracismo, las burlas y el maltrato psicológico recibido por estos jóvenes en algunos centros, con diversos grados de intensidad y con honrosas excepciones. Pero, incluso estas onerosas situaciones, tan reprobables en quienes las provocan, no son siempre nocivas para nuestros hijos. Muy al contrario, el hecho de verse embarcados en esta arriesgada aventura en defensa de principios y derechos, conlleva excelentes aportaciones educativas, aunque su percepción y comprensión por los alumnos varía con la edad y madurez de cada uno. No obstante, los entiendan o no, los beneficios se producen.

 

Veamos algunos de estos beneficios educativos (2):

 

a)     Todo adolescente necesita poseer y perseguir ideales, metas justas e importantes que den contenido a sus pujantes inquietudes existenciales y sociales. Este potencial juvenil tiende a ser extinguido por el consumismo aplastante al que están sometidos y por el relativismo y falta de valores sólidos de la sociedad actual, al mismo tiempo que es manipulado por los poderes fácticos para utilizarlo en provecho propio. Los alumnos objetores encuentran poco a poco en esta batalla legítima una buena contribución para cubrir su impagable necesidad de compromiso con metas justas y valiosas.

 

b)     La objeción de conciencia a la EpC es tan sólo una de las muchas causas justas por las que vale la pena trabajar, de las que este mundo está repleto. A tal efecto, es un magnifico campo de entrenamiento para que los jovencitos, en el futuro, pongan su empeño en conseguir un mundo mejor y no sólo en sus pretensiones egoístas. Este combate prepara su ánimo, templa su carácter y les proporciona experiencia para ser ciudadanos conscientes y activos. Esto es lo que más temen ciertos poderes establecidos, que prefieren una juventud boba, desmovilizada y consumidora pasiva de sus productos e ideologías.

 

c)     Si el Ejecutivo hubiese desarrollado la recomendación (que no directiva) del Consejo de Europa como los demás países europeos, sin entrometerse en cuestiones morales que corresponden a los padres y sin aprovecharla para adoctrinar en una ideología concreta que el gobierno pretende oficializar, nadie nos hubiéramos opuesto. Pero ESTA EpC, hace de su objeción, no sólo un derecho, sino incluso un deber ciudadano. Se da la paradoja de que no hay mejor Educación para la Ciudadanía que la que proporciona el hecho de oponerse activamente a ESTA versión sectaria diseñada por el Gobierno.

 

d)     Es característico de los adolescentes encontrarse ante una doble exigencia interior, nada fácil de compaginar. Por una parte, sienten el impulso evolutivo de autodefinir una identidad propia y diferenciada. Por otra, necesitan de forma imperiosa la aceptación de su grupo de iguales. No es sencillo para un adolescente aprender a decir no y oponerse a las presiones socioafectivas de su grupo de coetáneos. Sin embargo, es preciso que aprendan a hacerlo, en bien de su maduración personal y, no pocas veces, de su integridad física y moral. El ejercicio de la objeción de conciencia es una magnífica oportunidad para cumplimentar y encauzar ambas exigencias juveniles al mismo tiempo.

 

e)     Para vivir de acuerdo con unos principios y valores profundos e importantes, hay que nadar con harta frecuencia a contracorriente. Es más fácil “pasar de todo” y dejarse llevar por las olas, sin espíritu crítico y sin ofrecer resistencia. No es eso lo que yo deseo para mis hijos. Ni tampoco es lo que los adolescentes  anhelan de verdad, por muy deslumbrados que estén ante el modelo de vida placentero y comodón que se les intenta vender. Necesitan ser personas valiosas, lo cual requiere adquirir temple para asumir sufridos combates. La objeción de conciencia es una escuela para avezarse y fortalecer el carácter, para aprender a vivir como personas íntegras y no como estúpidas marionetas.

 

f)       Otro aspecto de altísimo valor es que un adolescente vea que sus padres poseen y actúan consecuentemente con unas convicciones profundas, importantes y compartidas. Esto, aún en el caso de que el jovencito no comparta esos ideales, es algo que no tiene precio. Un adolescente siempre juzga con desdén a unos padres indolentes y sin principios firmes, sólo preocupados por su bienestar material, su estatus social y su nivel de vida. Lo reconozca o no en un primer momento, tener unos padres que actúan en coherencia con unas convicciones de hondo calado, es algo que le construye y educa profundamente y que acabará admirando tarde o temprano.

 

Para finalizar, no quiero dejarme lo más importante, que es el hecho de que con la objeción de conciencia intentamos frenar la intromisión del Estado en la formación ética y moral de nuestros hijos (3), al menos la que se introduce a través de las distintas asignaturas que componen la Educación para la Ciudadanía (4), ya que por otros ángulos nos cuelan otros goles iguales o peores, que también hemos de vigilar, detectar y detener. Todo esto, independientemente de que en tal o cual colegio estas asignaturas se den mejor o peor, con mejores o peores profesores o con mejores o peores libros, ya que nuestra objeción no va contra ellos, sino sólo contra determinados aspectos de la LOE y los Reales Decretos que la desarrollan, aquellos que vulneran nuestros derechos constitucionales como padres.

 

 

REFERENCIAS EN EL TEXTO

 

(1) Sólo me refiero aquí al hecho de que estos alumnos se encuentran con suspensos o calificaciones de “no presentado”, lo cual no es nada agradable, especialmente para los acostumbrados a sacar buenas notas. Respecto a la promoción de curso y la obtención de titulaciones, de acuerdo a la normativa vigente y pese a lo que diga la ignorante o malintencionada desinformación del Gobierno y de algunos medios,  colegios, directores y profesores, sólo está realmente comprometida la titulación de Bachiller, única que exige haber aprobado al final del ciclo todas las materias obligatorias (Sobre obtención del Título de Graduado en la ESO, ver el Art. 15 de la ORDEN ECI/2220/2007, en BOE 174 de 21-07-2007 y, en la Comunidad Valenciana, el Art. 7 de la ORDEN de 14-12-2007, en DOGV 5665 de 21-12-2007).

 

(2) Quede claro que este escrito no es un artículo científico basado en el estudio reglado de una muestra representativa, sino sólo una provisional reflexión personal extraída del repertorio de experiencias que conozco, incluida la mía propia. Mis conclusiones, por tanto, no son extrapolables a todos los casos en general. No obstante, esta limitación, modestia aparte, no las exime de cierta autoridad, dada mi triple condición de padre objetor, Pedagogo y miembro de la plataforma pro-objeción de conciencia a la EpC “Valencia Educa en Libertad” (VAEL), todo lo cual me proporciona una excelente y amplia atalaya de observación y unos criterios profesionales adecuados para interpretar aquello que he visto y oído.

 

(3) A la vista de la campaña de desinformación lanzada por el Gobierno, ciertos medios de comunicación y muchos colegios, tras hacerse pública la nota del Tribunal Supremo del pasado 28 de enero, en que se  anuncia un fallo en contra de la objeción en los cuatro casos que han sido vistos por los magistrados, creo necesario añadir aquí que, a falta de la redacción definitiva de las sentencias, dicho fallo sólo se refiere a las cuatro objeciones vistas por el TS, que pronto tendrá que resolver sobre otras 1800, de momento, y que en nada afecta a las restantes objeciones, las cuales siguen su curso legal, que llegará si fuese necesario hasta el Tribunal de Derechos Humanos de la UE en Estrasburgo y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Lejos de haber terminado, esta batalla por la libertad no ha hecho sino comenzar.

 

(4) En contra de la citada desinformación, he de recordar también que la EpC no es una asignatura de la ESO, sino un nuevo conjunto de cuatro asignaturas obligatorias creado por la LOE: “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” (Primaria y ESO), “Educación Ético-Cívica” (4º ESO) y “Filosofía y Ciudadanía” (1º Bachiller). Cualquiera puede consultar la LOE (Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo, de Educación) y los Reales Decretos que la desarrollan en la ESO (Real Decreto 1631/2006) y en Bachiller (Real Decreto 1467/2007), para comprobar que tampoco es cierta la afirmación de que no han variado los contenidos respecto a las antiguas materias de Ética de 4º ESO y de Filosofía de 1º Bachiller.

ZP en TVE o el arte de echar balones fuera

 

Por comenzar en positivo, he de decir que lo mejor del “Tengo una pregunta para usted” con Zapatero fueron los invitados que intervinieron, sus preguntas y sus réplicas. Y, más aún si cabe, sus expresiones no verbales, que no tuvieron precio y que el realizador no dudó en sacar en pantalla. Ignoro el grado de preparación escénica que pudiese haber detrás del programa, pero la impresión fue que realmente se trataba de una muestra significativa de ciudadanos, que sus preguntas fueron espontáneas y que casi ninguno de los que pudieron intervenir se quedó muy conforme con las respuestas evasivas de Zapatero, aunque todos terminaron con un “gracias Señor Presidente”, seguramente preceptivo.

 

Los asistentes a un evento así, como es lógico, habrían sido previamente aleccionados y comprometidos con unas normas, como mínimo de cortesía y respeto, pero el margen de libertad de expresión fue amplio, mucho más de lo que yo me esperaba. Digo esto porque los rostros, los gestos y las réplicas de la gente lo decían todo. Lo cierto es que, con o sin manipulación teatral, pusieron al Presidente contra las cuerdas durante casi todo el programa. También fue una demostración de pluralidad el debate posterior en “59 Segundos”, en la que participaron representantes de la prensa de todo tipo y tendencia. Así que, al menos por una vez, vaya por delante mi felicitación a Televisión Española.

 

Dicho esto, una crítica a esa cadena sí quiero hacer: el conductor del debate lo hizo fatal. No supo moderar los discursitos excesivos y tantas veces apartados de las preguntas que largó el Presidente. De vez en cuando emitía un “hum, hum”, que quizá fuese una seña pactada, pero que no evitó la verborrea del interrogado, ni siquiera cuando, a todas luces, estaba alargándose y desviando el tema a base de arengas prefabricadas. Con su “cortada” actitud frente a Zapatero, no sólo consintió que nos largara sus habituales rollazos políticos, sino que moderó mal el tiempo disponible, de forma que sólo una cuarta parte de los cien invitados pudieron preguntar. En alguna ocasión también salió al quite del Presidente en preguntas muy comprometidas, como la de la venta de armamentos.

 

Sin perjuicio de lo anterior, lo peor del debate fue el Sr. Zapatero. Hay que reconocer que tuvo el valor de exponerse ante un difícil bombardeo de preguntas, cosa que otros han rechazado. Quizá no se esperaba que en esta ocasión Televisión Española fuera a dar tanta cancha a los interrogadores. Y no lo digo por las preguntas, que quizá conocía de antemano o, como mínimo, tendría información para imaginárselas, sino por las actitudes de desacuerdo, desencanto y frustración que tan claramente manifestaron los participantes, en sus replicas y en sus gestos. Lo cierto es que el Presidente no estuvo a la altura y dejó un tufillo de insatisfacción evidente y visible en los asistentes. A la misma conclusión llegaron después casi todos los periodistas invitados.

 

¿Qué es lo que considero que hizo mal en el debate? Pues, menos el hecho de dar la cara y de exponerse a las preguntas ante toda España, sin siquiera la protección psicológica de un atril o unos papeles escritos, que no es poco, todo lo demás me pareció horroroso:

 

§ Está claro que el mensaje básico que quiere transmitir es la confianza. Bien, me parece necesario en estos momentos de grave crisis. Pero la confianza no se pide, sino que se da, se suscita en las personas mediante actitudes y hechos. La confianza se transmite con un lenguaje corporal que denote seguridad y, sobre todo, con soluciones concretas a las situaciones de temor de los ciudadanos. Con la carita de crispado acongojamiento que llevaba y con su flagrante falta de respuestas válidas, lo que consiguió es confirmarnos a todos los españoles en que nuestros peores temores están bien fundados.

 

§ No recuerdo que ninguno de los que preguntaron se sintiera bien respondido con las palabras del Presidente. Casi todos acabaron defraudados, con cara de resignación, de insatisfacción e incluso de indignación contenida, como si se hubieran sentido tratados como idiotas. Creo que lo mismo nos sucedió a los que lo escuchamos desde casa, exceptuando, sin duda, a sus adeptos incondicionales, esos y esas que le seguirían hasta el mismísimo infierno si su líder se lo pidiese. Los que pudieron preguntar le pusieron delante inquietudes muy reales y muy concretas, que representan a la perfección las de todos los españoles, al menos en las cuestiones económicas y laborales, y no supo, porque no pudo, ni puede, contestar en concreto a ninguna. En varios casos, las respuestas a algunos asistentes fueron casi insultantes, como las dadas a algunos parados y a pequeños empresarios arruinados.

 

§ ¿Reconocer errores? Apenas uno. ¿Reconocer engaños? Por supuesto que no. ¿Asumir responsabilidades de lo que sucede? Ni una. Y ahora, inspirado por su admirado Obama, la responsabilidad de lo que ocurra se la pasa al pueblo. Ese es el mensaje subliminal que dejó caer. Por supuesto que sin el esfuerzo colectivo de todos no salimos de ésta y claro que el Gobierno no va a poder levantar a España él sólo. Eso ya lo sabemos, especialmente con este Ejecutivo concreto. Pero no es esa llamada a la colaboración, que es justa y necesaria, lo que me preocupa, sino otro mensaje diferente y semioculto lanzado por un Presidente acogotado y consciente de que casi todo se le ha ido de las manos. Un intolerable mensaje que podría resumirse así: Si España entra en quiebra y todo se va al carajo, la culpa no la tendré yo, ni mi Gobierno, ni mi PSOE, sino los ciudadanos, porque no han arrimado el hombro por su país…

 

Jamás aceptaré ni la más mínima insinuación de esa calaña. La capacidad y la voluntad de iniciativa, de sacrificio, de imaginación, de esfuerzo, de trabajo y de lucha del pueblo español están fuera de toda duda y han sido demostradas repetidas veces a lo largo de nuestra historia. España no es lo que ha llegado a ser gracias a los que nos han gobernado, de eso estoy más que convencido, aunque unos lo hayan hecho mejor que otros. Zapatero dice creer en ese potencial que posee el pueblo español, pero al mismo tiempo lo niega, a base de aminorar su propia responsabilidad arengando a la gente a que confíe y se comprometa, como si no lo estuviese haciendo ya con todas sus fuerzas. Si España no se ha hundido ya, es gracias a que los españoles confían y siguen luchando.

 

Por supuesto que los ciudadanos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades en la reconstrucción económica de nuestro país. Quienes no lo saben, en todo caso, son los ricachones que han reventado su gallina de los huevos de oro y ahora malversan las inmerecidas ayudas estatales. Pero que no piense el Presidente que va a salirse de rositas depositando toda la carga sobre nuestros hombros. Es él quien ha sido elegido para gestionar nuestros intereses generales, que en este caso pasan por analizar certera y honestamente lo que ocurre y diseñar y poner en marcha las mejores soluciones. Para eso le pagamos por mandar, para que nos sirva y nos sirva bien, no para que escabulla el bulto con un discurso demagógico. Si España se hunde, no será porque los españoles la dejemos caer, sino por la incompetencia de su Gobierno.

 

28-01-2008: Añado algo importante. Me pareció degradante que no contestase a la pregunta del sacerdote sobre si creía que el no-nacido es un ser humano o no. Insistió descaradamente en contestar a otra cosa que no se le preguntaba. Si piensa que el nasciturus SÍ es un ser humano, una vida humana en desarrollo, ¿por que no lo dice? Porque desea contentar a los lobbies y comerciantes proabortistas ampliando el aborto, claro está. Pero, si piensa que el no-nacido NO es un ser humano, lo cual es condición sine qua non para que se le pueda matar impunemente, ¿por que no lo dijo? Pues porque no lo piensa, porque sabe que el aborto es segar una vida humana. Y pese a ello, está a favor de fomentarlo. Sobran más comentarios. 

 

06-03-2009: Añado esta foto, del post en el blog de Elentir abajo enlazado.

 

 

Enlaces sobre el tema, en relación con el aborto:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Partido Popular: ¿gavilán o gaviota?

 

(Publicado en el diario Las Provincias de Valencia, el 06-01-2009) 

Es cierto que casi todos los liberales que escribimos, sean profesionales como Víctor Gago, a quien reitero desde aquí mi afecto y apoyo, sean simples y humildes aficionados, como yo, hemos sido muy críticos con el PP y no sólo con los socialistas, como los peperos piensan que es “nuestra obligación”. Se olvidan de que los liberales somos eso, liberales, y que no nos casamos fácilmente con nadie. Nos casamos con quien nos quiere y con quien queremos. Y nos desapegamos de quien pensamos que se lo merece. Tenemos la rara costumbre de ser y hablar en libertad.

Pero las señorías y señoríos del PP no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, de cuáles son nuestros motivos. Quizá hable por casi todos, o muchos, si afirmo que nuestras diatribas contra los populares parten de un afecto no correspondido y de una esperanza defraudada. El PP, sin haber sido nunca perfecto, era o pudo ser “nuestro partido”, el portador de los ideales y principios liberales, conservadores y, por qué no decirlo, cristianos. Somos muchos millones de españoles los que les hemos apoyado durante décadas pensando que ellos defenderían nuestros valores.

No ha sido así, ahora menos que nunca. Nos han dejado huérfanos de un partido mayoritario que nos represente. Han traicionado nuestras esperanzas y nuestra confianza, por eso estamos tan cabreados. Les criticamos porque les queremos, o porque queremos quererles, porque les necesitamos. Nos metemos con ellos para tratar de hacerles reaccionar, para corregirles, para tratar de que retornen a la coherencia con su proyecto liberal fundacional, para intentar que ocupen ese espacio político absolutamente indispensable que están abandonando a la carrera.

Aunque ellos jamás lo reconocerán, no somos sus enemigos, sino sus mejores amigos. Sólo te aprecia de verdad quien te amonesta. Nuestro empeño es que se aperciban de sus errores, que se den cuenta de que corren a tumba abierta hacia su descalabro, que se enteren de que se están haciendo cada vez más prescindibles, que recuerden quiénes somos sus votantes y que vamos a dejar de serlo si continúan olvidándonos, que abandonen la política de mercado y vuelvan a la política de principios, que pierdan sus complejos y que sean quienes nos dijeron que iban a ser.

Pero no reaccionan. No quieren hacerlo. Se han pasado con armas y bagajes al mercadeo electoral y al nefasto criterio de lo políticamente correcto. Dan por seguro el voto conservador, liberal y cristiano y van a la caza del voto de la izquierda descontenta. Se equivocan en ambas cosas. Ni los votantes de derecha y centro derecha somos estúpidos y eternos cautivos del voto útil contra el PSOE, ni la gente de izquierdas se fía un pelo de tan sospechoso cambio de chaqueta. Se van a quedar sin los unos y sin los otros, es decir, sin nada más que sus militantes y no todos.

Han centrado sus esperanzas de poder en su supuesta mejor capacidad para superar la crisis económica que nos embarga, dejando entrever el pobre concepto que tienen del pueblo español y su desconocimiento de la astucia del PSOE. Creen que a los ciudadanos sólo nos interesa el bienestar material, lo cual no sólo es falso, sino también insultante. Y ahora que Zapatero y Solbes se han puesto a adoptar medidas al más descarado estilo capitalista, Rajoy se ha quedado pasmado y sin saber qué decir. Su discurso oscila entre el “nos han robado las ideas” y la defensa de las mismas tesis socialistas que el PSOE ha dejado aparcadas.

En fin, más mal que bien, a juzgar por el caso que nos han hecho, hemos intentado ayudarles a ellos y ayudarnos a nosotros con nuestras críticas, a veces corteses y otras veces menos, que no han querido escuchar de ninguna forma, encerrados en su necio orgullo y en su desesperada y desacertada partida de caza de papeletas electorales. Se han dedicado a ignorar los mensajes y a matar a los mensajeros. La gaviota se ha convertido en gavilán. Quizá la culpa sea nuestra en parte, por no haber sabido convencerles de nada, ni por las buenas ni por las malas. Espero que las urnas hablen mejor que nosotros.

 

Algo más que felicitaciones y buenos deseos

 

No, no es que no vaya a felicitarles y desearles a todos lo mejor para el recién estrenado nuevo año. Por supuesto, que sí, de todo corazón. Pero, en este primer artículo de 2009, quiero ir un poco más lejos. Hay diversas costumbres que no me agradan mucho en relación con las nocheviejas y los cambios de año. Algunas de ellas, sin duda, son simples manías de un servidor. Pido disculpas de entrada a quienes sí les gusten. Pero hay otras que me parecen de mayor calado. Así que, con un ligero combinado, removido pero no agitado, de reflexión, ironía y buen humor, se las cuento.

 

Comienzo por lo más tonto, con la esperanza de ir subiendo de categoría a medida que escribo. Lo primero que me revienta es que en las noches de fin de año haya que divertirse por obligación. No sé a ustedes, pero a mí convertir lo lúdico en preceptivo jamás me ha dado resultado. Cuanto más prevista, provista, organizada y deseada es la alegría, más se escapa, la muy desgraciada. Por el contrario, cuando logras vivir cualquier pequeño momento cotidiano e imprevisto con la capacidad de sorpresa bien despierta, te encuentras con muchos momentos festivos.

 

Para colmo, la parafernalia hortera, freaky dicen ahora, de forzoso uso en los “cotillones” de nochevieja: Gorritos y antifaces de cartón, con esa gomita que dura unos cinco segundos sin soltarse; “matasuegras” que, en vez de cargarse a las madres políticas como es su obligación, sólo sirven para que te toquen las narices, las también inevitables narices de plástico con gafas y bigote a lo Groucho; trompetitas rompetímpanos que los niños no dejan de soplar hasta dejarlas afónicas; collares y pelucas de espumillón, detalles “fashion” donde los haya; serpentinas y confeti que aterrizan en el pelo, en el cava y hasta dentro de los calzoncillos…

 

En fin, una noche con licencia para hacer el ridículo a sabiendas, algo que quizá nos venga bien a todos, porque sin darnos cuenta ya lo hacemos todo el año. Sea como fuere, estas pueriles patochadas no son lo peor de la velada. Otro aspecto absurdo de las nocheviejas son los estúpidos y supersticiosos rituales de la buena suerte, cada vez más abundantes. El más arraigado y arriesgado: El empeño en atragantarse con las doce uvas de rigor, engullidas al imposible ritmo de las campanadas de la madrileña Puerta del Sol, con el inestimable asesoramiento de Ramón García con su capa de gala y Ana Obregón con sus grandes…, ejem, consejos.

 

A las uvas de la suerte se han ido sumando nuevas chorradas, inventadas por la marabunta de adivinos y brujas que nos ha traído la posmodernidad: Que si ponerse algo rojo (bueno, si es la ropa interior femenina, es posible que alguien tenga un poco de suerte esa noche), que si meter algo de oro en la copa de cava, que si dar una vuelta a la manzana con una maleta, que si abrir las ventanas para que se vayan los malos augurios, que si arrojar zapatos al aire para ver si caen boca arriba o boca abajo como las monteras de los toreros, que si comer lentejas junto con el marisquito…

 

No crean que sólo son inocentes paridas. Déjenme que profundice un momentito en el asunto. El ser humano, desde adquirió conciencia de sí mismo, de la certeza de la muerte y de la existencia de fuerzas que le superan y que ponen en juego su vida y su bienestar, ha tratado de manipular dichas fuerzas. La superchería fue el primer paso, superado luego por la religión y por el uso de la razón. Resulta triste y curioso que en la posmodernidad, después de que el cristianismo y la ciencia habían superado ya las supersticiones, tanta gente haya vuelto atrás, dejando un sustancioso mercado abierto a todo tipo de engañabobos.

 

Es lastimoso ver a tanta gente, en pleno siglo XXI, consultando horóscopos, astrólogos, adivinos, pitonisas, magos, brujas y curanderos. Pero, sigamos adelante. Sin perjuicio de lo anterior, hay otra costumbre de fin de año que todavía me preocupa más. Se trata de un bonito y amable gesto, pero que encierra en el fondo una concepción errónea e improductiva de la vida. Me refiero a los saludos deseando suerte, felicidad y toda clase de bienes para el año nuevo. Se hacen con buena intención, pero en nada colaboran para que el año nuevo sea mejor en realidad.

 

El año que estrenamos sólo será mejor si trabajamos por hacerlo mejor. Que nadie espere venturosos milagritos mágicos. Un mundo mejor, más justo, solidario y pacífico, lo mismo que una vida personal más humana, útil, realizada y feliz, no dependen de la suerte, ni de los buenos deseos. Todas estas cosas hay que construirlas activamente, cada uno y entre todos. Cada año nuevo es siempre una oportunidad, no sólo para formular magníficos deseos y proyectos, sino mucho mejor para hacer examen de conciencia y rearmarse moralmente para volver al tajo con firmeza.

 

Por eso, permítanme que, junto a mis mejores deseos de felicidad y buenaventura, les auspicie a todos y a mí mismo, un año nuevo repleto de nuevas acciones, tareas, retos y aguerridos combates. No imagino otra forma mejor de desearles a todos un feliz año 2009. Sabedor de nuestra pobreza y limitaciones, quiero terminar elevando  un ruego a Dios, a aquel que obra en nosotros el querer y el obrar, a aquel que nos creó sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros. Que él nos dé a todos la ilusión y las fuerzas renovadas que necesitamos para edificar un feliz año nuevo.

 

 

Los nuevos santos inocentes

 

(Publicado en Las Provincias el 26-12-08)

 

El próximo domingo 28 de diciembre, día en el cual este año coinciden dos importantes celebraciones cristianas, los Santos Inocentes y la Sagrada Familia, el Cardenal Rouco nos invita a todos los católicos a acudir a Madrid en familia para celebrar juntos una gran Eucaristía en la Plaza de Colón. Una vez más somos convocados a festejar y hacer presente nuestra fe y el verdadero y genuino rostro de la familia ante toda la sociedad. El día escogido no puede ser más oportuno.

 

Los Santos Inocentes y la Sagrada Familia son dos realidades que una vez acontecieron tristemente unidas y que hoy más que nunca vuelven a coincidir en la Historia, en nuestro momento actual. Hace algo más de dos milenios, el afán de poder sin entrañas del rey idumeo de Judea, títere del Imperio Romano, el taimado y cruel Herodes “el Grande”, le llevó a dar una de las más terribles órdenes jamás dictadas por gobernante alguno: Eliminar a Jesús matando a todos los niños menores de dos años.

 

De la misma forma que Moisés, el paradigmático profeta que condujo al pueblo de Israel a la libertad, nació en medio de una matanza de niños ordenada por el endiosado faraón de Egipto, la natividad de Jesús, el nuevo y definitivo Moisés enviado a liberar a toda la Humanidad, ocurrió terriblemente envuelta en una masacre de pequeños seres humanos inocentes. Jesús se salvó porque Dios le dio a San José el juicio y el arrojo suficiente como para llevarse al niño lejos de aquel monstruo.

 

En estas navidades se repite tan triste coincidencia. Nos vemos obligados a celebrar el nacimiento de Jesús en medio de una espantosa masacre de niños. Una matanza con proporciones genocidas de centenares de miles de seres humanos en su estado más indefenso y más inocente, asesinados a sangre fría en el propio seno de sus madres. Y el nuevo Herodes de la Moncloa, todavía no contento con ello, está preparando una ley que permita ampliar más aún si cabe tan atroz holocausto infanticida.

 

No matarás, ordena el quinto mandamiento, la quinta palabra de vida dada por Dios a la Humanidad, explicitando una de las más graves exigencias de la ley natural impresa en todos los seres humanos. Quitar una vida, gestante o nacida, siempre es objetivamente malo, sin excepciones. Pero la maldad del homicidio es más grave cuanto más indefensa e inocente es la víctima y cuanto más intencionado, premeditado e interesado es el crimen. El homicidio pasa a ser asesinato. Eso es el aborto.

 

He aquí a los nuevos santos inocentes, víctimas del aborto, envenenados, ahogados, troceados, triturados y arrojados a la basura, con el beneplácito de gobernantes y legisladores, bajo la sonrisita del Herodes de turno y de su corte de mercaderes de la muerte. Hoy más que nunca, la familia cristiana, la familia natural diseñada por Dios, debe hacerse visible en toda su belleza y oponerse sin complejos al crimen del aborto, siendo imagen viva de la maravilla y la dignidad inviolable de la vida humana.

 

Es desafortunadamente curioso que la tradición, no la cristiana, sino la popular, haya convertido el día de los Santos Inocentes en una jornada para las bromas pesadas y las risas a costa de los más ingenuos. Ni la antigua matanza herodiana de niños, ni el holocausto abortista actual me parecen asuntos para tomárselos a cachondeo. El aborto es la más terrible lacra de la Historia de la Humanidad y sus ciegos e interesados defensores todavía quieren más. Es algo tan horroroso que cuesta creerlo.

 

Aquel niño nacido en Belén y hecho adulto en el seno de su familia, aun siendo el inocente por excelencia, fue injustamente juzgado, torturado y ejecutado, mostrándonos en su cruz la íntima naturaleza de Dios: el amor ilimitado e incondicional a todos los hombres. Antes de exhalar su espíritu, rogó: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Ciertamente, los abortistas no saben lo que hacen pero, cuidado: Dios perdona siempre y los hombres a veces, pero la Naturaleza no perdona jamás.

 

La Naturaleza es implacable y, para autorregularse, no repara en medios. De la misma forma que un día pagaremos muy cara la agresión ecologica a la que estamos sometiendo a nuestro planeta, mucho peor será la factura que la cultura de la muerte pasará a la Humanidad. Por eso, quisiera hacer en esta Navidad un gran canto a la vida, un anuncio de esperanza para todos y un ruego para que los abortistas abran sus ojos, miren en su interior y reconozcan el valor de la vida humana desde su concepción.

 

Este domingo 28 de diciembre puede ser un momento excepcional para elevar nuestra mirada y nuestra plegaria a la Sagrada Familia de Nazaret, imagen del Dios Trinidad, del Dios comunidad, del Dios familia, para asemejarnos a ella y acogernos a su ayuda, para ser en medio de esta generación iconos de la familia diseñada por Dios y para saber convencer a la sociedad y a quienes la lideran de que abandonen la matanza de estos nuevos santos inocentes. Unidos a Cristo no hay nada imposible.

 

 

 

(Edito y añado el día 29: Para que vean cómo está el patio de las libertades civiles en España, les pongo el enlace a un post de Nacho Arsuaga sobre las agresiones policiales sufridas por algunas personas que se reunieron pacíficamente el día 28 ante la clinica abortista Dator para testimoniar su defensa de la vida. Miren las fotos enlazadas y juzguen por ustedes mismos)

 

De la democracia representativa a la democracia participativa

 

He tenido el honor y la suerte de asistir en mi patria chica, Valencia, a una charla de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazteoir, incluida por el Colegio Guadalaviar en una entrañable y bien organizada entrega anual de sus Premios Familia, seguida luego de una cena de buena fraternidad y diálogo con Nacho en “petit comité”, en compañía de varios “blogueros” de HO y otros amigos. Aunque bien lo merecería, no voy a hacer aquí un panegírico de las virtudes de Nacho ni de su valerosa conferencia. No es éste mi objetivo, ni creo que a él le fuera a agradar demasiado, ya que es una persona que, pese al creciente éxito de su plataforma y de sus esfuerzos por fomentar las redes sociales de participación, es demasiado inteligente y digno como para perder su envidiable sencillez.

 

De su intervención y de la posterior conversación, entre cucharadas de un sabroso arrocito a banda y sorbitos de un afrutado tinto de la tierra, quiero destacar y comentar una idea, que creo no equivocarme al afirmar que es el centro neurálgico de su pensamiento-acción y cuyo acierto y oportunidad comparto. No voy a hacer un reportaje de su conferencia, sino una reflexión muy personal. La idea se resume en el título de esta entrada. Parto del supuesto, que considero poco cuestionable, de que en España la democracia todavía no está plenamente desarrollada, aunque quiero pensar que estamos en ello y que iremos avanzando, como lo han hecho muchos otros países.

 

Somos todavía una joven democracia que aún no se ha despojado del lastre psicológico del  pasado y todavía conserva bastantes vicios ocultos y complejos sin superar. A muchos españoles les cuesta tomar conciencia de lo que significa la ciudadanía democrática y actuar en consecuencia. Piensan que ya es bastante democracia el poder votar a quienes desean que les gobiernen. Acuden a las urnas y pagan sus impuestos, dando con ello por satisfechos sus derechos y deberes democráticos. Una vez elegidos sus representantes, éstos ya se encargarán de todo. Hasta aquí llega para ellos el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que constituye, en palabras de Abraham Lincoln que hago mías, la esencia de la democracia. Ignoran o quieren ignorar mayores complicaciones.

 

Diríase que para muchos es casi imposible quitarse de encima el espíritu de súbditos para pasar al de ciudadanos. Aquí, el que manda, manda, por mucho que sea elegido por mayoría. Con los votos se le entrega a un tipo una carta blanca para hacer y deshacer lo que bien le parezca, aunque, desde su legítima pero excesiva autonomía de poder, ignore sus propios programas electorales y las inquietudes y demandas reales de la sociedad. Nos cuesta ver a los gobernantes como empleados públicos a nuestro servicio, a los que elegimos y pagamos para gestionar nuestros intereses comunes, no los suyos propios. Parece como si, paradójicamente, en nuestra pueril democracia, fuésemos a las urnas para escoger democráticamente a quienes queremos que sean nuestros dictadores.

 

La democracia representativa es necesaria, porque la democracia directa es una quimera en una nación con decenas de millones de habitantes. Eso sólo es posible en pequeños municipios o pedanías que funcionan en régimen de concejo abierto. Pero no sólo es factible, sino necesario y urgente, que la sociedad española vaya evolucionando hacia una democracia cada vez más participativa. No basta votar y dejar hacer. Un pueblo que desee vivir en democracia tiene el derecho y el deber de hacerse presente de forma activa en la gestión de los diversos intereses que se conjugan en todos los terrenos de la vida pública. La pasividad en estos asuntos conduce a autocracias de hecho. Pocos políticos, aunque lo digan, miran con aprecio y promueven esta movilización social.

 

Tenemos una democracia todavía muy poco democrática. La estructura de la mayor parte de los partidos políticos es demasiado monolítica, piramidal y autocrática, cuando no feudal, ya que no celebran elecciones primarias para elegir a sus líderes. Para una vez que el PSOE las convocó, el candidato elegido por las bases, José Borrell, fue apartado de un plumazo y sustituido por Zapatero. Los candidatos acaban siendo productos de marketing muy alejados de la ciudadanía real. Ni nuestros congresistas, ni nuestros senadores, representan hoy por hoy, la soberanía popular directa de la gente de sus demarcaciones territoriales, como sucede en otros países. Menos participación tenemos todavía respecto a los jueces y fiscales, en cuya elección no intervenimos para nada.

 

Siendo importante todo lo anterior, aún lo es más la participación ciudadana directa a través de mecanismos de base. Es cierto que muchos avances enumerados en el párrafo anterior exigirían modificar diversas leyes e incluso la Constitución. Si alguna vez se abre un proceso constituyente para modificar nuestra Carta Magna, debería ser para mejorar estos asuntos esenciales para avanzar en la democracia y no para legitimar pretensiones ideológicas y políticas radicales y/o sectarias de ciertos lobbies. Pero no es necesario esperar a que se establezca ningún nuevo marco jurídico para que los ciudadanos tomemos conciencia de serlo y nos involucremos en la dinámica social. Basta abandonar la mortal comodidad de dejarse llevar y ponerse manos a la obra.

 

Hemos de aprender a percibirnos a nosotros mismos, no como objetos pasivos de la actividad política, sino como sujetos activos de la misma. Cierto que hemos de escoger cuidadosamente a nuestros representantes y gobernantes, fijándonos en quiénes son y qué hacen, no en lo que parecen o lo que dicen, pero no podemos esperar de ninguno de ellos que nos vayan a solucionar todo, todo y todo. No creo en el “Estado del Bienestar”, ese “Estado Padre” que monopoliza las soluciones a las cuestiones sociales. Creo más bien en una “Sociedad del Bienestar”, en la que la persona es la protagonista, debiendo asumir el Estado la promoción y coordinación subsidiaria de la iniciativa social. No está hecho el Hombre para el Estado, sino el Estado para el Hombre.

 

Lo que quiero decir, en suma, es que no creo en la capacidad de las superestructuras de poder, por mucho que cambien, para conseguir un verdadero avance social ni un progreso genuinamente humano. Eso sólo pueden hacerlo las personas, los ciudadanos libres, conscientes y activos, mediante una sabia elección de sus gestores políticos y a través de la participación responsable y directa, a través de asociaciones, plataformas, comunidades y redes sociales, en la generación de su propio bienestar social y en la defensa de sus intereses, necesidades y aspiraciones. Ojalá las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía se hubiesen diseñado para formar este tipo de ciudadanos libres, comprometidos y activos, y no para el mero adoctrinamiento sectario socialista.

Santa Constitución, virgen y mártir

 

No iba a escribir nada sobre el tema, para no cansar a los lectores, ya atiborrados estos días con noticias y artículos sobre la celebración del XXX aniversario de nuestra Constitución pero, vistos los “preparativos mediáticos” con que las fuerzas políticas están abonando el terreno para la fiesta, no puedo callarme. Está claro que este evento  quieren aprovecharlo muchos políticos para abrir o intensificar un debate que podemos resumir en la siguiente pregunta: ¿Todavía sirve nuestra Constitución de 1978 ó, por el contrario, hay que modificarla, ampliarla y/o cambiarla? Desde diversos medios de comunicación, sobre todo los más afines al PSOE, se está transmitiendo a la opinión pública la idea de que lo más lógico es lo segundo. Para muchos, el trigésimo cumpleaños del texto constitucional quiere ser una liturgia solemne de su pasión y muerte.

 

Sin embargo, a mí el texto me gusta como está. O casi. Diciendo esto no quiero afirmar que esta Constitución, ni ninguna otra, sea una Biblia repleta de dogmas intocables. Sin duda, podría mejorarse, como todo texto pactado y redactado por seres humanos. Pero mucho me temo que las voces que se alzan por doquier reclamando cambios y reformas, no solicitan modificaciones que vayan a mejorarla. Hace unos días, Rodríguez Ibarra decía en ese programa televisivo en que los micrófonos suben y bajan, que en los primeros momentos de la transición, cuando se redactó y refrendó la Constitución, las diversas fuerzas políticas, en realidad, no renunciaron a nada, sino que se limitaron a guardar temporalmente en un cajón sus posiciones más extremas. Creo que así fue.

 

Todos los “padres” de la Constitución, fuesen republicanos, monárquicos, derechistas, izquierdistas o nacionalistas, conocedores del delicado momento en que se encontraban, con una democracia recién nacida y sin consolidar, con riesgo de involución si se iba muy lejos demasiado rápido, optaron por “conformarse” con una Constitución que, si bien no respondía a todas sus aspiraciones, iniciaba un camino que, con el tiempo, les permitiría algún día, con la evolución del nuevo régimen democrático, desenterrar sus hachas de guerra y “sacar del cajón” todo aquello que, por interesada prudencia, habían guardado. Esta táctica a largo plazo nos introdujo a casi todos en el espejismo de ese buen espíritu de entendimiento y olvido del pasado que se llamó “espíritu de la transición”.

 

En aquellos momentos, sólo un gran partido de centro, como la UCD de Adolfo Suárez, era capaz de sostener tan precario equilibrio entre extremos. Pero, conforme la democracia fue adquiriendo solidez y el fracaso del 23-F de 1981 aminoró los miedos a una involución, las fuerzas políticas de derecha e izquierda fueron poco a poco sacando sus hibernados proyectos y la vida política volvió a polarizarse en torno a las vetustas izquierdas y derechas, todavía con tímidas ubicaciones de “centro-izquierda” y “centro-derecha”. UCD y su pálido sucesor CDS, desaparecieron del mapa, mientras el PSOE y AP (hoy PP) resucitaron el antiguo bipartidismo de las dos Españas que, acompañado en su camino por otros partidos más pequeños, nacionales o nacionalistas, haciendo de interesadas bisagras, ha llegado hasta nuestros días.

 

Muchos fuimos los jóvenes entusiastas de aquel esperado cambio, cuyas emblemáticas canciones “Libertad, libertad, sin ira libertad” y “Habla, pueblo habla”, tarareábamos. Fuimos tan bienintencionados como inocentes al pensar que las rencillas del pasado, los odios fratricidas y los extremismos radicales habían desaparecido para siempre en un gran proyecto en el que todos renunciamos un poco en pro de un bien mayor, nada menos que la convivencia en paz y libertad. Ignorábamos que aquellas encomiables renuncias y perdones mutuos no eran sino actitudes provisionales, parte de una estrategia política, y que muchos de aquellos partidos trazaron inmediatamente planes a largo plazo para volver a las andadas de forma progresiva, pero implacable.

 

En estos treinta años, el socialismo real marxista, que fue provisionalmente sustituido por la “socialdemocracia”, ha ido desarrollando sus verdaderos proyectos, de la mano del PSOE, hasta el punto de dejar fuera de juego a la extrema izquierda protagonizada inicialmente por el PCE (hoy integrado en IU), camuflado entonces tras el extraño invento del “eurocomunismo”. Muchos partidos nacionalistas, que nunca se conformaron del todo con la vertebración autonómica diseñada en la Constitución, han ido aprovechando su presencia en un Parlamento bipartidista con quasi-eterna necesidad de apoyos, para exigir y conseguir poco a poco sus auténticas reivindicaciones, hasta llegar al abierto secesionismo actual. El único que ha ido renunciando, entre complejos, vaivenes y escaramuzas internas, a muchos de sus principios y valores originales, ha sido el PP.

 

El progresivo destape de los proyectos marxistas, laicistas, republicanos y separatistas, es el que está convirtiendo a la pobre Constitución de 1978 en papel mojado. Apenas  le queda alguno de sus preciosos artículos que no haya sido cuestionado, retorcido o abiertamente vulnerado por la puerta trasera. Por ahora, ningún gobierno se ha atrevido a abrir un proceso constituyente, que es la forma legal establecida para modificar la Carta Magna, que exige la disolución de las Cortes, la convocatoria de elecciones constituyentes, la formación de un Parlamento “ad hoc”, el refrendo del posible nuevo texto en referéndum universal, una nueva disolución de las Cortes, otras elecciones generales y la constitución de nuevo gobierno según los resultados de las urnas.

 

Arriesgada faena para unos partidos políticos tan igualados en apoyo electoral. Por eso, hasta ahora, han preferido convertir a la Constitución Española en “virgen y mártir”. Virgen, porque muchos de los principios y derechos en ella recogidos jamás se han aplicado y permanecen “sin tocar”. Mártir, a base de todo tipo de torturas: el descoyuntado de varios artículos a base de forzar su interpretación, la desmembración haciendo caso omiso de otros y la lapidación a golpes de BOE. Nadie, ni siquiera un Parlamento democráticamente constituido y menos todavía un gobierno, por muchos votos que tenga, está legitimado para vulnerar a su antojo ni un ápice del texto constitucional, norma de todas las normas. Sin embargo, muchas leyes hoy vigentes son abiertamente inconstitucionales y casi nadie parece mover un dedo al respecto.

 

Creo que nuestra Constitución está bien como está. Mis razones son muchas, pero sólo citaré aquí la que me parece más preciosa y fundamental: Su equilibrio. Monarquía, sí,  pero parlamentaria; Integridad territorial, sí, pero vertebrada en autonomías; Principios comunes, sí, pero pluralidad y respeto a las diferencias… Y lo mismo con todas las realidades que conforman la nación española, conjugando tradición y modernidad, unidad y diversidad, libertad e igualdad. Nuestra Constitución de 1978 puede ser mejorada, seguramente, pero es una magnífica y ejemplar Carta Magna para cualquier país que quiera vivir en paz y en libertad, sin extremismos fanáticos y sin radicalismos destructivos. Si la Constitución va a ser despojada de su capacidad para compaginar los intereses y aspiraciones de todos, es mejor que el día seis no celebremos nada.

 

 

Enlaces a otros artículos relacionados que recomiendo:

 

¿Puede una virgen ser abuela?, por Alejandro Campoy

30 años incumpliendo la Constitución: ¡¡¡Felicidades!!!, por Miguel Vidal

¡Viva la Constitución!, por Jose Domingo

 

 

 

 

 

La EpC, muerte política para el Partido Popular

 

Por desgracia, todavía muy poca gente es consciente de lo que está en juego con la imposición de las asignaturas que conforman la EpC. Ya se ha hablado en estos y otros foros –yo mismo lo he hecho– del atentado que supone contra la libertad ideológica y religiosa y contra el derecho de los padres a decidir sobre la línea educativa que desean para sus hijos. Hemos repetido hasta la saciedad que supone una intromisión anticonstitucional en las conciencias de los estudiantes y un adoctrinamiento descarado en la línea ético-moral concreta y sectaria del socialismo real y laicista, que no laico ni aconfesional, del PSOE. También hemos advertido de que, con esta y otras prácticas políticas, están conduciendo a España a un modernizado totalitarismo de Estado, cada vez menos disimulado.

 

Por otra parte, muchos hemos lanzado voces de alarma y de queja a los partidos de la oposición, especialmente al más grande (por ahora), que es el Partido Popular. Les hemos pedido, casi rogado, que se dejen de discursitos y que actúen con decisión y eficacia ante este gravísimo atropello, que se dejen de complejos y que se comporten como un partido con principios definidos y con responsabilidad democrática, tanto a escala nacional, como a nivel de las autonomías en las que gobiernan. Llevamos muchos meses clamando para que, ya que no se apercibieron al principio de la importancia del asunto, craso error recientemente reconocido por Esperanza Aguirre, y ya que no presentaron a tiempo una mocion de inconstitucionalidad, al menos reconozcan de modo efectivo la objeción de conciencia en las Comunidades que gobiernan.

 

Ante toda esta presión y pese a que los Juzgados y Tribunales Superiores de Justicia se decantan mayoritariamente a nuestro favor, sólo hemos recibido palabras, discursos y declaraciones. Pero muy pocos hechos, aislados y descoordinados, muchas veces mediocres y, en algún caso, más entorpecedores que otra cosa. Están convencidos y seguros de que “los cuatro votos” que puedan perder por su escora ideológica y su abandono de los objetores de conciencia los van a recobrar con creces entre los descontentos del PSOE. Creen que las baronías de sus taifas están aseguradas para siempre con el voto útil conservador contra el PSOE que ellos concentran. Creen que la incompetencia del PSOE frente a la crisis económica les va a servir en bandeja la alternancia de poder.

 

El PP se equivoca. Dejo aparte, un momento, su responsabilidad ético-social y su errada táctica de caza de votos, para apelar a sus propios intereses de partido. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que el PSOE, con su EpC, va a conseguir perpetuarse indefinidamente en el poder, implantando el chip prosocialista en todos los jóvenes cerebros españoles? ¿No sabe que, en la mayor parte de los libros y clases de EpC, el PP está siendo vapuleado ante las conciencias de todos los estudiantes españoles y presentado ante las nuevas generaciones como una reliquia, como algo que representa el pasado totalitario, como un residuo del franquismo que hay que eliminar? ¿Ignora que el PSOE, sus líderes y sus máximas ideológicas, están siendo presentados a millones de niños y jóvenes españoles como la única opción positiva posible de futuro?

 

¿Acaso desconocen que ejércitos de profesores de EpC están siendo formados por sus mayores enemigos, cuya máxima diversión consiste en ridiculizar y demonizar al PP y a todos sus líderes y partidarios? ¿No se aperciben de que la EpC está creando toda una generación de nuevos ciudadanos enemigos del PP y entregados al PSOE y a sus postulados ideológicos? ¿Cómo no se dan cuenta de que el rodillo que los socialistas están pasando por las escuelas e institutos va a dejar al PP fuera de juego quizá para siempre? Vista la inactividad, la debilidad, la mediocridad, la descoordinación y los complejos con los que los populares se están dejando colar semejante golazo, me temo que las respuestas a mis preguntas son negativas. La Educación para la Ciudadanía es el cadalso que el PSOE les ha preparado y ellos, por lo visto, ni se enteran.

 

Por eso, señores y señoras dirigentes del Partido Popular, si no quieren luchar con todas sus energías contra la EpC, si no quieren pelear en cuantos tribunales haga falta por la continuidad de nuestras libertades fundamentales constitucionales, si están dispuestos a vender su alma al diablo y no plantar cara a la imposición del socialismo real laicista, si sus intereses de poder regional les impiden adoptar acciones coherentes, unificadas y coordinadas, si les importa un carajo perder los votos de unas decenas de miles de objetores de conciencia a los que apenas ofrecen más que buenas palabras y palmaditas en la espalda, al menos sean despabilados y pónganse las pilas urgentemente en defensa de la existencia y persistencia futura de su propio partido.

 

¡Ahora o nunca, líderes del PP, AHORA o NUNCA! Ya han dejado pasar demasiado tiempo y muchas oportunidades. Ya han soltado bastantes discursos y realizado bastantes maniobras de despiste. No hay tiempo para más de lo mismo. Déjense de componendas y adopten de inmediato medidas concretas para apoyar la objeción de conciencia y para borrar del mapa educativo ese panfleto propagandístico que el PSOE ha impuesto en las escuelas. Reconozcan unánimemente la objeción de conciencia allá donde gobiernan y utilicen todos sus medios legales para afrontar los inevitables recursos que los socialistas y sus adláteres sindicalistas e ideológicos alzarán ante los tribunales. Ayúdennos a defender nuestros derechos, con todas sus fuerzas legítimas, y pronto descubrirán que, al mismo tiempo, estarán defendiendo sus propios intereses de partido.

 

 

 

“La Ola” o cómo volver al totalitarismo

 

He tenido la suerte de poder asistir al preestreno de La Ola, película alemana que, ya de entrada y sin dudarlo, recomiendo a todos que la vean, mejor si tienen madurez suficiente para no malinterpretarla, quizá a partir de unos 14 años de edad. Dirigida por Dennis Gansel, comprometido cineasta alemán, conocido por su también imprescindible Napola (2004), con guión del mismo Gansel y Peter Thorwarth, extraído de la novela homónima de Todd Strasser (1981), se basa en hechos reales acontecidos en 1967 en un Instituto de Palo Alto (California). Al parecer, un profesor de Historia, Ron Jones, para responder a sus alumnos a la pregunta de cómo pudo ser posible la pasividad del pueblo alemán ante las atrocidades del nazismo, llevó a cabo en sus clases una ocurrente y dramática experiencia pedagógica, en la que se inspiró la novela y ahora la película.

 

Gansel escenifica aquel suceso en un grupo de adolescentes de un instituto de la Alemania actual. El profesor encargado de un seminario sobre autocracia es, en esta ocasión, el que pregunta a sus alumnos si consideran posible el retorno de una dictadura totalitaria y, frente a la seguridad con que los jovencitos responden que no, les propone el osado experimento. Iniciado éste, el docente va reproduciendo en sus clases todos los elementos que fueron capaces de conducir a la gente normal a mirar hacia otro lado, e incluso participar en muchos casos, ante los horrores del III Reich. Los alumnos, inicialmente escépticos y reticentes, con inusitada rapidez y casi sin darse cuenta, los van asumiendo con absoluta inconsciencia y entusiasmo. Muy pronto son ellos mismos quienes inventan nuevos pasos a seguir, superando las previsiones del profesor.

 

El docente propone su experimento como un juego y convoca la elección democrática de un líder. Tras un interesante tanteo de candidatos, es el profesor quien resulta elegido. Los pasos sucesivos son de máximo interés, no pierdan detalle. Una vez “en el poder legítimo”, el profesor cambia su actitud jocosa por un papel autoritario e impone medidas disciplinarias: Silencio, postura quieta y erguida en la silla, pedir permiso y ponerse en pie para hablar… Con la simple explicación de que todo eso es bueno para el organismo, acalla las protestas. Usando la misma bondadosa excusa exige comenzar las clases haciendo un ejercicio: Marcar el paso al estilo militar, añadiendo el astuto argumento de que, con el estruendo del pateo simultáneo, molestan a “los de abajo”. No es casualidad que “los de abajo” sean otro grupo que sigue un seminario sobre anarquía. Los alumnos, divertidos y entregados al jueguecito, sorprenden al profesor tomando la iniciativa de ponerse en pie y cuadrarse cuando entra en clase.

 

La experiencia que pone en práctica el profesor trata, sobre todo, de demostrar la potencia intrínseca e irracional de un grupo rígidamente adoctrinado, disciplinado, organizado y cohesionado. El líder electo, convertido ya en dictador populista, propone la necesidad de escoger un nombre que identifique al grupo. Los alumnos hacen  propuestas y él va anotando las ideas en la pizarra. Todas menos la de una alumna que, desde el principio, muestra señales de “disidencia”. A esta inteligente y librepensadora jovencita, ni caso. Al final, queda fijado un nombre: “La Ola”. El docente propone el uso de un “uniforme” que los distinga -tan sólo camisa blanca y vaqueros- y designa a un alumno poco aceptado, pero que sabe dibujar, para que diseñe el logo grupal. Creo que es éste mismo muchacho quien inventa un saludo propio del grupo, un movimiento de brazo, parodia de gesto militar, que enseguida es acogido y utilizado.

 

Con toda esta parafernalia simbólica, el profesor-dictador consigue que se sientan un nosotros en oposición a los otros. Cuando, en una situación de acoso, se defienden entre ellos, todos, especialmente los más débiles, saborean una sensación de seguridad que desconocían. Las reticencias iniciales desaparecen. Los disidentes son expulsados del grupo y su libertad de expresión entorpecida y secuestrada. Sin la camisa blanca y el saludo de rigor, se está mal visto y excluido de fiestas y actividades. Los militantes llenan el instituto y la ciudad de pegatinas y pintadas con su logo. Los alumnos de otros grupos, incluyendo varios del seminario sobre anarquía, se apuntan a La Ola. Los que no caben o son de otros cursos, se convierten en “simpatizantes”. Muchos compañeros del instituto, aun sin comulgar con el asunto, se adhieren a la movida, en cuanto se dan cuenta de que “conviene”. El grupo ya se ha convertido en un “movimiento”, que arrastra poco a poco a casi todo el alumnado.

 

El profesor, gracias a la ayuda de su esposa y de su alumna disidente, verdadera y heroica protagonista de la historia, adquiere consciencia del monstruo que ha creado, que ya amenaza con sobrepasar los muros del instituto y convertirse en un nuevo movimiento neonazi a gran escala, reconoce que su experimento se le ha ido de las manos y concluye que debe detenerlo de inmediato. Ante el alcance de lo ocurrido, el arrepentido profesor decide poner fin a la locura conduciéndola al máximo extremo, con la esperanza de que los alumnos perciban hasta dónde son capaces de llegar por la manipulación, se horroricen, se avergüencen, reaccionen y aprendan la lección. Para ello, convoca una masiva reunión de miembros y simpatizantes de La Ola, en la que los exalta al máximo con un enfervorizado discurso, con el que consigue que el grupo se lance literalmente al linchamiento físico de un “traidor” al glorioso proyecto.

 

En ese momento, el profesor detiene todo en seco, trata de hacer ver a sus alumnos que el experimento ya ha contestado a sus dudas y les abre los ojos a la barbaridad a la que se han dejado arrastrar. Todos parecen confundidos, como despertando de un extraño sueño, y poco a poco, a distintos ritmos, van asimilando la realidad. Unos ocultan su rostro con las manos, otros niegan con la cabeza, otros lloran, otros miran sin salir de su asombro. Pero el alumno más fanático, un chico que antes del experimento era el hazmerreír de todos y que idolatraba a ese movimiento que le había otorgado seguridad y autoestima, un desequilibrado muchacho que había confiado todas sus esperanzas a aquella locura y a su líder, no puede tolerar que su sueño se esfume de repente. El muchacho, enloquecido, saca una pistola que lleva consigo y… Vayan a ver la película.

 

Un sencillo, pero intenso y trepidante drama, que incluye una buena lección para todo aquel que quiera aprenderla. Al igual que La vida es bella o El niño con el pijama de rayas, La Ola no es “otra peli de nazis”. Es bastante más que eso. Nos presenta, de modo simplista, pero más claro que el agua, cuáles son los métodos utilizados por los dictadores modernos para implantar sus autocracias totalitaristas partiendo de una legitimidad democrática y desarrollando después sus verdaderas intenciones mediante estrategias en apariencia inocentes y bondadosas. Caminos que la Humanidad ha recorrido una y otra vez, por lo visto sin aprender nada. Sociedades enteras hipnotizadas y aborregadas, tan contentas con sus populistas líderes, sin mover apenas un dedo hasta que, cuando la verdad sale a la luz, siempre es demasiado tarde. La Ola nos enseña, nos advierte y nos muestra los indicadores que pueden ayudarnos a detectar y evitar, incluso en el S. XXI, la sutil imposición de nuevos totalitarismos.

 

 

Enlaces:

 

¿Será posible otra dictadura en España? Por Elentir. 

Shakespeare and Company contra Cervantes

 

(Publicado en en diario Las Provincias de Valencia el 02-12 2008)

 

 

Somos muchos quienes lo pensamos, pero alguien tiene que decirlo: Estoy hasta las narices del inglés. Y para que nadie se llame a confusión, quede claro que, con este artículo, no me estoy alineando a favor de la movida orquestada en Valencia en contra de la impartición de la Educación para la Ciudadanía en esa lengua, ya que a la mayor parte de los instigadores de esa “causa”, por mucho que traten de camuflar sus motivos con otros argumentos, les importa un bledo el tema del inglés. Es una movilización a favor de que la EpC se imparta según el más puro estilo deseado y diseñado por el PSOE y su izquierda radical. Punto, aparte y a lo que voy.

 

De lo que estoy harto, es de la colonización cultural y lingüística anglosajona de la que estamos siendo víctimas, el mundo en general y España en particular. Me repugna la invasión de barbarismos –que así se llaman las palabras importadas de otros idiomas- que anegan nuestro habla popular, como si la lengua de Cervantes fuese tonta. La lista, sólo de gerundios, sería interminable: Parking, camping, footing, lifting, marketing, casting, zapping, merchandising, ranking, y hasta el arriesgado híbrido anglo-español “puenting”. No te digo la de sustantivos: Snack, pub, ticket, spray, brick, pack, blister, chat, stock, copyright, cutter, software y hardware, set, stand, blog…

 

Es una clásica y venerable aspiración de muchas personas, desde hace generaciones, la creación y aprendizaje de un idioma universal común, que diluyera fronteras y facilitara el entendimiento entre todos los seres humanos. Un bonito sueño que quiso plasmarse en diversos intentos, el más conocido de ellos el del polaco Dr. Zamenhof con su sincrético y todavía vivo “esperanto”, idioma no difícil de aprender, que ha recibido diversos e importantes reconocimientos y por el que muchas personas y asociaciones siguen luchando. Una encomiable iniciativa que quizá, con más apoyo por parte de todos, podría salir adelante.

 

Pero la partida iba a ganarla y la ha ganado, como siempre, el más poderoso. Hoy toda Europa clama para que todos los niños aprendan inglés en la escuela. La colonización universal por ese idioma se da por hecho. No hay vuelta atrás. El inglés manda y nosotros obedecemos. ¿Cómo vamos a ir por el mundo sin él? Las voces críticas han desaparecido ante lo que, habiendo sido evitable, parece que ya no lo es. Diríase que ya nadie duda de que sea justo y necesario tragarse la lengua de Shakespeare. Yo sí lo dudo, que por eso y para eso existo. Necesario, será, porque el “espiquinglis” ha conseguido imponerse, pero justo, pues va a ser que no.

 

Por todo ello, no puede dejar de sorprenderme que en varias comunidades autónomas de España ya no haga falta saber castellano, es más, llegue a ser un delito usarlo y una odisea aprenderlo, pero eso si, como no chapurrees el inglés eres un paleto oficial. Me pregunto dónde estarán los activistas antiglobalización: ¿Haciendo surfing “over the sea” con Bill Gates? ¿Cómo hemos dejado entre unos y otros que las “windows” de Microsoft nos hayan convertido a todos en “brothers” de ese Gran Hermano angloparlante?

 

Un gran país como España, que tiene como lengua oficial un idioma romance propio, con una capacidad expresiva y una riqueza de matices como pocos, que ha generado una historia literaria única en el planeta y cuyo número de usuarios está a punto de superar al de angloparlantes en el mundo, está dejando que el castellano se pierda, asfixiado tras las respetables lenguas cooficiales, también bellísimas y merecedoras de conservación, promoción y uso, pero minoritarias, y por la introducción masiva del puñetero inglés “comeculturas”.

 

Nos vamos a encontrar, en un futuro no muy lejano, con la vergonzosa paradoja de que, cuando en medio mundo se hable español, en media España tal idioma sea una reliquia desconocida. Nos empeñamos en meter a todos el inglés con calzador, porque hace falta para entenderse en medio mundo, pero desdeñamos un idioma común nuestro, hablado casi ya en el otro medio mundo occidental. Si alguien quiere aprovechar la devaluación del dólar frente al euro y escaparse a Nueva York, que no se preocupe, allí se habla castellano.

 

La mitad de los futuros españoles –no sé si aún se les podrá llamar así- sabrán muy bien su lengua autonómica y muy mal el inglés, porque si no se viaja no se aprende, aunque la escuela se empeñe, pero no sabrán ni papa de castellano. Para poder entenderse por una buena parte del mundo, tendrán que ir a estudiar español al “extranjero”, esto es, a Salamanca, o a Nueva York. Shakespeare & Company le están ganando el partido a Cervantes, en su propia casa y con la afición y el árbitro a favor del visitante. ¿Cuándo se ha visto semejante necedad cultural en la Historia? Tanta estupidez abruma.

 

  

 

El último voto

 

No quiero que nadie piense que me las doy de crítico cinematográfico, porque no lo soy en absoluto. Soy un simple y empedernido aficionado al cine, con la deformación profesional de extraer lecciones pedagógicas de casi todo. Por eso me atrevo, sin pretensiones, pero sin complejos, a comentarles algo sobre un film a cuyo preestreno acudí recientemente en Valencia. Se trata de la película “El último voto”, dirigida por Joshua Michael Stern (también coautor del guión) y protagonizada por Kevin Costner y una genial actriz preadolescente, aunque un tanto pedante (más bien muy pedante) al menos en su personaje, Madeline Carroll.

Fui al cine con mi esposa y unos amigos, que hemos formado un pequeño “club de cine gratis”: Unos a otros nos avisamos cuando algún periódico, emisora o empresa regala entradas para preestrenos y rápidamente acudimos a la caza de todos los tickets posibles. Esta práctica nos ha permitido ver centenares de películas, “por el morro”, en los últimos años. Lo bueno es que vas al cine gratis y de vez en cuando ves alguna peli potable. Lo malo es que, muchas veces, te tragas unos bodrios de muerte. Con “El último voto”, me quede sorprendido de que no le hubiera agradado a ninguno de mis acompañantes y que a la salida, en los inevitables comentarios, me dejasen sólo con mi opinión positiva.

A decir verdad, el film no es para echar las campanas al vuelo, ni tampoco consigue eludir el implacable adjetivo de “americanada”. También es cierto que el supuesto sobre el que el guionista traza su historia es muy artificioso: En unas elecciones presidenciales en EEUU los resultados quedan tan igualados que, al final, la elección del nuevo presidente queda en las manos de un único votante, debido a un fallo eléctrico en el ordenador electoral, en el que, por cierto, es la concienciada ciudadana hija la que intenta votar ante la indolencia paterna. Muy forzado, sin duda, pero no olvidemos que en la pugna Al Gore-George W. Bush la victoria final, polémica y discutida, la obtuvo el segundo con una diferencia mínima extraída de un pequeño grupo de votantes.

Tampoco voy a negar que a la cinta le sobran minutos y le falta hilazón argumental en varios momentos, sobre todo en el desenlace final. Resulta poco creíble que el protagonista, un desaliñado, anárquico e inculto “caravanista” norteamericano, que en toda su vida jamás le ha preocupado para nada ni su país, ni la política, ni otra cosa que no sea arrastrar su vida por el camino más dejado, cómodo y descomprometido, de repente nos largue un discurso sociopolítico con la misma soltura que un Luther King cualquiera, por mucho que su hipermadura hijita y la guapa periodista afroamericana de turno le hiciesen de improvisados asesores.

Pero yo, que no cedo mi brazo a torcer con facilidad, sigo diciendo que me gustó, pese a todo. La truculenta trama argumental le ha permitido al guionista-director presentar algunos tramos de película tan significativos como hilarantes. Que conste que mis amigos también se reían, aunque me lo nieguen después, cuando la película iba mostrando los continuos y grotescos cambios de posiciones políticas que los candidatos y sus asesores hacen para ganarse el disputado voto del Sr. Bud Johnson, que así se llama el “ilustre” sujeto que acaba teniendo al su alcance la decisión del futuro de los EEUU (y de medio mundo, claro).

Casi me troncho viendo a los republicanos anunciando e iniciando medidas típicamente demócratas y a los demócratas haciendo lo mismo con las tesis republicanas, bailando al son de cualquier frase dicha al azar y sin conocimiento de causa por el “último votante”, cuyas supuestas aficiones y posturas son analizadas por los servicios de información de ambos partidos. Los republicanos defendiendo temas medioambientales y a los homosexuales, los demócratas atacando el aborto y tomando medidas contra los inmigrantes… Toda una serie de despropósitos y cambios de chaqueta ideológicos marcados por el único interés de hacerse con el voto que les falta para alcanzar el poder.

Una pérdida de los supuestos principios de cada partido, que no sólo acaba metiendo en crisis al esquema político estadounidense, sino que lleva a los respectivos candidatos, una vez perdido el rumbo hasta el absurdo, a plantearse el dilema moral de su propia incoherencia personal. Célebre la tremenda bofetada que la esposa del candidato demócrata le sacude a su marido cuando se entera de sus traiciones a sus ideales. Un cómico, pero satírico y crítico alegato contra la mercantilización de las ideas en favor del ansia de poder. ¿Cómo no me iba a gustar una película que pone en solfa ese tipo de cosas? ¡Pues claro que sí, hombre!

No le pidan mucho más a la peli. Si acaso, en el inverosímil discurso final que Kevin Costner larga en un debate que convoca entre los dos candidatos para que respondan a sus preguntas, pese a su sosa ración de “americanada” y su muy discutible alegato sobre “los grandes hombres” que necesita su país y la Humanidad entera para regir sus destinos, hay algo más que me gustó. Se trata del hecho de que, el hasta ese momento irresponsable ciudadano, se arrepiente de algo importante: Haberse limitado toda su vida a “coger” de su país lo que le ha dado la gana, sin haber aportado jamás nada de sí mismo. Interesante lección, creo yo.

 

Dejad en paz el Santo Cáliz

 

(Publicado, algo más reducido, en el diario Las Provincias de Valencia del día 14-11-2008)

 

No me agrada lo más mínimo el nuevo cariz que está tomando la presencia del Santo Cáliz en la Catedral de Valencia. Desde que llegó a su ubicación actual, esta reliquia tan querida por los valencianos ha permanecido en humilde y respetuosa exposición y utilización litúrgica, muy bien custodiada, honrada y estudiada por su Cofradía y por el Arzobispado, expuesta a los fieles en su pequeña, bonita y austera capilla lateral, con una moderada apertura a turistas y curiosos. La preciosa copa de cornalina siempre ha sido muy venerada y apreciada y su historia está bien documentada. Los estudios científicos no han conseguido demostrar sin lugar a dudas que éste sea el cáliz que Cristo utilizó en la Última Cena o, menos aún, ese supuesto Santo Grial en el que alguien recogió la Sangre de Jesús Crucificado. Lo que sí han demostrado, de modo fehaciente, es que no existe razón alguna para que no lo sea, lo cual es ya un gran paso hacia su autentificación. Pero no es ésta la cuestión que quiero comentar.

 

El problema, que veo venir tras el reciente Congreso, es que esta apreciada reliquia sea obligada a abandonar su actual estatus de discreta presencia y se convierta en objeto de culto desmesurado, peregrinaciones masivas, milagritos de turno, curiosidades malsanas, literatura basura, misterios inventados y mercadeo de réplicas. Todos conocemos la interminable serie de noveluchas y películas sensacionalistas, repletas de códigos indescifrables, sociedades ocultas, supuestos engaños y secretos de la Iglesia, manuscritos apócrifos, caballeros templarios, logias masónicas y santos griales, que están tan de moda. Hoy en día, para escribir un best seller, basta inventarse un buen enredo combinando este tipo de elementos, de forma que la Iglesia Católica salga lo más malparada posible, y el éxito está servido. Menos mal que la gente ya empieza a cansarse de tanto argumento repetitivo y comienza a no hacer ni caso a esas tonterías.

 

La humilde presencia en Valencia de nuestro querido Santo Cáliz, acaba de romperse. No es que me parezca mal que se profundice en su estudio, ni que se otorgue el valor que merece a la que podría ser la más importante de cuantas reliquias existen, a la par con la Sábana Santa de Turín. Lo que me temo, y me da pena, es que el Cáliz se convierta en una nueva fuente de inspiración para la incansable horda de cazatesoros e indianajones que ha tejido toda esa absurda y falsa, pero muy lucrativa, red de misteriosas historias de investigadores buenos y curas malos, de pasadizos escondidos, códices encriptados, prioratos iniciáticos, sectas inexistentes e inconfesables secretos. Nada puede ser más atractivo para esa desaprensiva nube de carroñeros que la puesta en el candelero de nuestro Santo Cáliz. ¿Cuántos de ellos estarán ya pergeñando sus engañifas literarias, inventando subterráneas redes de túneles bajo la Catedral y toda una biblioteca de documentos ignotos y escandalosos que la Iglesia esconde?

 

Ya se han alzado voces en contra de la Iglesia sobre sus derechos de propiedad del cáliz y no tardarán en invadir nuestra ciudad colas de curiosos a hacerse la foto junto a la “misteriosa copa”, como sucede con la pequeña pirámide de piedra colocada bajo su homóloga invertida de cristal, en el Museo del Louvre de París, bajo la cual se le ocurrió ubicar al astuto Dan Brown nada menos que la secretísima tumba de María Magdalena. Yo no sé a ustedes, pero a mí no me apetece nada que, de repente, comiencen a salir como setas nuevos “Códigos da Vinci” que ensucien la amorosa y sencilla reverencia que hasta ahora ha recibido nuestro apreciado Santo Cáliz. Como tampoco me agradaría nada que los alrededores de la Catedral se llenasen de souvenirs de la reliquia, con sus insoportables y horteras réplicas baratas, repletas de lucecitas y adornitos de plástico. Nuestro entrañable Santo Cáliz está muy bien como ha estado hasta ahora. Estúdienlo todo lo que quieran, pero respétenlo y déjenlo en paz donde está, por favor.

 

Escándalo en Tierra Santa

 

Me veo obligado a medio copiar el título del célebre libro de Jose María Gironella para titular esta entrada.  Como podrán comprender, siendo católico, me siento muy apenado por lo sucedido, por esa absurda e incongruente pelea entre cristianos ortodoxo-griegos y armenios en el lugar más santo de toda la cristiandad, junto al mismísimo punto en el que la tradición sitúa la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Doy gracias a Dios porque los católicos no nos hemos visto envueltos en ese tipo de reyertas, al menos en los últimos siglos, y porque los frailes franciscanos, custodios de los Santos Lugares, siempre han realizado su eficaz labor con su espíritu de sencillez y mansedumbre. Pero no por ello me siento menos avergonzado.

Por desgracia, esto algo que alguna vez tenía que suceder en el intrincado y anticuado status quo que regula la presencia y el culto de las diferentes confesiones cristianas en los puntos más venerados de aquellas tierras en las que Jesús de Nazaret nació, vivió, predicó, padeció, murió y resucitó. Un status quo que se remonta a siglos atrás y que, en muchas ocasiones, se mantiene por hechos tan pintorescos y absurdos como quién barre cada zona. No exagero, porque yo he estado un par de veces en aquellas tierras y me he quedado más que sorprendido al comprobar “in situ” este tipo de cosas.

Lo que a mí sólo me pareció, en mis visitas, curioso, anecdótico y, sin duda, también bastante lastimoso, ha acabado estallando en un episodio violento que, según parece, no es el primero. Recuerdo perfectamente cómo, en otro lugar también muy importante para los cristianos, como es la cripta de la Basílica de la Natividad en Belén, donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús, los peregrinos con los que viajaba tuvimos que esperar un largo rato para bajar a celebrar una misa, “porque los monjes estaban barriendo” sus respectivas zonas.

No se trataba de tareas de limpieza, sino de un “ritual” que se hace, si no recuerdo mal,  un par de veces al día, y que es necesario para conservar el extraño status quo que allí regula el uso de los espacios. Alguien, no recuerdo quién, estableció hace siglos que el derecho de culto en aquel sagrado subterráneo correspondía sencillamente a quien se encargara de mantenerlo limpio. Los católicos franciscanos y los miembros de otra confesión que tampoco recuerdo, acordaron unas horas determinadas para barrer a la vez sus zonas asignadas, de forma que ninguno de ellos pase su escoba por el espacio del otro, ya que si sucediese tal cosa, el terreno barrido pasaría a ser de exclusivo uso de la confesión del barredor.

Que yo sepa, en Belén no han habido peleas por ello, pero hay que ver a los encargados de la cotidiana limpieza con qué energía pasan sus escobones a la misma hora y en paralelo, tropezando escoba con escoba, para evitar que el otro pase la imaginaria línea. Algo muy parecido, pero complicado por los ancestrales derechos de muchas más confesiones, sucede en la basílica del Santo Sepulcro. Ahora, a hechos pasados, confieso que me parece lógico, aunque radicalmente inaceptable, que tan endeble y trasnochado estado de cosas, que se ha mantenido con celoso respeto durante largo tiempo, alguna vez tenía que acabar a tortazo limpio en el momento en que algún fanático, que siempre aparece, extremase la situación.

Todos los cristianos amamos aquellos santos lugares en los que tenemos las raíces históricas de nuestra fe, y todos, o casi todos, deseamos poder visitarlos con libertad y en paz. En ese sentido, creo que Jerusalén es patrimonio espiritual de todos los que la aman, de todos por igual. Por eso me resulta realmente penoso que en estos tiempos, en los que las iglesias cristianas, bajo el impulso del Concilio Vaticano II y los sucesivos Papas católicos, están haciendo enormes esfuerzos de acercamiento, dentro de un movimiento ecuménico cada vez más potente, con el fin de acabar con las lamentables divisiones de todos aquellos que seguimos a Jesucristo, puedan ocurrir todavía trifulcas de este tipo, incluso a puñetazos y patadas.

No puedo imaginar nada más neciamente escandaloso y triste que haber visto en televisión a la policía israelí, armas en mano, entrar a la basílica para separar a un grupo de ”fieles” enzarzados a golpes. Son hechos que ensombrecen la credibilidad y, por tanto, la misión, de los cristianos, que es ser ante el mundo imágenes vivas del amor ilimitado, predicado, vivido y hecho posible para el Hombre por Jesús de Nazaret. Yo mismo he estado varias veces en ese santo lugar y he sufrido los malos modos, e incluso algún empujoncillo, de unos enormes monjes vestidos de negro con imponentes barbas a lo pope ortodoxo. Gracias a Dios, no me dio por cabrearme, algo que me parece impensable al lado mismo del Monte Calvario y el Santo Sepulcro.

Es cada vez más urgente que todas las confesiones cristianas pongamos el máximo interés en limar las diferencias y entrar en una nueva era de comunión, superando estúpidas divisiones que fueron fruto, en su momento, de intereses más políticos que religiosos. Tal y como Benedicto XVI predica, por activa y por pasiva, está en juego la misma razón de existencia de la Iglesia, que es su misión ante el mundo. Como también es urgente desterrar de una vez por todas las posturas extremistas capaces de llegar a la violencia y, desde luego, establecer un nuevo status quo respecto al culto en los lugares sagrados de aquellas tierras, santas y entrañables para las tres grandes religiones monoteístas. ¡Por Dios y por la Virgen, que no estamos en la Edad Media! ¡Shalom, Salaam, PAZ para Jerusalén, por favor!

 

Radios de galena para la COPE en Cataluña

 

Los más viejos del lugar, de este cada vez más invertebrado país llamado España, recordarán muy bien aquellas radios de galena, la mayor parte de fabricación casera, con las cuales, a escondidas, trataban de escuchar las noticias de las emisoras libres. ¡Ay de quien fuera sorprendido con una de esas radios, sintonizando otras emisoras que no fuesen las oficiales del régimen! ¡Cuánto me recuerdan a aquellas arriesgadas escuchas de los prisioneros de los campos de concentración nazis, que se jugaban el cuello fabricando y escondiendo en sus barracones aquellos receptores rudimentarios, con los cuales trataban de obtener información de lo que estaba ocurriendo en la guerra que no fuese la propaganda panfletaria oficial!

Las emisiones de entonces, en las viejas ondas de amplitud modulada, en onda corta, media o larga, permitían saltar las fronteras y los bloqueos informativos de los regímenes totalitarios, y hacerse con algunos retazos de los noticiarios de las emisoras prohibidas, algunos fragmentos de la realidad no distorsionados por la censura gubernamental. Aquellas antiguas ondas radiofónicas, las largas sobre todo, tenían la bendita facultad de rebotar en las altas capas de la atmósfera y llegar a casi todas partes.

Con el avance tecnológico, un nuevo tipo de emisiones fue acaparando el mercado de la radio. Se trataba de la frecuencia modulada, la FM, que a todos nos maravilló con la fidelidad, realismo y calidad de su sonido. Con ella desaparecían aquellos molestos siseos, silbidos oscilantes y ruidos blancos que acompañaban las búsquedas en el dial de las emisoras deseadas. Con las ondas moduladas en su frecuencia, no en su amplitud, nos llegó el sonido limpio y estereofónico al que hoy estamos acostumbrados.

Pero algo se perdió. Esta nueva tecnología utiliza ondas de alta calidad, pero de corto alcance. Son ondas electromagnéticas que no llegan a rebotar en la atmósfera, sino que necesitan vía libre, directa y de alcance limitado, para llegar a los receptores. Por eso, las cadenas de radio, como las de la televisión, necesitan el concurso de innumerables repetidores, artilugios que recogen las ondas, las amplifican y las reenvían a cada uno de los rincones de nuestra geografía. Como las antiguas señales de humo de los indios americanos, o los ancestrales silbos gomeros, los mensajes saltan de monte a monte, de repetidor en repetidor, para poder llegar a todos los rincones.

Las ondas de FM son de sorprendente fidelidad pero, sin los repetidores, no son capaces de saltar las fronteras geográficas, ni las ideológicas. Sólo llegan a las zonas en las que se permite la instalación de repetidores específicos para ellas, aparatos que pueden colocarse o no, según el respeto a la libertad y a la pluralidad de quienes administran las licencias. La tecnología de modulación de frecuencia ha dejado la libertad de expresión e información en manos de los intereses políticos, que se arrogan la facultad de permitir o no la colocación de los imprescindibles repetidores y de conceder o no las franjas de frecuencia que cada cadena de emisoras necesita.

Desde la transición a la democracia nunca se me ocurrió pensar que esta limitación técnica pudiera ser utilizada por algún gobierno para eclipsar la libertad, para mantener a sus ciudadanos parcialmente informados, ni para evitar que la información crítica o disidente de lo “oficial” llegara a todos. Pero, inexplicablemente, ha sucedido, ya es un hecho. En Cataluña, donde las autoridades fueron capaces de limitar la libertad de los Mossos d’Escuadra para escuchar a la COPE en sus coches patrulla, han llegado a privar a esta emisora de algunas de las frecuencias que tenía asignadas. Lérida y Gerona, por el momento, sólo podrán oír la información que el gobierno catalán quiere que oigan. Ya veremos qué ocurre con Tarragona y Barcelona.

Ante este atropello del CAC, órgano oficial que controla la radiodifusión en Cataluña, los habitantes de esas zonas que deseen escuchar una información libre y/o alternativa, tendrán que volver a las antiguas radios de amplitud modulada. La censura ha vuelto y la COPE, si quiere seguir haciéndose oír, tendrá que retroceder a los tiempos prehistóricos de la radio y retornar a sus emisiones en AM de onda media, o incluso de onda larga. Libertad a cambio de calidad sonora, una renuncia que sin duda valdría la pena.

Los ciudadanos de Cataluña, si quieren recobrar su libertad de acceso a la información, tendrán que sacar del baúl del abuelo las antiguas radios. ¿Quién tiene todavía un receptor con AM y no sólo con FM, en esta era de lo digital, de los Mp3 y los Mp4, de los móviles con megapíxeles y las teles con TDT? No puedo dejar de imaginarme la romántica imagen de una familia catalana, ansiosa de obtener información plural, agazapada en torno a una antigua radio de válvulas o de galena, tratando de sintonizar la COPE, con el volumen muy bajito, no sea que los vecinos oigan la voz de Federico, Cristina o César y les denuncien por antipatriotas.

Siempre queda el recurso de escuchar la COPE a través de Internet, que, como las ondas de amplitud modulada, tampoco conoce fronteras (de momento, que todo se andará). Pero no todas las personas, especialmente las más mayores, tienen conexión a la red y, mucho menos, saben de ordenadores más allá del “copiar y pegar”. Quizá algún hijo o nieto, que todavía tenga un poco de respeto por la libertad, les pongan la COPE en su ordenador de cuando en cuando, sin que se enteren sus amigos, claro. Y ya veremos qué pasa cuando se produzca el llamado “apagón analógico” y la tecnología digital, que opera en código binario, pero emite sobre ondas en FM, impere sin más alternativas.

¡Qué lástima que todas estas cuadrillas de nuevos totalitarios nos devuelvan a tiempos que ya creíamos superados!

Aborto obligatorio

 

(Publicado en el diario Las Provincias de fecha 28-10-2008)

 

Hace poco, una persona allegada, escandalizada del alcance de los horrores que el lobby pro-abortista es capaz de defender, me preguntaba: “Pero, ¿Cómo hemos podido llegar a esto en España?”. Mi respuesta fue rápida: “Todo empezó cuando el PSOE legisló la despenalización del aborto en tres supuestos. Ahora estamos cosechando los resultados de aquella siembra”. Olvidé recordarle que aquella puerta hacia el crimen legalizado fue refrendada por los españoles en referéndum. Efectivamente, aquel fue el inicio de una estrategia a largo plazo que el PSOE, al parecer, tenía perfectamente diseñada. Comenzaron despenalizando el crimen del aborto en unos supuestos tan “humanitarios”, que centraron la atención pública en la madre, no en la vida inviolable del ser humano en gestación. Habían conseguido colar, en la legislación y en la cultura española, la posibilidad de asesinar impunemente al ser humano gestante.

 

 Marcado ese primer gol, padre de todos los restantes goles abortistas, el proceso posterior de avance de la cultura de la muerte sólo era cuestión de tiempo. Así se quedó el tema,  hasta que se introdujo, en el primer supuesto despenalizado, sobre la salud física de la madre, la “salud psíquica”. Ese añadido, aparentemente nimio, fue el segundo paso, convirtiéndose en un coladero total y una provisional puerta trasera hacia el mal llamado “aborto libre”. Digo mal llamado, porque me repugna que la palabra libertad se asocie con semejante crimen. No ha resultado nada complicado convertir el preceptivo informe psiquiátrico en un puro trámite y conseguir que alguno de esos doctores te lo firme, si no uno, pues otro. El mínimo control que conllevaban los supuestos despenalizados, había desaparecido para siempre en la práctica abortista.

 

Llegados a esta legislatura, y sin haberlo declarado en su programa electoral, el PSOE quiere más. Ahora viene con su Ley de Plazos, que en términos prácticos se traduce en la destipificación del aborto como delito, que podrá ejercerse al antojo de cualquier mujer que lo solicite, sin supuestos, ni informes, ni nada de nada, con el único límite de unos plazos, es decir, un determinado tiempo de gestación. Plazos, por cierto, que sobrepasan las semanas en las que un feto humano hoy en día es perfectamente viable. El aborto, a día de hoy, es un delito tipificado en el código penal, aunque “despenalizado” en tres supuestos. Es un crimen sin castigo. Lo que pronto va a imponer Zapatero (olvídense del prometido “debate social”) es que deje de ser delito, si está dentro de un plazo. Es el tercer paso. Una vez dado, ya sólo les quedará uno más: Quitar esos plazos. Ya lo verán.

 

 En general, los movimientos pro-vida, salvo algún extremista irrelevante, no pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta, aunque sí abogan por que se castigue a todos aquellos que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve abocada al aborto, no como opción, sino como única salida para su embarazo en situación de dificultad, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Sí, he dicho abortos indeseados. ¿O es que a alguna mujer le encanta abortar, porque “le pone” hacerlo, como si fuera un nuevo deporte de riesgo?

 

No es así. Las pro-abortistas saben, aunque muchas se lo callen, que el aborto no es algo deseable en sí mismo, a no ser que sean unas psicópatas de encerrar. Ayer mismo, en Valencia, Pilar Bardem, pro-abortista donde las haya, pidió en el Puerto de Valencia, donde atracó el barco de la muerte holandés, que no se “criminalizara” a la mujer que toma una decisión “tan difícil” como abortar. Aunque sea sólo en esto, tiene razón. Abortar no es ningún plato de gusto. Puede haber un cierto número de mujeres, feministas radicales, que deciden abortar como quien lava, pero no sucede así en la inmensa mayoría de los casos. Se estima que alrededor de un 75% de las mujeres que abortan, no lo hacen por decisión libre, ni por desear el aborto, sino acosadas por circunstancias de gran dificultad, frente a las que no ven otra salida. Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Pero estas mujeres, ni conocen, porque no se les informa, ni se les ofrecen, los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Ante “tan difícil” decisión de abortar, sólo se le presentan dos opciones: ¿Sí o sí?

 

Los movimientos pro-vida tratan de cubrir esa importante e intolerable laguna. No buscan castigar a esas mujeres. Las que en verdad las castigan de por vida son las fanáticas y fanáticos abortistas que se empeñan en que aborten por narices, o los que se enriquecen a costa de realizar abortos. A todos estos no les interesan para nada las mujeres embarazadas con problemas, sino sólo su empecinamiento, ideológico o crematístico, en pro del aborto. Casi todas las iniciativas sociales a favor de la vida, pretenden que los gobiernos generen normas y medios para que cualquier embarazada con dificultades pueda recibir información y disfrutar de cuantos medios necesite para tener a su hijo, si así lo decide. Sin embargo, los colectivos pro-abortistas están en contra de estas iniciativas. Increíble. Nada de optar, sólo abortar, abortar y abortar. Nada de ofrecer alternativas, que eso es cosa de monjas derechonas. Nada de libre elección: abortar y punto. Todo lo demás es de “fachas”.

 

 No me puedo explicar qué persona mínimamente sensata y moral puede oponerse a que se ofrezca información y apoyo integral a las mujeres embarazadas, para que puedan tener a sus hijos y criarlos si quieren. El mismo movimiento feminista debería luchar encarnizadamente por ello. Oponerse a ofrecer a la mujer información y alternativas, sólo se explica por dos motivos: O por un cerrilismo ideológico, radical y fundamentalista que considere el aborto como un bien en sí mismo, que hay que realizar cuantas más veces mejor, o por el interés de forrarse sin escrúpulos de ninguna clase. Los colectivos de abortistas integristas, aunque se presenten como feministas y progresistas, son el peor enemigo, no sólo de la vida del no nacido, sino también de la mujer. Quieren que las mujeres aborten, no que solucionen sus problemas. Quieren que aborten sin posibilidad de elección. Quieren, en suma, que el aborto no sea libre, como dicen, sino, en la práctica, obligatorio.

 

Benditos micrófonos

 

El hecho de que casi todos los políticos fingen y mienten, es algo que, por la repetición, se ha hecho costumbre y ya no extraña a nadie. No sólo no extraña, sino que la gente sigue votando a esos mismos políticos que, de forma continuada, dicen y no hacen, hacen y no dicen. El problema es que millones de ciudadanos carecen, no de memoria histórica, sino de la simple memoria inmediata, como si una forma larvada de Alzhéimer se hubiera extendido como una pandemia.

 

¿Que un político promete algo y no lo cumple? No pasa nada. ¿Que un político oculta en su campaña electoral lo que va a hacer y luego lo hace? No pasa nada. ¿Que un político dice una cosa y al día siguiente la contraria? Pues tampoco pasa nada. Millones de personas no se dan ni cuenta y, muchas de las que sí se enteran de estas deshonestas incoherencias, las disculpan o miran hacia otro lado, haciendo de su apoyo a determinado partido una actitud irracional y cerril donde las haya.

 

Dentro de la inútil batalla de intentar llamar la atención de los ciudadanos sobre estos abusos de poder, han salido a la palestra, desde hace un tiempo, unos inesperados aliados: los micrófonos. Gracias a ellos, que parecen encenderse y apagarse cuando les da la gana, sabemos mucho más de los políticos que por ningún otro medio: la verdad que ocultan tras sus disfraces públicos.

 

Estas son sólo algunas de las pilladas microfónicas:

 

·        1997: Federico Trillo, entonces Presidente del Congreso, en una sesión parlamentaria, viéndose obligado a aplazar una votación sobre un asunto realmente infumable, apretó a destiempo el botoncito que encendía su micro ante la megafonía de la sala y soltó su famoso “manda huevos”. Los micrófonos habían comenzado su particular cruzada por la verdad y la transparencia. Si no recuerdo mal, este fue el primer pinito de la ofensiva de los micros.

 

·        2001: Las cámaras de la RTV-Andalucía, recogen una frase, pronunciada en el Parlamento Andaluz, sin que se vea en imagen quién es el autor: “Los moros, que se vuelvan a Marruecos, que es donde tienen que estar”. Dando por sentado que se trataba de un diputado del PP, el PSOE acusa injustamente a Matías Conde, exigiendo su expulsión inmediata por “higiene democrática”. Días después, se declaró autor de la frase el diputado socialista Rafael Centeno, que presentó su dimisión entre lloriqueos y disculpas.    

 

·        2002: Jose María Aznar, entonces presidente de turno de la Unión Europea, tras su discurso de resumen en la Cumbre de Barcelona del Parlamento Europeo, se autocalifica en voz baja, ante un micrófono demasiado sensible, diciendo: “Vaya coñazo que he soltado”. Vamos, que su royo no se lo cree ni él. Veremos que el taco “coñazo” se ha convertido en término de obligado uso entre los políticos.

 

·        2003: Zapatero y Jordi Sevilla, responsable económico del PSOE, presentan las líneas básicas de su política económica. El micrófono abierto deja escuchar que Sevilla le dice a su presidente que se le nota todavía inseguro y que se ha equivocado al confundir “progresividad” con “regresividad”, aunque le disculpa diciendo que son “chorradas”. Sevilla remata la faena con la famosa frase: “Lo que tú necesitas saber para esto…son dos tardes”. Así nos luce el pelo.

 

·        2003: En la misma presentación anterior, el portavoz parlamentario Jesús Caldera, también captado por los implacables micrófonos, riza el rizo cuando entra en la “secreta” conversación diciendo que, tras el debate, deberán reunirse con Jose Antonio Griñán, el portavoz socialista en la comisión del Pacto de Toledo sobre las pensiones, ya que ese tema “no lo tenemos arreglado” y le dice a Zapatero que “la vamos a liar”. ¡Eso es “talante”, sí señor!

 

·        2004: Jose Bono, entonces Presidente de Castilla-La Mancha, conversando por lo bajini con Joaquín Almunia, ante los “cerrados” micros de Antena 3, insulta al Primer Ministro británico, Tony Blair. Palabras exactas: “Oye… Y nuestro colega Tony Blair. Ese es un gilipollas integral”. “Blair es un imbécil”. Sólo la elegante flema de la diplomacia inglesa impidió un grave incidente internacional.

 

·        2004: Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento, en Onda Cero Radio, también hizo gala de su exquisito lenguaje y su respeto por los gallegos, afirmando, ante el supuesto micro cerrado, que estaba “harta del Plan Galicia de mierda” y que “¡A mí me van a dar lecciones sobre este Plan Galicia de mierda!”. Sobran comentarios.

 

·        2006: Jordi Sevilla, haciendo gala de su “educación”, es captado sin advertirlo, por una cámara de Telemadrid, mientras conversa con Fidalgo. Montilla es cojonudo para mil cosas… pero todavía es pronto para que el presidente de la Generalitat sea un charnego“, fue la frase pillada. Por si no lo saben: “charnego” es un antiguo vocablo popular catalán de no muy amable intención.

 

·        2007: En plena campaña electoral, Zapatero es entrevistado en La Cuatro por Iñaki Gabilondo. Cuando ambos pensaban que los micrófonos ya estaban apagados, mantienen una muy amistosa conversación en la que el Presidente del Gobierno dice: “Lo que pasa es que yo creo que nos conviene que haya tensión… Yo voy a empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco”. Curiosamente, uno de sus principales argumentos en contra de Rajoy, en la campaña, era que el líder popular la basaba en la crispación.

 

·        2008: La última, de momento. Mariano Rajoy, el mismo que grabó una declaración institucional en 2007 llamando a celebrar la Fiesta de las Fuerzas Armadas, fue “traicionado” por su micrófono en la sesión de clausura de la XIII Reunión Interparlamentaria del PP, celebrada en La Coruña el día 11 de octubre. Tenía a su lado a Javier Arenas y le dijo, ante los oídos de toda España que: “Mañana tengo el coñazo del desfile… En fin, un plan apasionante”. Todo un ejemplo de honra y respeto a las Fuerzas Armadas y a su Fiesta Nacional.

 

En fin, queridos micrófonos, gracias por vuestra colaboración para que la gente nos enteremos de verdad de quienes son y qué piensan nuestros políticos. Nos estáis prestando un servicio inestimable para que nuestra democracia se depure y se fortalezca. Aunque todavía no os hacen demasiado caso, ni los políticos, ni los sindicatos, ni los jueces, ni la mayor parte de la opinión pública, no perdáis los ánimos. Continuad con vuestra singular batalla por la verdad y la honestidad. Sin vuestras hábiles estrategias, estaríamos perdidos frente a la hipocresía política.

 

EpC: Doble batalla en la Comunidad Valenciana

  

No se trata de dos frentes de una misma guerra, sino de dos batallas paralelas, cuyo único denominador común es que se refieren a la Educación para la Ciudadanía (EpC). Aunque no me gusta el lenguaje militar, las voy a denominar “batalla de la objeción” y “batalla del idioma”, para entendernos. La primera apunta contra la imposición ideológica y sectaria de la EpC y la vulneración del derecho Constitucional que tenemos los padres de determinar la educación que deseamos que reciban nuestros hijos. También se enfrenta, en nuestro caso, al desprecio olímpico que el Gobierno Valenciano del PP muestra hacia los padres objetores.

 

Todo esto les importa un bledo a los embarcados en la segunda batalla. Ésta, la del idioma, se enfrenta a la absurda e inoportuna exigencia del Conseller de Educación de que se imparta en inglés y no en las lenguas co-oficiales de nuestra Comunidad, como si no hubiese otras formas de reforzar ese necesario idioma, mediante planes elaborados con calma y con medios suficientes. Yo me he “alistado” en la primera, la de la objeción, que considero la madre de todas las batallas en el asunto de la EpC, aunque de vez en cuando me acerco un ratito a la otra, para echar una manita, cosa que no hacen con nosotros los de la batalla del idioma.

 

La cuestión objetora ha sido tratada por la Conselleria como si no existiera. Tan sólo una tímida mención, apenas aceptable, en la Orden del 10 de junio, esa que ha sido paralizada cautelarmente por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, excepto en lo del inglés y alguna cosilla más. Después de esto, autismo y silencio administrativo total. Pero este ninguneo se va a acabar de inmediato, con las sucesivas tandas de recursos que los objetores ya hemos comenzado a presentar ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior antes citado. Si el Sr. Font de Mora, empecinado sólo con el inglés, esperaba que con su pasividad los padres objetores nos íbamos a quedar inermes, se equivocaba. No habíamos movido ficha hasta ahora, esperando una respuesta antes de iniciarse el curso. Pero no la ha habido.

 

El asunto del idioma, está siendo tratado por la Conselleria con un empecinamiento y unas formas impropias de un gobierno democrático. Se ha convertido en un absurdo  intercambio de amenazas. Además, según se deriva de las últimas declaraciones, también amenazantes, del Vicepresidente Primero del Consell, Vicente Rambla, que ha salido al quite de Font de Mora, no es un tema sólo del Conseller, sino de las más altas instancias del gobierno valenciano. Al fin y al cabo, fue el Sr. Camps quien, al conocer el asunto de la EpC, dijo que aquí se daría en inglés. Desde entonces no ha querido apearse del burro y ha montado, a través de su Conseller de Educación, un enorme follón que no hace sino desviar la atención del problema esencial: la EpC en sí misma.

 

El Consell se ha metido neciamente en un callejón sin salida. Ante las protestas y plantes de un gran número de profesores, se ha saltado el diálogo social y se ha enzarzado en esa contienda de advertencias, cada vez más agresivas y desde mayor altura, de la que ya no puede salir sin recular. Ahora se ve obligado, por orgullo político, a huir hacia delante, porque eso de rectificar y volverse atrás es pecado mortal para los políticos. Tanto han dicho ambas partes implicadas, que difícilmente pueden envainársela y retroceder. Ya veremos cómo acaba todo esto, porque la única salida posible es una negociación urgente entre las partes contendientes, que no parece fácil desde posiciones tan extremas.

 

He de añadir que me resulta en extremo decepcionante que todos esos profesores y sindicatos, que con tanta firmeza aseguran defender la libertad de enseñanza, no hayan movido ni un dedo en contra de la gravísima imposición ideológica que conlleva la EpC, que no sólo atenta contra los derechos constitucionales de los padres, sino también contra la neutralidad ideológica de los centros públicos, contra los idearios de la inmensa mayoría de los concertados y contra la libertad de cátedra del profesorado de todos ellos. ¿Eso no les interesa, verdad? No, ya sé que no. Por lo menos no lo parece.

 

No les interesa porque su lucha no es pedagógica, sino política. No les interesa porque sólo les gusta oponerse al PP, pero no al PSOE. No les interesa porque creen que el movimiento objetor es “cosa de curas” o “cosa de derechas” y a ellos ni acercarse. Pero están muy equivocados. El movimiento objetor no es, ni de la Iglesia, aunque lo apoya, ni mucho menos del Partido Popular, que dice mucho y no hace nada, al menos en Valencia. Es una iniciativa de base social que engloba a decenas de miles de padres de familia y colaboradores voluntarios de muchas y variadas opciones religiosas o ideológicas, que no están dispuestos a dejar que ningún gobierno avasalle sus derechos fundamentales.

 

¿No saben que los objetores, por ejemplo en nuestra Comunidad, llevamos una batalla muy dura, tanto contra el PSOE que ha impuesto la maldita EpC, como contra el PP que nos ningunea sin respeto ni consideración alguna? ¿No ven que no nos quedamos con nadie? Cualquiera que haya leído mis recientes artículos en este blog o en la prensa, así como otros artículos de diversos bloguistas y periodistas, sabrá cómo esta el tema. ¿Cómo es posible que todos esos profesores y sindicatos, saquen toda la artillería pesada contra la imposición del inglés y se queden impasibles ante el atentado global a la educación en libertad que supone la EpC? En fin, no se molesten en contestar, todos sabemos la respuesta.

EpC: La última del Sr. Font de Mora

 

Leyendo esta mañana la prensa valenciana, Las Provincias y Levante, me encuentro con una noticia que me ha dejado pasmado, indignado y cabreado, aunque no sé cómo todavía me sorprendo, la verdad. Resulta que ayer, en las Cortes Valencianas, el Honorable Sr. Consejero de Educación, D. Alejandro Font de Mora, dijo públicamente que a los centros concertados que no impartan la EpC en inglés se les retirarán las subvenciones. Alguien le preguntó si pensaba dimitir y dijo que eso, si acaso, se lo plantearía dentro de 2 ó 3 años.

 

Yo me pregunto:

 

a) ¿Por qué tanto empeño con lo del inglés, necesario idioma que se puede reforzar en la enseñanza de mil formas, precisamente liando las cosas en la más polémica de cuantas asignaturas hay en los currículos actuales, que es la EpC?

 

b) ¿Por qué, junto a este absurdo empeño, el Sr. Conseller añade una postura de radical ninguneo al núcleo social central de la cuestión, que es el reconocimiento (o no) de la objeción de conciencia a los miles de padres que la han planteado?

 

c) Las opiniones del Sr. Rajoy en los medios y, sobre todo, la declaración institucional del Partido Popular, tras la reunión de Consejeros de Educación de las CCAA gobernadas por el PP, confirman un apoyo explícito a la objeción. ¿Les importa todo esto un carajo al Sr. Font de Mora y al Sr. Camps? ¿Tan dividido está el PP y tan poco liderazgo tiene Rajoy?

 

d) ¿Por qué su amenaza se ceba, precisamente, contra los centros concertados, los que más esfuerzo están haciendo para aplicar su estúpida norma, haciendo malabarismos con los horarios docentes y sin atacarle con continuos plantes y protestas como muchos centros públicos? ¿Es el Conseller un laicista anticatólico? ¿No se habrá equivocado de partido?

 

e) ¿Sabe el Sr. Conseller que quitar subvenciones a colegios concertados equivale a cerrarlos y a dejar sin escolarizar a decenas de miles de alumnos? ¿Cómo piensa atender a esos niños? ¿En su casa? ¿O reventando la enseñanza pública, que en varios centros ha comenzado el curso en barracones o locales provisionales por falta de plazas y espacios?

 

f) ¿Se acordará este insensato de que una enorme bolsa de los votantes a su partido llevan sus hijos a los colegios concertados? ¿No se da cuenta el Sr. Camps de que su Conseller de Educación está dinamitando sus bases electorales, tanto centristas como de derechas? ¿Qué misteriosos motivos le impiden llamar al orden o cesar a tan nefasto consejero?

 

g) ¿Qué va a hacer el Sr. Font de Mora con respecto al plante de muchos centros privados frente al tema del inglés? ¿También los va a cerrar? ¿Se ha propuesto acabar con la red de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana? ¿Tendremos que hacer todos “homeschooling”? (Bueno, quizá esto último nos convenga…).

 

h) ¿A qué santo viene este señor, a estas alturas históricas, con una política de amenazas continuas, inspecciones masivas, desentendimiento de las inquietudes sociales y prepotente bravuconería, actitudes y prácticas propias de regímenes totalitarios de un pasado ya superado? ¿Será del club de “fans” de la Sra. Cabrera?

 

No ceso de repetirme una y otra vez la pregunta que le hicieron en las Cortes: ¿Cuándo va a dimitir este señor? O, en otros términos: ¿Cuándo se decidirá el Sr. Camps a cesar en su cargo a este personaje que ha montado el más grave de los descontentos generalizados en la sociedad valenciana, que amenaza con absoluta contundencia y claridad su mayoría electoral en la próxima legislatura?

 

Sr. Camps: Como le digo una cosa, le digo la otra

 

Por desgracia, todos los artículos que hasta ahora he dedicado a comentar la gestión del Sr. Camps y sus consejeros, han tenido que ser muy críticos. Más duro he sido con el PSOE, desde luego. Pero su ambigua postura ante la Educación para la Ciudadanía y su olímpico desprecio a los objetores de conciencia a la misma, así lo merecía y así lo sigue mereciendo. Pero, como reza la expresión popular: “Como te digo una cosa, te digo la otra”. De la misma manera que es de justicia denunciar lo inaceptable, algo que voy a seguir haciendo hasta que reconozcan y apoyen a los objetores de conciencia, también lo es reconocer lo positivo. En lo que voy a decir incluyo también al Sr. Cotino.

 

Me refiero a las iniciativas a favor de la vida humana desde el momento de la concepción. Un modelo ya en marcha de apoyo a la mujer embarazada en situaciones difíciles, que va a ser reforzado, según nos prometen, y que ha sido “exportado” a la Comunidad de Madrid (gracias también a Dña. Esperanza, por recuperar la financiación en pro de la mujer gestante que meses atrás había denegado). También es interesante el proyecto de agilización de la adopción de los bebés de las mujeres que prefieran darlos en adopción antes que ordenar matarlos dentro de su seno. Otro aspecto que merece mis elogios es el apoyo prestado a la Red Madre, ampliando el plazo para la presentación de su ILP, siendo de esperar que luego la secunden en las Cortes Valencianas.

 

Es cierto que todas estas medidas y apoyos, realizados o por realizar, por parte del Gobierno  Valenciano, son todavía insuficientes para prestar a las futuras madres todo el apoyo integral que necesitan, no sólo para poder parir a sus hijos, evitando abocarles al aborto, sino también para poder atenderlos y cuidarlos debidamente una vez nacidos. Pero la línea iniciada por los Sres. Camps y Cotino es la adecuada, aunque falta mucho por recorrer. Entre otras cosas, es preciso que se impartan instrucciones a todos los centros de planificación familiar para que ofrezcan, mucho antes que la posibilidad de abortar, todo el abanico de posibilidades que se abre ante ellas para poder tener a sus hijos. Al parecer, en muchos lugares, la única alternativa ofrecida es el aborto.

 

Debería imponerse por la fuerza de la ley que cualquier mujer que acuda a cualquier médico, ginecólogo, centro de salud, centro de planificación, hospital o cualquier otra dependencia social o sanitaria, sea informada exhaustivamente de los peligros que conlleva el aborto, a nivel psíquico y físico, y de todas las alternativas que están y van a estar a su alcance para poder tener y cuidar a su hijo o darlo en adopción. Desde luego, lo más deseable sería que en toda la Comunidad Valenciana no existiese ningún abortorio, ni privado, ni público. Si no son capaces de conseguir esto, al menos continúen el camino de apoyo a la mujer embarazada que han emprendido y háganlo cada vez más fuerte y extenso. Los recursos de apoyo deben tener la máxima difusión.

 

Si alguna mujer de esta Comunidad terminase decidiendo abortar, amparada por las leyes socialistas (que ustedes no tocaron para nada cuando pudieron hacerlo y que con su tercer supuesto se ha convertido en un coladero legal), que no sea jamás porque no ha recibido toda la información o porque no se le hayan ofrecido cuantos recursos necesite para poder tener a su hijo. Sabemos que hay mujeres, feministas radicales, que abortarán igualmente cuando quieran. Allá ellas con su conciencia. Pero también sabemos que la inmensa mayoría de los abortos se producen por situaciones de abandono, soledad, miseria, impotencia y desespero de mujeres que dejarían vivir y nacer a sus hijos si se encontrasen amparadas y ayudadas de una forma eficaz. Se trata de salvar vidas, no sólo de los no nacidos, sino también de sus madres. La más noble de todas las causas.

 

Les aseguro que todo el esfuerzo y el dinero que dediquen a esta tarea será la mejor inversión que pueda hacer su Gobierno. Las infraestructuras sociales de apoyo a la vida humana, a la familia y a la mujer gestante, son infinitamente más importantes que las infraestructuras materiales. Si el progreso material, algo en lo que ustedes se desenvuelven muy bien, no va acompañado de progreso social, todo es una cáscara vacía. En fin, gracias y enhorabuena en este asunto. Sigan adelante, que todavía queda mucho por hacer. Avancen en la defensa de la vida y, por favor, decídanse ya de una vez a apoyar sin cortapisas y con hechos a los objetores de conciencia a la EpC, de acuerdo con las declaraciones institucionales de su Partido. Este es un punto muy grave, que oscurece su política, ya que a los objetores nos tienen ustedes descaradamente ninguneados. Un notable para el Sr. Cotino, pero un cero pelotero al Sr. Font de Mora.

 

 

 

 

El niño con el pijama de rayas

 

 

Hace unos días leí de un tirón el famoso libro de John Boyne, “El niño con el pijama de rayas”. Ayer vi la versión cinematográfica en su preestreno en Valencia. Desde luego, no se trata de “otra peli de nazis”. Al igual que la entrañable “La vida es bella”, esta historia es diferente. El libro, pese a ser un best seller, es tan simple y breve como un cuento: he ahí su grandeza. Encierra todo un mundo de mensajes y significados, cuyos distintos niveles de profundidad pueden ser captados con mayor o menor crudeza y horror según sea la madurez y la cultura del lector. Los terribles hechos del nazismo, que se dejan entrever en el breve relato, se reencuentran con el lector sin violentar su sensibilidad más allá de lo que ya sabe de antemano. Por eso lo puede leer igualmente un niño, que un adulto.

 

La película refleja bastante bien la trama básica del relato original, aunque resume algunas interesantes conversaciones y dramatiza el acelerado final cambiando elementos del libro y haciéndolo más trepidante aún si cabe. En general, presenta la historia de forma algo más evidente que en la novela, aunque tampoco se recrea en mostrar escenas cruentas que, como antes decía respecto al libro, quedan sólo apuntadas, de forma que la percepción de su brutalidad se modula según la capacidad de comprensión del espectador. Al finalizar la proyección, no obstante, en la sala, repleta de invitados, nadie se atrevía ni a respirar. A destacar la magnífica interpretación de los actores, especialmente los dos niños protagonistas. La novela y la película, ambos imprescindibles, para adultos y niños.

 

Dicho esto, y como no soy, afortunadamente, crítico literario, ni de cine, sino pedagogo y padre, quiero destacar algunos aspectos relacionados con la educación de este libro-película, que se me han quedado grabados a fuego. Para empezar, el relato en sí es formativo, educativo y pedagógico. Es formativo porque aborda una realidad que sucedió, desde los puntos de vista de las diversas personas implicadas. Es educativo porque destaca un buen ramillete de valores positivos y deja en evidencia, dentro de su propia dinámica, la maldad de otros valores inaceptables. Dice la crítica que la obra es una apología de la amistad. Es cierto. Pero aún me parece más importante cómo presenta la responsabilidad que conllevan las consecuencias de nuestros actos. Es pedagógico porque, como ya he dicho, su grado de dramatismo se ajusta a cada lector-espectador.

 

Quizá a otras personas les hayan impresionado más otras escenas. Mi sensibilidad hacia lo educativo me ha dejado impreso en la memoria un aspecto muy concreto. El niño protagonista, Bruno, y su hermana Gretel, obligados a vivir en una zona de Polonia apartada de la “civilización”, junto al campo de exterminio nazi de Auschwitz, regentado por su padre, flamante comandante de las SS, no pueden acudir a la escuela y reciben instrucción a cargo de un tutor. Las pocas escenas de las sesiones de clase son terroríficas. El tutor deja de lado las ciencias, sociales y humanas, para centrarse sólo en lo que él llama “Historia”. Esa materia consiste, para el profesor, en un  adoctrinamiento en la ideología nazi, una instrucción sobre aquello que debe conocer, sentir y asumir el buen ciudadano alemán. Hasta tal punto llega su lavado de cerebro, que Bruno duda de la bondad de su amistad con el niño judío y Gretel abandona repentinamente su preadolescencia convertida en una fanática jovencita pro-nazi.

 

Es una constante, en todo régimen totalitario, utilizar la educación para reproducirse y perpetuarse a sí mismo, amaestrando ciudadanos bien imbuidos, desde su niñez y adolescencia, de los elementos doctrinarios propios de la ideología oficial gubernamental. Esto no se evita sólo por que exista una democracia y porque los que mandan sean escogidos por votación. El psicópata Hitler, de hecho, accedió al poder por legítima elección de los alemanes en las urnas. Una vez situado en la cima el líder del Nacional-Socialismo, que así se llamaba su partido, puso bajo su control todos los poderes del Estado y se puso a llevar a cabo sus verdaderos planes. El pueblo que le había votado, como muestra la película, fue después sistemáticamente engañado con un aparato propagandístico oficial manipulado con absoluto descaro, junto a una censura y persecución férrea hacia cualquier mensaje o mensajero que osase criticar sus postulados.

 

El Führer, pronto contó con todo un ejército infantil y adolescente, perfectamente adoctrinado y emocionalmente subyugado por la parafernalia populista y simbólica del régimen, con la consigna de denunciar incluso a sus propios familiares si detectaban cualquier indicio de disidencia. El pueblo alemán, en su gran mayoría, no se apercibió del monstruo que habían aupado al poder con sus votos hasta que el horror de lo sucedido se abrió paso cuando el III Reich fue derrotado por el ejército aliado y los hechos salieron a la luz. Muchos millones de alemanes se sintieron entonces avergonzados y espantados, pero ya era tarde… Nunca prestaron atención a las pequeñas voces de los intrépidos disidentes, que les llegaban a través de las minúsculas rendijas del bloqueo informativo del régimen.

 

Sin comentarios…

 

Objeción a EpC: Ahora o nunca, Sr. Font de Mora

 

 

Mi familia y yo hemos acogido con esperanza las declaraciones que el Partido Popular ha hecho públicas, tras la reunión que mantuvieron todos los consejeros de educación de las CCAA regidas por ese partido. Creo que este sentimiento lo compartimos miles de familias objetoras. Dichas conclusiones son acordes con las declaraciones del Sr. Rajoy acerca de la Educación para la Ciudadanía y la objeción de conciencia a la misma. En general, también coinciden con lo que pensamos los objetores, aunque el lenguaje empleado es vago en cuanto a compromisos concretos. Además, todos sabemos que “del dicho al hecho, va un trecho”, especialmente en política.

 

El punto 4º de la declaración por ustedes acordada, dice textualmente:

 

El Partido Popular, ante la pluralidad de sentencias considera imprescindible y urgente que haya un pronunciamiento definitivo del Tribunal Supremo que unifique doctrina. Mientras tanto, defiende la no impartición de los contenidos contemplados en el Real Decreto a los alumnos que así lo manifiesten. Esta situación, no debería perjudicar nunca el expediente de los alumnos.

 

Los padres objetores de la Comunidad Valenciana nos preguntamos si las palabras “defiende” y “no debería perjudicar nunca” las va usted a traducir en hechos concretos o se van a quedar en otra mera declaración de intenciones, de las cuales ya estamos más que saturados y hartos. Entiendo que la única consecuencia coherente con estas declaraciones de su Partido debe ser el reconocimiento explícito de las objeciones presentadas ante su Consellería, estableciendo la normativa oportuna para que los alumnos objetores sean eximidos de asistir a las clases de EpC y de ser evaluados en la misma, así como determinar las actividades alternativas que deben realizar.

 

Por supuesto, a todo ello debo añadir que su Consellería debería dignarse a enviar una respuesta administrativa a cada uno de los padres objetores, algo que, con el curso escolar en marcha, todavía no se ha producido, lo cual nos ha dejado a los padres objetores completamente ignorados e inmersos en el oscuro terreno del silencio administrativo. Tras ser paralizada su Orden de 10 de junio por el TSJCV, cuyas luces y sombras comenté hace meses en otro artículo, usted sólo se ha dedicado a la defensa a toda costa del asunto del inglés, tema en el que no voy a entrar. Pero no ha movido ni un dedo en lo relacionado con la objeción de conciencia y la EpC en sí misma.

 

Hasta el momento, sólo ha conseguido usted que todo el mundo esté descontento, enfadado y enfrentado, se trate de padres y profesores de izquierdas, de derechas o de centro. Por si faltaba poco, ha hecho el ridículo dejando que en un CEFIRE de su Consellería se imparta un curso sobre EpC, en colaboración con la Fundación prosocialista y prolaicista CIVES, en el cual algunos de sus ponentes, conocidos exdiputados socialistas, han ridiculizado hasta el insulto a importantes personajes del PP. Le aseguro que su imagen pública como Conseller es, en estos momentos, deplorable. Ya puede usted agradecerle al Sr. Camps que no le cesara en la reciente remodelación del Consell tras la marcha de Fernando de Rosa. 

 

Pero, dejemos atrás el pasado. Ahora, tras la reunión de Consejeros de Educación en Madrid y la subsiguiente declaración del PP sobre el asunto, tiene usted una oportunidad de oro para, al menos, ponerse de parte de sus votantes y situarse con hechos en una posición clara de acogida a la objeción de conciencia. La ocasión es idónea para hacer borrón y cuenta nueva y rectificar las ambigüedades, silencios, insuficiencias y errores del último año. Es una coyuntura perfecta para demostrar a los valencianos que usted posee y defiende activamente los criterios y principios que nos han guiado a apoyar mayoritariamente a su Partido durante varias legislaturas. Una oportunidad que, posiblemente, no se repita.

 

Sr. Font de Mora, por favor, deje de esconder la cabeza con posturas autistas, tozudas y descomprometidas y defiéndanos del rodillo totalitario laicista del Gobierno de Zapatero. Sea consecuente con la postura institucional adoptada por su Partido, reconozca nuestras objeciones de conciencia a todos los efectos y ayúdenos en la defensa jurídica de la misma. O, si no está dispuesto a ello, al menos manifiéstese abiertamente en contra, envíenos un escrito denegatorio a los padres y déjenos que nos defendamos por nosotros mismos. Actúe con nosotros o contra nosotros, pero deje de ponernos palos en las ruedas con su silencio.

EpC: Diario real de una objeción en Bachillerato

 

Nuestro hijo Juan comienza este curso 1º de Bachillerato, en un I.E.S. de Valencia. Mi esposa y yo, junto con nuestro hijo, tras una prolongada reflexión en común y conociendo perfectamente la normativa de evaluación académica para este nivel educativo, decidimos objetar en conciencia contra ”Educación para la Ciudadanía”, que en Bachillerato adopta el nombre de “Filosofía y Ciudadanía”.

Como nos imaginamos que el camino por andar no va a ser fácil, he decidido abrir este post en forma de diario. En él iré anotando todas y cada una de las incidencias, positivas o negativas, que se vayan produciendo. Quedará como testimonio vivo del recorrido real de una objeción en marcha.

Espero que sirva para que todos los lectores que lo deseen puedan seguir su evolución, colaborar con sus comentarios y aportaciones, y estar al tanto del tratamiento concreto que vaya a tener la objeción de conciencia en la Comunidad Valenciana, que ahora comienza a impartir la EpC, sin perder de vista que las experiencias que aquí voy a exponer son sólo un botón de muestra, no necesariamente generalizables.

Que quede muy claro que no tratamos de ponernos como ejemplo para nadie. Somos padres normales y corrientes, bien concienciados y dispuestos, pero MUY normales. Esto es sólo una crónica de los hechos concretos que vayan sucediendo, que nadie sabemos cómo puede acabar. Esperamos tener fuerzas para llegar hasta el final. En todo caso, suceda lo que suceda, para bien o para mal, quedará aquí escrito.

Aquellos lectores que deseen seguir esta historia hasta el final, deben guardar el enlace permanente a este post, ya que, aunque aparecerá algunos dias en la página principal de HO, luego será sustituido por otras entradas que se vayan produciendo en los distintos blogs. Las nuevas anotaciones en el diario las haré cada vez editando este post. Sin más comentarios, comienzo el diario:

DIARIO REAL DE UNA OBJECION DE CONCIENCIA EN BACHILLERATO

06-05-2008: Presentamos nuestra declaración de objeción de conciencia a la EpC, a través de VAEL (Valencia Educa en Libertad), en el registro de la Consellería de Educación. Los funcionarios del registro se ven un tanto desbordados, ya que nuestra objeción se presenta junto con un bloque de gran número de ellas, pero las objeciones quedan registradas de entrada sin mayor problema.

11-09-2008: Presentamos copia de la declaración de objeción, junto con una carta explicativa dirigida al Director del IES, en el registro de la Secretaría del Instituto. De momento, nada que destacar. Si alguien quiere ver la carta, que me lo diga y la incluiré en sucesivos comentarios.

15-09-2008: Libertad Digital TV me realiza una entrevista en mi casa, como padre objetor con hijos a los que la EpC afecta directamente este curso. Los periodistas, muy amables y concienciados del asunto. La entrevista, breve, pero con tiempo suficiente para manifestar los motivos y aspectos esenciales de nuestra objeción. Aún no he podido ver la emisión de dicha entrevista. Ignoro cómo habrá quedado el montaje final.

16-09-2008: Nuestro hijo comienza hoy el curso. A fecha de hoy, y pese a la promesa hecha a VAEL por la Secretaria Autonómica de Educación, Concha Gómez, no hemos recibido respuesta administrativa alguna. Ante esta situación de inpass, hemos solicitado a los letrados de VAEL que estudien la forma de desbloquear la situación elevando recurso apoyándonos en el silencio administrativo o por otra vía jurídicamente viable. Por otra parte, de momento no hemos tenido comunicado alguno del Instituto.

Nuestro hijo ya ha vuelto de su primer día de clase. Ha venido escandalizado del horario en que han colocado la asignatura optativa de religión, al final de la mañana, para que los alumnos que no cursan religión, los que van a “alternativa”, puedan largarse a casa. A nosotros no nos ha sorprendido, porque ya conocíamos este asunto. Respecto a EpC, mañana tienen la primera clase, a primera hora. No les han dicho ni una palabra sobre lo previsto para los objetores, si es que han previsto algo.

El chaval nos ha preguntado qué debe hacer mañana y hemos estado hablando sobre el asunto. Hemos quedado en que, al llegar al Instituto, se dirija a su tutor, para hacerse presente y pedirle instrucciones. Si el tutor no se las da, que acuda al jefe de estudios, y si tampoco, al director. Si nadie le da razón de una actividad sustitutoria a la objeción, se quedará en algún lugar visible del Instituto, estudiando, y nosotros pediremos entrevista urgente con el director. En todo caso, mañana veremos qué sucede. 

17-09-2008: En el primer día de clase de EpC, ha sucedido algo extraño. Tanto darle vueltas a la cabeza con lo que podría acontecer y resulta que lo ocurrido ni se me había pasado por la cabeza. Lo que sí me imaginaba es que mañana me va a tocar entrevistarme con la profesora para ver si nos aclaramos, porque ni nuestro hijo ni nosotros hemos comprendido nada.

El muchacho y su primo, tal y como quedamos, ha acudido al Instituto antes de las 8:00 para pedir instrucciones a su tutor sobre qué actividad deben relizar fuera de clase los objetores. Les han dicho que en ese momento no había hora de atención del tutor. Viendo el percal se han ido directamente a preguntarle a la profesora de EpC. Al preguntarle si ella era la profesora de Filosofía y Ciudadanía, ella les ha dicho que ella no era profesora de Ciudadanía, sino tan sólo de Filosofía…

Al comentarle que ellos eran objetores, les ha dicho que su asignatura es obligatoria para aprobar el Bachillerato. Ellos le han contestado que ya lo sabían, pero que aún así eran objetores a la EpC. Ella ha insistido en que su clase no es de EpC, sino de Filosofía, que ella no da Ciudadanía. Ante ello, los chavales se han quedado perplejos y han decidido entrar a esa clase “sólo de Filosofía”.

La profe ha explicado el programa que van a dar, que consiste en Filosofía desde una perspectiva Psicológica, que es lo que ella domina, y nada más. El libro que deben comprarse, si embargo, es el de Castell-Nou y lleva por título “Filosofía y Ciudadanía”. La clase se ha dado en castellano, sin aparición alguna de profesores de inglés. La profesora ha comentado que en el Instituto se oponen a impartirla en inglés y les ha dicho que los exámenes de su asignatura ¡serán revisados por un inspector!

Ahora no sé si es que el Instituto ha decidido separar en dos bloques la Filosofía y la Ciudadanía, si es que la profesora ha decidido dar sólo Filosofía y omitir la Ciudadanía, si sólo es una maniobra para despistar a los objetores y que entren en clase o si, sencillamente, la profesora no se entera ni del nodo. Dice que ella es profesora de Filosofía y que su clase es sólo de Filosofía, pero el libro es de Filosofía y Ciudadanía. Y encima, esa intimidante advertencia de que los exámenes serán enviados a “un  inspector”.

Si no fuera porque conocemos hace tiempo a esa profesora, que ha dado clases muy correctas a otros de mis hijos, sin sesgos ideológicos y con excelente didáctica (mis hijas incluso la admiran como profesora), mi conclusión inmediata sería que se trata de una mera trampa. No lo sé. Así que, como me imaginaba, voy a tener que entrevistarme con ella para que me aclare el asunto.

Todavía me ha sorprendido más el comentario de que los exámenes los ha de revisar a un inspector. ¿Será posible que la Consellería sea capaz de haber establecido tal mecanismo de control sobre esta asignatura? ¿O se trata de una inspección estatal? ¿Qué demonios está pasando aquí? En fin, espero poder aclarar todas estas cosas mediante entrevistas con quien haga falta (profesora, tutor, jefe de estudios, director…), antes de la próxima clase de Filosofía y Ciudadanía, para saber a qué atenernos.

18-09-2008: He de confesarlo. Anoche no podía pegar un ojo, pensando en todo este embrollo y en lo que sucedería hoy en mis entrevistas en el Instituto. Me puse a rezar como un descosido a la Virgen, para que nos ayudara, nos diese discernimiento y fuerzas, y nos allanase el camino. Es relativamente fácil presentar una objeción, pero no es tan fácil llevarla adelante cuando llega “la hora de la verdad”. Gracias a Dios que tenemos su auxilio que nos sostiene. He de decir que la palabra de los distintos obispos que han hablado sobre la objeción ha sido y es un elemento fundamental que nos ayuda en este combate.

No he podido hablar con la profesora de Filosofía y Ciudadanía, pues no estaba en el Instituto y aún no han salido los horarios de atención a los padres. Pero sí que he podido hablar con el director. La conversación ha superado mis mejores expectativas. Además de un trato atento y amable, ha asumido con absoluto respeto nuestra decisión. El Instituto ya había previsto que los alumnos cuyos padres han objetado pudiesen estar en la biblioteca, en la que habrá en todo momento un profesor de guardia, pero lo había organizado para la ESO y es por eso que la profesora de EpC en Bachillerato no sabía nada. 

El director, un tanto despistado respecto al hecho de que la “Filosofía y Ciudadanía” de Bachiller forma parte del grupo de asignaturas de la EpC, ha aceptado de buen grado mis explicaciones y ha comprendido las razones de nuestra objeción en Bachiller. Esto no significa que las comparta o no, eso sólo él lo sabe, sino que las respeta. Era conocedor de nuestra objeción, pero sin querer había dado por supuesto que se referían a la ESO y por ello no había hablado con la profesora de Bachillerato.

El director ha tomado nota de los datos de mi hijo y de su primo y me ha asegurado que hablará con la profesora, para que sepa que ambos alumnos irán a la biblioteca en su hora de clase. Esto es importante, además, porque quedará claro que no se trata de una falta de asistencia. Me creo en el deber de dejar aquí constancia de la amabilidad y de la actitud de respeto ante las decisiones de los padres de este Director. Y eso en un Instituto público. Todo un ejemplo de corrección humana y verdadero espíritu democrático, a imitar, tanto por los directores de centros públicos, como concertados.

Como comprenderéis, he salido del Instituto con 30 kilos menos de peso y dando gracias a la Virgen. Al contárselo a mi hijo, también le ha cambiado la cara, ya que ahora se siente mucho más seguro que ayer depués de que la profesora les dejara, confundidos y dentro de clase. El muchacho sigue dispuesto a seguir adelante con el combate, ahora con mayor seguridad todavía. Así que, si no sucede nada extraño, por el momento no entrará en las clases y permanecerá estudiando en la biblioteca.

22-09-2008: Me lo temía. Hoy ha tenido mi hijo clase de Filosofía y Ciudadanía. Su primo y él le han preguntado a la profesora si el director había hablado con ella sobre su objeción y el ir en esas horas a la biblioteca con un profesor de guardia. La profesora les ha dicho que no y les ha vuelto a contar el mismo rollo del primer día de clase. Los muchachos, sin saber a qué atenerse, se han quedado dentro de la clase.

Mañana me toca volver a la carga y hablar con el director, para comprobar si es verdad o no que a la profesora no le han llegado aún sus instrucciones, para pedirle que lo haga si no lo ha hecho y para que pida a la profesora que deje de liar el tema diciendo que su asignatura “no tiene nada que ver con EpC”. Supongo que el director, con el fin de semana por medio, no ha tenido aún ocasión de hablar con la profesora.

Espero que esta semana quede claro el asunto de una vez por todas. Si la profesora sigue en sus trece, le comunicaré al director que los chavales irán directamente a la biblioteca, sin hablar más con ella. Como podréis comprobar, el combate sigue. Confío en poder avanzar paso tras paso, con la ayuda de Dios.

23-09-2008: ¡Bendito sea Dios! Y que bendiga al Director del Instituto de nuestro hijo (y a otras personas que en él trabajan y están por la labor). Tras el confusionismo de días anteriores, hoy le he escrito un mensaje al Director, diciéndole que los chavales seguían sin saber a qué atenerse, porque la profesora no sabía nada, y remitiéndole los textos legales donde aparece claramente la “Filosofía y Ciudadanía” enmarcada dentro de la “Educación para la Ciudadanía” (más que nada para que pudiese aclararle las ideas a algún que otro profesor despistado). Luego, por la tarde he hablado con él por teléfono.

Como siempre, me ha atendido con una amabilidad fuera de lo común. Me ha dicho que había leído mi mensaje y que ya había hablado con la profesora de Filosofía y Ciudadanía para explicarle que mi hijo y su primo, por motivo de su objeción, no iban a entrar a su clase, que en ningún momento se trata de absentismo o falta de asistencia y que la objeción no se dirige en modo alguno contra ella.

Por otra parte, dado que las clases de EpC las tienen, una a las 8 de la mañana y otra a última hora de la mañana, y la biblioteca (lugar dispuesto para los objetores de la ESO) está cerrada a esas horas, ha decidido que mi hijo y su primo acudan en esas horas al “Aula de Convivencia”, donde siempre hay un profesor de guardia. Allí podrán estudiar o hacer deberes. Ante mi ofrecimiento de que tal vez podrían aprovechar ese tiempo para hacer alguna actividad alternativa de colaboración con el Instituto (algo que manifestamos en la declaración de objeción), le ha parecido una idea fantástica. Hablará con los profesores para que, si algún alumno “trasto” de los que van a ese aula, de 1º de ESO por ejemplo, necesitase apoyo escolar, nuestros muchachos le echen una mano. “Eso sí que es auténtica educación para la ciudadanía”, me ha comentado.

Por útimo hemos quedado en que los chicos ya no acudan más a la clase de Filosofía y Ciudadanía, sino que directamente acudan a esa otra aula. Además, me ha dicho que mañana, a las 8 en punto, hora en que tienen la dichosa asignatura, mi hijo y su primo acudan a su despacho y que él mismo les acompañará al otro aula, para presentarlos al profesor y para que se sientan más seguros y arropados.

Para terminar la conversación, me ha dado las gracias. ¡Sí, me ha dado las gracias él a mí! Yo le he dicho, naturalmente, que gracias a él, pero ha insistido en darme las gracias a mi. No sé exactamente por qué, la verdad.

¿Se puede pedir más? Al Instituto, desde luego, no. La objeción se va a hacer efectiva, los chicos no van a entrar en las clases, van a tener un lugar concreto dónde estar, con un profesor testigo de que están en el Instituto y, además, con actividad sustitutoria educativa pero no sectaria. Sabemos que no debemos bajar la guardia y seguiremos atentos al transcurrir de los hechos, porque los “enemigos” están por todas partes y en cualquier momento pueden asomar las narices para tocarnos las nuestras con nuevas dificultades. Pero, de momento, todo invita a dar gracias por cómo van las cosas.

Ahora sólo queda el “pequeño detalle” de que nuestra objeción sea admitida y nuestro hijo quede exento de cursar la asignatura y ser evaluado en ella. Por muy buena que sea la actuación del Instituto, si el chico no entra en las clases, suspenderá. Puede repetir la asignatura en 2º y continuar sin entrar en clase. Pero, si la Consejería de Educación y/o los Tribunales, no nos reconocen la objeción, no obtendría el título de Bachiller. Tenemos tiempo por delante para defender nuestra objeción pero, si llegara ese extremo (Dios no lo permita), la toma de decisiones sí que será radicalmente difícil. Pero, como Escarlata O’Hara, eso lo pensaré mañana…

Aunque no tengo muchas esperanzas en ello, quiero creer que el Consejero Font de Mora -el Gobierno Valenciano del PP en suma- actúe de forma urgente y coherente con las declaraciones que los consejeros de educación de las CCAA regidas por el PP han hecho públicas tras su reunión de ayer en la C/ Génova, que en su punto 4 aseguran que el PP va a reconocer la objeción, eximiendo a los objetores de asistir a clase sin que ello perjudique su expediente académico. ¿Es mucho soñar, verdad? Pero, quién sabe…

24-09-2008: Hoy mi hijo ya no ha entrado en clase de EpC. La única incidencia, de poca importancia, es que cuando ha acudido, según lo pactado, al despacho del Director, y él le ha acompañado al aula prevista, no había ningún profesor de guardia. El Director, a la vista de ello y mientras lo soluciona, le ha pedido que se quedara en un pequeño hall junto a su despacho. Es lógico que se produzcan estos fallos de ajuste, en pleno inicio de curso en un Instituto con más de 200 profesores. Confío plenamente en que el tema del local a donde debe acudir mi hijo en las horas de EpC se solventará en breve.

Quiero destacar la actitud de mi hijo. No es sólo “amor de padre”. Ayer se resbaló a causa de la lluvia y se dislocó la rodilla, algo que le sucede con cierta frecuencia, ya que tiene una rotura de ligamentos cruzados. Auque no es nada grave, ya que está acostumbrado a colocarse la rótula en el sitio y seguir adelante, estaba un poco dolorido y podría haberse quedado en casa. Pues nada, el tío ha cogido una muleta, me ha pedido un justificante para el profesor de Educación Física y se ha ido al Instituto, precisamente para no perderse el primer día en que ya no iba a entrar en las clases de Filosofía y Ciudadanía. Con un par.

29-09-2008: Mi hijo continúa sin entrar en las clases de EpC. Sin embargo, el despiste del Instituto sobre dónde debe permanecer en esas horas, continúa. Hoy tenían clase de Filosofía y Ciudadanía a última hora. Se han dirigido al despacho del Director, para saber a dónde dirigirse. No estaba. En la biblioteca y en el aula de convivencia no había ningún profesor de guardia. Sin saber qué hacer, su primo y él se han marchado a casa. Grave error que les he pedido que no vuelva a suceder. Para que sea efectiva la objeción, no pueden ausentarse nunca más del Instituto en esas horas, aunque tengan que quedarse sentados en un pasillo. Lo han comprendido perfectamente. Hemos quedado en que el miércoles, que tienen la asignatura a las 8 de la mañana, voverán a preguntar al Director dónde deben quedarse. Si el tema no se resuelve, volvere a comunicare con el Director para ver qué sucede y cómo arreglar de una vez por todas el asunto.

30-09-2008: Junto con otras dos familias objetoras, hemos estado esta tarde en una notaría, para hacer la dación de poderes a los abogados y procuradores voluntarios que se han ofrecido gratuitamente a ayudarnos en la defensa jurídica de nuestras objeciones (Dios los bendiga). Junto con un amplio grupo de familias objetoras, vamos a elevar el próximo día 6 de octubre una primera tanda de recursos contra la Consellería de Educación, ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribual Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, entendiendo como denegada nuestra objeción por el silencio administrativo habiendo comenzado ya el curso escolar. Tras esta tanda, se irán presentando otras sucesivas.

Esperamos del buen juicio de los magistrados que nuestros recursos sean aceptados y nuestros hijos queden exentos de la EpC. ¡Dios ilumine sus conciencias! Me resulta muy triste e indignante que, en una Comunidad gobernada por el PP, partido que se ha declarado institucionalmente en contra de la EpC y a favor de la objeción, los padres objetores nos veamos obligados a estos extremos ante el absoluto ninguneo por parte del Conseller.  En fin ellos verán lo que hacen. Tendrán que asumir las consecuencias de sus actos y omisiones. Nosotros a lo nuestro, que es defender la educación que queremos para nuestros hijos.

06-10-2008: La objeción y el recurso que hemos presentado siguen en marcha. Pese a la buena disposición del director del Instituto, en los horarios de Filosofía y Ciudadanía, primera y última hora de la mañana, no están abiertas ni la biblioteca ni el aula de convivencia. Mi hijo y su primo siguen pasando esas horas sentados en un tresillo junto al despacho del director. Podría presionar al mismo con la normativa en la mano, para que les atienda el profesor de guardia, pero no quiero hacerlo. Creo que el director está haciendo lo que buenamente puede y no veo la necesidad de tensar las cosas con él.

Me he llevado un profundo disgusto, que me ha provocado un buen cabreo, enterarme de que muchas asociaciones y plataformas pro-objeción, se han desmarcado de la objeción integral a la EpC, en sus cuatro asignaturas, desalentado la objeción en Bachiller. Menos mal que tanto mi esposa y yo, como la plataforma a la que yo pertenezco (VAEL-Valencia Educa en Libertad), tenemos muy claro los objetivos y motivos de la objeción a la totalidad de las asignaturas de la EpC. Por eso nosotros seguimos adelante.

14-10-2008: Me he enterado hoy de que la Consellería ha comenzado a enviar una carta de respuesta a las objeciones, al menos a algunos de los que han objetado en 2º de la ESO. Nosotros no hemos recibido nada. Casi mejor, porque la carta es una auténtica tomadura de pelo, en la que tan sólo se informa de lo que ya sabíamos y no se dice ni sí, ni no, a la objeción. Es decir, que la carta no sirve para nada, porque no dice nada. La cobardía e inutilidad de nuestro gobierno autonómico en este asunto es realmente vomitiva. No respeta ni siquiera las propias declaraciones institucionales de su partido (el PP), que están clara e inequívocamente enfocadas a aceptar y proteger la objeción de conciencia a la EpC. ¡Qué asco!

03-11-2008: Me comenta mi hijo que el director del Instituto sigue preocupado por encontrarles un lugar y una atención adecuadas para él y su primo durante las horas de clase de Filosofía y Ciudadanía. Como en el horario de la asignatura ni hay profesor de guardia en la biblioteca, ni en el aula de convivencia, ha decidido hacerse cargo él mismo. Los hace pasar a su despacho, donde hay una mesa auxiliar para reuniones, y allí les deja estudiar bajo su supervisión directa. Además, aprovecha para hablar con ellos de diversos temas de gran interés. Un nuevo sobresaliente para este director.

El otro día se cruzaron con la profesora de Filosofía y Ciudadania y ésta, con auténtico tono de afecto, les dijo que les echaba de menos en sus clases. Ellos le dijeron a ella que también, pues es verdad que la profesora es una excelente profesional y persona. ¡Qué lástima que la puñetera EpC nos esté obligando a que se pierdan las enseñanzas de Filosofía que esta profesora imparte de maravilla! Encima, mi hijo me dice que le agrada y atrae la Filosofía. Como yo soy Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, hemos decidido hacer en casa una pequeña “homeschooling” sobre esta materia. Le servirá, al menos, para introducirse de mi mano en el mundo del pensamiento y también para “adelantar” faena en el caso de que la justicia finalmente nos negase el derecho a objetar y decidiésemos que curse la asignatura el año próximo.

04-11-2008: Las primeras cartas de la Consellería a los objetores en 2º de la ESO han comenzado a llegar a los padres de Valencia. Es la misma que recibieron los de Alicante. Ni reconoce ni deniega la objeción. Informa de la situación, como la ve la Consellería, y punto. En modo alguno es una resolución ni una respuesta a la objeción. Tiene sólo dos aspectos útiles: Recuerda que los centros tienen la obligación de atender adecuadamente a los alumnos objetores y comenta que la objeción la hemos ejercido como cosecuencia del derecho a la libertad ideológica contenida en el art. 16 de la Constitución. Una pega: Que sólo se refiere a 2º de la ESO y no dice nada de los otros cursos que tienen EpC. Por eso, nosotros no la recibiremos. Seguimos a la espera de resoluciones judiciales.

03-01-2009: No, no me he olvidado de ti, querido diario. Lo que sucede es que, aunque por toda España se multiplican las resoluciones favorables a la objeción de conciencia, en Valencia apenas se ha movido nada más que la guerra del inglés, que a nosotros ni nos va ni nos viene.

En el Instituto siguen tratando a mi hijo con toda corrección aunque, como es lógico, le han calificado la primera evaluación de Filosofía y Ciudadanía con un “no presentado”. El chaval, aunque sigue dispuesto a la lucha, comienza a resentirse ante la cruda realidad. Necesitamos resoluciones urgentes.

El Gobierno valenciano sigue sin resolver nada acerca de la objeción. El TSJCV está tratando de quitarse de encima el embolao, declarándose incompetente para resolver nuestros recursos sobre un asunto que, según ellos, corresponde a los juzgados ordinarios de lo contencioso-administrativo, lo cual no es cierto, porque se trata de un caso de vulneración de derechos fundamentales.

En fin, que entre unos y otros, nos están haciendo perder un tiempo precioso, que es nuestra mejor baza a jugar en cuanto a las objeciones en Bachillerato. Cero pelotero para el PP valenciano y para el TSJCV. Apenas nos queda nada más que esperar a las ansiadas resoluciones que el TS ha prometido para febrero.

28-01-2009: Día fúnebre para la Democracia en España. El Tribunal Supremo ha dictado sus primeras sentencias sobre EpC y lo ha hecho desestimando el derecho a objetar. El poder judicial, por el momento, no nos protege de los abusos del gobierno, ni siquiera en un asunto de derechos fundamentales. Con este precedente es de esperar que el TSJCV tampoco nos apoye. La lucha no ha terminado, porque queda el TC y el Tribunal de Estrasburgo. Pero ese proceso va a ser tan largo que mi hijo, de seguir sin entrar en clase, ya se habrá quedado sin el título de Bachiller y sin poder pasar a la Universidad, eso aunque al final del trayecto nos dieran la razón. Todo esto es muy serio y tenemos que reunirnos en familia y pedir asesoramiento jurídico para decidir qué hacemos. Estoy muy triste y decepcionado, la verdad.

30-01-2009: Los análisis realizados por distintos profesionales del derecho y otros, sobre la sentencia del TS indican que no hay que apresurarse en la toma de decisiones. En primer lugar, aún no ha salido el texto de la sentencia, en el cual pueden haber sorpresas para el Gobierno, que puede haber cantado victoria demasiado pronto. En segundo lugar, la nota que ha hecho pública el TS sólo se refiere a los cuatro casos que han visto, no a los más de 1800 recursos planteados (cabe que en otros recursos mejor fundamentados sí que sea admitida la objeción). En tercer lugar, parece ser que en el texto de la sentencia el TS va a incidir de alguna forma en que a través de la EpC no se puede adoctrinar ideológicamente, lo cual puede ser un varapalo al Gobierno mayor de lo que se espera, puesto que las denuncias se pueden multiplicar por todas partes, creándose una judicialización y una movilización social aún más grande de la que ya existe. En todo caso, hasta que no salga el texto de la sentencia, conviene no tomar decisión alguna. Paciencia, oración, reflexión, información, asesoramiento y serenidad antes de mover un dedo. La guerra no ha terminado.

20-02-2009: Ya han salido los textos completos de las sentencias sobre los cuatro primeros casos de objeción que han llegado al TS y hemos tenido tiempo de analizarlas con detalle. En resumen, vienen a decir lo siguiente: a) Deniegan el derecho a objetar a esas cuatro familias; b) Declaran que la LOE y los RRDD que regulan la EpC se ajustan a Derecho, aunque notan que pueden prestarse a un uso indebido; c) Advierten al Gobierno, Administraciones, colegios, profesores y editoriales que ninguno de ellos puede aprovechar la EpC para adoctrinar en temas morales que son objeto de controversia social; d) Alientan a los padres a vigilar y denunciar ante los juzgados los posibles abusos que se produzcan respecto al anterior punto.

Se trata, por tanto, de una sentencia con pros y contras. El Gobierno y sus medios afines han lanzado una campaña de desinformación y de presiones que no pueden derivarse legítimamente de las sentencias. Las consecuencias reales, derecho en mano, son: a) Las sentencias sólo atañen a las cuatro familias a las que se dirigen, no a todos los objetores; b) Sientan un precedente contrario, pero no generan jurisprudencia, de forma que no obligan a que otros juzgados o tribunales rechacen la objeción; c) Son perfectamete recurribles ante instancias superiores y así lo han hecho ya los padres afectados; d) En modo alguno obligan a las Administraciones, ni a los colegios a denegar objeciones ni autorizan a que se fuerce a los alumnos a entrar en las clases de EpC; e) Contienen una prohibición expresa sobre el adoctrinamiento moral, que debe ser respetada por todos, desde el Gobierno hasta los profesores y editoriales; f) No sólo no paralizan al movimiento objetor, sino que le proporcionan nuevas vías para lograr sus fines.

El movimiento objetor sigue más vivo que nunca. La batalla continúa, con el escollo previsible del TS en casi todos los casos que le lleguen (no en todos, porque las sentencias dejan una puerta abierta a que en ciertos casos pueda reconocerse la objeción), pero con nueva armas muy poderosas en manos de los padres.

En nuestro caso, nos imponemos un breve tiempo de reflexión antes de tomar decisiones.

04-03-2009: A la vista de la lentitud prevista para que nuestro caso consiga una resolución final, ya que el TSJCV aún nos está regateando si admite a trámite nuestro recurso y, aún en el caso de que lo haga, habrá recurso de una de las partes ante el TS, seguido de recurso de una de las partes al TC y lo mismo hasta el Tribunal de DDHH de Estrasburgo, se prevé imposible que nuestro hijo sea declarado exento antes de que ya haya perdido toda posibilidad de obtener el título de Bachiller, ya que estamos hablando de un camino judicial de tres o cuatro años como mínimo. Sabiendo por otra parte que el currículo de Filosofia y Ciudadanía es el menos adoctrinante de todo el conjunto de la EpC y conociendo desde hace varios años el buen hacer profesional y moral de la profesora que le corresponde, hemos decidido lo siguiente:

a) La incorporación de nuestro hijo a las clases de Filosofía y Ciudadanía. Ya ha comenzado a entrar en clase. Por cierto, nada más llegar, se ha encontrado con un ejercicio para toda la clase, un comentario de texto sobre el concepto de “persona” en Max Scheler y nuestro hijo ha obtenido un “bien”.  No hay nada como la “home schooling”, aunque en este caso yo tenga ventaja por ser Licenciado en Filosofía y CCEE y ya había comentado un poco con mi hijo el tema filosófico de la “persona”.

b) Proseguimos la defensa judicial de nuestra objeción. Cuando dentro de unos años se llegue a una resolución final, sea o no favorable, ya no nos afectará para nada, pero queremos seguir adelante por principios y por solidaridad con quienes vengan detrás. Hay que conseguir que la objeción de conciencia sea reconocida en España respecto a los derechos de los padres sobre la educación de sus hijos.  Y hay que conseguir eliminar ESTA EpC que, diga lo que diga el TS, es un panfleto socialista-laicita.

c) Procedemos, como indica de forma el TS, a inspeccionar el libro de texto y el programa de clase de la asignatura. Examinados ambos, nos parecen imparciales y muy correctos. Igualmente, vamos a vigilar estrechamente todo posible intento de adoctrinamiento moral que pudiera producirse, no sólo en ésta asignatura, en la que conociendo a la profesora es improbable, sino en todas y cada una de las materias obligatorias. Denunciaremos judicialmente cualquier intento si se produjese.

No es ésta la opción que hubiésemos deseado, ni mucho menos, pero es la que estimamos mejor en la situación concreta actual. Quizá defraude a algún lector, pero ya dije que en este diario dejaria constancia de todo cuanto ocurriese, sea banco, negro.  O gris, como sucede en nuestro caso. No obstante, la guerra continúa, con nuevas estrategias y nuevo armamento. Por tanto, este diario no acaba aquí.

24-6-2009: El curso ha terminado y, con él, -ahora sí- este diario. Las cosas no han transcurrido en absoluto como hubiésemos querido, pero el imperio de la realidad se ha impuesto, como siempre. No hemos tenido el valor (o la estupidez, quien sabe) de dejar que nuestro hijo se jugara la obtención del título de Bachiller permaneciendo hasta las últimas consecuencias sin entrar en las clases de Filosofía y Ciudadanía.

Aunque la mayor parte de las asociaciones y plataformas pro-objeción han aconsejado que no sigamos emperrados en objetar en Bachiller, porque los contenidos de la EpC en ese nivel apenas contienen elementos de doctrtina sectaria y porque en Bachiller hay que aprobar todas las asignaturas de forma impepinable para obtener el título (cosa que no sucede en Primaria y en ESO), no estamos seguros de haber obrado con la intrepida valentía que exige la realidad que nos rodea. Hemos obrado con absoluta prudencia, pero no siempre la prudencia -en el sentido corriente- es la mejor consejera. Dios dirá.

Lo hecho, hecho está. Nuestro hijo aguantó sin entrar en clase dos trimestres, pero en el tercero le aconsejamos que entrase en las clases y tratase de aprobar la asignatura. Gracias a su esfuerzo y al trato impecable de su profesora y su director, cuyas bonanzas ya he agradecido en este post, ha aprobado Filosofía y Ciudadanía con un 5 peladillo (aunque ha suspendido otras dos, el muy tontaina, que esperamos que aprobará en septiembre, porque el chaval es muy voluntarioso pese a su adolescente juventud).

En lo que concierne a la objeción, con este hijo el asunto está concluido, aunque nuestros recursos siguen adelante y quizá algún día, dentro de unos años, alguien nos la reconozca cuando ya no nos sirva para nada. Al menos servirá para ayudar a abrir el camino a los que vengan detrás. Y el muchacho ha aprendido, aunque sólo hayan sido unos cuantos meses, a luchar por lo que es justo y a soportar los temores y problemas de navegar a contracorriente en un sistema de enseñanza que se ha convertido en propaganda panfletaria y doctrinaria de los estúpidos, inmorales y criminales postulados del progretariado laicista de la cuadrilla de totalitarios socialistas que nos gobiernan y que hacen las leyes y los reales decretos.

Nos queda por delante la pelea con nuestro hijo pequeño, que debería cursar el año próximo 4º de la ESO, aunque creemos que va a repetir 3º con tropecientos suspensos y el año que viene no habra que ejercer todavía la objeción efectiva, que también por él presentamos en su día. Ya veremos qué podemos hacer, con la ayuda de Dios, cuando llegue el momento de la verdad. Tampoco va a ser fácil, porque va a un colegio concertado que adapta todo lo que hace muy bien al ideario del centro y que han demostrado un cariño y una atención especialísima y exquisita a nuestro hijo. Pero esta es otra historia.

Aquí sólo me resta mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que han ido siguiendo este diario y nos han ayudado con sus comentarios. También reiterar nuestra gratitud al director del Instituto y a la profesora de Filosofía y Ciudadanía, por su respeto hacia nuestras posturas, por la atención prestada a nuestro hijo mientras no entraba en clase y por la prestada cuando ha entrado en clase. Todo un ejemplo de verdadero espíritu democrático y de auténtica neutralidad ideológica en la escuela pública. Por último, agradecer a todos los amigos de VAEL, algunos de ellos abogados, que nos han ayudado durante todo este tiempo, siempre dándonos ánimos, comprensión y trabajando un montón sin cobrar un duro.

FIN DEL DIARIO

EpC: Carta abierta al Excmo. Sr. D. Francisco Camps

  

Excmo. Sr. Presidente de la Generalitat Valenciana:

 

Ante la incomprensible, incoherente, temerosa y contumaz postura del Sr. Conseller de Educación respecto a la Educación para la Ciudadanía impuesta por el PSOE, me veo en la obligación y me siento en derecho de comunicarle y denunciar lo siguiente:

 

a)    Como bien han analizado políticos muy relevantes del PP, entre ellos D. Mariano Rajoy, la EpC no sólo atenta contra el derecho de libre elección de línea educativa de los padres respecto a sus hijos, consagrado en el Art. 27.3 de la Constitución, sino también, y mucho más peligrosamente, contra las bases mismas del Estado de Derecho, ya que impone una ideología ético-moral concreta de índole estatal que destruye el derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa, contenido en el Art. 16 de nuestra Carta Magna, norma de todas las normas e inviolable por otras normas de rango inferior, sean Leyes Orgánica o Reales Decretos.

 

b)    La objeción de conciencia es un derecho legítimo intrínseco a todo estado democrático moderno y un signo de madurez del Estado de Derecho, esté o no regulado ad hoc para cada caso. Tribunales Superiores de Justicia, como el de Andalucía o el de La Rioja, y otros tribunales de menor rango, han emitido una ya extensa y fundamentada serie de resoluciones que determinan que tal derecho resulta aplicable a la EpC. Las resoluciones desfavorables son unas pocas. Existen, pues, suficientes razones, éticas y jurídicas, como para que las administraciones públicas, cuanto menos, admitan cautelarmente las objeciones y sus consecuencias lógicas: la exención de cursar la EpC y ser evaluados en ella, junto a la implantación de actividades sustitutorias no adoctrinantes en materia de moral, en espera a que los altos tribunales decidan.

 

c)     Es incomprensible que el PP, cuyos líderes se han pronunciado en contra de la EpC y, recientemente, a favor de la objeción de conciencia a la misma, dejase pasar en 2007 la oportunidad y el plazo para promover un recurso de inconstitucionalidad contra la LOE y los Reales Decretos que la desarrollan. Pero más irritante es que, ahora, con la EpC comenzando su aplicación en nuestra Comunidad Valenciana, tampoco apoyen sin ambages la objeción de conciencia, que es la única arma legitima que la inactividad opositora de ese partido nos ha dejado a los padres y madres españoles y, en consecuencia, a los valencianos. Ustedes nos han dejado solos frente al rodillo y el aparato jurídico socialista.

 

d)    Igualmente absurdo y escandaloso es el diferente trato que se ofrece a la objeción de conciencia en las distintas comunidades autónomas gobernadas por el PP y el escaso apoyo de algunas de ellas a las recientes manifestaciones del Sr. Mariano Rajoy. En la Comunidad de Madrid, en la de Murcia y en la de La Rioja, los gobiernos del PP han decidido apoyar la objeción, aunque lo hagan de forma provisional entretanto las máximas autoridades judiciales se pronuncien definitivamente al respecto. Por cierto, de la anunciada reunión de consejeros de educación del PP con la Sra. Cospedal, para unificar posiciones, nadie sabemos nada.

 

e)    He de reconocer que la Comunidad Valenciana, hoy en día, es un referente mundial de progreso y modernización. La mayor parte de los valencianos nos sentimos orgullosos de ello. Pero los valencianos no nos conformamos sólo con ver aumentar nuestro potencial material. Tenemos principios y valores, que pensábamos compartía el PP. Por ambas cosas, no sólo por la primera, nuestro apoyo electoral viene siendo mayoritario desde hace tanto tiempo. El progreso que queremos no es sólo económico, sino también social. La objeción de conciencia es un signo de madurez, avance y modernidad democrática, cuya protección echamos en falta.

 

f)      Por eso, somos muchos los decepcionados por la inactividad del Consell en cuanto a los temas que comportan principios éticos y morales, e incluso de derecho. No olviden que somos muchos los que hemos otorgado durante décadas un voto útil al PP, no un voto por convicción o por compartir lo que dice y hace el PP, sino por evitar que gane el todavía peor PSOE. Podrán suponer que, si nuestro voto útil se convierte en inútil, puede haber un giro electoral mucho mayor de lo que se imaginan. No se acomoden en la seguridad de que, tras tantos años gobernando, la Comunidad Valenciana es suya para siempre. Nuestro voto no es cautivo.

 

g)    Reconozco que su gobierno, con la Orden de 16 de junio, trató de paliar un poco el tema, aunque ha acabado por enredarlo más aun si cabe. Dicha Orden, hoy paralizada por el TSJCV, contiene algunos aspectos que es justo apreciar, como el hecho de que, con la opción B, otorgaba a los padres un mayor control. Pero la Orden no reconoce explícitamente, ni la objeción, ni sus consecuencias lógicas. Nos obligaba a escoger la opción B, que seguía siendo EpC aunque moderada, posibilidad que podía ser escogida por cualquiera, objetor o no. En la reciente resolución sobre aplicación de la EpC en los centros, no se han dignado siquiera a mencionar una palabra acerca de la objeción, o sobre cómo los centros deben atender a los alumnos cuyos padres han presentado objeción. Nos han ignorado absoluta y descaradamente.

 

h)    La Secretaria Autonómica de Educación, Concha Gómez, en nombre de su gobierno, nos prometió que todos los padres objetores recibiríamos una respuesta administrativa individual. Pues a fecha de hoy, ya iniciado el nuevo curso, no han contestado nada de nada. Silencio administrativo e ignorancia supina por toda respuesta. Parece que su gobierno tiene miedo a contestar, tanto a favor de la objeción, como en contra: a favor, porque no quiere vérselas con Zapatero en los juzgados; en contra, porque no quiere verse con una avalancha de recursos. Y así nos tiene, encajonados entre sus miedos e indecisiones, esperando a que nos cansemos, desistamos o algo así. ¡Eso ni lo sueñen!

 

i)      Recuerden que el silencio administrativo es un acto administrativo. Recuerden que un suspenso es un acto administrativo. Recuerden que cualquier actuación de las direcciones, los profesores u otro personal de los centros, que traten de hacer repercutir sobre nuestros hijos cualquier otra medida que vaya más allá de la dispuesta para la evaluación académica, sería también un acto administrativo. Vayan olvidándose de que la callada por respuesta es la mejor forma de que abandonemos la defensa, sea por vía administrativa o jurídica, de nuestros derechos. Decidan ustedes, de forma clara  y urgente, si nos van a defender o nos van a dejar solos. Si no podemos contar con su apoyo, nosotros sabemos cómo actuar; eso sí, no cuenten con el nuestro nunca más.

 

j)      Por último, y por favor, dejen de marear la perdiz con el asunto del inglés, que ya está el mar bastante movido. ¿No se dan cuenta de que el empecinamiento absurdo con ese asunto está bloqueando la resolución del problema central, que es la EpC en sí misma? ¿No ven que han creado una guerra idiomática paralela y se han creado nuevos enemigos? ¿Ignoran el follón organizativo y metodológico a que están sometiendo a los centros? Claro que es necesario potenciar el aprendizaje del inglés en escuelas e institutos, pero existen mil y una formas de potenciar este aprendizaje, todas menos en EpC, que ya tiene bastante con su propia conflictividad intrínseca. Vayan al grano y no a la paja.

 

 

En conclusión, Sr. Camps, le ruego que se olviden de apaños y ambigüedades, dejen de liar las cosas con el inglés, sean valientes y decididos, sean más coherentes con su propio partido, no ignoren a los padres objetores, ayúdennos con su apoyo o, al menos, resuelvan de una vez y déjennos vía libre para defendernos nosotros mismos.

 

 

José Rafael Sáez March

Licenciado en Pedagogía.

Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).

EpC: Es hora de ir despertando

 

Aunque aún queda una semanita de agosto, a la que nos agarramos como el último clavo ardiente de las vacaciones estivales, el curso escolar 2008-2009 ya está a la vuelta de la esquina. No hace falta ser profeta para prever que no va a ser un curso precisamente fácil, en ningún sentido. Si Dios no lo remedia, y no suele hacerlo cuando somos nosotros quienes podemos y debemos actuar, nos aguardan múltiples y arduas batallas. Y tenemos que pertrecharnos a conciencia antes de que las hordas socialistas nos pasen por encima, junto con las graves consecuencias de sus decisiones e indecisiones.

 

Nos espera, sin duda, un curso repleto de dificultades económicas, en el que se prevé una recesión cuyas consecuencias últimas nadie alcanza a imaginar. Lo cierto es que, tras haber estirado unos cuantos euros en las vacaciones, nos espera una cuesta que ni el Tourmalet. Las familias con hijos seremos los principales sufridores, con la carga añadida del inicio del curso escolar. Pero no sólo es económica la refriega en que nos vamos a ver envueltos, ni mucho menos. Para aquellos que nos tomamos en serio los derechos y libertades constitucionales, la guerra va a tener muchos frentes.

 

El gobierno, incapaz de resolver o, al menos, paliar los problemas materiales, va a centrar toda su artillería en el avance laicista y totalitarista. La eutanasia, el aborto libre y la matanza embrionaria son los buques insignia de la nueva ofensiva, eso sí, con otros nombres que disimulen semejante trío de brutalidades. Son las últimas plazas por conquistar por la cultura de la muerte, a golpe de BOE y manipulación de la opinión pública. Detrás de todo, una nueva transición, un golpe de estado de guante blanco que va a anular en la práctica y por la puerta trasera nuestra querida Constitución.

 

A todos aquellos que nos hemos opuesto al adoctrinamiento moral de nuestros hijos por parte del gobierno de turno, objetando y/o luchando de diversas formas contra la inconstitucional EpC, nos ha llegado la hora de la verdad. El puñetero grupo de asignaturas va a impartirse en todo el territorio nacional. Ya no se escapa nadie en ninguna comunidad autónoma. Si no objetamos en conciencia y, sobre todo, nos mantenemos firmes en nuestra objeción, llevando su defensa hasta las últimas instancias jurídicas si fuese necesario, nuestros hijos cursarán la EpC, con o sin supuestas adaptaciones.

 

Hemos de mirar a nuestros hijos y a su educación por encima del hombro de las leyes, más allá de las promociones y titulaciones. Es nuestra obligación velar porque reciban una educación integral, de calidad y sin imposiciones ideológicas de ningún tipo. Al derecho natural y constitucional de decidir la línea educativa en que han de ser educados nuestros retoños, se asocia nuestra obligación de velar por ello, ya que el Gobierno, que es a quien corresponde garantizar los derechos fundamentales recogidos en nuestra Carta Magna, no lo hace. Entre unos y otros han abandonado la pelota en nuestras manos. Esto no lo podemos ignorar, ni por miedos, ni por dejadez.

 

Sigamos el ejemplo de nuestros compadres andaluces, riojanos, castellano-leoneses y de otras comunidades, que han sabido resistir, combatir judicialmente y arrancar de los altos tribunales todo un rosario de resoluciones favorables, cuyas argumentaciones están haciendo jurisprudencia y pesarán a nuestro favor en la comunidades que ahora comenzamos nuestras propias batallas. Que nadie dude de que, entrando en esta pelea por y con nuestros hijos, no estamos perjudicando su educación, sino proporcionándoles la más sólida y correcta base posible. Todo hijo admira a unos padres que luchan.

 

Hacía mucho tiempo que la libertad de una nación no pendía tanto de la capacidad de oposición, rebeldía y lucha del pueblo. Estamos en un momento histórico, como protagonistas con nombre y apellidos. De momento, sólo unas decenas de miles, a la cabeza de la defensa del  Estado de Derecho y de la Libertad, que poco a poco vamos despertando a esa mayoría silenciosa que, en el fondo de su corazón embotado y de su mente adormecida, sienten y piensan igual que nosotros. Los objetores de conciencia a la EpC, modestias estúpidas aparte, somos la avanzadilla de una reacción masiva contra la deriva totalitarista a la cual nos quiere llevar la izquierda radical del PSOE.

 

En nuestra Comunidad Valenciana, los enrevesados intentos del PP para paliar con una Orden el contenido doctrinario de la EpC, además de incompletos e insuficientes, están paralizados, impugnados por todas partes. Los objetores valencianos, a punto ya de comenzar el curso, no hemos recibido la prometida respuesta a nuestros escritos. Ni nos han reconocido la objeción, ni nos la han negado, de forma que no podemos mover ficha. Pero la moveremos, que no lo duden, porque el silencio administrativo habla en esta ocasión más que nunca. No vamos a esperar a que, mientras Font de Mora se empecina en defender sus inventos, loables o no, nuestros hijos se queden en un limbo legal y académico. ¡Ni un paso atrás!

 

José Rafael Sáez March

Licenciado en Pedagogía. Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad). Colaborador de la Asociación Católica de Maestros.

Mi querida España

 

 

El verano siempre es un estímulo para viajar, aunque sólo sea con la imaginación o a través de Internet. Recorrer los caminos, los pueblos y los paisajes de España, me produce un gozo indescriptible. He visitado varios países extranjeros, pero en pocas naciones cabe tanta diversidad y tanta unidad como en nuestro variopinto país. Tantas luces y tantas sombras, tantos colores, tonos y matices, tantos olores y sabores… Una obra maestra compuesta con tanta ilusión, sudor y sangre, que horroriza pensar que alguien la quiera romper a jirones. Es como rasgar un Van Gogh para venderlo a retales. Cada centímetro del cuadro es magnífico, pero sólo la pintura completa adquiere todo su valor.

 

No he tenido suerte con mis cantantes preferidos, aquellos que me enseñaron a saborear la estética de una voz con potencia de león, como Nino Bravo, con timbre de gacela como Cecilia, con el genio de la búsqueda, como John Lennon, todos ellos con el regustillo de autenticidad de un sincero compromiso con la vida, sin excesos militantes. Todos murieron prematura y violentamente, como todas las personas que han marcado mi vida personal, religiosa y ética: Jesús de Nazaret, Ghandi, Luther King… A veces bromeo con algún amigo y le digo que no trate de ganarse mi admiración… si quiere vivir muchos años.

 

Hace tiempo que no dejo de pensar y de escuchar a Cecilia, aquella chiquilla feucha y desgarbada, medio hippie, medio pija, que en su corta carrera nos dejó delicias turcas como “Un ramito de violetas” o “Dama, dama” y nos enamoró. En especial, no me quito de la cabeza ni de los labios una de sus canciones, que da título a este artículo y que hoy suena “políticamente incorrecta”: Mi querida España. Por si alguno de ustedes, sobre todo los más jóvenes y los más viejos, no conoce o no recuerda esa pequeña obra maestra, les pongo aquí la letra:

 

 

“Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?

 

Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de las aras quietas, de las vendas negras sobre carne abierta. ¿Quién pasó tu hambre, quién bebió tu sangre cuando estabas seca?

 

Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, pueblo de palabra y de piel amarga, dulce tu promesa. Quiero ser tu tierra, quiero ser tu hierba, cuando yo me muera”.

 

 

¿Por qué me vendrá a la memoria tantas veces, sobre todo desde hace unos años, esta sencilla balada? ¿Por qué se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que la vuelvo a escuchar? Yo nunca he sido un patriota exaltado, ni he idolatrado ninguna bandera, ni me han preocupado demasiado los asuntos de fronteras. Sin embargo, viendo lo que sucede a mi alrededor, en esta España que tantos muerden para arrancarle un pedazo, algo dentro de mí también se rompe.

 

Y es que esta España, esta España mía, esta España nuestra, me ha conquistado la mente y el corazón. No le ha sido fácil, se lo aseguro, pero lo ha hecho. Su historia inigualable, que la convirtió poco a poco en el primer Estado moderno del mundo; su camino hacia la unidad que la hizo grande y fuerte; su transición pacífica hacia la democracia; sus gentes tan iguales como variadas; su cultura tan común como diversa; su proyección de futuro como casa común de todos… Una dulce promesa, en palabras de Cecilia.

 

Mi querida España me ha hecho español, sin dejar de ser, ni valenciano, ni europeo, ni “ciudadano del mundo”, bonita expresión acuñada por los padres del comunismo y del socialismo, cuyos hijos ideológicos hace tiempo han olvidado. Mi querida España, que de nuevo comienza a despertar de su santa siesta, que vuelve a encontrar sus ojos, sus manos y su cabeza. No dejes que nadie vuelva a beber tu sangre y a cubrir con negras vendas tu carne abierta. Yo también quiero ser tu tierra y tu hierba cuando me llegue el punto final… como este.

 

 

José Rafael Sáez March

Pedagogo. Valencia.

 

Por si alguno de ustedes quiere escuchar esta hermosa canción de Cecilia, les pongo aquí un enlace permanente a la letra y la música.

 

Mi querida España

 

 

La lucha contra la EpC y algunas nostalgias de juventud

 

 

Yo pertenezco a la última generación que vivió el franquismo, ya en su período final, cuando el régimen trataba de amarrar sus últimos cabos ante el imparable avance de las aspiraciones democráticas de  la sociedad española. El anciano “generalísimo”, antes de resignarse a asumir el cambio de régimen y perdido ya gran parte del control ideológico en muchos ámbitos, decidió imponer una nueva asignatura escolar: La Formación del Espíritu Nacional (FEN) y, ya en los últimos años, la asignatura llamada más prudentemente “Política”.

 

La etapa del FEN me pilló siendo niño, si acaso preadolescente. Lo cierto es que la recuerdo más como un “rollazo” que como otra cosa. Si la memoria no me falla, nos hablaban de los “principios del movimiento”, algo que nunca llegué a entender, de las “Leyes Fundamentales del Estado”, que nunca llegue a aprender, y de una mezcolanza de normas sociopolíticas y religiosas que nunca me acabaron de convencer. Mi espíritu crítico no tardó en hacer sus pinitos en la siempre efervescente adolescencia.

 

Se diga lo que se diga, los jóvenes de aquella época éramos de “otra pasta”. Al menos, teníamos ideales, acertados o no, y nos movíamos por ellos. No digo que los jóvenes actuales carezcan de ideales sólidos, pero los que los tienen parecen ser sólo una honrosa y esperanzadora minoría. Mis primeros ramalazos de “rebeldía” comenzaron al final del antiguo Bachillerato. Como era frecuente, comencé por rechazar la religión católica, no tanto por su contenido, como por su carácter impuesto y obligatorio. Sólo años después, cuando me fue repropuesta de una forma viva y desde una libertad total, volví a asumir una fe católica renovada en su frescura original.

 

El paso a la Universidad fue decisivo. Mi nueva apuesta por la fe entró en diálogo, choque algunas veces, con la fuerte politización de los ambientes universitarios. Recuerdo con absoluta lucidez las asambleas, huelgas y manifestaciones de estudiantes, las cargas de los “grises” con sus caballos y porras, las aterrorizadas y heroicas carreras a lo largo de toda la Avenida de Blasco Ibáñez, sede del campus universitario literario, las violentas entradas en la facultad de las hordas ultraderechistas al grito de “¡Viva Cristo rey!”, los carteles pegados y arrancados, los encierros nocturnos en la Facultad de Filosofía, las canicas arrojadas al paso de la caballería policial…

 

Para ser sinceros, yo nunca acabé de identificarme con ninguno de los movimientos políticos, ni de izquierda, ni de derecha, porque mi renovada adhesión a Jesucristo no parecía caber en ninguna de ellas. Yo igual lloraba cantando la “Estaca” de Lluis Llach, que cantando el Himno Regional Valenciano, que escuchando el Himno Nacional cuando nuestros futbolistas y atletas participaban en eventos internacionales, que cantando un salmo de la Biblia. Mi sino de nadar contracorriente había comenzado… Y aún no se ha detenido.

 

Eran tiempos complicados para un muchacho que no parecía conformarse con nada, como yo. Pero había algo que nos unía y nos identificaba a casi todos los jóvenes de aquella época: no nos gustaba el mundo que nos dejaban nuestros mayores y queríamos cambiarlo. Nos divertíamos, hacíamos más de una gamberrada y las hormonas nos jugaban todas las pasadas habidas y por haber, pero teníamos ideales, cuanto menos un indefinido impulso interior por “hacer algo”, por proyectar nuestras vidas y por no dejar el mundo como estaba.

 

Como es lógico, acogimos con gran ilusión la transición democrática que se produjo en España. Por fin teníamos libertad ideológica, libertad de expresión, libertad de reunión, y la religión católica dejaba de ser una imposición, para ser una opción libre. Fue una gran época, dirigida por el único político que me ha merecido verdadera confianza, Adolfo Suárez. “Libertad, libertad, sin ira libertad”, “Habla, pueblo habla, tuyo es el mañana”, nos cantaban. Muchos creímos que iba a ser cierto. Y lo fue durante algunos años.

 

Lo que nunca imaginé es que la recién estrenada libertad fuera pervertida por los gobiernos posteriores, hasta convertirla en una mera ilusión óptica. El moderno Estado de Derecho que nos otorgó nuestra querida Constitución, cuya aprobación pude refrendar con mi reluciente derecho al voto, ha ido derivando en un Estado de Capricho, paraíso económico e ideológico de las nuevas oligarquías, originalmente descamisadas y vestidas de pana. Como canta el hoy arribista Sabina: “Lo que pudo ser y la mierda que ha sido”.

 

Ahora, la imposición de la EpC, el nuevo FEN del totalitarismo socialista, me ha hecho rejuvenecer. Ha retornado aquel joven inquieto, buscador de la verdad y defensor de la libertad. Revive en mí el entusiasmo que me produjo el advenimiento de la libertad ideológica y religiosa, el mismo que hoy me empuja a combatir contra la imposición de una nueva religión de estado, contra el retorno de un nuevo régimen fascista de guante blanco.

 

Es triste y trágico lo que está ocurriendo, pero hasta lo peor tiene su lado bueno: muchos nos hemos despertado, hemos salido de debajo del celemín y hemos vuelto al candelero de la opinión y la acción.

 

José Rafael Sáez March

Pedagogo. Psicopedagogo de la GV. Profesor Universitario. Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).

Análisis crítico de la EpC desde el punto de vista educativo

 

Publicado en Paraula, nº 1007, Domingo 20 al 26 de julio de 2008.

 

 

Los intolerables aspectos anticonstitucionales que conlleva la Educación para la Ciudadanía y la legitimidad de las formas de lucha contra la misma, ya han sido tratados extensamente por otros autores en este foro. Como Pedagogo, voy a colaborar con un modesto estudio crítico de los aspectos educativos –antieducativos más bien– de este desafortunado grupo de asignaturas obligatorias. Pido disculpas a mis colegas por el tratamiento minimalista de los temas a que me obliga la limitación de espacio.

 

Como ustedes comprenderán, los creadores de la EpC no han querido declarar sus intenciones doctrinarias de forma tan evidente que produjera una contraofensiva social y judicial mayoritaria. Por eso, el adoctrinamiento ético-moral que el Gobierno pretende realizar con la EpC, se presenta disimulado tras “inocentes” objetivos y contenidos, cuya astuta redacción exige una cierta agudeza pedagógica y jurídica para apercibirse de su verdadera intención. Donde mejor se ve es en los criterios de evaluación impuestos.

 

Los principales aspectos inaceptables que contiene la EpC, podemos agruparlos, sin ánimo de ser exhaustivos, bajo los siguientes epígrafes:

 

1.    Exigencia de actitudes favorables, no sólo de conocimientos.

 

Llegando al máximo de tolerancia respecto a la EpC, podríamos llegar a admitir que a nuestros hijos se les informe de las nuevas realidades sociales y familiares que, nos gusten o no, están ahí. Pero los criterios de evaluación van mucho más lejos: los alumnos deben mostrar opiniones y actitudes favorables a las realidades que se les presenten, deben asumir que son correctas. En esto no podemos transigir. La educación en  valores y actitudes éticas y morales de los hijos es asunto de los padres. La escuela debe continuar y ampliar esta formación, pero según la linea marcada por los padres. La sociedad democrática puede exigir respeto hacia las distintas opciones que no vulneren las leyes, pero jamás manipular nuestra personal valoración ética y/o moral. ¿No garantiza nuestra Constitución la libertad ideológica y religiosa, el libre pensamiento? Pues sí, lo hace, y es un derecho inviolable. No estamos en Cuba, afortunadamente.

 

2.    Inducción a una doble moral: pública vs. privada.

 

Los gobernantes laicistas del PSOE llevan décadas intentando sacar la moral del ámbito público, para relegarla al ámbito privado de la conciencia individual. Y ahora, de repente, se sacan de la manga una “conciencia moral cívica” que hay que imponer a todos. Primero crean un vacío de criterios morales comunes y luego lo rellenan con un modelo moral a su imagen y semejanza. No podemos consentir ni una cosa ni la otra. La conciencia moral de la persona es única y se expresa unitaria y lícitamente, tanto en el ámbito privado como en el público. Dividir la conciencia moral en dos planos, uno personal y otro cívico, además de una estrategia típica de los regímenes totalitarios, es una barbaridad psico-educativa de primer orden, puesto que escinde la personalidad y la obliga a debatirse en una perniciosa y psicótica doble moral. Ocurre que, son tantos los políticos acostumbrados a ello, que ni se enteran de su galopante esquizofrenia.

 

3.    Relativismo intelectual y moral.

 

Se trata de una perversa interpretación del sano pluralismo que debe caracterizar a una sociedad democrática. En la regulación de la EpC se esconde un relativismo radical que induce al desencanto escéptico. El relativismo intelectual propugna que no hay verdades universales, sino sólo particulares. Cada cual tiene “su verdad” y las de todos son igualmente válidas, lo que equivale a decir que ninguna es válida. El relativismo moral asevera que no hay criterios morales universales; cada uno tiene el suyo y basta. La moral se sustituye por la ley. Y, como la ley, en manos de legisladores laicistas, se dedica a inventar derechos para legitimar los caprichos de las minorías, resulta que no hay ningún axis moral sólido que oriente la conducta. En los criterios de evaluación de la EpC se aprecia con claridad una metodología que conduce a ambos tipos de relativismo, basada en el “busque, compare y quédese con lo que más le guste”.

 

4.    Constructivismo pedagógico y moral.   

 

El constructivismo es uno de los pilares pedagógicos que tienen el honor de haber creado una generación, casi dos, de analfabetos funcionales. Supone que el alumno construye sus aprendizajes por sí mismo y por sus propias experiencias. El resultado es que no saben apenas nada. No hace falta acudir al informe PISA, que nos pone a la cola de Europa; pregunten a cualquier jovencito y compruébenlo. La “autorrealización” (o “autopoiesis”) forma parte de la cultura popular. Aquello de “yo me he hecho a mí mismo”, se estima como un valor. Y no es más que una soberana estupidez, porque el hombre ni se construye, ni se educa, ni se realiza a sí mismo, sin la concurrencia y la ayuda de los otros y, sobre todo, del Otro en mayúsculas: Dios. El constructivismo moral de la EpC obliga al alumno a construirse una conciencia moral y a reconstruir los valores del entorno para crear un sistema de valores propio. El resultado final: anomía total, sin valores, ni moral, ni mínimo común ético alguno.

 

5.    Ideología de género.

 

Este es, entre otros, uno de los buques insignia de la armada laicista. La LOE obliga a que los alumnos deban Conocer y valorar la dimensión humana de la sexualidad en toda su diversidad. ¿A qué diversidad se refiere? ¿Acaso no somos simplemente hombres o mujeres? Se introduce aquí la llamada “ideología de género”, que rompe la distinción natural de sexo (hombre o mujer) y se acoge a la distinción artificial de “genero”, que no es más que un atributo gramatical (masculino, femenino y neutro). Eleva ese simple aspecto morfológico de las palabras a la categoría de clasificación de la “orientación sexual” humana e inventa y reconoce 6 nuevos “géneros”: heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual, transexual e indefinido. Y siguen inventando otros. Si a alguien le parece bien esa ideología, con su pan se la coma, pero que no la imponga.</