Archivo Mensual de Junio, 2008

Educatio, panem et circenses

 

En los tiempos que corren, de emergencia educativa, no me agrada demasiado escribir sobre asuntos que no están relacionados con la enseñanza. Si me adentro en temas políticos, es en relación con la libertad educativa, que está seriamente amenazada en España. Sobre el deporte tan sólo escribí un artículo hace años, titulado “El Mundial de los Pobres”, que nunca fue publicado. No obstante, la relación entre educación y deporte es clara y potente. No en vano ambos temas han permanecido unidos en Ministerios y Consejerías autonómicas. Además, existe un buen consenso en la comunidad pedagógica respecto a la estrecha relación entre ambas realidades. Así que voy a decir algo sobre deporte, que la victoria de España en la Copa de Europa se lo merece.

 

Como yo creo en la unidad y jamás en la separación, creo en España, como también creo en la Unión Europea y en una utópica y futura Unión Mundial. Y ello sin renunciar al cariño entrañable que siento por mi patria chica, Valencia. En modo alguno es incompatible la diversidad con la unidad, aunque algunos se empeñen en afirmar lo contrario. Tampoco crean que soy un españolista demasiado fanático. Sencillamente, me parece que España tiene unas raíces históricas que la identifican, una Constitución que refrenda y debe garantizar su unidad y una magnífica proyección de futuro en el marco internacional. España es, sin duda, un valioso proyecto sociopolítico. No creo que el proyecto valenciano, ni ningún otro proyecto autonómico, salga beneficiado con una ruptura con el proyecto español, sino más bien todo lo contrario.

 

Desde esta perspectiva, ha sido reconfortante contemplar las imágenes de centenares de miles de españoles unidos bajo la bandera rojigualda y la conciencia de ser españoles, siguiendo a la selección española en su combate hasta la victoria final en la Copa de Europa de fútbol: aficionados y no aficionados, de todas las provincias españolas sin excepción, sintiendo y manifestando que, ante el mundo, todos somos españoles. Luego, en nuestra propia Liga y Copa, nos arreamos entre nosotros. Pero la selección española ha sido y es de todos, como lo fueron o lo son Paco Fernández Ochoa, Perico Delgado, Miguel Induráin, Fernando Alonso, los Sánchez Vicario, Rafa Nadal, Dani Pedrosa y tantos otros deportistas, cuya lista sería interminable. Cuando ellos compiten, todos competimos, cuando ganan, todos ganamos, cuando pierden, todos perdemos.

 

Así de noble llega a ser el deporte, por este y por muchos otros motivos: esfuerzo, sacrificio, constancia, cooperación, superación… A veces me parece que es uno de los pocos reductos que les quedan, tanto a la educación en verdaderos valores, como a la unidad nacional. Es cierto que siempre hay sombras, pero aquí predominan las luces. Me da igual que ciertos extremistas se hayan negado a animar a nuestra selección. Me da igual que tantos deportes se hayan convertido en puro negocio. Me da igual que muchos deportistas sólo busquen el dinero y la fama individual. Todo eso ensombrece la nobleza del deporte, pero hay algo que brilla por encima de todo, algo que se ha llamado tradicionalmente “deportividad”, que es un bellísimo y necesario ramillete de virtudes humanas que sigue todavía vivo y vibrante. ¡Ojalá no se pierda nunca!

 

Lo único que nubla un poco mi entusiasmo sobre lo que acabo de comentar es que, para millones de personas, todo esto no es más que contentarse con el “panem et circenses“ (pan y circo), expresión con la cual el satírico poeta romano Juvenal quiso denunciar la práctica de los emperadores (Julio César, Aureliano…) para mantener al pueblo acallado y paralizado, apartado de la política y ajeno a los graves problemas reales, proporcionándoles un cierto bienestar populista y un entretenimiento colectivo. Pan y circo, pan y toros, pan y fútbol, pan y Fórmula 1, pan y Copa América, pan y televisión, todo es lo mismo.

 

Y ahora que el pan ya no está tan seguro, por la creciente crisis económica, el circo tiene que aumentar. El panecillo de los 400 euros, aparte de que su aplicación es injusta para los más pobres, que no la recibirán, porque a ellos no se les retiene apenas para el IRPF, parece una burla. En la final de la Copa de Europa, Zapatero se mostró exultante y hasta pegaba saltos cuando marcó Fernando Torres. ¿Será cierto que se alegraba de la victoria española? Puede ser. Pero, sin duda, estaría más encantado aún al ver cómo “el circo” funcionaba y la gente se olvidó, al menos por una temporada, de los gravísimos problemas que nos acucian y nos esperan.

 

Con el pan, el Gobierno del PSOE lo tiene crudo, porque la involución económica mundial que le ha tocado bregar, no tiene ni idea de cómo aminorarla en España. A la gente se le puede convencer con diversos tipos de discurso, con zarandajas legislativas y otras tácticas, mientras su bienestar no se vea amenazado. Cuando se destruye empleo, se cierran empresas, la bolsa de la compra cuesta su peso en oro, las hipotecas son una carga imposible, las vacaciones vuelven a ser de sombrilla, tortilla y mesita plegable, y la nevera comienza a estar tan vacía como los armarios de los gays, el pueblo no lo soporta. El régimen de Zapatero caerá pronto, pero no por sus atropellos a las libertades fundamentales de todos y los mandatos constitucionales, como debía de ser, sino por la economía, asunto del que no es totalmente culpable. No existe mayor fuerza revolucionaria que la de los padres que ven en peligro la subsistencia básica de su familia. Terminada la absorbente Copa de Europa, ¿qué nuevos circos nos tienen preparados?

 

 

José Rafael Sáez March

Pedagogo.

Colaborador de la Asociación Católica de Maestros de Valencia.

Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).

 

EpC: En camino hacia un neo-totalitarismo

La Educación para la Ciudadanía, ni es el principio ni el final del camino emprendido por el PSOE hacia un nuevo totalitarismo de corte posmoderno. Tampoco es un simple escalón más, aunque la intención del Gobierno fuese que pasara desapercibido dentro de un conjunto de asignaturas escolares de apariencia inocente e incluso atractiva. Es un decisivo y contundente paso adelante, hacia el obsoleto modelo del socialismo real.

Los regímenes totalitarios del S.XX, lo mismo si fueron de signo fascista como de signo socialista, tuvieron unos denominadores comunes que los definieron y siguieron unos pasos concretos para lograr su instauración. Les invito a hacer un breve repaso por sus principales tácticas y señas de identidad y, para el que quiera verlo, analicemos un poco el proceso de renacimiento de cada uno de ellos bajo los gobernantes actuales.

Monismo político. No se refiere al hecho de que ahora quieran reconocer derechos a los simios. Consiste en la concentración del poder en una sola persona o grupo, anulando el pluralismo divergente y la división e independencia de poderes.

Ya lo dijo Alfonso Guerra: “Montesquieu ha muerto”. La separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, que da solidez a la democracia, apenas existe. Quien manda y quien legisla es el mismo. Y la independencia judicial está amenazada.

Limitación de libertades individuales y derechos fundamentales. Con el pretexto de traer una “nueva libertad”, se van reduciendo los derechos de expresión, de libertad ideológica y religiosa, de reunión y de manifestación pública del pensamiento.

Aquí todo el mundo puede decir lo que piensa… Menos la Iglesia. Cada vez que los Obispos abren la boca, les dicen que se callen y que se metan en sus asuntos. ¿Acaso no pueden los obispos decir lo que piensan de aquello que bien les parezca?

Pensamiento único. Sólo son legítimas las tesis oficiales de los gobernantes. Se crea el concepto de “disidencia” como actitud ilegal y punible. Se utilizan todos los medios imaginables para configurar la conciencia del pueblo a su antojo.

El relativismo impregna la ideología oficial. No hay verdades ni criterios morales universales, cada uno tiene los suyos y todos valen igual… Menos los del PSOE. Como comenté en otro artículo, “para el PSOE, hasta el relativismo es relativo”.

Legislación propia sustitutoria. Se ignoran, vulneran o eliminan los marcos constitucionales previos, aun siendo democráticos y refrendados por el pueblo, y se generan leyes fundamentales u orgánicas al gusto del gobernante.

Nuestra sufrida Constitución está tan agujereada como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Con sus propias Leyes, el PSOE se ha ido pasando por el forro una buena parte del precioso articulado de ambas. Y nadie hace nada.

Moral de Estado. Receta: Primero se eliminan los criterios morales universales o comunes y luego se rellena el hueco con una moral basada en la ideología dominante, invadiendo y manipulando el ámbito de la conciencia individual.

Los sistemas morales que sustentan e identifican a nuestra cultura han sido demolidos o encerrados en los armarios de las sacristías. Porque la moral, dicen, es asunto privado. Sin embargo se impone una nueva moral cívica de diseño estatal.

Populismo político. El régimen y la ideología dominante trata de ganarse al pueblo con símbolos, fiestas, actos y discursos demagógicos y manipuladores, con el objetivo de crear una adhesión irracional, meramente emocional.

¿Cuántos españoles votan por convicción y basándose en los hechos, no en las palabras? Espero que sean todavía muchos los que no se contenten con “pan y circo” y los que no acudan a las urnas guiados por “quién es el más simpático”.

Oligarquía dominante. El grupo que ocupa el poder y sus adláteres intentan perpetuar su estatus indefinidamente, pese a que en principio suelen prometer una temporalidad. Una vez en el poder, ya no hay quien los apee del mismo.

Ya pueden pillar a un político con la mano en las arcas públicas, o fracasando totalmente en su política antiterrorista, económica o de asuntos exteriores. Nada, aquí nadie se equivoca y, aunque lo reconozca públicamente, no dimite ni a tiros.

Ruptura e aislamiento internacional. El mundo se divide en dos con un telón, entre los malos de fuera y los buenos de dentro. Se conservan sólo unos cuantos amigos de régimen parecido. Se rompe con el derecho y la comunidad internacional.

Hace unos cuatros años logramos estar en el centro de Europa. Ahora, Europa comienza de nuevo en los Pirineos. Pertenecer a la UE se ha convertido en una carga. Pero tenemos magníficos amigos exteriores, todos ellos dictadores populistas.

Control o anulación de la familia. Una institución familiar fuerte amenaza siempre a los totalitarios, porque actúa como blindaje y filtro frente a la ideología dominante. Es necesario lograr su adhesión o, si no, debilitarla, invadirla y destruirla.

El plan de demolición de la familia ha sido bien descrito por Eduardo Hertfelder, Presidente del IPF. Lo resumo: antinatalismo + aborto + divorcio express + ideología género + matrimonio homosexual + educación ciudadanía = familia RIP.

Denuncia intrafamiliar. Al control sobre la infancia y adolescencia, se añade y fomenta la denuncia de los hijos contra los padres. Los hijos se convierten en “espías” del régimen y en controladores ideológicos de sus familiares.

No se imaginan ustedes cuántas denuncias en falso realizan los adolescentes contra sus padres, sobre graves hechos inexistentes, con la única intención de asustarlos, manipularlos y desautorizarlos. La cultura “hijos contra padres” ha comenzado.

Instrumentalización de la enseñanza. La escuela es utilizada como instrumento adoctrinador del régimen. Se crean asignaturas para formar en los principios éticos y morales oficiales y se impregna a toda la enseñanza con ellos.

La “Formación del Espíritu Nacional” (FEN) que tuvimos que soportar durante el franquismo, ha vuelto. Ahora se llama “Educación para la Ciudadanía”. Si se miran sólo los títulos, ninguna de ellas parece tan mala, ¿verdad? Pues de eso se trata.

Monopolio de los medios de comunicación. La información que llega a la gente es controlada, filtrada y censurada. Se arrincona o elimina a los medios que plantean oposición. Se crean medios oficiales del régimen y organismos de censura.

Que le pregunten a la COPE si no ha sufrido acoso e intentos de limitar su libertad. Que le pregunten al PP por qué ahora se aleja de esa cadena y se acerca al grupo PRISA, a toda prisa. Ahí tienen todos ellos su diario “Pravda” y su “Radio Moscú”.

Reescritura de la Historia. Sabedores de que la percepción histórica de un pueblo configura su presente y de que la Historia depende de quién y cómo la cuente, se reescribe la misma según convenga a los intereses totalitarios gubernamentales.

La transición democrática española fue un ejemplo para el mundo entero. Para conseguirla, las “dos españas” dejaron atrás sus muchos malos recuerdos. Ahora, con la “Ley de Memoria Histórica”, reabren las heridas. ¿Adivinan para qué?

Captación de ideólogos de prestigio. El pueblo necesita figuras de referencia y argumentos digeribles o pre-digeridos para llegar a creerse los planteamientos del régimen. Para ello, se reclutan intelectuales o famosos dispuestos a venderse.

La historia de la filosofía, e incluso de la música y las artes, es una historia de propuestas y ofertas nuevas a la sociedad. Ahora, hay demasiados intelectuales y artistas que trabajan “a la demanda”, vendiéndose al mejor postor: el gobierno.

Control o eliminación de la religión. En los regímenes totalitarios, las confesiones religiosas sólo han tenido y tienen dos opciones: o alinearse con los propósitos del régimen, o arriesgarse a ser marginadas o eliminadas.

Los homosexuales, a exhibir su orgullo con pompas subvencionadas, actividades para niños incluidas. Los cristianos, a proponer su fe y su moral al armario. La libertad religiosa, de culto y de expresión, bajo amenazas de modificar concordatos.

Lo comentado es sólo el comienzo. Pero el itinerario está trazado y no se detendrá solo. Decía Einstein: La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por aquellas que se sientan a ver qué pasa. Ustedes verán qué hacen.

José Rafael Sáez March. Licenciado en Pedagogía. Colaborador formativo de la Asociación Católica de Maestros. Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).

Luces y sombras de la Orden del PP valenciano sobre EpC en la ESO

Tras una ansiosa espera, por fin ha sido publicado en el DOCV la Orden de la Consellería de Educación que regula la aplicación de la EpC en la ESO en la Comunidad Valenciana, sin ningún cambio respecto al borrador que ya fue presentado en sociedad por Font de Mora. Sin duda, hay que agradecer al Gobierno Valenciano y a todos los que han colaborado con él, la elaboración de esta norma, única en toda la geografía autonómica española que ofrece a los padres una alternativa que disminuye, en la medida que permiten las competencias autonómicas, el efecto adoctrinador de índole afectivo, emocional, ético y moral que caracteriza a la EpC.

 

Con la oferta de la “opción B”, que otorga a los alumnos la posibilidad de cursar la asignatura mediante la presentación de un mínimo de tres trabajos, sobre temas escogidos del currículo oficial bajo la supervisión y orientación de sus padres, se mitiga en buena medida el problema de la “forma” respecto a la malicia de la asignatura. No obstante, usando la terminología del artículo 4.4 de la citada Orden, más que una alternativa a la asignatura, la opción B es una forma de organización didáctica de la misma materia, una mera opción metodológica que podría adoptar, tan sólo en virtud de la autonomía docente y la libertad de cátedra, cada colegio o cada profesor.

 

Pero, atención, no es un cambio metodológico cualquiera, ya que viene acompañado de unas condiciones muy interesantes: Los trabajos serán individuales, la elección de los temas a trabajar será libre y con el consentimiento expreso de los padres, la elección de un opcional libro de texto también decidirán los padres y las opciones A y B se impartirán en el mismo horario, pero en diferentes aulas y con profesores distintos. Estos aspectos hacen que la forma de organización didáctica de la opción B pueda ser una alternativa válida, capaz de solventar, como decíamos, cuanto menos una parte importante de la “forma” de esta peligrosa asignatura.

 

Especialmente interesante, aunque insatisfactoria, es la mención expresa que hace sobre los padres objetores de conciencia, a los que remite obligatoriamente a la opción B. Está bien que la Orden reconozca su existencia, pero en modo alguno es aceptable la consecuencia que hace derivar de ella, que no debería ser otra que la exención total de cursar y ser evaluado en esa asignatura. Lo esperable, en un Estado de Derecho, es que se reconozca la objeción de conciencia a una normativa inconstitucional mediante la exención, con los mismos efectos que han obtenido, por ejemplo, los médicos que se niegan a realizar abortos o los agentes del orden público que hace poco objetaron contra la obligación de portar andas católicas.

 

Además de este tema fundamental, quedan algunos importantes flecos “de forma” sin resolver, ya que, al parecer, las competencias autonómicas no alcanzan a tanto, como el hecho de que los objetivos, contenidos y criterios de evaluación sigan siendo los mismos, es decir, los que marca la normativa de desarrollo de la LOE. Por desgracia, la Generalitat no puede cambiar esto. Lo que no comprendo es qué quieren dar a entender, por mucho que lo diga la normativa superior, con el “enfoque transversal” que asignan a la materia, método didáctico que sólo se refiere, que  yo sepa, a temas que se tratan en todas las asignaturas y actividades del curso, ya que ambas opciones se refieren a una sola asignatura, la EpC, que va a abordarse longitudinalmente.

 

Quizá se refiera a lo de impartirla en inglés, no sé. Llegados al asunto del idioma, reconozco que no sólo es correcto desde el punto de vista normativo, sino que puede ayudar al conocimiento del inglés, algo indudablemente útil en el mundo actual. No obstante, me cabe la duda de si esta medida va a ser positiva en relación con el asunto fundamental, que es la EpC, mas aún sabiendo que la Orden dice que los profesores evaluarán la misma teniendo en cuenta, en todo caso, el grado de adquisición de competencias básicas en lengua inglesa. Ya veremos cómo queda el asunto en la práctica. Espero que no sea un escollo añadido para los alumnos.

 

Sea como fuere, el problema realmente grave es que, aunque en la Comunidad Valenciana puede haberse paliado la “forma” del asunto, el “fondo” del mismo permanece incólume. Me refiero al problema central de la EpC, que nos afecta a todos los españoles, sin distinción de ideologías o religiones: El hecho de que un gobierno se arrogue a sí mismo la facultad de educar a los niños y adolescentes en materias afectivas y morales, saltándose a la torera el artículo 27.3 de la Constitución, el artículo 26.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el artículo 14.3 de la Carta de Derechos Fundamentales de la U.E. e incluso la disposición final primera, punto 1c, de su propia Ley Orgánica de Educación (LOE), en todos los cuales se reconoce y garantiza el derecho de los padres a decidir la linea educativa que reciban sus hijos.

 

Esta maniobra del Gobierno de Zapatero, impregnado hasta la médula de laicismo anticatólico, de socialismo real y de revanchismo histórico, amenaza muy seriamente la persistencia de lo poco que nos queda de nuestro Estado de Derecho. Pretendiendo el control ideológico, directo y según su línea, de todos los estudiantes, se dirige en linea recta hacia el totalitarismo, que es su auténtico objetivo político, como lo fue en el socialismo real de la antigua y desvencijada URSS o lo es todavía en Cuba. ¿Acaso no sabemos quiénes son sus amigotes internacionales? Nuestra amada Constitución se está convirtiendo, a pasos agigantados, en papel mojado. Sus preciosos artículos están siendo desacatados uno detrás de otro, sin que nadie haga nada.

 

Por eso, los ciudadanos que amamos la libertad de educación para nuestros hijos y para los de todos, debemos oponernos a ello sin tapujos, con urgencia e intrepidez, con todos los medios legítimos que estén a nuestro alcance. En el caso de los católicos, así nos animan a actuar nuestros obispos. El más potente y decisivo de los medios legítimos que hoy nos quedan a los simples ciudadanos de a pie, es la objeción de conciencia. La “forma” de la EpC puede paliarse de diversas maneras, entre ellas la opción B del Gobierno Valenciano, pero el peligrosísimo e intolerable “fondo” contra derechos fundamentales que conlleva la asignatura sólo podemos intentar combatirlo objetando masivamente contra la Ley y los Reales Decretos de desarrollo.

 

Me he alegrado del esfuerzo realizado por el PP valenciano para facilitarnos las cosas y lo aprecio en lo que vale. Pero aún me habría alegrado mucho más si el PP en pleno, como partido que representa a muchos millones de españoles, no se hubiera limitado a criticar la EpC, sino que hubiera planteado, con todos los grandes medios que tiene a su alcance, una denuncia de la Ley y los Reales Decretos ante los tribunales. También me contentaría sobremanera que el PP, en todas las Comunidades Autónomas que gobierna, admitiera la objeción de conciencia y su consecuencia lógica que es la exención. ¡Claro que el Gobierno Central recurriría la decisión!, pero sería todo un gran partido político el que, representando a los padres, defendería la objeción en su arduo camino a través de los tribunales, hasta Estrasburgo si es preciso, y no los indefensos padres. Al final, si se consigue tumbar la asignatura de marras, será, como siempre, gracias a la libertad, la decisión, la valentía y la lucha del pueblo, de las decenas de miles de padres y madres de familia que han objetado en conciencia contra este atropello.

 

 

José Rafael Sáez March.

Licenciado en Pedagogía.

VAEL (Valencia Educa en Libertad).

El relativismo relativo del PSOE

Como ustedes sabrán, el relativismo es la filosofía imperante en nuestra sociedad noroccidental. He dicho filosofía y ya he dicho demasiado, porque es más bien una no-filosofía, una negación de la ciencia del pensamiento. Si cualquier idea tiene el mismo valor que las demás y si toda cabeza ocurrente está a la misma altura, la filosofía ha dejado de existir. Cuando las ideas de los filósofos se enfrentan de igual a igual con las de cualquier analfabeto famosillo que pulula por los coloquios televisivos, la filosofía ha muerto. Si las ideas que a cada cual se le antojan tienen el mismo valor, igual consideración e idéntica autoridad que la de los filósofos, éstos están de sobra.

Hay varias formas de relativismo. El relativismo estético hace ya tiempo que se implantó en nuestra cultura europea. “Contra gustos no hay disputa”, “sobre gustos no hay nada escrito”, rezan los dichos populares. Los cánones de belleza que aportaron los grandes genios de la pintura, la escultura y la arquitectura están obsoletos. En el arte posmoderno, cualquier cosa es bella: un mamarracho, un manchurrón, un excremento… Las “bellas artes” han dejado de ser bellas. Serán expresivas u otra cosa, pero no bellas. Los únicos patrones estéticos que quedan los marcan las pasarelas de moda, para desgracia de tantas muchachas que acaban enfermando, e incluso muriendo de anorexia.

El relativismo intelectual también se ha impuesto. No hay verdades universales, sino sólo verdades particulares. Cada uno tiene su verdad y todas las verdades individuales tienen el mismo estatus. La verdad se decide por votación o, peor aún, la crean aquellos que tienen la mayoría electoral. La verdad, sin embargo, exige un compromiso con la realidad completa y su significado, y la realidad es sólo una, no varias. No puede ser cierta, al mismo tiempo, una verdad y su contraria. No existe verdad alguna porque afirmar que todas las verdades son válidas, equivale a afirmar que ninguna lo es. Así las cosas, la persona se convierte en un pelele, consumidor de verdades de mercado.

Con el relativismo moral, que atañe a la bondad de la conducta, ocurre lo mismo. Si cada uno, con su razón, puede decidir lo que es o no verdad, también puede establecer lo que está bien y lo que está mal. Como este fenómeno social crea un caos de criterios entrecruzados y opuestos, sólo queda la ley como patrón de conducta. Y como la ley se ha convertido en una maquinaria legitimadora de las apetencias de mayorías y minorías, la pescadilla se muerde la cola y los criterios morales estables brillan por su ausencia. El bien y el mal lo establece cada uno a su antojo y la ley legitima esos antojos para todos. Luego nos quejamos de que la juventud no tiene valores, de que la violencia aumenta…

Pero el PSOE ha conseguido rizar el rizo. La verdad es relativa y cada uno tiene la suya, pero la única que vale es la del PSOE. La moral es relativa y cada uno tiene la suya, pero la única moral que vale es la del PSOE. Esto queda absolutamente patente en la anticonstitucional Educación para la Ciudadanía, que impone a todos los niños y adolescentes españoles la ideología y la moral del Gobierno. Todo es opinable, menos lo que diga el PSOE. El Estado ha asumido la función de decidir sobre la verdad y sobre el bien y el mal. Mucho relativismo pero, al final, el totalitario que manda impone lo que le da la gana. Y es que, para el PSOE, hasta el relativismo es también relativo.

José Rafael Sáez March. Pedagogo. Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).