Aunque aún queda una semanita de agosto, a la que nos agarramos como el último clavo ardiente de las vacaciones estivales, el curso escolar 2008-2009 ya está a la vuelta de la esquina. No hace falta ser profeta para prever que no va a ser un curso precisamente fácil, en ningún sentido. Si Dios no lo remedia, y no suele hacerlo cuando somos nosotros quienes podemos y debemos actuar, nos aguardan múltiples y arduas batallas. Y tenemos que pertrecharnos a conciencia antes de que las hordas socialistas nos pasen por encima, junto con las graves consecuencias de sus decisiones e indecisiones.
Nos espera, sin duda, un curso repleto de dificultades económicas, en el que se prevé una recesión cuyas consecuencias últimas nadie alcanza a imaginar. Lo cierto es que, tras haber estirado unos cuantos euros en las vacaciones, nos espera una cuesta que ni el Tourmalet. Las familias con hijos seremos los principales sufridores, con la carga añadida del inicio del curso escolar. Pero no sólo es económica la refriega en que nos vamos a ver envueltos, ni mucho menos. Para aquellos que nos tomamos en serio los derechos y libertades constitucionales, la guerra va a tener muchos frentes.
El gobierno, incapaz de resolver o, al menos, paliar los problemas materiales, va a centrar toda su artillería en el avance laicista y totalitarista. La eutanasia, el aborto libre y la matanza embrionaria son los buques insignia de la nueva ofensiva, eso sí, con otros nombres que disimulen semejante trío de brutalidades. Son las últimas plazas por conquistar por la cultura de la muerte, a golpe de BOE y manipulación de la opinión pública. Detrás de todo, una nueva transición, un golpe de estado de guante blanco que va a anular en la práctica y por la puerta trasera nuestra querida Constitución.
A todos aquellos que nos hemos opuesto al adoctrinamiento moral de nuestros hijos por parte del gobierno de turno, objetando y/o luchando de diversas formas contra la inconstitucional EpC, nos ha llegado la hora de la verdad. El puñetero grupo de asignaturas va a impartirse en todo el territorio nacional. Ya no se escapa nadie en ninguna comunidad autónoma. Si no objetamos en conciencia y, sobre todo, nos mantenemos firmes en nuestra objeción, llevando su defensa hasta las últimas instancias jurídicas si fuese necesario, nuestros hijos cursarán la EpC, con o sin supuestas adaptaciones.
Hemos de mirar a nuestros hijos y a su educación por encima del hombro de las leyes, más allá de las promociones y titulaciones. Es nuestra obligación velar porque reciban una educación integral, de calidad y sin imposiciones ideológicas de ningún tipo. Al derecho natural y constitucional de decidir la línea educativa en que han de ser educados nuestros retoños, se asocia nuestra obligación de velar por ello, ya que el Gobierno, que es a quien corresponde garantizar los derechos fundamentales recogidos en nuestra Carta Magna, no lo hace. Entre unos y otros han abandonado la pelota en nuestras manos. Esto no lo podemos ignorar, ni por miedos, ni por dejadez.
Sigamos el ejemplo de nuestros compadres andaluces, riojanos, castellano-leoneses y de otras comunidades, que han sabido resistir, combatir judicialmente y arrancar de los altos tribunales todo un rosario de resoluciones favorables, cuyas argumentaciones están haciendo jurisprudencia y pesarán a nuestro favor en la comunidades que ahora comenzamos nuestras propias batallas. Que nadie dude de que, entrando en esta pelea por y con nuestros hijos, no estamos perjudicando su educación, sino proporcionándoles la más sólida y correcta base posible. Todo hijo admira a unos padres que luchan.
Hacía mucho tiempo que la libertad de una nación no pendía tanto de la capacidad de oposición, rebeldía y lucha del pueblo. Estamos en un momento histórico, como protagonistas con nombre y apellidos. De momento, sólo unas decenas de miles, a la cabeza de la defensa del Estado de Derecho y de la Libertad, que poco a poco vamos despertando a esa mayoría silenciosa que, en el fondo de su corazón embotado y de su mente adormecida, sienten y piensan igual que nosotros. Los objetores de conciencia a la EpC, modestias estúpidas aparte, somos la avanzadilla de una reacción masiva contra la deriva totalitarista a la cual nos quiere llevar la izquierda radical del PSOE.
En nuestra Comunidad Valenciana, los enrevesados intentos del PP para paliar con una Orden el contenido doctrinario de la EpC, además de incompletos e insuficientes, están paralizados, impugnados por todas partes. Los objetores valencianos, a punto ya de comenzar el curso, no hemos recibido la prometida respuesta a nuestros escritos. Ni nos han reconocido la objeción, ni nos la han negado, de forma que no podemos mover ficha. Pero la moveremos, que no lo duden, porque el silencio administrativo habla en esta ocasión más que nunca. No vamos a esperar a que, mientras Font de Mora se empecina en defender sus inventos, loables o no, nuestros hijos se queden en un limbo legal y académico. ¡Ni un paso atrás!
José Rafael Sáez March
Licenciado en Pedagogía. Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad). Colaborador de la Asociación Católica de Maestros.




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