El verano siempre es un estímulo para viajar, aunque sólo sea con la imaginación o a través de Internet. Recorrer los caminos, los pueblos y los paisajes de España, me produce un gozo indescriptible. He visitado varios países extranjeros, pero en pocas naciones cabe tanta diversidad y tanta unidad como en nuestro variopinto país. Tantas luces y tantas sombras, tantos colores, tonos y matices, tantos olores y sabores… Una obra maestra compuesta con tanta ilusión, sudor y sangre, que horroriza pensar que alguien la quiera romper a jirones. Es como rasgar un Van Gogh para venderlo a retales. Cada centímetro del cuadro es magnífico, pero sólo la pintura completa adquiere todo su valor.
No he tenido suerte con mis cantantes preferidos, aquellos que me enseñaron a saborear la estética de una voz con potencia de león, como Nino Bravo, con timbre de gacela como Cecilia, con el genio de la búsqueda, como John Lennon, todos ellos con el regustillo de autenticidad de un sincero compromiso con la vida, sin excesos militantes. Todos murieron prematura y violentamente, como todas las personas que han marcado mi vida personal, religiosa y ética: Jesús de Nazaret, Ghandi, Luther King… A veces bromeo con algún amigo y le digo que no trate de ganarse mi admiración… si quiere vivir muchos años.
Hace tiempo que no dejo de pensar y de escuchar a Cecilia, aquella chiquilla feucha y desgarbada, medio hippie, medio pija, que en su corta carrera nos dejó delicias turcas como “Un ramito de violetas” o “Dama, dama” y nos enamoró. En especial, no me quito de la cabeza ni de los labios una de sus canciones, que da título a este artículo y que hoy suena “políticamente incorrecta”: Mi querida España. Por si alguno de ustedes, sobre todo los más jóvenes y los más viejos, no conoce o no recuerda esa pequeña obra maestra, les pongo aquí la letra:
“Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?
Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, de las aras quietas, de las vendas negras sobre carne abierta. ¿Quién pasó tu hambre, quién bebió tu sangre cuando estabas seca?
Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, pueblo de palabra y de piel amarga, dulce tu promesa. Quiero ser tu tierra, quiero ser tu hierba, cuando yo me muera”.
¿Por qué me vendrá a la memoria tantas veces, sobre todo desde hace unos años, esta sencilla balada? ¿Por qué se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que la vuelvo a escuchar? Yo nunca he sido un patriota exaltado, ni he idolatrado ninguna bandera, ni me han preocupado demasiado los asuntos de fronteras. Sin embargo, viendo lo que sucede a mi alrededor, en esta España que tantos muerden para arrancarle un pedazo, algo dentro de mí también se rompe.
Y es que esta España, esta España mía, esta España nuestra, me ha conquistado la mente y el corazón. No le ha sido fácil, se lo aseguro, pero lo ha hecho. Su historia inigualable, que la convirtió poco a poco en el primer Estado moderno del mundo; su camino hacia la unidad que la hizo grande y fuerte; su transición pacífica hacia la democracia; sus gentes tan iguales como variadas; su cultura tan común como diversa; su proyección de futuro como casa común de todos… Una dulce promesa, en palabras de Cecilia.
Mi querida España me ha hecho español, sin dejar de ser, ni valenciano, ni europeo, ni “ciudadano del mundo”, bonita expresión acuñada por los padres del comunismo y del socialismo, cuyos hijos ideológicos hace tiempo han olvidado. Mi querida España, que de nuevo comienza a despertar de su santa siesta, que vuelve a encontrar sus ojos, sus manos y su cabeza. No dejes que nadie vuelva a beber tu sangre y a cubrir con negras vendas tu carne abierta. Yo también quiero ser tu tierra y tu hierba cuando me llegue el punto final… como este.
José Rafael Sáez March
Pedagogo. Valencia.
Por si alguno de ustedes quiere escuchar esta hermosa canción de Cecilia, les pongo aquí un enlace permanente a la letra y la música.




Preciosa entrada. Y sí, Cecilia tiene canciones muy buenas. La del ramito de violetas es una de las canciones más bonitas y más tristes que conozco.
Estimado José Sáez:
Me temo que ha sufrido un pequeño ataque de melancolía y pesimismo, si es que lo primero puede no estar acompañado alguna vez de lo segundo al menos en cierto grado por pequeño que éste sea; pero me temo que sus reflexiones sobre España son bastante acertadas cuando hace referencia a la metáfora del cuadro hecho jirones, al cual cada vez se parece más nuestra patria. Pero, “privilegio” de los hijos es desperdiciar y dilapidar la herencia de los padres y es eso lo que ha sucedido y está sucediendo con la dejadez de muchos, el “cálculo” de otros y la traición de bastantes, y, por cierto, no miro precisamente al PSOE, el cual, al fin y al cabo, no hace otra cosa sino que preocuparse por lo suyo: llevar a cabo la aplicación de su nueva ideología con precisión y exactitud y el resto simplemente no le importa, son los que no son PSOE el problema, ahí están los que calculan, deján hacer por no arriesgar e incluso estánde acuerdo con lo que sucede.
No se preocupe “nada le turbe, nada le espante/quien a Dios tiene, nada le falta/ nada le turbe, nada le espante./ Sólo Dios basta”.
No se si se será creyente pero eso de pensar que sólo estamos de paso y que somos extranjeros de nuestra verdadera patria es como mínimo consolador.
Saludeos
Estimado Elentir, amigo contemplador de estrellas:
Cecilia tiene una canción todavía más triste: “Nada de nada”. Pero tiene otras tan entrañables como alegres. ¿Quién no recuerda aquello de “no me pertenece el paisaje, voy sin equipaje en la noche larga, quiero ser peregrino por los caminos de España”?
¿Qué cincuentón como yo no ha vibrado con la canción “Libre” de Nino Bravo?: “Camino sin cesar detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad”. ¿Cómo podría olvidar el “Woman” o el “Imagine” de John Lennon?: “Imagine all the people living life in peace”.
Está claro, con la edad, o con este exuberante calor veraniego, me estoy poniendo nostálgico. Seguro que, al final del estío, volveré a emocionarme escuchando “El final del verano”, del Dúo Dinámico. ¡Caramba, si hasta me acuerdo de la muerte de “Chanquete”!
Lo único que espero es no tener que llorar por la muerte de España, ni por el regreso del totalitarismo laicista del final de la II República, ni por el retorno de un nuevo régimen fascista que utilice la preciosa realidad de la educación para autopropagarse.
Estimado (o estimada) Burke:
Gracias por su comentario. No me siento pesimista, pero sí melancólico. Pero no se preocupe, es sólo cuestión de carácter. Soy optimista por muchas cosas: porque creo en la gente, aunque casi nada en los políticos; porque creo que el desmovilizado pueblo español comienza a despertar de su adocenada somnolencia; y, sobre todo, respondiendo a su duda, porque soy creyente, que es lo mismo que decir “esperante”. El mal, hoy soberbiamente camuflado de bien, tiene un margen para actuar, hay un tiempo para las tinieblas, pero ni el mal ni la oscuridad han tenido, ni tendrán jamás, la última palabra. “Aunque camine por un valle oscuro, nada temo, porque Tú vas conmigo”. Como dice usted, sólo Dios basta.
Un abrazo de corazón.
Es curioso, yo tampoco me siento especialmente patriota. O mejor dicho, no me sentía hasta hace bien poco. Hasta que la izquierda decidió hacer una nueva versión del Pacto de San Sebastián y caminar de la mano de los nacionalistas para entregarles el fuero y la hacienda de todos.
Me temo que ha sido la política llamada “antiterrorista” y la territorial del gobierno del señor Rodríguez la que nos ha ido empujando hacia formas que, desde el punto de vista de los nacionalistas, parecerían similares al patrioterismo de que estos hacen gala.
Menos mal que siempre nos diferenciará de la barbarie un concepto de patria jurídico, que no sentimental, basado en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que ellos mismos se han dado.
Estimado Miguel:
Pues sí, creo que mi evolución en conceptos políticos ha seguido más o menos ese camino que tú indicas. Leyéndote, me han venido a la cabeza muchas cosas. Os pongo algunas, para todos.
En mi personalidad hay un rasgo fijo, creo que lo aprendí de mi padre: la independencia. Nací en una familia políticamente muy curiosa, que aunaba las “dos Españas”: abuelo paterno agnóstico, rojo, republicano, íntimo amigo de Sigfrido, el hijo de Blasco Ibáñez; abuelo materno azul, nacional-católico hasta la médula y franquista convencido. No sé ni cómo pudieron conocerse y casarse mis padres. Bueno, sí lo sé: por el amor que ambos se tenían y se tienen, celebradas ya sus bodas de oro, y por el elegante respeto mutuo que mis abuelos supieron profesarse el uno al otro.
Aunque ni mi padre ni mi madre heredaron posturas tan contundentes como las de sus padres, en mi casa mis hermanos y yo nos criamos en una interesante síntesis: una madre de fe católica inquebrantable y un padre mucho más filósofo y librepensante. De ella aprendí a no dudar de la fe y de mi padre aprendí a dudar de todo. Este esquema mental me ha acompañado toda mi vida, yo creo que para bien, aunque no resulta nada fácil vivir en una constante revisión de lo que uno piensa y cree. Sin duda es más fácil adoptar una postura y anquilosarse en ella para siempre. Yo nunca he podido hacerlo.
Ya he dicho que soy un independiente. Siempre me ha repelido el sentirme asociado, o que traten de asociarme, con ninguna corriente o grupo concreto. No tengo más carnet que el DNI, y eso porque no hay más remedio. Ninguna ideología me ha fascinado nunca demasiado, ni ningún partido político. Es un verdadero milagro que, tras abandonar una Iglesia que no comprendía, volviera a abrazar la fe cuando se me propuso sin componendas y pude asumirla libremente.
Digo todo esto, para explicar por qué nunca me han seducido los símbolos, las consignas, las siglas, las pertenencias incodicionales, etc. La única etiqueta que admito es la de cristiano, aunque sólo me considero un torpe aprendiz. Mis convicciones, siempre sometidas a una penosa pero fascinante revisión continua, son fruto de largos caminos de escucha, lectura, reflexión y verificación. Cuando creo en algo de verdad, no es “porque sí”, ni porque lo diga nadie, sino porque me asisten poderosas razones, ardua y críticamente adquiridas.
Por ese camino he llegado a valorar e incluso a amar, la realidad de España. Creo que es un gran proyecto común, que un día todos ratificamos con nuestra Constitución. Creo que la unión en la diversidad nos otorga un gigantesco potencial social y cultural. Creo que los proyectos territoriales se benefician de permanecer unidos al conjunto y que la segregación del mismo sólo repercutiría en un necio empobrecimiento material, cultural y humano. Creo que hay que sumar y jamás restar. Creo que hay que multiplicar, pero nunca dividir. Creo, en suma, en la España que diseñamos en 1978.
Estimado José Sáez:
De su comentario del 05-08-08 a las 10,45 casí me siento identificado con su frase de que sólo admite como etiqueta la de cristiano y le digo casi porque yo a punto he estado de decir lo mismo, pero reflexionando un poco me he dado cuenta que mas bien lo corrector sería que sólo me quiero identificar con El, que quiero ser, -el correr que decía S. Pablo por los laurales que no perecen-, un nuevo Cristo o más bien que Cristo me “haga suyo” porque lo que es yo no puedo hacer nada por ser como El salvo pedirlo.
Respecto a su no identificación con sigla ninguna, ¿es qué hay alguna que no exija que le sirvas como a un Sr. al menos en la manera en que está montado nuestro sistema político y electoral? y ya se sabe no se puede servir a dos amos, aunque reconozco que últimiamente quizás estoy pecando, no por servir a ninguna sigla, sino porque he descubierto en internet hace más o menos un año la fundación burke, la cual no es que sea un partido ni apoye a ninguno, sino que promueve determinada corriente de pensamiento y creo que sus postulados que tampoco se dejan atar por una partido concreto y menos aún en España son los menos incompatibles con la único que yo quiero ser que es cristiano, pero, ¡ya veremos!.
Saludos
Estimado Burke, es un placer dialogar contigo, y no sólo porque estemos de acuerdo en tantas cosas, sino porque tienes la virtud de explicar lo que pienso mejor que yo mismo. Cuando digo que la única “etiqueta” que admito es la de cristiano, he dicho enseguida que sólo me considero un mal aprendiz. Tú lo has explayado mucho mejor aún. Además, la “etiqueta” de cristiano, en el fondo es una estupidez, porque no se trata de ponerse un título, ni de considerarse a sí mismo miembro de nada.
Ser cristiano se demuestra en la vida de cada día, en la unión con Cristo y en el amor a los demás. Autoclasificarse como cristiano puede ser una peligrosa osadía, ya que, si tal título no se corresponde con las obras, no pasas de ser un simple fariseo hipócrita, un estorbo que, en vez de ser un testimonio vivo ante la gente, no hace sino echarles un puñado de arena a los ojos.
Así que, he de conformarme con desear con todas mis fuerzas seguir a Cristo, pedirle constantemente su ayuda y tratar de poner en práctica sus enseñanzas. O sea, que me quedo en aprendiz. Espero saber responder un poquito a tantas gracias como Dios me ha dado, dejando cada vez más de vivir para mí mismo y viviendo para los otros y para el Otro con mayúsculas, que es Dios.
La enorme distancia que cada día experimento con más crudeza, entre lo que soy y lo que debería ser, a veces me agobia y deprime. Pero no debe ser así, sino todo lo contrario. Cuando más te acercas a Jesucristo, más lejos te ves de él, pero esto, lejos de desesperarme, no es más que un motivo para exultar por su amor infinito a los pecadores como yo y un acicate para seguir caminando.
Respecto al tema de la identificación con partidos, banderas, siglas, eslóganes, organismos, asociaciones, plataformas, etc., me refiero exactamente a lo que tú comentas. De hecho, aquí me ves, en HO, escribiendo y dialogando, porque es un foro que me aporta mucho y al que yo puedo aportar también alguna cosilla. También soy colaborador de la Asociación Católica de Maestros de Valencia, a la que aprecio mucho. Igualmente soy miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad), plataforma en la que trabajo en lo que puedo y en la que he encontrado estupendos amigos.
Pero en ninguna de estas realidades me siento atado, ni catalogado, ni obligado a disciplina alguna “de partido”, ni a un pensamiento único. En todo caso, son otros los que se empeñan en catalogarme. Pero soy como una anguila y me escurro siempre de cualquier afiliación que me quieran suponer, sencillamente porque es la realidad: no tengo ninguna afiliación, a nada ni a nadie. Sólo quiero ser y vivir como hijo de Dios. Y con esa intención participo es estas y otras realidades de la vida social.
Un fuerte abrazo.
P.D.: Por cierto, ya me contarás que es eso de Burke, que me has dejado intrigado.
Estimados José y Burke,
Me uno a vuestro “fuego cruzado”. Conozco la Fundación Burke (institución que difunde el pensamiento conservador) por referencias de algunos articulistas en Libertad Digital y visito de vez en cuando la página web (www.fundacionburke.org). Por edad (35) sólo conozco lo que es vivir en democracia, puesto que, aunque nacido en las postrimerías del franquismo, mi mente no estaba para grandes pensamientos por entonces. E incluso ahora
El problema de las etiquetas no es tanto el hecho de sentirse encasillado o señalado como perteneciente a tal ó cuál corriente política, partido, asociación, etc., como que uno mismo pierda su libertad e independencia por exigencias de dicha filiación.
Pero hay una etiqueta, si puede llamársela así, la de cristiano católico en mi caso, que es liberadora, exigente como ninguna otra y que ofrece una esperanza de redención, salvación, perdón y vida eterna que obliga a una transformación de tu propia persona en cuerpo y alma. Dios hizo un mundo en penumbra, para que la libertad otorgada a la mejor de sus criaturas (el hombre) fuera empleada para comprar un cachito de luz o un cachito de oscuridad. Es el hombre quien decide, individualmente, nadie lo puede hacer por otro.
La proscripción del elemento religioso que se da actualmente está haciendo que muchos católicos salgamos de las catacumbas, nos plantemos ante la que está cayendo y reafirmemos y propongamos nuestro hecho ante los demás, actuando de palabra y obra, ambas de la mano y bien sincronizadas.
El proclamarse cristiano da un trabajo que pa’qué. Es una tarea de por vida el ir alcanzado la santidad en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestras relaciones, con nuestras oraciones, con nuestro testimonio. No hay mayor fuerza de cambio que ésta.
Y España, como la civilización occidental donde está encuadrada, parte de tres pilares: pensamiento griego, derecho romano y cristianismo. Europa es Fe y Fe es Europa (”Europa y la Fe”, Hilaire Belloc). En estos últimos tiempos se está desbarrando y mucho, pero los que queremos a nuestro país y a su diversa y enriquecedora diversidad debemos armarnos de razones (que las hay y de qué calado) para combatir los dogmas progresistas desde la óptica cultural del modelo de pensamiento conservador. La historia está ahí, no hay que inventarla ni predecirla. Humildemente y siendo poco entendido en política, un modelo conservador permitiría voltear la actual situación.
Un abrazo,
Jaime.
Estimado Jaime:
Comparto casi de pe a pa todo lo que dices. Lo único que no me acaba de gustar, aunque no te falta razón, es el uso de esa terminología de “conservador vs. progresista”. En España hace tiempo que ambos términos están tan desgastados y pervertidos, que ya no se sabe muy bien qué significan. El título de “progresista” se lo ha apropiado la izquierda, pese a que se empeñan en volver a esquemas trasnochados y fracasados del pasado. El término “conservador” se asocia a derechona facha, cosa que no sucede en ningún otro país. Yo quiero aprovechar tu comentario para reivindicar ambas palabras y retornarlas a su sentido original y genuino.
Progresista no es el que inventa derechos y reconoce libertades para las minorías vulnerando los de las mayorias. Progresista no es el que defiende una cultura de la muerte: aborto, eutanasia, suicidio. Progresista no es el que se abraza de boquilla a todos los “ismos”: socialismo, ecologismo, feminismo, pacifismo, laicismo, secesionismo… Progresista no es quien lava el cerebro a las nuevas generaciones a través de la educación, ni quien controla la mayor parte de la información que llega al pueblo. Progresista no es el que quiere anular la Constitución por la puerta trasera. Progresista no es, en suma, el que simplemente se las da de serlo.
Progresista es quien genera un bienestar sostenible para todos. Progresista es quien sabe reconocer lo bueno de la tradición recibida, mejorar aquello que sea deficitario y no empecinarse en repetir los errores del pasado, ni en volver una y otra vez a reavivar antiguos agravios. Progresista es quien protege los derechos humanos fundamentales, comenzando por la vida humana en todas sus fases. Progresista es quien no se empeña en tutelar en todo a los ciudadanos, como si fueran imbéciles, sino que cree en ellos y en su capacidad de iniciativa y trabajo. Progresista es quien propicia y protege la libertad ideológica y religiosa. Progresista es quien ayuda a la gente a progresar por sí misma.
Conservador no significa inmovilista, ni reaccionario, ni derechista, ni retrógrado, ni facha, ni anticuado. Conservador es quien sabe mantener el equilibrio entre la tradición y la innovación. Conservador es quien no cae en el adanismo de comenzar siempre de nuevo. Conservador es quien respeta la herencia cultural de la gente como un precioso patrimonio. Conservador es quien cree en el liberalismo, que es lo mismo que decir que cree en las personas. Conservador es el que no destruye lo bueno ya construido. Conservador es quien sabe aprender de los aciertos y errores de la Historia. Conservador es quien cree que hay valores universales inmutables que sostienen la sociedad y la convivencia. Conservador es quien trata de preservar lo mejor que tenemos.
Por todo lo anterior, yo me considero conservador y progresista, que en modo alguno son posturas incompatibles. Creo firmemente en que el presente y el futuro de la Humanidad depende de conseguir el mayor equilibrio posible entre ambas tendencias. El extremismo en cualquiera de las dos, no nos llevará a ninguna parte y acabará por autodestruirnos como civilización. No exagero, esto ya ha estado a punto de suceder varias veces. Repasen la Historia y verán.
Un abrazo.
Estimado José,
De acuerdo con tus comentarios. Es a la falaz división establecida por la izquierda a la que me refiero cuando hablo de conservadores y progresistas. Has explicado perfectamente lo que es conservar y qué conserva y lo que es progresar y hacia dónde progresa. Igual de falaz que tratar de establecer actualmente la división entre izquierda y derecha hablando en términos económicos y división de clases.
Yo me considero liberal e independiente, responsable de mis actos y consecuente con mis ideas. Sensu stricto, también me considero conservador y progresista al estilo perfectamente explicado por ti. Y, al revés, no soy ni conservador ni progresista atendiendo al sentido vox populi.
Un abrazo,
Jaime.
Estimado Jaime:
Eso es exactamente lo que quería explicar. Creo que nos parecemos mucho, y eso que yo ya he cumplido el medio siglo. Y tienes razón al añadir el comentario sobre la división izquierda-derecha, que también está trasnochada y pervertida. ¡Por favor, que estamos en el siglo XXI y eso de la lateralidad política es decimonónico! Creo que esta división carece de sentido en la actualidad y es una de las cosas que no habría que conservar. En esto hay que progresar.
De hecho, a la inmensa mayoría de los españoles les importa un carajo si votan a la izquierda o a la derecha. Lo que votan es al partido que creen que les va a solucionar sus problemas. Y punto. Ahora sólo falta que la gente aprenda a votar por los hechos y no por palabras y promesas. Al menos es lo que yo trato de hacer.
Estimado José,
Quince años no es nada, que dice el tango de Gardel. El voto parece El Dorado de nuestros días. ¡Qué no hacen los políticos por nuestro voto!
Mi visión es más bien pesimista en este punto. Efectivamente, se vota al partido que crees que te va a solucionar los problemas. ¡Seremos crédulos! Creemos que nos los solucionarán, pero la realidad dice lo contrario. Los problemas te vuelven multiplicados por la ineficacia del Gobierno al uso. La verdadera solución a los problemas de cada uno debe partir de uno mismo y no de un elemento externo. Este elemento, en cualquier caso, puede ayudar en su solución, pero nunca ser el origen de la solución. Uno debe dar el primer paso en la solución de sus problemas. Bien es cierto que escuchando, leyendo, teniendo los ojos abiertos … es más fácil atisbar la solución que no haciendo nada y esperar que Papá Estado nos lo resuelva.
También se vota por tradición familiar y falta de criterio propio, por endemonización (propia ó heredada) del adversario político, porque cae más simpática una ocurrencia de uno de los candidatos y el otro te cae gordo, porque da igual lo que vote si está claro lo que pasará así que me sumo al carro ganador que me cuentan … y mil causas más con tal de no hacer un ejercicio de reflexión y crítica al partido que ha llevado las riendas, con tal de no leer programas electorales y su perorata muchas veces infumable, etc.
Vamos, que nos lo den mascadito y fácil, que la política es de los políticos, voto a pepito ó fulanito, pero yo sigo igual (¿seguro? ¿todo es igual, vale lo mismo?).
Básicamente, creo que ahora lo que más preocupa es la satisfacción de cualquier deseo, el cumplimiento aquí y ahora de mi voluntad, mi esto, mi esto otro, mi mi mi mi y sólo mi. Cada uno con su ombligo y que nadie venga a decirme lo que hacer con mi vida. ¡Libertad!
Hay que salir del barranco de ignorancia por el que estamos deslizándonos. Y salir, ¡ya!
¡Caramba, Jaime! Ahora sí que no tengo nada que añadir. Estoy de acuerdo con tu comentario al cien por cien.
Gracias y un abrazo.
Estimado José Sáez:
Retomando tu respuesta de fecha 05-08-08 a las 10,00 en la que me contestaba a otra anterior mía le diría primero sólo una cosa que ni siquiera es mía sino de San Pablo: “hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero”. Todos los cristianos experimentamos lo de San Pablo salvo que entramos en la esquizofrenia de esos católicos que se dicen no practicante o católico pero a mi manera o Cristo sí pero no la Iglesia y con ello olvidan que el cristianismo no es una ideología, ni menos aún un supermercado donde se toma lo que se quiere y se deja lo que no, sino Cristo mismo al cual en el momento en que lo tratamos como acabo de describir es como si lo mutilásemos diciendo quiero el brazo, pero no las manos, quiero la cara pero no el costado y eso aunque haya quien piense que se puede hacer no se puede, porque el resultado es un cuerpo mutilado, es decir Cristo de nuevo roto, magullados, herido.
El cristianismo es encuentro con Él que nos ha amado primero un encuentro con Jesús muerto y resucitado y que con su resurreción prueba que ha vencido al mundo y que con Él nosotros también venceremos y que realmente cumplirá aquello de estar con nosotros hasta el final de los tiempos por lo que podemos decir si Dios está con nosotros quien estará ccntra nosotros, podrán matar nuestros cuerpos física o moralmente, (muerte laica), pero por su resurrección sabemos que la victoria será nuestra no por nuestros solos méritos sino por Él. Así que ánimo, no crea que la distancia que siente que le separa a Vd. de Él es insalvable y no lo es porque no es Vd. quien la recorre la recorrió y la recorre Cristo, presente y actuante en su Iglesia y especialmente en el sacramento de la eucaristía y en el del perdón.
Sabe un secretto mío, los momentos de verdadera paz sólo los he encontrado ante Cristo sacramentado en la soledad de una iglesia y esa paz llega a su máximo cuando además he podido unir ese estar ahí frente a frente con su presencia real con una confesión y una comunión y es entonces las pocas veces que vivo en “PAZ”, le invito a que si no lo hace, imagino que sí, lo haga, para poder decirle no a mi lo que Vd. ha dicho en sus comentarios sino a Él directamente, porque poder decírselo a Él directamente es lo más grandioso que tiene la fe cristiana y el catolicismo en particular que lo sabe presente en cuerpo, alma y divinidad en el Santísimo.
Respecto a la fudación burke se lo explico como a mi me paso, primero vi un anuncio en Popular Televisión donde se anuciaba el semanario Alba, de inspiración católica, (grupo intereconomía), semanario por cierto donde ha estado hasta no hace mucho escribiendo una columna el presidente de Hazte Oir, en dicho semanario dieron la notiticia de que salía una revista semanal también de inspiración católica, (Chestertón), desgraciadamente ya desaparecida; en ella, en su primer número, que aún se puede consultar en http://www.cherteston.es, al igual que todos los restantes, se hacia referencia a un pensador Edmund Burke y sus controversias respecto a lo que representaba la Revolución Francesa y lo que no y si era equiparable a lo que dio lugar a la independencia de EEUU, (artículo que le invito a leer en internet antes de que eliminen la página pues es interesante); controversia en que Burke sostenía que no eran fenómenos equivalentes los franceses y los americanos. Posteriormente, en el número 9, (que tambien le invito a leer), el presidente de dicha fundación fue entrevistado, su nombre es Alejandro Ruiz, no recuerdo el segundo apellido y allí presentaba los principios orientadores de dicha fundación, (por cierto Cherteston también entrevistó al presidente de Hacte Oir en lo que lamentablemetnte fue su último número). Posteriormente me fui a la dirección de internet que otro contertulio le indica de dicha fundación http://www.fundacionburke.org/ y allí descubrí todo un mundo de pensamiento, el conservador sobre todo de influencia norteamericana, con multitud de artículos y comentarios de libros que al menos hasta ahora no me han desilusionado ni he visto contradicciones insalvables con la doctrina de la iglesia, ¡cuidado!, hasta ahora y siempre teniendo en cuentra que ningún movimiento cultural o ideológico puede pretender monopolizar el cristianismo aunque por lo que he visto en él no pretende tal cosa y no tiene reparos de defenderlo desde una perspectiva laica desde la razonabilidad de lo que proponen la fe y la moral católica. Juzgue por Vd. mismo, que es lo mejor, salvo claro está que lo que le ofrezcan sea una copa de cicuta y por ahora, ya le digo, que “con las prevenciones” que siempre hay que tener no me parece haber encontrado cicuta, salvo contra lo que ahora algunos llaman progreso.
Saludos.
Gracias de nuevo, Burke, por su comentario, pleno de ánimo, fe y esperanza. Yo también he de decir que sólo he hallado la paz profunda en el encuentro en la intimidad con Jesucristo.
Gracias también por su información sobre Edmund Burke y su fundación. Le prometo leer todo lo que me indica, pues me interesa mucho, sobre todo después de sus amables explicaciones.
Un fuerte abrazo.
Estimado José Sáez:
Le remito de nuevo la dirección de Chesterton, puesto que me he percatado, haciendo gala de mi ignorancia del idioma inglés, (la cual es mayor que la que tengo del español), que se la transcribí erróneamente, por lo que se la mando nuevamente y espero que esta vez sin volver a equivocarme: http://www.chesterton.es/
Saludos nuevamente.
Gracias de nuevo, Burke. Mañana salgo de vacaciones al extranjero y no voy a poder estudiar con calma el tema. Pero en cuanto vuelva, seguiré con interés tus indicaciones para conocer la fundación de la que tanto y tan bien me hablas. Ya te comentaré qué me parece.
Un abrazo.
Un mensaje para todos los que han participado en este hilo:
Nunca pensé que un artículo tan sencillo pudiera desencadenar tan magnífica cadena de comentarios. He escrito articulos de mucho mayor “calado intelectual”, que yo pensaba que iban a generar mucho diálogo, pero que han pasado casi desapercibidos. Sin embargo, éste, escrito simplemente con el corazón en la mano, nos ha servido de base para un entrañable intercambio de ideas y sentimientos.
Gracias a todos. También a los que quieran añadir más comentarios, que serán bienvenidos siempre que mantengan el debido respeto, aunque expresen ideas totalmente opuestas a las mías.
Voy a estar fuera unos 10 días, y no podré moderar ni contestar a vuestros próximos comentarios hasta que vuelva. Pero no os privéis de escribir, que esto se ha puesto muy interesante.
Feliz verano a todos.
Estimado José Sáez:
Felices vacaciones. A mi me pasa exactamente lo contrario que a Vd., mañana regreso, pero al trabajo.
Por último, respecto a lo que ha dado de si su inicial comentario: “el espíritu sopla donde quiere y los caminos de Dios son…”, ya sabe.
De verdad!, que descanse y sobre todo paz de Cristo.
Saludos.
Feliz descanso a Vd. y al resto de participantes en este blog. Yo también cogeré las mías dentro de poco.
¡Hasta la vuelta!
Jose:
Espero que ese viaje fuera de nuestra querida España os siente muy bien.
Un abrazo
Querido amigo y hermano Fernando:
¿Noto un cierto toquecillo irónico en tu comentario? Jejejeje. Ya me parecía raro que nadie me nombrara, así como de pasada, que después de tanto hablar de “Mi querida España”, luego me fuese de vacaciones a París. Me obligas a justificarme, ¡corcho! Menos mal que salimos esta tarde y así te puedo contestar, ¡bordezuelo!
Pues eso, voy a justificarme, aunque maldita falta que hace… En toda mi vida sólo he salido de vacaciones al extranjero dos veces, una a Inglaterra, hace años, y esta a París. Cuando he viajado otras veces al extranjero ha sido en peregrinación: Italia, Alemania, Suiza, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Francia, Israel…
Pero las vacaciones familiares las he hecho en España: en el Alto Palancia, en los Pirineos (españoles), en Castilla-León, en Galicia, en Asturias, en Extremadura, en Benicassim, en Villareal, en Moraira, en el precioso pueblo Castellano-Manchego de tu mujer, en Rubielos de Mora y, por supuesto, en varios puntos de la provincia de Valencia. Hace unos días estuvimos mi mujer y yo solitos una semanita en Ibiza. Hasta mi viaje de novios fue a Málaga (aunque el de las bodas de plata fue a París, ejem).
Es cierto que en muchos países extranjeros he visto y vivido cosas fantásticas. Pero la verdad es que España no te la acabas, ni aunque tuvieramos cien vidas. La variedad y la belleza de España, te lo digo en serio, no la he encontrado en ningún otro país. ¡Es que tenemos de todo! Ahora mismo, después de haber estado en Ibiza, me parece una tontería gastarse un dineral en ir al Caribe.
Sólo hay un lugar en la Tierra que ejerce sobre mí una fascinación absolutamente irresistible, mayor que España y cualquier otro país: Tierra Santa. Tú y yo hemos estado dos veces, y sabes muy bien que ambos iríamos de nuevo ahora mismo, si pudiéramos. Y no es por la belleza externa, porque en Israel hay sólo unos pocos rincones realmente bonitos. Es por ese indescriptible sentimiento que despierta cuando pisas los lugares donde vivió Jesús, la Virgen, los Apóstoles… Y donde nuestro Salvador murió y resucitó por nosotros.
¡Jolínes! Me has hecho escribir demasiado, cuando lo que tendría que estar haciendo es preparar la maleta para este viaje familiar a París. ¡Si salimos dentro de una horitas! Tengo una ilusión bárbara, porque me parece que va a ser el último viaje que hagamos la familia al completo. Mis hijos, los seis, se han hecho mayores, y cada vez es más difícil reunirlos para algo.
Bendito París que les ha atraído a venir a todos y bendita España, mi querida España, que tanto nos ha dado y tanto espero que nos siga dando. Dios no permita que la desguacen los insensatos políticos.
Un abrazo y que os vaya muy bien por la preciosa Navarra.
Ahora sí que me despido hasta dentro de unos 10 días.
¿París, mon amour?
Bueno, queridos contertulios, ya he vuelto de París. Ha sido una experiencia nueva visitarla con mis hijos, puesto que la primera vez sólo fuimos mi esposa y yo para celebrar nuestras bodas de plata. La verdad es que mis queridos jóvenes y adolescentes, se han quedado deslumbrados por tan impresionante ciudad. Como Sevilla, París tiene un color especial, yo diría también que un sabor especial. Su contemplación visual también asombra y empequeñece al más pintado, siempre que no te acerques demasiado a las maravillas, porque la mayor parte están deterioradas o desvencijadas, ya que a los parisinos les gusta tan poco rehabilitar sus antigüedades como sus tradiciones.
De los olores no hablemos, puesto que la mezcla de los deliciosos aromas de las boulangeries, los cuidadísimos jardines y macizos de flores, las miasmas del putrefacto Sena, los dióxidos de carbono de los centenares de autobuses de turistas y los orines que los viandantes vierten por cualquier esquina, no es apta para olfatos medianamente sensatos, como tampoco lo es para los románticos visitantes de Venecia, aunque al final tan delicados perfumes acaban por formar parte del panorama, del mismo ser de la ciudad. Con o sin olor, la capital de Francia, con sus contrastes extremos, tiene un atractivo único.
Por una parte, su iluminada y dorada grandiosidad, herencia de los excesos de Luis XIV, el Rey Sol, y sus sucesores Luis XV y Luis XVI, ese que acabó en la guillotina poco antes que su esposa María Antonieta. Escandalosa y sobrecogedora grandiosidad bien aprovechada y ampliada hasta lo faraónico por la narcisista megalomanía imperial de Napoleón. Todo un ciclópeo conjunto monumental y urbano, reordenado y despejado con enormes espacios libres por los trabajos del Baron Haussman.
Por otra parte el toque omnipresente de su Revolución y su Ilustración, que aún se mastica en los barrios Latino y Montparnasse, con su Universidad de la Sorbona y su Panteón, por cuyas calles aún se pasean las ideas de Rousseau, Voltaire, Diderot, Racine, Hugo o Zola. Una profundidad laica que no entra en contradicción alguna con lo religioso y que no impide que el dia 15, la “Virgen de Agosto”, miles de parisinos sigan a la imagen peregrina de Notre Dame de París, en un enorme rezo del rosario que atraviesa respetuoso y respetado por los mismos barrios universitarios que vivieron aquel mayo del 68. Uno de los misterios se rezó delante del laicísimo Panteón, sin problemas.
También hay que nombrar la curiosa mezcla entre los parisinos y la omnipresente masa turística, que en cada rincón configuran su paisaje humano. Asombra la absoluta normalidad de la realidad multiétnica y multicultural de los habitantes de París. La inclusión social de todos, aceptando las normas del juego francés, sin perder ni un ápice de sus culturas, es modélica. En cualquier rincón de París puedes encontrar con quien hablar en la lengua que quieras y disfrutar del respeto mutuo. Sólo la invasión de los turistas parece ensombrecer tanta normalidad, ya que son muchos los que toman la ciudad por asalto y malinterpretan su espíritu liberal, confundiéndolo con una especie de “aquí puedo hacer lo que me venga en gana”.
Se cuentan por millones los forasteros que deambulan por la ciudad con sus cámaras digitales, llenando de las más absurdas imagenes sus tarjetas de tropecientos gigabits. Como ustedes sabrán, la torre Eiffel se ilumina con un espectacular juego de luces los diez primeros minutos de cada hora nocturna. Todos los turistas se concentran en el trocadero, en el puente o bajo la misma torre, para ver el famoso cambio de iluminación. Los autobuses turísticos hacen carreras por los Campos Elíseos para llegar a tiempo, para luego colapsar los mejores ángulos de vista sobre el espectáculo. Los coches se paran a centenares en cualquier parte. París parece paralizarse y contener la respiración esos diez minutos primeros de cada hora, en los cuales parece que todo vale.
Todo ello salpimentado con la bohemia canallesca y sabrosa de Montmartre, con sus pintores callejeros, su dejadez premeditada y sus bistros y cabarets, donde pululan todas las noches los espíritus de aquellos golfos impresionistas y vanguardistas que encontraron entre aquellas casi desaparecidas viñas y su laberinto de callejuelas oscuras y escaleras imposibles, el cocktail de sosiego, tertulia y vicio que necesitaron para crear sus obras. Es el baluarte del París malvado, aquel que atre como el fruto prohibido, aquel que sustituye la grandiosidad por una pequeñez sabrosa, especiada, mágica, fantasmal, intemporal, que atrae y repele como la cortada oreja de Van Gogh.
París te atrae sin remedio, a la par que te impulsa misteriosamente a escapar de ella. Su vida disipada, lo reconozco, te reclama como las sirenas a los marineros. Su belleza subyuga y avergüenza, hasta el punto que llegas a comprender los motivos de la Revolución Francesa, más allá del hambre y la crisis económica causada por el incompetente Luis XVI. Un paseo por Versalles y sus interminables jardines y rincones, basta para inundarte el alma de lujo y belleza y para sentir ganas de volver a asaltar la Bastilla. Sin embargo, agradeces que aquellos revolucionarios no se apresurasen a destruirlo todo.
Te dan ganas hasta de dedicarle una misa, pues París bien la vale, al general alemán que, a punto de ser retomada la ciudad por el ejército aliado, decidió desobedecer las órdenes de Hitler y no entregar París a las llamas. Como pueden comprobar, las contradicciones de París llegan a convertirse en contradicciones personales en aquellos que la visitan con un espíritu más allá del mero souvenir. La Ciudad de las Luces provoca amor y odio, aunque no me atrevo a decir que a partes iguales. Cada uno sabrá. Yo, tras sólo una semana, estaba deseando volver a mi querida España, a mi querida Valencia. Hoy, un día después de volver, ya la hecho de menos.
Bienvenido:
Ya veo que el viaje en si te ha resultado positivo, espero que con él las vacaciones no se te terminen y puedas seguir disfrutando del descanso. Las mías, como te comenté en mi último texto ya han finalizado, al menos en lo que a mi respecta, pues las de mis hijas continúan.
Por cierto, respecto a la dirección sobre la fundación burke he estado pensando un poco más el como te lo expliqué y me vino cierta duda que quiero aclarar: la fundación es como ya comenté de pensamiento conservador, especialmente influenciada por el de EEUU, que no se avergüenza e incluso reivindica la herencia cristiana de occidente, es decir, no se trata de un lugar extrictamente católico, ni temática que gire sólo sobre la religión, ni siquiera principalmente, pues sus planteamientos son culturales e ideológicos en el sentido que te he explicado.
Saludos