Por comenzar en positivo, he de decir que lo mejor del “Tengo una pregunta para usted” con Zapatero fueron los invitados que intervinieron, sus preguntas y sus réplicas. Y, más aún si cabe, sus expresiones no verbales, que no tuvieron precio y que el realizador no dudó en sacar en pantalla. Ignoro el grado de preparación escénica que pudiese haber detrás del programa, pero la impresión fue que realmente se trataba de una muestra significativa de ciudadanos, que sus preguntas fueron espontáneas y que casi ninguno de los que pudieron intervenir se quedó muy conforme con las respuestas evasivas de Zapatero, aunque todos terminaron con un “gracias Señor Presidente”, seguramente preceptivo.
Los asistentes a un evento así, como es lógico, habrían sido previamente aleccionados y comprometidos con unas normas, como mínimo de cortesía y respeto, pero el margen de libertad de expresión fue amplio, mucho más de lo que yo me esperaba. Digo esto porque los rostros, los gestos y las réplicas de la gente lo decían todo. Lo cierto es que, con o sin manipulación teatral, pusieron al Presidente contra las cuerdas durante casi todo el programa. También fue una demostración de pluralidad el debate posterior en “59 Segundos”, en la que participaron representantes de la prensa de todo tipo y tendencia. Así que, al menos por una vez, vaya por delante mi felicitación a Televisión Española.
Dicho esto, una crítica a esa cadena sí quiero hacer: el conductor del debate lo hizo fatal. No supo moderar los discursitos excesivos y tantas veces apartados de las preguntas que largó el Presidente. De vez en cuando emitía un “hum, hum”, que quizá fuese una seña pactada, pero que no evitó la verborrea del interrogado, ni siquiera cuando, a todas luces, estaba alargándose y desviando el tema a base de arengas prefabricadas. Con su “cortada” actitud frente a Zapatero, no sólo consintió que nos largara sus habituales rollazos políticos, sino que moderó mal el tiempo disponible, de forma que sólo una cuarta parte de los cien invitados pudieron preguntar. En alguna ocasión también salió al quite del Presidente en preguntas muy comprometidas, como la de la venta de armamentos.
Sin perjuicio de lo anterior, lo peor del debate fue el Sr. Zapatero. Hay que reconocer que tuvo el valor de exponerse ante un difícil bombardeo de preguntas, cosa que otros han rechazado. Quizá no se esperaba que en esta ocasión Televisión Española fuera a dar tanta cancha a los interrogadores. Y no lo digo por las preguntas, que quizá conocía de antemano o, como mínimo, tendría información para imaginárselas, sino por las actitudes de desacuerdo, desencanto y frustración que tan claramente manifestaron los participantes, en sus replicas y en sus gestos. Lo cierto es que el Presidente no estuvo a la altura y dejó un tufillo de insatisfacción evidente y visible en los asistentes. A la misma conclusión llegaron después casi todos los periodistas invitados.
¿Qué es lo que considero que hizo mal en el debate? Pues, menos el hecho de dar la cara y de exponerse a las preguntas ante toda España, sin siquiera la protección psicológica de un atril o unos papeles escritos, que no es poco, todo lo demás me pareció horroroso:
§ Está claro que el mensaje básico que quiere transmitir es la confianza. Bien, me parece necesario en estos momentos de grave crisis. Pero la confianza no se pide, sino que se da, se suscita en las personas mediante actitudes y hechos. La confianza se transmite con un lenguaje corporal que denote seguridad y, sobre todo, con soluciones concretas a las situaciones de temor de los ciudadanos. Con la carita de crispado acongojamiento que llevaba y con su flagrante falta de respuestas válidas, lo que consiguió es confirmarnos a todos los españoles en que nuestros peores temores están bien fundados.
§ No recuerdo que ninguno de los que preguntaron se sintiera bien respondido con las palabras del Presidente. Casi todos acabaron defraudados, con cara de resignación, de insatisfacción e incluso de indignación contenida, como si se hubieran sentido tratados como idiotas. Creo que lo mismo nos sucedió a los que lo escuchamos desde casa, exceptuando, sin duda, a sus adeptos incondicionales, esos y esas que le seguirían hasta el mismísimo infierno si su líder se lo pidiese. Los que pudieron preguntar le pusieron delante inquietudes muy reales y muy concretas, que representan a la perfección las de todos los españoles, al menos en las cuestiones económicas y laborales, y no supo, porque no pudo, ni puede, contestar en concreto a ninguna. En varios casos, las respuestas a algunos asistentes fueron casi insultantes, como las dadas a algunos parados y a pequeños empresarios arruinados.
§ ¿Reconocer errores? Apenas uno. ¿Reconocer engaños? Por supuesto que no. ¿Asumir responsabilidades de lo que sucede? Ni una. Y ahora, inspirado por su admirado Obama, la responsabilidad de lo que ocurra se la pasa al pueblo. Ese es el mensaje subliminal que dejó caer. Por supuesto que sin el esfuerzo colectivo de todos no salimos de ésta y claro que el Gobierno no va a poder levantar a España él sólo. Eso ya lo sabemos, especialmente con este Ejecutivo concreto. Pero no es esa llamada a la colaboración, que es justa y necesaria, lo que me preocupa, sino otro mensaje diferente y semioculto lanzado por un Presidente acogotado y consciente de que casi todo se le ha ido de las manos. Un intolerable mensaje que podría resumirse así: Si España entra en quiebra y todo se va al carajo, la culpa no la tendré yo, ni mi Gobierno, ni mi PSOE, sino los ciudadanos, porque no han arrimado el hombro por su país…
Jamás aceptaré ni la más mínima insinuación de esa calaña. La capacidad y la voluntad de iniciativa, de sacrificio, de imaginación, de esfuerzo, de trabajo y de lucha del pueblo español están fuera de toda duda y han sido demostradas repetidas veces a lo largo de nuestra historia. España no es lo que ha llegado a ser gracias a los que nos han gobernado, de eso estoy más que convencido, aunque unos lo hayan hecho mejor que otros. Zapatero dice creer en ese potencial que posee el pueblo español, pero al mismo tiempo lo niega, a base de aminorar su propia responsabilidad arengando a la gente a que confíe y se comprometa, como si no lo estuviese haciendo ya con todas sus fuerzas. Si España no se ha hundido ya, es gracias a que los españoles confían y siguen luchando.
Por supuesto que los ciudadanos sabemos cuáles son nuestras responsabilidades en la reconstrucción económica de nuestro país. Quienes no lo saben, en todo caso, son los ricachones que han reventado su gallina de los huevos de oro y ahora malversan las inmerecidas ayudas estatales. Pero que no piense el Presidente que va a salirse de rositas depositando toda la carga sobre nuestros hombros. Es él quien ha sido elegido para gestionar nuestros intereses generales, que en este caso pasan por analizar certera y honestamente lo que ocurre y diseñar y poner en marcha las mejores soluciones. Para eso le pagamos por mandar, para que nos sirva y nos sirva bien, no para que escabulla el bulto con un discurso demagógico. Si España se hunde, no será porque los españoles la dejemos caer, sino por la incompetencia de su Gobierno.
28-01-2008: Añado algo importante. Me pareció degradante que no contestase a la pregunta del sacerdote sobre si creía que el no-nacido es un ser humano o no. Insistió descaradamente en contestar a otra cosa que no se le preguntaba. Si piensa que el nasciturus SÍ es un ser humano, una vida humana en desarrollo, ¿por que no lo dice? Porque desea contentar a los lobbies y comerciantes proabortistas ampliando el aborto, claro está. Pero, si piensa que el no-nacido NO es un ser humano, lo cual es condición sine qua non para que se le pueda matar impunemente, ¿por que no lo dijo? Pues porque no lo piensa, porque sabe que el aborto es segar una vida humana. Y pese a ello, está a favor de fomentarlo. Sobran más comentarios.
06-03-2009: Añado esta foto, del post en el blog de Elentir abajo enlazado.

Enlaces sobre el tema, en relación con el aborto:





Esta remesa Socialista y que remesa a mi casi me engañan pero me tranquilo tiempo al tiempo, de Felipe apaga y vamonos y ZP creo roba tanto o mas y mentir nº uno, ayer en television solo le falto que las inundaciones es cumpa del PP, pobres estos lo que les esta cayendo encima y ellos solos, nada habrá que ajuantar el Temporal.
Tengo una pregunta para Vd, Sr, Zapatero:
¿Pondrá a una diputada con síndrome Dovvn o a dos personas, un hombre y una mujer, para mantener el criterio de “paridad?.
Le preguntaron si creía que el aborto era la eliminación de una persona y se fue del tema, con alegatos demagógicos.
Zapatero, se te ve el plumero: No eres capaz de responder a lo que sabes es el punto fundamental del aborto y SÏ SABES que estás matando.
También SABES que no se te preguntaba si había que encarcelar a las mujeres que abortan, pero te fuiste por las ramas.
¡DEMAGOGO! ¡MANIPULADOR! Ya nos has hecho demasiadas.
Efectivamente, Oxai, esa fue una de las preguntas más importantes del debate, aunque parece que a casi todos les preocupaban más los temas económicos. Y Zapatero no quiso contestar. ¿Por qué? Porque él y todo el mundo sabe que el aborto es segar una vida humana, aunque se inventen todas las justificaciones que quieran. Así de claro. Y así de falso e hipócrita fue el Presidente al negarse a contestar. ¿Para qué va a un programa a que le hagan preguntas si luego no responde a nada? ¿Publicidad gratuita para seguir con sus patrañas?
Como verás, he añadido a mi entrada un comentario sobre tan grave asunto.
Lo peor de Zapatero no es que sea un incompetente, sino que además es un arrogante. Esa actitud suya de tratarnos como estúpidos y suponer que él no tiene culpa alguna, es propia de un enfermo. A veces pienso que necesita tratamiento. Un saludo.
Sí, María, entre otros muchos adjetivos peyorativos que se merece este señor, uno de los peores es el de la arrogancia. Puedo admitir, como es debido en una democracia, que discrepen conmigo, que me argumenten en contra, que critiquen mis opiniones, que piensen que estoy equivocado… Pero que nos den a todos por ignorantes o por imbéciles, no lo soporto, y menos si es el Presidente quien lo hace.
Luna, disculpa por no haberte mencionado antes, lo mismo que a Juan Esp. Gracias a ambos por vuestros comentarios.
Nada, hombre. U/no no está aquí para que le mencionen, sino para largar su “rollo”.
LLevo ya algún tiempo comentando por HO y me encuentro con algunos discípulos de Zapatero, que cada vez que álguien pone el dedo en la llaga, te sacan a los homosexuales maltratados,la violencia de género o la Inquisición. Da lo mismo que trates sobre temas jurídicos, filosóficos o biológicos, una supina incoherencia que demustra que también es necesario un arte del buen engañar para hacer lo que vimos por TV.
Pero Zapatero no pasa de ser un sofista, de dedicarse a hacer que parezca que dice gran verdad o que conoce algo, cubriendo de argumentos eslabazados sus respuestas. La Verdad esta ahí, la alcancemos o no, Cuando la conozcamos y cuando no la queranmos reconocer, por encima de la razón.Pero sobre todo, por encima de los razonamientos. Quien la niegue, se miente a sí mismo y convierte su propia existencia en mentira.
(Ya es lamentable la parte de esta existencia-mentira que a todo nacido nos alcanza por las Verdades que no nos es dado conocer.)
Le verdad, Luna, es que no sé cómo la cociencia, e incluso el equilibrio psíquico de algunos políticos (muchos, en realidad), no revientan a base de la esquizofrenia o desdoblamiento de personalidad que mantienen. Sostener una personalidad privada, con sus convicciones, sean cuales sean, y otra personalidad pública, con otros criterios, sean cuales sean, es una dicotomía, además de incoherente e intolerable, enloquecedora.
Todos sabemos que, en mayor o menor medida, somos incoherentes entre lo que pensamos y lo que hacemos, entre lo que quisiéramos hacer y lo que luego nos sale en realidad. No somos santitos. Sabemos que nos equivocamos, pero tambíén que la forma correcta de proceder en esos casos es reconocer los errores, pedir diculpas si hemos perjudicado a alguien y, sobre todo, levantarnos de la caída y poner todos los medios para rectificar y no volver a errar.
Pero hacer de la hipocresía, de la doble moral, de la mentira y el engaño, del disimulo, de la falsedad, del no reconocer jamás los errores, del huir siempre hacia delante, un hábito y una profesión, es algo terrible. Es una patología endémica de la clase política, de la que sólo se salvan unos pocos, precisamente aquellos que acaban siendo expulsados, marginados, traicionados y vituperados por sus propios copartidarios. ¿Tendremos alguna vez unos dirigentes políticos transparentes, humildes, sinceros y mínimamente coherentes?
Sí, José, cabe esta esperanza. Lo que me atrevo a vaticinar es que ocurrirá cuando nos hayamos logrado librar de los daños que ha causado el liberalismo, de donde salen las posturas relativistas de nuestros dias.
Será como la caida del comunismo o la gran crisis que han traido las subprime al sistema capitalista, cuando el daño sea tan grave y evidente que no se encuentra otra respuesta que la involución pendiente.
Nosotros no hemos de ser quienes la sufran, sino quienes la hagan.
Creo que el origen del relativismo actual no es el liberalismo (entendido como modelo socioeconómico, aunque ha causado terribles daños por su inmoral desmesura y descontrol, como bien estamos sufriendo ahora con la crisis mundial), sino el “libertarismo”, es decir, esa corriente libertaria del “prohibido prohibir” que desdeña todo patrón universal de conducta y centra todo en el positivismo moral, en que cada persona o cada grupo decide a su gusto lo que está bien y lo que está mal.
Esta corriente, que tiene orígenes muy antiguos, se refleja muy bien en el Libro del Génesis, que explica el problema fundamental del Hombre como un rechazo a la ley natural ordenada por el Creador y un ejercicio efectivo de autonomía moral. Es la tentación elemental de todo ser humano, que parte de la soberbia de pretender no depender de nadie para ordenar su conducta. Es el pecado original, el pecado “madre”: yo decido sobre todo, siguiendo los dictados de mi razón (o los de mis instintos y deseos).
Desde el racionalismo (Kant), el empirismo (Hume) y el nominalismo (Ockham), pasando más tarde por el “buenismo” (Rousseau), el iluminismo francés, el positivismo (Comte), el vitalismo (Nietzsche), entre otros filósofos y filosofías, esa pretensión de autonomía moral, del hombre como centro y medida de todas las cosas, se ha instaurado en la cultura occidental a través de la educación, los medios de comunicación y los modelos de imitación sociales.
De la autonomía moral al relativismo sólo hay un pasito. Si cada individuo o cada colectivo puede decidir los criterios morales que mejor le parezcan, éstos se multiplican como setas, existiendo tantos como personas, y todos con el mismo grado de “validez”. Al final, el resultado es que si hay tal variedad de verdades y pricipios morales a la misma altura, es que no hay ninguno. Sólo queda la ley. Y si ésta se construye con el modelo del positivismo jurídico, ya no queda nada universalmente válido.
Muy buena exposición, José, pero quiero puntualizar que hacía referencia al liberalismo político y sociológico, no al económico, aunque sí nos ha traído problemas de otra índole que desmbocan en este: La revolución industrial, que nos deshumaniza y a la cual no somos capaces de poner fin.
Todo esto no sería lo mismo sin ella y pocos entienden la problemática que entraña. (Por eso no comprenden las actuales guerras por mercado, en lugar de las habituales por materia prima del SXX.)
Pero el padre de la situación es el liberalismo político en lo popular, por su inevitable tendencia a cambiar la moral por posturas estratégicas o condicionadas y la subsiguiente indiferencia ante el fracaso de lo relativo al
hombre, sus inquietudes y anhelos, lo que mueve a la desconsideración y a en este estadío llega la alienación.
Con una formación mucho más elemental en la mayoría de los casos, el hombre ponía más voluntad y se entregaba a lo social en muy distinta manera, obteniendo el verdadero bienestar de no estar mal, cosa que ahora no sucede ni a quien mejor viva. Sin andar con sutilezas, no había forma de engañarlos de una manera tan burda y poco elaborada como nos hace ahora Zapatero.
Esto sucedía cuando se lamaba al pan, pan y al vino, vino.
Si, ahora entiendo mejor lo que quieres decir, Luna. Gracias.
José: Entre mi último mensaje y el tuyo, ha salido a relucir la nómina de constructores de la deformación moral de la actualidad.
Si se te ocurren más, pónmelos, que me vendrá bien coleccionarlos a todos para un libro que estoy escribiendo, sobre las “ideologías destructivas”.
Gracias.
OK, Luna. La demolición de valores ha sido un largo proceso, en el que han intervenido personajes, escuelas, corrientes de pensamiento, movimientos sociales, regímenes políticos, etc. Ya te escribo algo a tu correo particular, de lo que yo sepa, claro. Pero es un enorme trabajo el que has acometido, si quieres ser exahustiva. ¡Ánimo y que te salga muy bien! Y cuando publiques el libro, me lo dices, pues lo leeré con sumo gusto.
Gracias, José, aunque ya te advierto que soy muy lento en estas cosas. Pero todo llegará.