Sobre la autoridad en la educación

 

 

 

En el reglamento de lo “educativamente correcto” implantado por la “progrecracia” dominante, la palabra autoridad está proscrita. Tomando como punto de partida esta aguda viñeta que circula por Internet, me adentraré una vez más por un sendero plagado de espinos, navegando a contracorriente. Porque en este post voy a defender la necesidad de la autoridad en la educación. Todo el mundo sabe que algo marcha mal en nuestro sistema educativo, aunque no todos lo reconozcan, por ignorancia o por determinados intereses políticos e ideológicos. La realidad objetiva es que las últimas generaciones de “estudiantes” -si se les puede llamar así- no sólo son trágicamente incultas y con altos índices de abandono académico, sino también carentes de una disciplina básica.

 

Hay numerosas y afortunadas excepciones, pero parecen ser sólo una minoría que confirma la regla. ¿Quién no ha oído hablar del informe Pisa, que nos sitúa a la cola de Europa en materia de educación? ¿Quién no ha pensado que algo falla al comprobar la deprimente cultura general de tantos adolescentes y jóvenes? ¿Quién no se ha alarmado por el aumento de las conductas inadaptadas y antisociales en escuelas e institutos? ¿Quién no ha sufrido o ha visto y escuchado cómo se ha incrementado la violencia y extorsión entre compañeros y las agresiones de niños y adolescentes a padres y maestros, o incluso de padres hacia los profesores? Algo grave pasa, sin duda, y una de las causas (¿o efectos?), es una falta cuantitativa y, sobre todo, cualitativa, de autoridad.     

 

Desde el esquema pre-constitucional, como lo llama D. Emilio Calatayud, el famoso y simpático Juez de Menores de Granada, hasta el modelo actual, ambos tan bien caricaturizados en la viñeta, ha habido un cambio pendular, de extremo a extremo, casi sin solución de continuidad y apenas sin términos medios. Desde el autoritarismo excesivo de la escuela tradicional, hemos puenteado en muy pocos años toda la escala de tonos intermedios y hemos llegado a la situación de laissez faire (dejar hacer) soñada por los charlatanes de la nueva pedagogía, aquellos ilustres personajes de inicios del siglo XX incardinados en ese “totum revolutum” de ideas y experiencias que se dio en llamar Educación Nueva.

 

No tomaré partido en la “guerra” que se ha establecido entre padres y profesores, en la que unos se arrojan a otros las culpas de lo que ocurre, porque es una pescadilla que se muerde la cola, en la que es muy difícil determinar “quien empezó primero”, como si de una pelea infantil se tratase. Creo más bien que se trata de una crisis social generalizada que afecta a todos. Sea como fuere, el caso es que, en infinidad de hogares y de escuelas, quien realmente detenta la autoridad como un pequeño dictador es el niño, habiendo aparecido en escena ese nuevo fenómeno psicosocial que el Dr. Vicente Garrido, experto Psicólogo en temas de violencia, denomina con gráfico acierto el Síndrome del Emperador (1).

 

Es una necesidad urgente recuperar la autoridad de los maestros y de los padres. Digo autoridad, no autoritarismo, porque no se trata de volver sin más a modelos abusivos del pasado. Tampoco consiste, exactamente, en buscar el término medio entre los extremos de lo que fue y lo que es. Se trata de introducir en la educación un cambio de la calidad de la autoridad, no de sólo de la cantidad. “Autoridad” viene del latín auctoritas, palabra que procede del Derecho Romano y que hace referencia a la autoridad moral que otorga la gente, de forma espontánea, a quien demuestra poseer determinadas virtudes y/o saberes, en oposición a la potestas, que es el poder formal u oficial que conlleva un estatus o cargo.

 

Los educadores poseen -o poseían- la potestas que les otorga su estatus profesional, pero sólo tienen la auctoritas que sus educandos les conceden. Aunque es necesaria la reconquista de una potestas adecuada y equilibrada, es mucho más importante la auctoritas. Pero esta autoridad moral no viene “de serie”, al adquirir el estatus de educador, sino que hay que ganársela, hay que conseguir que el educando te la conceda. Y eso no se obtiene a base de palos y malas formas, ni se gana a base de concesiones de caprichos. No se conquista por la fuerza de la obligación, ni tampoco por el estúpido colegueo. Sólo se suscita en el educando por la admiración, que engendra respeto y mueve hacia la emulación.

 

¿Qué educador consigue ese tipo de autoridad?: aquel cuya maestría es notoria en su ciencia, que ama a sus alumnos, a la educación y a la materia que enseña, que es modelo de persona coherente y cuando se equivoca sabe reconocerlo y disculparse, que busca la verdad sin rehuir ninguna dimensión de la realidad, que porta una concepción del mundo y de la vida que da respuesta a las exigencias humanas básicas que nos constituyen, que ejerce sus responsabilidades sin el fariseísmo de creerse mejor que nadie, que no se tiene a sí mismo en tanta importancia como para estar siempre serio, que se acerca al educando y a sus problemas con empatía, que sabe ponerse en su sitio sin avasallar, que hace que sus pupilos se sientan seguros, comprendidos y ayudados.

 

La valía de un profesor no se mide por el número de títulos y diplomas que constan en su curriculum vitae, sino por su competencia real para generar aprendizajes en sus alumnos. Quien carece de auctoritas no puede hacerlo. Y quien no lo hace, carece de auctoritas. Así de unidas están ambas competencias. Sólo un verdadero maestro, en el sentido más gremial y taurino de la palabra, consigue que sus alumnos se comporten y aprendan. Acabo con un poco más de etimología. “Maestro” viene del latín magister, que a su vez proviene de dos raíces: “más” y “tres” (2). El auténtico maestro es “tres veces más”: Sabe su ciencia, sabe enseñarla y sabe, sobre todo, ser persona íntegra ante sus discípulos.

 

(1) Recomiendo la lectura de su libro “Los hijos tiranos”, publicado por Ariel.

 

(2) Después de la publicación de esta entrada y tras un estudio etimológico más profundo y detallado, es mi deber advertir que el origen de la palabra “maestro” (“magister”) probablemente no sea el que aquí he citado. Para más detalles, pueden leer el post que he escrito con posterioridad, donde el tema queda más claro: De magistri et ministri

   

23 Respuestas a “Sobre la autoridad en la educación”


  1. 1 María

    Se puede decir que estoy de acuerdo con el espíritu del artículo, pero no con el último párrafo. Me temo que ser buen maestro hoy en día significa tener el camino preparado hacia el psicólogo. Conozco alguno que se ha dado de baja por depresión y ha acabado trabajando en otro sector. De nada sirve ser capaz de transmitir conocimientos si nadie está escuchando. La autoridad tienen que ser impuesta desde las instituciones, la dirección del centro y el propio ministerio, o los tribunales de justicia si es necesario. De otro modo, el maestro se encuentra imposibilitado de ejercer su labor. Un saludo.

  2. 2 José Sáez

    Entiendo perfectamente lo que quieres decir, María. Mi profesiòn es la educación y sé muy bien lo que sufren los profesores y educadores. ¡No te digo en un centro de acogida de menores como en el que yo trabajo! Pero esa autoridad de la que tu hablas, que también es preciso recuperar de una forma adecuada y equilibrada, como ya he dicho en el post, es sólo un aspecto: la “potestas”. Es necesaria, sin duda, pero ni mucho menos suficiente. El maestro debe saber ganarse el otro tipo de autoridad, la “auctoritas”, si no quiere ser un simple gendarme y quiere que sus alumnos en verdad le respeten y aprendan. Hablo por ciencia y por experiencia.

    Una vez más, gracias por tu comentario.

  3. 3 Democrata(Rael)

    http://www.youtube.com/watch?v=M_bvT-DGcWw <—Another Brin in the wall de THE WALL la peli

    mire el video le va a gustar representa la escuela tradicional catolica… y hemos pasado a todo lo contrario en 30 años… ni tanto ni tan poco hay un punto medio….

    ni quitar la regla por nada ni dejar que que los chavales dominen

    Un Saludo

  4. 4 democrata(Rael)

    por lo demas lo comparto todo el post

  5. 5 ioannes

    Conocí muy de cerca un centro más o menos educativo (al menos en la intención de su fundador y director, de poco carácter), en el que existían algunas normas de funcionamiento en clase y “disciplina”, que podía considerarse que eran en principio suficientes. Pero casi todo el profesorado se reía de ellas. Su actitud era la de “dejar hacer” y gritar más alto que los alumnos… He visto, por parte de no pocos profesores, cosas horripilantes en centros, en cuanto a deslealtad con las normas establecidas en los mismos y los idearios, lo cual daba lugar a continuas situaciones de estafa a los padres a los que se había vendido algo que brillaba por su ausencia ¡La “mesa” no sólo “cojea” de las 3 “patas” ‘ministerio’, ‘padres’, ‘alumnos’! (Claro que ibas a una reunión del Colegio de Doctores y Licenciados y allí los dirigentes, “ecuánimemente”, venga de echar pestes de “la privada” …¡y los profesores de ella calladitos!).

  6. 6 José Sáez

    Demócrata(Rael):

    ¡Pero, chico! ¿Cómo se te ocurre pensar que yo no conocía ese video de Pink Floyd? ¡Si es uno de mis grupos y clips preferidos! ¿No te acuerdas ya de nuestras conversaciones blogueras sobre nuestros respectivos gustos musicales? Seguro que sí.

    Pero no es un video sobre la “escuela católica”, sino sobre la educación autoritaria en general, filmado en un ambiente de tipo inglés victoriano, anglicano o protestante más que católico. En el video no se ven curas, ni monjas, ni crucifijos.

    Con ello no quiero decir que en algunas (o bastantes) de las antiguas escuelas católicas, no hubiese un autoritarismo de grueso calibre (que me lo digan a mí, que “cobré” de lo lindo más de una vez durante mi infancia y adolescencia en una de ellas).

    Pero también es cierto que algunos de los más grandes renovadores de la pedagogía fueron católicos: San Juan Bosco, San José de Calasanz, el Padre Manjón… Todos ellos rechazaban de plano la violencia docente y propugnaron una educación basada en el amor.

    Para mí este video de Pink Floyd significa la imposición ideológica a la infancia y la utilización de la escuela como medio de adoctrinamiento y fabricación de ciudadanos según un estándar estatal, sea la FEN de Franco o la EpC de Zapatero.

    Por lo demás, me alegra de que estés de acuerdo con que “ni tanto, ni tan calvo”, es decir, que ni aquellos esquemas antiguos eran de recibo, ni tampoco el desbarajuste actual. Hay que recuperar una autoridad y una disciplina razonables y correctas.

  7. 7 ioannes

    Me doy cuenta de que la “mesa” tiene ¡cinco “patas”!:1 ‘Ministerio, consejería’ -2 ‘dirección’ -3 ‘padres’ -4 ‘profesores’ – y -5 ‘alumnos’. Tantas “patas” ¡y lo mal que se sostiene, tantas veces! ¡Aunque, si nos fijamos, una “mesa” así es un problema!

  8. 8 José Sáez

    Querido Ioannes:

    ¡Cuántos desgraciados ejemplos conocemos del estilo que tú nos cuentas! ¡Cuántas escuelas fundadas modélicamente han perdido casi todo lo que fueron! ¡Cuántos magníficos idearios tirados por tierra por los mismos que deberían llevarlos a cabo! Es una pena.

    Por cierto, puestos a añadirle patas a la escuela, te diré (igual ya lo sabes) que los más avanzados modelos sobre lo que es la “comunidad educativa”, incluyen las tres “patas” más conocidas (padres, alumnos y profesores), más el personal no docente, el entorno social circundante y los medios de comunicación. Si no me equivoco al contar, ¡ya son seis “patas”!

  9. 9 Democrata(Rael)

    Si ya daba por sentado que la conocias….

    Para que añadir mas cuando habla el gran Sabio Don Juan complementado por el Gran y no menos importante Don Jose

    El titulo de la cancion es: Another brick in the wall, por el gran Richard Wright que hace poco nos dejo. Aparte de MJ

    Un Saludo Sabios

  10. 10 Democrata(Rael)

    hace 30 años del video y del disco, y la parte del video que imagina el chaval esta sucediendo como bien dijo Maria en el 1º comentario(Me temo que ser buen maestro hoy en día significa tener el camino preparado hacia el psicólogo. Conozco alguno que se ha dado de baja por depresión y ha acabado trabajando en otro sector.) los chicos se comen a los profesores, y los resultados educativos tambien se estan viendo…. como bien puso en el post.

    a ver si espabilan nuestros politicos que parece que nos enteramos todos menos ellos (de todo el arco parlamentario por descontado)

  11. 11 José Sáez

    Jejeje, Demócrata(Rael), yo sabía que tu sabías que yo lo sabía… (Esto parece una letra de Sabina: “yo queria quererla querer…”). Desde luego, aunque casi nunca estamos de acuerdo en nada, no puedo negar que me agrada conversar contigo. ¡Con que “el gran sabio D, Juan y el Gran y no menos importante D. José”! ¡Serás gamberro!, jejeje.

    Ahora en serio, D. Juan sí que es un verdadero sabio y un gran maestro. El que es un mero aficionadillo del tres al cuarto soy yo. Pero tendrías que conocer a D. Juan. Sólo de la alegría interior, la paz y la agudeza que brilla en su mirada te dejaría asombrado. Es una magnífica persona y un gran filósofo de los de verdad, de los que han aprendido a vivir.

    Por cierto, lo que dices de la parte del video que imagina el chaval (destrozo total) es cierto. ¡Ya lo creo que pasa! En el centro donde trabajo cada dos por tres los educadores están de baja por depresión. ¿Sabías que el colectivo profesional con más depresiones es el de la enseñanza, por encima de otras profesiones de muchísimo más riesgo y estrés aparente?

    Me viene una reflexión, a raíz de esa escena. Creo que la violencia en las aulas puede producirse tanto por defecto como por exceso de disciplina autoritaria. Un exceso hace que los alumnos se estén quietos y buenecitos… aparentemente, porque cuando se sueltan el lazo, la arman bien armada. Como les pasa a los ingleses, tan disciplinados, siempre haciendo colas ordenadas, sin tirar papeles al suelo, siempre tan educados… en su país. Porque cuando vienen aquí a ver un partido de fútbol y se sueltan la coleta…

    Un defecto de autoridad también produce indisciplina, sin duda.

    Bueno, majete, es un placer estar de acuerdo contigo en algo…

  12. 12 Luna

    No se ha perdido la autoridad, sino el concepto de ella. No puede perderla un maestro,por razón de la actividad que ejerce. Autor es quien ejecuta un auto. Autoridad es el modo en que lo ejerce, en que le da forma . Aquí yace su derecho a la rección del mismo, a definir cómo debe ser formulado y cómo debe entenderse y seguirse.
    Naturalmente, este dinamismo es necesario para la ejecución, para que no sea fallida. El mismo ejercicio lo demanda y es cuando no se observa la responsabilidad al respecto, cuando no se contempla esta necesidad, que deja de funcionar el profesorado, sencillamente, porque no se ha atendido a algo necesario.
    No creo que a los alumnos se les haya explicado de esta manera el asunto, -ni falta que hace- pero ellos lo perciben y les llega esta carencia, que suplen no siempre como “buenamente” pueden, con lo que se les ocurra, al no tener orientación al respecto.

  13. 13 José Sáez

    Luna:

    Permíteme que te corrija un poco. Como bien dices, “autor” es el que ejecuta un auto, es decir, un hecho. Pero autoridad no es el modo en que se ejerce, sino la cualidad de poseerla.

    También te doy la razón en que se ha perdido el concepto de autoridad, más que la autoridad en sí misma. Por eso he tratado de redefinir el concepto original de la misma: “auctoritas” (no “potestas”).

    Pero, aunque parte de culpa tienen, me resisto a cargar todo el peso de la crisis de autoridad actual en una falta de responsabilidad de los maestros. La mayoría hacen todo lo que pueden y mucho más.

    Tampoco la familia, que es igualmente corresponsable de la crisis, es totalmente culpable. Es el proyecto de ingeniería social estúpido y “buenista”, dirigido desde el poder, quien lo ha deshecho todo.

    En lo que sí somos responsables padres y profesores es en habernos dejado llevar como peleles por la ola de la modernidad y, sobre todo, en el urgente trabajo por restaurar una autoridad de calidad en la educación.

  14. 14 ioannes

    El sistema de valores se encontraba débil dentro de muchas personas. Ëstas y muchas de las expresamente “encargadas” de mantener vivo ese sistema (en sí y) “en las almas” …fallaron: no supieron / pudieron / quisieron estar a la altura de las circunstancias; aparte de que no pocas otras vinieron a destruirlo (el sistema de valores válido). Con lo que la educación (en el doble sentido: sacar de dentro del educando [cuya naturaleza humana era desconocida] y conducirlo [¿hacia dónde?] se hizo prácticamente inviable. Y la autoridad, un absurdo: ¡como el trabajo de unos bomberos que fuesen a apagar un incencio y por las mangueras de cuyo camión no saliera agua sino gasolina! Sobre la base de una idea errónea del hombre y su “destino” no hay autoridad verdadera alguna que “funcione” -si acaso, amaestramiento; me parece: pudiera estar equivocado…

  15. 15 Luna

    José:
    Entiendo que la cualidad de poseer autoridad deriva del modo en que se ejerce un auto, que una inconsecuencia con la misma, puede hacerla perder y entiendo que esto es lo que pasa en el profesorado (Y alumnado) de la actualidad.
    Por poner un ejemplo, autoridad podía mostrar Herbert von Karajan dirigiendo a Beethoven, lo que hacía a veces de memoria, sin seguir partituras (Aunque resulte sorprendente, sobre todo, por el resultado.) Ponme a mí a dirigir a la Filarmónica de Viena y verás lo que es falta de autoridad, e instrumentos rotos, ensalada en el escenario… No hablo de solvencia técnica, sino de infundir a la obra la forma y cualidades precisas que requiere, dar al equipo que opere en ella el espíritu y la utilidad (para ellos y de ellos), cumplir objetivos y fines, dotarlo todo del estilo requerido y el ambiente propicio…
    No basta con decir a un hombre “Tú serás el director”. Músicos ha habido mucho, pero que lo hagan como Von Karajan, ninguno.

  16. 16 José Sáez

    Ioannes:

    En mi opinión no estás equivocado. Cuando el educador, o la sociedad que educa, carece de una concepción sólida, coherente y válida del mundo, de la vida y del sentido de la existencia humana, no hay autoridad que valga, pues ningún educando respeta a quien sólo le presenta modelos inconsistentes, mediocres, cobardes, incompletos y descomprometidos con la realidad global.

    Luna:

    Creo que ahora entiendo mejor lo que quieres decir. Al final estamos de acuerdo en el fondo, aunque hemnos utilizado distintas palabras y ángulos de vista. La autoridad que tú atribuyes a Karajan es exactamente la “auctoritas” de la que yo he hablado.

  17. 17 Ketty

    De acuerdo con todo lo que nos dices José. Pero no veo vuelta atrás, ¿cómo solucionarlo? Seguramente haya muchos maestros con buenas intenciones, con ganas de cambiar el camino que ha tomado la educación, pero me temo que no se les deja y al final acaban por deisitir o jubilarse. Y lo digo porque conozco a muchos maestros que me han contado como han tirado la toalla. Al final ya ves a dónde hemos llegado algunos padres,(homeschooling) no sé si por cobaría por no poder cambiar el sistema o simplemente por no poder costearnos colegios que creemos puedes ser mejores que otros.
    Un saludo

  18. 18 raskolhnikov

    Hola señor Saéz!! acabo de encontrar este blog y en especial esta entrada a la que me gustaría dedicarle una critíca ya que tengo mis diferencias.

    Soy anarquista/libertario por lo que le ruego que entienda mis critícas desde mi particular cosmovisión ideológica.

    Me muestro de acuerdo con la enumeración que usted hace de las catastrofes a los que nos ha llevado el actual sistema educativo pero no concuerdo con la particular correlación que usted hace de “pérdida de autorida= decadencia del sistema educativo”.
    Mi padre y mis tíos no han superado apenas la escuela y vivieron con el sistema educativo de la dictadura, usted me podrá decir que ese es un caso único o particular pero muestra bien como la autoridad no va necesariamente unida a la buena educación.

    Quizás la causa de la decadencia educativa haya que buscarlas en el propio sistema de educación:

    Un edificio lleno de funcionarios (muchos sin motivación) donde a unos niños aburridos (porque no quieren estar ahí) se les imparte contenidos prefabricados y se les trata no como individuos con un potencial inmenso por conocer su entorno como son los críos sino como estúpidos e idiotas que se deben aprender los parráfos de memoria.

    Es más yo pienso que la función del maestro es en muchos casos prescindible, creo que lo ideal sería que abandonasemos esta brutal especialización del trabajo que obliga a niños de 5 años a quedarse solos en su casa (porque sus dos padres trabajan) ¿Qué valores y enseñanzas va a poder transmitir esos padres? Ante la ausencia de padres esos niños son educados por la televisión,sí, esa es la verdadera educadora. Y los valores que transmite esta no son los mejores precisamente, culto a la rapidez, al consumo y al hedonismo parásito y burgués.

    El problema de la disciplina no es debida a la falta de autoridad sino al abuso de ella, me explico buen hombre. ¿Cual es el principal rasgo de esos jovenes “antisociales”? Agresividad y autoridad, sí, mandan y mucho, a sus padres, a sus compañeros de clase, a los profesores… desde la telvisión le han enseñado que todo lo que desean lo pueden conseguir YA.

    Esto los lleva a la frustración al ver que no siempre pueden conseguir lo que quieren. Dudo mucho de que la autoridad a la inversa (Padres sobre hijos) mejorase la situación.

    ¿Por qué no apostar por relaciones de reciprocidad como son naturales entre semejantes, familia,amigos…?

    Amistad,amor,verdad,desinterés,libertad y humildad…

    ¿Donde están esos valores? Devorados por la sociedad industrial y hedonista que nos trata como objetos de los que hay extraer rentabilidad.

    Espero no haber resultado muy espeso y pesado.

    Saludos

  19. 19 José Sáez

    Ketty:

    Es un honor que entres a comentar en mi blog. Vuestra opción de homeschooling tiene de todo menos de cobarde. A mí, al menos, me merece un enorme respeto y admiración. Si las cosas siguen así, todos los que queremos una educación en libertad (y de calidad) para nuestros hijos tendremos que pensar seriamente en esa opción, aunque nos pondrán tantos escollos y pegas como a vosotros. Lo que pasa es que no todos los padres están preparados para afrontar con éxito una tarea tan difícil, si no son maestros o algo semejante.

    En tu comentario has dado con el quid de la cuestión. ¿Cómo restaurar los pilares básicos de la educación, uno de los cuales es la autoridad moral del profesor, en medio de la catástrofe pedagógica que nos rodea? Miles de especialistas de toda Europa están investigando cómo revertir este proceso de deterioro, pero se las ven y se las desean, porque se ha convertido en un problema que supera a la escuela y a la familia, una crisis social generalizada que sigue siendo alimentada por nuestros dirigentes, con sus leyes y decretos y con su control de los medios de comunicación.

    Sé perfectamente que la inmensa mayoría de los maestros y profesores están haciendo auténticos e incluso heróicos esfuerzos para llevar adelante sus clases, mantener una mínima disciplina y conseguir que sus alumnos aprendan. También muchísimos padres hacen todo lo que pueden. Pero ni unos ni otros han recibido la preparación necesaria para resistir la tremenda ola que arrasa la educación. Y aún con la formación adecuada tampoco sería fácil superarla, porque lo que logran construir lo derriba de un plumazo cualquier serie televisiva “para jóvenes”, de las que las parrilas de programación están repletas y con gran audiencia cautiva (o cautivada).

    La solución pasa por un cambio cultural que exigiría una absoluta responsabilidad por parte de los gobiernos. Pero ellos tienen otros intereses y prefieren cazar votos fabricando derechos que dan la ilusión de libertad que todo joven anhela, aunque en realidad los hace cada vez más esclavos y dependientes. Por eso, espero poco o nada de los políticos al respecto. Sólo la iniciativa social puede conseguir, poco a poco, con constancia y esfuerzo, hacer conscientes a la gente de lo que está sucediendo y movilizar un cambio social que parta, como siempre, desde abajo. En ello estamos.

  20. 20 José Sáez

    Raskolhnikov:

    Cualquier persona que exponga sus puntos de vista con respeto y argumentos, como usted, será siempre bienvenida a mi blog, por mucho que difieran nuestras respectivas formas de ver y analizar las cosas. Así que, considérese usted en su casa.

    Leyendo su comentario me he quedado agradablemente sorprendido de ver en cuántas cosas estoy de acuerdo con usted. Y eso que yo no tengo nada de anarquista (bueno, nada, nada, no sé…). Si ha leído detenidamente mi post, se habrá dado cuenta de que no hablo de volver a aquellos esquemas autoritarios del pasado, que muchos hemos sufrido, sino de otra cosa muy distinta.

    Dice usted algunas cosas que suscribo totalmente, como su análisis de esa autoridad que ahora parece ser de dominio exclusivo del alumno, o su defensa de que el tren de vida de los padres actuales, que apenas están en casa, es una de las causas del deterioro educativo. También echo de menos los valores que usted enumera.

    No creo que los maestros sean prescindibles, pero cierto es que los padres han delegado demasiado en ellos, haciendo dejación de muchas de sus responsabilidades. La escuela tiene un papel social, como continuidad y ampliación de lo que se aprende de forma natural en la familia, pero no puede sustituirla en modo alguno.

    En fin, querido amigo anarquista, yo también lamento que tantos buenos valores se hayan perdido en medio de una sociedad abocada al hedonismo y al consumismo como única forma de realización personal, formas de vivir que sólo conducen a ser “carne de cañón” en manos de los caprichos de las clases dominantes.

    Desde ángulos muy distintos, creo que defendemos lo mismo.

  21. 21 Luna

    Jose:
    No pretendo definir qué es autoridad (Tú ya lo hiciste y muy correctamente). Intento hacer ver de dónde viene y porqué tiene una carta de naturaleza, cuál es su esencia. O más bien, situarla ontológicamente en este asunto.
    Aprovecho para exponer que hay otra circunstancia que -sin ducda- se comparte con la falta de autoridad. Es la carencia de disciplina. No de obediencia o de acatamiento solamente, sino de todo el conjunto que se contiene en esta palabra, que podría, en caso de mantenerse, suplir a la falta de autoridad del profesor. Recuerdo haber vivido este hecho en el colegio, gracias a un compañero de clase que era muy considerado y respetuoso. Pero creo que hoy sería imposible.

  22. 22 José Sáez

    Luna:

    Aunque no lo pretendas, tú puedes explicarnos en este blog, con total libertad, tu concepto de “autoridad”. Yo lo he definido tal y como lo entiendo y como deseo entenderlo, nada más. No me considero con suficiente “autoridad” como para sentar cátedra.

    Y es muy interesante que saques el tema de la disciplina, otro concepto “tabú” para el progretariado, pero absolutamente esencial en educación. No equivale a autoridad, aunque tiene mucha relación. Algún día escribiré un post sobre mis ideas al respecto.

  23. 23 José Sáez

    Añado este comentario tardío, el 16 de septiembre, porque me acabo de enterar de que la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha propuesto otorgar a los maestros el rango de “autoridad pública”, como los funcionarios. Como era de esperar, la CEAPA ha opinado en contra y la CONCAPA a favor.

    Se trata del mismo debate que traté de explicar en este post. Dña. Esperanza trata de re-implantar la “potestas”, otorgando un mayor estatus formal a la figura de los profesores. Me parece bien, es algo necesario dentro de unos límites razonables. Pero no es suficiente en modo alguno. Vuelvo a insistir en que es preciso recuperar la “auctoritas” y no sólo la “potestas”.

    Como he explicado en el post, la “auctoritas” no se consigue por decreto, ya que no se deriva necesariamente de la “potestas” que conlleva un determinado cargo o puesto de trabajo, sino que se conquista y suscita en los alumnos a base del buen hacer continuado de los maestros, que a su vez se deriva de su “buen ser”, de su calidad como modelo de persona ante el alumno.

    No obstante, reitero que los profesores no pueden hacer esto solos, sino que es preciso que toda la sociedad comience a cambiar, desde los padres, hasta los medios de comunicación y las distintas autoridades, pasando, desde luego, también por los maestros. Sin olvidar la responsabilidad de los propios alumnos.

  1. 1 Sobre el anteproyecto de ley de autoridad pública del profesorado en la Comunidad Valenciana | Blog de José Sáez
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