(Publicado en dos partes, el 24-11 y el 01-12 de 2011 en la Web de la UCV)
“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1, 1.3)
El origen de todo es siempre una Palabra: “Dijo Dios… Y se hizo”. Por el contrario, Dios prohíbe las imágenes en el Decálogo. “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra” (Ex 20, 4). Dios mismo se empeña en que la mejor forma de conocerle es la Palabra y parece recelar de las representaciones plásticas e icónicas. No sólo prohíbe imágenes de las cosas del cielo, sino también de las de la tierra. Ha decidido revelarse al Hombre, no por la vista, sino a través de la Palabra.
Tras crear al hombre, Dios le hace pasar por delante los seres vivos que ha creado, para “ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviera el nombre que el hombre le diera” (Gn 2, 19). El creador “traspasa” al hombre su Palabra creadora de significados. Para entender esto, volvamos al Génesis. El “caos y confusión y oscuridad” (Gn 1, 2) que era la tierra se convierte en “cosmos” (orden) cuando Dios pronuncia una Palabra: “Haya luz” (Gn 1, 3). La creación se “organiza” con palabras. Dios crea “cosmos” con su Palabra y el Hombre participa en esa ordenación con la palabra.
“La fe viene por la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rm 10, 8). Esta relación con Dios a través de la Palabra es lo cotidiano: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón” (Sal 95). Pero sólo en esta vida, “mientras dura este hoy”, dirá también San Pablo, porque en la venidera, en la vida definitiva y eterna, pasaremos de la palabra a la visión, a la contemplación directa de Dios. La palabra es para el hombre terrenal, la visión para el hombre celeste. El hombre fue creado “a imagen y semejanza” de Dios. Dios es también “Imagen”. Un día le “veremos” tal cual es.
La palabra, el lenguaje, no es un “añadido” a nuestra personalidad, sino que forma parte de ella, pues la ha conformado. Pensamos con palabras. El lenguaje genera estructuras cerebrales, redes neuronales. “Somos” en un lenguaje determinado. La palabra que puso orden (cosmos) en el caos inicial, es la que pone orden igualmente en nuestro universo interior. Un niño sin palabra no logra constituir su ser personal. Recuerden el famoso caso de Helen Keller y el milagro de Anne Sullivan. La llegada del lenguaje hizo la luz en la mente animalizada de aquella pobre niña sordomuda y ciega.
De ahí la enorme importancia de la palabra que, sin embargo, tiene cada vez menos prestigio y valor en nuestra cultura. “El video mató a la estrella de la radio”, decía una canción de los 80. La imagen ha ganado la batalla. Nos hemos hecho icónicos. Hasta la palabra escrita está en crisis. Todo se ha hecho digital, virtual. Estamos en el mundo de las pantallas, que vomitan imágenes sin cesar por todas partes, incluso en lo más íntimo de los hogares familiares: televisión, ordenadores, videoconsolas, móviles de última generación… Se añaden sonidos, pero la reina es sin duda la imagen.
Dicen que “una imagen vale más que mil palabras”. La experiencia me dice lo contrario: “una palabra vale más que mil imágenes”. Sólo la palabra edifica a la persona. Lo que pone orden y estructura en el caos de nuestra mente no son las imágenes, que anidan desordenadamente en la memoria visual, sino la palabra, el lenguaje articulado, que lleva consigo un orden y una estructura lógica. También en educación la palabra está desterrada. Las “nuevas pedagogías” la desprecian. La “clase magistral”, basada en la palabra del profesor, está mal vista, suena a algo retrógrado, pasado, ineficaz.
No es que yo sea enemigo de las nuevas tecnologías, todo lo contrario, me apasionan. Pero rechazo que dichas tecnologías pretendan sustituir definitivamente a la palabra directa “de tú a tú” entre la persona del educador y la del educando. La desverbalización de la educación es para mí una deshumanización de la misma que ha traído y traerá aún más graves consecuencias. Puede haber “instrucción” no presencial (“on-line” se dice ahora), pero no “educación” integral de la persona sin que se establezca una comunicación verbal fluida y cara a cara entre maestro y discípulo.
Hoy preocupa mucho la proliferación de los problemas de atención, de concentración y de razonamiento en los alumnos. El TDAH está de moda. Nadie parece capaz de hallar una etiología y tratamiento definitivos. Estoy convencido de que, entre otras, una de las causas es que los niños pasan excesivo tiempo, incluso en la escuela, delante de pantallas, encharcados de imágenes y privados de la palabra oral y escrita, que construyen y ordenan la estructura mental. Trabajamos con mentes desestructuradas, sin apenas lenguaje. ¿Cómo van a atender, concentrarse o razonar?
Decía Santa Teresa de Jesús que “la imaginación es la loca de la casa”. Imaginación viene de imagen. Las imágenes copan la mente y campan a sus anchas por ella, desviando la atención y dificultando la concentración. Desde hace unos años se habla de “infoxicación”, esa inundación paralizante que nos produce el torrente imparable de información que alcanza a diario nuestra mente. No creo que se trate de contenidos culturales principalmente. Lo que anega nuestro cerebro hasta un límite inaguantable son las imágenes ¿No será esto lo que les sucede a nuestros alumnos?
Además, el razonamiento, el pensamiento ordenado, no se realiza con imágenes, sino con palabras, con conceptos, estableciendo relaciones lógicas entre ellos. No pensamos con imágenes, aunque haya quién asegure que sí. Con imágenes sólo visualizamos, imaginamos o soñamos, pero no pensamos, ni reflexionamos, ni deducimos, ni inferimos, ni demostramos, ni ninguna otra operación de la razón. Pensamos con palabras. Los profesores nos quejamos de que a los niños, adolescentes y jóvenes les cuesta cada vez más “pensar”. ¿No tendrá este problema la misma causa?
No olvidemos, por último, que toda educación que merezca tal título debe ser un acto de amor. El afecto llega al niño por la palabra de la madre. Tal es la importancia del lenguaje que se sabe que niños criados con todos los cuidados, pero sin que se les dirija la palabra, acaban enfermando y muriendo. Bajo el gobierno del Káiser Guillermo I, se hizo en Alemania un brutal experimento en un orfanato de guerra que confirmó trágicamente esta tesis. La palabra y sólo la palabra nos permite establecer ese imprescindible vínculo entre educador y educando, un vínculo de amor.





La primera percepción del mundo exterior que tenemos se da a través de la audición. Pronto, aprendemos a reconocer la voz materna y la de otros familiares. Este fenómeno puede explicar el desarrollo cerebral para la cogitación del entorno. El nacimiento es mucho más impactante para los nasciturus sordos, cuya percepción del exterior se ha limitado al tacto (movimiento de la madre) y visión de cierta luz, pues el vientre materno tiene traslucidez. Aquí vemos la importancia de la palabra, tanto en su defecto como en la primigeneidad de la audición sobre los otros sentidos.
Tocando un poco más de pies en el suelo, la experiencia demuestra que el uso de la palabra es fundamental, pero encuentro un error el desprecio de la imagen.
Puedo hablar de la “Vero-Nika” o Verdadera Imagen, de los Ikonos, de Visiones como la de San Pablo o de Scala Dei. Pero no me voy tan lejos: Dejo el crucifijo colgado en la pared del aula, junto al que cuelgo la bandera nacional.
Tiene la palabra un defecto y es su falta de universalidad. (Existen miles de idiomas)Frente a ella, la imagen se presta a una interpretación común por personas de todo el mundo. Desconozco la lengua polaca por completo, pero sé que no puedo girar a la izquierda si una señal de tráfico me lo prohíbe. Aunque esté en Polonia.
Pero cuando ví al Papa frente a la Custodia de Juan de Arfe, entre una multitud compuesta por cristianos de todo el mundo que adoraban de rodillas a la Eucaristía, comprendí la importancia de la imagen y del gesto.
El gesto es ejemplo y éste es también educación.
Estimado Luna:
No he despreciado a la imagen. Es más, soy un amante de la imagen, especialmente de la artística. Sólo he denunciado el peligro de que las imágenes, cuya naturaleza no articulada no crea orden cerebral, desplacen de manera definitiva a la palabra en la educación, sabiendo que el lenguaje articulado es precisamente lo que “crea” nuestro ordenamiento mental, nuestra estructura y función racional.
Por otra parte, no hay que confundir la imagen con los signos y símbolos, aunque estos lleven asociadas algunas imágenes. Los símbolos son muy importantes, no en sí mismos, sino porque ofrecen una referencia intuitiva a conceptos abstractos de difícil comprensión. Los signos son como “imágenes-palabra”. Nada me diría la bandera española si en mi mente no existiese el concepto de bandera y de patria, bien engarzados y estructurados.
El “defecto” de la no universalidad del lenguaje no es intrínseco al lenguaje, sino que se deriva de la estupidez humana que no ha sido capaz todavía de establecer una lengua común. Sin embargo, sí ha establecido algunas imágenes más o menos universales, como las señales de tráfico. El relato de la Torre de Babel trata de explicar que la soberbia humana la que está en el origen de la terrible maldición de la diversidad de lenguas.
Tampoco hay que confundir los gestos con el valor o no de la imagen. Un gesto puede servir de ejemplo educativo, claro que sí. Uno de los más potentes factores educativos es el ejemplo, la imitación de modelos. Pero el gesto es precisamente un tipo de imagen (o imágenes) que han sido dotadas de sentido, de significado, de secuencia, de orden, por la palabra. A ti no te diría nada ver al Papa frente a una custodia determinada, si no hubieses recibido antes la bendición de toda una educación cristiana basada en la Palabra de Dios. A un ateo le da igual.
En resumen. La imagen es importante, pero como auxilio de una palabra que la precede, la acompaña y la excede. Sin la palabra, sin el logos, sin la razón creadora de sentidos ordenados en medio del caos, la imagen es caótica y, por tanto, amenaza con dejar en el caos la mente infantil. Dando nombre a las cosas por mandato de Dios, el hombre ha ordenado junto con su creador el caos y lo ha convertido en cosmos, en algo inteligible.
Muy bien que dejes el crucifijo en el aula. Pero sin una palabra que explique a los alumnos qué es, no pasa de ser más que dos trozos de madera cruzados con una figurita colgando. Sin embargo, a los alumnos que previamente tienen una mínima palabra sobre la cruz, la presencia del signo les recuerda muchas cosas. Tantas más cuanto mayor sea su conocimiento de la Palabra de Dios. Los signos, o son servidores de una palabra, o son mudos.
Un abrazo, querido amigo.
Una muy buena réplica que comparto completamente, José. Vamos ahora con el defecto educativo que puede producir la imagen. Veo que tiende siempre a la espuria ideológica por cuanto son muchas las personas que las procesan y no coinciden en sus intenciones al hacerlo, como tampoco en sus planteamientos.
Vemos a diario muchas (demasiadas) de ellas con carácter publicitario. Se mueven siempre en una idealización o paradigma que conforma un entorno al producto que quieren promocionar y su suma, termina por convertirse en un sueño colectivo, casi en un convenio tácito sobre la felicidad y el modo de alcanzarla.Quien fuma esta marca tendrá un velero, quien se ponga este desodorante tendrá tantas mujeres a su alcance como desee… ¿Para qué el esfuerzo, para qué las ideas?¿Qué sentido tiene entregarse al bien o servir al prójimo, si el modo de vivir mejor que se quiere es andar comprando lo que nos ordenen?.
De aquí se deriva un doble problema, tenemos al consumismo materialista y al hedonismo por un lado y la idealización artificial impuesta por el otro. Pero es que los dos atacan al trasfondo humano de nuestra identidad, ya que un hombre no puede ser una simple máquina de comprar, por lo que nos encontramos en la encrucijada de dejar de ser hombres y ser felices o dejar de comprar y ser infelices.
Seguiré desgranando el tema en comentarios porteriores, para que no quede mi típico mazacote.
Por supuesto, un abrazo. Felicidades anticipadas, por si no puedo entrar el día de San José en tu blog. Bueno, triples, por ser también padre y por ser el Patrón de Valencia.
En efecto, Luna, las imágenes son más susceptibles de ser usadas para la manipulación que las palabras. La gente dice “si no lo veo no lo creo” y lo hace: cuando “ve”, cree. La palabra deja más libre para reflexionar. Hay expertos en manipular el lenguaje, pero es fácil manipular con imágenes.
La imagen no pasa apenas el filtro racional, sino que pasa directamente al subconsciente. Hoy en día la gente cree poco en la palabra. Se la lleva el viento. Sin embargo, una imagen tiene “garantía de veracidad”, aunque es tan manipulable o más que la palabra. De ahí el éxito de las “pantallas”.
Los publicistas saben muy bien todo esto y utilizan preferentemente la imagen, ligándola a determinados comportamientos (comprar, votar) mediante el reflejo condicionado (condicionamiento clásico de Pavlov). A esto añaden un eslogan, una palabrita: “¿Te gusta conducir?”. Éxito garantizado.
Gracias por tu participación y tu felicitación.