
Pablo Dominguez el dia 14 de julio de 2.001
Cuando transcurridos ya 9 años, la providencia quiso que conociera al sacerdote Pablo Dominguez con motivo de la primera comunión de mis sobrinos, pude comprobar en primera persona de nuevo que existen santos en la vida, cuya sola presencia te impacta y te marca para siempre; mi primera impresión fue pensar ¡que hombre más bueno!; pero ahí no quedó la cosa, lo siguiente que ocurrió fue que me leyó el corazón.
¡Y yo que me creia que lo tenia todo tan bien guardado y reservado!. Pues no, indudablemente Pablo poseia ese talento, y despues de saludarme con dos cariñosos besos como si fuera su hermana y me conociera de toda la vida, ¡me dijo lo que yo queria escuchar!, aquel dia comprendí por primera vez que es cierto que Dios, que conoce los anhelos de cada alma, aprovechó en ese momento la oportunidad, y que habla a los corazones a través de sus sacerdotes santos.
De aquella maravillosa primera Comunión, salimos todos alegres, sanados y reconfortados espirituálmente.
Cuando llegué a mi casa, recuerdo que pensé ¡que maravilla que Dios nos bendiga en la tierra con los sacerdotes!.
Pablo impactó en mi vida como la de creo todos los que le conocieron, por su bondad desbordante, alegria, eterno enamorado de amor a Dios y al prójimo, ¡y con tántisima generosidad y atractivo personal!.
Cuando escuché la noticia de que habian muerto dos alpinistas en el Moncayo, en principio no relacioné a los protagonistas. Despues me enteré que uno de ellos era Pablo Dominguez, murió como vivió, escalando, superándose asimismo y esforzándose siempre por llegar a la cumbre más alta de la santidad, ¡y lo consiguió!.
Querido Pablo, desde aquí te envio un cariñoso recado de parte de mi familia, ¡muchas gracias por habernos querido tanto!, como te habrán devuelto 100 por 1, porque El Señor siempre cumple su palabra, estarás allí arriba contemplando el éxito de tu película que está arrasando en las carteleras de los cines y haciendo tanto bien, el protagonista lo merece.
Todos te mandamos un beso muy grande.
Y un último recado que no quiero se me olvide, de parte de mis sobrinos muchas gracias por haber sido tú quien les quiso dar su primera comunión ¡como mola que te la haya dado un sacerdote santo! y ¡que bien nos lo pasamos!.






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