¡Ayúdenme, por favor! ¿A quién voto?

Lo reconozco, me he perdido. Siempre me ha resultado difícil decidirme a qué partido votar, pero ahora me resulta imposible. Les voy a resumir algunas de mis convicciones y anhelos, a ver si me echan una mano para las próximas elecciones:

 

Creo en el liberalismo económico que propugna la derecha, pero no tolero sus abusos e injusticias sociales. Por eso, no creo en el capitalismo, pero tampoco en el comunismo. Ambos extremos han conducido a millones de personas a la miseria física y moral. Creo en una justa distribución de las riquezas y bienes, pero no creo en el modelo socialista que, incapaz de generar empleo, acaba cargando de impuestos a los pocos que trabajan y regalando subvenciones a todos los demás. No creo en el Estado del Bienestar, pero sí creo en la Sociedad del Bienestar, que no es lo mismo, porque creo mucho en las personas y muy poco en las Instituciones. Me parece retrógrada la monarquía, pero no puedo identificarme con las connotaciones que en España tiene el republicanismo.

 

Creo en el progreso, pero no en un avance tecnológico y científico desligado de la ética y la moral. Tampoco creo en el progresismo que se autoarrogan los socialistas, consistente en conceder “libertades” e inventar “derechos” para las minorías que vulneran los de las mayorías. Aún creo menos en la progresía intelectualoide y artística que baila el nano al poder que les subvenciona. Creo en nuestra herencia cultural y en nuestra tradición, pero no creo en memorias históricas revanchistas que pretenden resucitar fantasmas del pasado. Creo en la necesidad de preservar la naturaleza y el planeta, pero no creo en el ecologismo que coloca a los monos al mismo nivel que los seres humanos y que protege más a un embrión de oso panda que a un embrión humano.

 

Creo que muchas mujeres necesitan gran apoyo y ayuda al verse embarazadas en circunstancias terribles, pero considero que el aborto es un crimen, uno de los peores que puedo imaginar. Creo que la medicina debe progresar para paliar las enfermedades y el dolor, pero no acepto una medicina para matar. Creo en la investigación genética para prevenir y curar enfermedades, pero no en la manipulación genética (la humana todavía menos), ni en la congelación o destrucción de embriones. Por supuesto, rechazo de pleno la clonación. Creo en la ciencia, pero también en la conciencia. Creo que la investigación científica es algo grande e imprescindible, pero también creo que fe y razón no son incompatibles, sino que se prestan un inestimable servicio mutuo.

 

Creo en la igualdad de la mujer, pero no en los postulados feministas de discriminación positiva, ni de cuota, ni en el rechazo a la maternidad. Creo que la mujer tiene derecho a trabajar fuera del hogar y a ocupar el lugar que quiera en la sociedad, en equidad con el hombre, pero no soporto que se considere “tías marías” a las que prefieren quedarse en casa a cuidar de su familia y sus hijos. También considero que los hijos pequeños necesitan de la presencia constante de la madre y, en todas las edades, de una suficiente convivencia con ambos padres. Respeto a los homosexuales, aunque ellos no se respeten a sí mismos haciendo el payaso por las calles, pero me parece un grave error equiparar sus uniones legales con el precioso concepto histórico y cultural del matrimonio.

 

Creo en la paz mundial como bien inmediato a alcanzar, pero no estoy dispuesto a que cualquier nuevo Hitler se apodere de nuestro territorio, que es nuestra casa. Soy antibelicista, pero no antimilitarista, porque la legítima defensa requiere medios. Creo que la educación debe prolongar y completar la formación moral de los alumnos, pero según la línea marcada por los padres, no imponiendo una moral de Estado. Creo en el papel imprescindible de la Escuela y en la autoridad del profesorado, pero no pienso admitir que nadie reemplace las funciones y derechos de la familia. Creo que hay que saber disfrutar de la vida, de cada momento, pero no creo que el hedonismo que impera en la actualidad sea la forma, ni eficaz, ni correcta, de conseguirlo.

 

Creo que no hay que imponer a nadie ni ideologías, ni religiones, pero creo que todas deben ser respetadas y que todas tienen derecho a ser manifestadas y argumentadas ante la sociedad. Creo en la aconfesionalidad y laicidad del Estado, sin contubernios con ninguna religión, pero rechazo el laicismo anticatólico que quiere acallar a la Iglesia y encerrarla en los armarios de las sacristías. Creo en la autonomía de las regiones con una identidad histórica y cultural diversa, pero no creo en el nacionalismo fanático que espera ganar algo con la ruptura, la separación y la implantación de nuevas fronteras.

 

Ya saben más o menos cómo pienso. ¿Alguien conoce algún partido al que pueda votar por convencimiento, y no por hacer votos útiles o cautivos contra otros? ¿Algún partido que se ajuste a mis convicciones? ¿Algún partido en quien confiar, no por sus palabras, sino por sus hechos? ¿Algún partido que tenga intereses mayores que llenar las urnas? ¿Algún partido que deje alguna vez de girar y de resituarse en el marketing electoral? ¿Algún partido que realmente busque el bienestar material y moral de los españoles, por encima de sus ambiciones de poder? ¿Algún partido decente? ¡Díganmelo, por favor!

 

 

José Rafael Sáez March.

Pedagogo.

Miembro de VAEL (Valencia Educa en Libertad).

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