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Ahora el PP de Gónzález Pons apela al “VOTO DEL MIEDO”

 

José María Llanos Pitarch, Prof. Titul. Universidad, Asesor Jdco. de VAEL.

 

El Sr. González Pons ha acudido a “La Tertulia” de Libertad Digital, intentando parecer un político de aquel PP que ganó las elecciones en el año 1996 y en el año 2000. Él estaba entonces, sí, pero aquel PP no es el de hoy; y él tampoco.

Toda su intervención ha sido realmente enloquecedora: adelante, atrás, de lado, en oblicuo, etc. Pero de todo esto, me he quedado con cuatro comentarios, a cual más “psicodélico” (por lo extraño; como diría el ilustre Pemán -aunque no literalmente-, es como si creyeran que los fideos son una legumbre que nace de la tierra, como los guisantes):

 

Nos dice el Sr. Pons que Rosa Díez es una persona de izquierdas y defiende, obviamente, principios de izquierdas; mientras que el Partido Popular defiende principios de derechas.

 

Nada tengo que decir de UpyD por cuanto efectivamente Rosa Díez es de izquierdas y nunca lo ha negado. Pero, lo del PP ya es otra cuestión: es de risa, por no llorar. Primero porque el Sr. González Pons nunca se ha caracterizado por defender valores de la derecha; segundo, porque no ha mencionado ni uno de esos valores; y tercero, porque no es verdad. No quiero decir aquí que los que voy a comentar sean principios patrimonio de la derecha, pero sí estoy convencido de que hasta que llegó “este PP” de hoy, el verdadero Partido Popular sí había defendido valores tales como la vida, la dignidad humana, la libertad, la tolerancia, el respeto, la educación. Ahora el PP NO defiende la vida de forma efectiva; ahora el PP NO defiende la dignidad humana, por cuanto no dice una sola palabra como partido (sólo alguno de sus políticos de segunda línea, que aún se fijan en lo que creen) frente a la manipulación genética; ahora el PP NO defiende la libertad porque salvo declaraciones desde una sala del Congreso de los Diputados no se está defendiendo la libertad de las familias, de las personas, frente a la imposición ideologica y adoctrinadora del gobierno de turno; ahora el PP NO defiende la tolerancia ni el respeto porque gobiernos populares (como el de Murcia) están OBLIGANDO a los alumnos a entrar en clase de EpC sin respetar su rechazo a ser educados en una moral atentatoria de sus propios principios, de su propia moral, de sus propias creencias; ahora el PP NO defiende la educación porque no mueve un dedo por favorecer políticas educativas eficaces, ni se opone frontalmente (al menos) al desolador marco educativo de nuestro país, fomentando además el enfrentamiento incluso en el ámbito de la lengua, y faltando a la verdad (como ha hecho en la entrevista de referencia el Sr. Pons) respecto de la precaria convivencia entre el valenciano y el castellano.

 

Nos dice también el Sr. González Pons que las elecciones europeas son una buena prueba de fuego para dar un voto de castigo al PSOE, y que el único voto de castigo es votar al PP, porque si no, las cosas seguirán peor.

 

¿Pero, Sr. Pons? ¿En qué va a ir peor, en la defensa de la vida? ¿En la defensa de la libertad? ¿En la defensa de las distintas ideologías y creencias, frente al adoctrinamiento estatal? ¿En el respeto a las familias? ¿En la libertad de enseñanza y en el derecho a la educación en libertad? ¿Bromea, Sr. Pons, sobre cosas tan serias, o es que miente?

 

No nos meta miedo, Sr. González Pons; los españoles podemos ser confiados, pero no tontos. En un artículo anterior que publiqué en este mismo blog, ya le recriminaba a usted que hablara de “los nuestros”, cuando afirmaba que le importa que “los suyos les vean bien”; y yo le decía: <pues muy sencillo, ¡Sr. González Pons, Sres. del Partido Popular!: háganlo bien, y del mismo modo que con errores han recibido apoyos leales de “los suyos”, puede que si tienen buena voluntad, los suyos vuelvan a apoyarles, y a ser “los suyos”>.

 

Pero el modo de hacerlo no es decirnos que o el PP o la nada, o el PP o el caos. ¿Qué caos? ¿El que ustedes están permitiendo? Pero si cuando vuelvan al poder la vida del no nacido ya no estará protegida (y ustedes no lo modificarán); la vida del anciano ya no tendrá valor (y ustedes no harán nada contra ello); la libertad estará bajo mínimos (y ustedes no harán nada para evitarlo? Entonces, Sr. Pons, ¿qué más puede pasar? No nos dan ni la más mínima confianza, y no nos la dan, sencillamente, porque ustedes NO TIENEN PRINCIPIOS; así de claro.

 

Nos dice el Sr. González Pons que cuando habla de la Virgen de los Desamparados le entran ganas de llorar.

 

Estoy tentado de hacer algún comentario al respecto, pero dicho lo dicho arriba, y por respeto a nuestra Patrona de Valencia, mejor me callo.

 

Y nos dice finalmente el Sr González Pons que en Valencia no hay ningún problema con el idioma, y no hemos de crearlo.

 

Vaya, vaya, así que en Valencia no hay problema con el idioma. No es un problema que un español de Albacete no pueda conseguir que su hijo pueda recibir educación en castellano en la Comunidad Valenciana porque la línea en castellano es prioritaria para inmigrantes; no es un problema que los chicos que llegan a la universidad llevan tal “cacao mental” entre el valenciano de su pueblo, el que les enseñan en el colegio, y el castellano, que acaban la universidad en muchas ocasiones cometiendo faltas en ambos idiomas, y no teniendo clara ni la oración simple de sujeto, verbo y predicado; no es un problema que en la enseñanza haya una “lucha encarnizada” entre los que defienden el valenciano como “arma política”, frente a los que defienden el castellano, o simplemente no quieren verse limitados en su libertad de elección entre una lengua u otra, o ambas. No es un problema que en unos colegios se enseñe el catalán, en otros colegios el valenciano, en la universidad valenciana se diga que su lengua oficial es el catalán, etc. No es un problema que un abuelo y un nieto hablen valenciano, y cada uno hable “una cosa distinta”.

 

En fin, Sr. González Pons, no llame al voto útil, al voto del miedo, porque ya no nos dan más miedo. Ahora nos dan pena, y además sentimos vergüenza; vergüenza por la doblez del Partido Popular, vergüenza por la debilidad y falta de principios del gobierno valenciano, sucumbiendo a las presiones de la izquierda, y “maltratando” a los que usted llama “los suyos”, entre los que se encuentran muchos padres que quieren defender su derecho a educar a sus hijos en sus propias convicciones. Y ustedes les han dado la espalda, no respetando un mandato constitucional.

 

Hace pocos días un buen amigo dudaba en estos blogs sobre el valor de la democracia representativa de nuestro país, y desde luego es para dudar; obviamente no podemos reunirnos todos en el foro, pero ustedes parece que donde están es en las nubes. Habrá voto de castigo, sí, pero para ustedes, para el Partido Popular, ese desconocido barco a la deriva, árido de ideas, falto de principios, escuálido de fortaleza política, parco en la defensa de valores. Habrá voto de castigo para un Partido Popular que no reconoce “ni la madre que le parió”.

 

¿Qué se creía, que “tocaría retreta”, y acudiríamos todos de rodillas? No se olvide; sus votantes siempre han sabido lo que hacen. Ahora también saben qué hacer, y lo van a hacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y A LOS NIÑOS, “QUE LES DEN”

Anoche, tras la alegría de la victoria de la selección española de fútbol en su partido contra Bélgica, tuve ocasión de ver el primer capítulo de una nueva serie de televisión, “Guante blanco”, que tanto nos anunciaron durante la transmisión del referido partido.

Y en ese capítulo apareció una joven menor de edad que se había quedado embarazada, y que no sabía qué hacer ante esa situación: si abortar o no. Puedo entender, por supuesto, la preocupación de la menor (porque no criminalizo a quien sufre), pero lo que me “conmovió”, lo que “quebrantó mi espíritu”, y no para bien, fue la acitud de sus padres: “si quiere tenerlo, la ayudaremos, y si no, también”. No sé qué ocurrirá en el siguiente capítulo, o en posteriores; no sé si abortará o no, pero lo que sí sé es que el planteamiento era una absoluta “abominación”.

Según la madre de la menor, si decidía abortar tenía que hacerlo cuanto antes, porque después lo pasaría peor. Y eso es cierto, porque hay una verdadera unión, en todos los sentidos, entre el niño y su madre; pero es que con esa afirmación se estaba reconociendo no sólo esa relación, sino la propia realidad de ese ser.

Sin embargo, fallaba una cosa: ella puede pasarlo mal, pero … ¿y el niño?, ¿quién piensa en el niño?, ¿quién piensa en su vida?, ¿quién le defiende?, ¿al niño ¡qué le den!

Hace unos cuantos años, cuando se discutía sobre la cuestión del aborto, había personas que incluso de buena fe pensaban que el embrión, el feto, no era un ser humano; creían que no sufría; creían que todavía no era una fase claramente humana, dentro de la evolución de la vida de ese ser. Pero hoy la ciencia ha demostrado que un óvulo humano fecundado, no es igual que el de un mono, por ejemplo, sino que tiene la especialidad de ser persona (obviamente).

Hoy la ciencia ha demostrado que el niño no nacido SUFRE, SIENTE, tiene forma humana desde las primeras semanas, tiene corazón y tiene cerebro. Y por eso el tema es mucho más grave; hoy ya nadie discute -si quiere ser sincero, y no argumenta sobre la base de los “tópicos” pasados-, que se trata de un ser humano que todavía no ha nacido, que todavía es dependiente (como también lo es el nacido, durante muchos años, y también lo es el ser humano con discapacidades, y también lo es el anciano que necesita ayuda, y también lo somos todos, de una u otra forma).

Sin embargo, les da igual; saben que es una vida humana, y aún así defienden el aborto; saben que es una persona (tiene hasta derechos hereditarios, que no podrá asumir, obviamente, hasta que nazca, pero los tiene), pero nadie piensa en él; saben que es un “niño” no nacido, pero lo que importa es si “decido” deshacerme de él, porque “no me conviene”, o simplemente “no lo quiero”.

La abominación hoy es terrible. Se trata de un ser humano en quien no se piensa, porque “la mujer tiene derecho a decidir”. Si eso es así, ¿Por qué no se permite matar al niño ya nacido? ¿Por qué no se permite matar al incapaz? ¿Por qué no se permite –de momento- matar al anciano? ¿Por qué no se permite, simplemente, matar a quien fastidia?

Todo esto sería de risa, si no fuera tan cruel. ¿Es que alguien puede pensar que una naranja no es naranja porque pende del árbol? Pues bien, pidiendo disculpas por la comparación ad exemplum, un niño lo es aunque esté “unido” físicamente a su madre. No se trata de un ganglio, de un músculo, de una vena, de un órgano, de un apéndice; se trata de una vida humana, ligada durante un tiempo a otra vida humana: la de su madre.

Y así las cosas, Valencia tiene el deshonroso placer de recibir en su puerto al “barco de la muerte”, al barco en el que se practican abortos, bordeando la legislación de los derechos nacionales, riéndose de ella, puesto que se atraca, se sube a las madres embarazadas, y se les practica el aborto en alta mar. Y no se trata de la comisión de un delito clandestino, a ocultas (pues todavía es un delito en nuestro derecho, aunque haya “algunos” supuestos despenalizados, no legalizados). En absoluto; se le da publicidad, se vanaglorian de ello, se ríen de los sentimientos de mucha gente, y se comunica “a bombo y platillo”, “con luz y taquígrafos”, que se ha hecho, que se está haciendo, y que se va a hacer.

En toda mi vida profesional, dedicada al derecho, he visto, oído, y vivido muchas cosas, muchas “barbaridades” a las que puede llegar el ser humano, consciente o inconscientemente; pero aunque a veces creo estar “curado de espanto”, no consigo acostumbrarme. ¿Qué razones hay para matar a un niño?, ¿qué razones hay para decidir entre la simple comodidad, o el simple deseo de la madre y la muerte de su hijo?, ¿qué justifica que el progresismo sea matar a los niños no nacidos?

Podría decir que es una cuestión de planteamiento, de puntos de vista, de argumentos. Pero no serviría de nada, porque no los hay; porque no les importa si tienen razón o no. Sólo importa “su derecho de elección” sobre la vida de otro, aunque ese otro sea un ser humano, un niño INDEFENSO, del que nadie, nadie (o casi nadie) se acuerda. Y digo además que no hay argumentos para defender el aborto, porque los defensores de tamaña vileza son además unos recalcitrantes HIPÓCRITAS (entre otras cosas, bastante peores): ¿por qué muchos proabortistas defienden también la eutanasia, con la excusa de la muerte “digna”, del “bien morir” (cosa absurda, pero es su argumento)? ¿Y a los niños, qué, que les den? Porque si su justificación es evitar el sufrimiento, ¿por qué hacen sufrir al niño no nacido?

¿Por qué tiene derecho a vivir la cría de cualquier animal, el brote de cualquier planta, y no tiene derecho a vivir un niño? ¿Qué está pasando? ¡Socorro! ¿Es que al ser humano ya no le queda ni un mínimo resquicio de dignidad?

José María Llanos

Profesor de Derecho (Univ. de Valencia)

Magistrado supl. Ilma. Aud. Prov. de Valencia

Sr. Camps y Sr. Font de Mora, ¿tienen ustedes algún principio moral y ético, o necesitan Educación para la Ciudadanía para que se los imponga el Sr. Zapatero?

Como diría un hombre de la radio, bastante conocido, “sin ánimo de ser exhaustivos” estos son los hechos:

 

1º.- el Gobierno socialista se inventa (porque la recomendación europea no decía lo mismo) una asignatura para “construir una moral cívica” de los ciudadanos, de acuerdo con los criterios doctrinarios defendidos en su integridad por el Partido Socialista, que atacan directamente los principios y valores de muchos españoles.

 

2º.- el Gobierno del Sr. Camps rechaza la protección del Derecho Constitucional a la Objeción de Conciencia, y el Conseller de Educación de la Generalitat Valenciana se inventa una Opción B “ILEGAL” (que se podría cursar incluso sin haber objetado), como le estuvimos diciendo por activa y por pasiva desde “Valencia educa en libertad” (VAEL), puesto que una cosa es aceptar la objeción y regular una prestación sustitutoria, y otra muy distinta arbitrar un modo B de cursar la misma asignatura de Educación para la Ciudadanía, modificando contenidos y métodos pedagógicos, sin que este cambio fuese consecuencia del ejercicio previo de la Objeción de Conciencia.

 

3º.- la directora de Educación, Doña Concha Gómez Ocaña se comprometió a que la Conselleria CONTESTARÍA A TODOS LOS PADRES que hubieran presentado la Objeción de Conciencia, diciéndoles que sus hijos podrían cursar en tal caso la Opción B, o no asistir a la asignatura, y ser atendidos en el Colegio con todas las garantías. Sin embargo no ha habido ni una sola respuesta de nuestra Administración autonómica, como era su obligación.

 

4º.- el Sr. Font de Mora, Conseller de Educación, según se nos dijo desde la Conselleria en reunión mantenida con VAEL, no podía directamente admitir la objeción de conciencia por dos motivos: en primer lugar, porque sus asesores jurídicos les decían que “no existía tal derecho” (se han olvidado, probablemente, de la Constitución Española); y en segundo lugar, porque TENÍA MIEDO de que los sindicatos le acusaran de “prevaricación”. He oído cosas absurdas en esta vida, pero esto es probablemente, lo más “estúpido” que he tenido que escuchar.

 

5º.- el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, como era de prever, suspendió cautelarmente la posiblidad de cursar el “engendro” de la opción B, y en consecuencia, la Conselleria de Educación decide enviar a todos los colegios una Circular, ordenando que TODOS los alumnos cursen Educación para la Ciudadanía; pero eso sí, en el idioma de Shakespeare. Vamos, que los niños sean adoctrinados por un gobierno está bien, pero tiene que ser en inglés porque lo dice Camps, o Rajoy.

 

Consecuencias:

La Conselleria de Educación de la Comunidad Valenciana, y sus máximos representantes, así como el máximo responsable Sr. Camps HAN MENTIDO a los ciudadanos, porque se les llenó la boca diciendo que tenían una “sensibilidad” favorable hacia la objeción, y que harían lo posible para evitar el “ataque” moral de dicha asignatura. Pero la verdad ha sido totalmente distinta, puesto que no respetan la objeción, desprecian y desprotegen a los objetores, se ríen en su propia cara al no contestar a las objeciones, ni dar cobertura a los alumnos que hayan objetado; y por último, por si fuera poco, el Departamento del Conseller Font de Mora ha impartido a través de CEFIRE (Centro de Formación de Profesores), en colaboración con la Fundación CIVES (una de las máximas defensoras y promotoras de Educación para la Ciudadanía), un curso sobre esta asignatura demencial, que pretende adocrinar a nuestros hijos en una moral de Estado. Sr. Camps y Sr. Font de Mora: ¿esto es hipocresía o estupidez?; ¿ustedes mintieron a los objetores, mienten a sus votantes, o colaboran con la injusticia?; ¿EpC es adoctrinadora e ideologizante, como dice el Sr. Rajoy, o está muy bien, y por eso la están fomentando?; ¿tiene razón el PP de las Comunidades autónomas donde se acepta la objeción, como Madrid o La Rioja, o tienen razón sus asesores (nunca nos dicen quiénes son, todo bien oculto, ¡qué bonito!) cuando les aconsejan que no acepten las objeciones?; ¿qué ha pasado en la reunión para unificar criterios con la Sr. de Cospedal; es que vivimos en Reinos de Taifas?, ¿tienen ustedes principios, o los cambian según les conviene?

 

 

 

Sr. Camps y Sr. Font de Mora, no nos engañen más. Si están de acuerdo con “controlar” cuáles han de ser los principios éticos y morales de los ciudadanos, díganlo claramente; y si no están de acuerdo, tengan narices, GOBIERNEN. Porque sepan una cosa: el voto útil está “de modé”, Sr. Camps, y ninguna silla permanece “a divinis”. Al final sólo queda haber hecho bien las cosas, o no.

 

José María Llanos Pitarch.

 

 

ESTO YA NO ES ESPAÑA

José María Llanos Pitarch, Prof. Titular Universidad, Asesor Jurídico de VAEL

 

Me he levantado esta mañana, y tras mis abluciones diarias, y junto a una taza de café con leche, me he puesto a mirar los diarios; y al cabo de media hora ya no sabía en qué país vivía:

 

Vivo en un país en el que los asesinos no arrepentidos pueden vivir cerca de sus víctimas, y “reirse” de ellas, y el derecho no ofrece soluciones a tal absurdo social.

 

Vivo en un país en el que la crisis hace tambalear nuestra economía, y lo que es peor, condena a la pobreza cada día a más familias, por la destrucción del empleo, por el aumento de los precios, y por la tasa insufrible de inflación.

 

Vivo en un país en el que al gobierno no le preocupa el bienestar económico de los ciudadanos, sino que sólo persigue “robots” que digan un “sí, buana”.

 

Vivo en un país en el que a la oposición no le interesa la salud mental y moral de los ciudadanos, sino simplemente “meterle” tímidamente en el dedo en el ojo al gobierno; en el que a la oposición le avergüenzan sus principios, y acoge los que destierra la izquierda, o simplemente los va cambiando, siguiendo el cinismo de Groucho Marx: “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”.

 

Vivo en un país en el que la conciencia se apaga, se castiga, se persigue, se machaca, en pos de una falsa progresía, que no pretende sino acabar con la libertad del hombre, con su espíritu crítico, con su “saber pensar”.

 

Vivo en un país en el que se legisla desoyendo a la realidad social, a las demandas del pueblo, en beneficio de minorías nada representativas, que no obstante serían respetables si no quisieran imponer sus conductas y sus modelos de pensamiento a la inmensa mayoría.

 

Vivo en un país en el que un médico reniega del juramento hipocrático, convirtiéndose en abanderado de la ¿muerte digna?, ésa que rebaja al ser humano a un mero concepto utilitarista.

 

Vivo en un país que, de ser el mayor abortadero oficioso de Europa, va a pasar a ser, gracias al gobierno socialista, el mayor abortadero LEGAL de Europa, convirtiendo en progresía el asesinato de inocentes.

 

Vivo en un país en el que un director de un periódico más o menos independiente, habla de que en el aborto hay un conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la libertad de elección de la mujer, y se queda ahí, sin expresar, como sería procedente, que no todos los derechos están al mismo nivel. Si así fuera, nos podemos encontrar con el derecho a decidir del ladrón frente al derecho de propiedad de la víctima, y sería justificable.

 

Vivo en un país en el que se apoyan proyectos como el “gran simio”, no porque quienes lo apoyan se sientan como hermanos de estos animales (eso aún tendría algún sentido, aunque fuera endogámico), sino porque la mejor manera de deshumanizar al hombre, es humanizar a los animales. Así, no todos tendremos derechos, sino que el niño no nacido y el hombre laboralmente inactivo, carecerán de ellos. Se trata de redondear hacia arriba, para quedar igualados hacia abajo.

 

Vivo en un país en el que una persona demasiado joven, por su lógica inexperiencia, ocupa una cartera ministerial y se inventa cosas como estudios universitarios sobre la identidad de género, que seguro nos ponen a la cabeza en el mundo de la investigación … estúpida.

 

Vivo en un país en el que se utiliza la educación como un instrumento de adoctrinamiento, un arma de destrucción masiva de las conciencias, una oportunidad para segar la tradición, las creencias, la familia, la humanidad, en pro de una sociedad más ¿justa?; sí, sí, justamente más sometida, más idiota, más atontada, claro. Si éste es mi país, si esto es España, es que España no existe.

 

Si Mariano José de Larra levantara la cabeza, a pesar de su “chauvinismo”, lloraría tan amargamente … como España. Solo que España no se da cuenta.

 

Contra EpC se lucha con unión, no con miedos ni ambigüedades

Por José María Llanos Pitarch, Profesor Titular de Universidad y asesor jurídico de VAEL.
Estos últimos días, he tenido nuevamente la sensación de que no son sólo los de fuera quienes perjudican la campaña ciudadana del movimiento objetor frente a Educación para la Ciudadanía, sino que en algunas ocasiones las zancadillas se están poniendo también desde dentro.
He tenido constancia de que en algunas charlas informativas que se están dando en algunas de las provincias que componen nuestra Comunidad Valenciana, se están enviando mensajes ambiguos, contradictorios, e incluso cobardes. ¡No valen las medias tintas; no vale poner una vela a Dios y otra … No se puede decir que hay que objetar pero no hay que “cabrear” al gobierno autonómico, por si “toma represalias”! ¿Desde cuándo hay que tener miedo a defender la libertad, la legalidad, la legitimidad, el derecho?

Hace unos pocos días, en una charla que se dio en Castellón, se estuvo diciendo a los asistentes que quienes no tuvieran hijos en edad de cursar “todavía” alguna de las asignaturas que componen la materia denominada Educación para la Ciudadanía, no tenían que objetar. ¡Vaya, hombre! Ahora resulta que sólo tienen que objetar quienes la van a cursar inmediatamente.

Sobre esto, conviene hacer algunas consideraciones que, por obvias, debieran de resultar innecesarias: por una parte, se está obviando el hecho de que cualquier persona que tenga un hijo, vaya a cursar estas asignaturas en el próximo curso, o en el futuro, tiene el derecho a objetar a una ley que se le va a aplicar, del mismo modo que podían objetar los jóvenes que “iban” a ser llamados a filas en el futuro, frente al Servicio Militar. Esto es así, pero además, así lo ha reconocido expresamente la jurisprudencia.

Por otra parte, se está animando a que no objeten precisamente los padres que no tienen un riesgo inminente sobre el expediente académico de sus hijos, cuando son quienes más tranquilos podrían estar, puesto que la solución a la objeción llegará pronto.

Así mismo, se está impidiendo que muchos padres, que tienen la firme voluntad de defender sus valores y el derecho a educar a sus hijos en esos valores, presenten la objeción, y se sumen a las más de 41.000 objeciones ya presentadas en toda España.

Y también se perjudica seriamente el movimiento objetor frente a la imposición de esa moral de Estado, puesto que en lugar de animar a objetar -lo que supone incrementar el número de objeciones, favoreciendo la presión social legítima frente al adoctrinamiento-, se pretende restar.

Por último, supone igualmente una falta de solidaridad absoluta con quienes habiendo objetado, se están enfrentando, ya ahora, a los riesgos y las amenazas que se vierten en algunos colegios, y sobre todo, por algunos gobiernos autonómicos, y por el gobierno estatal.

Intenté hacer ver a quien dio la charla, lo absurdo, ilógico, y equivocado de ese planteamiento, y sólo obtuve como respuesta que era su opinión. También intenté nuevamente que me diera argumentos lógicos, jurídicos (puesto que de un jurista se trata), y ya no obtuve ni una sola respuesta.

Es grave, muy grave, que en una charla se dé una “opinión” personal no avalada con argumentos, cuando uno se presenta como parte del movimiento objetor, y luego habla de forma distinta a este movimiento. Es grave, muy grave, que desde una tribuna se emitan simples opiniones personales que contradicen la absoluta homogeneidad (como ha de ser) de nuestra causa, sin dar razones de por qué, por cuanto la gente que escucha suele conferir cierta “autoridad” a quien habla. Y es grave, muy grave, puesto que confunde a sus oyentes. Muchos de esos padres de niños pequeños, que ya habían objetado, se preguntaban, ¿entonces qué pasa si ya he objetado? Pues yo se lo digo: no pasa nada, es perfecto, es lícito, es legítimo, es conveniente, y es responsable. Y además, es una muestra de verdadero amor a sus hijos.

Hace unos pocos días, en el periódico Paraula, y en esta misma sede, publiqué un artículo con el siguiente título: “Vuestra responsabilidad será grande en los cielos”. Lo sigo pensando, para los de fuera, pero también para los de dentro.




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