La izquierda radical y el nazional-socialismo que padecemos hoy día, parece llevar en su interior una irracionalidad que solo se ha atrevido a reconocer Juan Alberto Belloch, antiguo ministro de Interior y Justicia, actual alcalde de Zaragoza, cuando hace unos años, en un ataque de sinceridad, escribió en un artículo: “llevo una bestia dormida perfectamente conservada en mi conciencia” (sic).
Es triste que los políticos de izquierda no hayan sabido sustraerse y rescatar a sus bases de esa afición marxista al “gulag”, y dignificar su ya olvidada inquietud sobre cómo distribuir mejor la riqueza. Sobre esto último, parece que no quieren hablar, prefieren quedarse toda la riqueza para unos cuantos. En cuanto a esa afición que tienen al “gulag”, a esa habilidad social tan practicada al otro lado del Muro de Berlín y de la Gran Muralla china, ya la están poniendo al día en su versión siglo XXI para aquellos que, aun llamándose de izquierdas, nunca han leído a Marx ni saben en qué consiste el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.
Lo de la intimidación y la violencia física, el intentar convencer al prójimo con razonamientos físicos y contundentes, tiene ya cierta solera y tradición en la izquierda. - Rafael Alberti en su columna “A paseo” -de elocuente título- en el ABC incautado y republicano de izquierdas, se dedicaba, durante nuestra contienda civil, a señalar y denunciar a personas de derechas que quedaban marcadas para la “acción directa” de los matones que les aseguraban “el paseo” final.
Todo esto debía pertenecer al olvido si no fuera porque nuestros políticos de izquierda, los amigos de la “memoria histórica”, todavía hoy día, después de setenta años, son fieles seguidores de esa tradición de tolerancia hacia la violencia, odio, rencor y resentimiento si ello les permite conseguir votos y mantenerse en el poder. Siguen con la afición a servirse de la muerte. No tienen inconveniente en sugerir la posibilidad de “ir de paseo” a cualquier discrepante que se les ponga a mano, ya sea “ayudando a dar el salto” a un viejecito, abortando un “nasciturus”, sedando a un jubilado en la clínica del Dr. Montes, o intimidando a un locutor que opine diferente. O piensa Vd. como ellos, o le someten a un democrático “cordón sanitario”.
Estos dirigentes autoproclamados de la izquierda y del nacionalismo que sufrimos hoy día, la ideología (¿?) que infunden en sus bases es la de su propia “progresía”; en la que ser ”progre” significa ser ateo y anticlerical, anti-Bush, anti-Aznar, pro-aborto, pro-eutanasia, y poco más, el “mundo en colores” pero, sobre todo, exigen obedecer a ciegas las consignas a cambio de cobrar el subsidio, el PER, o ser un liberado en el pesebre oficial. En lo que se refiere a los propios dirigentes, su principal objetivo es distribuirse el botín, entre ellos mismos, aplicando cordones sanitarios, censurando emisoras y voces discrepantes, repartiendo condones y manipulando lo que debía ser la Justicia. Si todavía no consiguen comprar suficientes votos irracionales, regalan cuatrocientos euros de nuestros impuestos y prometen mentiras. Como último recurso, incluso toleran la intimidación física. En esto, más o menos, es en lo que se ha convertido “ser de izquierdas” hoy día. - Puro totalitarismo políticamente correcto, y servilismo por un “plato de lentejas”. Pero sus comportamientos les delatan con frecuencia.
Almudena Grandes, escritora y abortista, el año pasado, durante la presentación de uno de sus libros en Sevilla, en referencia a algunos programas de radio cuya opinión no comparte, en vez de cambiar de sintonía radiofónica, declaraba que “por las mañanas fusilaría dos o tres voces que la sacan de quicio”.
La columnista de El País, Maruja Torres, en uno de sus artículos de enero de este año, expresó su deseo de que “le gustaría que sedaran a Esperanza Aguirre en el Severo Ochoa”.
El Coordinador de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, en un vídeo de la campaña electoral de este año, metió a Rajoy, Jiménez Losantos y a los obispos en la cárcel.
La “izquierda centrada y nazionalizada” de Luis del Olmo no pudo ocultar su íntimo anhelo para con Jiménez Losantos, por el que “le elevaría a los altares, muy alto, y luego pondría una bomba en los altares” (sic). -
Cristina Almeida acaba de hacer unas declaraciones en apoyo del juez-espectáculo Garzón, en las que dice que el cuerpo le pide incendio. Que cuando entra en el Corte Inglés y ve los libros de César Vidal, y algunos otros historiadores, le entran ganas de prenderles fuego. Al igual que hacen en Cataluña con las fotos de los reyes.
Son los Enric Sopena, las María Antonia Iglesias, las Pilar Bardem, tantos y tantos otros ejemplares de nuestra izquierda asilvestrada que hoy disfruta del poder.
Es siempre la misma “bestia dormida” la que llevan dentro. La afición de quemar todo lo que no es el pensamiento único y totalitario. – ¿Qué tiene que ver esta bestia con un ideario de izquierdas o derechas? Nada. - Evidentemente, no debemos esperar que nuestra libertad nos salga gratis. Tendremos que ganárnosla, día a día, sometiendo a la bestia.
“Ay de los que al mal llaman bien y al bien mal !!” (Is 5,20)




