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Orwell, el PSOE y la ley de igualdad de trato

Por Vicente Morro, vicepresidente 1.º del Foro Valenciano de la Familia y secretario de FCAPA-Valencia.

Quiero hacer una crítica radical, en el sentido orteguiano y no en el meramente político del término, del proyecto de Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación. Sería éste un loable proyecto, si realmente fuera la igualdad su propósito, pero es redundante pues en nuestro ordenamiento hay instrumentos sobrados para tal fin. Es, por desgracia, un proyecto, un programa más bien, esencial y radicalmente ideológico.

Por esa razón cito al PSOE en el título. Por esa razón y porque éste es un proyecto de partido. No es sólo una ley de Zapatero, ni siquiera de Pajín o Aído. Es una ley de todo el partido. Es una ley que nace de su mismo ADN: intervencionismo, ideología pura y dura, miedo a la libertad, dogmatismo, intolerancia, teoría de género, pensamiento único.

La supuesta defensa de la igualdad es sólo una coartada para limitar la libertad de expresión e ideológica de una gran parte de nuestra sociedad. Hace realidad aquella idea, magistralmente criticada por Orwell, de que “unos son más iguales que otros”. Habla de no discriminación, pero ¿cree alguien que la prevista Autoridad para la Igualdad actuará ante los insultos, críticas y burlas a los católicos? ¿Piensa alguien seriamente que serán capaces de prohibir obras de teatro, exposiciones obscenas o manifestaciones públicas ofensivas contra los católicos, o blasfemas, o contrarias a la libertad de culto? Más bien al contrario. Seguramente el señor Peces Barba, a pesar de su acreditado dogmatismo anticatólico intolerante, manifestado reiteradamente en los medios incluso con alusiones al “palo” que necesitamos los católicos para entender las cosas, jamás será molestado por la Autoridad para la Igualdad. En cambio el Big Brother estará pendiente de cualquier otra supuesta discriminación, por ejemplo, la pretendida homofobia, real o no.

Orwell escribió, para su obra “Rebelión en la Granja” un magistral prólogo, titulado “La libertad de prensa”. Este texto, cambiando su título por “La libertad de expresión”, podría servir como introducción a un estudio crítico del proyecto socialista. Denunciaba, ya a mediados del pasado siglo, la crisis de la libertad de expresión que suponía la imposición de una ortodoxia oficial reinante y señalaba que muchos, pretendiendo defender la democracia –vale decir la igualdad en nuestro caso– “acarrean la destrucción de todo pensamiento independiente”. En efecto, “si la libertad intelectual ha sido sin duda alguna uno de los principios básicos de la civilización occidental, o no significa nada o significa que cada uno debe tener pleno derecho a decir y a imprimir lo que él cree que es la verdad, siempre que ello no impida que el resto de la comunidad tenga la posibilidad de expresarse por los mismos inequívocos caminos.” Y esto es lo que pretende impedir el proyecto que criticamos: que se puedan expresar opiniones discordantes con la ideología dominante.

Más pena y más muerte

Por Vicente Morro López, Vicepresidente 1.º del Foro Valenciano de la Familia.

Al mismo tiempo que el Gobierno, con la ayuda de los de siempre y a cambio de lo de siempre –dinero y poder-, estaba aprobando en el Congreso la ley más injusta y contraria a los derechos humanos de cuantas se han aprobado en nuestro parlamento, el señor Rodríguez Zapatero, visionario y fantasioso Presidente, estaba hablando sobre la pena de muerte. ¡Qué fatal e irónica coincidencia! El Presidente del Gobierno que ha convertido en libérrima e incondicionada la práctica legal del aborto –condena a muerte de un ser humano inocente concebido no nacido- reclamaba una moratoria en la aplicación legal de la pena de muerte. Zapatero proponía crear un mundo mejor sin reparar en que estaba creando una España peor: con más sufrimiento, más dolor, más pena y más muerte. Si en cada aborto hay siempre dos víctimas –la madre que sufre y el hijo que muere-, cuanto más se aborte más pena y más muerte habrá.

En su intervención en la inauguración del “Coloquio Internacional sobre la Abolición Universal de la Pena de Muerte”, nuestro Presidente dijo cosas estupendas. ¡Lástima que no las dijera en serio y no las aplicara en toda su extensión y con todas sus consecuencias! La ceguera ideológica se lo impedía. Hubiera sido estupendo que el Presidente se refiriera a todas las formas de pena de muerte: de hecho, también se ha presentado a la ONU la petición, apoyada por cientos de miles de firmas, de una moratoria universal en la aplicación del aborto.

La pena de muerte es injusta e ilegítima, aunque sea legal. El aborto también. La pena de muerte es la eliminación de un ser humano por otro con más fuerza o más poder. El aborto también. La pena de muerte, como dijo nuestro Presidente en su discurso, va contra los valores que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama. El aborto también.

Aun a riesgo de cansarles o aburrirles, voy a glosar unas cuantas citas textuales del discurso. Es cierto que el estilo de nuestro Presidente, o de quien le escribió el discurso –es la única explicación lógica y razonable que se me ocurre de que se puedan sostener dos actitudes tan radicalmente contrarias al mismo tiempo sobre la cuestión de la vida humana-, suele ser farragoso y difícil de seguir, además de ser generalmente vacío: habla mucho y dice poco.

España es un país en la primera línea de la protección y garantía de los Derechos Humanos” ¿No les recuerda esto a lo de que España estaba “en la Champions League de la economía”? También se refirió al “valor supremo de la vida humana”, señalando más adelante su “carácter inviolable, incondicionado”. Será según, cómo y cuándo, pues el Presidente no otorga, de acuerdo con sus propias declaraciones, el mismo valor a la vida de De Juana Chaos que a la de Haidar –aquí pone por encima el interés general- o a la de un feto de 13 semanas –aquí pone delante la “libre” decisión de una mujer, a menudo desesperada, desorientada y abandonada-. ¿Será que en este último caso comparte la opinión de la ministra Aído sobre que un embrión o un feto son seres vivos pero no humanos y por eso tal vida no tiene “valor supremo”? No se me ocurre otra explicación. Tampoco encuentro explicación para tratar de forma diferente dos supuestos similares: sendas huelgas de hambre para presionar al Estado. Como no sea que en el caso de Haidar se trata de una extranjera pacífica y en el de De Juana ni lo uno ni otro.

Reclamo ahora su atención sobre esta cita, que todos los contrarios al aborto suscribiríamos sin lugar a dudas: “El derecho a la vida es el derecho supremo como lo ha codificado el Comité de Derechos Humanos, por que sin su garantía efectiva todos los demás derechos carecen de significado y razón de ser. Algo que parece obvio a ojos de todos”. ¿No es éste, más o menos, el espíritu del artículo 15 de nuestra Carta Magna? Señor Zapatero, por favor, saque las consecuencias lógicas de estas afirmaciones y retire su proyecto de ley. Ahorrará mucho dolor, mucha pena y mucha muerte. Es más, si de verdad cree que “la abolición de la pena de muerte tiene su fundamento en los derechos humanos y en la afirmación de la dignidad humana” y que la pena de muerte es “incompatible” con ellos, estoy seguro de que desde ahora va a unirse a los que queremos trabajar para conseguir que en España no haya más abortos, pues creemos y defendemos que la abolición del aborto tiene su fundamento, o uno de ellos, en los derechos humanos y en la afirmación de la dignidad humana y que, además, el aborto es incompatible con una cultura de defensa de los derechos humanos. Querido Presidente: decimos lo mismo, pero yo lo digo para toda vida humana –“toda la vida y la vida de todos”, que decía Juan Pablo II- y Vd. lo dice sólo para aquellas vidas que le interesan en función de criterios ideológicos.

Veamos ahora dos alegatos contra el aborto pronunciados, aunque quizá no pensó lo que decía, en el mismo discurso: “…la templanza del no matar, de no matar a sangre fría” y, más duro aún, “…quienes están dispuestos a hacer lo que se halla más inalcanzablemente lejos de su disponibilidad moral: arrebatar la vida a un congénere”. Claro que el Presidente decía estas cosas hablando de la pena de muerte y del terrorismo. Nosotros las decimos hablando del aborto. Creemos que nadie tiene derecho a arrebatar a sangre fría la vida a un congénere, o ¿es que el feto o embrión no es un congénere nuestro? Consulten los que duden al Diccionario o a la ciencia.

Sabemos que ERC, IU o el PNV son casos perdidos, pues el poder y el dinero pesan más en ellos que los principios o la libertad, pero quizá algunos personajes como el Presidente del Congreso o el embajador ante el Vaticano se sientan avergonzados, por las mentiras que han tenido que contar, al ver al Presidente del Gobierno defendiendo la vida con tanto ardor.

Vamos a terminar, al alimón con Zapatero: “Vamos a desplegar un gran esfuerzo para reducir en el mundo la aplicación de la pena de muerte/aborto”. Porque estamos a favor de la vida, estamos contra la pena de muerte, contra la eutanasia y contra el aborto. Su liberalización en España sólo generará más pena y más muerte.

Este artículo es una versión extendida del publicado con la misma fecha en el diario Las Provincias:

http://www.lasprovincias.es/20091218/opinion/pena-muerte-20091218.html

Aborto y violencia contra la mujer

Por Enrique Manglano, vocal de RedMadre Valencia.

Estos días he leído un artículo en un periódico italiano que me ha llamado la atención porque resume la situación que se vive en nuestro país respecto a los dos problemas que intento sintetizar en el título de este artículo: con qué impunidad y falta de escrúpulos se trata un drama como es el aborto en España y la violencia contra la mujer (y contra el varón) que supone la práctica de este crimen.

Les ofrezco la traducción de la dramática historia de Anna, que se repite en España más de 350 veces cada día, y que está dejando un reguero de infelicidad, resentimientos y remordimientos que lastran nuestra sociedad. Lo que los médicos llaman el síndrome post-aborto y que nuestros responsables políticos evitan ni siquiera tratar.

La historia la titulan Lucia Bellaspiga e Enzo Gabrieli, entrevistadores de Anna para Avvenire, “Mi drama con la Ru486. Me moría y lo he perdido todo” y dice así:

Un hijo no deseado, un embarazo anunciado y confirmado por dos test de embarazo rápidos en el baño de la universidad de Barcelona, donde estudiaba desde hacía unos meses con su novio. Al final, la decisión de abortar y el consejo benevolente de un médico español, tan amable como engañoso: “Dos pastillas y ya no pienses más en ello”… En cambio, Anna (nombre inventado), de 24 años, estudiante de Calabria (en el sur de Italia), siempre se acordará de lo que le sucedió a partir del momento en que tomó la RU486, una “medicina” que no cura nada ni a nadie, nacida con el propósito específico de suprimir la vida en su inicio. Pero que en aquel día estuvo a punto de matar a la joven madre, además de a aquel feto que hoy, mientras llora, llama “hijo”.

“Había salido de la Universidad de Calabria con el ‘Programa Erasmus’ –nos cuenta cuando nos encontramos en el Puente Pietro Bucci del Ateneo universitario-. Las señales de un sufrimiento indeleble en la cara y en la voz temblorosa-. Estudiaba, y sigo haciéndolo, en Cosenza. Entonces era una chica feliz y llena de planes de futuro, también porque acababa de conocer a mi novio, con el que más tarde salí hacia Barcelona…”. Sus ojos negros se mueven rápidos e inseguros, oscurecidos por una sombra de dolor, es lo que queda de su viaje a lo que ella llama “el túnel oscuro” del que todavía no sabe cómo salir.

Su historia es de esas que empiezan hasta demasiado bien, con una oferta de beca a los mejores estudiantes para un intercambio cultural y formativo en una ciudad de Europa, el brillante papel en la selección junto a su novio (que llamaremos Roberto), y la salida hacia la capital catalana. “Tenía que ser una experiencia inolvidable”, recuerda sin sonreír. Anna, que en su estancia en España comparte piso con dos compañeras extranjeras, un día se da cuenta, calendario en mano, que las cuentas no salen: “Al principio pensé que el retraso se debía a un antibiótico que había tomado por una gripe –continúa-. Después comencé a temer haberme quedado embarazada y compré el test de embarazo en una farmacia del centro”. La vida de su hijo, de la que supo en aquel váter, le cayó encima como la peor de las noticias. “Se lo dije a Roberto y ambos esperamos que fuese un error, pero el segundo test dio el mismo resultado. Y entonces discutimos acaloradamente…”.

La vida de Anna comenzó a hacerse añicos, y el primer pedazo que se desprendió fue precisamente el amor: por una parte estaba Roberto, decidido a tener aquel niño y a afrontar toda su responsabilidad como padre, no obstante sus 24 años y la falta de un trabajo remunerado. Por otra parte los temores de la joven, el temor a sus padres y el terror a la soledad. Y sola quedó de verdad Anna, acompañada solamente de una amiga española  en el hospital en el que los médicos le explicaron que “España está mucho más avanzada que Italia y aquí hay libertad para abortar con mucha facilidad”.  Sola está también cuando los enfermeros le cuentan que no habrá ningún problema, que “sólo tendrás que tomar dos pastillas, una para parar el embarazo y otra para expulsar el feto. Nada complicado. Como máximo las pequeñas molestias que sueles tener en el ciclo…”. Sola cuando penetra en aquel pasillo sin ni siquiera hacer saber a Roberto que en pocas horas ya no será padre.

Un montón de papeles para rellenar y declarar que había sido informada de todas las consecuencias de lo que iba a afrontar, una charlita apresurada con un asistente social, una prescripción médica y ¡píldoras adentro! “Eramos tantas –recuerda atormentándose por cada una de ellas- y nos llamaban por el nombre y apellidos, sin ningún respeto a la privacidad. Cuando me tocó a mí, ninguno en realidad me dijo nada del peligro al que me enfrentaba, así que firmé y me tomé la pastilla, que más tarde supe que se llamaba Mifeprex. Dos días más tarde volví al hospital, como me había dicho el médico y tomé la otra pastilla, el Misoprostol. Fue todo muy fácil”. Tan fácil como beberse aquel vaso de agua para tragarse las pastillas.

Pero el drama sólo había comenzado. “La mañana siguiente estaba sola en el piso, mis dos amigas habían salido, mi novio ni siquiera sabía que ya estaba poniendo en práctica mi deseo de abortar. Empecé a tener dolores que subían por el abdomen, a ir al baño continuamente con una diarrea incontrolada y unas nauseas terribles. Pensé que me moría. Caí en un estado de semi inconsciencia y después de algunas horas me desperté en un charco de sangre. La hemorragia era imparable, no paraba de perder sangre y sentía como si la vida saliese de mi cuerpo. No había estado nunca tan mal. Pedí auxilio y volví al hospital, donde me hicieron una nueva ecografía y recibí la noticia de que el aborto se había celebrado con “éxito”. En realidad, allí se ejecutó mi verdadero drama. Todas mis creencias se derrumbaron  una a una, y caí en un estado de depresión terrible, siempre estoy llorando y a duras penas consigo encontrar fuerzas. Ahora me siento culpable frente a mi novio, que, por otra parte, he perdido, y sobre todo frente aquella criatura. Tengo que empezar de nuevo a reconstruir toda mi vida, pero sé que este recuerdo no me abandonará”.

Ana era una joven como tantas otras, con esas ganas de vivir incontrolables, con esa convicción de meterse el mundo en el bolsillo y una seguridad en sí misma que le lleva a hacer lo que le da la gana. “También en esa ocasión pensaba que había hecho la elección más adecuada. Así es como te venden en los periódicos la Ru486. Creía que era una conquista de la ciencia y en cambio, mi vida terminó con aquella pastilla, que te hace creer que no abortas cuando, en realidad te mata a tí además de a tu hijo…”.

Anna saldrá adelante. Su recuperación empieza aquí, desde su deseo de contar su historia, ocultada también a sus padres: “No quiero que otras chicas sigan mi camino, deben saber lo que les espera. Querría decirles sólo esto: cuidado con las falsas libertades y sobre todo, no decidáis solas. La vida, desde su comienzo, también en el momento del drama, se puede transformar en un don. Yo me he dado cuenta demasiado tarde, pero para vosotras todavía hay tiempo”.

Poco hay que añadir a esta historia, tantas veces repetida y ocultada a la opinión pública en España cuando se saca a debate público el aborto y la ley eufemísticamente llamada de Interrupción Voluntaria del Embarazo que, como vemos, no sólo interrumpe (cercena) una nueva vida, sino que rompe para siempre la vida de tantas jóvenes como Anna, que nunca más sonreirán con esperanza en el futuro.

Sólo remarcaré tres realidades con que este relato acusa a quienes se hacen ciegos ante el drama y proponen soluciones ideológicas contra la vida y contra la mujer.

Primera: en España, el aborto ha instaurado una cultura de la muerte que trivializa la vida. En España se termina con una vida, y con un proyecto de vida, con un simple vaso de agua que empuja una pastilla. Y en Red Madre Valencia sabemos, y acusamos, que en los centros de Salud de Valencia y de España se da esta pastilla para que se la tome la madre en la soledad de su  casa, sin más explicación que decir ‘con esta pastilla se acaban tus problemas’. Nada más fácil y “limpio” para los “médicos” y los “políticos”,  y nada más falso y trágico para la mujer.

Segunda: el proyecto de ley que está en discusión en el Parlamento plantea un dilema falso e injusto. La madre no es la dueña de la vida de su hijo, sino su custode. No podemos dejar sola a la mujer ante la responsabilidad de una nueva vida. En primer lugar, hay que dar responsabilidad al padre, que para nada aparece en el proyecto de ley, dando por buena la quimera de que la mujer es la única dueña de la vida. Y luego la sociedad debe ayudar a asumir la responsabilidad y dar alternativas al aborto. Justo lo que no hace el Proyecto de ley, que instaura el concepto ideológico de la salud sexual y reproductiva y eterniza el origen del problema con su proyecto de banalización de la sexualidad en nuestras escuelas, consagrado en sus artículos 9 y 10 y en EpC.

Tercera: el aborto es una auténtica violencia contra la mujer. La única salida que se le da es la condena a la soledad y el drama de matar a su hijo. Y esto es inhumano, trágico e injusto.

Una historia para reflexionar, un acicate para dar salida a tantos problemas que no se solucionan con el aborto, sino que se agravan. Es hora de que tantas mujeres que sufren en soledad alcen la voz como Anna y digan: no es verdad, no nos engañéis, ¡¡la  solución es la vida!!

Por la vida, ¿yo puedo hacer algo?

Por Vicente A. Morro López, Vicepresidente 1º del Foro Valenciano de la Familia y Secretario de la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de la Provincia de Valencia (FCAPA-Valencia).

Por supuesto, todos, TODOS, podemos hacer algo. De hecho, si no hacemos nada ya estamos haciendo “algo”. Estamos contribuyendo a que todo siga como está. Peor aún, estamos ayudando, por omisión, a que triunfen los que quieren cambiar las cosas a peor. Estamos facilitando las cosas a los que desean contribuir a la desprotección absoluta de la vida humana.

En una reseña de Javier Orrico sobre un reciente libro de Horacio Vázquez-Rial (“El cuñado de Nietzsche y otros viajes”), publicada en La Ilustración Liberal (nº 37) y titulada “La otra historia”, excelente y deliciosa como todos sus trabajos –no perderse los que hablan de educación, sobre todo, o de la actualidad política-, podíamos leer: “…que la Historia no está escrita, ni predicha, ni acabada. Que ‘yira y yira’. Y que son cada uno de los hombres los que construyen su relato y hacen la Historia”. Es verdad: podemos hacer algo por la vida, podemos cambiar la actual situación, podemos acabar con el aborto. Nada está predicho, cerrado, establecido para siempre. Igual que se ha conseguido acabar –casi- con la esclavitud, la tortura, el antisemitismo, la pena de muerte y tantas otras lacras sociales, conseguiremos acabar con el aborto y con la cultura de la muerte.

¿Yo puedo hacer algo? Claro que sí. Todos podemos hacer algo, repito. Depende de nuestra voluntad y disponibilidad. Hay, por lo menos, tres cosas concretas que podemos hacer en estos momentos: 1) la primera y más fácil, también la más urgente: ir a la manifestación de Madrid del próximo 17 de octubre e invitar a nuestros amigos, familiares y conocidos; 2) formarnos: leer, estudiar, escuchar. Es un debate que está abierto en la sociedad y sobre el que todos tenemos algo que decir. Libros, medios de comunicación, internet: hay multitud de asociaciones, expertos, entidades y organismos que están publicando estudios, informes, propuestas. Es demasiado importante como para dejarlo sólo en manos de los políticos y de los que “saben”, o dicen saber. Para hacer algo efectivo tenemos que estar informados y formados previamente; 3) difundir la información que tengamos, siempre que sea fiable y verídica. Organizar, si podemos, y participar en charlas, debates coloquios, conferencias. En parroquias, asociaciones de vecinos, de padres, entidades culturales.

¿Puedo hacer algo más? Si. Con carácter más permanente, y sea cual sea el resultado de esta movilización cívica o el contenido final del proyecto de Ley de ampliación del aborto, colaborar con asociaciones y grupos provida o con entidades que apoyan a la mujer embarazada. Las personas que se dedican a estas actividades, con acciones concretas y no solo con palabras, llevan años salvando vidas humanas, ayudando a nacer a niños a los que probablemente sus madres, si no hubieran encontrado una ayuda real y efectiva, se hubieran visto abocadas a abortarlos. Hechos concretos, vidas concretas, personas concretas, frente a demagogia, eslóganes vacios y trasnochados y abundante carga ideológica.

El proyecto de Ley de Zapatero es contrario a la vida humana, al niño concebido no nacido, a la madre gestante, al padre olvidado, a la racionalidad, al progreso científico, al sentido común, a la ley natural, a nuestra actual Constitución, a la opinión de científicos, fiscales, jueces y otros colectivos de juristas, a la mayor parte de la población española, al parecer de casi todas las religiones, iglesias y credos, a parte de los militantes y votantes del PSOE, a muchos socialistas de relieve –tanto en activo como “retirados”-, a lo que están haciendo en los países de nuestro entorno e incluso a su último programa electoral. En cambio solamente beneficiaría a los ideológicamente ofuscados en atacar la vida humana, a los radicales que quieren imponer a toda la sociedad su visión particular de la naturaleza humana imponiendo la ideología de género y a los empresarios e individuos que se benefician del lucrativo negocio del aborto, suponiendo que estas tres categorías o coincidan exactamente entre sí.

Hay razones, muchas y serias, para hacer algo. Hay posibilidades concretas. ¿Actuamos?

Artículo publicado en Análisis Digital (10-09-09):

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=42059&idNodo=-5

En la verdad, por la vida

Por Vicente A. Morro López, Vicepresidente 1º del Foro Valenciano de la Familia y Secretario de la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de la Provincia de Valencia (FCAPA-Valencia).

Diecisiete de octubre (17-O). Anoten esta fecha. Todos los que nos consideramos preocupados por el progreso auténticamente humano, y no nos conformamos con creernos “progresistas”, tenemos una cita ineludible en Madrid. Una cita ineludible de humanidad. Una cita en defensa de la vida: de la vida humana, Señora Ministra. Una cita en la que se aúnan verdad y vida.

¡Basta ya de mentiras! ¡Basta ya de propaganda y demagogia! En el debate sobre la vida humana necesitamos más razón y menso ideología, más ciencia y menos política (con minúsculas), más inteligencia y menos electoralismo.

Ahora es el momento en el que algunos, o muchos, de los defensores del proyecto político de Zapatero en contra de la vida humana podrían levantarse y gritar: “Muera la inteligencia”. La inteligencia, iluminada por la razón, llega al conocimiento de la verdad científica. “Llega” al conocimiento de la verdad, no la crea, la construye o la inventa. La verdad científica (embriología, biología, medicina) es clara y contundente, salvo para los ofuscados por prejuicios ideológicos: existe vida humana –no podría ser otro tipo de vida- desde el momento de la fecundación.

Los continuos avances de la técnica no hacen sino confirmar y facilitar la comprobación de lo que la ciencia nos dice: a mayor avance técnico, más seguridad de que la vida humana, una nueva vida humana, existe desde el momento de la concepción. Ciencia y técnica van en dirección contraria a la ideología y al cálculo electoral. Están diametralmente opuestas.

El Gobierno, como siempre, ha rehuido el debate. Se ha limitado al eslogan, a la proclama, a la descalificación y a la mentira. Por eso ha situado el proyecto sobre el aborto en el ámbito del Ministerio de Igualdad, en lugar de presentarlo a través de los de Sanidad o Justicia, que hubiera sido lo razonable. Por eso dio carpetazo, rápidamente, a la Subcomisión Parlamentaria cuando empezaron a escucharse cosas que no le gustaban y no le interesaban. Por eso potenció el informe de una comisión de supuestos expertos, todos favorables al aborto. Por eso desoye todas las voces críticas con su proyecto ideológico, vengan de donde vengan: fiscales, jueces, sociedad civil, iglesias, religiones, científicos o mujeres que han sufrido las consecuencias del aborto.

Es hora de defenderla vida, y defenderla desde la verdad. Nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otro ser humano, a menos que deseemos volver a los tiempos del Talión, la hoguera o la guillotina. Nadie tiene “derecho” a matar. “Interrumpir” una vida humana en las fases iniciales de su vida, o a mitad, o al final, es matar, guste o no guste, duela o no, lo diga Agamenón o lo diga su porquero, aunque carezca de los oropeles del poder y los privilegios de la gloria. El 17-O, en Madrid, estaremos miles de “insignificantes” porqueros gritando la verdad, defendiendo la vida, frente a los poderosos Agamenones de la política, los medios de comunicación –no todos, por fortuna- y los “empresarios” del lucrativo, y sucio, negocio del aborto.

Artículo publicado en Análisis Digital (3-09-09):

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=41947&idNodo=-5