¿Quién es el dueño de esta pocilga?

Cuando la realidad no me gusta, le aplico unos retoques para mi uso y disfrute particular. Sin salirme demasiado de lo real, sin perder de vista sus puntos de apoyo esenciales, porque si no se me estaría yendo la olla, tuneo un poco mi vida, la vida que me ha tocado.

No creo que al Señor le importe este bricolage casero con la cruz de cada día, que me hace abrazarla mejor.

Creo que es Schiller quien ruega con sabiduría:

“Señor, no espero que cambies la realidad, sino que me cambies en relación con ella” .


Suelo imaginar, por ejemplo, a personas reales, personas de carne y hueso que conozco y he tocado, manteniendo diálogos de novelas o pelis que he llegado a memorizar.

Cuando la fusión de lo real y lo imaginario funciona, nunca vuelvo a ver igual a esas personas. Siempre me parecen más nobles, como dotadas de super-poderes.

El método me salvó en una ocasión de guardar rencor a mi primera y única novia, cuando me dejó por otro chico, en la época de la vida en que esas cosas pasan. Le superpuse un diálogo de Cumbres Borrascosas, cuando Hitchcliff, con el cadáver de su amada Katherine Hershaw aún caliente, dice aquello tan chulo de:

“Sólo rezo una oración. La repito una y otra vez hasta que mi lengua se reseca. Katherine Hershaw, deseo que no descanses mientras yo siga con vida. Yo acabé con tu vida. Quiero que me persigas. Sé que hay almas que andan errabundas. Permanece conmigo. Adopta una forma. Haz que enloquezca. Pero, te lo ruego, no me abandones en este abismo donde no puedo encontrarte. Oh, Dios, no puedo vivir sin mi vida. No puedo vivir sin mi alma…”.

Fue mano de santo. Ella había muerto en mi presente y me había dejado sin futuro -con esa mezcla de punk y melodrama contempla uno los problemas sentimentales a los 19, sobre todo si se es un pringado en cuestión de mujeres-, pero un libro que releíamos juntos en la playa la ha convertido en una especie de hada hasta hoy. Y las hadas son buenas para siempre.

Nunca lo he aplicado a políticos y demás prebostes de la casta del poder.

Miedo me da abusar, con extraños, de este pequeño secreto mágico que tantas veces me ha salvado de la soledad, la rabia o el abandono.

Pero es que, o meto la cabeza en la marmita y empiezo a reescribir un final feliz para cada vileza cotidiana, o temo que una época tan triste y dura me haga desistir, incluso, de la alegría de imaginarla de otra forma.

Lo ensayo como un juego en estas tardes de agosto. Las reglas son: yo nombro un personaje de actualidad, transcribo o enlazo (si es un audio) al diálogo de ficción, y el Lector, si lo sabe, me dice de qué obra literaria o cinematográfica se trata.

Empiezo con Federico Jiménez Losantos, director de La Mañana de COPE. Lo imagino entrando una noche de tormenta en el prostíbulo -real y metafórico-, y diciendo:

“¿Quién es el dueño de esta pocilga?”

Escuche aquí el fragmento.

He puesto una fácil, para empezar.

¿Cómo se llama la peli?

Además de FJL, ¿qué otros personajes reales tedrían un papel en esta escena?

6 Respuestas a “¿Quién es el dueño de esta pocilga?”


  1. 1 Elentir

    Chico, pues me dejas en blanco… Yo es que escucho la voz y veo a Constantino Romero. :-)
    Por cierto, me alivia saber que no soy el único en Blogs HO que cree en las hadas. Me hace sentir menos pirado de lo que me imaginaba. ;-)

  2. 2 Crispal

    Fácil, basta con teclear en Google “quién es el dueño de esta pocilga” y aparece la respuesta directamente. ;-)

  3. 3 cristina

    Bueno las hadas o las personas positivas o negativas. De alguna manera eso es algo que se sabe. No siempre, pero muchas veces sí. Nadie es perfecto pero de alguna manera calas a la gente y sabes lo que van a dar de si. Por tanto, ¡disfrútalo mientras dure! Lo que hayas sacado en concreto de bueno, eso que te llevas y ¡procura no quemarte a la salida!

    ¿Culpa? No: no dudes ni por un minuto que ellos pensaban que contigo ganaban mucho más de o que tú con ellos, lo que en más de una ocasión es muy verdad, de modo que…

    Estas son las personas de vibración positiva limitada. Onda corta, llamémosle…

    Luego están las personas que son todo vibraciones negativas. ¡Uf! Fuera, fuera…

    Y luego están las personas de vibraciones positivas “onda larga”, muy larga y por muchos, mucho años y esperemos que muchos más. Al final, todo cae en su sitio y cada uno en bastante medida tiene lo que se merece: somos, no lo dudéis fruto de nuestras decisiones, acciones y comportamientos. Las hadas en cierto modo las atraemos o las espantamos y a su vez nosotros también somos hadas para otros. Pero hadas reales, no de ficción: si uno cree en lo bueno es porque generalmente ha crecido rodeado de lo bueno, ha conocido a personas buenas. Si uno cree en la sabiduría y en la inteligencia de verdad, en hasta dónde puede llegar el conocimiento, es porque ha conocido a alguien muy bueno, muy culto o muy inteligente.

    Esas son las hadas de verdad, las que hacen que a uno le repelan ciertas cosas y necesite echar mano de las pelis, de los libros y de volver a colorear la realidad. La otra opción es fijarse uno más que en lo que nos repele… en las hadas de verdad. Seguro que hay alguna cerca… o no demasiado lejos.

    Y nadie es perfecto pero lo que se tiene cerca y es bueno es cuetsión de fijarse uno en ello y valorarlo como se merece.

    Lo demás: tiendo a minimizar la atención que le presto. ¿Que ZP miente descaradamente? Vale, por enésima vez: a ver, estaba leyendo esto de este señor que tanto sabe: ése es el hada que tiene algo que decirme. Hadas reales, aportes positivos de verdad, con sustancia. De lo otro me alejo. Y procuro que no me pille.

    Pero bueno, está interesante el juego aunque la que apunto es otra manera de escapar de la soledad, la rabia o el abandono: tres temas capitales en nuestra actual sociedad, donde la gente va corriendo a un psicólogo porque en el fondo no tiene un sólo amigo con quien hablar sinceramente y sin tapujos (con el problema de que el psicólogo no es tu amigo: es una persona con un negocio montado por escucharte y habrá verdades que se calle porque quiere que vuelvas, que él cobra por sesiones)… la rabia: ante la injusticia diaria, ¿o es que la justicia para con otro no es balsámica… y no digamos ya la justicia para con uno?… y el abandono, no abundo en el de las personas que cabe englobar en los dos conceptos anteriores y me centro en el abandono de valores, de las cosas… de tanto.

    Pero hadas reales diarias las hay.

    Es otro juego interesante, ¡y también gratificante!

  4. 4 José Sáez

    Bueno, la película es “Sin perdón”, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood. Hace el papel de Munny, un ex-cazador de recompensas que, pese a estar retirado y haber perdido su puntería, se ve obligado a hacer un nuevo “trabajo” para sacar adelante a su familia, aprovechando que unas prostitutas de una pequeña ciudad han ofrecido una sustanciosa recompensa a quien mate a un joven que ha rajado la cara de una compañera junto con otro amigo que iba con él.

    Parte a su nueva misión acompañado de un antiguo colega (Morgan Freeman) y de un muchacho hipermétrope que aspira a ser un granb pistolero y a probarse a sí mismo y a los demás que es capaz de matar (Little Bill). La ciudad a la que llegan está totalmente mangoneada por un cruel sherif (Gene Hackman), que no hace justicia de la violencia cometida contra la prostituta.

    La escena en cuestión sucede al final de la película. Eastwood entra en el Saloon del pueblo, pistola en mano y luego escopeta en ristre, y tras una situacion de tension con miradas muy del gusto de Eastwood, dice ya la famosa frase: “¿Quién es el dueño de esta pocilga?”. La ensalada de tiros es monumental, salpicada de otras frases “memorables”, de las cuales la película está plagada.

    Como veis, recuerdo más o menos bien la película, porque la vi en casa hace apenas una semana. Lo que no logro es conectar la escena con Losantos. Aquí me falla la imaginación. Se supone que FJL es Munny, pero no logro asignar el resto de papeles. A ver quién lo resuelve, porque Víctor me ha dejado intrigado.

    Por cierto, todos hacemos muchas y variadas maniobras para intentar hacernos llevadera la cruz de cada día, o incluso para sacárnoisla de encima si podemos. Lo que pasa es que no lo decimos, ni siquiera a nosotros mismos. Victor tiene la honradez de reconocerlo.

    La verdad es que no creo que sea esa la voluntad de Dios, ya que la cruz. tal y como nos viene, está colocada con absoluta precisión en nuestras vidas para vivirla y, entrando en ella, resucitar con Cristo. La Vida con mayúsculas se encuentra tras esas puertas estrechas y caminos oscuros que la realidad nos impone. Porque Cristo ha vencido la muerte, padeciendo, muriendo y resucitando.

    Pero Dios también sabe nuestras debilidades y seguro que nos perdona esas trampillas que hacemos. Si no, todos estaríamos irremediablemente perdidos. Cuando eludimos la cruz, Dios vuelve a rediseñar nuestra historia, una y otra vez, para que podamos experimentar la resurrección y ser testigos ante el mundo.

    Los unicos perjudicados cuando huimos de nuestras cruces, o las disimulamos con alienaciones, somos nosotros, porque nos privamos del encuentro con él, que nos espera precisamente en esos momentos de “muerte” llamados “cruces”. Lo que sucede es que huyes de una y te encuentras con otras a la vuelta de la esquina. Sin un poco de sufrimiento, ni seríamos cristianos, ni siquiera personas.

    Dicha esta pequeña catequesis, que me la aplico a mí mismo, acepto el juego. ¡A jugar!

  5. 5 cristina

    Vale, me pido las mujeres de la vida, que son facilonas jajajajaja

    ¿Cruces? ¡No! ¡Dios nos pone retos, que son más emocionantes! Y nos dice: “a ver, tú esto, a ver si lo solucionas”. Y entonces a veces dices “¡ay, no puedo!”…pero ahí sigue la cosa de modo que por tu propio interés decides “¿cómo que no puedo?, ¡pues claro que puedo!” No que sepas cómo pero tú te pones a ello. Suele salirte bien. Y como suele pues la media entre éxitos y fracasos al final da un buen resultado. ¿Cruces? No. Yo lo llamo el programa “points plus”, que es mejor porque a cada “x” puntos hay premio.

  6. 6 cristina

    Propongo como mujeres de la vida a las Nekanes, pero vestidas en plan año 1880 lejano oeste corsé rojo y negro sobre falda negra… en fin, el modelo can-can complpeto. Eso sí, con la estética abertzale de peluquería, esos cortes ed cabello tan… ejem… estilosos… (ellos y ellas, porque tela…)

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