Se ha llegado o casi al siguiente punto: el emisor y su panda. Lo que llamamos periodismo (viejo y nuevo, en soportes convencionales y en la Red) es o apunta soliloquio.
Mil visitas al día en un blog de información política se considera un éxito.
Veinticinco mil ejemplares de tirada diaria (a saber cántos apilados en campus universitarios y recintos feriales) constituye un umbral aceptable de influencia y de negocio.
Un matinal de radio se considera en la pomada si consigue que vayan los políticos a colocar su propaganda y codearse con los tertulianos.
Los diarios publican simulacros de exclusiva que nadie, fuera del código, de la pandilla ritual, del distintivo de la logia, entiende ni le interesa.
Hace unos días, un periódico de los que están en ese umbral entre la hoja volandera y lo aceptable como negocio subsidiado incendió su portada con una supuesta disputa de los organizadores de la manifestación pro-vida del pasado 17 de Octubre. Vista por su propia parroquia, la historia iba para acabose.Titular a toda plana. Dos páginas nada más abrir el periódico. Viñeta y todo. Pero no pasó de ese círculo endogámico que va del blog sectario al papel sectario. Nada. Ni un triste despacho de agencia. Ni un comentario en las tertulias (tertulias que, por supuesto, no la habían leído, es decir, no le habían hecho caso). Ni una referencia en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros (¡Y eso que se publicó un viernes!).
Así nacen y mueren cada día las fantásticas historias que se supone que deberían interesar al público. Creo que esta tendencia a la insignificacia será cada vez más marcada. Un político inteligente es hoy el que espera a que escampen pequeños aguaceros. En este sentido, la estrategia de Comunicación del sr. Rajoy, tantas veces repudiada por los sabelotodos, mira por dónde, es una respuesta racional a la menguante influencia de los medios (de todos los medios y de todos los canales: los tradicionales y los nuevos).
Una exclusiva incómoda de El País en los años 80 o 90 hacía tambalearse al Goibierno. Hoy, con un poco de suerte, su director consigue que se hable de ella durante unos días en el 24 Horas de TVE y, por supuesto, en CNN+ y en la SER. El periódico rival hablará de ella sólo para desmontarla, promocionando a la contraparte implicada en el conflicto de intereses. Porque ésa es otra de las características del periodismo en la era pandillera o de las maras salvatruchas: su sectarismo, su exclusión del otro. Luego, todos se echan unas risas y a seguir para adelante. Más y más corrupción, menos y menos periodismo.
Los medios que aspiren a tener algo de influencia (algo; ni la sombra de lo que fue) en la configuración de la agenda pública deberán ser multimedias, o bien establecer alianzas entre canales. Un periódico sin una radio que le haga de altavoz difícilmente sobrevivirá. Una radio sin una televisión a la que enviar como tertulianos a sus estrellas lo tendrá cada vez más crudo. Así y todo, se acabaron los grandes shares. Las audiencias serán pandillas de comunión ideológica. Todos esperando recibir la dosis de consigna. Se acabó el público.
Uso todos los días un autobús interurbano atestado de viajeros durante 50 minutos de ida y otros 50 de vuelta. Jamás he visto a nadie leer un periódico. El conductor pone Kiss FM. La gente va a lo suyo, con su iPod, hablando con el de al lado, leyendo a Stieg Larson, estudiando, mirando por la ventanilla. Luego, cojo el metro en hora punta (otros 30 minutos en cada trayecto) y algunos hojean el 20 Minutos, el Qué, el ADN y luego lo dejan en el asiento o lo tiran a la papelera o lo guardan para hacer el sudoku. Más iPod y más Stieg Larson.
Se suponía que todo iba a ser comunicación en la era digital, que el discurso sobre lo público estaría en todas partes, pero lo que ha ocurrido es que ya no hay Lugar, sino suburbios o favelas, y ya no hay discurso, sino pequeños códigos tribales, a modo de tatuajes o distintivos rituales.
Si tuviese que dar un consejo en un master de Comunicación Corporativa o a una empresa en plena crisis de reputación, les daría este principio: los únicos que leen algo que te perjudica son el emisor y tú. Tú no lo olvidarás y él se desgañitará sin éxito. La venganza es tuya y es fría.
Las pandillas a las que se dirigirá este blog, cuando me dé por anotar algo en él, son las siguientes:
Los que ven Bob Esponja
Los que no les gusta oir la tos ferina
Los que se han dado de baja de Facebook
Los que comen sólo espaguettis
Los aficionados a taxonomías incongruentes.



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