Los Muros y las heces

Resulta divertido repasar los significados del fin del Muro comunista que se publican con ocasión del veinte aniversario. Voy a ensañarme un poquito, a falta de algo más productivo en lo que emplear mi tiempo, con tres variedades de análisis que menudean alrededor de tan entrañable fecha. Me refiero al himno abrillantador retrospectivo; a la endecha de comunista sedicente; y, last but not least, a la forma literaria favorita de la caterva progre: la profecía multiplicadora de los muros y las heces.

Señores, me pondré solemne como manda la ocasión, para proclamar lo siguiente: ha querido el gran Suceso que discurre por debajo de los pequeños sucesos y los pilota, y al que llamamos azar por pereza o necedad o por ambas cosas y otras peores que me callo, que el canto a la alegría que entonamos en estas evocadoras jornadas con timbre exaltado y un oído rumboso y siderúrgico que haría estremecer al mismísimo Beethoven en su pabellón de sombras auditivas, ha querido el Buen Suceso universal y director, digo, que el sentido homenaje que estos días tributamos a la libertad coincida con las manifestaciones populares en calles y plazas de nuestra querida España, clamando por la rendición ante los terroristas que han secuestrado a la tripulación del Alakrana, y asímismo con el plan del sr. Obama para abrazar a los hermanos musulmanes y socializar la Sanidad en los Estados Unidos de América. Señores, es que ya no nos cortamos un pelo (perdón por la falta de solemnidad de esta última frase: el barrio me ciega). El mundo multipolar y multicolor que ha venido después de lo de hace veinte años, después de los cien millones de muertos causados por el Estado soviético, después de los cien millones de ratas que medraron e hicieron fortuna y prestigio a este lado del Muro con la profesión de justificar el horror, el horror, del Gulag (recuerden, recuerden la visita de Mr Solshenistyn a España, cómo le trataron nuestros miserables mandarines culturales), después de toda aquella infrahumanidad a la que llamaron dictadura del proletariado, justicia social, milagro comunista y yo qué sé cuantos chutes de láudano más, resulta que es un mundo feliz en el que todo lo que hemos aprendido es a repetir sin necesidad de coacción lo que Lenin enseñó a los soviets a golpe de purgas: Libertad, ¿para qué? Libertad frente a las imposiciones de los terroristas, ¿para qué? Libertad frente al Gobierno, ¿para qué? Libertad frente a una clase política corrupta hasta la rabadilla, ¿para qué? Libertad frente a los sofismas de la profecía del cambio climático, ¿para qué? Libertad frente a las minorías de lo políticamente correcto que imponen su agenda a la mayoría, ¿para qué?.

Es posible, aunque harto discutible, que la libertad sea un instinto natural del ser humano. Los liberales optimistas suelen aferrarse a esa ilusión para sostener que la Historia avanza hacia más, y no menos, soberanía individual. Ja. De lo que no hay duda, en cambio, es de que la naturaleza puede modificarse por la vida en sociedad y por quienes la dirigen. Resulta tan o más natural la tendencia a la seguridad, que el apego a la libertad. Los enemigos de la libertad siempre han explotado esa otra cara de nuestra naturaleza para imponer su paradigma antropológico. Y hoy su discurso, el de la desconfianza del individuo, goza de mayor predicamento que hace veinte años, cuando derribaron el Muro, como demuestra el sofisma imperante de que la crisis económica es el resultado de haber dejado actuar a un mercado sin control y que, por lo tanto, la respuesta debe consistir en la política contraria: dar más poder al Gobierno para recaudar y distribuir.

Veinte años después de lo del Muro, el discurso socialista no sólo no está en retirada, no sólo domina en la Academia (cosa que no tiene nada de nuevo), sino que inspira los centros de decisión de una política mundial cada vez más centralizada y homogénea en sus directrices y consensos básicos, y también los centros de decisión de las grandes empresas. Piénsese, por ejemplo, en esa fastuosa campaña de publicidad que acaba de lanzar la compañía Acciona, una de las más favorecidas por el Gobierno del señor Zapatero en su política de reordenación del sistema energético. El discurso de la campaña es socialismo en estado puro. Se nos presenta a un individuo impelido por el bien de la sociedad a actuar contra el cambio climático. Cuando se ha llegado a este punto de colectivización del pensamiento, en el que la política del Gobierno dirige no sólo los recursos del esfuerzo de los demás sino también la creación del conocimiento, entonces no hay muchas razones para celebrar la caída del Muro y, lo que es peor, cada vez quedarán menos razones.

En este contexto, tirando a chungo, me ha parecido ver que se perfilan tres actitudes elementales entre quienes conmemoran el significado de los sucesos del 9 de noviembre de 1989.

En primer lugar, tenemos las endechas de comunista sedicente. Tipos como el secretario general el PCE que añoran aquellos días del gulag y la checa y descartan el arrepentimiento.

Esther López Barceló tiene 26 años, es empleada y militante de IU. El País la reúne con el eurodiputado Willy Meyer, bastante mayor que ella, y les pregunta este lunes “¿Qué es ser comunista hoy?”. No me imagino al mismo diario, ni a cualquier otro, reuniendo a un skin head y a Carlos García Juliá, veterano de Fuerza Nueva y uno de los asesinos de la masacre de Atocha, para preguntarles “¿Qué es ser facha hoy?”. Ah, pero el comunismo sigue siendo una promesa simpática de nuestras ensoñaciones románticas. Veinte años después de lo del Muro, el comunismo en España tiene pasado y tiene futuro.

Veamos lo que nos cuenta Esther, jovencita “transformadora”. Observen la pasada por la izquierda a su camarada mayor Meyer:

Esther López. En lo fundamental sigue siendo lo mismo que era. Los valores son los mismos: el reparto equitativo de la riqueza, la socialización de los bienes de producción… Luchamos contra el capitalismo, a fin de cuentas, lo mismo que en el siglo XIX. Lo que cambia es la coyuntura y nuestras formas de articular la respuesta. El problema sigue siendo el capitalismo, la desigualdad.

Pregunta. ¿Se alegraron cuando cayó el muro de Berlín?

E. L. Yo tenía seis años, estaba viendo con mis padres la televisión y recuerdo perfectamente que se vivió una sensación muy contradictoria: muchos veía a la gente celebrándolo, pero pensaban: ¿Y ahora qué nos espera? Se había acabado con el bloque, con la única fuerza que quedaba para reconducir ese país hacia un socialismo. Era la victoria del imperialismo sobre lo que le quedaba al comunismo en Occidente.

(…)

Podemos decir que Cuba no es el sistema ideal, pero no se puede debatir si la alternativa son los balseros que se van a Miami. Entonces no hay nada de que hablar. Así que lo del muro… si la alternativa era el capitalismo que tenemos hoy día pues sí, fue una tristeza que cayera el único reducto que quedaba de posibilidad de luchar por un socialismo. Y el muro en sí… pues no fue producto del comunismo solamente, fue producto de una lucha de bloques. Como lo que le pasa a Cuba: por culpa del bloqueo económico no puede prosperar.

W. M. Yo sí me alegré de que el muro cayera. Primero porque la sociedad de la RDA así lo había entendido. Y valoré la responsabilidad de que se hiciera sin un solo muerto: es un Estado que se liquida él mismo y entrega el poder.

Vamos a América Latina. ¿Los jóvenes en el PCE plantean alguna revisión de la posición sobre Cuba?

E. L. No hay ninguna grieta en la posición sobre Cuba. La realidad cubana es la democracia más profunda que he vivido yo en cualquier país. En España no hay una democracia garantizada, por ejemplo en los centros de trabajo a nivel sindical. Están totalmente corruptas las elecciones en los centros de trabajo: los trabajadores están indefensos frente a los patrones. El poder burgués deja a los trabajadores indefensos…

W. M. ¿No te parece mejor llamarlo poder de mercado?

E. L. Venga, sí, no digamos poder burgués.. Pero bueno, en cuanto a Cuba, yo defiendo al pueblo cubano. Ojo, nadie está hablando de la defensa a ultranza de personas, de dirigentes. Pero cuando llegas allí te das cuenta de que, con los comités de defensa revolucionarios, hay una democracia participativa enorme en los barrios….

P. ¿En Cuba hay presos políticos?

W. M. Yo no los llamaría así. En Cuba hay personas que no condenan el bloqueo y que…

E. L. Hay tantos presos políticos como en España.

W. M. No, bueno, yo eso no lo comparto.

E. L. Claro que hay presos políticos en España. Por ejemplo… aquel chaval que ondeó la bandera republicana: ese chico puede ser detenido. Yo, cuando voy a una manifestación en Alicante, tengo que sufrir que la policía me pida el DNI, que me coaccione…

W. M. Vamos a ver… En Cuba hay personas que contravienen la Constitución cubana y se les procesa. Son muy pocas. Y lo que no hay son desaparecidos. Nosotros ponemos el acento en el bloqueo: en un país que está en guerra…

La segunda actitud memorialística de la caída o derribo del Muro es la que llamaremos “profecía multiplicadora”. Su consigna básica es: el Muro ha caído, pero otros muros se han erigido por un exceso de libertad. Es la actitud de la Administración Obama, que señala el cambio climático o la proliferación nuclear como los nuevos muros a derribar. La señora Clinton los llamó este domingo “los muros del siglo XXI”. El mainstream socialista ha hecho suya en seguida la consigna. El diario El Mundo la repite con alarde de cacatúa en su editorial de este lunes. Joska Fischer, ex ministro alemán de Exteriores y líder de Los Verdes, escribe en El País de este 9 de noviembre:

“(…) la verdadera época de agitación está por venir. El calentamiento global no es más que la punta del iceberg hacia el que nos movemos a sabiendas y con los ojos abiertos. Lo importante hoy es que los Estados actúen de manera global y al unísono. Veinte años después de Berlín, Copenhague nos llama”.

El milagro, en fin, de los muros y las heces, se obra ante nuestros ojos veinte años después de la desaparición Muro.

En tercer lugar, abundan los himnos abrillantadores, incluso entre quienes, con la mejor voluntad, intentan que todo aquello no haya sido en vano y la libertad individual tenga todavía algún sentido en nuestras sociedades, como forma superior de convivir y ser prósperos. Hay quienes se evocan a sí mismos como adolescentes avisados de la trascendencia de aquellos días de noviembre de 1989. No me lo creo. No me creo que un pibe de 14 años en la España aborregada de Felipe González (el mismo rebaño de hoy, mejorando lo presente: en eso no hemos cambiado tanto, como demuestran esas manifestaciones de fervor popular por el intercambio de terroristas y billetada por rehenes del Alakrana) supiese lo que aquello significaba. Yo tenía 21 y puedo asegurar que no dejé de estudiar o leer cualquier novela del tres al cuarto para ver la televisión y ponerme grandilocuente, en plan jo, qué pasada, soy testigo de la Historia y todo ese rollo. La historia no es ningún designio. Ni si quiera la nuestra, la propia. No nacimos para héroes de esto o de aquello. Las retrospecciones abrillantadoras siempre me han estomagado un pelín. Prefiero las confesiones de V.S. Naipaul a su biógrafo, en las que no oculta que siempre ha sido un grandísimo hijo de perra y que mató a disgustos y cuernos (literalmente) a su primera esposa. Todos tenemos demonios en el desván.

Dentro de esa repugnante literatura de auto-lustre alrededor de la conmemoración de lo del Muro, yo destacaría, en particular, la del señor Gabriel Albiac, que este lunes firma en ABC una intrigante memoria personal de aquellos días en los que el señor Pedro J. Ramírez lo envió de cronista a Berlín. El caso es que el profesor se ve a sí mismo formando parte de una élite que, en aquellas jornadas, hacía ya tiempo que estaba de vuelta de la fe comunista. En realidad, nos asegura, se cayeron del caballo cuando probaron a encamar a Marx con Epicuro, la razón con el placer, en el tálamo concupiscente de mayo del 68. Pero aquella juerga, si les avisó de algo, sr. Albiac, no fue de la barbaridad del comunismo, sino de que eran siervos que debían cambiar de amo, Stalin por Mao. Ocurre que el sr. Albiac explota hábilmente su condición de opositor al franquismo dentro del franquismo -la dignidad retrospectiva de lo clandestino-, que es una actitud que a muchos de esa generación que hoy detentan tribunas y puestos de mando en la Academia, en los Medios y en la política les presta una legitimidad retrospectiva para zascandilear por otras formas de autoritarismo hasta desembocar, al fin, en el remanso de la libertad individual; la sencilla, racional aunque poco epicúrea, libertad individual que hoy pretenden enseñarnos a los demás.

En fin, que estos fastos del Muro, sus destructores retrospectivos y sus nuevos albañiles, me han dado una mezcla de arcadas y risa tonta. Me voy a ver los nuevos episodios de Bob Esponja, a ver si repiten ése en el que Bob, convertido en rey de la comedia, hace chistes sobre ardillas que sientan fatal a su amiga Arenita

6 Respuestas a “Los Muros y las heces”


  1. 1 Elentir

    Víctor, me da mucha pena leerte esta entrada.

    Primero, porque me supones un mentiroso pero no tienes el valor de decirlo directamente y sin rodeos. Esa actitud me la podría esperar de otro, pero no de ti. Te considero una persona valiente.

    Segundo, porque presupones que yo era uno más de esa juventud aborregada del felipismo. ¿Te ha parecido eso alguna vez? ¿Me conoces como para lanzar ese juicio?

    Y tercero, porque con un aire de superioridad que tira para atrás, te niegas a admitir que cuando tú tenías 21 años hubiera alguien con menos edad que tú y que tuviese más conciencia de las cosas que pasaban, igual que ahora hay personas más jóvenes que tú y que yo y que seguramente son más listos y más conscientes que nosotros.

    Pero creo que lo más triste de tu entrada ya no es eso. Es la segunda entrada consecutiva que te leo cargada de pesimismo y plagada de críticas a lo que hacen otros que, mal que te pese, están en el mismo barco que tú. Críticas veladas, para más inri, que son las menos constructivas, las más corrosivas e hirientes. Desde luego, si algún día recibes de mí una crítica así -ésta te la hago directamente y sin rodeos, como amigo tuyo que soy- espero que me lo reproches igual que yo lo hago ahora contigo, porque desde luego éstos no son la forma ni el medio de descalificar a un amigo.

  2. 2 vgago

    Buenas tardes, Elentir.

    Por favor, discúlpame si has percibido una crítica personal en mi comentario. Te pido humildemente que lo entiendas como un error de mi expresión y no como una intención disimulada.

    Mi propósito (es obvio que fallido) ha sido criticar ideas que considero significativas por su frecuencia o por su predicamento en el debate público. Siempre intento identificar las ideas, resumirlas y desmontar las que estimo erróneas o falsas. No suelo criticar a las personas y, mucho menos, descalificarlas. Perdóname, de corazón, si con mi expresión has sentido otra cosa.

    Soy un amigo imperfecto de mis amigos, pero soy más amigo de la verdad. Nada original. Creo que el primer cometido de la razón es buscar la verdad, aunque a veces podamos equivocarnos, como es evidente que ha sucedido en esta ocasión.

    Perdón.

  3. 3 Maite C

    En primer lugar querido Victor felicitarte por tu nuevo blog. Me encanta, tiene clase.

    El muro lo derribaron hace veinte años. Desgraciadamente el comunismo continua totalmente vigente en muchos paises y no veo ni de lejos su extinción.

    En España tambien tenemos un muro si no de hormigón y alambre sí de índole moral que nos va cercando poco a poco. Todo perfectamente organizado por RZ con el beneplácito de la oposición.

    100 millones de muertos asesinados por la U.R.S.S. y “las ratas que medraron” seguro que fueron muchos más.

    Y que yo sepa ni la O.N.U ni la U.E han condenado el comunismo. Pero sí lo hicieron con el fascismo.

    Muy de acuerdo con el trato tan injusto que le dieron a A.Solzhenitsyn cuando visitó España en 1976. En aquel momento estaban por legalizar al PCE y por supuesto no interesaba lo que tenía que decirles el futuro Premio Nobel. Creo que deberíamos desagraviarlo y quizás sea el momento oportuno.
    Un abrazo

  4. 4 candela

    ¿Se puede aplaudir este articulo? Yo lo hago y espero no molestar a nadie

  5. 5 juan pallerola garcia

    Estimado Victor :
    Estoy de acuerdo contigo, y te animo a seguir así.Un abrazo.

  6. 6 Sulamita

    Estoy con Elentir en una cosa. Sí que me acuerdo de ese día y era más joven que vosotros dos. De hecho, es de las pocas fechas que recuerdo. Además recuerdo hasta haberlo visto en informe semanal con atención y una cierta emoción, cuando aún pensaba que la prensa era de fiar. También veía programas infantiles por esa época y jugaba con barriguitas, asi que igual no era yo capaz de entenderlo todo, aunque ahora tampoco. Supongo que será culpa de kiss fm y algún libro cuestionable que ha caído y también por esa falta de interés por las noticias, que como cada cual las cuenta según le parece, me tengo que poner a comparar fuentes buscando la verdad. Es demasiado esfuerzo para alguien sin criterio y además para eso te tengo a ti. Muchas gracias Víctor por volver a los blogs y una cosa más: nunca subestimes a las personas corrientes que leen libros cuestionables, a veces, sólo a veces, son algo más que adolescentes voluntariosas. ¿Necesitas que alguien más te sorprenda para volver a creer en la gente? No seas tan pesimista al mirar a los desconocidos, créeme hay esperanza.

Añade un Comentario