El mainstream socialista anda muy preocupado con la corrupción; con la del PP y la de CiU, se entiende. Dos días consecutivos, dos, la gelatina propedéutica de El País, de suyo indigesta, se ha cortado con el limón de la alarma cívica por el clima de mangancia del estamento político. El miércoles me entero de que existe una logia llamada Transparencia Internacional que califica de “insostenible” la situación y pide “una respuesta contundente y efectiva”. Uno de los drásticos abajofirmantes es d. Antonio Garriguez Walker. Pero, ¿no era Garrigues el socio de Arthur Andersen en España cuando el escándalo de Enron? Aquello sí que fue transparencia internacional del arte del fraude contable.
Y el jueves me desayuno con una encíclica (atea, por supuesto, pero tan infalible como la del Santo Padre, si no más, dónde va a parar) del sr. Peces Barba, en la que declara la corrupción la segunda amenaza más severa a nuestra saludable república, después del terrorismo; él, que tanto hizo por las víctimas del terrorismo cuando el sr. Zapatero le pidió que las entretuviera un ratito con sus cucamonas jurisconsultas, mientras los mayores, es decir, Zapatero y Txeroqui, hablaban de lo que hablan los mayores: yo te doy un chivatazo y tú me declaras una tregua, y en este plan.
Los “transparentes” y el sr. Peces proponen sus propios decálogos contra la corrupción. Supongo que la señorita Ana Mato, alias Jaguar You, habrá tomado buena nota para el Código Ético del PP que está redactando de su puño y letra, ahora que en Génova 13 vuelven a estar suscritos a El País y el AS.
En resumen, Transparencia Internacional propone contra la corrupción:
1. Análisis de riesgo en todas las Administraciones. (Por supuesto, contratados con empresas del ramo de la consultoría y la auditoría)
2. Meritocracia para acceder a la función pública. (Pero, entonces, ¿dónde colocamos a los hermanos Chaves, qué hacemos con su hija, qué hacemos con la señorita Aído, el señor Blanco, las Pajines, mamá e hija, don Jesús Caldera, el presidente de Nuevas Generaciones del PP, doña Celia Villalobos, la mitad de los diputados y la totalidad de los eurodiputados?)
3. Una Ley de Transparencia y Acceso a la Información. (Pero, ¡si ya tenemos al sr. Ruabalcaba y el Sitel, que lo vuelven todo transparente y acceden a toda la información que necesitan! El verdadero problema es la combinación de un Estado opaco e intervencionista con unos individuos transparentes para el poder.)
4. Simplificación normativa y de procedimientos. (La idea apunta maneras, pero se queda corta. El principio debe ser otro: no la simplificación de las normas, sino la reducción drástica de los negocios privados donde el Gobierno y su aparato administrativo pueden entrometerse y decidir. El papel de la Ley como incentivo de la corrupción es uno de los temas clásicos de la doctrina liberal. Si un Gobierno tiene el poder de recalificar un terreno o conceder una subvención, siempre habrá algún funcionario o político dispuesto a la mordida. Delimítese el suelo protegido por su valor natural o monumental y, en el resto, que actúe el mercado sin ninguna interferencia de los gobiernos. Por lo tanto: no sólo normas más simples, sino menos normas y menos poder para los políticos)
Don Gregorio Peces, por su parte, propone:
1. “Expulsión inmediata” de los corrutos o presuntos corrutos de “las instituciones que han utilizado para sus fechorías. Tolerancia cero y condena, de los propios y de los adversarios”. (Me encanta cuando a un progre se le hincha la vena kelseniana, positivista de ordeno y mando. No pueden evitarlo. En cuanto pueden, se retratan sin pudor. Pero, hombre, Don Gregorio, ¿qué fue de las garantías? ¿Qué fue de la presunción de inocencia? ¿Qué fue del respeto al proceso criminal: escuchas ordenadas por el juez, derecho a ser tratado con dignidad y no exhibido ante la Prensa con esposas cruzadas y bolsas de basura, derecho a respetar el secreto del sumario, derecho a defenderse de los juicios paralelos y de los linchamientos, derecho a no caer en las manos del juez Garzón,…? )
2. Modificar “toda la legislación que facilite la corrupción”. (Más socialismo de raza: bulimia legisladora y diseños de intervención).
3. Órganos de control eficaces para controlar a los que toman decisiones. (Buenísimo. Me recuerda aquella escena de Casino, de Martin Scorsese, en la que el narrador describe cómo actúa la mafia para controlar sus ganancias en un establecimiento de Las Vegas: “el jefe de sección controla al crupier, el jefe de sala controla al jefe de sección, que a su vez controla al crupier; el jefe de seguridad controla al jefe de sala que, a su vez, controla al jefe de sección y éste al crupier; y por último estábamos nosotros, que los controlábamos a todos…” ¿Quién va a controlar a quién, señor Peces? ¿Políticos a políticos? ¿Jueces como el del caso Millet o como Garzón a los políticos que controlan a los políticos…? ¿La prensa corrupta y clamando por subvenciones va a controlar a los políticos? Buenísimo)
4. Prisión preventiva para los presuntos corrutos. (Va en serio. No se corta un pelo. El socialismo despliega un Derecho del Enemigo y un Derecho de Autor para todo lo que les conviene en su ambición de perpetuarse en el poder o en sus delirios ideológicos. Véase la ideología de género, campo de experimentación para las mayores barbaridades de política criminal que se han visto en mucho tiempo, como la creación de un derecho penal de autor para los maltratadores o, recién aprobado con el respaldo del PP, un derecho penal del enemigo para que pegar o matar a una mujer bajo los efectos del alcohol y las drogas sea un agravante y no un atenuante, como en el resto del Código Penal. El sr. Peces Barba propone aplicar el Derecho Penal del Enemigo también a los imputados por corrupción, aplicándoles una prisión preventiva en todos los casos).
Lo mejor, lo más sabio y ponderado que he leído sobre la corrupción últimamente se lo debo a José María Marco. Su análisis (simplificándolo) es que en España no hay más casos de corrupción de los que puedan darse en Italia, Reino Unido, Japón, Estados Unidos o Francia. La corrupción, nos dice José María Marco, forma parte de la democracia, es uno de sus constituyentes. Precisamente, uno de los fundamentos de la democracia consiste en limitarla mediante la alternancia.
El problema español no es, por lo tanto, que haya más o menos corrupción que en otras democracias. El problema es la falta de una alternancia real, es decir, la falta de una alternativa a lo que hay. Cuando los ciudadanos perciben que son más los beneficios que obtienen de la corrupción en sus vidas concretas, que los perjuicios para el bien común, entonces, nos dice José María Marco, “la corrupción se ha instalado en un enclave estratégico del sistema”. Es lo que ocurre en Andalucía, con un régimen de partido único, o en Cataluña, con un nacionalismo transversal a todos los partidos políticos; o lo que empieza a ocurrir en Valencia, por el mismo motivo que en Andalucía, y puede acabar ocurriendo en Madrid, como apuntan las ramificaciones de la trama Gurtel en esta Comunidad. Los ciudadanos perciben que hay más beneficios que costes en ese régimen (subvenciones, subsidios, algún familiar enchufado en la Administración o en el Partido,…) . Los partidos políticos, por su parte, coinciden en el interés por mantener el estatus quo y bloquean cualquier opción regeneracionista. Un partido que enarbole la bandera de la regeneración es inmediatamente marginado, se imprime la especie de que es una excentricidad, algo pintoresco y residual. Hay demasiados indicios de que el PP del señor Rajoy ha entrado en esa cultura de la corrupción institucionalizada, y eso es lo realmente distintivo y grave del caso español, nos dice Marco.
Contraviniendo mis propias normas para este nuevo blog, voy a enlazar el artículo de mi maestro. Es éste. Generalmente, no enlazaré nada. Quiero incumplir todos los puntos del decálogo del perfecto blogger. No me interesa conversar ni aparecer en ningún motor de búsqueda. Aquí no habrá enlaces. Quien quiera tráfico, que ponga una autopista.



¡¡Genial!!. Te aplaudo con todo el gusto del mundo.
Pero tranquilo, que quienes te leemos no somos tus enemigos, todos peleamos en la misma barca y contra los mismos.
Un abrazo y fenomenal y completisima entrada.
Creo que es un análisis muy acertado. El problema es que en España no existe la alternancia de poder porque en el fondo son los mismos perros con distintos collares. Precisamente por eso la sociedad física ha tenido que tomar la palabra.