“Para comer carne hay que cortar bosques para cultivar pastos. Luego hay que alimentar esos animales con grano, que se produce de forma que consume mucha energía. Esa carne hay que refrigerarla. Reducir el consumo de carne es bueno para la salud y el planeta. Posiblemente es peor que conducir un cuatro por cuatro. Pero eso no significa que uno deba conducir un cuatro por cuatro. No hay que hacer ninguna de esas cosas”.
(Citado por El País, en su edición del sábado 28 de noviembre de 2009)
Prodigioso ramaje de sofismas. Escalofriante sarta de estupideces de quien marca la agenda a los gobiernos que van a reunirse en la próxima Cumbre de Copennaghe para meditar a cuerpo de rey sobre el futuro de una ilusión: la catástrofe climática.
Veamos; aunque sólo sea por intentar desenmascarar a estos vividores y recordarme que aún no he perdido el juicio ni caído en las garras de la mentira organizada y la estupidez fomentada, ese nuevo fantasma que recorre el mundo causando un efecto más devastador que el de Marx.
Veamos; aunque sólo sea para reafirmar que no soy como ellos.
Veamos, del modo más simple que pueda, como si empezáramos de cero, deletreando los fenómenos más elementales.
Veamos, con toda la pereza de una razón hastiada de dar vueltas sobre lo sabido desde hace siglos; una razón que constata, una vez más, la inutilidad del conocimiento entre la chusma que nos dirige y la chusma que los escucha y sigue sus consignas.
Veamos:
Que uno sepa, la carne forma parte de la dieta humana desde los días de nuestro antecesor de los árboles. Hemos evolucionado lo bastante como para no tener que conseguirla con flechas talladas con nuestras propias manos. Ahora delegamos en granjeros que producen a gran escala esa carne para nosotros, mientras nosotros, a su vez, confeccionamos jerseys para ellos y sus familias, o enseñamos a sus hijos en las aulas, o les atendemos cuando van de vacaciones. (La verdad es que me avergüenza insertar el valor del periodismo, mi oficio, en esta humana trama de intercambios. ¿Qué vale este artículo periodístico escrito una tarde lluviosa de un domingo de noviembre de 2009? ¿Qué es lo que dice que sea tan útil como para que, en una granja de Galicia o en el Burger King de la esquina, alguien esté produciendo en estos momentos el fastuoso chuletón o la humilde hamburguesa que podría pagar con mi trabajo?)
El ser humano ha consumido carne durante milenios y seguirá consumiéndola mientras sea humano. Está en su naturaleza el gusto por un jugoso entrecot. La intervención de un gobierno para impedirlo, como sugieren predicadores del cambio climático como el señor Pachauri, no suprimiría el consumo de carne, pero sí la haría más difícil de producir, elevaría su precio, sería de peor calidad y su producción sería proporcionalmente más contaminante, al desaparecer el incentivo de la innovación para unos pocos granjeros que se repartirían en régimen de oligopolio un mercado reducido por intervención del gobierno. Sólo tendrían acceso a este producto, entre otros privilegiados, altos funcionarios como don Rajendra, que se podrían permitir el lujo de despreciarla por esnobismo o por indicación religiosa, mientras la mayoría de los seres humanos querrían acceder a un filete pero no podrían pagarlo, con lo que aumentaría, probablemente, la demanda de la soja, que es un sustituto de la carne que no satisface como un solomillo pero es lo único que podríamos comprar. Se extenderían los cultivos de soja para poder satisfacer esa creciente demanda de consumidores resignados. Para cultivar más soja, habría que reducir la producción de otras materias primas, que se encarecerían, o bien expandir la superficie cultivable, talando, para ello, parte de los sacrosantos bosques que son el centro de la preocupación del señor Pachauri, aunque él no viva en uno de sus árboles ni se alimente de grosellas. El resultado de alterar el orden espontáneo de las cosas se resume en que se produciría una carne más cara, que estaría al alcance de privilegiados como el señor Pachauri; se crearía un buen negocio para los productores de soja, y, en fin, se daría una pérdida de bienestar y un recorte de la libertad. La historia nos enseña, además, que cuando el Estado ha planificado la producción de alimentos, como en la URSS, el resultado ha sido hambre y muerte en masa. Los bosques bajo la utopía ayurvédica de don Rajendra, mientras tanto, seguirían igual de pochos y don Rajendra continuaría disfrutando de su bienestar de profeta pagado por los contribuyentes, viajando en aviones (¿Primera clase?) super-contaminantes a esas reuniones carísimas del IPCC, siguiendo una estricta dieta de productos biológicos, todos carísimos y al alcance sólo de su bolsillo de profeta, y usando el correo electrónico para perfilar las mentiras del Panel y desear la muerte de los científicos que denuncian la farsa del consenso sobre el calentamiento global, como, de hecho, ha ocurrido en el ya conocido como escándalo del IPCC o climagate.
Quizá, incluso, el presidente del IPCC tenga una mina de cinc como el señor Al Gore.
El señor Pachauri representa el papel del científico como demiurgo, una confusión letal para el ser humano, cada vez que se ha dado en la historia: desde los brujos de la tribu a los campos de exterminio nazis o las hambrunas planificadas del comunismo. El científico-dios ya no describe los fenómenos de la naturaleza y sugiere sus causas, sino que se propone crear una nueva naturaleza y prescribir una nueva ética. La ciencia positiva, la humilde ciencia de los hechos, es demasiado estrecha para la ambición normativa de estas mentes privilegiadas, a las que siempre les cabe en la cabeza un mundo perfecto, con todas sus proporciones físicas y químicas y todas sus conductas tolerables e intolerables.



¡¡Qué bien!!
¡Cuando quieras te invito a un entrecot!
Las reses forman parte del ecosistema al igual que el resto de animales que pueblan el mundo. Un ecosistema que se basa en parte en la producción para el hombre ¿para qué nos vamos a engañar?. Es una estupidez pretender que haya un florido jardín donde otrora hubo una granja para que nos extasiemos viendo como ya no existen las vacas mientras chupamos una horchata de yuca carente de todo lo necesario para pesar algunos kilos.
El cambio climático es una superchería que no tiene nada de científico y menos aún de probado, ya que el clima no se mide en años, ni siquiera en un siglo de medias de temperatura o precipitaciones.
Mi teoría al respecto obedece a la conjugación de orbitales del sistema solar (Que es conocida y se sujeta a un resultado de un calentamiento temporal).Para darnos una idea del asunto, bastan dos grados de diferencia entre la inclinación orbital del sol y la de la tierra para que el cambio de temperatura sea legible con instrumental adecuado y gráficas. Cuando digo dos grados, me refiero a la media ponderada, ya que los cuerpos celestes no llevan una trayectoria recta en lo absoluto. (Este fenómeno se puede ver en los programas de seguimiento de satélites, donde es frecuente ver que “suben o bajan” -por decirlo de manera sencilla- uno o dos kilómetros cada dos segundos.
Pero es que hay otro fenómeno que también se acusa mucho y es el largo (Dicho así, pantendernos) de la elipse que describe la órbita, muy variable. (Pocas órbitas serán circulares, las que se conocen son elípticas). Si estás cerca de la estufa, te calientas, si te pones lejos, coges frio.
¿Recordáis la lluvia de estrellas? No estaban cayendo meteoritos, no estaba cayendo nada. La velocidad a que giran los planetas es altísima. La Tierra estaba en la punta de melón de su órbita con respecto a la perspectiva celeste. LLevábamos un tramo muy recto para lo que es una elipse y de golpe, ¡ñaca! curva cerrada. Las estrellas, digamos que fijas -aunque nunca lo están- parecían moverse , como parece que se mueva todo lo exterior a una monntaña rusa. Este tipo de cosas son las que condicionan cambios en la pluviosidad, en la presión atmosférica (Al variar la atracción de la Tierra por diferencia de acercamiento o alejamiento de enormes masas como son los planetas o el sol). Recordaréis la relación entre la luna y las mareas, pues algo `parecido con el aire y el resto del universo cercano.
¿Que me dicen que el polo norte se deshiela? Pues el polo sur se hiela y viceversa. No se habla de este equilibrio de heladicidad, provocado por la umbría, pero no requiere mucha explicación para entender por qué funcuiona y que no puede fallar. Sencillamente, la porción de tierra a la que le dé el sol, se calentará y la que no lo reciba, se enfriará. Con cualquier esferoide veremos que un cambio de inclinación del mismo modifica estas zonas de más o menos luz.
¿Por qué se callarán esto los señores de “cómprese un biodiesel o se funden los icebergses”?
Hola. He caido en que, con tanto hablar de las bolitas que están en lo negro, falta un poco sobre el suculento manjar mirado desde fuera de la gastronomía (Por desgracia). Las lamentaciones del Sr. Rajendra
son conjugables con casi cualquier comestible. ¿Langostinos? Puers mire usté: Se pescan con buques que queman aceite, se congelan y llevan a toda prisa de aquí para allá, llegan al súper, donde se mantienen congelados, gastando en todo esto camiones y watios de electricidad. LLega el cliente, se los lleva a casa en su coche y los coina quemando gas o electricidad.
¿Los atunes? Lo mismo, pero con piratas por enmedio, que exigen un rescate que cuesta mucha gasolina ir a pagar, para que luego sea un robo el resultado y se deje de hablar de la SGAE por una larga temporada.
¿Melones? Pruebe a plantar un melón en un trigal, a ver cómo le sale… Es regla general de la agricukltura que donde se planta una cosa, no pueden plantarse otras, porque no se “dan” bien. Los cereales y sojas y cosas jipis se cosechan con tractores… ¡Qué follón! ¿Qué comer? Propondrá el Sr. Naharataparelasimptlan que moscas de su badulaque.
Con respecto a la alimentación, lo que a mí me preocupa es que no llegue a los paises pobres, cuando todos podríamos comer bien si repartimos bien el bacalao. Según la FAO, tendríamops comida suficiente para vivir todas las personas existentes en el mundo.
Mueva esto a reflexión antes que las peripecias ecologistas, que nada tienen que ver con la realidad económica, de la que dependemos para comer.
Arrendando el pasto (Que supone la no existencia de un complejo hotelero en la parcela)hay una familia que gana dinero, cuidando a las vacas hay dos: La del ganadero y la del veterinario (Que gana menos, se lo pregunten a mi hermano), después está la familia del matarife, del transportista, de los vendedores y del taxista si tanto me apuran. Todas estas familias compran alimentos y comen de lo que ganan por las vacas. No tienen como máxima aspiración un vergel que no podrían gozar entorno a sus tumbas y el hambre mata.
Está claro que a esta gente lo que le sobramos somos los seres humanos. Querrían quedarse tres o cuatro para repartirse todo el pastel. A propósito de esto hay un video en internet “campanas por la gripe a” que coincide perfectamente con esta teoría.
Sí, pero sin gente, ¿Para qué nos sirve que haya hierbajos y bichos en eso quer llaman “el planeta”? (Conocido por “mundo” en la era de antes de la pedantería).
Estoy de acuerdo. ?Qué leches van a saber miles de científicos con doctorados en todos los campos relevantes que se han pasado décadas acumulando y analizando datos? Yo me fío mucho más de la opinión de un periodista sin más formación ciéntífica que la de su educación secundaria.
Dr K: Precisamente los argumentos ecologistas chocan de lleno con la ciencia, quien demuestra que no llevan razón. Luna nos expone un asunto orbital que puede justificarlo, yo me iré a otra ciencia (la historia).
En los años setenta, los mismos ecologistas decían que avanzábamos hacia una glaciación muy prolongada. Si ahora afirman que hacia un calentamiento global, nos están diciendo que mintieron o que erraroin en sus cálculos. Es lógico pensar, ante esta dicotomía, que el mundo no se va a helar y calentar a la vez, por lo que el estudio científicop o sus resultados coherentes, brillan por su ausencia.
Pero es que este “calentramiento global” pasó a ser “cambio cñimático en invierno del año pasado, cuando hizo en España un frio que pelaba y en este otoño (que no lo es), “crisis climática”, ante lo que nos `pudiera deparar el termómetro en días futuros. Si fueran científicos, su rigor dejaría mucho que desear.
Veo que el doctorado que se deduce de su nick no es en biología, física, medio ambiente o cualquier otro estudio relacuionado con el hecho en litigio. Puede Vd. saber menos que Víctor, de quien desconoce su curriculum. Por tanto, el desprecio mostrado hacia él no ha lugar.
Le ruego intente argumentar por Vd. mismo y no por suposición de que algo habrá dicho algún científico que no menciona, si a la ciencia se viene. Ante ella, esta postura agorera no cabe.
Para tener sentido común no hace falta un doctorado. Pruebe a alimentar a un lobo con lechuga y luego puede empezar a sacar conclusiones.
Estimado Oxai,
vayamos por partes: en primer lugar no desconozco el curriculum del Sr. Gago. Si mira usted en la sección Quién de este mismo blog (arriba, en el encabezamiento), verá que el Sr. Gago es licenciado en Periodismo, y con varios postgrados en campos no especificados. A no ser que sea alguno de estos, no hay mención alguna a la ciencia.
En segundo lugar, dice usted que la ciencia demuestra que los argumentos ecologistas no llevan razón. ?Qué me dice, usted entonces, del siguiente artículo?
Eshen, Gidon, and Pamela A. Martin. 2006. Diet, energy, and global warming. Earth Interactions 10, paper 9.
Para los que no tengan suscripción a la revista en cuestión, el mismo artículo está disponible aquí.
Copio el resumen del artículo, con mi énfasis añadido.
En español, “demostramos que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a estas dietas varían tanto como la diferencia existence entre tener un coche normal y un monovolúmen de gran capacidad, bajo condiciones de conducción normales”. Así que parece que la ciencia le da la razón al IPCC.
Si quiere discutir esto, le agradecería que se ciñera a los aspectos técnicos del artículo, y que no se me fuera por las ramas con teorías conspiratorias y demás.
Un saludo
Señor doctor en no se qué:
Yendo a los aspectos técnicos de lo expuesto por Vd. Encuentro que no son concluyentes ni probatorios de nada, su exposición es incompleta y en una franja temporal demasiado corta como para definir la incidencia en un cambio atmosférico (Por no decir el climático, que requiere mayor tiempo para darse).
Tampoco ha quedado científicamente probado el efecto invernadero, nio que sea globalmente perjudicial, ni que haya una clara vinculación con la emisión de gases a la atmósfera, máxime cuando por su carácter pesado y capacidad de formar enlaces con otros materiales es notoria.
No sé dónde ve las teorías conspiratorias en donde expongo algunos hechos que nada tienen que ver con ellas.
La frase de “vayamos por partes se atribuye humorísticamente a Jack el Destripador. Me alegro de que -por fin- cite a álguien, pero temo que no es persona a la que se conozca haya tratado sobre este tema
Víctor, al ser periodista, puede haber tratado miles de noticias referentes a los postulados ecologistas. Enlaces como el que Vd. me pone, quizá a montones.
Yendo al aspecto técnico una vez más, ecología y economía han de ir unidos, si queremos que el primer concepto no fracase. Considero que recolocar a ganaderos y tratantes de bestiar en otras actividades puede tener un efecto perjudicial por su mayor emisión de agentes contaminantes. (Con calentamiento o glaciación, la suposición es que no pueden ser buenos).
Dejar los pastos sin uso no tendrá mejores consecuencias, comportando el riesgo de degradación del terreno.
Me llama la atención el hecho de que sea un indio quien formule estas teorías extravagantes, cuando en la India se usan las bostas del ganado para un sinfín de necesidades:
-Fuego para cocinar y calentarse (Antiguamente, para ahumar el tabaco “Latakieh”)
-Adobe, ladrillos y masa para la edificación
-Emplastos para curación o alivio de contusiones
-Lecho para dormir
-Abono
-Lo que se pueda tomar o entender como mejora de las carreteras, a su modo, el “asfaltado de los pueblos”
Y se aprovecha hasta el hueso de los animales. ¿Algo de esto ha dado su ordenador a lo largo de su existencia? ¿Y su bombilla de bajo consumo?.
No es Vd. quien `para decirme por dónde debo dirigirme en mi exposición, si quiere establecer condiciones para conversar conmigo, fíjelas y veré si las acepto. No voy a consentir que quien desautoriza al moderador del foro se imponga por autoridad y menos, sin probarla.
¿En qué es Vd. doctor?.
Posiblemente el merluzo de Pachauri ha olvidado que el inicio del consumo de carne entre los homínidos prehistóricos permitió el desarrollo del cerebro y por tanto la aparición del Homo sapiens, al proporcionar grandes cantidades de nutrientes, no disponibles en una dieta vegetal. Ya que citamos artículos, vamos a poner uno de ciencia SERIA:
http://berkeley.edu/news/media/releases/99legacy/6-14-1999a.html
En la actualidad, el no acceso a la carne resulta en la mayoría de los casos en malnutrición, a no ser que se utilicen dietas vegetarianas especializadas y caras, sólo disponibles en países desarrollados.
Quizás a Pachauri y ecologistas varios les duela esto: por culpa de la estúpida carne, apareció el estúpido ser humano en la intocable Tierra.
PD: me llama la atención que el argumento anti-carne ahora es la energía gastada en su congelación. Tenía entendido que los ecologistas y Pachauris varios estaban contra ella por los pedos que se tiran los animales de granja de donde se saca la carne, que es metano que actuaría como gas de efecto invernadero. Quizás lo de los pedos despertaba demasiadas coñas entre el respetable, por lo que ha sido necesario sustituirlo por de la congelación.
¿Pero no se han enterado que el panel ese del cambio climático es un fraude?
He leído el artículo y los comentarios y me ha quedado la sensación que no saben, lo cual me sorprende, que estos sinvergüenzas no sólo falsearon los datos sino que impidieron que los científicos que ponían en duda sus majaderías publicaran nada.
O sea unos mafiosos que se llevaban las subvenciones generosamente repartidas por gentes no menos mafiosas al mando de muchos paises.
Y sobre las conclusiones de estos delincuentes los gobernantes van a pontificar en una reunión dentro de unos días.
¡Qué asco!
Qué bueno, Víctor. Siempre tan en la diana. Cuando he leído el título, he recordado que cuando hace pocos días Al Gore (personaje con cientos de doctorados en todas la Ciencias habidas y por haber, ¿verdad?)reconocía que el CO2 no tenían tanta influencia en el cambio climático, sino que se había infraestimado la del metano, supe que a continuación irían a por las vacas… ¿Pero qué pasa aquí?¿vamos a ir sin rechistar -por que lo digan unos cuantos cretinos indocumentados y mentirosos, con inconfesables intereses- a las hambrunas soviéticas?