Archivo Mensual de Junio, 2008

HO, nueva Carta 77

Hoy ha tenido lugar en Madrid un acontecimiento del que no veo notas en la prensa, y sin embargo, es de esos que uno no debería perderse: el ex-disidente y ex-Presidente de la República Checa, Václav Havel, presentaba su recientemente editado libro “Sea breve, por favor”, una suerte de memorias heterodoxas. Hace unas semanas lo leí en apenas un día, cosa que no es rara en mí, devoradora compulsiva de libros, pero éste fue como encontrar un perla preciosa, largamente esperada.

Sigo a Havel desde los años 80, cuando conocí al personaje leyendo “El poder de los sin poder”: “Una vez hecha la perestroika del mundo comunista, está por hacer la de Occidente, cuyo sistema no tiene los fines adecuados, aunque tenga los medios”, “la tragedia del mundo moderno no es que el hombre conozca cada vez menos el sentido de su propia via, sino que esto le importa cada vez menos”, “nuestro sistema (comunista) dispone de una ideología concisa, por su esencia muy elástica, que por su globalidad y su exclusivismo adquiere casi la importancia de una religión secularizada: ofrece al hombre una respuesta rápida a cualquier pregunta, no es posible aceptarla sólo en parte, y el abrazarla incide profundamente en la existencia humana”. ¿Habla de la Europa soviética o de la religión laica que nos quiere imponer el Régimen de Zapatero? Son frases de hace casi 30 años, y siguen de plena actualidad. Estamos sin duda ante un profeta.

En “Sea breve, por favor” nos descubre que frente al desafío totalitario, para el activista no hay diferencia entre actividad personal y pública: “No creo que en mi vida se pueda encontrar ningún cambio claro entre los tiempos en que no me ocupaba de la política y la época en la que me dediqué a ella. Hasta cierto punto, de hecho, siempre me consagré a la política o a los asuntos públicos y siempre, incluso como mero escritor, fui un fenómeno político. Así funcionan las cosas en condiciones totalitarias.”

Sobre su etapa de impulsor de Carta 77 afirma que la importancia de aquel movimiento radicó en que la gente pertenecía a él desde orientaciones diversas: trostkistas, comunistas reformistas, distintas corrientes socialistas, los que simpatizaban con el liberalismo, la democracia cristiana o el conservadurismo, y también un buen número de personas que rechazaban inscribirse en un cajón político cerrado; pero que “era fascinante comprobar que la existencia de un enemigo común y de un programa antitotalitario común basado en la idea de los Derechos Humanos, hacía que en cuestiones básicas concretas todos tiraran de la misma cuerda”. Personaliza los extremos en Václav Benda y Petr Uhl.

En un ensayo sobre la importancia política de las posturas morales en los sistemas totalitarios, apuntaba al factor humano como decisivo en el vuelco de los acontecimientos, más fuerte que las estructuras políticas: “Doy prioridad a una política que sale del corazón y no de alguna teoría (…) Un electricista de corazón en el lugar adecuado puede influir en la Historia de una Nación”. Habla del electricista de Gdanks, Lech Walesa.

El disidente insobornable que fue, era el mismo que asumía la Presidencia de su país: “Desde hace tiempo intento someter a Occidente, y por ende a la civilización contemporánea, a una reflexión crítica; pero no me induce a ello nada más que el esfuerzo por decir la verdad y la preocupación sincera de adónde se dirige la Humanidad.”

“Sea breve, por favor” es un texto a corazón abierto de un importante testigo del turbulento final del siglo XX europeo. Muy recomendable para quienes piensen que ética y política no están –no pueden estar- disociadas. Y un texto que nos llega en un momento nacional muy oportuno. Tras la fundación de Carta 77 el Régimen comunista promovió todo un movimiento de anti-Carta firmado por numerosas personalidades de la vida pública del país, pretendiendo ahogar toda voz discordante. Havel y los demás tuvieron paciencia y perseveraron en la crítica y la denuncia, aunque eso les llevó a la cárcel en varias ocasiones; él mismo dijo tras la Revolución de Terciopelo que sabía en los comienzos de Carta que la sociedad checa acabaría por despertar cuando las condiciones históricas estuvieran maduras. Muchos años transcurrieron entre ambas fechas, pero lo que parecía granítico, cayó. El secreto, Havel lo acuñó en un sencillo lema: “Vivir en la verdad”. Frente a un Régimen instalado y promotor de una gran mentira, apoyada por un férreo control de los medios de comunicación y de difusión de noticias, y sobre todo en el miedo y la inacción de miles de personas, Carta 77 reunió a gente con puntos de vista distintos sobre su ideal político, y sin embargo coincidentes en lo esencial: denunciar la mentira, ofrecer incansablemente la verdad, una sencilla base -la promoción de los Derechos Humanos- y mucho amor a su Patria. ¿Está siendo HO el ámbito de reunión de los integrantes de la nueva Carta 2008 española?

La culpa es de los padres

Leo hoy en La Razón que las largas jornadas laborales de los padres son las causantes del fracaso escolar de los hijos. Se alega como prueba la circunstancia de que los hijos llegan a casa muchs horas antes que los padres, que como están solos hacen de su play-station un sayo, y que así no hay manera de que rindan en la escuela. En su alegato por este lugar común no repara en que da un dato numérico objetivo: los profesores de Secundaria en España dan una media de 545 horas, cuando en Europa se dan 700, y en Bachillerato dan las mismas 545, cuando la media europea es de 642. ¿No tendrá bastante que ver con dicho fracaso escolar la evidente carestía de horas de clase en el sistema escolar español? ¿Recuerdan que ante la debacle del último Informe PISA Zapatero despachó el asunto con el mismo argumento: la culpa es que los padres son bastante analfabetos porque el franquismo mantuvo a varias generaciones en la ignorancia? Permitan que me autocite: ¡Dejen a los padres en paz! Busquen la responsabilidad en otro sitio.