LA BRUTALIDAD COMO ARGUMENTO PROGRESISTA

 

 

Aún estoy atónita ante la noticia: unos voluntarios DAV que recogían pacíficamente firmas en una mesita en la calle, brutalmente agredidos por unos descerebrados que sin duda se autoconsideran el no va más del progresismo  frente a la “caverna fundamentalista”.

 

En estos últimos meses, desde que saltaron a la luz pública las atrocidades cometidas en las clínicas del Dr. Morín, se ha reabierto con toda su crudeza un debate que el Gobierno consideraba cerrado y superado. Y lo cierto es que lo estaba, porque en 1986 no se produjo como tal. Hace 25 años, la Medicina no podía poner sobre la mesa, por ejemplo, las ecografías tridimensionales de que disponemos ahora y que son de lo más elocuente, y es indudable que el horror de las fotografías y los vídeos de abortos que el público ha podido ver han contribuido lo suyo a hacer entender a esta sociedad de la imagen y las pocas lecturas que el aborto es matar a un niño indefenso, y que en este debate se estaba ventilando algo muy serio.

 

Si a esto sumamos los avances de la Genética, la Biología y la Embriología en las últimas décadas, nos encontramos con una serie de evidencias científicas actuales sobre la vida humana, excelentemente resumidas por la Declaración de Madrid y firmada por la élite de la investigación biomédica en España.

 

Pero admitir los puntos reseñados en la Declaración de Madrid exige observar sin prejuicios los datos empíricos, y emplear la razón para que hable e imponga su veredicto imparcial sobre los hechos objeto de análisis. ¿Saben algo de esto los salvajes de Ferrol? Cuando desde el dato empírico se da el salto a lo no consecuente con dicho dato empírico, o cuando hacemos caso omiso al principio de no contradicción, estamos ante ideología y no ante razón.  A lo que parece, progresismo y razón no parecen compatibles. La razón, a la razón habla. “Proceso de argumentación sensible a la verdad”, dijo Ratzinger hablando con Habermas, cuando éste formulaba la urgente necesidad de nuestras sociedades de encontrar una forma razonable de resolver las divergencias políticas. La violencia sólo es lenguaje de la sinrazón. Y, por tanto, de la debilidad.

 

Pero con todo, más culpable que los culpables materiales de Ferrol es la irresponsable Aído, que ante la formidable respuesta social a su proyecto de aborto libre total, intenta ajustar el partido en términos de progreso-fundamentalismo, pecado-delito. Esta forma tan pueril -si no nos jugáramos algo tan serio- de plantear un debate tan serio refleja, más que un empobrecimiento, un total endurecimiento de la razón, una patología ideológica y un sectarismo que, a la vista de actos como éste, sólo producen espanto.

 

Al discurso del progresismo vacío de argumentos y mera coartada ideológica para la emancipación de todo vínculo y tradición, habría que recordarles lo que advierte Ikonnikov en Vida y Destino: “cuando se sostiene el discurso del progreso, los niños y los viejos perecen, la sangre corre a raudales”. Especialmente, la sangre de los niños no nacidos que creían estar seguros en el vientre de sus madres. Desde lo de Ferrol, también añadimos la de aquellos que pacíficamente quieren defenderles empleando la razón.